TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Mostrando entradas con la etiqueta prevalencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta prevalencia. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de agosto de 2013

ENTREVISTA A AZUCENA DÍEZ SUÁREZ, psiquiatra infantil y pediatra

Cada vez se diagnostican más niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Azucena Díez Suárez, psiquiatra infantil y pediatra en la Clínica Universidad de Navarra, aporta algunas claves sobre el TDAH y su tratamiento.
Yvonne Buchholz.


Los estudios más recientes en torno al TDAH destacan las bases biológicas del mismo, es decir, los factores genéticos y neurológicos. También se ha detectado un aumento de los casos de niños con este trastorno. ¿A qué se debe?
El TDAH es un trastorno neurológico, es decir, de origen cerebral, en el que existe una disfunción del lóbulo prefrontal y otras regiones. El 75 por ciento de las causas que lo producen de son tipo genético. En realidad, la incidencia del trastorno por déficit de atención e hiperactividad se ha mantenido estable en los últimos años. Este posible aumento en los datos de prevalencia se debe más a la mejoría de los recursos de psiquiatría infantil y a una mayor concienciación de los profesionales de la salud mental sobre el trastorno.
Entonces, ¿no se puede atribuir ese incremento al cambio del estilo de vida de los niños?
En los estudios sobre las causas del TDAH no se ha identificado ningún factor ambiental o de estilo de vida que pueda provocar por sí solo síntomas de trastorno. Los factores ambientales que se asocian a la aparición de TDAH son en su mayoría prenatales, como el consumo de tabaco o de alcohol durante el embarazo, o perinatales, entre ellos, la prematuridad, el bajo peso al nacer o las infecciones cerebrales. Ni la formación educativa ni las aficiones del niño, sean los videojuegos o Internet, ni el estilo de vida, por ejemplo, el tipo de actividades extraescolares que realiza o una menor supervisión por parte de los padres, influyen en el desarrollo del trastorno.
¿Existen tantos TDAH como niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad?
Existen varias formas de presentación del TDAH: con predominio de síntomas de inatención, de hiperactividad o combinado, es decir, con síntomas de hiperactividad-impulsividad y también de inatención. Los niños con subtipo inatento son muy diferentes de los hiperactivos, ya que no se mueven en exceso, no actúan sin pensar, “no molestan”. En estos casos, los padres suelen consultar por las dificultades académicas y los despiste frecuentes de su hijo. Sin embargo, los niños con el tipo combinado y sus padres suelen plantear que existen dificultades para controlar el comportamiento. Además, algunos niños con TDAH desarrollan ansiedad; otros, síntomas depresivos, y otros, abuso de sustancias tóxicas. La existencia de estas patologías asociadas condiciona mucho la presentación clínica y el tratamiento
¿Tiene datos de la prevalencia de TDAH en niños y adolescentes en España?
Según un estudio de tipo metaanálisis desarrollado recientemente en la población española, la prevalencia del trastorno por déficit de atención e hiperactividad en menores de 18 años es de un 6,8 por ciento. Este dato coincide con las cifras de prevalencia procedentes de otros países.
¿En qué deben fijarse los padres ante un posible TDAH de su hijo?
Los síntomas nucleares del TDAH son hiperactividad, es decir, grado de movimiento superior al que sería esperable para la edad del niño: la impulsividad o tendencia a actuar y a hablar sin pensar, y la inatención, en este último caso, las dificultades para mantener la atención en actividades que requieren un esfuerzo mental. Además, como decía antes, muchos niños con este trastorno manifiestan también otros síntomas. Entre estos, destacan las alteraciones de la conducta, las dificultades académicas, los problemas de relación con otros niños o los síntomas de ansiedad o depresión.
¿Cuál debe ser la conducta de los padres o responsables con un niño con trastorno por déficit de atención e hiperactividad?
Las personas que se relacionan con niños con TDAH deben tratar de comprender su comportamiento, saber por qué el niño actúa de este modo. Por ejemplo,  si no obedece, deben plantearse que quizá sea porque no ha atendido a la orden. O si en clase pide levantarse para ir al baño o sacar punta a menudo, probablemente sea porque tiene sentimientos de inquietud y necesite moverse. Los niños en general, y los niños con TDAH en particular, son muy sensibles a las críticas y también a los elogios. Si ellos sienten que los que están a su alrededor confían en que lo hará bien, se motivará.
¿Piensa que puede estigmatizarse a un niño si se le diagnostica TDAH?
No. Sobre todo si se le diagnostica a tiempo. El TDAH, al igual que el resto de las enfermedades psiquiátricas y médicas, tiene una evolución mucho más favorable cuanto más precoz es el diagnóstico y cuanto antes se inicia un tratamiento adecuado.
¿Qué tratamientos son los más indicados para estos niños?
El tratamiento de elección para los síntomas nucleares del TDAH (inatención, hiperactividad e impulsividad) es el farmacológico. Los medicamentos, tanto estimulantes, metilfenidato, como no estimulantes, atomoxetina, resultan muy efectivos y seguros. Ahora bien, en niños pequeños es preferible comenzar con técnicas de modificación de la conducta mediante el entrenamiento de los padres. Además de los fármacos, en todos los casos debe realizarse psicoeducación. Hay que enseñar al niño, a los padres y a los profesores qué es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y qué puede hacerse para mejorarlo. Por otro lado, algunos niños pueden necesitar un tratamiento psicológico específico, por ejemplo, una terapia cognitivo-conductual si tienen síntomas de ansiedad o depresión asociados o un entrenamiento en habilidades sociales si presentan dificultad para relacionarse con los demás. Por último, en los casos que lo requieran, se debe instaurar un apoyo académico extraescolar.
Así, además del tratamiento del niño, es clave el asesoramiento de los padres y los educadores.
La psicoeducación es imprescindible. Debe realizarse con el niño, los padres y los profesores. Cuando los niños presenten dificultades de comportamiento, los padres y cuidadores deberán recibir un entrenamiento en técnicas de modificación de la conducta. En el colegio, los profesores también deben aplicar medidas para mejorar el rendimiento de estos niños.
Un niño con TDAH, ¿será un adolescente y un adulto con TDAH?
En general, los síntomas de este trastorno tienden a disminuir con la edad. La hiperactividad suele reducirse de forma notable a partir de la adolescencia. Sin embargo, la impulsividad y la inatención son más persistentes. Muchos adolescentes y adultos con TDAH necesitan tratamiento de por vida; en cambio, otros, dependiendo de su actividad, pueden desarrollar una vida normalizada sin necesidad de tratamiento.
¿Aporta la última edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5), novedades importantes en el diagnóstico del trastorno por déficit de atención e hiperactividad?
El DSM-5, publicado el pasado 18 de mayo, incluye tres modificaciones importantes principales para el diagnóstico del TDAH. En primer lugar, los síntomas de hiperactividad, impulsividad o inatención deben estar presentes en el niño antes de los doce años, mientras que el DSM-IV indicaba  que los síntomas debían objetivarse antes de los siete años. Esto parece que mejorará la detección en adolescentes y adultos que recuerdan peor los síntomas tenían en la infancia. También se han modificado los criterios de los síntomas de inatención, hiperactividad e impulsividad, adaptándolos mejor a los que presentan adolescentes y adultos. En el DSM-IV, los síntomas describían situaciones principalmente en edad escolar. Y, finalmente, el TDAH puede diagnosticarse, según el actual manual, en pacientes que padezcan un trastorno del espectro autista. La versión anterior no permitía la coexistencia de ambos diagnósticos.
Azucena Díez Suárez. Se licenció en medicina y cirugía en 1998. Desde 2004 es doctora en pediatría por la Universidad de Navarra y en 2011 se especializó en psiquiatría. Hoy trabaja en la unidad de psiquiatría infantil del departamento de psiquiatría y psicología médica de la Clínica Universidad de Navarra. Es profesora asociada de la facultad de medicina de la misma universidad y secretaria de la Sociedad de Psiquiatría Infantil de la Asociación Española de Pediatría. Es autora de numerosos artículos sobre psiquiatría infantil y coautora del libro Manual de diagnóstico y tratamiento del TDAH (Ed. Médica Panamericana, 2007).

FUENTE:
Revista Mente y Cerebro
IMAGEN: Google

jueves, 24 de enero de 2013

PERDERLE EL MIEDO A LA HIPERACTIVIDAD


La incidencia del trastorno permanece estable alrededor del 5% de niños.
Si se diagnostica más, dicen los expertos, es porque el TDAH se conoce mejor.
Perderle el miedo al psiquiatra y a la medicación podría ayudar a muchos niños.


María Valerio | Elmundo.es Madrid
22/01/2013
Ya en 1908, el catalán Augusto Vidal Perera describió en su 'Compendio de Psiquiatría Infantil' el comportamiento de los niños "revoltosos, que mariposean"; que hoy en día serían diagnosticados como hiperactivos. A pesar de ser un viejo conocido de los especialistas, no ha sido hasta las últimas décadas cuando este trastorno ha alcanzado "dimensiones epidémicas". Las comillas corresponden al último número de la revista 'JAMA Pediatrics', en el que se repasa la incidencia de este trastorno en la última década.
Las cifras que publica la revista llevan la firma de la Fundación Kaiser Permanente, con sede en California (EEUU), cuyos investigadores han analizado el historial médico de más de 842.000 niños de cinco a 11 años, tratados en este centro entre los años 2001 y 2009.
Según los autores, encabezados por Darios Getahun, el 4,9% de los menores de esta muestra padecía trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH); una cifra que se corresponde con las estadísticas que se manejan en nuestro país desde hace años. "La prevalencia de TDAH en edad infantil en España ronda el 5%-7%, un porcentaje que está dentro de la media mundial y que se mantiene estable desde hace décadas", apunta la psiquiatra Inmaculada Escamillas, de la Clínica Universidad de Navarra.
Aunque los autores estadounidenses observan un repunte de la incidencia en la última década (los nuevos diagnósticos pasaron de 2,5% en 2001 a 3,1% en 2010), la doctora Escamillas señala que este 'aumento' tiene más que ver con un mejor conocimiento de la patología que con un verdadero incremento de la incidencia. Una idea en la que coincide su colega Josep Cornellá, presidente de la Sociedad de Psiquiatría Infantil de la Asociación Española de Psiquiatría. "La hiperactividad ha existido siempre. El propio Ramón y Cajal ya hablaba de que la suya fue una infancia sin concentración. Si ahora se diagnostica más es porque se conoce más", apunta.


'Sí hay más demanda'
Lo que sí puede existir, admite el profesor Getahun en declaraciones a ELMUNDO.es, es una sobreestimación de casos por parte de padres y profesores; por lo que destaca la solidez de su análisis basado en historias clínicas. "Sí es cierto que puede haber mucha demanda, pero el TDAH no se diagnostica sólo en 15 minutos, ni basta con la impresión parcial del profesor", apunta en la misma línea la doctora María Dolores Domínguez, psiquiatra del Complejo Hospitalario de Santiago de Compostela.
En este sentido, Getahun coincide con sus colegas españoles en la importancia del diagnóstico precoz y de "iniciar cuanto antes el tratamiento para darles a estos niños mayores oportunidades para funcionar en el colegio y en su entorno social".
El psiquiatra español Luis Rojas Marcos, que fue un niño hiperactivo como ha contado en numerosas ocasiones, incide en la misma cuestión en declaraciones a este periódico: "En mi opinión, el reto actual son los niños no diagnosticados. En demasiados casos, ni los familiares, ni sus educadores reconocen el problema. Por lo que se espera que sin ayuda, aprendan y se comporten con normalidad, pese a la incontrolable distracción y actividad física que los domina", advierte.


Sin miedo a la medicación
Todos los especialistas coinciden en que ayudaría mucho a esta tarea perderle el miedo al psiquiatra y, sobre todo a los psicofármacos, que tan mala prensa acarrean. "A menudo, las familias van dando vueltas, pasando de una terapia a otra, como un modo de evitar ir al psiquiatra", señala la doctora Escamilla. Y todo ese retraso aumenta el sufrimiento en los niños, el gasto ("muchas de estas terapias alternativas son costosas") y el estrés en la familia.
La doctora Domínguez coincide con todos sus colegas en que la medicación es la primera opción en el 80% de estos pequeños y también insiste en desmitificar la mala imagen que arrastran estos fármacos. "Igual que nos medicamos cuando nos duelen las muelas, los fármacos alivian los síntomas del TDAH y mejoran la atención; ni atontan a nadie ni cambian la personalidad", apunta el doctor Cornellá.


Todas las clases, todas las razas
En el trabajo de JAMA se observa un aumento de los casos entre los niños varones, de raza blanca y procedentes de familias de clase media-alta; un perfil que contrasta con los datos que se manejaban hasta ahora y que apuntaban sobre todo a los niños de familias desfavorecidas.
El doctor Getahun considera que este fenómeno puede deberse a un esfuerzo por parte de estas familias acomodadas en buscar ayuda para niños que no están cumpliendo las expectativas en el colegio. "Es cierto que la familia con más recursos consulta antes", señala Cornellá, aunque como apunta su colega de la Clínica de Navarra, la clase social no es ningún factor de riesgo en un trastorno con una base genética cada vez mejor conocida.
También el aumento de TDAH entre niñas de raza negra observado en JAMA puede tener una explicación social, como apunta el doctor Rojas Marcos: "En los últimos años ha aumentado la concienciación sobre el trastorno en niñas; que antes no eran evaluadas. En ellas, el trastorno pasa desapercibido frecuentemente porque se manifiesta sobre todo en distracción y no con otros síntomas más llamativos de hiperactividad", explica el psiquiatra, afincado desde hace años en Nueva York.
En cualquier caso, "es importante evitar las etiquetas y no asociar TDAH con fracaso", resume el doctor Cornellá. "Se trata de ayudar al niño sin angustiar"; y sobre la delgada línea que puede separar a un niño inquieto y revoltoso de un auténtico caso de trastorno de hiperactividad, el psiquiatra español elige una cita del escritor José Saramago: "Un problema es un problema cuando causa problemas".
FUENTE:

martes, 20 de noviembre de 2012

LA ESCUELA ANTE EL TDAH


"Si buscas resultados diferentes no hagas siempre lo mismo".
Albert Einstein


Es evidente que la labor de los y las docentes es cada día más difícil: más alumnos y alumnas en clase, todos diferentes y cada uno con su problemática. Es cierto que los educadores no suelen recibir la formación necesaria para poder abordar todas las dificultades de sus alumnos/as, y las tensiones originadas por la situación económica tampoco favorecen la atención a la diversidad.

Recogemos algunos de los puntos de vista de los y las profesionales de la educación ante el TDAH. 
En primer lugar, debemos alabar y agradecer la actitud de una buena parte de estos educadores y educadoras, cada vez mayor, que se implica y preocupa por sacar a nuestros hijos/as con TDAH adelante, al entender y atender sus dificultades y potenciar sus aspectos positivos. Como muestra, un grupo de trabajo de la Federación de asociaciones TDAH de Castilla-La Mancha realizó el pasado 2011/2012 un curso online sobre TDAH, (limitado a 400 plazas, aunque se recibieron más de 1000 solicitudes) a través de su Consejería de Educación, Cultura y Deportes, el cual resultó ser un éxito sin precedentes, con unos resultados muy gratificantes tanto para los docentes como para los tutores que dirigíamos el curso, que comprobamos el alto nivel de compromiso de todos ellos/as con la diversidad educativa.
Por otra parte, sin embargo, existe un gran sector que se resiste a aceptar la existencia del TDAH en el aula. Las razones alegadas para no atenderlo se recogen en frases como: “ahora, todos los niños tienen TDAH”, “el TDAH está sobrediagnosticado”, “los padres sobreprotegen y consienten el comportamiento de los niños”, “el TDAH no existe, es una invención de las farmacéuticas”, "están maleducados porque las familias no se ocupan de ellos", “en realidad, son alumnos vagos que no quieren esforzarse”, etc., etc., etc. Pero ignorar los problemas y buscar otros culpables son, al fin y al cabo, excusas para justificarse,  y no parece ser la salida más inteligente ni la más eficaz.
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es una condición o patrón de comportamiento inadaptado, de base neurobiológica, iniciado generalmente en la infancia, cuyos síntomas básicos son de carácter cognitivo-conductual, que se manifiestan visiblemente con falta de atención, hiperactividad e impulsividad, entre otras dificultades funcionales.
El TDAH es una realidad que altera el aprendizaje de los alumnos/as que lo padecen y  cada día, alarmantemente para algunos,  se incrementa el número de diagnósticos. Las estimaciones de su prevalencia varían según los métodos valorativos utilizados (entrevistas, cuestionarios, tipos de test, etc.) y del grupo de sujetos estudiados (población general o clínica, edad, sexo, características sociodemográficas, subtipos, comorbilidad, etc.).  Los porcentajes más aceptados en cuanto a prevalencia, son los recogidos por el DSM IV-TR (Manual  Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la American Psychiatric Association), de entre el 3% y el 7%, aunque estos datos son de 2001. El aumento de estos últimos años quizá se deba a que existe una mayor conciencia pública y divulgación, lo que permite el diagnóstico precoz que, a su vez, debería favorecer la atención temprana.
Es cierto también que siempre ha habido niños hiperactivos, pero no siempre las exigencias del entorno han sido tan acentuadas: largas horas sentados, atentos, escuchando explicaciones monótonas y nada estimulantes, cuando han nacido en una sociedad que trabaja constantemente con nuevas tecnologías interactivas y con numerosos estímulos audiovisuales gratificantes. Vemos con preocupación cómo nuestros hijos/as con TDAH son inatentos, no se concentran, tienen un alto grado de actividad motriz, son impulsivos y con escaso autocontrol, exigen satisfacciones inmediatas y atención continua, tienen poca tolerancia a la frustración, son poco reflexivos, muy desorganizados, sin motivación intrínseca, regulan con dificultad sus emociones, tienen dificultades a la hora de relacionarse, no manejan eficazmente el tiempo, procrastinan y tienen enormes dificultades para “ponerse en marcha”, con poca persistencia en las tareas y, sobre todo, lo que hoy en día es significativamente relevante, no son capaces de superar con éxito sus estudios. Todo esto, irremediablemente, afectará a su preparación a la hora de buscar trabajo y… “no está el horno para bollos”… Además, estos síntomas, que en muchos casos vienen acompañados de otros trastornos (comorbilidad), tienen amplias y graves repercusiones en su vida cotidiana, empezando por el marcado deterioro de su autoestima.
En realidad, los estudios especializados confirman que el TDAH está infradiagnosticado, si bien es cierto que no en todos los casos los síntomas detectados responden a un TDAH, pero sí que pueden responder a otras patologías. Por eso, es necesario realizar diagnósticos concienzudos y exhaustivos, para poder aplicar los tratamientos adecuados. Desde el ámbito familiar, la mayoría de los padres y madres de estudiantes con TDAH, nos informamos y aprendemos a manejar este trastorno, llegando casi a “profesionalizarnos”. En muchas ocasiones, somos más severos con la educación de sus hijos con el trastorno que con nuestros otros hijos sin TDAH. Aunque no existe un marcador biológico que determine sin lugar a duda si un paciente sufre o no de TDAH, los modernos estudios de neuroimagen y los avances en la genética ponen de manifiesto su carácter neurobiológico, lo que nos da a entender que algo pasa en el cerebro de las personas afectadas.
Hacemos hincapié  en que ignorar desde la enseñanza este trastorno suena a excusa para no atenderlos adecuadamente, bien porque puede considerarse que se está “haciendo un favor” justamente a esos alumnos más problemáticos y más atrasados, descarados y que no quieren esforzarse,  bien porque se considere que los docentes tendrían que invertir un mayor tiempo y esfuerzo en  la atención a estos alumnos/as. De esta manera, la atención que reciben nuestros hijos parece quedar, en algunos casos, a merced de la “buena voluntad del profesor/a”. En otras palabras, parece que es “cuestión de suerte”…
Recibir la adecuada respuesta educativa para el TDAH no es un privilegio, es un derecho y una necesidad.
En Derecho existe una máxima jurídica: “Ignorantia juris non excusat” (o también “Ignorantia legis neminem excusat”), que viene a decir que alegar el desconocimiento de la norma no es excusa para su obligatoriedad y cumplimiento.
Así, la LOE (Ley Orgánica de Educación 2/2006, de 3 de mayo), en su art. 73 nos dice que “se entiende por alumnado que presenta necesidades educativas especiales, aquel que requiera, por un periodo de su escolarización o a lo largo de toda ella, determinados apoyos y atenciones educativas específicas derivadas de discapacidad o trastornos graves de conducta”.
Y el TDAH es un Trastorno Grave de Conducta, pero no porque todo niño con TDAH tenga necesariamente que portarse mal para tener TDAH y para ser considerado como alumno con necesidades educativas, sino porque el TDAH aparece clasificado así por definición en los manuales médicos de clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento:

En el DSM IV-TR (Manual  Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la American Psychiatric Association: APA), se incluye como uno de los Trastornos de Comportamiento Perturbador, junto al Trastorno Disocial y al Trastorno Negativista Desafiante.
En la CIE 10 (la Clasificación Internacional de los trastornos mentales, publicada por la OMS en 1992) clasifica el TDAH bajo la denominación de Trastorno Hipercinético, dentro de los “Trastornos del Comportamiento”.
De esta manera, considerar que sólo tiene necesidades de educativas aquel alumno/a que tenga un comportamiento incómodamente disruptivo se debe a una interpretación errónea del concepto de “trastorno  grave de conducta” porque el TDAH, sea del subtipo que sea, se clasifica dentro de los trastornos de conducta, junto al disocial y al negativista desafiante.
Así pues, la LOE, en el art. 71 manifiesta que corresponde a las Administraciones educativas asegurar los recursos necesarios para que los alumnos/as que necesitan una atención educativa diferente a la ordinaria por presentar necesidades educativas especiales alcancen el máximo desarrollo personal, intelectual, social y emocional, así como los objetivos educativos.
Igualmente, las Administraciones educativas deben regular y asegurar la participación de los padres en las decisiones que afecten a los procesos educativos de este alumnado, y adoptar las medidas oportunas para que los padres de estos alumnos reciban el adecuado asesoramiento individualizado, así como la información necesaria que les ayude en la educación de sus hijos. El tratamiento del TDAH es multidisciplinar, en el que deben colaborar fluidamente familias y profesionales, tanto educativos como médicos para conseguir un  tratamiento y pronóstico favorables.
Según el art. 72 de la LOE (Ley Orgánica de Educación 2/2006), los recursos para atender al alumnado con necesidad específica de apoyo educativo se concretan en:

  • Profesores y profesionales cualificados para la adecuada atención a ese alumnado (objetivo en detrimento por los recortes en Educación).
  • Una adecuada organización escolar, realizando las adaptaciones y diversificaciones curriculares o metodológicas precisas para cada alumno particular.
  • La formación del profesorado para saber afrontar el tratamiento del TDAH en el aula 
  • La colaboración con otras Administraciones o entidades públicas o privadas sin ánimo de lucro, instituciones o asociaciones, para facilitar la escolarización y una mejor incorporación de este alumnado al centro educativo. En este aspecto, las asociaciones de padres, madres y demás familiares de afectados/as por el TDAH estamos llevando a cabo numerosas acciones y celebrando encuentros con las Administraciones para facilitar el cumplimiento de la LOE en materia de atención a la diversidad y para que se reconozca de manera explícita la atención educativa requerida.
Pero no es solo la legislación española la que reconoce este derecho a la Educación Inclusiva: en la Declaración de Salamanca, organizada por el Gobierno español en cooperación con la UNESCO, los delegados de la Conferencia Mundial sobre Necesidades Educativas Especiales, en representación de 92 gobiernos y 25 organizaciones internacionales, reunidos en Salamanca en 1994 reconocieron la Educación para Todos y la enseñanza para todos los niños/as, jóvenes y adultos con necesidades educativas especiales dentro del sistema común de educación, en la que “cada niño tiene características, intereses, capacidades y necesidades de aprendizaje que le son propios y los sistemas educativos deben ser diseñados y los programas aplicados de modo que tengan en cuenta toda la gama de esas diferentes características y necesidades” (UNESCO 1994, p.8).
Resaltamos que la educación inclusiva no sólo se limita a la educación obligatoria. El Plan de inclusión del alumnado con necesidades educativas (2011) del Ministerio de Educación y los decretos de Atención a la Diversidad de las diferentes comunidades autonómicas españolas, recogen el derecho a recibir  una educación adaptada a las diferencias individuales a lo largo de todas las etapas educativas, incluyendo los estudios postobligatorios: Formación Profesional de Grado Medio, Superior, Bachillerato, estudios universitarios y estudios en centros de educación de personas adultas. El TDAH es un trastorno crónico (aunque no se manifiesta igual en las diferentes etapas de la vida), que no se cura ni en la adolescencia ni en la edad adulta y que, en el mejor de los casos, remite parcialmente.

Así, poco a poco, las Administraciones van reconociendo de manera expresa el TDAH. Aunque poco conocida, existe una página web (estupenda) del Ministerio de Educación, del 2006, que recoge el TDAH dentro del apartado de Atención a la Diversidad, Educación Especial:
Muchas comunidades autonómicas están poniendo en marcha protocolos de actuación, acompañados de decretos y otras normativas que respaldan legalmente a estos  alumnos/as. De hecho, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte reconoce al TDAH claramente por su nombre en el ámbito de aplicación de las ayudas para alumnado con necesidad específica de apoyo educativo.
Con mucha frecuencia, escuchamos que el alumnado con TDAH no tiene necesidades educativas, que simplemente son vagos y maleducados. Las adaptaciones que generalmente requieren los y las estudiantes con TDAH, si no existen otros trastornos asociados, suelen ser metodológicas, no curriculares. En muchos casos, a estos alumnos/as no se les aplican estas adaptaciones hasta que no alcanzan retraso curricular de dos años. Esto es condenar al alumno/a, que en la edad adulta se quedará fuera del ámbito laboral, ya que, tras dos años de desfase, difícilmente podrá remontar el aprendizaje, dadas las dificultades cognitivas y el retraso madurativo característicos del TDAH.
Las estadísticas confirman que en cada aula pueden existir uno o dos casos. Sin entrar en otro de los "pretextos" que  alegan que el TDAH está sobrediagnosticado, está claro que son niños/as con dificultades de comportamiento y/o para aprender al ritmo adecuado. No nos quedemos con los clichés. Tengan o no TDAH, viendo el fracaso escolar que existe en nuestro país, la realidad es que encontramos estudiantes que no pueden seguir la enseñanza uniforme, que exige “alumnos iguales” que aprendan de la misma manera y al mismo ritmo. Esto no parece ser una enseñanza igualitaria. Cada persona es única, con sus dificultades y características, y no todos aprenden de la misma manera. Tener que contar con un decreto o con una ley educativa que nos obligue a atender al alumnado con dificultades escolares parece sorprendente en el S. XXI. Como dice Harry T. Chasty (Asesor en Capacidades y Trastornos del Aprendizaje del Instituto británico de la Dislexia) en su libro “Children Dificulties in Reading, Spelling and Writing”: “si este niño no aprende de la manera en que le enseñamos, ¿podemos enseñarle como él aprende (…)?" (Chasty, 1997, 269).
Una de las características más importantes de la metodología recomendada para el TDAH en la escuela es que sirve para todo tipo de alumnado y consiste en sencillas pautas que no requieren desembolsos económicos: sólo requieren un cambio de actitud. Los castigos y las reprimendas no funcionan con este alumnado. Su "mala" conducta no es intencionada, sino que está causada por una impulsividad "neurobiológica" y sus malas notas se deben a unas dificultades cognitivas que no favorecen el aprendizaje. Los niños, niñas y adolescentes con TDAH no son un problema, tienen un problema: que la enseñanza no se adapta a sus dificultades. 
Para ellos/as no hay nada más terapéutico que el éxito escolar.
¡Atendamos a la diversidad en el aula! ¡Aceptemos la diferencia! No es un favor, es un derecho del alumnado con necesidad de apoyo educativo. Infórmate sobre cómo ayudarlos.
Por Gloria López

martes, 3 de enero de 2012

LA PREVENCIÓN DEL FRACASO ESCOLAR PASA POR LA ACEPTACIÓN DE LA DIFERENCIA

Pamplona 29/12/2011
"La prevención del fracaso escolar pasa por la aceptación de que la diferencia no es lo mismo que la discapacidad". Así lo afirman las doctoras Inmaculada Escamilla y Pilar Gamazo, autoras del libro “¿Es mi hijo un mal estudiante? Causas médicas del fracaso escolar y tratamientos para superarlo” y especialistas del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid.
Según las doctoras Escamilla y Gamazo, el término de fracaso escolar no está claramente definido: "Las estadísticas hacen referencia al porcentaje de niños que no consiguen acabar sus estudios de primaria o secundaria a la edad teórica de finalización. Pero en realidad, como explica muy bien en el primer capítulo del libro la profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Navarra, Charo Repáraz, deberíamos hablar de fracaso educativo, no escolar, como algo que afecta al estudiante, a su familia, a la escuela y a la sociedad".
Atendiendo al porcentaje de estudiantes que no logra terminar sus estudios a la edad que teóricamente les correspondería, las especialistas de la Clínica Universidad de Navarra apuntan que "el fracaso escolar afecta en España al 14% de los estudiantes de Primaria y al 30% de los de Secundaria, según estadísticas del curso 2007-2008". Así, de acuerdo a los datos del informe PISA 2009, "podríamos afirmar que aproximadamente el 15% de los estudiantes de 4º curso de Primaria se encuentran en un nivel inferior en cuanto a competencias académicas", indican.
EL ÍNDICE DE ESPAÑA, POR ENCIMA DE LA MEDIA EUROPEA
Por otro lado, en comparación con otros países de nuestro entorno, las doctoras Escamilla y Gamazo señalan que "los índices de fracaso escolar en España -según los informes PISA 2003, 2006 y 2009- están por encima de la media europea de los países de la OCDE" (Organización  para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).
¿Un rendimiento académico insuficiente es la única manifestación del fracaso escolar?
- Pilar Gamazo:
Las manifestaciones objetivas del fracaso escolar son, obviamente, sus resultados académicos, sobre todo conforme está planteado el sistema actual, donde los parámetros de evaluación excluyen la actitud, el interés en clase y la participación del alumno, al ser difícilmente computables por tratarse de valoraciones subjetivas. Sin embargo, los resultados académicos no son la demostración suficiente de los conocimientos reales del niño sobre la materia. Los estudiantes con determinadas dificultades o problemas, como déficit de atención e hiperactividad, problemas de visión..., precisan de una metodología diferente en la evaluación. Se trata por tanto, de una adaptación metodológica, no curricular y no significativa. Por consiguiente, habría que reconocer que la diferencia no supone inexorablemente una discapacidad.
En cualquier caso, la detección es fácil atendiendo a los resultados académicos del niño. El libro recoge, además, una serie de signos y señales que pueden ayudar a los padres a descubrir un posible caso. Ante la mínima sospecha, un niño con dificultades ha de ser seguido y valorado.
¿Cuáles son los principales factores que favorecen el fracaso escolar?
- Inmaculada Escamilla:
El fracaso escolar debe contemplarse desde una perspectiva global. La escasa formación en valores desde el propio núcleo familiar, además del entorno social, son dos de los factores fundamentales. El aprendizaje conlleva repetición y entrenamiento, requiere siempre de un proceso arduo, que se ve compensando por un proyecto futuro esperanzador. En términos de valores, se requiere de perseverancia y fortaleza. Desde la perspectiva neurobiológica, debemos atender a la integridad de las estructuras y sistemas cerebrales de los que depende el desarrollo de estas habilidades. El sistema de recompensa (las estructuras del sistema límbico, del hipocampo y de la amígdala, importante área para las emociones y la memoria emocional), el neurotransmisor dopamina (conocido como “el de la felicidad”) y las áreas prefrontales del cerebro son el sustrato biológico, fundamental, de un correcto aprendizaje.
¿Y cuáles son los problemas médicos que inciden en su aparición?
- Inmaculada Escamilla:
Las causas médicas de fracaso escolar son múltiples: problemas endocrinológicos, neurológicos, psiquiátricos..., trastornos como depresión, ansiedad, trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y dificultades específicas del aprendizaje, entre otros, pueden estar en la base de un fracaso escolar. Si tenemos en cuenta que la prevalencia del TDAH en la población pediátrica es del 7%, podríamos decir que ésta es una de las causas médicas más frecuentes. De hecho, el 30% de las consultas en psiquiatría infantil se debe a este trastorno. También es cierto que hasta el 80% de los niños y adolescentes con este trastorno presenta al menos otro problema psiquiátrico asociado (alteraciones del humor, ansiedad y de conducta); y todos ellos pueden empeorar el pronóstico y los problemas escolares. Entre adolescentes, tenemos que tener en cuenta el consumo de sustancias o drogas, si bien es cierto que un elevado porcentaje de estos adolescente con problemas de consumo de sustancias tiene un TDAH subyacente que probablemente no se diagnóstico y trató en su inicio, y lo mismo sucede con los llamados trastornos de conducta.
Las doctoras Escamilla y Gamazo abogan por una educación personalizada y adaptada a cada uno de los entornos y circunstancias a modo de prevención. Según Escamilla: “la prevención del fracaso escolar pasa por la aceptación de que diferencia no es lo mismo que discapacidad”. La motivación y el esfuerzo positivo para inculcar en el niño una actitud favorable ante el estudio son imprescindibles pues, en muchos casos, el fracaso escolar deriva en la pérdida de confianza y la baja autoestima del alumno.
FUENTES: