TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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martes, 12 de marzo de 2024

NURIA NÚÑEZ, PSIQUIATRA INFANTIL: «NO ES NORMAL QUE UN NIÑO TENGA QUE ESTAR SEIS HORAS SENTADO EN UNA SILLA»

 



La experta Nuria Núñez, psiquiatra infantil, explica cómo detectar tempranamente signos de trastornos como la ansiedad, el autismo o el TDAH y cómo construir un buen apego para prevenir problemas de salud mental a largo plazo

Fiebre, tos o dolor de barriga son algunos de los síntomas típicos en los niños y son también los más fáciles de detectar. Porque cuando la enfermedad ataca al cuerpo, el dolor tiene forma física y nombre. Pero ¿somos capaces de percibir los síntomas de una depresión infantil? ¿Cómo se distingue a nivel clínico un carácter inquieto o unas malas notas de un TDAH? La doctora Nuria Núñez es psiquiatra especializada en la evaluación, el diagnóstico y el tratamiento de trastornos mentales, emocionales y del comportamiento en niños, desde el déficit de atención e hiperactividad hasta la depresión, la ansiedad, el autismo o la bipolaridad. En su nuevo libro, Los niños también se deprimen (La esfera de los libros, 2024), la experta explica a los padres cómo pueden promover el bienestar emocional en sus hijos a lo largo de la vida.

¿Qué importancia tiene el apego en el desarrollo?

El apego es el vínculo que genera cualquier mamífero con su madre, su padre o su cuidador. Es algo innato. Según cómo se vaya desarrollando ese apego, podrá ser de diferentes tipos: seguro, ansioso o desorganizado. Lo ideal es fomentar que haya un apego seguro, que el niño tenga seguridad en que va a ser cuidado, para que desarrolle la creencia de que es importante, de que es bueno, de que es suficiente, de que merece que le quieran. Cuando tú vas creciendo con ese tipo de mensajes, los extrapolas a tu manera de relacionarte con los demás. Si tienes un amigo, entiendes que eres digno de ser querido por él y que eres importante para él. Si tienes pareja, lo mismo. Y así con todas las personas. El estilo de apego va a condicionar cómo nos relacionamos con los demás. Por eso es muy importante el apego seguro. No es una garantía, pero sí que te protege un poco más, aunque todos somos susceptibles de desarrollar trastornos de ansiedad, de personalidad o depresiones.

¿Cómo se puede potenciar ese tipo de apego?

Depende de cada etapa. En el caso de un bebé, es importante demostrarle que estamos disponibles. Si llora y no sabes exactamente si tiene sueño o hambre, eso no importa, lo importante es que muestres tu disponibilidad y que eres capaz de calmarle, así tardes cinco minutos o cinco horas. Luego, cuando son más mayores, hay que enseñarles a desarrollar autonomía y permitirles explorar. Si a un niño de tres años lo sigues tratando como a un bebé, no estás fomentando un apego seguro, estás haciendo que sea ansioso, porque no le permites ganar autonomía. Y a medida que llega la autonomía, hay que ir poniéndole límites, para marcarles hasta dónde llega esa autonomía: no puedes salir corriendo, no puedes pegarle a otro niño, tienes que ducharte todos los días. Y luego, en niños más mayores, hay que fomentar que vayan teniendo su espacio, sus amigos, sus opiniones. Aquí ya tenemos un rol más de acompañamiento.

¿Cómo podemos identificar la ansiedad en niños?

Que veamos un cambio de carácter, que esté más miedoso, que un niño que era muy autónomo empiece a estar muy pegado a los padres, o a comerse las uñas. Cosas así nos pueden indicar que hay un trastorno de ansiedad. Cuando empiezan a manifestar síntomas físicos y el pediatra no detecta nada que los justifique, sobre todo si aparecen, por ejemplo, el domingo a la noche, o cuando el papá tiene que irse a dormir fuera por trabajo, entonces hay que empezar a sospechar que hay una somatización.

¿Por qué los niños sufren ansiedad?

Puede surgir por miedos o preocupaciones. Según la edad y el desarrollo evolutivo, entienden la vida de una manera diferente. Un comentario de un padre o algo que han visto en la tele o cosas que han pasado a su alrededor y que no se les han explicado bien pueden tener impacto. Por ejemplo, si el abuelo de repente se muere y nadie le explica al niño que el abuelo estaba malito, si simplemente se le dice que se ha muerto y está en el cielo, ese niño puede pensar que también el padre se va a morir repentinamente, y esto puede generar un trastorno de ansiedad. Por otro lado, puede haber una situación de bullying, o un miedo a que los padres se vayan a divorciar. Cuando los miedos no consiguen superarse de forma autónoma, aparece la ansiedad.

¿Qué tratamientos puede necesitar un niño con ansiedad?

Lo primero es empezar con una psicoterapia. Un psicólogo o psiquiatra puede darle técnicas para que se relaje, intentar entender de dónde viene ese miedo, cómo empezó, con qué lo relacionan. Es importante trabajarlo a través de dibujos o juegos, porque ellos no van a decir lo que les pasa, muchas veces no lo saben. Si el nivel de ansiedad es muy elevado, puede ser necesario un tratamiento farmacológico por parte de un psiquiatra, que lo va a ajustar a su edad y su peso. Los niños toman las mismas medicaciones que los adultos, simplemente están adaptadas a su peso.

¿Qué tipo de apoyo necesitan ellos de parte de los padres en esos momentos?

Mucha comprensión, acompañamiento, que se les explique lo que les pasa, que se les escuche y se les ayude a buscar soluciones. Se puede trabajar a través de cuentos o juegos. Sobre todo, es importante no juzgar, no ridiculizar y no comparar. Si los padres no se ven capacitados para ayudar, pueden acudir a un profesional para que ayude.

¿Qué señales pueden hacer pensar que un niño tiene un trastorno del espectro autista?

Algunos signos son que los niños no mantienen la mirada, o que no desarrollan el juego simbólico. Si un niño tiene un muñequito de Playmobil, ese muñequito hace que es un personaje y que interacciona con otros muñecos. Pero si, en lugar de eso, lo que hace es clasificarlo por colores o ponerlo en fila y no lo hace interactuar con otros muñequitos, eso es un signo de alerta. En el autismo hay dos partes que son fundamentales, que son el problema del lenguaje y el de la comunicación social. Luego, hay muchos rasgos accesorios, como la hipersensibilidad o el comportamiento, que son llamativos, pero no significan por sí solos que haya autismo si no existen esas dificultades en entender el lenguaje, expresarlo, y tener empatía en la comunicación social.

¿Cómo se diagnostica el autismo?

El diagnóstico es clínico, lo hacemos mediante una entrevista con los padres o el colegio. Existen tests que nos pueden orientar, pero tienen que ser administrados por un profesional con formación específica.

¿Existen casos de diagnóstico tardío?

Sí, porque el autismo es un espectro. Esto significa que hay casos leves y otros más graves. Los casos más graves se diagnostican antes, pero en los leves, pueden pasar muchos años sin que nadie se dé cuenta. Desde fuera, pueden parecer personas más peculiares, o que no pillan algunas cosas, pero cuanto más leve es, más difícil es de diagnosticar. Esto también pasa más en las niñas, porque en general tienen otras habilidades, son más sueltas en el lenguaje, entonces, camuflan los síntomas. Lo mismo pasa con el TDAH en niñas, ellas desarrollan herramientas para compensar esas dificultades.

¿El diagnóstico tardío tiene impacto en el bienestar?

Sí, a nivel de la autoestima. Porque si tú has entendido la vida de otra manera pero no has sabido por qué, simplemente te has identificado como una persona diferente, puede que esto vaya minando tu autoestima. Por eso, hay programas de atención temprana y ante la duda, aunque no tengamos un diagnóstico, siempre se intenta trabajar las habilidades sociales, las emociones y la empatía desde muy pequeñitos. Cuando alguien llega con un TEA a los 15 años, se ha perdido toda esa parte.

¿Cómo se detecta un caso de TDAH?

Antes de los seis años, no nos lo planteamos. Porque hasta esa edad, los niños, por definición, son inquietos e inatentos. A mí me escriben madres para preguntar si su hijo de dos años puede tener TDAH. Lo que pasa es que vivimos en una sociedad con una forma de trabajo en la que necesitamos tener a los niños en la guardería o en el colegio, cuando, evolutivamente, no es normal que un niño tenga que estar seis horas sentado en una silla. A veces tenemos expectativas que no están ajustadas a la realidad del ser humano. Pero a partir de los seis años, podemos detectar que es un niño muy despistado, que aunque tenga buenos resultados en clase, no presta atención, se deja el abrigo, pierde el estuche, no lleva los libros a clase, está metido en líos, tiene impulsividad, se pone en peligro, contesta sin pensar. Todas estas son pistas. Pero no todos los TDAH son hiperactivos o sacan malas notas, ni todos los niños hiperactivos tienen TDAH.

¿Cómo se abordan estos casos a nivel familiar?

Si llega la hora de la ducha y le dices: «Quítate la ropa, dúchate, lávate los dientes, ponte el pijama y recoge tu cuarto», va a hacer una cosa y después te lo vas a encontrar jugando. Y no porque el niño sea irresponsable o desobediente, sino porque su cerebro se ha despistado. Entonces, el padre tiene que dar una orden a la vez y no enfadarse ni echarle la bronca ni decirle que es una bala perdida. Porque muchos problemas de autoestima en estos niños vienen de que los califican de rebeldes o malos, cuando solo son diferentes. Eso es fundamental. Por otro lado, necesitan hacer mucho deporte y actividad al aire libre, porque esto les va muy bien.

¿Cuándo hay que llevar a consulta a un niño?

Ante la duda, si te estás planteando que a tu hijo le pueda estar pasando algo, hay que ir a consulta. Si vemos cambios de conducta bruscos, si no reconocemos a nuestro hijo, si empieza a quejarse de dolores físicos que no tienen mucho sentido, si come raro o no quiere comer o duerme diferente, si aparecen cambios que no tienen explicación, hay que consultar.

¿Se debe empezar por psiquiatra o psicólogo?

Por cualquiera. Si es algo muy grave y está sufriendo mucho, un psiquiatra puede descartar que haya otras causas médicas físicas para trabajar en la parte mental. Pero si se empieza por un psicólogo, ese psicólogo valorará y si ve que es necesario, derivará a un psiquiatra.

¿Cómo funciona la evaluación psicológica a través de dibujos?

Son tests proyectivos. En los dibujos, los niños proyectan sus miedos, sus expectativas y cómo se sitúan ellos frente a otras personas. Por ejemplo, vemos los colores que utilizan, si hay mucho rojo o negro, puede que haya mucha rabia adentro. Si ha coloreado tan fuerte que ha roto el lápiz, puede que haya un problema de ansiedad. Si vemos que la cara del padre es roja, podemos plantearnos qué pasa con ese padre. Si el niño ha tenido un hermanito y el hermanito no sale en el dibujo, puede haber algo de celos. Pero no evaluamos solo el dibujo. Tiene que ir acompañado de toda la historia, la entrevista y el contexto del niño. Esto tiene que estar desarrollado en un contexto profesional.

¿Qué medidas pueden ayudar a los niños a construir hábitos adecuados de sueño?

Evitar hacer deporte a partir de las ocho de la tarde, no darles café ni bebidas energéticas, evitar las pantallas, sobre todo a última hora. Un niño no puede acostarse con el móvil. Luego, también es importante la rutina nocturna y buscar que sea un momento placentero. Ducharnos, ponernos el pijama, contar un cuento, cantar una canción juntos. Es un momento bonito que ayuda a estrechar lazos entre padres e hijos y a desarrollar su imaginación y a identificar emociones en los personajes de los cuentos. Esta es una herramienta fundamental para las familias.

¿Cómo podemos fomentar el desarrollo emocional saludable en los niños?

Hay que escucharles. Hay que enseñarles a identificar sus emociones, ponerle nombre a lo que les está pasando, validarlo y acompañarles, y que nosotros también podamos hablar de nuestras emociones para que vean todos los estados de ánimo que hay. Si mamá llora, ellos pueden ver que no pasa nada porque uno llore. Es normal estar triste a veces. Eso es educación emocional.

Redactora: Laura Inés Miyara

FUENTE:

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/lavozdelasalud/tribu/2024/03/09/nuria-nunez-psiquiatra-infantil-nino-colorea-fuerte-rompe-lapiz-puede-tener-ansiedad/00031709991791138453666.htm

https://pixabay.com/es/vectors/libro-caracteres-gr%C3%A1ficos-clase-2024008/

sábado, 3 de septiembre de 2011

EL TRATAMIENTO PARA EL TDAH

Aparte de la medicación, que es sólo paliativa y no cura a los pacientes, los niños hiperactivos necesitan que la sociedad y, en particular, los médicos, padres y maestros conozcan y comprendan el trastorno que padecen. Se necesita, por tanto, que los responsables de salud infantil, apoyen y subvencionen a los investigadores, familias y centros escolares.
Es urgente y necesario que los hospitales públicos cuenten con unidades especializadas en esta enfermedad, no sólo para el diagnostico, sino también para el tratamiento, en el que es imprescindible la psicoterapia. De ese modo, los padres no andaríamos de acá para allá, soltando dinero a espuertas, perdidos en el maremágnum de distintos especialistas y corrientes. No tratar como se debe a un niño hiperactivo, no tener conocimiento y recursos para ayudarlos en la propia casa y en el colegio, les hace profundamente inseguros, les anula la autoestima, les deja sin amigos, les arrastra a conductas peligrosas, a fracasos personales y sociales. Estas personitas tienen un coeficiente intelectual normal o alto y una sensibilidad superior, pero hay que tratarlos de forma especial.
En Estados Unidos, por ejemplo, existen protocolos específicos en los colegios y universidades. Les ayudan, les respetan su ritmo, más lento en los exámenes y les refuerzan en todos los aspectos. Todos los centros cuentan con un terapeuta especializado para apoyar a los profesores en las aulas de los colegios normales.
Aquí, hoy por hoy, los profesores carecen de formación, recursos y tiempo y se desesperan y presionan a la familia continuamente, trasladándoles el problema del pequeño. Un tormento para todos. Un horror que empeora el problema del niño. Una realidad que hay que transformar ya.
Pido en nombre de todos los padres de estas criaturas preciosas que, tanto Sanidad como Educación, den una respuesta. El cinco por ciento de nuestros niños puede pasar de tener un futuro trágico a uno lleno de la esperanza que merecen.
FUENTE:
Paloma Pedrero

lunes, 25 de julio de 2011

DIEZ MITOS SOBRE EL TDAH QUE INTERFIEREN CON LA MEJORÍA

Hay muchos mitos sobre el TDAH, la gente opina sin saber y todos “saben” cómo cambiar el comportamiento descontrolado del niño. Generalmente la familia, amigos y profesores tienden a culpar, consciente o inconscientemente, a los padres. Esto es una defensa natural ante la difícil situación del niño. Lo lógico es buscar la respuesta en un problema de los padres o de la familia.
Con éste breve artículo pretendemos aclarar algunos de estos falsos mitos. Nuestro objetivo es reducir el estigma del TDAH y favorecer su reconocimiento y detección precoz. Así podremos prevenir y evitar que los niños sufran los síntomas durante años antes de recibir un diagnóstico correcto y el tratamiento que está disponible. El tratamiento del TDAH es muy seguro y eficaz y lo apoyan muchos estudios científicos.
Mito 1: El TDAH es culpa de los padres y su diagnóstico es poco fiable
El TDAH es un trastorno psiquiátrico del cerebro; su origen es biológico, con transmisión genética (con una heredabilidad del 75%), que afecta la capacidad del niño, adolescente o adulto de:
  1. regular su nivel de actividad (por lo que tienen hiperactividad),
  2. inhibir o frenar sus ideas, pensamientos o comportamiento (por lo que tienen impulsividad) y
  3. prestar atención a las acciones que realizan (por lo que tienen inatención).
El niño con TDAH tiene gran dificultad o incapacidad para prestar atención y concentrarse, un nivel alto de actividad inadecuado para su edad, se distrae muy fácilmente y es muy impulsivo.
El TDAH no es culpa de los padres aunque, a veces, los padres no entiendan los síntomas, se echen ellos la culpa e intenten controlar al niño de formas no eficaces.
La fiabilidad del diagnóstico es muy alta y la presentación es bastante similar en diferentes culturas. Al igual que la diabetes o el asma, el TDAH se presenta de forma similar en EE.UU., en España, en el resto de Europa, en Latinoamérica, en China, etc. Hay asociaciones de padres de niños con TDAH en todo el mundo, y los padres describen los mismos síntomas en los niños que manifiestan los mismos problemas.
Los padres no deben aceptar nunca que nadie les culpe de la enfermedad de su hijo, como tampoco se deben culpar si su hijo tiene diabetes o epilepsia.
Aunque algunas de estas cosas no ayudan, el TDAH no se produce por desacuerdos entre los padres, ni siquiera por separación o divorcio, ni por estar viudos o solteros, ni por el nacimiento de un hermano menor, ni porque la madre o el padre se ponga a trabajar, ni porque el padre o la madre trabajen mucho y pasen poco tiempo en casa, ni por cambiarle de colegio, ni por cambiar mucho de casa, ni por tener niñera, ni porque le cuiden los abuelos…Todas estas cosas suceden, y a veces coinciden en el tiempo, pero no tiene relación de causa-efecto con el TDAH, ni con la miopía, ni con la diabetes, ni con la epilepsia, ni con la varicela. No se culpe por la enfermedad de su hijo y no deje que nadie le culpe.
Mito 2: El TDAH es una enfermedad nueva, y sólo existe en EE.UU., es un invento.
El TDAH fue descrito ya en 1865 por el Alemán Hoffman en el cuento Der Struwwelpeter y en 1902 por el Inglés Still y por el Español Rodríguez-Lafora. Inicialmente se llamó Disfunción Cerebral Mínima; luego (1950) Síndrome Hipercinético más tarde (1960) Síndrome del Niño Hiperactivo o Reacción Hipercinética de la Infancia y, más recientemente, (1980) se cambió el nombre a Trastorno por Déficit de Atención (con o sin Hiperactividad) (TDA con H, TDA sin H). Desde 1994 se llama TDAH, con tres subtipos: combinado, inatento e hiperactivo-impulsivo. Aunque el nombre ha ido cambiando según hemos ido sabiendo más sobre el trastorno, la entidad clínica TDAH está descrita desde hace más de 140 años, ¡¡desde la época de la Reina Isabel II en España, literalmente, ¡¡desde antes de la Guerra de Cuba!!, no es algo nuevo, ni mucho menos.
La frecuencia es similar en todo el mundo, entre el 2 y el 6%, según diferentes estudios. Los padres no vienen al psiquiatra por capricho, sino porque el niño tiene problemas serios en casa, en el colegio, con su rendimiento escolar, con su funcionamiento social y con su control de impulsos.
Mito 3: Los síntomas de TDAH son leves, se trata de una enfermedad falsa, fruto del poco aguante de los padres de hoy, del perfeccionismo y la exigencia excesiva.
El TDAH tiene un efecto muy negativo sobre el niño que lo padece. A largo plazo y, si no se trata correctamente, reduce seriamente el rendimiento académico del niño y desemboca en fracaso escolar, generando abandono de los estudios o repetición del curso. Si pasan curso, no dominan la materia anterior y la base de conocimientos del niño se hace cada vez más endeble.
Además, afecta el desarrollo social y emocional del niño. Debido a los múltiples problemas en las relaciones con los compañeros por su impulsividad, los niños con TDAH tienden a tener pocos amigos, poco duraderos, y las relaciones son menos estrechas.
Por los fracasos repetidos en el colegio, las discusiones con los amigos y con los padres, por malas notas y mal comportamiento, son frecuentes los síntomas depresivos e incluso la depresión en los niños con TDAH. Los niños con TDAH no tratado desarrollan con frecuencia comportamientos negativistas: desobediencias progresivas, desafío a la autoridad y, poco a poco, problemas de conducta mayores e, incluso, abuso de alcohol y drogas (especialmente porros). No es un trastorno “cosmético”, fruto del perfeccionismo de la sociedad. Los niños con TDAH que no reciben tratamiento correcto suelen alcanzar trabajos o profesiones por debajo de su capacidad. También son más susceptibles de tener otros problemas, si no se les trata adecuada y tempranamente, como mayor tasa de embarazos en edades tempranas, mayor tasa de abuso de sustancias, menor tasa de retención de un trabajo, y menor progresión laboral.
Mito 4: El TDAH sólo afecta a niños y desaparece en el adolescente
Es cierto que algunos síntomas de hiperactividad disminuyen con la edad, transformándose en movimientos más finos (mover el pie, dar golpecitos...). Sin embargo, la inatención y, especialmente, la impulsividad permanecen en adolescentes y adultos. Las estimaciones de los padres y personas que viven con el paciente son más precisas que las del paciente, que a veces minimiza sus síntomas. Se estima que la tercera parte de los niños con TDAH dejará de tener TDAH antes de la adolescencia, la tercera parte dejará de tener TDAH antes de la edad adulta, y la tercera parte seguirá teniendo TDAH de adultos. Pero, como hemos indicado, aunque algunos ya no cumplen criterios completos de TDAH, siguen teniendo síntomas que les afectan, por lo que cada vez más se considera al TDAH como un problema crónico que requiere manejo a largo plazo.
Mito 5: El TDAH sólo afecta a los niños y no a las niñas.
Las niñas con TDAH suelen pasar desapercibidas con más facilidad, porque tienen menos hiperactividad y menos oposicionalidad. Comparadas con los niños, tienen menos comorbilidad con trastorno negativista desafiante, trastorno de conducta, del aprendizaje y depresión, pero más trastornos de ansiedad. El problema es que como pasan desapercibidas, a veces no tienen problemas en el rendimiento escolar hasta la secundaria, en edades de 11 a 15 años. Si el médico es demasiado rígido con los criterios diagnósticos, puede decir que como no ha tenido problemas antes de los 7 años no tiene TDAH. A veces, hemos visto a estas chicas en la consulta a los 17-18 años y, a pesar de llevar tanto tiempo con un rendimiento muy por debajo de su capacidad, mejoran mucho con medicación. Por eso les digo a los padres que nunca es demasiado tarde para empezar a mejorar.
Mito 6: El TDAH lo debe diagnosticar y tratar, primero, el neurólogo o neuropediatra y, si no mejora, entonces el psiquiatra infantil.
Un diagnóstico correcto y temprano es el primer paso para un buen manejo del TDAH y para prevenir sus complicaciones. Generalmente son los padres, profesores, psicólogos escolares, pedagogos, o pediatras los que primero sospechan un posible TDAH en un niño que tiene síntomas o problemas. Un pediatra con experiencia y formación puede hacer un diagnóstico inicial e, incluso, iniciar un tratamiento. Generalmente, es un especialista en TDAH (psiquiatra del niño y del adolescente, neuropediatra, psiquiatra, o psicólogo clínico) el que hará un diagnóstico definitivo. Una vez realizado el diagnóstico, el médico y su equipo diseñan un plan de tratamiento que puede incluir la participación de un psicólogo clínico, pedagogo, profesor de apoyo y otros profesionales para realizar parte del tratamiento. Siempre que se sospeche un TDAH, debe existir una evaluación por un médico experto en el diagnóstico y tratamiento de niños con este problema. El psiquiatra infantil y adolescente es un médico que puede ayudar a los padres y al niño. Debe verse como un experto en el TDAH, al que los padres consultan para poder tomar mejor las decisiones médicas que afecten al niño. Lo mejor es buscar un psiquiatra con el que los padres se sientan cómodos. Primero, porque tenga una calidad técnica reconocida y, luego, porque sea capaz de hacerse entender y de ser cercano a las necesidades de los padres. Si el psiquiatra no escucha a los padres o les hace sentir culpables por los problemas del niño les recomiendo que busque a otro más adecuado.
Mito 7: El Tratamiento del TDAH deber ser, primero, sin medicación y, si no mejora, se puede usar medicación, porque los fármacos son peligrosos.
El tratamiento del TDAH debe incluir 3 partes:
  1. Entrenamiento a los padres sobre el TDAH y cómo manejar aspectos de la conducta del niño.
  2. Apoyo y adaptación a nivel escolar.
  3. Además, es imprescindible un tratamiento médico, con una medicación que ayude a mejorar los déficits en neurotransmisores de algunas zonas del cerebro. El tratamiento del TDAH no debe ser nunca solamente dar la medicación, pero ésta es imprescindible en la inmensa mayoría de los casos.
Cuanto más sepan, lean y pregunten los padres sobre el TDAH mejor podrán ayudar a su hijo.
Deben buscarse un médico para que evalúe y trate al niño, un médico que sea experto en niños con TDAH y que tenga tiempo y paciencia para seguir al niño a lo largo de su enfermedad. Un médico que esté disponible.
Además los padres pueden:
  1. Definir reglas claras de consecuencias y premios para ciertos comportamientos.
  2. Ayudar al niño a terminar una tarea o encargo, dividiéndolo en pasos menores.
  3. Aumentar la estructura y el orden de la casa.
  4. Establecer rutinas estables y predecibles para organizar el tiempo.
  5. Eliminar ruidos y distracciones.
  6. Modificar la conducta del niño.
  7. Motivarles.
  8. Aumentar la disciplina, haciéndo que el niño sufra las consecuencias de saltarse las normas.
Hay varios tipos de medicinas que han demostrado su eficacia en el TDAH aprobadas para su uso: los estimulantes (en España Metilfenidato: Rubifén®, Concerta® y Medikinet®; fuera de España también Dextro- metilfenidato, dextroanfetamina y mezcla de sales de anfetamina). Estas medicinas actúan principalmente sobre la dopamina. También ayudan las medicaciones no estimulantes como atomoxetina (Strattera®) con efecto principalmente sobre la noradrenalina. Estas medicaciones son todas de primera elección en la mayoría de las guías clínicas basadas en la evidencia elaboradas por expertos. La elección de una u otra medicación debe hacerse de forma individualizada. En todo tratamiento con medicación hay una fase inicial para alcanzar una dosis adecuada, una fase de mantenimiento, donde la respuesta adecuada inicial se ha alcanzado, y una fase de perfeccionamiento, donde se hacen retoques y se atienden problemas emergentes o nuevos síntomas. La colaboración entre el médico y los padres es esencial en las tres fases.
Mito 8: Es mejor no dar medicación al niño y usar psicoterapia u otros abordajes no farmacológicos
La psicoterapia que ayuda al niño con TDAH es el entrenamiento de los padres sobre los síntomas del TDAH y sobre cómo controlar y manejar mejor el comportamiento del niño.
La psicoterapia psicoanalítica no funciona en el TDAH, tampoco la terapia de juego, ni el entrenamiento cognitivo para “mejorar” la concentración, memoria o atención.
También es muy útil el apoyo escolar, con técnicas de estudio, remediando las dificultades del niño, intentando recuperar las áreas en las que tenga especial dificultad o retraso respecto a sus compañeros.
Hay muchos mitos sobre métodos mágicos que pueden mejorar el TDAH pero que no tienen ninguna base científica. Estos “tratamientos” se suelen ofrecer en consultas privadas con gran coste de tiempo y dinero para los padres, y sensación de fracaso para el niño. No existe evidencia de que métodos como oir música de diferentes tonos para reeducación auditiva sirva para nada, como mucho puede relajar al niño, pero se obtiene el mismo efecto comprando un disco y oyéndolo en casa. Tampoco los ejercicios de entrenamiento y reeducación de la lateralidad cruzada ni el biofeedback de EEG son útiles. Las dietas sin azúcar y sin colorantes no curan el TDAH. Los tratamientos homeopáticos como agua magnetizada, hierbas de diferentes tipos, acidos grasos Omega-3 tampoco han demostrado eficacia. Algunas hierbas, aunque sean naturales, pueden ser peligrosas (no confundir natural con inofensivo). No por ser naturales, estos remedios son buenos y, generalmente, su eficacia no ha sido demostrada científicamente. Los padres deben desconfiar de remedios fáciles que prometan “curación” permanente, rápida, sin esfuerzo y que supongan un gran desembolso económico inicial. Deben desconfiar de tratamientos no publicados en revistas científicas, que impliquen el uso de algún artefacto patentado o supuesta medicación con componente secreto o no claramente conocido.
Mito 9: Las medicaciones producen adicción, porque son drogas
Este tema suele preocupar mucho a los padres y es importante que se entienda bien. Es un falso mito que el metilfenidato produzca adicción., Aunque químicamente el metilfenidato es similar a la anfetamina, a dosis normales en TDAH y por vía oral no produce efecto euforizante. El metilfenidato, al tratar el TDAH, de hecho reduce el riesgo de que el niño en el futuro abuse de drogas, porque disminuye su impulsividad. Sin embargo, dosis altas de metilfenidato podrían causar efecto euforizante. Por ello, si se usa en chicos con problemas de abuso de drogas o alcohol, debe hacerse con control cercano. Los padres deben guardar bajo llave la medicación y darles sólo una pastilla cada vez para evitar que tomen más de lo recetado. Esto limita el uso del metilfenidato en adolescentes con problemas de abuso de alcohol o drogas o con trastorno de conducta, pero no es el metilfenidato lo que produce este abuso de drogas, sino el TDAH. La forma OROS®-Metilfenidato al ser una cápsula de liberación prolongada, tiene menor riesgo de abuso. La atomoxetina tampoco produce ningún efecto euforizante ni tiene riesgo de adicción.
Mito 10: La medicación produce una reducción del crecimiento (en altura) del niño
El efecto de los estimulantes sobre el crecimiento ha sido una preocupación de padres y médicos durante años y ha sido muy estudiado. Algunos estudios han mostrado una reducción de la ganancia esperada de altura en los primeros 3 años de tratamiento, aunque la significación clínica de estos datos es difícil de valorar. Otros estudios encontraron una menor talla de los niños con TDAH tratados con estimulantes a los 18 años, pero no encontraron diferencias más tarde, porque los adolescentes con TDAH completaron su desarrollo un poco más tarde y alcanzaron tallas similares a los controles. En estudios donde se interrumpía el metilfenidato los fines de semana y en vacaciones, no se observó ninguna ventaja en el crecimiento, por lo que no se recomienda parar el tratamiento los fines de semana ni en vacaciones. La talla y el peso deben monitorizarse de cerca y, en aquellos niños que pierden peso o no ganan peso adecuadamente, se pueden usar suplementos energéticos y calóricos. La atomoxetina tampoco reduce el crecimiento en altura.
RESUMEN
Síntomas del niño con TDAH
  • Niños descuidados y olvidadizos
  • Dificultad para estar atentos en clase
  • No se centran en los juegos
  • No terminan las tareas
  • Cometen muchos errores por descuidos
  • Hablan excesivamente
  • Están siempre en movimiento
Posibles causas
Factores genéticos (La causa principal)
Problemas prenatales y perinatales
  • Uso de tabaco en el embarazo
  • Problemas durante el parto
  • Falta de oxígeno en el cerebro
  • Prematuridad
  • Bajo peso al nacer
Otras causas desconocidas
NO es debido a factores ambientales familiares, a la T.V. o a los videojuegos…
Tratamiento
  1. Coordinación y trabajo en equipo entre padres, educadores y médicos
  2. Entrenamiento a los padres en manejo conductual del niño
  • Ignorar conductas negativas, potenciar, motivar y premiar conductas positivas.
  • Priorizar las conductas que queremos cambiar
  • Evitar conductas agresivas
  • Evitar castigos físicos
  • Apoyo en asociaciones de padres
3. Apoyo escolar y adaptación del método didáctico
  • Intervenciones en el aula (sentarse cerca del profesor, supervisión más cercana,
  • Motivación al niño
  • Apoyo específico en áreas deficitarias
 4. Tratamiento médico (ES IMPRESCINDIBLE)
  • Manejo con medicación tipo estimulante o no estimulante
Medicación estimulante
Metilfenidato:
  • Liberación inmediata: Rubifén®: duración del efecto: 4 hrs.
  • Liberación prolongada: Medikinet®: duración del efecto: 8 horas y Concerta®: duración del efecto: 12 horas
Medicación no estimulante
Atomoxetina (Strattera®): duración del efecto: Aprox. 24 horas
No funcionan
Métodos de entrenamiento auditivo o musical (Tipo Tomates)
El tratamiento con hierbas, minerales, magnetoterapia…
Biofeedback con EEG…
Dietas especiales
Es recomendable
  • Llegar al diagnóstico precoz
  • Acudir a asociaciones de padres con niños TDAH.
  • Buena comunicación entre padres, educadores y médicos
Fuente:
Dr. Cesar Soutullo y Regina Cobo
César Soutullo: Director de la Unidad de Psiquiatría Infantil y Adolescente, Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica, Clínica Universitaria, Universidad de Navarra
Regina Cobo: Presidenta, Fundación CADAH (Cantabria Ayuda al TDAH), Santander, Cantabria