TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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miércoles, 6 de marzo de 2019

LOS ALUMNOS CON DISLEXIA O TDAH TENDRÁN UNA EVAU ADAPTADA EN LA COMUNIDAD DE MADRID



Los estudiantes tendrán más tiempo para contestar el examen y un vocal les leerá las preguntas.

29 de enero de 2019. 09:11h

Un estudio de la Universidad Carlos III demuestra que la capacidad de comprensión lectora de un disléxico podría mejorar un 200 por ciento si se hicieran unas adaptaciones mínimas. Y eso es lo que se va a hacer previsiblemente este año. Educación adaptará las pruebas de la Evau o antigua selectividad a los alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo, es decir, aquellos con dislexia, dificultades específicas de aprendizaje (DEA) o que presenten trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

La idea es dar más tiempo a estos alumnos para enfrentarse a la prueba. También podrá contar con un vocal que les lea en voz alta las preguntas a las que tenga que dar respuesta en el examen, los enunciados estarán escritos con una tipografía que facilite su lectura, a doble espacio, con subrayados que eviten el salto de línea o incluso podrán disponer de un lugar específico para realizar la prueba para evitar que los ruidos distorsionen la comprensión de la pregunta. De hecho, hay un programa que introduce ya estas mejoras y que se puede descargar en una tablet.

La decisión de adoptar esta medida se ha tomado en el seno de la Comisión Organizadora de la Evaluación Final de Bachillerato para el Acceso a la Universidad en la Comunidad, donde están representadas las seis universidades madrileñas. La comisión también garantiza el anonimato en el proceso de corrección para que se realice en igualdad de condiciones con el resto de estudiantes.

«Llevamos más de un año con este asunto y el hecho de que los jóvenes con dificultades tengan más tiempo para poder realizar el examen de la EVAU es igualar ya las oportunidades y un gran avance para el sistema educativo madrileño», asegura Juan José Nieto, director general de Infantil, Primaria y Secundaria de la Comunidad de Madrid.
María Sanz- Pastor, presidenta de Madrid con la Dislexia, tiene seis hijos disléxicos y tres han pasado la EVAU, por ello sabe de primera mano el gran avance que suponen para un alumno medidas mínimas que, sin embargo, tienen una repercusión enorme en su rendimiento. «Lo que queremos es que estas mejoras se implanten ya esta convocatoria de examen porque llevamos luchando por ello durante años, pero todo está en manos de las universidades porque la Comunidad de Madrid ya ha dado vía libre a que se haga. Que se implante esta herramienta está en manos de los vicerrectores».

La medida se sumaría a todas las que se vienen realizando con el alumnado con necesidades educativas especiales, entre las que se encuentran las adaptaciones del modelo de examen a Braille, la utilización de intérprete de lengua de signos o acompañante para la lectura labial.

La detección temprana de las necesidades especiales en un alumno es muy importante para evitar su fracaso escolar. Los colegios madrileños fueron los primeros en participar en un estudio en el que se usó Dytective Test, la primera herramienta de inteligencia artificial que permitió un cribado de los estudiantes de Educación Primaria para detectar precozmente la dislexia. El estudio científico se centró, principalmente, en los estudiantes de tercero de Educación Primaria. Eso permitió concluir que en las aulas hay una prevalencia de la dislexia que se sitúa entre el 5 y el 8,4 por ciento.

En los centros se lleva a cabo ya un programa de ayuda a la dislexia para detectar, evaluar y dar pautas de ayuda de tal manera que se pueda enfocar mejor el trabajo que se realiza con los estudiantes con riesgo de dislexia durante Primaria. Según la Consejería de Educación, durante el curso 2018/19 más de cien colegios de Educación Infantil y Primaria participan en este programa del que se benefician más de 30.000 niños.

FUENTE:

martes, 20 de octubre de 2015

NI UN ALUMNO CON TDAH SIN UNA ENSEÑANZA DE CALIDAD


MANIFIESTO POR LA GARANTÍA DE IGUALDAD DE OPORTUNIDADES EN ALUMNOS CON TDAH EN TODA ESPAÑA
(VIII Semana Europea de Sensibilización sobre el TDAH)


La inclusión del TDAH en la legislación básica educativa estatal por el artículo 14, (Alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo) de la LOMCE, aprobada el 28 de noviembre de 2013, es un hito que celebramos y que hoy es posible gracias a la actitud reivindicativa de la Federación Española de Asociaciones de ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (FEAADAH) y sus asociaciones federadas de familiares de afectados por el trastorno que, tras sus peticiones reiteradas, con la inestimable colaboración de profesionales y entidades de los ámbitos educativo, sanitario y social, han logrado este avance en cuanto a igualdad de derechos de los escolares en España.
Ahora corresponde a cada comunidad autónoma asegurar en su ámbito territorial los recursos que garanticen la adecuada atención del alumnado con TDAH.
Algunas comunidades autónomas ya han incorporado a los escolares afectados por TDAH en su normativa de atención a la diversidad, o han dictado instrucciones con este objetivo.
El pasado mes de septiembre la Región de Murcia aprobó, en desarrollo de la LOMCE, los decretos que establecen los currículos de Educación Secundaria Obligatoria y de Bachillerato en esta comunidad, incluyendo medidas específicas y detalladas para la atención y evaluación los escolares con TDAH, de forma coherente con el decreto sobre el currículo de Educación Primaria aprobado en 2014.
Son ya once las comunidades autónomas que han elaborado o aprobado protocolos de actuación para el TDAH en el ámbito educativo o sanitario, ciertamente con diversos niveles de desarrollo y aplicación. Sin embargo, sigue habiendo muchos lugares de España en los que el TDAH y otros trastornos de carácter psíquico no están contemplados en los planes de estudio, lo que supone una enorme traba para alumnos que, con una simple adaptación de sus métodos de estudio, podrían lograr los mismos objetivos académicos que el resto y alcanzar el máximo desarrollo posible de sus capacidades personales.
A pesar de estos significativos avances, siguen siendo mayoría las Comunidades Autónomas que carecen de estos instrumentos que han demostrado su eficacia para afrontar las principales carencias en la atención de las necesidades de las personas afectadas por TDAH. Con la consecuencia de que el reconocimiento de las necesidades específicas educativas de los alumnos con TDAH depende en la realidad de la Comunidad Autónoma en la que se escolaricen.
La Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad hace un llamamiento a los poderes públicos y agentes políticos de todos los ámbitos territoriales, estatales, autonómicos y locales, para que realicen las actuaciones necesarias que garanticen la igualdad de las personas afectadas por TDAH en los sistemas sanitario, educativo y de servicios sociales de nuestro país. 
La calidad de vida de las personas afectadas y sus familias están en juego.

martes, 20 de noviembre de 2012

LA ESCUELA ANTE EL TDAH


"Si buscas resultados diferentes no hagas siempre lo mismo".
Albert Einstein


Es evidente que la labor de los y las docentes es cada día más difícil: más alumnos y alumnas en clase, todos diferentes y cada uno con su problemática. Es cierto que los educadores no suelen recibir la formación necesaria para poder abordar todas las dificultades de sus alumnos/as, y las tensiones originadas por la situación económica tampoco favorecen la atención a la diversidad.

Recogemos algunos de los puntos de vista de los y las profesionales de la educación ante el TDAH. 
En primer lugar, debemos alabar y agradecer la actitud de una buena parte de estos educadores y educadoras, cada vez mayor, que se implica y preocupa por sacar a nuestros hijos/as con TDAH adelante, al entender y atender sus dificultades y potenciar sus aspectos positivos. Como muestra, un grupo de trabajo de la Federación de asociaciones TDAH de Castilla-La Mancha realizó el pasado 2011/2012 un curso online sobre TDAH, (limitado a 400 plazas, aunque se recibieron más de 1000 solicitudes) a través de su Consejería de Educación, Cultura y Deportes, el cual resultó ser un éxito sin precedentes, con unos resultados muy gratificantes tanto para los docentes como para los tutores que dirigíamos el curso, que comprobamos el alto nivel de compromiso de todos ellos/as con la diversidad educativa.
Por otra parte, sin embargo, existe un gran sector que se resiste a aceptar la existencia del TDAH en el aula. Las razones alegadas para no atenderlo se recogen en frases como: “ahora, todos los niños tienen TDAH”, “el TDAH está sobrediagnosticado”, “los padres sobreprotegen y consienten el comportamiento de los niños”, “el TDAH no existe, es una invención de las farmacéuticas”, "están maleducados porque las familias no se ocupan de ellos", “en realidad, son alumnos vagos que no quieren esforzarse”, etc., etc., etc. Pero ignorar los problemas y buscar otros culpables son, al fin y al cabo, excusas para justificarse,  y no parece ser la salida más inteligente ni la más eficaz.
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es una condición o patrón de comportamiento inadaptado, de base neurobiológica, iniciado generalmente en la infancia, cuyos síntomas básicos son de carácter cognitivo-conductual, que se manifiestan visiblemente con falta de atención, hiperactividad e impulsividad, entre otras dificultades funcionales.
El TDAH es una realidad que altera el aprendizaje de los alumnos/as que lo padecen y  cada día, alarmantemente para algunos,  se incrementa el número de diagnósticos. Las estimaciones de su prevalencia varían según los métodos valorativos utilizados (entrevistas, cuestionarios, tipos de test, etc.) y del grupo de sujetos estudiados (población general o clínica, edad, sexo, características sociodemográficas, subtipos, comorbilidad, etc.).  Los porcentajes más aceptados en cuanto a prevalencia, son los recogidos por el DSM IV-TR (Manual  Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la American Psychiatric Association), de entre el 3% y el 7%, aunque estos datos son de 2001. El aumento de estos últimos años quizá se deba a que existe una mayor conciencia pública y divulgación, lo que permite el diagnóstico precoz que, a su vez, debería favorecer la atención temprana.
Es cierto también que siempre ha habido niños hiperactivos, pero no siempre las exigencias del entorno han sido tan acentuadas: largas horas sentados, atentos, escuchando explicaciones monótonas y nada estimulantes, cuando han nacido en una sociedad que trabaja constantemente con nuevas tecnologías interactivas y con numerosos estímulos audiovisuales gratificantes. Vemos con preocupación cómo nuestros hijos/as con TDAH son inatentos, no se concentran, tienen un alto grado de actividad motriz, son impulsivos y con escaso autocontrol, exigen satisfacciones inmediatas y atención continua, tienen poca tolerancia a la frustración, son poco reflexivos, muy desorganizados, sin motivación intrínseca, regulan con dificultad sus emociones, tienen dificultades a la hora de relacionarse, no manejan eficazmente el tiempo, procrastinan y tienen enormes dificultades para “ponerse en marcha”, con poca persistencia en las tareas y, sobre todo, lo que hoy en día es significativamente relevante, no son capaces de superar con éxito sus estudios. Todo esto, irremediablemente, afectará a su preparación a la hora de buscar trabajo y… “no está el horno para bollos”… Además, estos síntomas, que en muchos casos vienen acompañados de otros trastornos (comorbilidad), tienen amplias y graves repercusiones en su vida cotidiana, empezando por el marcado deterioro de su autoestima.
En realidad, los estudios especializados confirman que el TDAH está infradiagnosticado, si bien es cierto que no en todos los casos los síntomas detectados responden a un TDAH, pero sí que pueden responder a otras patologías. Por eso, es necesario realizar diagnósticos concienzudos y exhaustivos, para poder aplicar los tratamientos adecuados. Desde el ámbito familiar, la mayoría de los padres y madres de estudiantes con TDAH, nos informamos y aprendemos a manejar este trastorno, llegando casi a “profesionalizarnos”. En muchas ocasiones, somos más severos con la educación de sus hijos con el trastorno que con nuestros otros hijos sin TDAH. Aunque no existe un marcador biológico que determine sin lugar a duda si un paciente sufre o no de TDAH, los modernos estudios de neuroimagen y los avances en la genética ponen de manifiesto su carácter neurobiológico, lo que nos da a entender que algo pasa en el cerebro de las personas afectadas.
Hacemos hincapié  en que ignorar desde la enseñanza este trastorno suena a excusa para no atenderlos adecuadamente, bien porque puede considerarse que se está “haciendo un favor” justamente a esos alumnos más problemáticos y más atrasados, descarados y que no quieren esforzarse,  bien porque se considere que los docentes tendrían que invertir un mayor tiempo y esfuerzo en  la atención a estos alumnos/as. De esta manera, la atención que reciben nuestros hijos parece quedar, en algunos casos, a merced de la “buena voluntad del profesor/a”. En otras palabras, parece que es “cuestión de suerte”…
Recibir la adecuada respuesta educativa para el TDAH no es un privilegio, es un derecho y una necesidad.
En Derecho existe una máxima jurídica: “Ignorantia juris non excusat” (o también “Ignorantia legis neminem excusat”), que viene a decir que alegar el desconocimiento de la norma no es excusa para su obligatoriedad y cumplimiento.
Así, la LOE (Ley Orgánica de Educación 2/2006, de 3 de mayo), en su art. 73 nos dice que “se entiende por alumnado que presenta necesidades educativas especiales, aquel que requiera, por un periodo de su escolarización o a lo largo de toda ella, determinados apoyos y atenciones educativas específicas derivadas de discapacidad o trastornos graves de conducta”.
Y el TDAH es un Trastorno Grave de Conducta, pero no porque todo niño con TDAH tenga necesariamente que portarse mal para tener TDAH y para ser considerado como alumno con necesidades educativas, sino porque el TDAH aparece clasificado así por definición en los manuales médicos de clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento:

En el DSM IV-TR (Manual  Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la American Psychiatric Association: APA), se incluye como uno de los Trastornos de Comportamiento Perturbador, junto al Trastorno Disocial y al Trastorno Negativista Desafiante.
En la CIE 10 (la Clasificación Internacional de los trastornos mentales, publicada por la OMS en 1992) clasifica el TDAH bajo la denominación de Trastorno Hipercinético, dentro de los “Trastornos del Comportamiento”.
De esta manera, considerar que sólo tiene necesidades de educativas aquel alumno/a que tenga un comportamiento incómodamente disruptivo se debe a una interpretación errónea del concepto de “trastorno  grave de conducta” porque el TDAH, sea del subtipo que sea, se clasifica dentro de los trastornos de conducta, junto al disocial y al negativista desafiante.
Así pues, la LOE, en el art. 71 manifiesta que corresponde a las Administraciones educativas asegurar los recursos necesarios para que los alumnos/as que necesitan una atención educativa diferente a la ordinaria por presentar necesidades educativas especiales alcancen el máximo desarrollo personal, intelectual, social y emocional, así como los objetivos educativos.
Igualmente, las Administraciones educativas deben regular y asegurar la participación de los padres en las decisiones que afecten a los procesos educativos de este alumnado, y adoptar las medidas oportunas para que los padres de estos alumnos reciban el adecuado asesoramiento individualizado, así como la información necesaria que les ayude en la educación de sus hijos. El tratamiento del TDAH es multidisciplinar, en el que deben colaborar fluidamente familias y profesionales, tanto educativos como médicos para conseguir un  tratamiento y pronóstico favorables.
Según el art. 72 de la LOE (Ley Orgánica de Educación 2/2006), los recursos para atender al alumnado con necesidad específica de apoyo educativo se concretan en:

  • Profesores y profesionales cualificados para la adecuada atención a ese alumnado (objetivo en detrimento por los recortes en Educación).
  • Una adecuada organización escolar, realizando las adaptaciones y diversificaciones curriculares o metodológicas precisas para cada alumno particular.
  • La formación del profesorado para saber afrontar el tratamiento del TDAH en el aula 
  • La colaboración con otras Administraciones o entidades públicas o privadas sin ánimo de lucro, instituciones o asociaciones, para facilitar la escolarización y una mejor incorporación de este alumnado al centro educativo. En este aspecto, las asociaciones de padres, madres y demás familiares de afectados/as por el TDAH estamos llevando a cabo numerosas acciones y celebrando encuentros con las Administraciones para facilitar el cumplimiento de la LOE en materia de atención a la diversidad y para que se reconozca de manera explícita la atención educativa requerida.
Pero no es solo la legislación española la que reconoce este derecho a la Educación Inclusiva: en la Declaración de Salamanca, organizada por el Gobierno español en cooperación con la UNESCO, los delegados de la Conferencia Mundial sobre Necesidades Educativas Especiales, en representación de 92 gobiernos y 25 organizaciones internacionales, reunidos en Salamanca en 1994 reconocieron la Educación para Todos y la enseñanza para todos los niños/as, jóvenes y adultos con necesidades educativas especiales dentro del sistema común de educación, en la que “cada niño tiene características, intereses, capacidades y necesidades de aprendizaje que le son propios y los sistemas educativos deben ser diseñados y los programas aplicados de modo que tengan en cuenta toda la gama de esas diferentes características y necesidades” (UNESCO 1994, p.8).
Resaltamos que la educación inclusiva no sólo se limita a la educación obligatoria. El Plan de inclusión del alumnado con necesidades educativas (2011) del Ministerio de Educación y los decretos de Atención a la Diversidad de las diferentes comunidades autonómicas españolas, recogen el derecho a recibir  una educación adaptada a las diferencias individuales a lo largo de todas las etapas educativas, incluyendo los estudios postobligatorios: Formación Profesional de Grado Medio, Superior, Bachillerato, estudios universitarios y estudios en centros de educación de personas adultas. El TDAH es un trastorno crónico (aunque no se manifiesta igual en las diferentes etapas de la vida), que no se cura ni en la adolescencia ni en la edad adulta y que, en el mejor de los casos, remite parcialmente.

Así, poco a poco, las Administraciones van reconociendo de manera expresa el TDAH. Aunque poco conocida, existe una página web (estupenda) del Ministerio de Educación, del 2006, que recoge el TDAH dentro del apartado de Atención a la Diversidad, Educación Especial:
Muchas comunidades autonómicas están poniendo en marcha protocolos de actuación, acompañados de decretos y otras normativas que respaldan legalmente a estos  alumnos/as. De hecho, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte reconoce al TDAH claramente por su nombre en el ámbito de aplicación de las ayudas para alumnado con necesidad específica de apoyo educativo.
Con mucha frecuencia, escuchamos que el alumnado con TDAH no tiene necesidades educativas, que simplemente son vagos y maleducados. Las adaptaciones que generalmente requieren los y las estudiantes con TDAH, si no existen otros trastornos asociados, suelen ser metodológicas, no curriculares. En muchos casos, a estos alumnos/as no se les aplican estas adaptaciones hasta que no alcanzan retraso curricular de dos años. Esto es condenar al alumno/a, que en la edad adulta se quedará fuera del ámbito laboral, ya que, tras dos años de desfase, difícilmente podrá remontar el aprendizaje, dadas las dificultades cognitivas y el retraso madurativo característicos del TDAH.
Las estadísticas confirman que en cada aula pueden existir uno o dos casos. Sin entrar en otro de los "pretextos" que  alegan que el TDAH está sobrediagnosticado, está claro que son niños/as con dificultades de comportamiento y/o para aprender al ritmo adecuado. No nos quedemos con los clichés. Tengan o no TDAH, viendo el fracaso escolar que existe en nuestro país, la realidad es que encontramos estudiantes que no pueden seguir la enseñanza uniforme, que exige “alumnos iguales” que aprendan de la misma manera y al mismo ritmo. Esto no parece ser una enseñanza igualitaria. Cada persona es única, con sus dificultades y características, y no todos aprenden de la misma manera. Tener que contar con un decreto o con una ley educativa que nos obligue a atender al alumnado con dificultades escolares parece sorprendente en el S. XXI. Como dice Harry T. Chasty (Asesor en Capacidades y Trastornos del Aprendizaje del Instituto británico de la Dislexia) en su libro “Children Dificulties in Reading, Spelling and Writing”: “si este niño no aprende de la manera en que le enseñamos, ¿podemos enseñarle como él aprende (…)?" (Chasty, 1997, 269).
Una de las características más importantes de la metodología recomendada para el TDAH en la escuela es que sirve para todo tipo de alumnado y consiste en sencillas pautas que no requieren desembolsos económicos: sólo requieren un cambio de actitud. Los castigos y las reprimendas no funcionan con este alumnado. Su "mala" conducta no es intencionada, sino que está causada por una impulsividad "neurobiológica" y sus malas notas se deben a unas dificultades cognitivas que no favorecen el aprendizaje. Los niños, niñas y adolescentes con TDAH no son un problema, tienen un problema: que la enseñanza no se adapta a sus dificultades. 
Para ellos/as no hay nada más terapéutico que el éxito escolar.
¡Atendamos a la diversidad en el aula! ¡Aceptemos la diferencia! No es un favor, es un derecho del alumnado con necesidad de apoyo educativo. Infórmate sobre cómo ayudarlos.
Por Gloria López

jueves, 16 de junio de 2011

TDAH: EL RETO EDUCATIVO

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad presenta consecuencias especialmente negativas, tanto para aquellas personas que lo padecen como para sus familiares, afectando principalmente al rendimiento académico en la época escolar del niño, a su desarrollo social y emocional, a las relaciones familiares y, en muchas ocasiones, dándose sintomatología depresiva y baja autoestima, entre otros. A diferencia de la creencia común, el TDAH no sólo afecta a niños y adolescentes sino que, a largo plazo, si no se trata correctamente, sus consecuencias se mantienen en la edad adulta.
En la actualidad, no se dispone todavía de técnicas analíticas y/o de imágenes objetivas que nos permitan diagnosticar este trastorno, por lo que el abordaje diagnóstico es principalmente clínico, apoyándose en la evaluación del comportamiento según diversas escalas.
El 80% de los niños con este trastorno continúan padeciéndolo en la adolescencia. Los adolescentes con TDAH tienen más dificultades para autocontrolarse, no piensan las consecuencias de sus acciones, no aprenden de sus errores, viven el presente, etc., (en comparación con los adolescentes sin TDAH); por todo esto, existen más probabilidad de que cometan conductas de riesgo (consumo de sustancias, tabaco, drogas, alcohol… relaciones sexuales más tempranas, dificultades de tráfico, etc.).
Entre un 30% - 65% sigue padeciendo este problema en la edad adulta. En este caso, el TDAH, aunque con manifestaciones diferentes a las expresadas por niños y adolescentes, continúa con una sensación interna de inquietud, poca planificación y organización, poca memoria, malestar emocional, frustración, enfados, mal carácter, rendimiento ocupacional y trabajo laboral por debajo de sus capacidades, más dificultades en sus relaciones de pareja, problemas de conducta, comportamientos antisociales, y trastornos psiquiátricos asociados.
Según diversas fuentes, sólo el 25% de los TDAH se abordan de forma correcta y eficaz. El resto es diagnosticado inadecuadamente por diversas razones: errores en las evaluaciones, infradiagnósticos, la inadecuada derivación de los pacientes y por la ausencia de un trabajo realmente interdisciplinar entre los profesionales implicados en el diagnóstico y evaluación de este trastorno.
Por todos los motivos expuestos, se hace necesario contar con un diagnóstico precoz, que permita maximizar los recursos disponibles para atender a estas personas y diseñar tratamientos individuales eficientes para cada persona y su familia.
El tratamiento para el TDAH supone una intervención interdisciplinar, en la que deben intervenir médicos, psicólogos, profesores y padres. Los elementos centrales de la terapia son: el tratamiento farmacológico, la intervención psicológica con técnicas cognitivo conductuales, el refuerzo en los aprendizajes escolares y el asesoramiento y entrenamiento de la familia.
¿QUÉ CONDICIONANTES PRESENTA LA INTERVENCIÓN PSICOEDUCATIVA CON ALUMNADO CON TDAH? DE LA UTOPÍA A LA REALIDAD
Sin duda el TDAH es uno de los muchos temas que preocupan en el mundo educativo. Sin embargo, el TDAH no deja de ser una más de las muchas demandas de intervención que tienen los profesionales de la educación (profesores, orientadores, etc.), no siendo una demanda nueva pues, desde los orígenes de la escuela, han existido los alumnos con este perfil, aunque, eso sí, sin tipificar o diagnosticar, al menos, como en la actualidad.
Generalmente, los teóricos de estos temas, casi siempre, hablan de lo mismo una vez tras otra: se centran en la conceptualización, en el diagnóstico, en el uso de tales o cuales técnicas, pero lo realmente preocupante desde nuestra perspectiva es lo siguiente: ¿Se dan, en el ámbito educativo, las condiciones para una intervención realista con este alumnado? Por otra parte, está bastante claro lo que se tiene que hacer pero, no siempre trasciende lo que se suele hacer y lo que se puede hacer, (cuestiones que abordaremos en el presente artículo).
Considerados los niños con TDAH como alumnos con necesidades educativas, o mejor dicho, alumnado con necesidad específica de apoyo educativo, cabe preguntarse: ¿se les atiende de forma diferenciada de los demás alumnos y, sobre todo, con respecto a los demás alumnos con necesidades educativas especiales? Los niños con TDAH, ¿son algo nuevo o siempre han existido en la escuela?
Por lo general, se admite que el TDAH es el término que se utiliza en la actualidad para describir una situación temporal, aunque habitualmente crónica, de inadaptación o desajuste al medio social, (a causa de la interacción de una característica congénita, denominada déficit de atención sostenida e hiperactividad), con los sistemas de valores, actitudes y hábitos de comportamiento de los restantes miembros de la familia, escuela o sociedad en general. El TDAH es un trastorno que se inicia en la infancia y se caracteriza por dificultades para mantener la atención, hiperactividad o exceso de movimiento e impulsividad o dificultades en el control de los impulsos.
Las características principales del alumnado con TDAH son:
  • Déficit de atención.
  • Hiperactividad-hiperkinesia, con frecuencia muestran impulsividad.
  • Retrasos en habilidades cognitivas.
  • Deficiencia en el control de las emociones.
  • Torpeza motriz (en motricidad fina).
  • Dificultades de memorización.
  • Variabilidad o inconsistencia temporal.
  • Problemas de rendimiento académico.
  • Problemas de adaptación social.
  • Déficits de autoconcepto, autoestima y asertividad.
  • Problemas emocionales (suelen mostrar indicadores de ansiedad y estrés).
Podríamos decir que esta sintomatología suele aparecer desde el inicio de su escolaridad, con cambios atencionales frecuentes y excesiva actividad motora, continuando estos indicadores de forma evolutiva, teniendo una consistencia temporal a lo largo de su escolaridad, sobre todo, si no se ha hecho una intervención específica. Aunque también hay que tener en cuenta que estas manifestaciones conductuales se atenúan con la edad, especialmente a partir de la adolescencia. 
En la mayoría de los manuales, monografías y estudios publicados sobre el tema, existe bastante coincidencia en lo que se tiene que hacer en el ámbito educativo pero, rara vez se consideran o se tienen en cuenta, el contexto en el que se realiza la labor docente y que, sin duda, mediatiza la intervención, ya que una cosa es la teoría y otra muy distinta las circunstancias en las que se desarrolla la práctica educativa cotidiana.
En general, los estudios experimentales o de investigación en este campo adolecen de las posibilidades de generalización de ese modelo de intervención, ya que se hacen en un contexto que podríamos denominar de laboratorio, donde todas las partes (profesores, padres, alumnos,...) están dispuestos a implicarse y se dan las circunstancias para desarrollar esa actividad, más bien como un estudio o trabajo piloto "controlado".
Centrándonos en la intervención desde el ámbito educativo, procedería conocer cómo se organiza la atención a la diversidad desde la acción tutorial. Tras la constatación de necesidades educativas y toma de decisión, es el tutor y el equipo de profesores del grupo en cuestión, los que deben adoptar medidas de carácter ordinario (que afectan fundamentalmente a los principios pedagógicos, metodológicos y de organización). Si las medidas ordinarias propuestas y llevadas a cabo surten un efecto positivo, si las hipótesis planteadas eran correctas y las dificultades pueden darse por controladas, entonces pueden seguir el mismo proceso de enseñanza-aprendizaje que el resto de sus compañeros, con la adaptación de las estrategias metodológicas necesarias. Pero, si por el contrario, no se ha conseguido el éxito, se debe entrar en la fase de determinación de posibles necesidades educativas especiales y la adopción de medidas extraordinarias, en la que el protagonismo se comparte con el orientador, que es el responsable de la evaluación psicopedagógica que llevará o no a la constatación de tales necesidades, con la consiguiente obligación de que sea adaptado el currículo de manera significativa.
A partir de este momento, entraría en juego la actuación del servicio de orientación; pero, teniendo en cuenta que, cuando se trata de alumnos con necesidades especiales, se tiende a confundir el carácter de algunas de ellas. Son varias las instituciones que inciden, por lo general, en la intervención de esta temática y, sobre todo, en los de menor edad, realizando a veces tareas muy parecidas, pero con finalidades diferentes y complementarias. Así, por ejemplo, puede darse la paradoja de que las instituciones sanitarias, educativas y sociales podrían atender a la vez al mismo alumno en sus respectivos servicios sin que, por lo menos en teoría, se solapasen las actuaciones ni mucho menos se coordinen.
El orientador escolar, (cuyo perfil profesional, recordemos, puede ser el de psicólogo, pedagogo o psicopedagogo), ni tiene, ni debe ni puede ejercer como psicólogo clínico, neurólogo o pediatra. Debe limitarse a realizar su función, de concluir sus evaluaciones con la determinación de necesidades educativas que, de ser especiales, supondrán la propuesta de medidas también especiales.
Enfoques para la intervención
En los últimos tiempos esta problemática se ha venido abordando desde diferentes enfoques de intervención, con diferentes tratamientos centrados, sobre todo, en disminuir la sintomatología.
Los enfoques predominantes han sido:
  • El enfoque médico
  • El enfoque psicoeducativo o psicopedagógico
  • El enfoque "combinado", "interaccionista" o ecléctico.
Consideramos que el TDAH debe recibir, tanto dentro como fuera del aula, lo que conllevaría un enfoque multidisciplinar con intervenciones desde:
  • La perspectiva médica (con la prescripción farmacológica, si así lo precisase),
  • La perspectiva psicológica (con utilización de técnicas de manejo de conducta, de autocontrol y de habilidades de comunicación y de interacción, etc.)
  • La perspectiva psicopedagógica, para minimizar los retrasos en sus aprendizajes y potenciar la adquisición de competencias académicas en el ritmo de lo esperable para cualquier otro alumno de su edad y nivel.
Pero, aquí surge el gran dilema: ¿Cómo se coordina esto?, ¿quién es el responsable de esa coordinación?, ¿con qué recursos contamos?, ¿se puede considerar que existe una adecuada coordinación entre servicios? Creemos que esta es la clave de la cuestión pues, desde el ámbito educativo, no cabe hacer terapia y la coordinación con los servicios externos de tratamiento está muy lejos de ser eficaz.
Creemos que aquí está parte de la solución al problema. Si consideramos que lo lógico sería un modelo combinado, esto requiere una coordinación entre servicios externos (unidades de Salud Mental de Sanidad, Servicios sociales de Bienestar Social, incluso IMSERSO (téngase en cuenta que, en cada Comunidad Autónoma, estos servicios tienen una denominación y una configuración que se pueden organizar y denominar de forma diferente) y servicios internos, propios del sistema educativo (que, a su vez, en cada Comunidad Autónoma, funcionan y están configurados de forma diferente). Igualmente, cabría considerar cuál sería la coordinación con los gabinetes o centros privados de tratamiento.
Si nos circunscribimos al ámbito de los profesores, podemos afirmar de forma rotunda que en sus planes de formación inicial no reciben una formación básica para abordar al alumnado con una problemática diferenciada del alumnado generalista. Si nos circunscribimos al ámbito de la orientación, las perspectivas no son mucho mejores, ya que la formación inicial tampoco les da herramientas para este abordaje, circunstancia que, además, se ve agravada desde dos puntos de vista: el legal (ya que los servicios de orientación no pueden hacer abordaje terapéutico, quedando reglamentado legalmente para el ámbito sanitario –unidades de salud mental-) y otro formativo, (ya que el perfil formativo del orientador puede ser el de psicólogo, pedagogo o psicopedagogo, condicionando su formación inicial la perspectiva de abordaje de estos casos).
Desde la perspectiva de la intervención psicológica, habría que considerar los siguientes elementos:
  • Asesorar, y "formar-guiar" apoyando a los padres y profesores durante el proceso.
  • Diseñar planes de acción específicos para cada alumno.
  • Supervisar y/o aplicar el programa específico de entrenamiento.
  • Mantener contacto y colaboración con el resto de profesionales implicados.
Como ya se ha dicho, consideramos que el objetivo de un programa de intervención requiere los siguientes componentes: formación de docentes, formación de padres e intervención directa con el alumnado.
Desde el punto de vista de la intervención, consideramos que hay que abordar:
  • El ámbito comportamental
  • El ámbito de los aprendizajes,
  • El ámbito emocional y
  • El social.
Discusión, propuestas y conclusiones
Los estudios publicados sobre el tema, en los que se trata de evidenciar la eficacia del tratamiento para los alumnos con TDAH, son estudios que podríamos denominar de "laboratorio", donde las circunstancias y el contexto están controlados, dándose los medios para su desarrollo. Cabe preguntarse por lo tanto, lo siguiente: ¿Se puede generalizar esta forma de actuar al contexto educativo genera, o actual?; En un centro en que existan uno, dos o tres casos de alumnos con TDAH, ¿se puede poner en marcha este tipo de estrategias de intervención? En caso afirmativo, ¿con qué recursos, con qué profesionales se puede contar, con qué costos, en qué tiempos, etc.?
Además, es necesario valorar si son extrapolables los resultados de estos programas al contexto educativo actual en nuestro país. Francamente, nuestra experiencia nos dice que no, y al mismo tiempo observamos que los servicios de las diferentes unidades de tratamiento son insuficientes y están saturados de múltiples y diversas demandas, sin que exista la especialización que la temática de TDAH requiere.
Finalmente, aunque los programas multicomponentes suelen conllevar mejoras significativas en el funcionamiento individual (autoestima, autoconfianza), así como en la relación con los padres, en la competencia social (habilidades sociales, relaciones interpersonales) y en el funcionamiento escolar (habilidades y hábitos de estudio, actitud hacia los profesores), cabe cuestionarse si estos programas se pueden llevar a cabo en cualquier centro educativo.
Creemos que no, partiendo de la actual formación del profesorado, junto a la organización y prioridades de los centros educativos. No se puede exigir a los profesores de apoyo que sean la solución a todos los problemas de los alumnos con dificultades o necesidades pues, por su formación y por la problemática de cada centro, su intervención está mediatizada; ni tampoco a los orientadores, ya que no pueden hacer "terapias" a tenor de la normativa vigente. En muchos casos, para un adecuado abordaje del TDAH en la escuela, sería necesaria la ayuda de profesionales externos, con el objetivo de llevar a cabo una actuación combinada, para lo cual se requiere la coordinación o cumplimentación real entre ayudas externas e internas.
FUENTES:
El estudio original en el que se basa la 2ª parte del artículo, puede encontrarse en la revista Psicología Educativa:
Galve Manzano, J.L. (2009) La intervención Psicoeducativa en el Aula con TDAH. Psicología Educativa, 15 (2), 87-106.
José Luis Galve Manzano. Doctor en Psicología. Catedrático de Psicología y Pedagogía de Enseñanza Secundaria. Maestro. Coordinador de CIDEAS: Colectivo para la Investigación y Desarrollos Educativos Aplicados. Ha sido Orientador del IES A. Buero Vallejo de Guadalajara y Profesor docente e investigador del Departamento de Didáctica de la Escuela Universitaria de Magisterio de la Universidad de Alcalá de Henares –UAH- de Madrid