TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

lunes, 2 de octubre de 2017

DIEZ RECOMENDACIONES PRÁCTICAS PARA PADRES DE NIÑOS CON TDAH



En la actualidad, alrededor de un 5% de los niños presentan Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Esto lo convierte en uno de los trastornos de mayor prevalencia en la infancia.

Las características propias del cuadro, que incluyen alteraciones en las funciones atencionales, hiperactividad e impulsividad, provocan una desorganización general a nivel cognitivo y comportamental que se extienden a todas las áreas de la vida.

A su vez, diversos estudios muestran que estos niños son más propensos a desarrollar trastornos comórbidos como ansiedad y depresión. Suelen presentar diversos problemas de aprendizaje, mayores probabilidades de accidentarse y mayor consumo de sustancias en la adolescencia (Ives, 2006). Es decir, el impacto del trastorno afecta en mayor o menor medida a todos los ámbitos en los cuales los sujetos se desempeñan.

De manera inversa, las intervenciones que como adultos realizamos en los contextos donde los pequeños habitan, podrán ayudarlos (o no) en su organización y en limitar los efectos que el TDAH presentan en su cotidianidad. 

Teniendo en cuenta estas características, hace algún tiempo publicamos recomendaciones para maestros de niños con TDAH, cuya finalidad fue favorecer el proceso de aprendizaje de los niños por medio de algunas adaptaciones de acceso y contenido al material educativo.

En este caso, el objetivo es proponer una serie de recomendaciones para los padres, los que impactarán de manera beneficiosa en la vida de sus hijos a la vez que en la de ellos mismos; ya que aplicados de manera consistente disminuyen conductas desorganizadas e impulsivas en los niños, incidiendo de forma directa en el equilibrio familiar.

Recomendaciones

Recomendación N° 1: Darle estructura al día a día
El que un niño con TDAH viva en un ambiente relativamente estructurado contribuirá a su organización para las actividades que deba realizar. Por el contrario, un contexto desestructurado, donde las mismas actividades pueden cambiar el momento del día en que se realizan, se superponen o alternan en el orden previsto; es más probable que generen confusión y fallos en su realización.
Por ejemplo, será preferible que siempre cuando llega del colegio se cambie, lave las manos, se siente a almorzar, cepille los dientes y duerma una siesta para realizar las tareas escolares posteriormente; a que todos estos mismos pasos los vaya realizando cada día en un orden distinto. En este último caso, es muy posible que algunos elementos se omitan o no se realicen satisfactoriamente.

Recomendación N° 2: Cómo dar órdenes
Un comentario habitual de los padres de niños con TDAH es la poca obediencia de estos hacia las normas e instrucciones proporcionadas. Una manera de aumentar las probabilidades de éxito cuando se desea que el niño realice algo, consiste en seguir estas sencillas reglas:
  • No dar más de una orden a la vez. Es preferible esperar a la finalización de una tarea, antes de presentar una nueva actividad.
  • Segmentar demandas generales. La indicación <<Ordena tu habitación>> puede ser separada en <<Guarda tus juguetes/ Haz la cama/ Tira los papeles al cesto de basura>>.
  • No dar indicaciones que puedan ser ambiguas. Comunicar <<Pórtate bien en lo de la abuela>> puede significar cosas muy distintas para un niño y un adulto (incluso para distintos adultos). En cambio, <<No toques las cosas de la mesa / No corras por adentro de la casa/ No te metas en la habitación de la abuela>> son instrucciones más concretas y fáciles de cumplir.
  • Pedirle al niño que repita la indicación dada. Esta es una forma de corroborar que haya entendido lo que se espera de él.
  • Hay que evitar abusar del <<No>> como recurso. Siempre se es preferible formular enunciados en forma positiva que negativa. Frases como <<No toques el televisor>> <<No apagues la luz>> <<No hables ahora>> pueden, aunque sean concretas, formuladas de manera segmentada y repetidas por el niño, sonar muy restrictivas, en especial cuando se van repitiendo a lo largo del día muchas veces. En su lugar, se puede solicitar lo mismo pero en forma positiva, diciendo por ejemplo <<Me gustaría que te quedes unos minutos sentado aquí>> <<Es preferible dejar la luz prendida>> <<Permanece en silencio algunos minutos>>.

Recomendación N° 3: Descubra que habilidades posee su hijo y foméntelas
El estimular aquellas habilidades naturales que pueda tener incrementará su autoestima y sentimientos de eficacia, y ayudará a los padres a centrarse en aspectos positivos de su hijo. En caso de no conocer el pequeño que actividades le agradan y en las cuales puede tener buenos rendimientos, se los puede acompañar en el descubrimiento de las mismas.

Dado que las personas con TDAH suelen presentar malos comportamientos, es muy fácil que se pierdan de vista los aspectos positivos de los niños y en cambio nos centremos en sus puntos débiles. Tener presentes las fortalezas cambia sustancialmente la mirada que se tiene sobre los pequeños, y evita tener pensamientos del tipo <<le gusta desobedecer y hacerme enojar>>.

Recomendación N° 4: Cuando se apliquen premios y castigos, que sean inmediatos a los comportamientos elegidos
Es muy frecuente que los padres intenten modificar la forma en que sus hijos se comportan aplicando consecuencias temporalmente muy distantes de aquellos comportamientos apropiados e inapropiados. El niño por un lado, puede olvidar o perder de vista cuál era esa consecuencia (buena o mala) que le esperaba.

A su vez, puede frustrarse por el tiempo que debe esperar para acceder a la misma, incluso aunque sea algo muy deseado.
En lugar de proposiciones del tipo <<si este año apruebas todas las materias vamos de vacaciones a Disney>>, puede resultar más gratificante para el niño aplicar un sistema de recompensas por cada exámen aprobado, por cada materia aprobada, y por último sí puede utilizarse el premio mayor (Disney) en caso de cumplir todos los objetivos propuestos. El pequeño de esta forma tendrá acceso más inmediato y constante a reforzadores, lo que mantendrá su motivación alta por períodos mayores de tiempo. Y en caso de fallar en la consecución de la meta final, no tendrá el sentimiento de que nada ha valido la pena, ya que a lo largo del año obtuvo numerosos beneficios por sus esfuerzos.

Una pequeña aclaración, al hablar de cumplir los objetivos propuestos me estoy refiriendo a aquellos objetivos que sean alcanzables por el estudiante, no a los que aspiren los padres de manera ideal. La constante y excesiva presión por rendir más de lo que se puede termina habitualmente produciendo los resultados opuestos a los esperados. Como consecuencia adicional, produce estrés y frustración no solo en los padres, sino también en sus hijos. Esto se relaciona directamente con el siguiente punto.

Recomendación N° 5: Concéntrense en los aprendizajes, no en las calificaciones
Muchos adultos han crecido con la convicción de que la nota escolar refleja lo aprendido, y que si no es así al menos es lo más importante del paso por la escuela, ya que queda de forma objetiva plasmada en documentos y certificados. Para un niño con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, la presión impuesta para la obtención de buenas calificaciones puede ser excesiva, logrando que se frustre y no solo que no obtenga los resultados esperados, sino que tampoco aprenda.

Un ligero ajuste en las expectativas de los padres sobre el recorrido académico, de seguro provocará una disminución en la frustración que sienten tanto los niños como sus progenitores, y potenciará el aprendizaje escolar.

Recomendación N° 6: Nunca criticar a la persona
Este punto es de vital importancia para todos los actores. Por un lado, el niño que es calificado como vago, caprichoso, malo, etc, está de forma permanente registrando que los adultos significativos observan eso en él, afectará a su autoestima y a su comportamiento posterior. 
Por el lado de los adultos, etiquetar al niño de esta forma en general los dejará predispuestos a prestar atención a aquellas conductas que estén de acuerdo con dicha percepción, lo que influye en la buena relación a mediano y largo plazo.

En lugar de afirmar que es un vago porque no levantó sus juguetes del piso por ejemplo, es mejor remarcarle la solicitud nuevamente, omitiendo todo tipo de apreciaciones personales. Si es necesario realizar observaciones, siempre hacerlas sobre las conductas en lugar de sobre el sujeto.

Recomendación N° 7: Planificar potenciales situaciones conflictivas
Si ciertos momentos suelen producir de manera repetida malos comportamientos por parte del pequeño, la anticipación de las situaciones, así como de lo que se espera por parte suya, incrementa las posibilidades de evitar estos malos momentos.

Ante la repetida situación del correteo por medio de las góndolas del supermercado tocando los productos que están exhibidos, los padres antes incluso de salir de su casa pueden comentar de manera bien concreta y clara (tal como sugiere el Recomendación 2), que conductas puntuales esperan de su hijo.

Recomendación N° 8: No intentar abordar todos los problemas al mismo tiempo
Esto mantiene relación con varios de los puntos ya abordados. Si partimos de la base que es preferible que haya pautas claras, solicitadas secuencialmente y no al mismo tiempo, y de la preferencia de la estructura frente al caos; solicitar a un niño que se quede quieto, callado, que si habla no diga malas palabras, que preste atención a lo que dice el resto permanentemente y que mantenga por ejemplo determinada postura corporal, será imposible de sostener.

La frase “Hay que elegir qué batallas pelear” es perfectamente aplicable a estos casos. Siempre habrá que estar atento a todos los problemas que presente una persona en cada situación determinada, y frente a los mismos establecer cuales son prioritarios para atender y cuales no. 
Es necesario tener en cuenta una serie de elementos al tomar estas decisiones, como por ejemplo la gravedad (para sí o terceros) que presente, la imposibilidad que le traiga de adquirir nuevas habilidades, etc; pero siempre sin perder de vista que no es posible enfrentar todas las situaciones problemáticas al mismo tiempo.

Recomendación N° 9: No confíen en un profesional que no les ofrece un diagnóstico claro
De la misma forma, no confíen en profesionales que utilicen diagnósticos poco específicos o que no sigan las convenciones actuales, y usen términos como por ejemplo <<bloqueo emocional, falta de madurez o problemas de lateralidad>>.

Un profesional que lleve adelante un buen tratamiento debe proveer a su vez el asesoramiento y psicoeducación necesaria para un tratamiento eficaz. Como se desprende de todos los recomendaciones hasta ahora vistos, el funcionamiento de los sujetos se ve sensiblemente afectado por el contexto, ya sea en forma material (ambiente ordenado por ejemplo), como interaccional. 
Un terapeuta que sólo trabaja con el niño y no sugiere a padres y docentes intervenciones puntuales para los lugares y situaciones en las que se desenvuelve, disminuye se eficacia terapéutica y pone sobre éste un peso que probablemente no pueda soportar; al dejarle la labor de ser el único responsable de que su comportamiento cambie.

Recomendación N° 10: No se olviden de ustedes como personas
Por lo complejo de todos los factores a tener en cuenta, un hijo con TDAH genera estrés e impacta sobre uno mismo y diversos tipos de relaciones, como pareja, otros hijos, amistades, etc.

Tomarse el tiempo para realizar actividades placenteras, permite recuperar fuerzas para continuar con sus labores como madres o padres posteriormente. Lo mismo sucede con relaciones que suelen quedar en segundo plano. Será necesario buscar momentos en los cuales puedan cultivarse las mismas, sin que el foco de atención permanente sea su hijo.
Recuerden que además de padres, son sujetos que seguramente necesitan de otro tipo de actividades para su bienestar.

Para concluir, estos recomendaciones no deben entenderse en forma absoluta, sino que son adaptables a los contextos en los cuales se aplican. Tampoco son los únicos puntos a tener en cuenta a la hora de educar a un niño con TDAH. Sin embargo, constituyen pautas generales de crianza que son de gran utilidad en estos casos.

Referencias
Artigas Pallarés, J. (2006). El Trastorno de Déficit de Atención/Hiperactividad en la consulta del pediatra. Algunas sugerencias. Revista Pediatría de Atención Primaria. Vol VIII (4) 115- 133.
Ives, E. (2006). Intervenciones no farmacológicas en el entorno familiar de niños con Trastorno por Déficit de Atención con/sin Hiperactividad. Revista Pediatría de Atención Primaria. Vol VIII (4) 57- 67.
Ochoa, J., Vintimilla, M. (2015). Estrategias Terapéuticas para padres de niños de 6 a 10 años con Diagnóstico de TDAH. Facultad de Filosofía Letras y Ciencias de la Educación. Escuela de Psicología.

FUENTE:
IMAGEN: 

martes, 19 de septiembre de 2017

LA IMPORTANCIA DE LA ADAPTACIÓN DE EXÁMENES EN EL TDAH



¿Por qué los chicos/as con TDAH necesitan adaptaciones en los exámenes?

Todo lo que se propone de aquí en adelante es válido para todos los chicos/as, no únicamente para los que padecen TDAH. Ya que este tipo de medidas servirán para mejorar los resultados de todos nuestros alumnos/as.

¿Son los chicos/as con TDAH menos inteligentes y por eso necesitan adaptaciones en los exámenes?

No, no tienen por qué ser menos inteligentes que el resto de los alumnos, es más, hay un alto porcentaje de chicos/as con TDAH que además tienen altas capacidades.

Los chicos/as con TDAH tienen dificultades tales como:

     * Dificultad para discriminar estímulos irrelevantes
     * Tiempos muy cortos de atención sostenida
     * Dificultad para la planificación y la organización

Las adaptaciones de los exámenes son adaptaciones curriculares no significativas, es decir, en ningún momento se suprime contenido del currículo; únicamente adapta la formulación de las preguntas para conseguir un mejor aprovechamiento por parte del alumno/a.

¿Qué podemos hacer para adaptar los exámenes?

Modificaciones en el examen:
  • Combinar diferentes tipos de preguntas: de desarrollo, de verdadero y falso, definiciones, tipo test de opción múltiple, combinar problemas con operaciones simples…
  • Reducir el número de preguntas por hoja.
  • Destacar en el enunciado las palabras clave, marcándolas con un subrayador, escribiéndolas en mayúscula, rodeándolas con el propio alumno, etc.
  • Simplificar el lenguaje de los enunciados, tratando de que sea sencillo y no tenga palabras rebuscadas que impidan una correcta comprensión del mismo.
  • Aumentar el espacio para contestar entre las preguntas. 
  • Si un enunciado tiene muchos apartados en vez de colocarlos todos seguidos es bueno separarlos en distintas líneas o apartados, así nos aseguraremos de que no se pasen ninguno por alto.
  • Dar más tiempo si es necesario para hacer el examen o dividir el examen en varias sesiones.
  • Ojo con la ortografía, las prisas y la falta de atención hacen que suelan tener muchas faltas, si les sobra tiempo podemos pedirles que lo revisen. Si van justos de tiempo no deberíamos penalizarlos por las faltas.
  • Tener siempre presente la alternativa de la evaluación oral.

Con anterioridad al examen:
  • Fijar las fechas de los exámenes con suficiente antelación: Una mala gestión del tiempo de los chicos/as con TDAH hacen que raras veces lleven las materias al día. Por ello es importante que las fechas de los exámenes se fijen con tiempo suficiente para poder planificar el estudio y llevarlo a cabo.
  • Trabajar con muestras de formato de exámenes: Es de gran ayuda para todos poder entrenarse con ejercicios y formatos tipo de lo que se van a encontrar en el día señalado.
  • Es mejor más exámenes cortos y frecuentes que pocos exámenes con mucha materia: además de resultarles más sencillo memorizar todo lo necesario eso les obligará a ir llevando la materia al día.

Justo antes de comenzar el examen:
  • Ubicar al alumno/a cerca del profesor durante la realización del examen: esto nos permitirá poder reconducirlo fácilmente en caso de que fuese necesario.
  • Dar unas instrucciones antes de comenzar explicando como deberán proceder y ampliando el enunciado de algún ejercicio en caso de considerarlo necesario. Es muy importante que en este paso las instrucciones sean claras y concisas.
  • Dar un pequeño tiempo para que el alumno/a reflexione y pueda plantear aquellas dudas que le surjan. En caso de que no pregunten nada, es bueno verificar que el alumno/a entiende aquellos enunciados más enrevesados o aquellas preguntas que no están acostumbrados a elaborar en clase.

Durante la realización del examen:
  • Supervisar que responden a todo antes de entregar el examen, prestando especial atención sobre todo si el examen tiene preguntas por ambas caras.
  • En caso de que el alumno no se concentre, tratar de reconducirlo, suele ser suficiente con tocarle en el hombro para reconducir su atención e indicarle que es lo que tiene que hacer.
  • Si son exámenes largos en los que se puede entretener o bloquear en alguna pregunta podemos optar por ir entregando las hojas a medida que el alumno va haciendo, pautándole un tiempo máximo de realización para cada una de ellas.
  • Cuando paseamos por el aula durante el examen, podemos pararnos en su mesa y preguntar si tiene alguna duda o simplemente animarlo a que continúe porque lo está haciendo bien.

FUENTE

miércoles, 6 de septiembre de 2017

EL DÉFICIT DE HABILIDADES SOCIALES Y LOS PROBLEMAS EMOCIONALES. Los dos aspectos menos conocidos del TDAH


Photo by Alexander Shustov on Unsplash

Todos conocemos, más o menos, algunas de las características que presenta un niño con TDAH: inatención, dificultades para concentrarse, desorganización, exceso de movimiento o impulsividad.
Sin embargo, los niños con TDAH se enfrentan a otro gran reto, relacionado con sus dificultades para regular las emociones y para relacionarse satisfactoriamente.

Russell Barkley, uno de los mayores expertos mundiales en TDAH, ha puesto el énfasis en estos aspectos. Elaboró un modelo de autorregulación emocional en el TDAH que nos ayuda a comprender cómo las personas con TDAH gestionan y regulan sus emociones. Las diferencias con el proceso que siguen las personas que no tienen TDAH son notables, y tienen profundas implicaciones en su vida diaria.

Habilidades Sociales en el TDAH

Las relaciones sociales en los niños con TDAH suelen verse afectadas por su impulsividad, la falta de empatía o capacidad de ponerse en el lugar del otro, el bajo autoconcepto y autoestima, y la inseguridad.

Los niños con TDAH tienen intención social, quieren jugar con otros niños, tener amigos, pero a menudo no saben cómo relacionarse. Pueden ser percibidos como niños torpes, nerviosos, niños que no siguen las reglas de los juegos, que se entrometen en las conversaciones o no saben guardar su turno. Todo esto, a menudo, genera rechazo por parte del resto de niños. Este rechazo, que ellos notan perfectamente, a menudo les conduce a efectuar conductas complacientes, buscando la aceptación del otro: se vuelven sumisos, o tratan de agradar de forma poco acertada a los demás, tratan de llamar la atención con bromas o chanzas que pueden ser provocadoras o de mal gusto. Logran así lo contrario de lo que buscan: el resto del niño los tiene por “pesados”o “payasetes”.

Si algo he podido observar en todos estos años de consulta es la enorme soledad que sufre un niño con TDAH. Incomprendido en casa, donde parece molestar, no dar la talla, no hacer las cosas bien. Fracasando en el colegio, o no obteniendo resultados acordes a sus esfuerzos. Y con relaciones sociales poco satisfactorias, donde sienten que no son aceptados totalmente o que no merecen la amistad de sus compañeros. El TDAH es un trastorno que provoca un gran sufrimiento en el niño. Y si las áreas académicas y comportamentales contribuyen en gran parte a estos males, el área emocional o social lo hace decisivamente.

Los trastornos del estado de ánimo y el TDAH

Un problema muy frecuentemente asociado al TDAH y muchas veces ninguneado son los efectos que tener un déficit de atención con o sin hiperactividad tiene en el estado de ánimo del niño. En una proporción cuatro veces mayor que en niños sin TDAH presentan depresión y ansiedad.

Su autoestima está mermada y suelen tener un autoconcepto negativo, se sienten incapaces, tontos, diferentes... Además, como en muchas ocasiones el rendimiento académico suele ser bajo y no se corresponde con el esfuerzo realizado, desarrollan lo que se llama “indefensión aprendida” (“da igual lo que haga, no me sirve de nada”), pudiendo vérseles desmotivados, frustrados y desinteresados con frecuencia en las tareas académicas.

Por otra parte, una vez están trabajando en psicoeducación y son muy conscientes de sus problemas, desarrollan la metacognición mucho más que otros niños (la conciencia sobre sus propios procesos de aprendizaje). Esto es muy positivo porque les ayuda a regular su conducta, prever fallos, anticipar consecuencias, etc., pero tiene el lado negativo de que aumenta la ansiedad con que viven todo lo relacionado con la escuela. Están más preocupados por los resultados académicos que otros niños, más pendientes de los fallos que hacen, de si se vuelven a equivocar o no en lo mismo, etc. Por lo que son más exigentes consigo mismos y en consecuencia están más ansiosos.

El estado de ánimo deprimido también suele presentarse con frecuencia, relacionado con la autoestima, la ansiedad, los sentimientos de incapacidad y la frustración ante el resultado de sus esfuerzos.

Además, con mucha frecuencia presentan labilidad emocional, irritabilidad, poca tolerancia a la frustración y mayor reactividad, También tienen más dificultades para “desconectar” y pasar de una tarea a otra. Esto está relacionado con un déficit funcional en el sistema de regulación cognitivo-emocional.

El TDAH es un trastorno de gran complejidad y fuertes implicaciones para la vida del niño. Tratar adecuadamente el área comportamental y cognitiva es fundamental, pero no lo es menor dar el apoyo emocional que necesitan.

Úrsula Perona. Psicóloga infantil

jueves, 17 de agosto de 2017

NOVEDADES EN EL TRATAMIENTO DEL TDAH


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Publicado el 12/07/2017

Decir TDAH es sinónimo de polémica. 
Entre los que consideran que el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad no existe, los que aseguran que está sobre diagnosticado o le echan la culpa a las nuevas tecnologías y los que se manifiestan absolutamente en contra de la medicación, las redes arden cada vez que alguien se atreve a escribir algo sobre el TDAH. 

Corren por el universo cibernético muchos mitos sobre el TDAH. La mayoría de ellos falsos. Entre ellos que el 13 de julio sea el Día Internacional del TDAH. 

Tenga una cosa clara, si el TDAH ha entrado en su casa, lo mejor que puede hacer es atender los consejos de su médico y no dejarse llevar por los mitos que rodean a este trastorno.

Pero, ¿qué es el TDAH? 

Se trata de un trastorno neurobiológico originado en la infancia que implica un patrón de déficit de atención, hiperactividad y/o impulsividad, y que, en muchas ocasiones, está asociado con otros trastornos comórbidos. Aproximadamente el 30% de los niños con TDAH tiene, además, un trastorno del aprendizaje (antes llamado discalculia, dislexia, disortografía…) lo que les convierte en bombas de relojería durante la etapa escolar. 

Suelen ser tachados de vagos y pasotas, además, muchos de ellos son víctimas de bulling por parte de sus compañeros. Comprender a un TDAH resulta complicado incluso para aquellos que conviven con uno.

Más de 100 expertos en Psiquiatría y Psicología han expuesto en Pamplona las principales novedades sobre el TDAH

Más de 100 expertos en Psiquiatría y Psicología del niño y adolescente han expuesto en Pamplona las principales novedades y puntos clave en el tratamiento e intervención del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, en el marco de la XI Jornada de Actualizaciónen Psiquiatría Infantil y Adolescente.

El objetivo de la jornada fue poner en común conocimientos para ofrecer una visión integral y avanzar hacia una actuación más coordinada. “Lo que pretendemos es aportar una visión unificadora del diagnóstico y tratamiento del TDAH”, explica el doctor César Soutullo, director de la Unidad de Psiquiatría Infantil y Adolescente de la Clínica Universidad de Navarra.

“En la edición de este año nos hemos centrado en la parte biológica (imagen cerebral), pero además hemos realizado una valoración de los tratamientos que muestran mejores resultados para hacer frente a esta patología”, matiza Soutullo. 
Las conclusiones a las que han llegado son las siguientes: “Respecto a la medicación lo que mejor funciona son los estimulantes (lisdexanfetamina y metilfenidato, por este orden) y luego los no estimulantes (guanfacina y atomoxetina, por este orden)”. Además, para un TDAH resulta primordial la terapia, “trabajar la parte cognitiva-conductual”. Respecto a las dietas, “la eliminación de colorantes artificiales puede ayudar algo. No ayuda nada o casi nada añadir Omega 3 o eliminar los azúcares y lo que sí que parece que da resultado es la dieta mediterránea”.

Isabel Orjales, doctora en pedagogía y Máster en Educación Especial explica que el diagnóstico del TDAH “requiere cumplir unos criterios clínicos: intensidad desajustada respecto a la edad, cronicidad en los síntomas, descartar que se explique su aparición únicamente por situaciones ambientales u otros trastornos, interferencia/desadaptación en algún área de su vida. Además debe haber un buen diagnóstico diferencial. Eso exige tiempo con la familia y el paciente y un equipo en el que, por lo menos, exista una valoración médica y psicoeducativa”.

La sintomatología que presenta se puede confundir con comportamientos de niños sanos con falta de límites educativos

Por eso, cuando surgen por las redes vídeos en los que se culpabiliza a las nuevas tecnologías de ser las causantes de este trastorno, los especialistas se llevan las manos a la cabeza. “Ahora es el móvil el que va a tener la culpa. Este trastorno está descrito desde 1902… ¡cómo va a ser por el móvil! Que el móvil distrae, seguro, pero entre tener móvil o un bombardeo al lado en la II Guerra Mundial, distrae más lo segundo. Creo que la gente idealiza el pasado. Eso de que las generaciones nuevas van más deprisa, estudian menos, leen menos y son menos respetuosas con sus mayores se lleva diciendo desde Sócrates”, aclara Soutullo.

En la mayoría de los estudios, el TDAH tiene una incidencia entre el 5 y 7% de los niños en edad escolar. La cifra no varía mucho en los diferentes países del mundo. Eso supone una afectación importante (aproximadamente 1 niño por aula de 25 alumnos). “Sólo hace falta calcular respecto al número de alumnos y aulas de un colegio para ver que no parece que esté sobrediagnósticado, como acusan algunos. Sí puede haber casos de malos diagnósticos, basados en poca información, pobre y/o incompleta. La mayoría de los estudios indican tasas de tratamiento que no llegan al 2-3%, es decir, sólo la mitad de los TDAH están tratados. Es cierto que ahora se diagnostica más, pero es que antes casi no se diagnosticaba, y ahora estamos algo mejor, o menos peor”, se lamenta Soutullo.

Falsos mitos sobre el TDAH

El problema con el TDAH es que la sintomatología que presentan los niños: inmadurez en el funcionamiento ejecutivo, hiperactividad e impulsividad se traducen muchas veces en comportamientos más frecuentes en niños sanos con falta de límites educativos. Eso hace que se tema por falsos positivos (niños diagnosticados con TDAH que no lo son).

“Este es un ejemplo de la necesidad que tenemos de formar e informar sobre el TDAH. Hoy por hoy no contamos con un test que identifique un marcador biológico (un test genético, los resultados de una prueba neurológica, etcétera) que sirva para discriminar claramente quien tiene o no tiene TDAH. Pero tampoco lo hay para la depresión ni la dislexia y sabemos que existe y que con tratamiento se obtienen mejoras”, añade Orjales.

El diagnóstico se hace con entrevista clínica a los padres y al niño, cuestionarios, exploración física para descartar problemas de visión, audición u otros problemas médicos. Se hacer analíticas (para descartar anemia, hipotiroidismo, hierro bajo…), test de inteligencia y de atención, y también se debe utilizar la información de los profesores con cuestionarios o entrevistas. “No es necesario realizar ni resonancias ni electroencefalogramas, se hacen si se sospechan otros problemas. 

Lo más frecuente es diagnosticarlo entre los 5 y los 8 años, puesto que si son más pequeños es difícil de diferenciar los síntomas del niño con desarrollo normativo”, recalca Soutullo.

Falta de autocontrol

Muchos TDAH son impulsivos, no piensan en las consecuencias y tienen reacciones terribles en los momentos más insospechados. Además de los menores, los familiares también necesitan tratamiento psicoeducativo y formación específica. “Los padres deben saber que, independientemente de las variaciones propias del temperamento de cada niño, tienen un hijo más difícil de educar y que no valdrá que sean padres tipo medio. Deben ser cuasi profesionales en educación y psicología de la conducta y para ello deben recibir asesoramiento, formación. 

Un niño con TDAH es, muchas veces, una mezcla explosiva de simpatía, energía, inmadurez en el autocontrol, entusiasmo, disfrute, falta de regulación emocional, inteligencia e intuición. Un niño con TDAH puede hacer una observación propia de un niño dos años mayor a la vez que reaccionar con la pataleta de un niño dos años más pequeño simplemente porque mamá olvidó llevarle el bocadillo al recogerle del colegio”, describe el doctor.

Los niños y los adultos con TDAH viven la vida con intensidad, quizá por encima de sus posibilidades
Los problemas más habituales que se observan en un TDAH son los derivados de un funcionamiento ejecutivo inmaduro (a veces hasta 2 años por debajo de la edad cronológica), aumento de la fatiga en tareas que exigen atención sostenida (las explicaciones en clase, por ejemplo) con la consiguiente pérdida de información, trabajo muy lento e inconstante (dificultades para terminar tareas y exámenes), inmadurez en la automatización de los procesos implicados en la lectura (con dificultades para derivar recursos para procesos complejos como la comprensión lectora o la aplicación de las reglas ortográficas al tiempo que se hace un dictado), procesamiento impulsivo de la información escrita con pobres estrategias de actuación (errores en la interpretación de las preguntas de examen que han estudiado o al leer enunciados matemáticos), etcétera.

No todo es negativo

Los niños y los adultos con TDAH viven la vida con intensidad, quizá por encima de sus posibilidades. Pueden llegar a tener potenciales increíbles para la ayuda al prójimo, la música, las actividades deportivas, la pintura, la poesía, etcétera. Si son capaces de reestructurar sus talentos pueden llegar a ser los mejores deportistas (Michael Phelps, Simone Biles), artistas (Mozart) o los más grandes y audaces empresarios (Steve Jobs). 
Llegarán donde nadie ha podido llegar.

FUENTE:

miércoles, 19 de julio de 2017

OTROS SÍNTOMAS ASOCIADOS AL TDAH


Además de la hiperactividad, la falta de atención y la impulsividad, que son los síntomas nucleares, hay otros síntomas frecuentes aunque menos conocidos.

Algunos síntomas del TDAH que quizás no conocías

Muchos de los comportamientos relacionados con el TDAH también se observan en niños que no lo padecen. En general esta sintomatología solo resulta problemática si es muy exagerada al compararla con niños de la misma edad.
Entre los síntomas menos conocidos, encontramos:
  • Respuestas emocionales muy intensas.
  • Baja tolerancia a las frustraciones. Se enfadan con facilidad, son niños irritables, muy susceptibles a las críticas.
  • Tienen malas habilidades sociales. Muchas veces producen rechazo entre sus propios compañeros porque “molestan mucho”. Suelen jugar con niños más pequeños.
  • Dificultades de adaptación. Si se les saca de la rutina, luego cuesta mucho volver a introducirlos. Es lo que ocurre por ejemplo después de las vacaciones.
  • Dificultades de aprendizaje. Por los problemas que tienen para memorizar y para atender. También suelen tener retraso en la lecto-escritura porque tienen una ortografía muy mala.
  • Falta de motivación. Les cuesta empezar las tareas, pero también les cuesta terminarlas.
  • Hiperestimulación. Por ejemplo, cuando hay alguna fiesta o reunión familiar no paran, están continuamente interrumpiendo, molestando.
  • Baja autoestima. Es frecuente que reciban recriminaciones y llamadas de atención de compañeros y adultos, además de los profesores. Esto hace que su autoestima sea frágil.
Que tenga un déficit de atención no quiere decir que sea para todo. Hay determinadas situaciones, como por ejemplo cuando juegan con la videoconsola o con el móvil, que son capaces de mantener la atención durante bastante tiempo.
En las actividades que tienen un estímulo rápido son capaces de mantener la atención muchísimo tiempo.

No todo es malo

Los niños que tienen TDAH tienen muchas cualidades que compensan en gran medida todas las dificultades que causa el trastorno.
Son niños muy cariñosos, simpáticos, muy espontáneos, creativos, imaginativos. Muy dispuestos a colaborar, muy solícitos, participativos y suelen hacer amigos con facilidad.

FUENTE:
Dra. Mercedes Sánchez de las Matas
https://salud-1.com/enfermedades/sintomas-del-tdah-2/

sábado, 24 de junio de 2017

RESOLUCIÓN POSITIVA DE CONFLICTOS. GUÍA CEAPA


Llegan las vacaciones y dentro de la unidad familiar cada uno las afrontamos de manera diferente. Se rompen las rutinas y la mayor interacción familiar genera más conflictos.

El conflicto surge cuando dos o más miembros de la familia perciben o tienen intereses contrapuestos, decisiones incompatibles. Pero tener intereses diferentes no necesariamente constituye un conflicto.
Damos por hecho que en una familia el interés de las personas adultas es el bienestar de los menores, por lo que no hablamos de intereses esencialmente contrapuestos, sino de formas diferentes de entender ese bienestar.

Por eso, en las familias, el problema no es tener conflictos, sino la manera de enfocarlos y resolverlos.
Es fundamental aprovechar la cantidad de oportunidades y de momentos que se tienen en la infancia y adolescencia para gestionar de forma positiva los conflictos, ya que una gestión positiva proporciona la dosis de seguridad necesaria para ejercer la responsabilidad en las diferentes etapas evolutivas. Si hay conflictos, se toman decisiones, y si se toman decisiones, se produce el aprendizaje de la responsabilidad y la autonomía.

Esta guía aporta información para que padres y madres nos sintamos competentes, reciclemos nuestras fortalezas y aprendamos nuevas herramientas y habilidades para manejar los conflictos, para buscar cambios y mejoras, confiando en nuestras capacidades. 

miércoles, 3 de mayo de 2017

2 de mayo. Día Internacional contra el Acoso Escolar





El 2 de mayo es el Día Mundial de Lucha contra el Bullying o el Acoso Escolar. Esta campaña busca combatir el acoso escolar o bullying y el acoso en Internet o ciberbullying, un grave problema que afecta a millones de escolares en todo el mundo.

El acoso, bullying en inglés, implica diversas formas de agresión, intimidación y/o humillación física y/o psicológica, en el que uno o más acosadores imponen su poder al acosado/a repetitiva y persistentemente durante un período largo de tiempo, en situaciones en las que no suelen estar adultos presentes: en la clase como en el patio o a través del móvil o las redes sociales.
Otra forma de acoso es la exclusión social, también conocido como ostracismo o acoso indirecto, que se produce cuando una persona es ignorada y excluida por un grupo de compañeros. Pese a no presentar agresión verbal o física, el ostracismo resulta extremadamente doloroso para quien lo padece.

El perfil del agresor/a se forma en entornos donde impera la violencia. El agresor/a es el líder del grupo y ejerce su poder como forma de relacionarse, bajo la premisa de que el fuerte, el superior somete al más débil, que castiga a aquellos que no se ajustan a los criterios de pertenencia a su grupo. En realidad, hablamos de chicos/as con pobre autoconcepto, baja autoestima y mucha inseguridad, que tiene que demostrar fuerza y poder para demostrar su valía y posición en la sociedad. A menudo, el acoso empieza a raíz de un altercado menor o por una antipatía. 

La víctima/s son personas cuyas características las hacen diferentes del resto: ser más alto, tener baja estatura, delgadez o sobrepeso, brackets, gafas o, simplemente, su manera de actuar o de pensar diferente. Suelen ser niños/as con pocas habilidades sociales, baja autoestima e inseguridad, que adoptan una actitud pasiva ante las agresiones que reciben por indefensión.

Relación TDAH y acoso

Como consecuencia de su sintomatología y de otros trastornos asociados, los chicos/as con TDAH pueden ser tanto “acosadores” como “acosados”, aunque los estudios indican una mayor probabilidad de ser “acosados” y rechazados por sus iguales.

miércoles, 12 de abril de 2017

5 claves para mejorar la lectura de los niños con TDAH



Por Jonatan Molina Torres @joniii91

El Trastorno por Déficit de Atención (TDAH) se ha convertido en uno de los trastornos más diagnosticados en población infantil. Aunque hay diversidad entre estudios, todos coinciden en situar la prevalencia del trastorno en un 6-8%, lo que traducido a la práctica docente equivale a aproximadamente un niño hiperactivo en cada aula de España. Los síntomas principales que definen el TDAH son la inatención y la hiperactividad-impulsividad, teniendo que estar presentes durante al menos 6 meses y en más de un contexto de la vida del niño (en el hogar y en casa).

Este patrón persistente de inatención e hiperactividad suele ser la causa del desarrollo de numerosos problemas a medio plazo en el niño. La aparición de otros problemas psicológicos comórbidos es frecuente, ya que 6 de cada 10 niños TDAH cumplen criterios también para otros trastornos. Podría decirse que lo observable sería la inatención e hiperactividad, pero debajo de estos, como en un iceberg, están sumergidos muchos más problemas que pueden dificultar el correcto desarrollo del niño.

De entre todos estos, el trastorno del aprendizaje es uno de los más importantes, más en concreto el trastorno específico de la lectura, debido al gran impacto que tiene en el aula por el papel transversal que la lectura tiene en la adquisición de aprendizajes. Por tanto, es necesaria una intervención combinada entre todos los agentes que trabajan con el niño en el contexto escolar.

¿Por qué los niños con TDAH tienen problemas de lectura?

Una de las razones principales de este déficit es la inatención
La lectura conlleva numerosos procesos automáticos que el niño debe realizar como son:
  • la decodificación grafema-fonema,
  • la unión de dichos fonemas,
  • el acceso a las palabras conocidas por el niño, y
  • la comprensión del fragmento o texto.
Una falla en los procesos atencionales conlleva irremediablemente que haya interferencias en alguna parte de este proceso y, por tanto, que haya una mala ejecución lectora. Si el niño es incapaz de bloquear pensamientos distractores, de no mirar a otros sitios o dejar de escuchar otras cosas para, así, centrarse solo en la lectura, probablemente se desarrolle un problema en esta área.

Además de la inatención, la motivación también puede explicar parte de los déficits asociados a la lectura de los niños con TDAH. El niño no puede regir su conducta por motivación intrínseca, es decir, no es capaz de realizar cosas sin un refuerzo externo que le motive. Es por ello que una de las herramientas de la psicología clínica infantil más eficaces es la economía de fichas, donde al niño se le premia inmediatamente después de haber realizado un comportamiento deseado. Relacionando esto con la lectura, podríamos decir que leer no proporciona refuerzos inmediatos que motiven el mantenimiento de la conducta, por lo que el niño se cansa y se aburre y su rendimiento disminuye. De hecho, algunos estudios revelan que existen diferencias no solo en el nivel lector entre niños con TDAH y niños de desarrollo típico, sino también en el disfrute de la lectura y la lectura voluntaria en casa.

Por último, el elemento de la hiperactividad tiene también un papel importante en los problemas en la lectura. Tradicionalmente se ha considerado que la agitación motora del niño con TDAH se combatía precisamente con lo contrario, es por ello que se realizan intervenciones contextuales y estimulares para reducir al máximo los estímulos que puedan provocar un exceso de movimiento en el niño (sentarlo al lado de un niño tranquilo, ponerlo en primera fila y alejado de ventanas,…). Sin embargo, nuevos estudios defienden el papel positivo que la hiperactividad tiene en el niño con TDAH. La teoría de la Estimulación Óptima (Zentall) expone que el nivel de activación del cerebro de estos niños está por debajo de lo normal, por tanto buscan aumentar ese nivel de activación mediante su comportamiento (mediante la agresión, la agitación, la emocionalidad, etc.), ya que es necesaria la activación óptima del cerebro para realizar cualquier tarea que requiere un esfuerzo intelectual. Esto explicaría por qué la medicación estimulante tiene el efecto paradójico de “tranquilizar” a los niños con TDAH y por qué en algunos estudios se ha hallado que los niños TDAH que se mueven durante una tarea rinden mejor que aquellos a los que se les prohíbe hacerlo, y la lectura es precisamente una de las tareas en las que más se exige estar quieto, lo que tiene efectivamente el efecto contrario al deseado.

Algunos consejos para intervenir en el aula 
  • Adapta las lecturas. Aquellos textos que contengan oraciones activas, adjetivos vividos y pocas descripciones favorecen la atención a la hora de leer. De igual manera, introducir elementos sorpresivos y novedosos o personajes peculiares hará que se recuerde mejor lo leído. 
  • Deja que el niño se mueva. Esto no significa que tengamos que dejar al niño dar vueltas alrededor de la clase, pero sí que aceptemos ciertos movimientos para auto-activarse, como puede ser el movimiento de pies y manos, tocarse el pelo o retorcerse en su asiento, siempre que no suponga una distracción o una molestia para el resto de los compañeros.
  • Estimula sus sentidos. Para activar el cerebro de los niños con TDAH una buena manera puede ser facilitarles textos en color o textos grabados para que lo simultaneen con la lectura. No tenga miedo de cargar sus tareas por si se distrae, los elementos potentes captarán su atención. 
  • Utiliza estrategias activas. Releer una y otra vez una lección puede ser poco motivante; el uso de estrategias activas como las flashcards convertirán el estudio en un juego desafiante de acertar preguntas. Además de eso, conseguiremos centrar los esfuerzos del niño en el material que menos domina, dejando de lado estrategias de repetición que no favorecen la atención en el TDAH.
  • Recompensa la lectura. El niño debe percibir la lectura como algo motivante, así que refuérzale siempre que puedas. una buena lectura de un fragmento debe ir acompañada de un elogio, una muestra de afecto o de un premio en forma de positivo. Si esto además se hace delante de toda la clase, se favorecerá también la percepción que los compañeros tengan sobre él, mejorando así el plano social del niño con TDAH. 
Jonatan Molina Torres @joniii91
Psicólogo clínico infantil

FUENTE: