TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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miércoles, 18 de septiembre de 2019

7 MANERAS PARA MOTIVAR A NUESTROS HIJOS A RENDIR MEJOR EN LA ESCUELA



La motivación es una de las armas más importantes para alcanzar el éxito personal. Por ello, es indispensable motivar a nuestros hijos a rendir mejor en la escuela desde una edad temprana. A continuación, se exponen 7 maneras para motivar a los más pequeños.


Que los niños estén motivados es esencial  para que den lo mejor de sí mismos en la escuela y disfruten del proceso de aprendizaje. Como padres, crear un ambiente para educarles en el esfuerzo y la dedicación es muy importante, ya que un niño motivado se esforzará más, tendrá una actitud positiva para aprender, y se enfrentará y abordará los problemas de diferentes maneras. Por ello, los padres tienen que dirigir esfuerzos a la motivación de los hijos.

Cómo motivar a los niños

Se presentan a continuación 7 sencillos consejos útiles para promover la motivación en los niños:

1. Ten las expectativas adecuadas

Los niños son muy conscientes de cómo los padres los perciben y, muchas veces, ajustan sus expectativas según lo que piensen los padres. Por ello, si esperas que tu hijo triunfe, es muy posible que su motivación y probabilidades de éxito sean mucho mayores. Si tus expectativas son bajas, es muy probable que no consiga los resultados esperados.

Es importante fijar las expectativas adecuadas y acordes a cada niño. Para ello, sigue estos dos pasos:

Habla con tu hijo: charla abiertamente con tu hijo sobre los campos de estudio que más le gustan y en los que más sobresale. Ofrece tu opinión sobre lo que también has observado. En general, si los dos coincidís en un área, es posible que en esta se fijen las expectativas más altas.

Reevalúa cuando sea necesario: a medida que tu hijo crezca, los intereses y aptitudes cambiarán, por ello, es importante volver a ajustar las expectativas cada cierto tiempo.

2. Ayuda a tu hijo a fijarse metas

Es importante enseñar a tu hijo a establecer metas propias, que le ayudarán a estar más motivado y conseguir sus objetivos.

Anotar las metas: alcanzar las metas será más fácil y motivador si se escriben en un papel. Puede ser muy útil colocar estas notas en un lugar visible de la casa para que tu hijo las recuerde cada día.

Las metas deben ser específicas: por ejemplo, más que marcar como meta ‘el próximo semestre te irá mejor en matemáticas’, será mucho más efectivo si se concreta más: ‘repasarás los problemas de matemáticas 20 minutos todos los días’.

Las metas deberán poder medirse: las metas tienen que ser cuantificables para valorar si se está progresando en su cumplimiento.

3. Encuentra maneras de mostrarle a tu hijo que la escuela es importante

Si mostramos a los hijos nuestro propio interés y entusiasmo por la educación, ellos adoptarán la misma actitud. 

Existen diversas maneras para fomentar este interés:

Establece una relación con el profesor de tu hijo: comparte con el maestro las expectativas que esperas para tu hijo y pídele opinión al respecto.

Apoya los programas de la escuela de tu hijo: asistir a acontecimientos organizados por la escuela, obras de teatro, etc., sirve para demostrar a tu hijo la importancia que le otorgas a la escuela y sus actividades.

Crea un ambiente adecuado para hacer las tareas: asegúrate de que tu hijo dispone de un lugar tranquilo y bien iluminado en casa para hacer los deberes y estudiar. 
Préstale ayuda y colaboración con las tareas, pero nunca las hagas en su lugar.

Conoce las tareas de tu hijo: aquello que está estudiando en cada asignatura, los trabajos y exámenes que debe hacer, etc.

4. Ten una actitud positiva hacia la escuela

Si tu hijo observa que percibes las tareas escolares de una manera positiva e interesante, él lo percibirá de la misma manera. 

Apoya el estilo de aprendizaje de tu hijo. Cada niño tiene una manera predilecta de estudiar y aprender, que es más natural y motivadora. Ayúdale a descubrirla y fomenta que la utilicen de la mejor manera posible. 

En general, existen tres tipos de estudiantes:

Estudiante auditivo: aquel que aprende más fácilmente mediante actividades en las que tiene que escuchar. 
Aconséjale, por ejemplo, que grabe los temarios y luego los repase escuchándolos o que, si tiene que leer una novela, busque la versión de audiolibro.

Estudiante visual: retendrá más la información mediante actividades visuales como, por ejemplo, leyendo un libro o analizando un gráfico. 
Recomiéndale que utilice diferentes colores para los apuntes y que elabore fichas didácticas con el temario y las cuelgue en la habitación.

Estudiante quinesiológico: estará más motivado a aprender a través de ejercicios prácticos que teóricos. 
Suele tratarse de niños muy movidos y participativos. Para fomentar esta cualidad, anímale a realizar proyectos prácticos como participar en ferias científicas.

5. Utiliza un lenguaje que le anime

Alentar a los niños motiva mucho más que elogiarlos. La diferencia entre estas dos formas de motivación es que alentar implica que el niño se evalúe a sí mismo de manera positiva; con palabras de aliento reconocemos su esfuerzo.

El elogio se refiere más concretamente a los triunfos y se suele utilizar cuando los niños han actuado de la manera esperada, mientras que el aliento se puede ofrecer independiente del desempeño y resultados del niño, se trata más de animar a que la próxima vez se haga mejor.

6. El aprendizaje en casa y en la comunidad

Tus hijos deben percibir el aprendizaje como un acto divertido y no sólo como la tarea obligatoria y pesada de estar sentado detrás de un escritorio. 
Los estudiantes motivados ven el aprendizaje en cualquier parte y entienden que hay algunas actividades divertidas que a la vez también aportan conocimiento.

Existen diversas ideas para fomentar esta visión en tu hijo: cuando lea un clásico de la literatura infantil, podéis pasar a ver la versión en película, se pueden estudiar las diferentes culturas a las que no acude de forma regular (si le gusta el fútbol, llevarlo al ballet, por ejemplo), o visitar museos sobre temas que esté estudiando.

7. Fomenta la fortaleza en su hijo

Los niños fuertes son más susceptibles a estar motivados, por ello, es importante promover la fortaleza en tu hijo. Si un niño no es fuerte internamente, su motivación disminuye mucho y ve pocas vías para salir adelante en medio de la adversidad. 
La fortaleza hace que estén preparados ante las adversidades y que se enfrenten a ellas y tengan capacidad de resolver muchos problemas, aprovecharan sus puntos fuertes y se darán cuenta de que todos cometemos errores y de que son oportunidades para aprender.

Para fomentar la fortaleza tu hijo sigue estos pasos:

Identifícate con tu hijo viendo la situación desde su punto de vista antes de reaccionar.

Ofrécele opciones razonables para elegir entre dos cosas.

Cambia la forma de abordar una cierta situación cuando no da resultados. 
Por ejemplo, si tu hijo no presta atención, en lugar de seguir gritando, prueba con algo muy diferente como susurrarle.

Fomenta los talentos e intereses de tu hijo. Por ejemplo, si tu hijo no tiene resultados positivos en la escuela, pero le gustan mucho las clases de teatro y es lo que más le anima, no le prives de estas actividades por el hecho que no saque buenas notas. Celebra sus talentos y no los prohíbas.

De este modo, como padres, tenéis un papel clave en la motivación de vuestros hijos a tener mayor rendimiento académico y, por tanto, vuestro apoyo y actitud serán de gran relevancia también en su futuro.

FUENTE:

lunes, 15 de enero de 2018

¿Mi hijo tiene TDAH o una inteligencia diferente a la "estándar"?



La familia de Marcos vino a consulta porque en el colegio el chico se mostraba inquieto. Distraía a sus compañeros, se levantaba de la silla, constantemente hacía movimientos además de no mostrar atención a las explicaciones de los profesores y suspender casi todas las asignaturas. Con 8 años Marcos fue etiquetado de TDAH por un psiquiatra. El denominado trastorno por déficit de atención e hiperactividad había recaído como una grave sentencia en la familia de Marcos. El tratamiento que se le ofrecía era químico y consistía en aumentar la noradrenalina cerebral, es decir, compensar con fármacos a nivel bioquímico lo que otros niños tienen en el cerebro que Marcos se supone no tenía. Con ello lo que se pretendía era adaptar a Marcos a la escuela, en vez de facilitar que fuese la escuela la que se adaptase a Marcos.

Tras poner a prueba la atención de Marcos, su capacidad de memoria y de concentración, me di cuenta que no había déficit de atención como tal sino que se focalizaba en aquello que tenía que ver con su estilo de inteligencia. O sea, Marcos mostraba una atención selectiva al movimiento y a lo que le informaban las sensaciones de su cuerpo. Ante las preguntas de reconocimiento verbal Marcos erraba pero acertaba en las de objetos que se mueven y cambian en una habitación. Tras otras pruebas sobre estilo de inteligencia redacté un informe psicológico en el que recomendé el cambio de centro escolar, un centro que, en su metodología, contemplase adaptarse al particular tipo de inteligencia de Marcos, la inteligencia kinestésica.

La inteligencia es múltiple

Como la familia de Marcos muchos padres y madres se debaten entre aceptar el tratamiento farmacológico recomendado a sus hijos o emprender la aventura de buscar alternativas. Casos como el de Marcos ponen de manifiesto la gran incompetencia del sistema educativo ante el desafío de abordar y educar las diferencias individuales. Es Howard Gardner el psicólogo americano que introduce el concepto de inteligencias múltiples y destaca que no existe una única inteligencia en el ser humano sino muchas y diversas. El sistema educativo actual suele basar el aprendizaje en dos tipos de inteligencia básicos: el analítico-verbal y el lógico-matemático. Al legitimar y medir sólo este tipo de inteligencias, la escuela descarta el resto pues hay chicos y chicas con potencialidades que no se enmarcan en este estrecho concepto de medición.

Sin tener en cuenta las diferentes potencialidades de cada sujeto y con el objetivo de proponer un mismo destino igual para todos, el tratamiento que el sistema educativo hace de las diferencias individuales es el de medicarlas para facilitar la adaptación al sistema, en vez de promover que el sistema se adapte al individuo. La escuela no educa individuos sino que pone énfasis en que los alumnos encajen en la sociedad a costa de renunciar a su propia individualidad. Es justo lo contrario aquello que nos enseñan los hijos hiperactivos, es decir, aceptar la individualidad de cada sujeto para fomentar el respeto genuino al propio estilo de inteligencia.

La educación orientada a desarrollar individuos

Salvo excepciones, la escuela al uso es incapaz de diagnosticar, abordar y educar la individualidad. No existen cerebros colectivos ni corazones comunes. Tampoco pulmones de uso compartido ni mentes intercambiables. Cada ser humano es único por propia naturaleza. De tal manera que, la costumbre de los colegios de educar con un patrón uniforme las diferencias individuales, pone de manifiesto el fracaso de un sistema que no tiene recursos para educar adaptándose a cada caso. Este patrón uniforme es una manera de igualar lo diferente, en vez de sacar el máximo rendimiento de las capacidades diferentes de cada sujeto. Es más, la conditio sine quae non de la individualidad es la desigualdad.

Un individuo es, por definición, desigual a otro. Pero este principio fundamental de la manifestación de un individuo se invierte en la práctica educativa cotidiana (se le da la vuelta) confundiendo igualdad con igualación. Por supuesto que todos los sujetos somos iguales ante la ley y en cuanto a derechos, si bien no en cuanto a capacidades y potencialidades. Por ello, bajo el pretexto de homogeneizar, la escuela iguala y mide con el mismo rasero a seres humanos con inteligencias diferentes. En este ejercicio de igualación se pierde la individualidad y se descarta el abrazo a la pluralidad de estilos de inteligencia.

Howard Gardner, el citado autor de las inteligencias múltiples, realiza su investigación en la década de los años 80. Han pasado casi 40 años y hoy en día sigue siendo un problema para los padres encontrar centros educativos que sepan interpretar los casos de hiperactividad como casos de estilo diferente de inteligencia. Para tranquilidad de todos es importante saber que no sólo se es inteligente por tener capacidades para el lenguaje y las matemáticas sino también por moverse de manera continua o por tener una gran imaginación. De hecho los expertos reconocen hoy hasta 6 tipos más de inteligencia, a saber:
  • La musical: la que muestran los chicos y chicas para ejercitar o crear música.
  • La espacial: es la de un arquitecto o un diseñador con gran capacidad de imaginación.
  • La corporal-kinestésica: es la de un deportista o un bailarín.
  • La espiritual: la de chicos o chicas que parecen retraídos pero tienen capacidad de transcendencia.
  • La de conexión con la Naturaleza o naturalista: chicos y chicas que se desenvuelven bien, no entre cuatro paredes, sino en espacios naturales.
  • La emocional: la muestran sujetos sensibles a las relaciones interpersonales.

De ahí que un chico diagnosticado de TDAH no tiene por qué sufrir la medicalización, la marginación ni el desprecio por su particular estilo de inteligencia sino que los padres pueden encontrar alternativas educativas acordes y respetuosas con sus potencialidades.
Sin duda los padres de Marcos y tantos otros padres han tenido que confrontarse y vivir un proceso valiente de cambio de mentalidad. Cambio en el sentido de cuestionar la creencia sobre que el futuro para su hijo ha de ser igual al futuro de los hijos de otros padres. Es necesario que los padres reparen que cada hijo es único en la manifestación de sus capacidades, como lo son las propias capacidades de ellos mismos. Cada inteligencia diferente en una familia es una oportunidad para respetar y potenciar la creación de Dios. No en vano, en la obra Suma contra los gentiles, dice Santo Tomás de Aquino que la perfección de Dios se manifiesta en la pluralidad de las potencialidades personales y que ésta, la perfección, es la consecuencia natural de ser diferentes.

Antonio Galindo en Asesores Emocionales
Psicólogo y pedagogo

FUENTE:

jueves, 7 de enero de 2016

VUELTA A LA RUTINA DESPUÉS DE LAS VACACIONES



Todo llega a su fin  y las vacaciones no son la excepción a la regla. El regreso a clases después de unas vacaciones suele  ser emocionante y estresante a la vez. Para muchos niños y niñas el volver a clases es una aventura que significa jugar, compartir, realizar actividades divertidas, conocer nuevas personas. Para otros niños y niñas es una experiencia traumatizante que se repite después de cada temporada de vacaciones, lejos de casa, sin papá ni mamá cerca, y en muchos de ellos provoca situaciones de estrés que se manifiestan con miedo, inseguridad o mucha tensión que pueden afectar la salud. Por ello, debemos ayudarles a preparar el regreso a las clases y a la rutina.

Es importante comprender que las vacaciones han permitido el cambio de ciertos hábitos, tanto alimenticios como del sueño, así como en la disciplina y los horarios, por lo que es necesario que se vayan ajustando poco a poco. 

Estar juntos en familia, levantarse tarde, no realizar tareas, ver mucha televisión, no tener  rutinas, etc., fomentan que el regreso a clases se torne más difícil, por lo que es importante seguir las siguientes recomendaciones:
  • Recordar el lado positivo de la vuelta a clases. Es importante que los padres recuerden la importancia de volver a ver a los compañeros de clase que probablemente no hayan visto desde el último día de clases. También deberán destacar el hecho de que seguirán adquiriendo muchos conocimientos nuevos que les serán muy útiles para su futuro profesional. Siempre que los padres hablen sobre la vuelta al colegio deberán hacer comentarios positivos y nunca negativos. De esta manera el alumno comprenderá que estudiar es una etapa positiva.
  • Fomentar la ilusión por preparar los materiales escolares. Si el estudiante necesita cuadernos y lápices nuevos, puede ser divertido que toda la familia salga a comprarlos Los padres también pueden ayudar al estudiante a preparar la mochila. Debemos recordarles que son responsables del cuidado de sus útiles escolares, el arreglo diario de sus uniformes o ropa de escuela, así como de sus tareas escolares, para evitar el desorden que es causante muchos problemas y tensiones familiares.
  • Preparar un próximo fin de semana  inolvidable. El primer fin de semana después de la vuelta al cole debería ser divertido. De esta manera la primera semana escolar pasará rápidamente y el estudiante estará ansioso por disfrutar de dos días entretenidos. Descubrir un restaurante nuevo o pasar todo el sábado en el parque de atracciones son tan sólo dos de las muchas ideas que pueden tener. Además de disfrutar del fin de semana también se puede disfrutar juntos del proceso de planear ese fin de semana, pues decidir qué hacer y dónde ir generará ilusión y expectativas.
  • Ser un ejemplo a seguir. Al igual que a los niños les cuesta despedirse de las vacaciones y retomar la rutina, los padres también pasan por este proceso cuando deben volver a la oficina después de las fiestas. Es importante que el estudiante comprenda que no es el único que debe adaptarse a este cambio, pero que sus padres ven el lado positivo y sienten ilusión por todo lo bueno que aporta la rutina, el esfuerzo y los momentos con los compañeros.
  • Ser comprensivos. Es completamente normal que la vuelta a clases sea difícil para algunos estudiantes. De hecho, para algunos alumnos será más difícil que para otros. Si sabe que sus padres le van a escuchar y que no le van a juzgar, ni van a criticar el hecho de que realmente no desee volver al colegio, el tiempo de adaptación será menor. Lo habitual es que después de tres o cuatro días el niño ya esté adaptado a la nueva situación. Estar pendientes de todos los cambios posibles de conducta o actitud que puedan ser manifestaciones de algún problema no resuelto en la escuela o en su vida personal. Tener en cuenta que los problemas para ellos son tan grandes e importantes, como lo son los nuestros.
  • Reducir la ansiedad. Los padres pueden acompañarle al colegio el primer día, para que sepa que no está solo en esta etapa y que cuenta con la comprensión y ayuda de sus seres queridos. Los niños no tienen la misma capacidad de que los adultos para afrontar la frustración o adaptarse a situaciones nuevas.
  • Ser puntuales. Si los padres le recogen a la salida del colegio, es importante que estén allí cuando el niño salga de clases para evitar que tenga que esperarles. Tener todo listo para que las prisas no sean otro motivo de estrés, salir a tiempo para evitar el tráfico y mostrarse contentos en todo momento.
  • Tener una buena rutina. Establecer y respetar los horarios para levantarse, dormirse, alimentarse, tomar clases especiales, hacer tareas y jugar o entretenerse. Durante las vacaciones lo último que deseará un niño es madrugar. Tampoco querrá estudiar, pero estos dos hábitos son imprescindibles durante el año escolar y es importante que no los pierda durante las vacaciones porque de lo contrario le costará más acostumbrarse a la vuelta a clases. Si durante unas semanas el niño se despierta tarde y no estudia ni lee, y de un día para otro debe retomar estos dos hábitos, no serán fáciles ni el primer día de clases, ni el segundo, ni el tercero.
  • Conversar, pero de verdad. Escuchar sus temores, dudas, intereses y expectativas con mucha atención y orientarlos respetuosamente en todo momento. Muchos padres cometen el error de preguntar, simplemente, “¿qué tal ha ido el primer día de clases?” Para evitar este error, el padre puede preguntarle qué ha aprendido hoy en su clase de matemáticas, qué deberes le han asignado hoy, qué sucede en la vida de los protagonistas de los libros que le han mandado leer, qué tal le ha ido con su profesor favorito y por qué. Son preguntas que no recibirán por respuesta un simple 'sí' o 'no', y que demostrarán al estudiante que sus padres están muy interesados en saber cómo le va en clase y qué está aprendiendo. Si los padres dan mucha importancia al colegio, será mucho más fácil para el estudiante interesarse por las clases y desear sacar buenas notas.
  • Preparar un desayuno muy nutritivo y delicioso. A todos nos anima comenzar el día con un desayuno riquísimo, y no solamente a los más pequeños de la casa. El primer día de clases es especial y los padres pueden conseguir que este día empiece bien desde que el niño se despierte. Supervisar bien su desayuno que es el principal alimento que les permitirá concentrarse y aprender bien durante toda la mañana. Con frecuencia es importante incluir un complemento alimenticio para el recreo, para que no les falten todas las vitaminas y minerales esenciales para su adecuado crecimiento y desarrollo.

Muchos padres enfrentan el inicio de clases de forma abrupta en relación a los horarios. Es necesario hacer una “previa” para que el niño pueda recuperar el hábito de levantarse temprano para sus actividades. Esto se logra de forma lenta y progresiva. Durante la etapa escolar, los padres deben procurar que los niños duerman entre 10 a 11 horas, ya en la pubertad y adolescencia las horas de sueños son entre 8 y 10 horas.

También debemos implicar al niño en aquello que tenga que ver con el regreso a la escuela, como la preparación de la ropa, los libros y todo el material didáctico como mochilas, bolígrafos, útiles escolares, etc. 

Lo más importante es que el niño juegue y disfrute todas sus vacaciones pero sin olvidar que tendrá que volver a la escuela pronto. Para eso, los padres pueden servir de recordatorio. 

Ya incorporados a la rutina, procura compensar el tiempo que estés separado/a de tus hijos con una compañía grata y enriquecedora cuando estéis juntos. Es normal regresar cansado del trabajo y tener pocas energías para dedicar a los hijos, pero es muy importante jugar con ellos, el juego es fundamental para su desarrollo. De vez en cuando, reflexiona sobre cuáles son tus prioridades en la vida y trata de recordar que tu hijo sólo tendrá una infancia. Ayúdale a crear bonitos recuerdos de ella y regálale un sentimiento que le acompañará para el resto de su vida: que sus padres lo quisieron mucho, le dedicaron tiempo y le dotaron de las herramientas necesarias para afrontar la vida con empatía, responsabilidad, respeto a los demás y muchas ganas de vivir y disfrutar. 

Estas son algunas estrategias para que la vuelta a clases sea exitosa.
Piensa como un niño ¿qué es lo que más te gustaría hacer cuando regreses a la escuela? ¿Cómo podrías facilitar la transición del tiempo libre y divertido a volver al trabajo y al estudio?

FUENTE:

jueves, 12 de noviembre de 2015

JESÚS JARQUE: 10 consejos para profesores sobre el TDAH



Jesús Jarque García es pedagogo. Desempeña su labor como orientador en el Centro Público de Infantil y Primaria Ramón y Cajal de Puertollano desde hace 17 años. Máster en Psicología y Gestión familiar. Miembro de la Sociedad Española de Pedagogía. Máster en Coaching Pedagógico y Educacional. Orientador en Educación Infantil y Primaria. Autor de más de una treintena de libros y publicaciones relacionados con las pautas educativas, la pedagogía y dificultades de aprendizaje. Ponente en cursos y charlas a profesores y familias.

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lunes, 28 de septiembre de 2015

¿AÚN NO SABES LO QUE ES EL TDAH?



¿AÚN NO SABES LO QUE ES EL TDAH?

TDAH = Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad.

  • El TDAH no es un trastorno inventado. Existen muchos estudios que confirman su existencia.
  • El TDAH afecta a las personas, independientemente del país, origen étnico, cultura o nivel socioeconómico.
  • El TDAH no se origina por malas pautas por parte de los padres sino por un mal funcionamiento de partes del cerebro.
  • El TDAH adulto no se manifiesta igual que en los niños.
  • Aproximadamente, el 70% de niños y niñas con TDAH presenta dificultades en el aprendizaje, por lo cual, una intervención psicoeducativa es fundamental.
  • La inteligencia no tiene relación con el TDAH.
  • Cada TDAH es único y afecta especialmente en el ámbito académico, por lo que una educación tradicional y únicamente centrada en la conducta no es suficiente.
  • Es importante una correcta formación del profesorado en lo relacionado al TDAH.
  • Una correcta actuación por parte de los centros educativos puede suponer grandes mejoras en la autoestima y motivación del niño.
  • Es muy importante la implantación de protocolos concretos en materia de sanidad y educación con respecto al TDAH.
  • La implantación de medidas no significativas en el aula se antoja fundamental para el correcto aprovechamiento de los niños y niñas afectados con TDAH.
  • Un tratamiento individualizado para cada niño y familia consigue mejorías hasta en el 80% de los casos.
  • Los niños con TDAH tienen muchas cualidades. Son creativos, honestos, leales, justos, bondadosos y cariñosos.
  • No debemos presuponer mala intención en la conducta de un niño o niña con TDAH.
  • Es importante el uso correcto de normas y de límites, así como de refuerzo positivo.
  • El TDAH trabajado desde la infancia supone un desarrollo totalmente normal en la vida del individuo.
  • Es importante concienciar a la sociedad de la importancia de este trastorno.
  • El TDAH todavía es un gran desconocido.
Se le llama trastorno invisible.
Pero eso no significa que no tenga consecuencias.
¡Ayúdanos a difundirlo!
Por el bien de todos, ¡hazlo visible!

¡¡¡Hazlo visible!!!

Video promovido por Educ-at, ANSHDA y el Colegio Nuevo Velázquez en su campaña de sensibilización del TDAH.

lunes, 30 de marzo de 2015

ISABEL ORJALES: “Todo el mundo habla de niños hiperactivos, pero muy poca gente sabe qué es el TDAH”


Recomienda que la intervención psicoeducativa comience antes de que se cierre el diagnóstico, cuando los síntomas empiezan a generar problemas

Sandra Melgarejo. Madrid

Según Isabel Orjales, profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Facultad de Psicología de la UNED, el TDAH es “el trastorno más popularmente desconocido”. En su opinión, existen muchos tópicos que interfieren en el diagnóstico y abordaje del TDAH, y falta comprensión en el entorno escolar. Contra esto, Orjales recomienda traducir los protocolos específicos en acciones concretas y ahondar no solo en la detección precoz, sino en la intervención psicoeducativa posterior.

¿Cuál es la situación actual del TDAH en España?

El TDAH es el trastorno más popularmente desconocido. Todo el mundo habla de niños hiperactivos, pero hay muy poca gente que realmente sepa cómo es un niño con TDAH. 

Todavía existen muchísimos tópicos que interfieren en las medidas que se toman, sobre todo en el ámbito educativo. El problema no solo concierne a los síntomas que tiene el niño en el aula –que se podrían resumir en que se comporta como si tuviera dos o tres años menos que el resto por su inmadurez, aunque pueda tener altas capacidades intelectuales–, sino a la falta de comprensión en el entorno escolar, porque existen muchos docentes que están erróneamente convencidos de que el diagnóstico del TDAH se puede basar solo en lo que ellos ven en el aula y las medidas educativas que toman se basan en sus hipótesis. Así ocurre que hay niños con TDAH que no tienen un perfil exagerado de hiperactividad o que tienen muy buena capacidad intelectual y compensan algunos ámbitos, y que por ello son malentendidos por los profesores.

 



No obstante, la primera voz de alarma ante un posible caso de TDAH suele darse en el colegio, ¿no es así?

Sí. La impresión popular es, incluso, que hay un sobrediagnóstico de TDAH, que ahora todos los niños son hiperactivos, al igual que en otra época todos eran disléxicos. El problema es que el TDAH es muy difícil de diagnosticar: requiere que puedas comprobar que los síntomas de desatención, hiperactividad, impulsividad, etc., que evolutivamente tienen todos los niños, son más crónicos en este caso y no van a mejorar si no se hace una intervención específica. Y eso requiere tiempo.

¿Por eso se retrasa el diagnóstico y el tratamiento?

Suelo insistir en que la intervención psicoeducativa debe comenzar antes de que se cierre el diagnóstico, cuando los síntomas empiezan a generar problemas y se ve claramente que las medidas educativas normales, escolares y familiares, no dan resultado. Si la intervención se inicia y realmente el niño tiene TDAH, tendrá un cuadro más moderado; y si había otros condicionantes, el niño se estabilizará y el diagnóstico o el descarte del TDAH llegarán antes.

En ocasiones se cuestionan los diagnósticos de TDAH, ¿por qué?

Porque los síntomas que presenta un niño con TDAH son comunes a todos los niños, responden a una inmadurez de las funciones asociadas al lóbulo frontal, que maduran con el tiempo. El problema de los niños con TDAH es que tienen un retardo en la maduración. 

Lo que pasa es que también son funciones que se educan: la impulsividad se puede reducir, la atención mejora… Los profesores pueden tener dificultades para discriminar si el problema que tiene el niño se puede arreglar con medidas educativas generales, con medidas educativas específicas o con un entrenamiento muy costoso. Pueden pensar que es algo que depende de la voluntad del niño o que requiere más disciplina por su parte.

En este sentido, es importante que los profesores entiendan que ellos son un puntal incuestionable en el diagnóstico porque necesitamos información lo más pormenorizada posible sobre las dificultades que tiene el niño en el aula, pero luego necesitamos mucha más información para poder confirmar sus hipótesis de diagnóstico.

¿Cómo se coordina la intervención educativa con el ámbito familiar y sanitario?

Todavía estamos muy en pañales. Están apareciendo protocolos conjuntos de Sanidad y Educación que son importantísimos, se tienen que ir traduciendo en acciones concretas, pero todavía están más ligados a la primera fase, la detección y el diagnóstico, que a la intervención psicoeducativa posterior. Indudablemente, tiene que haber una conexión muy importante: el médico no puede ajustar la medicación sin la información del impacto que tiene la medicación; y el centro educativo no puede hacer que el niño sea más eficaz a través de programas de intervención y de entrenamiento cognitivo si no está apoyado por un tratamiento farmacológico adecuado.

FUENTE:

lunes, 19 de enero de 2015

EL APRENDIZAJE SOCIAL Y EMOCIONAL: LAS HABILIDADES PARA LA VIDA


Estamos impidiendo que los niños y jóvenes tengan un desarrollo óptimo cuando les privamos de un aprendizaje social y emocional”. 
René Diekstra


Un niño que conoce y sabe gestionar sus emociones no solo tendrá mejores resultados académicos, sino que estará más preparado para el mundo laboral.
Mediante programas probados científicamente, es posible desarrollar lo que llaman habilidades para la vida, es decir, una serie de destrezas en el ámbito social, emocional y ético, que complementan y optimizan las habilidades cognitivas e intelectuales.




Elsa Punset charla con el psicólogo y experto en educación emocional René Diekstra.

René Diekstra.  Psicólogo y experto en educación emocional. Profesor de Psicología de la Universidad de Utrecht.

Programa Redes Rtve, emitido el domingo, 26 de mayo 2013, en La 2.

En este capítulo de Redes, Elsa Punset charla con el psicólogo y experto en educación emocional René Diekstra, con quien veremos en qué situación se encuentra actualmente el aprendizaje de esta disciplina y qué ventajas concretas tiene en el desarrollo de niños y jóvenes.

“Estamos privando a niños y jóvenes de un desarrollo óptimo cuando no les damos oportunidades de aprendizaje social y emocional”. René Diekstra.

Eduard Punset: Tres grandes errores caracterizan la educación que reciben hoy nuestros hijos y nuestros nietos: 
El primero es no tener en cuenta dos de las enseñanzas más importantes de la neurociencia: que la razón no sirve para nada sin las emociones, por una parte, y que el cerebro es un órgano muy sofisticado, difícil de comprender pero enormemente plástico.

El segundo error del sistema educativo es no aceptar que los maestros han de lidiar con la diversidad cultural que existe actualmente en las aulas, pero también con lo que tienen en común todos los alumnos: las emociones -la rabia, los celos, el menosprecio…

¿Cuál es el tercer gran error? El tercer gran error de las escuelas de este siglo es la jerarquización de las asignaturas que arrastramos de siglos pasados. Y es que hoy en día es perjudicial colocar en el último eslabón, detrás de las matemáticas, la lengua y las humanidades, las materias creativas y artísticas.
Para corregir estos errores, lo más eficaz es introducir en las aulas el aprendizaje social y emocional.

¿Para qué sirven las escuelas?

Elsa Punset: René, dedicamos tanto tiempo, tanto dinero, tantos recursos a las escuelas. ¿Son necesarias? ¿Para qué sirven las escuelas?

René Diekstra: En primer lugar, las escuelas son necesarias porque forman una comunidad de nuevas generaciones que tienen que vivir juntas y trabajar juntas en el futuro para dirigir una sociedad, y lo cierto es que no hay mejor lugar que la escuela para ayudarlos a descubrirse, a conocerse, a entender cómo lidiar los unos con los otros.

Elsa Punset: ¿Qué modelos de escuelas hemos tenido?

René Diekstra: Ha habido bastante variedad: escuelas, como las escolásticas, ciertas escuelas latinas que eran ante todo para lo que llamamos formación del carácter de los jóvenes, para ayudarles a crear personalidades que a la sociedad le gustaría tener.
Pero el énfasis en la formación del carácter o aprender a internalizar ideologías, como las escuelas religiosas, los seminarios, etc. se sustituyó, en los siglos XIX y XX por escuelas que, ante todo, querían preparar a los jóvenes para la economía, para el mercado laboral.
Y muchas dicen actualmente que su objetivo es el desarrollo general del niño que implica el desarrollo del niño en los aspectos cognitivo, intelectual y social, emocional y ético.
Lo curioso es que, si vas a su plan de estudios, los tres últimos no suelen figurar en él como aspecto formal integrante de…

Elsa Punset: Te refieres a social, emocional y ético.

René Diekstra: Sí, no tienen clases sobre habilidades sociales, emocionales ni morales o éticas.
En el organismo del niño, esas cosas no pueden separarse. Por ejemplo, si quieres hacer bien tus deberes y tener buenas notas, necesitas un cierto grado de autocontrol. Tienes que ser capaz de aplazar…

Elsa Punset: Los pequeños placeres.

René Diekstra: …determinadas satisfacciones y disciplinarte de verdad para hacer los deberes. O necesitas planificar. La necesidad de planificar el aplazamiento de nuestra satisfacción, de nuestros pequeños placeres, no se consigue aprendiendo aritmética o matemáticas o francés o lo que sea.

Te daré otro ejemplo: es extremadamente importante —de hecho, es la primera habilidad que aprendes en los denominados programas de aprendizaje social y emocional— que un niño perciba y sea capaz de gestionar adecuadamente sus sentimientos.
Un niño que conoce las emociones es un niño que funciona mejor porque, si tiene miedo a fracasar, ya no dice: «Los deberes son una mierda». No, dice: «Me temo que no soy capaz de terminar mis deberes». Si acude a ti y te dice eso, entonces sabes qué puedes hacer por él.

Elsa Punset: Sí. Y él puede aprender a lidiar con eso también.

René Diekstra: Exacto. Pero lo contrario también es cierto. Enseñar a los niños a interpretar las emociones de otras personas, sobre todo los adolescentes en la pubertad.
Durante la pubertad cambia la forma en que los niños decodifican las expresiones de las emociones de otros. Por ejemplo, en la adolescencia, suelen interpretar la preocupación como enfado.
Así que, si su madre está preocupada por algo peligroso que hicieron, podrían decirle a su madre: «Mamá, ¿por qué estás siempre tan enfadada?». Y la madre les contesta: «No estoy enfadada, solo preocupada…».
Pero el niño, debido al hecho de que decodifica, entre los 12 y los 15 años, las expresiones de las emociones de distinta forma, no lo interpretó así. Y es posible que la madre piense que carece de empatía.
Si le enseño a un niño a interpretar bien las emociones de otros, mejorará su capacidad de conectar, de construir relaciones con otros y de empatizar con ellos.

Entender las emociones

¿Qué es la inteligencia emocional? ¿Se trata de uno más de nuestros distintos tipos de inteligencia, como la espacial o la verbal? La respuesta es No. Ni tenemos un módulo de nuestra inteligencia dedicado a las emociones ni se trata de una de las famosas inteligencias múltiples que describió Howard Gardner en los años ochenta del siglo pasado.
Según la teoría de Gardner que no ha sido abalada universalmente por la comunidad científica, existen tantas formas de aprender como tipos de inteligencias múltiples básicas: visual o espacial, verbal, cinestésica, lógico-matemática, musical, etc. En cambio, hablar de inteligencia emocional implica hablar del funcionamiento de todo nuestro cerebro. Con el aval de los enormes avances de la neurociencia de las últimas décadas estos descubrimientos nos han permitido sacar a las emociones del rincón profundo imaginado donde se hallaban.

Durante siglos, la ciencia no las consideró objeto de estudio y la sociedad las menospreciaba a la hora de tomar decisiones o de emitir un razonamiento.
Ahora sabemos que la emoción interfiere con la razón y la razón modifica la emoción. No se pueden separar.

Otro descubrimiento capital para poder hablar de inteligencia y de educación emocional es la plasticidad del cerebro. Las experiencias, los pensamientos, los sentimientos, todo está continuamente modificando las conexiones entre las neuronas. Desde el nacimiento hasta la vejez, podemos aprender y desaprender, incluso nuestras emociones son moldeables.

Por lo tanto, la inteligencia emocional no es más que la asunción de que nuestra inteligencia es emocional y de que podemos educarla con las prácticas adecuadas.

Elsa Punset: René, ¿es fácil comprender las emociones?

René Diekstra: Sí y no. Hasta cierto punto son fáciles de entender porque sabemos cuándo una persona o nosotros mismos disfrutamos o estamos nerviosos o tristes o celosos o lo que sea.
Por otra parte, también son siempre complejas porque casi siempre tenemos emociones mezcladas, varias emociones a la vez. Pero algunas las expresamos más fácilmente hacia otros que hacia nosotros mismos. Por ejemplo, la mayoría de la gente no tiene demasiados problemas para decir: “Estoy muy enfadado contigo”.
Pero podría ser, si lo analizas un poco más, que no se trate solo de enfado, sino de la ansiedad que surge en muchas relaciones… Una chica y un chico discuten, ella se enfada y, si le preguntas: «¿Cómo te sientes?». Contesta: «Estoy muy enfadada contigo». Pero al mismo tiempo, es posible que esté muy preocupada...

Elsa Punset: … porque la relación no va bien.

René Diekstra: Sí. Exacto. O por si él la deja o lo que sea. Así que es muy importante, si estás en una situación concreta con emociones que realmente te agobian, aclarar qué emociones intervienen.

Elsa Punset: … por eso es importante aprender a comprenderlas, a interpretarlas a ponerles nombre. ¿Cómo podemos hacerlo?

René Diekstra: Por ejemplo, me cuentas que eres muy infeliz. Pero ¿qué narices significa infeliz? Y lo que hago es decirte: «Dime, Elsa, ¿qué quieres decir con infeliz? ¿Estás triste? ¿Estás avergonzada? ¿Te sientes culpable? ¿Celosa? ¿Cuál de ellas?».
Y entonces tienes que pensarlo. Y entonces es probable que en un determinado momento digas: «Sabes, estoy muy avergonzada». Ahora puedo hablar contigo (y tú conmigo), porque puedo preguntarte: “¿Quieres contarme de qué te avergüenzas?”.
Y cuando te hago esas preguntas y tú las verbalizas, de repente las ves claramente. Y, en cuanto las ves claramente, puedes adoptar una postura al respecto.

¿Sabemos distinguir las emociones? El monstruo de colores

Había una vez un monstruo que no sabía lo que sentía. A veces sentía rabia y miedo, o rabia y tristeza, o calma y alegría, o calma y tristeza o todo a la vez. Se sentía hecho un lío, hasta que aprendió a distinguir que cada hilo tenía un color y que cada color pertenecía a una emoción diferente. Así, si podía separarlas era capaz de ponerle un nombre a cada cosa y cada cosa en su sitio y saber, por tanto, qué es lo que sentía en cada momento. Hasta que un día se encontró con una niña que no había visto nunca y sintió una emoción de la que todavía no había oído hablar… pero esa, es otra historia… (Una historia de Anna Llenas)

Enseñar las emociones a los niños

Elsa Punset: ¿Cuándo podemos empezar a enseñarles a los niños acerca de sus emociones?

René Diekstra: Yo diría que empieces alrededor de los 2 o 3 años y sigas hasta que terminen el instituto, alrededor de los 17-18 años, basándote en las distintas etapas de desarrollo.
Con tres años, un niño o una niña se acerca a otro y coge un juguete. Si estás cerca, como adulto, y el juguete no es del niño que lo cogió, sino del otro, uno de los papeles que tienes como padre es parar a tu hijo y decirle: “Espera un minuto. Míralo. ¿Qué estás haciendo? Está llorando. ¿Y por qué llora? ¿Qué tienes en la mano? Es su juguete. ¿Podría estar llorando porque cogiste su juguete sin pedírselo?”.
Así le estás ayudando a tu hijo ya a los tres años a desarrollarse emocionalmente…

Elsa Punset: Y a ser consciente.

René Diekstra: Sí. A desarrollarse y ser consciente. Y, si lo vas reforzando, de acuerdo con las fases de desarrollo del niño, le ayudas enormemente.
Las emociones son la esencia, el núcleo sobre el que se construyen las relaciones y se toman las decisiones.

Elsa Punset: No son un lujo biológico.

René Diekstra: Al contrario.

Elsa Punset: Y podemos educar las emociones, no son simplemente algo natural que traes contigo al nacer.

René Diekstra: No. Podemos educar las emociones de dos formas: aprender a percibirlas, a indicarlas adecuadamente, expresarlas, pero también a gestionarlas.

Elsa Punset: Entonces, si tantos datos confirman que las habilidades sociales y emocionales son importantísimas para los niños en todos los ámbitos: el empleo, sus relaciones con los demás, su salud mental y física, ¿por qué todas las escuelas no los ponen en práctica de la misma forma que enseñan matemáticas?, ¿por qué no enseñan estas habilidades?

René Diekstra: La mayoría de las escuelas no lo hacen de forma sistemática. No tienen tiempo ni apoyo ni financiación, pero lo más importante es que no saben cómo hacerlo. No se les ha asesorado respecto a cómo hacerlo de la mejor forma posible.

Elsa Punset: ¿Quién asesora? ¿Cómo se hace?

René Diekstra: Hay un montón de bibliografía y estudios al respecto. Una de las cosas que indican dichos estudios suele ser tan sencilla como tener clases —y sé que algunos de los directores me dirían: “¿Se te ha ido la olla?”— sobre habilidades sociales, emocionales y éticas. Clases como las de matemáticas, lengua, etc. Cada semana les enseñas determinadas cosas.

Elsa Punset: ¿Durante cuánto tiempo?

René Diekstra: Depende un poco de tus metas, pero yo diría que al menos una hora a la semana.

Elsa Punset: ¿Cuáles son esas habilidades?

René Diekstra: Ya hablamos de eso un poco: una es aprender a percibir y gestionar tus propias emociones. Esa es una importante. La segunda es cómo construir y mantener relaciones.
La tercera es cómo tomar decisiones responsables y éticas. Y la cuarta es tal vez es la más importante: es cómo ponerse en el lugar del otro, preocuparte por los demás que se encuentran en situaciones menos favorables que tú, como el acosado de tu clase u otra gente que te rodea.

Elsa Punset: René, ¿por qué eso es importante? si algunos padres creen que lo verdaderamente importante es enseñar a los niños a ser competitivos y ganar. Y temen que, si le enseñas a un niño a ser justo, amable y compasivo con otros, va a ser vulnerable, más vulnerable y tal vez tendrá menos éxito.

René Diekstra: No estoy de acuerdo. Muchos, muchos padres valoran muchísimo que sus hijos sean defensores o partidarios de esos valores sociales que acabamos de mencionar.

Elsa Punset: Pero de hecho, tenemos una sociedad en la que se paga mucho mejor a los banqueros que a quienes ayudan a otros, que forma a las personas para…

René Diekstra: No, no, no. Te pondré un ejemplo de una experiencia reciente. Hace unos dos años visité a Derek Bok, antiguo rector de Harvard. Una noche tuvimos una cena muy agradable.
A la mañana siguiente proseguimos nuestra reunión. Cuando nos encontramos, estaba muy estresado y casi deprimido. Le pregunté: «Derek, ¿qué ha ocurrido? Y me dijo: «Lo que ocurre es que anoche estaba viendo la tele y estaban poniendo una comisión de investigación del senado y estaba allí Blankfein, el consejero delegado de Goldman Sachs, y el presidente de la comisión del senado le preguntó: "Sabía que su empresa vendió hipotecas basura por 800 millones de dólares a un banco holandés? ¿Era consciente de que les vendía basura?".
Y Blankfein dijo: "Señor presidente, no es ilegal". Y le dijo: "Esa no es mi pregunta. ¿Cree que lo que hizo es moralmente aceptable?". Y le dijo: "Señor presidente, no era ilegal".
Entonces el presidente cogió dos correos electrónicos y dijo: "Uno de sus propios trabajadores le escribió a otro que usted los había felicitado por vender esas hipotecas basura".
Y Derek Bok, el antiguo rector de Harvard, dijo: “Lo que me entristece tanto es que, cuando Blankfein se enfadó, comentó que se había licenciado en la Facultad de Derecho de Harvard. En Harvard hicimos algo mal si personas así son el producto de nuestra educación”. Y creo que eso lo dice todo.

El éxito y las emociones

Elsa Punset: ¿Se puede tener éxito y tener habilidades sociales y emocionales?

René Diekstra: Hacer la pregunta es responderla. No tengo que dar la respuesta: claro.

Eduard Punset: Nuestro sistema de enseñanza imparte competencias trasnochadas, y este hecho participa de la enorme tasa de paro que viven hoy los más jóvenes. Por eso, no nos queda otra opción que defender programas que incorporen el aprendizaje de habilidades sociales y emocionales. Ahora sabemos que cada euro invertido en estos tipos de programas se recupera triplicado aproximadamente. Se trata de una buenísima inversión, sobre todo para la sociedad, porque su aplicación conlleva menos conductas delictivas, menos alteraciones en las clases y, lo que es más importante, un rendimiento académico mayor.

Enfrentarse de forma ética y eficaz a los conflictos es una habilidad muy importante

Elsa Punset: ¿Podrías hacerme un perfil de un niño sin las habilidades y de uno con las habilidades sociales y emocionales? ¿En qué se diferenciarían?

René Diekstra: La cuarta habilidad que no mencionamos de forma demasiado exhaustiva es que enseñas a los niños a enfrentarse de forma ética y eficaz a los conflictos. Es una habilidad muy importante.
A los conflictos con sus iguales, con adultos, con futuros clientes… Pero hay algunos conflictos con otras personas que no pueden resolverse. Así que tenemos que aprender a aceptar que disentimos y que nunca uniremos fuerzas.
Los niños que no han asistido a un programa de estos normalmente no saben enfrentarse a eso.

Elsa Punset: No saben distinguir entre conflictos que pueden solucionarse y los que no la tienen.

René Diekstra: Y cuando un conflicto simplemente está ahí, el enfado, la frustración, la agresividad, etc. siguen formando parte del repertorio de comportamientos de esos niños, lo que es triste para los niños y para la gente que los rodea. Los niños que han asistido a esos programas aprenden a distinguir entre lo que puede resolverse o lo que no, cuándo puedes hacer algo y cuándo no puedes, lo que es tremendamente importante.
Por poner un ejemplo, si tus padres riñen en casa, entre ellos, sobre su relación, como niño difícilmente puedes hacer algo. Pero algunos niños no pueden abstenerse. No pueden porque no han aprendido a distinguir entre ambos, así que toman partido y la cosa empeora.

Los beneficios de los programas de aprendizaje social y emocional en las escuelas para fomentar el desarrollo de niños y jóvenes han sido demostrados en siete ámbitos relevantes:
  • Desarrollo de habilidades sociales.
  • Reducción de comportamientos antisociales.
  • Disminución del abuso de drogas.
  • Incremento de la autoimagen positiva.
  • Aumento del éxito académico.
  • Mejor salud mental.
  • Aumento de comportamientos prosociales.

Elsa Punset: ¿Qué otra cosa haría mejor un niño con habilidades sociales y emocionales?

René Diekstra: Deja que te ponga un ejemplo impresionante. Una parte del programa de habilidades para la vida es que también enseñas a los niños a enfrentarse a problemas afectivos graves e incluso tus propias tendencias suicidas, sobre todo, en alumnos de secundaria.
En una de las clases se pide que los niños se reúnan y piensen qué tipos de dolencias o síntomas tiene una persona que padece depresión, y son muy capaces de hacerlo en grupo, saben lo que es.

Elsa Punset: Saben cómo es una persona triste.

René Diekstra: Sí. Cómo es una persona triste y deprimida. Y una de las preguntas que les hacemos a esos niños es: “Imaginad que estáis en ese estado, durante mucho tiempo. ¿Qué podríais hacer para aliviarlo, para salir de él, o qué podrías hacer para ayudar a uno de vuestros compañeros a salir de ese estado triste o depresivo?”.
Y, con otros, piensan todo tipo de formas de hacerlo. Evaluamos los efectos de esa intervención sobre, por ejemplo, la frecuencia de pensamientos suicidas, de acabar con tu vida o intentos de suicidio, y mostraron que aquellos niños que asistieron a los programas, incluso un año tras la conclusión del programa, padecían menos problemas depresivos o pensamientos suicidas y tenían conductas suicidas con menos frecuencia, lo que demuestra que también en lo que se refiere a la salud mental y las enfermedades mentales peligrosas los programas merecen mucho la pena.

Hacemos lo mismo en uno de los módulos sobre problemas de ansiedad, miedo al fracaso en la escuela, ansiedad social. Todos los tipos de ansiedades que puedes tener… Lo que vemos es que un año después de la finalización de los programas, los niños que han asistido se enfrentan mejor a la ansiedad, suelen estar más predispuestos a pedir ayuda o simplemente sufren menos.

Formar con las emociones

Elsa Punset: Dime más cosas que distinguen a los niños que reciben estos programas

René Diekstra: Sí. Otro rasgo distintivo muy claro es que los niños que siguen estos programas son capaces de distinguir mejor lo que les gustaría ser en el futuro o lo que tienes que hacer para conseguirlo y lo que te gusta, lo que disfrutas a corto plazo, así que son más capaces, por así decirlo, de negociar con sí mismos…

Elsa Punset: De trabajar por sus metas. Tener metas y trabajar para conseguirlas. ¿Cuánto tiempo lleva formar a buenos formadores en habilidades sociales y emocionales?

René Diekstra: Los formamos durante tres días consecutivos y ya en el primer día y medio los reprogramamos el cerebro, por así decirlo. Porque les enseñamos lo que queremos que enseñen a sus alumnos y les ayudamos a internalizarlo ellos mismos.
Y luego les damos dos clases de seguimiento de forma que empiecen sus clases y puedan tratar cualquier cuestión que surja mientras están ocupados con sus niños.
Uno de los principios… casi diría los trucos... que enseñamos tanto a alumnos como a profesores es que, si estás enfadado, por ejemplo, con un alumno, antes de decidir cómo actuar, echando del aula al alumno, por ejemplo, utilices el principio del semáforo: contar hasta diez.
Lo que suelo hacer es enfadar a los profesores y, lógicamente, empiezan a protestar y a gritar y entonces digo: «Parad el carro. Utilizad el principio del semáforo...».

Elsa Punset: Entonces pueden ser técnicas muy sencillas…

René Diekstra: Es muy sencillo.

Elsa Punset: ¿Algunos alumnos se benefician más de esos programas que otros?

René Diekstra: Esa es una cuestión sumamente importante. Sabemos por nuestro programa, la evaluación de quince años, una serie de estudios de control experimental, pero también por otros, que se benefician más aquellos alumnos más necesitados.
Allí donde se encuentran los mayores problemas es también donde se consiguen los mayores avances o éxitos, lo que implica que, cuando no se proporciona a los alumnos este tipo de programas, los privas todavía de más cosas.

Eduard Punset: La educación del niño deberá estar encaminada a desarrollar la personalidad, las actitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades. Así lo dice la convención sobre los derechos de los niños, que entró en vigor hace más de dos décadas.
La mayoría de las escuelas y de los sistemas educativos del mundo violan ese punto de la convención porque la mayoría de escuelas y sistemas educativos no contemplan las medidas necesarias para el éxito académico, social y económico del niño. No se puede optimizar su desarrollo global si no se enseña al niño, entre otras cosas, a focalizar la atención, a distinguir y gestionar sus emociones, a trabajar en equipo, de manera no competitiva necesariamente.

Hay una gran revolución educativa pendiente antes de cumplir la convención sobre los derechos del niño de 1990, vamos con retraso. Padres, maestros y políticos son los encargados de empezar esta revolución.

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