TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

viernes, 6 de enero de 2017

VUELTA AL COLE ¿Alivio o pesadilla para padres/madres de niños con TDAH?



La rutina diaria con un niño con trastorno por déficit de atención con/sin hiperactividad (TDAH), es ya de por sí complicada y,  por si fuera poco, se le une el hecho de que aproximadamente una cuarta parte ellos tiene además un trastorno específico del aprendizaje, que se presenta de forma comórbida, es decir, no es consecuencia del TDAH sino que cursan paralelamente.

¿Qué significa esto? Pues que se les complican algo más las cosas ya que, no sólo tienen las dificultades para aprender características del TDAH, sino también las añadidas de un trastorno específico del aprendizaje como pueden ser:
  • Lectura
  • Expresión escrita
  • Cálculo (Discalculia)
  • Razonamiento matemático
  • Coordinación motriz (Disgrafía)
  • Ortografía (Disortografía)

Además, tienen menor habilidad para desempeñar un trabajo autónomo y tardarán más tiempo en conseguirlo, lo que se traduce entre otras cosas en dificultades para:
  • Organizarse el trabajo
  • Mantenerse centrados
  • Perseverar en las tareas
  • Evitar distracciones (tanto internas como externas)
  • Monitorizar el proceso
  • Autoevaluarse

Con todo esto en mente y sabiendo que se trata de un trastorno crónico, debemos saber dosificarnos y buscar alianzas. Recordemos que se trata de una maratón o carrera de fondo, no de una prueba de velocidad. Deberemos esforzarnos por conseguir no solo un buen ajuste académico, sino también emocional y social.

Entonces, ¿cómo podemos afrontar con éxito el largo curso escolar sin llegar extenuados a junio?

Deberemos intentar establecer una coalición con los profesores. Aunque el niño lleve algunos cursos diagnosticado y continúe en el mismo colegio, puede haber algún profesor que lo desconozca. En ocasiones, algunos padres intentan ocultar al colegio el diagnóstico por el compresible temor a las etiquetas, pero lo perjudicial no es el diagnóstico sino la etiqueta mal empleada o mal entendida. Por tanto, no tiene sentido ocultarlo porque lo etiquetarán de rebelde, vago, conflictivo…, etiquetas que incluso conociendo el diagnóstico suelen recibir.
Lo más aconsejable es mantener una entrevista con el tutor comenzadas las clases. El objetivo de la misma será el de recabar información de nuestro hijo en diferentes facetas, así como conocer la visión que el profesor tiene del niño. Agradeciendo su interés y apoyo, le haremos saber que estamos de su parte e intentando buscar puntos en común para poder abordar más adelante los temas que nos preocupen que, presumiblemente, serán:

Deberes

Tal vez los profesores no sepan las horas que se le dedican en casa. El exceso de trabajo académico genera mucho estrés familiar y conductas de evitación del niño ante el trabajo difíciles de manejar para los padres.  Se trataría de intentar flexibilizar y optimizar los deberes, reducir la cantidad o incluso cambiarlos por algún tipo de refuerzo específico del que el niño salga más beneficiado. Los niños con TDAH tienen muy poco tiempo libre; generalmente, además del tiempo que dedican al estudio y a hacer los deberes, asisten a clases de refuerzo y/o psicoterapia.

Exámenes

La ansiedad con la que se viven en casa puede llegar a ser abrumadora. Exámenes más espaciados, combinando diferentes formatos de pregunta en una misma prueba: de desarrollo, verdadero/falso, completar un esquema, definiciones, opción múltiple, frases para completar; en matemáticas combinar problemas con operaciones. Supervisar que han respondido todo antes de que entreguen el examen. Suelen  dejar preguntas en blanco e incluso olvidan responder algún apartado, aunque sepan la respuesta.

Agenda

Lo que no se anota en clase, no se hace en casa. La supervisión es necesaria y deberá mantenerse durante mucho más tiempo que el esperado para su edad por las propias dificultades de organización y planificación de estos niños. Dedicar un tiempo cada día para que el niño apunte las tareas en la agenda con la supervisión del profesor. Es muy importante y se debe tener cuidado para NO convertir la agenda en un mecanismo de comunicación entre el centro y la familia SOLO de aspectos negativos. Si estos son frecuentes, deberemos acordarlo con el profesor/a y utilizar otras vías para no dañar al niño/a.




Desde casa

Desde casa, debemos centrarnos en crearles rutinas. Todos los días y, a ser posible, a la misma hora, después de merendar. No importa si la agenda está vacía, se trata de crearles el hábito de trabajo. El tiempo variará en función de la edad, de media hora para los más pequeños, a hora y media o dos para los más mayores. El lugar más adecuado es aquél en el que el niño trabaja mejor: algunos lo harán en su habitación y con silencio; en cambio otros necesitarán ruido de fondo o la presencia del adulto porque se concentran mejor, prefiriendo la cocina o el salón. Démosle pues, a cada uno en función de lo que necesita.

Paqui Moreno. Psicóloga y terapeuta en Red Cenit.

viernes, 23 de diciembre de 2016

FELIZ NAVIDAD, FELIZ 2017



Nuestros mejores deseos 
para esta Navidad y el nuevo año

Federación de Asociaciones de ayuda 
al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad de Castilla-La Mancha
(FACAM TDAH)
y
Asociación TDAH Guadalajara

domingo, 18 de diciembre de 2016

EL TDAH Y LAS EMOCIONES


¿Qué es la inteligencia emocional?


La inteligencia emocional es el conjunto de habilidades psicológicas que permiten apreciar y expresar de manera equilibrada nuestras propias emociones, entender las de los demás, y utilizar esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.

La inteligencia emocional, según Daniel Goleman, es la capacidad de una persona para manejar una serie de habilidades y actitudes, entre las que se incluyen:
  • Conocer y manejar nuestras propias emociones.
  • Reconocer las emociones de los demás.
  • Establecer relaciones positivas con otras personas.
La importancia de la educación emocional es indiscutible, ya que les proporcionará los recursos emocionales para una gestión emocional que garantice su bienestar.

La educación emocional se basa en los siguientes pilares:
  • La identificación y el reconocimiento de las emociones propias y ajenas. 
  • La aceptación y la comprensión de la emoción.
  • La expresión y vía de salida de la emoción de una manera constructiva.
Trucos para la educación emocional:
  • Preocúpate de crear un clima positivo.
  • No suprimas sus estados emocionales. Sentir es natural y sano.
  • Ayúdales a identificar y reconocer sus emociones y las de los demás. 
  • Desarrolla en ellos la reflexión y la meditación.
  • Enséñales formas positivas de expresión emocional.
  • Sírveles de ejemplo.
  • Muestra la importancia de saber gestionar las emociones.
  • Enséñales a sentir sin miedo. 
  • Enséñales cómo se llaman, cómo son y en qué se diferencian las emociones. 
  • No escatimes en muestras de afecto y dota de carácter lúdico a tus enseñanzas. 
FUENTE: 

TDAH y las emociones

TDAH y emociones son un binomio que no se llevan bien.

Las personas con TDAH pueden tener problemas para interiorizar sus emociones y dominar la intensidad de las mismas (autorregulación emocional). 

No se trata tanto de que las emociones que experimentan sean inapropiadas como de que no son capaces de guardarlas para sí, manifestándolas exteriormente con más intensidad y duración que sus iguales.
El resultado es una conducta inmadura, muy cambiante y con baja tolerancia a la frustración.

La marcada inmadurez y la enorme dependencia emocional que caracterizan a las personas con TDAH producen unas conductas características:
  • En la mayoría de las ocasiones, van a tratar de llamar la atención del resto, y no vacilarán en ponerse en evidencia, haciendo payasadas o, bien, desafiando a la figura de autoridad de forma irreverente y/o desafiante. 
  • Frente a la perspectiva de un nuevo fracaso, van a hacer todo lo que sea posible para que no sea evidente y, por poner un ejemplo. mentirán antes que aceptar que no han terminado de hacer los deberes. 
  • Su baja tolerancia a la frustración se traduce en irritación y también ira, manifestando su malestar dando patadas al aire y haciendo aspavientos exagerados, o bien contestando mal ante cualquier corrección del profesor/a, por poner algunos ejemplos.
  • La autorregulación de sus emociones y su comportamiento responden más a los estímulos que reciben (dependencia emocional del ambiente), que a sus propios pensamientos internos, los cuales le harían examinar los sucesos o fijarse objetivos.
  • Su dificultad para automotivarse hace que necesiten continuamente gratificaciones inmediatas ante aquellas tareas que no les resulten atractivas, novedosas o que no acarreen una rápida recompensa. 
  • Igualmente, su incapacidad para automotivarse complica que puedan examinar sus sentimientos y tomar las medidas precisas que les ayuden a salir de estados anímicos negativos, como son la frustración, la tristeza o la ansiedad. 
  • El déficit en la autorregulación emocional afecta del mismo modo a su nivel de activación. Tienen graves problemas en el momento de comenzar las labores encomendadas, y sostener la actividad hasta su término, sobre todo, en aquellas actividades desganadas, monótonas y repetitivas, evadiéndose en sus pensamientos, o bien, en otros estímulos exteriores más gratificantes. 
  • Esta complejidad con la motivación interna hace que parezcan carentes de autodisciplina, apariencia agravada por la dificultad que tienen para interiorizar y seguir reglas e instrucciones. 
  • Su baja tolerancia a la espera de gratificaciones, y sus problemas para comprender y manejar el tiempo provoca que sean personas muy impacientes, no se rinden y todo lo quieren para el día de ayer. Por esta razón y, como nota de humor, se recomienda no informar de posibles sorpresas hasta que falte muy poco para descubrírselas, para así evitar que se pasen todo el tiempo haciendo la famosa pregunta "¿Cuánto falta para...?, ¿Cuánto queda para...?".
Estas dificultades emocionales les causan experiencias llenas de frustraciones y castigos, a lo que hay que añadir la crítica habitual y las valoraciones negativas que acentuamos sobre su persona y no sobre su comportamiento inapropiado. Las consecuencias son un pobre autoconcepto, una autoestima muy dañada y un mal ajuste social y personal.

La imagen que percibimos de las y los estudiantes con TDAH es la de chicas/os desmotivados, que no desean sacrificarse y que se muestran indiferentes. 
Pero, ¡nada más lejos de la verdad! 
Por el contrario, manifiestan una necesidad y un deseo reales de gustar al resto y de percibir una aprobación social positiva por su comportamiento y por aquello que efectúan porque, como hemos visto, son muy dependientes emocionalmente. 
Esto debe alertarnos en el momento de marcarles objetivos, en tanto que se dirigirán a los nuevos desafíos con mucha energía y ansiedad, si bien, por su sintomatología, degenerarán conforme transcurra el tiempo, lo que los expondrá, con muchas probabilidades, a un nuevo fracaso. 

De ahí que, hemos de ser realistas y fijarles unos objetivos más pequeños y en un corto plazo, de forma que puedan ir cumpliendo de forma progresiva y segura, para que su autoconcepto y su autoestima se vayan consolidando de manera positiva.

Consecuencia de la sintomatología es que pueden enseñar con facilidad altos indicadores de ansiedad y agobio, si bien, en apariencia muestren una actitud indiferente y desmotivada que, realmente, oculta la impotencia de hacer frente a sus dificultades. 
En ciertos casos, por la continua presión que reciben, esa ansiedad y agobio pueden transformarse en otros trastornos con entidad propia asociados al TDAH.

Actualmente, los aspectos emocionales van cobrando cada vez más importancia. De esta forma, estudiosos de la talla del doctor Barkley reconocen su relevancia como una parte del trastorno a la altura de la inatención y de la hiperactividad-impulsividad.

Examinemos más despacio estas peculiaridades que nos ayudarán a conocerlos mejor:

Baja autoestima

Autoconcepto y autoestima están inevitablemente relacionados.
El autoconcepto es la imagen que la persona tiene de uno mismo. 
La autoestima entiende la auto-convicción de ser eficiente, valioso/a y reconocido/a por el resto. 
Tener una autoimagen positiva nos infunde seguridad y confianza en nuestras capacidades. 
Los dos conceptos, dependen de la repercusión en nuestro entorno, esto es, se forjan en buena medida en la opinión que los otros tienen de nosotros. Si tenemos un autoconcepto negativo de nosotros mismos, de alguna forma, nos auto-rechazamos y, en dependencia de la intensidad y experiencia de este sentimiento, nuestro comportamiento puede finalizar desembocando en conductas beligerantes y destructoras.

Los pequeños, pequeñas y adolescentes con TDAH reciben con mucha frecuencia y, en ciertos casos de forma prácticamente incesante, críticas negativas, sermones, castigos y fracasos a nivel familiar, escolar y social: incordian, interrumpen, pierden, olvidan, empujan, se esmeran, fallan, abandonan, se frustran y no son capaces de examinar y solventar sus inconvenientes, ensayando una permanente sensación de falta de autocontrol. 
No obstante, aparentan que todo se lo echan a la espalda fingiendo que no les importa…

La autoestima está en la base del desarrollo de la personalidad, de la motivación, del desempeño escolar y de las relaciones sociales, o sea, está en la base de la adaptación al entorno. 
Es verdad que ciertos niños/as con TDAH muestran una autoestima auto-inflada, que no es otra cosa que la manera de hacer frente a su pobre autoconcepto.

Eludir las críticas públicamente y practicar el refuerzo positivo inmediato y usual son esenciales para promover una buena autoestima.

Depresión

Los síntomas depresivos son asimismo usuales en las personas con TDAH, si bien hay que distinguir si se tratan de síntomas más relacionados con la desmoralización y la impotencia de no verse capacitados para hacer frente a las demandas escolares y sociales, o bien, si se trata ya, de un trastorno depresivo más grave, que acompaña al TDAH. 

La depresión como trastorno implica tristeza crónica, una preocupación excesiva, aislamiento, irritabilidad persistente, falta de energía, desmotivación y también inapetencia para efectuar actividades frecuentes, dejadez, ideas de muerte recurrentes, etcétera.

Ansiedad

La pobre respuesta que las personas con TDAH tienen frente a las demandas del ambiente les hace susceptibles de sufrir crisis de ansiedad y agobio. 

Sus problemas para manejar correctamente el tiempo, su inatención, la dificultad para comenzar las actividades de forma autónoma, su desorganización y el déficit de planificación, etc., les transforma en personas lentas en la ejecución de las tareas: por servirnos de un ejemplo, hacer los deberes, recoger su cuarto, efectuar un examen, ducharse o bien desayunar, y la presión que reciben del exterior favorecen la aparición de síntomas ansiosos, pudiendo transformarse en severos trastornos de ansiedad. 

El trastorno de ansiedad se manifiesta con preocupaciones y miedos persistentes, nerviosismo, aprensión, capítulos agudos de ansiedad y terror ante situaciones que la persona percibe como amenazantes, peligrosas o bien que no puede supervisar.

Frustración

Nos guste o no, la frustración es una cosa que nos acompaña a lo largo de nuestra vida y en el caso de las personas con TDAH esto se multiplica por tres (por lo menos). 
Es muy posible que la historia personal de una persona con TDAH esté llena de momentos frustrantes. 
Podremos ver cómo no lo invitaban a fiestas de cumpleaños (sin saber por qué razón); de qué forma, tras esmerarse en aprobar los exámenes, los resultados no eran los esperados; e inclusive de qué manera en la vida adulta era despedida (o bien no renovada) en muchos empleos…

¿Qué es la frustración?

La frustración es la respuesta emocional que se origina ante la imposibilidad de satisfacer una necesidad o un deseo. Esta  experiencia negativa que provoca un incremento de tensión provoca una reacción beligerante como mecanismo de defensa, que se manifestará con emociones tales como ansiedad, rabia, angustia, ira o en sentimientos y pensamientos autodestructivos para el sujeto. 

Estas respuestas ante la frustración son en gran medida un mecanismo reflejo, como cuando nos arrojan un objeto a la cara e, instintivamente, ponemos las manos para protegernos, sin pensar qué hacer ante el objeto. De igual manera los mecanismos de defensa surgen involuntariamente sin que nos percatemos.

La frustración como algo despectivo

Las evidencias indican que las emociones, como reacciones propias del organismo, no son ni buenas ni malas. 
Todo depende de la evaluación perceptual que la persona haga de las mismas. Las emociones cumplen un papel adaptativo, que permiten la supervivencia del individuo dentro del ambiente. 

Existen estímulos emocionales objetivamente perturbadores que pueden no producir ninguna secuela sobre una persona, y existen otros estímulos emocionales objetivamente no perturbadores que pueden llegar a ocasionar un daño más o menos importante. 
La diferencia básica entre las dos posibilidades se localiza en la percepción que cada persona tiene de esos estímulos.
Es decir, cuando una persona posee estrategias y habilidades suficientes para hacer frente a esas situaciones, es poco probable que los estímulos derivados de la misma causen algún daño. Sin embargo, en otras ocasiones, aunque la situación y los estímulos sean manejables para cualquier persona, puede ocurrir que alguien no posea esas habilidades y destrezas esenciales, y que se vea desbordado por una situación que, probablemente, sólo es insuperable desde su propia percepción.

Por fortuna la visión de la frustración como algo despectivo está variando y existen nuevas definiciones que explican la frustración como algo no negativo sino más bien como algo que formaba una parte de la naturaleza humana.
La frustración es algo humano y no se puede suprimir, está siempre y en toda circunstancia presente puesto que el ser humano, pese a sus fantasías de omnipotencia, es limitado y experimenta día tras día el choque con la realidad.

Este “choque con la realidad” acostumbra a ser más usual en las personas con TDAH pues el nivel de demanda al que están expuestas no acostumbra a tomar en consideración sus necesidades y peculiaridades y hay más experiencias en las que las esperanzas (en general elaboradas de forma errónea) chocan con los resultados logrados.

La frustración se experimenta de diferentes maneras:

Frustración en forma agresiva

Es la acción más vistosa y la que más se relaciona con la frustración. Es una acción protectora que sacamos cuando sentimos que hay un obstáculo que se interpone en nuestro camino. O dicho de otra forma, cuando el resultado que logramos no coincide con lo que esperábamos. 
Las reacciones beligerantes pueden ser útiles cuando dejan sitio a una reacción más edificante. Es decir, el enfadado da paso a un empeño aún mayor por buscar soluciones.

Las personas con TDAH, en especial en el sexo masculino, tienden a tener estas reacciones cargadas de resentimiento, dando sitio, a veces, a trastornos de la conducta como el llamado trastorno negativista desafiante.

Frustración como resignación

La frustración se convierte en resignación cuando, de forma repetida, los resultados que obtenemos no son los deseados. Con frecuencia, hay personas con TDAH que tienden a retraerse y a pasar inadvertidas, desarrollando lo que es conocido como indefensión aprendida, lo que puede tener consecuencias deplorables para su desarrollo a largo plazo.

Frustración en forma constructiva

Son las reacciones que se centran en superar aquello que nos frustra. Si el obstáculo no puede ser eliminado o bien mitigado la persona busca llegar a la meta por otros caminos.

Quizás podamos encontrar en esta frustración constructiva la base del éxito de las personas que, pese al TDAH, han alcanzado una vida plena y llena de triunfos. Aprender a ver la frustración como una ocasión, en vez de como una fuente de desgracias, es clave para el desarrollo personal.

Ahora bien, esto es muy simple de decir, la cuestión es ¿cómo podemos enfocar o dirigir nuestra frustración para que nos sea beneficiosa? ¿Cómo podemos superar o sacar provecho de nuestra frustración?

FUENTE: 

Niños agresivos. Claves para aprender a expresarse sin usar los puños



Los niños agresivos se distinguen por utilizar la violencia para resolver conflictos o como respuesta ante cualquier tipo de emoción negativa como frustración, ira, celos…
Conductas como pegar a otros, burlarse de ellos, ofenderlos, tener rabietas incontroladas, tirar cosas al suelo, utilizar palabrotas y vocabulario ofensivo, generalmente se describen como conductas agresivas.

Los niños agresivos no sólo hacen sufrir a sus padres, maestros y otros niños, sino que en muchos casos son niños frustrados, que acaban dañándose a sí mismos… además, provocan que los demás los rechacen.

Tipos de agresión
  • Física. Dar una patada
  • Verbal. "Te voy a partir la cara"
  • Directa. "Eres tonta".
  • Indirecta. "Sabes que Pilar es tonta, que no sabe leer bien".
  • Pasiva. "Tardaré en estar listo para que mi madre llegue tarde a la oficina".
  • Contenida. Resoplar o poner cara de desprecio.
  • Instrumental. "Si quiero este juguete, lo quito por la fuerza".
  • Emocional. "Doy patadas a la puerta cuando algo no me apetece".
La conducta agresiva es mucho más frecuente en los primeros años. El nivel máximo se da sobre los dos años, los niños agreden más físicamente y/o de forma instrumental.

La agresión va disminuyendo hasta alcanzar niveles más moderados, ya en la edad escolar. Los niños mayores utilizan más la agresión verbal y/o emocional.

Cuando el niño ya es mayor y tiene las mismas conductas coercitivas que un niño de dos o tres años y utiliza estos métodos para resolver sus problemas, presenta una incapacidad para dominar sus estados emocionales, hablaríamos de un problema de agresividad infantil.

Buenos motivos, pero malas decisiones

Cuando no se les permite tener opinión, propia, cuando no son resueltas sus necesidades de cuidado o cariño, cuando son maltratados física o verbalmente, como cuando son intimidados y amedrentados por las reacciones violentas de sus padres, los niño acuden a la ira y la agresividad.

Es importante que manifiesten lo que les pasa, pero es importante aprender a hacerlo sin hacer daño ni a los demás ni a sí mismos.

7 formas de ayudar a los niños agresivos a expresarse mejor disminuyendo sus conductas agresivas:
  • Validar sus emociones.
  • Ayudar al niño a poner palabras a lo que siente. 
  • Entiendo que estés enfadado, pero no puedo permitir que hagas daño a los demás. 
  • Buscar otras formas de mostrar enfado sin hacer daño.
  • Reparar el daño que ha hecho a otros.
  • Evitar responder con agresividad ante la ira del niño.
  • Modelar formas respetuosas de afrontar la propia ira.
Recordemos que la forma en cómo se expresa (o se reprime) la agresividad en la familia será un elemento determinante en la forma de gestionar los conflictos en los niños.

También influyen otros factores pero, si nosotros aprendemos a saber lo que nos pasa y podemos manejarlo adecuadamente, esto tendrá una gran influencia en nuestros hijos.

FUENTE: 
https://www.youtube.com/watch?v=-lIUV8zAKzg

Enseñar a los niños a afrontar los fracasos y la frustración


Los fracasos y las frustraciones son algo normal en la vida de las personas. Es fundamental que, durante su desarrollo, los niños aprendan a superar estos aspectos de manera constructiva.

Debemos ver la frustración y los errores como parte de la vida y, por lo tanto, es nuestra responsabilidad hacer que los más pequeños estén preparados para ello.
Una persona feliz es aquella que sabe afrontar sus errores, aprende de ellos y sabe superar la frustración de forma constructiva.
Una persona feliz no es aquella que no se equivoca nunca, o aquella que siempre consigue todo lo que quiere. Todas las personas cometen errores y a todas las personas les cuesta conseguir lo que quieren. Es parte de la condición humana.

Pautas para evitar el fracaso y la frustración en los niños

TIP 1. Cambia la manera de ver los fracasos
Haz que no vean los fracasos como algo negativo. Lo importante es darse cuenta de dónde nos hemos equivocado para que no vuelva a ocurrir.  
Convierte así la frustración en aprendizaje. Que el niño lo conciba como una oportunidad para aprender y ser creativo.

TIP 2. Haz que haga las cosas por sí mismo
No le des todo hecho, haz que piense aunque, al principio, no sepa hacer ciertas cosas. Déjale que lo haga él solo, que piense, que lo intente y que tenga la oportunidad de equivocarse y de enfrentarse al fracaso. 
Podemos ser su guía, pero dejándole solo. Evita la sobreprotección y el exceso de permisividad.

TIP 3. Enséñale que en toda situación de fracaso puede haber algo positivo
Ante todo fracaso hay siempre algo positivo, que es la capacidad de aprender de ello, la posibilidad de crecer como persona también.

TIP 4. No refuerces la rabia como respuesta a la frustración
Si cedemos a sus rabietas, le enseñamos que es una forma fácil de superar esa situación y conseguir lo que quiere. 
Es un error pensar que el niño, para ser feliz, necesita todo lo que quiere. Debemos no hacer caso a su rabieta.

TIP 5. Haz de ejemplo para los niños y niñas
Nuestro modo de actuar es el que les guía para enfrentarse a situaciones de la vida. 
Ante situaciones que puedan provocar frustración o fracasos, debemos mantener una actitud positiva y esforzarnos por superar las dificultades.

TIP 6. Educa en el esfuerzo, pero marcando objetivos razonables
Los niños y niñas han de aprender que, para conseguir ciertas cosas, es necesario esforzarse. De esta manera, verán que el esfuerzo es una manera de solucionar sus fracasos. 
Es bueno hacer que el niño o niña se esfuerce, pero su nivel de exigencia ha de ser razonable.

TIP 7. Razona con él/ella sobre sus errores y fracasos
Que entienda lo que ha pasado, que ha salido mal. Si lo entiende se sentirá tranquilo y ganará confianza, porque sabrá lo que tiene que hacer la próxima vez.

FUENTE:

martes, 22 de noviembre de 2016

TDAH: UN TRASTORNO SUMIDO EN UNA PROFUNDA DESINFORMACIÓN



http://www.frasesypostales.com/tarjeta/621/no-soy-ni-mejor-ni-peor.html

19/11/2016 - SANDRA CARBAJO / NEUPIC

“El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es un trastorno que tiene su origen en la infancia y que se caracteriza principalmente por inatención (son niños más inatentos), un exceso de actividad, que es lo que se conoce como hiperactividad y, sobre todo, impulsividad, es decir, que no suelen elaborar la respuesta”, explica Alberto Jiménez, psicólogo y socio fundador de Educ-at.

Este trastorno con un fuerte componente genético afecta entre un 5% y un 7% de los niños españoles, es decir, uno de cada 1 de cada 20, siendo el problema de conducta e integración prevaleciente entre la población infanto-juvenil.

“Toda esa sintomatología de la que hablamos se empieza a ver cuando el niño tiene entre 4 y 5 años, pero no es hasta los 6, 7 u 8 años cuando se le diagnostica de manera oficial siguiendo los parámetros en cuanto a sintomatología y afortunadamente cada vez más, estudios se refiere y que pueden cerciorar su diagnóstico”, afirma Ángel Terrón también psicólogo y socio fundador de Educ-at.
Ángel y Alberto son psicólogos de profesión y fundadores de Educ-at, una entidad psico-educativa especializada en el tratamiento eficaz del TDA/TDAH. Amigos desde los 13 años, Terrón y Jiménez observaron durante sus años universitarios que este trastorno no estaba bien enfocado por parte de la Psicología y de ahí, la necesidad de crear un proyecto donde las familias afectadas por dicho trastorno, encontraran una salida.

Un trastorno complejo y heterogéneo

Una de las principales características del TDAH es que no es un trastorno de manual. La cantidad de particularidades que conserva en función del entorno del niño son las que definen la complejidad y heterogeneidad de dicho trastorno. Por ello, la forma de manifestarse varía o no, dependiendo del caso. 
Asimismo, "en muchas ocasiones es muy difícil comprender bien qué cosas se deben al trastorno y qué cosas se deben a la edad”, confiesa Alberto. Y si a ello añadimos que existe un profundo desconocimiento y una vasta desinformación del trastorno, el resultado implica que tanto la evaluación como el tratamiento se encuentren sumidos en un limbo entre el sobre-diagnóstico y su antagonista.

Los estudios establecen que aquellos chicos en los cuales existe un predominio hiperactivo tienden a estar sobre-diagnosticados, mientras que aquellos donde prevalece el déficit de atención, pasen desapercibidos, según clarifica Alberto.
“Igual de malo es el sobre-diagnóstico como aquellos chicos que por su déficit de atención pasan más desapercibidos, y entonces no llegan nunca a concebir que lo que tienen es un trastorno sobre el que hay que trabajar”, manifiesta Ángel Terrón. Además reconoce que desde Educ-at inciden en la necesidad de una correcta evaluación. “Es un trastorno que independientemente de nuestra opinión, requiere mediación. Hay que tener bastante cuidado y saber que al niño que se le está diagnosticando le afecta realmente ese trastorno”.

La importancia de la coordinación

En España según dicta la ley vigente (Ley 3/2014 sobre la defensa de los Consumidores y Usuarios, y otras leyes complementarias), únicamente los psicólogos que además de estar colegiados, sean sanitarios, con habilitación sanitaria o especialistas en Psicología Clínica están capacitados para valorar e intervenir sobre la salud en el ámbito sanitario. No obstante, en ningún caso el psicólogo podrá prescribir tratamientos psicofarmacológicos, es decir, no está habilitado para recetar ni medicar al paciente. Generalmente esta labor es desempeñada por un neurólogo o psiquiatra que será el encargado de emitir el diagnóstico oficial.

El abordaje tiene que ser multidisciplinar, y esto implica que tiene que existir una perfecta coordinación entre el colegio, la familia y los distintos profesionales que trabajan con el niño. Eso es nosotros como psicólogos, y el neurólogo o médico pertinente”, aclara Alberto Jiménez.
En este aspecto tanto Ángel como Alberto insisten en que debe estudiarse cada caso de forma individual y que la medicación es necesaria pero nunca suficiente

El TDAH es un trastorno de carácter neurobiológico cuya manifestación varía en función del ambiente del niño. De hecho, las características de inatención, hiperactividad e impulsividad propias del trastorno deben presentarse de forma prolongada y constante en diferentes ámbitos del niño: cole, casa, amigos, por ejemplo. De no ser así, la problemática del pequeño se deberá a otro conflicto.

¿El paradigma? Un cambio en el sistema educativo

De forma frecuente el TDAH se reconoce en Primaria ya que en ese momento, las dificultades en el rendimiento escolar y las disfunciones sociales se presentan con mayor claridad. Por tanto, el colegio juega un papel fundamental para el diagnóstico del TDAH. No obstante, actualmente el profesorado no posee las herramientas necesarias para ayudar a la valoración y tratamiento del trastorno. Lo que supone un grave problema ya que estos niños son marginados no sólo por sus compañeros sino por el propio docente que se ve superado por esa inatención, hiperactividad e impulsividad del niño y de la que no puede hacerse cargo porque principalmente no sabe cómo.

“Una de las grandes claves para entender un poquito más y ayudar a estos chicos, y que es un poco utópico, sería cambiar el sistema educativo y la formación al profesorado. Hablo también de psicólogos, porque la formación que recibimos es mucho más escueta. Sin embargo, del profesorado estamos hablando que se va a encontrar uno de cada veinte niños con TDAH o sintomatología similar. Enseñarles a cómo tienen que ayudar a estos chicos sería fundamental”, comenta Alberto Jiménez.

Esta falta de conciencia y formación son responsables del abismo que existe en torno al adecuado conocimientos del TDAH. Ángel Terrón confiesa que los métodos y en concreto, los que se aplican en el ámbito educativo, son métodos que perjudican enormemente a los niños que tienen déficit de atención. “Todavía los coles tienden a la lección magistral que no beneficia a nadie pero que a ellos les perjudica sobremanera, y tampoco se les enseña a trabajar correctamente desde casa. Olvidándonos muchas veces del desarrollo emocional que, desde luego, tampoco el colegio y cada vez menos desde las familias, se incide en la importancia de que nuestros hijos tengan un correcto desarrollo a nivel emocional”.

Precocidad como clave

El reto que además supone una imperiosa necesidad, se centra en una profunda labor de concienciación y difusión del trastorno. Desde que aparecen los primeros síntomas hasta que al niño se le diagnostica TDAH pueden pasar dos años. La nefasta repercusión que acarrea estar 24 meses sin establecer ningún tipo de medida, condiciona alarmantemente el desarrollo del niño. Por ello, aconsejan que en el momento que la familia sospeche que su hijo puede tener TDAH, acuda a un profesional que evalúe al chaval, tanto sus puntos fuertes como débiles y que además realice un bosquejo de la dificultad que presenta. “En función de esa evaluación, lo normal y en este caso, lo que hacemos nosotros es hacer una valoración neuro-psicológica en profundidad y de ésta, se pasa a pedir cita con el neurólogo, pediatra o médico correspondiente, el cual hace el diagnóstico oficial”.

A pesar de todo, el TDAH no debe ser considerado un trastorno grave. Un diagnóstico y tratamiento adecuado no deben coartar ni condicionar la vida de una persona y arrastrar frustración a la hora de conseguir los objetivos de cada uno. De hecho, los niños con TDAH son altamente creativos y transparentes. “El TDAH no tiene que limitar la vida de una persona. Por supuesto que pueden y deben llevar una vida totalmente normal. Incluso en el trabajo diario con estos chicos nos encontramos que pueden tener una serie de cualidades que no quiero decir que otros chicos sin el trastorno no las tengan, pero que en ocasiones pasan desapercibidas […] En definitiva un potencial que ellos mismos en ocasiones incluso, dejan en un segundo plano debido a que les estamos haciendo ver, por desgracia, que no siempre son capaces cuando la realidad no es así”.

Por tanto, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad más conocido como TDAH no es una leyenda urbana ni un rasgo propio de los chavales entre 5 y 8 años. Este trastorno afecta a uno de cada veinte niños y como tal, no desaparece. Ignorarlo supone cohibir el desarrollo social y educativo de una persona con un gran potencial que en su vida adulta presentará grandes dificultades para integrase en la sociedad. Es fundamental por ello que cada estamento de la sociedad entienda qué es el TDAH. Una vez más, el éxito reside en la educación óptima y la conveniente difusión.

FUENTE:

miércoles, 26 de octubre de 2016

TDAH: MATERIAL PSICOEDUCATIVO PARA PACIENTES, PADRES, EDUCADORES Y OTROS PROFESIONALES MOTIVADOS



FUENTE:
http://www.bubok.es/libros/238994/Actualizacion-en-Trastorno-por-Deficit-de-Atencion-con-Hiperactividad-Material-para-un-trabajo-psicoeducativo-con-pacientes-familias-educadores-y-otros-profesionales-motivados

Las autoras de este libro pusieron en marcha en el 2009 la Unidad Funcional de Evaluación, Diagnóstico y Tratamiento del TDAH en el área La Mancha Centro, liderada por la jefa del servicio de psiquiatría, Ana María Jiménez Pascual, y coordinada por la psiquiatra Sonia Villero Luque. En la creación de la unidad participaron activamente también la psicóloga Carmen Abellán Maeso y la enfermera María Cruz Parra Martín

Un año más tarde, este equipo multidisciplinar publicó una guía de diagnóstico y tratamiento del trastorno y puso en marcha el proyecto de intervención grupal con niños y adolescentes con TDAH y sus familias. Desde un marco teórico integrador, se ha puesto el foco de la comprensión y el tratamiento del trastorno en el abordaje integral del niño y de su entorno. En estos años, las autoras han participado a través de redes institucionalizadas (asesorando en el grupo de trabajo regional para el TDAH como psiquiatra de referencia, y coordinando y formando a través de cursos de formación continuada en TDAH para profesionales sanitarios y docentes) y no institucionalizadas (colaborando en actividades formativas dirigidas a familias, organizadas por asociaciones de familiares y por colegios de médicos). 

En 2010, publicaron la Guía Práctica de Diagnóstico y Manejo Clínico del TDAH en niños y adolescentes para profesionales.

domingo, 16 de octubre de 2016

IX SEMANA EUROPEA DE SENSIBILIZACIÓN SOBRE EL TDAH


Desde el año 2008, las asociaciones españolas celebramos la Semana Europea de Sensibilización sobre el TDAH, patrocinado por ADHD Europe en coordinación con las restantes asociaciones europeas. Cada asociación organiza su propio programa de actividades pero todas dirigidas a sensibilizar a la sociedad sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad y a resaltar las evidencias científicas que demuestran que el TDAH existe.
Este año, la novena edición de la Semana de Sensibilización se celebra del 16 al 23 de octubre. En esta ocasión, la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (FEAADAH) ha centrado su manifiesto en la continuidad del TDAH en la vida adulta en la mayoría de los casos, y en la necesaria atención multimodal también en esta etapa.
Adjuntamos el Manifiesto que la FEAADAH ha escrito para esta ocasión.



Como en las anteriores ediciones, las asociaciones seguimos concienciando a la sociedad sobre la pertinencia de que los escolares afectados por el TDAH vean reconocidas sus necesidades específicas de apoyo educativo y el derecho a recibir los apoyos adecuados a las mismas con independencia de la Comunidad Autónoma en la que se escolaricen, como así se reconoce de forma expresa en la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Igualmente, hacemos de nuevo un llamamiento público a los diferentes grupos políticos para que hagan lo necesario a favor de este objetivo.

Con motivo de esta IX Semana de Sensibilización, la Asociación TDAH Guadalajara imparte el jueves 20 de octubre la conferencia con el título “Regulación emocional en niños y niñas con TDAH: seguimos aprendiendo de ellos y con ellos"

El acto, con entrada libre, está dirigido a familiares y afectados/as por el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, aunque también a personas sin este trastorno pero con dificultades para gestionar adecuadamente sus emociones: frustración, baja tolerancia a la espera, pobre autoestima, mal control de la ansiedad, deficiente manejo de la ira, etc., tan frecuentes en la sociedad actual.

La conferencia se celebra en el Salón de Actos del Campus Universitario: C/ Cifuentes, nº 28, en Guadalajara.

Las psicólogas Trinidad Bonet Camañes y Arwen Caban son las ponentes de esta conferencia.
Arwen Caban es psicóloga sanitaria. Clínico EMDR. Trinidad Bonet Camañes es psicóloga clínica, especialista en psicoterapia por la European Federation of Psychologist y autora de numerosos artículos y libros sobre trastornos psicológicos en la infancia.

sábado, 8 de octubre de 2016

21 IDEAS PARA MEJORAR LA MOTIVACIÓN EN LOS Y LAS ESTUDIANTES CON TDAH



Por más que contemos con los mejores libros, proyectos y materiales del mundo, eso no será suficiente para que los estudiantes se interesen por aprender y trabajar si no están motivados.
La motivación, tanto intrínseca como extrínseca, es un factor clave para el éxito de los estudiantes en todas las etapas de su educación, y los docentes juegan un rol importantísimo en proveer y alentar esa motivación. Obvio que es mucho más fácil decirlo que hacerlo, ya que todos los estudiantes encuentran motivación de diferentes formas, y toma tiempo y mucho esfuerzo aprender a entusiasmar una clase llena de niños.

Incluso los docentes mejor intencionados a veces no cuentan con esa habilidad para motivar a sus estudiantes. Así, seas un docente nuevo o uno experimentado, tengas esa habilidad para crear un interés o no, intenta aplicar estos métodos para motivar a tus estudiantes y alentarlos a desarrollar su potencial.

1. Brinda a tus estudiantes una sensación de control
Mientras que la guía de un docente es importante para que los estudiantes se mantengan motivados dentro de una consigna, permitirles elegir y controlar un poco lo que pasa en clase es una de las mejores maneras de mantenerlos comprometidos. Por ejemplo, permitirles elegir el tipo de tarea a realizar o qué problemas trabajar puede darles una sensación de control que puede motivarlos a hacer más.

2. Define los objetivos
Puede ser frustrante para los estudiantes completar una tarea o comportarse correctamente en clase si no existen objetivos claramente definidos. Los estudiantes quieren y necesitan saber qué se espera de ellos para mantenerse motivados. A principio del año, plantea objetivos claros, reglas y expectativas para que no haya confusión y los estudiantes tengan metas por las que trabajar. Recuérdalas con frecuencia.

3. Crea un ambiente libre de amenazas
Mientras que los estudiantes necesitan entender que hay consecuencias de sus acciones, los reforzamientos positivos son mucho más motivadores. Cuando los docentes crean un ambiente seguro y de apoyo, afirmando que creen en las habilidades de sus estudiantes en lugar de describir las consecuencias de no hacer determinada cosa, los estudiantes cubrirán las expectativas que los adultos a su alrededor les comuniquen, así que concéntrate en lo que se puede, no en lo que no.

4. Cambia el escenario
Una clase es un gran lugar para aprender, pero sentarse en un escritorio día a día puede hacer que la escuela se vuelva aburrida para algunos estudiantes. Para renovar el interés, dale a tus estudiantes la posibilidad de salir del aula. Haz trabajos de campo, invita a otros oradores o, simplemente, llévalos a la biblioteca para hacer alguna investigación. El cerebro ama las novedades y un escenario nuevo puede ser lo que tus estudiantes necesitan para mantenerse motivados por aprender.

5. Ofrece experiencias variadas
No todos los estudiantes responderán a las tareas de la misma forma. Para algunos, será más fácil realizar las que implican entregar algún trabajo. Otros amarán leer libros o trabajar en grupos. Para mantener a todos tus estudiantes motivados, mezcla las tareas para que aquellos con diferentes preferencias puedan enfocarse en aquello que más les gusta. Hacer esto ayudará a los estudiantes a mantenerse comprometidos y prestar atención.

6. Usa la competencia positiva
La competencia en clase no siempre es algo malo, y en algunos casos puede motivar a los estudiantes a esforzarse y buscar la excelencia. Trabaja para crear un espíritu amigable y competitivo en tu clase, tal vez mediante juegos grupales relacionados con el material u otras oportunidades para que los estudiantes puedan demostrar su conocimiento.

7. Ofrece recompensas
A todos les gusta recibir recompensas y ofrecer a tus estudiantes la posibilidad de ganarlas es una excelente fuente de motivación. Cosas como mirar películas, compartir una pizza, una calificación positiva o algo tan simple como una etiqueta en un papel puede hacer que tus estudiantes trabajen más duro y se esfuercen por alcanzarlos. Considera la personalidad y las necesidades de tus estudiantes para determinar recompensas apropiadas para tu clase.

8. Da responsabilidades a tus estudiantes
Asignar a tus estudiantes trabajos de la clase es una excelente manera de construir una comunidad y motivarlos. La mayoría verá los trabajos como un privilegio más que una carga y trabajarán duro para asegurarse de estar cumpliendo con las expectativas. También puede ser útil permitir a los estudiantes que se turnen para liderar actividades o ayudar para que cada uno se sienta importante y valorado.

9. Permíteles trabajar juntos
Mientras que no todos los estudiantes se entusiasmarán por trabajar en grupo, muchos encontrarán divertido intentar resolver problemas, hacer experimentos y trabajar en proyectos con otros estudiantes. La interacción social puede entusiasmarlos y los estudiantes pueden motivarse mutuamente para alcanzar una meta. Sin embargo, los docentes necesitan asegurarse que los grupos estén equilibrados y sean justos, para que no ocurra que algunos estudiantes estén trabajando más que otros.

10. Alábalos cuando se lo merezcan
No existe otra forma de motivación que funcione mejor que las alabanzas. Incluso como adultos, necesitamos reconocimiento y elogios, y los estudiantes de cualquier edad no son la excepción. Los docentes pueden motivar a sus estudiantes recompensando el éxito públicamente, elogiando un trabajo bien hecho y compartiendo trabajos ejemplares.

11. Alienta la autorreflexión
La mayoría de los niños quieren triunfar, solo necesitan averiguar qué tienen que hacer para lograrlo. Una manera de motivar a tus estudiantes es llevarlos a hacer una profunda introspección y determinar sus propias fortalezas y debilidades. Los estudiantes suelen motivarse más al crear este tipo de autocríticas que escucharlas de un docente, ya que los hace sentirse a cargo de crear sus propios objetivos y metas.

12. Entusiásmate
Una de las mejores maneras de ver a tus estudiantes motivados es compartir tu entusiasmo. Cuando estas entusiasmado por enseñar, ellos estarán mucho más entusiasmados por aprender. Es así de simple.

13. Conoce a tus estudiantes
Conocer a tus estudiantes es mucho más que memorizar sus nombres. Los estudiantes necesitan saber que el docente tiene un interés genuino y se preocupa  por ellos y por su éxito. Cuando los estudiantes se sienten apreciados, esto crea un ambiente de aprendizaje seguro y los motiva a trabajar más duro, ya que buscarán obtener cumplidos y una buena retroalimentación de alguien que consideran que los conoce y respeta como individuos.

14. Conecta con sus intereses
Conocer a tus estudiantes te traerá otros beneficios, como permitirte relacionar el material de clase con cosas que a ellos les interesen o hayan experimentado. Los docentes pueden usar ese interés para hacer las cosas más interesantes para los estudiantes, manteniéndolos motivados por más tiempo.

15. Ayuda a los estudiantes a encontrar su motivación intrínseca
Puede ser genial ayudar a tus estudiantes a motivarse, pero al final del día necesitan poder generar su propia motivación. Ayudar a los estudiantes a encontrar sus propias razones para hacer el trabajo en clase y trabajar duro, ya sea porque encuentren el material interesante, quieran ir a la universidad o simplemente les encante aprender, es uno de los regalos más poderosos que puedes obsequiarles.

16. Maneja su ansiedad
A algunos estudiantes les provoca mucha ansiedad el hecho de fallar o no hacer el trabajo como corresponde. Ofréceles apoyo sin importar cuál sea el resultado final y asegúrate de que los estudiantes no se sientan tan abrumados por las expectativas.

17. Plantea metas altas pero alcanzables
Si no estás empujando a tus estudiantes para que hagan más que el mínimo, la mayoría no lo buscará por su cuenta. A los estudiantes les gusta sentirse desafiados y trabajarán para alcanzar altas expectativas mientras crean que esas metas están a su alcance, así que no tengas miedo de empujarlos para obtener más de ellos.

18. Brinda retroalimentación y ofrece posibilidades de mejorar
Los estudiantes que luchan con el trabajo de clase pueden sentirse frustrados y perder motivación. En esta situación, es crítico que los docentes ayuden a los estudiantes a aprender exactamente dónde se equivocaron y cómo pueden mejorar la próxima vez. Encontrar un método para llegar donde los estudiantes quieren estar puede ayudar a mantenerlos motivados a trabajar duro.

19. Haz seguimiento del progreso
Puede que tus estudiantes no se den cuenta de cuánto han avanzado, especialmente con asignaturas que les resultan difíciles. Hacer un seguimiento a través de un registro puede ser útil en la clase, no solo para los docentes sino también para los estudiantes. Los docentes pueden utilizar esto como una forma de motivar a los estudiantes, permitiéndoles apreciar de manera visual cuánto han aprendido y mejorado durante el año.

20. Haz las cosas divertidas
No todo el trabajo de clase necesita ser un juego o un momento ameno, pero los estudiantes que ven la escuela como un lugar en donde pueden divertirse están más motivados a prestar atención y hacer el trabajo que se requiera de ellos, que aquellos que lo ven como una obligación. Agregar diversión a las actividades en la escuela puede ayudar a los estudiantes que luchan por mantenerse comprometidos y hacer de la clase un lugar más amigable.

21. Provee oportunidades para el éxito
Los estudiantes, incluso los mejores, pueden frustrarse y desmotivarse cuando sienten que están luchando o no obtienen el reconocimiento que otros estudiantes sí consiguen. Asegúrate de que todos tengan una posibilidad de desempeñar sus fortalezas y sentirse incluidos y valorados. Esto puede hacer una gran diferencia en su motivación.
Y tú, ¿cómo motivas a tus estudiantes?
Aquí podéis leer el artículo original (en inglés)

FUENTE: