TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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viernes, 26 de noviembre de 2021

ALGUNAS RECOMENDACIONES PARA EL TDAH

Los menores con diagnóstico de TDAH tienen dificultades principalmente de atención y funciones ejecutivas que en ocasiones afectan a la regulación emocional y conductual. Compartimos unas pautas para las dificultades de atención, funciones ejecutivas y regulación emocional -conductual que pueden resultar de ayuda a familias y centros educativos con menores diagnosticados de TDAH.

 


Algunas recomendaciones para la atención

Utilizar instrucciones breves y sencillas y asegurar su comprensión. Por ejemplo, pedirle que nos explique qué tiene que hacer en una tarea justo después de contárselo.

Supervisar el inicio y el fin de las tareas y actividades cotidianas de forma habitual, sobre todo en niños/as con baja autonomía.

Crear un entorno libre de distractores, especialmente cuando tiene que hacer una actividad que requiere atención-concentración realizando un control de estímulos.

Dar las tareas de una en una.

Procurar que el compañero de clase sea un modelo de trabajo.

Realizar preguntas de forma frecuente para facilitar el seguimiento de instrucciones verbal.

Simplificar enunciados e instrucciones verbales, eliminando la información no necesaria.

Usar señales visuales que destaquen lo más relevante en la información escrita.

Animarle a repasar las tareas realizadas.

Supervisar que apunta la información importante en tareas demandadas.

Evitar períodos largos de sobre-estimulación atencional (ejemplo: videojuegos).

Establecer un tiempo limitado para la realización de actividades que requieran un esfuerzo mental sostenido para evitar la sobrecarga en el menor.

Algunas recomendaciones para las funciones ejecutivas

Subdividir, en la medida de lo posible, las tareas, actividades o trabajos de larga duración para mejorar la eficacia en la ejecución de las mismas.

Favorecer que el niñ@ tenga acceso a: horarios, normas, asignaturas, tareas pendientes … de forma visual y sencilla para favorecer su organización.

Uso de autoinstrucciones verbales o visuales según el perfil de aprendizaje de aprendizaje del menor para afrontar tareas que requieran un esfuerzo cognitivo o varios pasos para facilitar la consolidación de aprendizajes en todos los contextos que se desenvuelve el menor.

Evitar cambios frecuentes de ubicación asociado a una actividad para facilitar su ejecución y organización.

Asegurar una correcta gestión del tiempo, proponiendo señales de alarma que avisen del fin de una actividad sin extender el tiempo para evitar la percepción del niñ@ de que siempre está realizando tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.

Algunas recomendaciones para regulación emocional y conductual

Anticipar las normas, es decir, lo que está permitido y lo que no, así como las consecuencias que tendrán las diferentes conductas en formato visual y verbal.

En estados emocionales más desbordados permitir al niño realizar una actividad agradable de forma individual para que aprenda a calmarse durante un tiempo máximo de 15 minutos.

Reforzar el estado emocional y conductual cuando éste sea adecuado al contexto, reforzando la existencia de emociones positivas ajustadas.

Identificar las señales de alerta que avisan de un desbordamiento emocional o conductual de forma proactiva para evitar explosiones conductuales.

Usar un diario de emociones para que el niño aprenda a expresar emociones de una forma asertiva.

Anticipar los cambios en la rutina para evitar episodios de desregulación emocional.

Usar guiones sociales con autoinstrucciones verbales o visuales detallando la conducta deseada en situaciones novedosas.

Entrenar en técnicas de relajación infantil para facilitar estrategias de regulación.


El uso de las recomendaciones anteriormente descritas facilita el día a día de los menores con TDAH y por este motivo las compartimos para que sirvan de ayuda a familias y centros educativos con motivo de su día.

Equipo Clínico-Clínica NeuroKiD

FUENTE:

https://www.neurokid.es/es/saber-mas/dia-del-tdah-en-espana/

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Entrevista a Rafael Guerrero. Trasteando en la escuela





TRASTEANDO EN LA ESCUELA.

Hola. Esto que vais a escuchar es el capítulo 17 de "Trasteando en la Escuela" del 8 de diciembre de 2017. Yo soy Marta Ferrero y este es el podcast que acompaña al proyecto "Trasteando en la Escuela".
Nuestro protagonista hoy es doctor en Educación y psicólogo. Se llama Rafael Guerrero y dirige el Centro Darwin Psicólogos. Con él vamos a hablar del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad o TDAH.

Vamos con la entrevista de Trasteando

Queríamos hablar contigo de muchos asuntos,  a ver de cuánto nos da tiempo.

Lo primero cuéntanos un poquito a qué se dedica el centro Darwin.

En nuestro centro lo que hacemos es atender a niños, adolescentes y adultos que van atravesando por un momento difícil de su vida, niños y adolescentes con algún conflicto que puede ser de tipo académico, alguna dificultad de aprendizaje, por ejemplo, o también hay niños que tienen alguna situación de tipo emocional, de tipo social, También hay veces que nos encontramos con dificultades con los padres, sobre todo una vez llegada la adolescencia, que suelen surgir muchos conflictos, y eso es lo que solemos trabajar. Trabajamos con TDAH, también con depresión, ansiedad, situaciones traumáticas,...Intentamos, desde el cariño, la paciencia y el tiempo, acompañar a estas personas que están pasando por un momento delicado de su vida.

Cuéntanos cómo definirías o cómo le explicas a una familia que llega y a la que le tienes que contar el diagnóstico de su hijo como TDAH. Cómo les explicas qué es exactamente.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, que es como lo define el DSM5, que es el manual que clasifica todos los trastornos mentales como los trastornos psiquiátricos. De una manera así muy sencilla, es decir, que el TDAH es un problema de inmadurez mental. Esto quiere decir que el nivel de procesamiento de la información en un cerebro con TDAH es mucho más lento e, incluso, en algunas ocasiones, más deficitaria que si comparamos a ese niño, o a ese adolescente o a ese adulto, también con personas de su misma edad. Lo que nos encontramos en el caso del TDAH es que la capacidad para procesar la información, para pensar, para relacionar ideas, gestionar las emociones, los impulsos, es mucho más lento que si lo comparamos con otros niños o adolescentes de su misma edad. Y todo eso desemboca en lo que todos conocemos del TDAH: mi hijo tiene dificultades para concentrarse, para prestar atención, tiene dificultad para gestionar bien sus emociones, tiene muchos conflictos a nivel social, dificultades también con su memoria operativa, impulsivo, muy hiperactivo, no puede parar quieto… Eso es todo lo que se ve, de forma observable, más externo, eso es lo que podemos ver todos pero, en realidad, la raíz del TDAH es un cerebro que va mucho más lento en su maduración que lo se supone que debería ir.

¿Y es una cosa que se puede corregir o hay que aprender a vivir con ese problema?

El TDAH es un trastorno crónico. Esto quiere decir pues que el TDAH nace y se desarrolla con esta patología, con este trastorno, es un trastorno psiquiátrico. Los profesionales que trabajamos con personas con TDAH vemos que lo que tiene que aprender un niño, un adolescente o un adulto con TDAH, lo que tiene que aprender a hacer es adaptarse de una manera mejor, de una manera más adaptativa a su entorno. La patología está ahí, la patología va a estar ahí toda la vida, no es algo que uno  entre comillas “se pueda curar”. No es como un esguince que durante un tiempo, está convaleciente y, pasado unos días unas semanas o unos meses, uno ya puede volver a su actividad normal. El TDAH es un trastorno crónico, no tiene cura, no es que me guste el concepto de cura, pero para que nos entendamos, y entonces lo que tenemos que hacer nosotros como profesionales, lo que tienen que hacer los padres y, por supuesto, los maestros, el entorno más cercano al niño, es dotarle de estrategias, de herramientas y de apoyo, como darle las muletas durante el tiempo que lo pueda necesitar, pero vamos, es un trastorno crónico, y lo que hay que hacer es dotarle de herramientas, recursos, para que se pueda gestionar lo mejor posible. Es verdad que en cuanto les damos lo que ellos realmente necesitan, en aquellas áreas en las que ellos tienen un déficit la respuesta de los chavales con TDAH es extraordinaria. Eso es lo que nos demuestra tanto la investigación como la clínica, en cuanto les damos las muletas metafóricas de las que estamos hablando, los niños con TDAH salen adelante sin ningún tipo de problema. Hay dificultades cuando no están recibiendo lo que ellos realmente necesitan. Si no tengo lo que necesito, si no tengo agua si no tengo comida, difícilmente puedo salir adelante.

Vamos a empezar con algunos de los problemas o de las cosas que suelen resultar polémicas cuando se habla de este trastorno. Para empezar, ¿es fácil diagnosticarlo?, ¿se confunde o se puede confundir con otro tipo de problema de aprendizaje?

Sí, hoy nos encontramos con dificultades a la hora de diagnosticar el TDAH como con cualquier otro trastorno. Encontrarnos en consulta con un niño o con un adolescente que está viviendo una situación problemática, consecuentemente, su familia también. La familia te llega a la consulta sufriendo, pasándolo mal en un momento de máxima alarma y máxima dependencia. Te necesitan, te necesitan sí o sí, por eso están ahí sentados en esa primera consulta. Hoy en día es algo que venimos denunciando desde hace bastante tiempo es que se están haciendo evaluaciones muy rápidas, están haciendo lo que se denomina evaluaciones exprés que no van a ningún sitio. Son evaluaciones que se hacen así un poco por encima en quince minutos, y esto conlleva unas repercusiones bastante importantes y bastante negativas.
Como decías, a veces el TDAH se confunde con otras patologías. E incluso a veces el TDAH se confunde con algo a veces tan natural como es ser niño. Pero es importante que esta patología, este TDAH sea diagnosticado a partir de los primeros cursos de primaria. Es una auténtica burrada el estar diagnosticando a niños con TDAH antes de la etapa de primaria, niños de infantil que están diagnosticados con esta patología.
Y sí, hay otros trastornos, como puede ser el síndrome de alcoholismo fetal o por ejemplo, trastornos del apego, e incluso ansiedad o depresión, o momentos vitales que está viviendo el niño, que está viviendo la familia, que cursan con una inatención, con problemas para controlar su conducta, con hiperactividad, impulsividad, etcétera y, a veces, eso se confunde con TDAH. Por eso, es muy importante que hagamos una muy buena valoración con tiempo. No podemos evaluar el TDAH ni ningún otro trastorno en minutos, tenemos que dedicarle horas, mucho tiempo, mucho cariño para poder discriminar bien si se trata de un TDAH o de un Gilles de la Tourette o si se trata de una depresión. A veces los síntomas se confunden. Es más, el TDAH en un 70, 80 por ciento de los casos aparece con un segundo trastorno, por tanto, ahí se complica mucho más. Tenemos que dedicar tiempo, cariño y tenemos que respetar al paciente, no podemos hacer diagnósticos a la ligera. 

Puede suceder que haya muchos niños que simplemente son nerviosos, son niños, como explicabas, que los han metido en ese cajón, en esa etiqueta del TDAH y un montón de niños que tengan de verdad ese problema y a los que no se haya detectado, puede pasar las dos cosas.

Claro, nosotros solemos decir que ni están todos los que son, ni son todos los que están. Nos encontramos con niños que están siendo diagnosticados con TDAH que están mal diagnosticados, que no se les ha dedicado el tiempo y el cariño suficiente, y luego también nos encontramos con niños que están funcionando como buenamente pueden por los distintos contextos escolares y familiares que tienen un TDAH y no se les están dando las herramientas, las estrategias que realmente necesitan. Por tanto, tanto en una dirección como en otra, ahí tenemos que afinarnos los clínicos y los profesionales que estamos en relación con el TDAH, tenemos que afinar porque se nos están escapando algunos niños y otros estamos diagnosticando mal.

Y desde el punto de vista del tratamiento, ya que no hay curación porque es una cosa crónica como nos explicabas, ¿tiene que pasar siempre por el tema de fármacos, por las pastillas, o solamente terapia o les hace falta una ayuda para el aprendizaje en la escuela y otra diferente para adaptarse al resto de los factores de la vida?¿Cuál es el tratamiento de estos niños?

Tratamientos hay muchos, cuanto más multidisciplinar mejor. Como decíamos antes, el TDAH es un trastorno crónico, eso implica que el TDAH es TDAH en todos los contextos. Igual que la persona que es ciega es ciega en su puesto de trabajo, que cuando llega a casa de repente no ves, sino que sigue siendo ciega, el TDAH o cualquier otro trastorno psiquiátrico le pasa exactamente lo mismo.
Tratamientos hay muchos. Lo que reconocen hasta los propios psiquiatras es que solamente el tratamiento medicamentoso, el tratamiento farmacológico, no es suficiente. En ocasiones es verdad que los niños necesitan ese trampolín, esa ayuda para que se centre, para que esté más tranquilo, a veces, eso es necesario, y ahí están los médicos los neurólogos, los pediatras, los psiquiatras, para medicar esa farmacología, pero es insuficiente. Todos llegamos a esta misma conclusión. Podemos abogar por medicación sí, medicación no, pero el profesional veremos qué es lo que piensa, pero lo que está claro es que la medicación sola no enseña y lo que tenemos que dar al alumno, al niño son estrategias y la medicación no te cura, la medicación es una ayuda, un trampolín. Tratamientos, muchos… tratamiento psicológico seguro. Tanto la familia como el niño tienen que llevar a cabo un tratamiento psicológico, en algunos casos, como decíamos, el tratamiento farmacológico, y luego hay otro tipo de intervenciones que se pueden llevar a cabo. Lo que está claro es por ejemplo, la psicoeducación, explicar a la familia y al propio niño la dificultad que tienen: esto se llama TDAH, tiene esto, por eso te comportas de esta manera, reaccionas así ante otras situaciones... Explicarle al niño y a la familia qué es lo que le pasa. También es muy importante, que los padres estén informados. Tratamientos existen muchos, lo que está claro es que el tratamiento psicológico tiene que estar en todos los casos y, bueno, que todos estemos formados, tanto los padres como los profesores, como el propio niño que sepan qué es esto del TDAH y qué implicaciones tiene, para ajustar bien las expectativas.

Y ya para terminar, hace 30 años ya nadie había oído hablar del TDAH no sé si es una cosa que ahora oímos hablar mucho y hay muchas personas diagnosticadas porque sabemos lo que es, o hay más. Quiero decir, hace 30 años también había mucha gente que tenía TDAH y no lo sabíamos o ¿está subiendo por algún motivo el número de personas afectadas por esto?

Bueno, los números son más o menos estables, es decir, nos estamos encontrando con que ahora mismo vivimos en la era de la información, la era del clic y todos estamos informados. Hace décadas o incluso, hace siglos, nos encontrábamos con que solamente la Iglesia era la que tenía el conocimiento, toda la información. Hoy en día, nos encontramos con que la información está a golpe de un clic y todos podemos acceder a muchísima información y además muy variada. Esto es como si últimamente nos hacemos la pregunta de, bueno, últimamente se escucha mucho el concepto de bullying y el concepto de niños que están siendo abusados, por ejemplo, abusados sexualmente. Bueno, esto ha existido siempre, pero un día estamos mucho más concienciados, estamos más con la alerta puesta y se diagnostica no solamente más TDAH sino que también se diagnostica otro tipo de dificultades, patologías o situaciones. Hoy en día estamos muy alerta con muchas situaciones a nivel social, cultural y educativo, pero los números no han variado, las ayudas, las muletas que tenemos hoy en día no son las que había hace 30 o 40, ni 50 años.

Es verdad que hablamos mucho de niños con TDAH y no se habla mucho de adultos con TDAH.

Claro, esto viene un poco a reforzar lo que comentábamos ahora. Ahora lo que nos estamos encontrando es que muchos papás y muchas mamás nos están consultando a raíz de que han llevado a su hijo o a su hija al pediatra, al psicólogo, lo han diagnosticado al hijo o a la hija de TDAH y entonces bueno como sabemos que un peso importante del TDAH tiene que ver con la parte genética. El profesional les habrá preguntado: y usted cuando era pequeño… vemos que los síntomas coinciden que yo cuando era pequeño, pequeña era exactamente igual como ahora se está comportando mi hijo o mi hija. Entonces ahora se está empezando a diagnosticar mucho más el TDAH en adultos, por esa parte genética que decíamos y por toda la información que tenemos hoy en día. Estamos diagnosticando a personas tardíamente, a adultos tardíamente a raíz de que sus hijos están siendo diagnosticados de TDAH.

Claro, y te dicen pues si yo era así y a mí no me hicieron ni caso, ni me prestaron atención, ni me ayudaron ni nada. 

No me hicieron ni caso y no me ha pasado nada. Sí, efectivamente, si muchas veces pasar no pasa nada, pero si podemos dotar de estrategias y de herramientas a nuestros chicos pues mejor que mejor. Si me hago un esguince y resulta que no hay ninguna muleta para que lleve pues lo llevaré como buenamente pueda y salgo adelante, claro, si siempre salimos adelante. El cerebro, la mente humana está preparada siempre y está dirigida hacia la sanación, hacia la curación, entonces adelante siempre salimos, pero bueno si podemos facilitarlo y dar unos recursos que hagan que ese trayecto, ese paso por el desierto sea más agradable, pues bienvenido sea.

Pues terminamos ya y nos quedamos con lo principal que no se debe diagnosticar a la ligera, ni con un test de 5 minutos, que hay que tomarse esto en serio y porque a estos niños les hace falta ayuda, si de verdad les hace falta, y hay muchos que a lo mejor nos pasan desapercibidos con este tipo de test. 
Rafael Guerrero, ¡muchísimas gracias!

FUENTE:

domingo, 26 de noviembre de 2017

PAUTAS PARA QUE EL CASTIGO SEA EDUCATIVO




¿Se debe castigar a los niños y niñas? Pautas para que el castigo sea educativo

Cuando intentamos educar a los pequeños, en ocasiones no sabemos cuál es la manera más eficaz de tratar con ellos. Es normal que nos surjan dudas sobre qué es lo mejor para ellos, y en definitiva para que crezcan felices.

El castigo es un tema polémico, que ni gusta a niños ni a mayores. Queremos que aprendan, y sabemos por un lado que no debemos permitir determinados comportamientos, pero por otro lado tampoco queremos que sufran.

El castigo educativo

¿Debemos castigar a los pequeños? ¿Cómo castigar a un niño?
Es importante que los niños y niñas aprendan que las acciones que realizan tienen determinadas consecuencias, y a veces estas consecuencias no son de su agrado. El castigo puede ser necesario pero empleado de manera racional con el objetivo de educar al pequeño. Nunca debe ser humillante o perjudicial para su autoestima o bienestar.

El castigo debe entenderse no como una forma de hacer sentir mal a los niños y niñas sino como una consecuencia a una acción determinada. Para aplicarlo es fundamental que los niños y niñas entiendan el porqué del mismo, y comprendan qué ocurre cuando hacen determinadas acciones.
Debe entenderse como una especie de trato o acuerdo más que como un castigo, como cosas que debemos hacer para conseguir algo, o cosas que no debemos hacer para dejar de tener consecuencias negativas.

Castigos educativos: En todo caso no debe ser nunca dañino para los niños o niñas. Debe estar basado en el objetivo de educar, de fomentar un aprendizaje en los pequeños. Y siempre debemos tener muy en cuenta su bienestar.

Veamos ejemplos de castigos educativos:
Si un adolescente ha suspendido un examen porque en lugar de estudiar estuvo haciendo otras cosas, como ver la tele, dar una vuelta, etc. debemos dejarle que suspenda, que comprenda que su conducta le ha llevado a ese resultado. En este caso el “castigo” podría ser, tener que cumplir determinadas horas de estudio, si estas no se cumplen no podrá ver la tele o salir con sus amigos. Antes de aplicarlo es bueno dialogar con él o ella sobre la situación, ¿Por qué crees que has suspendido? ¿Qué crees que puedes hacer para que no vuelva a ocurrir esto? Siempre reflexionando y dialogando con ellos y nunca imponiendo.

Si un niño quiere de postre helado, primero tendrá que comerse las verduras o el plato que tenga en la mesa, si no se come esto no podrá tener helado. Si come lo que tiene que comer, podrá elegir el postre que quiera. En este caso también le explicaremos al pequeño que es importante alimentarse bien para crecer, que no sólo se pueden comer helados. Por eso si quiere comerlo primero debe tomar otros alimentos necesarios para su crecimiento.

Si el niño o niña no recoge sus juguetes, no podremos salir a dar una vuelta al parque, porque antes de salir tenemos que dejar todo recogido. Explicaremos al pequeño que no podemos dejar las cosas sin recoger porque llegaremos tarde y cansados para cenar y bañarnos antes de dormir, que es necesario que recojamos los juguetes. Le explicaremos también que puede sacar todos los juguetes que quiera pero que debe recogerlos.

Pautas para educar con el castigo positivo

Consecuentes y contingentes a la conducta. Esto quiere decir que deben ser lógicos en relación a la conducta, no deben ser ni demasiados excesivos ni demasiado flojos. Y producirse cuando se produzca la conducta, no podemos dejarlo para otro momento puesto que no lo relacionarán con la acción. Por ejemplo en el caso del adolescente que suspende, si cumple con sus horas de estudio le permitiremos salir, no es bueno excedernos y dejarle sin salir aun cuando haya cumplido esas horas. Si cumple su parte, tiene una consecuencia positiva para él. También tiene que ser en el momento, no podemos dejarle este fin de semana que salga, pero a partir del próximo cumplimos con el acuerdo.
Consensuados con el pequeño. Es importante que los “castigos” cumplan una función educativa. Para ello es muy bueno dialogar con el niño o niña y hasta consensuar el tipo de castigo. De esta forma se sentirá responsable de sus actos y de las consecuencias y se implicará más con el castigo. Además colaboramos a la reflexión de los pequeños y a su comprensión.

No deben ser dañinos o humillantes para ellos, en ningún caso. No debemos olvidar que nuestro objetivo es educarles, para que lleguen a ser adultos felices, personas críticas y autónomas, adaptados a la sociedad. Para ello el castigo puede ser necesario, pero si éste es humillante o dañino, pierde todo su valor educativo y conseguimos lo contrario.

Es mejor que los castigos no estén basados en cosas materiales, son más efectivos si los basamos en actividades de su agrado o desagrado. Si el castigo consiste en comprarle o no comprarle algo al pequeño, le estamos enviando un mensaje confuso, que no anima a la reflexión sino a conseguir un bien determinado.

Los castigos no deben ser amenazantes. Se le informará de lo que ocurre si hace o no hace determinada conducta, pero no se le amenazara con ello. Debe ser visto como una consecuencia lógica y no como una amenaza.

Es muy importante que tengan alguna relación con la conducta concreta. Es decir si no come verdura el “castigo” será no comer helado, ya que guarda relación y podemos hacer que comprendan el porqué. En cambio si el “castigo” por no comer verdura es no ver la tele. La consecuencia no tiene nada que ver con la conducta y el pequeño no lo entiende. Si no puede comer helado es porque necesita alimentarse bien, guarda una relación.

En todo momento seremos comprensivos con el niño, tendremos calma con ellos. Y entenderemos que están aprendiendo y necesitan unas pautas y normas. No es que lo hagan por molestarnos.
Deben cumplirse siempre los castigos, si no es así no serán eficaces. Por eso es bueno hacer un castigo lógico y no excedernos. No podemos castigarles primero con mucha fuerza, excediéndonos y poco a poco ir suavizando. Si el adolescente no puede salir hasta que no cumpla sus horas de estudio, mantendremos firmeza en este acuerdo.

Tienen que ser entendidos por los niños y niñas. Para que cumpla su función educativa ha de ser comprendido por los pequeños. Para ello dialogaremos con él y le explicaremos las cosas con calma.
Combina el castigo, con castigo positivo y con refuerzos. No se trata solo de que el pequeño tenga consecuencias negativas, también es bueno que estas consecuencias negativas terminen cuando el pequeño deje de hacer determinada conducta (castigo positivo). Es decir si no recoge los juguetes no podemos salir al parque, pero en cuanto los recoja esta consecuencia negativa finaliza y salimos todos al parque. Los refuerzos también son fundamentales, elogiar al niño cuando cumple con lo que esperamos y animarle en sus acercamientos a la acción deseada.

FUENTE:
https://www.educapeques.com/escuela-de-padres/pautas-castigo-educativo.html

viernes, 10 de octubre de 2014

HIPERCONCENTRACIÓN ¿LA OTRA CARA DEL TDAH?


El TDAH visto como desregulación de la atención, no como déficit.


Mark se resistía a creer que su hijo de cinco años podía tener TDAH. Era un niño inusualmente activo, y sus maestros de preescolar se quejaban de que revoloteaba por la habitación como una mariposa mientras que los otros niños se dedicaban a hacer las tareas que se les pedía. 
Pero Andy también tenía la capacidad de concentrarse intensamente en ciertas actividades, como ver películas o jugar con sus cromos. 
La pregunta que tanto sus padres como sus profesores se hacían era ¿cómo podía jugar durante tres horas seguidas si Andy tenía un trastorno por déficit de atención?
Entonces Mark comenzó a pensar en su propio pasado, y encontró algunas similitudes reveladoras. En su niñez, Mark tampoco sacaba buenas notas y recordaba la escuela primaria y secundaria como un torbellino en el que se veía arrastrado rápidamente de un tema a otro, de una asignatura a otra. Era muy bueno en matemáticas aunque no conseguía sacar el resto de asignaturas.  A base de mucho esfuerzo, consiguió llegar a la universidad y allí se dio cuenta de que podía prestar atención a las cosas que realmente le interesaban, pudiendo trabajar con eficacia a lo largo de varias horas. Mark decía que podía “hiperconcentrarse”.
Ambos, padre e hijo están ahora diagnosticados de TDAH, y consideran que la hiperconcentración o hiperfocalización es una cualidad o, al menos, un elemento central de su identidad.  Mark es profesor de matemáticas aplicadas, y espera que Andy también encuentre una pasión en la que centrar su hiperfocalización.

Diferentes tipos de atención

El psiquiatra Edward Hallowell, fundador de los Centros Hallowell en Nueva York y Massachusetts, prefiere utilizar otro término para referirse a la hiperconcentración: Hallowell lo llama "flujo". El concepto de flujo proviene de la investigación del psicólogo Mihály Csíkszentmihályi, dice el Dr. Hallowell, y ocurre cuando "usted está haciendo algo que realmente le importa o que le supone un reto."

Pero concentrarse intensamente no es siempre algo bueno. La capacidad de Andy de quedarse absorto mirando la pantalla de la televisión  no es un estado de hiperconcentración, sino que se trata más bien una especie de estupor o estado de trance, de evasión, que es bastante improductivo, si bien ambos aspectos –hiperconcentración y evasión- son diferentes modos de intensa atención.

El TDAH, dice el Dr. Hallowell, no es un problema de déficit de atención, porque las personas afectadas pueden deambular su atención de una cosa a otra sin poder concentrarse en nada o pueden prestar “super atención” cuando algo les interesa; pero cuando algo no les interesa su mente se va a otro sitio. El problema pues es poder regular y focalizar su atención.

¿No hay un "déficit" real en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad? 

"Espero que cambien el nombre en algún momento para describir con mayor precisión el desorden", dice el neuropsicólogo Michael Rosenthal, del Child Mind Institute. Muchos niños (y adultos) con el trastorno son perfectamente capaces de perderse en un intenso enfoque en las cosas que les interesan, frente a la exclusión y huída de aquellas "cosas que no son interesantes para ellos” aunque sea necesario que las hagan. Para el Dr. Rosenthal, ambas situaciones son ejemplos de la desregulación atencional, característica del TDAH.
"La perspectiva desde la que hay que considerar el TDAH es que hablamos de un trastorno y parte del trastorno es el problema para modular de la atención," dice el Dr. Rosenthal. "No es algo intrínsecamente bueno o intrínsecamente malo, pero es exactamente lo que es y los resultados pueden ser favorables o desfavorables. Ambos aspectos de la atención –la desatención y la hiperconcentración- nos ayuda a entender a aquellos niños y niñas que no parecen encajar en el molde TDAH.

La mecánica de la hiperfocalización

Desde la perspectiva neurológica, "Hay una parte del cerebro, el lóbulo frontal, que está alterada en los niños con TDAH y como consecuencia sus sistemas de recompensa también presentan una alteración. “Por esta razón, cuando encuentran algo que les resulta muy gratificante, para ellos va a ser difícil cambiar su atención hacia otra cosa”.

Desde la perspectiva comportamental, siguiendo el trabajo del psicólogo e investigador de TDAH Russell Barkley, los niños con este trastorno tienen problemas para ejercer el control sobre la intensidad de su atención, de la misma manera que a menudo tienen dificultades para controlar su comportamiento.

Dominick Auciello, neuropsicólogo y experto educativo, utiliza con los padres la metáfora de una linterna para hablar de la atención.  "El foco de la linterna puede ser fuerte o débil, amplio o estrecho, puede enfocar de una manera o de otra. Pero existe un control ejecutivo. - la mano- que controla y regula la linterna y su foco. "El problema es que en los niños con TDAH, el con trol ejecutivo tiende a ser errático, o incluso a veces se ausenta.

La hiperfocalización en estímulos o actividades atractivas no es un rasgo exclusivo de las personas con TDAH. "Todos prestamos mayor atención a las cosas que nos interesan, y nos cuesta más esfuerzo prestar atención a las cosas que menos nos interesan”, dice el Dr. Auciello. "La atención en las personas" normales "no es perfecta tampoco." Sin embargo, puede convertirse en un verdadero problema en los niños, niñas, adolescentes y adultos con TDAH, porque tienen una incapacidad para “focalizar la atención en lo que es relevante y necesario, ignorando lo atractivo", dice el Dr. Rosenthal. 

Por suerte, cuando  el problema radica en la dificultad para centrar la atención en las tareas necesarias, la hiperconcentración también puede ser la solución. Si la característica de las personas con TDAH es que por lo general los estímulos que realmente les interesan son los que captan su atención, el Dr. auciello propone una solución. Si un niño tiene grandes dificultades para sentarse y practicar la lectura, “vamos a buscar los temas que sean más interesantes para él, y tal vez eso le ayudará a prestar atención”. Así, en lugar de aferrarnos rígidamente a un plan de estudios, si nuestro objetivo es que practique la lectura y se convierta en un mejor lector, elijamos temas de su interés.

Centrarse en las fortalezas y no en los videojuegos

Los Dres. Hallowell, Rosenthal y Auciello coinciden en que la televisión y los videojuegos no son necesariamente beneficiosos para una persona con una buena regulación atencional, y en los chavales con TDAH pueden llegar a ser un verdadero problema. “Parte del cerebro, el lóbulo frontal ventral, se desconecta con ciertos tipos de videojuegos y programas de televisión”.
Tanto si tu hijo se desconecta como si presenta una hiperfocalización extrema, demuestra que ambos aspectos, atención o evasión en un grado intenso, escapan al control de las personas con TDAH. No está claro si televisión y videojuegos son perjudiciales, pero definitivamente no ejercitan la mente. Definitivamente, ese estado de estupor o trance no es productivo para la mente.

Para el Dr. Hallowell, "déficit es un término tremendamente equivocado", sobre todo considerando que la hiperfocalización controlada puede hacer maravillas en las personas con TDAH. “Nosotros, como profesionales de la salud mental, buscamos las áreas de talento del paciente. Pero la mayoría de las personas con TDAH que vienen a vernos no creen poseer ningún talento. Pero cuando encontramos con ellos los aspectos en los que pueden tener éxito la motivación surge por sí misma".
Aunque el Dr. Rosenthal afirma que aunque el TDAH es un trastorno, dirigir la hiperconcentración en los niños y adultos, incrementará su autoestima: "Si usted puede focalizar su atención sobre algo que le interesa y canalizarla en una dirección positiva podrá concluir sus tareas pendientes".

Incluso con tratamiento farmacológico, estos niños pueden necesitar ayuda para dirigir y focalizar su atención y para terminar las tareas que deben realizar. Además de los horarios y señales visuales, el Dr. Auciello tiene una táctica radical. "Pregunte al niño cómo puede ayudarle y se sorprenderá. Usted no debe tratar un conflicto justo cuando está sucediendo, pero si lo habla con el niño en otro momento cuando no estén inmersos en la situación conflictiva, nos darán buenas ideas que les serán útiles en situaciones similares.

FUENTE:
Harry Kimball. 24 sep 2013
CÓMO DESARROLLAR LA FOCALIZACIÓN Y LA CONCENTRACIÓN

La focalización y la concentración son habilidades que todos poseemos en diferente grado. Estas habilidades pueden ser mejoradas a través de la observación y la práctica.

La focalización es la habilidad de prestar atención a una sola cosa, ignorando el resto de estímulos. 
La concentración es la habilidad de sostener el enfoque. 
Ambas están dirigidas por la motivación. Los atletas, por ejemplo, están motivados por el deseo de ganar o de mejorar su actuación, lo que les lleva a pensar solamente de una manera y concentrarse en ello. La habilidad de un atleta de concentrarse es esencial para su éxito. Para otros que son menos competitivos o comprometidos en actividades forzadas, tales como las tareas escolares, la focalización y la concentración requieren de mayor esfuerzo y práctica.

Instrucciones
  • Elimina todas las distracciones posibles de tu ambiente. Cuando los sonidos externos sean un problema, pon música suave para mitigarlos.
  • Haz una lista de las tareas que deseas lograr. Sé específico. Elimina de la lista los puntos a medida que los vas logrando, para obtener una sensación de éxito y de mayor focalización.
  • Si tienes un trastorno de hiperactividad y déficit de atención o te sientes desanimado por una larga lista de tareas pendientes, escríbelas en tarjetas individuales. Apila las tarjetas de manera que veas solo una tarea a la vez. Si estás haciendo la tarea escolar, aparta todos los libros excepto los que estés usando para esa materia específica.
  • Mira escenas de la naturaleza para llevar serenidad a tu mente. Relájate. Una mente bajo presión es incapaz de concentrarse. Antes de comenzar un proyecto o actividad que requiera focalización y concentración, tómate un momento para relajarte. Deja toda actividad y cierra tus ojos.
  • Siéntate erguido con la espalda recta y los ojos cerrados durante los ejercicios de respiración profunda. Observa tu respiración. Nota el ascenso y caída de tu respiración. Mide tus ejercicios respiratorios aspirando lo más profundamente posible, contando hasta ocho. Luego exhala, empujando el diafragma hacia arriba para soltar todo el aire de tus pulmones. Exhala mientras cuentas hasta ocho. Repite al menos tres veces. Los ejercicios de respiración mesurada sirven a dos propósitos: los pensamientos se enfocan durante la actividad, induciendo la concentración, y el cerebro se oxigena, permitiendo un pensamiento más claro.
  • Encuentra un reto en la tarea. Tanto si estás realizando un experimento que pueda resultar en la cura de una enfermedad o, incluso, limpiando el piso del baño; hay un objetivo en cada tarea.
  • Recompénsate. Cuando has logrado tu objetivo, recompénsate permitiéndote tiempo libre para hacer algo placentero, como premiarte con una merienda.
FUENTE:

lunes, 5 de mayo de 2014

¡¡Aghh, MI HIJO TIENE TDAH!!





16 tips para criar a un niño con TDAH y no morir en el intento

1. Sé proactivo
Demasiadas veces reaccionamos a la conducta de nuestros hijos, y no eligiendo conscientemente nuestras acciones. Actuamos de manera impulsiva, sin tener en cuenta las consecuencias y sin ningún plan de lo que estamos tratando de lograr.
Ver cualquier situación desde lo “reactivo” puede ser desesperanzador, porque te da la impresión que tu futuro y tu relación con tu niño están bajo control del niño o de otros agentes externos. Sientes que las interacciones con tu niño son impredecibles, y la relación se vuelve hostil, negativa, estresante y disfuncional. Pero no es lo que tu niño hace o hace contigo lo que genera estos problemas, es tu respuesta a eso. Asume la responsabilidad de tu propio comportamiento como padre y de las interacciones y la relación que tienes con tu hijo. Toma la iniciativa para cambiar lo que no te gusta de la forma en que actúas con tu hijo, y toma la responsabilidad de hacer que la relación que tienes con tu hijo sea como te gustaría que fuera.

2. Prepárate para el futuro
Cuando las cosas salen bien, generalmente no fue producto de la improvisación, sino de una preparación previa. Anticiparse a lo que viene permite estar preparados, he incluso tener un margen de tiempo para poder hacer cambios. (Por ejemplo, el que los niños corran por la sala de espera y no se comporten porque están aburridos se podría haber evitado llevando juguetes o cosas que les interesen y puedan hacer mientras esperan, en vez de tratar de improvisar en el minuto algo para calmarlos)

3. Reacomoda el ambiente
Cambiar algunos factores ambientales o rutinas cotidianas puede ayudar a que los niños se comporten mejor. Por ejemplo, los niños se comportan mejor en la mesa si la tv está apagada y se proponen temas de conversación donde los niños puedan participar y sean interesantes para ellos.

4. Usa un lenguaje simple, claro y agradable
Siempre que te dirijas a tu hijo, acuérdese de usar un lenguaje simple que lo ayude a entender totalmente lo que tú le quisiste decir. Especialmente con los niños con TDAH, es necesario usar un lenguaje muy simple y directo. Ojo con los gritos, tú eres un modelo a imitar.

5. Comienza con el fin en mente
Cuando te enfrentes a un problema, trata de imaginar cómo te gustaría que se resolviera. Puedes aplicar este principio a problemas pequeños, como por ejemplo, imaginar cómo te gustaría que terminara el tiempo que dedicas a hacer tareas escolares con tu niño, y también a problemas más complejos, como por ejemplo, cómo te gustaría que tu hijo llegara a cuarto medio.
Empezar con el fin en mente te ayuda a enfocarte mejor en lo importante, y en lo que debes hacer para que las situaciones terminen de la manera que te gustaría. No se puede tener un plan sin una meta, por lo que no sirve de nada tener o aprender estrategias para utilizar con tu niño si no sabes qué resultado quieres lograr.
Por ejemplo, si tienes que ayudar a tu niño a con un trabajo para el colegio, antes de empezar, visualiza como quieres que termine ese rato. Probablemente, quieres que el trabajo quede bien hecho, pero también que ambos pasen un rato agradable mientras trabajan y que al final de la tarea la relación entre ustedes siga intacta, o quizás incluso se rían y resulte ser una experiencia enriquecedora. Visualiza en tu mente esas imágenes. Te vas a dar cuenta como estas imágenes van a ir guiando en tus decisiones y reacciones frente a las conductas de tu hijo. Teniendo el fin en mente, vas eligiendo actuar para mantener la interacción positiva y optimista, guiando y enseñando a tu niño pero con humor. Y probablemente así va a terminar, si activamente haces cosas para que suceda. Tu relación con su hijo y la manera en que las interacciones más pequeñas resultan ya sea por diseño o por defecto son totalmente tuyas. Antes de actuar, visualiza el final en tu mente y aclara el objetivo, los pasos hacia tu meta surgirán de este proceso.

6. Explícale al niño qué es una conducta apropiada
Muchas veces los niños cometen errores porque no han entendido lo que los padres les dicen o les piden. Explícales que es lo que esperas de ellos, con palabras simple e instrucciones concretas, ó muéstrales qué es una conducta apropiada. Por ejemplo: Juan, quiero que te sientes en esta silla de esta manera, como me estoy sentando yo, y me esperes acá hasta que yo vuelva”

7. Usa incentivos antes de castigos
Es común que los padres recurran a los castigos cuando un niño se comporta mal o desobedece. Esto puede estar bien para un niño sin TDAH, que se comporta mal sólo de vez en cuando y así recibe una pequeña cantidad de castigo, pero no está bien para un niño con TDAH, ya que es probable que se porten mal con mucha más frecuencia y podrían recibir una gran cantidad de consecuencias negativas. Cuando se utiliza sólo el castigo, y simultáneamente no hay recompensas y comentarios positivos, no es efectivo para cambiar el comportamiento, y se genera un clima hostil con el niño. Incluso a veces puede conducir a esfuerzos de contra control por parte del niño: tu hijo trata de encontrar la manera de devolver el golpe y se comporta aún peor. La regla de los incentivos antes de los castigos es simple: Cuando quieras cambiar una conducta indeseable, primero debes decidir qué comportamiento positivo quieres que lo reemplace. Cuando el niño muestre ese comportamiento positivo, preocúpate de recompensarlo y elogiar a tu niño por cómo se está comportando. Solamente después que hayas reforzado este buen comportamiento por al menos una semana, puedes empezar a castigar el comportamiento opuesto no deseado.
Castiga selectivamente, sólo cuando ese comportamiento aparezca, no lo castigues por todo lo demás que hace mal. Intenta usar sólo castigos leves, como por ejemplo perder un privilegio especial, o un breve tiempo fuera, y asegúrate de mantener un equilibrio entre los castigos y las recompensas. Ten en mente la regla de 3x1: puedes aplicar un castigo por cada 3 veces que hayas recompensado a tu niño en otras conductas positivas.
Felicitar a los niños cuando hacen algo bien les da pistas para saber qué es lo que se espera de ellos. Si la conducta del niño esté lejos de ser satisfactoria en ese momento, los puedes elogiar por el esfuerzo que realizaron (aunque no hayan logrado el resultado). Esto les va a indicar que van por el camino correcto y los va a animar a no darse por vencidos en el intento por comportarse mejor.
Por ejemplo, tu niño con frecuencia interrumpe, se entromete, y suelta comentarios en la mesa del comedor. Hablas con el niño antes de la hora de la comida familiar sobre lo que te gustaría que él hiciera más en la mesa: tratar de no hablar mucho, esperar hasta que los demás hayan terminado antes de hablar, y hablar sólo después de tragar los alimentos. A continuación le explicas que puede ganar puntos por seguir estas reglas. A lo largo de la comida, vas marcando puntos en una pequeña tarjeta cada vez que tu niño cumple con las reglas (o hace un esfuerzo por cumplirlas) y te aseguras de que el niño ve que esto ocurre, al mismo tiempo que le das una señal no verbal de aprobación, que le permita saber al niño que tu aprecias el esfuerzo que está realizando por cumplir las reglas. Cada vez que el niño viola una regla, ignoras ese comportamiento. Luego de una semana, puedes ir restando puntos cada vez que el niño no respeta una de las reglas. Recuerda la regla de 3 recompensas por cada castigo.

8. Usa el reloj como tu aliado
Los niños con TDAH tienen retrasos en su desarrollo de un sentido interno del tiempo y del futuro. Debido a que no tienen el mismo sentido del tiempo que los demás niños, tienen dificultades para responder a las demandas que implican tener en mente el futuro, y por eso, ellos necesitan apoyo externo para el periodo permitido para hacer una tarea asignada. Por ejemplo, si le indicas a tu niño que tiene 20 minutos para ordenar su cuarto, puedes poner un cronómetro o reloj de cocina en un lugar visible para el niño, o cualquier medio externo donde el niño pueda mirar concretamente cuanto tiempo tiene y cuanto le queda para completar la tarea. Para las tareas que implican tiempos más largos (trabajos del colegio, tareas que tengan varios pasos), es necesario que reduzcas el tiempo, fraccionando la tarea en pasos más pequeños (incluso en distintos días si es muy largo, como un proyecto escolar), y dar tiempo para cada paso. Sin estos métodos, el niño probablemente dejará el trabajo que debe hacer para último minuto, lo que hace que sea imposible que haga un buen trabajo.

9. Usa listas para guiar a tu hijo
Ya que en los niños con TDAH, su capacidad de tener en cuenta toda la información necesaria para completar una tarea se ve afectada, resulta muy útil colocar la información importante de forma física en el lugar en que se debe hacer la tarea. Por ejemplo, si tu hijo hace sus tareas en un lugar específico, puedes poner en ese lugar tarjetas con las instrucciones para hacer la tarea, como “Haz todos los ejercicios, sin saltarte ninguno”, “Lee las instrucciones con atención, haz toda la tarea. Cuando hayas terminado vuelve a revisar que todas las respuestas estén completas y bien hechas”, “Pide ayuda si no sabes hacer algún ejercicio”. Estos recordatorios deben estar diseñados para solucionar los problemas que cada niño tiene mientras trabaja. Si tu hijo suele tener problemas cuando un amigo va a jugar a la casa, antes de que el amigo llegue, tómate un minuto con tu niño para revisar las reglas sociales que necesita seguir, como “Comparte tus juguetes”, “Hay que turnarse en los juegos”, “Juega a algo que los dos quieran hacer”. Incluso puedes escribirlas en una tarjeta y revisarlas con tu hijo en privado un par de veces, mientras el amigo está en la casa. Mientras más presentes la información importante de manera externa, es más probable que tu hijo recuerde la información y la use para guiar su comportamiento.

10. Usa incentivos para motivar
Los niños con TDAH tienen problemas para internalizar no sólo el tiempo y las reglas, sino también la motivación. No son capaces de reunir motivación interna suficiente para continuar una tarea aburrida, tediosa o larga (también porque no visualizan las recompensas a futuro). Pero este déficit de motivación interna se puede superar al dar al niño motivación externa que lo impulse a trabajar, como un incentivo, una recompensa o reforzando su buena conducta. Puedes entregar algo que el niño desee luego que haya realizado la tarea (tener un privilegio especial, tiempo de TV extra) o algunas fichas o puntos que luego pueda canjear por algún privilegio (en la página web puedes aprender como diseñar un sistema de recompensas en casa).

11. Hazlo visual
Los niños con TDAH tienen dificultades para “jugar” con la información mental cuando tienen que parar y pensar sobre una situación o problema. Responden impulsivamente, sin poner suficiente atención a sus opciones. Por eso, es muy útil para ellos encontrar maneras de representar más físicamente un problema y las alternativas de solución. Por ejemplo, si tu niño tiene que escribir una redacción para el colegio y parece no estar respondiendo bien a esta tarea, por ejemplo puede hacer tarjetas en que escriba todo lo que se le viene a la mente durante un periodo de tiempo. De esta manera cada idea queda “capturada” en vez de perderse, y entonces el niño puede jugar con las ideas de una forma física en vez de mentalmente. Lo mismo puede ser usando tarjetas ó dibujos pequeños y símbolos, donde cada uno represente una idea que tenga que recordarse para resolver el problema.

12. Menos “bla, bla” y más acción!
A tu hijo no le falta inteligencia ni habilidad, por lo que simplemente hablar con tu niño para que se comporte mejor, no va a cambiar el problema neurológico a la base que hace que sea tan desinhibido. Tu hijo es mucho más sensible a los refuerzos y las consecuencias que utilizas, y mucho menos sensible a los sermones, que un niño sin TDAH. Así que actuar con rapidez y frecuencia va a ser mucho más efectivo para que tu hijo se comporte mejor. Sigue hablando, y lo único que conseguirás es empeorar su mala conducta.

13. Pon primero lo primero
¿Qué es lo importante en tu relación con tu hijo? ¿Qué es lo que más te importa en tu rol de ser padre? ¿Cuáles son las dificultades y responsabilidades en las que tu niño necesita tu ayuda para superarlas? Algo fundamental para los padres de niños con TDAH es aprender a distinguir las batallas de las guerras, o sea, diferenciar las cosas triviales y sin importancia que deben hacer con sus hijos (por ejemplo, hacer la cama antes de ir al colegio), de las cosas importantes que hay que cumplir (por ejemplo, prepararse para ir al colegio y salir de la casa en un ambiente tranquilo y cariñoso). Demasiadas veces los padres de estos niños quedan atrapados luchando por cosas triviales. Los niños con TDAH pueden hacer tantas cosas mal, que sus padres podrían estar haciéndoles frente gran parte del día, quedando muy poco tiempo (y ganas) para las cosas realmente importantes.
Los padres de niños con TDAH deben desarrollar un sentido de prioridades. Aprende a distinguir entre las cuatro categorías de trabajo y responsabilidades con tu hijo:
a) Urgente e importante
b) Urgente y no importante
c) Importante pero no urgente
d) No es importante y no urgente.
Probablemente tratas de cumplir todas las tareas de la categoría a), y dedicas muy poco tiempo a las de la categoría d). Lo difícil es distinguir entre b) y c). En el caos cotidiano, a menudo cumplir con las actividades diarias de tu niño (colegio, deportes, actividades extra programáticas) toma prioridad sobre las cosas que son importantes, pero no urgentes. Por ejemplo, puedes llegar con tu hijo a clases de fútbol a tiempo, pero afectando tu relación con él en el proceso.
El domingo, o al comenzar la semana, especialmente si tienes muchas cosas por delante, selecciona de esas cosas cuáles son importantes para ti y para tu hijo, y anótalas en tu agenda, para que no te dejes llevar por la avalancha de tareas de esa semana (devolver llamadas, tareas domésticas, preparar la comida a la hora, acostar a los niños) que parecen urgentes pero son relativamente triviales.

14. Yo gano/Tú ganas
Al menos durante toda la etapa escolar y adolescencia de tu hijo, vas a tener que pedirle que haga sus tareas y trabajos escolares, que cumpla con compromisos sociales, y que se atenga a las reglas de la casa. Cada una de estas cosas supone una negociación. Cuando te enfrentes a cualquiera de ellas, maneja la situación de manera que en la medida de lo posible, ambas partes (tu y tu niño) consigan lo que quieren. No te enfoques solamente en lo que quieres que el niño haga, trata de entender cuán difícil puede ser para el hacer lo que le estás pidiendo. Comienza con el fin en mente, y pregúntate cómo quieres que te vea tu hijo: como un tirano o un negociador respetuoso?
Piensa en alguna obligación que tenga tu hijo (hacer sus tareas, ordenar su cuarto) que sea un punto de conflicto. Ahora piensa en qué puede hacer de esa tarea una situación ganadora para tu hijo, no solo para ti. ¿Disfrutar viendo una película, un tiempo extra de videojuegos, jugar un juego contigo? Elije cualquier recompensa que creas que sea atractiva, y hazla parte del contrato verbal cuando le pidas que complete esa tarea (“Si ordenas tu habitación antes del almuerzo, podemos jugar el juego que tu elijas en la tarde”).

15. Lucha por la consistencia
Para tener resultados exitosos, es muy importante que seas consistente, o sea, que uses las mismas estrategias para manejar el comportamiento de su hijo en todo momento.
Ser consistentes significa cuatro cosas importantes:
1) Ser coherente a lo largo del tiempo,
2) No abandonar demasiado pronto, cuando estés empezando un cambio,
3) Responder de la misma manera,
4) Asegurarse de que ambos padres están usando los mismos métodos.
Ser impredecible o inestable en tu exigencia de cumplimiento de las normas es una invitación al fracaso, así como también lo es perder la esperanza cuando el nuevo método no produce resultados espectaculares e inmediatos. Otro error típico es responder a los comportamientos del niño de una manera en casa, y de otra manera totalmente distinta en los lugares públicos. Prueba con una técnica de cambio de comportamiento durante al menos dos semanas antes de decidir que no está funcionando. Por último, traten de mantener un frente unido como padres, aun cuando tengan diferencias en los estilos de crianza de los hijos.

16. Mantén la perspectiva
A veces, cuando se enfrentan a una situación difícil de manejar con su niño con TDAH, los padres pueden perder toda perspectiva sobre el problema inmediato. Se enojan, avergüenzan, y se frustran cuando sus intentos de control no funcionan, e incluso pueden bajar al nivel del niño y discuten con él como otro niño más. Tienes que recordar en todo momento que tú eres el adulto, y que lo que tu niño hace no es algo personal en contra tí, sino una manifestación de las dificultades que le traen el TDAH. Una manera de mantener la calma en circunstancias difíciles es tratar de mantener cierta distancia psicológica de los problemas de su hijo. Imagina que eres un desconocido, para que puedas ver la situación en perspectiva, y puedas reaccionar de manera más razonable y justa. Esto es difícil, por lo que puede que tenga que acordarse de la discapacidad de su hijo cada día (tal vez incluso varias veces al día), y especialmente cuando estés tratando de hacer frente a conductas disruptivas.
No permitas que tú propia autoestima y dignidad personal se ponga en juego, si “ganas” o no una discusión o encuentro con tu hijo. Nadie está llevando la cuenta. Mantén la calma y el sentido del humor si es posible, y trata por todos los medios de seguir los otros principios mencionados anteriormente, cuando interacciones con tu hijo. Si te alteras, aléjate de la situación por un momento y ve a un lugar diferente para recuperar el control sobre tus sentimientos. No concluyas que eres un mal padre cuando la situación va mal o no salen como quieres. Los niños con TDAH tienen la capacidad para sacar lo peor en los padres, lo que hace que los padres se sientan terriblemente culpables por sus propios errores. Al final del día, perdona tus propios errores, y los de tu niño. No tiene sentido acumular resentimientos. Mejor reflexiona sobre por qué no salió tan bien y qué podrías hacer para mejorar eso, e intenta hacerlo mejor la próxima vez. Así podrás empezar un día fresco al día siguiente.
Con demasiada frecuencia, los padres de niños con TDAH dedican tanto tiempo y energía exclusivamente a sus hijos que se agotan. Esta actitud puede parecer heroica y altruista, pero en realidad no tiene sentido y es destructivo a largo plazo.
Si te das cuenta que no estás usando muchos de estos hábitos efectivos, no eres el único, ni eres un mal padre o una persona horrible. Todos pueden estar cansados, estresados, enojados, y esto interfiere con su capacidad para mantener estos principios en mente y actuar en consecuencia. Criar no es fácil y demanda esfuerzo y trabajo constante. Puede ser frustrante intentar nuevas estrategias y que no funcionen a la primera, lo más importante es el esfuerzo que hacen por mejorar y perseverar en ello.
FUENTE:
Autora: Fernanda Prieto es psicóloga Infanto Juvenil de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con un diplomado en Psicodiagnóstico Clínico Infanto Juvenil de la misma universidad.

lunes, 3 de marzo de 2014

TDAH: CONFERENCIA DE JESÚS JARQUE EN GUADALAJARA



La Asociación TDAH Guadalajara celebra este jueves 6 de marzo una nueva conferencia a cargo de Jesús Jarque, con el título “El TDAH, pautas para casa y el cole”, en el salón de actos del Campus universitario (C/ Cifuentes nº 28. Guadalajara), de 17.30 a 19.00.

Dirigida a padres y madres, docentes y todos los interesados en conocer un poco mejor este trastorno.

La entrada es gratuita.

Recordamos que las pautas recomendadas para el TDAH son también efectivas en la educación de niños/as sin el trastorno.

Jesús Jarque es orientador y pedagogo, autor de la web www.familiaycole.com

viernes, 20 de diciembre de 2013

ASÍ DEBEN ACTUAR EN EL AULA LOS PROFESORES PARA AYUDAR A LOS ALUMNOS CON TDAH


Aplicar sencillas pautas les ayudará a solucionar el 80% de su problema y aumentar hasta en dos puntos sus notas finales.
Según algunos estudios, el TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) es el trastorno psiquiátrico de mayor prevalencia en la infancia y llega a afectar hasta a un 5% de los niños en nuestro país.
«En los colegios es donde se suelen detectar los problemas y donde está el origen de las soluciones»


16/12/2013 
Los primeros síntomas, por lo general, se manifiestan entre los 5 y 6 años: se distraen con gran facilidad, son impulsivos, dan respuestas poco reflexivas, tienen exceso de actividad motora... Todo ello hace que, en muchos casos, sean difíciles de tratar tanto por los padres en casa, como por los profesores en el colegio.
Ángel Terrón y Alberto Jiménez, socios fundadores de Educ-at, tienen gran experiencia en el tratamiento de este trastorno y afirman que «en la mayoría de las ocasiones es en los colegios donde empiezan los problemas y afortunadamente, cada vez más, el origen de las soluciones».
Según datos de Javier Cabanyes, especialista en Neurología, doctor en Medicina-Cirugía y director del curso de experto en TDAH en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), en cada clase puede haber entre uno y dos niños con este trastorno. «Es necesario que haya un experto en TDAH en cada centro escolar con una triple función: identificar, asesorar y reforzar la intervención multidisciplinaria para ayudar a estos alumnos. Que se sepa manejar bien a estos niños en el aula es casi el 80% de la solución al problema», apunta este especialista.
La dificultad consiste, tal y como explica Fulgencio Madrid, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al TDAH, en que «cuando se detecta a un niño con este trastorno y salta la alarma, a los profesores se les escapa el asunto de las manos porque no saben cómo actuar al no disponer de una formación suficiente para tratar estos casos».
Por este motivo Javier Cabanyes añade que «lo primero que se necesita es formar al profesorado para que sepa qué es este trastorno y qué hacer con el niño que lo padece para generar entornos más apropiados. Esto, aunque no es suficiente, ya es mucho», puntualiza.
HABLAR TAMBIÉN DE LOS ÉXITOS
Fulgencio Madrid explica que en Murcia se puso en marcha un «Protocolo de diagnóstico y tratamiento» en las aulas en colaboración entre Sanidad y Educación. Los resultados han sido muy positivos: en Primaria, el porcentaje de aprobados en junio ha sido del 43%, y del 25% en alumnos con menos de dos suspensos. «Es decir, la tasa de éxito escolar está en el 70%, equiparable al de los alumnos que no tienen TDAH. Al hablar de este trastorno siempre se menciona el fracaso, ya es hora de que hablemos también de los éxitos», asegura Fulgencio Madrid.
UN COLEGIO DEDICADO A ESTOS ALUMNOS
En el colegio Nuevo Velázquez de Madrid saben muy bien cómo sacar rendimiento a los alumnos que padecen TDAH. Sus aulas tienen un máximo de 15 alumnos, por lo que el contacto con los estudiantes que padecen este trastorno es muy cercano.
Para aumentar su rendimiento en los estudios «enviamos cada día a los padres una agenda con lo que han hecho en clase y con los deberes que deben hacer en casa —explica el director de este centro, Carlos González—. Además, al final de cada semana el profesor habla directamente con los padres para evaluar sus avances y así analizar si va por el camino correcto. El contacto escuela-familia es esencial para lograr el éxito en sus avances».
Esta involucración es posible gracias a que el profesorado del colegio Nuevo Velázquez tiene formación específica para atender los casos de TDAH. González asegura que hay padres que traen a sus hijos al centro desesperados porque creen que son unos vagos, pero en realidad los docentes descubren que no es así, que padecen este trastorno.
«Los profesores han aprendido a poner en práctica una metodología que facilita mucho a estos alumnos la asimilación de conceptos. Además, en los exámenes que realizan al final de cada mes, les entregan cada pregunta en una hoja diferente, de manera que cuando la contestan, se les da la siguiente y se evita que se bloqueen.
También se les ayuda a comprender lo que se les pregunta para que no se queden en blanco, porque su dificultad no es la asimilación de conocimientos, sino cómo expresarlos, —apunta González—. «Lo primero que mejora es la propia autoestima de estos chicos».

¿QUÉ PUEDE HACER EL PROFESORADO?
De lo que no hay duda, es que los docentes tienen una situación privilegiada por su posibilidad de estar con muchos niños, observarles y detectar cualquier anomalía que haga sospechar de un posible TDAH.
Pero, ¿qué puede hacer el profesorado para favorecer el aprendizaje de estos alumnos?
  • No se puede olvidar que este trastorno se caracteriza fundamentalmente por déficit de atención, lo que dificulta en ocasiones el entendimiento de conceptos. Por ello, Ángel Terrón señala que es muy útil que el profesor utilice ejemplos prácticos que complementen la teoría, que secuencie la información o emplee medios dinámicos, como el uso de un proyector o nuevas tecnologías, para suplir el déficit atencional, lo que obviamente exige un esfuerzo adicional de los centros y profesores.
  • Otra medida muy sencilla y eficaz —según José Ramón Gamo, director pedagógico de CADE (Centro de Atención a la Diversidad Educativa)— es seccionar el texto en unidades cortas y más simples e, incluso, destacar con otro color la información principal.
  • Cuando llega la hora del examen «es habitual— añade Gamo— que el niño TDAH se bloquee en la primera pregunta, no porque no sepa responder, sino porque le cuesta entender el planteamiento. Por ello es esencial que se le entregue la primera pregunta, se le ayude a comprenderla y que la responda.
  • De manera secuencial se le entregará la segunda pregunta y así sucesivamente. Es una pequeña ayuda para hacer lo que su cerebro no es capaz de realizar. Con esta práctica se consigue que mejoren la nota final entre un 1,5 y 2 puntos. Sí además no se le pone límite de tiempo y se le ayuda a planificarlo, los resultados mejoran hasta en 1,8 puntos».
  • También es importante reforzar las aportaciones. «Es decir, si el niño no consigue su objetivo, pero se está esforzando en ello, el profesor debe valorarlo», apunta Ángel Terrón.
  • Terrón también señala que debe evitarse que el niño salga en mitad de la clase para acudir a sesiones con su orientador porque, ante la mirada del resto de los niños, daña su moral y debilita su motivación».
  • Otra práctica muy acertada es la «tutorización» dentro del aula por parte de otro compañero «puesto que aceptará mucho mejor de sus iguales sugerencias o preguntas como ¿te has apuntado bien los deberes de mañana? «Esta medida cada vez está siendo más adoptada por algunos centros y suele tener buena aceptación», señala Ángel Terrón.
  • El esfuerzo de los estudiantes con TDAH se ve muy potenciado por el aprendizaje cooperativo; es decir, por el trabajo en grupo que permite el intercambio de información entre los alumnos. «El fin no es la competitividad, sino que entiendan los conceptos tratados y puedan elaborarlos pasando a ser una parte activa del aprendizaje. Por otro lado —prosigue Terrón—, mejora las relaciones sociales entre compañeros».
FUENTE: