TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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domingo, 12 de enero de 2020

LAS NECESIDADES ESPECIALES NO TERMINAN DE ENTRAR EN LAS AULAS




Los expertos señalan la falta de recursos y de formación del profesorado como los mayores obstáculos para avanzar en la integración de los alumnos con necesidades especiales en España

NACHO MENESES
Madrid 9 ENE 2020 - 16:49 CET

Dislexia, trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), síndrome de Down, trastornos del Espectro del Autismo (TEA), discapacidades auditivas, motoras o visuales… Hablar de necesidades especiales en el aula es hacerlo de un amplio abanico de estudiantes que demandan un apoyo específico garantizado tanto desde la Convención Internacional de Naciones Unidas sobre derechos de las personas con discapacidad como de la propia Constitución Española, en su artículo 27, y a través de normas específicas como la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social. Sin embargo, la forma en que se observan esos derechos varía mucho dependiendo de cada Comunidad Autónoma y de los recursos que dediquen a ello las diferentes administraciones implicadas.

“La sociedad no está preparada para atender a la diversidad, y por tanto es muy difícil que su sistema educativo lo esté. Hay un vacío muy grande en la formación de los profesores... Un profesor universitario tiene un dominio muy específico de un área de conocimiento, pero no sobre didáctica, metodología, psicología o antropología”, sostiene Sonia Escorial, responsable de la Unidad de Atención a la Diversidad de la Universidad Europea. Según un reciente informe de Comisiones Obreras, por ejemplo, el 72 % de los alumnos con necesidades especiales en la Comunidad de Madrid están desatendidos debido a la falta de especialistas.

La dotación de las aulas específicas también cambia según su ubicación geográfica: si en Madrid han de tener un maestro de pedagogía terapéutica (PT) y un técnico auxiliar formado como integrador social, la Consejería de Educación de Murcia no fija una formación específica para el auxiliar, y ha de contar con un PT y un especialista en Audición y Lenguaje (AL)
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Un apoyo desigual según la edad

Más del 75 % de los estudiantes con necesidades específicas de apoyo educativo están en un entorno inclusivo, según datos de la Comisión Europea. “Sin embargo, según se van cumpliendo etapas escolares, los apoyos que van recibiendo no son suficientes, y eso hace que no sea una inclusión real, porque al final pasan más tiempo en el aula específica que en la ordinaria que les corresponde”, explica Blanca Sáenz, fundadora de Abascool, centro de formación superior especializado en autismo. Este es precisamente el trastorno infantil con mayor prevalencia en la actualidad, ya que afecta a uno de cada 100 nacimientos, según las estadísticas europeas.

Autismo, TDAH, síndrome de Down, parálisis cerebral... Las necesidades son múltiples y no parece que sus necesidades lleguen a estar cubiertas. “Se trata de alumnos que necesitan atención personalizada, una adaptación curricular y una gestión de los problemas conductuales que puedan favorecer la inclusión en la clase”, añade Sáenz. Una adaptación que abarca cambios tanto en los objetivos y los contenidos de las asignaturas como en su metodología y evaluación, de manera que se ajusten a las circunstancias específicas de cada alumno. Sin embargo, la Estrategia Española en Trastornos del Espectro del Autismo, elaborada en 2015, está pendiente de un plan de acción que aún no se ha publicado.

La principal dificultad de los alumnos con un TEA tiene que ver con la comunicación e interacción social, por un lado, y las alteraciones de conducta, por otro. “El TEA es muy amplio, porque incluso en alumnos con un mismo diagnóstico encontraremos necesidades muy diferentes, desde niños que simplemente no son capaces de entender la ironía, el humor o la mecánica de un juego a otros que no pueden expresar lo que necesitan, no comprenden lo que se les dice y no son capaces de realizar ninguna acción de forma independiente”, argumenta José Alberto Monseco, psicólogo y director académico de Abascool. Puesto que la intervención es más eficaz cuanto más temprana y más intensiva, las etapas infantil y primaria se convierten en esenciales, porque servirán para establecer las bases de lo que aprenderán en el futuro.

El máster ofrecido por esta escuela (un título de la Universidad Complutense de Madrid dirigido a graduados de carreras como Psicología, Magisterio, Pedagogía, Logopedia o Psicopedagogía, entre otras) se centra en el Análisis de Conducta Aplicado (ABA, por sus siglas en inglés). Este tipo de terapias se centra en identificar las conductas socialmente relevantes y significativas, reforzar las conductas que se desea mantener y enseñar conductas sustitutivas y socialmente aceptables para aquellas que se quieren eliminar. A pesar de estar recomendadas tanto por la Organización Mundial de la Salud como por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, no se financian a través de las coberturas públicas. “Por eso, si alguien quiere acceder a este tipo de tratamiento para sus hijos ha de pagarlo de su bolsillo, algo que es muy costoso, al tratarse de un tratamiento personalizado”, denuncia Monseco.

Apoyo logopédico para el Síndrome de Down

Aunque, de nuevo, cada caso es diferente y tiene sus propias necesidades, los estudiantes con síndrome de Down suelen exigir apoyo logopédico al menos en Infantil y Primaria, ya que las dificultades para hablar correctamente hacen necesarios ejercicios de pronunciación y respiración. “En Secundaria hay menos apoyo, aunque siga siendo necesario”, reclama Mateo San Segundo, presidente de Down España. “Se trata de alumnos que requieren que muchas cosas se adapten a sus necesidades: explicaciones más cortas o lentas, que haya más de un profesor en el aula o que se trabaje en grupo, cooperativamente, para apoyarse unos a otros”, añade.

Para San Segundo, esas metodologías más participativas no solo benefician a los alumnos con síndrome de Down, sino también al resto de compañeros, y reconoce ciertos límites en el sistema actual: “La teoría de la inclusión educativa es mucho más complicada en la práctica. Cuando como profesor tienes 25 alumnos, dos con necesidades especiales y otros tres que a lo mejor no lo son, pero también necesitan apoyo, es difícil. Pero si la escuela no puede llegar a todos, entonces hay que cambiar el paradigma de la educación”, sostiene San Segundo. “Debería haber un profesor de apoyo en el aula, y eso puede hacerse con una mejor distribución del tiempo. En muchos colegios ya lo han cambiado, y hay docentes que dedican parte de su tiempo libre a ayudar a otros profesores”. No es el niño quien se ha de adaptar al centro, sino al revés, para que este pueda desarrollar adecuadamente sus capacidades sin dejar de convivir con el resto de los estudiantes.

Pérdida de talento en la universidad

“Nuestro sistema educativo expulsa a mucha gente que se sale de la norma, por lo que el porcentaje que llega a la universidad es muy reducido. Hay una pérdida de talento, porque el sistema les manda por caminos alternos como la FP o los centros específicos de empleo, y como consecuencia de estas barreras no pueden acceder a determinados tipos de trabajo que requieren una formación superior y no técnica”, reflexiona Escorial. Aunque la mayoría de los alumnos con necesidades especiales que llegan a la Universidad Europea responden a trastornos específicos de aprendizaje como la dislexia o el TDAH, aproximadamente un 10 % de ellos son estudiantes con TEA u otros tipos de discapacidad auditiva, motora o visual.

“Los alumnos con dislexia llegan a menudo con un cierto bagaje emocional, provocado por experiencias previas de bullying. Tienen un déficit en la memoria a corto plazo, que es la memoria del trabajo, y que muchas veces no ha sido tratado con anterioridad”, añade Escorial. Les cuesta memorizar el contenido, y por ello se les enseña a estudiar utilizando su cerebro de una forma más eficaz, a menudo por medio de estrategias visuales como los mapas conceptuales para poder asimilar mejor el contenido.

Los alumnos que llegan a la Unidad de Atención a la Diversidad que dirige Escorial reciben una atención personalizada que pretende identificar no solo las necesidades de cada estudiante, a través de pruebas objetivas y estandarizadas, sino también lo que pueden aportar. “Se trata de ver lo que podemos hacer para que las asignaturas sean más accesibles, no solo para esa persona con una necesidad concreta, sino para todos los alumnos; que la programación se cree pensando en todos”. Antes de cada clase, el profesor sube al campus virtual la documentación necesaria, de manera que los estudiantes ya no tienen que elegir entre escuchar al profesor o tomar apuntes literales, y pueden centrarse en tomar notas importantes y más específicas. Y, por último, se les recomienda que pidan tutorías didácticas, “a donde vayan con dudas muy concretas que les ayuden a tener un aprendizaje más significativo”, finaliza Escorial.

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miércoles, 25 de octubre de 2017

LA NEUROCIENCIA EN EL AULA



¿Cómo podemos aplicar en el aula las conclusiones de la neurociencia?

En los últimos años se ha podido ver de forma emergente la aplicación de recientes hallazgos en neurociencia aplicada a la educación, esto es debido al uso de numerosas herramientas que nos permiten observar al cerebro desde dentro, como por ejemplo la resonancia magnética funcional.

Estas imágenes nos permiten poder ir descubriendo aquellas prácticas educativas que activan las regiones cerebrales que son clave para el aprendizaje y justo de ahí surge la necesidad de promover una reflexión tanto teórica como práctica que nos permita implementar este matrimonio entre la neurociencia y la pedagogía.

Se ha podido observar la importancia de las emociones dentro del aprendizaje, esto nos lleva a la necesidad de activar las regiones del cerebro emocional, los conocidos dispositivos básicos para el aprendizaje: motivación, atención y memoria.

Motivar al alumno es una tarea fundamental de los maestros, los alumnos no sólo deben poder, sino que también tienen que querer. Pongamos en juegos herramientas para conocer las motivaciones intrínsecas de nuestros alumnos, para tener las capacidades de dar respuestas a los para qué que tantas y tantas veces están presentes en nuestras aulas.

El cerebro es actividad química y como tal debemos de saber jugar con esas combinaciones, en fases iniciales del aprendizajes generar que los alumnos quieran, dopamina, durante el desarrollo del aprendizaje, implicar al alumno como parte activa de su proceso de construcción del conocimiento, adrenalina, y la clave de la generación del éxito constante en nuestro alumnado, serotonina, de esta forma estaremos nutriendo el D.A.S (Sistema neurobiológico de la motivación) y permitirnos trabajar sobre las variables contextuales de la motivación que tanto afectan a nuestros alumnos.

Sabemos que la atención de nuestros alumnos es ilimitada, ¡debemos de captarla!, conocemos multitud de estrategias que al cerebro le encantan y hacen que este “enganchado” a la tarea y eso le permite trabajar consumiendo menos recursos. Algunas de las estrategias son: la contextualización de los contenidos, las disonancias cognitivas, el juego, el humor, la cooperación, las narrativas, el reconocimiento… Esta es una de las grandes claves captar la atención de nuestro alumnado.

Sin memoria, no hay aprendizaje. Algunas de las conclusiones que se han observado es la importancia de realizar durante los procesos de aprendizaje, evaluaciones sistemáticas de lo aprendido y además que sean de carácter formativo y sumativas. En las fases iniciales del aprendizaje, activar los conocimientos previos de nuestros alumnos, no son tabulas rasas que llenar de contenidos.

En períodos del aprendizaje más avanzados, evaluar la comprensión de los contenidos, hacer visible en nuestros alumnos lo que no saben para que con toda esta información proceder a migrar a las memorias a largo plazo y por último evaluar los procesos por encima de los resultados, una evaluación como un diagnóstico de lo aprendido, potenciar el uso de la metacognición de nuestros alumnos, qué han aprendido, cómo lo han aprendido, para qué me ha servido y cómo lo puedo aplicar en otros contextos, en fin, potenciar la competencia de aprender a aprender de nuestros alumnos. Contextualizar, reflexionar, recodificar, retroalimentar… son algunas estrategias para trabajar sobre las memorias significativas.

La neurociencia también nos ha hecho ver que aprendemos mejor con otros que solos, el ser humanos es un ser social que ha basado su supervivencia como especie en la cooperación. A día de hoy sabemos que cuando trabajamos en el aula de forma cooperativa se activan regiones emocionales de nuestro cerebro determinantes para el aprendizaje.

Como seres sociales, mamíferos, desarrollamos muchas de nuestras estrategias a través del juego: nos permite realizar las cosas por el hecho de hacerlas, motivación intrínseca, vivimos experiencias placenteras, potenciamos el uso de las narrativas (atención), potencia la toma de decisiones, la imaginación y permite a nuestros alumnos ser más competentes en el momento de resolver retos propios de la tarea.

También conocemos la importancia de las artes para el desarrollo cerebral del niño, tanto en el ámbito sensorial como en el motor, emocional y cognitivo. Así, por ejemplo, en sus primero años y de forma natural, el niño baila, canta o dibuja. Pero por encima de la incidencia particular que pueda tener sobre el aprendizaje cualquiera de las diferentes variedades artísticas (música, dibujo, teatro, etc.), la educación artística resulta necesaria porque nos permite adquirir toda una serie de hábitos mentales y competencias básicas en los tiempos actuales -como la creatividad, cooperación, pensamiento crítico, resolución de problemas o iniciativa- que están en consonancia con la naturaleza social del ser humano y que son imprescindibles para el aprendizaje de cualquier contenido curricular.

La actividad física no solo es buena para preservar una gran variedad de funciones corporales o para combatir el tan temido estrés que perjudica el aprendizaje sino que tiene una incidencia positiva sobre el cerebro. Al realizar ejercicio físico, especialmente aeróbico, se segrega la molécula BDNF que está asociada a los procesos de plasticidad sináptica, neurogénesis o vascularidad cerebral.

Las investigaciones en neurociencia están suministrando información relevante sobre cómo surge el llamado insight (¡eureka!), esa aparición repentina e inconsciente que nos permite encontrar la solución de un problema o tarea que no sabíamos resolver y que nos provocaba el tan temido bloqueo mental. En el momento inicial, es conveniente tener muchas ideas (lluvia de ideas en el aula), ir asociándose y poco antes de que aparezca la idea feliz se da un estado de relajación cerebral.

Esto sugiere que cuando no seamos capaces de resolver un problema, al que hemos dedicado mucho tiempo, la mejor estrategia puede ser no perseverar más, sino aparcarlo temporalmente y dedicarnos a otras tareas, o mejor realizar ejercicio físico o simplemente dormir porque existen unos mecanismos cerebrales inconscientes que seguirán trabajando en el problema en cuestión y que facilitarán su resolución.

Hay muchos mitos asociados a la creatividad y lo cierto es que, con el entrenamiento adecuado, tal como sugieren las investigaciones modernas, también podemos aprender a ser más creativos, una auténtica necesidad en los tiempos actuales de predominio tecnológico.

Afortunadamente, nuestro cerebro plástico nos permite seguir descubriendo y enriqueciendo el aprendizaje, lo cual constituye una necesidad urgente para mejorar la educación y transformar la sociedad haciéndola más justa y compasiva.

FUENTE:

lunes, 30 de marzo de 2015

ISABEL ORJALES: “Todo el mundo habla de niños hiperactivos, pero muy poca gente sabe qué es el TDAH”


Recomienda que la intervención psicoeducativa comience antes de que se cierre el diagnóstico, cuando los síntomas empiezan a generar problemas

Sandra Melgarejo. Madrid

Según Isabel Orjales, profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Facultad de Psicología de la UNED, el TDAH es “el trastorno más popularmente desconocido”. En su opinión, existen muchos tópicos que interfieren en el diagnóstico y abordaje del TDAH, y falta comprensión en el entorno escolar. Contra esto, Orjales recomienda traducir los protocolos específicos en acciones concretas y ahondar no solo en la detección precoz, sino en la intervención psicoeducativa posterior.

¿Cuál es la situación actual del TDAH en España?

El TDAH es el trastorno más popularmente desconocido. Todo el mundo habla de niños hiperactivos, pero hay muy poca gente que realmente sepa cómo es un niño con TDAH. 

Todavía existen muchísimos tópicos que interfieren en las medidas que se toman, sobre todo en el ámbito educativo. El problema no solo concierne a los síntomas que tiene el niño en el aula –que se podrían resumir en que se comporta como si tuviera dos o tres años menos que el resto por su inmadurez, aunque pueda tener altas capacidades intelectuales–, sino a la falta de comprensión en el entorno escolar, porque existen muchos docentes que están erróneamente convencidos de que el diagnóstico del TDAH se puede basar solo en lo que ellos ven en el aula y las medidas educativas que toman se basan en sus hipótesis. Así ocurre que hay niños con TDAH que no tienen un perfil exagerado de hiperactividad o que tienen muy buena capacidad intelectual y compensan algunos ámbitos, y que por ello son malentendidos por los profesores.

 



No obstante, la primera voz de alarma ante un posible caso de TDAH suele darse en el colegio, ¿no es así?

Sí. La impresión popular es, incluso, que hay un sobrediagnóstico de TDAH, que ahora todos los niños son hiperactivos, al igual que en otra época todos eran disléxicos. El problema es que el TDAH es muy difícil de diagnosticar: requiere que puedas comprobar que los síntomas de desatención, hiperactividad, impulsividad, etc., que evolutivamente tienen todos los niños, son más crónicos en este caso y no van a mejorar si no se hace una intervención específica. Y eso requiere tiempo.

¿Por eso se retrasa el diagnóstico y el tratamiento?

Suelo insistir en que la intervención psicoeducativa debe comenzar antes de que se cierre el diagnóstico, cuando los síntomas empiezan a generar problemas y se ve claramente que las medidas educativas normales, escolares y familiares, no dan resultado. Si la intervención se inicia y realmente el niño tiene TDAH, tendrá un cuadro más moderado; y si había otros condicionantes, el niño se estabilizará y el diagnóstico o el descarte del TDAH llegarán antes.

En ocasiones se cuestionan los diagnósticos de TDAH, ¿por qué?

Porque los síntomas que presenta un niño con TDAH son comunes a todos los niños, responden a una inmadurez de las funciones asociadas al lóbulo frontal, que maduran con el tiempo. El problema de los niños con TDAH es que tienen un retardo en la maduración. 

Lo que pasa es que también son funciones que se educan: la impulsividad se puede reducir, la atención mejora… Los profesores pueden tener dificultades para discriminar si el problema que tiene el niño se puede arreglar con medidas educativas generales, con medidas educativas específicas o con un entrenamiento muy costoso. Pueden pensar que es algo que depende de la voluntad del niño o que requiere más disciplina por su parte.

En este sentido, es importante que los profesores entiendan que ellos son un puntal incuestionable en el diagnóstico porque necesitamos información lo más pormenorizada posible sobre las dificultades que tiene el niño en el aula, pero luego necesitamos mucha más información para poder confirmar sus hipótesis de diagnóstico.

¿Cómo se coordina la intervención educativa con el ámbito familiar y sanitario?

Todavía estamos muy en pañales. Están apareciendo protocolos conjuntos de Sanidad y Educación que son importantísimos, se tienen que ir traduciendo en acciones concretas, pero todavía están más ligados a la primera fase, la detección y el diagnóstico, que a la intervención psicoeducativa posterior. Indudablemente, tiene que haber una conexión muy importante: el médico no puede ajustar la medicación sin la información del impacto que tiene la medicación; y el centro educativo no puede hacer que el niño sea más eficaz a través de programas de intervención y de entrenamiento cognitivo si no está apoyado por un tratamiento farmacológico adecuado.

FUENTE:

sábado, 21 de febrero de 2015

BENEFICIOS DE LAS MEDIDAS NO SIGNIFICATIVAS PARA EL ALUMNO CON TDAH


Gracias a la inclusión en la LOMCE del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) dentro de las necesidades educativas especiales que requieren de un apoyo dentro del aula, se pusieron en relieve la importancia de aplicar unas medidas dentro del mismo para el beneficio de dichos alumnos/as. La promoción de protocolos de intervención a nivel educativo hacen hincapié en cuáles deben ser esas medidas. 
Pero, ¿qué son y qué tipos hay?


Se entiende por medidas a aquellas adaptaciones a modo de estrategia educativa que consiste en la adecuación de los contenidos, tipo de evaluaciones o factores ambientales con el objetivo de hacer que los objetivos propuestos en cada curso escolar sean más accesibles al alumno. 

Se trata de tener en cuenta las características individuales del alumno y las particularidades propias del trastorno a la hora de planificar la metodología, los contenidos y, sobre todo, la evaluación. 

Se dice que existen dos tipos de medidas a tomar: las medidas significativas y las no significativas:
  • Las medidas significativas son aquellas que están destinadas a eliminar, reducir o priorizar determinados contenidos, objetivos y criterios de evaluación. Este tipo de adaptaciones, en nuestra opinión, no deben ser nunca la primera vía a tomar, pues podemos estar frenando el desarrollo de nuestro hijo, provocando que no aprendan ciertos contenidos y afectando a su aprendizaje. Si bien, en algunos casos puede ser necesario en algún apartado a asignatura en concreto consideramos que antes se deben proponer medidas no significativas.
  • Por medidas no significativas nos referimos a aquellas modificaciones en las que no se interfiere en el currículo, sino en los factores ambientales dentro del aula, en la interrelación entre profesor-alumno o en determinados cambios durante los exámenes. Estas medidas creemos que deben ser de aplicación obligatoria (no tienen porqué ser todas pero si las mas beneficiosas) ya que no tienen un coste económica, pero si que implican sensibilización y conocimiento del trastorno. 
Algunas de estas medidas pueden ser:
  • Sentarle en las primeras filas de clase y alejado de estímulos distractores como puede ser las ventanas. De esta manera esteremos fomentando una menor frecuencia de distracciones durante las clases.
  • Refuerzo positivo de sus aportaciones en clase o de cualquier logro conseguido aunque ya tuviera que tenerlo instaurado por la edad biológica que tiene.
  • Secuenciación de las preguntas durante un exámen. Porqué vamos a ponerle en una misma cara 6 preguntas cuando podemos ponerle 3 más espaciadas. Los niños con TDAH tienden a pasar de una pregunta a la otra sin haberla completado la anterior. Si reducimos el número de preguntas por cara estaremos fomentando que esto no ocurra.
  • Simplificar o resaltar en negrita las partes importantes de los enunciados. En muchas ocasiones se hacen enunciados muy largos, o con varias preguntas, en las cuales los niños con TDAH tienden a no responderlas completamente o a perderse en lo qué preguntan. Si subrayamos en negrita aquellas palabras importantes estaremos ayudándole a entender y a centralizar la pregunta para que pueda demostrar sus conocimientos.
  • Aumentar el tiempo en los exámenes. Una de las medidas más importantes es ampliar en un 35% el tiempo del exámen. Esto implica unos 15 minutos más, que pueden ser suficientes para que le de tiempo a terminar de rellenar la prueba. Esta medida está aprobada para que se adopte desde hace un tiempo en los exámenes de selectividad.
  • No penalizar en exceso las faltas de ortografía, muy comunes en los niños con TDAH sobre todo debido a omisiones de letras (poner “siepre” en vez de “siempre”)
  • Reducción de las tareas para casa. Como hemos hablado, el sistema de estudio tradicional que tienen los niños basada en la lectura repetida para estos niños no es suficiente y deben dedicar más tiempo a reelaborar la información, hacer una lectura comprensiva, un  buen subrayado para terminar con un esquema o resumen que le ayude a jerarquizar la información y suplan sus déficits (principalmente atencionales). Si le mandamos una gran carga de trabajo, no le estaremos brindando ese tiempo que necesitan, lo que les penalizará.
  • Centrarnos más en los esfuerzos que en la nota objetiva. Estos chicos tienden a realizar muchos más esfuerzos que el resto de sus compañeros para obtener la misma nota o, incluso, una nota menor, por lo que focalizar nuestra atención en sus esfuerzos y en sus logros nos ayudará a objetivizar el trabajo que realizan.
  • Realizar diferentes formatos de exámen: oral, por escrito, tipo test, etc.
Están son algunas de las medidas no significativas. Existen otro tipo de medidas que aunque no se encuadren dentro de las medidas típicamente consideradas como no significativas puede ser muy beneficiosas para los niños con TDAH como son:
  • Impulsar un aprendizaje cooperativo, mucho más dinámico y activo.
  • Dar responsabilidades dentro del aula para que adquieran un rol relevante dentro de sus compañeros y potenciemos su autoestima.
  • Tener un mayor control sobre él con el tema de la agenda, ayudarle a organizarse o planificarse. Existe tutorizaciones en este aspecto de otro compañero pero este punto hay que saber llevarlo pues puede darle la impresión al niño que tiene otro “profesor” más que le vigila, lo que no le beneficiaría.
  • Crear con él unas señales para cuando se distraiga ayudarle a refocalizar su atención.
  • Fragmentar la tarea si es muy larga.
  • Tener un seguimiento con el niño, preguntándole y motivándole.
Estas son sólo algunas, se pueden tomar muchas otras, para ello se debe tener un conocimiento y una gran capacidad didáctica y creativa para saber ajustar qué modificaciones pueden ser beneficiosas para cada alumno. Pero con estas medidas generales se pueden conseguir grandes avances, grandes mejores que impulsan la motivación y autoestima  de los niños.

Para demostrároslo queremos poneros un ejemplo:
Se trata de un niño diagnosticado con TDAH en etapa primaria, cuya motivación y autoestima era baja puesto que consideraba que hacía grandes esfuerzos para luego no verse recompensado. En el apartado escolar, se ha trabajado con él en ofrecerle unas técnicas adecuadas que le ayuden a suplir su déficit, un cambio en sus rutinas y unas competencias en organización y planificación. A su vez, junto con el centro educativo, se llegaron a acuerdos para ver qué medidas no significativas se podían aplicar. Para los exámenes se decidieron además de dar más tiempo, simplificar y adecuar las preguntas, hacerlo más visible y espaciado. Las mejoras fueron clarísimas. Ahora nos encontramos con un colegio y un profesorado con una mayor sensibilidad y, sobre todo, un niño con una mayor confianza en si mismo, una mayor autoestima y motivación, mejorando su actitud tanto en casa como en el colegio.








sábado, 29 de junio de 2013

PAUTAS PARA UN NIÑO/A CON DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD EN CASA Y EN EL AULA

PAUTAS PARA UN NIÑO/A CON DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD EN CASA


La familia es muy importante en la educación de un niño o niña con TDAH.
1.- Anticípale lo que ocurrirá, las consecuencias de sus actos.
El niño tiene dificultad para prever la consecuencia de algunos de sus actos: enseñar al niño que debe colocar el vaso en medio de la mesa, porque si lo coloca muy al filo con sus movimientos puedo tirarlo. Estas situaciones resultan muy frustrantes al niño. Estas situaciones ocurren de manera reiterada, por lo que se genera una situación de tensión
2.- Dile “cómo hacer las cosas”. Esto evitará frustración y tensión.
La reiteración de consecuencias “desastrosas” genera situaciones de tensión, no sólo en el niño/a sino también en los padres y hermanos y otras figuras del entorno, y el niño termina etiquetado.
3.- Evitar “etiquetar” al niño.
Es recomendable que los padres vayan un paso por delante del niño y le enseñen “cómo” debe hacer las cosas: cómo debe colocar el vaso en la mesa, de qué manera debe cogerlo, cómo debe agarrar un plato si es que voy a ayudar a poner la mesa...
4.- Planifica sus acciones y actividades: le proporcionará seguridad.
Saber cómo hacer las cosas ayuda mucho al niño a aprender a planificar sus acciones y le da mucha seguridad también, porque no sólo le guía sino que le permiten conseguir un logro
5.- Ayúdalo a organizarse con un horario.
Todo lo que es planificación, organización, actividades organizadas en un horario, ayudará al niño. El tiempo en el que el niño no tiene nada que hacer, y entonces empieza a generar más desorden en la casa.
6.- Procura que tenga ciertas actividades para estar ocupado, sin saturarlo.
El tiempo sin nada que hacer no sólo genera desorden sino también mucha tensión entre madre e hijo. La agenda de un niño hiperactivo no tiene que estar sobresaturada.
7.- el Karate y el Taekwondo pueden ayudarlo a controlarse.
Estas disciplinas ayudan mucho a los niños con TDAH, pues generan capacidad de regulación en el niño. La regulación desarrolla el control y la inhibición de la conducta, es decir, saber en qué momento puedo hacer algo y en qué momento no, en qué momento debo esperar y en qué momento debo proceder, en qué momento debo pensar antes de llevar a cabo una actividad.
8.- Ayúdalo a relacionarse “mediando” en el juego con sus amigos.
Cuando esté jugando con los amigos, por ejemplo, a un juego de mesa, al principio, tenemos que estar mediando: “te toca tu turno” o “te toca esperar, ahora le toca a tu amigo”. No hace falta sacarlo del juego, ni hay necesidad de sobrecargarlo con terapias. Debemos ser muy insistentes y constantes en marcar bien las pautas de control inhibitorio, planificación, de manejo de turnos, de espera, tolerancia.
9.- Ayúdalo a tolerar la “frustración” y a respetar los turnos.
Enseñarle a respetar los turnos y aquellas situaciones en las que se pueda sentir frustrado porque las cosas no salieron como él esperaba.
10.- Enséñale a lidiar entre “su expectativa” versus “su capacidad”.
Enseñarle a ajustar su expectativa frente a su capacidad de producción. La capacidad de producción está alterada por su pobre capacidad de planificación. En ocasiones se fijan la idea de conseguir un objetivo con perspectivas muy grandes y cuando ven que el resultado de su trabajo es muy pobre siempre se sienten frustrados.
11.- Ayudarlo a ponerse metas “a corto plazo”. Sus logros lo motivarán y prepararán para nuevos retos.
Siempre hay que trabajar mucho con metas a corto plazo, para que el niño vea que puede manejar la situación y conseguir metas. De esa manera, lograremos motivarlo para exigencias a más largo plazo. 

PAUTAS PARA UN NIÑO CON TDAH EN EL AULA


1.- Profesores, padres y terapeutas deben comunicarse y coordinar el trabajo con el niño
Es muy importante que el profesor/a diseñe un plan de trabajo y se coordine con el terapeuta, en el caso en el que el niño reciba terapia farmacológica y/o psicológica, y con los padres, los cuales ya estarán llevando un plan de trabajo.
2.- Dosificar la exigencia académica y conductual.
Se recomienda empezar dosificando las exigencias tanto en el plano pedagógico como en el plano de exigencias conductuales. Al principio, puede parecer que lo que estamos exigiendo al niño no corresponde a su edad cronológica ni al grado escolar, pero es una primera fase para estabilizarlo y manejar su motivación para que pueda alcanzar nuevos retos.
3.- Ponerle objetivos que pueda alcanzar, para motivarlo.
Su historial de fracaso es bastante alto, por lo que se requiere trabajar dosificando las tareas, haciéndolas más pequeñas para que las pueda manejar, terminar y conseguir los objetivos.
4.- Dosificar la cantidad de tareas y, en lo posible, reducir la carga.
Por ejemplo, la cantidad de sumas, si es que el niño está llevando a cabo una tarea de ese nivel o completar frases.
5.- El incremento de tareas debe darse de forma gradual.
Iniciar reduciendo la tarea a la mitad y gradualmente ir aumentando la cantidad de ítems en función de sus logros.
6.- El niño hiperactivo no requiere de un colegio especial.
7.- El profesor/a debe considerar que la capacidad del niño para planificar y organizar está alterada.
8.- Fijar metas más cortas sin alterar el currículo porque el niño es capaz de lograrlo.
Se requiere dosificar y trabajar con metas más cortas, pero el contenido curricular debe ser el mismo, porque la capacidad intelectual del niño está intacta.
FUENTE:

martes, 18 de septiembre de 2012

LA UTILIDAD DE LOS DEBERES


¡Ponte a hacer los deberes! Es, probablemente, la frase más repetida por las tardes en los hogares con niños, niñas o adolescentes. ¿Qué pasaría si se eliminasen las tareas escolares para casa? El debate regresa en Bélgica, con la propuesta del Observatorio de la Infancia de «repensar el tiempo escolar» para que los niños realicen las tareas en el colegio, saliendo más tarde.


Con la vuelta al cole regresa el debate sobre los deberes escolares que en el pasado curso llevó a una huelga de lápices caídos en Francia. Ahora es Bélgica el país donde se discute, no tanto si son necesarios o no, como el lugar donde se deben realizar. El Observatorio de la Infancia insta a ampliar el horario escolar para que las tareas se completen en la escuela, claro que su propuesta sería prolongar la jornada hasta las cinco de la tarde, el horario habitual en España.
La institución que defiende en Bélgica los derechos del niño reta a probar «un mes sin deberes» para que, al completarlos en el colegio, los profesores tomen conciencia del trabajo que ordenan hacer en casa, según recogía hace unos días el diario belga Le Soir. Una vez fuera del colegio, los niños no tendrían nada más que hacer. Este ejercicio pondría de relieve si la cantidad de tareas escolares que llevan los niños a casa es, como muchos sostienen, excesiva.
«Los países que mandan menos deberes tienen los mejores resultados» según el informe PISA, afirma el Observatorio belga.
La discusión sobre los deberes estalló con virulencia el pasado curso en Francia con una revuelta que derivó en una huelga de 15 días sin tareas. «Hace falta que los niños enseñen en casa lo que han aprendido en el colegio y no que enseñen en clase lo que han hecho en casa», afirmaba entonces el presidente de la Federación de Consejos de Padres de Alumnos (FCPE), Jean Jacques Hazan. Son trabajos forzosos fuera del horario lectivo, sin ninguna utilidad demostrada y que, en cambio, complican mucho la vida de las familias: conflictos, castigos, falta de tiempo libre…
La revolución escolar francesa salpicó también a España, donde profesores y padres de alumnos debatieron sobre las ventajas e inconvenientes de los deberes.
En España, no sólo son los padres los que no se ponen de acuerdo: psicólogos, pedagogos, maestros y otros especialistas en educación no son unánimes en si los deberes son positivos o si perjudican más que benefician. Estos son los argumentos que esgrimieron:

A FAVOR DE LAS TAREAS
  • Conectan a los padres con la educación de sus hijos.
  • Los deberes diarios ayudan a crear un hábito de trabajo y estudio, de orden y superación, según la asociación de padres CONCAPA, que considera necesario que la familia se implique para estimular el aprendizaje. Una encuesta realizada el pasado año por el sindicato CSIF en Andalucía mostraba cómo el 95% de los profesores aseguran que los deberes fomentan el esfuerzo.
  • Aportan a los niños un valor pedagógico incuestionable, enseñando  a ser responsables diariamente, con esfuerzo y disciplina.
  • Refuerzan y contextualizan el aprendizaje del aula, estimulando la capacidad de razonamiento y la memoria en los niños.
  • Las actividades extraescolares no cumplen la misma finalidad, a juicio de CONCAPA, que admite que «se puede cuestionar si la carga de trabajo que conllevan los deberes es o no excesiva, pero la supresión de los mismos es una gran irresponsabilidad que perjudicaría gravemente la formación de nuestros hijos».
EN CONTRA 
La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) esgrime, sin embargo, otros argumentos para suprimir las tareas.
  • Se abusa de los deberes, se acumulan los de las diferentes asignaturas, desmotivan y crean una fatiga añadida al cansancio acumulado a lo largo de la jornada.
  • Demuestran un fracaso del sistema educativo, que tiene que sobrecargar a niños de tareas que deberían haber realizado en la escuela. Los alumnos, a juicio de CEAPA, encuentran en las aulas una enseñanza que no les motiva, poco práctica, fundamentada en el libro de texto y en el aprendizaje memorístico y alejada de la cultura audiovisual en la que viven. Los deberes son una forma de «echar balones fuera» ante esta problemática, en opinión de esta asociación.
  • Provocan desigualdades sociales al poner en evidencia el nivel socioeconómico y cultural de la familia, que en algunos casos se ven obligadas a recurrir a clases y profesores particulares con un esfuerzo económico añadido.
  • Crean tensiones entre padres e hijos, deterioran el clima familiar y suponen un problema para muchos padres que no disponen de tiempo o de la formación necesaria  para ayudar a sus hijos.
  • Restringen el tiempo para la familia, las tareas domésticas y el ocio: los menores necesitan tiempo para realizar actividades deportivas, culturales o de esparcimiento que también contribuyen a su desarrollo personal.

EN SU JUSTA MEDIDA
Ana Sacristán, profesora del departamento de Didáctica y Organización Escolar de la UNED, asegura que “tal como funciona hoy la escuela, los deberes son inevitables. En España es una práctica tan extendida que la consideramos normal y hasta exigible, porque se vinculan con recibir una educación de calidad”. En realidad, los deberes pueden ser beneficiosos, una oportunidad perdida o muy negativos, dependiendo de la jornada escolar que tenga el niño, de su edad, del tipo de deberes que le pongan y del tiempo que le ocupen.
Joan Doménech, director de la escuela Fructuós Gelabert y autor de Elogio de una educación lenta (Grao), considera que "los deberes persiguen que los niños sean más autónomos en su aprendizaje y que puedan resolver ellos solos los retos educativos. Pero si el profesor dice: ‘Este ejercicio lo hacéis en casa’, sin asegurarse antes de que les ha dado las herramientas para hacerlo, estará pervirtiendo ese objetivo pues, si no están preparados para ese reto, les aboca al fracaso y exige que dediquen tiempo y esfuerzo a algo en lo que fracasarán seguro”. Y añade que lo mismo ocurre con el objetivo de que los deberes sirvan para reforzar a los niños que precisan más tiempo para aprender: “si en cinco horas de clase no ha asumido unos objetivos y le mandas esas tareas para casa, el niño solo no podrá resolverlo y no le servirá de nada disponer de más tiempo”.
Por su parte, María Jesús Comellas, educadora, profesora de Didáctica y Organización Educativa de la Universitat Autònoma de Barcelona, defiende “el derecho de las criaturas a no ser alumnos durante las 24 horas”.
En esa línea, Miquel Martínez, catedrático de Pedagogía de la Universitat de Barcelona y colaborador de la Fundació Jaume Bofill, considera que sin deberes “ganaríamos nivel educativo y habría menos problemas de ansiedad y déficit de atención en los niños y mejorarían el clima y las relaciones familiares”.
La mayoría de expertos coincide en que la clave del debate es cuántos y qué deberes. Eva Liesa Hernández, directora del grado en Educación Infantil en Blanquerna-URL, asegura que los deberes deben ocupar poco tiempo para que puedan realizarse otras actividades, y deben ser personalizados, adecuados a las necesidades de cada alumno para que no se conviertan en los deberes de los padres, del canguro o del profesor particular y dejen de tener sentido. Y estas dos premisas –limitación temporal y adecuación a cada niño– son las que más se repiten entre los especialistas consultados.
Luis Miguel Lázaro, experto en educación comparada de la Universitat de València, subraya que las investigaciones realizadas en las últimas décadas han mostrado una correlación entre la realización de deberes y los resultados académicos siempre que su carga no sea excesiva, porque en ese caso provocan aversión. Apunta que una buena referencia puede ser la regla de los diez minutos establecida por la Duke University, en Estados Unidos, que consiste en comenzar con diez minutos diarios en el primer año de escolaridad obligatoria e irlos incrementando en otros diez minutos por curso, hasta llegar a los 120-150 minutos en los alumnos de bachillerato. Claro que puestos a escoger modelo, uno rápidamente se pregunta qué hacen en Finlandia, que en los últimos años es el referente recurrente cuando de excelencia educativa se trata. “Los niños finlandeses tienen deberes, pero con una carga temporal muy reducida en toda la escolaridad; son deberes de 10-15 minutos que muchos hacen en el transporte escolar”, apunta Lázaro. Pero a continuación, añade que en Corea, país que según los informes internacionales tiene un nivel educativo similar al de Finlandia, los niños hacen muchos deberes y un alto porcentaje de ellos asiste a clases de refuerzo. Opina que es difícil hablar de reglas generales porque hay niños que no necesitan hacer deberes en casa y otros que precisan que alguien les ayude. “No va mal que tengan algunas tareas concretas para esos aprendizajes que se adquieren repitiendo, practicando, como leer, cálculo o gramática; el problema es que los profesores se exceden y, después de una jornada agobiante, los chavales aún tienen otra media jornada escolar en casa y como los padres tienen la responsabilidad de que los hagan, les privan de jugar, de leer lo que les gusta… Y aunque es positivo que los padres se impliquen y vean qué saben sus hijos y qué no, hay familias monoparentales o de nivel educativo bajo que no pueden ayudarles, así que los deberes se convierten en una fuente de desigualdad y los maestros deben estar pendientes para compensar estas carencias”, opina.
Este último aspecto, el del papel de los padres ante los deberes, resulta crucial en todo el debate. Por una parte, porque las tareas del cole colonizan el tiempo familiar y absorben gran parte de las pocas horas que padres e hijos pasan juntos, impidiendo que compartan tareas domésticas, conversación, lectura o actividades de ocio. Por otra, por los conflictos que ocasionan cuando los padres se ven obligados a presionar o a castigar a los hijos para que hagan sus tareas escolares. Y, por si fuera poco, por las desigualdades que evidencian. “Con los deberes se traspasa a la familia una tarea escolar que no todas pueden asumir, ya sea por trabajo o por falta de preparación, y aquellas familias que tienen una economía holgada lo suplen pagando un refuerzo escolar, mientras que otras no pueden hacerlo”, advierte Miquel Martínez.
Ana Sacristán enfatiza que en toda su escolarización nunca tuvo deberes, dice que los buenos alumnos no necesitan actividades de refuerzo y, a los que les vendrían bien, si no reciben ayuda externa, no les sirven. “Si los padres no pueden o no saben ayudarles, los deberes son contraproducentes, porque el chaval se siente abandonado a su suerte, y eso daña su autoestima e incluso puede suceder que desprecie a sus padres por dejarle desamparado”, alerta.
También hay profesores que, como Raquel-Amaya Martínez, opinan que el papel de los padres nunca ha de ser sentarse a hacer los deberes con su hijo ni explicarle contenidos, sino crear el clima adecuado para que desarrolle el hábito de hacerlos, demostrar interés por sus tareas y promover que el niño asuma sus responsabilidades, cuestiones que no requieren una alta formación académica de los padres. Lo que sí exige es que los profesores encarguen para casa tareas que los chavales puedan hacer solos y que no resulten tediosas. O, según otros especialistas, que los maestros tengan en cuenta las condiciones socioeconómicas de cada familia a la hora de personalizar los deberes.
Pero también hay educadores que plantean alternativas que no requieren tanta personalización, como es no ocupar el tiempo familiar de los alumnos para que puedan realizar otros aprendizajes invisibles. “Haciendo la lista de la compra, seleccionando el pescado, leyendo las etiquetas de las conservas, calculando el cambio que les da la cajera pueden practicar muchas competencias de las que les enseñan en la escuela y ver realmente la trascendencia de lo que aprenden”, indica María Jesús Comellas.
Miquel Martínez añade que si se deja a los niños tiempo para ir a la compra, hacer la cena o buscar cosas que les interesen, luego pueden contar sus experiencias o llevar información a clase y así, además de contextualizar lo que aprenden en todas las materias y enlazar la escuela con su mundo, logran que sus compañeros también aprendan. Y remarca que de esta forma, lejos de ponerse en riesgo el rendimiento escolar, mejorarían los resultados de nivel educativo. “En realidad examinamos a los chavales de comprensión lectora, expresión y las cuatro reglas matemáticas, y hay seis años –de primero a sexto de primaria– para enseñar eso, así que hay tiempo de sobra y no hace falta reforzar esos aprendizajes; si ahora obtienen malos resultados es porque se les enseña de forma mecánica, no competencial, y no se vincula lo que se enseña con la vida cotidiana. Pero los chavales están más preparados de lo que dicen las pruebas: saben hacer la regla de tres, pero no saben que han de aplicarla para resolver un problema cotidiano”, afirma el colaborador de la Fundació Jaume Bofill.
También Ana Sacristán cree que los deberes, para ser valiosos, han de huir de repetir lo que se hace en clase y deben conectar el colegio con la vida cotidiana. “Hay profesores que hablan de la composición de los alimentos en clase y encargan mirar los tarros de conserva que tengan en casa para ver el contenido de proteínas, lípidos, etcétera. ¡Eso son prácticas valiosas!”, comenta la profesora de la UNED. Y añade que para reforzar aprendizajes, la alternativa es disponer de horas de estudio asistido en la escuela, en las que los buenos alumnos puedan hacer actividades por sí mismos y se pueda ayudar a los que más les cuesta sin que se vean abocados a hacer esas tareas solos en casa.
El problema de los deberes actuales es que normalmente no se personalizan ni se coordinan entre todo el equipo docente, de modo que a veces se acumulan tareas de muchas asignaturas, afirma Luis Miguel Lázaro. Muchos chavales, como ven que es un esfuerzo insalvable, huyen de ello no haciéndolos, lo que provoca conflictos familiares.
En esta línea, Joan Doménech coincide en que es básica la coordinación del equipo docente para unificar criterios. Cuenta que en la escuela que él dirige, Fructuós Gelabert, apuestan por los deberes creativos adaptados a cada edad, que consisten en solicitar información para algún tema que se trabajará en clase, preparar la exposición de un cuento, leer antes de ir a dormir, hacer pasatiempos del periódico, decirles que muestren a sus padres cómo ponen su nombre o que revisen el cambio del dinero cuando van a la compra… “Promovemos la autonomía de los niños en su aprendizaje, pero también tratamos de implicar a los padres en lo que pasa en la escuela”, indica.
A juzgar por las estadísticas, cada vez es más difícil que los estudiantes dispongan de tiempo libre para descubrir sus inquietudes y aficiones: entre 1997 y 2007 el tiempo diario dedicado a los deberes por los escolares españoles ha aumentado significativamente; ahora son muchos menos los que están menos de una hora haciendo sus tareas (el 20% en lugar del 37%) y bastantes más los que necesitan dedicar más de dos horas (32% frente a 23%). 
LOS DEBERES IDEALES
  • Breves: las tareas escolares no deben colonizar el tiempo familiar ni el de ocio. Los chavales han de poder jugar, conversar, descubrir inquietudes, leer lo que quieran…
  • Creativos: además de no resultar aburridos, los deberes deben permitir relacionar lo aprendido en la escuela con la vida cotidiana y poner en práctica los conocimientos o profundizar en ellos en función de los intereses de cada niño.
  • Personalizados: las tareas para casa han de estar pensadas para que los niños puedan hacerlas sin ayuda, y adecuarse a sus intereses y necesidades concretas de aprendizaje.
Los deberes escolares y las horas de estudio suponen uno de los puntos de fricción que más deterioran las relaciones entre los padres y sus hijos con TDAH.

En palabras de Isabel Orjales (2012), muchos niños, niñas y adolescentes con TDAH, en las etapas escolares, se dejan "en el camino la infancia, la adolescencia, además de su autoestima, su motivación por aprender, su tolerancia al esfuerzo y su estabilidad emocional (y, de paso, también la nuestra)" (p,47).

Esperemos que estas reflexiones sirvan para algo… 
FUENTES:
Orjales Villar, I. (2012). TDAH. Elegir colegio, afrontar los deberes y prevenir el fracaso escolar. Madrid. Ediciones Pirámide