TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

lunes, 9 de abril de 2018

TIPS PARA PROFESORES DE NIÑOS/AS CON DÉFICIT DE ATENCIÓN



Actualmente, el trastorno por déficit de atención es considerado una condición bastante compleja y alarmante, y aunque refleja consecuencias en todos los ámbitos del desarrollo del niño, es en la escolarización donde presenta mayores inconvenientes.
Quienes deben lidiar con casos de TDAH lo saben mejor que nadie, pero, ¿acaso no existen estrategias que puedan implementarse para favorecer la formación de estos niños?
La respuesta es sí, las hay, y a continuación hablaremos acerca de algunos de los tratamientos psicoeducativos que pueden ayudar a mejorar la conducta y el aprendizaje en niños que padecen déficit de atención.

Formación de los maestros y educadores

La intervención de los profesores tiene un papel fundamental en el tratamiento de los niños con TDAH. Sin embargo, para poder responder a las necesidades educativas de los mismos, es de suma importancia que cuenten con conocimientos básicos sobre este tipo de trastorno y tengan una idea de cómo manejarlo en el entorno educativo.

Una vez realizada la evaluación psicopedagógica, el orientador deberá comunicarles a los profesores los resultados de la misma, y deberá hacerles saber las necesidades del niño en distintos ámbitos.

Quienes deban trabajar directamente con el niño tendrán que conocer la base biológica del trastorno, así podrán comprender la necesidad de efectuar las determinadas adaptaciones.

De igual forma, es importante concientizarlos de que deben plantear soluciones en lugar de solo resaltar el problema, así como también hacerles entender que el problema radica en el trastorno y no en el niño como tal, de modo que sean capaces de apreciar los aspectos positivos de éste y motivarlo tanto a él como a sus familiares.

Recomendaciones para los maestros y educadores

El centro educativo debe considerar la situación del alumno y llevar a cabo las adaptaciones pertinentes para dar respuesta a sus necesidades.
Asimismo, los profesores deberán disponer de las herramientas que hagan falta para lidiar con las dificultades que acarrea el trastorno y ayudar a que el niño pueda: seguir instrucciones, mantener una conducta adecuada, organizar su material escolar, tener una correcta participación en actividades grupales, y desarrollar sus habilidades de lectura, escritura, cálculo, entre otras.

Recomendaciones para la organización de la clase:
  • Al tratar con niños con déficit de atención, es recomendable evitar el exceso de ruido o de estímulos visuales que puedan causar distracción.
  • Ubicar al alumno con TDAH de manera que esté cerca del profesor y en compañía de los alumnos más tranquilos y organizados.
  • Mantenerlo alejado de puertas, ventanas o lugares en los que se transite con frecuencia.
  • En caso de trabajos grupales, debe cuidarse la elección del equipo de trabajo y mantener una ubicación cercana a la mesa del profesor.

Recomendaciones para la realización de actividades:
  • En actividades que impliquen el uso común de materiales, deberán controlarse con especial atención el uso y la colocación de los mismos, a modo de evitar que el niño deba recorrer largas distancias para llegar a ellos y pueda distraerse.
  • Especificar con claridad los materiales que deberá emplear para cada actividad.
  • Se debe procurar que el alumno disponga únicamente de lo que necesita para cumplir con el trabajo, y deberá recoger y guardar todos los implementos una vez finalizado el mismo.
  • Es posible aprovechar el uso de materiales para designarle determinados trabajos para el cuidado y uso de los mismos, como repartir, recoger, guardar, etc.
  • Hacer uso de carteleras o herramientas de información similares para establecer normas o instrucciones.

Recomendaciones para mantener la atención del niño con TDAH:
  • Asegurar que el niño esté prestando atención antes de dar las indicaciones.
  • Hacer siempre contacto visual y permanecer cerca del niño.
  • Motivar la participación del niño mediante preguntas simples sobre el tema, empleando distintos materiales o demostrando las asignaciones de manera novedosa.
  • Emplear estímulos visuales, un buen tono de voz y hacer gestos con un poco de exageración.
  • Estimular la enseñanza corporativa, puede ser pidiéndole al niño que le explique los puntos de un tema a un compañero que haya tenido problemas para entender.

Asimismo, para mantener la atención del niño antes y durante la realización de las actividades, se recomienda lo siguiente:
  • Explicar al niño los puntos de una actividad antes de iniciarla, utilizando palabras fáciles de entender.
  • Corroborar que el niño haya comprendido las indicaciones.
  • Puntualizar las instrucciones muy complejas en un paso a paso.
  • Dividir las actividades muy extensas y reducir su número.
  • Vigilar constantemente la realización de la actividad para reforzarle positivamente u orientarle hacia la ejecución correcta.
  • Emplear registros que muestren su progreso y sus logros.

También puedes utilizar las siguientes estrategias:
  • En las actividades, se recomienda crear hábitos de escucha, uso y organización de materiales, inicio y culminación de labores, etc.
  • Enseñar al niño a identificar su trabajo debidamente, respetar el margen y todo lo que conlleve a un trabajo más ordenado.
  • Adiestrarle para que cumpla con una secuencia a la hora de hacer sus actividades, por ejemplo:
  1. Escuchar y repasar las instrucciones.
  2. Ubicar el material requerido.
  3. Reflexionar sobre la asignación.
  4. Hacer el trabajo.
  5. Revisar el trabajo.
  6. Mostrarle al profesor.
  7. Hacer las correcciones necesarias.
  8. Organizar los materiales utilizados.

Deberes del niño

Por otra parte, en cuanto a los deberes del niño:
  • Deberá entender con claridad las asignaciones para el hogar. Se puede hacer uso de un pizarrón o un diario para dejarlas por escrito.
  • Priorizar los deberes para que pueda cumplirlos en el tiempo justo.
  • Utilizar el diario como registro del progreso y los logros del niño.

Recomendaciones para los exámenes y evaluaciones:
  • Emplear distintas formas y herramientas de evaluación como trabajos escritos, orales, etc.
  • Prepararle para la realización de los exámenes.
  • Procurar que los exámenes escritos sean cortos, con preguntas claras y expresadas en palabras sencillas.
  • Corroborar la comprensión de las preguntas y la realización del examen.

Dado que los alumnos con TDAH suelen tener dificultades para manejar su atención y su conducta, es recomendable desarrollar un programa conductual para regular el comportamiento, el cual debe fundamentarse en lo siguiente:
  • Responsabilizar al alumno por sus conductas.
  • Premiarle por las conductas aceptables.
  • Hacer caso omiso, corregir o sancionar los comportamientos inadecuados.
  • Enseñarle otras conductas alternas.

Tomar en cuenta estos tratamientos psicoeducativos es vital para promover la sana formación y desenvolvimiento de los niños con TDAH, después de todo, la educación es su derecho

FUENTE
Imagen: https://pixabay.com/es/aula-educaci%C3%B3n-escuela-mano-381900/

sábado, 24 de marzo de 2018

SIETE CLAVES PARA VIAJAR CON NIÑOS HIPERACTIVOS Y DISFRUTAR DE TUS VACACIONES


La psicóloga Nuria García explica cómo pasar unos buenos días en familia

https://pixabay.com/es/excitada-viaje-verano-vacaciones-23789/


Viajar con hijos a veces resulta agotador por su gran energía. Sin embargo, la experiencia puede ser más complicada cuando se trata de niños hiperactivos por lo que una buena planificación resultará imprescindible para lograr mayor tranquilidad y disfrutar del viaje en familia.

«Tener un hijo con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) no tiene por qué ser un problema a la hora de viajar si se sabe cómo afrontarlo —punta asegura la psicóloga Nuria García Alonso, directora de Ayudarte Estudio de Psicología—. Padres que disfruten de su hijo y lo acepten sin compararse con el resto lograrán aprovechar más y ser más felices. Tu viaje no va a ser como el de otra familia, quizás es mejor, es importante aceptar a tu hijo y apreciar que la diferencia no tiene por qué ser mala».

Es muy frecuente la sobresaturación de etiquetas en los niños, «mi hijo es superdotado», «mi hijo es hiperactivo», «mi hijo es…». Las etiquetas no deberían ser una barrera para vivir con normalidad, según esta experta. «Los padres con hijos con TDAH viven con agobio porque tienen un niño más movido de lo normal y hay que vigilarlo más, pues continuamente querrá tocar y verlo todo. No pueden quedarse quietos y agotan la energía de los padres. Sin embargo, esto no les debería privar de hacer cosas ni de descubrir mundo».

Con las vacaciones de Semana Santa a la vuelta de la esquina y, con la ilusión de tener unos días muchos padres, ante esta circunstancia pueden llegar a dudar si realizar un viaje o no.

Viajes largos donde el cinturón debe y tiene que quedarse en su sitio, filas interminables con lloros y gritos como banda sonora, el miedo a que les echen del museo al que tantas ganas tienen de visitar... «Estos pensamientos previos se convierten en un muro que frena que los padres disfruten, de verdad, de esa escapada. Se anticipan y suelen ponerse en lo peor. Por eso, la ilusión por el viaje en familia no se debe truncar por miedos a modificar la rutina cotidiana de un niño. Es importante organizar el viaje teniendo presente que cada niño requerirá de actividades que ayuden a evitar su aburrimiento y, por consiguiente, una mala actitud», afirma la psicóloga.

García continúa explicando que los padres pueden planificar actividades para las largas horas en el coche o en los tiempos muertos, como preparar minijuegos educativos o jugar con un simple lápiz y papel. «Los niños con TDAH van a querer estar cambiando continuamente de actividad, así que alternarlas puede ser una buena idea. Quizás de primeras no se te ocurra nada, pero sería genial poder tener una lista con varias de ellas e, incluso, compartirlas con todos los miembros de la familia y así no dejar mucho a la improvisación».

Vencer al temible enemigo del «Y si...»

El miedo es el falso amigo de la organización, el antónimo de la relajación y el vecino del estrés. Es la cualidad que nos impide llevar a cabo todo aquello que deseamos hacer, por temor a lo que pueda pasar. Crea nervios, transmite inquietud y frena la iniciativa.

Por eso, para la experta la mejor manera de combatirlo es a través de la actitud, la formación y las ganas. «Lo primero que hay que hacer es romper la barrera del miedo a lo que pueda pasar, el temible “y si...” ¿Y si nuestro hijo se aburre durante el viaje, ¿y si se pasa el día con una rabieta?”, ¿y si no es capaz de disfrutar? ¿Y si..? El miedo lo único que puede provocar es una desagradable sensación de ansiedad que impide ver las cosas con claridad», aclara la experta.

Según un estudio realizado por la Federación Española de Asociaciones de Ayuda alDéficit de Atención e Hiperactividad, entre un 30 a un 50% de los niños que padecen TDAH presentan trastornos de conducta (TC), por lo que para evitar situaciones desagradables e incómodas cobra especial importancia la organización de los padres antes de un viaje.

7 consejos para disfrutar del viaje

Para la psicóloga infantojuvenil, Nuria García Alonso, viajar con un niño con TDAH no tiene por qué vivirse como un problema o con estrés, sino que puede ser una experiencia maravillosa. Por ello propone seguir las siguientes pautas:
  1. Planificación: aquí radicará el éxito de la contienda. Es de vital importancia organizar el viaje para poder mantener los nervios y la energía de tu hijo a raya. Para ello, lo mejor es crear un planning donde organices día por día qué hacer, así como horarios de comidas, de descanso y de actividades. Importante: tener un plan B por si algún día cualquier acontecimiento inesperado impida realizar lo planeado.
  2. Cierta rutina: al viajar, la rutina no tiene porqué quedarse entre las paredes de tu casa. La clave para viajar con un niño que tenga TDAH será seguir manteniendo, en la posibilidad que se pueda, la rutina de actividades, comidas y sueño. Romper con ella solo traerá situaciones incómodas, niños inquietos y padres desesperados. Pero la rutina, al igual que los viajes, debe ser flexible: hay muchas cosas que se pueden mantener más o menos igual, quizás no el horario, pero sí el hecho de poder leerle un cuento antes de dormir. Será este tipo de acciones las que den seguridad al pequeño.
  3. Normativas y reglas: los padres deberán recordar a los niños que las vacaciones no son sinónimo de rebeldía y de hacer lo que quieran. Su actitud debe ir acorde a las normas de conductas prefijadas por los mayores, tal y como hacen en su día a día normal. Deben hacer ver a los pequeños que una buena actitud les traerá recompensas satisfactorias, explicándoles que ello beneficiará al desarrollo del viaje. Es importante hacerles comprender por qué deben de actuar de una manera u otra y los beneficios que ello puede traer. Asimismo, las explicaciones deben ser breves, nada de monólogos porque al segundo serán olvidados. Ellos aprenderán con hechos y con elogios cuando lo hagan bien. Es mejor que se comporten como lo harían en su casa sin olvidar que hay veces que los primeros que rompen esas normas son los propios adultos y lo que un día es una excepción después será más difícil de modificar. Así que tanto el niño como los padres deben tratar de respetarlas.
  4. Descanso: no solo será cosa de niños, los padres también han de cumplir con los horarios para ir acordes y en armonía con sus pequeños. La falta de éste puede generar apatía, falta de paciencia y la aparición del mayor de los enemigos vacacionales, el estrés.
  5. Todos a una: organizar actividades lúdicas y actividades educativas durante el viaje. La participación de todos los miembros de la familia en ellas hará que el resultado sea de mayor calidad. Las actividades serán una forma ideal de canalizar la energía de los pequeños, para minimizar sus nervios, motivándolos a tener una buena actitud. A veces, incluso será interesante apuntarlo a una actividad puntual que haya surgido de forma imprevista, pues beneficiará a los padres dándoles un respiro si están muy estresados. De esa forma ellos se divierten y los padres no se saturan demasiado.
  6. Deporte: Excursiones, partidos de fútbol o cualquier otra actividad deportiva que requieran movimiento ayudarán al pequeño y será una idea fantástica para conseguir mermar el torbellino de energía concentrado en tan pocos centímetros.
  7. Equilibrio: Viajar en grupo será una buena opción de cara a estas vacaciones porque así el pequeño podrá tener alguien con quien jugar.

Recuerda: el apoyo familiar será vital para que tu hijo con TDAH se sienta comprendido y motivado a actuar bien. El cariño, junto con una buena educación, serán piezas imprescindibles a la hora de ir encajando, poco a poco, el puzle de emociones y energía que forman la personalidad del pequeño.

FUENTE:

sábado, 17 de febrero de 2018

HIJOS DE PADRES DIABÉTICOS PODRÍAN TENER MÁS PROBABILIDADES DE PRESENTAR TDAH



Investigadores habrían encontrado una posible relación entre la diabetes y el trastorno de déficit de atención e hiperactividad.


Por  Israel Diaz Maldonado 02/15/2018, 11:30 am

Investigadores de Universidad de Lund, en Suecia, habrían encontrado una relación entre la diabetes y el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Según los resultados de esta investigación publicados en la revista Diabetes Care, los autores del estudio hallaron que el historial maternal y parental de la diabetes tipo 1 está asociada con un 29 por ciento de incremento en el riesgo de que los hijos presenten TDAH.

Jianguang Ji, profesor asociado del Centro para la Investigación de Atención Primaria de Salud de la citada universidad, logró identificar individuos con diabetes de tipo 1 del Registro Nacional Sueco de Altas Hospitalarias y el Registro Sueco de Pacientes Ambulatorios y los relacionó con el Registro Multigeneración sueco para identificar su descendencia. Después utilizó la regresión de Cox para calcular la relación de riesgo del TDAH en la descendencia de pacientes con diabetes tipo 1 en comparación con la población general.

Ji, junto con su equipo de trabajo, encontró a 15 mil 615 individuos que habían nacido después de que sus padres hubieran sido diagnosticados con diabetes tipo 1 y los compararon con un millón 380 mil 829 niños que habían nacido de padres sin esta enfermedad.
Tras una media de 25 años de seguimiento, 267 (2.4 por ciento) de los nacidos de un padre o madre diagnosticados con diabetes tipo 1 fueron diagnosticados con TDAH, en comparación con el 1.5 por ciento de los controles combinados.

Para Jianguang Ji, la investigación tuvo algunas limitaciones, puesto que los casos de TDAH no se validaron en el Registro Nacional Sueco de Altas Hospitalarias ni en el Registro de Pacientes Ambulatorios de Suecia. Además, la información para algunos factores de riesgo a nivel individual, como la contaminación por plomo y la infección viral, no estaban en las bases de datos, lo que pudo haber confundido los hallazgos.

FUENTE:
http://saludiario.com/ninos-de-padres-diabeticos-con-mas-probabilidades-de-tener-tdah/

martes, 30 de enero de 2018

TDAH: Modelos explicativos, mitos y recomendaciones





Por Elisabet Rodríguez

Hoy en día continúa la controversia generada en los últimos años en relación al Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad. Usualmente se dan muchos tipos de información sobre las posibles causas, sobre las manifestaciones más habituales de su sintomatología o sobre qué criterios pueden ayudar a diferenciar este trastorno de otros.
Algunos de estos hallazgos pueden resultar contradictorios con aquellos expuestos tradicionalmente, pero la cuestión fundamental radica en el hecho de entender que una explicación no sustituye a la otra sino que todas ellas pueden acontecer complementarias. Así, el TDAH se define como un síndrome complejo tanto en su origen como en su desarrollo.
Tomando como ejemplo los datos derivados de investigaciones realizadas para determinar qué factores contribuyen a la aparición del TDAH se pueden diferenciar los tres modelos explicativos siguientes:
  • El modelo médico considera al TDAH como un trastorno neuroevolutivo y de carácter crónico que se vincula fundamentalmente a la ocurrencia de alteraciones biológicas y a la presencia de elementos de riesgo en los periodos prenatales, perinatales y postnatales, como por ejemplo: factores neurológicos, retraso madurativo, factores genéticos u otros factores prenatales y/o perinatales (bajo peso al nacer, prematuridad, consumo de alcohol), etc.
  • El modelo psicopedagógico otorga una relevancia principal al comportamiento aprendido en el ambiente social en que se desarrolla el niño/a. Así, un clima familiar adverso, la presencia de psicopatología parental, un estilo educativo no democrático, una posición socioeconómica familiar desfavorable o la ocurrencia de refuerzo positivo (nivel de atención de las figuras cercanas significativas) obtenido después de efectuar una conducta hiperactiva, son los principales aspectos que correlacionan con la presencia del TDAH.
  • El modelo interaccionista, que considera al TDAH como resultado de la interacción de los dos factores anteriormente expuestos (los biológicos y los sociales) y que cuenta con un aparente mayor apoyo en la actualidad.

Mito 1: El TDAH no existe

La primer cuestión problemática sobre el TDAH deviene el hecho de si es acertada su categorización como entidad nosológica independiente, es decir, si realmente se puede catalogar como un trastorno psicológico o no. A lo largo de mi experiencia profesional he sido testigo de algunas de las afirmaciones siguientes, las cuales considero como una serie de concepciones erróneas que habría que reorientar:
«No existen los trastornos de la atención y/o hiperactividad, no hay base teórica suficiente como para poder afirmarlo».
«El TDAH sólo es una justificación para explicar las alteraciones conductuales de los niños y adolescentes de hoy en día; este sólo es un problema en la aplicación de pautas educativas laxas o de carencia de disciplina parental».

Estas afirmaciones, que están más extendidas de lo que nos gustaría pensar, comprometen y perjudican seriamente la visión que las personas cercanas al niño/a con TDAH tienen de este.
Expresar creencias de esta naturaleza se relaciona con otorgar una voluntariedad y una intencionalidad aversiva a los comportamientos alterados que manifiesta el niño. No se puede dejar de lado que la ciencia ha establecido unas correlaciones clínicamente significativas con factores neurobiológicos consistentes como explicaciones causales del trastorno, tal como se ha indicado anteriormente.
Por otro lado, el trabajo de Russell Barkley (2005) ha puesto de manifiesto que un establecimiento de pautas educativas rígidas y autoritarias como método de intervención para corregir la conducta de un niño/a con TDAH resulta contraproducente y, en última instancia, empeora la problemática. Tal como expone el experto, en el TDAH acontece una alteración en el sistema de la autorregulación de la atención, función que depende principalmente de los centros de regulación del comportamiento motriz (hiperactividad e impulsividad) y cognitivo (inatención) ubicados en las zonas pre-frontal y frontal del cerebro: las denominadas funciones ejecutivas.
Tal como su propio nombre indica, la sintomatología central del TDAH se relaciona con la alteración de la atención (e impulsividad), y puede acompañarse de manifestaciones de hiperactividad. Así las principales dificultades que un niño/a exterioriza pertenecen a una insuficiente capacidad de inhibición (manifiesta en la dificultad para esperar su turno, al demorar una respuesta o de protegerse de las interferencias mientras realiza una tarea concreta), de autocontrol (observable en la dificultad para regular los impulsos, controlar sus acciones) y del funcionamiento ejecutivo (incapacitado para dirigirse a sí mismo, seleccionando qué conducta o acción es más adaptativa en función del contexto que lo rodea).
Veamos si los hallazgos obtenidos a partir del desarrollo de las técnicas de imagen cerebral aportan evidencia sobre esta cuestión:
Aunque no puede determinarse la existencia de un marcador biológico concreto suficiente como para asegurar un diagnóstico claro del trastorno, en los últimos años numerosas investigaciones han puesto de manifiesto a partir de pruebas de neuroimagen (por ejemplo, la Resonancia Magnética funcional) cómo se efectúa la actividad cerebral y el comportamiento neuronal en este tipo de individuos hiperactivos.
Así, entre los recientes hallazgos como los de Rubia y Brinson (2014), puede afirmarse la ocurrencia de un retraso de la actividad neuronal en las zonas frontales del cerebro, la función principal de las cuales hace referencia al control de la atención y el movimiento (impulsividad). Por otro lado, a nivel de neurotrasmisores, también ha podido observarse una descompensación en el volumen de Dopamina, presentando una mayor proporción en el hemisferio derecho en niños TDAH en comparación a sus homólogos sin tal diagnóstico. Este desequilibrio parece ser el responsable de la dificultad que presentan estos niños en la capacidad creativa y la identificación de imágenes.

Mito 2: Intervención Psicofarmacológica vs. Psicopedagógica

Otra cuestión que tradicionalmente ha contribuido a agrandar el debate sobre la intervención en niños/se con TDAH hace referencia a determinar la eficacia diferencial de los diferentes tipos de tratamientos por esta psicopatología.

Tanto los defensores de la prescripción farmacológica como aquellos que se decantan por la terapia psicopedagógica disponen de argumentos sólidos como para afirmar que cada una de ellas es una parte muy relevante en la intervención en TDAH, si bien los resultados de la aplicación por separado de ambas no llega a los índices de eficacia terapéutica que ofrece la prescripción del tratamiento multi-componente.
Así, tal como se expone en Pérez (2006) la modalidad que cuenta con más evidencia empírica en cuanto a eficacia es el tratamiento cognitivo-conductual combinado con fármacos psicoestimulantes como el Metilfenidato, el cual se conforma a partir del siguientes componentes: entrenamiento en autorregulación de la conducta mediante autoinstrucciones y técnicas cognitivas, técnicas de modificación de conducta operantes como la economía de fichas y el tiempo fuera, entrenamiento en técnicas de resolución de problemas y pautas educativas y comunicacionales parentales y docentes.

Cómo comunicarnos con un niño con TDAH

En referencia a las comunicaciones parentales y docentes, las siguientes orientaciones pueden ser muy útiles para evitar posibles episodios de estigmatización y deterioro de la autoestima, aspectos que suelen acompañar a la mayoría de los casos de TDAH.
  • Es positivo dar las indicaciones manteniendo el contacto visual y físico, como por ejemplo tocando un brazo.
  • Resulta muy perjudicial verbalizar comparaciones con otros niños.
  • Es recomendable avisar con una antelación suficiente de los acontecimientos y las tareas que tendrá que realizar. El establecimiento de rutinas comportamentales los ayuda a funcionar más eficazmente.
  • Conviene felicitarlo/a verbalmente por la buena conducta ofreciendo reconocimiento y afecto.
  • Las recompensas y las penalizaciones cortas e inmediatas son más efectivas. Es fundamental aplicarlas de forma consistente, coherente y de forma argumentada.
  • Las indicaciones que se les dan tienen que ser concretas, breves, claras y sencillas.
  • Es muy relevante evitar ridiculizarlo/a en público o privado.
  • Se recomienda sustituir el verbo “ser” por la forma “estar” al realizar una crítica. Es preferible hacer correcciones de conductas concretas y observables en lugar de criticar su personalidad o carácter general.
  • Es más eficaz utilizar un tono de voz suave pero firme ante la aplicación de un correctivo.
  • Es muy relevante adoptar una actitud empática y de comprensión hacia sus dificultades.

Referencias Bibliográficas
Barkley, R. (2005), Modelo de autorregulación de Barkley aplicado al trastorno por déficit de atención con hiperactividad: una revisión.
Pérez M., Fernández, J. R., Fernández, C., Amigo, I. Guía de Tratamientos Psicológicos Eficaces III (2006). Pirámide: Madrid.
Rubia K, Alegría AA, Brinson H. Anomalías cerebrales lo trastorno miedo déficit de atención/hiper- actividad: una revisión. Rev Neurol 2014; 58 (Supl 1): S3-18.

Escrito por Elisabet Rodríguez
http://elisabetpsicologia.wix.com/elisabetpsicologia 
Licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona. Especialidad en Psicología Clínica (Postgrado en Actualización en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona) y en Psicopedagogía (Máster en Psicopedagogía Clínica por el Instituto Técnico de Estudios Aplicados). Actualmente ejerciendo como Psicóloga infanto-juvenil y adultos en despacho propio (Granollers, Barcelona) y en Centre d'Atenció Psicopedagògica Estudi (Sant Celoni, Barcelona). En colaboración con diversas revistas digitales mediante la redacción de artículos de divulgación sobre Psicología.

FUENTE:

lunes, 15 de enero de 2018

¿Mi hijo tiene TDAH o una inteligencia diferente a la "estándar"?



La familia de Marcos vino a consulta porque en el colegio el chico se mostraba inquieto. Distraía a sus compañeros, se levantaba de la silla, constantemente hacía movimientos además de no mostrar atención a las explicaciones de los profesores y suspender casi todas las asignaturas. Con 8 años Marcos fue etiquetado de TDAH por un psiquiatra. El denominado trastorno por déficit de atención e hiperactividad había recaído como una grave sentencia en la familia de Marcos. El tratamiento que se le ofrecía era químico y consistía en aumentar la noradrenalina cerebral, es decir, compensar con fármacos a nivel bioquímico lo que otros niños tienen en el cerebro que Marcos se supone no tenía. Con ello lo que se pretendía era adaptar a Marcos a la escuela, en vez de facilitar que fuese la escuela la que se adaptase a Marcos.

Tras poner a prueba la atención de Marcos, su capacidad de memoria y de concentración, me di cuenta que no había déficit de atención como tal sino que se focalizaba en aquello que tenía que ver con su estilo de inteligencia. O sea, Marcos mostraba una atención selectiva al movimiento y a lo que le informaban las sensaciones de su cuerpo. Ante las preguntas de reconocimiento verbal Marcos erraba pero acertaba en las de objetos que se mueven y cambian en una habitación. Tras otras pruebas sobre estilo de inteligencia redacté un informe psicológico en el que recomendé el cambio de centro escolar, un centro que, en su metodología, contemplase adaptarse al particular tipo de inteligencia de Marcos, la inteligencia kinestésica.

La inteligencia es múltiple

Como la familia de Marcos muchos padres y madres se debaten entre aceptar el tratamiento farmacológico recomendado a sus hijos o emprender la aventura de buscar alternativas. Casos como el de Marcos ponen de manifiesto la gran incompetencia del sistema educativo ante el desafío de abordar y educar las diferencias individuales. Es Howard Gardner el psicólogo americano que introduce el concepto de inteligencias múltiples y destaca que no existe una única inteligencia en el ser humano sino muchas y diversas. El sistema educativo actual suele basar el aprendizaje en dos tipos de inteligencia básicos: el analítico-verbal y el lógico-matemático. Al legitimar y medir sólo este tipo de inteligencias, la escuela descarta el resto pues hay chicos y chicas con potencialidades que no se enmarcan en este estrecho concepto de medición.

Sin tener en cuenta las diferentes potencialidades de cada sujeto y con el objetivo de proponer un mismo destino igual para todos, el tratamiento que el sistema educativo hace de las diferencias individuales es el de medicarlas para facilitar la adaptación al sistema, en vez de promover que el sistema se adapte al individuo. La escuela no educa individuos sino que pone énfasis en que los alumnos encajen en la sociedad a costa de renunciar a su propia individualidad. Es justo lo contrario aquello que nos enseñan los hijos hiperactivos, es decir, aceptar la individualidad de cada sujeto para fomentar el respeto genuino al propio estilo de inteligencia.

La educación orientada a desarrollar individuos

Salvo excepciones, la escuela al uso es incapaz de diagnosticar, abordar y educar la individualidad. No existen cerebros colectivos ni corazones comunes. Tampoco pulmones de uso compartido ni mentes intercambiables. Cada ser humano es único por propia naturaleza. De tal manera que, la costumbre de los colegios de educar con un patrón uniforme las diferencias individuales, pone de manifiesto el fracaso de un sistema que no tiene recursos para educar adaptándose a cada caso. Este patrón uniforme es una manera de igualar lo diferente, en vez de sacar el máximo rendimiento de las capacidades diferentes de cada sujeto. Es más, la conditio sine quae non de la individualidad es la desigualdad.

Un individuo es, por definición, desigual a otro. Pero este principio fundamental de la manifestación de un individuo se invierte en la práctica educativa cotidiana (se le da la vuelta) confundiendo igualdad con igualación. Por supuesto que todos los sujetos somos iguales ante la ley y en cuanto a derechos, si bien no en cuanto a capacidades y potencialidades. Por ello, bajo el pretexto de homogeneizar, la escuela iguala y mide con el mismo rasero a seres humanos con inteligencias diferentes. En este ejercicio de igualación se pierde la individualidad y se descarta el abrazo a la pluralidad de estilos de inteligencia.

Howard Gardner, el citado autor de las inteligencias múltiples, realiza su investigación en la década de los años 80. Han pasado casi 40 años y hoy en día sigue siendo un problema para los padres encontrar centros educativos que sepan interpretar los casos de hiperactividad como casos de estilo diferente de inteligencia. Para tranquilidad de todos es importante saber que no sólo se es inteligente por tener capacidades para el lenguaje y las matemáticas sino también por moverse de manera continua o por tener una gran imaginación. De hecho los expertos reconocen hoy hasta 6 tipos más de inteligencia, a saber:
  • La musical: la que muestran los chicos y chicas para ejercitar o crear música.
  • La espacial: es la de un arquitecto o un diseñador con gran capacidad de imaginación.
  • La corporal-kinestésica: es la de un deportista o un bailarín.
  • La espiritual: la de chicos o chicas que parecen retraídos pero tienen capacidad de transcendencia.
  • La de conexión con la Naturaleza o naturalista: chicos y chicas que se desenvuelven bien, no entre cuatro paredes, sino en espacios naturales.
  • La emocional: la muestran sujetos sensibles a las relaciones interpersonales.

De ahí que un chico diagnosticado de TDAH no tiene por qué sufrir la medicalización, la marginación ni el desprecio por su particular estilo de inteligencia sino que los padres pueden encontrar alternativas educativas acordes y respetuosas con sus potencialidades.
Sin duda los padres de Marcos y tantos otros padres han tenido que confrontarse y vivir un proceso valiente de cambio de mentalidad. Cambio en el sentido de cuestionar la creencia sobre que el futuro para su hijo ha de ser igual al futuro de los hijos de otros padres. Es necesario que los padres reparen que cada hijo es único en la manifestación de sus capacidades, como lo son las propias capacidades de ellos mismos. Cada inteligencia diferente en una familia es una oportunidad para respetar y potenciar la creación de Dios. No en vano, en la obra Suma contra los gentiles, dice Santo Tomás de Aquino que la perfección de Dios se manifiesta en la pluralidad de las potencialidades personales y que ésta, la perfección, es la consecuencia natural de ser diferentes.

Antonio Galindo en Asesores Emocionales
Psicólogo y pedagogo

FUENTE:

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Entrevista a Rafael Guerrero. Trasteando en la escuela





TRASTEANDO EN LA ESCUELA.

Hola. Esto que vais a escuchar es el capítulo 17 de "Trasteando en la Escuela" del 8 de diciembre de 2017. Yo soy Marta Ferrero y este es el podcast que acompaña al proyecto "Trasteando en la Escuela".
Nuestro protagonista hoy es doctor en Educación y psicólogo. Se llama Rafael Guerrero y dirige el Centro Darwin Psicólogos. Con él vamos a hablar del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad o TDAH.

Vamos con la entrevista de Trasteando

Queríamos hablar contigo de muchos asuntos,  a ver de cuánto nos da tiempo.

Lo primero cuéntanos un poquito a qué se dedica el centro Darwin.

En nuestro centro lo que hacemos es atender a niños, adolescentes y adultos que van atravesando por un momento difícil de su vida, niños y adolescentes con algún conflicto que puede ser de tipo académico, alguna dificultad de aprendizaje, por ejemplo, o también hay niños que tienen alguna situación de tipo emocional, de tipo social, También hay veces que nos encontramos con dificultades con los padres, sobre todo una vez llegada la adolescencia, que suelen surgir muchos conflictos, y eso es lo que solemos trabajar. Trabajamos con TDAH, también con depresión, ansiedad, situaciones traumáticas,...Intentamos, desde el cariño, la paciencia y el tiempo, acompañar a estas personas que están pasando por un momento delicado de su vida.

Cuéntanos cómo definirías o cómo le explicas a una familia que llega y a la que le tienes que contar el diagnóstico de su hijo como TDAH. Cómo les explicas qué es exactamente.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, que es como lo define el DSM5, que es el manual que clasifica todos los trastornos mentales como los trastornos psiquiátricos. De una manera así muy sencilla, es decir, que el TDAH es un problema de inmadurez mental. Esto quiere decir que el nivel de procesamiento de la información en un cerebro con TDAH es mucho más lento e, incluso, en algunas ocasiones, más deficitaria que si comparamos a ese niño, o a ese adolescente o a ese adulto, también con personas de su misma edad. Lo que nos encontramos en el caso del TDAH es que la capacidad para procesar la información, para pensar, para relacionar ideas, gestionar las emociones, los impulsos, es mucho más lento que si lo comparamos con otros niños o adolescentes de su misma edad. Y todo eso desemboca en lo que todos conocemos del TDAH: mi hijo tiene dificultades para concentrarse, para prestar atención, tiene dificultad para gestionar bien sus emociones, tiene muchos conflictos a nivel social, dificultades también con su memoria operativa, impulsivo, muy hiperactivo, no puede parar quieto… Eso es todo lo que se ve, de forma observable, más externo, eso es lo que podemos ver todos pero, en realidad, la raíz del TDAH es un cerebro que va mucho más lento en su maduración que lo se supone que debería ir.

¿Y es una cosa que se puede corregir o hay que aprender a vivir con ese problema?

El TDAH es un trastorno crónico. Esto quiere decir pues que el TDAH nace y se desarrolla con esta patología, con este trastorno, es un trastorno psiquiátrico. Los profesionales que trabajamos con personas con TDAH vemos que lo que tiene que aprender un niño, un adolescente o un adulto con TDAH, lo que tiene que aprender a hacer es adaptarse de una manera mejor, de una manera más adaptativa a su entorno. La patología está ahí, la patología va a estar ahí toda la vida, no es algo que uno  entre comillas “se pueda curar”. No es como un esguince que durante un tiempo, está convaleciente y, pasado unos días unas semanas o unos meses, uno ya puede volver a su actividad normal. El TDAH es un trastorno crónico, no tiene cura, no es que me guste el concepto de cura, pero para que nos entendamos, y entonces lo que tenemos que hacer nosotros como profesionales, lo que tienen que hacer los padres y, por supuesto, los maestros, el entorno más cercano al niño, es dotarle de estrategias, de herramientas y de apoyo, como darle las muletas durante el tiempo que lo pueda necesitar, pero vamos, es un trastorno crónico, y lo que hay que hacer es dotarle de herramientas, recursos, para que se pueda gestionar lo mejor posible. Es verdad que en cuanto les damos lo que ellos realmente necesitan, en aquellas áreas en las que ellos tienen un déficit la respuesta de los chavales con TDAH es extraordinaria. Eso es lo que nos demuestra tanto la investigación como la clínica, en cuanto les damos las muletas metafóricas de las que estamos hablando, los niños con TDAH salen adelante sin ningún tipo de problema. Hay dificultades cuando no están recibiendo lo que ellos realmente necesitan. Si no tengo lo que necesito, si no tengo agua si no tengo comida, difícilmente puedo salir adelante.

Vamos a empezar con algunos de los problemas o de las cosas que suelen resultar polémicas cuando se habla de este trastorno. Para empezar, ¿es fácil diagnosticarlo?, ¿se confunde o se puede confundir con otro tipo de problema de aprendizaje?

Sí, hoy nos encontramos con dificultades a la hora de diagnosticar el TDAH como con cualquier otro trastorno. Encontrarnos en consulta con un niño o con un adolescente que está viviendo una situación problemática, consecuentemente, su familia también. La familia te llega a la consulta sufriendo, pasándolo mal en un momento de máxima alarma y máxima dependencia. Te necesitan, te necesitan sí o sí, por eso están ahí sentados en esa primera consulta. Hoy en día es algo que venimos denunciando desde hace bastante tiempo es que se están haciendo evaluaciones muy rápidas, están haciendo lo que se denomina evaluaciones exprés que no van a ningún sitio. Son evaluaciones que se hacen así un poco por encima en quince minutos, y esto conlleva unas repercusiones bastante importantes y bastante negativas.
Como decías, a veces el TDAH se confunde con otras patologías. E incluso a veces el TDAH se confunde con algo a veces tan natural como es ser niño. Pero es importante que esta patología, este TDAH sea diagnosticado a partir de los primeros cursos de primaria. Es una auténtica burrada el estar diagnosticando a niños con TDAH antes de la etapa de primaria, niños de infantil que están diagnosticados con esta patología.
Y sí, hay otros trastornos, como puede ser el síndrome de alcoholismo fetal o por ejemplo, trastornos del apego, e incluso ansiedad o depresión, o momentos vitales que está viviendo el niño, que está viviendo la familia, que cursan con una inatención, con problemas para controlar su conducta, con hiperactividad, impulsividad, etcétera y, a veces, eso se confunde con TDAH. Por eso, es muy importante que hagamos una muy buena valoración con tiempo. No podemos evaluar el TDAH ni ningún otro trastorno en minutos, tenemos que dedicarle horas, mucho tiempo, mucho cariño para poder discriminar bien si se trata de un TDAH o de un Gilles de la Tourette o si se trata de una depresión. A veces los síntomas se confunden. Es más, el TDAH en un 70, 80 por ciento de los casos aparece con un segundo trastorno, por tanto, ahí se complica mucho más. Tenemos que dedicar tiempo, cariño y tenemos que respetar al paciente, no podemos hacer diagnósticos a la ligera. 

Puede suceder que haya muchos niños que simplemente son nerviosos, son niños, como explicabas, que los han metido en ese cajón, en esa etiqueta del TDAH y un montón de niños que tengan de verdad ese problema y a los que no se haya detectado, puede pasar las dos cosas.

Claro, nosotros solemos decir que ni están todos los que son, ni son todos los que están. Nos encontramos con niños que están siendo diagnosticados con TDAH que están mal diagnosticados, que no se les ha dedicado el tiempo y el cariño suficiente, y luego también nos encontramos con niños que están funcionando como buenamente pueden por los distintos contextos escolares y familiares que tienen un TDAH y no se les están dando las herramientas, las estrategias que realmente necesitan. Por tanto, tanto en una dirección como en otra, ahí tenemos que afinarnos los clínicos y los profesionales que estamos en relación con el TDAH, tenemos que afinar porque se nos están escapando algunos niños y otros estamos diagnosticando mal.

Y desde el punto de vista del tratamiento, ya que no hay curación porque es una cosa crónica como nos explicabas, ¿tiene que pasar siempre por el tema de fármacos, por las pastillas, o solamente terapia o les hace falta una ayuda para el aprendizaje en la escuela y otra diferente para adaptarse al resto de los factores de la vida?¿Cuál es el tratamiento de estos niños?

Tratamientos hay muchos, cuanto más multidisciplinar mejor. Como decíamos antes, el TDAH es un trastorno crónico, eso implica que el TDAH es TDAH en todos los contextos. Igual que la persona que es ciega es ciega en su puesto de trabajo, que cuando llega a casa de repente no ves, sino que sigue siendo ciega, el TDAH o cualquier otro trastorno psiquiátrico le pasa exactamente lo mismo.
Tratamientos hay muchos. Lo que reconocen hasta los propios psiquiatras es que solamente el tratamiento medicamentoso, el tratamiento farmacológico, no es suficiente. En ocasiones es verdad que los niños necesitan ese trampolín, esa ayuda para que se centre, para que esté más tranquilo, a veces, eso es necesario, y ahí están los médicos los neurólogos, los pediatras, los psiquiatras, para medicar esa farmacología, pero es insuficiente. Todos llegamos a esta misma conclusión. Podemos abogar por medicación sí, medicación no, pero el profesional veremos qué es lo que piensa, pero lo que está claro es que la medicación sola no enseña y lo que tenemos que dar al alumno, al niño son estrategias y la medicación no te cura, la medicación es una ayuda, un trampolín. Tratamientos, muchos… tratamiento psicológico seguro. Tanto la familia como el niño tienen que llevar a cabo un tratamiento psicológico, en algunos casos, como decíamos, el tratamiento farmacológico, y luego hay otro tipo de intervenciones que se pueden llevar a cabo. Lo que está claro es por ejemplo, la psicoeducación, explicar a la familia y al propio niño la dificultad que tienen: esto se llama TDAH, tiene esto, por eso te comportas de esta manera, reaccionas así ante otras situaciones... Explicarle al niño y a la familia qué es lo que le pasa. También es muy importante, que los padres estén informados. Tratamientos existen muchos, lo que está claro es que el tratamiento psicológico tiene que estar en todos los casos y, bueno, que todos estemos formados, tanto los padres como los profesores, como el propio niño que sepan qué es esto del TDAH y qué implicaciones tiene, para ajustar bien las expectativas.

Y ya para terminar, hace 30 años ya nadie había oído hablar del TDAH no sé si es una cosa que ahora oímos hablar mucho y hay muchas personas diagnosticadas porque sabemos lo que es, o hay más. Quiero decir, hace 30 años también había mucha gente que tenía TDAH y no lo sabíamos o ¿está subiendo por algún motivo el número de personas afectadas por esto?

Bueno, los números son más o menos estables, es decir, nos estamos encontrando con que ahora mismo vivimos en la era de la información, la era del clic y todos estamos informados. Hace décadas o incluso, hace siglos, nos encontrábamos con que solamente la Iglesia era la que tenía el conocimiento, toda la información. Hoy en día, nos encontramos con que la información está a golpe de un clic y todos podemos acceder a muchísima información y además muy variada. Esto es como si últimamente nos hacemos la pregunta de, bueno, últimamente se escucha mucho el concepto de bullying y el concepto de niños que están siendo abusados, por ejemplo, abusados sexualmente. Bueno, esto ha existido siempre, pero un día estamos mucho más concienciados, estamos más con la alerta puesta y se diagnostica no solamente más TDAH sino que también se diagnostica otro tipo de dificultades, patologías o situaciones. Hoy en día estamos muy alerta con muchas situaciones a nivel social, cultural y educativo, pero los números no han variado, las ayudas, las muletas que tenemos hoy en día no son las que había hace 30 o 40, ni 50 años.

Es verdad que hablamos mucho de niños con TDAH y no se habla mucho de adultos con TDAH.

Claro, esto viene un poco a reforzar lo que comentábamos ahora. Ahora lo que nos estamos encontrando es que muchos papás y muchas mamás nos están consultando a raíz de que han llevado a su hijo o a su hija al pediatra, al psicólogo, lo han diagnosticado al hijo o a la hija de TDAH y entonces bueno como sabemos que un peso importante del TDAH tiene que ver con la parte genética. El profesional les habrá preguntado: y usted cuando era pequeño… vemos que los síntomas coinciden que yo cuando era pequeño, pequeña era exactamente igual como ahora se está comportando mi hijo o mi hija. Entonces ahora se está empezando a diagnosticar mucho más el TDAH en adultos, por esa parte genética que decíamos y por toda la información que tenemos hoy en día. Estamos diagnosticando a personas tardíamente, a adultos tardíamente a raíz de que sus hijos están siendo diagnosticados de TDAH.

Claro, y te dicen pues si yo era así y a mí no me hicieron ni caso, ni me prestaron atención, ni me ayudaron ni nada. 

No me hicieron ni caso y no me ha pasado nada. Sí, efectivamente, si muchas veces pasar no pasa nada, pero si podemos dotar de estrategias y de herramientas a nuestros chicos pues mejor que mejor. Si me hago un esguince y resulta que no hay ninguna muleta para que lleve pues lo llevaré como buenamente pueda y salgo adelante, claro, si siempre salimos adelante. El cerebro, la mente humana está preparada siempre y está dirigida hacia la sanación, hacia la curación, entonces adelante siempre salimos, pero bueno si podemos facilitarlo y dar unos recursos que hagan que ese trayecto, ese paso por el desierto sea más agradable, pues bienvenido sea.

Pues terminamos ya y nos quedamos con lo principal que no se debe diagnosticar a la ligera, ni con un test de 5 minutos, que hay que tomarse esto en serio y porque a estos niños les hace falta ayuda, si de verdad les hace falta, y hay muchos que a lo mejor nos pasan desapercibidos con este tipo de test. 
Rafael Guerrero, ¡muchísimas gracias!

FUENTE:

domingo, 10 de diciembre de 2017

La medicación protege a los niños con TDAH de sufrir lesiones accidentales


La medicación protege a los niños con TDAH de sufrir lesiones accidentales, según un estudio coordinado por la Universidad de Navarra

28/11/17 12:01 Isabel Solana
La medicación protege a los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) de sufrir lesiones accidentales, según revela una investigación coordinada por la Universidad de Navarra. El estudio ha sido publicado por Neuroscience & Biobehavioral Reviews, que se encuentra entre el 10% de las revistas científicas con más impacto en Neurociencia.


Los autores del artículo han combinado los resultados de estudios previos de cuatro millones de niños o adolescentes sin TDAH y 350.000 con el trastorno. Han demostrado que el TDAH se asocia a un mayor riesgo de caídas o golpes involuntarios que terminan en visitas a urgencias. Según apuntan, es plausible que este riesgo lo incrementen los síntomas principales del TDAH-falta de atención, hiperactividad e impulsividad-, así como otras características relacionadas, como la agresividad.

Cuando compararon los períodos en los que los niños y adolescentes estaban tomando la medicación frente a cuando no lo hacían, comprobaron que el tratamiento farmacológico tiene un efecto protector frente a estas lesiones accidentales.

Interrumpir el tratamiento requiere precaución

Entre las conclusiones del estudio, los investigadores afirman que la decisión de interrumpir el tratamiento farmacológico durante los fines de semana o el verano -lo que se denomina ‘vacaciones de la medicación’- debe ser tomada con precaución por cuidadores y facultativos y enmarcada en un contexto más amplio en el que se valoren todos los riesgos y beneficios.

Asimismo, el estudio puede ayudar a implantar estrategias educativas de prevención de accidentes en niños con TDAH, al haberse visto que son una población de alto riesgo. Medidas sencillas como llevar siempre casco cuando se monta en bicicleta o poner cierres de seguridad en las ventanas pueden prevenir algunas de las graves consecuencias de sufrir un accidente.

Este estudio ha sido coordinado por Gonzalo Arrondo, del Grupo ‘Mente-cerebro’ del Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra, y Maite Ruiz-Goikoetxea, pediatra del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea (SNS-O). Se enmarca en un proyecto que desarrolla Arrondo con financiación del Departamento de Salud del Gobierno de Navarra.

También han participado los psiquiatras infantiles Samuele Cortese, de la Universidad de Southampton (Reino Unido), y César Soutullo, director de la Unidad de Psiquiatría infantil y adolescente del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universidad de Navarra, junto con otros investigadores de esta clínica, la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, y el Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea.

FUENTE:                                    

domingo, 26 de noviembre de 2017

PAUTAS PARA QUE EL CASTIGO SEA EDUCATIVO




¿Se debe castigar a los niños y niñas? Pautas para que el castigo sea educativo

Cuando intentamos educar a los pequeños, en ocasiones no sabemos cuál es la manera más eficaz de tratar con ellos. Es normal que nos surjan dudas sobre qué es lo mejor para ellos, y en definitiva para que crezcan felices.

El castigo es un tema polémico, que ni gusta a niños ni a mayores. Queremos que aprendan, y sabemos por un lado que no debemos permitir determinados comportamientos, pero por otro lado tampoco queremos que sufran.

El castigo educativo

¿Debemos castigar a los pequeños? ¿Cómo castigar a un niño?
Es importante que los niños y niñas aprendan que las acciones que realizan tienen determinadas consecuencias, y a veces estas consecuencias no son de su agrado. El castigo puede ser necesario pero empleado de manera racional con el objetivo de educar al pequeño. Nunca debe ser humillante o perjudicial para su autoestima o bienestar.

El castigo debe entenderse no como una forma de hacer sentir mal a los niños y niñas sino como una consecuencia a una acción determinada. Para aplicarlo es fundamental que los niños y niñas entiendan el porqué del mismo, y comprendan qué ocurre cuando hacen determinadas acciones.
Debe entenderse como una especie de trato o acuerdo más que como un castigo, como cosas que debemos hacer para conseguir algo, o cosas que no debemos hacer para dejar de tener consecuencias negativas.

Castigos educativos: En todo caso no debe ser nunca dañino para los niños o niñas. Debe estar basado en el objetivo de educar, de fomentar un aprendizaje en los pequeños. Y siempre debemos tener muy en cuenta su bienestar.

Veamos ejemplos de castigos educativos:
Si un adolescente ha suspendido un examen porque en lugar de estudiar estuvo haciendo otras cosas, como ver la tele, dar una vuelta, etc. debemos dejarle que suspenda, que comprenda que su conducta le ha llevado a ese resultado. En este caso el “castigo” podría ser, tener que cumplir determinadas horas de estudio, si estas no se cumplen no podrá ver la tele o salir con sus amigos. Antes de aplicarlo es bueno dialogar con él o ella sobre la situación, ¿Por qué crees que has suspendido? ¿Qué crees que puedes hacer para que no vuelva a ocurrir esto? Siempre reflexionando y dialogando con ellos y nunca imponiendo.

Si un niño quiere de postre helado, primero tendrá que comerse las verduras o el plato que tenga en la mesa, si no se come esto no podrá tener helado. Si come lo que tiene que comer, podrá elegir el postre que quiera. En este caso también le explicaremos al pequeño que es importante alimentarse bien para crecer, que no sólo se pueden comer helados. Por eso si quiere comerlo primero debe tomar otros alimentos necesarios para su crecimiento.

Si el niño o niña no recoge sus juguetes, no podremos salir a dar una vuelta al parque, porque antes de salir tenemos que dejar todo recogido. Explicaremos al pequeño que no podemos dejar las cosas sin recoger porque llegaremos tarde y cansados para cenar y bañarnos antes de dormir, que es necesario que recojamos los juguetes. Le explicaremos también que puede sacar todos los juguetes que quiera pero que debe recogerlos.

Pautas para educar con el castigo positivo

Consecuentes y contingentes a la conducta. Esto quiere decir que deben ser lógicos en relación a la conducta, no deben ser ni demasiados excesivos ni demasiado flojos. Y producirse cuando se produzca la conducta, no podemos dejarlo para otro momento puesto que no lo relacionarán con la acción. Por ejemplo en el caso del adolescente que suspende, si cumple con sus horas de estudio le permitiremos salir, no es bueno excedernos y dejarle sin salir aun cuando haya cumplido esas horas. Si cumple su parte, tiene una consecuencia positiva para él. También tiene que ser en el momento, no podemos dejarle este fin de semana que salga, pero a partir del próximo cumplimos con el acuerdo.
Consensuados con el pequeño. Es importante que los “castigos” cumplan una función educativa. Para ello es muy bueno dialogar con el niño o niña y hasta consensuar el tipo de castigo. De esta forma se sentirá responsable de sus actos y de las consecuencias y se implicará más con el castigo. Además colaboramos a la reflexión de los pequeños y a su comprensión.

No deben ser dañinos o humillantes para ellos, en ningún caso. No debemos olvidar que nuestro objetivo es educarles, para que lleguen a ser adultos felices, personas críticas y autónomas, adaptados a la sociedad. Para ello el castigo puede ser necesario, pero si éste es humillante o dañino, pierde todo su valor educativo y conseguimos lo contrario.

Es mejor que los castigos no estén basados en cosas materiales, son más efectivos si los basamos en actividades de su agrado o desagrado. Si el castigo consiste en comprarle o no comprarle algo al pequeño, le estamos enviando un mensaje confuso, que no anima a la reflexión sino a conseguir un bien determinado.

Los castigos no deben ser amenazantes. Se le informará de lo que ocurre si hace o no hace determinada conducta, pero no se le amenazara con ello. Debe ser visto como una consecuencia lógica y no como una amenaza.

Es muy importante que tengan alguna relación con la conducta concreta. Es decir si no come verdura el “castigo” será no comer helado, ya que guarda relación y podemos hacer que comprendan el porqué. En cambio si el “castigo” por no comer verdura es no ver la tele. La consecuencia no tiene nada que ver con la conducta y el pequeño no lo entiende. Si no puede comer helado es porque necesita alimentarse bien, guarda una relación.

En todo momento seremos comprensivos con el niño, tendremos calma con ellos. Y entenderemos que están aprendiendo y necesitan unas pautas y normas. No es que lo hagan por molestarnos.
Deben cumplirse siempre los castigos, si no es así no serán eficaces. Por eso es bueno hacer un castigo lógico y no excedernos. No podemos castigarles primero con mucha fuerza, excediéndonos y poco a poco ir suavizando. Si el adolescente no puede salir hasta que no cumpla sus horas de estudio, mantendremos firmeza en este acuerdo.

Tienen que ser entendidos por los niños y niñas. Para que cumpla su función educativa ha de ser comprendido por los pequeños. Para ello dialogaremos con él y le explicaremos las cosas con calma.
Combina el castigo, con castigo positivo y con refuerzos. No se trata solo de que el pequeño tenga consecuencias negativas, también es bueno que estas consecuencias negativas terminen cuando el pequeño deje de hacer determinada conducta (castigo positivo). Es decir si no recoge los juguetes no podemos salir al parque, pero en cuanto los recoja esta consecuencia negativa finaliza y salimos todos al parque. Los refuerzos también son fundamentales, elogiar al niño cuando cumple con lo que esperamos y animarle en sus acercamientos a la acción deseada.

FUENTE:
https://www.educapeques.com/escuela-de-padres/pautas-castigo-educativo.html