TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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domingo, 3 de abril de 2022

CÓMO CONTROLAR LAS EMOCIONES: 10 TÉCNICAS QUE FUNCIONAN

     


Pau Forner Navarro

Ya dijo Nietzsche que los pensamientos vienen cuando ellos quieren, y no cuando nosotros desearíamos.

Del mismo modo, tus emociones tampoco aparecen o desaparecen cuando tú lo decides. Pero, ¿es posible tener algún control sobre las emociones o debes resignarte a que dominen tus actos?

¿Alguna vez te has preguntado porque alguien es capaz de hablar en público sin aparentar nervios mientras que otra persona se viene abajo? ¿Por qué hay gente que en una discusión sucumbe a la ira mientras otros mantienen la calma?

Si bien tiene sentido que te sientas triste cuando te dan malas noticias, eso no significa que tu única opción sea quedarte llorando en un rincón (esa actitud probablemente te mantenga afligido durante más tiempo). Reconocer que estás triste a la vez que te fuerzas a ti mismo a hacer algo productivo te ayudará a sentirte mejor antes.

En este artículo voy a intentar desmitificar varias falsas creencias sobre la gestión de las emociones y darte las técnicas que se han demostrado realmente útiles para conseguirlo. Permanece atento porque alguna probablemente te sorprenda.

¿Decides tú cómo controlar las emociones?

Hay muchas teorías al respecto. Algunos psicólogos creen que tenemos el control total sobre nuestras emociones y otros creen que no existe ninguna posibilidad de controlarlas.

Sin embargo, hay investigaciones que concluyen que la forma en que interpretas tus emociones puede cambiar la forma como las vives. La forma en que reacciones frente una emoción en concreto condicionará cómo actúa sobre ti.

El orador que sufre frente la idea de hablar en público lo hace porque interpreta sus nervios como algo negativo, como una señal que le está enviado su cuerpo para que salga corriendo de allí.

Por otro lado, alguien que interprete esos mismos nervios como excitación y ganas de hacerlo bien probablemente tenga más éxito en su conferencia.

La moraleja es que tu cuerpo te proporciona la energía para hacer algo, pero cómo usar esa energía lo decides tú. Hay gente que paga dinero y hace horas de cola para subirse a una montaña rusa, mientras que otros no se subirían ni en sueños. Ambos sienten los mismos nervios, pero los interpretan de forma diferente: diversión frente terror.

Lo que ocurre cuando tus emociones se descontrolan

No puedes evitar sentir emociones. Las emociones están ahí porque tienen una función evolutiva, un sentido biológico de supervivencia. Si nuestros antepasados no hubieran sentido miedo delante de una manada de tigres, probablemente el ser humano no hubiera llegado hasta hoy en día.

La amígdala es la parte de tu cerebro encargada de disparar las emociones, como si fuera una respuesta automática en forma de agresión o huida frente una amenaza. Por eso es tan difícil controlar mediante la fuerza de voluntad el origen de tus emociones: significaría anular esta respuesta para la que estás programado genéticamente.

Este tipo de respuesta emocional es por lo tanto, necesaria. Sin embargo, en algunas personas no está correctamente regulada y puede ocurrir que:

Se dispare en situaciones donde no existe una amenaza real (provocando la ansiedad)

Sea incapaz de desactivarse con el paso del tiempo (como en la depresión). Por algún motivo, el cerebro entra en modo de supervivencia y se queda anclado ahí.

Cuando estás en fase de lucha-huida y la amígdala ha tomado el mando de tus actos, normalmente ya es demasiado tarde. Por eso debes aprender a actuar antes. Tienes que acostumbrarte a detectar aquellas señales que te indican que vas camino de no poder dominar tus emociones.

Esta es la única forma en que serás capaz de detener el proceso (o retrasarlo) antes de que sea demasiado tarde. Una vez las emociones te dominan, eres poco más que una bestia acorralada.

La verdad sobre las emociones negativas

La teoría más reciente es que existen 4 tipos de emociones básicas que han evolucionado hacia el resto de sentimientos más complejos. Estas emociones son enfado, miedo, alegría y tristeza.

Existen algunas situaciones a las que nunca podrás acostumbrarte. Si todo te va mal, difícilmente podrás dejar atrás la sensación de miedo o ansiedad. Sin embargo, las emociones positivas suelen desaparecer a lo largo del tiempo. No importa cuanto dinero te toque en la lotería o cuán enamorado estés: las emociones positivas como el placer siempre terminan disminuyendo.

De hecho, en un estudio se determinó que la emoción que dura más es la tristeza. En concreto, dura hasta 4 veces más que la alegría.

En base a este panorama parece realmente necesario poder gestionar la intensidad de tus emociones para no sufrir tanto. A continuación, encontrarás una lista de las técnicas que no han demostrado ninguna eficacia y las que sí.

Lo que no funciona para controlar tus emociones

Estas técnicas se han popularizado a través del boca a boca y mediante autores que no se han molestado en comprobar su base científica real. La utilidad de cada una de ellas para gestionar tus emociones es, cuanto menos, dudosa.

1. Intentar no pensar en lo que te preocupa

De la misma forma que intentar no pensar en un oso polar blanco provocará que termines pensando en él por un efecto rebote, en estudios como este se ha demostrado que es muy difícil apartar las emociones de nuestra cabeza.

En el caso de las personas deprimidas, a las que constantemente les asaltan pensamientos negativos, se ha comprobado que es totalmente contraproducente intentar suprimir esas ideas porque terminan regresando con más fuerza todavía.

2. Relajarte y respirar hondo…

Es habitual que nos recomienden relajarnos y respirar hondo cuando estamos enfadados o muy ansiosos. Proviene de una tradición casi ancestral, como la de respirar dentro de una bolsa de plástico en un ataque de pánico.

Pero hay un inconveniente. Respirar hondo e intentar modular el diafragma no suele funcionar porque el componente fisiológico de las emociones suele ser poco importante.

Piensa en ello. En la mayoría de las ocasiones en que te has enfadado mucho, por ejemplo, estabas tranquilo antes de volverte irascible. Probablemente tenías un buen día hasta que alguien te lo ha chafado, ¿me equivoco?

Si un estado previo de relajación no ha podido evitar que te enfadaras, ¿por qué la gente cree que puede conseguirlo una vez ya estés enojado?

¿Has recomendado alguna vez a alguien que se relajara cuando estaba enfadado? Te habrás dado cuenta de que no suele funcionar demasiado bien. Es como si en lugar de escuchar a quien cree que ha sufrido una injusticia le recomendases que se callara y se tomase un tranquilizante.

Con esto no quiero decir que emplear habitualmente técnicas de relajación sea malo. De hecho, meditar es bastante útil (lo verás más abajo). Pero intentar relajarse una vez te han invadido las emociones es ir a tratar el síntoma y no la causa.

3. Liberar la tensión por otras vías

Hubo un tiempo en que se pusieron de moda las actividades para liberar emociones. Talleres donde la gente se reunía para llorar o eventos donde directivos agresivos se ponían a romper platos.

Pues bien, resulta que los estudios psicológicos más recientes sugieren que este tipo de catarsis no funciona. Incluso puede ser negativa: sucumbir a la tentación de destrozarlo todo puede incrementar tu agresividad a corto plazo. Lo mismo ocurre con hacer ejercicio físico: aunque es bueno para tu corazón, no es capaz de tranquilizar tus emociones.

Las emociones no están contenidas dentro de nuestro cuerpo y necesitan salir como si fuéramos ollas a presión. Lo que necesitan es ser comprendidas para evitar que nos hagan daño.

4. Presionarte para tener pensamientos positivos

Hay un poco de controversia respecto el efecto de los pensamientos optimistas para regular las emociones. Si bien yo no diría que son capaces de hacerte pasar de un estado negativo a otro positivo, sí que pueden llegar a reducir la intensidad de una emoción negativa.

Las emociones se procesan casi en su totalidad a nivel inconsciente para luego pasar al terreno consciente, donde las percibes. Por este motivo, cuando eres consciente de ellas a menudo ya es demasiado tarde.

Sin embargo, buscar la parte positiva de cada situación sí que puede evitar que sigas auto-saboteándote. Si en lugar de pensar “No voy a poder con esto” empiezas a creer “Está complicado, pero lo puedo manejar” evitarás que tus emociones negativas se agraven.

Lo que sí funciona

La verdadera inteligencia emocional requiere que identifiques y entiendas tus propios estados de ánimo. Implica reconocer cuando y porqué estás enfadado, nervioso o triste, y actuar sobre las causas y no sólo los síntomas.

Sin embargo, en aquellas ocasiones en las que veas que irremediablemente te diriges hacia un estado emocional negativo, las siguientes técnicas pueden ser eficaces para detener o frenar esa reacción en cadena.

1. Intenta recordar tus virtudes y éxitos

La reafirmación en tus virtudes y puntos fuertes es una de las mejores estrategias para gestionar tus sentimientos. Consiste en pensar en lo que te ha provocado esa emoción pero reduciendo su significado negativo.

Ejemplo: en lugar de enfadarte porque has llegado tarde al trabajo puedes pensar que, dado que siempre llegas a tiempo, no es tan grave.

La gente con mayor control emocional utiliza la autoafirmación cuando la intensidad de sus emociones todavía es baja y tienen tiempo para buscar otro punto de vista de la situación. Curiosamente, se ha demostrado que esta estrategia funciona especialmente bien en las mujeres.

La próxima vez que sientas que pierdes el control sobre tus emociones, recuérdate a ti mismo aquellas cosas de las que te enorgulleces en tu vida.

2. Distrae tu atención hacia un asunto concreto

Las personas que mejor gestionan sus emociones también han aprendido a usar la distracción para bloquear sus estados emocionales antes de que sea demasiado tarde. Y parece que resulta muy eficaz cuando prevén que van a experimentar emociones intensas y no tienen suficiente tiempo para usar otras estrategias.

Como sabrás, una forma muy efectiva para calmar a un niño pequeño que no deja de llorar es desviar su atención. “¿Has visto el muñeco?” o “¿Qué tengo en la mano?” suelen disminuir su nivel de excitación si mantenemos su atención durante el tiempo suficiente.

La técnica de la distracción consiste en desvincularte de la emoción negativa centrando tu atención en pensamientos neutrales. De esta forma evitarás que la emoción coja demasiada intensidad.

Por ejemplo, si tu jefe cuestiona tu profesionalidad, en lugar de pensar que quizás termine despidiéndote podrías pensar en la celebración de cumpleaños que tienes el sábado. Es simple pero eficaz, tal y como se ha demostrado en varios estudios científicos.

Aunque a largo plazo probablemente no sea la mejor estrategia, la distracción funciona, especialmente si centras tu atención en algo concreto en lugar de dejar que tu mente vague.

3. Piensa en tu futuro más inmediato

Las emociones muy intensas pueden provocar que te olvides de que hay un futuro y que tus acciones van a tener consecuencias. Aunque en ese momento tan sólo seas capaz de vivir el presente y tu frustración, enfado o nervios te parezcan tan importantes, ¿seguirás sintiendo eso dentro de una semana?

Pensar en el futuro más inmediato es muy eficaz para mantener el autocontrol, tal y como se demostró en el experimento popularizado a través del libro Inteligencia Emocional. En él, los niños que resistieron la tentación de comer una golosina a cambio de recibir otra obtuvieron mejores resultados en los test escolares y mejores trabajos en los años venideros.

4. Medita habitualmente

La meditación ha demostrado científicamente su eficacia para prevenir los pensamientos negativos repetitivos y no sólo mientras meditas, sino también a largo plazo: es capaz de disminuir el nivel de activación de la amígdala de forma duradera.

La meditación también tiene estudios en la reducción de la ansiedad. En uno de ellos, cuatro clases de meditación de 20 minutos de duración fueron suficientes para reducir la ansiedad en un 39%.

Intentar relajarte sólo cuando te asaltan las emociones no es muy eficaz. Sin embargo, meditar de forma regular y respirar correctamente sí que pueden reducir la intensidad de las emociones negativas cuando estas aparecen.

5. Date permiso para preocuparte más tarde

Antes te he explicado que intentar suprimir una emoción o pensamiento provoca que vuelva de nuevo con más fuerza. Sin embargo, ¡posponerla para más tarde puede funcionar!

En un estudio se pidió a los participantes con pensamientos ansiosos que pospusieran su preocupación durante 30 minutos. A pesar de ser una forma alternativa de evitar pensar en algo, lo que se ha demostrado es que tras ese período de pausa las emociones regresan con una intensidad mucho menor.

Así pues, date permiso para preocuparte después de un tiempo de espera. Te preocuparás menos.

6. Piensa en lo peor que te puede pasar

¿Recuerdas la película Sin Perdón (Unforgiven) de Clint Eastwood?

En ella, el personaje de William Munny, pese a estar viejo y acabado, es el mejor pistolero del oeste. Y no lo es por su velocidad ni su puntería. Como él mismo dice, lo es porque cuando las balas empiezan a volar, él controla sus emociones y mantiene la calma.

Pero ¿cómo mantener la calma? Los samuráis y los estoicos se mantenían tranquilos incluso en las situaciones más dramáticas, ¿cómo lo conseguían?

Pues pensando en la muerte. Y mucho.

No quiero que te pongas dramático ni te vuelvas un gótico, pero pensar en lo peor que te puede pasar te ayudará a relativizar tus problemas y mantener el control.

7. Escribe un diario de tus emociones

La escritura expresiva consiste en escribir sobre tus pensamientos y sentimientos más profundos y ha demostrado ser eficaz tanto a nivel psicológico como físico (¡es capaz de acelerar la cicatrización de las heridas!)

Mantener una especie de diario emocional sobre lo que has sentido en algunas situaciones te ayudará a reducir la recurrencia de pensamientos negativos.

8. Tómate un respiro (y un refresco) para recuperar el autocontrol

Tu autocontrol no es infinito. De hecho, varias investigaciones indican que conforme te expones a situaciones y emociones, se va consumiendo.

Piensa en ello como hacer un sprint. Tras la carrera estás exhausto y necesitas tiempo para poder recuperarte antes de volver a correr. De la misma manera, si logras dominar tus emociones, evita volver a exponerte de nuevo a una situación tensa o será más probable que sucumbas.

Lo más sorprendente es que se ha demostrado que mantener el control consume glucosa, como si literalmente estuvieras haciendo ejercicio. Por lo tanto, para recuperar tu autocontrol tienes dos estrategias:

Tomar una bebida rica en azúcares (no es broma).

Usar la reafirmación positiva para poder gestionar de nuevo tus emociones (fuente).

La clave está en identificar cuándo tus niveles de autocontrol están bajos y evitar más situaciones emocionales mientas te recuperas.

9. Cuando todo falle, busca un espejo

¿Perdón? ¿Mirarse en un espejo? Sí, por muy sorprendente que parezca esta estrategia puede ser útil para aplacarte cuando estés furibundo.

Varios estudios han demostrado que cuando te ves a ti mismo reflejado eres capaz de observarte desde una perspectiva más objetiva y por lo tanto separarte durante unos instantes de tu emocionalidad.

Cuanto más consciente seas de lo que estás haciendo, más capacidad de controlar tus emociones tendrás. Y observarte en un espejo incrementará tus niveles de autoconsciencia y te ayudará a comportarte de forma más sociable.

10. Lo más importante: encuentra el motivo de tus emociones

A largo plazo la clave no está en luchar contra tus emociones, sino en reconocerlas y saber por qué te ocurren. Por ejemplo:

“Vale, no me gusta sentirme así pero ahora mismo tengo mucha envidia (reconoces la emoción) porque a Andrés le han felicitado por su trabajo y a mí no (reconoces el por qué).”

Lo importante es ser honesto contigo mismo sobre el por qué. No hagas como la mayoría e intentes engañarte. A menudo nos mentimos haciéndonos creer que estamos enfadados con alguien por su comportamiento y no porque le han dado el ascenso al que aspirábamos y eso ha afectado nuestra autoestima.

Conocer la verdad real de tus sentimientos te ayudará a tratar la causa.

¿La conclusión?

Si quieres aprender realmente cómo controlar tus emociones debes saber que no hay una solución única. Aunque también se ha demostrado que tu propio lenguaje corporal es capaz de influir sobre tus emociones, encontrar la estrategia más adecuada para regular los sentimientos negativos y entender su origen para tratar la causa es la única forma de evitar que tomen el control de nuestra mente.


Sobre Pau Forner Navarro

Introvertido apasionado por la psicología y comunicación interpersonal. Autor del bestseller Dirige tu vida (Ed. Planeta). Defensor del método empírico e investigador del comportamiento humano con 10 años de experiencia.

FUENTE:

https://habilidadsocial.com/como-controlar-las-emociones/

viernes, 25 de septiembre de 2020

TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE: EN QUÉ CONSISTE, CÓMO IDENTIFICARLO Y QUÉ HACER

 


El trastorno negativista desafiante (TND) se atribuye a niños irritables, retadores y vengativos. Es más frecuente en varones y comienza antes de los 18 años, especialmente en la etapa preescolar. Aunque en las niñas suele producirse antes. Ocasiona un deterioro grave del comportamiento que se evidencia tanto en la familia como en la escuela. Requiere una intervención profesional, pero seguir unas pautas de inteligencia emocional en la educación de nuestros hijos es siempre de gran ayuda.

Hay que tener claro que se trata de un síndrome que impide un correcto desarrollo de las emociones y la necesaria adaptación a la sociedad. Por eso, si dejamos que avance sin proporcionar tratamiento psicológico, el curso habitual es que el menor acabe incurriendo en la transgresión de normas. El resultado final puede desembocar en el desarrollo de una personalidad antisocial en la vida adulta. Como consecuencia, es fundamental una atención temprana. Y comprender que la etapa preescolar es el momento clave para diagnosticar y tratar el TND.

Claves para identificarlo

Para averiguar si nuestro hijo puede estar desarrollando este síndrome, debemos prestar atención a varios aspectos:

1.- Diferenciarlo del enfado

Antes de nada, conviene tener claros algunos conceptos básicos, como el del enfado. En realidad, es una emoción sana que nos permite proteger nuestros límites cuando nos sentimos vulnerados. Los niños comienzan a expresarlo sobre todo a la edad de 3 años. Pasan por una etapa en la que suelen decir que no a todo. Se trata de una forma de afirmarse, pues están aprendiendo a poner límites.

Y está bien que lo hagan, porque estas reacciones, que permiten expresar lo que aceptan y lo que no, les prevendrán de ser violentados y de sufrir abusos. Esta etapa hay que entenderla como un período de práctica. Esto les permite marcar los límites entre lo que toleran y lo que no. Posteriormente se irá expresando de un modo más evolucionado; a medida que crezcan desarrollarán estrategias más maduras.

La conclusión es que los comportamientos anteriores son normales y necesarios para el desarrollo del niño. Y se diferencian muy bien del trastorno negativista desafiante

 2.- Actitudes ocasionales o habituales

Las reacciones de enfado serán un problema cuando se produzcan de manera permanente y generalizada hacia cualquier figura de autoridad, como padres y profesores. Aquí el mal humor y la irascibilidad son constantes. Nos referimos a menores que se muestran hostiles, desobedientes y retadores hacia la autoridad de manera sistemática. Y esa tendencia se prolonga por un periodo de tiempo largo, de al menos un año. Por ello, se deben observar en casa con qué frecuencia suceden estas reacciones.

3.- En una única dirección o en muchas

Asimismo, si van dirigidas a una persona en concreto o a varias: padres, profesores… Por ello habrá que informarse de cuál es su situación en el aula. Si en el centro educativo es distinta y en clase está bien adaptado, nos indicará que se trata de un problema que únicamente se manifiesta en el ámbito familiar.

4.- Otras situaciones que pueden confundirnos

Problemas de fondo

Es importante saber si el menor está sufriendo algún problema fuera o dentro de casa. No hablaríamos de este síndrome si se trata de un negativismo ocasional que responde a problemas dentro o fuera del hogar, y que se produce de un modo menos general. Por ejemplo, si el niño dirige su hostilidad hacia un progenitor pero no hacia el otro. En ese caso habría que analizar la situación familiar, pues puede haber aprendido a desautorizar a uno de ellos, posiblemente imitando conductas que ha visto en casa.

El medio para obtener lo que quieren

En general, podemos decir que, si no se comporta de manera hostil con todas las figuras de autoridad, entonces esta actitud está cumpliendo otra función. Estas situaciones puntuales se pueden deber a una estrategia para conseguir lo que quieren ante padres que ceden a sus peticiones. Y es que los niños comprenden rápidamente que la hostilidad les funciona cuando quieren salirse con la suya.

Posibles conflictos con algún hermano

En el caso de que estos comportamientos se observen hacia algún hermano, hay que valorar si únicamente suceden en esa relación o también se dan con otras personas cercanas. Esto nos permitirá diferenciar un problema concreto del trastorno negativista desafiante.

Etapas de estado de ánimo bajo

Otra variable que debemos tener en cuenta es que los niños pueden pasar por momentos de desánimo, y algunos expresarán la tristeza mediante la irritabilidad. Pero esto no debe confundirse con el síndrome del que hablamos.

Reacción en la adolescencia

A veces responde a una forma útil de reafirmación en esta época de su vida. La desarrollan frente a padres controladores que invaden su espacio. Los hijos tratarán entonces de poner límites al acercamiento excesivo mediante la hostilidad. Además, en la pubertad es más frecuente que los adolescentes no manejen adecuadamente sus emociones e impulsos. Podemos encontrarnos a menudo con una hostilidad que no se ha reconducido. O a buscar esa reafirmación y separación de la familia mediante el enfado.

5.- Grandes diferencias con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad

A veces este trastorno también puede solaparse y/o identificarse equivocadamente con el de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). En ambos son casos se produce un rechazo manifiesto a cumplir con algunas obligaciones, como hacer los deberes o colaborar en las tareas de la casa.

Pero una de las diferencias básicas estriba en que en el TND hay una intención de resistirse a las exigencias externas mientras que en el TDAH no existe ese deseo deliberado. Simplemente no cumplen porque no pueden regularse o centrarse y se olvidan. Por esta razón, aunque en los menores con TDAH puedan darse comportamientos aparentemente desafiantes, la intencionalidad los diferencia. El niño hiperactivo no puede obedecer con facilidad, el desafiante no quiere obedecer.

No obstante, es común encontrar menores con ambos diagnósticos. En ellos se solapan estas reacciones desafiantes, que les permiten obtener ciertas cosas que desean. Al conseguirlas, tales conductas son fortalecidas por el entorno. El resultado es que entran en proceso disfuncional en el que esa actitud les permite sostenerse.

En conclusión, todas estas situaciones son ejemplos que no implican necesariamente el desarrollo de este síndrome. No obstante, algunas dinámicas familiares pueden originarlo y prolongarlo.

Características del trastorno negativista desafiante

1.- Hostilidad hacia cualquier figura de autoridad.

El niño la percibe como una amenaza permanente y le guarda rencor y deseos de venganza.

2.- No hay temor a las consecuencias.

Este comportamiento se produce de una manera rígida y los menores no son capaces de cambiarlo a pesar de saber que tendrá una repercusión negativa para él. Esta cuestión es vital para entender y manejar este problema. Porque es normal que los menores cometan pequeñas infracciones durante su desarrollo moral. Es parte de una necesidad de experimentar y aprender lo que está bien y lo que no. Pero en los que padecen TND no funciona como una enseñanza.


Un ejemplo ilustrativo

Pongamos que un niño pisa a una mascota. Cuando el animal se queja por ello, él percibe ese dolor. Es entonces cuando aprende que eso no está bien, lo que ayudará a que no lo repita en el futuro y trate de evitarlo. Sin embargo, cuando hay un TND, las consecuencias de su conducta no sirven para frenarles. Esto tiene graves derivaciones para el desarrollo de su empatía y la adaptación a la sociedad. Además, dificulta su educación y la corrección de su proceder mediante modos habituales de educar, basados en el castigo o la retirada de la atención.

Cómo se manifiesta la hostilidad

Se puede observar por los siguientes comportamientos negativistas desafiantes que se producen de manera frecuente, tanto en casa como en la escuela:

  • Se encoleriza e incurre en pataletas.
  • Discute con los adultos o los desafía activamente, rechazando cumplir sus demandas y normas.
  • Molesta deliberadamente a otras personas.
  • No se hace responsable de sus errores, culpando a otros de su mal proceder.
  • Es susceptible y se siente fácilmente molestado por los demás.
  • Se muestra colérico, resentido e iracundo.
  • Es rencoroso y vengativo.

Evolución del TND si no se trata

1.- Conductas disociales

El curso habitual de este trastorno, si no recibe tratamiento, es que el niño desarrolla una personalidad disocial, desajustada a su entorno. En la vida adulta evolucionaría hacia una claramente antisocial. La problemática disocial es distinta del TND, fundamentalmente porque la hostilidad no supone violar los derechos de los demás, como sí sucede con un trastorno disocial.

Un ejemplo puede ilustrar la diferencia entre el comportamiento de un niño negativista y el de un niño disocial. Supongamos que se les pilla mintiendo. Pues bien, el primero reconocerá que ha mentido, pero lo expresará con hostilidad y rencor, retando a la figura de autoridad. En cambio, el segundo habitualmente no lo reconoce y busca dañar.

2.- Personalidad antisocial

Así pues, si el síndrome no es atendido, el niño puede empezar a desarrollar conductas antisociales, destructivas y transgresoras. Su actitud supondrá un serio desajuste social. Nos referimos a violaciones graves de normas, algunas de ellas muy extremas. A saber:

  • Agresiones físicas a personas.
  • Crueldad con los animales.
  • Mentiras.
  • Robos.
  • Fugas del hogar.
  • Absentismo escolar.
  • Abuso de drogas.
  • Vandalismo.
  • Destrucción de la propiedad.
  • Abusos sexuales.
  • Homicidios.

En estos casos, esa trasgresión y esa hostilidad no se deben sólo a no querer cumplir con las normas o exigencias, sino al deseo de dañar. Suelen tener problemas legales desde muy temprano. A menudo se ven abocados a terminar en centros de menores y, después, a cometer delitos en la vida adulta.

¿Qué puedo hacer si tengo un hijo con trastorno negativista desafiante?

Para manejar este trastorno, es esencial identificarlo de manera temprana, en la etapa preescolar. Es la mejor forma de prevenir su agravamiento. A menudo, las prácticas de crianza y los problemas parentales suelen mantenerlo, por lo que son áreas en las que resulta necesario intervenir. Un profesional debe revisar dichas prácticas, así como analizar los conflictos e historia personal que pueden estar contribuyendo al problema.

El entorno es determinante

Esto se comprende mejor si nos paramos a pensar que las personas no somos individuos aislados. Nos desenvolvemos siempre dentro de un contexto en el que nuestros actos cobran sentido. Éste influye especialmente en las etapas infantiles y en la adolescencia, períodos en los que la personalidad todavía no ha acabado de formarse.

Por eso es tan importante conocer el núcleo familiar inmediato de los niños: saber qué tipo de pautas reciben de los padres, si existen conflictos entre los progenitores… Se trata de un problema de ida y vuelta. Es decir, los comportamientos desafiantes y hostiles van a aumentar los problemas en casa. En general, podemos verlo como un circuito que se retroalimenta.

Situaciones familiares que lo propician

1. Preguntas que pueden hacerse los padres

Son determinantes algunas cuestiones relativas al ambiente que se vive en el hogar y al tipo de relaciones que se da entre los miembros del núcleo familiar:

  • ¿Discuten frecuentemente en casa, y de manera hostil, delante del niño?
  • ¿Se desautorizan mutuamente en su presencia?
  • ¿Han aplicado castigos físicos frecuentemente?
  • ¿Se ha mostrado hostilidad hacia el niño?

También es fundamental analizar la clase de disciplina que hay en casa:

  •  ¿Las normas son rígidas, coherentes o laxas?
  • ¿Se aplican reglas contradictorias o incoherentes?
  • ¿O hay ausencia de normas?

Todas estas circunstancias contribuyen crear un trastorno negativista desafiante. Pero los padres pueden aprender nuevas herramientas para manejar los conflictos sin recurrir a la hostilidad y el castigo.

2. Disciplina estricta y escasa atención a las emociones

Es frecuente observar niños y niñas con TND en entornos donde hay una disciplina férrea con poco apoyo emocional y donde se expresan sentimientos negativos hacia los hijos. Así pues, es una forma de dar respuesta a unas normas muy rígidas y coercitivas que no permiten el desarrollo y la gestión de sus emociones.

En general, el empleo de la hostilidad como forma de educar a los hijos suele aumentar las reacciones agresivas en ellos, en lugar de controlarlos como se pretende. Por ese motivo, la intervención familiar durante la terapia se basa en rehusar la hostilidad y el castigo físico. En cambio, se debe tratar de corregir la conducta con afecto y enseñar comportamientos proactivos y sociales.

3. Un entorno con normas relajadas y variables

La hostilidad también puede darse como un intento de poner normas en las familias en las que no hay criterios claros de crianza. Otros rasgos comunes de estos ambientes son la falta de estabilidad en los horarios y las rutinas, y unas reglas laxas y cambiantes. Tampoco disfrutan de la regularidad que los niños necesitan. Los pequeños asumen entonces el papel de poner las normas mediante la hostilidad.

En estos casos, la solución pasa por establecer unas rutinas en casa que fomenten la estabilidad del menor. Que su núcleo familiar se vuelva predecible y menos estresante le permitirá calmarse y manejar sus emociones. Es básico que las normas de crianza sean coherentes, de lo contrario no aprenderán qué reacciones son adecuadas y cuáles no.

Con esto lo que busca el profesional es modificar la interacción entre padres e hijos. Y no porque responsabilice a los padres, sino porque ellos son los que tienen que educar a sus hijos y en ocasiones necesitan aprender herramientas adecuadas.

4. Las circunstancias problemáticos no ayudan

En ocasiones se observan casos de TND en ambientes familiares con situaciones complicadas. Por ejemplo, cuando la madre o el padre sufren depresión. Esto tiene consecuencias, pues el progenitor puede mostrarse más irritable y alterado con su hijo. Al tener dificultad para manejar sus propias emociones, suele interpretar y señalar los comportamientos negativos de los hijos desde esa ‘lupa emocional’ negativa.

Otras situaciones propiciatorias son las que se producen cuando existen conflictos en el matrimonio, condiciones precarias o hacinamiento, abuso de drogas, conducta antisocial en los padres, e incluso maltrato y abuso infantil.

Por ello, es esencial que el adulto trate antes sus propias dificultades para manejar las emociones. Solo así podrá ser un modelo del que su hijo aprenda. Y estará en disposición de educarle en estrategias para la gestión emocional adecuada. En ellas el castigo nunca debe ser la única vía.

Recursos y herramientas para el cambio

En general, el castigo per se no produce aprendizaje porque no enseña nada nuevo. Por tanto, para cambiar un comportamiento necesitamos explicar que existen otros más saludables.

Lo que hay que entender es que todos estos problemas dificultan que se desarrolle una relación de confianza, cariño y seguridad en la familia. En la medida en que el niño perciba hostilidad, reaccionará desafiando. Por eso, es imprescindible tratar los problemas para que se pueda construir una relación de apego. En ella el menor podrá percibir que es cuidado, atendido y entendido, a la vez que se le ponen unos límites para que pueda desarrollarse de forma segura.

Trabajo conjunto de padres y maestros

Dado que también los profesores son una figura de referencia para los niños, sería muy beneficioso que también ellos les enseñaran recursos. Frecuentemente, cuando los maestros se enfrentan a alumnos con este tipo de trastorno, responden de un modo autoritario.

Pero es algo que no conviene en estos casos, ya que fortalece el círculo vicioso. Deben tener presente que reducir el uso de los comentarios negativos favorece que el alumno no reaccione con hostilidad en el aula.

En resumen, conviene que ambos, padres y profesores, trabajen para estructurar nuevas rutinas en el menor. Estas deben ir orientadas a favorecer sus destrezas. A hacerles ver los recursos que ya tiene y que son más valiosos que la hostilidad y el desafío que utilizan habitualmente.

El juego se puede emplear como una herramienta clave para establecer reglas básicas, fomentar sus habilidades sociales y enseñarle nuevas formas de conducirse respetuosas con los demás. Así, los padres podrán captar la atención de sus hijos eficazmente y dar órdenes de una manera clara. Por ejemplo, enseñarles a no interrumpir y señalar sus comportamientos negativos de forma constructiva. ¿Cómo? Mostrándoles inmediatamente después uno alternativo, más útil y sano.

Candela Molina Gutiérrez.

Psicóloga sanitaria y coordinadora

Centro Psicológico Cepsim

FUENTE

https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/psicologia-infantil/trastorno-negativista-desafiante/ 

https://pixabay.com/es/vectors/salud-mental-la-cabeza-v%C3%B3rtice-5318191/


lunes, 25 de junio de 2018

APRENDA A CONTROLAR LA IRRITABILIDAD



Descargar el archivo en el siguiente enlace

FUENTE:
http://www.juntadeandalucia.es/servicioandaluzdesalud/library/plantillas/externa.asp?pag=/contenidos/servicios/../publicaciones/Datos/567/pdf/19_guia_controlar_irritabilidad.pdf



viernes, 8 de abril de 2016

CÓMO ENSEÑAR A UN/A PREESCOLAR A GESTIONAR SUS EMOCIONES



Terribles dos años, tres años, temibles cuatro años... 
Esos años, marcados por rabietas y berrinches que no hacen sino revelarnos que nuestros y nuestras peques todavía no han aprendido a regular y gestionar sus emociones. Es, sin embargo, la edad ideal para empezar con la educación emocional, tanto en casa con en el jardín de infancia.

1. Nombrar emociones

Las emociones son como un fuego: si intentas apagarlo de golpe con un vaso de agua fría, según su tamaño, puede que lo consigas o puede que, al contrario, empeores el asunto gravemente y se te queme la casa.

Vale: del mismo modo, las emociones no se reprimen. Se identifican y se gestionan de la mejor forma posible: los niños y niñas, a esta edad, no tienen dicha capacidad. 
No es que NO QUIERAN gestionar bien un berrinche por chincharte a ti, es que todavía no pueden: no está en su patrón de desarrollo y es algo normal.

Dejando claro esto, ¿cuál es tu papel? 
Enseñar a esa personita tan pequeña qué siente: "estás triste porque tu amigo se ha ido a su casa", "veo que te has enfadado con tu amiga", "pareces muy contento por el regalo de tu abuelita", "estás frustada porque no puedes ir a la playa", "te sientes decepcionado porque el dibujo no te ha salido como querías pero a la próxima saldrá mejor", "el ruido ha sido muy fuerte y estás asustada".

2. Normalizar

Las emociones son adaptativas: no son malas en sí ni buenas en sí. A veces son útiles y a veces no: son alertas. Lo que puede estar mejor o peor no es la emoción sino la forma en la que se gestiona (de acuerdo al nivel y posibilidades de desarrollo de cada niña y niño, claro): por lo tanto, hay que normalizar emociones "negativas", que causan malestar, y no estigmatizarlas como algo a apagar cueste lo que cueste, y a esconder debajo de la alfombra. Jamás. 

"Todo el mundo se siente triste, alterado, tiene miedo, etc. a veces". Entender que lo que le pasa es algo común, que no es un bicho raro, es mucho más tranquilizador que un "ea, ea, no llores" ni un "tranquilízate". Lógicamente, a nadie le gusta un berrinche épico en la vía pública: ese es un buen momento para educar en inteligencia emocional.

3. Estrategias

Todo el mundo puede controlar el modo en el que expresa sus emociones, pero no puede controlar sus emociones (y, como hemos dicho, intentar apagar fuegos con gotas de agua pues no da muy buen resultado). Podemos experimentar ansiedad cuando tenemos que entregar un trabajo en un plazo corto de tiempo,  ¿Verdad? ¡Eso no implica que nos pongamos a gritar, llorar y correr en círculos alzando los brazos!

Cómo gestionamos nuestras emociones es algo que depende de nuestra educación emocional, y es obvio que no todo el mundo ha corrido la misma suerte y que, a veces, tienen que emprender ese camino tan arduo en la edad adulta que, de haberse recorrido a su tiempo, no sería tan duro. Por ejemplo: "entiendo que estés enfadada, pero no puedes pegar a tu hermano pequeño por ello: puedes golpear esta pelota".

4. Ficción y story-telling

Leer ficción puede promover el desarrollo de la empatía, y las historias muy abiertas ofrecen a las personas una línea argumental que ayuda a resolver problemas desde sus propios recursos, perspectiva individual y marcos conceptuales.

5. Mindfulness


Como suponéis, es complejo aplicarlo en peques: te recomendamos acudir a un psicoterapeuta colegiado para ello.

FUENTE:

sábado, 6 de junio de 2015

SOLO RESPIRA: enseñar a los niños con TDAH a calmar las emociones... y también a los adultos


Solo Respira - por Julie Bayer Salzman & Josh Salzman

Publicado el 9 abr. 2015
Traducción de la descripción original:
"La inspiración para hacer el cortometraje 'Solo respira' surgió hace poco más de un año cuando escuché a mi hijo de 5 años hablar con sus amigos acerca de cómo las emociones afectan diferentes áreas del cerebro, y cómo calmarse tomando algunas respiraciones profundas -cosas que estaban aprendiendo en el jardín infantil de su escuela "Ciudadanos del Mundo', en Mar Vista, California-. Estaba sorprendida y dichosa de ser testigo de cuán significativo estaba siendo el aprendizaje socio-emocional en una escuela primaria en estas mentes tan jóvenes.

El año siguiente, decidí tomar un curso online de 6 semanas a través de Mindful Schools (http://www.mindfulschools.org/), pensando en que si mi hijo estaba aprendiendo sobre esto, tenía sentido que yo aprendiese también. Desde la primera semana noté los efectos positivos de esta práctica no solo se reflejaban en mi propio ser sino también en mis relaciones con los demás.

Como realizadora, siempre estoy interesada en encontrar un tema digno de ser filmado y sentí que Mindfulness era un concepto que era necesario comunicar visualmente. Por suerte, mi pareja, que es también mi compañero haciendo películas, estuvo de acuerdo. Hicimos "Solo respira" con nuestro hijo, sus compañeros de clase y con sus familiares un sábado en la tarde. El vídeo no tiene guión – lo que los niños dicen está exclusivamente basado en su comprensión neuro-científica de las emociones difíciles, y cómo pueden afrontarlas a través de la respiración y la meditación. Ellos, a su vez, nos enseñan a todos nosotros.

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miércoles, 30 de octubre de 2013

AYUDANDO A LOS NIÑOS/AS CON TDAH A MANEJAR LA FRUSTRACIÓN Y EL ENFADO


Todo el mundo se enfada de vez en cuando. Enfadarse, de hecho, no soluciona gran cosa.
Lo importante es qué hace la gente cuando se enfada. Lo deseable es calmarse e intentar solucionar el problema que ha motivado el enfado. Es algo que les resulta muy difícil a algunos niños/as (y también a algunos adultos). En vez de tranquilizarse, se enfadan cada vez más hasta que pierden el control y explotan como un volcán, comportándose de formas que son inaceptables, pudiendo llegar a hacer daño a otras personas o a sí mismos. La gente suele decir de esos niños que tienen carácter o genio, que es una forma de decir que se enfadan fácilmente, pierden el control y se porta mal cuando está enfadado o frustrado.

Estos episodios pueden ser mucho más frecuentes cuando estos niños, niñas o adolescentes tienen TDAH. Y es que muchos de ellos/as manejan mal las emociones y tienen una baja tolerancia a la frustración. No sólo tendrán más dificultades para controlarse cuando las cosas no salgan como quieren; los padres también tendremos más dificultades para ayudarlos a aprender.




Algunos niños/as se enfadan tanto que chillan a sus padres, dan puñetazos contra la pared, dan portazos, rompen cosas o -todavía peor- pegan a sus hermanos. Los niños/as tienen derecho a expresar sus sentimientos, incluso los de enfado, pero no está bien que un niño/a haga cualquiera de las cosas que acabamos de mencionar. La mayoría de niños/as no quieren comportarse de ese modo, pero a veces resulta difícil controlar el enfado. 
Entonces, ¿qué puedes hacer si eres un niño explosivo y tu mal genio te mete en problemas?

¡PRUEBA ESTO!

La buena noticia es que los niños/as no tienen que seguir cometiendo los mismos errores una y otra vez. Puedes amaestrar a tu genio del mismo modo en que puedes amaestrar a un cachorro de perro. ¿Has oído bien? Sí, hemos dicho un cachorro de perro.

Si has jugado alguna vez con cachorritos de perro, sabrás que son muy dulces pero están un poco fuera de control. No dejan de mover la cola de un lado a otro y no paran de mordisquearlo todo, pudiendo llegar a romperte las zapatillas de deporte. ¿Qué puedes hacer con un cachorrito descontrolado? Sí, sí, esa es la respuesta: amaestrarlo.


Del mismo modo que se puede amaestrar a un cachorro, tú puedes amaestrar tu mal genio y tu enfado. Imagina que tu mal genio es como un cachorrito que tienes dentro que necesita ser amaestrado. El cachorrito no es malo -probablemente se acabará convirtiendo en un perro encantador-. Solo necesita aprender algunas reglas porque, por ahora, el dichoso cachorrito te está ocasionando algunos problemas.
No quieres seguir metiéndote en problemas por la forma que tienes de comportarte cuando te enfadas. Probablemente, cuando hieres los sentimientos de alguien o rompes un juguete que te gustaba en un ataque de rabia, te sabe mal. O sea que ya va siendo hora de amaestrar a ese cachorrito.

He aquí los pasos que puede seguir en cualquier momento, incluso cuando no estés enfadado.
  • Haz mucho ejercicio físico. Juega al aire libre. Practica tu deporte favorito. El kárate o la lucha libre pueden ser adecuados para los niños/as que quieren dominar su genio. Pero cualquier actividad que te haga bombear el corazón puede irte bien porque es una forma de quemar energía y estrés. ¡Da gusto dar puntapiés a una pelota de fútbol!
  • Habla con tu madre o con tu padre. Si estás teniendo problemas para controlar tu genio, el momento para hablar sobre ello es antes de que tengas otro arranque de genio. Diles a tus padres que estás intentando controlarte. Pídeles ayuda y diles qué te den ideas sobre cómo puedes controlarte mejor. Tal vez, si consigues estar una mañana o un día entero sin tener un arranque de mal genio, podrían concederte un privilegio, como llevarte a algún sitio adonde te gusta ir. Hazles saber que, si te enfadas mucho, les pedirás ayuda.
  • Expresa tus sentimientos con palabras. Adquiere el hábito de decir lo que sientes y por qué. Diles a tus padres: "Me enfado cuando me pedís que deje de jugar para sacar la basura. No me gusta sacar la basura". Probablemente tus padres te contestarán (amablemente): "Ya lo sé -a nadie le gusta sacar la basura. Pero te toca a ti y debes hacerlo de todos modos-". O sea que el hecho de expresar lo que piensas con palabras no te evitará sacar la basura (¡lo sentimos!), pero tal vez te impida cerrar dando un portazo, tener un arranque de rabia por tener que bajar la basura o hacer cualquier otra cosa que podría meterte en problemas. El hecho de usar palabras para expresar lo que se siente ayuda a la gente a controlar las emociones fuertes y su comportamiento.
  • Asume el control ¿Quién es el que tiene la sartén por el mango, tú o ese cachorrito salvaje? Toma la decisión de que quieres ser tú quien va a asumir el control. No permitas que el enfado te haga hacer cosas que no quieres hacer.
La prueba de fuego te llegará la próxima vez que te enfades tanto que estés a punto de explotar. Pero no explotes. Ponle una correa al cachorro y sigue estos cuatro pasos:
  1. Desconecta de la situación. Si estás discutiendo con alguien, vete a otra parte de la casa. Tu habitación o el cuarto de baño son buenas elecciones. Limítate a decir: "Quiero estar a solas durante un rato para ver si me calmo".
  2. Retírate a tu habitación. Si estás enfadado y crees que necesitas hacer una pausa para estar a solas a fin de tranquilizarte, no esperes a que uno de tus padres te mande a tu habitación. Ve tú mismo y tómate tu tiempo para calmarte. Informa a los demás miembros de la familia de que, cuando te retiras a tu habitación, deben respetar tu espacio y dejarte solo para que puedas tranquilizarte. Para un niño /a lo bastante mayor como para irse solo a su habitación esto no es ningún castigo sino una forma de tranquilizarse. Mientras estés sentado en tu silla, prueba este ejercicio para calmarte: coloca las manos debajo el asiento y empuja arriba mientras cuentas hasta cinco. Seguidamente estira los brazos por encima de la cabeza. Haz una inspiración lenta y profunda y luego suelta el aire. Un niño que probó estos pasos dijo que utilizaba el tiempo que pasaba a solas en su habitación para pensar sobre las consecuencias -como meterse en problemas- que habría tenido el hecho de dar rienda suelta a su genio.
  3. Exterioriza el enfado. No te pedimos que des puñetazos contra la pared (ni siquiera que los des contra una almohada), pero ¿por qué no saltar o bailar por tu habitación mientras escuchas tu música favorita? Si estás al aire libre, corre o haz volteretas laterales por el césped. También puedes coger un bolígrafo y escribirlo todo. ¿Qué es lo que te ha molestado tanto? Sigue escribiendo hasta que lo hayas explicado todo. Si no te gusta escribir, puedes hacer un dibujo que te ayude a expresar tus sentimientos. Utiliza colores fuertes y líneas gruesas para expresar la intensidad de tus emociones. También puedes probar el ejercicio de “sé como un volcán”: imagínate que eres un volcán. Ponte de pie con los pies bien juntos. Junta las palmas de las manos delante del pecho y aprieta una contra otra. Luego, separa las piernas de un salto al tiempo que subes las manos juntas por encima de la cabeza. Después, separa las manos, dejándolas caer a ambos lados del cuerpo. Mientras lo haces, emite un sonido explosivo, por ejemplo, ¡¡Puuuuufffffff!!. Imagínate que eres un volcán expeliendo fuego, lava y vapor. Al terminar, haz tres inspiraciones profundas. Con toda segur¡dad, el enfado que sentías haya perdido gran parte de su intensidad.
  4. Aprende a cambiar. Tendrás que esforzarte mucho para conseguirlo. Es aquí donde entra en juego el amaestramiento del cachorrito que llevas dentro. La idea es cambiar de un estado de ánimo realmente alterado a otro más controlado. Después de exteriorizar el enfado, empieza a pensar en otras cosas. A veces, cuando una persona se enfada, no puede pensar con claridad. Está furiosa, completamente dominada por la rabia, y los sentimientos de enfado ocupan todo su espacio mental. Una persona hasta puede decirse cosas como "Soy tonto/a. ¡He vuelto a perder los estribos!". Pero también puedes sustituir esos pensamientos por otros más positivos. Por ejemplo, te puedes decir: "He perdido los estribos, pero a partir de ahora voy a controlarme". En vez de pensar en la persona o situación que te ha provocado el enfado, piensa en otra cosa, a ser posible en algo que te ponga de mejor humor.
UNA PREGUNTA DE DIFÍCIL RESPUESTA

¿Y si un problema no se puede resolver, como estar enfadado porque vas a tener que ir a una escuela de verano o porque te gustaría acostarte más tarde? ¿Y si no puedes salirte con la tuya? Algunos niños/as se enfadan por cosas que no se pueden cambiar. Por ejemplo, si tu madre te dice que es hora de dejar de jugar con la videoconsola y de acostarse, ¿qué puedes hacer? Ella no va a cambiar de parecer y tú tendrás que acostarte. ¡Menudo fastidio! ¡Casi habías llegado al nivel 4!
Pero, por mucho que te enfades, ella no dará su brazo a torcer. Y, aunque tires la silla al suelo, tendrás que dejar de jugar con la videoconsola. Pero, si pierdes los estribos, tal vez te ganes un castigo adicional por tirar al suelo la silla. ¡Tal vez tu madre te castigue a no jugar con la videoconsola mañana! Eso sería mucho peor -tendrías que esperar todavía más para llegar al nivel 4.
A pesar de que es una de las cosas que más cuesta aprender, tal vez sería mejor que te dijeras a ti mismo: "Está bien, voy a dejar de jugar para meterme en la cama". En algunas discusiones podrás salirte con la tuya, pero probablemente esta no sea una de ellas.
Esto no significa que nunca puedas salirte con la tuya. A veces podrás salirte con la tuya. Los niños/as mayores, como tú, pueden aprender a defender sus puntos de vista con calma, sin perder los estribos. Este enfoque suele dar mejores resultados con todo el mundo, sobre todo con los padres. Cuando lo hagas, significará que has aprendido a controlar a ese cachorrito que llevas dentro. Tú eres quien lleva la sartén por el mango en vez de ese granujilla que no para de mover la cola.
¿Te habías preguntado por qué te hemos pedido que compares tu genio con un cachorrito? Un cachorrito es joven y adorable, exactamente igual que tú, y un encanto con quien compartir el tiempo, ¡sobre todo, cuando es capaz de dominar su genio!

FUENTE: