TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Mostrando entradas con la etiqueta Hiperactivos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hiperactivos. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de marzo de 2015

ISABEL ORJALES: “Todo el mundo habla de niños hiperactivos, pero muy poca gente sabe qué es el TDAH”


Recomienda que la intervención psicoeducativa comience antes de que se cierre el diagnóstico, cuando los síntomas empiezan a generar problemas

Sandra Melgarejo. Madrid

Según Isabel Orjales, profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Facultad de Psicología de la UNED, el TDAH es “el trastorno más popularmente desconocido”. En su opinión, existen muchos tópicos que interfieren en el diagnóstico y abordaje del TDAH, y falta comprensión en el entorno escolar. Contra esto, Orjales recomienda traducir los protocolos específicos en acciones concretas y ahondar no solo en la detección precoz, sino en la intervención psicoeducativa posterior.

¿Cuál es la situación actual del TDAH en España?

El TDAH es el trastorno más popularmente desconocido. Todo el mundo habla de niños hiperactivos, pero hay muy poca gente que realmente sepa cómo es un niño con TDAH. 

Todavía existen muchísimos tópicos que interfieren en las medidas que se toman, sobre todo en el ámbito educativo. El problema no solo concierne a los síntomas que tiene el niño en el aula –que se podrían resumir en que se comporta como si tuviera dos o tres años menos que el resto por su inmadurez, aunque pueda tener altas capacidades intelectuales–, sino a la falta de comprensión en el entorno escolar, porque existen muchos docentes que están erróneamente convencidos de que el diagnóstico del TDAH se puede basar solo en lo que ellos ven en el aula y las medidas educativas que toman se basan en sus hipótesis. Así ocurre que hay niños con TDAH que no tienen un perfil exagerado de hiperactividad o que tienen muy buena capacidad intelectual y compensan algunos ámbitos, y que por ello son malentendidos por los profesores.

 



No obstante, la primera voz de alarma ante un posible caso de TDAH suele darse en el colegio, ¿no es así?

Sí. La impresión popular es, incluso, que hay un sobrediagnóstico de TDAH, que ahora todos los niños son hiperactivos, al igual que en otra época todos eran disléxicos. El problema es que el TDAH es muy difícil de diagnosticar: requiere que puedas comprobar que los síntomas de desatención, hiperactividad, impulsividad, etc., que evolutivamente tienen todos los niños, son más crónicos en este caso y no van a mejorar si no se hace una intervención específica. Y eso requiere tiempo.

¿Por eso se retrasa el diagnóstico y el tratamiento?

Suelo insistir en que la intervención psicoeducativa debe comenzar antes de que se cierre el diagnóstico, cuando los síntomas empiezan a generar problemas y se ve claramente que las medidas educativas normales, escolares y familiares, no dan resultado. Si la intervención se inicia y realmente el niño tiene TDAH, tendrá un cuadro más moderado; y si había otros condicionantes, el niño se estabilizará y el diagnóstico o el descarte del TDAH llegarán antes.

En ocasiones se cuestionan los diagnósticos de TDAH, ¿por qué?

Porque los síntomas que presenta un niño con TDAH son comunes a todos los niños, responden a una inmadurez de las funciones asociadas al lóbulo frontal, que maduran con el tiempo. El problema de los niños con TDAH es que tienen un retardo en la maduración. 

Lo que pasa es que también son funciones que se educan: la impulsividad se puede reducir, la atención mejora… Los profesores pueden tener dificultades para discriminar si el problema que tiene el niño se puede arreglar con medidas educativas generales, con medidas educativas específicas o con un entrenamiento muy costoso. Pueden pensar que es algo que depende de la voluntad del niño o que requiere más disciplina por su parte.

En este sentido, es importante que los profesores entiendan que ellos son un puntal incuestionable en el diagnóstico porque necesitamos información lo más pormenorizada posible sobre las dificultades que tiene el niño en el aula, pero luego necesitamos mucha más información para poder confirmar sus hipótesis de diagnóstico.

¿Cómo se coordina la intervención educativa con el ámbito familiar y sanitario?

Todavía estamos muy en pañales. Están apareciendo protocolos conjuntos de Sanidad y Educación que son importantísimos, se tienen que ir traduciendo en acciones concretas, pero todavía están más ligados a la primera fase, la detección y el diagnóstico, que a la intervención psicoeducativa posterior. Indudablemente, tiene que haber una conexión muy importante: el médico no puede ajustar la medicación sin la información del impacto que tiene la medicación; y el centro educativo no puede hacer que el niño sea más eficaz a través de programas de intervención y de entrenamiento cognitivo si no está apoyado por un tratamiento farmacológico adecuado.

FUENTE:

sábado, 21 de febrero de 2015

BENEFICIOS DE LAS MEDIDAS NO SIGNIFICATIVAS PARA EL ALUMNO CON TDAH


Gracias a la inclusión en la LOMCE del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) dentro de las necesidades educativas especiales que requieren de un apoyo dentro del aula, se pusieron en relieve la importancia de aplicar unas medidas dentro del mismo para el beneficio de dichos alumnos/as. La promoción de protocolos de intervención a nivel educativo hacen hincapié en cuáles deben ser esas medidas. 
Pero, ¿qué son y qué tipos hay?


Se entiende por medidas a aquellas adaptaciones a modo de estrategia educativa que consiste en la adecuación de los contenidos, tipo de evaluaciones o factores ambientales con el objetivo de hacer que los objetivos propuestos en cada curso escolar sean más accesibles al alumno. 

Se trata de tener en cuenta las características individuales del alumno y las particularidades propias del trastorno a la hora de planificar la metodología, los contenidos y, sobre todo, la evaluación. 

Se dice que existen dos tipos de medidas a tomar: las medidas significativas y las no significativas:
  • Las medidas significativas son aquellas que están destinadas a eliminar, reducir o priorizar determinados contenidos, objetivos y criterios de evaluación. Este tipo de adaptaciones, en nuestra opinión, no deben ser nunca la primera vía a tomar, pues podemos estar frenando el desarrollo de nuestro hijo, provocando que no aprendan ciertos contenidos y afectando a su aprendizaje. Si bien, en algunos casos puede ser necesario en algún apartado a asignatura en concreto consideramos que antes se deben proponer medidas no significativas.
  • Por medidas no significativas nos referimos a aquellas modificaciones en las que no se interfiere en el currículo, sino en los factores ambientales dentro del aula, en la interrelación entre profesor-alumno o en determinados cambios durante los exámenes. Estas medidas creemos que deben ser de aplicación obligatoria (no tienen porqué ser todas pero si las mas beneficiosas) ya que no tienen un coste económica, pero si que implican sensibilización y conocimiento del trastorno. 
Algunas de estas medidas pueden ser:
  • Sentarle en las primeras filas de clase y alejado de estímulos distractores como puede ser las ventanas. De esta manera esteremos fomentando una menor frecuencia de distracciones durante las clases.
  • Refuerzo positivo de sus aportaciones en clase o de cualquier logro conseguido aunque ya tuviera que tenerlo instaurado por la edad biológica que tiene.
  • Secuenciación de las preguntas durante un exámen. Porqué vamos a ponerle en una misma cara 6 preguntas cuando podemos ponerle 3 más espaciadas. Los niños con TDAH tienden a pasar de una pregunta a la otra sin haberla completado la anterior. Si reducimos el número de preguntas por cara estaremos fomentando que esto no ocurra.
  • Simplificar o resaltar en negrita las partes importantes de los enunciados. En muchas ocasiones se hacen enunciados muy largos, o con varias preguntas, en las cuales los niños con TDAH tienden a no responderlas completamente o a perderse en lo qué preguntan. Si subrayamos en negrita aquellas palabras importantes estaremos ayudándole a entender y a centralizar la pregunta para que pueda demostrar sus conocimientos.
  • Aumentar el tiempo en los exámenes. Una de las medidas más importantes es ampliar en un 35% el tiempo del exámen. Esto implica unos 15 minutos más, que pueden ser suficientes para que le de tiempo a terminar de rellenar la prueba. Esta medida está aprobada para que se adopte desde hace un tiempo en los exámenes de selectividad.
  • No penalizar en exceso las faltas de ortografía, muy comunes en los niños con TDAH sobre todo debido a omisiones de letras (poner “siepre” en vez de “siempre”)
  • Reducción de las tareas para casa. Como hemos hablado, el sistema de estudio tradicional que tienen los niños basada en la lectura repetida para estos niños no es suficiente y deben dedicar más tiempo a reelaborar la información, hacer una lectura comprensiva, un  buen subrayado para terminar con un esquema o resumen que le ayude a jerarquizar la información y suplan sus déficits (principalmente atencionales). Si le mandamos una gran carga de trabajo, no le estaremos brindando ese tiempo que necesitan, lo que les penalizará.
  • Centrarnos más en los esfuerzos que en la nota objetiva. Estos chicos tienden a realizar muchos más esfuerzos que el resto de sus compañeros para obtener la misma nota o, incluso, una nota menor, por lo que focalizar nuestra atención en sus esfuerzos y en sus logros nos ayudará a objetivizar el trabajo que realizan.
  • Realizar diferentes formatos de exámen: oral, por escrito, tipo test, etc.
Están son algunas de las medidas no significativas. Existen otro tipo de medidas que aunque no se encuadren dentro de las medidas típicamente consideradas como no significativas puede ser muy beneficiosas para los niños con TDAH como son:
  • Impulsar un aprendizaje cooperativo, mucho más dinámico y activo.
  • Dar responsabilidades dentro del aula para que adquieran un rol relevante dentro de sus compañeros y potenciemos su autoestima.
  • Tener un mayor control sobre él con el tema de la agenda, ayudarle a organizarse o planificarse. Existe tutorizaciones en este aspecto de otro compañero pero este punto hay que saber llevarlo pues puede darle la impresión al niño que tiene otro “profesor” más que le vigila, lo que no le beneficiaría.
  • Crear con él unas señales para cuando se distraiga ayudarle a refocalizar su atención.
  • Fragmentar la tarea si es muy larga.
  • Tener un seguimiento con el niño, preguntándole y motivándole.
Estas son sólo algunas, se pueden tomar muchas otras, para ello se debe tener un conocimiento y una gran capacidad didáctica y creativa para saber ajustar qué modificaciones pueden ser beneficiosas para cada alumno. Pero con estas medidas generales se pueden conseguir grandes avances, grandes mejores que impulsan la motivación y autoestima  de los niños.

Para demostrároslo queremos poneros un ejemplo:
Se trata de un niño diagnosticado con TDAH en etapa primaria, cuya motivación y autoestima era baja puesto que consideraba que hacía grandes esfuerzos para luego no verse recompensado. En el apartado escolar, se ha trabajado con él en ofrecerle unas técnicas adecuadas que le ayuden a suplir su déficit, un cambio en sus rutinas y unas competencias en organización y planificación. A su vez, junto con el centro educativo, se llegaron a acuerdos para ver qué medidas no significativas se podían aplicar. Para los exámenes se decidieron además de dar más tiempo, simplificar y adecuar las preguntas, hacerlo más visible y espaciado. Las mejoras fueron clarísimas. Ahora nos encontramos con un colegio y un profesorado con una mayor sensibilidad y, sobre todo, un niño con una mayor confianza en si mismo, una mayor autoestima y motivación, mejorando su actitud tanto en casa como en el colegio.








domingo, 28 de abril de 2013

DEJE QUE SU HIJO HIPERACTIVO SE MUEVA


Un estudio realizado en el 2009 muestra que recurren al ajetreo para poder mantenerse alertas. 
Limitar sus movimientos puede resultar contraproducente.


Si a un niño se le pide que resuelva una suma o explique qué es un monosílabo se moverá inquieto en su silla. Este ajetreo es un acto reflejo que le permite fijar la atención y recurrir a su memoria. Gracias a un trabajo realizado en marzo de 2009, se sabe que los menores diagnosticados de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) son mucho más movidos que los chicos que no padecen este tipo de trastorno cuando tienen que realizar determinadas labores.
El TDAH, que afecta hasta el 6% de la población infantil española, se caracteriza por dificultades para mantener la atención, hiperactividad o exceso de movimiento e impulsividad o dificultades en el control de los impulsos.
"Nuestros hallazgos ilustran de forma indirecta los comentarios de padres y profesores sobre cómo los niños hiperactivos no paran cuando se involucran en ciertas actividades que, aparentemente, no requieren movimiento, cómo jugar al ordenador, al LEGO (juego de construcciones) o ver la televisión, y cómo este ajetreo aumenta cuando hacen los deberes en casa o tienen que aprender alguna lección en al aula", comenta Mark Rapport, del Departamento de Psicología, de la Universidad de California (EEUU) y autor principal de la investigación.
El trabajo, publicado en el Journal of Abnormal Child Psychology midió de forma objetiva los niveles de actividad de un grupo de 12 menores de entre ocho y 12 años diagnosticados de TDAH que fueron comparados con otros 11 chavales de las mismas edades pero que no padecían ningún trastorno mental.
A todos ellos se les colocó unas muñequeras y tobilleras con sensores actigraphs, capaces de registrar su actividad motora, midiendo la frecuencia e intensidad de movimiento, 16 veces por minuto, de cada niño. Los participantes fueron sometidos a pruebas fonológicas, problemas de matemáticas y de memorización.
"Colectivamente, los chicos con TDAH mostraban una actividad motora desproporcionada en comparación con los del grupo control sin TDAH cuando se les encomiaba alguna tarea en la que estaba involucrada la memoria. Este es el primer experimento que demuestra una asociación funcional entre el típico exceso de movimiento de los hiperactivos y la realización de tareas que involucran la memoria visual y verbal", declaran los investigadores. En una de las pruebas los niños tenían que volver a ordenar y recordar la ubicación de unos puntos en una pantalla de ordenador, y en otra tenían que volver a ordenar y recordar secuencias de números y letras.
Para los autores del trabajo, "estos resultados indican que los hiperactivos necesitan moverse más para mantener los niveles requeridos de alerta mientras que realizan tareas que desafían su memoria de trabajo".
Además, estos estudios indican que "existen déficits en ambos tipos de memoria (visual y verbal) en chavales afectados por el trastorno en comparación con sus homólogos sanos".
Para Cesar Soutullo, director de la Unidad de Psiquiatría Infantil y del Adolescente de la Clínica de Navarra, "el estudio es muy interesante, porque ya sabíamos que los niños con TDAH tienen problemas en el sistema ejecutivo y en la memoria de trabajo que explicaba su inatención, pero lo importante ahora es ver cómo la hiperactividad aumenta cuando los niños hacen tareas que tienen mucha demanda de atención (estudiar), pero no son tan hiperactivos si la tarea es menos demandante".
Este especialista argumenta que es "como si el sistema ejecutivo, reducido en su capacidad en el TDAH, les llegara para atender o controlar la hiperactividad, pero no para hacer dos cosas a la vez. Esto es trascendente porque esta discordancia en la hiperactividad según la tarea que se le encomiende, se suele interpretar como falta de voluntad, culpabilizando al niño".
Tal vez por estos motivos, el investigador Rapport aconseja a los padres y a los profesores que utilicen "distintas estrategias para minimizar los fallos de la memoria de trabajo: proporcionarles las instrucciones por escrito, utilizar notas para chequear si han realizado todas las tareas, dividir las tareas en pasos más simples, puede ayudar a los niños con TDAH en el aprendizaje sin sobrecargar la memoria de trabajo. Además, cuando estén haciendo las tareas en casa déjele que se levante o que mastique chicle. A no ser que su comportamiento sea destructivo, limitar extremadamente su actividad puede ser contraproducente".
Estos hallazgos también explican por qué los medicamentos estimulantes mejoran el comportamiento de la mayoría de los niños con TDAH ya que, al aumentar su estado de alerta, se consigue mejorar la excitación fisiológica. De la misma manera, los estimulantes mejoran temporalmente la capacidad de la memoria de trabajo.
FUENTE:

martes, 20 de noviembre de 2012

LA ESCUELA ANTE EL TDAH


"Si buscas resultados diferentes no hagas siempre lo mismo".
Albert Einstein


Es evidente que la labor de los y las docentes es cada día más difícil: más alumnos y alumnas en clase, todos diferentes y cada uno con su problemática. Es cierto que los educadores no suelen recibir la formación necesaria para poder abordar todas las dificultades de sus alumnos/as, y las tensiones originadas por la situación económica tampoco favorecen la atención a la diversidad.

Recogemos algunos de los puntos de vista de los y las profesionales de la educación ante el TDAH. 
En primer lugar, debemos alabar y agradecer la actitud de una buena parte de estos educadores y educadoras, cada vez mayor, que se implica y preocupa por sacar a nuestros hijos/as con TDAH adelante, al entender y atender sus dificultades y potenciar sus aspectos positivos. Como muestra, un grupo de trabajo de la Federación de asociaciones TDAH de Castilla-La Mancha realizó el pasado 2011/2012 un curso online sobre TDAH, (limitado a 400 plazas, aunque se recibieron más de 1000 solicitudes) a través de su Consejería de Educación, Cultura y Deportes, el cual resultó ser un éxito sin precedentes, con unos resultados muy gratificantes tanto para los docentes como para los tutores que dirigíamos el curso, que comprobamos el alto nivel de compromiso de todos ellos/as con la diversidad educativa.
Por otra parte, sin embargo, existe un gran sector que se resiste a aceptar la existencia del TDAH en el aula. Las razones alegadas para no atenderlo se recogen en frases como: “ahora, todos los niños tienen TDAH”, “el TDAH está sobrediagnosticado”, “los padres sobreprotegen y consienten el comportamiento de los niños”, “el TDAH no existe, es una invención de las farmacéuticas”, "están maleducados porque las familias no se ocupan de ellos", “en realidad, son alumnos vagos que no quieren esforzarse”, etc., etc., etc. Pero ignorar los problemas y buscar otros culpables son, al fin y al cabo, excusas para justificarse,  y no parece ser la salida más inteligente ni la más eficaz.
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es una condición o patrón de comportamiento inadaptado, de base neurobiológica, iniciado generalmente en la infancia, cuyos síntomas básicos son de carácter cognitivo-conductual, que se manifiestan visiblemente con falta de atención, hiperactividad e impulsividad, entre otras dificultades funcionales.
El TDAH es una realidad que altera el aprendizaje de los alumnos/as que lo padecen y  cada día, alarmantemente para algunos,  se incrementa el número de diagnósticos. Las estimaciones de su prevalencia varían según los métodos valorativos utilizados (entrevistas, cuestionarios, tipos de test, etc.) y del grupo de sujetos estudiados (población general o clínica, edad, sexo, características sociodemográficas, subtipos, comorbilidad, etc.).  Los porcentajes más aceptados en cuanto a prevalencia, son los recogidos por el DSM IV-TR (Manual  Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la American Psychiatric Association)de entre el 3% y el 7%, aunque estos datos son de 2001. El aumento de estos últimos años quizá se deba a que existe una mayor conciencia pública y divulgación, lo que permite el diagnóstico precoz que, a su vez, debería favorecer la atención temprana.
Es cierto también que siempre ha habido niños hiperactivos, pero no siempre las exigencias del entorno han sido tan acentuadas: largas horas sentados, atentos, escuchando explicaciones monótonas y nada estimulantes, cuando han nacido en una sociedad que trabaja constantemente con nuevas tecnologías interactivas y con numerosos estímulos audiovisuales gratificantes. Vemos con preocupación cómo nuestros hijos/as con TDAH son inatentos, no se concentran, tienen un alto grado de actividad motriz, son impulsivos y con escaso autocontrol, exigen satisfacciones inmediatas y atención continua, tienen poca tolerancia a la frustración, son poco reflexivos, muy desorganizados, sin motivación intrínseca, regulan con dificultad sus emociones, tienen dificultades a la hora de relacionarse, no manejan eficazmente el tiempo, procrastinan y tienen enormes dificultades para “ponerse en marcha”, con poca persistencia en las tareas y, sobre todo, lo que hoy en día es significativamente relevante, no son capaces de superar con éxito sus estudios. Todo esto, irremediablemente, afectará a su preparación a la hora de buscar trabajo y… “no está el horno para bollos”… Además, estos síntomas, que en muchos casos vienen acompañados de otros trastornos (comorbilidad), tienen amplias y graves repercusiones en su vida cotidiana, empezando por el marcado deterioro de su autoestima.
En realidad, los estudios especializados confirman que el TDAH está infradiagnosticado, si bien es cierto que no en todos los casos los síntomas detectados responden a un TDAH, pero sí que pueden responder a otras patologías. Por eso, es necesario realizar diagnósticos concienzudos y exhaustivos, para poder aplicar los tratamientos adecuados. Desde el ámbito familiar, la mayoría de los padres y madres de estudiantes con TDAH, nos informamos y aprendemos a manejar este trastorno, llegando casi a “profesionalizarnos”. En muchas ocasiones, somos más severos con la educación de sus hijos con el trastorno que con nuestros otros hijos sin TDAH. Aunque no existe un marcador biológico que determine sin lugar a duda si un paciente sufre o no de TDAH, los modernos estudios de neuroimagen y los avances en la genética ponen de manifiesto su carácter neurobiológico, lo que nos da a entender que algo pasa en el cerebro de las personas afectadas.
Hacemos hincapié  en que ignorar desde la enseñanza este trastorno suena a excusa para no atenderlos adecuadamente, bien porque puede considerarse que se está “haciendo un favor” justamente a esos alumnos más problemáticos y más atrasados, descarados y que no quieren esforzarse,  bien porque se considere que los docentes tendrían que invertir un mayor tiempo y esfuerzo en  la atención a estos alumnos/as. De esta manera, la atención que reciben nuestros hijos parece quedar, en algunos casos, a merced de la “buena voluntad del profesor/a”. En otras palabras, parece que es “cuestión de suerte”…
Recibir la adecuada respuesta educativa para el TDAH no es un privilegio, es un derecho y una necesidad.
En Derecho existe una máxima jurídica: “Ignorantia juris non excusat” (o también “Ignorantia legis neminem excusat”), que viene a decir que alegar el desconocimiento de la norma no es excusa para su obligatoriedad y cumplimiento.
Así, la LOE (Ley Orgánica de Educación 2/2006, de 3 de mayo), en su art. 73 nos dice que “se entiende por alumnado que presenta necesidades educativas especiales, aquel que requiera, por un periodo de su escolarización o a lo largo de toda ella, determinados apoyos y atenciones educativas específicas derivadas de discapacidad o trastornos graves de conducta”.
Y el TDAH es un Trastorno Grave de Conducta, pero no porque todo niño con TDAH tenga necesariamente que portarse mal para tener TDAH y para ser considerado como alumno con necesidades educativas, sino porque el TDAH aparece clasificado así por definición en los manuales médicos de clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento:

En el DSM IV-TR (Manual  Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la American Psychiatric Association: APA), se incluye como uno de los Trastornos de Comportamiento Perturbador, junto al Trastorno Disocial y al Trastorno Negativista Desafiante.
En la CIE 10 (la Clasificación Internacional de los trastornos mentales, publicada por la OMS en 1992) clasifica el TDAH bajo la denominación de Trastorno Hipercinético, dentro de los “Trastornos del Comportamiento”.
De esta manera, considerar que sólo tiene necesidades de educativas aquel alumno/a que tenga un comportamiento incómodamente disruptivo se debe a una interpretación errónea del concepto de “trastorno  grave de conducta” porque el TDAH, sea del subtipo que sea, se clasifica dentro de los trastornos de conducta, junto al disocial y al negativista desafiante.
Así pues, la LOE, en el art. 71 manifiesta que corresponde a las Administraciones educativas asegurar los recursos necesarios para que los alumnos/as que necesitan una atención educativa diferente a la ordinaria por presentar necesidades educativas especiales alcancen el máximo desarrollo personal, intelectual, social y emocional, así como los objetivos educativos.
Igualmente, las Administraciones educativas deben regular y asegurar la participación de los padres en las decisiones que afecten a los procesos educativos de este alumnado, y adoptar las medidas oportunas para que los padres de estos alumnos reciban el adecuado asesoramiento individualizado, así como la información necesaria que les ayude en la educación de sus hijos. El tratamiento del TDAH es multidisciplinar, en el que deben colaborar fluidamente familias y profesionales, tanto educativos como médicos para conseguir un  tratamiento y pronóstico favorables.
Según el art. 72 de la LOE (Ley Orgánica de Educación 2/2006), los recursos para atender al alumnado con necesidad específica de apoyo educativo se concretan en:

  • Profesores y profesionales cualificados para la adecuada atención a ese alumnado (objetivo en detrimento por los recortes en Educación).
  • Una adecuada organización escolar, realizando las adaptaciones y diversificaciones curriculares o metodológicas precisas para cada alumno particular.
  • La formación del profesorado para saber afrontar el tratamiento del TDAH en el aula 
  • La colaboración con otras Administraciones o entidades públicas o privadas sin ánimo de lucro, instituciones o asociaciones, para facilitar la escolarización y una mejor incorporación de este alumnado al centro educativo. En este aspecto, las asociaciones de padres, madres y demás familiares de afectados/as por el TDAH estamos llevando a cabo numerosas acciones y celebrando encuentros con las Administraciones para facilitar el cumplimiento de la LOE en materia de atención a la diversidad y para que se reconozca de manera explícita la atención educativa requerida.
Pero no es solo la legislación española la que reconoce este derecho a la Educación Inclusiva: en la Declaración de Salamanca, organizada por el Gobierno español en cooperación con la UNESCO, los delegados de la Conferencia Mundial sobre Necesidades Educativas Especiales, en representación de 92 gobiernos y 25 organizaciones internacionales, reunidos en Salamanca en 1994 reconocieron la Educación para Todos y la enseñanza para todos los niños/as, jóvenes y adultos con necesidades educativas especiales dentro del sistema común de educación, en la que “cada niño tiene características, intereses, capacidades y necesidades de aprendizaje que le son propios y los sistemas educativos deben ser diseñados y los programas aplicados de modo que tengan en cuenta toda la gama de esas diferentes características y necesidades” (UNESCO 1994, p.8).
Resaltamos que la educación inclusiva no sólo se limita a la educación obligatoria. El Plan de inclusión del alumnado con necesidades educativas (2011) del Ministerio de Educación y los decretos de Atención a la Diversidad de las diferentes comunidades autonómicas españolas, recogen el derecho a recibir  una educación adaptada a las diferencias individuales a lo largo de todas las etapas educativas, incluyendo los estudios postobligatorios: Formación Profesional de Grado Medio, Superior, Bachillerato, estudios universitarios y estudios en centros de educación de personas adultas. El TDAH es un trastorno crónico (aunque no se manifiesta igual en las diferentes etapas de la vida), que no se cura ni en la adolescencia ni en la edad adulta y que, en el mejor de los casos, remite parcialmente.

Así, poco a poco, las Administraciones van reconociendo de manera expresa el TDAH. Aunque poco conocida, existe una página web (estupenda) del Ministerio de Educación, del 2006, que recoge el TDAH dentro del apartado de Atención a la Diversidad, Educación Especial:
Muchas comunidades autonómicas están poniendo en marcha protocolos de actuación, acompañados de decretos y otras normativas que respaldan legalmente a estos  alumnos/as. De hecho, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte reconoce al TDAH claramente por su nombre en el ámbito de aplicación de las ayudas para alumnado con necesidad específica de apoyo educativo.
Con mucha frecuencia, escuchamos que el alumnado con TDAH no tiene necesidades educativas, que simplemente son vagos y maleducados. Las adaptaciones que generalmente requieren los y las estudiantes con TDAH, si no existen otros trastornos asociados, suelen ser metodológicas, no curriculares. En muchos casos, a estos alumnos/as no se les aplican estas adaptaciones hasta que no alcanzan retraso curricular de dos años. Esto es condenar al alumno/a, que en la edad adulta se quedará fuera del ámbito laboral, ya que, tras dos años de desfase, difícilmente podrá remontar el aprendizaje, dadas las dificultades cognitivas y el retraso madurativo característicos del TDAH.
Las estadísticas confirman que en cada aula pueden existir uno o dos casos. Sin entrar en otro de los "pretextos" que  alegan que el TDAH está sobrediagnosticado, está claro que son niños/as con dificultades de comportamiento y/o para aprender al ritmo adecuado. No nos quedemos con los clichés. Tengan o no TDAH, viendo el fracaso escolar que existe en nuestro país, la realidad es que encontramos estudiantes que no pueden seguir la enseñanza uniforme, que exige “alumnos iguales” que aprendan de la misma manera y al mismo ritmo. Esto no parece ser una enseñanza igualitaria. Cada persona es única, con sus dificultades y características, y no todos aprenden de la misma manera. Tener que contar con un decreto o con una ley educativa que nos obligue a atender al alumnado con dificultades escolares parece sorprendente en el S. XXI. Como dice Harry T. Chasty (Asesor en Capacidades y Trastornos del Aprendizaje del Instituto británico de la Dislexia) en su libro “Children Dificulties in Reading, Spelling and Writing”: “si este niño no aprende de la manera en que le enseñamos, ¿podemos enseñarle como él aprende (…)?" (Chasty, 1997, 269).
Una de las características más importantes de la metodología recomendada para el TDAH en la escuela es que sirve para todo tipo de alumnado y consiste en sencillas pautas que no requieren desembolsos económicos: sólo requieren un cambio de actitud. Los castigos y las reprimendas no funcionan con este alumnado. Su "mala" conducta no es intencionada, sino que está causada por una impulsividad "neurobiológica" y sus malas notas se deben a unas dificultades cognitivas que no favorecen el aprendizaje. Los niños, niñas y adolescentes con TDAH no son un problema, tienen un problema: que la enseñanza no se adapta a sus dificultades. 
Para ellos/as no hay nada más terapéutico que el éxito escolar.
¡Atendamos a la diversidad en el aula! ¡Aceptemos la diferencia! No es un favor, es un derecho del alumnado con necesidad de apoyo educativo. Infórmate sobre cómo ayudarlos.
Por Gloria López

sábado, 25 de agosto de 2012

NUEVO LIBRO de ISABEL ORJALES sobre el TDAH



TDAH: ELEGIR EL COLEGIO, AFRONTAR LOS DEBERES Y PREVENIR EL FRACASO SOCIAL
Autora: Isabel Orjales Villar
Editorial: PIRÁMIDE. Año edición: 2012
ISBN: 9788436826531
Nº de páginas: 296 págs.
Precio: 15€
SINOPSIS 
Esta obra es una guía que trata de orientar a los padres de niños con TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y con riesgo de tenerlo, para afrontar la vida escolar con sus hijos. Habla de la necesidad de desprenderse de los malos augurios que rodean al trastorno, de la elección del colegio, del mejor modo de hablar con los profesores, de cómo potenciar el valor terapéutico de las actividades extraescolares, de estrategias para sobrevivir a los deberes y de cómo organizar el refuerzo educativo durante el verano. 
También incluye orientaciones específicas sobre el modo de implementar actividades de refuerzo académico en aquellas áreas que la investigación señala de mayor riesgo, de tal modo que permitan a sus hijos construir un andamiaje sólido para sus futuros aprendizajes adelantándose a posibles problemas y reduciendo el riesgo de fracaso escolar.
Así, se incluyen actividades y orientaciones para:
Conseguir que practique la lectura sin odiar la lectura.
Entrenarle para descifrar los enunciados matemáticos.
Enseñarle a hacer resúmenes y esquemas.
Superar la odiada ortografía de una forma eficaz y divertida.
Optimizar su rendimiento en los exámenes.
ÍNDICE
Cap. 1: Enmarcando el problema
  • El riesgo del fracaso escolar
  • Las diferencias individuales
  • Evolución positiva del TDAH
  • Cómo ayudarles a afrontar el colegio y el instituto
  • ¿Necesitan colegios especiales?
  • Estrategias para elegir el centro adecuado
Cap. 2: El niño con TDAH y los profesores
  • Hablar del diagnóstico: ¿Y si le etiquetan?
  • Ponerse en la perspectiva del profesor
  • ¿Qué piensa el profesor de mi hijo?
  • Afrontar las cosas con sentido común
  • Cómo hablar con el profesor sobre su TDAH
  • Apoyar al profesor para sentirse apoyados
  • ¿Y si el profesor no parece comprender el problema?
  • Ser operativos en la búsqueda de soluciones
  • Cuándo y cómo plantearse un cambio de centro
Cap. 3: Deberes, castigos y refuerzos en verano
  • Dónde y cómo debe estudiar
  • ¿Hasta cuándo apoyarle?
  • Padres reciclados en profesores particulares
  • El gran reto: conseguir que estudie solo
  • Cuando los deberes se complican
  • Castigos para casa
  • ¿Refuerzo en verano?
  • ¿Repetir o no repetir curso?, esa es la cuestión
Cap. 4: Habilidades y aprendizajes básicos que pueden entrenarse en casa
  • Refuerzo de las habilidades fonológicas para prevenir problemas de lectura
  • Practicar la lectura sin odiarla
  • Comprender instrucciones y enunciados escritos complejos
  • Mala caligrafía y caos en el papel
  • Superar la odiada ortografía
  • Memorizar las tablas y realizar cálculos automáticos
  • Comprender cuándo sumar, restar, multiplicar o dividir en problemas matemáticos sencillos
  • Cómo descifrar problemas matemáticos complejos
  • Enseñar a pensar reflexivamente
  • Aprender a definir conceptos
  • Aprender a estudiar: activar los conocimientos previos
  • Aprender a estudiar: extraer las ideas principales y hacer esquemas
  • Entrenarse para realizar exámenes escritos
Cap. 5: El poder reparador de las actividades extraescolares
  • Cómo aprovechar las actividades extraescolares
  • Aprovechar el respiro
  • Práctica sí, pero moderada
  • ¿Cuáles son las actividades más adecuadas?
  • Cómo evitar que le expulsen de las actividades extraescolares
  • ¿Y si está realizando una actividad que le encanta pero no le conviene.
Cap. 6: A modo de reflexión final
Cap. 7: Bibliografía comentada

Isabel Orjales:
Doctora en pedagogía y Máster en Educación Especial, desarrolla su trabajo como profesora de la UNED y en el Instituto para la Investigación y Atención Psicopedagógica (Child Instituite).
Autora de varios libros y diferentes programas y artículos sobre TDAH, la Dra. Orjales ha centrado su actividad profesional en estos niños, niñas y adolescentes, así como en la orientación de sus familias y profesionales del ámbito de la educación y de la salud.
Según la Dra. Orjales, las características del TDAH son incompatibles con el rendimiento académico, dificultan el comportamiento en el aula y favorecen la pérdida de información, generando falta de base académica.

lunes, 6 de febrero de 2012

NIÑOS HIPERACTIVOS, NIÑOS INCOMPRENDIDOS

EL DÉFICIT DE ATENCIÓN ES LA PRINCIPAL CAUSA DEL FRACASO ESCOLAR
06 FEB 2012 | E. C.
Parecen desobedientes, desorganizados, olvidadizos, nerviosos, distraídos y poco dados a escuchar, pero son sólo víctimas de una enfermedad crónica: el TDAH.
Cuando mi hijo comenzó el curso, lo primero que hice fue informar a la profesora de su hiperactividad. Ella se sorprendió y me dijo: ‘¿Hiperactivo? ¡Si casi no se mueve!’”. Pepa Ayuso es madre de un niño con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) de 16 años. Como tantos otros padres en su misma situación, tiene que enfrentarse diariamente al desconocimiento que rodea a este trastorno.
Para desmontar los mitos, aclararemos que estos chicos no tienen por qué ser nerviosos y que se trata de una enfermedad crónica, es decir, no desparece con el paso de los años. “Depende del tipo de TDAH” -asegura Daniel Costo, psicopedagogo jefe del departamento de Orientación del Colegio Retamar (Madrid)-, “los que tienen predominancia de inatención pueden estar muy tranquilos, ya que no suelen tener afectación de control motórico ni de control de impulsos. La hiperactividad es el trastorno del comportamiento más común en la edad escolar. Es neurobiológico y se caracteriza por tres síntomas claves: déficit de atención, impulsividad e hiperactividad generalizada”.
Para ilustrarlo, Fulgencio Madrid, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Afectados de TDAH de España y padre de hiperactivo, lo asemeja al funcionamiento de un ordenador: “Cuando el niño hace una tarea es como si abriera un programa. De pronto aparece un estímulo. En ese momento se cierra el programa y se abre otro: el del estímulo, porque su cerebro no puede mantener dos programas al mismo tiempo. Cuando termina con el estímulo, ya no sabe a dónde volver. Si le reñimos, no comprende por qué lo estamos haciendo, ya que no recuerda qué es lo que tenía que hacer. Al final, está recibiendo la información de que él no vale porque hace las cosas mal. Por eso, no hay que regañarle con un ‘ya te lo he dicho cien veces”.
Tres tipos de hiperactivos
Dentro del TDAH, Daniel Costo diferencia tres subtipos: “El inatento, donde predominan síntomas de inatención; el hiperactivo-impulsivo, en el que imperan síntomas como dificultades para el control de los impulsos o en la coordinación de movimientos, necesidad de satisfacciones inmediatas, etc. Y por último, el combinado, que presenta síntomas tanto de inatención como de impulsividad-hiperactividad”.
“La causa del TDAH” -explica el psicopedagogo- “es un mal funcionamiento de una parte del cerebro, el lóbulo frontal, el encargado de regular las funciones ejecutivas. Éstas son cuatro: la planificación, por la que podemos planeamos acciones futuras basadas en la experiencia; la regulación del lenguaje interno: ser capaz de hablarse a sí mismo regulando la conducta por normas; la regulación de las emociones; y la capacidad de análisis y síntesis”.
Carmen Engerman es madre de un joven TDAH de 17 años y esposa de un TDAH adulto. Además, es presidenta de la Asociación de Padres de Niños y Jóvenes con TDAH. Como buena conocedora del tema, comenzó a sospechar muy pronto de su hijo: “Era un niño muy inquieto, no terminaba ninguna tarea, hablaba mucho y, en ocasiones, parecía que no oía o no entendía lo que le pedíamos”. Para otros padres, llegar a esta conclusión no fue tarea fácil. Fulgencio vio que algo no iba bien cuando comparó al niño con otros de su misma edad: “Vimos que el nivel de inatención iba un poco más allá del de otros chavales”.
 “Los padres son los mejores conocedores de sus hijos. Por lo tanto” – aconseja Daniel Costo- “si sospechan que el niño tiene problemas de conducta, deben hablar con los maestros que están con él para determinar si esos comportamientos son exclusivos del ambiente familiar o se reproducen en los demás ambientes”, teniendo en cuenta que, para que exista este trastorno “deben estar presentes los síntomas típicos, con una intensidad incoherente con el nivel de desarrollo, durante seis meses y en los distintos ámbitos del niño”.
Señala que para establecer una evaluación correcta “habrá que realizar una valoración psicológica, psicopedagógica y médica. El pediatra, neurólogo, psicopedagogo y psicólogo clínico son algunos de los profesionales que nos pueden ayudar a delimitar si existe un trastorno o no”. Además, es fundamental que los diferentes equipos y los padres trabajen en equipo: “A mi hijo lo diagnosticaron con seis años” –relata Ayuso-. “Por un lado, el neurólogo le puso la medicación; por el otro, acudía una vez a la semana al psicólogo. Es tan importante el uno como el otro”.
En España, la media de tiempo que pasa desde que la familia es consciente de que hay un problema hasta que se consigue un dictamen es de dos años. “Cuando aparece el diagnóstico, al menos, sabemos lo que pasa”, apunta Fulgencio Madrid. “Es un gran alivio llegar a una conclusión”, asevera Engerman. Sin embargo, acusa que, quizá por desconocimiento, algunas familias no terminan de creer que el niño tiene un trastorno hereditario y crónico y que le causará problemas si no es tratado de forma adecuada.
Como especialista que ha tenido que diagnosticar este trastorno en numerosas ocasiones, Daniel Costo conoce muy bien las reacciones de los padres: “Cuando les informas por primera vez de que su hijo tiene TDAH, por un lado se preocupan por todos los mecanismos de actuación que deben poner en funcionamiento para que mejore. Y si deben medicarle, les preocupan los posibles efectos de la medicación. Por otro lado se sienten aliviados al darle nombre y cuerpo a aquello que le pasa a su hijo y que no sabían cómo tratar”. Este trastorno” -añade- “aparece a edades muy tempranas, desde que es un bebé. Y ocurre aproximadamente a un 5% de la población escolar. Los subtipos impulsivos- hiperactivos en etapas tempranas son más fáciles de identificar que los subtipos inatentos”.
Caracter hereditario
Pero ¿cuál es el origen? Daniel Costo revela que “tiene un cierto carácter hereditario, además, determinadas variables educativas que rodean el ambiente del niño pueden agravarlo o no”. Es una enfermedad que dura toda la vida, aunque “existe un porcentaje de individuos, el 50% más o menos, a los que al pasar la adolescencia les remite. Esto es porque “los adultos con TDAH tienen otras herramientas de control que un niño no tiene y sobrellevan mejor la enfermedad. Aun así, muchos, deberán seguir medicados”. Vivir con un niño TDAH no es fácil porque, además de todos los problemas que conlleva la propia enfermedad, se trata de una discapacidad invisible. “Desde fuera -dice Fulgencio Madrid lo que se ve es a un niño al que le dejan levantarse de la mesa, por ejemplo o a unos padres muy permisivos con algunas cosas. A veces, la gente lo entiende como privilegios”. “Muchas son las situaciones de desaprobación”, añade Egerman. “Es inevitable observar cierta actitud de rechazo en otros padres o incluso en familiares que no viven a diario con él”. El problema -prosigue Fulgencio- es que “requieren de mucha dedicación, una familia estructurada y unos horarios clarificados. Hay que trabajar con él para que lo tenga todo previsto. Necesitan de mucha paciencia, serenidad y rutina”.
En el colegio, si los profesores no están suficientemente informados del problema, las dificultades se multiplican. “En un examen, leen la primera pregunta mientras contestan a la segunda y a la vez recuerdan un detalle de la tercera y luego pasan de nuevo a la primera. Cuando se quieren dar cuenta, se ha acabado el tiempo del examen y ni siquiera lo han empezado”, relata Ayuso. Para evitar esto, Fulgencio Madrid solicitó a un profesor que a su hijo, de 19 años, se le hicieran los exámenes orales. La negativa fue rotunda: demasiado mayor como para tratarle con tales privilegios. Ayuso confiesa que ha encontrado “algún maestro que colabora mucho en controlarle el tiempo, pero no todos. Otros creen que es darle una ventaja que a los demás compañeros no se les da. Lo único que suelo conseguir es que le pongan en la primera fila”. Si algunos profesores no se involucran con la enfermedad, ¿qué no harán sus propios compañeros? “A los niños hiperactivos se les aguanta poco porque son muy impulsivos, se entrometen en todo, si se aburren en clase molestan al compañero. Por todo esto, tienen muchas dificultades para hacer amigos”, dice una madre.
Para mejorar el TDAH hay que trabajar en varios aspectos. Daniel Costo destaca la importancia de dotar al niño de “un apoyo psicopedagógico, farmacológico, psicológico y de entrenamiento en control conductual. Los medicamentos, en los casos que se requieren y pautados por un médico, son muy recomendables. Son estimulantes que, como muchos otros medicamentos, tienen contraindicaciones, pero seguidos por el personal médico son beneficiosos para los niños con TDAH”. Si la hiperactividad no se trata adecuadamente, “la relación con el fracaso escolar suele ser bastante alta. Y, aun bien tratada, algunos suelen tener dificultades”.
Pero no todo es negativo. “En mi experiencia profesional -indica el experto- he descubierto que un alto porcentaje de estos niños suele tener mucha creatividad: un tema sobre el que es bueno apoyarse para potenciarles otras áreas”. Ésta es la situación actual de los niños con TDAH. Si seguimos centrando toda nuestra atención en los superdotados, buenos estudiantes, niños ejemplares y dejamos de lado a los que no alcanzan esos niveles de exigencia o de comportamiento, estaremos condenando a estos niños, que no tienen ninguna culpa de su problema, al fracaso y al rechazo de la sociedad. Y esto es absolutamente injusto. La comunidad educativa debe prestar más atención a estos niños exigiendo un más amplio conocimiento de este problema a los profesores y dotando a los centros escolares de los medios humanos y técnicos necesarios para poder ayudarles.
FUENTE:

jueves, 5 de enero de 2012

ENTREVISTA A LA DRA. ISABEL ORJALES

Universo UP. Revista digital de la universidad de padres online
Hace 20 años el TDAH era un trastorno casi desconocido en nuestro país y los niños afectados no se diagnosticaban como se hace ahora, por lo que puede existir una falsa impresión de que los niños se han vuelto hiperactivos de pronto, cuando lo que verdaderamente ha aumentado es el número de profesionales formados en la detección y el posterior diagnóstico. Este trastorno afecta entre un 3% y un 6% de los niños en edad escolar de nuestro país, aproximadamente un niño por aula.
Madrid | Enero 2012 | Coti Coloma/ Psicóloga y Tutora de la UP on-line 
En los últimos años se ha incrementado el número de alumnos diagnosticados de TDAH pero también existen cada vez más dificultades a la hora de lograr que los niños, sin ningún problema de aprendizaje diagnosticado, consigan niveles de atención y autocontrol adecuados y eficaces a su edad. Y lo que es más importante, que estas dificultades se siguen presentando en niños mayores de 12 años. ¿Cree que hay algún tipo de relación entre ambos sucesos?
Respecto a lo que me pregunta hay que aclarar que el TDAH como trastorno es una cosa y la percepción que los padres y los profesores pueden tener de un incremento en las dificultades de atención y autocontrol en los niños en general, es otra. Para que un niño sea diagnosticado de TDAH debe tener un comportamiento más inatento y, en algunos casos, más impulsivo e hiperactivo de lo que corresponde para su edad. Debe ser un niño que presente esta sintomatología, de alguna manera, desde siempre (aunque no se haya considerado muy problemática hasta el momento actual) y que no parezca responder como los niños de su edad y curso escolar a las pautas educativas familiares y escolares habituales. Además, deberá constatarse que la sintomatología les está creando y promete crear en el futuro problemas en algún ámbito de su vida y que dicha sintomatología no se explica mejor por la presencia de otro trastorno conocido. Por lo tanto, el TDAH se define como un problema del neurodesarollo que se detecta porque el niño no responde como lo harían los niños de su misma edad y educación. En ese sentido, si la población general de niños fuera hoy más inquieta, impulsiva y dispersa (habría que constatarlo empíricamente), un niño para ser diagnosticado de TDAH tendría que superar con creces esa tendencia general.
¿Cuál cree, en su opinión, que sería la causa subyacente?
Como he dicho, creo que habría que constatar empíricamente la hipótesis de que los niños de hoy tienen menos capacidad de atención, más inquietud motriz o menor autocontrol y autorregulación comportamental y/o emocional. De ser así, son muchos los factores que pueden estar incidiendo. Por ejemplo, una mayor sobre estimulación desde el momento del nacimiento (familiar, escolar y social) que podría potenciar la atención durante breves momentos a muy distintas fuentes, la reducción del tiempo de ocio y juego a muy temprana edad, la saturación de horas en un aula y la sobrecarga de deberes en detrimento del tiempo de juego sin dirección de un adulto que podría entrenarlos en autocontrol, la saturación en algunos casos de actividades extraescolares, el predominio de juegos que potencian la activación y la respuesta inmediata, la educación de las familias en la satisfacción con miedo a enfrentar a los niños a situaciones frustrantes como la espera o la demora de gratificaciones, la aceleración del ritmo de vida y el estrés que rodea al niño y a la vida familiar desde el momento del nacimiento, la prioridad que la escuela sigue dando a la estimulación cognitiva (más en concreto a la memorización sin sentido) y la ausencia de formación comportamental, social y emocional o la resistencia del cambio en la forma de enseñar al rendimiento cognitivo, entre otras. También cabría plantearse el impacto que podrían tener tóxicos ambientales y la mala calidad de los alimentos puedan estar impactando en el desarrollo fetal. Aun así, hay que ser muy cautos y no simplificar las cosas haciendo pensar a la gente que un mal ambiente o una mala educación pueden ser la causa de la aparición del TDAH. Pueden empeorar un cuadro de TDAH pero no ser nunca la causa directa.
¿Podría darnos alguna clave práctica para que los padres pudieran saber si las dificultades atencionales de su hijo están dentro de la normalidad o deberían ser valoradas por especialistas como posible TDAH?
Esto sería como pedirle a un médico que diera alguna pista para que una persona, sin formación en medicina, pudiera saber si el lunar que tiene en la mejilla (que por otra parte le parece que tiene mala pinta y le preocupa enormemente) es un cáncer o no. Absurdo sería pensar en que para ir al médico uno tuviera que estar muy seguro de que se trata de un cáncer. Pues del mismo modo ocurre cuando un niño parece tener problemas de atención, impulsividad o hiperactividad. Si a los padres les preocupa, si el niño sufre, si su rendimiento o comportamiento apunta a ser cada vez más difícil, si el colegio pide ayuda o si los padres parecen muy desorientados en cuanto a cómo educarlo, etc., es motivo suficiente para consultar con un especialista ¿Y, con qué fin? No con el fin de “etiquetar lo que le sucede” sino con el fin de recibir orientación para ayudar a reducir esos síntomas. Después, si en la valoración existen  datos como para pensar que esa sintomatología responde a un cuadro específico, se podrá identificar el trastorno.
Parece que el sistema social en el que vivimos no ayuda demasiado. Los niños corren de una clase a otra, se comunican por sistema de mensajería instantánea, su tiempo de ocio habitual está en relación con las nuevas tecnologías y en muchos casos pasan bastantes horas al día solos. ¿Cree que estos factores de alguna forma pueden estar influyendo en el aumento de la incidencia de este tipo de problemas?
Creo que debemos dejar los tópicos a un lado y tratar de no pensar en que las cosas no son “blanco o negro” y que no existe una justificación concreta para todo lo que nos rodea. Igual que tener hermanos y no tenerlos tiene ventajas e inconvenientes, el ritmo de vida actual tiene aspectos positivos y negativos. Creo que el Ministerio de Educación, la escuela y la familia debería reflexionar sobre qué cree que debe fomentar en sus hijos, cómo los puede educar, a quién compete determinados objetivos de educación, formación e instrucción y con qué metodología, instrumentos y materiales puede conseguirlo. Me parece que no damos tiempo al niño a madurar, los hiperestimulamos en unos aspectos y les exigimos muy poco en otros. Y todo ello se refleja de alguna manera en el modo en que ellos responden y se adaptan.
Todos conocemos también a adultos que presentan dificultades de autocontrol, problemas de atención… ¿Es posible que los padres ejerzan, en estos casos, como modelo negativo para sus hijos? ¿Cuál sería el nivel de relevancia de dicha influencia?
Creo que si existen padres o madres con un perfil de TDAH, lo que más va a influir en sus hijos es su herencia genética puesto que el índice de heredabilidad del TDAH se estima en un 80%. Desde el punto de vista educativo no se puede afirmar que los padres o madres con un perfil de TDAH influyan siempre de forma negativa en el desarrollo de sus hijos. Conozco padres con sintomatología TDAH que comprenden mejor a sus hijos, los toleran más y buscan apoyo antes para que sus chicos no sufran lo que ellos padecieron. La buena o mala influencia de un padre o una madre depende más de aspectos individuales y del acceso a al apoyo de un buen profesional que de la sintomatología residual que padezcan.
¿Qué recomendación o pautas daría a los padres en este sentido?
Los padres que identifican en su propia infancia, adolescencia, juventud o incluso en la edad adulta, dificultades de atención, hiperactividad o hipoactividad, impulsividad o problemas de rendimiento o de adaptación comportamental deberían pensar en la posibilidad de que sus hijos nazcan con una biología más próxima a un TDAH. De mostrar sus hijos síntomas asociados a este trastorno, no deben refugiarse en el pensamiento de que “si a mi me fue bien sin ayuda ¿por qué no le va a ir bien a mi hijo?” para justificar dejar pasar el tiempo, porque ni la intensidad del trastorno, ni las condiciones educativas ni la exigencia social son las mismas para él que para su hijo. Como cualquier padre deberá valorar en qué medida su estilo de vida, la organización que tiene de la vida familiar y la forma de educar favorece o no a su hijo y pedir ayuda para modificar lo que sea necesario. Deberá reflexionar, también, sobre la necesidad de formarse como educador y buscar estrategias para evitar que la impulsividad, la falta de paciencia, la falta de organización, la dispersión y la falta de perseverancia (de existir) afecten a su papel de padre o madre. Y, en algunos caso, deberá plantearse si a pesar de considerar que tiene un perfil de TDAH controlado, su calidad de vida y la de su familia mejorarían con tratamiento farmacológico y/o psicológico.
Desde nuestra experiencia directa con los padres, una de los motivos más habituales de consulta es la recomendación de estrategias y actividades concretas para mejorar las habilidades de autocontrol de sus hijos, entendidas como la capacidad para tolerar el esfuerzo, mantenerse en la tarea, tolerancia a la frustración… Si se encontrara usted en el papel del tutor, ¿cuáles serían las estrategias prácticas que recomendaría a dichos padres?
Educar va más allá de aplicar recetas. Educar a un niño difícil requiere formación en el desarrollo del niño y en control de conducta. Si un padre o madre tiene problemas para conseguir que sus hijos obedezcan, sean responsables, perseverantes y toleren la frustración, yo les diría que comenzaran leyendo libros sobre educación para ver qué dice la psicología sobre que pautas generales suelen ser las que funciona para educar a un niño. Si con lo aprendido no mejora, les aconsejaría que pidieran hora a un psicólogo, pedagogo o psicopedagogo de confianza (de esos que saben enseñar a educar) y que se reunieran en sesiones un vez a la semana. Que llevaran a esas sesiones el guión de una situación cotidiana que les preocupa: cómo era la situación antes (quién había, qué dijo, etc.), cómo surgió el problema y qué pasó después. Con todo tipo de detalles. Sobre esa información, padres y terapeuta deberán analizar lo sucedido y acordarán posibles formas de responder en una situación parecida. Al tratarse de problemas habituales, es muy probable que los padres tengan que enfrentarse a una situación parecida unos días después. De ese modo, analizando situaciones concretas en contextos individuales, los padres mejorarán en su forma de educar.
¿En el caso de un diagnóstico de TDAH usted recomienda como tratamiento más eficaz la medicación, la intervención psicopedagógica o una combinación de ambas? ¿Por qué?
Yo recomiendo que se haga una evaluación multidisciplinar (por lo menos un especialista de la medicina y otro de la psicología o la pedagogía), que la evaluación vaya más allá de la determinación del diagnóstico diferencial (“tiene o no tiene TDAH”), que permita determinar el perfil cognitivo, comportamental, emocional y social del niño, así como las condiciones escolares y familiares. Y que, con toda esa información, se valore (padres y profesionales conjuntamente) qué aspectos de la intervención son prioritarios, en qué ámbitos y en qué orden. Existen niños que pueden evolucionar positivamente sin medicación mientras, para otros la medicación es la piedra que hace posible que la intervención psicoeducativa de su fruto y para algunos, especialmente en medios muy desfavorecidos, desgraciadamente quizá la medicación sea el único tipo de tratamiento al que puedan tener acceso. A nadie le gusta medicar a un niño. Por ello, la medicación debe sopesarse cuidadosamente, probar el impacto que tiene sobre el niño y valorar “coste-beneficio” en cada año de su vida. Un buen médico, de confianza, cercano que no tenga reparos en formar a los padres, resolver sus dudas y respetar sus miedos sin juzgarlos por ellos, es fundamental.
¿Qué aspectos cree que es importante trabajar con los niños durante el inicio de la escolaridad y la primera infancia, para prevenir este tipo de dificultades en el futuro?
El TDAH no va desaparecer porque se realicen programas educativos en Educación Infantil porque no es la mala educación o la mala instrucción la causa de su aparición. Creo que antes de pensar en que el problema está en los niños y que debe desarrollarse programas para fomentar o entrenar determinadas habilidades, debemos pensar si tiene sentido que los niños estén tantas horas sentados, que hagan largas copias sin sentido. Si es necesario que memoricen todos los tiempos verbales antes de aprender a expresarse adecuadamente. Si tienen sentido los deberes obligatorios que aumentan la jornada laboral de los niños más allá de las 8 horas, que sean porque sí, iguales para todos (así tengas buenas notas, domines la materia o seas un alumno de altas capacidades) y proporcionalmente más extensos si hay un puente o unas vacaciones… Si para tener una buena ortografía el método más adecuado es el de memorizar largas listas de reglas ortográficas, jugar a pillar haciendo dictados que no se repiten y bajando la nota en los exámenes bajo la premisa de que los niños que tienen faltas las tienen “porque no les da la gana de fijarse”. Creo que si motivamos a los niños, le proponemos retos de aprendizaje que les estimulen, les animamos a creer que son capaces, les damos las herramientas para alcanzarlos y les supervisamos y animamos durante el proceso conseguiremos que sean mejores, más sanos y más sabios día a día. Y el que tiene la impronta biológica de TDAH mejorará respecto al que no haya sido educado de este modo, estará más adaptado durante más tiempo antes de que su comportamiento delate la existencia del TDAH, tendrá un perfil de síntomas más moderado y necesitará menos apoyos extras.
¿Qué tipo de actividades, juegos y juguetes recomendaría a las familias que quieren fomentar el desarrollo de las capacidades atencionales y de autocontrol en sus hijos?
Creo que las familias de niños con TDAH deben dejar a un lado el objetivo de “instruir y formar” cuando jueguen con sus hijos. Bastante estrés tienen con apoyarles en los deberes y en lo escolar, bastante se distancian emocionalmente de ellos persiguiéndoles para que los hagan, para que colaboren en casa o para que se comporten como para alargar su papel “pedagógico” a las horas de ocio. El tiempo de ocio tiene que servir para volver a sentirse papá o mamá, para conectar con los hijos, reír y dejar los problemas a un lado. El juego deja de ser juego con el adulto es el que dirige y marca siempre la pauta. En ese marco, cualquier juego que haga disfrutar a la familia y que ayude a fijarse, esperar, demorar respuestas puede servir. Los juegos de ordenador tienen muchas utilidades pero los niños sólo utilizarán los educativos si tienen la compañía de un adulto. Por si solos, tenderán, lógicamente a utilizar los más divertidos y que requieran menos esfuerzo. Pero es importante, el juego por muy indicado para niños con TDAH que parezca, sólo servirá si no se utiliza como instrumento de tortura para el niño.
¿Podría comentarnos algo sobre las últimas investigaciones o hallazgos que se estén llevando a cabo en este ámbito?
No hay muchas investigaciones que relacionen juego y TDAH y sí muchos tópicos. Las páginas amarillas están llenas de terapias milagro para TDAH: gafas con cristales de colores, la equinoterapia, el yoga o incluso asistí a un curso en el que hablaban de Pilates aplicado a niños con TDAH. En una ocasión me escribieron de Sudamérica para un estudio sobre la influencia de “la pesca con mosca” en el TDAH. Debemos entender que cualquiera de estas actividades puede mejorar la calidad de vida de un niño con TDAH, puede hacer que esté más relajado y que las expectativas de cambio que tienen los padres se traduzcan en una menor presión y por lo tanto en una mejora en la conducta. Pero ninguna de ellas es eficaz para conseguir un cambio radical en un niño con TDAH. Por lo tanto, porque no tenemos todo el tiempo del mundo y tenemos una economía limitada, debemos sopesar en relación a las necesidades de nuestro hijo y nuestra familia qué tratamientos son los que tienen prioridad.
FUENTE: