El cerebro humano
cuenta con una zona muy importante en la parte delantera de la cabeza que se le
llama Prefrontal. Es en esta zona es en donde se encuentra la atención y las
funciones ejecutivas, habilidades que permiten a la persona ser consciente de
las cosas, tomar decisiones, planear, organizar, ejecutar y evaluar las
acciones realizadas, que justamente es lo que se ve más afectado con el TDAH.
El cerebro
funciona a base de estímulos eléctricos que llevan y traen información
necesaria para realizar las diferentes actividades de la vida. Esta información
se logra transmitir gracias a las neuronas y éstas a su vez se pueden comunicar
entre sí por la intervención de unas sustancias químicas llamadas neurotransmisores.
Los
neurotransmisores se encuentran en el espacio que hay entre cada neurona y al
hecho de conectarse con los extremos de cada una de ellas se le llama sinapsis
y el espacio entre cada neurona recibe el nombre de espacio sináptico. Y es
justamente es ahí en donde se “transportan” los mensajes entre cada neurona y cuando
los neurotransmisores no lo hacen bien porque “pierden el rumbo”, no están
disponibles o de plano no existen, es que las respuestas de la persona son
equivocadas, lentas o bien exageradas, justamente lo que pasa en el caso del
TDAH.
La presencia en
bajas cantidades de diferentes neurotransmisores (las sustancias químicas que
se encuentran en el cerebro), pueden ser la base para que se presenten algunas
condiciones de salud mental y del estado de ánimo.
Los
neurotransmisores que están relacionados con el TDAH son tres, los cuales
participan llevando y trayendo información de los frontales a las demás zonas
del cerebro y viceversa, favoreciendo las adecuadas respuestas cognitivas y el
control de impulsos de la persona:
Dopamina (sustancia encargada de manejar el centro de recompensa y
placer del cerebro)
Serotonina, y
Norepinefrina o
noradrenalina (sustancia relacionada muy de cerca com la dopamina)
¿Qué significa
esto?
De manera muy
sencilla, esto quiere decir que si los niveles de estas sustancias químicas del
cerebro son bajos afectan la manera en que las personas con TDAH experimentan
los procesos de gratificación y motivación y, por tanto, son más propensos a
perder rápidamente el interés en ciertas actividades y en buscar más
estimulación del ambiente que otras personas.
Estos bajos
niveles en los sistemas de transmisores químicos terminan por afectar áreas específicas
del cerebro:
Áreas
involucradas
Algunas de las
áreas específicas que se ven involucradas cuando una persona presenta TDAH, y
se han podido demostrar son:
1. Lóbulo frontal
Esta es la parte
del cerebro que se encuentra adelante, justo detrás de la frente, y es la
encargada de ayudar con los procesos más complejos que llevamos a cabo los seres
humanos. Los estudios científicos han encontrado que ciertas estructuras del lóbulo
frontal tardan más en desarrollarse en personas con TDAH, lo que puede llevar a
afectar funciones como:
La toma de
decisiones
La organización
La planeación
El control de
impulsos
El juicio
La memoria
La atención
La capacidad de
conseguir gratificación
2. Sistema
Límbico
Esta región se
encuentra justo en el centro del cerebro, en su parte más profunda. Se encarga
de generar las respuestas emocionales que sentimos, y está involucrada en
procesos de motivación y atención a diferentes estímulos.
3. Ganglios
basales
También ubicados
al interior del cerebro, los ganglios basales son un grupo de núcleos
responsables principalmente del control motor, así como de otras funciones como
el aprendizaje motor, las funciones ejecutivas, los comportamientos y las emociones.
Una deficiencia aquí puede provocar un "cortocircuito" en la
comunicación e información al interior del cerebro, lo que se convierte en una
falta de atención e impulsividad.
4. Sistema de
activación reticular
Este sistema es
una red de neuronas situada en el tronco cerebral responsable de nuestros
patrones de vigilia, nuestra capacidad de concentración y la respuesta de lucha
y huida; una deficiencia aquí puede causar falta de atención, impulsividad o hiperactividad.
Qué ocurre cuando
hay niveles bajos de neurotransmisores:
Cuando existen
niveles elevados de Dopamina la persona puede:
• Estar
concentrada
• Trabajar
intensamente en las tareas
• Mantener un
buen estado de alerta
Cuando existen
niveles bajos de Dopamina entonces:
• Hay distracción
• Tiene
dificultad para completar una tarea
• Dificultad para
pensar anticipadamente
• Dificultad para
responder a tiempo
• Presenta
impulsividad cognitiva (muchas ideas de golpe en la cabeza)
En el caso de la
Serotonina, con niveles elevados:
• Se logra
satisfacción
• Mantiene buen
estado del ánimo
• Puede
mantenerse enfocado en una sola cosa
• Ayuda a
conciliar el sueño
Cuando existen
niveles bajos de Serotonina:
• Hay
insatisfacción
• Propenso a la
irritabilidad
• Presenta
agresión hacia sí mismo u otros
• Impulsividad
• Comportamiento
obsesivo compulsivo
• Riesgo de
suicidio (actúa sin freno)
• Impulsividad
cognitiva (muchas ideas de golpe en la cabeza)
Respecto a los
niveles altos de Norepinefrina (noradrenalina):
• Busca emociones
fuertes, en muchos casos extremos
• Persigue nuevas
actividades
• Mantiene buen
estado del ánimo
• Sostiene la
atención
Y con los niveles
bajos de Norepinefrina (noradrenalina):
• Indiferente,
apagado emocionalmente
• Existe baja
energía, apatía
• Puede presentar
depresión
• Reacciones con
agresión
En síntesis,
podemos decir que la dopamina tiene que ver con el placer, la motivación, la
recompensa y la cognición. La serotonina con el control del estado del ánimo y
las emociones y la norepinefrina o noradrenalina con los procesos de atención
principalmente (en combinación con la dopamina).
Así, más allá de
aprenderte cada parte del cerebro o los nombres de las sustancias químicas, es
importante ver que existen motivos físicos reales que pueden causar este tipo
de condiciones. Si alguien tiene esta condición no es porque no esté esforzándose,
porque sea “un mal niño” o porque no quiera hacer las cosas, es porque hay
diferentes causas que hacen que sus procesos de atención y motivación sean
diferentes.
Lo importante es
saber que también existen tratamientos terapéuticos y, de ser necesario,
farmacológicos que pueden ayudar. Así que si tú o alguien cercano parecen
presentar síntomas de TDAH te invitamos a consultar con un profesional.
¿Quieres saber a qué se deben los síntomas del TDAH? No, no
es un problema educativo, no es un problema de aprendizaje y tampoco es pura
vagueza de tu hijo. Todo depende del funcionamiento de tres neurotransmisores.
¿Quieres saber cuáles? Quiero que te quede claro qué son los neurotransmisores
y que el TDAH no es un problema educativo.
En este post te vamos a explicar cuáles son los tres
principales neurotransmisores implicados en el desarrollo del TDAH, cuál es el
fallo que presentan y lo más importante: la forma de solucionar su mal
funcionamiento.
Los neurotransmisores y el TDAH
Los tres principales neurotransmisores implicados en el
desarrollo de los síntomas típicos del TDAH son tres:
La dopamina
La noradrenalina
La serotonina
La dopamina es la sustancia de nuestro organismo más
estrechamente relacionada con las sensaciones de placer, bienestar y
recompensa. Cualquier cosa que nos haga sentir bien lo hace subiéndonos la
dopamina, y al revés, también. Estos mecanismos están muy relacionados con los
procesos de motivación.En el TDAH, la
dopamina no ejerce bien su función y precisamente por ello aparecen sensaciones
de desmotivación, falta de interés y desgana en general.
De hecho, una de las quejas más frecuentes de las familias
que veo en la consulta es que no consiguen que su hijo se motive con nada salvo
con los videojuegos o internet.
¿Sabes por qué ocurre esto? Porque los videojuegos e
internet producen estímulos intensos, repetitivos, ilimitados e inmediatos.
Estos generan niveles altos pero poco duraderos de dopamina, que actúan de
forma muy similar a lo que generan las drogas. Precisamente por eso, los chicos
con TDAH tienen una conducta aún más adictiva que los demás con estos temas y
pueden acabar metiéndose en problemas muy serios si no se controlan
adecuadamente.
La dopamina, además, tiene un papel fundamental en el control del movimiento.
Para que te hagas una idea, en la enfermedad de Parkinson se altera el
funcionamiento de la dopamina en una zona del cerebro llamada sustancia negra,
En el TDAH pasa algo parecido en regiones como el lóbulo frontal y los ganglios
basales.
La noradrenalina es un neurotransmisor implicado
principalmente en las respuestas reflejas automáticas, el nivel de alerta, la
reactividad y los impulsos en general. Al alterarse su funcionamiento en el
TDAH, se producen problemas de impulsividad, mala conducta, problemas en la
capacidad de control del tiempo y la planificación, por ejemplo. Seguro que te
has encontrado a tu hijo en más de una ocasión preguntando cosas como: «¿Cuánto
queda? ¿Y luego qué vamos a hacer?». Parecen mostrar una gran ansiedad
anticipatoria asociada también a una importante intolerancia a la frustración.
En casos extremos, pueden aparecer casos de agresividad y violencia.
Para terminar, tenemos la serotonina. Ella es la responsable
de mantener la estabilidad anímica y emocional en niveles dentro de la
normalidad. Cuando se altera pueden aparecer problemas de ansiedad e incluso de
depresión, pero lo más habitual es la conocida como disregulación emocional.
La disregulación emocional en el TDAH
La disregulación emocional supone la respuesta anormal a los
estímulos emocionales externos y propios. A veces responde de forma excesiva
ante estímulos pequeños o viceversa. Otras veces responde de forma contraria a
la esperada o ni siquiera responde. Como ves, las consecuencias que pueden
derivarse de la alteración de uno o varios de estos neurotransmisores son de
gran trascendencia y claro está, merece la pena controlarlas. La cuestión es:
¿Se puede?
Pues me vas a responder tú cuando te explique cuál es
exactamente el fallo que genera ese mal funcionamiento. Lo que ocurre es que
los neurotransmisores que salen de una neurona en dirección a otra para
transmitir los mensajes que llevan en su interior, deben llegar sin problemas a
su destino, pero en el TDAH muchos de esos mensajeros vuelven de nuevo a la neurona
de origen sin haber hecho su trabajo y no habiendo transmitido el mensaje a la otra. Como
resultado, el sistema no funciona bien.
¿Cuál es la clave? Que la medicación y los suplementos
nutricionales evitan que esos neurotransmisores vuelvan a su punto de partida sin
haber concluido su trabajo. Este es el paso fundamental para que todo el
proceso recupere la normalidad. ¿Lo ves? Claro que es posible. Es importante
que te quede claro que el TDAH no es un problema educativo.
¿Cómo
podemos aplicar en el aula las conclusiones de la neurociencia?
En
los últimos años se ha podido ver de forma emergente la aplicación de recientes
hallazgos en neurociencia aplicada a la educación, esto es debido al uso de
numerosas herramientas que nos permiten observar al cerebro desde dentro, como
por ejemplo la resonancia magnética funcional.
Estas
imágenes nos permiten poder ir descubriendo aquellas prácticas educativas que
activan las regiones cerebrales que son clave para el aprendizaje y justo de
ahí surge la necesidad de promover una reflexión tanto teórica como práctica
que nos permita implementar este matrimonio entre la neurociencia y la
pedagogía.
Se
ha podido observar la importancia de lasemocionesdentro del aprendizaje, esto
nos lleva a la necesidad de activar las regiones del cerebro emocional, los
conocidos dispositivos básicos para el aprendizaje: motivación, atención y
memoria.
Motivaral alumno es una tarea fundamental de los maestros, los alumnos no sólo deben
poder, sino que también tienen que querer. Pongamos en juegos herramientas para
conocer las motivaciones intrínsecas de nuestros alumnos, para tener las
capacidades de dar respuestas a los para qué que tantas y tantas veces están
presentes en nuestras aulas.
El
cerebro es actividad química y como tal debemos de saber jugar con esas combinaciones,
en fases iniciales del aprendizajes generar que los alumnos quieran, dopamina,
durante el desarrollo del aprendizaje, implicar al alumno como parte activa de
su proceso de construcción del conocimiento, adrenalina, y la clave de la
generación del éxito constante en nuestro alumnado, serotonina, de esta forma
estaremos nutriendo el D.A.S (Sistema neurobiológico de la motivación) y
permitirnos trabajar sobre las variables contextuales de la motivación que tanto
afectan a nuestros alumnos.
Sabemos
que la atención de nuestros alumnos es ilimitada, ¡debemos de captarla!,
conocemos multitud de estrategias que al cerebro le encantan y hacen que este
“enganchado” a la tarea y eso le permite trabajar consumiendo menos recursos.
Algunas de las estrategias son: la contextualización de los contenidos, las
disonancias cognitivas, el juego, el humor, la cooperación, las narrativas, el
reconocimiento… Esta es una de las grandes claves captar la atención de nuestro
alumnado.
Sin
memoria, no hay aprendizaje. Algunas de las conclusiones que se han observado
es la importancia de realizar durante los procesos de aprendizaje, evaluaciones
sistemáticas de lo aprendido y además que sean de carácter formativo y
sumativas. En las fases iniciales del aprendizaje, activar los conocimientos
previos de nuestros alumnos, no son tabulas rasas que llenar de contenidos.
En
períodos del aprendizaje más avanzados, evaluar la comprensión de los
contenidos, hacer visible en nuestros alumnos lo que no saben para que con toda
esta información proceder a migrar a las memorias a largo plazo y por último
evaluar los procesos por encima de los resultados, una evaluación como un
diagnóstico de lo aprendido, potenciar el uso de la metacognición de nuestros
alumnos, qué han aprendido, cómo lo han aprendido, para qué me ha servido y
cómo lo puedo aplicar en otros contextos, en fin, potenciar la competencia de
aprender a aprender de nuestros alumnos. Contextualizar, reflexionar,
recodificar, retroalimentar… son algunas estrategias para trabajar sobre las
memorias significativas.
La
neurociencia también nos ha hecho ver que aprendemos mejor con otros que solos,
el ser humanos es un ser social que ha basado su supervivencia como especie en
la cooperación. A día de hoy sabemos que cuando trabajamos en el aula de forma
cooperativa se activan regiones emocionales de nuestro cerebro determinantes
para el aprendizaje.
Como
seres sociales, mamíferos, desarrollamos muchas de nuestras estrategias a
través del juego: nos permite realizar las cosas por el hecho de hacerlas,
motivación intrínseca, vivimos experiencias placenteras, potenciamos el uso de
las narrativas (atención), potencia la toma de decisiones, la imaginación y
permite a nuestros alumnos ser más competentes en el momento de resolver retos
propios de la tarea.
También
conocemos la importancia de las artes para el desarrollo cerebral del niño,
tanto en el ámbito sensorial como en el motor, emocional y cognitivo. Así, por
ejemplo, en sus primero años y de forma natural, el niño baila, canta o dibuja.
Pero por encima de la incidencia particular que pueda tener sobre el
aprendizaje cualquiera de las diferentes variedades artísticas (música, dibujo,
teatro, etc.), la educación artística resulta necesaria porque nos permite
adquirir toda una serie de hábitos mentales y competencias básicas en los
tiempos actuales -como la creatividad, cooperación, pensamiento crítico,
resolución de problemas o iniciativa- que están en consonancia con la
naturaleza social del ser humano y que son imprescindibles para el aprendizaje
de cualquier contenido curricular.
La
actividad física no solo es buena para preservar una gran variedad de funciones
corporales o para combatir el tan temido estrés que perjudica el aprendizaje
sino que tiene una incidencia positiva sobre el cerebro. Al realizar ejercicio
físico, especialmente aeróbico, se segrega la molécula BDNF que está asociada a
los procesos de plasticidad sináptica, neurogénesis o vascularidad cerebral.
Las
investigaciones en neurociencia están suministrando información relevante sobre
cómo surge el llamadoinsight (¡eureka!), esa aparición repentina e
inconsciente que nos permite encontrar la solución de un problema o tarea que
no sabíamos resolver y que nos provocaba el tan temido bloqueo mental. En el
momento inicial, es conveniente tener muchas ideas (lluvia de ideas en el
aula), ir asociándose y poco antes de que aparezca la idea feliz se da un
estado de relajación cerebral.
Esto
sugiere que cuando no seamos capaces de resolver un problema, al que hemos
dedicado mucho tiempo, la mejor estrategia puede ser no perseverar más, sino
aparcarlo temporalmente y dedicarnos a otras tareas, o mejor realizar ejercicio
físico o simplemente dormir porque existen unos mecanismos cerebrales
inconscientes que seguirán trabajando en el problema en cuestión y que
facilitarán su resolución.
Hay
muchos mitos asociados a la creatividad y lo cierto es que, con el
entrenamiento adecuado, tal como sugieren las investigaciones modernas, también
podemos aprender a ser más creativos, una auténtica necesidad en los tiempos
actuales de predominio tecnológico.
Afortunadamente,
nuestro cerebro plástico nos permite seguir descubriendo y enriqueciendo el
aprendizaje, lo cual constituye una necesidad urgente para mejorar la educación
y transformar la sociedad haciéndola más justa y compasiva.
Consejos
y posibles curas para vivir tranquilamente entre ríos incesantes de datos (la
toxicología del bit). Pon atención y disfruta la multidimensionalidad del mundo
que sucede a la velocidad de la luz/a la velocidad de la información.
Por
Alejandro Martínez Gallardo - 03/06/2013
“Pay attention and breath”.
-Terence Mckenna
En
un mundo donde nuestra interacción social suele estar mediatizada y nuestras
herramientas de trabajo son en sí mismas medios de comunicación que no dejan de
emitir mensajes –interminables parpadeos electrónicos en el flujo del tiempo–,
la atención se ha convertido en un recurso limitado sumamente codiciado. Según
Jason Silva, “la atención es el nuevo petróleo” y “está siendo devorada cada
vez más rápido”; en el mercado mediático los gurús del marketing y la
comunicación ponen sus mejores esfuerzos al servicio de “capturar y manejar (la
atención de las) personas”.
Aunque
seamos conscientes de que nuestros medios y nuestros gadgets fomentan el
consumo de información breve y segmentada, como en snacks predigeridos,
extractos eminentemente visuales o llamativos –poco reflexionamos sobre lo que
le sucede a nuestra capacidad de concentrarnos y a la duración de nuestros
periodos de atención. Aunque meditar,
desconectarnos a ratos de Internet, salir a caminar al bosque o leer literatura
clásica nos pueden situar en otro flujo de tiempo, más amplio, cuyos frutos
reposados pueden extenderse a todas las áreas de nuestra vida–, es
indispensable detenernos a observar nuestros hábitos de navegación y la
relación que tenemos con nuestros gadgets para implementar estrategias de
aprovechamiento (en la voraz competencia por la atención que en ocasiones torna
a nuestro cerebro en contra de nosotros mismos).
Cuando
navegas por internet, ¿cuánto tiempo pasas en la misma página? ¿Si te quedas en
un mismo sitio por mucho tiempo sientes la urgencia del zapping? ¿Si te
encuentras con un artículo cuya extensión va más allá de un par de párrafos y
parece tener cierta densidad informativa, te posee una especie de incomodidad
intelectual y rápidamente te refugias en Facebook? Cuando no tienes “nada” que
hacer, ¿tomas automáticamente, en un vacío de Pavlov, tu smartphone y te pones
a ver fotos en Instagram? ¿Cada cuánto refrescas tu proveedor de mail para ver
si ya llegó otro correo? ¿En ocasiones crees escuchar el ringtone de tu
télefono sonando, pero cuando lo desbloqueas te das cuenta que fue tu
imaginación? ¿Te suele pasar que excedes el tiempo para contestar un captcha
(porque se te olvido mientras navegabas por otros sitios) y tienes que esperar
45 minutos más para bajar el disco que querías en páginas como Rapidgator o
Uploaded? ¿Sientes una necesidad física de tener cerca tu móvil como si fuera
un miembro fantasma? ¿Cuándo fue la última vez que surfeaste la Red sin estar
chequeando updates (actualizaciones) en alguna red social, divagando como buen
ciber fláneur (ciber paseante) sin sentir el apremio del reloj, en la deriva
pura de la data?
Esta
es la sintomatología de una atención dividida en la era de la hiperestimulación
informativa. No se trata de oponer un puritanismo ludita, sino de reflexionar
sobre hasta qué punto nuestros gadgets nos hacen menos eficientes (como sugiere
Douglas Rushkoff). Y es que por más que Facebook o Twitter (por citar las redes
sociales más populares) sean formidables herramientas para conectarnos con
nuestros amigos o encontrar información interesante, su misma naturaleza,
aquello que los hace tan atractivos –sus filtros, sus trozos de información
relevante constantemente actualizándose que nos hace saltar de un lugar a otro,
la misma friendliness de su diseño , etc.– las hace poco favorables para
cultivar nuestra atención y concentrarnos en tareas puntuales de manera más
prolija. Es parte de una especie de ennuie (aburrimiento) digital en el que
solemos procrastinar y merodear conectados por horas cuando podríamos haber
resuelto alguna tarea específica en 45 minutos de concentración
ininterrumpida. Y después podríamos
encontrar la resolana, sin estrés de tener que completar algo, un mundo
abierto. (A esto se une el efecto nocivo que tiene la luz brillante de las
pantallas después del ocaso, un efecto que nos deja encandilados y enganchados
como si fueran una adictiva droga de diseño).
Una
investigación de la Universidad Carnegie Mellon mostró que cuando los
estudiantes eran interrumpidos con mensajes de texto mientras realizaban un
examen sus resultados eran un 20% más bajos que cuando sus teléfonos estaban
apagados. Según otro estudio, la mayoría de los estudiantes navegan por la Web
o comprueban su mail cada dos minutos mientras realizan sus tareas en casa. De
la misma manera, la mayor parte de los trabajadores adultos logran enfocarse en
una misma tarea sólo durante 11 minutos.
Ante
este estado general de la atención, la profesora de Historia del Arte y
Arquitectura de la Universidad de Harvard, Jennifer Roberts, ha implementado en
su curso la tarea de detenerse a observar una pintura o una escultura durante
tres horas seguidas. Sobre esta asignatura, que ha recibido cierto eco
mediático, escribe Daniel Willingham de la Universidad de Virginia: “Lo que me
gusta tanto de esta tarea es que contradice la creencia de que te aburrirás
fácilmente si pones tu atención en una sola cosa por mucho tiempo… Cuando
cambiamos rápidamente nuestra atención, nos perdemos de cosas que nos pueden
dar un entendimiento más profundo del mundo“. Los mismos estudiantes suelen
decirle a Roberts que después de esas tres horas han generado algunas de sus
mejores ideas e insights sobre el arte y también sobre sus propias vidas.
Según
la Dr. Cathy Kerr de la Universidad de Brown, el hecho de que nuestra atención
se reparta en tantas actividades está causando pequeños cambios en nuestro
cerebro –aunque practicar la atención sostenida diariamente también produce
cambios sutiles en nuestro cerebro en otro sentido. Tal es la neuroplasticidad,
que donde pone la mirada transforma su capacidad de ver. O en palabras de
Steven Johnson: “Nuestros pensamientos transforman nuestros espacios y nuestros
espacios nos devuelven el favor”.
CONSEJOS
PARA ADMINISTRAR EL TIEMPO EN LA ERA DE LAS MÁQUINAS (EN EL QUE TODO
PUEDE PASAR AL MISMO TIEMPO)
Según
explica Tony Schwartz, autor de The Energy Project, al igual que durante el
sueño, nuestros cuerpo en la vigilia están regidos por un ciclo de 90 minutos
–nos movemos de un estado de alerta a uno de fatiga fisiológica en estos
intervalos.
Es
por esto que es importante encontrar una forma de renovar la energía y la atención,
por lo que se recomienda trabajar concentradamente en una tarea durante una
hora y media y luego descansar, meditar o entretenerse con otra cosa por un
intervalo de entre 15 y 30 minutos para luego dedicarse a otra tarea.. Según
Douglas Rushkoff: “En vez de encontrar estabilidad en el aquí y en el ahora,
acabamos reaccionando al asalto siempre presente de impulsos y comandos
simultáneos” y “sí, podríamos estar en medio de una crisis existencial, pero
estamos demasiado ocupados para notarlo”. El resultado del asalto multiventana
de la información es que el presente nos resulta un shock.
Achtung,
achtung, (en alemán: “atención, atención”) es el mantra que actualmente se escucha
con frecuencia. No está de más pedir atención aunque, en la era de la
sobreinformación y de la distracción, aunque conseguirla es conseguir un
preciado tesoro.
La atención representa uno de los factores cruciales en la crisis educativa actual. Su orientación guiada, a través de los actos voluntarios, nos conduce a la concentración. Y ello requiere preparación. En el vídeo que se incluía en el
post anterior se demuestra lo que se conoce como ceguera por desatención).
Analicemos
qué revela la moderna neurociencia cognitiva sobre su localización en el
cerebro, la existencia de ciclos clave, la influencia de componentes químicos y
biológicos o los factores que centran nuestra atención.
LOCALIZACIÓN
EN EL CEREBRO
La
atención constituye una focalización de nuestra consciencia que permite filtrar
la información de forma adecuada. Como la atención está integrada por
componentes perceptivos, motrices y motivacionales su neuroanatomía se
distribuye en diferentes regiones cerebrales, subcorticales y corticales.
Diferentes
áreas del cerebro implicadas en captar y centrar la atención: lóbulo frontal,
cuerpo calloso, tálamo, núcleo pulvinar, córtex parietal posterior, sistema
activador reticular y colículo superior. (Jensen, Eric,
Teaching with the brain in mind, Association for Supervision and Curriculum
Development, 1998).
Asumiendo los diferentes tipos en los que se puede clasificar la atención, la atención selectiva es el proceso en el que se responde a un estímulo o tarea y se ignoran otras. Ante el asedio de estímulos sensoriales a los que somos sometidos, la atención filtra la información recibida, precediendo y desempeñando un papel fundamental en la percepción, la acción y la memoria. El hecho de que algunas regiones cerebrales que intervienen en el comportamiento voluntario también intervengan en procesos de atención, confirma su función decisiva en la unidad de la experiencia consciente.
Nuestro
organismo requiere un mecanismo neuronal que lo regule y lo focalice, dado que
la capacidad de nuestro cerebro para procesar información sensorial es más limitada
que la capacidad de sus receptores para captar el entorno, es decir, la
información entrante supera la capacidad de procesamiento de nuestro sistema
nervioso. Ese mecanismo imprescindible es la atención.
LOS
CICLOS DE LA ATENCIÓN
Actividad
eléctrica durante los estados de ondas cerebrales (cps: ciclos por segundo).
Beta: actividad alta, Alfa: alerta relajada, Theta: susceptibilidad profunda,
Delta: no consciente. Las ondas cerebrales facilitan la sincronización neuronal
y así se puede enfocar la mente. (Jensen, Eric, Teaching with the
brain in mind, Association for Supervision and Curriculum Development, 1998).
Existen
ciclos clave de nuestro cerebro que oscilan entre 90 y 110
minutos y nos permiten mantener la atención.
Diversos estudios demuestran que
la atención sostenida sólo puede mantenerse durante cortos períodos de tiempo
que no superan los 15 minutos. Aparece el factor temporal como una variable
decisiva en el aprendizaje y es que, además, a nivel neuronal, se requiere
tiempo para fortalecer las sinapsis y no tener que responder a otros estímulos
generados. Como el aprendizaje de nuevos conceptos o destrezas requiere un
tiempo de procesamiento y asimilación, los docentes deberíamos organizar
nuestros contenidos en bloques que no superaran los 20 minutos. Después de cada
bloque, para facilitar el aprendizaje y optimizar los ciclos de atención,
deberíamos invertir unos minutos en reflexionar sobre lo explicado o en
descansar.
FACTORES
QUÍMICOS Y GENÉTICOS
Los
neurotransmisores, las hormonas y los genes tienen una influencia importante en
la atención. Cuando estamos distraídos, los niveles de norepinefrina
(noradrenalina), una sustancia química importante para el control de la
atención y la impulsividad que puede actuar como hormona cuando es segregada en
respuesta al estrés, suelen ser bajos. Los niveles de acetilcolina, un
neurotransmisor asociado a la somnolencia que es importante en la estimulación del
tejido muscular, suelen ser más altos durante la noche. Asimismo, en estados de
alerta, los niveles de la hormona adrenalina son mayores y, en situaciones de
estrés, los niveles de la hormona cortisol aumentan considerablemente.
Existe
un vínculo genético entre las conductas impulsivas que buscan lo novedoso con
la dopamina, un neurotransmisor fundamental en el control de la atención y en
la potenciación a largo plazo. Muchos niños presentan síntomas parecidos al
TDAH (Trastorno con Déficit de Atención por Hiperactividad) como consecuencia
de la falta de madurez de la corteza prefrontal.
El
desarrollo más lento del lóbulo frontal puede conllevar una mayor dificultad
para mantener la atención e inhibir conductas inapropiadas. En niños con TDAH se ha observado un tamaño más reducido de la región del sistema
límbico conocida como núcleo accumbens que está asociada a los circuitos de
recompensa. La dopamina interviene en estos circuitos y muestra la influencia de
los estados de ánimo en la atención.
Científicos
descubrieron la primera "evidencia definitiva" de que las personas
que sufren el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH),
tienen una composición química cerebral diferente.
TDAH
Se
encontraron nuevas diferencias en zonas del cerebro relacionadas a la
recompensa.
Los
científicos del Laboratorio Nacional Brookhaven del Departamento de Energía de
Estados Unidos encontraron que las personas con TDAH tienen niveles más bajos
que lo normal de proteínas esenciales para poder experimentar la sensación de
recompensa y motivación.
El
hallazgo, afirman los científicos en la Revista de la Asociación Médica
Estadounidense (JAMA), podría ayudar en el diseño de nuevas formas para
combatir la enfermedad que afecta principalmente a niños y jóvenes.
El
TDAH es una enfermedad caracterizada por una reducida capacidad para mantener
la atención, poca habilidad para procesar la información debido a la
distracción moderada a severa, inquietud motora, inestabilidad emocional y
conductas impulsivas.
A
pesar de ser uno de los trastornos psiquiátricos infantiles más estudiados,
todavía se conoce muy poco sobre sus causas pero se cree que podría deberse a
un desequilibrio en los neurotransmisores (los compuestos encargados de
transmitir señales nerviosas en el cerebro).
RECOMPENSA Y MOTIVACIÓN
Estudios
previos en los cerebros de personas con TDAH habían revelado diferencias en
zonas del cerebro que controlan la atención y la hiperactividad.
Pero
este estudio sugiere que el trastorno también tiene un profundo impacto en otras
áreas del cerebro.
Dra.
Nora Volkow: "Este
déficit en el sistema de recompensa del cerebro podría ayudarnos a explicar los
síntomas clínicos del TDAH, incluidos la falta de atención y la reducida
motivación, así como la propensión a complicaciones como abuso de drogas y obesidad
en los pacientes con TDAH", afirma la doctora Nora Volkow, quien dirigió
la investigación.
Los
científicos compararon los escáneres cerebrales de 53 adultos con TDAH que
nunca habían recibido tratamiento con los de 44 personas que no tenían el
trastorno.
Todos
los participantes habían sido cuidadosamente analizados para eliminar factores
que podían potencialmente influir en los resultados.
Los
científicos utilizaron una forma sofisticada de escáner, llamado tomografía por
emisión de positrones (TEP), con el cual pudieron analizar la forma como los
cerebros de los participantes manejaban la dopamina, un compuesto químico
cerebral que es un regulador muy importante del estado de ánimo.
VÍAS DE DOPAMINA
En
particular midieron los niveles de dos proteínas -receptores y transmisores de
dopamina- sin los cuales ésta no puede funcionar efectivamente para influir en
el ánimo. Los pacientes con TDAH mostraron niveles menores de ambas proteínas
en dos áreas del cerebro conocidas como el núcelo accumbens y el mesencéfalo. Ambas
forman parte del sistema límbico, el responsable de las emociones y de
sensaciones como la motivación y la recompensa.
Los
pacientes con síntomas más pronunciados de TDAH mostraron los niveles más bajos
de ambas proteínas en estas áreas.
Según
la doctora Volkow el hallazgo apoya el uso de medicinas estimulantes para
tratar el TDAH para elevar los niveles de dopamina.
Y
también apoyan la teoría de que las personas con TDAH pueden ser más propensas
al abuso de drogas y a la obesidad porque inconscientemente están intentando
compensar sus deficientes sistemas de recompensa.
"Nuestro
hallazgo implica que los déficits en las vías de recompensa de la dopamina
juegan un papel en los síntomas de falta de atención en el TDAH" dice la
investigadora.
"Y
esto podría ser lo que subyace a la respuesta anormal de estos pacientes a la
recompensa".
Tal
como explica la científica, estas vías de la dopamina juegan un papel clave en
el refuerzo, motivación y aprendizaje de formas para asociar los distintos
estímulos a las recompensas.
Otros
expertos creen que estos hallazgos ayudarán a convencer a la gente que
argumenta que el TDAH tiene más que ver con problemas de crianza y de educación
que con trastornos médicos concretos.
"El
hallazgo de esta nueva investigación será muy importante para ayudarnos a
entender la presentación de síntomas" afirma Andrea Bilbow, de la
organización ADDISS.
"Pero
más importante aún es el hecho de que puede ofrecer a los maestros una idea más
clara de las herramientas que deben usarse para dar cabida en el salón de
clases a los niños con TDAH".
"Durante
mucho tiempo se ha asumido que los niños con TDAH son deliberadamente
malintencionados, lo cual ha provocado una mala gestión de estas personas y
eventualmente su exclusión permanente de la escuela", agrega la experta.
LA DOPAMINA
REGULA LA MOTIVACIÓN A ACTUAR Y NO EL PLACER
La
dopamina regula la motivación a actuar y no el placer según un cambio de
paradigma científico avalado por investigaciones de la UJI
La
extendida creencia de que la dopamina regula el placer puede pasar a la
historia ante los últimos avances científicos sobre la función que cumple este
neurotrasmisor y que demuestran que en realidad regula la motivación,
provocando que los individuos se pongan en marcha y perseveren para conseguir
algo ya sea positivo o negativo. La revista de neurociencia Neuron publica un
artículo de investigadores de la Universitat Jaume I de Castellón que revisa la
teoría dominante sobre la dopamina, planteando un cambio de paradigma con
importantes aplicaciones tanto en patologías relacionadas con la falta de
motivación y la fatiga mental como depresión, párkinson, esclerosis múltiple, fibromialgia,
etc., como en aquellas en las que existe una motivación y perseverancia
excesiva, como las adicciones.
“Existe
la creencia popular, y también científica, de que la dopamina regula el placer y
la recompensa, que cuando consigues algo que te satisface liberas dopamina,
pero en realidad las últimas investigaciones están demostrando que este
neurotransmisor actúa de forma previa, es el que nos mueve a actuar, se libera
para conseguir algo, ya sea evitar un mal o alcanzar un bien”, explica Mercè
Correa, coautora del artículo. La investigadora del grupo de Neurobiología y
Genética de la Conducta Motivada de la UJI, explica que ha llegado un momento
en el que los datos pesan tanto que se plantea un cambio en la teoría
dominante.
Los
estudios realizados en los últimos años demuestran que se libera dopamina tanto
por sensaciones placenteras como por estrés, dolor o pérdidas. “Está tan
implicada en lo negativo como en lo positivo, pero se han sesgado mucho las
investigaciones para solo incidir en lo positivo”, explica Correa. El artículo
plantea una revisión del paradigma basada en datos de diversas investigaciones,
incluidas las realizadas durante las últimas dos décadas por el grupo de la UJI
en colaboración con John Salamone de la University of Connecticut en Estados
Unidos, sobre el papel de la dopamina en la conducta motivada en animales.
En
concreto, en los estudios realizados con roedores, se ha demostrado que un
animal con unos niveles normales de dopamina se esfuerza para conseguir una
recompensa más valiosa a pesar de poder acceder sin ningún trabajo a una menos
valiosa. Sin embargo, si se reducen los niveles de dopamina, el animal toma
únicamente el alimento o la recompensa que no le supone esfuerzo y renuncia a
alcanzar otra más valiosa. En el caso de la adicción, la dopamina está elevada
durante el esfuerzo anticipado que un animal tiene que hacer hasta conseguir la
droga. “No está regulando lo que el animal siente cuando toma la droga, si no que
está provocando que persevere hasta conseguirla”, explica la investigadora.
El
nivel de dopamina depende de los diferentes individuos, por lo que hay personas más
perseverantes que otras para alcanzar una meta. “La dopamina lleva a mantener
el nivel de actividad para conseguir lo que se persigue, por lo que en
principio es positiva, sin embargo, siempre dependerá de los estímulos que se
busquen. Es válido tanto si el objetivo es ser bueno en los estudios como si el
fin es el consumo de drogas de abuso, vale para la motivación normal y para la
patológica”, señala Correa.
Los elevados niveles de dopamina también
explicarían la conducta de los denominados buscadores de sensaciones. “Lo que
la dopamina regula no es que lo vivido les produzca más placer, sino que están
más motivados para actuar. La producción de dopamina se ha confundido durante
mucho tiempo con la satisfacción, pensando que provoca que estas personas
sientan más, cuando lo que hace es que sean más activos”, indica.
APLICACIÓN PARA LA DEPRESIÓN Y LA ADICCIÓN
Conocer
cuáles son los parámetros neurobiológicos que hacen que las personas se motiven
por algo es importante para muchas facetas de la vida, tanto a nivel laboral,
educacional o en la salud. Ante esta nueva perspectiva, la dopamina se presenta
como un neurotransmisor básico para hacer frente a síntomas como la anergia, es
decir, la falta de energía que se presenta en patologías como la depresión. “La
gente deprimida no tiene ganas de hacer nada, cualquier esfuerzo lo ve cómo una
montaña, y eso es porque en la depresión hay niveles bajos de dopamina y, por
tanto, falta motivación”, explica Correa. La falta de energía y motivación está
también relacionada con otros síndromes que presentan fatiga mental como el
párkinson, la esclerosis múltiple o la fibromialgia, entre otros.
En
el caso opuesto, en los desajustes al alza, la dopamina podría estar implicada
en problemas de conductas adictivas, que llevan a una actitud de perseverancia
compulsiva. En este sentido, Correa indica que los antagonistas dopaminérgicos
que se han aplicado hasta ahora en problemas de adicciones probablemente no han
funcionado porque no se ha hecho un planteamiento adecuado del tratamiento al
partir de una comprensión errónea del funcionamiento de la dopamina y es que
“ahora sabemos que no está regulando las emociones, como establecía la creencia
general, sino la motivación para satisfacerlas”.
Los
estudios realizados en el campus castellonense con roedores demuestran cómo los
niveles de dopamina determinan la motivación de los animales para conseguir su
meta.
Mercé
Correa. Departamento de Psicología Básica, Clínica y Psicobiológica:
Un animal
normal trabaja para conseguir el mejor reforzador. Pero cuando reducimos los
niveles de dopamina esos animales reorientan su conducta y deciden obtener el
reforzador, están dirigidos a obtener un reforzador todavía, pero es uno que
les cuesta menos. Lo contrario ocurriría en el caso de la adicción, los
animales perseverarían. Un animal adicto a una droga, aunque la adicción en
animales es algo un poco cuestionable, pero un animal que se autoadministra una
droga, sería un animal que estaría liberando mucha dopamina hasta conseguir la
droga.
La
dopamina no está regulando lo que el animal siente cuando toma la droga (el
placer), sino que está provocando que persevere hasta conseguirla.
El
nivel de dopamina depende de cada individuo, por lo que hay personas más
perseverantes que otras para alcanzar una meta, ya sea esta positiva o
patológica.
Conocer
cuáles son los parámetros neurobiológicos que hacen que las personas se motiven
por algo es importante para muchas facetas de la vida a nivel laboral,
educacional o de salud.
Mercé
Correa. Departamento de Psicología Básica, Clínica y Psicobiológica:
La relevancia
para la clínica es amplia porque la anergia, la falta de energía para realizar
una conducta aparece en muchos síndromes. Aparece en la depresión, el
Parkinson, aparece en todos los síndromes que cursen con fatiga mental. Entonces,
hay varias aplicaciones en las cuales esto tendría relevancia.
En
el caso opuesto, los desajustes al alza, la dopamina podría estar implicada en
problemas de conductas adictivas que llevan a una actitud de perseverancia
compulsiva
Mediante
el aprendizaje emocional podemos ayudar a nuestros alumnos a mejorar el autocontrol
y permitirles adquirir la autodisciplina necesaria para mejorar la atención. El
mayor conocimiento sobre uno mismo facilita mejores respuestas ante situaciones
estresantes y un mayor control sobre los actos impulsivos. Lamentablemente, la
exigencia para alcanzar los éxitos académicos puede generar gran estrés. En un
estado relajado, la atención y la memoria se encuentran en una situación
favorable para facilitar el aprendizaje. Ahora bien, los docentes no hemos de
pretender que nuestros alumnos presten atención basándose, únicamente, en su
fuerza de voluntad.
Asumiendo
que la perseverancia y el sentido del deber (poco asumido en una cultura del
éxito sin esfuerzo) desempeñan un papel importante en la realización de tareas,
hemos de intentar generar procesos de atención espontánea a través de la motivación.
Y aunque la atención continua sólo se puede mantener durante un período de
tiempo limitado, aspiramos a optimizar los intervalos en los que se mantiene.
Las
nuevas técnicas de visualización del cerebro, analizando la activación de sus
diferentes regiones, demuestran que capta nuestra atención lo novedoso, lo
relevante, el contexto emocional en el que nos encontramos, los estímulos
visuales, las recompensas o todo aquello que nos resulta sorprendente. Lo
novedoso atrae nuestra atención porque hay zonas de la neocorteza cerebral que
se bloquean (disonancia cognitiva) cuando aparece información discordante y,
aunque nos reafirmemos continuamente en nuestras ideas, somos seres curiosos.
Podemos
considerar algo relevante al observar a otras personas involucradas en tareas
que estamos realizando, una confirmación más de que somos seres sociales.
Cuando algo nos resulta sorprendente, se capta la atención como consecuencia de
la activación de la vía mesolímbica,
la vía de la recompensa y el placer. Su
activación aumenta si la recompensa es inesperada. O cuando nos mantenemos en
un estado de alerta (por ejemplo, al recibir estímulos visuales, como imágenes
en movimiento, o estímulos sonoros que provoquen contraste), a través del
sistema activador reticular ascendente (SARA) la alerta permite
recuperar la atención.
El SARA es
una especie de red neuronal que ejerce una influencia excitadora en todo el
cerebro.
Estos son algunos factores que tienen una gran
influencia en los procesos de atención. La lista se puede complementar
considerando desde los componentes nutricionales, pasando por factores asociados
al ejercicio físico,…
CONCLUSIONES
FINALES
Los
docentes sabemos que hemos de actuar manipulando los procesos de atención y
consciencia de nuestros alumnos como hacen los artistas de la magia con sus
espectadores. La experiencia en el aula para nuestros alumnos ha de resultar
emocionante y, para ello, nada mejor que relacionar los contenidos académicos
con experiencias cercanas de la vida cotidiana. En la vida real, tantas veces
alejada de la vida académica, el progreso se alcanza como consecuencia de la resolución
de problemas de una forma cooperativa. Y ello requiere deseos, motivaciones, recompensas,
en definitiva, activación y eficiencia cerebral, aunque cambiar patrones de conducta
no es un proceso fácil. La educación que permite optimizar la atención alcanza
la excelencia.