TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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lunes, 30 de marzo de 2015

ISABEL ORJALES: “Todo el mundo habla de niños hiperactivos, pero muy poca gente sabe qué es el TDAH”


Recomienda que la intervención psicoeducativa comience antes de que se cierre el diagnóstico, cuando los síntomas empiezan a generar problemas

Sandra Melgarejo. Madrid

Según Isabel Orjales, profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Facultad de Psicología de la UNED, el TDAH es “el trastorno más popularmente desconocido”. En su opinión, existen muchos tópicos que interfieren en el diagnóstico y abordaje del TDAH, y falta comprensión en el entorno escolar. Contra esto, Orjales recomienda traducir los protocolos específicos en acciones concretas y ahondar no solo en la detección precoz, sino en la intervención psicoeducativa posterior.

¿Cuál es la situación actual del TDAH en España?

El TDAH es el trastorno más popularmente desconocido. Todo el mundo habla de niños hiperactivos, pero hay muy poca gente que realmente sepa cómo es un niño con TDAH. 

Todavía existen muchísimos tópicos que interfieren en las medidas que se toman, sobre todo en el ámbito educativo. El problema no solo concierne a los síntomas que tiene el niño en el aula –que se podrían resumir en que se comporta como si tuviera dos o tres años menos que el resto por su inmadurez, aunque pueda tener altas capacidades intelectuales–, sino a la falta de comprensión en el entorno escolar, porque existen muchos docentes que están erróneamente convencidos de que el diagnóstico del TDAH se puede basar solo en lo que ellos ven en el aula y las medidas educativas que toman se basan en sus hipótesis. Así ocurre que hay niños con TDAH que no tienen un perfil exagerado de hiperactividad o que tienen muy buena capacidad intelectual y compensan algunos ámbitos, y que por ello son malentendidos por los profesores.

 



No obstante, la primera voz de alarma ante un posible caso de TDAH suele darse en el colegio, ¿no es así?

Sí. La impresión popular es, incluso, que hay un sobrediagnóstico de TDAH, que ahora todos los niños son hiperactivos, al igual que en otra época todos eran disléxicos. El problema es que el TDAH es muy difícil de diagnosticar: requiere que puedas comprobar que los síntomas de desatención, hiperactividad, impulsividad, etc., que evolutivamente tienen todos los niños, son más crónicos en este caso y no van a mejorar si no se hace una intervención específica. Y eso requiere tiempo.

¿Por eso se retrasa el diagnóstico y el tratamiento?

Suelo insistir en que la intervención psicoeducativa debe comenzar antes de que se cierre el diagnóstico, cuando los síntomas empiezan a generar problemas y se ve claramente que las medidas educativas normales, escolares y familiares, no dan resultado. Si la intervención se inicia y realmente el niño tiene TDAH, tendrá un cuadro más moderado; y si había otros condicionantes, el niño se estabilizará y el diagnóstico o el descarte del TDAH llegarán antes.

En ocasiones se cuestionan los diagnósticos de TDAH, ¿por qué?

Porque los síntomas que presenta un niño con TDAH son comunes a todos los niños, responden a una inmadurez de las funciones asociadas al lóbulo frontal, que maduran con el tiempo. El problema de los niños con TDAH es que tienen un retardo en la maduración. 

Lo que pasa es que también son funciones que se educan: la impulsividad se puede reducir, la atención mejora… Los profesores pueden tener dificultades para discriminar si el problema que tiene el niño se puede arreglar con medidas educativas generales, con medidas educativas específicas o con un entrenamiento muy costoso. Pueden pensar que es algo que depende de la voluntad del niño o que requiere más disciplina por su parte.

En este sentido, es importante que los profesores entiendan que ellos son un puntal incuestionable en el diagnóstico porque necesitamos información lo más pormenorizada posible sobre las dificultades que tiene el niño en el aula, pero luego necesitamos mucha más información para poder confirmar sus hipótesis de diagnóstico.

¿Cómo se coordina la intervención educativa con el ámbito familiar y sanitario?

Todavía estamos muy en pañales. Están apareciendo protocolos conjuntos de Sanidad y Educación que son importantísimos, se tienen que ir traduciendo en acciones concretas, pero todavía están más ligados a la primera fase, la detección y el diagnóstico, que a la intervención psicoeducativa posterior. Indudablemente, tiene que haber una conexión muy importante: el médico no puede ajustar la medicación sin la información del impacto que tiene la medicación; y el centro educativo no puede hacer que el niño sea más eficaz a través de programas de intervención y de entrenamiento cognitivo si no está apoyado por un tratamiento farmacológico adecuado.

FUENTE:

jueves, 4 de julio de 2013

TDAH Y EL CEREBRO




TDAH Y EL CEREBRO por el Dr. Mitul Mehta
El trastorno por déficit de atención con hiperactividad o TDAH, como se conoce comúnmente,  afecta a cerca de uno cada 20 jóvenes en todo el mundo. Puede tener un gran impacto en la vida cotidiana, en la escuela, y con los amigos.
Los síntomas de desatención, impulsividad e hiperactividad pueden reducir la capacidad de una persona para controlar sus acciones y para concentrarse sin distraerse.
Algunas personas han expresado su escepticismo con respecto al trastorno, pero las imágenes cerebrales han mostrado que los síntomas de TDAH están asociados con una serie de anomalías en el desarrollo y funcionamiento de algunas zonas del cerebro.
Veamos primero la corteza cerebral, la capa superficial del cerebro: durante el desarrollo normal, la corteza, que juega un papel clave en la memoria, atención, pensamiento y lenguaje, aumenta gradualmente en grosor antes de alcanzar un máximo durante la adolescencia. Los escáneres muestran que en niños con TDAH la corteza se desarrolla en general más despacio, especialmente en las regiones de los lóbulos frontal y temporal, los cuales son importantes para la memoria y para controlar la conducta.
Generalmente, la corteza frontal junto con otras partes fundamentales del cerebro son más pequeñas en los niños con TDAH que en los niños que no lo padecen.
Estas partes del cerebro no funcionan de forma aislada sino que interactúan ampliamente para crear redes que controlan funciones como el lenguaje, la atención y el movimiento. La actividad de las distintas redes aumenta y disminuye, permitiendo que tengan lugar las distintas funciones. Por ejemplo, mientras estás viendo este vídeo, la actividad de las redes involucradas en el procesamiento de la información, generalmente, habrá aumentado, mientras que la actividad de las redes involucradas en la distracción habrá disminuido. En una persona con TDAH, la actividad de estas redes está alterada y las conexiones dentro de las redes están interrumpidas, y cuando miramos más de cerca la comunicación entre estas redes, también hay un trastorno en la liberación de las sustancias químicas dopamina y noradrenalina, que son las responsables de trasmitir mensajes entre células cerebrales. En términos generales, cuando los niños con TDAH llevan a cabo tareas específicas, algunas redes no están encendidas lo suficiente, mientras que otras permanecen encendidas demasiado tiempo.
Las investigaciones en todo el mundo han mostrado diferencias en el desarrollo y en el funcionamiento del cerebro de los niños con TDAH. Aunque todavía no podemos usar técnicas de imagen cerebral para diagnosticar este trastorno, cuanto más aprendamos sobre TDAH y el cerebro mejor podremos entender los síntomas de los niños con TDAH experimentan en la vida cotidiana y más podremos hacer para apoyarlos.
El contenido de esta animación se basa en el conocimiento actual y en las investigaciones publicadas. Es importante señalar, sin embargo, que el conocimiento de la Neurobiología del TDAH está en constante evolución, y que cada niño con TDAH es único.
El Dr. Mitul Mehta es profesor adjunto del departamento de Neuroimagen. Su investigación se centra, sobre todo, en  la acción de las drogas sobre el cerebro. Desarrolla su actividad en el King´s College de Londres, dirigiendo el grupo de Neurofarmacología. Anteriormente, ejerció en la Universidad de Cambridge y el Imperial College (Hospital Hammersmith) antes de unirse al Instituto de Psiquiatría en 2003. Su trabajo en el sistema de la dopamina fue reconocido por la Asociación Británica de Psicofarmacología, con el premio a los Jóvenes Investigadores en 2005. Actualmente es un editor consultivo de la revista Psicofarmacología.
FUENTE:

viernes, 6 de abril de 2012

Rtve.es Programa TRES14: FALTA DE ATENCIÓN



No pueden parar quietos, se distraen con facilidad y actúan sin reflexionar. Pueden pasar horas con la consola pero son incapaces de atender en clase. Son niños con déficit de atención e hiperactividad. Este trastorno mental, conocido como TDAH, es una de las causas más frecuentes del fracaso escolar y de problemas sociales en la infancia.
Josep Antoni Ramos Quiroga. Coord. Programa TDAH Hospital Vall d´Hebron
Se ha observado que el TDAH afecta al 6% de los niños de la población general. En adultos el porcentaje es menor; sabemos que afecta entre el 3 – 4% de los adultos, ya que no todos los niños van a tener TDAH en la edad adulta y, probablemente, la frecuencia no ha incrementado en los últimos años. Lo que sabemos es detectar mejor el trastorno y, por tanto, poder abordar mejor los problemas que de él se derivan.
A pesar de ser uno de los trastornos psiquiátricos infantiles más frecuentes, todavía queda mucho por investigar.
Susanna Carmona. Investigadora URNC
Se sabe por ejemplo que es una enfermedad con un elevado componente genético, pero que la genética no lo es todo, sino que, por ejemplo, que la madre fume durante el embarazo o beba alcohol son factores de riesgo para que el niño desarrolle posteriormente TDAH. También se sabe que hay  regiones cerebrales regiones importantes relacionadas con los procesos cognitivos, como por ejemplo la atención o las capacidades de inhibición, que están alteradas.
El lóbulo frontal o el núcleo caudado son algunas de las regiones cerebrales alteradas. Tienen menos actividad de lo normal, pero ahora se ha descubierto que este trastorno afecta también a otras áreas del cerebro. El estudio lo han realizado investigadores de la Universitat Autónoma del Hospital del Vall d´Hebrón y del centro CRC  Corporación Sanitaria de Barcelona. Los científicos creen que el TDAH podría deberse a una alteración del núcleo accumbens, una región del cerebro relacionada con el placer y la recompensa.
Lo que hemos hecho es analizar las imágenes de resonancia magnética de 42 niños con trastorno por déficit de atención y compararlas con las imágenes de 42 niños sin ese trastorno y hemos observado que este núcleo, el núcleo Accumbens, está significativamente reducido y que, a más síntomas de hiperactividad de impulsividad que presenta el niño, mayor es la reducción de este núcleo.
El núcleo accumbens del cerebro mantiene los niveles de motivación gracias a la dopamina, una hormona que produce nuestro cerebro y que es un neurotransmisor de las sensaciones placenteras. Por ejemplo, cuando tenemos un objetivo a largo plazo, vamos liberando pequeñas dosis de dopamina para mantener la motivación. Se cree que el volumen de dopamina en los niños con TDAH es más reducido  y que, por eso, les cuesta concentrarse.
Los niños con TDAH tienen un problema a la hora de tener esta liberación intermedia de dopamina hasta ese refuerzo final, de manera que ese cerebro suele funcionar menor con refuerzos inmediatos, con dosis de dopamina inmediatas, que no cuando tienen que ir autoliberándose a lo largo del tiempo; por eso les cuesta, por ejemplo concentrarse, porque los refuerzos por ejemplo en un examen son muy demorados en el tiempo.
La investigación ayudará al diagnóstico de este trastorno y también puede tener consecuencias en el modo de enseñar y educar a estos niños.
A nivel educativo, la consecuencia principal de nuestra investigación es la necesidad de incorporar lo que son los refuerzos inmediatos, es decir, si los niños tienen problemas para mantener el nivel de motivación cuando los refuerzos son muy demorados en el tiempo, lo que podemos hacer es dividir la tarea en subtareas e ir administrando refuerzos inmediatos intermedios y cuando hablamos de refuerzos inmediatos no me refiero únicamente a refuerzos materiales, sino que también pueden ser refuerzos sociales, como muestras de cariño o halagos.
Durante mucho tiempo se ha creído que los niños con TDAH no tenían fuerza de voluntad o estaban mal educados. Ahora se sabe que es, al final, una cuestión de dopamina o sea que tienen una composición química cerebral diferente. El hallazgo dará nuevas herramientas a los padres y profesores para evitar la exclusión social de estos niños.
FUENTE:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/television/tres14---falta-atencion/738747/

lunes, 6 de febrero de 2012

NIÑOS HIPERACTIVOS, NIÑOS INCOMPRENDIDOS

EL DÉFICIT DE ATENCIÓN ES LA PRINCIPAL CAUSA DEL FRACASO ESCOLAR
06 FEB 2012 | E. C.
Parecen desobedientes, desorganizados, olvidadizos, nerviosos, distraídos y poco dados a escuchar, pero son sólo víctimas de una enfermedad crónica: el TDAH.
Cuando mi hijo comenzó el curso, lo primero que hice fue informar a la profesora de su hiperactividad. Ella se sorprendió y me dijo: ‘¿Hiperactivo? ¡Si casi no se mueve!’”. Pepa Ayuso es madre de un niño con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) de 16 años. Como tantos otros padres en su misma situación, tiene que enfrentarse diariamente al desconocimiento que rodea a este trastorno.
Para desmontar los mitos, aclararemos que estos chicos no tienen por qué ser nerviosos y que se trata de una enfermedad crónica, es decir, no desparece con el paso de los años. “Depende del tipo de TDAH” -asegura Daniel Costo, psicopedagogo jefe del departamento de Orientación del Colegio Retamar (Madrid)-, “los que tienen predominancia de inatención pueden estar muy tranquilos, ya que no suelen tener afectación de control motórico ni de control de impulsos. La hiperactividad es el trastorno del comportamiento más común en la edad escolar. Es neurobiológico y se caracteriza por tres síntomas claves: déficit de atención, impulsividad e hiperactividad generalizada”.
Para ilustrarlo, Fulgencio Madrid, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Afectados de TDAH de España y padre de hiperactivo, lo asemeja al funcionamiento de un ordenador: “Cuando el niño hace una tarea es como si abriera un programa. De pronto aparece un estímulo. En ese momento se cierra el programa y se abre otro: el del estímulo, porque su cerebro no puede mantener dos programas al mismo tiempo. Cuando termina con el estímulo, ya no sabe a dónde volver. Si le reñimos, no comprende por qué lo estamos haciendo, ya que no recuerda qué es lo que tenía que hacer. Al final, está recibiendo la información de que él no vale porque hace las cosas mal. Por eso, no hay que regañarle con un ‘ya te lo he dicho cien veces”.
Tres tipos de hiperactivos
Dentro del TDAH, Daniel Costo diferencia tres subtipos: “El inatento, donde predominan síntomas de inatención; el hiperactivo-impulsivo, en el que imperan síntomas como dificultades para el control de los impulsos o en la coordinación de movimientos, necesidad de satisfacciones inmediatas, etc. Y por último, el combinado, que presenta síntomas tanto de inatención como de impulsividad-hiperactividad”.
“La causa del TDAH” -explica el psicopedagogo- “es un mal funcionamiento de una parte del cerebro, el lóbulo frontal, el encargado de regular las funciones ejecutivas. Éstas son cuatro: la planificación, por la que podemos planeamos acciones futuras basadas en la experiencia; la regulación del lenguaje interno: ser capaz de hablarse a sí mismo regulando la conducta por normas; la regulación de las emociones; y la capacidad de análisis y síntesis”.
Carmen Engerman es madre de un joven TDAH de 17 años y esposa de un TDAH adulto. Además, es presidenta de la Asociación de Padres de Niños y Jóvenes con TDAH. Como buena conocedora del tema, comenzó a sospechar muy pronto de su hijo: “Era un niño muy inquieto, no terminaba ninguna tarea, hablaba mucho y, en ocasiones, parecía que no oía o no entendía lo que le pedíamos”. Para otros padres, llegar a esta conclusión no fue tarea fácil. Fulgencio vio que algo no iba bien cuando comparó al niño con otros de su misma edad: “Vimos que el nivel de inatención iba un poco más allá del de otros chavales”.
 “Los padres son los mejores conocedores de sus hijos. Por lo tanto” – aconseja Daniel Costo- “si sospechan que el niño tiene problemas de conducta, deben hablar con los maestros que están con él para determinar si esos comportamientos son exclusivos del ambiente familiar o se reproducen en los demás ambientes”, teniendo en cuenta que, para que exista este trastorno “deben estar presentes los síntomas típicos, con una intensidad incoherente con el nivel de desarrollo, durante seis meses y en los distintos ámbitos del niño”.
Señala que para establecer una evaluación correcta “habrá que realizar una valoración psicológica, psicopedagógica y médica. El pediatra, neurólogo, psicopedagogo y psicólogo clínico son algunos de los profesionales que nos pueden ayudar a delimitar si existe un trastorno o no”. Además, es fundamental que los diferentes equipos y los padres trabajen en equipo: “A mi hijo lo diagnosticaron con seis años” –relata Ayuso-. “Por un lado, el neurólogo le puso la medicación; por el otro, acudía una vez a la semana al psicólogo. Es tan importante el uno como el otro”.
En España, la media de tiempo que pasa desde que la familia es consciente de que hay un problema hasta que se consigue un dictamen es de dos años. “Cuando aparece el diagnóstico, al menos, sabemos lo que pasa”, apunta Fulgencio Madrid. “Es un gran alivio llegar a una conclusión”, asevera Engerman. Sin embargo, acusa que, quizá por desconocimiento, algunas familias no terminan de creer que el niño tiene un trastorno hereditario y crónico y que le causará problemas si no es tratado de forma adecuada.
Como especialista que ha tenido que diagnosticar este trastorno en numerosas ocasiones, Daniel Costo conoce muy bien las reacciones de los padres: “Cuando les informas por primera vez de que su hijo tiene TDAH, por un lado se preocupan por todos los mecanismos de actuación que deben poner en funcionamiento para que mejore. Y si deben medicarle, les preocupan los posibles efectos de la medicación. Por otro lado se sienten aliviados al darle nombre y cuerpo a aquello que le pasa a su hijo y que no sabían cómo tratar”. Este trastorno” -añade- “aparece a edades muy tempranas, desde que es un bebé. Y ocurre aproximadamente a un 5% de la población escolar. Los subtipos impulsivos- hiperactivos en etapas tempranas son más fáciles de identificar que los subtipos inatentos”.
Caracter hereditario
Pero ¿cuál es el origen? Daniel Costo revela que “tiene un cierto carácter hereditario, además, determinadas variables educativas que rodean el ambiente del niño pueden agravarlo o no”. Es una enfermedad que dura toda la vida, aunque “existe un porcentaje de individuos, el 50% más o menos, a los que al pasar la adolescencia les remite. Esto es porque “los adultos con TDAH tienen otras herramientas de control que un niño no tiene y sobrellevan mejor la enfermedad. Aun así, muchos, deberán seguir medicados”. Vivir con un niño TDAH no es fácil porque, además de todos los problemas que conlleva la propia enfermedad, se trata de una discapacidad invisible. “Desde fuera -dice Fulgencio Madrid lo que se ve es a un niño al que le dejan levantarse de la mesa, por ejemplo o a unos padres muy permisivos con algunas cosas. A veces, la gente lo entiende como privilegios”. “Muchas son las situaciones de desaprobación”, añade Egerman. “Es inevitable observar cierta actitud de rechazo en otros padres o incluso en familiares que no viven a diario con él”. El problema -prosigue Fulgencio- es que “requieren de mucha dedicación, una familia estructurada y unos horarios clarificados. Hay que trabajar con él para que lo tenga todo previsto. Necesitan de mucha paciencia, serenidad y rutina”.
En el colegio, si los profesores no están suficientemente informados del problema, las dificultades se multiplican. “En un examen, leen la primera pregunta mientras contestan a la segunda y a la vez recuerdan un detalle de la tercera y luego pasan de nuevo a la primera. Cuando se quieren dar cuenta, se ha acabado el tiempo del examen y ni siquiera lo han empezado”, relata Ayuso. Para evitar esto, Fulgencio Madrid solicitó a un profesor que a su hijo, de 19 años, se le hicieran los exámenes orales. La negativa fue rotunda: demasiado mayor como para tratarle con tales privilegios. Ayuso confiesa que ha encontrado “algún maestro que colabora mucho en controlarle el tiempo, pero no todos. Otros creen que es darle una ventaja que a los demás compañeros no se les da. Lo único que suelo conseguir es que le pongan en la primera fila”. Si algunos profesores no se involucran con la enfermedad, ¿qué no harán sus propios compañeros? “A los niños hiperactivos se les aguanta poco porque son muy impulsivos, se entrometen en todo, si se aburren en clase molestan al compañero. Por todo esto, tienen muchas dificultades para hacer amigos”, dice una madre.
Para mejorar el TDAH hay que trabajar en varios aspectos. Daniel Costo destaca la importancia de dotar al niño de “un apoyo psicopedagógico, farmacológico, psicológico y de entrenamiento en control conductual. Los medicamentos, en los casos que se requieren y pautados por un médico, son muy recomendables. Son estimulantes que, como muchos otros medicamentos, tienen contraindicaciones, pero seguidos por el personal médico son beneficiosos para los niños con TDAH”. Si la hiperactividad no se trata adecuadamente, “la relación con el fracaso escolar suele ser bastante alta. Y, aun bien tratada, algunos suelen tener dificultades”.
Pero no todo es negativo. “En mi experiencia profesional -indica el experto- he descubierto que un alto porcentaje de estos niños suele tener mucha creatividad: un tema sobre el que es bueno apoyarse para potenciarles otras áreas”. Ésta es la situación actual de los niños con TDAH. Si seguimos centrando toda nuestra atención en los superdotados, buenos estudiantes, niños ejemplares y dejamos de lado a los que no alcanzan esos niveles de exigencia o de comportamiento, estaremos condenando a estos niños, que no tienen ninguna culpa de su problema, al fracaso y al rechazo de la sociedad. Y esto es absolutamente injusto. La comunidad educativa debe prestar más atención a estos niños exigiendo un más amplio conocimiento de este problema a los profesores y dotando a los centros escolares de los medios humanos y técnicos necesarios para poder ayudarles.
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