TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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miércoles, 2 de agosto de 2023

31 FRASES SOBRE EL TDAH PARA COMPRENDER MEJOR ESTA CONDICIÓN


El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una condición que afecta a niños y adultos, y se caracteriza por dificultades en la atención, hiperactividad e impulsividad. Estas características pueden afectar la vida diaria de quienes lo padecen, así como también la forma en que se relacionan con los demás.

A continuación, te presento 31 frases que te ayudarán a entender mejor esta condición y a generar conciencia sobre sus impactos en la vida de las personas que lo experimentan.

1. "El TDAH no es solo falta de atención, también es desatención selectiva."

2. "La hiperactividad no es simplemente una gran energía, es una dificultad para controlarla."

3. "Ser impulsivo no implica ser irresponsable, solo toma más esfuerzo aprender a controlar los impulsos."

4. "El TDAH no es una excusa, es una explicación."

5. "La dificultad para organizarse no es falta de motivación, es una lucha constante contra la distracción."

6. "El TDAH no define a la persona, es solo una parte de ella."

7. "No hay una única forma correcta de aprender, cada persona con TDAH tiene su propio estilo de aprendizaje."

8. "El TDAH no desaparece con la edad, solo aprendemos a manejarlo mejor."

9. "El TDAH no es solo un problema de niños, también afecta a los adultos de diferentes formas."

10. "La medicación no es la única opción para tratar el TDAH, existen terapias y estrategias que pueden ser de gran ayuda."

11. "El TDAH no es falta de inteligencia, es una dificultad para demostrarla de la forma convencional."

12. "Las personas con TDAH tienen fortalezas únicas que pueden potenciar en diferentes áreas."

13. "El TDAH no es solo una etiqueta, es una realidad que puede generar desafíos y oportunidades."

14. "La frustración es parte del día a día con el TDAH, pero también aprendemos a superarla."

15. "El apoyo de la familia y el entorno es fundamental para que las personas con TDAH puedan desarrollar su máximo potencial."

16. "La creatividad y la capacidad de pensar fuera de lo convencional son características comunes en las personas con TDAH."

17. "La paciencia y la comprensión son clave al tratar con una persona con TDAH."

18. "El TDAH no es una debilidad, es una diferencia que puede convertirse en fortaleza."

19. "No todos los síntomas del TDAH son visibles, pero eso no los hace menos reales."

20. "Aceptar y comprender el TDAH es el primer paso para aprender a convivir con él."

21. "No hay una sola forma de ser exitoso, cada persona con TDAH puede encontrar su propio camino hacia el éxito."

22. "La discriminación y los prejuicios hacia las personas con TDAH solo contribuyen a aumentar su carga."

23. "No hay que subestimar el esfuerzo que requiere para una persona con TDAH completar una tarea."

24. "La creatividad y el pensamiento rápido son habilidades que las personas con TDAH pueden desarrollar al máximo."

25. "El TDAH no es solo una cuestión de voluntad, también es una cuestión de química cerebral."

26. "El TDAH no define el futuro de una persona, solo influye en la forma en que lo construye."

27. "La educación inclusiva es fundamental para que las personas con TDAH puedan desarrollar todo su potencial."

28. "El TDAH no es un defecto, es simplemente una forma diferente de procesar la información."

29. "La perseverancia y la resiliencia son cualidades que las personas con TDAH suelen cultivar."

30. "Educar sobre el TDAH es clave para fomentar la empatía y la comprensión."

31. "Nunca subestimes el potencial de una persona con TDAH, pueden llegar más lejos de lo que te imaginas."

Estas frases nos permiten comprender mejor las experiencias de aquellos que viven con TDAH y nos invitan a reflexionar sobre la importancia de la empatía y la comprensión en nuestra sociedad.

Es crucial destacar la palabra “comprensión” en este contexto, ya que es fundamental para poder ofrecer un apoyo adecuado a las personas con TDAH. La comprensión implica ser consciente de las dificultades que enfrentan a diario, respetar sus ritmos y necesidades, y brindarles un entorno inclusivo donde puedan desarrollar todo su potencial.

Solo a través de la comprensión y el apoyo mutuo podemos construir una sociedad más inclusiva y empática para todos.

FUENTE:

https://www.citasdelibros.com/frases-del-tdah/

https://pixabay.com/es/illustrations/agregar-antecedentes-de-tdah-7450890/

lunes, 13 de febrero de 2023

TDAH, el trastorno que trae de cabeza a padres y profesores y hace sufrir al niño


Lo padece más del 5% de los niños de tres a 16 años y es un proceso de alteración del sistema nervioso central

Por Gema Puerto. 31 de enero de 2023

Alberto, tiene 14 años, es muy impulsivo y no se concentra. Como asegura su padre “es muy nervioso. Tiene dificultades para estar sentado, hacer deberes, o realizar cualquier tarea de índole intelectual. La situación se ha vuelto insostenible y, en el colegio, ha recibido distintas amonestaciones por su mal comportamiento, además de suspender varias asignaturas”. 

Después de analizarlo con la orientadora del colegio y llevarlo a neuropediatría, sus padres ya tienen el diagnóstico. Sufre trastorno por déficit de atención e hiperactividad, comúnmente conocido como TDAH. La doctora ha llegado a esa conclusión después realizarle una resonancia del cráneo y valorar los informes de distintos psicopedagogos que trataron a Alberto cuando era más pequeño. También la neuropediatra ha sopesado los antecedentes del pequeño, ya que, aunque su tío paterno no está diagnosticado, se cree que también lo tuvo.

Según Rafa Guerrero, psicoterapeuta y autor del libro “TDAH. Entre la patología y la normalidad”, “el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo por el cual el niño o adolescente tiene dificultad para concentrarse, intranquilidad, nerviosismo, necesidad de estarse moviendo constantemente y una alteración del control de impulsos. Lo sufre más del 5% de la población infantil y juvenil entre los tres y los 16 años. Es un proceso de alteración del sistema nervioso central que dificulta controlar el comportamiento de las emociones y los pensamientos, no poder concentrarse y dificultades para adaptarse en situaciones que necesitan gran atención”.

La importancia de la detección temprana

Es importante hacer una detección temprana de esta patología ya que tanto el niño como la familia obtendrán grandes beneficios con las terapias actuales, ya sea mediante medicamentos que le ayuden a concentrarse, como con terapia psicológica. Así se reducirá el impacto que produce la impulsividad, la hiperactividad y la falta de concentración.

No hacer el tratamiento puede provocar fracaso escolar.  Sin él, el paciente tendrá dificultades para memorizar y concentrarse, atender o escuchar en el colegio, lo que le provocará una frustración que después puede acabar en síntomas depresivos o adaptativos. También la impulsividad puede generar lesiones, problemas en el colegio con compañeros y diferentes problemas de comportamiento.

“Hay un porcentaje alto de profesores que tienen alumnos con TDAH y no lo saben. Los niños que lo sufren no se concentran y son impulsivos, pero esos son los síntomas. Lo que hay que buscar es la raíz del problema. EL TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que indica un procesamiento lento del cerebro, éste puede ser hasta un 35% más lento”, añade Guerrero quien asegura que su impulsividad suele generar situaciones estresantes, surgen problemas de concentración y de difícil organización debido a que no pueden mantener la atención, se distraen con facilidad e incluso se ha llegado a describir como una sordera ficticia ya que no escuchan.

Para este psicoterapeuta el TDAH no se cura, pero “se puede amortiguar dando recursos al niño o al adolescente para que haga trabajar la parte prefrontal de su cerebro que es la que tiene afectada”. Guerrero, no está en contra ni a favor de los medicamentos “la medicación es un complemento, si creo que al niño le viene bien le derivo al neurólogo. Gracias a los fármacos se aumentan los niveles de dopamina y noradrenalina. Se focaliza mejor y se controlan los impulsos, eso está muy bien, ya que ayuda a la concentración en clase, pero lo que queremos es que en algún momento se les reeduque con estrategias y recursos para quitarle la medicación y que funcione sin muletas”.

Pero ¿qué decir a los padres con hijos con TDAH?

“Cuando un niño es disruptivo en el aula, o en casa, hay algo que nos dice que algo está pasando. Lo que hay que hacer es no quedarse en los síntomas. Si nuestro hijo suspende ocho asignaturas, esa es la consecuencia, pero hay una raíz neurológica, ambiental etc. A lo mejor resulta que tiene dificultades para concentrarse, a lo mejor resulta que sus padres se llevan fatal, o alguien ha abusado de él o su abuelo se está muriendo...”, añade Guerrero. La respuesta es no juzgarles desde su entorno familiar, la escuela, los amigos…Estos niños “sufren una desregulación a muchos niveles, hay mucho miedo, mucha rabia y tienen la autoestima tocadísima. Son niños castigados y estigmatizados”.

Para acompañarle en su problema de maduración “es cuestión de tiempo y paciencia, la clave está en los adultos, los profesores. No está en el menor. El menor baila en función de la música que le pongamos. Lo que hay debajo de esos síntomas es una problemática a nivel de supervivencia. Yo les digo a los padres, imaginad que vuestro hijo está en la selva y corre ante un tigre. Vosotros, de forma paralela, le preguntáis por los autores de la generación del 27 y vuestro hijo mientras tanto se está jugando la vida. ¿Técnicas de estudio? No, lo primero son los cimientos, lo último es el ático, es decir, las notas. Hay que demostrarles que les quieres y que están arropados”.

FUENTE:

https://medicinaresponsable.com/enfermedades/tdah-ninos

https://www.istockphoto.com/es/foto/el-hombre-frustrado-con-problemas-nerviosos-siente-ansiedad-y-confusi%C3%B3n-de-gm1362894903-434655676       

miércoles, 6 de julio de 2022

EL DOBLE RETO DE SER MUJER Y PADECER TDAH

 


El Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se presenta en la niña y en la mujer como inatención, pasando desapercibido en el entorno familiar y escolar y muchas llegan a la edad adulta sin diagnosticar. Los síntomas más comunes son los despistes, la falta de atención, la desorganización, la procrastinación o perder cosas con frecuencia… Si te sientes identificada, consulta a un especialista para descartar que padezcas TDAH.

El TDAH en la mujer y la niña es rara vez diagnosticado ya que la sintomatología según cada género se manifiesta de forma diferente y en las mujeres suele pasar más desapercibida. Según los expertos consultados, existe un sesgo de género en cuanto a la detección del trastorno.

En muchos casos, no detectar el TDAH a tiempo puede acarrear problemas de depresión y ansiedad, baja autoestima, dificultades en las relaciones personales y problemas laborales.

Muchas mujeres creen que el tratamiento les ha cambiado la vida y encuentran sentido a muchos de sus problemas tras conocer el diagnóstico.

Qué es el TDAH

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo. Esto quiere decir que hay unas dificultades desde el propio nacimiento – e incluso desde el desarrollo del feto – que va a tener unos síntomas principales que son: la capacidad para mantener la atención de forma sostenida, y altos niveles de impulsividad y, en algunos casos, hiperactividad motora. Se enmarca en los trastornos mentales, en concreto de los trastornos del neurodesarrollo, como el autismo, el síndrome de Tourette o la dislexia.

Vivir con TDAH: la experiencia de la mujer

Ada Soto es una mujer de 36 años que fue diagnosticada de TDAH hace apenas dos años, cuando tenía 34.

Afirma que el TDAH se encontraba “enmascarado” en sus dos síntomas principales: la depresión y la ansiedad, por los cuales había acudido a terapia múltiples veces en búsqueda de ayuda.

“La depresión y la ansiedad eran una consecuencia de no tener un diagnóstico a tiempo”, y es que, una vez que llega a conocer que padece este trastorno, es cuando empieza a “encontrar lógica a todo lo que le pasaba”, relata la afectada.

En su niñez y en su juventud, se define como una buena alumna. Era buena en la escuela y le ha ido bien a nivel profesional, pero la motivación y la organización se presentaban como obstáculos en su día a día. En clase notaba que le era “muy difícil mantener una concentración sostenida” y que fácilmente se perdía en sus pensamientos.

El trabajo se presentó como un bache aún mayor y el TDAH se volvió mucho más difícil de llevar. Cada vez se encontraba con más dificultades y no entendía porque el resto de personas no se encontraban con los mismos baches que ella: falta de motivación, distracciones, despistes continuos… Esto le llevó, al igual que muchas mujeres en su situación, a entrar en una espiral de depresión y ansiedad que no logró tratar hasta que descubrió que el principal problema era que sufría TDAH.

“La primera vez que tomé el medicamento sentí mucha más energía, noté como me podía concentrar en ciertas cosas”. Le dijo a su psiquiatra “oye, por qué no me habías dado esto antes”. No duda al afirmar que la medicación, junto con la terapia, le han cambiado la vida.

No es la única mujer que se encuentra ante un cambio abismal en su vida tras comenzar con el tratamiento del TDAH.

Testimonio anónimo

“El cambio es tan grande que parece que no tiene lógica”, declaraba otra de las mujeres afectadas por el trastorno, que ha preferido mantener su anonimato por miedo a represalias laborales. Considera que las enfermedades mentales, como es el caso del TDAH, tienen demasiados estigmas, y que “la gente no está preparada para entender que gracias al tratamiento puedo tener la misma capacidad que cualquier otra persona”.

La medicación le ayudó a conseguir un trabajo estable tras numerosos despidos. Esta inestabilidad laboral se fue convirtiendo en inestabilidad emocional que terminó desembocando en muchos procesos depresivos.

Le diagnosticaron TDAH con 34 años y, cinco meses después de comenzar la medicación consiguió su primer ascenso. El cambio fue tan radical que llegó a conseguir otros cinco ascensos en un periodo de tiempo inferior a un año.

Para ella, vivir sin el diagnóstico “fue horroroso”. “No entender porque no funciona nada en tu vida es una frustración enorme”, declaraba. Considera que las chicas, por lo general, muestran una tendencia a “sobre compensar” este problema invirtiendo mucho más tiempo y esfuerzo en realizar cualquier tipo de trabajo, ya sea en el ámbito laboral, educativo, o dentro del propio hogar.

La detección del trastorno le supuso periodos muy largos de terapia en los que trataba periodos depresivos. No logró que la derivaran a un psiquiatra hasta que no le mintió al médico de cabecera diciéndole que un psicólogo le había afirmado que padecía TDAH. La derivaron al psiquiatra, a quien ella define como el mayor especialista en TDAH de Madrid, quien le diagnosticó el trastorno a los 10 minutos de empezar la consulta.

Desconocer que padecía este trastorno, y por lo consiguiente, la falta de tratamiento para el mismo, le afectaron especialmente en su vida personal. Ella confiesa que la impulsividad y la inestabilidad le llevaron a perder su relación y algunas de sus amistades.

Adriana: “Sentía que no encajaba en ningún sitio”

Adriana Escobar es otra mujer que fue diagnosticada de TDAH siendo adulta, concretamente con 40 años.

Toda su vida tuvo una sensación, “no encajaba en ningún sitio, no estaba bien. Tenía la sensación de que estaba rota”, comenta. A pesar de que tiene muchos síntomas, define la búsqueda del diagnóstico como un “show”.

Se dio cuenta de que padecía TDAH cuando buscaba un diagnóstico para su hijo. Se percató en ese momento de que sus problemas eran similares a los de él.

Trató de obtener un tratamiento para sí misma, pero afirma que a través de la sanidad pública le ha sido imposible.

El abordaje de la salud mental en Sistema Nacional de Salud, en su opinión, “está fatal en general” y hay un estigma dentro de los mismos profesionales, por lo que es muy difícil encontrar a alguien que esté actualizado, y “si tiras de sesgo de género, aún más”.

Para Adriana, dentro de la propia dificultad que plantea este trastorno, para las mujeres supone una dificultad mayor aún ya que “como mujer te piden un comportamiento y unos estándares más exigentes”. “Se supone que somos perfectas”, declara y que la realidad está muy lejos de esto. Por eso considera que “es muy importante que haya perspectiva de género, porque al final, dentro de todo, las mujeres terminamos siendo las más mal paradas”.

Acudió a un psiquiatra privado e inmediatamente le confirmaron que padecía TDAH. Hace tan solo tres meses que ha sido diagnosticada.

Solicitó la medicación ya que necesitaba algo que le ayudará a mejorar porque buscaba apoyo para poder ayudar a su hijo y “dicho y hecho”, afirma.

El primer día, a las dos horas de comenzar la medicación, notó un cambio abismal: “En mi cabeza hay mucho ruido y la medicación es como si me pusieran unos tapones y no escuchase nada”.

Adriana también había acudido numerosas veces a terapia, pero cree que “ha tenido mala suerte en la Seguridad Social”.

Tiene un trastorno de alimentación asociado al TDAH, algo común entre las personas que padecen este trastorno, y recrimina que, para los médicos, la mayor preocupación siempre era que baje de peso, obviando su trastorno.

La mujer con TDAH sufre un cambio de vida tras conocer su diagnóstico. Y es que, vivir con una enfermedad que no sabes que padeces es algo muy frustrante para todos, pero especialmente si nadie se da cuenta durante años de que esa enfermedad te está haciendo la vida mucho más difícil que a los demás.

La aparición del diagnóstico y, por consiguiente, del tratamiento, es algo que ha mejorado la vida de estas mujeres de golpe. Todas reconocen un cambio abismal respecto al funcionamiento de su cerebro desde el primer día que comienzan con el tratamiento médico.

Solo es cuestión de un instante para que sus vidas cambien por completo. Para que empiecen a entender muchas cosas en su vida, pero, sobre todo, para que empiecen a comprender y a perdonarse a sí mismas por muchas situaciones pasadas.

Los expertos lo tienen claro: existe un sesgo de género

Hablamos con el doctor Josep Antoni Ramos Quiroga, la doctora Mercedes Sánchez (ambos psiquiatras especializados en TDAH) y Ana Gómez, maestra especializada en TDAH. Sus testimonios coinciden en que el TDAH pasa desapercibido en las mujeres y suele camuflarse en problemas de depresión y ansiedad.

“En los niños predominan más los síntomas de hiperactividad y en las niñas predominan más síntomas de déficit de atención, por lo que pueden pasar desapercibidas y ser diagnosticadas más tarde”, explica la doctora Mercedes Sánchez.

Según datos de la doctora, las cifras de prevalencia (que es el porcentaje por habitante), muestran que entre un 5% y un 7% de niños padecen TDAH. En adultos se calcula que la cifra se aproxima a la mitad, “aunque siempre se habla de infradiagnóstico”.

Cuando hablamos de niñas, en los casos en los que solo se manifiesta el déficit de atención (sin hiperactividad) es mucho más difícil de diagnosticar.

Para identificar estos casos, debemos fijarnos en si las niñas tardan mucho en hacer los deberes, si el tiempo de estudio corresponde con sus notas, y si se saltan preguntas o repiten fallos tontos.

A menudo se encasilla a las mujeres con la etiqueta de perezosas, vagas, olvidadizas, despistadas… sin asociar estas conductas con un TDAH. Esto se debe, en parte, a que el TDAH en adultos se encuentra, en cierto modo, invisibilizado “en 2015 salen los catálogos del TDAH en adultos, pero antes no existía”, indica la especialista.

Para las mujeres que llevan toda su vida sin que les detecten este trastorno, “un diagnóstico por sí mismo es terapéutico”, afirma la doctora, sosteniendo que mejora notablemente la vida diaria de las pacientes.

Que las encasillen como personas vagas, perezosas, despistadas y desorganizadas les supone un rechazo y un estigma tanto por la familia como por la sociedad, por eso, cuando llegan a adultas y alguien les dice por fin lo que tienen, para ellas es un alivio.

Este trastorno se detecta con una entrevista clínica que se basa en la entrevista con el paciente y, en algunos casos, también con sus familiares y su tratamiento es individualizado.

Se trata de un tratamiento multimodal: una combinación de terapias de psicología, cognitivo-conductual, psicoeducación y farmacológica. Aunque la realidad es que la mayoría de las personas no pueden permitirse acceder a todas estas opciones y lo tratan únicamente con medicamentos.

La psiquiatra afirma que “el tratamiento les da vida” y que el fármaco por sí mismo es más efectivo que todas las terapias psicológicas. Los más efectivos son los estimulantes, aunque también hay tratamientos no estimulantes, “los estimulantes, a pesar de la mala fama que tienen son fármacos seguros, eficaces y bien tolerados”.

Para Mercedes Sánchez, las mujeres con TDAH son “personas extremadamente vulnerables” y se asocian más con abusos, acoso e incluso violencia de género. “Este problema se ve afectado por los roles de género, ya que de la mujer se siguen esperando cosas distintas que de los hombres, y muchas mujeres con TDAH no pueden cumplir con las expectativas que se espera de ellas”.

En cuanto a los adultos en general, nos habla del infradiagnóstico y quiere destacar el grupo de niños nacidos en los años 60, 70 y 80, ya que fueron años donde no se diagnosticaba el TDAH -aun habiendo problemas de conducta, de adicciones, o de fracasos escolares- ya que en esa época “te ponían a trabajar y no te llevaban al psiquiatra”. Por esto, es probable que muchos de los niños y adultos de esta época no hayan sido diagnosticados. 

Ramos-Quiroga: Mayor sintomatología en las niñas

Por su parte, el psiquiatra Josep Antoni Ramos-Quiroga coincide al afirmar que “existe un sesgo de detección”, y que hay el doble de niños diagnosticados e “incluso en algunas estadísticas el triple”.

Pero esto no quiere decir que el trastorno se de dos o tres veces más en niños que en niñas, sino que hay mayor detección del síndrome en el género masculino que en el femenino.

Sostiene que como las niñas o mujeres presentan una mayor sintomatología de atención –frente a la hiperactividad de los niños– de alguna manera “pasa desapercibido clínicamente o se confunde con otros trastornos como la ansiedad o la depresión”.

El experto indica que las enfermedades mentales se diagnostican clínicamente: “Hoy en día no tenemos pruebas complementarias que tengan la suficiente especificidad y sensibilidad como para detectar estos trastornos”, aunque cada vez se conocen más las causas genéticas concretas que están relacionadas con las distintas enfermedades mentales. 

La carga genética del TDAH

Muchas veces, este trastorno se diagnostica en la edad adulta coincidiendo con el diagnóstico de uno de los hijos. Durante la evaluación del niño, se dan cuenta de que lo que le pasa al hijo es lo mismo que le pasaba a ella.

El TDAH tiene una carga genética muy alta. “Si tu coges el 100% de los motivos por los cuales una persona tiene TDAH, el 76% tiene que ver con nuestra dotación genética”, explica el doctor Quiroga.

Estos mismos genes también confieren más riesgo a tener otras enfermedades que se suelen asociar al TDAH, como las adicciones, la obesidad, la migraña y la depresión.

“No hay que caer en un determinismo genético”, advierte.

“Sabemos que las bases genéticas juegan un papel destacado, pero siempre hay que tener presente que la expresión de los genes depende también de la interacción que tenemos con el medio ambiente”. Esto quiere decir, que si el entorno es protector y favorable, el riesgo de la expresión y de la gravedad del TDAH disminuye notablemente.

Ana Gómez: maestra, paciente y en el asociacionismo

Ana Gómez es maestra y tiene un posgrado en TDAH y trastorno de la conducta y otro en neurociencia y educación. A su vez, forma parte de la Asociación Madrileña de Adultos con Déficit de Atención e Hiperactividad (AMATDAH).

AMATDAH es una asociación formada por personas con déficit de atención, lo que resulta complicado, según nos explica ya que el papeleo les resulta “un horror” y “las reuniones se pierden o se olvidan”.

Ana, además, sufre TDAH, y lo descubrió cuando se enteró de que lo padecía su hija. “Me puse a leer bien todos los síntomas y me puse a llorar. Soy yo”, comentaba. Después de esto se puso a llamar a psicólogos y psiquiatras en búsqueda de un diagnóstico y se encontró con situaciones de todo tipo “me dijeron que no existía, que era falta de madurez”.

Su vida cambió después de conocer el diagnóstico. “Te perdonas a ti misma muchas cosas”, explica. Como muchas otras mujeres, antes de conocer que tenía TDAH experimentó largos periodos de depresión y ansiedad.

Decidió especializarse en ello porque le interesaba “muchísimo” a nivel educativo.

Explica que “si la niña no molesta” el trastorno es difícil de detectar ya que pasan desapercibidas en los colegios y que, por lo general, “las niñas hacen mucho masking”, es decir, que tratan de guardar mucho más las apariencias que los niños, “que no se les note”. “La sociedad les dice lo que tienen que hacer y cómo tienen que comportarse, por lo que son más comedidas”, explica.

Opina que esta condición no desaparece en la edad adulta. “Hay muchas mujeres que tienen todo impoluto o que llegan una hora antes a los sitios simplemente por compensación”, afirma.

Otras, como es su caso, se dan cuenta de que padecen este trastorno cuando son madres, pero que se sigue enmascarando ya que “si no pareces mala madre”. Incluso hay casos de mujeres que llegan a desarrollar un TOC: “ tienes tanto miedo a relajarte que no te lo permites”, explica.

Coincidiendo con muchas mujeres en su situación, también opina que “es fundamental que los empleos se adapten a las personas con TDAH” y que estas adaptaciones serían “muy sencillas” y que le harían la vida mucho más fácil a todas aquellas personas que padecen este trastorno.

En cuanto a las consecuencias que supone vivir sin un diagnóstico, las respuestas de los expertos vuelven a coincidir. Una persona que arrastra un TDAH se encuentra con consecuencias como la ansiedad, la depresión, y la baja autoestima.

Además, las personas con TDAH encuentran dificultades a la hora de enfrentarse a nuevos trabajos y son más propensos a generar conductas adictivas (a sustancias, comida, internet, compras compulsivas, o incluso al sexo). El consumo de drogas suele ser superior en personas con TDAH sin diagnosticar ya que inconscientemente sirve como un tratamiento para el trastorno.

No solo esto, las relaciones personales – como hemos visto – se complican. Debido a la impulsividad, muchas veces se encuentran dificultades a la hora de mantener tanto una relación sentimental estable como una relación de amistad. Además, son más propensos a tener accidentes.

En general, y teniendo en cuenta que cada caso es siempre particular, los síntomas que presenta el TDAH son frecuentemente comunes. Debemos atender a todas aquellas alertas centradas en la inatención y ver si estas son frecuentes.

Sí eres una mujer u hombre que se siente identificado con estas historias, que compartes muchos de los síntomas del TDHA que han sido mencionados, y que llevas años pensando que algo falla en tu vida, quizá tú también padezcas este trastorno. Presta atención a todas las advertencias de los expertos y, ante cualquier caso de duda, acude a un especialista. Quien sabe, quizá tu vida también pueda ser un poquito mejor.

FUENTE:

https://efesalud.com/tdah-mujer-diagnostico-sesgo-genero/

https://www.freepik.es/vector-gratis/sombra-mujer-sobre-fondo-pintura-rosa_14730262.htm#query=MUJERES&position=49&from_view=search

miércoles, 7 de abril de 2021

ASPECTOS MENOS CONOCIDOS DEL TDAH: DÉFICIT DE HABILIDADES SOCIALES Y PROBLEMAS EMOCIONALES



Los 2 aspectos menos conocidos del TDAH: El déficit de habilidades sociales y los problemas emocionales

Todos conocemos, más o menos, algunas de las características que presenta un niño con TDAH: 

  • Inatención
  • Dificultades para concentrarse
  • Desorganización
  • Exceso de movimiento 
  • Impulsividad.

Sin embargo, los niños con TDAH se enfrentan a otro gran reto relacionado con sus dificultades para regular las emociones y para relacionarse satisfactoriamente.

Russell Barkley, uno de los mayores expertos mundiales en TDAH, ha puesto el énfasis en estos aspectos. Elaboró un modelo de autorregulación emocional en el TDAH que nos ayuda a comprender cómo las personas con TDAH gestionan y regulan sus emociones. Las diferencias con el proceso que siguen las personas que no tienen TDAH son notables, y tienen profundas implicaciones en su vida diaria.

Habilidades Sociales en el TDAH

Las relaciones sociales en los niños con TDAH suelen verse afectadas por su impulsividad, la falta de empatía o capacidad de ponerse en el lugar del otro, el bajo autoconcepto y autoestima, y la inseguridad.

Los niños con TDAH tienen intención social, quieren jugar con otros niños, tener amigos, pero a menudo no saben cómo relacionarse. Pueden ser percibidos como niños torpes, nerviosos, niños que no siguen las reglas de los juegos, que se entrometen en las conversaciones o no saben guardar su turno. Todo esto a menudo genera rechazo por parte del resto de niños.

Este rechazo, que ellos notan perfectamente, a menudo les conduce a efectuar conductas complacientes, buscando la aceptación del otro: se vuelven sumisos, o tratan de agradar de forma poco acertada a los demás, tratan de llamar la atención con bromas o chanzas que pueden ser provocadoras o de mal gusto. Logran así lo contrario de lo que buscan: el resto del niño los tiene por “pesados”o “payasetes”.

Si algo he podido observar en todos estos años de consulta es la enorme soledad que sufre un niño con TDAH. Incomprendido en casa, donde parece molestar, no dar la talla, no hacer las cosas bien. Fracasando en el colegio, o no obteniendo resultados acordes a sus esfuerzos. Y con relaciones sociales poco satisfactorias, donde sienten que no son aceptados totalmente o que no merecen la amistad de sus compañeros. 

El TDAH es un trastorno que provoca un gran sufrimiento en el niño. Y si las áreas académicas y comportamentales contribuyen en gran parte a estos males, el área emocional o social lo hacen decisivamente.

Los trastornos del estado de ánimo y el TDAH

Un problema muy frecuentemente asociado al TDAH y muchas veces ninguneado son los efectos que tiene  tener un déficit de atención con o sin hiperactividad en el estado de ánimo del niño. En una proporción cuatro veces mayor que en niños sin TDAH que presentan depresión y ansiedad.

Su autoestima está mermada y suelen tener un autoconcepto negativo, se sienten incapaces, tontos, diferentes…etc. Además, como en muchas ocasiones el rendimiento académico suele ser bajo y no se corresponde con el esfuerzo realizado, desarrollan lo que se llama “indefensión aprendida” (“da igual lo que haga, no me sirve de nada”), pudiendo vérseles desmotivados, frustrados y desinteresados con frecuencia en las tareas académicas.

Por otra parte, una vez están trabajando en psicoeducación y son muy conscientes de sus problemas, desarrollan la metacognición mucho más que otros niños (la conciencia sobre sus propios procesos de aprendizaje). Esto es muy positivo porque les ayuda a regular su conducta, prever fallos, anticipar consecuencias, etc., pero tiene el lado negativo de que aumenta la ansiedad con que viven todo lo relacionado con la escuela. Están más preocupados por los resultados académicos que otros niños, más pendientes de los fallos que hacen, de si se vuelven a equivocar o no en lo mismo, etc. Por lo que son más exigentes consigo mismos y en consecuencia están más ansiosos.

El estado de ánimo deprimido también suele presentarse con frecuencia, relacionado con la autoestima, la ansiedad, los sentimientos de incapacidad y la frustración ante el resultado de sus esfuerzos.

Además, con mucha frecuencia presentan labilidad emocional, irritabilidad, poca tolerancia a la frustración y mayor reactividad, También tienen más dificultades para “desconectar” y pasar de una tarea a otra. Esto está relacionado con un déficit funcional en el sistema de regulación cognitivo-emocional.

El TDAH es un trastorno de gran complejidad y fuertes implicaciones para la vida del niño. Tratar adecuadamente el área comportamental y cognitiva es fundamental, pero no lo es menor dar el apoyo emocional que necesitan.

FUENTE:

Úrsula Perona. Psicóloga infantil. Colaboradora de Sapos y Princesas

https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/salud-infantil/aspectos-menos-conocidos-del-tdah-el-deficit-de-habilidades-sociales-y-los-problemas-emocionales/

https://pixabay.com/es/photos/smiley-emoticon-ira-enojado-2979107/

martes, 16 de febrero de 2021

APRENDER SIN QUE HAYA UN SOBREESFUERZO AÑADIDO

 


28/03/2019

Fuente: FAROS Sant Joan de Déu

¿Por qué es importante la neuropsicología en el aprendizaje?

Todo el mundo entiende que un diabético deba inyectarse insulina. Todo el mundo entiende que si tienes los pies planos, tengas que llevar unas plantillas especiales. Y todo el mundo entiende que si tienes miopía, necesites llevar gafas. Ninguna de estas adaptaciones especiales las vemos como un agravio hacia quien no sufre estas disfunciones.

Sin embargo, ¿Qué ocurre cuando a un niño le cuesta leer? ¿Qué pasa cuando a un alumno le cuesta estar atento? ¿Por qué vemos como un agravio para el resto de alumnos el trato diferenciado de un niño disléxico o con Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)?

El sistema educativo, históricamente, ha partido de la premisa errónea de que todos los individuos tienen un perfil cognitivo similar, y para ello deben alcanzar unos objetivos marcados del mismo modo en cada curso. Afortunadamente, cada vez somos más conscientes de que cada individuo, en el ámbito del aprendizaje, tiene unas peculiaridades propias.

El cerebro es específico para cada uno de nosotros: somos hábiles en determinadas tareas y podemos ser un desastre en otras. Es tan claro que a menudo nos sentimos identificados con el perfil cognitivo de nuestros hijos. Es normal que si un niño tiene unos padres o padre despistado, él pueda heredar esta peculiaridad.

Todo ello, aplicado al mundo del aprendizaje, se concreta en una idea: conocer la neuropsicología de un alumno (o lo que acontece es lo mismo, el funcionamiento de su cerebro) nos ayudará a hacer que este progrese de manera eficaz y tranquila.

“Nuestro hijo pequeño no quiere ir a la escuela y cada día llora. Dice que tiene dolor de cabeza, que se le borran las letras y que tiene que hacer demasiadas tareas". ¿Cómo podemos ayudarle?

Si decimos que la mayoría de niños prefieren jugar en el parque que ir a la escuela no estaríamos descubriendo la sopa de ajo. A veces, sin embargo, las protestas de los niños vienen fundamentadas por una mala experiencia directamente relacionada con un trastorno del aprendizaje. Si nuestro hijo, en edades tempranas, expresa ideas similares a las que se exponen a las del enunciado, es posible que sea como consecuencia de un sobreesfuerzo relacionado con una disfunción neurobiológica.

Padres y profesores tenemos tendencia a pensar que, si dejamos pasar el tiempo, este malestar de nuestro hijo desaparecerá, que el niño madurará. Pero esto no es así. Detectar un posible trastorno del aprendizaje a tiempo es la manera de reconducirlo y, a la vez, ayudar a que el niño no vea afectada su autoestima.

Los niños son inteligentes emocionalmente, no se desmotivan por qué sí. Cuando vemos que nuestro hijo expresa frustración respecto a su experiencia educativa debemos pensar que, en determinadas ocasiones, no será por voluntad propia del niño -no me da la gana seguir el ritmo del aula- sino por imposibilidad real del alumno -por mucho que me esfuerce no puedo seguir el ritmo del aula.

Para remediar esta situación, la solución pasa por valorar el perfil cognitivo del niño. Esto nos permitirá describir sus puntos fuertes y débiles, tener una fotografía de su capacidad de aprendizaje, y saber si algún trastorno interfiere en este proceso. Conociendo esto, será mucho más fácil trasladar en casa y en la escuela pautas básicas para evitar repercusiones académicas negativas, frustraciones y angustia. No debemos perder de vista que el cerebro de un niño es plástico, y como tal, las intervenciones tempranas serán decisivas a la hora de que los puntos débiles del niño dejen de serlo. Hay que tener presente que la prevención siempre es la mejor intervención, por tanto, si conseguimos adelantarnos a que aparezca un déficit, es un éxito.

La vía de acceso al aprendizaje

Actualmente, el sistema educativo de nuestro país gira en torno a un sistema de aprendizaje basado en tres pilares: escuchar, leer y escribir. La atención nos sirve para retener los conocimientos que nos traslada el profesor; la lectura la utilizamos para complementar los conocimientos impartidos en clase; y finalmente, a través de la escritura, demostramos que hemos podido alcanzar con éxito estos conocimientos.

¿Qué pasa, sin embargo, cuando un niño tiene, justamente, afectada la atención, la lectura y/o la escritura? La respuesta parece evidente: el proceso de aprendizaje no se completará con éxito, ya que el niño tendrá que hacer un sobreesfuerzo inmenso que no tendrá como premio unos buenos resultados académicos. Y como consecuencia de ello, la frustración, la ansiedad y la antipatía con todo lo que tenga que ver con la escuela.

En cambio, si a uno le cuestan las matemáticas, el deporte o la música, en la escuela no estaría en una situación tan desfavorecida porque estas habilidades solo implican un ámbito.

¿Por qué nos da miedo etiquetar o poner nombre a las dificultades del niño?

¿Cómo podemos dar una respuesta adecuada o remediar el problema en cuestión, si no sabemos exactamente qué le cuesta a nuestro hijo o hija? Debemos eliminar las connotaciones negativas a recibir un diagnóstico o poner nombre específico a las dificultades. Saber qué le pasa exactamente al niño es justamente lo que nos permitirá saber cómo lo tenemos que de ayudar. Tener un diagnóstico en el fondo es un factor protector. Quiere decir que sabemos exactamente qué hacer para que esta dificultad interfiera lo menos posible en su progreso académico y autoconcepto.

Los niños se dan cuenta de cuando algo les cuesta y negarlo no les ayuda. Es más, si no los ayudamos a entender qué les pasa, ellos solos se acabarán dando su propia explicación. El relato al que normalmente llegan ellos solos es que no son lo suficientemente inteligentes, y por tanto, su autoestima se afecta y generalmente se sienten a disgusto o mal.

Al final tenemos que tener claro que quizás tenemos mal entendidas las connotaciones que damos o nos evocan aquellas etiquetas. Hay que eliminar las creencias erróneas respecto a este tipo de diagnósticos. A un niño con dislexia lo único que le pasa es que le cuesta un poco leer y a un niño con TDAH le cuesta autorregularse. El grado de severidad de estos trastornos varía y las estrategias que tiene cada individuo también son diferentes, por lo tanto hay que romper con los tópicos a la hora de  hablar sobre ello.

Elisabet Ristol Orriols: Neuropsicóloga infantil experta en trastornos del aprendizaje escolar. Unidad de Trastornos del Aprendizaje Escolar (UTAE).

FUENTE:

https://faros.hsjdbcn.org/es/articulo/aprender-sin-haya-sobreesfuerzo-anadido

https://pixabay.com/es/photos/trabajo-escolar-escribir-bodeg%C3%B3n-851328/


miércoles, 6 de septiembre de 2017

EL DÉFICIT DE HABILIDADES SOCIALES Y LOS PROBLEMAS EMOCIONALES. Los dos aspectos menos conocidos del TDAH


Photo by Alexander Shustov on Unsplash

Todos conocemos, más o menos, algunas de las características que presenta un niño con TDAH: inatención, dificultades para concentrarse, desorganización, exceso de movimiento o impulsividad.
Sin embargo, los niños con TDAH se enfrentan a otro gran reto, relacionado con sus dificultades para regular las emociones y para relacionarse satisfactoriamente.

Russell Barkley, uno de los mayores expertos mundiales en TDAH, ha puesto el énfasis en estos aspectos. Elaboró un modelo de autorregulación emocional en el TDAH que nos ayuda a comprender cómo las personas con TDAH gestionan y regulan sus emociones. Las diferencias con el proceso que siguen las personas que no tienen TDAH son notables, y tienen profundas implicaciones en su vida diaria.

Habilidades Sociales en el TDAH

Las relaciones sociales en los niños con TDAH suelen verse afectadas por su impulsividad, la falta de empatía o capacidad de ponerse en el lugar del otro, el bajo autoconcepto y autoestima, y la inseguridad.

Los niños con TDAH tienen intención social, quieren jugar con otros niños, tener amigos, pero a menudo no saben cómo relacionarse. Pueden ser percibidos como niños torpes, nerviosos, niños que no siguen las reglas de los juegos, que se entrometen en las conversaciones o no saben guardar su turno. Todo esto, a menudo, genera rechazo por parte del resto de niños. Este rechazo, que ellos notan perfectamente, a menudo les conduce a efectuar conductas complacientes, buscando la aceptación del otro: se vuelven sumisos, o tratan de agradar de forma poco acertada a los demás, tratan de llamar la atención con bromas o chanzas que pueden ser provocadoras o de mal gusto. Logran así lo contrario de lo que buscan: el resto del niño los tiene por “pesados”o “payasetes”.

Si algo he podido observar en todos estos años de consulta es la enorme soledad que sufre un niño con TDAH. Incomprendido en casa, donde parece molestar, no dar la talla, no hacer las cosas bien. Fracasando en el colegio, o no obteniendo resultados acordes a sus esfuerzos. Y con relaciones sociales poco satisfactorias, donde sienten que no son aceptados totalmente o que no merecen la amistad de sus compañeros. El TDAH es un trastorno que provoca un gran sufrimiento en el niño. Y si las áreas académicas y comportamentales contribuyen en gran parte a estos males, el área emocional o social lo hace decisivamente.

Los trastornos del estado de ánimo y el TDAH

Un problema muy frecuentemente asociado al TDAH y muchas veces ninguneado son los efectos que tener un déficit de atención con o sin hiperactividad tiene en el estado de ánimo del niño. En una proporción cuatro veces mayor que en niños sin TDAH presentan depresión y ansiedad.

Su autoestima está mermada y suelen tener un autoconcepto negativo, se sienten incapaces, tontos, diferentes... Además, como en muchas ocasiones el rendimiento académico suele ser bajo y no se corresponde con el esfuerzo realizado, desarrollan lo que se llama “indefensión aprendida” (“da igual lo que haga, no me sirve de nada”), pudiendo vérseles desmotivados, frustrados y desinteresados con frecuencia en las tareas académicas.

Por otra parte, una vez están trabajando en psicoeducación y son muy conscientes de sus problemas, desarrollan la metacognición mucho más que otros niños (la conciencia sobre sus propios procesos de aprendizaje). Esto es muy positivo porque les ayuda a regular su conducta, prever fallos, anticipar consecuencias, etc., pero tiene el lado negativo de que aumenta la ansiedad con que viven todo lo relacionado con la escuela. Están más preocupados por los resultados académicos que otros niños, más pendientes de los fallos que hacen, de si se vuelven a equivocar o no en lo mismo, etc. Por lo que son más exigentes consigo mismos y en consecuencia están más ansiosos.

El estado de ánimo deprimido también suele presentarse con frecuencia, relacionado con la autoestima, la ansiedad, los sentimientos de incapacidad y la frustración ante el resultado de sus esfuerzos.

Además, con mucha frecuencia presentan labilidad emocional, irritabilidad, poca tolerancia a la frustración y mayor reactividad, También tienen más dificultades para “desconectar” y pasar de una tarea a otra. Esto está relacionado con un déficit funcional en el sistema de regulación cognitivo-emocional.

El TDAH es un trastorno de gran complejidad y fuertes implicaciones para la vida del niño. Tratar adecuadamente el área comportamental y cognitiva es fundamental, pero no lo es menor dar el apoyo emocional que necesitan.

Úrsula Perona. Psicóloga infantil

miércoles, 19 de julio de 2017

OTROS SÍNTOMAS ASOCIADOS AL TDAH


Además de la hiperactividad, la falta de atención y la impulsividad, que son los síntomas nucleares, hay otros síntomas frecuentes aunque menos conocidos.

Algunos síntomas del TDAH que quizás no conocías

Muchos de los comportamientos relacionados con el TDAH también se observan en niños que no lo padecen. En general esta sintomatología solo resulta problemática si es muy exagerada al compararla con niños de la misma edad.
Entre los síntomas menos conocidos, encontramos:
  • Respuestas emocionales muy intensas.
  • Baja tolerancia a las frustraciones. Se enfadan con facilidad, son niños irritables, muy susceptibles a las críticas.
  • Tienen malas habilidades sociales. Muchas veces producen rechazo entre sus propios compañeros porque “molestan mucho”. Suelen jugar con niños más pequeños.
  • Dificultades de adaptación. Si se les saca de la rutina, luego cuesta mucho volver a introducirlos. Es lo que ocurre por ejemplo después de las vacaciones.
  • Dificultades de aprendizaje. Por los problemas que tienen para memorizar y para atender. También suelen tener retraso en la lecto-escritura porque tienen una ortografía muy mala.
  • Falta de motivación. Les cuesta empezar las tareas, pero también les cuesta terminarlas.
  • Hiperestimulación. Por ejemplo, cuando hay alguna fiesta o reunión familiar no paran, están continuamente interrumpiendo, molestando.
  • Baja autoestima. Es frecuente que reciban recriminaciones y llamadas de atención de compañeros y adultos, además de los profesores. Esto hace que su autoestima sea frágil.
Que tenga un déficit de atención no quiere decir que sea para todo. Hay determinadas situaciones, como por ejemplo cuando juegan con la videoconsola o con el móvil, que son capaces de mantener la atención durante bastante tiempo.
En las actividades que tienen un estímulo rápido son capaces de mantener la atención muchísimo tiempo.

No todo es malo

Los niños que tienen TDAH tienen muchas cualidades que compensan en gran medida todas las dificultades que causa el trastorno.
Son niños muy cariñosos, simpáticos, muy espontáneos, creativos, imaginativos. Muy dispuestos a colaborar, muy solícitos, participativos y suelen hacer amigos con facilidad.

FUENTE:
Dra. Mercedes Sánchez de las Matas
https://salud-1.com/enfermedades/sintomas-del-tdah-2/

domingo, 18 de diciembre de 2016

EL TDAH Y LAS EMOCIONES


¿Qué es la inteligencia emocional?


La inteligencia emocional es el conjunto de habilidades psicológicas que permiten apreciar y expresar de manera equilibrada nuestras propias emociones, entender las de los demás, y utilizar esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.

La inteligencia emocional, según Daniel Goleman, es la capacidad de una persona para manejar una serie de habilidades y actitudes, entre las que se incluyen:
  • Conocer y manejar nuestras propias emociones.
  • Reconocer las emociones de los demás.
  • Establecer relaciones positivas con otras personas.
La importancia de la educación emocional es indiscutible, ya que les proporcionará los recursos emocionales para una gestión emocional que garantice su bienestar.

La educación emocional se basa en los siguientes pilares:
  • La identificación y el reconocimiento de las emociones propias y ajenas. 
  • La aceptación y la comprensión de la emoción.
  • La expresión y vía de salida de la emoción de una manera constructiva.
Trucos para la educación emocional:
  • Preocúpate de crear un clima positivo.
  • No suprimas sus estados emocionales. Sentir es natural y sano.
  • Ayúdales a identificar y reconocer sus emociones y las de los demás. 
  • Desarrolla en ellos la reflexión y la meditación.
  • Enséñales formas positivas de expresión emocional.
  • Sírveles de ejemplo.
  • Muestra la importancia de saber gestionar las emociones.
  • Enséñales a sentir sin miedo. 
  • Enséñales cómo se llaman, cómo son y en qué se diferencian las emociones. 
  • No escatimes en muestras de afecto y dota de carácter lúdico a tus enseñanzas. 
FUENTE: 

TDAH y las emociones

TDAH y emociones son un binomio que no se llevan bien.

Las personas con TDAH pueden tener problemas para interiorizar sus emociones y dominar la intensidad de las mismas (autorregulación emocional). 

No se trata tanto de que las emociones que experimentan sean inapropiadas como de que no son capaces de guardarlas para sí, manifestándolas exteriormente con más intensidad y duración que sus iguales.
El resultado es una conducta inmadura, muy cambiante y con baja tolerancia a la frustración.

La marcada inmadurez y la enorme dependencia emocional que caracterizan a las personas con TDAH producen unas conductas características:
  • En la mayoría de las ocasiones, van a tratar de llamar la atención del resto, y no vacilarán en ponerse en evidencia, haciendo payasadas o, bien, desafiando a la figura de autoridad de forma irreverente y/o desafiante. 
  • Frente a la perspectiva de un nuevo fracaso, van a hacer todo lo que sea posible para que no sea evidente y, por poner un ejemplo. mentirán antes que aceptar que no han terminado de hacer los deberes. 
  • Su baja tolerancia a la frustración se traduce en irritación y también ira, manifestando su malestar dando patadas al aire y haciendo aspavientos exagerados, o bien contestando mal ante cualquier corrección del profesor/a, por poner algunos ejemplos.
  • La autorregulación de sus emociones y su comportamiento responden más a los estímulos que reciben (dependencia emocional del ambiente), que a sus propios pensamientos internos, los cuales le harían examinar los sucesos o fijarse objetivos.
  • Su dificultad para automotivarse hace que necesiten continuamente gratificaciones inmediatas ante aquellas tareas que no les resulten atractivas, novedosas o que no acarreen una rápida recompensa. 
  • Igualmente, su incapacidad para automotivarse complica que puedan examinar sus sentimientos y tomar las medidas precisas que les ayuden a salir de estados anímicos negativos, como son la frustración, la tristeza o la ansiedad. 
  • El déficit en la autorregulación emocional afecta del mismo modo a su nivel de activación. Tienen graves problemas en el momento de comenzar las labores encomendadas, y sostener la actividad hasta su término, sobre todo, en aquellas actividades desganadas, monótonas y repetitivas, evadiéndose en sus pensamientos, o bien, en otros estímulos exteriores más gratificantes. 
  • Esta complejidad con la motivación interna hace que parezcan carentes de autodisciplina, apariencia agravada por la dificultad que tienen para interiorizar y seguir reglas e instrucciones. 
  • Su baja tolerancia a la espera de gratificaciones, y sus problemas para comprender y manejar el tiempo provoca que sean personas muy impacientes, no se rinden y todo lo quieren para el día de ayer. Por esta razón y, como nota de humor, se recomienda no informar de posibles sorpresas hasta que falte muy poco para descubrírselas, para así evitar que se pasen todo el tiempo haciendo la famosa pregunta "¿Cuánto falta para...?, ¿Cuánto queda para...?".
Estas dificultades emocionales les causan experiencias llenas de frustraciones y castigos, a lo que hay que añadir la crítica habitual y las valoraciones negativas que acentuamos sobre su persona y no sobre su comportamiento inapropiado. Las consecuencias son un pobre autoconcepto, una autoestima muy dañada y un mal ajuste social y personal.

La imagen que percibimos de las y los estudiantes con TDAH es la de chicas/os desmotivados, que no desean sacrificarse y que se muestran indiferentes. 
Pero, ¡nada más lejos de la verdad! 
Por el contrario, manifiestan una necesidad y un deseo reales de gustar al resto y de percibir una aprobación social positiva por su comportamiento y por aquello que efectúan porque, como hemos visto, son muy dependientes emocionalmente. 
Esto debe alertarnos en el momento de marcarles objetivos, en tanto que se dirigirán a los nuevos desafíos con mucha energía y ansiedad, si bien, por su sintomatología, degenerarán conforme transcurra el tiempo, lo que los expondrá, con muchas probabilidades, a un nuevo fracaso. 

De ahí que, hemos de ser realistas y fijarles unos objetivos más pequeños y en un corto plazo, de forma que puedan ir cumpliendo de forma progresiva y segura, para que su autoconcepto y su autoestima se vayan consolidando de manera positiva.

Consecuencia de la sintomatología es que pueden enseñar con facilidad altos indicadores de ansiedad y agobio, si bien, en apariencia muestren una actitud indiferente y desmotivada que, realmente, oculta la impotencia de hacer frente a sus dificultades. 
En ciertos casos, por la continua presión que reciben, esa ansiedad y agobio pueden transformarse en otros trastornos con entidad propia asociados al TDAH.

Actualmente, los aspectos emocionales van cobrando cada vez más importancia. De esta forma, estudiosos de la talla del doctor Barkley reconocen su relevancia como una parte del trastorno a la altura de la inatención y de la hiperactividad-impulsividad.

Examinemos más despacio estas peculiaridades que nos ayudarán a conocerlos mejor:

Baja autoestima

Autoconcepto y autoestima están inevitablemente relacionados.
El autoconcepto es la imagen que la persona tiene de uno mismo. 
La autoestima entiende la auto-convicción de ser eficiente, valioso/a y reconocido/a por el resto. 
Tener una autoimagen positiva nos infunde seguridad y confianza en nuestras capacidades. 
Los dos conceptos, dependen de la repercusión en nuestro entorno, esto es, se forjan en buena medida en la opinión que los otros tienen de nosotros. Si tenemos un autoconcepto negativo de nosotros mismos, de alguna forma, nos auto-rechazamos y, en dependencia de la intensidad y experiencia de este sentimiento, nuestro comportamiento puede finalizar desembocando en conductas beligerantes y destructoras.

Los pequeños, pequeñas y adolescentes con TDAH reciben con mucha frecuencia y, en ciertos casos de forma prácticamente incesante, críticas negativas, sermones, castigos y fracasos a nivel familiar, escolar y social: incordian, interrumpen, pierden, olvidan, empujan, se esmeran, fallan, abandonan, se frustran y no son capaces de examinar y solventar sus inconvenientes, ensayando una permanente sensación de falta de autocontrol. 
No obstante, aparentan que todo se lo echan a la espalda fingiendo que no les importa…

La autoestima está en la base del desarrollo de la personalidad, de la motivación, del desempeño escolar y de las relaciones sociales, o sea, está en la base de la adaptación al entorno. 
Es verdad que ciertos niños/as con TDAH muestran una autoestima auto-inflada, que no es otra cosa que la manera de hacer frente a su pobre autoconcepto.

Eludir las críticas públicamente y practicar el refuerzo positivo inmediato y usual son esenciales para promover una buena autoestima.

Depresión

Los síntomas depresivos son asimismo usuales en las personas con TDAH, si bien hay que distinguir si se tratan de síntomas más relacionados con la desmoralización y la impotencia de no verse capacitados para hacer frente a las demandas escolares y sociales, o bien, si se trata ya, de un trastorno depresivo más grave, que acompaña al TDAH. 

La depresión como trastorno implica tristeza crónica, una preocupación excesiva, aislamiento, irritabilidad persistente, falta de energía, desmotivación y también inapetencia para efectuar actividades frecuentes, dejadez, ideas de muerte recurrentes, etcétera.

Ansiedad

La pobre respuesta que las personas con TDAH tienen frente a las demandas del ambiente les hace susceptibles de sufrir crisis de ansiedad y agobio. 

Sus problemas para manejar correctamente el tiempo, su inatención, la dificultad para comenzar las actividades de forma autónoma, su desorganización y el déficit de planificación, etc., les transforma en personas lentas en la ejecución de las tareas: por servirnos de un ejemplo, hacer los deberes, recoger su cuarto, efectuar un examen, ducharse o bien desayunar, y la presión que reciben del exterior favorecen la aparición de síntomas ansiosos, pudiendo transformarse en severos trastornos de ansiedad. 

El trastorno de ansiedad se manifiesta con preocupaciones y miedos persistentes, nerviosismo, aprensión, capítulos agudos de ansiedad y terror ante situaciones que la persona percibe como amenazantes, peligrosas o bien que no puede supervisar.

Frustración

Nos guste o no, la frustración es una cosa que nos acompaña a lo largo de nuestra vida y en el caso de las personas con TDAH esto se multiplica por tres (por lo menos). 
Es muy posible que la historia personal de una persona con TDAH esté llena de momentos frustrantes. 
Podremos ver cómo no lo invitaban a fiestas de cumpleaños (sin saber por qué razón); de qué forma, tras esmerarse en aprobar los exámenes, los resultados no eran los esperados; e inclusive de qué manera en la vida adulta era despedida (o bien no renovada) en muchos empleos…

¿Qué es la frustración?

La frustración es la respuesta emocional que se origina ante la imposibilidad de satisfacer una necesidad o un deseo. Esta  experiencia negativa que provoca un incremento de tensión provoca una reacción beligerante como mecanismo de defensa, que se manifestará con emociones tales como ansiedad, rabia, angustia, ira o en sentimientos y pensamientos autodestructivos para el sujeto. 

Estas respuestas ante la frustración son en gran medida un mecanismo reflejo, como cuando nos arrojan un objeto a la cara e, instintivamente, ponemos las manos para protegernos, sin pensar qué hacer ante el objeto. De igual manera los mecanismos de defensa surgen involuntariamente sin que nos percatemos.

La frustración como algo despectivo

Las evidencias indican que las emociones, como reacciones propias del organismo, no son ni buenas ni malas. 
Todo depende de la evaluación perceptual que la persona haga de las mismas. Las emociones cumplen un papel adaptativo, que permiten la supervivencia del individuo dentro del ambiente. 

Existen estímulos emocionales objetivamente perturbadores que pueden no producir ninguna secuela sobre una persona, y existen otros estímulos emocionales objetivamente no perturbadores que pueden llegar a ocasionar un daño más o menos importante. 
La diferencia básica entre las dos posibilidades se localiza en la percepción que cada persona tiene de esos estímulos.
Es decir, cuando una persona posee estrategias y habilidades suficientes para hacer frente a esas situaciones, es poco probable que los estímulos derivados de la misma causen algún daño. Sin embargo, en otras ocasiones, aunque la situación y los estímulos sean manejables para cualquier persona, puede ocurrir que alguien no posea esas habilidades y destrezas esenciales, y que se vea desbordado por una situación que, probablemente, sólo es insuperable desde su propia percepción.

Por fortuna la visión de la frustración como algo despectivo está variando y existen nuevas definiciones que explican la frustración como algo no negativo sino más bien como algo que formaba una parte de la naturaleza humana.
La frustración es algo humano y no se puede suprimir, está siempre y en toda circunstancia presente puesto que el ser humano, pese a sus fantasías de omnipotencia, es limitado y experimenta día tras día el choque con la realidad.

Este “choque con la realidad” acostumbra a ser más usual en las personas con TDAH pues el nivel de demanda al que están expuestas no acostumbra a tomar en consideración sus necesidades y peculiaridades y hay más experiencias en las que las esperanzas (en general elaboradas de forma errónea) chocan con los resultados logrados.

La frustración se experimenta de diferentes maneras:

Frustración en forma agresiva

Es la acción más vistosa y la que más se relaciona con la frustración. Es una acción protectora que sacamos cuando sentimos que hay un obstáculo que se interpone en nuestro camino. O dicho de otra forma, cuando el resultado que logramos no coincide con lo que esperábamos. 
Las reacciones beligerantes pueden ser útiles cuando dejan sitio a una reacción más edificante. Es decir, el enfadado da paso a un empeño aún mayor por buscar soluciones.

Las personas con TDAH, en especial en el sexo masculino, tienden a tener estas reacciones cargadas de resentimiento, dando sitio, a veces, a trastornos de la conducta como el llamado trastorno negativista desafiante.

Frustración como resignación

La frustración se convierte en resignación cuando, de forma repetida, los resultados que obtenemos no son los deseados. Con frecuencia, hay personas con TDAH que tienden a retraerse y a pasar inadvertidas, desarrollando lo que es conocido como indefensión aprendida, lo que puede tener consecuencias deplorables para su desarrollo a largo plazo.

Frustración en forma constructiva

Son las reacciones que se centran en superar aquello que nos frustra. Si el obstáculo no puede ser eliminado o bien mitigado la persona busca llegar a la meta por otros caminos.

Quizás podamos encontrar en esta frustración constructiva la base del éxito de las personas que, pese al TDAH, han alcanzado una vida plena y llena de triunfos. Aprender a ver la frustración como una ocasión, en vez de como una fuente de desgracias, es clave para el desarrollo personal.

Ahora bien, esto es muy simple de decir, la cuestión es ¿cómo podemos enfocar o dirigir nuestra frustración para que nos sea beneficiosa? ¿Cómo podemos superar o sacar provecho de nuestra frustración?

FUENTE: 

Niños agresivos. Claves para aprender a expresarse sin usar los puños



Los niños agresivos se distinguen por utilizar la violencia para resolver conflictos o como respuesta ante cualquier tipo de emoción negativa como frustración, ira, celos…
Conductas como pegar a otros, burlarse de ellos, ofenderlos, tener rabietas incontroladas, tirar cosas al suelo, utilizar palabrotas y vocabulario ofensivo, generalmente se describen como conductas agresivas.

Los niños agresivos no sólo hacen sufrir a sus padres, maestros y otros niños, sino que en muchos casos son niños frustrados, que acaban dañándose a sí mismos… además, provocan que los demás los rechacen.

Tipos de agresión
  • Física. Dar una patada
  • Verbal. "Te voy a partir la cara"
  • Directa. "Eres tonta".
  • Indirecta. "Sabes que Pilar es tonta, que no sabe leer bien".
  • Pasiva. "Tardaré en estar listo para que mi madre llegue tarde a la oficina".
  • Contenida. Resoplar o poner cara de desprecio.
  • Instrumental. "Si quiero este juguete, lo quito por la fuerza".
  • Emocional. "Doy patadas a la puerta cuando algo no me apetece".
La conducta agresiva es mucho más frecuente en los primeros años. El nivel máximo se da sobre los dos años, los niños agreden más físicamente y/o de forma instrumental.

La agresión va disminuyendo hasta alcanzar niveles más moderados, ya en la edad escolar. Los niños mayores utilizan más la agresión verbal y/o emocional.

Cuando el niño ya es mayor y tiene las mismas conductas coercitivas que un niño de dos o tres años y utiliza estos métodos para resolver sus problemas, presenta una incapacidad para dominar sus estados emocionales, hablaríamos de un problema de agresividad infantil.

Buenos motivos, pero malas decisiones

Cuando no se les permite tener opinión, propia, cuando no son resueltas sus necesidades de cuidado o cariño, cuando son maltratados física o verbalmente, como cuando son intimidados y amedrentados por las reacciones violentas de sus padres, los niño acuden a la ira y la agresividad.

Es importante que manifiesten lo que les pasa, pero es importante aprender a hacerlo sin hacer daño ni a los demás ni a sí mismos.

7 formas de ayudar a los niños agresivos a expresarse mejor disminuyendo sus conductas agresivas:
  • Validar sus emociones.
  • Ayudar al niño a poner palabras a lo que siente. 
  • Entiendo que estés enfadado, pero no puedo permitir que hagas daño a los demás. 
  • Buscar otras formas de mostrar enfado sin hacer daño.
  • Reparar el daño que ha hecho a otros.
  • Evitar responder con agresividad ante la ira del niño.
  • Modelar formas respetuosas de afrontar la propia ira.
Recordemos que la forma en cómo se expresa (o se reprime) la agresividad en la familia será un elemento determinante en la forma de gestionar los conflictos en los niños.

También influyen otros factores pero, si nosotros aprendemos a saber lo que nos pasa y podemos manejarlo adecuadamente, esto tendrá una gran influencia en nuestros hijos.

FUENTE: 
https://www.youtube.com/watch?v=-lIUV8zAKzg

Enseñar a los niños a afrontar los fracasos y la frustración


Los fracasos y las frustraciones son algo normal en la vida de las personas. Es fundamental que, durante su desarrollo, los niños aprendan a superar estos aspectos de manera constructiva.

Debemos ver la frustración y los errores como parte de la vida y, por lo tanto, es nuestra responsabilidad hacer que los más pequeños estén preparados para ello.
Una persona feliz es aquella que sabe afrontar sus errores, aprende de ellos y sabe superar la frustración de forma constructiva.
Una persona feliz no es aquella que no se equivoca nunca, o aquella que siempre consigue todo lo que quiere. Todas las personas cometen errores y a todas las personas les cuesta conseguir lo que quieren. Es parte de la condición humana.

Pautas para evitar el fracaso y la frustración en los niños

TIP 1. Cambia la manera de ver los fracasos
Haz que no vean los fracasos como algo negativo. Lo importante es darse cuenta de dónde nos hemos equivocado para que no vuelva a ocurrir.  
Convierte así la frustración en aprendizaje. Que el niño lo conciba como una oportunidad para aprender y ser creativo.

TIP 2. Haz que haga las cosas por sí mismo
No le des todo hecho, haz que piense aunque, al principio, no sepa hacer ciertas cosas. Déjale que lo haga él solo, que piense, que lo intente y que tenga la oportunidad de equivocarse y de enfrentarse al fracaso. 
Podemos ser su guía, pero dejándole solo. Evita la sobreprotección y el exceso de permisividad.

TIP 3. Enséñale que en toda situación de fracaso puede haber algo positivo
Ante todo fracaso hay siempre algo positivo, que es la capacidad de aprender de ello, la posibilidad de crecer como persona también.

TIP 4. No refuerces la rabia como respuesta a la frustración
Si cedemos a sus rabietas, le enseñamos que es una forma fácil de superar esa situación y conseguir lo que quiere. 
Es un error pensar que el niño, para ser feliz, necesita todo lo que quiere. Debemos no hacer caso a su rabieta.

TIP 5. Haz de ejemplo para los niños y niñas
Nuestro modo de actuar es el que les guía para enfrentarse a situaciones de la vida. 
Ante situaciones que puedan provocar frustración o fracasos, debemos mantener una actitud positiva y esforzarnos por superar las dificultades.

TIP 6. Educa en el esfuerzo, pero marcando objetivos razonables
Los niños y niñas han de aprender que, para conseguir ciertas cosas, es necesario esforzarse. De esta manera, verán que el esfuerzo es una manera de solucionar sus fracasos. 
Es bueno hacer que el niño o niña se esfuerce, pero su nivel de exigencia ha de ser razonable.

TIP 7. Razona con él/ella sobre sus errores y fracasos
Que entienda lo que ha pasado, que ha salido mal. Si lo entiende se sentirá tranquilo y ganará confianza, porque sabrá lo que tiene que hacer la próxima vez.

FUENTE: