TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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martes, 15 de mayo de 2018

LA EPIDEMIA DE LAS DISTRACCIONES DIGITALES



El impacto de la tecnología en la vida cotidiana
Las prisas y la multiplicación de las distracciones digitales erosionan la capacidad de trabajo de adultos y niños

MAYTE RIUS, Barcelona
06/05/2018 00:50 | Actualizado a 06/05/2018 07:53

Quizá le resulten cotidianas estas situaciones: ir conduciendo en un trayecto rutinario por autopista y, de repente, preguntarse si ya ha pasado el peaje; golpearse con alguien por la calle porque uno de los dos –o los dos– caminaba mirando el móvil; estar explicando algo a una persona y que hacia el final del relato le diga “¿Cómo? ¿Qué decías?”; iniciar una lectura con alguno de los pequeños de la familia y que a los diez minutos diga que ya está cansado. ¿Qué le pasa a nuestra capacidad de atención?

Psicólogos, educadores y expertos en productividad hablan de un fenómeno que denominan síndrome de atención parcial continuada –que nada tiene que ver con un trastorno neurobiológico como el TDAH–, y que consiste en prestar atención simultánea a diferentes focos de información pero a un nivel superficial. Y también relatan una creciente dificultad –más acusada entre niños y jóvenes–, para mantener la atención en actividades cotidianas que requieren esfuerzo y no dan placer.

Mensajes y alertas interrumpen, fuerzan la multitarea y aumentan el estrés

“La lacra de la falta de atención es algo que ha ido de menos a más, que se está expandiendo de manera increíble y que afecta a prácticamente cualquier ámbito de la vida”, afirma Berto Pena, formador de productividad personal.

A la misma conclusión ha llegado el psicólogo Luis López González, director del máster en Relajación, Meditación y Mindfulness de la Universidad de Barcelona, que preocupado por esta epidemia de distracciones y por sus consecuencias acaba de publicar el libro Educar la atención (Plataforma Editorial).

Porque el impacto de esta creciente falta de atención no es baladí. Las distracciones son ya la principal causa de accidentes en la ciudad de Barcelona, y la dirección general de Tráfico asegura que estuvo detrás del 25% los accidentes y el 31% de los fallecidos en las carreteras españolas en 2016. Y la inatención también se sitúa como principal causa de fracaso escolar y se asocia al 45% de los accidentes laborales.

Más accidentes, peor calidad de trabajo y de estudio, pérdidas de tiempo y de dinero

López vincula esta mayor falta de atención al hecho de que vivimos en la sociedad de las prisas y de la multitarea, “los dos grandes enemigos de la atención”. Pena, por su parte, explica que la atención se ve afectada por las distracciones –“que son culpa de uno mismo porque las permite”–, y las interrupciones, provocadas por los demás. Y considera que el ­problema es que la tecnología ha multiplicado las distracciones que nos acechan. “Hace unos años las distracciones tenían que ver sobre todo con preocupaciones, eran mentales y poco controlables; ­pero ahora nos distraen las noti­ficaciones, las alertas, los men­sajes, las llamadas, las apps...; porque hemos absorbido la tecno­logía sin hábitos, la llevamos siempre encima y, entonces, esas distracciones toman el control” de nuestra atención y de nuestro tiempo, comenta.

Remarca que no es sólo un problema de niños y adolescentes, sino que afecta a todas las generaciones. “La gente se queja de que no le llega el tiempo para hacer su trabajo y no piensa que es porque se distrae mucho; además se hace un trabajo (o estudio) de peor calidad porque la capacidad de enfoque, de mantenerse centrado en una sola actividad de forma continuada es muy limitada, enseguida se salta a otra cosa, y cognitivamente no puedes hacer dos tareas de cierta complejidad a la vez”, justifica Pena.

Porque aunque algunas personas se niegan a admitirlo, la neurociencia deja claro que la multitarea es un mito. “La atención consciente es un procesador lineal: puedes atender una cosa y luego otra, pero conscientemente no puedes atender varias cosas a la vez; puedes ir alternando de una a otra por minutos, segundos o milisegundos, pero esa diversificación de la atención conlleva complejidad mental y aumenta la probabilidad de accidentes, de estrés y de fallos en tu trabajo”, relata Ignacio Morgado, director del Instituto de Neurociencias de la UAB.

Precisa que la capacidad de “multiatención”, de atender a una cosa y luego a otra, depende de cada persona, de lo entrenado que tenga el cerebro para hacerlo. “El cerebro es muy plástico y si lo fuerzas a que tu atención vaya en una determinada dirección crea conexiones entre neuronas para ello, y luego, cuando vuelves a hacer esa actividad el pensamiento recupera esos caminos neuronales creados por el aprendizaje y la experiencia”, indica.

López indica que ese cambio constantemente del foco de atención acaba saturando la capacidad de estar atentos y provoca estrés, que es otro de los desencadenantes de la desatención y de las distracciones que tantas pérdidas ocasionan a las empresas y a las personas. “Las prisas, y la productividad entendida como estar en varias cosas a la vez, provocan pensamientos de rumiación, hacen que tu cabeza de vueltas a las cosas como una lavadora, y eso resta efectividad y afectividad, impide tanto estar atento como ser atento”, afirma.

Desde planteamientos profesionales distintos, los expertos consultados coinciden en que basta cambiar algunos hábitos, re­ducir las distracciones y el estrés, para mejorar la capacidad de ­atención. Aseguran que la medi­tación, el mindfulness y las técnicas de concentración también ayudan a ejercitarla, como si fuera un músculo.

No obstante, reconocen que el actual bombardeo de distracciones digitales es tal que resistirse a ellas exige ser muy disciplinado. “Antes en el móvil sólo nos entraban llamadas y sms, pero ahora constantemente tenemos notificaciones, alertas, watsaps y aplicaciones que nos atraen porque son divertidas, porque nos sacan de la rutina de lo que estamos haciendo, porque nos ponen en contacto con los demás, que es algo que a todos nos gusta y nos entretiene, así que si cuando te sientas a comer o a trabajar dejas el móvil sobre la mesa es una clara invitación a ‘me voy a distraer’”, describe Berto Pena. Y añade que esas distracciones, que son reiteradas, implican que actividades que deberían realizarse en media hora acaben alargándose 35 o 40 minutos y al final de la jornada se acreciente la impresión de falta de tiempo y de estrés.

FUENTE:

lunes, 6 de febrero de 2012

NIÑOS HIPERACTIVOS, NIÑOS INCOMPRENDIDOS

EL DÉFICIT DE ATENCIÓN ES LA PRINCIPAL CAUSA DEL FRACASO ESCOLAR
06 FEB 2012 | E. C.
Parecen desobedientes, desorganizados, olvidadizos, nerviosos, distraídos y poco dados a escuchar, pero son sólo víctimas de una enfermedad crónica: el TDAH.
Cuando mi hijo comenzó el curso, lo primero que hice fue informar a la profesora de su hiperactividad. Ella se sorprendió y me dijo: ‘¿Hiperactivo? ¡Si casi no se mueve!’”. Pepa Ayuso es madre de un niño con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) de 16 años. Como tantos otros padres en su misma situación, tiene que enfrentarse diariamente al desconocimiento que rodea a este trastorno.
Para desmontar los mitos, aclararemos que estos chicos no tienen por qué ser nerviosos y que se trata de una enfermedad crónica, es decir, no desparece con el paso de los años. “Depende del tipo de TDAH” -asegura Daniel Costo, psicopedagogo jefe del departamento de Orientación del Colegio Retamar (Madrid)-, “los que tienen predominancia de inatención pueden estar muy tranquilos, ya que no suelen tener afectación de control motórico ni de control de impulsos. La hiperactividad es el trastorno del comportamiento más común en la edad escolar. Es neurobiológico y se caracteriza por tres síntomas claves: déficit de atención, impulsividad e hiperactividad generalizada”.
Para ilustrarlo, Fulgencio Madrid, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Afectados de TDAH de España y padre de hiperactivo, lo asemeja al funcionamiento de un ordenador: “Cuando el niño hace una tarea es como si abriera un programa. De pronto aparece un estímulo. En ese momento se cierra el programa y se abre otro: el del estímulo, porque su cerebro no puede mantener dos programas al mismo tiempo. Cuando termina con el estímulo, ya no sabe a dónde volver. Si le reñimos, no comprende por qué lo estamos haciendo, ya que no recuerda qué es lo que tenía que hacer. Al final, está recibiendo la información de que él no vale porque hace las cosas mal. Por eso, no hay que regañarle con un ‘ya te lo he dicho cien veces”.
Tres tipos de hiperactivos
Dentro del TDAH, Daniel Costo diferencia tres subtipos: “El inatento, donde predominan síntomas de inatención; el hiperactivo-impulsivo, en el que imperan síntomas como dificultades para el control de los impulsos o en la coordinación de movimientos, necesidad de satisfacciones inmediatas, etc. Y por último, el combinado, que presenta síntomas tanto de inatención como de impulsividad-hiperactividad”.
“La causa del TDAH” -explica el psicopedagogo- “es un mal funcionamiento de una parte del cerebro, el lóbulo frontal, el encargado de regular las funciones ejecutivas. Éstas son cuatro: la planificación, por la que podemos planeamos acciones futuras basadas en la experiencia; la regulación del lenguaje interno: ser capaz de hablarse a sí mismo regulando la conducta por normas; la regulación de las emociones; y la capacidad de análisis y síntesis”.
Carmen Engerman es madre de un joven TDAH de 17 años y esposa de un TDAH adulto. Además, es presidenta de la Asociación de Padres de Niños y Jóvenes con TDAH. Como buena conocedora del tema, comenzó a sospechar muy pronto de su hijo: “Era un niño muy inquieto, no terminaba ninguna tarea, hablaba mucho y, en ocasiones, parecía que no oía o no entendía lo que le pedíamos”. Para otros padres, llegar a esta conclusión no fue tarea fácil. Fulgencio vio que algo no iba bien cuando comparó al niño con otros de su misma edad: “Vimos que el nivel de inatención iba un poco más allá del de otros chavales”.
 “Los padres son los mejores conocedores de sus hijos. Por lo tanto” – aconseja Daniel Costo- “si sospechan que el niño tiene problemas de conducta, deben hablar con los maestros que están con él para determinar si esos comportamientos son exclusivos del ambiente familiar o se reproducen en los demás ambientes”, teniendo en cuenta que, para que exista este trastorno “deben estar presentes los síntomas típicos, con una intensidad incoherente con el nivel de desarrollo, durante seis meses y en los distintos ámbitos del niño”.
Señala que para establecer una evaluación correcta “habrá que realizar una valoración psicológica, psicopedagógica y médica. El pediatra, neurólogo, psicopedagogo y psicólogo clínico son algunos de los profesionales que nos pueden ayudar a delimitar si existe un trastorno o no”. Además, es fundamental que los diferentes equipos y los padres trabajen en equipo: “A mi hijo lo diagnosticaron con seis años” –relata Ayuso-. “Por un lado, el neurólogo le puso la medicación; por el otro, acudía una vez a la semana al psicólogo. Es tan importante el uno como el otro”.
En España, la media de tiempo que pasa desde que la familia es consciente de que hay un problema hasta que se consigue un dictamen es de dos años. “Cuando aparece el diagnóstico, al menos, sabemos lo que pasa”, apunta Fulgencio Madrid. “Es un gran alivio llegar a una conclusión”, asevera Engerman. Sin embargo, acusa que, quizá por desconocimiento, algunas familias no terminan de creer que el niño tiene un trastorno hereditario y crónico y que le causará problemas si no es tratado de forma adecuada.
Como especialista que ha tenido que diagnosticar este trastorno en numerosas ocasiones, Daniel Costo conoce muy bien las reacciones de los padres: “Cuando les informas por primera vez de que su hijo tiene TDAH, por un lado se preocupan por todos los mecanismos de actuación que deben poner en funcionamiento para que mejore. Y si deben medicarle, les preocupan los posibles efectos de la medicación. Por otro lado se sienten aliviados al darle nombre y cuerpo a aquello que le pasa a su hijo y que no sabían cómo tratar”. Este trastorno” -añade- “aparece a edades muy tempranas, desde que es un bebé. Y ocurre aproximadamente a un 5% de la población escolar. Los subtipos impulsivos- hiperactivos en etapas tempranas son más fáciles de identificar que los subtipos inatentos”.
Caracter hereditario
Pero ¿cuál es el origen? Daniel Costo revela que “tiene un cierto carácter hereditario, además, determinadas variables educativas que rodean el ambiente del niño pueden agravarlo o no”. Es una enfermedad que dura toda la vida, aunque “existe un porcentaje de individuos, el 50% más o menos, a los que al pasar la adolescencia les remite. Esto es porque “los adultos con TDAH tienen otras herramientas de control que un niño no tiene y sobrellevan mejor la enfermedad. Aun así, muchos, deberán seguir medicados”. Vivir con un niño TDAH no es fácil porque, además de todos los problemas que conlleva la propia enfermedad, se trata de una discapacidad invisible. “Desde fuera -dice Fulgencio Madrid lo que se ve es a un niño al que le dejan levantarse de la mesa, por ejemplo o a unos padres muy permisivos con algunas cosas. A veces, la gente lo entiende como privilegios”. “Muchas son las situaciones de desaprobación”, añade Egerman. “Es inevitable observar cierta actitud de rechazo en otros padres o incluso en familiares que no viven a diario con él”. El problema -prosigue Fulgencio- es que “requieren de mucha dedicación, una familia estructurada y unos horarios clarificados. Hay que trabajar con él para que lo tenga todo previsto. Necesitan de mucha paciencia, serenidad y rutina”.
En el colegio, si los profesores no están suficientemente informados del problema, las dificultades se multiplican. “En un examen, leen la primera pregunta mientras contestan a la segunda y a la vez recuerdan un detalle de la tercera y luego pasan de nuevo a la primera. Cuando se quieren dar cuenta, se ha acabado el tiempo del examen y ni siquiera lo han empezado”, relata Ayuso. Para evitar esto, Fulgencio Madrid solicitó a un profesor que a su hijo, de 19 años, se le hicieran los exámenes orales. La negativa fue rotunda: demasiado mayor como para tratarle con tales privilegios. Ayuso confiesa que ha encontrado “algún maestro que colabora mucho en controlarle el tiempo, pero no todos. Otros creen que es darle una ventaja que a los demás compañeros no se les da. Lo único que suelo conseguir es que le pongan en la primera fila”. Si algunos profesores no se involucran con la enfermedad, ¿qué no harán sus propios compañeros? “A los niños hiperactivos se les aguanta poco porque son muy impulsivos, se entrometen en todo, si se aburren en clase molestan al compañero. Por todo esto, tienen muchas dificultades para hacer amigos”, dice una madre.
Para mejorar el TDAH hay que trabajar en varios aspectos. Daniel Costo destaca la importancia de dotar al niño de “un apoyo psicopedagógico, farmacológico, psicológico y de entrenamiento en control conductual. Los medicamentos, en los casos que se requieren y pautados por un médico, son muy recomendables. Son estimulantes que, como muchos otros medicamentos, tienen contraindicaciones, pero seguidos por el personal médico son beneficiosos para los niños con TDAH”. Si la hiperactividad no se trata adecuadamente, “la relación con el fracaso escolar suele ser bastante alta. Y, aun bien tratada, algunos suelen tener dificultades”.
Pero no todo es negativo. “En mi experiencia profesional -indica el experto- he descubierto que un alto porcentaje de estos niños suele tener mucha creatividad: un tema sobre el que es bueno apoyarse para potenciarles otras áreas”. Ésta es la situación actual de los niños con TDAH. Si seguimos centrando toda nuestra atención en los superdotados, buenos estudiantes, niños ejemplares y dejamos de lado a los que no alcanzan esos niveles de exigencia o de comportamiento, estaremos condenando a estos niños, que no tienen ninguna culpa de su problema, al fracaso y al rechazo de la sociedad. Y esto es absolutamente injusto. La comunidad educativa debe prestar más atención a estos niños exigiendo un más amplio conocimiento de este problema a los profesores y dotando a los centros escolares de los medios humanos y técnicos necesarios para poder ayudarles.
FUENTE:

miércoles, 16 de noviembre de 2011

TDAH: UN TRASTORNO CON TRATAMIENTO

Niñas que en las aulas y en casa trabajan como hormiguitas sin que les luzcan los resultados escolares, muy olvidadizas y cuyo problema pasa desapercibido hasta la educación secundaria. O niños muy movidos y con conductas que alteran la clase, por lo que su trastorno se suele descubrir en la educación primaria. El trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es tan frecuente que se estima que en cada aula haya al menos un niño afectado. Para diagnosticarlo, tratarlo y evitar el fracaso escolar es fundamental que padres, madres y profesores estén atentos a sus síntomas.
“Dime cómo te portas y te diré qué TDAH tienes”
Todos no siguen un mismo patrón. Algunos afectados por TDAH se distraen con el vuelo de una mosca, se olvidan de los deberes para el día siguiente y de dar los recados del colegio a sus padres. Son los “reyes del despiste”. Otros, sin embargo, se muestran extremadamente inquietos e incontrolables en los cambios de clase, en una fila, en el comedor y chillan o lanzan comentarios inapropiados. Podría decirse que son los alborotadores del curso. Este es, a grandes rasgos, el comportamiento de los alumnos con un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en la escuela, cuyo problema se puede sospechar por su bajo rendimiento académico. Si no se trata a tiempo, puede concluir en un estrepitoso fracaso escolar.
En la actualidad, el TDAH es el trastorno del aprendizaje más frecuente, tras la dislexia. Afecta entre un 5% y un 10% de la población escolar. Se estima que cada profesor tiene en el aula al menos a un afectado, según datos de distintos estudios epidemiológicos. Por ello, tanto los padres como los educadores deben vigilar la posible inatención de sus hijos, su conducta y su bajo rendimiento académico. De hecho, la escuela puede ser un ámbito idóneo para detectarlo.
Para lograrlo, es clave conocer las manifestaciones de los distintos tipos de TDAH. Los principales son tres:
  • La hiperactividad o incapacidad de los niños afectos para estar quietos y callados en clase.
  • La impulsividad o incapacidad para controlar los impulsos, aguardar un turno y no interrumpir una conversación.
  • El déficit de atención o incapacidad para concentrarse, organizarse y acabar las tareas que requieren un esfuerzo mantenido.
Diferentes tipos de TDAH
No todos los afectados por este trastorno tienen los mismos síntomas. En función del que predomine, padecerá un tipo u otro de TDAH. La comunidad científica los ha clasificado así:
Predominantemente hiperactivo/impulsivo
El síntoma dominante es el movimiento excesivo. Se dice de ellos que “no paran quietos” o que “hablan por los codos”. Es más visible en educación primaria, aunque no se tiene plena seguridad antes de los seis años, puesto que en la primera infancia todos los pequeños tienen rabietas, se muestran inflexibles o incapaces de controlar su conducta en numerosas ocasiones. En el TDAH estas pautas de comportamiento propias de los más pequeños persisten en el tiempo y delatan que algo falla.
Predominantemente inatento
La manifestación sobresaliente es la falta de atención, que se traduce en incapacidad para concentrarse, organizarse y la tendencia a olvidarse los deberes, los exámenes, las notas o cualquier otro encargo para los padres. A diferencia del anterior tipo de TDAH, no tienen conductas tan disruptivas en clase, sino que son como hormiguitas que se esfuerzan en estudiar, pero sin obtener resultados. Cuando se les habla, parece que están en otra parte y en la clase parece que escuchan, pero no se enteran de nada. Se dice de ellos que “sueñan despiertos” o “están en las nubes”. Por sus características, este trastorno suele pasar más desapercibido. Los afectados –en su mayoría niñas- pasan de curso y su inatención, incapacidad para organizarse y tendencia al olvido se hace evidente a medida que aumentan las exigencias académicas, por lo que el diagnóstico del trastorno por déficit de atención se suele hacer en la educación secundaria.
Combinado
Es la combinación de los dos anteriores (hiperactivo/impulsivo e inatento) y el más frecuente de todos, encontrar un TDAH del tipo hiperactivo/impulsivo o del tipo inatento puro es más difícil. Es más, el TDAH también puede acompañarse de otros síntomas, como los tics, y se asocia a diferentes trastornos del aprendizaje (sobre todo la dislexia) o trastornos psiquiátricos (la depresión infantil).
Un trastorno escrito en los genes
El TDAH es hereditario en el 80% de los casos y solo en el porcentaje restante se debe a otras causas adquiridas, como el consumo de tóxicos en el embarazo. Los afectados heredan de sus padres unos genes defectuosos que alteran la producción de unos neurotransmisores o sustancias que hay en el cerebro (la noradrenalina y la dopamina). Esta alteración y la inmadurez de ciertas estructuras cerebrales (el lóbulo frontal) explican la variedad de síntomas de este trastorno y también que los afectados tengan menos desarrolladas las funciones ejecutivas. Estas son las que se relacionan con la capacidad de autocontrol, la resolución de problemas (lo que se traduce en una baja comprensión lectora, dificultad para las matemáticas o estructurar un texto oral o escrito), la capacidad de organización, planificación, fijar objetivos y tomar decisiones.
Comprender que el TDAH tiene una base neurobiológica es fundamental para que los progenitores acepten que su hijo con déficit de atención no puede atender mejor por esta causa y no porque se “les tome el pelo”. Pero, por desgracia, con suma facilidad se les adjudican injustas etiquetas como las de olvidadizos, despistados, vagos, etc. Sin embargo, ellos no han elegido ser así y, por lo tanto, no deben considerarse problemáticos, sino niños con un problema que se debe afrontar y resolver. De hecho, una vez que entienden el alcance de este diagnóstico, muchos padres no solo se sienten culpables por haberles transmitido esos genes defectuosos, sino que, por desgracia, descubren que ellos mismos también sufren un TDAH que no se les diagnosticó ni se les trató en la infancia. Implicar a estos padres con TDAH en el tratamiento de sus hijos es una misión doblemente ardua, pero no imposible, que requerirá tratarlos también a ellos.
Tratamiento a tres bandas
El tratamiento del TDAH es fundamental para disminuir los síntomas de este trastorno, evitar complicaciones y mejorar el rendimiento académico del públicos con este trastorno que han resultado números uno en su profesión, como el baloncestista Michael Jordan, el nadador Michael Phelps o el psiquiatra Luis Rojas Marcos. El tratamiento, que en ocasiones se debe seguir de por vida, puede ser la clave para que estas personas lleven una vida normal.
Para ello, se debe abordar el problema a tres bandas: tratando al afectado e implicar a padres y profesores. El tratamiento se compone de dos partes: una psicoeducativa y, cuando no resulta efectiva, una farmacológica (fundamentalmente metilfenidato, aunque también se administran otros fármacos como la atomoxetina). Lo mejor es decirles que tienen un problema, con un lenguaje comprensible para su edad, y que para resolverlo necesitan tomar una pastilla, de la misma forma que otros necesitan llevar gafas para ver.
No obstante, los padres pueden mostrarse reticentes a la idea de administrar medicación a sus hijos, pero hay suficiente evidencia científica a favor de esta medida. El 85% de los niños con un TDAH responde bien al tratamiento y consiguen un buen control de sus síntomas, mientras que una persona con TDAH, sin tratar, siente como si llevara un motor interno siempre encendido, funciona de manera desorganizada y se siente agotada. Los casos de TDAH, sin tratar y en un entorno marginal, son como una bomba de relojería. En la edad adulta tienen más probabilidades de tener problemas en el trabajo, la vida afectiva y social.
Hay que tener en cuenta que la mayor parte de los casos de TDAH no desaparecen con la edad. Diferentes estudios epidemiológicos señalan que el 75% de los pequeños con el trastorno lo sufren en la adolescencia y el 50% en la etapa adulta. Por ello, sentar unas bases terapéuticas y de conducta adecuadas desde la infancia puede ser crucial para ayudar a labrar un futuro lo más normal posible para estos afectados.
CÓMO AYUDAR AL NIÑO CON TDAH
En casa
  • Crear unas normas familiares explícitas y claras.
  • Colocar por escrito, en un lugar visible, como un corcho, qué se espera de él en cuanto a horarios, tareas del colegio y en el hogar.
  • Ayudarle a organizar su tiempo y las tareas.
  • Intentar crear un hábito de estudio.
  • Mantener un orden en el entorno del niño y en la rutina de trabajo.
  • Explicarle de forma breve y clara las consecuencias de desobedecer una norma y dejarle escoger.
  • Verbalizar a menudo todo lo positivo que realiza el niño para reforzar las conductas deseadas y su autoestima.
  • Mirarlo directamente cuando se le comunique cualquier norma y mantener el contacto físico (con una caricia o un beso) cuando se reconozca su buen comportamiento.
  • Favorecer su autonomía.
En el aula
  • Conviene sentarlos en primera fila, cerca del profesor para que pueda mirarles y dirigirse a ellos cuando dé explicaciones e informe de las normas. Se recomienda también situarles cerca de alumnos tranquilos y lejos de ventanas, puertas y otros elementos que puedan distraerlos.
  • En cuanto a la organización, hay que enseñarles a hacer listas con las tareas por orden de prioridad y a ser conscientes del tiempo. Además, es importante fijar pautas para toda la clase y específicas para el afectado.
  • Si el objetivo es captar y mantener su atención, se le debe avisar, formular preguntas durante el discurso, impartir clases entretenidas, variar el ritmo de las exposiciones, el tono y volumen de la voz, y darle consignas muy claras y concisas.
  • Para mejorar su autoestima, se deben reconocer los éxitos del alumno en público y reprenderle siempre de forma sosegada en privado, darle responsabilidades que le permitan moverse un poco en el aula, vigilar y evitar los comportamientos negativos de otros niños hacia ellos.
  • Con el fin de mejorar su rendimiento escolar, hay que evitar los exámenes largos y con preguntas abiertas donde tengan que organizar sus respuestas de forma ordenada. En vez de ello, fraccionarles el trabajo y sentarlos en un lugar tranquilo y sin distracciones para que puedan realizar el control.
OTROS CONSEJOS PARA AYUDAR A LOS NIÑOS CON TDAH:
  • No pretender tener un hijo modélico, sino ayudarlo a vencer límites y conseguir objetivos.
  • Acudir a un neurólogo o psiquiatra infantil en caso de sospecha de un trastorno de aprendizaje.
  • Informar al hijo afectado de que padece el trastorno en lugar de ocultárselo, lo que le generaría ansiedad.
  • Evitar la confrontación y la lucha con el afectado.
  • En situaciones límite, no gritar ni perder el control, para no reforzar su conducta negativa, sino retirarle la atención, enviarlo a un sitio aburrido y esperar a que se calme.
Fuente: Anna Sans Fitó, neuróloga del Hospital San Juan de Dios, de Barcelona, coordinadora de la Unidad de Trastornos del Aprendizaje Escolar y autora del libro “¿Por qué me cuesta tanto aprender? Trastornos del Aprendizaje, de Hospital Sant Joan de Déu y edebé.
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