TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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miércoles, 4 de noviembre de 2015

LOS DEBERES JUSTOS. Change.org






La carga de deberes de cada niño o niña en edad escolar depende fundamentalmente del profesor que le corresponda. Esto sucede incluso en el seno de un mismo centro educativo, lo que en caso de que haya varios hermanos matriculados en este puede poner de manifiesto enormes e incomprensible diferencias en las tareas que han de acometer. Cuando esto ocurre, el niño que se ve en esa situación no comprende por qué él o ella no puede jugar, descansar o estar con sus padres, mientras sus hermanos y/o hermanas sí.
Un exceso de deberes supone una gran frustración para un niño que quiere concluir el trabajo asignado y ve cómo éste le sobrepasa y el cansancio no le permite seguir estudiando. El rendimiento de los niños empeora si a la jornada escolar se añade un exceso de tiempo para los deberes.

Un niño que dedica un tiempo excesivo a las tareas escolares (según la OCDE la media española es de 6,5 horas semanales en la ESO, pero hay niños que ya en primaria superan esa media)  puede llegar a presentar síntomas de ansiedad y necesitar asistencia psicológica.

No existe justificación para que un niño dedique tantas horas de su tiempo tras la jornada escolar a realizar tareas muchas veces mecánicamente y que difícilmente fomentan competencias como alguna de las recogidas en el Real Decreto 126/2014, de 28 de febrero, por el que se establece el currículo básico de la Educación Primaria:
4ª Competencia. Aprender a aprender. Haciendo tareas repetitivas a diario el estudiante no aprende a aprender, aprende en todo caso a mecanizar sus tareas.
5ª Competencia. Competencias sociales y cívicas. El tiempo de convivencia familiar, con otros niños en el parque o en otros espacios abiertos se reduce: Los niños pasan tardes y tardes encerrados en su habitación. No pueden desarrollar competencias sociales estando aislados.
6ª Competencia. Sentido de iniciativa y espíritu emprendedor. Los deberes pautados, repetitivos y abusivos no fomentan el espíritu emprendedor y la iniciativa. La iniciativa surge desde dentro de cada niño o niña, por el propio descubrimiento personal, y para eso es necesario tiempo libre e incluso tiempo de aburrimiento.

Finalizar el temario de los libros de texto y los ejercicios propuestos en ellos no deberían ser el principal objetivo académico, puesto que el número de horas lectivas para cumplirlos puede llegar a ser superior a las de que se dispone en un curso escolar. Al no haber tiempo lectivo para ello, las tareas se realizan en el hogar en perjuicio de los niños. Lo realmente importante debería ser enseñar mientras se respeta el ritmo de los niños, sus necesidades de juego y de descanso y su bienestar emocional.

Los deberes abusivos provocan conflictos en las familias, que ven en la conciliación de la vida laboral y familiar una utopía. Las largas jornadas laborales se ven todavía más perjudicadas por las tareas escolares abusivas, los padres no pueden compartir su tiempo con sus hijos o lo comparten para ejercer de docentes.

Los niños españoles no pueden seguir cargados de deberes. No resulta admisible que los niños españoles dediquen a la semana tres horas más a los deberes que los niños finlandeses cuyos resultados académicos, de acuerdo con los informes PISA, son de los mejores del mundo. Los deberes repetitivos y abusivos no mejoran el rendimiento escolar y sí afectan negativamente a la felicidad de los niños y a la calidad de vida de las familias.
Pedimos que se racionalicen los deberes de los alumnos españoles, con el establecimiento de unas pautas para que las tareas se desarrollen en un tiempo razonable y que estén acordes con la edad del estudiante. Pedimos que se eliminen cuanto antes los deberes abusivos.

Los deberes deberían estar consensuados entre los diferentes profesores de un mismo centro y estos deberían ser conocedores del tiempo que implica cada tarea y del conjunto de deberes que los estudiantes tienen cada día para que no resulten excesivos en su conjunto.

Si estás de acuerdo, firma en:

FUENTE:

Los deberes y el TDAH
Los deberes son una verdadera pesadilla para los niños con TDAH. También son la fuente de mayor estrés y motivo de muchos síntomas de ansiedad en padres e hijos.
Los deberes condicionan muchísimo y de forma muy grave. En España se da por hecho que los niños deben tener una jornada de trabajo superior a la jornada laboral de un adulto. Debe hacer deberes después de las 8 horas de estancia en el colegio, debe trabajar los puentes, fines de semana, Navidades y, la mayoría hasta en vacaciones de verano. Y los deberes son iguales para todos los niños, independiente de lo que sepan, de lo que hayan trabajado en clase, de sus notas y de su capacidad intelectual.
Una hora de deberes para un niño sin TDAH se convierte en 3 horas para un niño con TDAH porque está agotado, desmotivado y no tiene un profesional al lado (sino a su madre, normalmente). Si a las tareas habituales hay que añadir, los trabajos no terminados en clase y las tareas que necesita reforzar (normalmente, lectura, caligrafía o matemáticas…), los deberes se convierten en una pesadilla para el niño y su familia. Son un motivo de sanciones constantes: porque olvidó apuntarlos o traer el libro, porque no quiso hacerlos, los realizó mal o bien pero con mala presentación.

En España, los colegios todavía no están preparados para atender las necesidades educativas de los niños con Trastorno por Déficit de Atención o Hiperactividad
Las escuelas no están preparadas por desconocimiento del trastorno (saben qué es en general, pero todavía persisten muchos mitos sobre el TDAH). Además, el sistema no acompaña porque en muchas comunidades no hay un protocolo claro de actuación y cuando lo hay, el centro lo desconoce. De hecho, muchas veces son las asociaciones de padres las que tienen que informar a los centros sobre lo que hacer. También, porque, al final, el niño está en su aula dependiendo de su profesor (son de los pocos profesionales que trabajan sin otro adulto presente) y muchas cosas dependen al final de su buena formación, su buena actitud y su deseo de ayudar.
Isabel Orjales
Doctora en pedagogía y profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Facultad de Psicología de la UNED

FUENTE:

domingo, 9 de marzo de 2014

CÓMO ADAPTAR LAS EVALUACIONES A NIÑOS/AS CON TDAH



Los niños y adolescentes con TDAH requieren adaptaciones curriculares de las técnicas de evaluación (que no de los criterios de evaluación) de muy fácil aplicación y coste cero que no afectan directamente a los elementos del currículo académico oficial. Esto se hace con el fin de responder adecuadamente a las necesidades educativas específicas que pueden presentar los alumnos con TDAH.


Además, cuando a un alumno se le proporciona una instrucción de calidad y ayudas compensatorias adaptadas a sus necesidades es posible obtener un progreso satisfactorio en su rendimiento.

Se debe estructurar y adaptar las pruebas de evaluación (exámenes, controles, etc.). Para ello es recomendable aplicar una serie de pautas como las siguientes:
  • En el momento de la prueba de evaluación, conviene que el alumno esté sentado cerca del profesor y lejos de motivos de distracción.
  • Dar instrucciones claras y sencillas. Se debe verificar que el escolar comprende lo expuesto por el profesorado antes y durante la prueba.
  • Darle la oportunidad para que pregunte.
  • Posibilidad de usar otros medios para realizar la prueba o presentar trabajos,  haciendo uso de ordenadores, diagramas y dibujos si fuera necesario.
  • Subrayar con rotuladores las palabras clave o instrucciones. Esto le ayudará a discriminar de una forma más eficiente la información relevante.
  • Otras consideraciones que a tener en cuenta durante la evaluación es el hecho de que la atención mejora ante la realización de tareas novedosas (color frente a blanco/negro). Siempre que sea posible presentaremos los ejercicios a color.
  • También se ha demostrado que el rendimiento mejora en los niños con TDAH cuando se da tiempo suplementario para tareas escritas o cuando se hace un borrador antes de entregar la prueba definitiva.


En algunas Comunidades Autónomas existen protocolos de actuación con niños con TDAH en ambientes educativos donde se incluyen las adaptaciones pertinentes que han de realizarse.  En esos protocolos se incluyen propuestas relacionadas con los aspectos evaluativos y la forma en la que se pueden realizar y ajustar los exámenes a las características de los alumnos con TDAH

Algunas de esas consideraciones son:
  • El alumno con TDAH presenta dificultades para mantener la atención durante periodos de tiempo prolongados, por ejemplo el tiempo que dura una prueba de calificación. Por ello, y para mejorar el rendimiento en pruebas escritas, se favorecerá la realización de los mismos de forma oral o a través de ordenador.
  • En cuanto a la duración de las pruebas escritas, se recomienda que se utilicen dos sesiones como mínimo y se establezcan tiempos máximos flexibles que permitan prolongar la duración del examen.
  • Las preguntas de los exámenes se presentarán por escrito para evitar la lentitud de otros procedimientos como la copia o el dictado, con la inclusión de preguntas o ítems de un mismo tipo, para evitar así la mayor posibilidad de error o confusión derivados de una combinación de formas.
  • Es conveniente dar a conocer las fechas de los exámenes con antelación. Se debe comprobar que el alumno ha registrado convenientemente las fechas y horarios de los mismos y que los tutores o familias reciben dicha información.
  • Los exámenes o pruebas escritas finales o parciales no deberán ser los únicos instrumentos para evaluar a este alumnado; es necesario que la evaluación continua sea el procedimiento empleado, tal como lo recoge la normativa de evaluación en la enseñanza básica.

FUENTE:
Guillermo Rodríguez Hernández. Logopeda y Psicólogo clínico. Centro VHL Adeje, Tenerife

domingo, 25 de noviembre de 2012

TDAH EN ADULTOS. EL DIAGNÓSTICO ES IMPORTANTE INCLUSO A LOS 60



Actualmente, se está diagnosticando el Trastorno por Déficit de Atención (TDAH) a adultos de treinta o de cuarenta años; en algunos casos, incluso a abuelos que ya han cumplido los sesenta.
Muchos adultos con TDAH admiten que no eran conscientes del trastorno hasta que fue diagnosticado un hijo suyo. Después de ver el TDAH en sus hijos, estos adultos no diagnosticados han ido reconociendo  unos síntomas parecidos en sí mismos.
Pero, ¿por qué es importante diagnosticar TDAH a alguien que ha superado su etapa escolar, que tiene un trabajo y ha conseguido, de alguna manera, “buscarse la vida” durante más de un cuarto de siglo?
El TDAH no es un trastorno homogéneo ni afecta a todas las personas de la misma manera: algunas personas con TDAH tienen problemas de aprendizaje, otras no; algunas son extremadamente inteligentes, otras tienen un cociente intelectual medio o incluso bajo; algunas provienen de hogares que les apoyaron, otras vienen de familias disfuncionales y tuvieron que salir adelante por sus propios medios. Todos estos factores afectan al impacto del TDAH en la vida del individuo. Desde luego, el niño brillante cuyos padres le apoyan estará en mejores condiciones para superar su TDAH.
Muchos adultos con TDAH han aprendido a ocultar sus escritorios desordenados tras la puerta cerrada de su despacho o a parecer atentos incluso cuando no tienen ni idea de lo que les acaban de decir. Estas y otras habilidades les han ayudado a ocultar su TDAH a lo largo de su vida.
Pero, con el tiempo, incluso las estrategias del niño más inteligente dejan de ser eficaces. La frustración va aumentando a medida que crece la brecha entre la capacidad y el rendimiento real. Después de años de ser capaces de salir adelante gracias a su inteligencia innata y otras habilidades, los adultos con TDAH no diagnosticados se dan cuenta de que ya no les quedan más conejos en la chistera.
Se han realizado estudios sobre adultos con TDAH que ilustran la magnitud del problema, con significativas diferencias entre las personas con TDAH y quienes no presentan el trastorno a la hora de completar sus estudios.
Sin embargo, los objetivos educativos y profesionales no son las únicas razones por las que estos pacientes buscan tratamiento. El adulto con TDAH llega a sentirse incapaz de afrontar las responsabilidades del matrimonio, la paternidad, los pagos de la hipoteca y otros problemas que se van acumulando.
La frustración puede conducir al consumo de alcohol o drogas, añadiendo nuevos problemas a los que ya tenía. El trabajo se resiente y las relaciones peligran. Comienza a aparecer una sensación general de fracaso.
Romper este ciclo de fracaso y frustración es la meta principal del tratamiento para el TDAH en adultos.
FUENTE:
Leer el artículo original en inglés en ADDitude. Living well with attention déficit