TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

sábado, 6 de agosto de 2016

EL TDAH ES MÁS FRECUENTE EN NIÑOS ADOPTADOS



Las estadísticas abruman. En algunos estudios comentan que el 50% de los niños adoptados procedentes de Rusia presentan TDAH, y que de todos los niños diagnosticados de TDAH el 15% son adoptados.
Por otra parte, en otro estudio realizado por Gunnar et al. encontraron que, independientemente de la historia institucional, los niños adoptados con más de 24 meses de institucionalización, tuvieron mayor número de problemas de conducta externalizante (conductas disociales, trastorno oposicionista desafiante e hiperactividad), siendo los niños adoptados provenientes de Rusia o de países de Europa del Este los que presentaban mayor riesgo en comparación con los niños adoptados procedentes de otras zonas del mundo.

Otro estudio, nombrado en muchas publicaciones, realizado en Reino Unido, sobre niños adoptados procedentes de Rumanía, encontraron que cuanto más tiempo permanecen los niños en una institución (hasta los tres años y medio), más problemas presentan:
  • En el desarrollo cognitivo (32.6% de prevalencia frente al 2% del grupo control)
  • Más trastornos del vínculo (33.3% de prevalencia frente al 3.8% del grupo control)
  • Más problemas de conducta (38.6% de prevalencia frente al 9.6% del grupo control)
¿Qué pasa en los niños adoptados? ¿Por qué se diagnostican más de TDAH? ¿Hay otros factores implicados? ¿Se trata de TDAH o es otra patología específica de estos niños?

La respuesta no es fácil. Después de muchos años trabajando con niños con TDAH y con niños adoptados, he llegado a varias conclusiones:
  • La presencia de múltiples factores de riesgo genéticos, medioambientales y vivenciales (prematuridad, tabaquismo y/o alcoholismo en la madre, consumo de tóxicos,  deficiencias nutricionales, infecciones congénitas…) son factores de riesgo comunes tanto en niños adoptados como en niños con TDAH.
  • El TDAH tiene un elevado carácter hereditario. Esto podría implicar que algunas de las madres biológicas puedan tener un TDAH no diagnosticado y que en ellas la tasa de embarazos accidentales sea más alta y sean más proclives a dar el niño en adopción y/ o a que los cuidados prenatales y posnatales no sean los adecuados.
  • La falta de figuras de apego seguro durante las primeras etapas de la vida, por los cambios frecuentes de cuidador en las instituciones donde ha permanecido, tiene su repercusión frente a cada nuevo intento de vinculación. Por ello, los niños adoptados tienen mayor riesgo de presentar trastornos del vínculo, siendo éste el diagnóstico psiquiátrico más frecuentemente encontrado en los niños adoptados. Además algunos de los síntomas que presenta dicho trastorno son comunes a los presentados en niños con TDAH (dificultad en atención, exceso de actividad, inestabilidad y falta de autocontrol, impulsividad, problemas de relación social y confianza en los demás, falta de empatía, retrasos del aprendizaje, dificultad en la comprensión, falta de motivación e interés, dificultad en aceptación de normas y límites, negativismos, desobediencia, mentiras frecuentes, rabietas, inseguridad…).
  • La atención y el autocontrol son habilidades aprendidas y entrenadas, siendo más costoso cuanto más tarde se empiece su aprendizaje. La falta de estímulo en niños institucionalizados hace que este aprendizaje sea más dificultoso posteriormente. Por otra parte, los niños adoptados tienen una gran inseguridad que influye en el proceso del aprendizaje tanto en la atención, como en el grado de motivación, en la capacidad de concentración y en la memorización y retención de conceptos. En los primeros momentos de la adopción el niño puede mostrarse nervioso, tenso o irritable con dificultades de autocontrol y de aceptación del control externo, rasgos que también se presentan en el TDAH.
  • Los niños adoptados tienen mayor riesgo de desarrollar trastornos del lenguaje. El desarrollo del lenguaje está condicionado por la interacción del niño y los demás por lo que un niño con escasa interacción con figuras adultas va a presentar dificultad en el desarrollo del mismo. Además, una vez adoptados pierden parte de su lengua nativa y no tienen fluidez en su nuevo idioma, haciendo más difícil su aprendizaje en la escuela y su rendimiento cognitivo en el periodo inicial. El lenguaje coloquial se adquiere con bastante agilidad, pero en algunas ocasiones pueden presentar dificultades para la comprensión de términos abstractos, de lecturas complejas, de instrucciones multi-secuenciales o de preguntas conceptuales o hipotéticas.
  • Los niños mayores adoptados tienen mayor riesgo de deprivación cultural y no están preparados para el sistema educativo tradicional hasta pasados unos meses e incluso años de su llegada. Una vez adoptados se puede producir, en algunos casos, una incorporación abrupta al aula, cuando el menor no ha adquirido fluidez en el lenguaje. Además el niño cambia de una vida con escasa estimulación a otra con una hiperestimulación lo que puede conducir a una hiperquinesia y nerviosismo inicial que puede confundirse con una hiperactividad.
  • Tras la adopción se produce un cambio en los patrones de conducta.  La utilización de patrones de conducta anteriores (“conductas adaptadas a ambientes inadaptados”) que carecen de utilidad en su nueva vida conducen en ocasiones a diagnósticos de problemas de conducta y/o a incomprensión por parte de la familia adoptiva o el colegio.
  • La creación de lazos afectivos puede suponer un sobreesfuerzo emocional inicial que puede producir ansiedad, intranquilidad y nerviosismo y que suele mejorar espontáneamente por lo que hay que dar un tiempo de espera prudencial antes de establecer ningún diagnóstico.
  • La posible ocultación de la adopción puede además interferir en la curiosidad del menor por aprender.
  • El niño institucionalizado recibe un estilo de cuidado general, no individual. Por otra parte establece relaciones de apego con adultos que los rechazan o ignoran con una expectativa negativa sobre el adulto (amenaza de desprotección e inseguridad) y también con una expectativa negativa sobre sí mismo (indigno de amor y protección). Con todo ello, el niño institucionalizado desarrolla un comportamiento adaptativo en contexto de adversidad en el que prima la desconfianza, la agresión, el rechazo y la evitación.
Trastorno del vínculo

La adquisición de vínculos adecuados proporciona al niño la confianza en los otros, en el entorno y en sí mismo; por lo que es fundamental para el mantenimiento de relaciones de confianza con los padres, para el desarrollo de las relaciones con los otros, para la constitución de la propia identidad y de la autoestima, para el aprendizaje de la regulación de sentimientos, el desarrollo del lenguaje y el desarrollo del potencial intelectual. En un primer momento esta relación se crea sólo con los padres, pero a medida que el niño crece se van añadiendo otras relaciones satisfactorias (familia, amigos, compañeros, profesores o terapeutas, por ejemplo).

Tratamiento de trastorno del vínculo y TDAH

Los niños adoptados que presentan síntomas de trastorno del vínculo y de TDAH no suelen responder a las terapias conductuales convencionales por las dificultades de vinculación que van a tener con el terapeuta. Por otra parte, los tratamientos actualmente disponibles para niños con TDAH, pueden no resultar tan eficaces de forma global en niños adoptados, dada la comorbilidad que asocian. Por todo ello, el diagnóstico y tratamiento del TDAH en niños adoptados debe llevarse a cabo por expertos en ambas materias dada la complejidad y la dificultad en la valoración de los diferentes problemas que vamos a encontrar en los niños adoptados. En estos niños debemos confirmar o descartar la presencia de un trastorno del vínculo ya que el tratamiento del mismo será un factor decisivo en la evolución del resto de sus dificultades.

FUENTE:
Gemma Ochando Perales. Psiquiatría Infantil. Hospital Universitario y Politécnico La Fe, Valencia

miércoles, 29 de junio de 2016

EL TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCION E HIPERACTIVIDAD DESDE UNA PERSPECTIVA NEUROPSICOLÓGICA


Dra. LAURA FRITSCHE GARCÍA - Paidopsiquiatría y Neurociencias

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es considerado el padecimiento psiquiátrico más frecuentemente diagnosticado en la población pediátrica.

Se estima que entre un 4 y un 12% tienen este diagnóstico y de este entre 30 y 60% persistirá con síntomas hasta la vida adulta. 
Actualmente, es considerado un problema de salud pública mundial.

El TDAH es más frecuente en varones, afectando a 3 niños por cada niña. 
Se presenta en todos los niveles socio culturales y está asociado a problemas de baja autoestima, dificultad para la socialización y fracaso escolar, así como mayor estrés y problemas familiares.

Este trastorno, de curso clínico, se caracteriza por alteraciones en la atención, hiperactividad e impulsividad. 
Sin embargo, se observa también labilidad emocional, alteraciones en la memoria y pensamiento y alteraciones en el aprendizaje. 
El sueño también puede presentar anomalías, consecuencia de una organización incorrecta de los procesos que regulan estas funciones.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, de origen multifactorial, entre los que destacan factores neuroquímicos, hereditarios, ambientales y neuroanatómicas. 

Dentro de los factores neuroquímicos, existe una deficiencia en dos neurotransmisores; dopamina y noradrenalina, encontrándose una actividad disminuida en el área cortical dorsolateral prefrontal y una sobreactividad en los sistemas subcorticales, que resulta en una alteración en los niveles de atención y una sobrealerta al medio externo.  

Los factores genéticos tienen un gran peso en el origen el TDAH, ya que se ha visto que los hijos de padres con TDAH tienen el 50 por ciento de probabilidades de sufrir el mismo trastorno y se considera que alrededor del 80% de los casos de TDAH tienen un origen genético.

Los factores neuroanatómicos tienen también un gran papel en el origen del TDAH, entre ellos la corteza prefrontal, el núcleo caudado, los circuitos fronto-estriatales y el cerebelo. Los lóbulos frontales son las estructuras más anteriores de la corteza cerebral, y se dividen en tres grandes regiones: la región orbital, región medial y región dorsolateral. Diversos estudios de imagen reportan una anatomía anormal del lóbulo prefrontal derecho, así como alteraciones en su funcionamiento, también se ha observado un patrón inmaduro en la corteza prefrontal dorsolateral, así como en los núcleos caudado y pálido del hemisferio derecho del cerebro. 


La corteza prefrontal, es considerada como el origen neurobiológico de las funciones ejecutivas y aunque requieren la participación de otras estructuras neuroanatómicas, las habilidades que constituyen estas funciones está controlado, básicamente, por los circuitos de la corteza prefrontal.

Las funciones ejecutivas hace referencia al conjunto de procesos cognitivos que se integran en la corteza prefrontal y que nos permiten planificar, organizar y jerarquizar, establecer metas, seguir secuencias, auto regular el comportamiento, diseñar planes, seleccionar conductas apropiadas, permitiendo que los individuos sean capaces de ser independientes y tomar decisiones útiles, haciendo frente y solucionando los problemas diarios de la vida. 

Las funciones ejecutivas tienen su máximo desarrollo entre los 12 y 18 años de edad. Sin embargo, ya desde edades muy tempranas, al año de vida se puede suprimir adecuadamente «respuestas dominantes», y a los 4 años de edad existe un pleno desarrollo del control de impulsos. 
Las funciones ejecutivas nos permiten resolver problemas internos, mediante representaciones mentales y externos con la interacción del individuo con su medio ambiente.


En los chicos y chicas con diagnóstico de TDAH se observan fallos en el sistema ejecutivo que representa un impacto negativo y directo sobre el rendimiento académico y se traduce en fracaso en aquellas materias que requieren reflexión, organización, planificación, comprensión y auto gestión. 

Es común observar una inadecuada respuesta inhibitoria con pobre control de impulsos y mal manejo de la ira, dificultad para mantener atención, falta de capacidad en la generación de motivación intrínseca, por lo que suelen verse poco interesados en actividades escolares.  

Académicamente, les resulta más difícil poder realizar las actividades de forma organizada y planeada, es frecuente ver una falta de organización del tiempo de estudio con pobre planificación de las actividades, con un tiempo cognitivo lento. 
Los chicos afectados con TDAH tardan más tiempo de lo esperado en poder realizar actividades académicas, además de dificultad para mantener atención sostenida, por lo que suelen distraerse fácilmente ante mínimos estímulos.
Todo esto, es observado por los profesores y familiares como una falta de intereses o inclusive como “chicos flojos”. Sin embargo, esto no es más que la traducción clínica de las alteraciones en la zona prefrontal que da como resultado una alteración de las funciones ejecutivas.

La realización de pruebas neuropsicológicas en los niños con TDAH, no son indispensables para realizar un diagnóstico; sin embargo, la realización de pruebas neuropsicológicas permite identificar con mayor exactitud las funciones cognoscitivas afectadas con la finalidad de introducir un programa neuropsicológico como parte de un tratamiento integral y multidisciplinario para beneficio de quien padece este trastorno.

Referencias
  1. Medina Mora M, Caraveo J, et at. Epidemiologia en el ambito internacional. Un analisis de la problemática de la salud mental en México. Capitulo III.
  2. Baroni A, Castellanos F. Neuroanatomic and cognitive e abnormalities in attention-deficit/hyperactivity disorder in the era of 'high definition' neuroimaging. Curr Opin Neurobiol. 2015;30:1-8.
  3. Guias clinicas del Hospital psiquiatrico Infantil Dr. Juan N. Navarro. Guia clinica del trastorno por deficit de atencion e hiperactividad. 2010.
  4. Jiménez E. J, Trastorno por déficit de atención con y sin hiperactividad: prevalencia y evaluación de las funciones ejecutivas. Eur. J. Educ. Psychol 2015;5:5-11.
  5. Muñoz Yunta José A., Palau Montserrat, Salvadó Berta, Valls Antonio. Neurobiología del TDAH. Acta Neurol Colomb 2006;22:184-189).

FUENTE:

jueves, 16 de junio de 2016

LAS VIDAS DE MARIO. Todos somos parte del TDAH


Shire lanza una campaña de concienciación social sobre el TDAH con el video” Las vidas de Mario”, mostrándonos los caminos que puede tomar la vida de la persona que lo sufre, desde la infancia a la edad adulta.

El objetivo de este proyecto es dar visibilidad al TDAH y resaltar la importancia del apoyo y la actitud de los adultos que convivimos con los niños, niñas y adolescentes con el trastorno en su evolución y pronóstico.

El diagnóstico precoz, el tratamiento temprano y nuestra disposición a comprender y a ayudarles a manejar las necesidades específicas de las personas que padecen TDAH van a condicionar el desarrollo del trastorno.

Conoce a Mario, un niño con TDAH

Mario es un niño de 6 años, al que han diagnosticado TDAH.
Conoce su historia contada por su abuelo.



Las vidas de Mario



Los padres de Mario

Los padres de Mario te cuentan en este vídeo su experiencia con el TDAH. Cómo fue llegar al diagnóstico y cómo viven el día a día.



La profesora de Mario



Especialistas en TDAH hablan sobre Las vidas de Mario


Entrevista al Dr. Javier Quintero

¿Cómo podemos reducir las complicaciones típicas de la adolescencia que se pueden ver incrementadas por el TDAH?

Entrevista a la Dra. Mª Jesús Mardomingo

¿Qué podemos hacer para mejorar las habilidades sociales en los niños con TDAH?

Entrevista al Dr. Alfonso Amado

¿El apoyo del entorno condiciona tanto en casos del TDAH en la evolución a lo largo de la vida?

Entrevista Trinidad Bonet

¿Es importante la colaboración entre familia y colegio para la evolución tanto personal como académica del niño con TDAH?

Entrevista a José Ramón Gamo

¿Qué recursos se pueden poner en marcha para mejorar la relación entre padres e hijos en la adolescencia con Trastorno por déficit de atención e hiperactividad?



FUENTE:

martes, 19 de abril de 2016

CÓMO MANEJAR LAS RABIETAS


Todos los niños tienen rabietas. Es la forma en que manifiestan su frustración cuando no obtienen lo que desean. Las rabietas disminuyen a medida que los niños crecen y aprenden, a través del ejemplo de sus padres y del ambiente, cómo regular sus emociones y su conducta. 

Sin embargo, en algunos casos las rabietas pueden hacer que los padres se sientan frustrados o avergonzados, porque no saben qué hacer para ayudar a los niños a controlarse. Para todos aquellos que se sientan identificados con esta descripción, les traemos un vídeo explicativo sobre cómo manejar las rabietas de los niños.


Los puntos más importantes del vídeo:
  1. Más vale prevenir que curar. Evitando situaciones conflictivas podemos evitar una rabieta. Si sabes que de camino a la guardería o colegio pasáis por el parque y él va a querer quedarse, mejor ir por un camino alternativo. Como se suele decir: evita la ocasión y evitarás el peligro.
  2. Cuando se da la rabieta nunca debemos perder el control, elevar la voz ni intentar imponernos a la fuerza. Si, esto es difícil, pero hay que intentar hacerlo. Recordemos que aquí el incapaz de controlar sus emociones, en principio es el niño. Debemos ser conscientes que la rabieta tiene un inicio y un fin, y en ocasiones es difícil acortar esos tiempos.
  3. A veces se puede ceder. “¿Que quieres la camiseta roja en vez de la verde? Ok, ponte la roja, no pasa nada”. Hemos evitado una rabieta o la hemos cortado a tiempo. No es una guerra, no pasa nada.
  4. La firmeza no está reñida con el afecto. A veces no podemos o no queremos ceder, y darle a nuestro hijo aquello que quiere no es la mejor opción para tratar de parar la rabieta: no podemos quedarnos indefinidamente en el parque, no podemos dejarle cruzar la calle por cualquier lado, no puede llevarse lo que quiera del supermercado, etc. Aquí no queremos ceder, pero sí podemos tratar de negociar con nuestro hijo una alternativa: “ya sé que quieres esto, pero no puede ser. Si quieres, podemos…”.
  5. Bajar a su nivel, hablarle con calma, mirándole a los ojos, intentando que nos mire mientras le hablamos. Esto es importante siempre que nos comunicamos con un niño, pero cuando estamos en una situación como ésta, mucho más importante todavía.
  6. Nunca debemos emplear el chantaje emocional: “si te portas así, papá no te querrá”, “te voy a dejar ahí sólo”, “como vea esto tu padre te vas a enterar” Bastante tiene el pobre con su disgusto que tiene, como para que encima le estemos hablando de este modo. Debemos transmitirle que le queremos igual aunque tenga esa rabieta, lo que pasa es que nos resulta molesto. Pero nuestro amor no depende de cómo se comporte.
  7. No negar el contacto físico. Es probable que rechace el contacto físico, que no quiera saber nada de nosotros. Debemos respetarlo y no tomarlo como un ataque. Simplemente está ofuscado. Pero si acepta el contacto físico, podemos darle un abrazo, besos o cogerle hasta que se sienta mejor.
  8. No debemos dar sermones ni grandes explicaciones, mucho menos en la fase más explosiva de la rabieta. Porque nadie nos va a estar escuchando en ese momento. Los mensajes, cuanto más breves y sencillos, mejor: “cariño, lo siento, ahora eso no puede ser” Una vez la pataleta ha acabado, y en función de la edad del niño, podemos hablar con él acerca de lo ocurrido, pero nunca durante la misma.
FUENTES: