TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

martes, 17 de mayo de 2022

CLAVES PARA DESARROLLAR EL AUTOCONTROL Y MEJORAR NUESTRO ESTADO EMOCIONAL

 

Es fundamental adquirir habilidades para lograr un control de impulsos de forma adecuada, porque de otra manera tendríamos graves dificultades para el desarrollo personal y para la convivencia en sociedad

BEATRIZ BENÉITEZ BURGADA. 18/03/2022

El autocontrol se define es una capacidad que tenemos las personas para regular de forma voluntaria nuestra propia conducta. Es fundamental adquirir habilidades para lograr un control de impulsos de forma adecuada, porque de otra manera tendríamos graves dificultades para el desarrollo personal y para la convivencia en sociedad.

Es cierto que algunas personas tienen un mayor autocontrol que otras y que determinadas condiciones, como por ejemplo el TDAH, implican una menor capacidad de autocontrol emocional, pero se puede trabajar para tenerlo siempre dentro de unos límites que nos permitan poder regular la impulsividad. De hecho, gracias a la plasticidad del cerebro, puede entrenarse con muy buenos resultados.

El autocontrol es un elemento básico de la inteligencia emocional

Uno de los expertos más reconocidos que ha abordado esta cuestión arrojando luz acerca de cómo contribuye al bienestar de una persona es Daniel Goleman, el afamado psicólogo y Doctor en Harvard autor del best-seller “Inteligencia emocional”. El investigador considera que el autocontrol es un elemento básico de la inteligencia emocional.

De hecho, explica cómo, cuando una persona tiene una conducta demasiado impulsiva, su calidad de vida se ve mermada, puesto que afecta gravemente a sus relaciones con los demás y acaban desarrollando problemas psicológicos, como problemas de autoestima, incapacidad de concentrarse, baja tolerancia a la frustración y un aumento de las posibilidades de desarrollar conductas de riesgo, entre otros problemas.

En este estudio llevado a cabo por expertos de la Universidad de Michigan y de Duke entre otras, se concluye que "la capacidad de controlar las propias emociones, pensamientos y comportamientos durante los primeros años de nuestra vida predice una variedad de resultados positivos posteriores". Como adultos, los niños con mejor autocontrol mostraban menos signos de envejecimiento en sus cerebros. Y además, tenían mejores resultados en su vida en lo que se refiere a carreras profesionales y hábitos de vida saludable.

Si bien, es cierto que existen determinadas circunstancias que pueden influir en nuestra capacidad de autocontrol, como puede ser el estrés y la ansiedad -que merman nuestra capacidad de controlar los impulsos- lo cierto es que se puede trabajar para fortalecer esta capacidad que tanto nos puede ayudar a conseguir nuestros objetivos en la vida.

Eso sí, es importante señalar que la impulsividad forma parte del criterio diagnóstico de trastornos englobados en el el DSM-5A, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, en el que se incluyen desde el Trastorno Límite de la Personalidad, de Ansiedad, el TDAH o los trastornos del neurodesarrollo.

Por este motivo, para descartar cualquier problema, cuando un niño, adolescente o adulto presenta problemas importantes en el autocontrol siempre debe acudir a un especialista para obtener un diagnóstico adecuado y un tratamiento médico que le ayude a trabajar con el problema. Pero también es cierto que en el día a día se pueden poner en marcha una serie de técnicas que nos pueden ayudar a controlar la impulsividad.

Normalmente, una persona suele presentar problemas de autocontrol en situaciones específicas que se repiten como un patrón

Normalmente, una persona que no sufre un trastorno médico, suele presentar problemas de autocontrol en situaciones específicas que se repiten como un patrón. Por eso, el primer consejo es identificar cuáles son esas situaciones. Generalmente son acontecimientos del día a día que producen reacciones desmesuradas en nosotros y despiertan emociones que nos desbordan.

En este caso es útil la técnica de visualización. Consiste en analizar el acontecimiento en otro momento diferente al que se produce, para intentar desde la distancia, observarlo desvinculándolo de la emoción. Así nos será más fácil identificar qué es exactamente lo que nos hace perder los nervios y no ser capaces de controlarnos.

Una vez identificadas las situaciones, debemos poner en práctica técnicas que nos ayuden a cortar de raíz las emociones que se desencadenan. Desde irnos a otro lugar que nos aleje del foco de conflicto, a evitar entrar en la conversación u otro tipo de técnicas de relajación como el control de la respiración.

Por ejemplo, una técnica es la de la llamada respiración resonante o respiración coherente, que nos ayuda a entrar en un estado de relajación. Para llevarla a cabo hay que acostarse y cerrar los ojos. Respirar suavemente por la nariz, con la boca cerrada, y contar hasta cinco segundos. El objetivo no es llenar del todo los pulmones, para luego exhalar lentamente durante cinco segundos. Después se cuenta hasta diez y se vuelve a repetir hasta que sintamos que hemos recuperado el control de nuestra mente.

FUENTE:

https://www.lavanguardia.com/vivo/psicologia/20220318/8134159/claves-desarrollar-autocontrol-mejorar-nuestro-emocional-nbs.html

IMAGEN: 

https://stock.adobe.com/es/images/self-control-black-vector-monoline-calligraphy-banner-with-swashes/488365382

domingo, 3 de abril de 2022

CÓMO CONTROLAR LAS EMOCIONES: 10 TÉCNICAS QUE FUNCIONAN

     


Pau Forner Navarro

Ya dijo Nietzsche que los pensamientos vienen cuando ellos quieren, y no cuando nosotros desearíamos.

Del mismo modo, tus emociones tampoco aparecen o desaparecen cuando tú lo decides. Pero, ¿es posible tener algún control sobre las emociones o debes resignarte a que dominen tus actos?

¿Alguna vez te has preguntado porque alguien es capaz de hablar en público sin aparentar nervios mientras que otra persona se viene abajo? ¿Por qué hay gente que en una discusión sucumbe a la ira mientras otros mantienen la calma?

Si bien tiene sentido que te sientas triste cuando te dan malas noticias, eso no significa que tu única opción sea quedarte llorando en un rincón (esa actitud probablemente te mantenga afligido durante más tiempo). Reconocer que estás triste a la vez que te fuerzas a ti mismo a hacer algo productivo te ayudará a sentirte mejor antes.

En este artículo voy a intentar desmitificar varias falsas creencias sobre la gestión de las emociones y darte las técnicas que se han demostrado realmente útiles para conseguirlo. Permanece atento porque alguna probablemente te sorprenda.

¿Decides tú cómo controlar las emociones?

Hay muchas teorías al respecto. Algunos psicólogos creen que tenemos el control total sobre nuestras emociones y otros creen que no existe ninguna posibilidad de controlarlas.

Sin embargo, hay investigaciones que concluyen que la forma en que interpretas tus emociones puede cambiar la forma como las vives. La forma en que reacciones frente una emoción en concreto condicionará cómo actúa sobre ti.

El orador que sufre frente la idea de hablar en público lo hace porque interpreta sus nervios como algo negativo, como una señal que le está enviado su cuerpo para que salga corriendo de allí.

Por otro lado, alguien que interprete esos mismos nervios como excitación y ganas de hacerlo bien probablemente tenga más éxito en su conferencia.

La moraleja es que tu cuerpo te proporciona la energía para hacer algo, pero cómo usar esa energía lo decides tú. Hay gente que paga dinero y hace horas de cola para subirse a una montaña rusa, mientras que otros no se subirían ni en sueños. Ambos sienten los mismos nervios, pero los interpretan de forma diferente: diversión frente terror.

Lo que ocurre cuando tus emociones se descontrolan

No puedes evitar sentir emociones. Las emociones están ahí porque tienen una función evolutiva, un sentido biológico de supervivencia. Si nuestros antepasados no hubieran sentido miedo delante de una manada de tigres, probablemente el ser humano no hubiera llegado hasta hoy en día.

La amígdala es la parte de tu cerebro encargada de disparar las emociones, como si fuera una respuesta automática en forma de agresión o huida frente una amenaza. Por eso es tan difícil controlar mediante la fuerza de voluntad el origen de tus emociones: significaría anular esta respuesta para la que estás programado genéticamente.

Este tipo de respuesta emocional es por lo tanto, necesaria. Sin embargo, en algunas personas no está correctamente regulada y puede ocurrir que:

Se dispare en situaciones donde no existe una amenaza real (provocando la ansiedad)

Sea incapaz de desactivarse con el paso del tiempo (como en la depresión). Por algún motivo, el cerebro entra en modo de supervivencia y se queda anclado ahí.

Cuando estás en fase de lucha-huida y la amígdala ha tomado el mando de tus actos, normalmente ya es demasiado tarde. Por eso debes aprender a actuar antes. Tienes que acostumbrarte a detectar aquellas señales que te indican que vas camino de no poder dominar tus emociones.

Esta es la única forma en que serás capaz de detener el proceso (o retrasarlo) antes de que sea demasiado tarde. Una vez las emociones te dominan, eres poco más que una bestia acorralada.

La verdad sobre las emociones negativas

La teoría más reciente es que existen 4 tipos de emociones básicas que han evolucionado hacia el resto de sentimientos más complejos. Estas emociones son enfado, miedo, alegría y tristeza.

Existen algunas situaciones a las que nunca podrás acostumbrarte. Si todo te va mal, difícilmente podrás dejar atrás la sensación de miedo o ansiedad. Sin embargo, las emociones positivas suelen desaparecer a lo largo del tiempo. No importa cuanto dinero te toque en la lotería o cuán enamorado estés: las emociones positivas como el placer siempre terminan disminuyendo.

De hecho, en un estudio se determinó que la emoción que dura más es la tristeza. En concreto, dura hasta 4 veces más que la alegría.

En base a este panorama parece realmente necesario poder gestionar la intensidad de tus emociones para no sufrir tanto. A continuación, encontrarás una lista de las técnicas que no han demostrado ninguna eficacia y las que sí.

Lo que no funciona para controlar tus emociones

Estas técnicas se han popularizado a través del boca a boca y mediante autores que no se han molestado en comprobar su base científica real. La utilidad de cada una de ellas para gestionar tus emociones es, cuanto menos, dudosa.

1. Intentar no pensar en lo que te preocupa

De la misma forma que intentar no pensar en un oso polar blanco provocará que termines pensando en él por un efecto rebote, en estudios como este se ha demostrado que es muy difícil apartar las emociones de nuestra cabeza.

En el caso de las personas deprimidas, a las que constantemente les asaltan pensamientos negativos, se ha comprobado que es totalmente contraproducente intentar suprimir esas ideas porque terminan regresando con más fuerza todavía.

2. Relajarte y respirar hondo…

Es habitual que nos recomienden relajarnos y respirar hondo cuando estamos enfadados o muy ansiosos. Proviene de una tradición casi ancestral, como la de respirar dentro de una bolsa de plástico en un ataque de pánico.

Pero hay un inconveniente. Respirar hondo e intentar modular el diafragma no suele funcionar porque el componente fisiológico de las emociones suele ser poco importante.

Piensa en ello. En la mayoría de las ocasiones en que te has enfadado mucho, por ejemplo, estabas tranquilo antes de volverte irascible. Probablemente tenías un buen día hasta que alguien te lo ha chafado, ¿me equivoco?

Si un estado previo de relajación no ha podido evitar que te enfadaras, ¿por qué la gente cree que puede conseguirlo una vez ya estés enojado?

¿Has recomendado alguna vez a alguien que se relajara cuando estaba enfadado? Te habrás dado cuenta de que no suele funcionar demasiado bien. Es como si en lugar de escuchar a quien cree que ha sufrido una injusticia le recomendases que se callara y se tomase un tranquilizante.

Con esto no quiero decir que emplear habitualmente técnicas de relajación sea malo. De hecho, meditar es bastante útil (lo verás más abajo). Pero intentar relajarse una vez te han invadido las emociones es ir a tratar el síntoma y no la causa.

3. Liberar la tensión por otras vías

Hubo un tiempo en que se pusieron de moda las actividades para liberar emociones. Talleres donde la gente se reunía para llorar o eventos donde directivos agresivos se ponían a romper platos.

Pues bien, resulta que los estudios psicológicos más recientes sugieren que este tipo de catarsis no funciona. Incluso puede ser negativa: sucumbir a la tentación de destrozarlo todo puede incrementar tu agresividad a corto plazo. Lo mismo ocurre con hacer ejercicio físico: aunque es bueno para tu corazón, no es capaz de tranquilizar tus emociones.

Las emociones no están contenidas dentro de nuestro cuerpo y necesitan salir como si fuéramos ollas a presión. Lo que necesitan es ser comprendidas para evitar que nos hagan daño.

4. Presionarte para tener pensamientos positivos

Hay un poco de controversia respecto el efecto de los pensamientos optimistas para regular las emociones. Si bien yo no diría que son capaces de hacerte pasar de un estado negativo a otro positivo, sí que pueden llegar a reducir la intensidad de una emoción negativa.

Las emociones se procesan casi en su totalidad a nivel inconsciente para luego pasar al terreno consciente, donde las percibes. Por este motivo, cuando eres consciente de ellas a menudo ya es demasiado tarde.

Sin embargo, buscar la parte positiva de cada situación sí que puede evitar que sigas auto-saboteándote. Si en lugar de pensar “No voy a poder con esto” empiezas a creer “Está complicado, pero lo puedo manejar” evitarás que tus emociones negativas se agraven.

Lo que sí funciona

La verdadera inteligencia emocional requiere que identifiques y entiendas tus propios estados de ánimo. Implica reconocer cuando y porqué estás enfadado, nervioso o triste, y actuar sobre las causas y no sólo los síntomas.

Sin embargo, en aquellas ocasiones en las que veas que irremediablemente te diriges hacia un estado emocional negativo, las siguientes técnicas pueden ser eficaces para detener o frenar esa reacción en cadena.

1. Intenta recordar tus virtudes y éxitos

La reafirmación en tus virtudes y puntos fuertes es una de las mejores estrategias para gestionar tus sentimientos. Consiste en pensar en lo que te ha provocado esa emoción pero reduciendo su significado negativo.

Ejemplo: en lugar de enfadarte porque has llegado tarde al trabajo puedes pensar que, dado que siempre llegas a tiempo, no es tan grave.

La gente con mayor control emocional utiliza la autoafirmación cuando la intensidad de sus emociones todavía es baja y tienen tiempo para buscar otro punto de vista de la situación. Curiosamente, se ha demostrado que esta estrategia funciona especialmente bien en las mujeres.

La próxima vez que sientas que pierdes el control sobre tus emociones, recuérdate a ti mismo aquellas cosas de las que te enorgulleces en tu vida.

2. Distrae tu atención hacia un asunto concreto

Las personas que mejor gestionan sus emociones también han aprendido a usar la distracción para bloquear sus estados emocionales antes de que sea demasiado tarde. Y parece que resulta muy eficaz cuando prevén que van a experimentar emociones intensas y no tienen suficiente tiempo para usar otras estrategias.

Como sabrás, una forma muy efectiva para calmar a un niño pequeño que no deja de llorar es desviar su atención. “¿Has visto el muñeco?” o “¿Qué tengo en la mano?” suelen disminuir su nivel de excitación si mantenemos su atención durante el tiempo suficiente.

La técnica de la distracción consiste en desvincularte de la emoción negativa centrando tu atención en pensamientos neutrales. De esta forma evitarás que la emoción coja demasiada intensidad.

Por ejemplo, si tu jefe cuestiona tu profesionalidad, en lugar de pensar que quizás termine despidiéndote podrías pensar en la celebración de cumpleaños que tienes el sábado. Es simple pero eficaz, tal y como se ha demostrado en varios estudios científicos.

Aunque a largo plazo probablemente no sea la mejor estrategia, la distracción funciona, especialmente si centras tu atención en algo concreto en lugar de dejar que tu mente vague.

3. Piensa en tu futuro más inmediato

Las emociones muy intensas pueden provocar que te olvides de que hay un futuro y que tus acciones van a tener consecuencias. Aunque en ese momento tan sólo seas capaz de vivir el presente y tu frustración, enfado o nervios te parezcan tan importantes, ¿seguirás sintiendo eso dentro de una semana?

Pensar en el futuro más inmediato es muy eficaz para mantener el autocontrol, tal y como se demostró en el experimento popularizado a través del libro Inteligencia Emocional. En él, los niños que resistieron la tentación de comer una golosina a cambio de recibir otra obtuvieron mejores resultados en los test escolares y mejores trabajos en los años venideros.

4. Medita habitualmente

La meditación ha demostrado científicamente su eficacia para prevenir los pensamientos negativos repetitivos y no sólo mientras meditas, sino también a largo plazo: es capaz de disminuir el nivel de activación de la amígdala de forma duradera.

La meditación también tiene estudios en la reducción de la ansiedad. En uno de ellos, cuatro clases de meditación de 20 minutos de duración fueron suficientes para reducir la ansiedad en un 39%.

Intentar relajarte sólo cuando te asaltan las emociones no es muy eficaz. Sin embargo, meditar de forma regular y respirar correctamente sí que pueden reducir la intensidad de las emociones negativas cuando estas aparecen.

5. Date permiso para preocuparte más tarde

Antes te he explicado que intentar suprimir una emoción o pensamiento provoca que vuelva de nuevo con más fuerza. Sin embargo, ¡posponerla para más tarde puede funcionar!

En un estudio se pidió a los participantes con pensamientos ansiosos que pospusieran su preocupación durante 30 minutos. A pesar de ser una forma alternativa de evitar pensar en algo, lo que se ha demostrado es que tras ese período de pausa las emociones regresan con una intensidad mucho menor.

Así pues, date permiso para preocuparte después de un tiempo de espera. Te preocuparás menos.

6. Piensa en lo peor que te puede pasar

¿Recuerdas la película Sin Perdón (Unforgiven) de Clint Eastwood?

En ella, el personaje de William Munny, pese a estar viejo y acabado, es el mejor pistolero del oeste. Y no lo es por su velocidad ni su puntería. Como él mismo dice, lo es porque cuando las balas empiezan a volar, él controla sus emociones y mantiene la calma.

Pero ¿cómo mantener la calma? Los samuráis y los estoicos se mantenían tranquilos incluso en las situaciones más dramáticas, ¿cómo lo conseguían?

Pues pensando en la muerte. Y mucho.

No quiero que te pongas dramático ni te vuelvas un gótico, pero pensar en lo peor que te puede pasar te ayudará a relativizar tus problemas y mantener el control.

7. Escribe un diario de tus emociones

La escritura expresiva consiste en escribir sobre tus pensamientos y sentimientos más profundos y ha demostrado ser eficaz tanto a nivel psicológico como físico (¡es capaz de acelerar la cicatrización de las heridas!)

Mantener una especie de diario emocional sobre lo que has sentido en algunas situaciones te ayudará a reducir la recurrencia de pensamientos negativos.

8. Tómate un respiro (y un refresco) para recuperar el autocontrol

Tu autocontrol no es infinito. De hecho, varias investigaciones indican que conforme te expones a situaciones y emociones, se va consumiendo.

Piensa en ello como hacer un sprint. Tras la carrera estás exhausto y necesitas tiempo para poder recuperarte antes de volver a correr. De la misma manera, si logras dominar tus emociones, evita volver a exponerte de nuevo a una situación tensa o será más probable que sucumbas.

Lo más sorprendente es que se ha demostrado que mantener el control consume glucosa, como si literalmente estuvieras haciendo ejercicio. Por lo tanto, para recuperar tu autocontrol tienes dos estrategias:

Tomar una bebida rica en azúcares (no es broma).

Usar la reafirmación positiva para poder gestionar de nuevo tus emociones (fuente).

La clave está en identificar cuándo tus niveles de autocontrol están bajos y evitar más situaciones emocionales mientas te recuperas.

9. Cuando todo falle, busca un espejo

¿Perdón? ¿Mirarse en un espejo? Sí, por muy sorprendente que parezca esta estrategia puede ser útil para aplacarte cuando estés furibundo.

Varios estudios han demostrado que cuando te ves a ti mismo reflejado eres capaz de observarte desde una perspectiva más objetiva y por lo tanto separarte durante unos instantes de tu emocionalidad.

Cuanto más consciente seas de lo que estás haciendo, más capacidad de controlar tus emociones tendrás. Y observarte en un espejo incrementará tus niveles de autoconsciencia y te ayudará a comportarte de forma más sociable.

10. Lo más importante: encuentra el motivo de tus emociones

A largo plazo la clave no está en luchar contra tus emociones, sino en reconocerlas y saber por qué te ocurren. Por ejemplo:

“Vale, no me gusta sentirme así pero ahora mismo tengo mucha envidia (reconoces la emoción) porque a Andrés le han felicitado por su trabajo y a mí no (reconoces el por qué).”

Lo importante es ser honesto contigo mismo sobre el por qué. No hagas como la mayoría e intentes engañarte. A menudo nos mentimos haciéndonos creer que estamos enfadados con alguien por su comportamiento y no porque le han dado el ascenso al que aspirábamos y eso ha afectado nuestra autoestima.

Conocer la verdad real de tus sentimientos te ayudará a tratar la causa.

¿La conclusión?

Si quieres aprender realmente cómo controlar tus emociones debes saber que no hay una solución única. Aunque también se ha demostrado que tu propio lenguaje corporal es capaz de influir sobre tus emociones, encontrar la estrategia más adecuada para regular los sentimientos negativos y entender su origen para tratar la causa es la única forma de evitar que tomen el control de nuestra mente.


Sobre Pau Forner Navarro

Introvertido apasionado por la psicología y comunicación interpersonal. Autor del bestseller Dirige tu vida (Ed. Planeta). Defensor del método empírico e investigador del comportamiento humano con 10 años de experiencia.

FUENTE:

https://habilidadsocial.com/como-controlar-las-emociones/

lunes, 24 de enero de 2022

Procrastinar. Retrasar el momento de hacer las cosas

 

https://www.youtube.com/watch?v=tXhz7yiqp-E





https://www.youtube.com/watch?v=NkQAmzLLJs0


Cómo no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Pautas para evitar posponer tareas importantes en el día a día

Elena Martín López. Madrid. Martes, 12 octubre 2021, 18:26

Ya lo dice el refrán: 'No dejes para más tarde lo que puedas hacer hoy'. Pero la realidad es que aquello que no nos resulta suficientemente atractivo como para emprenderlo en el momento pasa directamente al 'cajón' cerebral del 'ya lo haré luego'. O mañana, o pasado, o el próximo lunes, como nos pasa con las dietas, el deporte, los estudios o la declaración de la renta.

¿Por qué lo hacemos?

Al cerebro le cuesta centrarse en realizar tareas que le generarán satisfacción a largo plazo, así que las sustituye por acciones que le producen una gratificación inmediata (mirar redes sociales, comprar cosas 'online', chatear...). De lo que no se da cuenta es de que el tiempo que pierde en ello va en detrimento de la ejecución de las tareas importantes –explica Sandra Farrera, experta en Psicología Clínica y Forense y directora médica de Psicología de Top Doctors–.

Es lo que se conoce como procrastinación y ocurre, especialmente, cuando la actividad a realizar es nueva, requiere mayor esfuerzo de lo habitual o está sujeta a la valoración de otras personas. Así, «es más probable que posterguemos aquello que es novedoso, que no hemos elegido hacer por placer, que nos aburre o que nos genera dificultad, miedo, vergüenza o ansiedad, frente a aquello que nos place y nos motiva», expresa María Victoria Sánchez López, directora en Grupo Laberinto Psicoterapia para la Salud, en Madrid.

¿Y quién es más propenso a procrastinar? 

Los estudios no son concluyentes, pero sí hay algunas teorías al respecto. Por ejemplo, se sabe que «el cerebro de la mujer tiene tendencia a realizar muchas más cosas a la vez que el del hombre, por lo que le es fácil no postergar tanto las tareas, especialmente si esa acción va dirigida a otras personas», comenta Farrera.

Extrovertidos y perfeccionistas

Asimismo, sostiene que «las personas con rasgos obsesivos y perfeccionistas no procrastinan tanto cuando conocen bien la tarea a realizar, y la ejecutan antes que otros individuos cuando es una actividad novedosa, aunque también les lleva más tiempo». Sin embargo, cuando es una labor por la que serán juzgados, «tienden a retrasarla por miedo a la crítica y el rechazo», agrega Sánchez.

El carácter también influye. «Las personas extrovertidas posponer y postergan más habitualmente situaciones. Son dopaminérgicas, es decir, buscan hacer primero aquello que les genera placer e inmediatez, por lo que su procrastinación es mayor que la de las personas introvertidas, que suelen ser más reflexivas y con tendencia a seguir un proceso de trabajo que les haga sentirse bien con el esfuerzo realizado», declara Farrera.

Ella considera, además, que «en las nuevas generaciones hay mayor procrastinación, por las interferencias constantes que proporciona la tecnología». Sánchez, en cambio, no lo tiene tan claro: «En las familias, con frecuencia, hay un sesgo de memoria por el que los adultos se recuerdan en la adolescencia más responsables y organizados que sus hijos menores ahora y piensan que procrastinan más de lo que lo hacían ellos».

«Creencias adquiridas como 'tengo que hacerlo perfecto' o 'no soy capaz', influyen en la procrastinación»  Mª Victoria Sánchez López. Psicóloga

A pesar de todo, recuerda que cada persona tiene una historia y que esta dificultad puede tener orígenes y consecuencias diversas. «A veces el motivo es que invertimos mucho tiempo en otras tareas, como el trabajo, los estudios o mantener a raya a personas, pensamientos, sensaciones o emociones tóxicas, todo lo cual puede dejarnos sin energía que dedicar a otras cuestiones, como las gestiones del banco o el cuidado de la casa», asegura.

Y añade otra variable: la educación. «Lo que hemos aprendido desde pequeños en nuestro entorno nos lleva a repetir ciertas conductas y a tener determinadas creencias como 'tengo que hacerlo perfecto' o 'no soy capaz', que influyen mucho en nuestro desarrollo como adultos», dice.

Sea como fuere, el retraso que conlleva la procrastinación deriva en nerviosismo, culpabilidad, posible baja autoestima, bajo concepto, frustración y pérdida del control del tiempo, lo que puede repercutir en la calidad del trabajo que se hace a última hora. De ahí la importancia de prevenirlo. Las expertas nos dan algunas claves para conseguirlo:

El autocuidado

«En primer lugar, hay que identificar el origen de esta actitud (saturación, perfeccionismo, bloqueo, falta de energía…). Después, determinar la motivación para realizar las actividades (lo hago 'porque es bueno para mi salud', 'porque es importante para mi hijo', 'para evitar problemas laborales'…). Además, es muy importante saber cuáles son mis necesidades (por ejemplo, si necesito descansar más, comer mejor…) y poner límites cuando sea oportuno (decir que no a determinadas propuestas o actividades). Esto previene la saturación mental que a veces lleva a la inactividad y mejora el rendimiento», sugiere Sánchez, quien también recomienda calendarizar las tareas, priorizando lo urgente y lo importante, y valorar si hay un exceso de estas.

Técnica "Solo unos minutos"

Propuesta por la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik, parte de la idea de que a nuestro cerebro no le gusta dejar las cosas a medias. Es decir, cuando empezamos una actividad, nuestro sistema nervioso experimenta una activación cerebral semejante a la ansiedad que solo desaparece cuando damos por finalizada la tarea. Su sugerencia, pues, es centrarse unos minutos en la labor que queremos emprender. Así crearemos la ansiedad positiva suficiente para querer finalizarla.

Técnica "Pensamiento doble"

Diseñada y desarrollada en la Universidad de Pensilvania (EE UU), sugiere anotar en un papel dos beneficios evidentes que nos reportará llevar a cabo el proyecto que queremos hacer y dos obstáculos que podemos encontrar al ejecutarla. «La fórmula es conseguir un equilibrio para motivarnos, porque si solo vemos la parte buena, o únicamente la mala, no obtendremos realmente el éxito esperado», declara Farrera.

Si ninguna de estas herramientas nos funciona y la procrastinación nos supone una fuente de estrés o problemas crónicos las especialistas sugieren consultar con un profesional de la psicología.

FUENTE:

https://www.elcorreo.com/vivir/tendencias/procrastinar-para-manana-20211013115240-ntrc.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.elcorreo.com%2Fvivir%2Ftendencias%2Fprocrastinar-para-manana-20211013115240-ntrc.html

miércoles, 29 de diciembre de 2021

El gobierno de García-Page da la espalda a las asociaciones de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) de Castilla-La Mancha al denegarnos la subvención sociosanitaria de 2021

 

La subvención sociosanitaria en Castilla-La Mancha, es una de las dos subvenciones a las que las asociaciones TDAH podemos acceder, las cuales nos proporcionan los recursos económicos necesarios para impartir los tratamientos psicoterapéuticos básicos durante todo el año a los afectados y afectadas.

Se supone que los proyectos que se presentan en la subvención sociosanitaria, deben ser realizados a lo largo del año en curso. En este 2021, la subvención sociosanitaria se publicó el pasado mes de septiembre 2021, recibiendo la resolución provisional en el mes de noviembre y la definitiva el 28 de diciembre. En el caso de que la subvención sea concedida, una vez conocida la resolución definitiva, apenas quedan unos días para desarrollar los proyectos sociosanitarios presentados. Al ser materialmente imposible realizar el programa de un año en tres días, las asociaciones se ven obligadas a devolver o rechazar la subvención conseguida. La alternativa es que las asociaciones se arriesguen y realicen los proyectos solicitados desde el inicio del año sin conocer si la Consejería aprobará el proyecto presentado. Sin embargo, si finalmente la Consejería de Sanidad deniega la subvención, las asociaciones se quedan con deudas importantes al no disponer de otros ingresos alternativos para afrontar los pagos, y habiendo realizado las actividades ya desde principios de año.

Las grandes asociaciones, que tienen recursos tanto económicos como profesionales, pueden comenzar a realizar sus actividades desde el inicio de año, con independencia del resultado de la resolución. Además, como tienen profesionales especializados en presentar este tipo de proyectos, tienen la certeza de que la resolución resultará favorable. Por otra parte, y debido a la gran presión social que estas asociaciones pueden ejercer a través de sus votos y asociados, el gobierno no se atreve se lo piensa muy mucho antes de denegar la subvención a estas entidades.

En cambio, las asociaciones pequeñas y sin recursos deben esperar a conocer la resolución de concesión para realizarlas. Si, como en este año, la publicación se hace en septiembre y la resolución final el 28 de diciembre, está claro que no queda tiempo para ejecutarlo, pues debe realizarse antes de final de 2021.

Estamos ante una situación absolutamente injusta y discriminatoria, y así se lo hemos expuesto al Gobierno de Castilla La Mancha solicitando una reunión urgente para exponer nuestra situación. A fecha de hoy se nos ignora y no hemos obtenido ninguna respuesta.

La mala gestión de la Junta de Castilla-La Mancha y las prisas por justificar que la subvención se ha publicado en 2021, tiene como resultado endurecer las condiciones de la subvención y publicarla en el último trimestre. Hay que añadir que, en esta convocatoria, tampoco se ha permitido rectificar los proyectos, lo cual nos facilitaba poder modificar los errores detectados para, finalmente, poder acceder a estas subvenciones.

En el mes de diciembre, en el que se celebra el Día de la Discapacidad y sin esta subvención, el gobierno de García Page y la Consejería de Sanidad condenan a nuestros hijos/as con TDAH a convertirse en discapacitados y sin un futuro sociolaboral en la edad adulta, al no recibir las terapias que el TDAH requiere. La resolución denegatoria de la subvención sociosanitaria se ha recibido el día que sale en prensa que el gobierno de García Page desembolsó el pasado mes de noviembre más de 18.000€ para patrocinar el cumpleaños de la marquesa Tamara Falcó.

La Junta de Castilla-La Mancha debería ser la que proporcionara estas terapias incluyéndolas en las consultas de Salud Mental, con la frecuencia y calidad necesarias para ser eficaces. Pero es evidente que la Consejería de Sanidad no podría realizar estos tratamientos terapéuticos con las insuficientes cantidades económicas que nos conceden a las asociaciones en las subvenciones.

En 2017, las asociaciones TDAH de Castilla La Mancha conseguimos que se publicara un Protocolo de Coordinación para el TDAH, en el que intervinieron las Consejerías de Sanidad, Educación y Bienestar Social. Fue un importante logro para el TDAH y para el Gobierno del Sr. García Page, ya que Castilla-La Mancha era de las pocas comunidades que no disponía de protocolo.

En la actualidad, el protocolo no tiene seguimiento por ninguna de las consejerías, ni ha sido actualizado. Los objetivos que se pretendían conseguir, una coordinación y comunicación fluida, fundamentalmente entre el ámbito sanitario y educativo, no está funcionando. Ahora, somos conscientes de que sólo fue una oportunidad para hacerse una foto a costa de los cientos de familias afectadas por el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, en el que la corteza prefrontal del cerebro se ve afectada, con el consiguiente deterioro de las funciones ejecutivas, indispensables para poder llevar a cabo una vida normal, autónoma e independiente. Sin el tratamiento cognitivo-conductual el TDAH se asocia al fracaso escolar, a la dificultad para mantener relaciones sociales y familiares, al riesgo de conflictos y delitos, de abuso de sustancias, difícil acceso a la vida laboral, con un impacto muy negativo en la vida del que lo padece y de aquellos que lo rodean. El coste social de este recorte se promete inasumible para la sociedad y para nuestras familias.

viernes, 26 de noviembre de 2021

ALGUNAS RECOMENDACIONES PARA EL TDAH

Los menores con diagnóstico de TDAH tienen dificultades principalmente de atención y funciones ejecutivas que en ocasiones afectan a la regulación emocional y conductual. Compartimos unas pautas para las dificultades de atención, funciones ejecutivas y regulación emocional -conductual que pueden resultar de ayuda a familias y centros educativos con menores diagnosticados de TDAH.

 


Algunas recomendaciones para la atención

Utilizar instrucciones breves y sencillas y asegurar su comprensión. Por ejemplo, pedirle que nos explique qué tiene que hacer en una tarea justo después de contárselo.

Supervisar el inicio y el fin de las tareas y actividades cotidianas de forma habitual, sobre todo en niños/as con baja autonomía.

Crear un entorno libre de distractores, especialmente cuando tiene que hacer una actividad que requiere atención-concentración realizando un control de estímulos.

Dar las tareas de una en una.

Procurar que el compañero de clase sea un modelo de trabajo.

Realizar preguntas de forma frecuente para facilitar el seguimiento de instrucciones verbal.

Simplificar enunciados e instrucciones verbales, eliminando la información no necesaria.

Usar señales visuales que destaquen lo más relevante en la información escrita.

Animarle a repasar las tareas realizadas.

Supervisar que apunta la información importante en tareas demandadas.

Evitar períodos largos de sobre-estimulación atencional (ejemplo: videojuegos).

Establecer un tiempo limitado para la realización de actividades que requieran un esfuerzo mental sostenido para evitar la sobrecarga en el menor.

Algunas recomendaciones para las funciones ejecutivas

Subdividir, en la medida de lo posible, las tareas, actividades o trabajos de larga duración para mejorar la eficacia en la ejecución de las mismas.

Favorecer que el niñ@ tenga acceso a: horarios, normas, asignaturas, tareas pendientes … de forma visual y sencilla para favorecer su organización.

Uso de autoinstrucciones verbales o visuales según el perfil de aprendizaje de aprendizaje del menor para afrontar tareas que requieran un esfuerzo cognitivo o varios pasos para facilitar la consolidación de aprendizajes en todos los contextos que se desenvuelve el menor.

Evitar cambios frecuentes de ubicación asociado a una actividad para facilitar su ejecución y organización.

Asegurar una correcta gestión del tiempo, proponiendo señales de alarma que avisen del fin de una actividad sin extender el tiempo para evitar la percepción del niñ@ de que siempre está realizando tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.

Algunas recomendaciones para regulación emocional y conductual

Anticipar las normas, es decir, lo que está permitido y lo que no, así como las consecuencias que tendrán las diferentes conductas en formato visual y verbal.

En estados emocionales más desbordados permitir al niño realizar una actividad agradable de forma individual para que aprenda a calmarse durante un tiempo máximo de 15 minutos.

Reforzar el estado emocional y conductual cuando éste sea adecuado al contexto, reforzando la existencia de emociones positivas ajustadas.

Identificar las señales de alerta que avisan de un desbordamiento emocional o conductual de forma proactiva para evitar explosiones conductuales.

Usar un diario de emociones para que el niño aprenda a expresar emociones de una forma asertiva.

Anticipar los cambios en la rutina para evitar episodios de desregulación emocional.

Usar guiones sociales con autoinstrucciones verbales o visuales detallando la conducta deseada en situaciones novedosas.

Entrenar en técnicas de relajación infantil para facilitar estrategias de regulación.


El uso de las recomendaciones anteriormente descritas facilita el día a día de los menores con TDAH y por este motivo las compartimos para que sirvan de ayuda a familias y centros educativos con motivo de su día.

Equipo Clínico-Clínica NeuroKiD

FUENTE:

https://www.neurokid.es/es/saber-mas/dia-del-tdah-en-espana/

miércoles, 6 de octubre de 2021

Gestión emocional: el cerebro en la palma de mi mano





https://www.youtube.com/watch?v=WHX8Fb4S_yA

Estos videos explican el modelo de Daniel J. Siegel, de su libro "El cerebro del niño":

https://www.educaciontrespuntocero.com/recursos/neuroeducacion-cerebro-triuno/


El juego entre el cerebro instintivo-emocional y el cerebro racional

¿Por qué nos comportamos como nos comportamos? ¿Por qué repetimos conductas que sabemos nos hacen daño o hacen daño a otro? Detrás de toda conducta humana, hay un cerebro. Un cerebro, cuya función principal es velar por la supervivencia individual y de grupo. El sistema instintivo emocional (cerebro reptiliano y cerebro límbico) es la parte del cerebro que se encarga de esta función, dando lugar a conductas impulsivas, inconscientes, automáticas y rápidas, en ocasiones, dañinas. La neocorteza (en concreto, los lóbulos prefrontales) es la parte del cerebro que se encarga de las conductas más reflexivas y humanas. Pero esta zona necesita más tiempo para analizar toda la información entrante. Por lo tanto, para que la neocorteza guíe nuestras conductas es imprescindible educar al cerebro y dotarle de herramientas que le permitan modular y gestionar los primeros impulsos procedentes del sistema instintivo emocional. Todo educador (padres, profesores, pediatras) debe conocer cómo funciona el cerebro para así dotar al niño de habilidades socioemocionales que le permitan actuar bajo el mandato de los lóbulos prefrontales.

El cerebro triuno

Para poder comprender las causas biológicas de la conducta humana es preciso entender cómo está estructurado el cerebro desde el punto de vista evolutivo. En 1950, el neurocientífico Paul MacLean desarrolló la teoría del cerebro triuno, que explica que el cerebro humano actual está formado por la superposición evolutiva de tres cerebros. Estos “tres cerebros en uno” no trabajan de manera independiente, sino que el cerebro funciona en red; las tres zonas están interconectadas.

El cerebro más primitivo o la primera capa es el cerebro instintivo o reptiliano (ocupa el 5% del volumen cerebral). Incluye el tronco del encéfalo, el cerebelo y el sistema reticular. Es el responsable de todas las funciones vitales y automáticas del organismo como la respiración, los latidos cardiacos, la digestión…

Por encima de este cerebro, se desarrolla el cerebro de los mamíferos inferiores, el cerebro emocional o sistema límbico (10% del volumen cerebral). Está constituido por la amígdala, el núcleo accumbens, el hipocampo, el tálamo e hipotálamo. Es el centro de la emotividad. Todo lo que ocurre en el medio exterior es procesado en el cerebro límbico, dándole el matiz emocional.

Tanto el cerebro emocional como el cerebro reptiliano trabajan juntos para garantizar la supervivencia. Hablamos así del sistema instintivo-emocional. Las conductas guiadas por este sistema se caracterizan por ser rápidas, inconscientes, automáticas e impulsivas. Según, si la experiencia es codificada como amenazante o dolorosa, o como placentera y beneficiosa, da lugar a conductas de tipo ataque-huida en el primer caso o de acercamiento-repetición en el segundo.

La última capa, el cerebro cognitivo-ejecutivo o neocorteza (85% del volumen cerebral) se encuentra en el cerebro de los mamíferos superiores (los homínidos). La neocorteza es el asiento del pensamiento. Se activa siempre después que el sistema instintivo-emocional, es de acción lenta y da lugar a conductas reflexivas y conscientes. 

El área que nos diferencia de las otras especies, y nos hace realmente humanos son los lóbulos prefrontales. Son los responsables de las funciones cognitivas ejecutivas superiores: razonar, pensar, evaluar, vetar impulsos emocionales, tomar decisiones, hacer planes, trazar estrategias, autoobservación, automotivación, lenguaje. Es el área responsable de nuestra inteligencia emocional ya que posee la capacidad de frenar los instintos emocionales perjudiciales, moderarlos, llevándolos de la expresión más primitiva hacia la más humana. 

Si los lóbulos prefrontales posibilitan la neuromodulación de las respuestas emocionales, ¿por qué seguimos presentando conductas propias del sistema instintivo emocional?

A pesar de ser el neocórtex mucho mayor en volumen que el sistema instintivo emocional, tiene menos poder que este último a la hora de controlar nuestras conductas, dando lugar a comportamientos impulsivos, de los cuales, en muchas ocasiones, nos arrepentimos. 

¿Cómo ocurre esto? Existen varios motivos que justifican nuestras conductas automáticas, impulsivas e inconscientes.

En primer lugar, los niños: ¿cómo se desarrolla el cerebro del niño?

Desde el nacimiento y durante los primeros tres años de vida, el sistema instintivo emocional se encuentra muy desarrollado, no así el sistema cognitivo ejecutivo. Más concretamente, hasta el año de vida, el cerebro que rige la conducta del niño es el cerebro reptiliano. Actuará con el objetivo de cubrir sus necesidades básicas de hambre, frío, sueño… En este nivel, poco sirve razonar con el bebé que llora ya que no tiene desarrollado su parte racional. Solo queda ir satisfaciendo sus necesidades.

A partir del primer año, la parte emocional del cerebro convive con la reptiliana. La conducta del niño viene entonces guiada por este sistema, buscando en todo momento satisfacer sus necesidades de amor y seguridad, además de sus necesidades básicas. En este momento, se trata de conectar con el sistema instintivo emocional del niño a través de los límites, las normas, el afecto, la presencia.

Alrededor del tercer año de vida, el cerebro racional cobra cada vez más protagonismo en la vida y en las conductas del niño. Es entonces capaz de frenar los impulsos emocionales perjudiciales del sistema instintivo emocional. Algunos estudios demuestran que en niños de cinco años ya se han desarrollado, parcialmente, algunas funciones ejecutivas como son la memoria de trabajo, la inhibición y la flexibilidad cognitiva. 

Pero los lóbulos prefrontales no terminan de madurar hasta los 20-25 años, por lo que todavía necesita al adulto como guía de sus conductas. Alicia Risueño e Iris Motta explican en su libro “Trastornos específicos del aprendizaje”: “El desarrollo cerebral depende de procesos lentos y continuos de intercambio con el medio y consigo mismo. Las conductas resultantes estarán acordes a ese desarrollo cerebral. Es así que la función ejecutiva, que requiere de una maduración del lóbulo prefrontal y sus múltiples conexiones corticosubcorticales, no se manifestará de modo óptimo hasta la edad adulta. Es por ello que en la infancia el autocontrol depende de otro que cumpla con la tarea ordenadora de la conducta, hasta tanto se desarrollen las bases neurofuncionales necesarias. La existencia de ese otro es lo que facilita que esas bases neurofuncionales se desarrollen”. El niño necesita de un adulto que le sirva de modelo para ir aprendiendo, poco a poco, a gestionar esos impulsos emocionales. El adulto en este caso, se convierte en “sus lóbulos prefrontales” todavía no completamente formados.

En segundo lugar, los adultos

La principal función de nuestro cerebro es asegurarnos la supervivencia. Nuestro cerebro actual es el mismo que tuvo el primer Homo sapiens sapiens en la sabana africana hace aproximadamente 200 000 años atrás. Viene, por lo tanto, preparado para responder y sobrevivir en ese medio en el que un león podía atacar en cualquier momento. 

A día de hoy, el estrés no viene generado por leones sino por cualquier situación (real o imaginaria) que el cerebro interprete como amenazante, ya no solo para la vida, sino para la identidad individual o de grupo: un atasco, estar en paro, llegar tarde, un examen, hablar en público… Ante un estímulo externo de este tipo, la información ingresa al tálamo a través de los sentidos. Desde el tálamo, la información llega en 125 ms a la amígdala (área del sistema instintivo emocional), donde es codificada como amenazante, placentera o neutra.

En el primer caso, una situación codificada como amenazante, se enciende la señal de alarma a nivel cerebral y se activa el sistema nervioso simpático, lo que produce un “rapto emocional” en el que los centros frontales son inhibidos, paralizados y anulados y el sistema instintivo emocional toma el mando de la situación dando lugar a conductas reactivas, impulsivas, automáticas, inconscientes de tipo ataque o huida. 

Este circuito neurológico es el que se encuentra detrás de las conductas agresivas (bullying, asesinato, peleas, maltrato físico o verbal). Si en ese momento, por aprendizaje, en vez de reaccionar, respiramos o contamos hasta diez, por ejemplo, damos tiempo a que la información llegue a través del camino largo (explicado con posterioridad) a los lóbulos prefrontales, donde será evaluada y modulada, dando lugar a una respuesta reflexiva y consciente.

En el segundo caso, una situación placentera, activa, entre otras áreas, el núcleo accumbens, área ligada al sistema cerebral de búsqueda y obtención de recompensa, que también es vital para garantizar nuestra supervivencia. De esta forma, la excitación del núcleo accumbens produce la liberación de dopamina, neurotransmisor relacionado con el deseo y la motivación, conformando así un poderoso circuito de placer que lleva a la necesidad imperiosa de querer repetir la conducta inicial. Conductas como comer, el deseo de chocolate, el sexo, las compras, el salto en caída libre o la adicción a drogas vienen justificadas por este circuito.

Tras 500 ms, la información, a través del camino largo, llega del tálamo a la corteza cerebral o neocórtex. A este nivel existen dos opciones si tenemos en cuenta la teoría del neurocientífico Gazzaniga. Esta teoría, fundada en varios experimentos explica que el cerebro humano (el hemisferio izquierdo, para ser exactos) contiene un “intérprete”, esto es, un grupo de redes neuronales especializado en dotar de sentido y coherencia a las conductas inconscientes y automáticas del sistema instintivo emocional. Es capaz de justificar cualquier tipo de conducta, incluso a costa de inventar parte de la historia. La existencia del “intérprete” demuestra la necesidad que tenemos de convencernos y de convencer a los demás de la coherencia de nuestros actos impulsivos, automáticos e inconscientes. Se trata de una herramienta humana muy potente, que nos hace estar seguros de lo que decimos, pensamos y hacemos. Si no conocemos esta capacidad del lóbulo prefrontal izquierdo, creeremos que siempre actuamos correctamente, y que siempre tenemos razón, sin margen de duda y sin posibilidad de cambio.

La segunda opción y la más humana es aquella en la que los lóbulos prefrontales realizan una evaluación reflexiva y ponderada de todos los datos, frenando o moderando los impulsos emocionales automáticos perjudiciales procedentes del sistema instintivo emocional, integrando el razonamiento con la emoción, dando lugar a respuestas conscientes más humanas. Esta capacidad de los lóbulos prefrontales de modelar las respuestas instintivo emocionales se denomina inteligencia emocional.

Un cambio de paradigma

A fin de facilitar todo este enredo cerebral, podemos resumir hablando de dos tipos de conducta. La conducta reactiva o defensiva que viene gobernada por el sistema instintivo emocional (amígdala en caso de amenaza y núcleo accumbens en caso de placer). Se trata de una conducta impulsiva, inconsciente y automática. De forma muy habitual, nuestro lóbulo prefrontal izquierdo, gracias al “interprete”, es capaz de justificar este tipo de conductas, a veces, injustificables, para así mantener la coherencia entre lo que hacemos y lo que pensamos. El segundo tipo de conducta es la respuesta humana, reflexiva y ponderada. Esta viene gobernada por la corteza cerebral y más concretamente por los lóbulos prefrontales.

Por desgracia, el tipo de conducta que predomina en nuestra sociedad a día de hoy es la reactiva. Y esto se debe en parte al estilo de vida que llevamos en el que el estrés, las prisas, la búsqueda rápida y fácil de resultados, la competitividad, el querer llevar la razón a toda costa, el rencor y el resentimiento nos rodean constantemente. También la educación tiene parte de responsabilidad: niños a los que se compara constantemente con un hermano o un amigo que come mejor que él o que recoge mejor que él, niños a los que se etiqueta dañando su autoconcepto en lugar de reprender las conductas inadecuadas, niños en los que se prioriza el resultado y no el esfuerzo, en los que el error es castigado…

La buena noticia es que la capacidad de los lóbulos prefrontales de modelar las respuestas instintivo emocionales es una habilidad educable y entrenable. Por este motivo, tanto los padres como los docentes, los médicos y educadores en general, deben tener conocimientos básicos de neurociencias, para así conocer su propia mente y el origen de sus conductas y el de los demás. Este conocimiento permite elegir libremente cómo actuar sin dejarse llevar por el primer impulso, evitando así consecuencias indeseables. 

Los educadores podrán, de esta forma, dotar de herramientas a los niños para favorecer su auto observación, y su autoconocimiento y así, convertirse en dueños libres de sus conductas y decisiones, sin automatismos ni justificaciones. El famoso psiquiatra y neurólogo Victor Frankl, en su libro “El hombre en busca de sentido”, ilustra esta idea: “Entre el estímulo externo y nuestra consiguiente reacción hay un espacio en el que podemos elegir dar la respuesta que más nos favorezca”.

Pasaríamos entonces de un mundo reactivo dominado por el sistema instintivo emocional que busca defenderse, tener razón, atacar o huir a un mundo proactivo en el que el objetivo principal no es la supervivencia sino ser feliz. Se produciría un cambio de paradigma, un cambio en la manera en la que se ve, se comprende y se actúa en el mundo. Un mundo de abundancia en el que los conflictos se resolverían bajo el lema “gana-gana” (se busca una solución en el que ambas partes ganan) en lugar de un mundo de escasez, donde el lema es “gana-pierde” (gana el más fuerte física o mentalmente) o “pierde-pierde” (al final, los dos pierden).

Existe un cuento en el que un anciano indio instruye a su nieto sobre la vida. Le dice: “Dentro de mí hay una lucha. Hay una lucha tremenda entre dos lobos. Uno de ellos siempre da problemas. Muchas veces es antipático, se enfada enseguida, es impaciente, celoso y codicioso. También es dominante, siempre quiere estar en primer plano. Y si el otro no lo acepta, toma el papel de víctima o se enfada. En realidad, nunca escucha de verdad, piensa que siempre tiene razón, que todo lo sabe mejor que nadie y se siente superior. El otro lobo es bueno. Es paciente, escucha atento antes de contestar. Es sincero, claro, cuidadoso y amable. Además, tiene sentido del humor y acepta las situaciones tal y como se presentan. Es alegre, le gusta ver lo bueno que hay en los demás y nunca te critica. Puedes confiar en él”. El nieto pregunta: “Abuelo, ¿dime cuál de los dos lobos va a ganar la pelea en tu corazón”. El abuelo contestó: “Aquel que yo alimento”. Aquello que alimentas crece. ¿A qué lobo alimentamos más? ¿Al que fomenta conductas reactivas o al que quiere ser feliz? Es nuestra responsabilidad. ¿Quién dejamos que dirija nuestra vida? ¿Al sistema instintivo emocional o a los lóbulos prefrontales? A través del conocimiento, la educación, la práctica, paciencia y perseverancia podemos aprender a no responder de manera automática a las órdenes del sistema instintivo emocional y a hacer una pausa, para dar tiempo a los lóbulos prefrontales a tomar una decisión proactiva, consciente y más humana. Cambiar un hábito no es sencillo, pero gracias a la neuroplasticidad es posible. ¡Merece la pena el esfuerzo! Se trata de ser más feliz y de contagiar esa felicidad a todos los que nos rodean…

¿Cómo las familias, los docentes o los pediatras pueden transmitir todo este conocimiento a los niños?

¡A través del juego! Dibujamos un cerebro en un folio y pegamos un velcro en la zona del sistema instintivo emocional y otro en la zona de los lóbulos prefrontales.

Elegimos, entre todos, los distintos personajes que gobiernan nuestra mente (la amígdala, el núcleo accumbens, el intérprete, los lóbulos prefrontales) a los que pegamos también un velcro por detrás.

Cada vez que, en el aula, en la familia o en la consulta del pediatra, surge una situación conflictiva, dudosa, difícil de resolver, sacamos el folio del cerebro y, entre todos, decidimos quién está dirigiendo esa conducta complicada. Pegamos, entonces, al personaje protagonista (amígdala, núcleo accumbens, intérprete o humano) en la zona cerebral que está guiando la conducta (sistema instintivo-emocional o sistema cognitivo). Esto nos permite hacernos conscientes de cómo nuestra mente está dirigiendo nuestra vida y nuestras conductas. Podemos entonces decidir, libremente y proactivamente, si mantener esa conducta o buscar una más humana. Hace falta poner en marcha nuestros lóbulos prefrontales más humanos y nuestra creatividad para encontrar una. Pero en equipo siempre es más sencillo.

Con la repetición de este juego, esta forma de pensar se acaba convirtiendo en un hábito, en algo automático. De esta forma, conseguimos que nuestras conductas acaben siendo dirigidas, de forma casi automática, no por el sistema instintivo-emocional, sino por los lóbulos prefrontales, nuestra parte más humana.

FUENTE:

https://archivos.pap.es/Empty/PAP/front/Articulos/Imprimir/_OrCjUxDG4croFblaIuWJH1qSGpsUVUeufocZjqXlC54

lunes, 27 de septiembre de 2021

LOS NEUROTRANSMISORES: EL TDAH NO ES UN PROBLEMA EDUCATIVO

 https://www.youtube.com/watch?v=DyBC81IpvAw

¿Quieres saber a qué se deben los síntomas del TDAH? No, no es un problema educativo, no es un problema de aprendizaje y tampoco es pura vagueza de tu hijo. Todo depende del funcionamiento de tres neurotransmisores. ¿Quieres saber cuáles? Quiero que te quede claro qué son los neurotransmisores y que el TDAH no es un problema educativo.

En este post te vamos a explicar cuáles son los tres principales neurotransmisores implicados en el desarrollo del TDAH, cuál es el fallo que presentan y lo más importante: la forma de solucionar su mal funcionamiento.

Los neurotransmisores y el TDAH

Los tres principales neurotransmisores implicados en el desarrollo de los síntomas típicos del TDAH son tres:

La dopamina

La noradrenalina

La serotonina

La dopamina es la sustancia de nuestro organismo más estrechamente relacionada con las sensaciones de placer, bienestar y recompensa. Cualquier cosa que nos haga sentir bien lo hace subiéndonos la dopamina, y al revés, también. Estos mecanismos están muy relacionados con los procesos de motivación.  En el TDAH, la dopamina no ejerce bien su función y precisamente por ello aparecen sensaciones de desmotivación, falta de interés y desgana en general.

De hecho, una de las quejas más frecuentes de las familias que veo en la consulta es que no consiguen que su hijo se motive con nada salvo con los videojuegos o internet.

¿Sabes por qué ocurre esto? Porque los videojuegos e internet producen estímulos intensos, repetitivos, ilimitados e inmediatos. Estos generan niveles altos pero poco duraderos de dopamina, que actúan de forma muy similar a lo que generan las drogas. Precisamente por eso, los chicos con TDAH tienen una conducta aún más adictiva que los demás con estos temas y pueden acabar metiéndose en problemas muy serios si no se controlan adecuadamente.  

La dopamina, además, tiene un papel fundamental en el control del movimiento. Para que te hagas una idea, en la enfermedad de Parkinson se altera el funcionamiento de la dopamina en una zona del cerebro llamada sustancia negra, En el TDAH pasa algo parecido en regiones como el lóbulo frontal y los ganglios basales.

La noradrenalina es un neurotransmisor implicado principalmente en las respuestas reflejas automáticas, el nivel de alerta, la reactividad y los impulsos en general. Al alterarse su funcionamiento en el TDAH, se producen problemas de impulsividad, mala conducta, problemas en la capacidad de control del tiempo y la planificación, por ejemplo. Seguro que te has encontrado a tu hijo en más de una ocasión preguntando cosas como: «¿Cuánto queda? ¿Y luego qué vamos a hacer?». Parecen mostrar una gran ansiedad anticipatoria asociada también a una importante intolerancia a la frustración. En casos extremos, pueden aparecer casos de agresividad y violencia.

Para terminar, tenemos la serotonina. Ella es la responsable de mantener la estabilidad anímica y emocional en niveles dentro de la normalidad. Cuando se altera pueden aparecer problemas de ansiedad e incluso de depresión, pero lo más habitual es la conocida como disregulación emocional.


La disregulación emocional en el TDAH

La disregulación emocional supone la respuesta anormal a los estímulos emocionales externos y propios. A veces responde de forma excesiva ante estímulos pequeños o viceversa. Otras veces responde de forma contraria a la esperada o ni siquiera responde. Como ves, las consecuencias que pueden derivarse de la alteración de uno o varios de estos neurotransmisores son de gran trascendencia y claro está, merece la pena controlarlas. La cuestión es: ¿Se puede?

Pues me vas a responder tú cuando te explique cuál es exactamente el fallo que genera ese mal funcionamiento. Lo que ocurre es que los neurotransmisores que salen de una neurona en dirección a otra para transmitir los mensajes que llevan en su interior, deben llegar sin problemas a su destino, pero en el TDAH muchos de esos mensajeros vuelven de nuevo a la neurona de origen sin haber hecho su trabajo y no habiendo transmitido el mensaje a la otra. Como resultado, el sistema no funciona bien.

¿Cuál es la clave? Que la medicación y los suplementos nutricionales evitan que esos neurotransmisores vuelvan a su punto de partida sin haber concluido su trabajo. Este es el paso fundamental para que todo el proceso recupere la normalidad. ¿Lo ves? Claro que es posible. Es importante que te quede claro que el TDAH no es un problema educativo.

FUENTE:

Cristi Cárdenas

https://elneuropediatra.es/neurotransmisores-tdah/

miércoles, 25 de agosto de 2021

INCLUSIÓN LABORAL: Las búsquedas por Neurodiversidad en España han crecido más de 150% en los últimos dos años

 


Por Diario de Vigo - martes 24 de agosto, de 2021 13:10h

Inclusión laboral: Semrush desvela que las búsquedas por Neurodiversidad en España han crecido más de 150% en los últimos dos años

La compañía señala cómo los empresarios pueden eliminar los prejuicios y hacer que la contratación sea más inclusiva para todos

La llegada de la COVID-19 ha revolucionado diferentes aspectos de la sociedad a nivel mundial. Sin embargo, algo que se ha dado a conocer poco es que la pandemia ha ocasionado un descenso significativo en la contratación de personas con discapacidad, que tenía una trayectoria ascendente desde 2012 según la Fundación Adecco.

La crisis sanitaria ha provocado la eliminación de cientos de puestos de trabajo y la disminución de las contrataciones a nivel mundial. Asimismo, cuando el tema es inclusión de personas con discapacidad en el entorno laboral, el riesgo de exclusión es doble ya que sus posibilidades de ingreso en el mercado no solo se ven afectadas por la crisis, sino por estereotipos y prejuicios que les acompañan de forma histórica.

Semrush, la plataforma SaaS líder en gestión de visibilidad online y marketing de contenidos, ha analizado las dificultades que enfrentan, específicamente, las personas neurodivergentes en su proceso de ingreso al mercado de trabajo. La búsqueda de empleo ya es bastante difícil, pero para las personas neurodivergentes, es decir, aquellos con diferencias cerebrales como el TDAH, el autismo, la dislexia, etc., la búsqueda por trabajo se vuelve exponencialmente más compleja debido a los prejuicios implícitos en el mundo empresarial.

No obstante, según el análisis de Semrush, España es uno de los países cuyo interés por conocer la neurodiversidad crece de forma exponencial. La compañía ha detectado que las búsquedas en torno al término han aumentado un 178,6% en los últimos dos años. Asimismo, los empleadores también parecen estar dispuestos a hacer que el lugar de trabajo sea más neurodiverso, ya que las búsquedas para la contratación de trabajadores discapacitados han aumentado un 100% en los últimos dos años y las búsquedas sobre el autismo en el lugar de trabajo han aumentado un 23% sólo en el último año.

Qué hay detrás de las personas neurodivergentes

La neurodiversidad es una idea que se pasa por alto. Hay una diversidad de conjuntos de habilidades y estilos de trabajo que vienen con las personas neurodivergentes. En este sentido, es fácil para los directivos hablar de la diversidad de habilidades y de mentalidades, pero ¿qué hay realmente detrás de esos conceptos?

Para responder a esta pregunta, es necesario pensar en las diferencias en el funcionamiento de un cerebro. El concepto de diferencia neurológica es un factor importante, ya que la neurodiversidad se centra en cómo está conectado el cerebro y cómo funciona. En muchos casos, las diferencias neuronales no se manifiestan físicamente.

La sociedad y, consecuentemente, los encargados de contratación de las empresas, todavía tienen conceptos erróneos sobre las personas con diferencias cerebrales. Aun se puede observar una falta de conocimiento sobre el tema, o, en muchos casos, el equívoco al pensar que alguien con una diferencia neuronal es intelectualmente discapacitado o etiquetado como tal. Esta percepción errónea se manifiesta muchas veces como un sesgo en el proceso de entrevista y el personal de Recursos Humanos puede etiquetar incorrectamente a una persona neurodivergente como a alguien que no tendría un buen rendimiento.

Una contratación más inclusiva para todos

Para hacer frente a la problemática de la comprensión de la neurodiversidad en el entorno empresarial, Semrush habla acerca de cómo desde Recursos Humanos adoptan un enfoque único para garantizar que los candidatos neurodivergentes reciban la misma consideración en el proceso de contratación:

Hay varios extremos y, a veces, los empleados pueden tener adaptaciones especiales para que puedan sobresalir adecuadamente en su función. Hay métodos de contratación tradicionales que pueden no funcionar para los candidatos neurodiversos. El sesgo se presenta en las preguntas/tareas de la entrevista con un límite de tiempo.

Construir procesos de contratación bien organizados en torno a las deficiencias del funcionamiento ejecutivo. En un entorno neurodiverso, los directivos pueden ayudar a organizar el proceso de contratación, es decir, proporcionar preguntas por adelantado, conceder más tiempo, etc.

Es necesario pedir a los responsables de la contratación que creen un plan claro y viable para garantizar que el entorno que le rodea esté preparado para apoyar sus diferencias neurológicas.

Jeffrey Belanger, Director de Recursos Humanos de Semrush, concluye: “El problema empresarial en torno a la inclusión de las personas neurodivergentes está en la falta de concienciación y adaptación. Es importante que los responsables de personal piensen en una definición diferente a la de “candidato cualificado”. Alguien que tiene un tipo de neurodiversidad está ‘conectado de forma diferente’, por lo que se desarrolla de forma diferente. Los candidatos neurodivergentes deben recibir la misma consideración en el proceso de contratación para que se pueda lograr un ambiente de trabajo más inclusivo para todos”.

FUENTE:

https://diariodevigo.com/las-busquedas-por-neurodiversidad-en-espana-han-crecido-mas-de-150-en-los-ultimos-dos-anos/

miércoles, 7 de julio de 2021

LA PREVALENCIA DEL TDAH ES DE UN 30-50% EN LA EDAD ADULTA, SEGÚN UN EXPERTO


El psicólogo y colaborador de la Asociación de Déficit de atención con hiperactividad de Guipúzcoa (Adahigi), Iker Arrizabalaga, destaca que los estudios hablan de un 50 a 80 por ciento de prevalencia durante la adolescencia y de un 30-50 por ciento en la edad adulta de este trastorno.

El psicólogo recuerda además que el 30 por ciento de los niños que han padecido TDAH lo mantienen en la edad adulta e insiste en que "es necesario detectar la evolución desde la infancia para poder realizar un diagnóstico al respecto y priorizar qué y cómo se va a abordar".

Según Iker Agirrezabalaga, en los últimos años se ha producido un aumento de diagnósticos, relacionado con el mayor conocimiento del trastorno por parte de los profesionales y la población en general, "pero es evidente que existe un infradiagnóstico en la infancia y, especialmente, en la edad adulta", matiza.

El psicólogo explica que la principal dificultad para ayudar a los adultos con TDAH es que "no saben que siempre lo han tenido". "A menudo, en la edad adulta viene acompañado de otros síntomas o trastornos de salud mental, lo que se denomina la comorbilidad: trastornos de ansiedad, del estado de ánimo, por consumo de sustancias", ha precisado.

Afecta especialmente al entorno laboral y doméstico

Por ello, insiste en que "es necesario detectar la evolución desde la infancia para poder realizar un diagnóstico al respecto y priorizar qué y cómo se va a abordar". La manifestación de los síntomas varía según los aprendizajes que haya tenido cada persona, pero el TDAH puede afectar muchas áreas de la vida adulta. "El déficit de atención suele afectar especialmente en el entorno laboral y doméstico y la impulsividad suele generar dificultades de regulación emocional", explica.

Sin embargo, existen tratamientos efectivos para abordar el TDAH mediante la aplicación de diferentes métodos: apoyo psicológico o psicopedagógico, psicoeducación familiar, ayudas o adaptaciones en la escuela. El tratamiento farmacológico está indicado en los casos moderados o graves.

Finalmente, incide en la importancia de concienciar a la población de que "es un trastorno frecuente que hay que entender y desestigmatizar". "No se trata de niños maleducados o que no sirven para estudiar, que sean así no es culpa de los padres ni de nadie. Tenemos que aceptar esta diversidad, aprender y facilitarles estrategias para mejorar sus dificultades", concluye.

FUENTE:

https://psiquiatria.com/article.php?ar=tratamientos&wurl=la-prevalencia-del-tdah-es-de-un-30-50-en-la-edad-adulta-segun-un-experto--1

https://www.freepik.es/foto-gratis/cerebro-escribe-tiza-blanca-mano-dibuja-concepto_6170400.htm#page=1&query=cerebro&position=2