TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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lunes, 30 de marzo de 2015

ISABEL ORJALES: “Todo el mundo habla de niños hiperactivos, pero muy poca gente sabe qué es el TDAH”


Recomienda que la intervención psicoeducativa comience antes de que se cierre el diagnóstico, cuando los síntomas empiezan a generar problemas

Sandra Melgarejo. Madrid

Según Isabel Orjales, profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Facultad de Psicología de la UNED, el TDAH es “el trastorno más popularmente desconocido”. En su opinión, existen muchos tópicos que interfieren en el diagnóstico y abordaje del TDAH, y falta comprensión en el entorno escolar. Contra esto, Orjales recomienda traducir los protocolos específicos en acciones concretas y ahondar no solo en la detección precoz, sino en la intervención psicoeducativa posterior.

¿Cuál es la situación actual del TDAH en España?

El TDAH es el trastorno más popularmente desconocido. Todo el mundo habla de niños hiperactivos, pero hay muy poca gente que realmente sepa cómo es un niño con TDAH. 

Todavía existen muchísimos tópicos que interfieren en las medidas que se toman, sobre todo en el ámbito educativo. El problema no solo concierne a los síntomas que tiene el niño en el aula –que se podrían resumir en que se comporta como si tuviera dos o tres años menos que el resto por su inmadurez, aunque pueda tener altas capacidades intelectuales–, sino a la falta de comprensión en el entorno escolar, porque existen muchos docentes que están erróneamente convencidos de que el diagnóstico del TDAH se puede basar solo en lo que ellos ven en el aula y las medidas educativas que toman se basan en sus hipótesis. Así ocurre que hay niños con TDAH que no tienen un perfil exagerado de hiperactividad o que tienen muy buena capacidad intelectual y compensan algunos ámbitos, y que por ello son malentendidos por los profesores.

 



No obstante, la primera voz de alarma ante un posible caso de TDAH suele darse en el colegio, ¿no es así?

Sí. La impresión popular es, incluso, que hay un sobrediagnóstico de TDAH, que ahora todos los niños son hiperactivos, al igual que en otra época todos eran disléxicos. El problema es que el TDAH es muy difícil de diagnosticar: requiere que puedas comprobar que los síntomas de desatención, hiperactividad, impulsividad, etc., que evolutivamente tienen todos los niños, son más crónicos en este caso y no van a mejorar si no se hace una intervención específica. Y eso requiere tiempo.

¿Por eso se retrasa el diagnóstico y el tratamiento?

Suelo insistir en que la intervención psicoeducativa debe comenzar antes de que se cierre el diagnóstico, cuando los síntomas empiezan a generar problemas y se ve claramente que las medidas educativas normales, escolares y familiares, no dan resultado. Si la intervención se inicia y realmente el niño tiene TDAH, tendrá un cuadro más moderado; y si había otros condicionantes, el niño se estabilizará y el diagnóstico o el descarte del TDAH llegarán antes.

En ocasiones se cuestionan los diagnósticos de TDAH, ¿por qué?

Porque los síntomas que presenta un niño con TDAH son comunes a todos los niños, responden a una inmadurez de las funciones asociadas al lóbulo frontal, que maduran con el tiempo. El problema de los niños con TDAH es que tienen un retardo en la maduración. 

Lo que pasa es que también son funciones que se educan: la impulsividad se puede reducir, la atención mejora… Los profesores pueden tener dificultades para discriminar si el problema que tiene el niño se puede arreglar con medidas educativas generales, con medidas educativas específicas o con un entrenamiento muy costoso. Pueden pensar que es algo que depende de la voluntad del niño o que requiere más disciplina por su parte.

En este sentido, es importante que los profesores entiendan que ellos son un puntal incuestionable en el diagnóstico porque necesitamos información lo más pormenorizada posible sobre las dificultades que tiene el niño en el aula, pero luego necesitamos mucha más información para poder confirmar sus hipótesis de diagnóstico.

¿Cómo se coordina la intervención educativa con el ámbito familiar y sanitario?

Todavía estamos muy en pañales. Están apareciendo protocolos conjuntos de Sanidad y Educación que son importantísimos, se tienen que ir traduciendo en acciones concretas, pero todavía están más ligados a la primera fase, la detección y el diagnóstico, que a la intervención psicoeducativa posterior. Indudablemente, tiene que haber una conexión muy importante: el médico no puede ajustar la medicación sin la información del impacto que tiene la medicación; y el centro educativo no puede hacer que el niño sea más eficaz a través de programas de intervención y de entrenamiento cognitivo si no está apoyado por un tratamiento farmacológico adecuado.

FUENTE:

domingo, 16 de noviembre de 2014

ISABEL ORJALES: padres y educadores ante el TDAH


Isabel Orjales, doctora en Pedagogía y profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación en la UNED

"Al trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) no pueden enfrentarse padres o educadores solos".

"La intervención educativa debe hacerse con el niño de riesgo, sin esperar a que se confirme el diagnóstico".

"Los padres representan la gasolina y el apoyo técnico que un motor, como el niño con TDAH, necesita".

"Hay niños que prefieren refugiarse en el papel de "vagos" que seguir intentándolo y fracasar".

"Lo primero que debe hacer el tutor es ajustar la exigencia a las posibilidades de respuesta del niño".

"En nuestras manos está que uno de los trastornos más simples de la psicopatología infantil se convierta en un grave trastorno que afecte de forma dramática a la persona".

"Un niño con TDAH diagnosticado de forma temprana, bien tratado y con colaboración de la familia y la escuela, puede tener un buen rendimiento académico y convertirse en un adulto bien adaptado y experimentar el éxito profesional".



Por MARTA VÁZQUEZ-REINA 25 de febrero de 2009

"Son niños más inmaduros, despistados, olvidadizos, caóticos y desorganizados. Unos son hiperactivos, otros desesperadamente lentos. También son niños entusiastas, cariñosos, familiares, divertidos, espontáneos, transparentes, sin malicia y muy nobles. Son niños por los que merece la pena luchar". 
Ésta es la descripción que Isabel Orjales, doctora en Pedagogía, atribuye a los niños que padecen déficit de atención con hiperactividad. Más conocido como TDAH, este trastorno afecta entre un 3% y un 6% de los niños en edad escolar de nuestro país, aproximadamente un niño por aula.

Isabel Orjales, profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Facultad de Psicología de la UNED, es autora y colaboradora de numerosas obras relacionadas con el TDAH y sus consecuencias en el rendimiento académico de quienes lo sufren, hecho que le sitúa en una excelente posición para ofrecer una detallada fotografía de cómo se vive este trastorno en el ámbito educativo. Su conclusión es clara: "si no reciben la ayuda apropiada, el riesgo de que estos niños no terminen la Educación Secundaria es muy alto".

En los últimos años se habla del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en los niños con mucha más frecuencia que antes, ¿responde esto a un aumento en la tasa de afectados?

Hay que tener en cuenta que hace 20 años el TDAH era un trastorno prácticamente desconocido en nuestro país y los niños afectados no se diagnosticaban como se hace ahora, por lo que puede existir una falsa impresión de que los niños se han vuelto "hiperactivos" de pronto, cuando lo que realmente ha aumentado es el número de profesionales formados en la detección y el posterior diagnóstico de niños que antes crecían con el calificativo de torpes, tontos, vagos, maleducados o problemáticos; niños que no recibían ayuda y familias que sufrían con ellos. Aun así, todavía en España son pocos los niños que han tenido la suerte de dar un equipo de profesionales bien formados que haya podido valorar si padece este trastorno.

¿A partir de qué edad se puede hacer un diagnóstico de TDAH en un niño?

Muchos niños de 3 y 4 años de edad pueden mostrar síntomas de hiperactividad e impulsividad con una intensidad superior a la de los niños de su misma edad (los síntomas de desatención son más evidentes a partir de los 6 años). Pero ese no es criterio suficiente para diagnosticar TDAH, dado que hay otros muchos motivos por los que un niño puede mostrar, puntualmente, estos síntomas. A estas edades se debe hacer una evaluación del niño y proponer programas de intervención para los padres. El diagnóstico a los 2-3 años es, en la mayoría de los casos, el de "niño de riesgo de TDAH".

¿Se debe intervenir desde el punto de vista educativo en esa situación de riesgo?

Por supuesto, la intervención educativa debe hacerse con el niño de riesgo, sin esperar a que se confirme el diagnóstico. Los padres que tienen claro que su hijo es más movido, disperso, inmaduro y difícil de educar que los niños de su edad deben recibir ayuda inmediata de un profesional de la psicología o la educación que les entrene en control de conducta y que realice el seguimiento preciso hasta recabar la información necesaria para determinar si se trata de un niño con TDAH, un niño con otro trastorno o con ambos. El diagnóstico es un proceso complejo que debe realizarse por un equipo de profesionales de distintos ámbitos como la medicina, la psicología y la educación.

¿Cuáles son los principales signos a los que deben prestar atención los educadores y los padres para detectarlo?

En menores de 6 años, los padres y educadores deben estar alerta ante niños o niñas que se muestran habitualmente y de forma clara inteligentes pero más inmaduros, movidos, impulsivos, atolondrados, menos conscientes del peligro, con más problemas de autocontrol que los niños de su mismo sexo y edad. Pero también tienen que estar alerta ante aquellos otros niños y niñas, también inteligentes e inmaduros, pero que parecen más bien hipoactivos, lentos para comer, vestirse, responder, dispersos y con dificultades para prestar atención como los demás, siendo inteligentes, para aprender a su ritmo. Ninguno de estos síntomas constituye, por sí solo, un diagnóstico de TDAH, pero alerta de que el niño y su familia deben recibir orientación educativa y un seguimiento más cercano para valorar su evolución y poder llegar a un diagnóstico certero.
Por otra parte, en los niños mayores se debe observar si tienen problemas de rendimiento escolar, si su rendimiento es inferior al esperado dada su capacidad o de acuerdo al tiempo que dedican. Asimismo, hay que valorar si el niño es más impulsivo, desorganizado, olvidadizo y despistado que otros niños de su misma edad.

¿Qué pasos recomendaría dar a las familias que detectan estos síntomas? ¿dónde deben acudir en primer lugar?

Los padres que, tras informarse de forma adecuada, consideran que su hijo podría tener rasgos que se acercan a los de los niños con TDAH deben acudir a un profesional bien formado en TDAH que pueda hacer una valoración de esos síntomas. Asimismo, las asociaciones de padres de niños con TDAH pueden consultar todas las dudas en la web de la Federación Española de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad, donde puede encontrar información y apoyo. Es importante que los padres conozcan que el TDAH no es un trastorno que se solucione en un año, sino que tienen por delante una carrera de fondo. Por ello, no pueden fundir todo su tiempo, energía, motivación y recursos económicos en los dos primeros años y, agotados, tirar la toalla, después. Deben tomarse las cosas con serenidad y velar por su salud física y mental, cuidarse mucho como personas y como pareja. Tan importante es el tratamiento del niño como que los padres tomen conciencia de la necesidad de velar por ellos mismos. Los padres representan la gasolina y el apoyo técnico que un motor, como el niño con TDAH, necesita.

¿Qué dificultades de aprendizaje suele presentar un niño con TDAH?

No reflejar en los exámenes lo que se sabe por responder de forma incompleta y con expresión desorganizada, no tener en cuenta datos de los enunciados matemáticos, cometer errores de cálculo, olvidar lo aprendido, ser desordenados en la presentación de los trabajos, olvidar llevar material o entregar tareas que han realizado, estudiar de forma superficial y estar convencidos de saberse la materia o tener problemas para distinguir la información relevante de la complementaria durante el estudio. Pero también se dan muchos casos de niños con TDAH que tienen, además, otros diagnósticos asociados, como trastornos de la lectura, escritura o cálculo, disgrafía o dificultades perceptivo-motoras importantes.

Una vez tratado el TDAH, ¿se pueden obtener buenos resultados en clase?

El rendimiento no depende únicamente del tratamiento recibido por el niño (medicación de apoyo junto con tratamiento cognitivo-comportamental), también depende de la exigencia del curso académico en el que se encuentre, del apoyo que recibe y de la confianza del niño en sus propias posibilidades. Por lo tanto, un niño con TDAH diagnosticado de forma temprana, bien tratado y con colaboración de la familia y la escuela, puede tener un buen rendimiento académico y convertirse en un adulto bien adaptado y experimentar el éxito profesional.

Y en el caso contrario, ¿qué puede ocurrir si no se trata?

Si no recibe la ayuda apropiada, el niño con TDAH que inicialmente es entusiasta, positivo y que disfruta aprendiendo puede desesperarse al no ver nunca el fruto de su esfuerzo y coleccionar experiencias de fracaso y sentirse incomprendido por sus compañeros y profesores. Estos niños acaban desarrollando muy poca tolerancia al esfuerzo y al fracaso, prefieren refugiarse en el papel de "vagos" que seguir intentándolo, fracasar y sentirse tontos. La mayoría de estos niños tienen baja autoestima, irritabilidad e incluso síntomas de depresión que permanecen ocultos tras una máscara de apatía, dejadez, e incluso, conducta oposicionista y desafiante. El riesgo de que estos niños no terminen Educación Secundaria, desarrollen cuadros severos de problemas de conducta o inicien conductas conflictivas es muy alto.

¿Cuál es la actitud del profesor ante el TDAH?

En el ámbito docente hace falta todavía mucha información y formación sobre este trastorno. El niño con TDAH desconcierta, porque parece listo pero muestra reacciones tan inmaduras que al profesor le resulta difícil creer que no se trate de descaro, holgazanería o falta de límites educativos. Para los profesores de niños de más de 12 años que sufren TDAH, es muy difícil. A esta edad el niño, frustrado y desmotivado, comienza a tirar la toalla y no quiere enfrentarse a aquello que sistemáticamente le lleva al fracaso. Los profesores los identifican como niños que no quieren trabajar, y es totalmente cierto, pero muchos de ellos creen que este es un rasgo de personalidad que hay que combatir con exigencia, olvidando que es una actitud aprendida y secundaria debida a dificultades específicas de base biológica y a una importante historia de fracaso personal.

¿Cómo reacciona el docente?

Ante este panorama cada vez encontramos más profesores sensibilizados que se han formado en el TDAH, que colaboran con la familia y piden recursos a la escuela. Pero todavía hay muchos docentes convencidos de que sólo se trata de un intento de los padres de justificar el mal funcionamiento de un chico que es un vago y maleducado. Piensan que lo mejor que pueden hacer por estos chicos es exigirles con firmeza y no pasarles ni una. Se trata, la mayoría de las veces, de buenos profesionales, muy capaces, por ejemplo, de sacar adelante a un chico con una discapacidad intelectual, pero que enfocan mal el problema del niño con TDAH porque no consideran que sea diferente de los otros chicos y le exigen de igual manera.

¿Cuáles son las principales estrategias educativas que puede adoptar un docente con un alumno diagnosticado de TDAH?

Lo primero que debe hacer el tutor es ajustar la exigencia a las posibilidades de respuesta del niño y exigirle cada vez un poco más. Al principio puede utilizar algunas estrategias como fragmentar la tarea que debe hacer ("haz dos de los seis ejercicios y me lo enseñas". ¡Genial, ahora dos más!"), permitirle levantarse más frecuentemente para hacer recados o repartir material, supervisar si subraya el libro o anota los deberes, darle más oportunidades ante los olvidos, más tiempo para terminar los exámenes, obligarle a repasarlos antes de entregarlos o, incluso, examinarle de forma oral mientras en casa practica cómo se hacen los exámenes de desarrollo.

¿Cómo debe ser el entendimiento entre las dos partes: educadores y padres?

Al TDAH no pueden enfrentarse los padres solos o los educadores solos. Es necesario un entendimiento común, arrimar el hombro conjuntamente y coordinarse en el esfuerzo. Ambas partes deben desterrar los tópicos: los profesores, aquél que sitúa el problema en la mala educación de los padres; y los padres, aquél que convierte al profesor en la fuente de la mala fe y cuyo cambio de actitud sería la solución de todos los problemas de su hijo. Ninguna de estas posturas ayuda al niño con TDAH. Los padres deben centrarse en solucionar los problemas en casa y los profesores en mejorar la situación del niño en el colegio, no pasar el problema a los padres como si estos debieran tener la respuesta de los problemas de su hijo en el aula.

Usted como docente, ¿qué recomendaría a los profesores?

Los profesores somos profesionales y, como tales, debemos formarnos para hacer frente a los problemas del aula. Debemos creer en los niños, ayudarles a aprender, a mantener las conductas positivas y a reducir las negativas, a crecer y a sentirse bien consigo mismos. Cuando hablamos con los padres debemos, primero, hacerles sentir que nos gusta su hijo y que le conocemos bien; mostrarles todas las medidas que hemos tomado para ayudarle; comunicarles los cambios positivos y exponerles nuestra preocupación por los aspectos que no hemos podido cambiar para, sólo después de todo ello, pedirles que acudan a un profesional si necesitamos nueva orientación y ayuda.

Y a los padres, ¿cómo pueden colaborar desde casa?

En primer lugar, los padres deben tener información sobre qué es el TDAH y, puesto que no hay dos niños iguales, en qué medida y forma afecta a su hijo en concreto. Los padres deben aceptar que la evolución de su hijo con TDAH exige más ayuda, ánimo, constancia, refuerzo y apoyo que la de sus otros hijos. No pueden educar en la distancia, deberán estar muy presentes en su educación, estar abiertos a la colaboración con los especialistas y ser constantes en su dedicación y apoyo. Estos padres deben, además, formarse como educadores, puesto que para ellos no vale improvisar, ni tener las habilidades educativas de un "padre medio". Necesitan un punto de "profesionalización", por ejemplo, en manejo de la conducta.

Las causas del TDAH

Según Isabel Orjales, la etiología del TDAH es muy variada, "se podría decir que cualquier cosa que pueda afectar sutilmente a la bioquímica del lóbulo frontal del cerebro puede dar lugar a que el niño manifieste TDAH". De este modo, puede ser más frecuente que este trastorno aparezca en "niños prematuros, bebés con partos difíciles o niños con problemas crónicos de corazón, entre otros". Sin embargo, Orjales recalca asimismo que la mayoría de los casos de TDAH "tienen un origen genético, lo que explica que sea más frecuente entre hermanos o miembros de una misma familia".

Respecto a si hay alguna causa de tipo emocional o educativa en la aparición del TDAH, Isabel Orjales es contundente: "Está claro que el TDAH no se produce por un problema emocional ni por la mala educación recibida, aunque, sin duda, todo ello contribuye a su empeoramiento. Hay que considerar que los niños con TDAH son más difíciles de educar y muchos padres no saben cómo hacerlo y cometen errores, a veces importantes, pero éste no es el origen de su problema, es más bien una consecuencia". "En nuestras manos está que uno de los trastornos más simples de la psicopatología infantil se convierta en un grave trastorno que afecte de forma dramática a la persona", concluye Orjales.

FUENTE:

miércoles, 13 de febrero de 2013

ADOLESCENTES CON TDAH



Entrevista realizada a la Dra. Marina Magaña Hernández:
Pediatra y maestra. Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad del País Vasco (1972-78); Especialista en Pediatría (MIR) 1985; Profesora de Enseñanza Primaria por la Escuela de Magisterio de Valladolid (1965); Acreditación en Medicina  de Adolescentes por la Asociación Española de Pediatría; Facultativo especialista en el Hospital Ntra. Señora de Gracia de Zaragoza (Coordinadora de la Unidad de Salud para Jóvenes). Facultativo Especialista de Área y Coordinadora de la Unidad de Medicina del Adolescente del Hospital Infantil Universitario Miguel Servet. Zaragoza.


“Las características adaptativas propias de los años de pubertad y adolescencia se exacerban en los pacientes TDAH”
"Los adolescentes con TDAH suelen presentar grandes dificultades en todas las áreas que requieren más concentración, por lo que necesitan mayor supervisión y fragmentación de las tareas"
Es durante la adolescencia cuando el trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y otros trastornos específicos del aprendizaje no diagnosticados a tiempo o inadecuadamente tratados en los años de Enseñanza Primaria, así como su comorbilidad psico-social, son motivo primordial de consulta médica, especialmente porque derivan en el mal llamado fracaso escolar. La Dra. Marina Magaña revisa en esta entrevista algunos de los avances y retos pendientes en el abordaje del TDAH en los adolescentes.
El TDAH ha generado en los últimos años una importante repercusión en los medios de comunicación, provocando debates acerca de un posible sobrediagnóstico y sobretratamiento. ¿Cuál es su opinión sobre este tema?
A día de hoy no conozco ninguna publicación nacional ni internacional científicamente comprobada, cuyas conclusiones apoyen la posible existencia de un sobrediagnóstico y/o sobretratamiento de esta dolencia. Sí he leído artículos de opinión que lo apuntan, siempre divulgativos y publicados puntualmente en distintos medios de comunicación, así como en alguna revista médica, siempre de forma aislada y sin base científica expresa.
La información médica sobre el TDAH ha ido evolucionando a lo largo de la 2ª mitad del siglo XX, en función de los cambios sociales, familiares y escolares y de la necesidad de implantación de prevención primaria y secundaria en el contexto de Salud Integral (bio-psico-social). En las últimas décadas se ha acrecentado el número de diagnósticos de TDAH y su abordaje  multidisciplinar; es muy probable que en dicho aumento haya tenido relación, al menos en España, con la mejor valoración político-social de la educación y la implantación de la enseñanza obligatoria hasta los 16 años, junto con la prohibición legal de entrar en el mundo laboral antes de haber superado dicho tramo de edad.
Confirmar un diagnóstico de TDAH no existiendo ninguna prueba médica específica para ello ha provocado el debate profesional y socio-mediático, al que no han sido ajenos intereses desde diversos sectores, no siempre orientados a alcanzar como objetivo final la salud integral y el bienestar del menor afectado y de su entorno.
La evidencia indica que el TDAH presenta una heredabilidad del 80%. ¿En su práctica clínica particular ha confirmado este hecho?
Ciertamente todos los estudios publicados al respecto a destacar, entre otros los de los psiquiatras Joseph Biederman y RusselA. Barkley, concluyen que la principal causa de TDAH es genética, hasta en un 80%. En mi ya larga experiencia como maestra y pediatra acreditada en Medicina de la Adolescencia, destacaría que en la recogida de datos familiares de las historias clínicas de mis numerosos pacientes con TDAH he encontrado más del 90% de heredabilidad al investigar en familiares de primero y segundo grado, cuyo desarrollo evolutivo característico se ha confirmado a nivel práctico en los controles y seguimiento. Dichos familiares muestran anomalías cognitivas y neurológicas cualitativamente semejantes a las de los menores con el mismo problema, siendo muy pedagógico conocer su evolución psico-social. La conclusión de todos los estudios es que la etiología del TDAH es biológica y no social.
¿Cree que en la práctica podría ser útil poner en marcha planes de prevención del TDAH en familias de riesgo?
Las medidas de prevención más efectivas son la realización de un temprano y correcto diagnóstico (escuela<>pediatra), la información y coordinación familia-médico-escuela utilizando todos los medios posibles, la aplicación de técnicas de mejora de la autoestima del niño y adolescente con el objetivo de ayudarle a comprender que su problema es mejorable y que no debe asumir culpabilidad, y la práctica programada de ejercicio físico diario.
Desde sus primeras descripciones el TDAH se ha asociado siempre a un trastorno neurobiológico propio de la infancia y de la adolescencia a partir del descubrimiento de sus síntomas característicos. ¿Cuál es el sustrato neurobiológico de esta enfermedad?
Desde las primeras investigaciones (Kornetsky, 1970) al respecto ya se implicó a los sistemas de neurotransmisión catecolaminérgicos en la fisiopatología del TDAH. Sabemos que la dopamina y la noradrenalina son parte activa de numerosos procesos cognitivos (atención, alerta, función ejecutiva), que en los pacientes que sufren esta enfermedad están alterados, mostrando claros déficits. Además, las hipótesis sobre la etiología del TDAH abarcan diversos campos, entre otros, la genética conductual, la genética molecular, los factores biológicos adquiridos, la neuroanatomía, la neuroquímica, la neurofisiología y la neuropsicología, sin olvidar la contribución del entorno psicosocial. Tengo el convencimiento de que nos queda mucho por aprender y en ello estamos.
¿Qué peculiaridades clínicas tiene el TDAH en la adolescencia? ¿Cuál es su repercusión o impacto en la vida familiar, escolar y social?
Las características adaptativas propias de los años de pubertad y adolescencia se exacerban en los pacientes TDAH, sobre todo cuando no han sido diagnosticados con anterioridad. Tienen dificultades para planificar y organizarse, con persistencia del déficit de atención en las etapas que precisan mayor capacidad de abstracción en las materias escolares. Aunque en estas edades se reduce la inquietud motora, se suelen asociar otros problemas, en mayor o menor grado, porque los malos resultados escolares y la baja  autoestima en aumento progresivo, junto a la impulsividad e intensa emocionalidad, pueden provocar trastornos comórbidos: negativismo desafiante, trastornos de conducta y comportamiento, trastornos de ansiedad, crisis de agresividad y consumos de drogas, con resultado de alto riesgo social y hasta intentos de suicidio en algunos casos por culpabilizarse de su fracaso personal, escolar y social.
En el TDAH en adolescentes, aparte de la exploración neuropsicológica, ¿qué pruebas o procedimientos se utilizan actualmente para su diagnóstico?
En la primera entrevista, es necesario realizar: 
  1. Historia de salud integral muy detallada de infancia y adolescencia; 
  2. Entrevista con los padres para valorar antecedentes bio-psico-sociales y funcionamiento familiar y social;
  3. Entrevista a solas con el adolescente observando lenguaje no verbal y evaluando funcionamiento psico-social; 
  4. Solicitar informe escrito profesional de funcionamiento escolar; 
  5. Utilizar cuestionarios (DSM-IV, Conners, CBLS, SDQ-T) en padres y profesores. 
Pero el diagnóstico no se basa exclusivamente en los cuestionarios, y tampoco debemos olvidar que no existe ninguna prueba específica para el TDAH. La valoración diagnóstica requiere experiencia, pericia, paciencia y tiempo.
La principal peculiaridad de un primer diagnóstico de TDAH en la adolescencia es que el motivo de consulta siempre es por fracaso escolar, trastornos comórbidos y/o impotencia familiar para enfrentar estos problemas.


¿Cuáles son las principales consecuencias del TDAH no tratado en la población adolescente?
En distintos grados y en función del desarrollo evolutivo, la escuela llega a ser el lugar de máxima dificultad social para los adolescentes con TDAH: no pueden centrar la atención, arrastran un bajo nivel curricular, se aburren, presentan problemas conductuales y abandonan los estudios. Expresan un alto grado de sufrimiento y soledad, con agresividad manifiesta.
Como consecuencia, y según diversos estudios, más del 25% están en riesgo de caer en depresión secundaria en plena crisis adolescente. Las conductas agresivas y antisociales, el abuso de sustancias, accidentes, problemas emocionales y de desintegración social van apareciendo progresivamente. Se niegan a recibir tratamientos médicos y buscan vínculos afectivos que encuentran en compañeros inapropiados. Muchos de ellos pasarán a formar parte del grupo social con alto riesgo de experimentar conductas sexuales precoces, consumos y dependencias negativas.
En adolescentes con TDAH se ha descrito en muchos casos la existencia de un bajo rendimiento en tareas verbales que implican memoria de trabajo (procesamiento de información verbal). ¿Es esto cierto? ¿Qué otras áreas se afectan con mayor frecuencia?
Cuando predomina el déficit de atención, los adolescentes no son capaces de escuchar, ni de procesar, ni de entender el significado de las explicaciones escolares, y es lo más fácil para el adulto atribuirlo a un déficit de memoria de trabajo o a falta de motivación para el trabajo escolar; pero es obvio que si no han escuchado ni procesado ni entendido, es imposible recordar ni sintetizar. A ello se suma el retraso de nivel curricular acumulado. Los estudios no son concluyentes al respecto.
En algunos casos, en pacientes con TDAH se observa además un trastorno específico del aprendizaje lecto-escritor que complica mucho más el avance escolar y que será preciso investigar si es comórbido o no. Aunque parezca paradójico, presentan mayor lentitud en la realización de actividades que requieren concentración y abstracción (exámenes escritos), y es un hecho que en algunos países se les concede más tiempo para su realización; en los exámenes orales, el tener cierto grado de inmadurez respecto a sus iguales en edad, junto a la impulsividad, supone que precisen técnicas para aprender a pensar antes de contestar.
En general, suelen presentar grandes dificultades en todas las áreas que requieren más  concentración, por lo que necesitan mayor supervisión y fragmentación de las tareas.
La comorbilidad del TDAH se ha descrito que es muy elevada, ¿qué enfermedades asociadas se tienen en cuenta en el momento del diagnóstico y a lo largo del seguimiento de estos pacientes?
Son trastornos comórbidos que pueden aparecer progresivamente en adolescentes el trastorno negativista desafiante y el trastorno disocial, el trastorno depresivo, el uso de sustancias, la dependencia de tecnologías de la información y la comunicación, el trastorno de ansiedad, el desorden obsesivo-compulsivo o el trastorno del aprendizaje.
¿Y cuáles suelen ser las principales complicaciones del trastorno por déficit de atención-hiperactividad?
Su evolución personal en la primera juventud dependerá de la madurez adquirida para la integración familiar, social y laboral. El objetivo último en salud es erradicar el riesgo de complicaciones: baja autoestima, habilidades sociales deficientes, trastorno negativista-desafiante, trastorno del estado de ánimo, las conductas provocadoras y perturbadoras, la conducta antisocial, la exclusión del grupo, el abuso de sustancias, el abuso y la dependencia de TIC’s (tecnologías de la información y la comunicación), la ludopatía, el sedentarismo, la falta de motivación para cualquier actividad vital, la perturbación socio-familliar, el descontrol de los impulsos,…
Los más de 350 estudios controlados con placebo, realizados con adecuada metodología, revelan una eficacia de los fármacos estimulantes entorno al 75-80% en los niños con TDAH; además, hasta el 90% responderá a un segundo estimulante, cuando el primero haya sido ineficaz. ¿Significa esto que el tratamiento del TDAH está actualmente cubierto? ¿Qué factores influyen en una mayor respuesta al tratamiento en la adolescencia?
Si el diagnóstico es correcto, el tratamiento con fármacos estimulantes, como el metilfenidato, siempre con un enfoque individualizado, es muy efectivo en más del 80%, tanto para el progreso escolar y mejor integración socio-familiar como para disminuir o evitar la sintomatología comórbida, siendo condición “sine qua non” que la familia, la escuela y el seguimiento médico continuado sean efectivos y eficientes.
La situación ideal sería aquella en que el diagnóstico, tratamiento y control evolutivo estuviera a cargo del pediatra extrahospitalario, que debe derivar siempre que lo crea conveniente al médico de adolescentes, neurólogo o a la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil, si los estudios específicos o los síntomas comórbidos lo requieren.

jueves, 24 de enero de 2013

PERDERLE EL MIEDO A LA HIPERACTIVIDAD


La incidencia del trastorno permanece estable alrededor del 5% de niños.
Si se diagnostica más, dicen los expertos, es porque el TDAH se conoce mejor.
Perderle el miedo al psiquiatra y a la medicación podría ayudar a muchos niños.


María Valerio | Elmundo.es Madrid
22/01/2013
Ya en 1908, el catalán Augusto Vidal Perera describió en su 'Compendio de Psiquiatría Infantil' el comportamiento de los niños "revoltosos, que mariposean"; que hoy en día serían diagnosticados como hiperactivos. A pesar de ser un viejo conocido de los especialistas, no ha sido hasta las últimas décadas cuando este trastorno ha alcanzado "dimensiones epidémicas". Las comillas corresponden al último número de la revista 'JAMA Pediatrics', en el que se repasa la incidencia de este trastorno en la última década.
Las cifras que publica la revista llevan la firma de la Fundación Kaiser Permanente, con sede en California (EEUU), cuyos investigadores han analizado el historial médico de más de 842.000 niños de cinco a 11 años, tratados en este centro entre los años 2001 y 2009.
Según los autores, encabezados por Darios Getahun, el 4,9% de los menores de esta muestra padecía trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH); una cifra que se corresponde con las estadísticas que se manejan en nuestro país desde hace años. "La prevalencia de TDAH en edad infantil en España ronda el 5%-7%, un porcentaje que está dentro de la media mundial y que se mantiene estable desde hace décadas", apunta la psiquiatra Inmaculada Escamillas, de la Clínica Universidad de Navarra.
Aunque los autores estadounidenses observan un repunte de la incidencia en la última década (los nuevos diagnósticos pasaron de 2,5% en 2001 a 3,1% en 2010), la doctora Escamillas señala que este 'aumento' tiene más que ver con un mejor conocimiento de la patología que con un verdadero incremento de la incidencia. Una idea en la que coincide su colega Josep Cornellá, presidente de la Sociedad de Psiquiatría Infantil de la Asociación Española de Psiquiatría. "La hiperactividad ha existido siempre. El propio Ramón y Cajal ya hablaba de que la suya fue una infancia sin concentración. Si ahora se diagnostica más es porque se conoce más", apunta.


'Sí hay más demanda'
Lo que sí puede existir, admite el profesor Getahun en declaraciones a ELMUNDO.es, es una sobreestimación de casos por parte de padres y profesores; por lo que destaca la solidez de su análisis basado en historias clínicas. "Sí es cierto que puede haber mucha demanda, pero el TDAH no se diagnostica sólo en 15 minutos, ni basta con la impresión parcial del profesor", apunta en la misma línea la doctora María Dolores Domínguez, psiquiatra del Complejo Hospitalario de Santiago de Compostela.
En este sentido, Getahun coincide con sus colegas españoles en la importancia del diagnóstico precoz y de "iniciar cuanto antes el tratamiento para darles a estos niños mayores oportunidades para funcionar en el colegio y en su entorno social".
El psiquiatra español Luis Rojas Marcos, que fue un niño hiperactivo como ha contado en numerosas ocasiones, incide en la misma cuestión en declaraciones a este periódico: "En mi opinión, el reto actual son los niños no diagnosticados. En demasiados casos, ni los familiares, ni sus educadores reconocen el problema. Por lo que se espera que sin ayuda, aprendan y se comporten con normalidad, pese a la incontrolable distracción y actividad física que los domina", advierte.


Sin miedo a la medicación
Todos los especialistas coinciden en que ayudaría mucho a esta tarea perderle el miedo al psiquiatra y, sobre todo a los psicofármacos, que tan mala prensa acarrean. "A menudo, las familias van dando vueltas, pasando de una terapia a otra, como un modo de evitar ir al psiquiatra", señala la doctora Escamilla. Y todo ese retraso aumenta el sufrimiento en los niños, el gasto ("muchas de estas terapias alternativas son costosas") y el estrés en la familia.
La doctora Domínguez coincide con todos sus colegas en que la medicación es la primera opción en el 80% de estos pequeños y también insiste en desmitificar la mala imagen que arrastran estos fármacos. "Igual que nos medicamos cuando nos duelen las muelas, los fármacos alivian los síntomas del TDAH y mejoran la atención; ni atontan a nadie ni cambian la personalidad", apunta el doctor Cornellá.


Todas las clases, todas las razas
En el trabajo de JAMA se observa un aumento de los casos entre los niños varones, de raza blanca y procedentes de familias de clase media-alta; un perfil que contrasta con los datos que se manejaban hasta ahora y que apuntaban sobre todo a los niños de familias desfavorecidas.
El doctor Getahun considera que este fenómeno puede deberse a un esfuerzo por parte de estas familias acomodadas en buscar ayuda para niños que no están cumpliendo las expectativas en el colegio. "Es cierto que la familia con más recursos consulta antes", señala Cornellá, aunque como apunta su colega de la Clínica de Navarra, la clase social no es ningún factor de riesgo en un trastorno con una base genética cada vez mejor conocida.
También el aumento de TDAH entre niñas de raza negra observado en JAMA puede tener una explicación social, como apunta el doctor Rojas Marcos: "En los últimos años ha aumentado la concienciación sobre el trastorno en niñas; que antes no eran evaluadas. En ellas, el trastorno pasa desapercibido frecuentemente porque se manifiesta sobre todo en distracción y no con otros síntomas más llamativos de hiperactividad", explica el psiquiatra, afincado desde hace años en Nueva York.
En cualquier caso, "es importante evitar las etiquetas y no asociar TDAH con fracaso", resume el doctor Cornellá. "Se trata de ayudar al niño sin angustiar"; y sobre la delgada línea que puede separar a un niño inquieto y revoltoso de un auténtico caso de trastorno de hiperactividad, el psiquiatra español elige una cita del escritor José Saramago: "Un problema es un problema cuando causa problemas".
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jueves, 8 de marzo de 2012

¿HIPERACTIVO O EL MÁS PEQUEÑO DE LA CLASE?

María Valerio | Madrid. 06/03/2012
Comparten curso y pupitre, pero entre un niño nacido en enero y otro de diciembre existe casi un año entero de diferencia. Y, según un amplísimo estudio canadiense, esta brecha en el calendario puede tener importantes consecuencias entre los seis y los 12 años: los pequeños de la clase son a menudo sobrediagnosticados como hiperactivos.
La relación entre la época del año en la que se nace y distintas patologías de la mente (desde la esquizofrenia al autismo) ha sido ampliamente abordada por la ciencia; aunque en el caso del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no existen evidencias claras.
Ahora, investigadores de la universidad canadiense de British Columbia han utilizado una muestra de casi un millón de niños de seis a 12 años para ver cómo afecta la cuestión. Sus conclusiones son una importante llamada de atención a padres, profesores y especialistas.
Entre 1997 y 2008, los niños nacidos en diciembre tenían un 39% más de posibilidades de ser diagnosticados con TDAH que sus compañeros de enero. Un sobrediagnóstico que se tradujo en un 48% más de uso de fármacos para tratar esta hiperactividad.
"Es un estudio muy importante, con conclusiones totalmente lógicas que alguna vez hemos comentado entre compañeros", señala la doctora Lola Mojarro, presidenta del comité científico de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (AEPNYA). Aunque añade que este fenómeno es difícil que ocurra en España, "porque aquí se diagnostica menos y mejor, no únicamente en base a cuestionarios". Una idea en la que coincide José Antonio Ramos Quiroga, director del programa de TDAH del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, "la maduración del niño es algo que todo clínico valora y tiene en cuenta".

EVIDENTE A LOS CINCO O SEIS AÑOS

Como explica Mojarro, 12 meses suponen una diferencia enorme a los cinco o seis años; "aunque como bien apunta el trabajo, dicha brecha se va equilibrando cuando el menor se acerca a los 11 o 12 años". A su juicio, sería lógico separar a los niños en los primeros cursos; "por un lado los nacidos de enero a junio y, por otro, los de julio a diciembre".
En el estudio, el sobrediagnóstico de diciembre fue incluso más llamativo cuando se desglosaron por separado los datos de niños y niñas. Para ellas, nacer a final de año supuso un 70% más de probabilidades de ser diagnosticadas con este trastorno que las nacidas en enero. Probablemente porque las niñas con TDAH son menos disruptivas, añade la doctora Anna Sans, jefe de la Unidad de Trastornos del Aprendizaje del Servicio de Neurología del Hospital San Joan de Deu de Barcelona, "y como tienen menos problemas de conducta en clase, el trastorno suele pasar más desapercibido".

MEDICACIÓN INNECESARIA

El equipo canadiense, dirigido por Richard Morrow, considera que no existen razones genéticas para explicar este fenómeno y concluye que a menudo la inmadurez de los más pequeños de la clase se confunde erróneamente con hiperactividad (un síndrome que combina impulsividad, falta de concentración, dificultades para estar quietos, impaciencia, desorganización en el estudio...). "Es importante no exponer a los niños a los daños innecesarios que puede suponer un diagnóstico erróneo", alertan.
Y entre esos 'daños colaterales', el uso de fármacos es sólo uno de ellos porque los investigadores advierten también del peligro de 'etiquetar' a un pequeño, tratándole de manera diferente que a sus compañeros y alterando la percepción que puede tener de sí mismo.
Para huir de esos diagnósticos erróneos aconsejan, entre otras cosas, observar al pequeño en otros contextos diferentes de la escuela, en la que su inmadurez respecto a otros niños puede ser más patente. Un adecuado diagnóstico es clave para tratar los problemas de conducta de estos menores y evitar, entre otras cosas, fracaso escolar y secuelas en su edad adulta. "Los casos graves de TDAH se diagnostican fácilmente; pero en los que no son tan acentuados -que son la mayoría- el papel de los profesores es fundamental, porque son los primeros en sospechar que algo no va bien", apunta el doctor Celso Arango, especialista en Psiquiatría Infantil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

EL MITO DEL SOBREDIAGNÓSTICO

El trastorno por déficit de atención (con o sin hiperactividad) afecta a un 5%-10% de los niños en edad escolar (en una proporción de cuatro a uno para los varones). Tienen dificultades para concentrarse, interrumpen constantemente, les cuesta estar quietos y permanecer sentados, se mueven sin parar, se organizan mal en los estudios... Y aunque las causas que dan origen a este trastorno (el más frecuente en la edad escolar) no están del todo claras, cada vez se apunta a un cóctel de factores genéticos y ambientales.
En los últimos años, el número de casos diagnosticados ha crecido significativamente; pese a lo cual, la doctora Anna Sans considera que no existe un sobrediagnóstico como podría pensarse. "Como en todo, puede haber errores, pero siguen siendo más los casos que no se detectan que no al revés", asegura a ELMUNDO.es. De hecho, cita un estudio reciente llevado a cabo en el área metropolitana de Barcelona en el que apenas un 2% de los menores estaba en tratamiento farmacológico para el TDAH; "muy lejos del 5% de casos que se estiman en España". Coincide con ella la doctora Mojarro: "no hay un sobrediagnóstico, porque aquí se trata el tema con más cautela que en EEUU, por ejemplo".
José Antonio Ramos Quiroga, director del programa de TDAH del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona incide en la misma línea: "Este infradiagnóstico es algo que puede sorprender a mucha gente, pero podría estar detrás, por ejemplo, de nuestro elevado fracaso escolar". A su juicio, no se puede descartar que este tipo de trastornos no se estén abordando correctamente en España.
FUENTE:
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/03/05/psiquiatriainfantil/1330955244.html?cid=GNEW970103