Copiamos estas estrategias encontradas en
la web de la asociación ADAHMA, expresadas de manera visual y concisa, muy útiles para estudiar
FUENTE:
Dedicado a mis dos hijas con Déficit de Atención e Hiperactividad
Copiamos estas estrategias encontradas en
la web de la asociación ADAHMA, expresadas de manera visual y concisa, muy útiles para estudiar
FUENTE:
Para ayudar a menores diagnosticados con
este trastorno del neurodesarrollo hay que evitar juicios y etiquetas
negativas. Centrarse en sus contextos o desarrollar técnicas de estudio
personalizadas es fundamental.
César de la Hoz. Madrid - 04 ENE 2026 - 05:30 CET
En primer lugar, es interesante conocer
un poco de historia sobre el Trastorno por Déficit de Atención con
Hiperactividad (TDAH). Este apareció por primera vez en el manual diagnóstico y
estadístico de los trastornos mentales DSM III de la American Psychiatric
Association —conocido como la biblia de la psiquiatría— en los años ochenta
como un subtipo del trastorno por déficit de atención, aunque existen
referencias anteriores. Es definido por una tríada: impulsividad, falta de
atención y exceso de movimiento (hiperactividad). Pero, ¿por qué llamar a este
repertorio conductual trastorno? Desde un punto de vista coloquial, un niño o
adolescente con TDAH es como un coche deportivo circulando por una carretera
secundaria. Esto quiere decir que no falla el niño diagnosticado (el coche
deportivo, para seguir con el ejemplo), sino que falla el contexto (la
carretera). Porque si pones ese Fórmula 1 en un circuito de carreras funciona a
la perfección.
Lo primero y más importante es pensar que
un menor que atiende de forma diferente o se mueve de forma distinta no es un
“trastornado”. El TDAH no debería ser un trastorno, sino una forma diferente de
aprender. Hay que cambiar la “T” de trastorno por la “F” de forma. Y la “D” de
déficit por “d” de diferente. Y la “A” de atención por la “A” de aprender. Por
lo que si hubiera que llamarlo de alguna manera sería con las siglas FDA: forma
diferente de aprender. Sin juicios, ni etiquetas negativas, ni trastornos.
Además, se está poniendo de moda decir
que las familias de alguien con un diagnóstico de TDAH tienen que ir a terapia.
Pero las madres y padres necesitan apoyo en diferentes contextos, no solo
terapia, sino en términos de conciliación, de apoyo en la escuela y para el
ocio y el tiempo libre.
¿Cómo enfrentarse a una forma diferente
de aprender?
Como vivimos en la realidad y muchas
familias no tienen acceso a esos recursos o no pueden pagar la ayuda que
necesitan, los siguientes cinco puntos sobre cómo enfrentarse a esa forma
distinta de aprender son fundamentales para niños, niñas y adolescentes que no
aprenden como los demás.
Trabajar con reforzadores que ayuden y
motiven cambios contextualizados en su día a día. Muy sencillo: buscar
intereses que movilicen para que haya conductas menos impulsivas porque hay un
objetivo que es motivante para cambiar. Por ejemplo, si le gusta el helado y
consigue los objetivos que os propongáis, de postre hay helado. Le gusta jugar
con la Play, pues si hace la cama, por ejemplo, o se esfuerza más en las tareas
de casa, puede jugar. No pasa nada si está negociado y organizado.
Desarrollar técnicas de estudio que le
sirvan para poder asimilar contenidos de manera más eficaz partiendo de sus
características. En este sentido, muchas veces la repetición no sirve como base
de la memorización y necesitamos alternativas: categorizar conceptos, controlar
tiempos, buscar significados con sus propias palabras… Lo más interesante es
estructurar las sesiones de estudio a su manera para que el contexto le sea
motivante. Hay casos con los que trabajo recordando temas de estudio jugando al
fútbol. Sí, mientras jugamos al fútbol. Con otro nos sentamos en el sofá…
Modificar los distractores a nivel
ambiental. Convertir el juego en un motivador y no en un distractor. Que el
juego y el estudio no sean conductas incompatibles entre sí, sino
complementarias. Si tienen una forma diferente de aprender, ¿por qué tenerlos
sentados en un escritorio todo el tiempo si es lo que peor se les da? Cambia la
forma de enseñar.
Extinguir emociones, no hay que
acompañarlas siempre. Alguien con un diagnóstico de TDAH no tiene un problema
emocional, sino conductual, y tenemos que centrarnos en esto: que entienda que
no siempre vale enfadarse o reaccionar de una manera que no es la adecuada. Las
emociones son contextuales (dependen del contexto) por lo que es importante que
entienda que hay momentos que entendemos su enfado, pero en otros no. Y no pasa
nada, no vas a causar ningún trauma, más bien al contrario, le vas a enseñar autocontrol.
Por lo tanto, buscamos reforzar la conducta adecuada y extinguir (dejar de
reforzar) la inadecuada. Acompañar siempre la emoción puede hacer que justo
demos alas a lo que no hace falta en ese momento.
Utilizar las palabras justas y no usar
adjetivos calificativos para evitar intervenciones que desvíen el foco. El
debate hace que te pierdas en el problema. Es importante saber cortar y
reencuadrar hacia la tarea. Alguien que tiene una Forma Diferente de Aprender
(FDA) necesita apoyo y comprensión, pero ¿quién no lo necesita?
Generar contextos facilitadores para
niños, niñas y adolescentes que aprenden de forma diferente es difícil porque
los cuidadores, padres y madres también necesitan apoyo. Pero un contexto
facilitador no es solo adecuado para quien lo recibe, también lo es para quien
lo genera.
FUENTE:
https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2026-01-04/ninos-con-tdah-como-enfrentarse-a-una-forma-diferente-de-aprender.htmlImagen creada por IA
Si estás leyendo esto, es probable que
tengas una lista de tareas pendiente que parece el testamento de un faraón. Y
es aún más probable que, en lugar de estar tachando cosas, lleves media hora
haciendo scroll infinito en Instagram o mirando cómo una mosca se choca contra
el cristal.
Luego llega la culpa. «Soy un vago», «No
tengo fuerza de voluntad», «Mañana empiezo de verdad».
Como psiquiatra, veo esto a diario. Y te
voy a decir algo que no te dirá tu gurú de productividad favorito: el problema
no es tu falta de organización, es tu regulación emocional.
¿Por qué procrastinamos? El secuestro
de la dopamina
La procrastinación es el hábito
irracional de posponer tareas importantes, sustituyéndolas por actividades más
placenteras o irrelevantes, a pesar de conocer sus consecuencias negativas,
como estrés, culpa y bajo rendimiento. No es pereza, sino una evitación
emocional ante tareas abrumadoras, aburridas o desafiantes
Muchos de mis pacientes con TDAH en
adultos (y otros tantos con ansiedad crónica) viven en una búsqueda constante
de dopamina barata. El cerebro, ante una tarea que percibe como abrumadora,
difícil o aburrida, experimenta una sensación de «dolor» o rechazo real.
¿La solución de emergencia de tu mente?
El móvil. Un chute rápido de dopamina que calma el malestar un rato, pero que
te deja con una resaca de culpa monumental a los diez minutos.
No eres vago. Tienes un cerebro que
gestiona mal las recompensas y que se bloquea ante la incertidumbre y el esfuerzo. La
procrastinación es, en realidad, una estrategia (fallida) para evitar una
emoción negativa.
La trampa de la «Planificación
Perfecta»
He visto a pacientes comprarse tres
agendas distintas, bajar cinco apps de productividad y ver diez tutoriales de
«Notion para expertos». ¿Sabes cómo llamamos a esto en psiquiatría?
Procrastinación productiva. Es la forma que tiene tu ansiedad de convencerte de
que estás trabajando cuando, en realidad, solo estás decorando la sala de
espera antes de empezar lo importante. Si pasas más tiempo organizando el
trabajo que trabajando, tienes un problema de evitación.
Estrategias para recuperar el control
de tu atención
Para mejorar tu salud mental y tu
productividad, no necesitas más apps, necesitas entender tu biología:
1. Baja el listón hasta el suelo
(Micro-objetivos).
Si tienes que escribir un informe de 20
páginas y tu cerebro se bloquea, oblígate a escribir solo una frase. Una. El
cerebro odia empezar porque anticipa el esfuerzo, pero le gusta terminar.
Engáñalo con la entrada más pequeña posible.
2. Higiene Digital: El móvil es un casino.
Si tienes TDAH o ansiedad, tu móvil es un
enemigo armado. Configúralo en escala de grises, elimina las notificaciones de
redes sociales y, sobre todo, déjalo en otra habitación mientras trabajas. Si
no lo ves, tu cerebro no gasta energía en el esfuerzo consciente de «no cogerlo
3. Acepta el «Malestar de Inicio».
Empezar algo difícil siempre va a generar
un pico de cortisol (estrés). No esperes a «sentirte motivado» para empezar. La
motivación no es la causa de la acción, es la consecuencia. La motivación suele
llegar cuando ya llevas 5 o 10 minutos en la tarea y ves que eres capaz de
avanzar.
Conclusión: Psiquiatría más allá de la medicación
La medicina moderna no va solo de recetar una pastilla para que «te centres». Va de entender cómo funciona tu cableado mental para que dejes de castigarte por procesos que son biológicos.
No buscamos que seas un robot de la
productividad. Buscamos que recuperes el control de tu atención. Porque, al
final del día, donde pones tu atención, pones tu vida.
FUENTE:
https://jordiriscopsiquiatria.com/procrastinacion-tdah-ansiedad-regulacion-emocional/
Posiblemente, has llegado
hasta aquí con la mente cansada y dispersa, pero no necesitas estar concentrado
al 100 por cien para leer este post, ni aplicar todo, ni hacerlo perfecto. Con
que una idea te alivie un poco el día, ya es suficiente.
Vivir con TDAH no es solo
tener dificultad para concentrarse. Es cargar con una fatiga invisible, con una
carga mental constante, con decisiones continuas, con la sensación de ir
siempre un paso por detrás, aunque te esfuerces mucho. Por eso, más que grandes
estrategias, lo que suele ayudar de manera más eficaz son ajustes pequeños, realistas
y sin presión, que sí podrás llevar a cabo.
El cerebro con TDAH se
bloquea cuando:
Por ejemplo, cuando llegas a casa, después de estar trabajando o estudiando todo el día y tienes aún miles de tareas que hacer. ¿Cómo proceder?
Elegir por dónde
empezar
La motivación es
inestable en el TDAH.
Date una instrucción
clara y decide rápidamente:
Ejemplo: “Hoy solo importa esto. Todo lo demás puede esperar.”
Usa un temporizador de 3 minutos. Divide el tiempo
Pon 3 minutos y solo
empieza.
¿Por qué 3 minutos y no
“cuando tenga ganas”?
Porque tres minutos son
lo bastante cortos como para no dar miedo y lo bastante claros como para marcar
un final.
Tres minutos son tan
pocos que el cerebro piensa: “Vale, esto lo puedo soportar.”
Cuando una tarea no tiene
un final definido, el cerebro con TDAH interpreta: “esto puede alargarse”, lo
que genera rechazo antes de empezar.
El temporizador de 3
minutos le dice al cerebro: “Solo esto. Empieza y acaba aquí.” Y eso cambia
completamente la disposición a empezar. El objetivo del temporizador NO ES AVANZAR.
El objetivo es comenzar, entrar sin miedo. Con TDAH, el mayor obstáculo suele
ser el inicio, no la capacidad. Tres minutos no buscan productividad, buscan
acceso a la tarea.
Durante esos 3 minutos:
Qué pasa cuando suena el
temporizador. Aquí está la parte más importante. Cuando el temporizador
termina, paras a propósito. No porque no puedas seguir. Sino porque parar a
tiempo es parte de la estrategia.
En ese momento tienes
tres opciones válidas:
Usar un temporizador de 3 minutos no significa trabajar solo 3 minutos siempre. Significa no decidir de antemano cuánto tienes que aguantar. A veces seguirás. A veces no. Ambas cosas son parte del mismo sistema.
El temporizador de 3
minutos no sirve para producir más, sino para que empezar no dé miedo y parar
no dé culpa.
Por otra parte, y
simultáneamente, al terminar tareas o, simplemente, al ir avanzando y
finalizando los pasos intermedios en los que hemos dividido una tarea, el
cerebro con TDAH genera dopamina rápida. Por eso, el cerebro con TDAH
necesita recompensas cercanas. Completar el paso “he estado 3 minutos” es un
paso cerrado, terminado, es un logro y el cerebro genera dopamina. Eso
refuerza la idea de “sí puedo hacer cosas”, aunque sea poco.
El cerebro con TDAH necesita dopamina para empezar y obtiene dopamina al completar algo, aunque sea mínimo. Ese micro-logro:
Y si no sigues, no pasa nada. El objetivo era empezar, no acabar.
Empieza en pequeño. Divide
las tareas en porciones "ridículamente" más pequeñas
Y aquí, recordamos lo que
siempre decimos: empieza en pequeño, divide las tareas también en pasos más pequeños
para poder llegar a lo grande.
«Si una tarea no arranca,
hazla ridículamente pequeña». Haz el primer paso tan pequeño que no puedas
fallar. Qué significa “ridículamente pequeña”. Significa que, en vez de
plantearte “tengo que escribir el informe” o “tengo que ponerme a estudiar,
empieza por abrir el archivo, escribir el título o leer una frase.
Qué ocurre: no es que no
quieras hacer la tarea, es que tu cerebro la percibe como demasiado grande,
demasiado imprecisa o demasiado costosa en energía. Y entonces aparece la
evitación.
Se debe empezar en
pequeño porque el inicio es la parte más difícil, no la capacidad.
Empezar en pequeño no es
el objetivo final. El primer paso ha de ser tan pequeño que no dé miedo ni
cueste trabajo. Es la forma de entrar en tareas grandes sin activar bloqueo,
rechazo o agotamiento precoz.
No es “hago solo un poco
y ya está.” Es “empiezo de una forma que me permita continuar sin quemarme.”
Ejemplos:
Como hemos dicho, en lugar de “escribir todo el resumen”, empieza por abrir el documento y escribe el título.
En lugar de “ordenar la casa”, recoge en la habitación solo lo que está a la vista.
En lugar de “ponerme a
estudiar”, lee un párrafo.
A partir de ahí, se sigue
todo lo que la energía permita. A veces serán 5 minutos. Otras veces serán 30. Y
ambas opciones son válidas.
No se empieza pequeño
para hacer menos, sino para poder sostener más a lo largo del tiempo.
Planea menos de lo que
crees que puedes hacer.
Muchas listas no fallan
por falta de capacidad, sino por exceso de expectativas.
Prueba esto:
Terminar el día habiendo
hecho algo importante vale más que una lista interminable que solo genera
culpa.
Apóyate en el entorno,
no solo en tu memoria.
El TDAH no falla por
desinterés, sino por sobrecarga.
Algunas ayudas simples:
Esto no es dependencia.
Es diseño consciente del entorno.
Aprende a parar sin
sentir que has fallado.
Parar no es rendirse. Parar antes del agotamiento es estrategia. No se trata de hacer menos, sino de no romperte en el proceso.
Una frase útil: “Paro
ahora para poder volver mañana.”
Para terminar (y
puedes parar aquí)
Las estrategias para el TDAH no rebajan expectativas. Cambian el camino para alcanzarlas.
No se trata de
conformarse con poco, sino de avanzar de una forma sostenible.
Si hoy solo te llevas una
idea que te haga el día un poco más llevadero, ya es suficiente.
Mañana será otro día. Y tú no estás fallando: estás adaptándote.
Vivir con TDAH no significa ser distraído, impulsivo o desorganizado “por elección”. Significa que el cerebro funciona de forma distinta, con una atención que no es escasa, sino dispersa, y con una energía que, bien encauzada, puede ser una fuente enorme de creatividad, entusiasmo y empatía. Por lo tanto, no hay que ver el TDAH como una desventaja: es una forma diferente de procesar el mundo. El reto no está en “corregir” la atención, sino en aprender a dirigirla hacia lo que realmente importa.
Y para eso, las estrategias son las
herramientas para conseguir autonomía y autoestima.
Aquí tienes algunas estrategias que
realmente pueden marcar la diferencia:
Divide las tareas en pasos pequeños.
Cuando todo parece demasiado grande o
caótico, el cerebro con TDAH se bloquea. Lo grande abruma. Lo pequeño motiva.
Convertir una tarea en microobjetivos
concretos (por ejemplo, “abrir el documento”, “escribir la primera frase”,
“revisar el título”) ayuda a generar una sensación constante de avance. Cada
mini paso completado, cada pequeño logro genera dopamina y sensación de logro,
y esa recompensa mantiene la motivación.
Haz visible el tiempo.
Las personas con TDAH no perciben el
tiempo de la misma manera. Un reloj convencional no siempre es suficiente. Los
temporizadores visuales, relojes de arena o apps con cuenta regresiva hacen que
el paso del tiempo se “vea” y se “sienta”, hacen tangible el paso del tiempo y
nos ayuda a focalizarnos. Esto evita el clásico “me pongo un momento y han
pasado dos horas”...
Crea rutinas.
Crea rutinas claras al inicio del día. No
todo debe estar cronometrado, pero sí ritualizado. Las rutinas ayudan a reducir
la carga mental. No se trata de tener horarios rígidos, sino de establecer
momentos fijos que den estructura: por ejemplo, “al despertar, me visto y tomo
el desayuno en la cocina”, o “antes de dormir, preparo la mochila y elijo la
ropa de mañana”. Esos pequeños rituales dan seguridad y orden al día.
Usa el diálogo interno. Habla contigo
mismo (sí, en voz alta).
Hablarse en voz alta (aunque suene raro)
es una técnica poderosa. Convertir el pensamiento en palabras ayuda a mantener
la atención y a planificar mejor las acciones. Decir lo que vas a hacer (“ahora
voy a guardar esto”, “voy a escribir durante diez minutos”) ayuda a mantener la
mente enfocada y reduce la dispersión. Es una forma de “autoentrenamiento
mental”.
Diseña entornos amigables con tu
atención.
El entorno puede ser un aliado o un
enemigo. Mantén a la vista solo lo necesario para la tarea. Usa cajas o
bandejas para agrupar materiales, etiquetas visuales, colores, recordatorios.
Cuanto menos estímulo irrelevante haya, más espacio queda para concentrarte.
Celebra los logros, no castigues los
tropiezos.
Las personas con TDAH suelen recibir
demasiados mensajes negativos: “otra vez te olvidaste”, “no puedes
concentrarte”, “eres un desastre”. Cambiar esa narrativa es clave. Cada paso
adelante merece celebrarse. La motivación se alimenta del refuerzo positivo y
del reconocimiento, no con crítica y reproche.
En definitiva, vivir con TDAH no se trata
de encajar en un molde, sino de descubrir el propio ritmo y aprender a brillar
desde ahí. Las estrategias no son trucos para “disimular” y parecer organizados,
sino herramientas para vivir con equilibrio y éxito personal.
Porque cuando el entorno y la mente se
alinean… la atención se convierte en un superpoder.
Gloria López Ruiz
Uno de los mayores retos para los niños y adultos con TDAH es enfrentarse a tareas largas o abstractas, sintiéndose abrumados al no saber por dónde empezar.
Una estrategia muy eficaz es dividir
las tareas en pasos más pequeños y concretos, de forma que el niño vea avances
rápidos y se mantenga motivado.
¿Por qué funciona?
Ejemplos prácticos
Ejemplo 1:
Hacer los deberes de matemáticas
Tarea grande: “Haz las páginas 20 y 21 del libro”
Dividida en pasos:
Ejemplo 2: Ordenar la habitación
Tarea grande: “Ordena tu cuarto”
Dividida en pasos:
Ejemplo 3: Preparar un trabajo escolar
Tarea grande:
“Haz un trabajo sobre los planetas”
Dividida en pasos:
Consejos extra
Gloria López
Imagen creada por IA
El uso de esta tecnología aporta grandes
beneficios para la salud mental
Por David Otero Romero
La IA es capaz de facilitar tareas que
para algunas personas son imposibles
La Inteligencia Artificial se está
adentrando tanto en nuestras vidas que ya, prácticamente, es una más en nuestro
día a día. Con un uso ético y correcto, puede ser una aliada poderosa en
nuestras tareas cotidianas. A muchas personas ya les está cambiando la forma en
que trabajan, estudian y organizan su tiempo.
Entre sus múltiples beneficios, la IA
destaca por su capacidad para ayudarnos a optimizar el tiempo, mejorar el
enfoque y reducir la ansiedad frente a decisiones diarias. No solo es útil para
empresarios o estudiantes, sino también para personas que lidian con desafíos
cognitivos como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).
Según la UNESCO, herramientas de IA
adaptativa han permitido a personas con dislexia, TDAH o autismo mejorar su
desempeño académico y profesional con un incremento del 20–30% en sus
resultados. “Con apoyo tecnológico adecuado, se puede prosperar tanto en la
vida personal como en la profesional”, afirma el psiquiatra Dr. Scott S.
Shapiro.
IA para organizar, priorizar y empezar
Uno de los grandes desafíos para quienes
tienen TDAH es traducir sus ideas en acciones concretas. Habilidades como la
organización, priorización, gestión del tiempo y regulación emocional no
siempre son intuitivas. Ahí es donde la IA puede entrar como una ayuda
esencial.
Por ejemplo, herramientas como Motion,
Reclaim AI o Google Calendar con IA permiten planificar el día con
anticipación, dividiendo tareas complejas. Una técnica eficaz consiste en
planificar tres tareas principales, agregar tareas rutinarias y dejar huecos
para descansos. Así, al despertar, el usuario ya sabe qué debe hacer sin gastar
energía mental en decidirlo.
Además, asistentes conversacionales como
ChatGPT pueden actuar como compañeros de trabajo que ayudan a iniciar proyectos
paso a paso. Cuando una persona se siente bloqueada frente a una hoja en
blanco, puede usar la IA para generar ideas, organizar pensamientos o incluso
crear plantillas de tareas repetitivas. Esto no solo reduce el estrés inicial,
sino que genera una sensación de progreso y control que puede ser clave para
mantener la motivación.
Ganar tiempo para reducir la frustración
Las personas con TDAH suelen ser
creativas, inteligentes y llenas de ideas, pero a menudo les cuesta llevarlas a
cabo por falta de estructura o por saturación mental. Al automatizar y
facilitar lo más difícil, como es cómo empezar, decidir por dónde seguir o recordar lo
importante, la IA permite que esas fortalezas florezcan.
Escribir los pasos de una tarea,
desarrollar protocolos o reutilizar plantillas son estrategias que la IA puede
optimizar fácilmente. Esto no solo ahorra tiempo, sino que reduce la
frustración y mejora la autoestima, lo que favorece la continuidad y el logro
de objetivos a largo plazo.
La mejor medicina... si se usa de forma
ética
La clave está en usar la IA como una herramienta, no como una solución a todo. Si se implementa de forma ética y personalizada, la inteligencia artificial puede ser una aliada clave para que las personas con TDAH dejen de sentirse desbordadas y comiencen a avanzar en su vida personal y profesional.
Porque como demuestran los estudios, son
capaces de mejorar los efectos de medicamentos o terapias sin prácticamente
esfuerzo. Aunque, al igual que una medicación, hay que saber cómo funcionan,
conocer sus riesgos y controlar su uso.
FUENTE:
Puede ser frecuente que tu hija o hijo
extravíe objetos. Según una especialista, estas sugerencias pueden contribuir a
mejorar el panorama.
"Mi hijo pierde sus cosas" es
una frase frecuente entre madres y padres. Celia Harris, profesora de Ciencias
Cognitivas de la Universidad de Western Sydney, y Penny Van Bergen, docente de
Psicología de la Educación de la Universidad Macquarie ofrecen una serie de
recomendaciones para revertir esta situación. O al menos intentarlo.
Con el próximo regreso a clases, madres, padres y
profesores afrontan una escena frecuente por parte de hijos, hijas y alumnos:
"No encuentro mi cartera", "Olvidé el cuaderno en casa".
Para quienes tienen a cargo adolescentes, el riesgo puede ser aún mayor: desde
la pérdida de teléfonos móviles y ordenadores hasta billeteras.
Niños y niñas desarrollan constantemente
sus habilidades de memoria: recuerdan dónde ponen las cosas, generan nuevos
conocimientos conceptuales y acatan rutinas necesarias para el día a día.
"La memoria prospectiva es la que
los menores utilizan cuando dejan una botella en el suelo durante el recreo y
deben acordarse de recogerla más tarde, o cuando reciben una nota de la maestra
y deben recordar mostrársela a sus padres después del colegio", explican
las profesoras Celia Harris y Penny Van Bergen
"El éxito en la memoria prospectiva
implica que múltiples procesos cognitivos funcionen correctamente",
agregan. "Si bien todos los niños mejoran su función ejecutiva a lo largo
de la infancia, esto ocurre a un ritmo diferente; algunos niños pueden ser más
olvidadizos que otros de su misma edad".
Una afección particularmente relacionada
con el olvido es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Los niños con un subtipo de TDAH con falta de atención pueden ser más propensos
a perder objetos y a ser olvidadizos durante actividades cotidianas como las
tareas del hogar o los recados.
Recomendaciones para que tu hijo no
pierda sus cosas
Estas profesionales recomiendan
establecer rutinas y mantenerlas. Las investigaciones demuestran que las
rutinas ayudan a los niños a desarrollar habilidades cognitivas y
autorregulación. Los niños recuerdan mejor una rutina cuando está
"automatizada" (es decir, si se practica con la suficiente frecuencia
como para aprenderla sin pensar).
Estas profesionales recomiendan establecer rutinas y mantenerlas. También es bueno tener espacios precisos de guardado.
Asimismo sugieren no hacer las cosas por
ellos sino juntos, al menos hasta que puedan internalizar su rutina, por
ejemplo, la de revisar los cuadernos y útiles escolares que necesitan para el
día siguiente. Si estás realmente preocupado, busca apoyo profesional. El
diagnóstico puede ser útil para acceder a otro tipo de herramientas.
"No confíes en que los niños puedan
memorizar espontáneamente; ¡esa es la parte más difícil de la memoria
prospectiva! En su lugar, usa listas de verificación y ayudas para memorizar.
Por ejemplo, si siempre dejan su botella en la escuela, podrías ponerle una
etiqueta en su mochila que diga "¿Dónde está tu botella?". Usar
indicaciones no es hacer trampa, sino fomentar el éxito".
FUENTE:
Un nuevo estudio demuestra que una IA
puede analizar el movimiento de la mano con sensores milimétricos y clasificar
con más del 70 % de precisión si una persona tiene autismo, TDAH o ambos.
Además, permite medir la severidad del trastorno mediante biomarcadores como la
entropía y el Factor de Fano, abriendo la puerta a diagnósticos más rápidos,
objetivos y personalizables.
Hay familias que pasan meses, incluso más
de un año, esperando un diagnóstico para sus hijos con sospecha de autismo o
TDAH. La incertidumbre, la ansiedad y el acceso limitado a profesionales
especializados complican aún más un proceso que ya es emocionalmente
desafiante. En este contexto, cualquier avance que agilice el diagnóstico sin
perder precisión representa no solo un progreso técnico, sino también un alivio
potencial para miles de personas.
Un equipo interdisciplinar liderado por
científicos de la Universidad de Indiana ha desarrollado una herramienta basada
en inteligencia artificial capaz de detectar trastornos del neurodesarrollo en
apenas 15 minutos. Publicado en la revista Scientific Reports, el estudio
combina sensores de movimiento y algoritmos de aprendizaje profundo para
clasificar a los participantes como neurotípicos, TEA, TDAH o ambos. Además,
ofrece una estimación objetiva de la gravedad del trastorno, algo que
actualmente no puede determinarse con métodos clínicos tradicionales.
Movimiento y diagnóstico: una pista en
los pequeños gestos
El punto de partida del estudio es sorprendente: analizar los micromovimientos que realizamos al mover la mano hacia una pantalla. El protocolo de prueba consiste en pedir a los participantes que toquen un objetivo que aparece aleatoriamente en un monitor táctil, mientras llevan un sensor de alta definición adherido a la mano. Esta tarea simple permite capturar datos cinemáticos de forma extremadamente precisa, registrando aceleración, rotación y dirección del movimiento en milisegundos.
Según los autores del estudio, estas variaciones contienen información crucial sobre el funcionamiento neurológico. Tal como explican en el artículo, “los movimientos contienen información cognitiva oculta sobre los participantes cuando se observan a escala de milisegundos”. La hipótesis se basa en estudios previos que muestran cómo las personas con autismo o TDAH presentan patrones de movimiento diferentes, incluso en tareas sencillas.
En investigaciones anteriores, el mismo
grupo ya había detectado que los pacientes con autismo muestran una mayor
aleatoriedad en sus movimientos, y ahora han confirmado que esta característica
se mantiene y puede medirse cuantitativamente.
Inteligencia artificial que aprende de
cómo nos movemos
Para aprovechar esa información, los científicos entrenaron una red neuronal basada en una técnica llamada Long Short-Term Memory (LSTM), especializada en procesar secuencias temporales. El algoritmo recibió como entrada datos crudos de 6.432 trayectorias distintas realizadas por 92 participantes. De cada ensayo se extrajo una secuencia de solo 40 muestras, lo suficiente para captar señales relevantes sin sobrecargar al sistema.
Los resultados fueron prometedores. La precisión de diagnóstico alcanzó el 71,48% al clasificar correctamente a los participantes en una de las cuatro categorías clínicas (autismo, TDAH, ambos o desarrollo neurotípico). El área bajo la curva (AUC), una medida habitual en clasificación médica, fue especialmente alta para el grupo neurotípico (0,93), seguida de autismo (0,87), TDAH (0,83) y autismo combinado con TDAH (0,86) .
Una de las claves fue combinar diferentes
señales cinemáticas: la aceleración lineal, la velocidad angular y los ángulos
de rotación (roll, pitch y yaw). Cuantas más variables se incluían, mayor era
la precisión del sistema, lo que indica que estas dimensiones del movimiento
aportan información complementaria sobre el estado neurológico.
Medir la severidad del trastorno con
biometría
Además del diagnóstico, el equipo quiso abordar otra cuestión fundamental: ¿es posible cuantificar cuán severo es un caso de autismo o TDAH?. Actualmente, los clínicos solo pueden basarse en observación y cuestionarios, pero no existen biomarcadores objetivos y cuantificables. Aquí entra en juego la segunda parte del estudio: el análisis de las fluctuaciones aleatorias del movimiento.
Mediante el uso de técnicas estadísticas, los investigadores calcularon dos indicadores clave: el Factor de Fano, que mide la variabilidad en una distribución, y la entropía de Shannon, que estima la complejidad del patrón de movimiento. Según el paper, “los biomarcadores permiten una subclasificación cuantitativa de los trastornos del neurodesarrollo según su gravedad” .
El patrón fue claro: a mayor entropía y
menor Fano, mayor severidad del trastorno. Los participantes con diagnóstico
leve mostraban trayectorias más predecibles, mientras que los de mayor
afectación presentaban un comportamiento más errático. Esta herramienta podría,
en el futuro, servir para hacer seguimientos individualizados del progreso de
cada persona y ajustar los tratamientos con más precisión.
Aplicaciones clínicas y escolares
Una de las ventajas más destacadas del sistema es su velocidad. Toda la prueba se realiza en aproximadamente 15 minutos, lo que permitiría usarla como herramienta de cribado en contextos escolares o clínicas con alta demanda. Como apunta Khoshrav Doctor, coautor del estudio, este método no pretende reemplazar al psiquiatra, sino actuar como una herramienta adicional en su repertorio clínico.
También destaca su flexibilidad. El sistema funciona con sensores Bluetooth de alta definición, similares a los que ya existen en muchos dispositivos portátiles. Esto abre la puerta a futuras versiones adaptadas a relojes inteligentes o tablets educativas, sin necesidad de equipos costosos ni entornos clínicos complejos.
El neurocientífico José Ramón Alonso lo resume así: "Los diagnósticos se basan en la observación del comportamiento y eso hace que requieran tiempo, profesionales muy bien entrenados y una buena disposición a colaborar, algo que no siempre es fácil con un niño. Esas dificultades llevan a que haya más variabilidad de la deseable y a que pueda haber falsos positivos y falsos negativos. Necesitamos herramientas rápidas, fiables y flexibles y la IA es parte de ese futuro".
Un paso hacia el futuro del diagnóstico
personalizado
El equipo también exploró la posibilidad de usar esta tecnología no solo para detectar, sino también para monitorizar la evolución de los pacientes. Al registrar datos cinemáticos a lo largo del tiempo, se podría comprobar si un tratamiento está teniendo efecto o si es necesario ajustarlo. De nuevo, la idea es aportar herramientas cuantitativas y objetivas que complementen la evaluación clínica.
"Los diagnósticos se basan en la observación del comportamiento y eso hace que requieran tiempo, profesionales muy bien entrenados y una buena disposición a colaborar, algo que no siempre es fácil con un niño"
José Ramón Alonso
En este sentido, el doctor Alonso añade: "El uso de biomarcadores cuantitativos y biometría nos debería permitir no solo un mejor diagnóstico sino también el seguimiento de la evolución de cada persona, lo que incluye valorar la eficacia de las terapias y tratamientos".
Como toda innovación, esta propuesta necesita aún ser validada en muestras más amplias y diversas. No obstante, los resultados actuales ofrecen una prueba de concepto robusta que podría revolucionar la forma en que se diagnostican los trastornos del neurodesarrollo, especialmente en edades tempranas. El uso combinado de sensores de movimiento y redes neuronales no solo permite ver lo que el ojo clínico no alcanza, sino hacerlo de forma rápida, estandarizada y reproducible.
Referencias
Khoshrav P.
Doctor, Chaundy McKeever, Di Wu, Aditya Phadnis, Martin H. Plawecki, John I.
Nurnberger Jr. y Jorge V. José. Deep learning diagnosis plus kinematic severity
assessments of neurodivergent disorders. Scientific
Reports (2025). DOI: 10.1038/s41598-025-04294-9.
FUENTE:
https://www.muyinteresante.com/ia/ia-diagnostico-autismo-tdah-15-minutos.html
Cuando el boletín académico no cuadra con
el esfuerzo del menor, hay que pararse a revisar varios aspectos
Carlota Fominaya. 24/06/2025
En no pocos hogares las notas de fin de
curso 2024-25 no han sido las esperadas. Tras muchos meses de esfuerzo personal
del menor y, en muchas ocasiones, económico por parte de las familias, los
padres refieren unas malas calificaciones. ¿Cómo afrontarlo? En principio,
apunta la psiquiatra, psicoterapeuta y directora del Instituto Psiquiátrico
Ipsias, Ana Isabel Sanz, «sugeriría evitar la crispación y responsabilizar al
estudiante tachándolo de 'vago', 'despreocupado', 'irresponsable' e 'incapaz'».
Porque, antes de sacar conclusiones sobre
los motivos de unos malos resultados académicos, prosigue Sanz, también
directora del departamento de Psiquiatría del Centro de Rehabilitación Dionisia
Plaza, «hay que sentarse a hablar y analizar dónde han podido surgir los
problemas y valorar el esfuerzo realizado, o admitir que este no ha sido el
suficiente. Ante una actitud dialogante, en lugar de un acercamiento
descalificador o amenazante, el estudiante no se cerrará en una postura
defensiva o incluso de mutismo, sino que se sentirá capaz de reflexionar sobre
lo que ha hecho y si ha sido suficiente, o transmitir si presenta dificultades
en su capacidad de sacar el máximo rendimiento al tiempo que dedica a las
tareas académicas».
En estos primeros momentos, más que
señalar el fallo, corrobora Beatriz Bacaicoa, profesora de Bachillerato del
Colegio Europeo de Madrid, «conviene revisar juntos el proceso, reconociendo el
esfuerzo y buscando, con calma, qué puede mejorarse. Cada estudiante –asegura
esta experta–, tiene su manera de aprender, y a veces lo que falla no es la
motivación ni el esfuerzo, sino la estrategia. «Algunos necesitan más
organización, otros trabajar en bloques cortos de tiempo, otros visualizar los
contenidos... Lo primero que hay que hacerse es una serie de preguntas: ¿Cómo
estudia? ¿Cuánto tiempo le dedica? ¿Qué le funciona y qué no? Y a partir de
ahí, ofrecer herramientas adaptadas a su estilo de aprendizaje. Porque una mala
nota puede ser una oportunidad para ajustar el enfoque, no una sentencia».
Otras cuestiones que hay que barajar es
«que no haya existido algún acontecimiento estresante que esté afectando la
concentración del menor en sus tareas escolares o que exista una limitación a
nivel cognitivo», señala Ana Belén Pardo Salamanca, directora de la
especialidad de orientación educativa del máster del profesorado en Universidad
Internacional de Valencia (VIU) y especialista en trastornos del
neurodesarrollo.
A partir de ahí, y una vez descartadas
estas posibilidades, continúa la docente de la VIU, «es importante observar si
el niño dedica mucho tiempo y esfuerzo a la realización de los deberes y al
estudio de las materias. Si, a pesar de esta entrega, los resultados siguen
siendo bajos y no se corresponden con el tiempo y la dedicación invertidos,
podríamos estar ante la posibilidad de un trastorno del aprendizaje», advierte.
En estos casos, apunta Bacaicoa, «lo
mejor es abordarlo desde una mirada integral, en colaboración con el
departamento de orientación. Hay señales que pueden indicar que algo más está
interfiriendo en el aprendizaje, y detectarlo a tiempo es clave para poder
ofrecer el acompañamiento. No se trata de etiquetar, sino de comprender qué
necesita ese alumno para poder desplegar todo su potencial». Pero es
fundamental, añade Pardo Salamanca, «averiguar qué le está ocurriendo e
intervenir lo antes posible, con el objetivo de evitar el fracaso académico y,
como consecuencia, un daño reseñable en su autoestima».
Una vez analizados si los métodos de
enseñanza, de evaluación o el estado emocional del estudiante suponen barreras
significativas, la siguiente consideración es, a juicio de la directora del
Instituto Ipsias, «considerar si hay problemas específicos (dislexia, Tdah...)
que obstaculizan la capacidad de aprendizaje de un determinado alumno».
Así, concluye esta psiquiatra, «ante
dificultades persistentes en el progreso académico de un niño, antes de pensar
en su incapacidad o una mala actitud conviene incluir entre las posibilidades
que se deben considerar dificultades específicas que van más allá de la
voluntad del menor y que requieren una evaluación y un abordaje especializado,
nunca una estigmatización. Cuanto antes se tomen medidas menor daño implicarán
para su desarrollo emocional».
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