TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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lunes, 9 de abril de 2018

TIPS PARA PROFESORES DE NIÑOS/AS CON DÉFICIT DE ATENCIÓN



Actualmente, el trastorno por déficit de atención es considerado una condición bastante compleja y alarmante, y aunque refleja consecuencias en todos los ámbitos del desarrollo del niño, es en la escolarización donde presenta mayores inconvenientes.
Quienes deben lidiar con casos de TDAH lo saben mejor que nadie, pero, ¿acaso no existen estrategias que puedan implementarse para favorecer la formación de estos niños?
La respuesta es sí, las hay, y a continuación hablaremos acerca de algunos de los tratamientos psicoeducativos que pueden ayudar a mejorar la conducta y el aprendizaje en niños que padecen déficit de atención.

Formación de los maestros y educadores

La intervención de los profesores tiene un papel fundamental en el tratamiento de los niños con TDAH. Sin embargo, para poder responder a las necesidades educativas de los mismos, es de suma importancia que cuenten con conocimientos básicos sobre este tipo de trastorno y tengan una idea de cómo manejarlo en el entorno educativo.

Una vez realizada la evaluación psicopedagógica, el orientador deberá comunicarles a los profesores los resultados de la misma, y deberá hacerles saber las necesidades del niño en distintos ámbitos.

Quienes deban trabajar directamente con el niño tendrán que conocer la base biológica del trastorno, así podrán comprender la necesidad de efectuar las determinadas adaptaciones.

De igual forma, es importante concientizarlos de que deben plantear soluciones en lugar de solo resaltar el problema, así como también hacerles entender que el problema radica en el trastorno y no en el niño como tal, de modo que sean capaces de apreciar los aspectos positivos de éste y motivarlo tanto a él como a sus familiares.

Recomendaciones para los maestros y educadores

El centro educativo debe considerar la situación del alumno y llevar a cabo las adaptaciones pertinentes para dar respuesta a sus necesidades.
Asimismo, los profesores deberán disponer de las herramientas que hagan falta para lidiar con las dificultades que acarrea el trastorno y ayudar a que el niño pueda: seguir instrucciones, mantener una conducta adecuada, organizar su material escolar, tener una correcta participación en actividades grupales, y desarrollar sus habilidades de lectura, escritura, cálculo, entre otras.

Recomendaciones para la organización de la clase:
  • Al tratar con niños con déficit de atención, es recomendable evitar el exceso de ruido o de estímulos visuales que puedan causar distracción.
  • Ubicar al alumno con TDAH de manera que esté cerca del profesor y en compañía de los alumnos más tranquilos y organizados.
  • Mantenerlo alejado de puertas, ventanas o lugares en los que se transite con frecuencia.
  • En caso de trabajos grupales, debe cuidarse la elección del equipo de trabajo y mantener una ubicación cercana a la mesa del profesor.

Recomendaciones para la realización de actividades:
  • En actividades que impliquen el uso común de materiales, deberán controlarse con especial atención el uso y la colocación de los mismos, a modo de evitar que el niño deba recorrer largas distancias para llegar a ellos y pueda distraerse.
  • Especificar con claridad los materiales que deberá emplear para cada actividad.
  • Se debe procurar que el alumno disponga únicamente de lo que necesita para cumplir con el trabajo, y deberá recoger y guardar todos los implementos una vez finalizado el mismo.
  • Es posible aprovechar el uso de materiales para designarle determinados trabajos para el cuidado y uso de los mismos, como repartir, recoger, guardar, etc.
  • Hacer uso de carteleras o herramientas de información similares para establecer normas o instrucciones.

Recomendaciones para mantener la atención del niño con TDAH:
  • Asegurar que el niño esté prestando atención antes de dar las indicaciones.
  • Hacer siempre contacto visual y permanecer cerca del niño.
  • Motivar la participación del niño mediante preguntas simples sobre el tema, empleando distintos materiales o demostrando las asignaciones de manera novedosa.
  • Emplear estímulos visuales, un buen tono de voz y hacer gestos con un poco de exageración.
  • Estimular la enseñanza corporativa, puede ser pidiéndole al niño que le explique los puntos de un tema a un compañero que haya tenido problemas para entender.

Asimismo, para mantener la atención del niño antes y durante la realización de las actividades, se recomienda lo siguiente:
  • Explicar al niño los puntos de una actividad antes de iniciarla, utilizando palabras fáciles de entender.
  • Corroborar que el niño haya comprendido las indicaciones.
  • Puntualizar las instrucciones muy complejas en un paso a paso.
  • Dividir las actividades muy extensas y reducir su número.
  • Vigilar constantemente la realización de la actividad para reforzarle positivamente u orientarle hacia la ejecución correcta.
  • Emplear registros que muestren su progreso y sus logros.

También puedes utilizar las siguientes estrategias:
  • En las actividades, se recomienda crear hábitos de escucha, uso y organización de materiales, inicio y culminación de labores, etc.
  • Enseñar al niño a identificar su trabajo debidamente, respetar el margen y todo lo que conlleve a un trabajo más ordenado.
  • Adiestrarle para que cumpla con una secuencia a la hora de hacer sus actividades, por ejemplo:
  1. Escuchar y repasar las instrucciones.
  2. Ubicar el material requerido.
  3. Reflexionar sobre la asignación.
  4. Hacer el trabajo.
  5. Revisar el trabajo.
  6. Mostrarle al profesor.
  7. Hacer las correcciones necesarias.
  8. Organizar los materiales utilizados.

Deberes del niño

Por otra parte, en cuanto a los deberes del niño:
  • Deberá entender con claridad las asignaciones para el hogar. Se puede hacer uso de un pizarrón o un diario para dejarlas por escrito.
  • Priorizar los deberes para que pueda cumplirlos en el tiempo justo.
  • Utilizar el diario como registro del progreso y los logros del niño.

Recomendaciones para los exámenes y evaluaciones:
  • Emplear distintas formas y herramientas de evaluación como trabajos escritos, orales, etc.
  • Prepararle para la realización de los exámenes.
  • Procurar que los exámenes escritos sean cortos, con preguntas claras y expresadas en palabras sencillas.
  • Corroborar la comprensión de las preguntas y la realización del examen.

Dado que los alumnos con TDAH suelen tener dificultades para manejar su atención y su conducta, es recomendable desarrollar un programa conductual para regular el comportamiento, el cual debe fundamentarse en lo siguiente:
  • Responsabilizar al alumno por sus conductas.
  • Premiarle por las conductas aceptables.
  • Hacer caso omiso, corregir o sancionar los comportamientos inadecuados.
  • Enseñarle otras conductas alternas.

Tomar en cuenta estos tratamientos psicoeducativos es vital para promover la sana formación y desenvolvimiento de los niños con TDAH, después de todo, la educación es su derecho

FUENTE
Imagen: https://pixabay.com/es/aula-educaci%C3%B3n-escuela-mano-381900/

viernes, 6 de enero de 2017

VUELTA AL COLE ¿Alivio o pesadilla para padres/madres de niños con TDAH?



La rutina diaria con un niño con trastorno por déficit de atención con/sin hiperactividad (TDAH), es ya de por sí complicada y,  por si fuera poco, se le une el hecho de que aproximadamente una cuarta parte ellos tiene además un trastorno específico del aprendizaje, que se presenta de forma comórbida, es decir, no es consecuencia del TDAH sino que cursan paralelamente.

¿Qué significa esto? Pues que se les complican algo más las cosas ya que, no sólo tienen las dificultades para aprender características del TDAH, sino también las añadidas de un trastorno específico del aprendizaje como pueden ser:
  • Lectura
  • Expresión escrita
  • Cálculo (Discalculia)
  • Razonamiento matemático
  • Coordinación motriz (Disgrafía)
  • Ortografía (Disortografía)

Además, tienen menor habilidad para desempeñar un trabajo autónomo y tardarán más tiempo en conseguirlo, lo que se traduce entre otras cosas en dificultades para:
  • Organizarse el trabajo
  • Mantenerse centrados
  • Perseverar en las tareas
  • Evitar distracciones (tanto internas como externas)
  • Monitorizar el proceso
  • Autoevaluarse

Con todo esto en mente y sabiendo que se trata de un trastorno crónico, debemos saber dosificarnos y buscar alianzas. Recordemos que se trata de una maratón o carrera de fondo, no de una prueba de velocidad. Deberemos esforzarnos por conseguir no solo un buen ajuste académico, sino también emocional y social.

Entonces, ¿cómo podemos afrontar con éxito el largo curso escolar sin llegar extenuados a junio?

Deberemos intentar establecer una coalición con los profesores. Aunque el niño lleve algunos cursos diagnosticado y continúe en el mismo colegio, puede haber algún profesor que lo desconozca. En ocasiones, algunos padres intentan ocultar al colegio el diagnóstico por el compresible temor a las etiquetas, pero lo perjudicial no es el diagnóstico sino la etiqueta mal empleada o mal entendida. Por tanto, no tiene sentido ocultarlo porque lo etiquetarán de rebelde, vago, conflictivo…, etiquetas que incluso conociendo el diagnóstico suelen recibir.
Lo más aconsejable es mantener una entrevista con el tutor comenzadas las clases. El objetivo de la misma será el de recabar información de nuestro hijo en diferentes facetas, así como conocer la visión que el profesor tiene del niño. Agradeciendo su interés y apoyo, le haremos saber que estamos de su parte e intentando buscar puntos en común para poder abordar más adelante los temas que nos preocupen que, presumiblemente, serán:

Deberes

Tal vez los profesores no sepan las horas que se le dedican en casa. El exceso de trabajo académico genera mucho estrés familiar y conductas de evitación del niño ante el trabajo difíciles de manejar para los padres.  Se trataría de intentar flexibilizar y optimizar los deberes, reducir la cantidad o incluso cambiarlos por algún tipo de refuerzo específico del que el niño salga más beneficiado. Los niños con TDAH tienen muy poco tiempo libre; generalmente, además del tiempo que dedican al estudio y a hacer los deberes, asisten a clases de refuerzo y/o psicoterapia.

Exámenes

La ansiedad con la que se viven en casa puede llegar a ser abrumadora. Exámenes más espaciados, combinando diferentes formatos de pregunta en una misma prueba: de desarrollo, verdadero/falso, completar un esquema, definiciones, opción múltiple, frases para completar; en matemáticas combinar problemas con operaciones. Supervisar que han respondido todo antes de que entreguen el examen. Suelen  dejar preguntas en blanco e incluso olvidan responder algún apartado, aunque sepan la respuesta.

Agenda

Lo que no se anota en clase, no se hace en casa. La supervisión es necesaria y deberá mantenerse durante mucho más tiempo que el esperado para su edad por las propias dificultades de organización y planificación de estos niños. Dedicar un tiempo cada día para que el niño apunte las tareas en la agenda con la supervisión del profesor. Es muy importante y se debe tener cuidado para NO convertir la agenda en un mecanismo de comunicación entre el centro y la familia SOLO de aspectos negativos. Si estos son frecuentes, deberemos acordarlo con el profesor/a y utilizar otras vías para no dañar al niño/a.




Desde casa

Desde casa, debemos centrarnos en crearles rutinas. Todos los días y, a ser posible, a la misma hora, después de merendar. No importa si la agenda está vacía, se trata de crearles el hábito de trabajo. El tiempo variará en función de la edad, de media hora para los más pequeños, a hora y media o dos para los más mayores. El lugar más adecuado es aquél en el que el niño trabaja mejor: algunos lo harán en su habitación y con silencio; en cambio otros necesitarán ruido de fondo o la presencia del adulto porque se concentran mejor, prefiriendo la cocina o el salón. Démosle pues, a cada uno en función de lo que necesita.

Paqui Moreno. Psicóloga y terapeuta en Red Cenit.

jueves, 7 de enero de 2016

VUELTA A LA RUTINA DESPUÉS DE LAS VACACIONES



Todo llega a su fin  y las vacaciones no son la excepción a la regla. El regreso a clases después de unas vacaciones suele  ser emocionante y estresante a la vez. Para muchos niños y niñas el volver a clases es una aventura que significa jugar, compartir, realizar actividades divertidas, conocer nuevas personas. Para otros niños y niñas es una experiencia traumatizante que se repite después de cada temporada de vacaciones, lejos de casa, sin papá ni mamá cerca, y en muchos de ellos provoca situaciones de estrés que se manifiestan con miedo, inseguridad o mucha tensión que pueden afectar la salud. Por ello, debemos ayudarles a preparar el regreso a las clases y a la rutina.

Es importante comprender que las vacaciones han permitido el cambio de ciertos hábitos, tanto alimenticios como del sueño, así como en la disciplina y los horarios, por lo que es necesario que se vayan ajustando poco a poco. 

Estar juntos en familia, levantarse tarde, no realizar tareas, ver mucha televisión, no tener  rutinas, etc., fomentan que el regreso a clases se torne más difícil, por lo que es importante seguir las siguientes recomendaciones:
  • Recordar el lado positivo de la vuelta a clases. Es importante que los padres recuerden la importancia de volver a ver a los compañeros de clase que probablemente no hayan visto desde el último día de clases. También deberán destacar el hecho de que seguirán adquiriendo muchos conocimientos nuevos que les serán muy útiles para su futuro profesional. Siempre que los padres hablen sobre la vuelta al colegio deberán hacer comentarios positivos y nunca negativos. De esta manera el alumno comprenderá que estudiar es una etapa positiva.
  • Fomentar la ilusión por preparar los materiales escolares. Si el estudiante necesita cuadernos y lápices nuevos, puede ser divertido que toda la familia salga a comprarlos Los padres también pueden ayudar al estudiante a preparar la mochila. Debemos recordarles que son responsables del cuidado de sus útiles escolares, el arreglo diario de sus uniformes o ropa de escuela, así como de sus tareas escolares, para evitar el desorden que es causante muchos problemas y tensiones familiares.
  • Preparar un próximo fin de semana  inolvidable. El primer fin de semana después de la vuelta al cole debería ser divertido. De esta manera la primera semana escolar pasará rápidamente y el estudiante estará ansioso por disfrutar de dos días entretenidos. Descubrir un restaurante nuevo o pasar todo el sábado en el parque de atracciones son tan sólo dos de las muchas ideas que pueden tener. Además de disfrutar del fin de semana también se puede disfrutar juntos del proceso de planear ese fin de semana, pues decidir qué hacer y dónde ir generará ilusión y expectativas.
  • Ser un ejemplo a seguir. Al igual que a los niños les cuesta despedirse de las vacaciones y retomar la rutina, los padres también pasan por este proceso cuando deben volver a la oficina después de las fiestas. Es importante que el estudiante comprenda que no es el único que debe adaptarse a este cambio, pero que sus padres ven el lado positivo y sienten ilusión por todo lo bueno que aporta la rutina, el esfuerzo y los momentos con los compañeros.
  • Ser comprensivos. Es completamente normal que la vuelta a clases sea difícil para algunos estudiantes. De hecho, para algunos alumnos será más difícil que para otros. Si sabe que sus padres le van a escuchar y que no le van a juzgar, ni van a criticar el hecho de que realmente no desee volver al colegio, el tiempo de adaptación será menor. Lo habitual es que después de tres o cuatro días el niño ya esté adaptado a la nueva situación. Estar pendientes de todos los cambios posibles de conducta o actitud que puedan ser manifestaciones de algún problema no resuelto en la escuela o en su vida personal. Tener en cuenta que los problemas para ellos son tan grandes e importantes, como lo son los nuestros.
  • Reducir la ansiedad. Los padres pueden acompañarle al colegio el primer día, para que sepa que no está solo en esta etapa y que cuenta con la comprensión y ayuda de sus seres queridos. Los niños no tienen la misma capacidad de que los adultos para afrontar la frustración o adaptarse a situaciones nuevas.
  • Ser puntuales. Si los padres le recogen a la salida del colegio, es importante que estén allí cuando el niño salga de clases para evitar que tenga que esperarles. Tener todo listo para que las prisas no sean otro motivo de estrés, salir a tiempo para evitar el tráfico y mostrarse contentos en todo momento.
  • Tener una buena rutina. Establecer y respetar los horarios para levantarse, dormirse, alimentarse, tomar clases especiales, hacer tareas y jugar o entretenerse. Durante las vacaciones lo último que deseará un niño es madrugar. Tampoco querrá estudiar, pero estos dos hábitos son imprescindibles durante el año escolar y es importante que no los pierda durante las vacaciones porque de lo contrario le costará más acostumbrarse a la vuelta a clases. Si durante unas semanas el niño se despierta tarde y no estudia ni lee, y de un día para otro debe retomar estos dos hábitos, no serán fáciles ni el primer día de clases, ni el segundo, ni el tercero.
  • Conversar, pero de verdad. Escuchar sus temores, dudas, intereses y expectativas con mucha atención y orientarlos respetuosamente en todo momento. Muchos padres cometen el error de preguntar, simplemente, “¿qué tal ha ido el primer día de clases?” Para evitar este error, el padre puede preguntarle qué ha aprendido hoy en su clase de matemáticas, qué deberes le han asignado hoy, qué sucede en la vida de los protagonistas de los libros que le han mandado leer, qué tal le ha ido con su profesor favorito y por qué. Son preguntas que no recibirán por respuesta un simple 'sí' o 'no', y que demostrarán al estudiante que sus padres están muy interesados en saber cómo le va en clase y qué está aprendiendo. Si los padres dan mucha importancia al colegio, será mucho más fácil para el estudiante interesarse por las clases y desear sacar buenas notas.
  • Preparar un desayuno muy nutritivo y delicioso. A todos nos anima comenzar el día con un desayuno riquísimo, y no solamente a los más pequeños de la casa. El primer día de clases es especial y los padres pueden conseguir que este día empiece bien desde que el niño se despierte. Supervisar bien su desayuno que es el principal alimento que les permitirá concentrarse y aprender bien durante toda la mañana. Con frecuencia es importante incluir un complemento alimenticio para el recreo, para que no les falten todas las vitaminas y minerales esenciales para su adecuado crecimiento y desarrollo.

Muchos padres enfrentan el inicio de clases de forma abrupta en relación a los horarios. Es necesario hacer una “previa” para que el niño pueda recuperar el hábito de levantarse temprano para sus actividades. Esto se logra de forma lenta y progresiva. Durante la etapa escolar, los padres deben procurar que los niños duerman entre 10 a 11 horas, ya en la pubertad y adolescencia las horas de sueños son entre 8 y 10 horas.

También debemos implicar al niño en aquello que tenga que ver con el regreso a la escuela, como la preparación de la ropa, los libros y todo el material didáctico como mochilas, bolígrafos, útiles escolares, etc. 

Lo más importante es que el niño juegue y disfrute todas sus vacaciones pero sin olvidar que tendrá que volver a la escuela pronto. Para eso, los padres pueden servir de recordatorio. 

Ya incorporados a la rutina, procura compensar el tiempo que estés separado/a de tus hijos con una compañía grata y enriquecedora cuando estéis juntos. Es normal regresar cansado del trabajo y tener pocas energías para dedicar a los hijos, pero es muy importante jugar con ellos, el juego es fundamental para su desarrollo. De vez en cuando, reflexiona sobre cuáles son tus prioridades en la vida y trata de recordar que tu hijo sólo tendrá una infancia. Ayúdale a crear bonitos recuerdos de ella y regálale un sentimiento que le acompañará para el resto de su vida: que sus padres lo quisieron mucho, le dedicaron tiempo y le dotaron de las herramientas necesarias para afrontar la vida con empatía, responsabilidad, respeto a los demás y muchas ganas de vivir y disfrutar. 

Estas son algunas estrategias para que la vuelta a clases sea exitosa.
Piensa como un niño ¿qué es lo que más te gustaría hacer cuando regreses a la escuela? ¿Cómo podrías facilitar la transición del tiempo libre y divertido a volver al trabajo y al estudio?

FUENTE:

domingo, 22 de noviembre de 2015

ISABEL ORJALES: Intervención psicoeducativa en Primaria para afrontar la Secundaria


Intervención psicoeducativa en Primaria para afrontar la Secundaria

Consejos de la pedagoga Isabel Orjales

Los alumnos con TDAH necesitan un programa de reeducación individualizado para superar con éxito la educación obligatoria.




Redacción. Madrid 13/11/2015

Los niños con TDAH no solo son capaces de terminar la Educación Primaria, sino de acabarla con unas condiciones cognitivas y emocionales aceptables para comenzar la Secundaria y construir la base que posibilita que accedan al Bachillerato. Eso sí, Isabel Orjales, doctora en Pedagogía y profesora de Psicología de la UNED, recuerda que para lograrlo necesitan un programa de reeducación adaptado a sus necesidades individuales que les permita llegar en las mejores circunstancias.

¿Por qué es recomendable una intervención psicoeducativa en Primaria para que los alumnos con TDAH afronten con posibilidades la Secundaria?

No diría que es recomendable, diría que es imprescindible. Eso sí, diseñada de forma individual, según las necesidades y edad de desarrollo de cada alumno. El TDAH pone la zancadilla al aprendizaje porque genera lagunas en la formación; estilos de aprendizaje impulsivos, desorganizados y poco productivos (que, si no se hace algo, se van consolidando durante toda primaria), estrés por el esfuerzo de dedicación extra; rechazo a los aprendizajes; y un gran sentimiento de pobre autoeficacia y baja autoestima, además de una gran tensión en las relaciones familiares.

Por lo tanto, al igual que los niños con dislexia necesitan un programa individual específico para entrenar sus déficits en lectura, además de ciertas adaptaciones para el trabajo en el aula y los deberes, los niños con TDAH necesitan un programa de reeducación adaptado a sus necesidades individuales que les permita llegar en las condiciones más idóneas posibles a la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), además de las adaptaciones ahora reconocidas por el ministerio. Porque se puede terminar Primaria, pero también se puede terminar en condiciones comportamentales, cognitivas y emocionales aceptables para comenzar la ESO y construir la base que posibilita el Bachillerato.

¿Es preocupante la cantidad de escolares con dificultades para acabar la Secundaria?

Sin duda alguna, y no solo respecto a los que tienen TDAH. Muchos niños con TDAH llegan a la ESO gracias a una gran cobertura familiar, muchas horas de dedicación (de ellos mismos y de las familias), con los aprendizajes sostenidos con pinzas, procedimientos de trabajo todavía muy impulsivos y desorganizados, escasa autonomía en el estudio, muy baja autoestima, rechazo visceral a algunas asignaturas y poca tolerancia al fracaso y al esfuerzo, cansados de años de sacrificio al que no han sacado mucho provecho. Todo ello a pesar de que la sintomatología nuclear del TDAH (desatención, hiperactividad e impulsividad) haya podido moderarse mucho, fruto de la maduración neurológica. 

En Secundaria más que preocupar los síntomas nucleares, preocupan las secuelas de haber crecido con TDAH, es decir, el ajuste comportamental, social y emocional.

Entonces, ¿todos los alumnos con TDAH necesitan una intervención psicoeducativa además de las adaptaciones metodológicas que se han reconocido oficialmente?

En alguna medida, todos. Entre los niños que solo tienen TDAH, algunos pueden necesitar intervención más centrada en habilidades de aprendizaje, pero otros sufren y requieren medidas para aprender a ajustar su comportamiento, desarrollar estrategias asertivas e inhibir malas reacciones con los profesores cuando se frustran. En otros casos primarán las medidas para evitar que crezcan con el rechazo social y el riesgo de acoso escolar, enseñándoles estrategias de afrontamiento y mejorando las habilidades sociales que les permitan construir un grupo de relaciones que le sirvan de apoyo, desarrollo y referencia durante la adolescencia.

Pero no debemos olvidarnos de los niños que, además de TDAH, tienen otro trastorno específico del aprendizaje (antes llamado discalculia, dislexia, disgrafía o disortografía). En torno al 30 por ciento de los niños con TDAH padece un trastorno de este tipo que debería haberse diagnosticado a partir de los 8 o 9 años y que hace mucho más urgente la intervención temprana. Lamentablemente, muchos de estos niños no son diagnosticados y algunos llegan a la ESO esclavizados por los deberes y los exámenes, con muchas horas de dedicación y compensados por sus padres –que les confeccionan los resúmenes, por ejemplo– sin que nadie les haya alertado de que la dificultades constituían ya un trastorno o, lo que es peor, sin haber tenido tiempo para dedicar horas a lo que realmente interesaba: su propia rehabilitación.

¿En qué debe consistir la intervención psicoeducativa?

La intervención debe partir de la evaluación de cada niño, de su perfil comportamental, cognitivo, social, emocional y de aprendizajes. Los paquetes con sesiones de intervención para niños con TDAH estándar son orientativos: el tratamiento debe ser personalizado e individualizado.

Un buen programa debe incluir: 
  • Estimulación/reeducación de las habilidades afectadas. 
  • Desarrollar estrategias de compensación de síntomas (tomar medidas de prevención, identificar errores, subsanarlos, etc.). 
  • Trabajar sobre el autoconocimiento y la autoaceptación, primero como persona y, después, como persona que tiene TDAH; 
  • Medidas para controlar las experiencias de fracaso para prevenir que surja baja tolerancia al esfuerzo y la frustración, el deterioro de la autoestima y llegar a situaciones de indefensión aprendida; 
  • Desarrollar sus buenas potencialidades.
  • Conseguir un rendimiento académico suficiente/satisfactorio.
  • Orientación profesional; conseguir unas relaciones familiares seguras, estables y sanas.
  • Conseguir relaciones sociales satisfactorias; y medidas para detectar y tratar comorbilidades y prevenir trastornos futuros. Eso implica intervenir con los padres y con los profesores en coordinación conjunta.

¿Tanto cambian las exigencias de Primaria a Secundaria?

Sí, y el cambio concierne a múltiples aspectos: la extensión y dificultad de las materias, el tipo de profesorado, la menor formación en TDAH en Secundaria y la menor sensibilidad a la atención a la diversidad e, incluso, la inmadura entrada en la adolescencia de los chicos y chicas con TDAH.

Debemos pensar que, en la ESO, la cantidad de profesores se incrementa, lo que suele conllevar un incremento a veces irracional de deberes. El profesorado ya no se compone de maestros, sino de especialistas: licenciados en matemáticas, física, biología, literatura… que no siempre imparten la materia en la que son especialistas, que no han cursado estudios de Psicología o Magisterio y a los que se les da una formación pedagógica escasa y poco práctica. A la mayoría de estos profesores les cuesta adaptarse a la docencia para adolescentes, tener en cuenta su momento evolutivo y les desconcierta especialmente la inmadurez de los alumnos con TDAH.

¿Los profesores en Secundaria consideran que el alumno puede valerse por sí mismo y están menos pendientes de él que en Primaria?

Frecuentemente, sí. Por dos motivos: por una parte porque es una realidad que los chicos y chicas de 12 a 15 años son más autónomos y maduros, y pueden responder a sus demandas; por otra parte porque nadie les explicó que los niños con TDAH no maduran a la misma velocidad para muchos aspectos que chocan con las exigencias escolares. Por eso, les cuesta entender que todavía necesiten seguir entrenándose en organización, planificación y autonomía en el trabajo, y les parece inconcebible que no apunten los deberes, que reiteradamente olviden material o trabajos en casa.

Necesitan formación para que, de entrada, no achaquen a pasotismo la falta de autonomía en el trabajo, los olvidos y la desorganización; ni a un comportamiento malintencionadamente desafiante conductas fruto de la falta de inhibición y la poca tolerancia a la frustración que muchos de estos niños arrastran.

¿Cuál es el porqué de la asociación ESO-fracaso escolar?

Aunque no para todos, la ESO puede ser sinónimo del comienzo del fracaso escolar. El problema va más allá de que se les exijan contenidos más extensos y complejos. En la ESO, las habilidades básicas de aprendizaje no solo deben estar conseguidas (por ejemplo, saber escribir con letra clara y ágil, y tener una lectura fluida), también deberían estar automatizadas. Y eso es algo que todavía les cuesta a muchos alumnos con TDAH y que hace que cometan errores en tareas de escritura y lectura complejas (redactar, responder a las preguntas de un examen o hacer un resumen). En esos casos, no tiene sentido utilizar estrategias sancionadoras en lugar de los programas de entrenamiento necesarios. Por ejemplo, se penalizan duramente las faltas de ortografía (bajando la nota de asignaturas que les ha costado mucho estudiar), bajo la creencia de que de este modo motivan a los niños a fijarse, sin pensar que activar las reglas ortografías aprendidas en la memoria de trabajo, a la vez que el chico intenta no distraerse, responder a preguntas o hacer una redacción con sentido y con la presión de terminarlo a tiempo, es complejo para un cerebro más inmaduro y de procesamiento más lento.

Y esas habilidades deben entrenarse en Primaria.

Cuanto antes, puesto que se conseguirán más éxitos y será más fácil que el niño incorpore las estrategias a su modo de trabajar. Por ejemplo, a partir de 3º de Primaria los chicos tienen que aprender a estudiar y es responsabilidad nuestra que los niños con TDAH aprendan a hacerlo organizada y reflexivamente. Si esperamos a 6º de Primaria, el niño ya habrá automatizado estrategias impulsivas y desorganizadas difíciles de revertir. Los niños con TDAH necesitan más práctica y contención familiar para adquirir rutinas de aprendizaje y estudio (autonomía); deben aprender a analizar los enunciados de los problemas matemáticos y de las preguntas de examen de forma efectiva sin saltarse información relevante (entrenamiento en comprensión lectora); deben ser capaces de realizar un análisis ordenado y secuenciado de la información para la solución de problemas (pensamiento reflexivo); ser capaces de recurrir a las estrategias que necesiten para representar visualmente los datos de un problema de matemáticas (estrategias de aprendizaje); buscar el modo de compensar los posibles errores por desatención (técnicas de autoevaluación y autocorrección); y resistir la tolerancia al esfuerzo aprendiendo a no hundirse ante las primeras dificultades (automotivación), no dependiendo siempre de que un adulto esté a su lado animándole (autorrefuerzo).

¿El cambio de Primaria a Secundaria también afecta a las relaciones sociales?

Aunque no siempre negativamente, también se operan cambios importantes. Se produce un salto cualitativo: de ser los mayores del colegio, pasan a ser los menores del instituto o del edificio de Secundaria. En ese marco, los apocados pueden sentirse abrumados y los rebeldes atraídos por los ‘más pintas’ de entre los mayores. Hay que tener en cuenta que entramos en la etapa adolescente, donde se acusan más las diferencias de madurez en general (conviven niñas y niños infantiles con adolescentes muy lanzados). En este aspecto, y por lo general, los niños con TDAH, aunque se disfracen de adolescentes, emocionalmente siguen pareciendo los hermanos pequeños de los más inmaduros del grupo.

La Secundaria coincide con la adolescencia, ¿esto complica las cosas?

Un poco más. Los niños con TDAH son adolescentes tardíos. En un primer momento se disfrazan de adolescentes (imitan a sus amigos, se visten, se peinan y reclaman su derecho a ser más autónomos de lo que se les permite), pero todavía son muy dependientes de los adultos que les importan. Esta inmadurez y dependencia emocional tiene sus aspectos positivos y negativos. Positivos, porque siguen siendo más dependientes de la aprobación de los profesores y padres, por lo que es más fácil reconducirlos hablando con ellos en privado, son más sensibles y responden mejor al refuerzo y aprobación social. La parte negativa es que se dejan llevar más fácilmente por los compañeros y se pueden meter en líos con menor discreción que los demás y acabar sancionados.

¿Cómo afectan todos estos cambios a las familias?

Para la mayoría es como entrar en terreno desconocido y para algunos es como bailar en arenas movedizas. El colegio se hace menos trasparente, menos accesible que antes, cuando tenían un tutor como punto de referencia y era más fácil hablar con otros profesores. En muchos casos tienen más dificultades para tener la información que necesitan para apoyar a sus hijos: qué entra en los exámenes, qué tipo de exámenes hay, cuándo son, qué trabajos hay que entregar… Es menos frecuente que puedan ver los exámenes de sus hijos para analizar con ellos los errores y sus demandas son más veces interpretadas como demandas absurdas de padres sobreprotectores que son los causantes directos de tener un hijo “vago, majadero e inmaduro”.

A eso, en muchas ocasiones, no ayuda el cambio que experimentan sus hijos en el sentido de que esa adolescencia tardía puede traer consigo una incipiente picardía que no habían mostrado antes. Así, los hijos e hijas antes dóciles y colaboradores, comienzan a hacer sus pinitos y a mentir sobre lo que entra en un examen, callarse las fechas u ocultar un suspenso. Eso desconcierta a los padres y hace que los profesores se mantengan en su percepción de que al niño no le pasa nada, que tiene cuento, es vago y, además, está sobreprotegido. Es fácil que las entrevistas en el colegio se conviertan en un diálogo de sordos: los padres intentando convencer al profesor de que el niño tiene un problema y el profesor tratando de abrir los ojos a los padres para convencerles de que al niño no le da la gana colaborar. Y ambos tienen razón: al chico le cuesta y al chico no le da la gana.

¿Cuál debería ser la actitud correcta de un maestro de Secundaria ante un alumno con TDAH?

En primer lugar, tener una actitud abierta. No dejarse llevar por los estereotipos y las falsas verdades que hay por internet. Que acuda al departamento de orientación o a las asociaciones de padres de niños con TDAH para que les recomienden lecturas con base científica y para que se familiarice con las medidas que dice su comunidad autónoma que hay tomar. 

En segundo lugar, recabar toda la información que pueda sobre su alumno, entrevistarse con los padres y tratar de entender cómo es, la trayectoria que ha seguido y cómo le ven sus padres en cuanto a conducta, capacidad, autonomía en el estudio, aprendizajes en casa asignatura, relaciones sociales y estado emocional. 

Después, es necesario abrir un canal fluido de comunicación entre padres y tutor para intercambiar necesidades: qué le pedirían los padres al profesor para sentirse apoyados y ser más efectivos en lo que hacen, y viceversa.

Una vez que conozca al alumno, tendrá que ir valorando qué adaptaciones reales puede necesitar en el marco de su asignatura. Los profesores tienen muchos recursos, pero es necesario que entiendan que para funciones asociadas al lóbulo prefrontal (atención, planificación, organización, inhibición emocional, reactividad emocional…) los chicos de su clase con TDAH funcionarán como alumnos muy inteligentes pero como niños dos o tres años más pequeños. 

Si comprenden esto, sabrán por dónde empezar. Y por último, no deben olvidar que no están solos, que la comunicación con los terapeutas, el médico, los padres y el orientador les permitirán resolver las dudas que puedan tener y sentirse apoyados.

FUENTE:

jueves, 12 de noviembre de 2015

JESÚS JARQUE: 10 consejos para profesores sobre el TDAH



Jesús Jarque García es pedagogo. Desempeña su labor como orientador en el Centro Público de Infantil y Primaria Ramón y Cajal de Puertollano desde hace 17 años. Máster en Psicología y Gestión familiar. Miembro de la Sociedad Española de Pedagogía. Máster en Coaching Pedagógico y Educacional. Orientador en Educación Infantil y Primaria. Autor de más de una treintena de libros y publicaciones relacionados con las pautas educativas, la pedagogía y dificultades de aprendizaje. Ponente en cursos y charlas a profesores y familias.

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miércoles, 4 de noviembre de 2015

LOS DEBERES JUSTOS. Change.org






La carga de deberes de cada niño o niña en edad escolar depende fundamentalmente del profesor que le corresponda. Esto sucede incluso en el seno de un mismo centro educativo, lo que en caso de que haya varios hermanos matriculados en este puede poner de manifiesto enormes e incomprensible diferencias en las tareas que han de acometer. Cuando esto ocurre, el niño que se ve en esa situación no comprende por qué él o ella no puede jugar, descansar o estar con sus padres, mientras sus hermanos y/o hermanas sí.
Un exceso de deberes supone una gran frustración para un niño que quiere concluir el trabajo asignado y ve cómo éste le sobrepasa y el cansancio no le permite seguir estudiando. El rendimiento de los niños empeora si a la jornada escolar se añade un exceso de tiempo para los deberes.

Un niño que dedica un tiempo excesivo a las tareas escolares (según la OCDE la media española es de 6,5 horas semanales en la ESO, pero hay niños que ya en primaria superan esa media)  puede llegar a presentar síntomas de ansiedad y necesitar asistencia psicológica.

No existe justificación para que un niño dedique tantas horas de su tiempo tras la jornada escolar a realizar tareas muchas veces mecánicamente y que difícilmente fomentan competencias como alguna de las recogidas en el Real Decreto 126/2014, de 28 de febrero, por el que se establece el currículo básico de la Educación Primaria:
4ª Competencia. Aprender a aprender. Haciendo tareas repetitivas a diario el estudiante no aprende a aprender, aprende en todo caso a mecanizar sus tareas.
5ª Competencia. Competencias sociales y cívicas. El tiempo de convivencia familiar, con otros niños en el parque o en otros espacios abiertos se reduce: Los niños pasan tardes y tardes encerrados en su habitación. No pueden desarrollar competencias sociales estando aislados.
6ª Competencia. Sentido de iniciativa y espíritu emprendedor. Los deberes pautados, repetitivos y abusivos no fomentan el espíritu emprendedor y la iniciativa. La iniciativa surge desde dentro de cada niño o niña, por el propio descubrimiento personal, y para eso es necesario tiempo libre e incluso tiempo de aburrimiento.

Finalizar el temario de los libros de texto y los ejercicios propuestos en ellos no deberían ser el principal objetivo académico, puesto que el número de horas lectivas para cumplirlos puede llegar a ser superior a las de que se dispone en un curso escolar. Al no haber tiempo lectivo para ello, las tareas se realizan en el hogar en perjuicio de los niños. Lo realmente importante debería ser enseñar mientras se respeta el ritmo de los niños, sus necesidades de juego y de descanso y su bienestar emocional.

Los deberes abusivos provocan conflictos en las familias, que ven en la conciliación de la vida laboral y familiar una utopía. Las largas jornadas laborales se ven todavía más perjudicadas por las tareas escolares abusivas, los padres no pueden compartir su tiempo con sus hijos o lo comparten para ejercer de docentes.

Los niños españoles no pueden seguir cargados de deberes. No resulta admisible que los niños españoles dediquen a la semana tres horas más a los deberes que los niños finlandeses cuyos resultados académicos, de acuerdo con los informes PISA, son de los mejores del mundo. Los deberes repetitivos y abusivos no mejoran el rendimiento escolar y sí afectan negativamente a la felicidad de los niños y a la calidad de vida de las familias.
Pedimos que se racionalicen los deberes de los alumnos españoles, con el establecimiento de unas pautas para que las tareas se desarrollen en un tiempo razonable y que estén acordes con la edad del estudiante. Pedimos que se eliminen cuanto antes los deberes abusivos.

Los deberes deberían estar consensuados entre los diferentes profesores de un mismo centro y estos deberían ser conocedores del tiempo que implica cada tarea y del conjunto de deberes que los estudiantes tienen cada día para que no resulten excesivos en su conjunto.

Si estás de acuerdo, firma en:

FUENTE:

Los deberes y el TDAH
Los deberes son una verdadera pesadilla para los niños con TDAH. También son la fuente de mayor estrés y motivo de muchos síntomas de ansiedad en padres e hijos.
Los deberes condicionan muchísimo y de forma muy grave. En España se da por hecho que los niños deben tener una jornada de trabajo superior a la jornada laboral de un adulto. Debe hacer deberes después de las 8 horas de estancia en el colegio, debe trabajar los puentes, fines de semana, Navidades y, la mayoría hasta en vacaciones de verano. Y los deberes son iguales para todos los niños, independiente de lo que sepan, de lo que hayan trabajado en clase, de sus notas y de su capacidad intelectual.
Una hora de deberes para un niño sin TDAH se convierte en 3 horas para un niño con TDAH porque está agotado, desmotivado y no tiene un profesional al lado (sino a su madre, normalmente). Si a las tareas habituales hay que añadir, los trabajos no terminados en clase y las tareas que necesita reforzar (normalmente, lectura, caligrafía o matemáticas…), los deberes se convierten en una pesadilla para el niño y su familia. Son un motivo de sanciones constantes: porque olvidó apuntarlos o traer el libro, porque no quiso hacerlos, los realizó mal o bien pero con mala presentación.

En España, los colegios todavía no están preparados para atender las necesidades educativas de los niños con Trastorno por Déficit de Atención o Hiperactividad
Las escuelas no están preparadas por desconocimiento del trastorno (saben qué es en general, pero todavía persisten muchos mitos sobre el TDAH). Además, el sistema no acompaña porque en muchas comunidades no hay un protocolo claro de actuación y cuando lo hay, el centro lo desconoce. De hecho, muchas veces son las asociaciones de padres las que tienen que informar a los centros sobre lo que hacer. También, porque, al final, el niño está en su aula dependiendo de su profesor (son de los pocos profesionales que trabajan sin otro adulto presente) y muchas cosas dependen al final de su buena formación, su buena actitud y su deseo de ayudar.
Isabel Orjales
Doctora en pedagogía y profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Facultad de Psicología de la UNED

FUENTE:

sábado, 5 de septiembre de 2015

CONSEJOS PARA LA VUELTA AL COLE Y AL TRABAJO


El síndrome de estrés posvacacional ya no es solo cosa de adultos. Los cambios de horario, retomar las actividades extraescolares y las nuevas obligaciones que conlleva la vuelta al cole son los causantes de este esta tensión en un número cada vez mayor de niños. «Es normal que al volver de las vacaciones la gente se sienta triste y apática; las personas no somos máquinas, y notamos el cambio al reincorporarnos a nuestra actividad cotidiana; nos espera mucho trabajo, tensiones, problemas, rutinas...; es decir, una agenda llena de obligaciones.

Los niños también necesitan un pequeño periodo de adaptación, para retomar sus costumbres habituales y sus horarios de descanso, y para desacelerar su ritmo vacacional.

Un estudio realizado por el Nationwide Children's Hospital (EEUU) asegura que, incluso, durante los meses posteriores al verano aumentan los casos de dolor de cabeza en niños y adolescentes entre los cinco y los 18 años, como consecuencia de los cambios de rutina y el estrés de la vuelta al colegio.

Muchos son los niños que ven los anuncios de la vuelta al cole y se les ponen los pelos como escarpias. En esa publicidad aparecen niños felices, con una sonrisa de oreja a oreja, deseando volver al colegio. Pero, sinceramente, ¡no son representativos!

Igual que para los adultos tampoco hay campañas de hombres y mujeres saltando por los aires y vociferando ¡¡viva la vuelta al trabajo!! Los niños disfrutan del verano, del descanso, de la playa y de los viajes igual o más que nosotros. Y su periodo de vacaciones es más largo, con lo que la vuelta todavía es más dura. Las personas somos animales de costumbres y ellos se han acostumbrado a levantarse tarde, a no tener exámenes ni deberes, en definitiva, a no tener presión. Sí obligaciones, porque tienen que asumir responsabilidades en casa, pero en vacaciones, todo es más fácil.

Los adultos deberíamos tener más en cuenta la opinión de niños y adolescentes para animarles con la vuelta al cole y directamente preguntarles qué les motiva y qué haría que todo fuera más sencillo.

CONSEJOS:
  • Los niños repiten lo que ven y lo que oyen. Si inundamos la casa de negatividad con la vuelta a la rutina y como padres verbalizáis, ¡qué horror, levantarnos temprano, se ha acabado lo bueno!, lo normal será que vuestros hijos lo imiten.
  • Lo nuevo atrae. A todos nos gustaba estrenar mochila, estuche o incluso los bolígrafos y lápices. Ahora hay infinidad de libretas, colorines, agendas y material escolar atractivo. Prepara la vuelta con ellos, deja que elijan dentro de lo que es negociable y disfruta esa tarde.
  • No hagas comentarios negativos del tipo ¡qué ganas tengo de que volváis al colegio!, como si tus hijos te sobraran en casa. Estos comentarios no hacen el colegio atractivo, sino que se asocian que el colegio es el lugar en el que dejo de molestar y dejo a mis padres tranquilos. Y con ello el colegio se convierte en algo que me separa de zona segura y confortable.
  • Inculca el valor del agradecimiento en tus hijos. Ser agradecido con la posibilidad de ir a un colegio, tener compañeros, profesores que se interesan por tu educación, tener material escolar y todas las facilidades. Lo que para unos niños es simple rutina, para otros es un lujo. Tenía pendiente de ver la película Camino a la Escuela con mis hijos. Es la historia de cuatro niños que tienen que recorrer largas distancias y muchas dificultades para ir al colegio. Les impresionó. Se dieron cuenta de que volver al cole era mucho más sencillo de lo que imaginaban y que tenían mucha suerte de tener tantas cosas confortables a su alrededor.
  • Haz una lista de propósitos. A todos nos motiva tener objetivos nuevos. Marca tú los tuyos relacionados con el trabajo y tu vida personal e involucra a tus hijos para que decidan los suyos. No les pongas tú lo que crees que deberían hacer, deja que opinen, que tengan iniciativa y que se reten ellos mismos. Solemos tener más compromiso con lo que nosotros decidimos que con lo que deciden por nosotros.
  • Ve poco a poco adaptando la rutina de tus hijos a la que van a tener en el colegio. No se puede pasar de acostarse a las once a hacerlo a las nueve de un día para otro. Sobre todo, hay que regular la hora de irse a la cama, de levantarse y de comer, para que los niños se adapten lo antes posible a la nueva rutina y acusen menos el cambio. Hay que volver a establecer tiempos máximos para desayunar y para comer, tal y como se hace durante el horario escolar. Unos diez días antes, modifica horarios, pídeles que vayan ordenando sus mochilas, la ropa de deporte, preparando un calendario, etc. De tal forma que el día previo al cole esté todo listo.
  • Haz memoria selectiva. Podéis hacer un ejercicio en el que recordéis todas las vivencias positivas y divertidas del año escolar pasado. Podéis hacer un collage en una cartulina que recoja lo que aprendieron, momentos que no desean olvidar, situaciones divertidas o ridículas, excursiones, etc. Se trata de hacer un resumen o anuario que contenga todo lo positivo.
  • Resalta las fortalezas, virtudes y talentos de tus hijos en relación al colegio. Muchos padres tienden a hacer hincapié en lo que falló el año pasado para que éste no se repita y así les generamos una imagen negativa de ellos y del colegio. No hagas comentarios del tipo “y este año más atención, ¿eh?”. Sustitúyelos por comentarios como: “¡Este año igual de responsable que el año pasado!”. Hará que tus hijos se sientan seguros.

Y armaros de paciencia. Cambiar hábitos siempre cuesta, pero al final, con un poco de motivación y actitud, todos lo conseguimos.

FUENTE:

Por su parte, la psicóloga Silvia Álava explica las claves para que los padres consigan convertir la vuelta al colegio en una experiencia positiva y nada traumática:
  • Se debe hacer hincapié en lo positivo de volver al colegio: ver de nuevo a los amigos, jugar con ellos en el recreo, continuar con las actividades extraescolares que les gustan...
  • Cuando se pongan 'tontorrones', diciendo que no quieren ir a clase y que quieren seguir de vacaciones, los padres les dirán que a ellos también les encantaría seguir de vacaciones, pero que hay que volver al colegio y a trabajar, y que eso también tiene muchas cosas buenas. Si siguen insistiendo en que no quieren, cambiaremos de tema preguntándoles a qué han jugado en el patio, cómo se llama su compañero de pupitre, si hay niños nuevos en clase...; de tal forma que desviemos su atención a los aspectos positivos de la vuelta a las aulas.
  • Es importante que los padres sirvan de ejemplo a sus hijos. Recordamos que los niños aprenden principalmente por 'modelado, por lo que si ven que sus principales modelos se adecuan de forma rápida y positiva a su vida cotidiana, será más fácil para ellos.

FACILIDADES TAMBIÉN PARA LOS PADRES

Mientras los pequeños se enfrentan a los nuevos horarios y la vuelta a la rutina, los padres lo hacen a un sinfín de gastos. Libros de texto, material escolar, uniformes, comedor, actividades extraescolares... Una encuesta de la OCU realizada en 2013 calculaba el gasto medio por alumno en 1.874 euros anuales.

Estas son algunas recomendaciones que se pueden seguir para ahorrar en la vuelta al cole:
  • Reutilizar libros: Cada vez más colegios cuentan a principio de curso con un sistema de intercambio de libros promovidos por asociaciones de padres o profesores. Además, se puede optar por la compra de segunda mano en webs especializadas en libros de texto usados, como relibrea.com o bolsadelibros.es. Según un estudio realizado por Segundamano y Milanuncios, el precio medio de un libro de segunda mano para Primaria o la ESO es de 11,7 euros y de 14,1 euros si se trata de libros de Bachillerato. En el caso de los libros nuevos, estos precios se elevan a 20,8 euros y 25,8 euros, respectivamente, según los últimos datos de la Federación de Gremios de Editores de España. Decantarse por esta opción pueden hacer ahorrar aproximadamente unos 100 euros por hijo.
  • Evitar duplicar el material escolar: Es recomendable hacer un inventario de lo que ya se tiene antes de hacer las compras. Además, con un poco de imaginación, es posible personalizar cuadernos, estuches, carpetas o mochilas del año anterior para reutilizarlos y que parezcan nuevos.
  • Compartir transporte escolar: Utilizar el transporte público o, en caso de optar por el coche particular, turnarse entre varios padres para reducir tiempo en los desplazamientos, evitar atascos en la salida del colegio y ahorrar en combustible.
  • Buscar y comparar: Gracias a Internet, es posible buscar y comparar las mejores ofertas en relación calidad-precio sin moverse de casa. ¡Hagamos buen uso de esa ventaja!

FUENTE:

PARA LOS ADULTOS: Cuatro consejos para superar la vuelta de vacaciones
  • Dedícate tiempo a ti mismo. Treinta minutos diarios bien invertidos pueden ser tiempo suficiente para despejarte. Aprovecha para hacer algo que te guste y te llene realmente: leer, escuchar música, pintar, jugar con tus hijos, ir a clases, ver una exposición.... El objetivo es que compenses el estrés con algo que te haga sentir vivo y dé sentido al día. Es imprescindible que ese rato alejado de las obligaciones y deberes sea también parte de tu rutina.
  • El orden será tu aliado. Seguir unas pautas fijas en tu rutina te dará sensación de control sobre tu vida. Levantarte a la misma hora, ir a hacer la compra siempre en el mismo momento... Esas pequeñas cosas otorgarán estabilidad a tu día a día y te harán sentir que todo está bajo control.
  • Aprende a frenar el ritmo. Muchas veces uno no es consciente de la cantidad de estrés que soporta. Una buena forma de no sucumbir al ritmo acelerado es, simplemente, decir "me tomo un descanso". Con dos o tres parones de cinco minutos al día tu calidad de vida mejorará notablemente. Utiliza ese tiempo para pensar en cosas que te hagan desconectar del trabajo y las obligaciones. Una vez pase el rato de evasión te sentirás mucho más tranquila y afrontarás mejor tus quehaceres cotidianos.
  • Haz ejercicio. No solo tu cuerpo, sino también tu mente necesita que hagas deporte. Ir a correr o al gimnasio dos o tres veces a la semana puede ahorrarte mucho estrés. Durante el tiempo de entrenamiento tu cabeza estará concentrada en el propio ejercicio y se alejará de los problemas y del trabajo. Después de la actividad física sentirás realmente que te has quitado un peso de encima.

Luchar contra el estrés es a veces una batalla dura. Estos consejos te valdrán a mantenerlo para raya, aunque en ocasiones no basten. La irritabilidad y el nerviosismo suelen acarrear también dificultades para dormir. De modo que, para ponerte en marcha con fuerza después de vacaciones, no olvides mimarte y tomar las medidas oportunas para que la ansiedad no pueda contigo.

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