TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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lunes, 13 de febrero de 2023

TDAH, el trastorno que trae de cabeza a padres y profesores y hace sufrir al niño


Lo padece más del 5% de los niños de tres a 16 años y es un proceso de alteración del sistema nervioso central

Por Gema Puerto. 31 de enero de 2023

Alberto, tiene 14 años, es muy impulsivo y no se concentra. Como asegura su padre “es muy nervioso. Tiene dificultades para estar sentado, hacer deberes, o realizar cualquier tarea de índole intelectual. La situación se ha vuelto insostenible y, en el colegio, ha recibido distintas amonestaciones por su mal comportamiento, además de suspender varias asignaturas”. 

Después de analizarlo con la orientadora del colegio y llevarlo a neuropediatría, sus padres ya tienen el diagnóstico. Sufre trastorno por déficit de atención e hiperactividad, comúnmente conocido como TDAH. La doctora ha llegado a esa conclusión después realizarle una resonancia del cráneo y valorar los informes de distintos psicopedagogos que trataron a Alberto cuando era más pequeño. También la neuropediatra ha sopesado los antecedentes del pequeño, ya que, aunque su tío paterno no está diagnosticado, se cree que también lo tuvo.

Según Rafa Guerrero, psicoterapeuta y autor del libro “TDAH. Entre la patología y la normalidad”, “el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo por el cual el niño o adolescente tiene dificultad para concentrarse, intranquilidad, nerviosismo, necesidad de estarse moviendo constantemente y una alteración del control de impulsos. Lo sufre más del 5% de la población infantil y juvenil entre los tres y los 16 años. Es un proceso de alteración del sistema nervioso central que dificulta controlar el comportamiento de las emociones y los pensamientos, no poder concentrarse y dificultades para adaptarse en situaciones que necesitan gran atención”.

La importancia de la detección temprana

Es importante hacer una detección temprana de esta patología ya que tanto el niño como la familia obtendrán grandes beneficios con las terapias actuales, ya sea mediante medicamentos que le ayuden a concentrarse, como con terapia psicológica. Así se reducirá el impacto que produce la impulsividad, la hiperactividad y la falta de concentración.

No hacer el tratamiento puede provocar fracaso escolar.  Sin él, el paciente tendrá dificultades para memorizar y concentrarse, atender o escuchar en el colegio, lo que le provocará una frustración que después puede acabar en síntomas depresivos o adaptativos. También la impulsividad puede generar lesiones, problemas en el colegio con compañeros y diferentes problemas de comportamiento.

“Hay un porcentaje alto de profesores que tienen alumnos con TDAH y no lo saben. Los niños que lo sufren no se concentran y son impulsivos, pero esos son los síntomas. Lo que hay que buscar es la raíz del problema. EL TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que indica un procesamiento lento del cerebro, éste puede ser hasta un 35% más lento”, añade Guerrero quien asegura que su impulsividad suele generar situaciones estresantes, surgen problemas de concentración y de difícil organización debido a que no pueden mantener la atención, se distraen con facilidad e incluso se ha llegado a describir como una sordera ficticia ya que no escuchan.

Para este psicoterapeuta el TDAH no se cura, pero “se puede amortiguar dando recursos al niño o al adolescente para que haga trabajar la parte prefrontal de su cerebro que es la que tiene afectada”. Guerrero, no está en contra ni a favor de los medicamentos “la medicación es un complemento, si creo que al niño le viene bien le derivo al neurólogo. Gracias a los fármacos se aumentan los niveles de dopamina y noradrenalina. Se focaliza mejor y se controlan los impulsos, eso está muy bien, ya que ayuda a la concentración en clase, pero lo que queremos es que en algún momento se les reeduque con estrategias y recursos para quitarle la medicación y que funcione sin muletas”.

Pero ¿qué decir a los padres con hijos con TDAH?

“Cuando un niño es disruptivo en el aula, o en casa, hay algo que nos dice que algo está pasando. Lo que hay que hacer es no quedarse en los síntomas. Si nuestro hijo suspende ocho asignaturas, esa es la consecuencia, pero hay una raíz neurológica, ambiental etc. A lo mejor resulta que tiene dificultades para concentrarse, a lo mejor resulta que sus padres se llevan fatal, o alguien ha abusado de él o su abuelo se está muriendo...”, añade Guerrero. La respuesta es no juzgarles desde su entorno familiar, la escuela, los amigos…Estos niños “sufren una desregulación a muchos niveles, hay mucho miedo, mucha rabia y tienen la autoestima tocadísima. Son niños castigados y estigmatizados”.

Para acompañarle en su problema de maduración “es cuestión de tiempo y paciencia, la clave está en los adultos, los profesores. No está en el menor. El menor baila en función de la música que le pongamos. Lo que hay debajo de esos síntomas es una problemática a nivel de supervivencia. Yo les digo a los padres, imaginad que vuestro hijo está en la selva y corre ante un tigre. Vosotros, de forma paralela, le preguntáis por los autores de la generación del 27 y vuestro hijo mientras tanto se está jugando la vida. ¿Técnicas de estudio? No, lo primero son los cimientos, lo último es el ático, es decir, las notas. Hay que demostrarles que les quieres y que están arropados”.

FUENTE:

https://medicinaresponsable.com/enfermedades/tdah-ninos

https://www.istockphoto.com/es/foto/el-hombre-frustrado-con-problemas-nerviosos-siente-ansiedad-y-confusi%C3%B3n-de-gm1362894903-434655676       

miércoles, 6 de julio de 2022

EL DOBLE RETO DE SER MUJER Y PADECER TDAH

 


El Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se presenta en la niña y en la mujer como inatención, pasando desapercibido en el entorno familiar y escolar y muchas llegan a la edad adulta sin diagnosticar. Los síntomas más comunes son los despistes, la falta de atención, la desorganización, la procrastinación o perder cosas con frecuencia… Si te sientes identificada, consulta a un especialista para descartar que padezcas TDAH.

El TDAH en la mujer y la niña es rara vez diagnosticado ya que la sintomatología según cada género se manifiesta de forma diferente y en las mujeres suele pasar más desapercibida. Según los expertos consultados, existe un sesgo de género en cuanto a la detección del trastorno.

En muchos casos, no detectar el TDAH a tiempo puede acarrear problemas de depresión y ansiedad, baja autoestima, dificultades en las relaciones personales y problemas laborales.

Muchas mujeres creen que el tratamiento les ha cambiado la vida y encuentran sentido a muchos de sus problemas tras conocer el diagnóstico.

Qué es el TDAH

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo. Esto quiere decir que hay unas dificultades desde el propio nacimiento – e incluso desde el desarrollo del feto – que va a tener unos síntomas principales que son: la capacidad para mantener la atención de forma sostenida, y altos niveles de impulsividad y, en algunos casos, hiperactividad motora. Se enmarca en los trastornos mentales, en concreto de los trastornos del neurodesarrollo, como el autismo, el síndrome de Tourette o la dislexia.

Vivir con TDAH: la experiencia de la mujer

Ada Soto es una mujer de 36 años que fue diagnosticada de TDAH hace apenas dos años, cuando tenía 34.

Afirma que el TDAH se encontraba “enmascarado” en sus dos síntomas principales: la depresión y la ansiedad, por los cuales había acudido a terapia múltiples veces en búsqueda de ayuda.

“La depresión y la ansiedad eran una consecuencia de no tener un diagnóstico a tiempo”, y es que, una vez que llega a conocer que padece este trastorno, es cuando empieza a “encontrar lógica a todo lo que le pasaba”, relata la afectada.

En su niñez y en su juventud, se define como una buena alumna. Era buena en la escuela y le ha ido bien a nivel profesional, pero la motivación y la organización se presentaban como obstáculos en su día a día. En clase notaba que le era “muy difícil mantener una concentración sostenida” y que fácilmente se perdía en sus pensamientos.

El trabajo se presentó como un bache aún mayor y el TDAH se volvió mucho más difícil de llevar. Cada vez se encontraba con más dificultades y no entendía porque el resto de personas no se encontraban con los mismos baches que ella: falta de motivación, distracciones, despistes continuos… Esto le llevó, al igual que muchas mujeres en su situación, a entrar en una espiral de depresión y ansiedad que no logró tratar hasta que descubrió que el principal problema era que sufría TDAH.

“La primera vez que tomé el medicamento sentí mucha más energía, noté como me podía concentrar en ciertas cosas”. Le dijo a su psiquiatra “oye, por qué no me habías dado esto antes”. No duda al afirmar que la medicación, junto con la terapia, le han cambiado la vida.

No es la única mujer que se encuentra ante un cambio abismal en su vida tras comenzar con el tratamiento del TDAH.

Testimonio anónimo

“El cambio es tan grande que parece que no tiene lógica”, declaraba otra de las mujeres afectadas por el trastorno, que ha preferido mantener su anonimato por miedo a represalias laborales. Considera que las enfermedades mentales, como es el caso del TDAH, tienen demasiados estigmas, y que “la gente no está preparada para entender que gracias al tratamiento puedo tener la misma capacidad que cualquier otra persona”.

La medicación le ayudó a conseguir un trabajo estable tras numerosos despidos. Esta inestabilidad laboral se fue convirtiendo en inestabilidad emocional que terminó desembocando en muchos procesos depresivos.

Le diagnosticaron TDAH con 34 años y, cinco meses después de comenzar la medicación consiguió su primer ascenso. El cambio fue tan radical que llegó a conseguir otros cinco ascensos en un periodo de tiempo inferior a un año.

Para ella, vivir sin el diagnóstico “fue horroroso”. “No entender porque no funciona nada en tu vida es una frustración enorme”, declaraba. Considera que las chicas, por lo general, muestran una tendencia a “sobre compensar” este problema invirtiendo mucho más tiempo y esfuerzo en realizar cualquier tipo de trabajo, ya sea en el ámbito laboral, educativo, o dentro del propio hogar.

La detección del trastorno le supuso periodos muy largos de terapia en los que trataba periodos depresivos. No logró que la derivaran a un psiquiatra hasta que no le mintió al médico de cabecera diciéndole que un psicólogo le había afirmado que padecía TDAH. La derivaron al psiquiatra, a quien ella define como el mayor especialista en TDAH de Madrid, quien le diagnosticó el trastorno a los 10 minutos de empezar la consulta.

Desconocer que padecía este trastorno, y por lo consiguiente, la falta de tratamiento para el mismo, le afectaron especialmente en su vida personal. Ella confiesa que la impulsividad y la inestabilidad le llevaron a perder su relación y algunas de sus amistades.

Adriana: “Sentía que no encajaba en ningún sitio”

Adriana Escobar es otra mujer que fue diagnosticada de TDAH siendo adulta, concretamente con 40 años.

Toda su vida tuvo una sensación, “no encajaba en ningún sitio, no estaba bien. Tenía la sensación de que estaba rota”, comenta. A pesar de que tiene muchos síntomas, define la búsqueda del diagnóstico como un “show”.

Se dio cuenta de que padecía TDAH cuando buscaba un diagnóstico para su hijo. Se percató en ese momento de que sus problemas eran similares a los de él.

Trató de obtener un tratamiento para sí misma, pero afirma que a través de la sanidad pública le ha sido imposible.

El abordaje de la salud mental en Sistema Nacional de Salud, en su opinión, “está fatal en general” y hay un estigma dentro de los mismos profesionales, por lo que es muy difícil encontrar a alguien que esté actualizado, y “si tiras de sesgo de género, aún más”.

Para Adriana, dentro de la propia dificultad que plantea este trastorno, para las mujeres supone una dificultad mayor aún ya que “como mujer te piden un comportamiento y unos estándares más exigentes”. “Se supone que somos perfectas”, declara y que la realidad está muy lejos de esto. Por eso considera que “es muy importante que haya perspectiva de género, porque al final, dentro de todo, las mujeres terminamos siendo las más mal paradas”.

Acudió a un psiquiatra privado e inmediatamente le confirmaron que padecía TDAH. Hace tan solo tres meses que ha sido diagnosticada.

Solicitó la medicación ya que necesitaba algo que le ayudará a mejorar porque buscaba apoyo para poder ayudar a su hijo y “dicho y hecho”, afirma.

El primer día, a las dos horas de comenzar la medicación, notó un cambio abismal: “En mi cabeza hay mucho ruido y la medicación es como si me pusieran unos tapones y no escuchase nada”.

Adriana también había acudido numerosas veces a terapia, pero cree que “ha tenido mala suerte en la Seguridad Social”.

Tiene un trastorno de alimentación asociado al TDAH, algo común entre las personas que padecen este trastorno, y recrimina que, para los médicos, la mayor preocupación siempre era que baje de peso, obviando su trastorno.

La mujer con TDAH sufre un cambio de vida tras conocer su diagnóstico. Y es que, vivir con una enfermedad que no sabes que padeces es algo muy frustrante para todos, pero especialmente si nadie se da cuenta durante años de que esa enfermedad te está haciendo la vida mucho más difícil que a los demás.

La aparición del diagnóstico y, por consiguiente, del tratamiento, es algo que ha mejorado la vida de estas mujeres de golpe. Todas reconocen un cambio abismal respecto al funcionamiento de su cerebro desde el primer día que comienzan con el tratamiento médico.

Solo es cuestión de un instante para que sus vidas cambien por completo. Para que empiecen a entender muchas cosas en su vida, pero, sobre todo, para que empiecen a comprender y a perdonarse a sí mismas por muchas situaciones pasadas.

Los expertos lo tienen claro: existe un sesgo de género

Hablamos con el doctor Josep Antoni Ramos Quiroga, la doctora Mercedes Sánchez (ambos psiquiatras especializados en TDAH) y Ana Gómez, maestra especializada en TDAH. Sus testimonios coinciden en que el TDAH pasa desapercibido en las mujeres y suele camuflarse en problemas de depresión y ansiedad.

“En los niños predominan más los síntomas de hiperactividad y en las niñas predominan más síntomas de déficit de atención, por lo que pueden pasar desapercibidas y ser diagnosticadas más tarde”, explica la doctora Mercedes Sánchez.

Según datos de la doctora, las cifras de prevalencia (que es el porcentaje por habitante), muestran que entre un 5% y un 7% de niños padecen TDAH. En adultos se calcula que la cifra se aproxima a la mitad, “aunque siempre se habla de infradiagnóstico”.

Cuando hablamos de niñas, en los casos en los que solo se manifiesta el déficit de atención (sin hiperactividad) es mucho más difícil de diagnosticar.

Para identificar estos casos, debemos fijarnos en si las niñas tardan mucho en hacer los deberes, si el tiempo de estudio corresponde con sus notas, y si se saltan preguntas o repiten fallos tontos.

A menudo se encasilla a las mujeres con la etiqueta de perezosas, vagas, olvidadizas, despistadas… sin asociar estas conductas con un TDAH. Esto se debe, en parte, a que el TDAH en adultos se encuentra, en cierto modo, invisibilizado “en 2015 salen los catálogos del TDAH en adultos, pero antes no existía”, indica la especialista.

Para las mujeres que llevan toda su vida sin que les detecten este trastorno, “un diagnóstico por sí mismo es terapéutico”, afirma la doctora, sosteniendo que mejora notablemente la vida diaria de las pacientes.

Que las encasillen como personas vagas, perezosas, despistadas y desorganizadas les supone un rechazo y un estigma tanto por la familia como por la sociedad, por eso, cuando llegan a adultas y alguien les dice por fin lo que tienen, para ellas es un alivio.

Este trastorno se detecta con una entrevista clínica que se basa en la entrevista con el paciente y, en algunos casos, también con sus familiares y su tratamiento es individualizado.

Se trata de un tratamiento multimodal: una combinación de terapias de psicología, cognitivo-conductual, psicoeducación y farmacológica. Aunque la realidad es que la mayoría de las personas no pueden permitirse acceder a todas estas opciones y lo tratan únicamente con medicamentos.

La psiquiatra afirma que “el tratamiento les da vida” y que el fármaco por sí mismo es más efectivo que todas las terapias psicológicas. Los más efectivos son los estimulantes, aunque también hay tratamientos no estimulantes, “los estimulantes, a pesar de la mala fama que tienen son fármacos seguros, eficaces y bien tolerados”.

Para Mercedes Sánchez, las mujeres con TDAH son “personas extremadamente vulnerables” y se asocian más con abusos, acoso e incluso violencia de género. “Este problema se ve afectado por los roles de género, ya que de la mujer se siguen esperando cosas distintas que de los hombres, y muchas mujeres con TDAH no pueden cumplir con las expectativas que se espera de ellas”.

En cuanto a los adultos en general, nos habla del infradiagnóstico y quiere destacar el grupo de niños nacidos en los años 60, 70 y 80, ya que fueron años donde no se diagnosticaba el TDAH -aun habiendo problemas de conducta, de adicciones, o de fracasos escolares- ya que en esa época “te ponían a trabajar y no te llevaban al psiquiatra”. Por esto, es probable que muchos de los niños y adultos de esta época no hayan sido diagnosticados. 

Ramos-Quiroga: Mayor sintomatología en las niñas

Por su parte, el psiquiatra Josep Antoni Ramos-Quiroga coincide al afirmar que “existe un sesgo de detección”, y que hay el doble de niños diagnosticados e “incluso en algunas estadísticas el triple”.

Pero esto no quiere decir que el trastorno se de dos o tres veces más en niños que en niñas, sino que hay mayor detección del síndrome en el género masculino que en el femenino.

Sostiene que como las niñas o mujeres presentan una mayor sintomatología de atención –frente a la hiperactividad de los niños– de alguna manera “pasa desapercibido clínicamente o se confunde con otros trastornos como la ansiedad o la depresión”.

El experto indica que las enfermedades mentales se diagnostican clínicamente: “Hoy en día no tenemos pruebas complementarias que tengan la suficiente especificidad y sensibilidad como para detectar estos trastornos”, aunque cada vez se conocen más las causas genéticas concretas que están relacionadas con las distintas enfermedades mentales. 

La carga genética del TDAH

Muchas veces, este trastorno se diagnostica en la edad adulta coincidiendo con el diagnóstico de uno de los hijos. Durante la evaluación del niño, se dan cuenta de que lo que le pasa al hijo es lo mismo que le pasaba a ella.

El TDAH tiene una carga genética muy alta. “Si tu coges el 100% de los motivos por los cuales una persona tiene TDAH, el 76% tiene que ver con nuestra dotación genética”, explica el doctor Quiroga.

Estos mismos genes también confieren más riesgo a tener otras enfermedades que se suelen asociar al TDAH, como las adicciones, la obesidad, la migraña y la depresión.

“No hay que caer en un determinismo genético”, advierte.

“Sabemos que las bases genéticas juegan un papel destacado, pero siempre hay que tener presente que la expresión de los genes depende también de la interacción que tenemos con el medio ambiente”. Esto quiere decir, que si el entorno es protector y favorable, el riesgo de la expresión y de la gravedad del TDAH disminuye notablemente.

Ana Gómez: maestra, paciente y en el asociacionismo

Ana Gómez es maestra y tiene un posgrado en TDAH y trastorno de la conducta y otro en neurociencia y educación. A su vez, forma parte de la Asociación Madrileña de Adultos con Déficit de Atención e Hiperactividad (AMATDAH).

AMATDAH es una asociación formada por personas con déficit de atención, lo que resulta complicado, según nos explica ya que el papeleo les resulta “un horror” y “las reuniones se pierden o se olvidan”.

Ana, además, sufre TDAH, y lo descubrió cuando se enteró de que lo padecía su hija. “Me puse a leer bien todos los síntomas y me puse a llorar. Soy yo”, comentaba. Después de esto se puso a llamar a psicólogos y psiquiatras en búsqueda de un diagnóstico y se encontró con situaciones de todo tipo “me dijeron que no existía, que era falta de madurez”.

Su vida cambió después de conocer el diagnóstico. “Te perdonas a ti misma muchas cosas”, explica. Como muchas otras mujeres, antes de conocer que tenía TDAH experimentó largos periodos de depresión y ansiedad.

Decidió especializarse en ello porque le interesaba “muchísimo” a nivel educativo.

Explica que “si la niña no molesta” el trastorno es difícil de detectar ya que pasan desapercibidas en los colegios y que, por lo general, “las niñas hacen mucho masking”, es decir, que tratan de guardar mucho más las apariencias que los niños, “que no se les note”. “La sociedad les dice lo que tienen que hacer y cómo tienen que comportarse, por lo que son más comedidas”, explica.

Opina que esta condición no desaparece en la edad adulta. “Hay muchas mujeres que tienen todo impoluto o que llegan una hora antes a los sitios simplemente por compensación”, afirma.

Otras, como es su caso, se dan cuenta de que padecen este trastorno cuando son madres, pero que se sigue enmascarando ya que “si no pareces mala madre”. Incluso hay casos de mujeres que llegan a desarrollar un TOC: “ tienes tanto miedo a relajarte que no te lo permites”, explica.

Coincidiendo con muchas mujeres en su situación, también opina que “es fundamental que los empleos se adapten a las personas con TDAH” y que estas adaptaciones serían “muy sencillas” y que le harían la vida mucho más fácil a todas aquellas personas que padecen este trastorno.

En cuanto a las consecuencias que supone vivir sin un diagnóstico, las respuestas de los expertos vuelven a coincidir. Una persona que arrastra un TDAH se encuentra con consecuencias como la ansiedad, la depresión, y la baja autoestima.

Además, las personas con TDAH encuentran dificultades a la hora de enfrentarse a nuevos trabajos y son más propensos a generar conductas adictivas (a sustancias, comida, internet, compras compulsivas, o incluso al sexo). El consumo de drogas suele ser superior en personas con TDAH sin diagnosticar ya que inconscientemente sirve como un tratamiento para el trastorno.

No solo esto, las relaciones personales – como hemos visto – se complican. Debido a la impulsividad, muchas veces se encuentran dificultades a la hora de mantener tanto una relación sentimental estable como una relación de amistad. Además, son más propensos a tener accidentes.

En general, y teniendo en cuenta que cada caso es siempre particular, los síntomas que presenta el TDAH son frecuentemente comunes. Debemos atender a todas aquellas alertas centradas en la inatención y ver si estas son frecuentes.

Sí eres una mujer u hombre que se siente identificado con estas historias, que compartes muchos de los síntomas del TDHA que han sido mencionados, y que llevas años pensando que algo falla en tu vida, quizá tú también padezcas este trastorno. Presta atención a todas las advertencias de los expertos y, ante cualquier caso de duda, acude a un especialista. Quien sabe, quizá tu vida también pueda ser un poquito mejor.

FUENTE:

https://efesalud.com/tdah-mujer-diagnostico-sesgo-genero/

https://www.freepik.es/vector-gratis/sombra-mujer-sobre-fondo-pintura-rosa_14730262.htm#query=MUJERES&position=49&from_view=search

martes, 11 de septiembre de 2018

TDAH: UN PROBLEMA DE LA CORTEZA PREFRONTAL



Si consultamos el DSM-5, la última versión del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales que publica la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) encontraremos que el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) está encuadrado en la categoría de los trastornos del desarrollo neurológico. Esto, en la práctica, se traduce en que el TDAH es un trastorno que implica una inmadurez o un desarrollo más lento del cerebro en comparación con otros niños de su misma edad. La inmadurez es más visible en algunas zonas del cerebro, sobre todo en la corteza prefrontal, donde se ubican la funciones ejecutivas que permiten el control de los impulsos, la planificación y la concentración entre otras variables ejecutivas. Los dos neurotransmisores cerebrales que están alterados en las personas con TDAH son la dopamina y la noradrenalina.

El TDAH ¿un trastorno reciente?

A pesar de lo que se cree, el TDAH es un trastorno con una historia de más de dos siglos.

Los primeros escritos que encontramos en relación a este trastorno datan del año 1798 cuando el médico escocés sir Alexander Crichton en su obra “Una investigación sobre la naturaleza y el origen de la enajenación mental” describía los síntomas de lo que hoy conocemos como déficit de atención.

Síntomas del TDAH

Los síntomas o manifestaciones de este trastorno pueden ser muy variados en función del niño, su edad y el subtipo de TDAH que presente. Los síntomas nucleares de este trastorno son el déficit atencional, la hiperactividad y la impulsividad, lo cual no quiere decir que todos los niños con esta patología presenten los tres síntomas principales. Además, existen una serie de síntomas secundarios como son dificultades en la autorregulación de la emociones, la memoria operativa, control interno del tiempo, planificación de tareas, lenguaje interno, etc. Además, suelen tener una baja tolerancia a la frustración, se muestran rígidos cognitivamente hablado (motivo por el cual a veces se les tacha de obsesivos), necesitan de una mayor motivación extrínseca que el resto de compañeros sin este diagnóstico, baja autoestima, etc. 
Todos estos síntomas desembocan en dificultades en los seis ámbitos relevantes de cada uno de ellos:
  • Ámbito académico: los padres de los niños con TDAH tienen un mayor número de tutorías en el colegio si los comparamos con otros niños de clase. Además, los propios niños con esta patología tienen 4-5 veces más de probabilidad de recibir tratamientos específicos tanto dentro como fuera del colegio.
  • Ámbito familiar: los padres de los niños con TDAH suelen mostrar más dudas sobre su capacidad de ser padres, además de tener hasta cuatro veces más de probabilidades de separarse que el resto de familias.
  • Ámbito social: entre un 60-70% de los niños diagnosticados con TDAH son rechazados y estigmatizados por sus compañeros por la manifestación de los síntomas. Un 70% de ellos reconoce no tener mejores amigos y suelen ser menos invitados a los cumpleaños.
  • Ámbito emocional: suelen tener grandes dificultades para identificar y entender las emociones tanto propias como de los demás. Además, un porcentaje muy elevado de niños con TDAH muestran una baja autoestima.
  • Ámbito conductual: los niños y adolescentes con TDAH muestran un mayor número de conductas de riesgo y, por tanto, las probabilidades tener accidentes y de muerte son más elevadas en comparación con el resto de niños de su edad.
  • Ámbito ejecutivo: obtienen peores resultados en las pruebas de concentración, planificación, control de impulsos (inhibición) y de memoria operativa.

La gran mayoría de estudios concluyen que la prevalencia del TDAH, es decir, el porcentaje de la población infantil que está diagnosticada de este trastorno, se sitúa en torno a un 5-7%. La etiología (causa) de esta patología es mayoritariamente genética.
Los estudios de Stephen Faraone concluyen que un 77% de las causas el TDAH son genéticas, siendo el trastorno con mayor peso del ADN que existe, por encima de la depresión (39%) y la ansiedad generalizada (32%).

La evolución de los síntomas en el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad depende del niño en cuestión y la edad que tenga. Así, es más frecuente en niños pequeños encontrar síntomas relacionados con la hiperactividad y la impulsividad, mientras que las dificultades de atención suelen pasar desapercibidas. En cambio, en la etapa de Educación Primaria y ESO, aumentan las dificultades para centrar la atención, y a partir de la adolescencia la impulsividad suele disminuir. Además, en la edad adolescente se pasa de una hiperactividad conductual (comportamiento) a una hiperactividad cognitiva (pasar de una idea a otra sin una coherencia ni continuidad).

¿Cuándo y cómo diagnosticar el TDAH?

En cuanto a la evaluación se refiere, no existe una única prueba que determine si el niño tiene TDAH o no. El diagnóstico es clínico, por lo que el profesional con experiencia en este trastorno emitirá un juicio clínico en función de la información obtenida a través de diferentes pruebas (entrevistas, observación, cuestionarios estandarizados, etc). A la hora de diagnosticar nos podemos apoyar en el DSM-5 (Asociación Americana de Psiquiatría) o en el CIE-10 (Organización Mundial de la Salud).

¿Cuándo se suele detectar o diagnosticar el TDAH? Generalmente, el subtipo inatento es el que más tiempo se tarda en detectar debido a la manifestación encubierta de sus síntomas (déficit de atención). Se suele detectar en torno a los 8-9 años si no más tarde.
Los subtipos hiperactivo-impulsivo y combinado, se suelen detectar antes (5-7 años) debido a la manifestación observable y externa de sus síntomas. Aun así, los estudios de Willcutt (2012) concluyen que el subtipo de TDAH más frecuente es el inatento a pesar de que el que más se diagnostique sea el combinado.
En cuanto a la intervención se refiere, una vez que hayamos evaluado en profundidad los seis ámbitos o áreas, se propondrá al niño y a su familia un programa de intervención que debería incluir en todos los casos la psicoeducación y la psicoterapia familiar.

Estrategias de intervención con niños y adolescentes con TDAH

Si quieres seguir aprendiendo sobre este trastorno, te puedes apuntar al curso online de “Estrategias de intervención con niños y adolescentes con TDAH” que imparte el psicólogo y profesor de la Facultad de Educación (UCM) Rafael Guerrero Tomás, experto en Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad y autor del libro “TDAH. Entre la patología y la normalidad”. En el siguiente enlace puedes encontrar el temario y más información sobre dicho curso que estamos seguros que disfrutarás y con el que aprenderás a relacionarte con los niños y adolescentes con TDAH.

Rafael Guerrero Tomás
Licenciado en Psicología Clínica y de la Salud. Director y fundador de Darwin Psicólogos. Experto en TDAH, trastornos del aprendizaje y trastornos de conducta. Especializado en Psicología Educativa. Profesor del departamento de Psicología Evolutiva de la Facultad de Educación (UCM). Imparte clases en el Master de Atención a la Diversidad y Apoyos Educativos perteneciente a la Universidad de Alcalá. Autor del libro Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Entre la patología y la normalidad (Libros Cúpula, 2016).

FUENTE:


miércoles, 27 de diciembre de 2017

Entrevista a Rafael Guerrero. Trasteando en la escuela





TRASTEANDO EN LA ESCUELA.

Hola. Esto que vais a escuchar es el capítulo 17 de "Trasteando en la Escuela" del 8 de diciembre de 2017. Yo soy Marta Ferrero y este es el podcast que acompaña al proyecto "Trasteando en la Escuela".
Nuestro protagonista hoy es doctor en Educación y psicólogo. Se llama Rafael Guerrero y dirige el Centro Darwin Psicólogos. Con él vamos a hablar del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad o TDAH.

Vamos con la entrevista de Trasteando

Queríamos hablar contigo de muchos asuntos,  a ver de cuánto nos da tiempo.

Lo primero cuéntanos un poquito a qué se dedica el centro Darwin.

En nuestro centro lo que hacemos es atender a niños, adolescentes y adultos que van atravesando por un momento difícil de su vida, niños y adolescentes con algún conflicto que puede ser de tipo académico, alguna dificultad de aprendizaje, por ejemplo, o también hay niños que tienen alguna situación de tipo emocional, de tipo social, También hay veces que nos encontramos con dificultades con los padres, sobre todo una vez llegada la adolescencia, que suelen surgir muchos conflictos, y eso es lo que solemos trabajar. Trabajamos con TDAH, también con depresión, ansiedad, situaciones traumáticas,...Intentamos, desde el cariño, la paciencia y el tiempo, acompañar a estas personas que están pasando por un momento delicado de su vida.

Cuéntanos cómo definirías o cómo le explicas a una familia que llega y a la que le tienes que contar el diagnóstico de su hijo como TDAH. Cómo les explicas qué es exactamente.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, que es como lo define el DSM5, que es el manual que clasifica todos los trastornos mentales como los trastornos psiquiátricos. De una manera así muy sencilla, es decir, que el TDAH es un problema de inmadurez mental. Esto quiere decir que el nivel de procesamiento de la información en un cerebro con TDAH es mucho más lento e, incluso, en algunas ocasiones, más deficitaria que si comparamos a ese niño, o a ese adolescente o a ese adulto, también con personas de su misma edad. Lo que nos encontramos en el caso del TDAH es que la capacidad para procesar la información, para pensar, para relacionar ideas, gestionar las emociones, los impulsos, es mucho más lento que si lo comparamos con otros niños o adolescentes de su misma edad. Y todo eso desemboca en lo que todos conocemos del TDAH: mi hijo tiene dificultades para concentrarse, para prestar atención, tiene dificultad para gestionar bien sus emociones, tiene muchos conflictos a nivel social, dificultades también con su memoria operativa, impulsivo, muy hiperactivo, no puede parar quieto… Eso es todo lo que se ve, de forma observable, más externo, eso es lo que podemos ver todos pero, en realidad, la raíz del TDAH es un cerebro que va mucho más lento en su maduración que lo se supone que debería ir.

¿Y es una cosa que se puede corregir o hay que aprender a vivir con ese problema?

El TDAH es un trastorno crónico. Esto quiere decir pues que el TDAH nace y se desarrolla con esta patología, con este trastorno, es un trastorno psiquiátrico. Los profesionales que trabajamos con personas con TDAH vemos que lo que tiene que aprender un niño, un adolescente o un adulto con TDAH, lo que tiene que aprender a hacer es adaptarse de una manera mejor, de una manera más adaptativa a su entorno. La patología está ahí, la patología va a estar ahí toda la vida, no es algo que uno  entre comillas “se pueda curar”. No es como un esguince que durante un tiempo, está convaleciente y, pasado unos días unas semanas o unos meses, uno ya puede volver a su actividad normal. El TDAH es un trastorno crónico, no tiene cura, no es que me guste el concepto de cura, pero para que nos entendamos, y entonces lo que tenemos que hacer nosotros como profesionales, lo que tienen que hacer los padres y, por supuesto, los maestros, el entorno más cercano al niño, es dotarle de estrategias, de herramientas y de apoyo, como darle las muletas durante el tiempo que lo pueda necesitar, pero vamos, es un trastorno crónico, y lo que hay que hacer es dotarle de herramientas, recursos, para que se pueda gestionar lo mejor posible. Es verdad que en cuanto les damos lo que ellos realmente necesitan, en aquellas áreas en las que ellos tienen un déficit la respuesta de los chavales con TDAH es extraordinaria. Eso es lo que nos demuestra tanto la investigación como la clínica, en cuanto les damos las muletas metafóricas de las que estamos hablando, los niños con TDAH salen adelante sin ningún tipo de problema. Hay dificultades cuando no están recibiendo lo que ellos realmente necesitan. Si no tengo lo que necesito, si no tengo agua si no tengo comida, difícilmente puedo salir adelante.

Vamos a empezar con algunos de los problemas o de las cosas que suelen resultar polémicas cuando se habla de este trastorno. Para empezar, ¿es fácil diagnosticarlo?, ¿se confunde o se puede confundir con otro tipo de problema de aprendizaje?

Sí, hoy nos encontramos con dificultades a la hora de diagnosticar el TDAH como con cualquier otro trastorno. Encontrarnos en consulta con un niño o con un adolescente que está viviendo una situación problemática, consecuentemente, su familia también. La familia te llega a la consulta sufriendo, pasándolo mal en un momento de máxima alarma y máxima dependencia. Te necesitan, te necesitan sí o sí, por eso están ahí sentados en esa primera consulta. Hoy en día es algo que venimos denunciando desde hace bastante tiempo es que se están haciendo evaluaciones muy rápidas, están haciendo lo que se denomina evaluaciones exprés que no van a ningún sitio. Son evaluaciones que se hacen así un poco por encima en quince minutos, y esto conlleva unas repercusiones bastante importantes y bastante negativas.
Como decías, a veces el TDAH se confunde con otras patologías. E incluso a veces el TDAH se confunde con algo a veces tan natural como es ser niño. Pero es importante que esta patología, este TDAH sea diagnosticado a partir de los primeros cursos de primaria. Es una auténtica burrada el estar diagnosticando a niños con TDAH antes de la etapa de primaria, niños de infantil que están diagnosticados con esta patología.
Y sí, hay otros trastornos, como puede ser el síndrome de alcoholismo fetal o por ejemplo, trastornos del apego, e incluso ansiedad o depresión, o momentos vitales que está viviendo el niño, que está viviendo la familia, que cursan con una inatención, con problemas para controlar su conducta, con hiperactividad, impulsividad, etcétera y, a veces, eso se confunde con TDAH. Por eso, es muy importante que hagamos una muy buena valoración con tiempo. No podemos evaluar el TDAH ni ningún otro trastorno en minutos, tenemos que dedicarle horas, mucho tiempo, mucho cariño para poder discriminar bien si se trata de un TDAH o de un Gilles de la Tourette o si se trata de una depresión. A veces los síntomas se confunden. Es más, el TDAH en un 70, 80 por ciento de los casos aparece con un segundo trastorno, por tanto, ahí se complica mucho más. Tenemos que dedicar tiempo, cariño y tenemos que respetar al paciente, no podemos hacer diagnósticos a la ligera. 

Puede suceder que haya muchos niños que simplemente son nerviosos, son niños, como explicabas, que los han metido en ese cajón, en esa etiqueta del TDAH y un montón de niños que tengan de verdad ese problema y a los que no se haya detectado, puede pasar las dos cosas.

Claro, nosotros solemos decir que ni están todos los que son, ni son todos los que están. Nos encontramos con niños que están siendo diagnosticados con TDAH que están mal diagnosticados, que no se les ha dedicado el tiempo y el cariño suficiente, y luego también nos encontramos con niños que están funcionando como buenamente pueden por los distintos contextos escolares y familiares que tienen un TDAH y no se les están dando las herramientas, las estrategias que realmente necesitan. Por tanto, tanto en una dirección como en otra, ahí tenemos que afinarnos los clínicos y los profesionales que estamos en relación con el TDAH, tenemos que afinar porque se nos están escapando algunos niños y otros estamos diagnosticando mal.

Y desde el punto de vista del tratamiento, ya que no hay curación porque es una cosa crónica como nos explicabas, ¿tiene que pasar siempre por el tema de fármacos, por las pastillas, o solamente terapia o les hace falta una ayuda para el aprendizaje en la escuela y otra diferente para adaptarse al resto de los factores de la vida?¿Cuál es el tratamiento de estos niños?

Tratamientos hay muchos, cuanto más multidisciplinar mejor. Como decíamos antes, el TDAH es un trastorno crónico, eso implica que el TDAH es TDAH en todos los contextos. Igual que la persona que es ciega es ciega en su puesto de trabajo, que cuando llega a casa de repente no ves, sino que sigue siendo ciega, el TDAH o cualquier otro trastorno psiquiátrico le pasa exactamente lo mismo.
Tratamientos hay muchos. Lo que reconocen hasta los propios psiquiatras es que solamente el tratamiento medicamentoso, el tratamiento farmacológico, no es suficiente. En ocasiones es verdad que los niños necesitan ese trampolín, esa ayuda para que se centre, para que esté más tranquilo, a veces, eso es necesario, y ahí están los médicos los neurólogos, los pediatras, los psiquiatras, para medicar esa farmacología, pero es insuficiente. Todos llegamos a esta misma conclusión. Podemos abogar por medicación sí, medicación no, pero el profesional veremos qué es lo que piensa, pero lo que está claro es que la medicación sola no enseña y lo que tenemos que dar al alumno, al niño son estrategias y la medicación no te cura, la medicación es una ayuda, un trampolín. Tratamientos, muchos… tratamiento psicológico seguro. Tanto la familia como el niño tienen que llevar a cabo un tratamiento psicológico, en algunos casos, como decíamos, el tratamiento farmacológico, y luego hay otro tipo de intervenciones que se pueden llevar a cabo. Lo que está claro es por ejemplo, la psicoeducación, explicar a la familia y al propio niño la dificultad que tienen: esto se llama TDAH, tiene esto, por eso te comportas de esta manera, reaccionas así ante otras situaciones... Explicarle al niño y a la familia qué es lo que le pasa. También es muy importante, que los padres estén informados. Tratamientos existen muchos, lo que está claro es que el tratamiento psicológico tiene que estar en todos los casos y, bueno, que todos estemos formados, tanto los padres como los profesores, como el propio niño que sepan qué es esto del TDAH y qué implicaciones tiene, para ajustar bien las expectativas.

Y ya para terminar, hace 30 años ya nadie había oído hablar del TDAH no sé si es una cosa que ahora oímos hablar mucho y hay muchas personas diagnosticadas porque sabemos lo que es, o hay más. Quiero decir, hace 30 años también había mucha gente que tenía TDAH y no lo sabíamos o ¿está subiendo por algún motivo el número de personas afectadas por esto?

Bueno, los números son más o menos estables, es decir, nos estamos encontrando con que ahora mismo vivimos en la era de la información, la era del clic y todos estamos informados. Hace décadas o incluso, hace siglos, nos encontrábamos con que solamente la Iglesia era la que tenía el conocimiento, toda la información. Hoy en día, nos encontramos con que la información está a golpe de un clic y todos podemos acceder a muchísima información y además muy variada. Esto es como si últimamente nos hacemos la pregunta de, bueno, últimamente se escucha mucho el concepto de bullying y el concepto de niños que están siendo abusados, por ejemplo, abusados sexualmente. Bueno, esto ha existido siempre, pero un día estamos mucho más concienciados, estamos más con la alerta puesta y se diagnostica no solamente más TDAH sino que también se diagnostica otro tipo de dificultades, patologías o situaciones. Hoy en día estamos muy alerta con muchas situaciones a nivel social, cultural y educativo, pero los números no han variado, las ayudas, las muletas que tenemos hoy en día no son las que había hace 30 o 40, ni 50 años.

Es verdad que hablamos mucho de niños con TDAH y no se habla mucho de adultos con TDAH.

Claro, esto viene un poco a reforzar lo que comentábamos ahora. Ahora lo que nos estamos encontrando es que muchos papás y muchas mamás nos están consultando a raíz de que han llevado a su hijo o a su hija al pediatra, al psicólogo, lo han diagnosticado al hijo o a la hija de TDAH y entonces bueno como sabemos que un peso importante del TDAH tiene que ver con la parte genética. El profesional les habrá preguntado: y usted cuando era pequeño… vemos que los síntomas coinciden que yo cuando era pequeño, pequeña era exactamente igual como ahora se está comportando mi hijo o mi hija. Entonces ahora se está empezando a diagnosticar mucho más el TDAH en adultos, por esa parte genética que decíamos y por toda la información que tenemos hoy en día. Estamos diagnosticando a personas tardíamente, a adultos tardíamente a raíz de que sus hijos están siendo diagnosticados de TDAH.

Claro, y te dicen pues si yo era así y a mí no me hicieron ni caso, ni me prestaron atención, ni me ayudaron ni nada. 

No me hicieron ni caso y no me ha pasado nada. Sí, efectivamente, si muchas veces pasar no pasa nada, pero si podemos dotar de estrategias y de herramientas a nuestros chicos pues mejor que mejor. Si me hago un esguince y resulta que no hay ninguna muleta para que lleve pues lo llevaré como buenamente pueda y salgo adelante, claro, si siempre salimos adelante. El cerebro, la mente humana está preparada siempre y está dirigida hacia la sanación, hacia la curación, entonces adelante siempre salimos, pero bueno si podemos facilitarlo y dar unos recursos que hagan que ese trayecto, ese paso por el desierto sea más agradable, pues bienvenido sea.

Pues terminamos ya y nos quedamos con lo principal que no se debe diagnosticar a la ligera, ni con un test de 5 minutos, que hay que tomarse esto en serio y porque a estos niños les hace falta ayuda, si de verdad les hace falta, y hay muchos que a lo mejor nos pasan desapercibidos con este tipo de test. 
Rafael Guerrero, ¡muchísimas gracias!

FUENTE:

jueves, 23 de marzo de 2017

EL CEREBRO DEL TDAH. Neuronas en crecimiento



Los que nos dedicamos a atender a niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), insistimos en que se trata de un trastorno del neurodesarrollo.


Afecta al menos al 5% de la población escolar causando dificultades para dirigir y mantener la atención en una tarea, excesiva inquietud motriz y, a menudo, también impulsividad. Todo esto dificulta el buen desempeño académico y trastorna la dinámica familiar.
Quien lo padece sufre por incomprensión y porque se siente fracasar, es muy frecuente que su autoestima esté muy baja.

Aunque no conocemos exactamente los mecanismos que provocan estas dificultades que llamamos TDAH, sí que sabemos que hay una inmadurez anatómica concordante con la inmadurez en la conducta. Las técnicas de neuroimagen, los estudios neurofisiológicos y metabólicos nos van permitiendo saber cada vez más, aunque todavía no dispongamos de marcadores biológicos fiables.

Estructura del cerebro: sustancia gris y sustancia blanca

El cerebro, la parte más voluminosa del encéfalo, es un órgano complejísimo en el que se pueden distinguir diferentes estructuras a simple vista. Lo primero que llama la atención al ver un cerebro en sección es que su parte externa es más oscura –de color gris–, y su parte central más pálida –de color blanco–. La sustancia gris rodea toda la superficie del cerebro a modo de corteza y deja en el interior la sustancia blanca.


Esta diferencia de color evidencia las diferencias anatómicas que conforman estas estructuras. La corteza es gris porque en ella se distribuyen de forma ordenada los cuerpos de las neuronas –formados por el núcleo y el citoplasma que lo rodea, con sus extensiones, las dendritas– y también están ahí las células gliales, muy importantes para el buen funcionamiento de la neurona. En cambio la parte central es blanca porque contiene los axones de estas neuronas, que cuando son maduras están rodeados de mielina, una proteína que les confiere ese color blanquecino.
Esta complejidad tiene un motivo, aún no desentrañado del todo. Por un lado –el gris– está la adquisición y gestión de la información que permite ordenarla para dar una respuesta también ordenada; por otro –el blanco–, la conexión entre estructuras que permite transmitir  la información de una a otra.

Los humanos no nacemos con el cerebro ya “terminado”, de hecho solo lo “terminamos” al morir. Como órgano gestor de la información, en los primeros años de la vida su principal actividad es ir adquiriendo las estructuras necesarias para aprender poco a poco a gestionar todo lo que se le viene encima. En los años posteriores las modela y moldea según sus necesidades en cada momento.
La adquisición progresiva de las habilidades necesarias para una vida adulta autónoma -neurodesarrollo- sigue una secuencia con un patrón muy similar en todos los niños.
Aunque el neurodesarrollo es un proceso muy complejo, podemos dividirlo en etapas. En cada una de ellas primero se adquiere la habilidad de percibir el entorno para darle un sentido y después la capacidad de dar una respuesta a eso que sucede en el entorno. Es decir, y a groso modo, primero se completa el desarrollo de nuestras habilidades sensitivas –percepción– y, luego, el de nuestras reacciones –movimiento–.


Todos estos complejos procesos necesitan la formación de redes neuronales que los sustenten. Es en estas redes donde se gestiona la información. Para formarlas, las neuronas van aumentando el número y el tamaño de sus dendritas y axones –con lo que necesitan también más células gliales–, esto incrementa el volumen del cerebro y supone cambios en la anatomía cerebral –maduración–.
Vamos que, cuando se adquiere una nueva habilidad, como caminar, hablar, hacer sumas…, hay cambios en la anatomía cerebral, y existe una correlación entre los cambios anatómicos y la habilidad adquirida.

Los patrones y etapas del neurodesarrollo se correlacionan con cambios anatómicos concretos y propios de cada edad.

A lo largo de la infancia estos cambios anatómicos se aprecian como un engrosamiento de la corteza cerebral, donde se encuentran los núcleos de las neuronas y sus dendritas, porque es ahí donde se forman los circuitos que sustentan la nueva información. A la vez aumenta el volumen de la sustancia blanca, porque los axones crecen en longitud y grosor y van rodeándose de mielina para estabilizar las nuevas conexiones.


El número de neuronas no aumenta tanto como lo hace la arborización de las dendritas del cuerpo neuronal.
Y sí, ya lo has adivinado, el engrosamiento no se produce de forma uniforme y simultánea en toda la corteza cerebral, sino que las distintas partes irán madurando a medida que se adquieran las funciones en las que están implicadas.
La corteza cerebral deja de aumentar su volumen cuando se alcanza la adolescencia. En ese momento los circuitos básicos y fundamentales ya se han formado, ahora toca remodelarlos, afinarlos y estabilizarlos, lo que anatómicamente se corresponde con un adelgazamiento de la corteza cerebral. Tampoco aquí el proceso será uniforme ni simultáneo, incluso hay áreas que no sufrirán adelgazamiento alguno.

Trastornos del neurodesarrollo

Cuando un niño muestra un retraso en la adquisición de sus habilidades, o una incapacidad o variación importante de las mismas, aparecen las dificultades. Esto supone que también habrá alteraciones en la maduración de su cerebro, entendida la maduración como evolución anatómica.
Podemos decir que hay problemas de neurodesarrollo que se manifiestan como un retraso en el patrón del neurodesarrollo. Las adquisiciones aparecen más tarde, pero aparecen. Mientras que en otros problemas lo que hay es un patrón alterado, adquisiciones que no aparecen nunca o que lo hacen de manera anómala y alterada.

Parece sencillo entonces clasificar los problemas del neurodesarrollo en retrasos o trastornos. Pero… sí, siempre hay un pero, esto no está siempre tan claro, y la presencia de un retraso puede favorecer la aparición de un trastorno y al revés.


Trastorno por déficit de atención-hiperactividad

En los niños con TDAH, el patrón de neurodesarrollo, el orden en el que se adquieren las habilidades, es el mismo que en los niños sin dificultades.
Sin embargo,en los niños con TDAH, las áreas prefrontales muestran un claro retraso en la maduración cortical de los niños con TDAH y, de la misma manera, presentan peculiaridades en el funcionamiento de las capacidades que se llevan a cabo en las áreas prefrontales. Así, les suele resultar muy difícil organizar la información y resumirla, tanto al adquirirla como al explicarla. Lo entienden muy bien, pero lo explican fatal. Sus explicaciones son desordenadas, no siempre saben aclarar qué es lo importante y además lo explican de una manera acelerada, lo que empeora aún más la capacidad de autoevaluar lo que están diciendo.

Entonces, en la maduración cerebral de los niños con TDAH ¿se aprecian alteraciones o retrasos?
El cerebro del niño que sufre TDAH muestra también engrosamiento progresivo de la corteza cerebral durante la infancia, pero cuando hay TDAH se aprecia una diferencia notable en el ritmo global de engrosamiento de la corteza, de modo que el aumento del espesor cortical sucede con un retraso significativo en los niños con TDAH.
En todos los niños, con o sin TDAH, primero hay un engrosamiento de las áreas corticales que gestionan la información sensorial y motora y luego aumentan de espesor las áreas de gestión más sofisticada, en las que confluye y se mezcla información de distinta naturaleza –las áreas de asociación–. La diferencia es que en los niños con TDAH este engrosamiento está retrasado una media de aproximadamente 3 años.

Esto quiere decir que mientras en la mayoría de niños sin TDAH la corteza cerebral alcanza el 50% de su grosor máximo hacia los 7 años y medio, en los niños con TDAH esto no sucede hasta los 10 años y medio.
Este retraso es más evidente en las regiones prefrontales, las encargadas del control de las funciones cognitivas necesarias para mantener la atención y una correcta planificación motora. Justamente las dificultades que se observan en los niños con TDAH. En cambio las áreas motoras que controlan el movimiento corporal y la postura maduran ligeramente antes en el niño con TDAH que en el niño sin problemas. La combinación de ambas circunstancias podría explicar la excesiva inquietud motriz que se observa en muchos de los niños con TDAH.

Aunque no se ha estudiado aun claramente, parece lógico pensar que si la principal característica anatómica de la maduración del cerebro que padece TDAH es un retraso en la adquisición del grosor máximo de su corteza, también haya un retraso en el posterior adelgazamiento que se sabe sucede en la adolescencia. Lo que sería la explicación a una conducta más inmadura de estos niños al alcanzar la edad adolescente.

Efectos de la medicación en el TDAH

Sabemos que los niños con TDAH mejoran mucho sus síntomas con la combinación de un tratamiento farmacológico y pedagógico. Esta evidencia demostrada en múltiples estudios, nos lleva a pensar que lo que hacen los fármacos es mejorar el ritmo con el que maduran las regiones prefrontales.
Y así parece ser, los fármacos estimulantes utilizados en el tratamiento del TDAH disminuyen las alteraciones estructurales y funcionales de los niños con TDAH.

Comentario final

No existen pruebas médicas que en la práctica clínica nos permitan establecer el diagnóstico de TDAH a través de marcadores biológicos. Pero sí existen estudios sobre la maduración de la corteza cerebral en el TDAH que demuestran un claro retraso, de hasta 3 años de media, en alcanzar el grosor cortical máximo.
Existe una correlación entre el retraso en la madurez cortical y la sintomatología que se manifiesta en los pacientes con TDAH.

Los fármacos estimulantes, ayudarían mejorar el ritmo madurativo, por lo que su uso no solo está justificado sino que parece absolutamente necesario en los pacientes con TDAH.
Confío en que esta entrada pueda ayudar a los neuropediatras y otros especialistas médicos a explicar mejor a sus pacientes en que consiste el TDAH y cómo el tratamiento farmacológico mejora la sintomatología y la madurez cerebral.
2016 © mj mas

Bibliografía:

P. Shaw et al. “Attention-deficit/hiperactivity disorder is characterized by delay in cortical maturation.” Proc Natl Acad Sci U S A. 2007 Dec 4; 104(49): 19649–19654.
Thomas J. Spencer et al. “Effect of Psychostimulants on Brain Structure and Function in ADHD: A Qualitative Literature Review of MRI-Based Neuroimaging Studies”. J Clin Psychiatry. 2013 Sep; 74(9): 902–917.
Michael J. Minzenberg. “Pharmacotherapy for Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: From Cells to Circuits.” Neurotherapeutics. 2012 Jul; 9(3): 610–621.

FUENTE:

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