TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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martes, 17 de mayo de 2022

CLAVES PARA DESARROLLAR EL AUTOCONTROL Y MEJORAR NUESTRO ESTADO EMOCIONAL

 

Es fundamental adquirir habilidades para lograr un control de impulsos de forma adecuada, porque de otra manera tendríamos graves dificultades para el desarrollo personal y para la convivencia en sociedad

BEATRIZ BENÉITEZ BURGADA. 18/03/2022

El autocontrol se define es una capacidad que tenemos las personas para regular de forma voluntaria nuestra propia conducta. Es fundamental adquirir habilidades para lograr un control de impulsos de forma adecuada, porque de otra manera tendríamos graves dificultades para el desarrollo personal y para la convivencia en sociedad.

Es cierto que algunas personas tienen un mayor autocontrol que otras y que determinadas condiciones, como por ejemplo el TDAH, implican una menor capacidad de autocontrol emocional, pero se puede trabajar para tenerlo siempre dentro de unos límites que nos permitan poder regular la impulsividad. De hecho, gracias a la plasticidad del cerebro, puede entrenarse con muy buenos resultados.

El autocontrol es un elemento básico de la inteligencia emocional

Uno de los expertos más reconocidos que ha abordado esta cuestión arrojando luz acerca de cómo contribuye al bienestar de una persona es Daniel Goleman, el afamado psicólogo y Doctor en Harvard autor del best-seller “Inteligencia emocional”. El investigador considera que el autocontrol es un elemento básico de la inteligencia emocional.

De hecho, explica cómo, cuando una persona tiene una conducta demasiado impulsiva, su calidad de vida se ve mermada, puesto que afecta gravemente a sus relaciones con los demás y acaban desarrollando problemas psicológicos, como problemas de autoestima, incapacidad de concentrarse, baja tolerancia a la frustración y un aumento de las posibilidades de desarrollar conductas de riesgo, entre otros problemas.

En este estudio llevado a cabo por expertos de la Universidad de Michigan y de Duke entre otras, se concluye que "la capacidad de controlar las propias emociones, pensamientos y comportamientos durante los primeros años de nuestra vida predice una variedad de resultados positivos posteriores". Como adultos, los niños con mejor autocontrol mostraban menos signos de envejecimiento en sus cerebros. Y además, tenían mejores resultados en su vida en lo que se refiere a carreras profesionales y hábitos de vida saludable.

Si bien, es cierto que existen determinadas circunstancias que pueden influir en nuestra capacidad de autocontrol, como puede ser el estrés y la ansiedad -que merman nuestra capacidad de controlar los impulsos- lo cierto es que se puede trabajar para fortalecer esta capacidad que tanto nos puede ayudar a conseguir nuestros objetivos en la vida.

Eso sí, es importante señalar que la impulsividad forma parte del criterio diagnóstico de trastornos englobados en el el DSM-5A, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, en el que se incluyen desde el Trastorno Límite de la Personalidad, de Ansiedad, el TDAH o los trastornos del neurodesarrollo.

Por este motivo, para descartar cualquier problema, cuando un niño, adolescente o adulto presenta problemas importantes en el autocontrol siempre debe acudir a un especialista para obtener un diagnóstico adecuado y un tratamiento médico que le ayude a trabajar con el problema. Pero también es cierto que en el día a día se pueden poner en marcha una serie de técnicas que nos pueden ayudar a controlar la impulsividad.

Normalmente, una persona suele presentar problemas de autocontrol en situaciones específicas que se repiten como un patrón

Normalmente, una persona que no sufre un trastorno médico, suele presentar problemas de autocontrol en situaciones específicas que se repiten como un patrón. Por eso, el primer consejo es identificar cuáles son esas situaciones. Generalmente son acontecimientos del día a día que producen reacciones desmesuradas en nosotros y despiertan emociones que nos desbordan.

En este caso es útil la técnica de visualización. Consiste en analizar el acontecimiento en otro momento diferente al que se produce, para intentar desde la distancia, observarlo desvinculándolo de la emoción. Así nos será más fácil identificar qué es exactamente lo que nos hace perder los nervios y no ser capaces de controlarnos.

Una vez identificadas las situaciones, debemos poner en práctica técnicas que nos ayuden a cortar de raíz las emociones que se desencadenan. Desde irnos a otro lugar que nos aleje del foco de conflicto, a evitar entrar en la conversación u otro tipo de técnicas de relajación como el control de la respiración.

Por ejemplo, una técnica es la de la llamada respiración resonante o respiración coherente, que nos ayuda a entrar en un estado de relajación. Para llevarla a cabo hay que acostarse y cerrar los ojos. Respirar suavemente por la nariz, con la boca cerrada, y contar hasta cinco segundos. El objetivo no es llenar del todo los pulmones, para luego exhalar lentamente durante cinco segundos. Después se cuenta hasta diez y se vuelve a repetir hasta que sintamos que hemos recuperado el control de nuestra mente.

FUENTE:

https://www.lavanguardia.com/vivo/psicologia/20220318/8134159/claves-desarrollar-autocontrol-mejorar-nuestro-emocional-nbs.html

IMAGEN: 

https://stock.adobe.com/es/images/self-control-black-vector-monoline-calligraphy-banner-with-swashes/488365382

domingo, 3 de abril de 2022

CÓMO CONTROLAR LAS EMOCIONES: 10 TÉCNICAS QUE FUNCIONAN

     


Pau Forner Navarro

Ya dijo Nietzsche que los pensamientos vienen cuando ellos quieren, y no cuando nosotros desearíamos.

Del mismo modo, tus emociones tampoco aparecen o desaparecen cuando tú lo decides. Pero, ¿es posible tener algún control sobre las emociones o debes resignarte a que dominen tus actos?

¿Alguna vez te has preguntado porque alguien es capaz de hablar en público sin aparentar nervios mientras que otra persona se viene abajo? ¿Por qué hay gente que en una discusión sucumbe a la ira mientras otros mantienen la calma?

Si bien tiene sentido que te sientas triste cuando te dan malas noticias, eso no significa que tu única opción sea quedarte llorando en un rincón (esa actitud probablemente te mantenga afligido durante más tiempo). Reconocer que estás triste a la vez que te fuerzas a ti mismo a hacer algo productivo te ayudará a sentirte mejor antes.

En este artículo voy a intentar desmitificar varias falsas creencias sobre la gestión de las emociones y darte las técnicas que se han demostrado realmente útiles para conseguirlo. Permanece atento porque alguna probablemente te sorprenda.

¿Decides tú cómo controlar las emociones?

Hay muchas teorías al respecto. Algunos psicólogos creen que tenemos el control total sobre nuestras emociones y otros creen que no existe ninguna posibilidad de controlarlas.

Sin embargo, hay investigaciones que concluyen que la forma en que interpretas tus emociones puede cambiar la forma como las vives. La forma en que reacciones frente una emoción en concreto condicionará cómo actúa sobre ti.

El orador que sufre frente la idea de hablar en público lo hace porque interpreta sus nervios como algo negativo, como una señal que le está enviado su cuerpo para que salga corriendo de allí.

Por otro lado, alguien que interprete esos mismos nervios como excitación y ganas de hacerlo bien probablemente tenga más éxito en su conferencia.

La moraleja es que tu cuerpo te proporciona la energía para hacer algo, pero cómo usar esa energía lo decides tú. Hay gente que paga dinero y hace horas de cola para subirse a una montaña rusa, mientras que otros no se subirían ni en sueños. Ambos sienten los mismos nervios, pero los interpretan de forma diferente: diversión frente terror.

Lo que ocurre cuando tus emociones se descontrolan

No puedes evitar sentir emociones. Las emociones están ahí porque tienen una función evolutiva, un sentido biológico de supervivencia. Si nuestros antepasados no hubieran sentido miedo delante de una manada de tigres, probablemente el ser humano no hubiera llegado hasta hoy en día.

La amígdala es la parte de tu cerebro encargada de disparar las emociones, como si fuera una respuesta automática en forma de agresión o huida frente una amenaza. Por eso es tan difícil controlar mediante la fuerza de voluntad el origen de tus emociones: significaría anular esta respuesta para la que estás programado genéticamente.

Este tipo de respuesta emocional es por lo tanto, necesaria. Sin embargo, en algunas personas no está correctamente regulada y puede ocurrir que:

Se dispare en situaciones donde no existe una amenaza real (provocando la ansiedad)

Sea incapaz de desactivarse con el paso del tiempo (como en la depresión). Por algún motivo, el cerebro entra en modo de supervivencia y se queda anclado ahí.

Cuando estás en fase de lucha-huida y la amígdala ha tomado el mando de tus actos, normalmente ya es demasiado tarde. Por eso debes aprender a actuar antes. Tienes que acostumbrarte a detectar aquellas señales que te indican que vas camino de no poder dominar tus emociones.

Esta es la única forma en que serás capaz de detener el proceso (o retrasarlo) antes de que sea demasiado tarde. Una vez las emociones te dominan, eres poco más que una bestia acorralada.

La verdad sobre las emociones negativas

La teoría más reciente es que existen 4 tipos de emociones básicas que han evolucionado hacia el resto de sentimientos más complejos. Estas emociones son enfado, miedo, alegría y tristeza.

Existen algunas situaciones a las que nunca podrás acostumbrarte. Si todo te va mal, difícilmente podrás dejar atrás la sensación de miedo o ansiedad. Sin embargo, las emociones positivas suelen desaparecer a lo largo del tiempo. No importa cuanto dinero te toque en la lotería o cuán enamorado estés: las emociones positivas como el placer siempre terminan disminuyendo.

De hecho, en un estudio se determinó que la emoción que dura más es la tristeza. En concreto, dura hasta 4 veces más que la alegría.

En base a este panorama parece realmente necesario poder gestionar la intensidad de tus emociones para no sufrir tanto. A continuación, encontrarás una lista de las técnicas que no han demostrado ninguna eficacia y las que sí.

Lo que no funciona para controlar tus emociones

Estas técnicas se han popularizado a través del boca a boca y mediante autores que no se han molestado en comprobar su base científica real. La utilidad de cada una de ellas para gestionar tus emociones es, cuanto menos, dudosa.

1. Intentar no pensar en lo que te preocupa

De la misma forma que intentar no pensar en un oso polar blanco provocará que termines pensando en él por un efecto rebote, en estudios como este se ha demostrado que es muy difícil apartar las emociones de nuestra cabeza.

En el caso de las personas deprimidas, a las que constantemente les asaltan pensamientos negativos, se ha comprobado que es totalmente contraproducente intentar suprimir esas ideas porque terminan regresando con más fuerza todavía.

2. Relajarte y respirar hondo…

Es habitual que nos recomienden relajarnos y respirar hondo cuando estamos enfadados o muy ansiosos. Proviene de una tradición casi ancestral, como la de respirar dentro de una bolsa de plástico en un ataque de pánico.

Pero hay un inconveniente. Respirar hondo e intentar modular el diafragma no suele funcionar porque el componente fisiológico de las emociones suele ser poco importante.

Piensa en ello. En la mayoría de las ocasiones en que te has enfadado mucho, por ejemplo, estabas tranquilo antes de volverte irascible. Probablemente tenías un buen día hasta que alguien te lo ha chafado, ¿me equivoco?

Si un estado previo de relajación no ha podido evitar que te enfadaras, ¿por qué la gente cree que puede conseguirlo una vez ya estés enojado?

¿Has recomendado alguna vez a alguien que se relajara cuando estaba enfadado? Te habrás dado cuenta de que no suele funcionar demasiado bien. Es como si en lugar de escuchar a quien cree que ha sufrido una injusticia le recomendases que se callara y se tomase un tranquilizante.

Con esto no quiero decir que emplear habitualmente técnicas de relajación sea malo. De hecho, meditar es bastante útil (lo verás más abajo). Pero intentar relajarse una vez te han invadido las emociones es ir a tratar el síntoma y no la causa.

3. Liberar la tensión por otras vías

Hubo un tiempo en que se pusieron de moda las actividades para liberar emociones. Talleres donde la gente se reunía para llorar o eventos donde directivos agresivos se ponían a romper platos.

Pues bien, resulta que los estudios psicológicos más recientes sugieren que este tipo de catarsis no funciona. Incluso puede ser negativa: sucumbir a la tentación de destrozarlo todo puede incrementar tu agresividad a corto plazo. Lo mismo ocurre con hacer ejercicio físico: aunque es bueno para tu corazón, no es capaz de tranquilizar tus emociones.

Las emociones no están contenidas dentro de nuestro cuerpo y necesitan salir como si fuéramos ollas a presión. Lo que necesitan es ser comprendidas para evitar que nos hagan daño.

4. Presionarte para tener pensamientos positivos

Hay un poco de controversia respecto el efecto de los pensamientos optimistas para regular las emociones. Si bien yo no diría que son capaces de hacerte pasar de un estado negativo a otro positivo, sí que pueden llegar a reducir la intensidad de una emoción negativa.

Las emociones se procesan casi en su totalidad a nivel inconsciente para luego pasar al terreno consciente, donde las percibes. Por este motivo, cuando eres consciente de ellas a menudo ya es demasiado tarde.

Sin embargo, buscar la parte positiva de cada situación sí que puede evitar que sigas auto-saboteándote. Si en lugar de pensar “No voy a poder con esto” empiezas a creer “Está complicado, pero lo puedo manejar” evitarás que tus emociones negativas se agraven.

Lo que sí funciona

La verdadera inteligencia emocional requiere que identifiques y entiendas tus propios estados de ánimo. Implica reconocer cuando y porqué estás enfadado, nervioso o triste, y actuar sobre las causas y no sólo los síntomas.

Sin embargo, en aquellas ocasiones en las que veas que irremediablemente te diriges hacia un estado emocional negativo, las siguientes técnicas pueden ser eficaces para detener o frenar esa reacción en cadena.

1. Intenta recordar tus virtudes y éxitos

La reafirmación en tus virtudes y puntos fuertes es una de las mejores estrategias para gestionar tus sentimientos. Consiste en pensar en lo que te ha provocado esa emoción pero reduciendo su significado negativo.

Ejemplo: en lugar de enfadarte porque has llegado tarde al trabajo puedes pensar que, dado que siempre llegas a tiempo, no es tan grave.

La gente con mayor control emocional utiliza la autoafirmación cuando la intensidad de sus emociones todavía es baja y tienen tiempo para buscar otro punto de vista de la situación. Curiosamente, se ha demostrado que esta estrategia funciona especialmente bien en las mujeres.

La próxima vez que sientas que pierdes el control sobre tus emociones, recuérdate a ti mismo aquellas cosas de las que te enorgulleces en tu vida.

2. Distrae tu atención hacia un asunto concreto

Las personas que mejor gestionan sus emociones también han aprendido a usar la distracción para bloquear sus estados emocionales antes de que sea demasiado tarde. Y parece que resulta muy eficaz cuando prevén que van a experimentar emociones intensas y no tienen suficiente tiempo para usar otras estrategias.

Como sabrás, una forma muy efectiva para calmar a un niño pequeño que no deja de llorar es desviar su atención. “¿Has visto el muñeco?” o “¿Qué tengo en la mano?” suelen disminuir su nivel de excitación si mantenemos su atención durante el tiempo suficiente.

La técnica de la distracción consiste en desvincularte de la emoción negativa centrando tu atención en pensamientos neutrales. De esta forma evitarás que la emoción coja demasiada intensidad.

Por ejemplo, si tu jefe cuestiona tu profesionalidad, en lugar de pensar que quizás termine despidiéndote podrías pensar en la celebración de cumpleaños que tienes el sábado. Es simple pero eficaz, tal y como se ha demostrado en varios estudios científicos.

Aunque a largo plazo probablemente no sea la mejor estrategia, la distracción funciona, especialmente si centras tu atención en algo concreto en lugar de dejar que tu mente vague.

3. Piensa en tu futuro más inmediato

Las emociones muy intensas pueden provocar que te olvides de que hay un futuro y que tus acciones van a tener consecuencias. Aunque en ese momento tan sólo seas capaz de vivir el presente y tu frustración, enfado o nervios te parezcan tan importantes, ¿seguirás sintiendo eso dentro de una semana?

Pensar en el futuro más inmediato es muy eficaz para mantener el autocontrol, tal y como se demostró en el experimento popularizado a través del libro Inteligencia Emocional. En él, los niños que resistieron la tentación de comer una golosina a cambio de recibir otra obtuvieron mejores resultados en los test escolares y mejores trabajos en los años venideros.

4. Medita habitualmente

La meditación ha demostrado científicamente su eficacia para prevenir los pensamientos negativos repetitivos y no sólo mientras meditas, sino también a largo plazo: es capaz de disminuir el nivel de activación de la amígdala de forma duradera.

La meditación también tiene estudios en la reducción de la ansiedad. En uno de ellos, cuatro clases de meditación de 20 minutos de duración fueron suficientes para reducir la ansiedad en un 39%.

Intentar relajarte sólo cuando te asaltan las emociones no es muy eficaz. Sin embargo, meditar de forma regular y respirar correctamente sí que pueden reducir la intensidad de las emociones negativas cuando estas aparecen.

5. Date permiso para preocuparte más tarde

Antes te he explicado que intentar suprimir una emoción o pensamiento provoca que vuelva de nuevo con más fuerza. Sin embargo, ¡posponerla para más tarde puede funcionar!

En un estudio se pidió a los participantes con pensamientos ansiosos que pospusieran su preocupación durante 30 minutos. A pesar de ser una forma alternativa de evitar pensar en algo, lo que se ha demostrado es que tras ese período de pausa las emociones regresan con una intensidad mucho menor.

Así pues, date permiso para preocuparte después de un tiempo de espera. Te preocuparás menos.

6. Piensa en lo peor que te puede pasar

¿Recuerdas la película Sin Perdón (Unforgiven) de Clint Eastwood?

En ella, el personaje de William Munny, pese a estar viejo y acabado, es el mejor pistolero del oeste. Y no lo es por su velocidad ni su puntería. Como él mismo dice, lo es porque cuando las balas empiezan a volar, él controla sus emociones y mantiene la calma.

Pero ¿cómo mantener la calma? Los samuráis y los estoicos se mantenían tranquilos incluso en las situaciones más dramáticas, ¿cómo lo conseguían?

Pues pensando en la muerte. Y mucho.

No quiero que te pongas dramático ni te vuelvas un gótico, pero pensar en lo peor que te puede pasar te ayudará a relativizar tus problemas y mantener el control.

7. Escribe un diario de tus emociones

La escritura expresiva consiste en escribir sobre tus pensamientos y sentimientos más profundos y ha demostrado ser eficaz tanto a nivel psicológico como físico (¡es capaz de acelerar la cicatrización de las heridas!)

Mantener una especie de diario emocional sobre lo que has sentido en algunas situaciones te ayudará a reducir la recurrencia de pensamientos negativos.

8. Tómate un respiro (y un refresco) para recuperar el autocontrol

Tu autocontrol no es infinito. De hecho, varias investigaciones indican que conforme te expones a situaciones y emociones, se va consumiendo.

Piensa en ello como hacer un sprint. Tras la carrera estás exhausto y necesitas tiempo para poder recuperarte antes de volver a correr. De la misma manera, si logras dominar tus emociones, evita volver a exponerte de nuevo a una situación tensa o será más probable que sucumbas.

Lo más sorprendente es que se ha demostrado que mantener el control consume glucosa, como si literalmente estuvieras haciendo ejercicio. Por lo tanto, para recuperar tu autocontrol tienes dos estrategias:

Tomar una bebida rica en azúcares (no es broma).

Usar la reafirmación positiva para poder gestionar de nuevo tus emociones (fuente).

La clave está en identificar cuándo tus niveles de autocontrol están bajos y evitar más situaciones emocionales mientas te recuperas.

9. Cuando todo falle, busca un espejo

¿Perdón? ¿Mirarse en un espejo? Sí, por muy sorprendente que parezca esta estrategia puede ser útil para aplacarte cuando estés furibundo.

Varios estudios han demostrado que cuando te ves a ti mismo reflejado eres capaz de observarte desde una perspectiva más objetiva y por lo tanto separarte durante unos instantes de tu emocionalidad.

Cuanto más consciente seas de lo que estás haciendo, más capacidad de controlar tus emociones tendrás. Y observarte en un espejo incrementará tus niveles de autoconsciencia y te ayudará a comportarte de forma más sociable.

10. Lo más importante: encuentra el motivo de tus emociones

A largo plazo la clave no está en luchar contra tus emociones, sino en reconocerlas y saber por qué te ocurren. Por ejemplo:

“Vale, no me gusta sentirme así pero ahora mismo tengo mucha envidia (reconoces la emoción) porque a Andrés le han felicitado por su trabajo y a mí no (reconoces el por qué).”

Lo importante es ser honesto contigo mismo sobre el por qué. No hagas como la mayoría e intentes engañarte. A menudo nos mentimos haciéndonos creer que estamos enfadados con alguien por su comportamiento y no porque le han dado el ascenso al que aspirábamos y eso ha afectado nuestra autoestima.

Conocer la verdad real de tus sentimientos te ayudará a tratar la causa.

¿La conclusión?

Si quieres aprender realmente cómo controlar tus emociones debes saber que no hay una solución única. Aunque también se ha demostrado que tu propio lenguaje corporal es capaz de influir sobre tus emociones, encontrar la estrategia más adecuada para regular los sentimientos negativos y entender su origen para tratar la causa es la única forma de evitar que tomen el control de nuestra mente.


Sobre Pau Forner Navarro

Introvertido apasionado por la psicología y comunicación interpersonal. Autor del bestseller Dirige tu vida (Ed. Planeta). Defensor del método empírico e investigador del comportamiento humano con 10 años de experiencia.

FUENTE:

https://habilidadsocial.com/como-controlar-las-emociones/

jueves, 23 de mayo de 2019

CUATRO PUNTOS QUE LOS PADRES DEBEN SABER DEL TDAH



17 marzo 2019

En las últimas décadas estamos viviendo algunos hechos muy llamativos dentro del mundo de la salud derivados entre otras causas, por el uso parcial de la información en las redes sociales. El tema del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es parte de ello, por lo que hoy te compartimos información importante que debes tener en cuenta.

El TDAH es un trastorno crónico que afecta a millones de niños; a menudo, continúa en la adultez. El TDAH involucra una combinación de problemas persistentes, como una dificultad para mantener la atención, hiperactividad y conductas impulsivas, según Clínica Mayo, pero aún hay mucho desconocimiento, por ello te presentamos estos puntos que debes tomar en cuenta.

El diagnóstico

¿Por qué hay tanta controversia en la sociedad y entre los profesionales?

Uno de los orígenes de la polémica existente acerca del Trastorno por Atención está en los síntomas de presentación habituales y su subjetividad.

A pesar de tratarse de un problema con base biológica, afecta a los procesos de autocontrol de nuestro cerebro que regulan la atención, los movimientos y los impulsos, y esto tiene consecuencias directas sobre el aprendizaje, las relaciones sociales y la conducta.

La falta de conocimiento por parte de la sociedad y la infoxicación existente al respecto en medios de comunicación y redes sociales, debido a los intereses opuestos de diferentes agentes, han favorecido los argumentos populistas para crear inseguridad en los padres sobre su responsabilidad al respecto y en los supuestos riesgos de la medicación para el déficit de atención.

Adultos y TDAH

Todo el mundo habla de un problema de madurez ¿Esto no se soluciona con la edad?
En el TDAH se produce una alteración del proceso madurativo cerebral que no consiste únicamente en su enlentecimiento sino en un desarrollo anómalo. Estudios que demuestran la evolución desfavorable del índice de complejidad de conexiones cerebrales en los casos no tratados.

Esto hace básica la existencia de una detección precoz que permita intervenir de forma temprana para prevenir no solo los síntomas y sus consecuencias, sino el anómalo desarrollo madurativo. Si esto no se produce, puede que más adelante no sea viable revertir la evolución.

Los procesos de remodelación cerebral no terminan nunca de producirse. Eso supone que los adultos puedan seguir padeciendo síntomas propios del TDAH unidos al cúmulo de complicaciones y repercusiones sociales, personales o laborales que han ido sumando a lo largo del tiempo. Las consecuencias pueden ser nefastas en diferentes áreas vitales.

TDAH y medicación

¿Por qué es necesaria para el tratamiento y que hay de verdad sobre los riesgos?

En base a las alteraciones biológicas causantes del TDAH, el uso de medicación para la normalización de los síntomas se ha estudiado desde hace décadas. La medicación para el TDAH actúa normalizando los niveles de dopamina y noradrenalina cerebral. Así se favorece un correcto funcionamiento de los mecanismos de autocontrol de nuestras funciones ejecutivas. Esto conduce la normalización de las dificultades a corto plazo e induce una remodelación de la estructura cerebral.
Debe estar bajo el control de un especialista.

Conclusiones

El TDAH existe y es uno de los principales causantes de problemas de aprendizaje en niños y adolescentes.

El Trastorno por Hiperactividad no es un problema educativo relacionado con estilo parental, sino un trastorno del desarrollo con base principalmente genética.

El Trastorno atencional no se cura con la edad si no se toman las medidas adecuadas.

La medicación para el TDAH no es un dopaje ni genera secuelas mentales. Por el contrario, puede ser de gran utilidad para mejorar los síntomas y acabar normalizando este trastorno.

martes, 30 de enero de 2018

TDAH: Modelos explicativos, mitos y recomendaciones





Por Elisabet Rodríguez

Hoy en día continúa la controversia generada en los últimos años en relación al Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad. Usualmente se dan muchos tipos de información sobre las posibles causas, sobre las manifestaciones más habituales de su sintomatología o sobre qué criterios pueden ayudar a diferenciar este trastorno de otros.
Algunos de estos hallazgos pueden resultar contradictorios con aquellos expuestos tradicionalmente, pero la cuestión fundamental radica en el hecho de entender que una explicación no sustituye a la otra sino que todas ellas pueden acontecer complementarias. Así, el TDAH se define como un síndrome complejo tanto en su origen como en su desarrollo.
Tomando como ejemplo los datos derivados de investigaciones realizadas para determinar qué factores contribuyen a la aparición del TDAH se pueden diferenciar los tres modelos explicativos siguientes:
  • El modelo médico considera al TDAH como un trastorno neuroevolutivo y de carácter crónico que se vincula fundamentalmente a la ocurrencia de alteraciones biológicas y a la presencia de elementos de riesgo en los periodos prenatales, perinatales y postnatales, como por ejemplo: factores neurológicos, retraso madurativo, factores genéticos u otros factores prenatales y/o perinatales (bajo peso al nacer, prematuridad, consumo de alcohol), etc.
  • El modelo psicopedagógico otorga una relevancia principal al comportamiento aprendido en el ambiente social en que se desarrolla el niño/a. Así, un clima familiar adverso, la presencia de psicopatología parental, un estilo educativo no democrático, una posición socioeconómica familiar desfavorable o la ocurrencia de refuerzo positivo (nivel de atención de las figuras cercanas significativas) obtenido después de efectuar una conducta hiperactiva, son los principales aspectos que correlacionan con la presencia del TDAH.
  • El modelo interaccionista, que considera al TDAH como resultado de la interacción de los dos factores anteriormente expuestos (los biológicos y los sociales) y que cuenta con un aparente mayor apoyo en la actualidad.

Mito 1: El TDAH no existe

La primer cuestión problemática sobre el TDAH deviene el hecho de si es acertada su categorización como entidad nosológica independiente, es decir, si realmente se puede catalogar como un trastorno psicológico o no. A lo largo de mi experiencia profesional he sido testigo de algunas de las afirmaciones siguientes, las cuales considero como una serie de concepciones erróneas que habría que reorientar:
«No existen los trastornos de la atención y/o hiperactividad, no hay base teórica suficiente como para poder afirmarlo».
«El TDAH sólo es una justificación para explicar las alteraciones conductuales de los niños y adolescentes de hoy en día; este sólo es un problema en la aplicación de pautas educativas laxas o de carencia de disciplina parental».

Estas afirmaciones, que están más extendidas de lo que nos gustaría pensar, comprometen y perjudican seriamente la visión que las personas cercanas al niño/a con TDAH tienen de este.
Expresar creencias de esta naturaleza se relaciona con otorgar una voluntariedad y una intencionalidad aversiva a los comportamientos alterados que manifiesta el niño. No se puede dejar de lado que la ciencia ha establecido unas correlaciones clínicamente significativas con factores neurobiológicos consistentes como explicaciones causales del trastorno, tal como se ha indicado anteriormente.
Por otro lado, el trabajo de Russell Barkley (2005) ha puesto de manifiesto que un establecimiento de pautas educativas rígidas y autoritarias como método de intervención para corregir la conducta de un niño/a con TDAH resulta contraproducente y, en última instancia, empeora la problemática. Tal como expone el experto, en el TDAH acontece una alteración en el sistema de la autorregulación de la atención, función que depende principalmente de los centros de regulación del comportamiento motriz (hiperactividad e impulsividad) y cognitivo (inatención) ubicados en las zonas pre-frontal y frontal del cerebro: las denominadas funciones ejecutivas.
Tal como su propio nombre indica, la sintomatología central del TDAH se relaciona con la alteración de la atención (e impulsividad), y puede acompañarse de manifestaciones de hiperactividad. Así las principales dificultades que un niño/a exterioriza pertenecen a una insuficiente capacidad de inhibición (manifiesta en la dificultad para esperar su turno, al demorar una respuesta o de protegerse de las interferencias mientras realiza una tarea concreta), de autocontrol (observable en la dificultad para regular los impulsos, controlar sus acciones) y del funcionamiento ejecutivo (incapacitado para dirigirse a sí mismo, seleccionando qué conducta o acción es más adaptativa en función del contexto que lo rodea).
Veamos si los hallazgos obtenidos a partir del desarrollo de las técnicas de imagen cerebral aportan evidencia sobre esta cuestión:
Aunque no puede determinarse la existencia de un marcador biológico concreto suficiente como para asegurar un diagnóstico claro del trastorno, en los últimos años numerosas investigaciones han puesto de manifiesto a partir de pruebas de neuroimagen (por ejemplo, la Resonancia Magnética funcional) cómo se efectúa la actividad cerebral y el comportamiento neuronal en este tipo de individuos hiperactivos.
Así, entre los recientes hallazgos como los de Rubia y Brinson (2014), puede afirmarse la ocurrencia de un retraso de la actividad neuronal en las zonas frontales del cerebro, la función principal de las cuales hace referencia al control de la atención y el movimiento (impulsividad). Por otro lado, a nivel de neurotrasmisores, también ha podido observarse una descompensación en el volumen de Dopamina, presentando una mayor proporción en el hemisferio derecho en niños TDAH en comparación a sus homólogos sin tal diagnóstico. Este desequilibrio parece ser el responsable de la dificultad que presentan estos niños en la capacidad creativa y la identificación de imágenes.

Mito 2: Intervención Psicofarmacológica vs. Psicopedagógica

Otra cuestión que tradicionalmente ha contribuido a agrandar el debate sobre la intervención en niños/se con TDAH hace referencia a determinar la eficacia diferencial de los diferentes tipos de tratamientos por esta psicopatología.

Tanto los defensores de la prescripción farmacológica como aquellos que se decantan por la terapia psicopedagógica disponen de argumentos sólidos como para afirmar que cada una de ellas es una parte muy relevante en la intervención en TDAH, si bien los resultados de la aplicación por separado de ambas no llega a los índices de eficacia terapéutica que ofrece la prescripción del tratamiento multi-componente.
Así, tal como se expone en Pérez (2006) la modalidad que cuenta con más evidencia empírica en cuanto a eficacia es el tratamiento cognitivo-conductual combinado con fármacos psicoestimulantes como el Metilfenidato, el cual se conforma a partir del siguientes componentes: entrenamiento en autorregulación de la conducta mediante autoinstrucciones y técnicas cognitivas, técnicas de modificación de conducta operantes como la economía de fichas y el tiempo fuera, entrenamiento en técnicas de resolución de problemas y pautas educativas y comunicacionales parentales y docentes.

Cómo comunicarnos con un niño con TDAH

En referencia a las comunicaciones parentales y docentes, las siguientes orientaciones pueden ser muy útiles para evitar posibles episodios de estigmatización y deterioro de la autoestima, aspectos que suelen acompañar a la mayoría de los casos de TDAH.
  • Es positivo dar las indicaciones manteniendo el contacto visual y físico, como por ejemplo tocando un brazo.
  • Resulta muy perjudicial verbalizar comparaciones con otros niños.
  • Es recomendable avisar con una antelación suficiente de los acontecimientos y las tareas que tendrá que realizar. El establecimiento de rutinas comportamentales los ayuda a funcionar más eficazmente.
  • Conviene felicitarlo/a verbalmente por la buena conducta ofreciendo reconocimiento y afecto.
  • Las recompensas y las penalizaciones cortas e inmediatas son más efectivas. Es fundamental aplicarlas de forma consistente, coherente y de forma argumentada.
  • Las indicaciones que se les dan tienen que ser concretas, breves, claras y sencillas.
  • Es muy relevante evitar ridiculizarlo/a en público o privado.
  • Se recomienda sustituir el verbo “ser” por la forma “estar” al realizar una crítica. Es preferible hacer correcciones de conductas concretas y observables en lugar de criticar su personalidad o carácter general.
  • Es más eficaz utilizar un tono de voz suave pero firme ante la aplicación de un correctivo.
  • Es muy relevante adoptar una actitud empática y de comprensión hacia sus dificultades.

Referencias Bibliográficas
Barkley, R. (2005), Modelo de autorregulación de Barkley aplicado al trastorno por déficit de atención con hiperactividad: una revisión.
Pérez M., Fernández, J. R., Fernández, C., Amigo, I. Guía de Tratamientos Psicológicos Eficaces III (2006). Pirámide: Madrid.
Rubia K, Alegría AA, Brinson H. Anomalías cerebrales lo trastorno miedo déficit de atención/hiper- actividad: una revisión. Rev Neurol 2014; 58 (Supl 1): S3-18.

Escrito por Elisabet Rodríguez
http://elisabetpsicologia.wix.com/elisabetpsicologia 
Licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona. Especialidad en Psicología Clínica (Postgrado en Actualización en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona) y en Psicopedagogía (Máster en Psicopedagogía Clínica por el Instituto Técnico de Estudios Aplicados). Actualmente ejerciendo como Psicóloga infanto-juvenil y adultos en despacho propio (Granollers, Barcelona) y en Centre d'Atenció Psicopedagògica Estudi (Sant Celoni, Barcelona). En colaboración con diversas revistas digitales mediante la redacción de artículos de divulgación sobre Psicología.

FUENTE:

sábado, 11 de noviembre de 2017

EL TDAH EN ADULTOS


https://unsplash.com/photos/zdSoe8za6Hs

TDAH son las siglas de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Se trata de un trastorno de carácter neurobiológico originado en la infancia que implica un patrón de déficit de atención, hiperactividad e impulsividad.

Durante mucho tiempo, el TDAH ha sido considerado un trastorno propio de la infancia y de la adolescencia, pero sus síntomas y su impacto funcional no siempre desaparecen al pasar a la edad adulta y el trastorno puede persistir en más del 50% de los casos. Se asocia con un impacto importante a nivel clínico, funcional y de calidad de vida.
12 Señales de TDAH en adultos que deberías tener en cuenta:
  • No gestionan bien el tiempo. Los adultos que sufren TDAH tienden a distraerse con facilidad, por lo que es algo corriente que mientras van de camino a un evento se acuerden de que tenían que recoger algo o de que tienen que echarle gasolina al coche.
  • Tienen problemas para organizarse. Para las personas con TDAH, las responsabilidades “adultas”, como el trabajo o los niños, pueden hacer que los problemas con la organización sean aún más obvios y problemáticos.
  • Sufren falta de concentración. Posiblemente el síntoma más revelador del TDAH sea la falta de concentración, que es algo que va más allá de los problemas para prestar atención. Significa distraerse fácilmente, tener dificultades para escuchar a los demás, pasar por alto detalles y tener problemas para completar tareas o proyectos.
  • No logran relajarse. Cuando tienen un descanso y no están llevando a cabo una tarea activa, en lugar de relajarse, las personas que sufren TDAH a menudo sienten inquietud o ansiedad. Los niños con TDAH lo muestran como una hiperactividad externa, pero los adultos aprenden a interiorizar ese sentimiento. Lo demuestran con cosas como no poder estar sentados durante una película, prefiriendo pasar tiempo solo con actividades activas, o aburriéndose con juegos rápidamente.
  • Pueden conducir de forma imprudente. El TDAH hace difícil mantener la atención en una tarea, por lo que pasar tiempo al volante de un coche puede ser difícil. Los síntomas del TDAH pueden hacer que algunas personas tengan más probabilidades de conducir a mayor velocidad y tener accidentes de tráfico.
  • Se les olvidan las cosas constantemente. Todos nos olvidamos de las cosas de vez en cuando, pero en las personas con TDAH, los olvidos son una parte de la vida cotidiana. Olvidan dónde han puesto las cosas o las fechas importantes. A veces estos olvidos pueden ser molestos, pero poco importantes. Sin embargo, en otros casos pueden ser graves.
  • Les cuesta controlar los cambios. Muchas personas tienen dificultades para manejar los cambios importantes, como mudarse o cambiar de trabajo. Pero las personas con TDAH sufren grandes dificultades cuando las cosas cambian de repente, incluso cuando se trata de cambios a mejor, como un ascenso en el trabajo.
  • Se aburren pronto de las conversaciones. Se sienten incómodos en todas las conversaciones y no paran de interrumpir al otro constantemente para que converse de forma más fluida. Debido a que los cerebros de los adultos con TDAH van siempre dos pasos por delante, pueden tener dificultades para escuchar a los demás y darles tiempo para formular sus pensamientos
  • Son muy impulsivos. La impulsividad puede manifestarse de muchas formas en un adulto con TDAH. Interrumpen a otros durante las conversaciones, son socialmente inapropiados, hacen las tareas a toda prisa y actúan sin pensar en las consecuencias.
  • Cambian el canal de la tele o la cadena de radio continuamente. Las personas con TDAH necesitan altos niveles de estimulación lo que podría traducirse en cambiar constantemente de canal, revisar el móvil, silbar, tararear o inquietarse.
  • Sufren falta de motivación. Aunque estén abiertos a cualquier cosa, las personas con TDAH a menudo se sienten desmotivados. Junto con la dificultad para organizarse, este problema puede hacer que les sea difícil terminar un proyecto o una tarea.
  • Les cuesta controlar las emociones. El TDAH a menudo conduce a problemas con el manejo de las emociones, sienten como si no tuvieran ningún control sobre ellas. Pero en muchas ocasiones, su ira se desvanece tan rápido como llega.

Si piensas que realmente podrías parecer TDAH, visita a un profesional de la salud médica. Este trastorno puede ser difícil de diagnosticar, pero en cuanto tengas ayuda empezarás a sentirte mejor.

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jueves, 17 de agosto de 2017

NOVEDADES EN EL TRATAMIENTO DEL TDAH


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Publicado el 12/07/2017

Decir TDAH es sinónimo de polémica. 
Entre los que consideran que el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad no existe, los que aseguran que está sobre diagnosticado o le echan la culpa a las nuevas tecnologías y los que se manifiestan absolutamente en contra de la medicación, las redes arden cada vez que alguien se atreve a escribir algo sobre el TDAH. 

Corren por el universo cibernético muchos mitos sobre el TDAH. La mayoría de ellos falsos. Entre ellos que el 13 de julio sea el Día Internacional del TDAH. 

Tenga una cosa clara, si el TDAH ha entrado en su casa, lo mejor que puede hacer es atender los consejos de su médico y no dejarse llevar por los mitos que rodean a este trastorno.

Pero, ¿qué es el TDAH? 

Se trata de un trastorno neurobiológico originado en la infancia que implica un patrón de déficit de atención, hiperactividad y/o impulsividad, y que, en muchas ocasiones, está asociado con otros trastornos comórbidos. Aproximadamente el 30% de los niños con TDAH tiene, además, un trastorno del aprendizaje (antes llamado discalculia, dislexia, disortografía…) lo que les convierte en bombas de relojería durante la etapa escolar. 

Suelen ser tachados de vagos y pasotas, además, muchos de ellos son víctimas de bulling por parte de sus compañeros. Comprender a un TDAH resulta complicado incluso para aquellos que conviven con uno.

Más de 100 expertos en Psiquiatría y Psicología han expuesto en Pamplona las principales novedades sobre el TDAH

Más de 100 expertos en Psiquiatría y Psicología del niño y adolescente han expuesto en Pamplona las principales novedades y puntos clave en el tratamiento e intervención del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, en el marco de la XI Jornada de Actualizaciónen Psiquiatría Infantil y Adolescente.

El objetivo de la jornada fue poner en común conocimientos para ofrecer una visión integral y avanzar hacia una actuación más coordinada. “Lo que pretendemos es aportar una visión unificadora del diagnóstico y tratamiento del TDAH”, explica el doctor César Soutullo, director de la Unidad de Psiquiatría Infantil y Adolescente de la Clínica Universidad de Navarra.

“En la edición de este año nos hemos centrado en la parte biológica (imagen cerebral), pero además hemos realizado una valoración de los tratamientos que muestran mejores resultados para hacer frente a esta patología”, matiza Soutullo. 
Las conclusiones a las que han llegado son las siguientes: “Respecto a la medicación lo que mejor funciona son los estimulantes (lisdexanfetamina y metilfenidato, por este orden) y luego los no estimulantes (guanfacina y atomoxetina, por este orden)”. Además, para un TDAH resulta primordial la terapia, “trabajar la parte cognitiva-conductual”. Respecto a las dietas, “la eliminación de colorantes artificiales puede ayudar algo. No ayuda nada o casi nada añadir Omega 3 o eliminar los azúcares y lo que sí que parece que da resultado es la dieta mediterránea”.

Isabel Orjales, doctora en pedagogía y Máster en Educación Especial explica que el diagnóstico del TDAH “requiere cumplir unos criterios clínicos: intensidad desajustada respecto a la edad, cronicidad en los síntomas, descartar que se explique su aparición únicamente por situaciones ambientales u otros trastornos, interferencia/desadaptación en algún área de su vida. Además debe haber un buen diagnóstico diferencial. Eso exige tiempo con la familia y el paciente y un equipo en el que, por lo menos, exista una valoración médica y psicoeducativa”.

La sintomatología que presenta se puede confundir con comportamientos de niños sanos con falta de límites educativos

Por eso, cuando surgen por las redes vídeos en los que se culpabiliza a las nuevas tecnologías de ser las causantes de este trastorno, los especialistas se llevan las manos a la cabeza. “Ahora es el móvil el que va a tener la culpa. Este trastorno está descrito desde 1902… ¡cómo va a ser por el móvil! Que el móvil distrae, seguro, pero entre tener móvil o un bombardeo al lado en la II Guerra Mundial, distrae más lo segundo. Creo que la gente idealiza el pasado. Eso de que las generaciones nuevas van más deprisa, estudian menos, leen menos y son menos respetuosas con sus mayores se lleva diciendo desde Sócrates”, aclara Soutullo.

En la mayoría de los estudios, el TDAH tiene una incidencia entre el 5 y 7% de los niños en edad escolar. La cifra no varía mucho en los diferentes países del mundo. Eso supone una afectación importante (aproximadamente 1 niño por aula de 25 alumnos). “Sólo hace falta calcular respecto al número de alumnos y aulas de un colegio para ver que no parece que esté sobrediagnósticado, como acusan algunos. Sí puede haber casos de malos diagnósticos, basados en poca información, pobre y/o incompleta. La mayoría de los estudios indican tasas de tratamiento que no llegan al 2-3%, es decir, sólo la mitad de los TDAH están tratados. Es cierto que ahora se diagnostica más, pero es que antes casi no se diagnosticaba, y ahora estamos algo mejor, o menos peor”, se lamenta Soutullo.

Falsos mitos sobre el TDAH

El problema con el TDAH es que la sintomatología que presentan los niños: inmadurez en el funcionamiento ejecutivo, hiperactividad e impulsividad se traducen muchas veces en comportamientos más frecuentes en niños sanos con falta de límites educativos. Eso hace que se tema por falsos positivos (niños diagnosticados con TDAH que no lo son).

“Este es un ejemplo de la necesidad que tenemos de formar e informar sobre el TDAH. Hoy por hoy no contamos con un test que identifique un marcador biológico (un test genético, los resultados de una prueba neurológica, etcétera) que sirva para discriminar claramente quien tiene o no tiene TDAH. Pero tampoco lo hay para la depresión ni la dislexia y sabemos que existe y que con tratamiento se obtienen mejoras”, añade Orjales.

El diagnóstico se hace con entrevista clínica a los padres y al niño, cuestionarios, exploración física para descartar problemas de visión, audición u otros problemas médicos. Se hacer analíticas (para descartar anemia, hipotiroidismo, hierro bajo…), test de inteligencia y de atención, y también se debe utilizar la información de los profesores con cuestionarios o entrevistas. “No es necesario realizar ni resonancias ni electroencefalogramas, se hacen si se sospechan otros problemas. 

Lo más frecuente es diagnosticarlo entre los 5 y los 8 años, puesto que si son más pequeños es difícil de diferenciar los síntomas del niño con desarrollo normativo”, recalca Soutullo.

Falta de autocontrol

Muchos TDAH son impulsivos, no piensan en las consecuencias y tienen reacciones terribles en los momentos más insospechados. Además de los menores, los familiares también necesitan tratamiento psicoeducativo y formación específica. “Los padres deben saber que, independientemente de las variaciones propias del temperamento de cada niño, tienen un hijo más difícil de educar y que no valdrá que sean padres tipo medio. Deben ser cuasi profesionales en educación y psicología de la conducta y para ello deben recibir asesoramiento, formación. 

Un niño con TDAH es, muchas veces, una mezcla explosiva de simpatía, energía, inmadurez en el autocontrol, entusiasmo, disfrute, falta de regulación emocional, inteligencia e intuición. Un niño con TDAH puede hacer una observación propia de un niño dos años mayor a la vez que reaccionar con la pataleta de un niño dos años más pequeño simplemente porque mamá olvidó llevarle el bocadillo al recogerle del colegio”, describe el doctor.

Los niños y los adultos con TDAH viven la vida con intensidad, quizá por encima de sus posibilidades
Los problemas más habituales que se observan en un TDAH son los derivados de un funcionamiento ejecutivo inmaduro (a veces hasta 2 años por debajo de la edad cronológica), aumento de la fatiga en tareas que exigen atención sostenida (las explicaciones en clase, por ejemplo) con la consiguiente pérdida de información, trabajo muy lento e inconstante (dificultades para terminar tareas y exámenes), inmadurez en la automatización de los procesos implicados en la lectura (con dificultades para derivar recursos para procesos complejos como la comprensión lectora o la aplicación de las reglas ortográficas al tiempo que se hace un dictado), procesamiento impulsivo de la información escrita con pobres estrategias de actuación (errores en la interpretación de las preguntas de examen que han estudiado o al leer enunciados matemáticos), etcétera.

No todo es negativo

Los niños y los adultos con TDAH viven la vida con intensidad, quizá por encima de sus posibilidades. Pueden llegar a tener potenciales increíbles para la ayuda al prójimo, la música, las actividades deportivas, la pintura, la poesía, etcétera. Si son capaces de reestructurar sus talentos pueden llegar a ser los mejores deportistas (Michael Phelps, Simone Biles), artistas (Mozart) o los más grandes y audaces empresarios (Steve Jobs). 
Llegarán donde nadie ha podido llegar.

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sábado, 8 de octubre de 2016

21 IDEAS PARA MEJORAR LA MOTIVACIÓN EN LOS Y LAS ESTUDIANTES CON TDAH



Por más que contemos con los mejores libros, proyectos y materiales del mundo, eso no será suficiente para que los estudiantes se interesen por aprender y trabajar si no están motivados.
La motivación, tanto intrínseca como extrínseca, es un factor clave para el éxito de los estudiantes en todas las etapas de su educación, y los docentes juegan un rol importantísimo en proveer y alentar esa motivación. Obvio que es mucho más fácil decirlo que hacerlo, ya que todos los estudiantes encuentran motivación de diferentes formas, y toma tiempo y mucho esfuerzo aprender a entusiasmar una clase llena de niños.

Incluso los docentes mejor intencionados a veces no cuentan con esa habilidad para motivar a sus estudiantes. Así, seas un docente nuevo o uno experimentado, tengas esa habilidad para crear un interés o no, intenta aplicar estos métodos para motivar a tus estudiantes y alentarlos a desarrollar su potencial.

1. Brinda a tus estudiantes una sensación de control
Mientras que la guía de un docente es importante para que los estudiantes se mantengan motivados dentro de una consigna, permitirles elegir y controlar un poco lo que pasa en clase es una de las mejores maneras de mantenerlos comprometidos. Por ejemplo, permitirles elegir el tipo de tarea a realizar o qué problemas trabajar puede darles una sensación de control que puede motivarlos a hacer más.

2. Define los objetivos
Puede ser frustrante para los estudiantes completar una tarea o comportarse correctamente en clase si no existen objetivos claramente definidos. Los estudiantes quieren y necesitan saber qué se espera de ellos para mantenerse motivados. A principio del año, plantea objetivos claros, reglas y expectativas para que no haya confusión y los estudiantes tengan metas por las que trabajar. Recuérdalas con frecuencia.

3. Crea un ambiente libre de amenazas
Mientras que los estudiantes necesitan entender que hay consecuencias de sus acciones, los reforzamientos positivos son mucho más motivadores. Cuando los docentes crean un ambiente seguro y de apoyo, afirmando que creen en las habilidades de sus estudiantes en lugar de describir las consecuencias de no hacer determinada cosa, los estudiantes cubrirán las expectativas que los adultos a su alrededor les comuniquen, así que concéntrate en lo que se puede, no en lo que no.

4. Cambia el escenario
Una clase es un gran lugar para aprender, pero sentarse en un escritorio día a día puede hacer que la escuela se vuelva aburrida para algunos estudiantes. Para renovar el interés, dale a tus estudiantes la posibilidad de salir del aula. Haz trabajos de campo, invita a otros oradores o, simplemente, llévalos a la biblioteca para hacer alguna investigación. El cerebro ama las novedades y un escenario nuevo puede ser lo que tus estudiantes necesitan para mantenerse motivados por aprender.

5. Ofrece experiencias variadas
No todos los estudiantes responderán a las tareas de la misma forma. Para algunos, será más fácil realizar las que implican entregar algún trabajo. Otros amarán leer libros o trabajar en grupos. Para mantener a todos tus estudiantes motivados, mezcla las tareas para que aquellos con diferentes preferencias puedan enfocarse en aquello que más les gusta. Hacer esto ayudará a los estudiantes a mantenerse comprometidos y prestar atención.

6. Usa la competencia positiva
La competencia en clase no siempre es algo malo, y en algunos casos puede motivar a los estudiantes a esforzarse y buscar la excelencia. Trabaja para crear un espíritu amigable y competitivo en tu clase, tal vez mediante juegos grupales relacionados con el material u otras oportunidades para que los estudiantes puedan demostrar su conocimiento.

7. Ofrece recompensas
A todos les gusta recibir recompensas y ofrecer a tus estudiantes la posibilidad de ganarlas es una excelente fuente de motivación. Cosas como mirar películas, compartir una pizza, una calificación positiva o algo tan simple como una etiqueta en un papel puede hacer que tus estudiantes trabajen más duro y se esfuercen por alcanzarlos. Considera la personalidad y las necesidades de tus estudiantes para determinar recompensas apropiadas para tu clase.

8. Da responsabilidades a tus estudiantes
Asignar a tus estudiantes trabajos de la clase es una excelente manera de construir una comunidad y motivarlos. La mayoría verá los trabajos como un privilegio más que una carga y trabajarán duro para asegurarse de estar cumpliendo con las expectativas. También puede ser útil permitir a los estudiantes que se turnen para liderar actividades o ayudar para que cada uno se sienta importante y valorado.

9. Permíteles trabajar juntos
Mientras que no todos los estudiantes se entusiasmarán por trabajar en grupo, muchos encontrarán divertido intentar resolver problemas, hacer experimentos y trabajar en proyectos con otros estudiantes. La interacción social puede entusiasmarlos y los estudiantes pueden motivarse mutuamente para alcanzar una meta. Sin embargo, los docentes necesitan asegurarse que los grupos estén equilibrados y sean justos, para que no ocurra que algunos estudiantes estén trabajando más que otros.

10. Alábalos cuando se lo merezcan
No existe otra forma de motivación que funcione mejor que las alabanzas. Incluso como adultos, necesitamos reconocimiento y elogios, y los estudiantes de cualquier edad no son la excepción. Los docentes pueden motivar a sus estudiantes recompensando el éxito públicamente, elogiando un trabajo bien hecho y compartiendo trabajos ejemplares.

11. Alienta la autorreflexión
La mayoría de los niños quieren triunfar, solo necesitan averiguar qué tienen que hacer para lograrlo. Una manera de motivar a tus estudiantes es llevarlos a hacer una profunda introspección y determinar sus propias fortalezas y debilidades. Los estudiantes suelen motivarse más al crear este tipo de autocríticas que escucharlas de un docente, ya que los hace sentirse a cargo de crear sus propios objetivos y metas.

12. Entusiásmate
Una de las mejores maneras de ver a tus estudiantes motivados es compartir tu entusiasmo. Cuando estas entusiasmado por enseñar, ellos estarán mucho más entusiasmados por aprender. Es así de simple.

13. Conoce a tus estudiantes
Conocer a tus estudiantes es mucho más que memorizar sus nombres. Los estudiantes necesitan saber que el docente tiene un interés genuino y se preocupa  por ellos y por su éxito. Cuando los estudiantes se sienten apreciados, esto crea un ambiente de aprendizaje seguro y los motiva a trabajar más duro, ya que buscarán obtener cumplidos y una buena retroalimentación de alguien que consideran que los conoce y respeta como individuos.

14. Conecta con sus intereses
Conocer a tus estudiantes te traerá otros beneficios, como permitirte relacionar el material de clase con cosas que a ellos les interesen o hayan experimentado. Los docentes pueden usar ese interés para hacer las cosas más interesantes para los estudiantes, manteniéndolos motivados por más tiempo.

15. Ayuda a los estudiantes a encontrar su motivación intrínseca
Puede ser genial ayudar a tus estudiantes a motivarse, pero al final del día necesitan poder generar su propia motivación. Ayudar a los estudiantes a encontrar sus propias razones para hacer el trabajo en clase y trabajar duro, ya sea porque encuentren el material interesante, quieran ir a la universidad o simplemente les encante aprender, es uno de los regalos más poderosos que puedes obsequiarles.

16. Maneja su ansiedad
A algunos estudiantes les provoca mucha ansiedad el hecho de fallar o no hacer el trabajo como corresponde. Ofréceles apoyo sin importar cuál sea el resultado final y asegúrate de que los estudiantes no se sientan tan abrumados por las expectativas.

17. Plantea metas altas pero alcanzables
Si no estás empujando a tus estudiantes para que hagan más que el mínimo, la mayoría no lo buscará por su cuenta. A los estudiantes les gusta sentirse desafiados y trabajarán para alcanzar altas expectativas mientras crean que esas metas están a su alcance, así que no tengas miedo de empujarlos para obtener más de ellos.

18. Brinda retroalimentación y ofrece posibilidades de mejorar
Los estudiantes que luchan con el trabajo de clase pueden sentirse frustrados y perder motivación. En esta situación, es crítico que los docentes ayuden a los estudiantes a aprender exactamente dónde se equivocaron y cómo pueden mejorar la próxima vez. Encontrar un método para llegar donde los estudiantes quieren estar puede ayudar a mantenerlos motivados a trabajar duro.

19. Haz seguimiento del progreso
Puede que tus estudiantes no se den cuenta de cuánto han avanzado, especialmente con asignaturas que les resultan difíciles. Hacer un seguimiento a través de un registro puede ser útil en la clase, no solo para los docentes sino también para los estudiantes. Los docentes pueden utilizar esto como una forma de motivar a los estudiantes, permitiéndoles apreciar de manera visual cuánto han aprendido y mejorado durante el año.

20. Haz las cosas divertidas
No todo el trabajo de clase necesita ser un juego o un momento ameno, pero los estudiantes que ven la escuela como un lugar en donde pueden divertirse están más motivados a prestar atención y hacer el trabajo que se requiera de ellos, que aquellos que lo ven como una obligación. Agregar diversión a las actividades en la escuela puede ayudar a los estudiantes que luchan por mantenerse comprometidos y hacer de la clase un lugar más amigable.

21. Provee oportunidades para el éxito
Los estudiantes, incluso los mejores, pueden frustrarse y desmotivarse cuando sienten que están luchando o no obtienen el reconocimiento que otros estudiantes sí consiguen. Asegúrate de que todos tengan una posibilidad de desempeñar sus fortalezas y sentirse incluidos y valorados. Esto puede hacer una gran diferencia en su motivación.
Y tú, ¿cómo motivas a tus estudiantes?
Aquí podéis leer el artículo original (en inglés)

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