TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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martes, 12 de marzo de 2024

NURIA NÚÑEZ, PSIQUIATRA INFANTIL: «NO ES NORMAL QUE UN NIÑO TENGA QUE ESTAR SEIS HORAS SENTADO EN UNA SILLA»

 



La experta Nuria Núñez, psiquiatra infantil, explica cómo detectar tempranamente signos de trastornos como la ansiedad, el autismo o el TDAH y cómo construir un buen apego para prevenir problemas de salud mental a largo plazo

Fiebre, tos o dolor de barriga son algunos de los síntomas típicos en los niños y son también los más fáciles de detectar. Porque cuando la enfermedad ataca al cuerpo, el dolor tiene forma física y nombre. Pero ¿somos capaces de percibir los síntomas de una depresión infantil? ¿Cómo se distingue a nivel clínico un carácter inquieto o unas malas notas de un TDAH? La doctora Nuria Núñez es psiquiatra especializada en la evaluación, el diagnóstico y el tratamiento de trastornos mentales, emocionales y del comportamiento en niños, desde el déficit de atención e hiperactividad hasta la depresión, la ansiedad, el autismo o la bipolaridad. En su nuevo libro, Los niños también se deprimen (La esfera de los libros, 2024), la experta explica a los padres cómo pueden promover el bienestar emocional en sus hijos a lo largo de la vida.

¿Qué importancia tiene el apego en el desarrollo?

El apego es el vínculo que genera cualquier mamífero con su madre, su padre o su cuidador. Es algo innato. Según cómo se vaya desarrollando ese apego, podrá ser de diferentes tipos: seguro, ansioso o desorganizado. Lo ideal es fomentar que haya un apego seguro, que el niño tenga seguridad en que va a ser cuidado, para que desarrolle la creencia de que es importante, de que es bueno, de que es suficiente, de que merece que le quieran. Cuando tú vas creciendo con ese tipo de mensajes, los extrapolas a tu manera de relacionarte con los demás. Si tienes un amigo, entiendes que eres digno de ser querido por él y que eres importante para él. Si tienes pareja, lo mismo. Y así con todas las personas. El estilo de apego va a condicionar cómo nos relacionamos con los demás. Por eso es muy importante el apego seguro. No es una garantía, pero sí que te protege un poco más, aunque todos somos susceptibles de desarrollar trastornos de ansiedad, de personalidad o depresiones.

¿Cómo se puede potenciar ese tipo de apego?

Depende de cada etapa. En el caso de un bebé, es importante demostrarle que estamos disponibles. Si llora y no sabes exactamente si tiene sueño o hambre, eso no importa, lo importante es que muestres tu disponibilidad y que eres capaz de calmarle, así tardes cinco minutos o cinco horas. Luego, cuando son más mayores, hay que enseñarles a desarrollar autonomía y permitirles explorar. Si a un niño de tres años lo sigues tratando como a un bebé, no estás fomentando un apego seguro, estás haciendo que sea ansioso, porque no le permites ganar autonomía. Y a medida que llega la autonomía, hay que ir poniéndole límites, para marcarles hasta dónde llega esa autonomía: no puedes salir corriendo, no puedes pegarle a otro niño, tienes que ducharte todos los días. Y luego, en niños más mayores, hay que fomentar que vayan teniendo su espacio, sus amigos, sus opiniones. Aquí ya tenemos un rol más de acompañamiento.

¿Cómo podemos identificar la ansiedad en niños?

Que veamos un cambio de carácter, que esté más miedoso, que un niño que era muy autónomo empiece a estar muy pegado a los padres, o a comerse las uñas. Cosas así nos pueden indicar que hay un trastorno de ansiedad. Cuando empiezan a manifestar síntomas físicos y el pediatra no detecta nada que los justifique, sobre todo si aparecen, por ejemplo, el domingo a la noche, o cuando el papá tiene que irse a dormir fuera por trabajo, entonces hay que empezar a sospechar que hay una somatización.

¿Por qué los niños sufren ansiedad?

Puede surgir por miedos o preocupaciones. Según la edad y el desarrollo evolutivo, entienden la vida de una manera diferente. Un comentario de un padre o algo que han visto en la tele o cosas que han pasado a su alrededor y que no se les han explicado bien pueden tener impacto. Por ejemplo, si el abuelo de repente se muere y nadie le explica al niño que el abuelo estaba malito, si simplemente se le dice que se ha muerto y está en el cielo, ese niño puede pensar que también el padre se va a morir repentinamente, y esto puede generar un trastorno de ansiedad. Por otro lado, puede haber una situación de bullying, o un miedo a que los padres se vayan a divorciar. Cuando los miedos no consiguen superarse de forma autónoma, aparece la ansiedad.

¿Qué tratamientos puede necesitar un niño con ansiedad?

Lo primero es empezar con una psicoterapia. Un psicólogo o psiquiatra puede darle técnicas para que se relaje, intentar entender de dónde viene ese miedo, cómo empezó, con qué lo relacionan. Es importante trabajarlo a través de dibujos o juegos, porque ellos no van a decir lo que les pasa, muchas veces no lo saben. Si el nivel de ansiedad es muy elevado, puede ser necesario un tratamiento farmacológico por parte de un psiquiatra, que lo va a ajustar a su edad y su peso. Los niños toman las mismas medicaciones que los adultos, simplemente están adaptadas a su peso.

¿Qué tipo de apoyo necesitan ellos de parte de los padres en esos momentos?

Mucha comprensión, acompañamiento, que se les explique lo que les pasa, que se les escuche y se les ayude a buscar soluciones. Se puede trabajar a través de cuentos o juegos. Sobre todo, es importante no juzgar, no ridiculizar y no comparar. Si los padres no se ven capacitados para ayudar, pueden acudir a un profesional para que ayude.

¿Qué señales pueden hacer pensar que un niño tiene un trastorno del espectro autista?

Algunos signos son que los niños no mantienen la mirada, o que no desarrollan el juego simbólico. Si un niño tiene un muñequito de Playmobil, ese muñequito hace que es un personaje y que interacciona con otros muñecos. Pero si, en lugar de eso, lo que hace es clasificarlo por colores o ponerlo en fila y no lo hace interactuar con otros muñequitos, eso es un signo de alerta. En el autismo hay dos partes que son fundamentales, que son el problema del lenguaje y el de la comunicación social. Luego, hay muchos rasgos accesorios, como la hipersensibilidad o el comportamiento, que son llamativos, pero no significan por sí solos que haya autismo si no existen esas dificultades en entender el lenguaje, expresarlo, y tener empatía en la comunicación social.

¿Cómo se diagnostica el autismo?

El diagnóstico es clínico, lo hacemos mediante una entrevista con los padres o el colegio. Existen tests que nos pueden orientar, pero tienen que ser administrados por un profesional con formación específica.

¿Existen casos de diagnóstico tardío?

Sí, porque el autismo es un espectro. Esto significa que hay casos leves y otros más graves. Los casos más graves se diagnostican antes, pero en los leves, pueden pasar muchos años sin que nadie se dé cuenta. Desde fuera, pueden parecer personas más peculiares, o que no pillan algunas cosas, pero cuanto más leve es, más difícil es de diagnosticar. Esto también pasa más en las niñas, porque en general tienen otras habilidades, son más sueltas en el lenguaje, entonces, camuflan los síntomas. Lo mismo pasa con el TDAH en niñas, ellas desarrollan herramientas para compensar esas dificultades.

¿El diagnóstico tardío tiene impacto en el bienestar?

Sí, a nivel de la autoestima. Porque si tú has entendido la vida de otra manera pero no has sabido por qué, simplemente te has identificado como una persona diferente, puede que esto vaya minando tu autoestima. Por eso, hay programas de atención temprana y ante la duda, aunque no tengamos un diagnóstico, siempre se intenta trabajar las habilidades sociales, las emociones y la empatía desde muy pequeñitos. Cuando alguien llega con un TEA a los 15 años, se ha perdido toda esa parte.

¿Cómo se detecta un caso de TDAH?

Antes de los seis años, no nos lo planteamos. Porque hasta esa edad, los niños, por definición, son inquietos e inatentos. A mí me escriben madres para preguntar si su hijo de dos años puede tener TDAH. Lo que pasa es que vivimos en una sociedad con una forma de trabajo en la que necesitamos tener a los niños en la guardería o en el colegio, cuando, evolutivamente, no es normal que un niño tenga que estar seis horas sentado en una silla. A veces tenemos expectativas que no están ajustadas a la realidad del ser humano. Pero a partir de los seis años, podemos detectar que es un niño muy despistado, que aunque tenga buenos resultados en clase, no presta atención, se deja el abrigo, pierde el estuche, no lleva los libros a clase, está metido en líos, tiene impulsividad, se pone en peligro, contesta sin pensar. Todas estas son pistas. Pero no todos los TDAH son hiperactivos o sacan malas notas, ni todos los niños hiperactivos tienen TDAH.

¿Cómo se abordan estos casos a nivel familiar?

Si llega la hora de la ducha y le dices: «Quítate la ropa, dúchate, lávate los dientes, ponte el pijama y recoge tu cuarto», va a hacer una cosa y después te lo vas a encontrar jugando. Y no porque el niño sea irresponsable o desobediente, sino porque su cerebro se ha despistado. Entonces, el padre tiene que dar una orden a la vez y no enfadarse ni echarle la bronca ni decirle que es una bala perdida. Porque muchos problemas de autoestima en estos niños vienen de que los califican de rebeldes o malos, cuando solo son diferentes. Eso es fundamental. Por otro lado, necesitan hacer mucho deporte y actividad al aire libre, porque esto les va muy bien.

¿Cuándo hay que llevar a consulta a un niño?

Ante la duda, si te estás planteando que a tu hijo le pueda estar pasando algo, hay que ir a consulta. Si vemos cambios de conducta bruscos, si no reconocemos a nuestro hijo, si empieza a quejarse de dolores físicos que no tienen mucho sentido, si come raro o no quiere comer o duerme diferente, si aparecen cambios que no tienen explicación, hay que consultar.

¿Se debe empezar por psiquiatra o psicólogo?

Por cualquiera. Si es algo muy grave y está sufriendo mucho, un psiquiatra puede descartar que haya otras causas médicas físicas para trabajar en la parte mental. Pero si se empieza por un psicólogo, ese psicólogo valorará y si ve que es necesario, derivará a un psiquiatra.

¿Cómo funciona la evaluación psicológica a través de dibujos?

Son tests proyectivos. En los dibujos, los niños proyectan sus miedos, sus expectativas y cómo se sitúan ellos frente a otras personas. Por ejemplo, vemos los colores que utilizan, si hay mucho rojo o negro, puede que haya mucha rabia adentro. Si ha coloreado tan fuerte que ha roto el lápiz, puede que haya un problema de ansiedad. Si vemos que la cara del padre es roja, podemos plantearnos qué pasa con ese padre. Si el niño ha tenido un hermanito y el hermanito no sale en el dibujo, puede haber algo de celos. Pero no evaluamos solo el dibujo. Tiene que ir acompañado de toda la historia, la entrevista y el contexto del niño. Esto tiene que estar desarrollado en un contexto profesional.

¿Qué medidas pueden ayudar a los niños a construir hábitos adecuados de sueño?

Evitar hacer deporte a partir de las ocho de la tarde, no darles café ni bebidas energéticas, evitar las pantallas, sobre todo a última hora. Un niño no puede acostarse con el móvil. Luego, también es importante la rutina nocturna y buscar que sea un momento placentero. Ducharnos, ponernos el pijama, contar un cuento, cantar una canción juntos. Es un momento bonito que ayuda a estrechar lazos entre padres e hijos y a desarrollar su imaginación y a identificar emociones en los personajes de los cuentos. Esta es una herramienta fundamental para las familias.

¿Cómo podemos fomentar el desarrollo emocional saludable en los niños?

Hay que escucharles. Hay que enseñarles a identificar sus emociones, ponerle nombre a lo que les está pasando, validarlo y acompañarles, y que nosotros también podamos hablar de nuestras emociones para que vean todos los estados de ánimo que hay. Si mamá llora, ellos pueden ver que no pasa nada porque uno llore. Es normal estar triste a veces. Eso es educación emocional.

Redactora: Laura Inés Miyara

FUENTE:

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/lavozdelasalud/tribu/2024/03/09/nuria-nunez-psiquiatra-infantil-nino-colorea-fuerte-rompe-lapiz-puede-tener-ansiedad/00031709991791138453666.htm

https://pixabay.com/es/vectors/libro-caracteres-gr%C3%A1ficos-clase-2024008/

sábado, 6 de agosto de 2016

EL TDAH ES MÁS FRECUENTE EN NIÑOS ADOPTADOS



Las estadísticas abruman. En algunos estudios comentan que el 50% de los niños adoptados procedentes de Rusia presentan TDAH, y que de todos los niños diagnosticados de TDAH el 15% son adoptados.
Por otra parte, en otro estudio realizado por Gunnar et al. encontraron que, independientemente de la historia institucional, los niños adoptados con más de 24 meses de institucionalización, tuvieron mayor número de problemas de conducta externalizante (conductas disociales, trastorno oposicionista desafiante e hiperactividad), siendo los niños adoptados provenientes de Rusia o de países de Europa del Este los que presentaban mayor riesgo en comparación con los niños adoptados procedentes de otras zonas del mundo.

Otro estudio, nombrado en muchas publicaciones, realizado en Reino Unido, sobre niños adoptados procedentes de Rumanía, encontraron que cuanto más tiempo permanecen los niños en una institución (hasta los tres años y medio), más problemas presentan:
  • En el desarrollo cognitivo (32.6% de prevalencia frente al 2% del grupo control)
  • Más trastornos del vínculo (33.3% de prevalencia frente al 3.8% del grupo control)
  • Más problemas de conducta (38.6% de prevalencia frente al 9.6% del grupo control)
¿Qué pasa en los niños adoptados? ¿Por qué se diagnostican más de TDAH? ¿Hay otros factores implicados? ¿Se trata de TDAH o es otra patología específica de estos niños?

La respuesta no es fácil. Después de muchos años trabajando con niños con TDAH y con niños adoptados, he llegado a varias conclusiones:
  • La presencia de múltiples factores de riesgo genéticos, medioambientales y vivenciales (prematuridad, tabaquismo y/o alcoholismo en la madre, consumo de tóxicos,  deficiencias nutricionales, infecciones congénitas…) son factores de riesgo comunes tanto en niños adoptados como en niños con TDAH.
  • El TDAH tiene un elevado carácter hereditario. Esto podría implicar que algunas de las madres biológicas puedan tener un TDAH no diagnosticado y que en ellas la tasa de embarazos accidentales sea más alta y sean más proclives a dar el niño en adopción y/ o a que los cuidados prenatales y posnatales no sean los adecuados.
  • La falta de figuras de apego seguro durante las primeras etapas de la vida, por los cambios frecuentes de cuidador en las instituciones donde ha permanecido, tiene su repercusión frente a cada nuevo intento de vinculación. Por ello, los niños adoptados tienen mayor riesgo de presentar trastornos del vínculo, siendo éste el diagnóstico psiquiátrico más frecuentemente encontrado en los niños adoptados. Además algunos de los síntomas que presenta dicho trastorno son comunes a los presentados en niños con TDAH (dificultad en atención, exceso de actividad, inestabilidad y falta de autocontrol, impulsividad, problemas de relación social y confianza en los demás, falta de empatía, retrasos del aprendizaje, dificultad en la comprensión, falta de motivación e interés, dificultad en aceptación de normas y límites, negativismos, desobediencia, mentiras frecuentes, rabietas, inseguridad…).
  • La atención y el autocontrol son habilidades aprendidas y entrenadas, siendo más costoso cuanto más tarde se empiece su aprendizaje. La falta de estímulo en niños institucionalizados hace que este aprendizaje sea más dificultoso posteriormente. Por otra parte, los niños adoptados tienen una gran inseguridad que influye en el proceso del aprendizaje tanto en la atención, como en el grado de motivación, en la capacidad de concentración y en la memorización y retención de conceptos. En los primeros momentos de la adopción el niño puede mostrarse nervioso, tenso o irritable con dificultades de autocontrol y de aceptación del control externo, rasgos que también se presentan en el TDAH.
  • Los niños adoptados tienen mayor riesgo de desarrollar trastornos del lenguaje. El desarrollo del lenguaje está condicionado por la interacción del niño y los demás por lo que un niño con escasa interacción con figuras adultas va a presentar dificultad en el desarrollo del mismo. Además, una vez adoptados pierden parte de su lengua nativa y no tienen fluidez en su nuevo idioma, haciendo más difícil su aprendizaje en la escuela y su rendimiento cognitivo en el periodo inicial. El lenguaje coloquial se adquiere con bastante agilidad, pero en algunas ocasiones pueden presentar dificultades para la comprensión de términos abstractos, de lecturas complejas, de instrucciones multi-secuenciales o de preguntas conceptuales o hipotéticas.
  • Los niños mayores adoptados tienen mayor riesgo de deprivación cultural y no están preparados para el sistema educativo tradicional hasta pasados unos meses e incluso años de su llegada. Una vez adoptados se puede producir, en algunos casos, una incorporación abrupta al aula, cuando el menor no ha adquirido fluidez en el lenguaje. Además el niño cambia de una vida con escasa estimulación a otra con una hiperestimulación lo que puede conducir a una hiperquinesia y nerviosismo inicial que puede confundirse con una hiperactividad.
  • Tras la adopción se produce un cambio en los patrones de conducta.  La utilización de patrones de conducta anteriores (“conductas adaptadas a ambientes inadaptados”) que carecen de utilidad en su nueva vida conducen en ocasiones a diagnósticos de problemas de conducta y/o a incomprensión por parte de la familia adoptiva o el colegio.
  • La creación de lazos afectivos puede suponer un sobreesfuerzo emocional inicial que puede producir ansiedad, intranquilidad y nerviosismo y que suele mejorar espontáneamente por lo que hay que dar un tiempo de espera prudencial antes de establecer ningún diagnóstico.
  • La posible ocultación de la adopción puede además interferir en la curiosidad del menor por aprender.
  • El niño institucionalizado recibe un estilo de cuidado general, no individual. Por otra parte establece relaciones de apego con adultos que los rechazan o ignoran con una expectativa negativa sobre el adulto (amenaza de desprotección e inseguridad) y también con una expectativa negativa sobre sí mismo (indigno de amor y protección). Con todo ello, el niño institucionalizado desarrolla un comportamiento adaptativo en contexto de adversidad en el que prima la desconfianza, la agresión, el rechazo y la evitación.
Trastorno del vínculo

La adquisición de vínculos adecuados proporciona al niño la confianza en los otros, en el entorno y en sí mismo; por lo que es fundamental para el mantenimiento de relaciones de confianza con los padres, para el desarrollo de las relaciones con los otros, para la constitución de la propia identidad y de la autoestima, para el aprendizaje de la regulación de sentimientos, el desarrollo del lenguaje y el desarrollo del potencial intelectual. En un primer momento esta relación se crea sólo con los padres, pero a medida que el niño crece se van añadiendo otras relaciones satisfactorias (familia, amigos, compañeros, profesores o terapeutas, por ejemplo).

Tratamiento de trastorno del vínculo y TDAH

Los niños adoptados que presentan síntomas de trastorno del vínculo y de TDAH no suelen responder a las terapias conductuales convencionales por las dificultades de vinculación que van a tener con el terapeuta. Por otra parte, los tratamientos actualmente disponibles para niños con TDAH, pueden no resultar tan eficaces de forma global en niños adoptados, dada la comorbilidad que asocian. Por todo ello, el diagnóstico y tratamiento del TDAH en niños adoptados debe llevarse a cabo por expertos en ambas materias dada la complejidad y la dificultad en la valoración de los diferentes problemas que vamos a encontrar en los niños adoptados. En estos niños debemos confirmar o descartar la presencia de un trastorno del vínculo ya que el tratamiento del mismo será un factor decisivo en la evolución del resto de sus dificultades.

FUENTE:
Gemma Ochando Perales. Psiquiatría Infantil. Hospital Universitario y Politécnico La Fe, Valencia