TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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martes, 17 de mayo de 2022

CLAVES PARA DESARROLLAR EL AUTOCONTROL Y MEJORAR NUESTRO ESTADO EMOCIONAL

 

Es fundamental adquirir habilidades para lograr un control de impulsos de forma adecuada, porque de otra manera tendríamos graves dificultades para el desarrollo personal y para la convivencia en sociedad

BEATRIZ BENÉITEZ BURGADA. 18/03/2022

El autocontrol se define es una capacidad que tenemos las personas para regular de forma voluntaria nuestra propia conducta. Es fundamental adquirir habilidades para lograr un control de impulsos de forma adecuada, porque de otra manera tendríamos graves dificultades para el desarrollo personal y para la convivencia en sociedad.

Es cierto que algunas personas tienen un mayor autocontrol que otras y que determinadas condiciones, como por ejemplo el TDAH, implican una menor capacidad de autocontrol emocional, pero se puede trabajar para tenerlo siempre dentro de unos límites que nos permitan poder regular la impulsividad. De hecho, gracias a la plasticidad del cerebro, puede entrenarse con muy buenos resultados.

El autocontrol es un elemento básico de la inteligencia emocional

Uno de los expertos más reconocidos que ha abordado esta cuestión arrojando luz acerca de cómo contribuye al bienestar de una persona es Daniel Goleman, el afamado psicólogo y Doctor en Harvard autor del best-seller “Inteligencia emocional”. El investigador considera que el autocontrol es un elemento básico de la inteligencia emocional.

De hecho, explica cómo, cuando una persona tiene una conducta demasiado impulsiva, su calidad de vida se ve mermada, puesto que afecta gravemente a sus relaciones con los demás y acaban desarrollando problemas psicológicos, como problemas de autoestima, incapacidad de concentrarse, baja tolerancia a la frustración y un aumento de las posibilidades de desarrollar conductas de riesgo, entre otros problemas.

En este estudio llevado a cabo por expertos de la Universidad de Michigan y de Duke entre otras, se concluye que "la capacidad de controlar las propias emociones, pensamientos y comportamientos durante los primeros años de nuestra vida predice una variedad de resultados positivos posteriores". Como adultos, los niños con mejor autocontrol mostraban menos signos de envejecimiento en sus cerebros. Y además, tenían mejores resultados en su vida en lo que se refiere a carreras profesionales y hábitos de vida saludable.

Si bien, es cierto que existen determinadas circunstancias que pueden influir en nuestra capacidad de autocontrol, como puede ser el estrés y la ansiedad -que merman nuestra capacidad de controlar los impulsos- lo cierto es que se puede trabajar para fortalecer esta capacidad que tanto nos puede ayudar a conseguir nuestros objetivos en la vida.

Eso sí, es importante señalar que la impulsividad forma parte del criterio diagnóstico de trastornos englobados en el el DSM-5A, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, en el que se incluyen desde el Trastorno Límite de la Personalidad, de Ansiedad, el TDAH o los trastornos del neurodesarrollo.

Por este motivo, para descartar cualquier problema, cuando un niño, adolescente o adulto presenta problemas importantes en el autocontrol siempre debe acudir a un especialista para obtener un diagnóstico adecuado y un tratamiento médico que le ayude a trabajar con el problema. Pero también es cierto que en el día a día se pueden poner en marcha una serie de técnicas que nos pueden ayudar a controlar la impulsividad.

Normalmente, una persona suele presentar problemas de autocontrol en situaciones específicas que se repiten como un patrón

Normalmente, una persona que no sufre un trastorno médico, suele presentar problemas de autocontrol en situaciones específicas que se repiten como un patrón. Por eso, el primer consejo es identificar cuáles son esas situaciones. Generalmente son acontecimientos del día a día que producen reacciones desmesuradas en nosotros y despiertan emociones que nos desbordan.

En este caso es útil la técnica de visualización. Consiste en analizar el acontecimiento en otro momento diferente al que se produce, para intentar desde la distancia, observarlo desvinculándolo de la emoción. Así nos será más fácil identificar qué es exactamente lo que nos hace perder los nervios y no ser capaces de controlarnos.

Una vez identificadas las situaciones, debemos poner en práctica técnicas que nos ayuden a cortar de raíz las emociones que se desencadenan. Desde irnos a otro lugar que nos aleje del foco de conflicto, a evitar entrar en la conversación u otro tipo de técnicas de relajación como el control de la respiración.

Por ejemplo, una técnica es la de la llamada respiración resonante o respiración coherente, que nos ayuda a entrar en un estado de relajación. Para llevarla a cabo hay que acostarse y cerrar los ojos. Respirar suavemente por la nariz, con la boca cerrada, y contar hasta cinco segundos. El objetivo no es llenar del todo los pulmones, para luego exhalar lentamente durante cinco segundos. Después se cuenta hasta diez y se vuelve a repetir hasta que sintamos que hemos recuperado el control de nuestra mente.

FUENTE:

https://www.lavanguardia.com/vivo/psicologia/20220318/8134159/claves-desarrollar-autocontrol-mejorar-nuestro-emocional-nbs.html

IMAGEN: 

https://stock.adobe.com/es/images/self-control-black-vector-monoline-calligraphy-banner-with-swashes/488365382

viernes, 25 de septiembre de 2020

TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE: EN QUÉ CONSISTE, CÓMO IDENTIFICARLO Y QUÉ HACER

 


El trastorno negativista desafiante (TND) se atribuye a niños irritables, retadores y vengativos. Es más frecuente en varones y comienza antes de los 18 años, especialmente en la etapa preescolar. Aunque en las niñas suele producirse antes. Ocasiona un deterioro grave del comportamiento que se evidencia tanto en la familia como en la escuela. Requiere una intervención profesional, pero seguir unas pautas de inteligencia emocional en la educación de nuestros hijos es siempre de gran ayuda.

Hay que tener claro que se trata de un síndrome que impide un correcto desarrollo de las emociones y la necesaria adaptación a la sociedad. Por eso, si dejamos que avance sin proporcionar tratamiento psicológico, el curso habitual es que el menor acabe incurriendo en la transgresión de normas. El resultado final puede desembocar en el desarrollo de una personalidad antisocial en la vida adulta. Como consecuencia, es fundamental una atención temprana. Y comprender que la etapa preescolar es el momento clave para diagnosticar y tratar el TND.

Claves para identificarlo

Para averiguar si nuestro hijo puede estar desarrollando este síndrome, debemos prestar atención a varios aspectos:

1.- Diferenciarlo del enfado

Antes de nada, conviene tener claros algunos conceptos básicos, como el del enfado. En realidad, es una emoción sana que nos permite proteger nuestros límites cuando nos sentimos vulnerados. Los niños comienzan a expresarlo sobre todo a la edad de 3 años. Pasan por una etapa en la que suelen decir que no a todo. Se trata de una forma de afirmarse, pues están aprendiendo a poner límites.

Y está bien que lo hagan, porque estas reacciones, que permiten expresar lo que aceptan y lo que no, les prevendrán de ser violentados y de sufrir abusos. Esta etapa hay que entenderla como un período de práctica. Esto les permite marcar los límites entre lo que toleran y lo que no. Posteriormente se irá expresando de un modo más evolucionado; a medida que crezcan desarrollarán estrategias más maduras.

La conclusión es que los comportamientos anteriores son normales y necesarios para el desarrollo del niño. Y se diferencian muy bien del trastorno negativista desafiante

 2.- Actitudes ocasionales o habituales

Las reacciones de enfado serán un problema cuando se produzcan de manera permanente y generalizada hacia cualquier figura de autoridad, como padres y profesores. Aquí el mal humor y la irascibilidad son constantes. Nos referimos a menores que se muestran hostiles, desobedientes y retadores hacia la autoridad de manera sistemática. Y esa tendencia se prolonga por un periodo de tiempo largo, de al menos un año. Por ello, se deben observar en casa con qué frecuencia suceden estas reacciones.

3.- En una única dirección o en muchas

Asimismo, si van dirigidas a una persona en concreto o a varias: padres, profesores… Por ello habrá que informarse de cuál es su situación en el aula. Si en el centro educativo es distinta y en clase está bien adaptado, nos indicará que se trata de un problema que únicamente se manifiesta en el ámbito familiar.

4.- Otras situaciones que pueden confundirnos

Problemas de fondo

Es importante saber si el menor está sufriendo algún problema fuera o dentro de casa. No hablaríamos de este síndrome si se trata de un negativismo ocasional que responde a problemas dentro o fuera del hogar, y que se produce de un modo menos general. Por ejemplo, si el niño dirige su hostilidad hacia un progenitor pero no hacia el otro. En ese caso habría que analizar la situación familiar, pues puede haber aprendido a desautorizar a uno de ellos, posiblemente imitando conductas que ha visto en casa.

El medio para obtener lo que quieren

En general, podemos decir que, si no se comporta de manera hostil con todas las figuras de autoridad, entonces esta actitud está cumpliendo otra función. Estas situaciones puntuales se pueden deber a una estrategia para conseguir lo que quieren ante padres que ceden a sus peticiones. Y es que los niños comprenden rápidamente que la hostilidad les funciona cuando quieren salirse con la suya.

Posibles conflictos con algún hermano

En el caso de que estos comportamientos se observen hacia algún hermano, hay que valorar si únicamente suceden en esa relación o también se dan con otras personas cercanas. Esto nos permitirá diferenciar un problema concreto del trastorno negativista desafiante.

Etapas de estado de ánimo bajo

Otra variable que debemos tener en cuenta es que los niños pueden pasar por momentos de desánimo, y algunos expresarán la tristeza mediante la irritabilidad. Pero esto no debe confundirse con el síndrome del que hablamos.

Reacción en la adolescencia

A veces responde a una forma útil de reafirmación en esta época de su vida. La desarrollan frente a padres controladores que invaden su espacio. Los hijos tratarán entonces de poner límites al acercamiento excesivo mediante la hostilidad. Además, en la pubertad es más frecuente que los adolescentes no manejen adecuadamente sus emociones e impulsos. Podemos encontrarnos a menudo con una hostilidad que no se ha reconducido. O a buscar esa reafirmación y separación de la familia mediante el enfado.

5.- Grandes diferencias con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad

A veces este trastorno también puede solaparse y/o identificarse equivocadamente con el de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). En ambos son casos se produce un rechazo manifiesto a cumplir con algunas obligaciones, como hacer los deberes o colaborar en las tareas de la casa.

Pero una de las diferencias básicas estriba en que en el TND hay una intención de resistirse a las exigencias externas mientras que en el TDAH no existe ese deseo deliberado. Simplemente no cumplen porque no pueden regularse o centrarse y se olvidan. Por esta razón, aunque en los menores con TDAH puedan darse comportamientos aparentemente desafiantes, la intencionalidad los diferencia. El niño hiperactivo no puede obedecer con facilidad, el desafiante no quiere obedecer.

No obstante, es común encontrar menores con ambos diagnósticos. En ellos se solapan estas reacciones desafiantes, que les permiten obtener ciertas cosas que desean. Al conseguirlas, tales conductas son fortalecidas por el entorno. El resultado es que entran en proceso disfuncional en el que esa actitud les permite sostenerse.

En conclusión, todas estas situaciones son ejemplos que no implican necesariamente el desarrollo de este síndrome. No obstante, algunas dinámicas familiares pueden originarlo y prolongarlo.

Características del trastorno negativista desafiante

1.- Hostilidad hacia cualquier figura de autoridad.

El niño la percibe como una amenaza permanente y le guarda rencor y deseos de venganza.

2.- No hay temor a las consecuencias.

Este comportamiento se produce de una manera rígida y los menores no son capaces de cambiarlo a pesar de saber que tendrá una repercusión negativa para él. Esta cuestión es vital para entender y manejar este problema. Porque es normal que los menores cometan pequeñas infracciones durante su desarrollo moral. Es parte de una necesidad de experimentar y aprender lo que está bien y lo que no. Pero en los que padecen TND no funciona como una enseñanza.


Un ejemplo ilustrativo

Pongamos que un niño pisa a una mascota. Cuando el animal se queja por ello, él percibe ese dolor. Es entonces cuando aprende que eso no está bien, lo que ayudará a que no lo repita en el futuro y trate de evitarlo. Sin embargo, cuando hay un TND, las consecuencias de su conducta no sirven para frenarles. Esto tiene graves derivaciones para el desarrollo de su empatía y la adaptación a la sociedad. Además, dificulta su educación y la corrección de su proceder mediante modos habituales de educar, basados en el castigo o la retirada de la atención.

Cómo se manifiesta la hostilidad

Se puede observar por los siguientes comportamientos negativistas desafiantes que se producen de manera frecuente, tanto en casa como en la escuela:

  • Se encoleriza e incurre en pataletas.
  • Discute con los adultos o los desafía activamente, rechazando cumplir sus demandas y normas.
  • Molesta deliberadamente a otras personas.
  • No se hace responsable de sus errores, culpando a otros de su mal proceder.
  • Es susceptible y se siente fácilmente molestado por los demás.
  • Se muestra colérico, resentido e iracundo.
  • Es rencoroso y vengativo.

Evolución del TND si no se trata

1.- Conductas disociales

El curso habitual de este trastorno, si no recibe tratamiento, es que el niño desarrolla una personalidad disocial, desajustada a su entorno. En la vida adulta evolucionaría hacia una claramente antisocial. La problemática disocial es distinta del TND, fundamentalmente porque la hostilidad no supone violar los derechos de los demás, como sí sucede con un trastorno disocial.

Un ejemplo puede ilustrar la diferencia entre el comportamiento de un niño negativista y el de un niño disocial. Supongamos que se les pilla mintiendo. Pues bien, el primero reconocerá que ha mentido, pero lo expresará con hostilidad y rencor, retando a la figura de autoridad. En cambio, el segundo habitualmente no lo reconoce y busca dañar.

2.- Personalidad antisocial

Así pues, si el síndrome no es atendido, el niño puede empezar a desarrollar conductas antisociales, destructivas y transgresoras. Su actitud supondrá un serio desajuste social. Nos referimos a violaciones graves de normas, algunas de ellas muy extremas. A saber:

  • Agresiones físicas a personas.
  • Crueldad con los animales.
  • Mentiras.
  • Robos.
  • Fugas del hogar.
  • Absentismo escolar.
  • Abuso de drogas.
  • Vandalismo.
  • Destrucción de la propiedad.
  • Abusos sexuales.
  • Homicidios.

En estos casos, esa trasgresión y esa hostilidad no se deben sólo a no querer cumplir con las normas o exigencias, sino al deseo de dañar. Suelen tener problemas legales desde muy temprano. A menudo se ven abocados a terminar en centros de menores y, después, a cometer delitos en la vida adulta.

¿Qué puedo hacer si tengo un hijo con trastorno negativista desafiante?

Para manejar este trastorno, es esencial identificarlo de manera temprana, en la etapa preescolar. Es la mejor forma de prevenir su agravamiento. A menudo, las prácticas de crianza y los problemas parentales suelen mantenerlo, por lo que son áreas en las que resulta necesario intervenir. Un profesional debe revisar dichas prácticas, así como analizar los conflictos e historia personal que pueden estar contribuyendo al problema.

El entorno es determinante

Esto se comprende mejor si nos paramos a pensar que las personas no somos individuos aislados. Nos desenvolvemos siempre dentro de un contexto en el que nuestros actos cobran sentido. Éste influye especialmente en las etapas infantiles y en la adolescencia, períodos en los que la personalidad todavía no ha acabado de formarse.

Por eso es tan importante conocer el núcleo familiar inmediato de los niños: saber qué tipo de pautas reciben de los padres, si existen conflictos entre los progenitores… Se trata de un problema de ida y vuelta. Es decir, los comportamientos desafiantes y hostiles van a aumentar los problemas en casa. En general, podemos verlo como un circuito que se retroalimenta.

Situaciones familiares que lo propician

1. Preguntas que pueden hacerse los padres

Son determinantes algunas cuestiones relativas al ambiente que se vive en el hogar y al tipo de relaciones que se da entre los miembros del núcleo familiar:

  • ¿Discuten frecuentemente en casa, y de manera hostil, delante del niño?
  • ¿Se desautorizan mutuamente en su presencia?
  • ¿Han aplicado castigos físicos frecuentemente?
  • ¿Se ha mostrado hostilidad hacia el niño?

También es fundamental analizar la clase de disciplina que hay en casa:

  •  ¿Las normas son rígidas, coherentes o laxas?
  • ¿Se aplican reglas contradictorias o incoherentes?
  • ¿O hay ausencia de normas?

Todas estas circunstancias contribuyen crear un trastorno negativista desafiante. Pero los padres pueden aprender nuevas herramientas para manejar los conflictos sin recurrir a la hostilidad y el castigo.

2. Disciplina estricta y escasa atención a las emociones

Es frecuente observar niños y niñas con TND en entornos donde hay una disciplina férrea con poco apoyo emocional y donde se expresan sentimientos negativos hacia los hijos. Así pues, es una forma de dar respuesta a unas normas muy rígidas y coercitivas que no permiten el desarrollo y la gestión de sus emociones.

En general, el empleo de la hostilidad como forma de educar a los hijos suele aumentar las reacciones agresivas en ellos, en lugar de controlarlos como se pretende. Por ese motivo, la intervención familiar durante la terapia se basa en rehusar la hostilidad y el castigo físico. En cambio, se debe tratar de corregir la conducta con afecto y enseñar comportamientos proactivos y sociales.

3. Un entorno con normas relajadas y variables

La hostilidad también puede darse como un intento de poner normas en las familias en las que no hay criterios claros de crianza. Otros rasgos comunes de estos ambientes son la falta de estabilidad en los horarios y las rutinas, y unas reglas laxas y cambiantes. Tampoco disfrutan de la regularidad que los niños necesitan. Los pequeños asumen entonces el papel de poner las normas mediante la hostilidad.

En estos casos, la solución pasa por establecer unas rutinas en casa que fomenten la estabilidad del menor. Que su núcleo familiar se vuelva predecible y menos estresante le permitirá calmarse y manejar sus emociones. Es básico que las normas de crianza sean coherentes, de lo contrario no aprenderán qué reacciones son adecuadas y cuáles no.

Con esto lo que busca el profesional es modificar la interacción entre padres e hijos. Y no porque responsabilice a los padres, sino porque ellos son los que tienen que educar a sus hijos y en ocasiones necesitan aprender herramientas adecuadas.

4. Las circunstancias problemáticos no ayudan

En ocasiones se observan casos de TND en ambientes familiares con situaciones complicadas. Por ejemplo, cuando la madre o el padre sufren depresión. Esto tiene consecuencias, pues el progenitor puede mostrarse más irritable y alterado con su hijo. Al tener dificultad para manejar sus propias emociones, suele interpretar y señalar los comportamientos negativos de los hijos desde esa ‘lupa emocional’ negativa.

Otras situaciones propiciatorias son las que se producen cuando existen conflictos en el matrimonio, condiciones precarias o hacinamiento, abuso de drogas, conducta antisocial en los padres, e incluso maltrato y abuso infantil.

Por ello, es esencial que el adulto trate antes sus propias dificultades para manejar las emociones. Solo así podrá ser un modelo del que su hijo aprenda. Y estará en disposición de educarle en estrategias para la gestión emocional adecuada. En ellas el castigo nunca debe ser la única vía.

Recursos y herramientas para el cambio

En general, el castigo per se no produce aprendizaje porque no enseña nada nuevo. Por tanto, para cambiar un comportamiento necesitamos explicar que existen otros más saludables.

Lo que hay que entender es que todos estos problemas dificultan que se desarrolle una relación de confianza, cariño y seguridad en la familia. En la medida en que el niño perciba hostilidad, reaccionará desafiando. Por eso, es imprescindible tratar los problemas para que se pueda construir una relación de apego. En ella el menor podrá percibir que es cuidado, atendido y entendido, a la vez que se le ponen unos límites para que pueda desarrollarse de forma segura.

Trabajo conjunto de padres y maestros

Dado que también los profesores son una figura de referencia para los niños, sería muy beneficioso que también ellos les enseñaran recursos. Frecuentemente, cuando los maestros se enfrentan a alumnos con este tipo de trastorno, responden de un modo autoritario.

Pero es algo que no conviene en estos casos, ya que fortalece el círculo vicioso. Deben tener presente que reducir el uso de los comentarios negativos favorece que el alumno no reaccione con hostilidad en el aula.

En resumen, conviene que ambos, padres y profesores, trabajen para estructurar nuevas rutinas en el menor. Estas deben ir orientadas a favorecer sus destrezas. A hacerles ver los recursos que ya tiene y que son más valiosos que la hostilidad y el desafío que utilizan habitualmente.

El juego se puede emplear como una herramienta clave para establecer reglas básicas, fomentar sus habilidades sociales y enseñarle nuevas formas de conducirse respetuosas con los demás. Así, los padres podrán captar la atención de sus hijos eficazmente y dar órdenes de una manera clara. Por ejemplo, enseñarles a no interrumpir y señalar sus comportamientos negativos de forma constructiva. ¿Cómo? Mostrándoles inmediatamente después uno alternativo, más útil y sano.

Candela Molina Gutiérrez.

Psicóloga sanitaria y coordinadora

Centro Psicológico Cepsim

FUENTE

https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/psicologia-infantil/trastorno-negativista-desafiante/ 

https://pixabay.com/es/vectors/salud-mental-la-cabeza-v%C3%B3rtice-5318191/


domingo, 18 de diciembre de 2016

EL TDAH Y LAS EMOCIONES


¿Qué es la inteligencia emocional?


La inteligencia emocional es el conjunto de habilidades psicológicas que permiten apreciar y expresar de manera equilibrada nuestras propias emociones, entender las de los demás, y utilizar esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.

La inteligencia emocional, según Daniel Goleman, es la capacidad de una persona para manejar una serie de habilidades y actitudes, entre las que se incluyen:
  • Conocer y manejar nuestras propias emociones.
  • Reconocer las emociones de los demás.
  • Establecer relaciones positivas con otras personas.
La importancia de la educación emocional es indiscutible, ya que les proporcionará los recursos emocionales para una gestión emocional que garantice su bienestar.

La educación emocional se basa en los siguientes pilares:
  • La identificación y el reconocimiento de las emociones propias y ajenas. 
  • La aceptación y la comprensión de la emoción.
  • La expresión y vía de salida de la emoción de una manera constructiva.
Trucos para la educación emocional:
  • Preocúpate de crear un clima positivo.
  • No suprimas sus estados emocionales. Sentir es natural y sano.
  • Ayúdales a identificar y reconocer sus emociones y las de los demás. 
  • Desarrolla en ellos la reflexión y la meditación.
  • Enséñales formas positivas de expresión emocional.
  • Sírveles de ejemplo.
  • Muestra la importancia de saber gestionar las emociones.
  • Enséñales a sentir sin miedo. 
  • Enséñales cómo se llaman, cómo son y en qué se diferencian las emociones. 
  • No escatimes en muestras de afecto y dota de carácter lúdico a tus enseñanzas. 
FUENTE: 

TDAH y las emociones

TDAH y emociones son un binomio que no se llevan bien.

Las personas con TDAH pueden tener problemas para interiorizar sus emociones y dominar la intensidad de las mismas (autorregulación emocional). 

No se trata tanto de que las emociones que experimentan sean inapropiadas como de que no son capaces de guardarlas para sí, manifestándolas exteriormente con más intensidad y duración que sus iguales.
El resultado es una conducta inmadura, muy cambiante y con baja tolerancia a la frustración.

La marcada inmadurez y la enorme dependencia emocional que caracterizan a las personas con TDAH producen unas conductas características:
  • En la mayoría de las ocasiones, van a tratar de llamar la atención del resto, y no vacilarán en ponerse en evidencia, haciendo payasadas o, bien, desafiando a la figura de autoridad de forma irreverente y/o desafiante. 
  • Frente a la perspectiva de un nuevo fracaso, van a hacer todo lo que sea posible para que no sea evidente y, por poner un ejemplo. mentirán antes que aceptar que no han terminado de hacer los deberes. 
  • Su baja tolerancia a la frustración se traduce en irritación y también ira, manifestando su malestar dando patadas al aire y haciendo aspavientos exagerados, o bien contestando mal ante cualquier corrección del profesor/a, por poner algunos ejemplos.
  • La autorregulación de sus emociones y su comportamiento responden más a los estímulos que reciben (dependencia emocional del ambiente), que a sus propios pensamientos internos, los cuales le harían examinar los sucesos o fijarse objetivos.
  • Su dificultad para automotivarse hace que necesiten continuamente gratificaciones inmediatas ante aquellas tareas que no les resulten atractivas, novedosas o que no acarreen una rápida recompensa. 
  • Igualmente, su incapacidad para automotivarse complica que puedan examinar sus sentimientos y tomar las medidas precisas que les ayuden a salir de estados anímicos negativos, como son la frustración, la tristeza o la ansiedad. 
  • El déficit en la autorregulación emocional afecta del mismo modo a su nivel de activación. Tienen graves problemas en el momento de comenzar las labores encomendadas, y sostener la actividad hasta su término, sobre todo, en aquellas actividades desganadas, monótonas y repetitivas, evadiéndose en sus pensamientos, o bien, en otros estímulos exteriores más gratificantes. 
  • Esta complejidad con la motivación interna hace que parezcan carentes de autodisciplina, apariencia agravada por la dificultad que tienen para interiorizar y seguir reglas e instrucciones. 
  • Su baja tolerancia a la espera de gratificaciones, y sus problemas para comprender y manejar el tiempo provoca que sean personas muy impacientes, no se rinden y todo lo quieren para el día de ayer. Por esta razón y, como nota de humor, se recomienda no informar de posibles sorpresas hasta que falte muy poco para descubrírselas, para así evitar que se pasen todo el tiempo haciendo la famosa pregunta "¿Cuánto falta para...?, ¿Cuánto queda para...?".
Estas dificultades emocionales les causan experiencias llenas de frustraciones y castigos, a lo que hay que añadir la crítica habitual y las valoraciones negativas que acentuamos sobre su persona y no sobre su comportamiento inapropiado. Las consecuencias son un pobre autoconcepto, una autoestima muy dañada y un mal ajuste social y personal.

La imagen que percibimos de las y los estudiantes con TDAH es la de chicas/os desmotivados, que no desean sacrificarse y que se muestran indiferentes. 
Pero, ¡nada más lejos de la verdad! 
Por el contrario, manifiestan una necesidad y un deseo reales de gustar al resto y de percibir una aprobación social positiva por su comportamiento y por aquello que efectúan porque, como hemos visto, son muy dependientes emocionalmente. 
Esto debe alertarnos en el momento de marcarles objetivos, en tanto que se dirigirán a los nuevos desafíos con mucha energía y ansiedad, si bien, por su sintomatología, degenerarán conforme transcurra el tiempo, lo que los expondrá, con muchas probabilidades, a un nuevo fracaso. 

De ahí que, hemos de ser realistas y fijarles unos objetivos más pequeños y en un corto plazo, de forma que puedan ir cumpliendo de forma progresiva y segura, para que su autoconcepto y su autoestima se vayan consolidando de manera positiva.

Consecuencia de la sintomatología es que pueden enseñar con facilidad altos indicadores de ansiedad y agobio, si bien, en apariencia muestren una actitud indiferente y desmotivada que, realmente, oculta la impotencia de hacer frente a sus dificultades. 
En ciertos casos, por la continua presión que reciben, esa ansiedad y agobio pueden transformarse en otros trastornos con entidad propia asociados al TDAH.

Actualmente, los aspectos emocionales van cobrando cada vez más importancia. De esta forma, estudiosos de la talla del doctor Barkley reconocen su relevancia como una parte del trastorno a la altura de la inatención y de la hiperactividad-impulsividad.

Examinemos más despacio estas peculiaridades que nos ayudarán a conocerlos mejor:

Baja autoestima

Autoconcepto y autoestima están inevitablemente relacionados.
El autoconcepto es la imagen que la persona tiene de uno mismo. 
La autoestima entiende la auto-convicción de ser eficiente, valioso/a y reconocido/a por el resto. 
Tener una autoimagen positiva nos infunde seguridad y confianza en nuestras capacidades. 
Los dos conceptos, dependen de la repercusión en nuestro entorno, esto es, se forjan en buena medida en la opinión que los otros tienen de nosotros. Si tenemos un autoconcepto negativo de nosotros mismos, de alguna forma, nos auto-rechazamos y, en dependencia de la intensidad y experiencia de este sentimiento, nuestro comportamiento puede finalizar desembocando en conductas beligerantes y destructoras.

Los pequeños, pequeñas y adolescentes con TDAH reciben con mucha frecuencia y, en ciertos casos de forma prácticamente incesante, críticas negativas, sermones, castigos y fracasos a nivel familiar, escolar y social: incordian, interrumpen, pierden, olvidan, empujan, se esmeran, fallan, abandonan, se frustran y no son capaces de examinar y solventar sus inconvenientes, ensayando una permanente sensación de falta de autocontrol. 
No obstante, aparentan que todo se lo echan a la espalda fingiendo que no les importa…

La autoestima está en la base del desarrollo de la personalidad, de la motivación, del desempeño escolar y de las relaciones sociales, o sea, está en la base de la adaptación al entorno. 
Es verdad que ciertos niños/as con TDAH muestran una autoestima auto-inflada, que no es otra cosa que la manera de hacer frente a su pobre autoconcepto.

Eludir las críticas públicamente y practicar el refuerzo positivo inmediato y usual son esenciales para promover una buena autoestima.

Depresión

Los síntomas depresivos son asimismo usuales en las personas con TDAH, si bien hay que distinguir si se tratan de síntomas más relacionados con la desmoralización y la impotencia de no verse capacitados para hacer frente a las demandas escolares y sociales, o bien, si se trata ya, de un trastorno depresivo más grave, que acompaña al TDAH. 

La depresión como trastorno implica tristeza crónica, una preocupación excesiva, aislamiento, irritabilidad persistente, falta de energía, desmotivación y también inapetencia para efectuar actividades frecuentes, dejadez, ideas de muerte recurrentes, etcétera.

Ansiedad

La pobre respuesta que las personas con TDAH tienen frente a las demandas del ambiente les hace susceptibles de sufrir crisis de ansiedad y agobio. 

Sus problemas para manejar correctamente el tiempo, su inatención, la dificultad para comenzar las actividades de forma autónoma, su desorganización y el déficit de planificación, etc., les transforma en personas lentas en la ejecución de las tareas: por servirnos de un ejemplo, hacer los deberes, recoger su cuarto, efectuar un examen, ducharse o bien desayunar, y la presión que reciben del exterior favorecen la aparición de síntomas ansiosos, pudiendo transformarse en severos trastornos de ansiedad. 

El trastorno de ansiedad se manifiesta con preocupaciones y miedos persistentes, nerviosismo, aprensión, capítulos agudos de ansiedad y terror ante situaciones que la persona percibe como amenazantes, peligrosas o bien que no puede supervisar.

Frustración

Nos guste o no, la frustración es una cosa que nos acompaña a lo largo de nuestra vida y en el caso de las personas con TDAH esto se multiplica por tres (por lo menos). 
Es muy posible que la historia personal de una persona con TDAH esté llena de momentos frustrantes. 
Podremos ver cómo no lo invitaban a fiestas de cumpleaños (sin saber por qué razón); de qué forma, tras esmerarse en aprobar los exámenes, los resultados no eran los esperados; e inclusive de qué manera en la vida adulta era despedida (o bien no renovada) en muchos empleos…

¿Qué es la frustración?

La frustración es la respuesta emocional que se origina ante la imposibilidad de satisfacer una necesidad o un deseo. Esta  experiencia negativa que provoca un incremento de tensión provoca una reacción beligerante como mecanismo de defensa, que se manifestará con emociones tales como ansiedad, rabia, angustia, ira o en sentimientos y pensamientos autodestructivos para el sujeto. 

Estas respuestas ante la frustración son en gran medida un mecanismo reflejo, como cuando nos arrojan un objeto a la cara e, instintivamente, ponemos las manos para protegernos, sin pensar qué hacer ante el objeto. De igual manera los mecanismos de defensa surgen involuntariamente sin que nos percatemos.

La frustración como algo despectivo

Las evidencias indican que las emociones, como reacciones propias del organismo, no son ni buenas ni malas. 
Todo depende de la evaluación perceptual que la persona haga de las mismas. Las emociones cumplen un papel adaptativo, que permiten la supervivencia del individuo dentro del ambiente. 

Existen estímulos emocionales objetivamente perturbadores que pueden no producir ninguna secuela sobre una persona, y existen otros estímulos emocionales objetivamente no perturbadores que pueden llegar a ocasionar un daño más o menos importante. 
La diferencia básica entre las dos posibilidades se localiza en la percepción que cada persona tiene de esos estímulos.
Es decir, cuando una persona posee estrategias y habilidades suficientes para hacer frente a esas situaciones, es poco probable que los estímulos derivados de la misma causen algún daño. Sin embargo, en otras ocasiones, aunque la situación y los estímulos sean manejables para cualquier persona, puede ocurrir que alguien no posea esas habilidades y destrezas esenciales, y que se vea desbordado por una situación que, probablemente, sólo es insuperable desde su propia percepción.

Por fortuna la visión de la frustración como algo despectivo está variando y existen nuevas definiciones que explican la frustración como algo no negativo sino más bien como algo que formaba una parte de la naturaleza humana.
La frustración es algo humano y no se puede suprimir, está siempre y en toda circunstancia presente puesto que el ser humano, pese a sus fantasías de omnipotencia, es limitado y experimenta día tras día el choque con la realidad.

Este “choque con la realidad” acostumbra a ser más usual en las personas con TDAH pues el nivel de demanda al que están expuestas no acostumbra a tomar en consideración sus necesidades y peculiaridades y hay más experiencias en las que las esperanzas (en general elaboradas de forma errónea) chocan con los resultados logrados.

La frustración se experimenta de diferentes maneras:

Frustración en forma agresiva

Es la acción más vistosa y la que más se relaciona con la frustración. Es una acción protectora que sacamos cuando sentimos que hay un obstáculo que se interpone en nuestro camino. O dicho de otra forma, cuando el resultado que logramos no coincide con lo que esperábamos. 
Las reacciones beligerantes pueden ser útiles cuando dejan sitio a una reacción más edificante. Es decir, el enfadado da paso a un empeño aún mayor por buscar soluciones.

Las personas con TDAH, en especial en el sexo masculino, tienden a tener estas reacciones cargadas de resentimiento, dando sitio, a veces, a trastornos de la conducta como el llamado trastorno negativista desafiante.

Frustración como resignación

La frustración se convierte en resignación cuando, de forma repetida, los resultados que obtenemos no son los deseados. Con frecuencia, hay personas con TDAH que tienden a retraerse y a pasar inadvertidas, desarrollando lo que es conocido como indefensión aprendida, lo que puede tener consecuencias deplorables para su desarrollo a largo plazo.

Frustración en forma constructiva

Son las reacciones que se centran en superar aquello que nos frustra. Si el obstáculo no puede ser eliminado o bien mitigado la persona busca llegar a la meta por otros caminos.

Quizás podamos encontrar en esta frustración constructiva la base del éxito de las personas que, pese al TDAH, han alcanzado una vida plena y llena de triunfos. Aprender a ver la frustración como una ocasión, en vez de como una fuente de desgracias, es clave para el desarrollo personal.

Ahora bien, esto es muy simple de decir, la cuestión es ¿cómo podemos enfocar o dirigir nuestra frustración para que nos sea beneficiosa? ¿Cómo podemos superar o sacar provecho de nuestra frustración?

FUENTE: 

Niños agresivos. Claves para aprender a expresarse sin usar los puños



Los niños agresivos se distinguen por utilizar la violencia para resolver conflictos o como respuesta ante cualquier tipo de emoción negativa como frustración, ira, celos…
Conductas como pegar a otros, burlarse de ellos, ofenderlos, tener rabietas incontroladas, tirar cosas al suelo, utilizar palabrotas y vocabulario ofensivo, generalmente se describen como conductas agresivas.

Los niños agresivos no sólo hacen sufrir a sus padres, maestros y otros niños, sino que en muchos casos son niños frustrados, que acaban dañándose a sí mismos… además, provocan que los demás los rechacen.

Tipos de agresión
  • Física. Dar una patada
  • Verbal. "Te voy a partir la cara"
  • Directa. "Eres tonta".
  • Indirecta. "Sabes que Pilar es tonta, que no sabe leer bien".
  • Pasiva. "Tardaré en estar listo para que mi madre llegue tarde a la oficina".
  • Contenida. Resoplar o poner cara de desprecio.
  • Instrumental. "Si quiero este juguete, lo quito por la fuerza".
  • Emocional. "Doy patadas a la puerta cuando algo no me apetece".
La conducta agresiva es mucho más frecuente en los primeros años. El nivel máximo se da sobre los dos años, los niños agreden más físicamente y/o de forma instrumental.

La agresión va disminuyendo hasta alcanzar niveles más moderados, ya en la edad escolar. Los niños mayores utilizan más la agresión verbal y/o emocional.

Cuando el niño ya es mayor y tiene las mismas conductas coercitivas que un niño de dos o tres años y utiliza estos métodos para resolver sus problemas, presenta una incapacidad para dominar sus estados emocionales, hablaríamos de un problema de agresividad infantil.

Buenos motivos, pero malas decisiones

Cuando no se les permite tener opinión, propia, cuando no son resueltas sus necesidades de cuidado o cariño, cuando son maltratados física o verbalmente, como cuando son intimidados y amedrentados por las reacciones violentas de sus padres, los niño acuden a la ira y la agresividad.

Es importante que manifiesten lo que les pasa, pero es importante aprender a hacerlo sin hacer daño ni a los demás ni a sí mismos.

7 formas de ayudar a los niños agresivos a expresarse mejor disminuyendo sus conductas agresivas:
  • Validar sus emociones.
  • Ayudar al niño a poner palabras a lo que siente. 
  • Entiendo que estés enfadado, pero no puedo permitir que hagas daño a los demás. 
  • Buscar otras formas de mostrar enfado sin hacer daño.
  • Reparar el daño que ha hecho a otros.
  • Evitar responder con agresividad ante la ira del niño.
  • Modelar formas respetuosas de afrontar la propia ira.
Recordemos que la forma en cómo se expresa (o se reprime) la agresividad en la familia será un elemento determinante en la forma de gestionar los conflictos en los niños.

También influyen otros factores pero, si nosotros aprendemos a saber lo que nos pasa y podemos manejarlo adecuadamente, esto tendrá una gran influencia en nuestros hijos.

FUENTE: 
https://www.youtube.com/watch?v=-lIUV8zAKzg

Enseñar a los niños a afrontar los fracasos y la frustración


Los fracasos y las frustraciones son algo normal en la vida de las personas. Es fundamental que, durante su desarrollo, los niños aprendan a superar estos aspectos de manera constructiva.

Debemos ver la frustración y los errores como parte de la vida y, por lo tanto, es nuestra responsabilidad hacer que los más pequeños estén preparados para ello.
Una persona feliz es aquella que sabe afrontar sus errores, aprende de ellos y sabe superar la frustración de forma constructiva.
Una persona feliz no es aquella que no se equivoca nunca, o aquella que siempre consigue todo lo que quiere. Todas las personas cometen errores y a todas las personas les cuesta conseguir lo que quieren. Es parte de la condición humana.

Pautas para evitar el fracaso y la frustración en los niños

TIP 1. Cambia la manera de ver los fracasos
Haz que no vean los fracasos como algo negativo. Lo importante es darse cuenta de dónde nos hemos equivocado para que no vuelva a ocurrir.  
Convierte así la frustración en aprendizaje. Que el niño lo conciba como una oportunidad para aprender y ser creativo.

TIP 2. Haz que haga las cosas por sí mismo
No le des todo hecho, haz que piense aunque, al principio, no sepa hacer ciertas cosas. Déjale que lo haga él solo, que piense, que lo intente y que tenga la oportunidad de equivocarse y de enfrentarse al fracaso. 
Podemos ser su guía, pero dejándole solo. Evita la sobreprotección y el exceso de permisividad.

TIP 3. Enséñale que en toda situación de fracaso puede haber algo positivo
Ante todo fracaso hay siempre algo positivo, que es la capacidad de aprender de ello, la posibilidad de crecer como persona también.

TIP 4. No refuerces la rabia como respuesta a la frustración
Si cedemos a sus rabietas, le enseñamos que es una forma fácil de superar esa situación y conseguir lo que quiere. 
Es un error pensar que el niño, para ser feliz, necesita todo lo que quiere. Debemos no hacer caso a su rabieta.

TIP 5. Haz de ejemplo para los niños y niñas
Nuestro modo de actuar es el que les guía para enfrentarse a situaciones de la vida. 
Ante situaciones que puedan provocar frustración o fracasos, debemos mantener una actitud positiva y esforzarnos por superar las dificultades.

TIP 6. Educa en el esfuerzo, pero marcando objetivos razonables
Los niños y niñas han de aprender que, para conseguir ciertas cosas, es necesario esforzarse. De esta manera, verán que el esfuerzo es una manera de solucionar sus fracasos. 
Es bueno hacer que el niño o niña se esfuerce, pero su nivel de exigencia ha de ser razonable.

TIP 7. Razona con él/ella sobre sus errores y fracasos
Que entienda lo que ha pasado, que ha salido mal. Si lo entiende se sentirá tranquilo y ganará confianza, porque sabrá lo que tiene que hacer la próxima vez.

FUENTE:

lunes, 1 de febrero de 2016

LA PAZ, UN RETO TRANSVERSAL



Continuando con la celebración del Día Escolar de la No Violencia y la Paz, os presentamos estos materiales didácticos. 

Cruz Roja Juventud (CRJ) mantiene y consolida entre sus líneas de acción la Educación para la Paz, prestando especial interés a las situaciones de desigualdad e injusticia social.

La Paz ha sido definida habitualmente como ¿la ausencia de guerra? 
No obstante, CRJ sabe que el concepto de Paz es mucho más amplio que la simple falta de guerra o de conflicto armado. Se trata de un estado de bienestar social o individual donde prima la tranquilidad, la calma y la armonía y que no se puede alcanzar sin satisfacer primero las necesidades básicas de las personas y sin garantizar las libertades civiles y políticas, seguridad física, acceso a la educación o derecho a la información.

La educación para la Paz se presenta como una herramienta de sensibilización, de formación de actitudes y de comportamientos que debe tener un enfoque multidisciplinar dado que afecta a todos los ámbitos y manifestaciones de la vida humana. 

El desarrollo y modificación de actitudes de respeto, solidaridad, Igualdad, convivencia cultural, tolerancia, resolución de conflictos, no violencia etc. son considerados procesos educativos vitales. 
El iniciar este proceso de enseñanza a una edad temprana facilita considerablemente la adquisición y consolidación de dichos valores y actitudes.

Con La Paz, un reto transversal, CRJ persigue ofrecer herramientas didácticas que permitan a los/as profesores/as trabajar estos valores y actitudes con sus alumnos/as de una manera práctica y eficaz, incluso transversalmente en las asignaturas obligatorias marcadas en el diseño curricular.

De la misma manera, los padres y madres podemos utilizar estos materiales para desarrollar la inteligencia emocional, inculcando valores tan importantes para la convivencia diaria, como son la resolución de conflictos o la tolerancia, entre otros.

Adjuntamos las fichas correspondientes a 1º de Educación Primaria. En la misma página de Cruz Roja Juventud pueden descargarse los materiales didácticos los demás cursos de Primaria y también para Secundaria.


FUENTE:

jueves, 29 de octubre de 2015

LAS EMOCIONES EN EL TDAH. El cerebro dividido ¿Cómo me siento?



Inteligencia Emocional. El cerebro dividido
Sólo en los últimos años ha aparecido un modelo científico de la mente emocional que explica la forma en la que muchas de nuestras actividades pueden estar controladas emocionalmente. ¿Cómo podemos ser tan racionales en un determinado momento y tan irracionales al momento siguiente? También da cuenta de las razones y la lógica particular de nuestras emociones.
Los neurocientíficos utilizan el término “memoria de trabajo” para referirse a la capacidad de la atención para mantener en la mente los datos esenciales para el desempeño de una determinada tarea o problema. La corteza prefrontal es la región del cerebro que se encarga de la memoria de trabajo.
La amígdala forma parte del llamado cerebro profundo, ese donde priman las emociones básicas tales como la rabia, el miedo o el amor, y también el instinto de supervivencia, básico sin duda para la evolución de cualquier especie. Ella es la responsable de que podamos escapar de situaciones de riesgo o peligro, pero ella también es la que nos obliga a recordar nuestros traumas infantiles y todo aquello que nos ha hecho sufrir en algún momento.
En la danza entre el sentir y el pensar, la emoción guía nuestras decisiones instante tras instante, trabajando mano a mano con la mente racional y capacitando –o incapacitando- al pensamiento mismo.
Esto vuelve a poner sobre el tapete el viejo problema de la contradicción existente entre la razón y el sentimiento. No es que nosotros pretendamos eliminar la emoción y poner la razón en su lugar –como quería Freud-, sino que nuestra intención es la de descubrir el modo inteligente de armonizar ambas funciones.
Existen motivos neurológicos –ligados al papel que desempeñan los circuitos prefrontales en la toma de conciencia de las emociones- que justifican que determinadas personas puedan detectar con más facilidad que otras la excitación propia del miedo o la alegría y, así, ser más conscientes de sus emociones.
Mientras que el mundo suele presentarnos un desbordante despliegue de situaciones y de posibilidades, nos hace plantearnos preguntas tales como ¿En qué debería invertir los ahorros de mi jubilación? ¿Con quién debería casarme? Es así como el cerebro emocional se halla tan implicado en el razonamiento como lo está el cerebro pensante.
El conocimiento de las propias emociones, el conocimiento de uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, constituye la piedra angular entre el equilibrio de la mente y la sociedad, así como una inteligencia emocional adecuada.
La capacidad de seguir momento a momento nuestros sentimientos resulta crucial para la introvisión psicológica y para la comprensión de uno mismo. Por otro lado, la incapacidad de percibir nuestros verdaderos sentimientos nos deja completamente a su merced. Las personas que tienen una mayor certeza de sus emociones suelen dirigir mejor sus vidas, ya que tienen un conocimiento seguro de cuáles son sus sentimientos reales.
En cierto modo, todos tenemos dos cerebros y dos clases diferentes de inteligencia: la inteligencia racional y la inteligencia emocional,  y nuestro funcionamiento en la vida está determinado por ambos.
FUENTE:
https://www.youtube.com/watch?v=7Ax_n7CZRCg

Controlar las emociones para tratar el TDAH

Los niños y adultos con TDAH no sólo presentan dificultades en atención, desorganización, hiperactividad e impulsividad, sino también distintos problemas afectivos: labilidad emocional, excesiva reactividad emocional y carácter irritable. Estas dificultades emocionales se agrupan formando una dimensión denominada ‘desregulación emocional’.
Aunque el déficit en la regulación emocional no sea actualmente uno de los síntomas diagnósticos del TDAH, las diversas propuestas teóricas coinciden en indicar que constituye un aspecto fundamental del trastorno.
Los estudios que han explorado estos procesos de regulación emocional en niños y adultos con TDAH confirman que ambos tienen importantes dificultades para controlar sus emociones, especialmente cuando son negativas. Distintas investigaciones muestran que tanto niños como adultos con TDAH expresan mayores niveles de agresividad, depresión, tristeza y enfado que sus iguales sin TDAH.

Además, algunos datos sugieren que los niños con TDAH son incapaces de ocultar sus emociones incluso después de recibir instrucciones para hacerlo y que son menos empáticos que los niños control. Por otro lado, se ha observado una excesiva reactividad emocional en niños y adolescentes con TDAH durante la realización de deportes individuales y colectivos, y en adultos durante la conducción de su vehículo.

La regulación emocional desempeña un papel importante en el modelo ejecutivo de Barkley, y también en el del Dr. Brown, los cuales defienden que estas personas tendrán importantes dificultades para modular sus estados afectivos, ya que en este caso están implicados distintos procesos de control ejecutivo.

El Dr. Russell A. Barkley, Ph.D., científico, psicólogo e investigador norteamericano, y uno de los actuales expertos en Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad afirma que las personas con TDAH tienen una incapacidad para manejar las emociones.
Barkley señala que las personas que padecen este trastorno son muy emocionales y no saben gestionar sus emociones. Sostiene que las dificultades para modular las emociones observadas en las personas con TDAH están generadas por una disfunción primaria ejecutiva en los procesos de control inhibitorio y que parecen estar  presentes únicamente en los subtipos combinado e hiperactivo-impulsivo.
Las personas con este trastorno son "desinhibidos en todos los campos" y eso les lleva a tomar decisiones "demasiado rápido". Optan por lo inmediato, sin sopesar las repercusiones, y no valoran las acciones a largo plazo.
La autorregulación emocional es entendida por Barkley como un conjunto de procesos ejecutivos que nos permiten modular las emociones y que, en el caso de presentar una disfunción, pueden provocar una serie de problemas como, por ejemplo, un aumento de la respuesta emocional ante determinadas situaciones, una menor empatía, una menor capacidad de regular estados emocionales o una mayor dificultad para crear y mantener la motivación y la activación. El modelo de Barkley ha sido, posiblemente, el más influyente en las investigaciones realizadas hasta el momento sobre la regulación emocional en el TDAH.

Por su parte, el Dr. Thomas E. Brown describe el TDAH como un trastorno complejo en el que están deterioradas distintas funciones ejecutivas: activación, concentración, esfuerzo, memoria, acción y emoción. En relación con esta última, Brown afirma que muchos niños y adultos con TDAH tienen una baja tolerancia a la frustración y una dificultad crónica para regular sus emociones, características que los llevan a reaccionar de manera desproporcionada ante distintas situaciones o eventos. Estos problemas afectivos constituirían un aspecto fundamental del trastorno.

Otros investigadores van más allá, y se cuestionan si ciertos síntomas característicos del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad pueden dificultar el reconocimiento de distintos estímulos emocionales, como las expresiones faciales y la prosodia afectiva.
Según estas investigaciones, reconocer las emociones que están experimentando otros es una importante habilidad que facilita las interacciones sociales. Las intenciones y los estados emocionales se hacen visibles a través de señales afectivas como las expresiones faciales y la prosodia, por lo que una correcta identificación de éstas resulta fundamental para establecer relaciones interpersonales adecuadas.

Las habilidades relacionadas con el reconocimiento emocional apenas se han estudiado en el TDAH, ya que, hasta ahora, clínicos e investigadores han asumido que las personas con el trastorno no padecen problemas al respecto. No obstante, algunos estudios conductuales sugieren que los niños y adultos con TDAH tienen importantes dificultades para reconocer y comprender la información afectiva.

Según estas últimas investigaciones, los niños, adolescentes y adultos con TDAH tienen problemas en las habilidades que forman la competencia emocional: reconocimiento, regulación y expresión de las emociones. En relación con el primero, datos convergentes de distintas investigaciones indican que tanto los niños como los adultos con TDAH presentan importantes disfunciones en el reconocimiento de la información afectiva (p. ej., expresiones faciales emocionales y prosodia afectiva). Estas dificultades están presentes en los subtipos combinado e hiperactivo-impulsivo, no existiendo datos en relación con el subtipo inatento.

Algunos estudios han observado que las disfunciones detectadas en el reconocimiento emocional no están generadas por las deficiencias cognitivas características del trastorno (inatención, impulsividad), sino que constituyen un déficit primario, resultado de una serie de anomalías en los circuitos neurales subyacentes.

Asimismo, la evidencia científica también indica que las alteraciones en el sistema dopaminérgico, particularmente afectado en el TDAH, se relacionan estrechamente no sólo con alteraciones motoras y cognitivas, sino también con dificultades en distintos procesos emocionales y motivacionales. Además, el importante papel de la dopamina en el procesamiento emocional se pone de manifiesto gracias a distintos estudios hemodinámicos
En este sentido podríamos hipotetizar que, al menos parcialmente, las alteraciones en el procesamiento emocional en el TDAH se deben a una disfunción en el sistema dopaminérgico.

Hasta el momento sólo se dispone de datos conductuales que indican que tanto los niños como los adultos con TDAH muestran importantes dificultades para modular sus emociones, especialmente cuando éstas son negativas.

Asimismo, se subraya la necesidad de evaluar la competencia emocional de los niños y adultos con TDAH en la práctica clínica y de entrenar estas habilidades con el objetivo de reducir las dificultades de identificación de las emociones de los demás y de aumentar el control emocional de las personas con TDAH

FUENTE:


¿Cómo me siento? UNICEF. Cuaderno de trabajo para el niño 

Este cuadernillo de trabajo contiene una serie de actividades para realizar con niños y niñas, con el fin de incentivarlos a expresar sus sentimientos y emociones.


FUENTE: