TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

martes, 19 de septiembre de 2017

LA IMPORTANCIA DE LA ADAPTACIÓN DE EXÁMENES EN EL TDAH



¿Por qué los chicos/as con TDAH necesitan adaptaciones en los exámenes?

Todo lo que se propone de aquí en adelante es válido para todos los chicos/as, no únicamente para los que padecen TDAH. Ya que este tipo de medidas servirán para mejorar los resultados de todos nuestros alumnos/as.

¿Son los chicos/as con TDAH menos inteligentes y por eso necesitan adaptaciones en los exámenes?

No, no tienen por qué ser menos inteligentes que el resto de los alumnos, es más, hay un alto porcentaje de chicos/as con TDAH que además tienen altas capacidades.

Los chicos/as con TDAH tienen dificultades tales como:

     * Dificultad para discriminar estímulos irrelevantes
     * Tiempos muy cortos de atención sostenida
     * Dificultad para la planificación y la organización

Las adaptaciones de los exámenes son adaptaciones curriculares no significativas, es decir, en ningún momento se suprime contenido del currículo; únicamente adapta la formulación de las preguntas para conseguir un mejor aprovechamiento por parte del alumno/a.

¿Qué podemos hacer para adaptar los exámenes?

Modificaciones en el examen:
  • Combinar diferentes tipos de preguntas: de desarrollo, de verdadero y falso, definiciones, tipo test de opción múltiple, combinar problemas con operaciones simples…
  • Reducir el número de preguntas por hoja.
  • Destacar en el enunciado las palabras clave, marcándolas con un subrayador, escribiéndolas en mayúscula, rodeándolas con el propio alumno, etc.
  • Simplificar el lenguaje de los enunciados, tratando de que sea sencillo y no tenga palabras rebuscadas que impidan una correcta comprensión del mismo.
  • Aumentar el espacio para contestar entre las preguntas. 
  • Si un enunciado tiene muchos apartados en vez de colocarlos todos seguidos es bueno separarlos en distintas líneas o apartados, así nos aseguraremos de que no se pasen ninguno por alto.
  • Dar más tiempo si es necesario para hacer el examen o dividir el examen en varias sesiones.
  • Ojo con la ortografía, las prisas y la falta de atención hacen que suelan tener muchas faltas, si les sobra tiempo podemos pedirles que lo revisen. Si van justos de tiempo no deberíamos penalizarlos por las faltas.
  • Tener siempre presente la alternativa de la evaluación oral.

Con anterioridad al examen:
  • Fijar las fechas de los exámenes con suficiente antelación: Una mala gestión del tiempo de los chicos/as con TDAH hacen que raras veces lleven las materias al día. Por ello es importante que las fechas de los exámenes se fijen con tiempo suficiente para poder planificar el estudio y llevarlo a cabo.
  • Trabajar con muestras de formato de exámenes: Es de gran ayuda para todos poder entrenarse con ejercicios y formatos tipo de lo que se van a encontrar en el día señalado.
  • Es mejor más exámenes cortos y frecuentes que pocos exámenes con mucha materia: además de resultarles más sencillo memorizar todo lo necesario eso les obligará a ir llevando la materia al día.

Justo antes de comenzar el examen:
  • Ubicar al alumno/a cerca del profesor durante la realización del examen: esto nos permitirá poder reconducirlo fácilmente en caso de que fuese necesario.
  • Dar unas instrucciones antes de comenzar explicando como deberán proceder y ampliando el enunciado de algún ejercicio en caso de considerarlo necesario. Es muy importante que en este paso las instrucciones sean claras y concisas.
  • Dar un pequeño tiempo para que el alumno/a reflexione y pueda plantear aquellas dudas que le surjan. En caso de que no pregunten nada, es bueno verificar que el alumno/a entiende aquellos enunciados más enrevesados o aquellas preguntas que no están acostumbrados a elaborar en clase.

Durante la realización del examen:
  • Supervisar que responden a todo antes de entregar el examen, prestando especial atención sobre todo si el examen tiene preguntas por ambas caras.
  • En caso de que el alumno no se concentre, tratar de reconducirlo, suele ser suficiente con tocarle en el hombro para reconducir su atención e indicarle que es lo que tiene que hacer.
  • Si son exámenes largos en los que se puede entretener o bloquear en alguna pregunta podemos optar por ir entregando las hojas a medida que el alumno va haciendo, pautándole un tiempo máximo de realización para cada una de ellas.
  • Cuando paseamos por el aula durante el examen, podemos pararnos en su mesa y preguntar si tiene alguna duda o simplemente animarlo a que continúe porque lo está haciendo bien.

FUENTE

miércoles, 6 de septiembre de 2017

EL DÉFICIT DE HABILIDADES SOCIALES Y LOS PROBLEMAS EMOCIONALES. Los dos aspectos menos conocidos del TDAH


Photo by Alexander Shustov on Unsplash

Todos conocemos, más o menos, algunas de las características que presenta un niño con TDAH: inatención, dificultades para concentrarse, desorganización, exceso de movimiento o impulsividad.
Sin embargo, los niños con TDAH se enfrentan a otro gran reto, relacionado con sus dificultades para regular las emociones y para relacionarse satisfactoriamente.

Russell Barkley, uno de los mayores expertos mundiales en TDAH, ha puesto el énfasis en estos aspectos. Elaboró un modelo de autorregulación emocional en el TDAH que nos ayuda a comprender cómo las personas con TDAH gestionan y regulan sus emociones. Las diferencias con el proceso que siguen las personas que no tienen TDAH son notables, y tienen profundas implicaciones en su vida diaria.

Habilidades Sociales en el TDAH

Las relaciones sociales en los niños con TDAH suelen verse afectadas por su impulsividad, la falta de empatía o capacidad de ponerse en el lugar del otro, el bajo autoconcepto y autoestima, y la inseguridad.

Los niños con TDAH tienen intención social, quieren jugar con otros niños, tener amigos, pero a menudo no saben cómo relacionarse. Pueden ser percibidos como niños torpes, nerviosos, niños que no siguen las reglas de los juegos, que se entrometen en las conversaciones o no saben guardar su turno. Todo esto, a menudo, genera rechazo por parte del resto de niños. Este rechazo, que ellos notan perfectamente, a menudo les conduce a efectuar conductas complacientes, buscando la aceptación del otro: se vuelven sumisos, o tratan de agradar de forma poco acertada a los demás, tratan de llamar la atención con bromas o chanzas que pueden ser provocadoras o de mal gusto. Logran así lo contrario de lo que buscan: el resto del niño los tiene por “pesados”o “payasetes”.

Si algo he podido observar en todos estos años de consulta es la enorme soledad que sufre un niño con TDAH. Incomprendido en casa, donde parece molestar, no dar la talla, no hacer las cosas bien. Fracasando en el colegio, o no obteniendo resultados acordes a sus esfuerzos. Y con relaciones sociales poco satisfactorias, donde sienten que no son aceptados totalmente o que no merecen la amistad de sus compañeros. El TDAH es un trastorno que provoca un gran sufrimiento en el niño. Y si las áreas académicas y comportamentales contribuyen en gran parte a estos males, el área emocional o social lo hace decisivamente.

Los trastornos del estado de ánimo y el TDAH

Un problema muy frecuentemente asociado al TDAH y muchas veces ninguneado son los efectos que tener un déficit de atención con o sin hiperactividad tiene en el estado de ánimo del niño. En una proporción cuatro veces mayor que en niños sin TDAH presentan depresión y ansiedad.

Su autoestima está mermada y suelen tener un autoconcepto negativo, se sienten incapaces, tontos, diferentes... Además, como en muchas ocasiones el rendimiento académico suele ser bajo y no se corresponde con el esfuerzo realizado, desarrollan lo que se llama “indefensión aprendida” (“da igual lo que haga, no me sirve de nada”), pudiendo vérseles desmotivados, frustrados y desinteresados con frecuencia en las tareas académicas.

Por otra parte, una vez están trabajando en psicoeducación y son muy conscientes de sus problemas, desarrollan la metacognición mucho más que otros niños (la conciencia sobre sus propios procesos de aprendizaje). Esto es muy positivo porque les ayuda a regular su conducta, prever fallos, anticipar consecuencias, etc., pero tiene el lado negativo de que aumenta la ansiedad con que viven todo lo relacionado con la escuela. Están más preocupados por los resultados académicos que otros niños, más pendientes de los fallos que hacen, de si se vuelven a equivocar o no en lo mismo, etc. Por lo que son más exigentes consigo mismos y en consecuencia están más ansiosos.

El estado de ánimo deprimido también suele presentarse con frecuencia, relacionado con la autoestima, la ansiedad, los sentimientos de incapacidad y la frustración ante el resultado de sus esfuerzos.

Además, con mucha frecuencia presentan labilidad emocional, irritabilidad, poca tolerancia a la frustración y mayor reactividad, También tienen más dificultades para “desconectar” y pasar de una tarea a otra. Esto está relacionado con un déficit funcional en el sistema de regulación cognitivo-emocional.

El TDAH es un trastorno de gran complejidad y fuertes implicaciones para la vida del niño. Tratar adecuadamente el área comportamental y cognitiva es fundamental, pero no lo es menor dar el apoyo emocional que necesitan.

Úrsula Perona. Psicóloga infantil

jueves, 17 de agosto de 2017

NOVEDADES EN EL TRATAMIENTO DEL TDAH


https://pixabay.com/es/kermit-pantera-rosa-2527357/

Publicado el 12/07/2017

Decir TDAH es sinónimo de polémica. 
Entre los que consideran que el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad no existe, los que aseguran que está sobre diagnosticado o le echan la culpa a las nuevas tecnologías y los que se manifiestan absolutamente en contra de la medicación, las redes arden cada vez que alguien se atreve a escribir algo sobre el TDAH. 

Corren por el universo cibernético muchos mitos sobre el TDAH. La mayoría de ellos falsos. Entre ellos que el 13 de julio sea el Día Internacional del TDAH. 

Tenga una cosa clara, si el TDAH ha entrado en su casa, lo mejor que puede hacer es atender los consejos de su médico y no dejarse llevar por los mitos que rodean a este trastorno.

Pero, ¿qué es el TDAH? 

Se trata de un trastorno neurobiológico originado en la infancia que implica un patrón de déficit de atención, hiperactividad y/o impulsividad, y que, en muchas ocasiones, está asociado con otros trastornos comórbidos. Aproximadamente el 30% de los niños con TDAH tiene, además, un trastorno del aprendizaje (antes llamado discalculia, dislexia, disortografía…) lo que les convierte en bombas de relojería durante la etapa escolar. 

Suelen ser tachados de vagos y pasotas, además, muchos de ellos son víctimas de bulling por parte de sus compañeros. Comprender a un TDAH resulta complicado incluso para aquellos que conviven con uno.

Más de 100 expertos en Psiquiatría y Psicología han expuesto en Pamplona las principales novedades sobre el TDAH

Más de 100 expertos en Psiquiatría y Psicología del niño y adolescente han expuesto en Pamplona las principales novedades y puntos clave en el tratamiento e intervención del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, en el marco de la XI Jornada de Actualizaciónen Psiquiatría Infantil y Adolescente.

El objetivo de la jornada fue poner en común conocimientos para ofrecer una visión integral y avanzar hacia una actuación más coordinada. “Lo que pretendemos es aportar una visión unificadora del diagnóstico y tratamiento del TDAH”, explica el doctor César Soutullo, director de la Unidad de Psiquiatría Infantil y Adolescente de la Clínica Universidad de Navarra.

“En la edición de este año nos hemos centrado en la parte biológica (imagen cerebral), pero además hemos realizado una valoración de los tratamientos que muestran mejores resultados para hacer frente a esta patología”, matiza Soutullo. 
Las conclusiones a las que han llegado son las siguientes: “Respecto a la medicación lo que mejor funciona son los estimulantes (lisdexanfetamina y metilfenidato, por este orden) y luego los no estimulantes (guanfacina y atomoxetina, por este orden)”. Además, para un TDAH resulta primordial la terapia, “trabajar la parte cognitiva-conductual”. Respecto a las dietas, “la eliminación de colorantes artificiales puede ayudar algo. No ayuda nada o casi nada añadir Omega 3 o eliminar los azúcares y lo que sí que parece que da resultado es la dieta mediterránea”.

Isabel Orjales, doctora en pedagogía y Máster en Educación Especial explica que el diagnóstico del TDAH “requiere cumplir unos criterios clínicos: intensidad desajustada respecto a la edad, cronicidad en los síntomas, descartar que se explique su aparición únicamente por situaciones ambientales u otros trastornos, interferencia/desadaptación en algún área de su vida. Además debe haber un buen diagnóstico diferencial. Eso exige tiempo con la familia y el paciente y un equipo en el que, por lo menos, exista una valoración médica y psicoeducativa”.

La sintomatología que presenta se puede confundir con comportamientos de niños sanos con falta de límites educativos

Por eso, cuando surgen por las redes vídeos en los que se culpabiliza a las nuevas tecnologías de ser las causantes de este trastorno, los especialistas se llevan las manos a la cabeza. “Ahora es el móvil el que va a tener la culpa. Este trastorno está descrito desde 1902… ¡cómo va a ser por el móvil! Que el móvil distrae, seguro, pero entre tener móvil o un bombardeo al lado en la II Guerra Mundial, distrae más lo segundo. Creo que la gente idealiza el pasado. Eso de que las generaciones nuevas van más deprisa, estudian menos, leen menos y son menos respetuosas con sus mayores se lleva diciendo desde Sócrates”, aclara Soutullo.

En la mayoría de los estudios, el TDAH tiene una incidencia entre el 5 y 7% de los niños en edad escolar. La cifra no varía mucho en los diferentes países del mundo. Eso supone una afectación importante (aproximadamente 1 niño por aula de 25 alumnos). “Sólo hace falta calcular respecto al número de alumnos y aulas de un colegio para ver que no parece que esté sobrediagnósticado, como acusan algunos. Sí puede haber casos de malos diagnósticos, basados en poca información, pobre y/o incompleta. La mayoría de los estudios indican tasas de tratamiento que no llegan al 2-3%, es decir, sólo la mitad de los TDAH están tratados. Es cierto que ahora se diagnostica más, pero es que antes casi no se diagnosticaba, y ahora estamos algo mejor, o menos peor”, se lamenta Soutullo.

Falsos mitos sobre el TDAH

El problema con el TDAH es que la sintomatología que presentan los niños: inmadurez en el funcionamiento ejecutivo, hiperactividad e impulsividad se traducen muchas veces en comportamientos más frecuentes en niños sanos con falta de límites educativos. Eso hace que se tema por falsos positivos (niños diagnosticados con TDAH que no lo son).

“Este es un ejemplo de la necesidad que tenemos de formar e informar sobre el TDAH. Hoy por hoy no contamos con un test que identifique un marcador biológico (un test genético, los resultados de una prueba neurológica, etcétera) que sirva para discriminar claramente quien tiene o no tiene TDAH. Pero tampoco lo hay para la depresión ni la dislexia y sabemos que existe y que con tratamiento se obtienen mejoras”, añade Orjales.

El diagnóstico se hace con entrevista clínica a los padres y al niño, cuestionarios, exploración física para descartar problemas de visión, audición u otros problemas médicos. Se hacer analíticas (para descartar anemia, hipotiroidismo, hierro bajo…), test de inteligencia y de atención, y también se debe utilizar la información de los profesores con cuestionarios o entrevistas. “No es necesario realizar ni resonancias ni electroencefalogramas, se hacen si se sospechan otros problemas. 

Lo más frecuente es diagnosticarlo entre los 5 y los 8 años, puesto que si son más pequeños es difícil de diferenciar los síntomas del niño con desarrollo normativo”, recalca Soutullo.

Falta de autocontrol

Muchos TDAH son impulsivos, no piensan en las consecuencias y tienen reacciones terribles en los momentos más insospechados. Además de los menores, los familiares también necesitan tratamiento psicoeducativo y formación específica. “Los padres deben saber que, independientemente de las variaciones propias del temperamento de cada niño, tienen un hijo más difícil de educar y que no valdrá que sean padres tipo medio. Deben ser cuasi profesionales en educación y psicología de la conducta y para ello deben recibir asesoramiento, formación. 

Un niño con TDAH es, muchas veces, una mezcla explosiva de simpatía, energía, inmadurez en el autocontrol, entusiasmo, disfrute, falta de regulación emocional, inteligencia e intuición. Un niño con TDAH puede hacer una observación propia de un niño dos años mayor a la vez que reaccionar con la pataleta de un niño dos años más pequeño simplemente porque mamá olvidó llevarle el bocadillo al recogerle del colegio”, describe el doctor.

Los niños y los adultos con TDAH viven la vida con intensidad, quizá por encima de sus posibilidades
Los problemas más habituales que se observan en un TDAH son los derivados de un funcionamiento ejecutivo inmaduro (a veces hasta 2 años por debajo de la edad cronológica), aumento de la fatiga en tareas que exigen atención sostenida (las explicaciones en clase, por ejemplo) con la consiguiente pérdida de información, trabajo muy lento e inconstante (dificultades para terminar tareas y exámenes), inmadurez en la automatización de los procesos implicados en la lectura (con dificultades para derivar recursos para procesos complejos como la comprensión lectora o la aplicación de las reglas ortográficas al tiempo que se hace un dictado), procesamiento impulsivo de la información escrita con pobres estrategias de actuación (errores en la interpretación de las preguntas de examen que han estudiado o al leer enunciados matemáticos), etcétera.

No todo es negativo

Los niños y los adultos con TDAH viven la vida con intensidad, quizá por encima de sus posibilidades. Pueden llegar a tener potenciales increíbles para la ayuda al prójimo, la música, las actividades deportivas, la pintura, la poesía, etcétera. Si son capaces de reestructurar sus talentos pueden llegar a ser los mejores deportistas (Michael Phelps, Simone Biles), artistas (Mozart) o los más grandes y audaces empresarios (Steve Jobs). 
Llegarán donde nadie ha podido llegar.

FUENTE:

miércoles, 19 de julio de 2017

OTROS SÍNTOMAS ASOCIADOS AL TDAH


Además de la hiperactividad, la falta de atención y la impulsividad, que son los síntomas nucleares, hay otros síntomas frecuentes aunque menos conocidos.

Algunos síntomas del TDAH que quizás no conocías

Muchos de los comportamientos relacionados con el TDAH también se observan en niños que no lo padecen. En general esta sintomatología solo resulta problemática si es muy exagerada al compararla con niños de la misma edad.
Entre los síntomas menos conocidos, encontramos:
  • Respuestas emocionales muy intensas.
  • Baja tolerancia a las frustraciones. Se enfadan con facilidad, son niños irritables, muy susceptibles a las críticas.
  • Tienen malas habilidades sociales. Muchas veces producen rechazo entre sus propios compañeros porque “molestan mucho”. Suelen jugar con niños más pequeños.
  • Dificultades de adaptación. Si se les saca de la rutina, luego cuesta mucho volver a introducirlos. Es lo que ocurre por ejemplo después de las vacaciones.
  • Dificultades de aprendizaje. Por los problemas que tienen para memorizar y para atender. También suelen tener retraso en la lecto-escritura porque tienen una ortografía muy mala.
  • Falta de motivación. Les cuesta empezar las tareas, pero también les cuesta terminarlas.
  • Hiperestimulación. Por ejemplo, cuando hay alguna fiesta o reunión familiar no paran, están continuamente interrumpiendo, molestando.
  • Baja autoestima. Es frecuente que reciban recriminaciones y llamadas de atención de compañeros y adultos, además de los profesores. Esto hace que su autoestima sea frágil.
Que tenga un déficit de atención no quiere decir que sea para todo. Hay determinadas situaciones, como por ejemplo cuando juegan con la videoconsola o con el móvil, que son capaces de mantener la atención durante bastante tiempo.
En las actividades que tienen un estímulo rápido son capaces de mantener la atención muchísimo tiempo.

No todo es malo

Los niños que tienen TDAH tienen muchas cualidades que compensan en gran medida todas las dificultades que causa el trastorno.
Son niños muy cariñosos, simpáticos, muy espontáneos, creativos, imaginativos. Muy dispuestos a colaborar, muy solícitos, participativos y suelen hacer amigos con facilidad.

FUENTE:
Dra. Mercedes Sánchez de las Matas
https://salud-1.com/enfermedades/sintomas-del-tdah-2/

sábado, 24 de junio de 2017

RESOLUCIÓN POSITIVA DE CONFLICTOS. GUÍA CEAPA


Llegan las vacaciones y dentro de la unidad familiar cada uno las afrontamos de manera diferente. Se rompen las rutinas y la mayor interacción familiar genera más conflictos.

El conflicto surge cuando dos o más miembros de la familia perciben o tienen intereses contrapuestos, decisiones incompatibles. Pero tener intereses diferentes no necesariamente constituye un conflicto.
Damos por hecho que en una familia el interés de las personas adultas es el bienestar de los menores, por lo que no hablamos de intereses esencialmente contrapuestos, sino de formas diferentes de entender ese bienestar.

Por eso, en las familias, el problema no es tener conflictos, sino la manera de enfocarlos y resolverlos.
Es fundamental aprovechar la cantidad de oportunidades y de momentos que se tienen en la infancia y adolescencia para gestionar de forma positiva los conflictos, ya que una gestión positiva proporciona la dosis de seguridad necesaria para ejercer la responsabilidad en las diferentes etapas evolutivas. Si hay conflictos, se toman decisiones, y si se toman decisiones, se produce el aprendizaje de la responsabilidad y la autonomía.

Esta guía aporta información para que padres y madres nos sintamos competentes, reciclemos nuestras fortalezas y aprendamos nuevas herramientas y habilidades para manejar los conflictos, para buscar cambios y mejoras, confiando en nuestras capacidades. 

miércoles, 3 de mayo de 2017

2 de mayo. Día Internacional contra el Acoso Escolar





El 2 de mayo es el Día Mundial de Lucha contra el Bullying o el Acoso Escolar. Esta campaña busca combatir el acoso escolar o bullying y el acoso en Internet o ciberbullying, un grave problema que afecta a millones de escolares en todo el mundo.

El acoso, bullying en inglés, implica diversas formas de agresión, intimidación y/o humillación física y/o psicológica, en el que uno o más acosadores imponen su poder al acosado/a repetitiva y persistentemente durante un período largo de tiempo, en situaciones en las que no suelen estar adultos presentes: en la clase como en el patio o a través del móvil o las redes sociales.
Otra forma de acoso es la exclusión social, también conocido como ostracismo o acoso indirecto, que se produce cuando una persona es ignorada y excluida por un grupo de compañeros. Pese a no presentar agresión verbal o física, el ostracismo resulta extremadamente doloroso para quien lo padece.

El perfil del agresor/a se forma en entornos donde impera la violencia. El agresor/a es el líder del grupo y ejerce su poder como forma de relacionarse, bajo la premisa de que el fuerte, el superior somete al más débil, que castiga a aquellos que no se ajustan a los criterios de pertenencia a su grupo. En realidad, hablamos de chicos/as con pobre autoconcepto, baja autoestima y mucha inseguridad, que tiene que demostrar fuerza y poder para demostrar su valía y posición en la sociedad. A menudo, el acoso empieza a raíz de un altercado menor o por una antipatía. 

La víctima/s son personas cuyas características las hacen diferentes del resto: ser más alto, tener baja estatura, delgadez o sobrepeso, brackets, gafas o, simplemente, su manera de actuar o de pensar diferente. Suelen ser niños/as con pocas habilidades sociales, baja autoestima e inseguridad, que adoptan una actitud pasiva ante las agresiones que reciben por indefensión.

Relación TDAH y acoso

Como consecuencia de su sintomatología y de otros trastornos asociados, los chicos/as con TDAH pueden ser tanto “acosadores” como “acosados”, aunque los estudios indican una mayor probabilidad de ser “acosados” y rechazados por sus iguales.

miércoles, 12 de abril de 2017

5 claves para mejorar la lectura de los niños con TDAH



Por Jonatan Molina Torres @joniii91

El Trastorno por Déficit de Atención (TDAH) se ha convertido en uno de los trastornos más diagnosticados en población infantil. Aunque hay diversidad entre estudios, todos coinciden en situar la prevalencia del trastorno en un 6-8%, lo que traducido a la práctica docente equivale a aproximadamente un niño hiperactivo en cada aula de España. Los síntomas principales que definen el TDAH son la inatención y la hiperactividad-impulsividad, teniendo que estar presentes durante al menos 6 meses y en más de un contexto de la vida del niño (en el hogar y en casa).

Este patrón persistente de inatención e hiperactividad suele ser la causa del desarrollo de numerosos problemas a medio plazo en el niño. La aparición de otros problemas psicológicos comórbidos es frecuente, ya que 6 de cada 10 niños TDAH cumplen criterios también para otros trastornos. Podría decirse que lo observable sería la inatención e hiperactividad, pero debajo de estos, como en un iceberg, están sumergidos muchos más problemas que pueden dificultar el correcto desarrollo del niño.

De entre todos estos, el trastorno del aprendizaje es uno de los más importantes, más en concreto el trastorno específico de la lectura, debido al gran impacto que tiene en el aula por el papel transversal que la lectura tiene en la adquisición de aprendizajes. Por tanto, es necesaria una intervención combinada entre todos los agentes que trabajan con el niño en el contexto escolar.

¿Por qué los niños con TDAH tienen problemas de lectura?

Una de las razones principales de este déficit es la inatención
La lectura conlleva numerosos procesos automáticos que el niño debe realizar como son:
  • la decodificación grafema-fonema,
  • la unión de dichos fonemas,
  • el acceso a las palabras conocidas por el niño, y
  • la comprensión del fragmento o texto.
Una falla en los procesos atencionales conlleva irremediablemente que haya interferencias en alguna parte de este proceso y, por tanto, que haya una mala ejecución lectora. Si el niño es incapaz de bloquear pensamientos distractores, de no mirar a otros sitios o dejar de escuchar otras cosas para, así, centrarse solo en la lectura, probablemente se desarrolle un problema en esta área.

Además de la inatención, la motivación también puede explicar parte de los déficits asociados a la lectura de los niños con TDAH. El niño no puede regir su conducta por motivación intrínseca, es decir, no es capaz de realizar cosas sin un refuerzo externo que le motive. Es por ello que una de las herramientas de la psicología clínica infantil más eficaces es la economía de fichas, donde al niño se le premia inmediatamente después de haber realizado un comportamiento deseado. Relacionando esto con la lectura, podríamos decir que leer no proporciona refuerzos inmediatos que motiven el mantenimiento de la conducta, por lo que el niño se cansa y se aburre y su rendimiento disminuye. De hecho, algunos estudios revelan que existen diferencias no solo en el nivel lector entre niños con TDAH y niños de desarrollo típico, sino también en el disfrute de la lectura y la lectura voluntaria en casa.

Por último, el elemento de la hiperactividad tiene también un papel importante en los problemas en la lectura. Tradicionalmente se ha considerado que la agitación motora del niño con TDAH se combatía precisamente con lo contrario, es por ello que se realizan intervenciones contextuales y estimulares para reducir al máximo los estímulos que puedan provocar un exceso de movimiento en el niño (sentarlo al lado de un niño tranquilo, ponerlo en primera fila y alejado de ventanas,…). Sin embargo, nuevos estudios defienden el papel positivo que la hiperactividad tiene en el niño con TDAH. La teoría de la Estimulación Óptima (Zentall) expone que el nivel de activación del cerebro de estos niños está por debajo de lo normal, por tanto buscan aumentar ese nivel de activación mediante su comportamiento (mediante la agresión, la agitación, la emocionalidad, etc.), ya que es necesaria la activación óptima del cerebro para realizar cualquier tarea que requiere un esfuerzo intelectual. Esto explicaría por qué la medicación estimulante tiene el efecto paradójico de “tranquilizar” a los niños con TDAH y por qué en algunos estudios se ha hallado que los niños TDAH que se mueven durante una tarea rinden mejor que aquellos a los que se les prohíbe hacerlo, y la lectura es precisamente una de las tareas en las que más se exige estar quieto, lo que tiene efectivamente el efecto contrario al deseado.

Algunos consejos para intervenir en el aula 
  • Adapta las lecturas. Aquellos textos que contengan oraciones activas, adjetivos vividos y pocas descripciones favorecen la atención a la hora de leer. De igual manera, introducir elementos sorpresivos y novedosos o personajes peculiares hará que se recuerde mejor lo leído. 
  • Deja que el niño se mueva. Esto no significa que tengamos que dejar al niño dar vueltas alrededor de la clase, pero sí que aceptemos ciertos movimientos para auto-activarse, como puede ser el movimiento de pies y manos, tocarse el pelo o retorcerse en su asiento, siempre que no suponga una distracción o una molestia para el resto de los compañeros.
  • Estimula sus sentidos. Para activar el cerebro de los niños con TDAH una buena manera puede ser facilitarles textos en color o textos grabados para que lo simultaneen con la lectura. No tenga miedo de cargar sus tareas por si se distrae, los elementos potentes captarán su atención. 
  • Utiliza estrategias activas. Releer una y otra vez una lección puede ser poco motivante; el uso de estrategias activas como las flashcards convertirán el estudio en un juego desafiante de acertar preguntas. Además de eso, conseguiremos centrar los esfuerzos del niño en el material que menos domina, dejando de lado estrategias de repetición que no favorecen la atención en el TDAH.
  • Recompensa la lectura. El niño debe percibir la lectura como algo motivante, así que refuérzale siempre que puedas. una buena lectura de un fragmento debe ir acompañada de un elogio, una muestra de afecto o de un premio en forma de positivo. Si esto además se hace delante de toda la clase, se favorecerá también la percepción que los compañeros tengan sobre él, mejorando así el plano social del niño con TDAH. 
Jonatan Molina Torres @joniii91
Psicólogo clínico infantil

FUENTE:

jueves, 23 de marzo de 2017

EL CEREBRO DEL TDAH. Neuronas en crecimiento



Los que nos dedicamos a atender a niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), insistimos en que se trata de un trastorno del neurodesarrollo.


Afecta al menos al 5% de la población escolar causando dificultades para dirigir y mantener la atención en una tarea, excesiva inquietud motriz y, a menudo, también impulsividad. Todo esto dificulta el buen desempeño académico y trastorna la dinámica familiar.
Quien lo padece sufre por incomprensión y porque se siente fracasar, es muy frecuente que su autoestima esté muy baja.

Aunque no conocemos exactamente los mecanismos que provocan estas dificultades que llamamos TDAH, sí que sabemos que hay una inmadurez anatómica concordante con la inmadurez en la conducta. Las técnicas de neuroimagen, los estudios neurofisiológicos y metabólicos nos van permitiendo saber cada vez más, aunque todavía no dispongamos de marcadores biológicos fiables.

Estructura del cerebro: sustancia gris y sustancia blanca

El cerebro, la parte más voluminosa del encéfalo, es un órgano complejísimo en el que se pueden distinguir diferentes estructuras a simple vista. Lo primero que llama la atención al ver un cerebro en sección es que su parte externa es más oscura –de color gris–, y su parte central más pálida –de color blanco–. La sustancia gris rodea toda la superficie del cerebro a modo de corteza y deja en el interior la sustancia blanca.


Esta diferencia de color evidencia las diferencias anatómicas que conforman estas estructuras. La corteza es gris porque en ella se distribuyen de forma ordenada los cuerpos de las neuronas –formados por el núcleo y el citoplasma que lo rodea, con sus extensiones, las dendritas– y también están ahí las células gliales, muy importantes para el buen funcionamiento de la neurona. En cambio la parte central es blanca porque contiene los axones de estas neuronas, que cuando son maduras están rodeados de mielina, una proteína que les confiere ese color blanquecino.
Esta complejidad tiene un motivo, aún no desentrañado del todo. Por un lado –el gris– está la adquisición y gestión de la información que permite ordenarla para dar una respuesta también ordenada; por otro –el blanco–, la conexión entre estructuras que permite transmitir  la información de una a otra.

Los humanos no nacemos con el cerebro ya “terminado”, de hecho solo lo “terminamos” al morir. Como órgano gestor de la información, en los primeros años de la vida su principal actividad es ir adquiriendo las estructuras necesarias para aprender poco a poco a gestionar todo lo que se le viene encima. En los años posteriores las modela y moldea según sus necesidades en cada momento.
La adquisición progresiva de las habilidades necesarias para una vida adulta autónoma -neurodesarrollo- sigue una secuencia con un patrón muy similar en todos los niños.
Aunque el neurodesarrollo es un proceso muy complejo, podemos dividirlo en etapas. En cada una de ellas primero se adquiere la habilidad de percibir el entorno para darle un sentido y después la capacidad de dar una respuesta a eso que sucede en el entorno. Es decir, y a groso modo, primero se completa el desarrollo de nuestras habilidades sensitivas –percepción– y, luego, el de nuestras reacciones –movimiento–.


Todos estos complejos procesos necesitan la formación de redes neuronales que los sustenten. Es en estas redes donde se gestiona la información. Para formarlas, las neuronas van aumentando el número y el tamaño de sus dendritas y axones –con lo que necesitan también más células gliales–, esto incrementa el volumen del cerebro y supone cambios en la anatomía cerebral –maduración–.
Vamos que, cuando se adquiere una nueva habilidad, como caminar, hablar, hacer sumas…, hay cambios en la anatomía cerebral, y existe una correlación entre los cambios anatómicos y la habilidad adquirida.

Los patrones y etapas del neurodesarrollo se correlacionan con cambios anatómicos concretos y propios de cada edad.

A lo largo de la infancia estos cambios anatómicos se aprecian como un engrosamiento de la corteza cerebral, donde se encuentran los núcleos de las neuronas y sus dendritas, porque es ahí donde se forman los circuitos que sustentan la nueva información. A la vez aumenta el volumen de la sustancia blanca, porque los axones crecen en longitud y grosor y van rodeándose de mielina para estabilizar las nuevas conexiones.


El número de neuronas no aumenta tanto como lo hace la arborización de las dendritas del cuerpo neuronal.
Y sí, ya lo has adivinado, el engrosamiento no se produce de forma uniforme y simultánea en toda la corteza cerebral, sino que las distintas partes irán madurando a medida que se adquieran las funciones en las que están implicadas.
La corteza cerebral deja de aumentar su volumen cuando se alcanza la adolescencia. En ese momento los circuitos básicos y fundamentales ya se han formado, ahora toca remodelarlos, afinarlos y estabilizarlos, lo que anatómicamente se corresponde con un adelgazamiento de la corteza cerebral. Tampoco aquí el proceso será uniforme ni simultáneo, incluso hay áreas que no sufrirán adelgazamiento alguno.

Trastornos del neurodesarrollo

Cuando un niño muestra un retraso en la adquisición de sus habilidades, o una incapacidad o variación importante de las mismas, aparecen las dificultades. Esto supone que también habrá alteraciones en la maduración de su cerebro, entendida la maduración como evolución anatómica.
Podemos decir que hay problemas de neurodesarrollo que se manifiestan como un retraso en el patrón del neurodesarrollo. Las adquisiciones aparecen más tarde, pero aparecen. Mientras que en otros problemas lo que hay es un patrón alterado, adquisiciones que no aparecen nunca o que lo hacen de manera anómala y alterada.

Parece sencillo entonces clasificar los problemas del neurodesarrollo en retrasos o trastornos. Pero… sí, siempre hay un pero, esto no está siempre tan claro, y la presencia de un retraso puede favorecer la aparición de un trastorno y al revés.


Trastorno por déficit de atención-hiperactividad

En los niños con TDAH, el patrón de neurodesarrollo, el orden en el que se adquieren las habilidades, es el mismo que en los niños sin dificultades.
Sin embargo,en los niños con TDAH, las áreas prefrontales muestran un claro retraso en la maduración cortical de los niños con TDAH y, de la misma manera, presentan peculiaridades en el funcionamiento de las capacidades que se llevan a cabo en las áreas prefrontales. Así, les suele resultar muy difícil organizar la información y resumirla, tanto al adquirirla como al explicarla. Lo entienden muy bien, pero lo explican fatal. Sus explicaciones son desordenadas, no siempre saben aclarar qué es lo importante y además lo explican de una manera acelerada, lo que empeora aún más la capacidad de autoevaluar lo que están diciendo.

Entonces, en la maduración cerebral de los niños con TDAH ¿se aprecian alteraciones o retrasos?
El cerebro del niño que sufre TDAH muestra también engrosamiento progresivo de la corteza cerebral durante la infancia, pero cuando hay TDAH se aprecia una diferencia notable en el ritmo global de engrosamiento de la corteza, de modo que el aumento del espesor cortical sucede con un retraso significativo en los niños con TDAH.
En todos los niños, con o sin TDAH, primero hay un engrosamiento de las áreas corticales que gestionan la información sensorial y motora y luego aumentan de espesor las áreas de gestión más sofisticada, en las que confluye y se mezcla información de distinta naturaleza –las áreas de asociación–. La diferencia es que en los niños con TDAH este engrosamiento está retrasado una media de aproximadamente 3 años.

Esto quiere decir que mientras en la mayoría de niños sin TDAH la corteza cerebral alcanza el 50% de su grosor máximo hacia los 7 años y medio, en los niños con TDAH esto no sucede hasta los 10 años y medio.
Este retraso es más evidente en las regiones prefrontales, las encargadas del control de las funciones cognitivas necesarias para mantener la atención y una correcta planificación motora. Justamente las dificultades que se observan en los niños con TDAH. En cambio las áreas motoras que controlan el movimiento corporal y la postura maduran ligeramente antes en el niño con TDAH que en el niño sin problemas. La combinación de ambas circunstancias podría explicar la excesiva inquietud motriz que se observa en muchos de los niños con TDAH.

Aunque no se ha estudiado aun claramente, parece lógico pensar que si la principal característica anatómica de la maduración del cerebro que padece TDAH es un retraso en la adquisición del grosor máximo de su corteza, también haya un retraso en el posterior adelgazamiento que se sabe sucede en la adolescencia. Lo que sería la explicación a una conducta más inmadura de estos niños al alcanzar la edad adolescente.

Efectos de la medicación en el TDAH

Sabemos que los niños con TDAH mejoran mucho sus síntomas con la combinación de un tratamiento farmacológico y pedagógico. Esta evidencia demostrada en múltiples estudios, nos lleva a pensar que lo que hacen los fármacos es mejorar el ritmo con el que maduran las regiones prefrontales.
Y así parece ser, los fármacos estimulantes utilizados en el tratamiento del TDAH disminuyen las alteraciones estructurales y funcionales de los niños con TDAH.

Comentario final

No existen pruebas médicas que en la práctica clínica nos permitan establecer el diagnóstico de TDAH a través de marcadores biológicos. Pero sí existen estudios sobre la maduración de la corteza cerebral en el TDAH que demuestran un claro retraso, de hasta 3 años de media, en alcanzar el grosor cortical máximo.
Existe una correlación entre el retraso en la madurez cortical y la sintomatología que se manifiesta en los pacientes con TDAH.

Los fármacos estimulantes, ayudarían mejorar el ritmo madurativo, por lo que su uso no solo está justificado sino que parece absolutamente necesario en los pacientes con TDAH.
Confío en que esta entrada pueda ayudar a los neuropediatras y otros especialistas médicos a explicar mejor a sus pacientes en que consiste el TDAH y cómo el tratamiento farmacológico mejora la sintomatología y la madurez cerebral.
2016 © mj mas

Bibliografía:

P. Shaw et al. “Attention-deficit/hiperactivity disorder is characterized by delay in cortical maturation.” Proc Natl Acad Sci U S A. 2007 Dec 4; 104(49): 19649–19654.
Thomas J. Spencer et al. “Effect of Psychostimulants on Brain Structure and Function in ADHD: A Qualitative Literature Review of MRI-Based Neuroimaging Studies”. J Clin Psychiatry. 2013 Sep; 74(9): 902–917.
Michael J. Minzenberg. “Pharmacotherapy for Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: From Cells to Circuits.” Neurotherapeutics. 2012 Jul; 9(3): 610–621.

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