TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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jueves, 4 de agosto de 2022

QUÉ PASA EN EL CEREBRO DE UNA PERSONA CUANDO TIENE TDAH



El cerebro humano cuenta con una zona muy importante en la parte delantera de la cabeza que se le llama Prefrontal. Es en esta zona es en donde se encuentra la atención y las funciones ejecutivas, habilidades que permiten a la persona ser consciente de las cosas, tomar decisiones, planear, organizar, ejecutar y evaluar las acciones realizadas, que justamente es lo que se ve más afectado con el TDAH.

El cerebro funciona a base de estímulos eléctricos que llevan y traen información necesaria para realizar las diferentes actividades de la vida. Esta información se logra transmitir gracias a las neuronas y éstas a su vez se pueden comunicar entre sí por la intervención de unas sustancias químicas llamadas neurotransmisores.

Los neurotransmisores se encuentran en el espacio que hay entre cada neurona y al hecho de conectarse con los extremos de cada una de ellas se le llama sinapsis y el espacio entre cada neurona recibe el nombre de espacio sináptico. Y es justamente es ahí en donde se “transportan” los mensajes entre cada neurona y cuando los neurotransmisores no lo hacen bien porque “pierden el rumbo”, no están disponibles o de plano no existen, es que las respuestas de la persona son equivocadas, lentas o bien exageradas, justamente lo que pasa en el caso del TDAH.

La presencia en bajas cantidades de diferentes neurotransmisores (las sustancias químicas que se encuentran en el cerebro), pueden ser la base para que se presenten algunas condiciones de salud mental y del estado de ánimo.

Los neurotransmisores que están relacionados con el TDAH son tres, los cuales participan llevando y trayendo información de los frontales a las demás zonas del cerebro y viceversa, favoreciendo las adecuadas respuestas cognitivas y el control de impulsos de la persona:

  • Dopamina (sustancia encargada de manejar el centro de recompensa y placer del cerebro)
  • Serotonina, y
  • Norepinefrina o noradrenalina (sustancia relacionada muy de cerca com la dopamina)

¿Qué significa esto?

De manera muy sencilla, esto quiere decir que si los niveles de estas sustancias químicas del cerebro son bajos afectan la manera en que las personas con TDAH experimentan los procesos de gratificación y motivación y, por tanto, son más propensos a perder rápidamente el interés en ciertas actividades y en buscar más estimulación del ambiente que otras personas.

Estos bajos niveles en los sistemas de transmisores químicos terminan por afectar áreas específicas del cerebro:

Áreas involucradas

Algunas de las áreas específicas que se ven involucradas cuando una persona presenta TDAH, y se han podido demostrar son:

1. Lóbulo frontal

Esta es la parte del cerebro que se encuentra adelante, justo detrás de la frente, y es la encargada de ayudar con los procesos más complejos que llevamos a cabo los seres humanos. Los estudios científicos han encontrado que ciertas estructuras del lóbulo frontal tardan más en desarrollarse en personas con TDAH, lo que puede llevar a afectar funciones como:

  • La toma de decisiones
  • La organización
  • La planeación
  • El control de impulsos
  • El juicio
  • La memoria
  • La atención
  • La capacidad de conseguir gratificación

2. Sistema Límbico

Esta región se encuentra justo en el centro del cerebro, en su parte más profunda. Se encarga de generar las respuestas emocionales que sentimos, y está involucrada en procesos de motivación y atención a diferentes estímulos.

3. Ganglios basales

También ubicados al interior del cerebro, los ganglios basales son un grupo de núcleos responsables principalmente del control motor, así como de otras funciones como el aprendizaje motor, las funciones ejecutivas, los comportamientos y las emociones. Una deficiencia aquí puede provocar un "cortocircuito" en la comunicación e información al interior del cerebro, lo que se convierte en una falta de atención e impulsividad.

4. Sistema de activación reticular

Este sistema es una red de neuronas situada en el tronco cerebral responsable de nuestros patrones de vigilia, nuestra capacidad de concentración y la respuesta de lucha y huida; una deficiencia aquí puede causar falta de atención, impulsividad o hiperactividad.


Qué ocurre cuando hay niveles bajos de neurotransmisores:

Cuando existen niveles elevados de Dopamina la persona puede:

• Estar concentrada

• Trabajar intensamente en las tareas

• Mantener un buen estado de alerta

Cuando existen niveles bajos de Dopamina entonces:

• Hay distracción

• Tiene dificultad para completar una tarea

• Dificultad para pensar anticipadamente

• Dificultad para responder a tiempo

• Presenta impulsividad cognitiva (muchas ideas de golpe en la cabeza)

En el caso de la Serotonina, con niveles elevados:

• Se logra satisfacción

• Mantiene buen estado del ánimo

• Puede mantenerse enfocado en una sola cosa

• Ayuda a conciliar el sueño

Cuando existen niveles bajos de Serotonina:

• Hay insatisfacción

• Propenso a la irritabilidad

• Presenta agresión hacia sí mismo u otros

• Impulsividad

• Comportamiento obsesivo compulsivo

• Riesgo de suicidio (actúa sin freno)

• Impulsividad cognitiva (muchas ideas de golpe en la cabeza)

Respecto a los niveles altos de Norepinefrina (noradrenalina):

• Busca emociones fuertes, en muchos casos extremos

• Persigue nuevas actividades

• Mantiene buen estado del ánimo

• Sostiene la atención

Y con los niveles bajos de Norepinefrina (noradrenalina):

• Indiferente, apagado emocionalmente

• Existe baja energía, apatía

• Puede presentar depresión

• Reacciones con agresión 


En síntesis, podemos decir que la dopamina tiene que ver con el placer, la motivación, la recompensa y la cognición. La serotonina con el control del estado del ánimo y las emociones y la norepinefrina o noradrenalina con los procesos de atención principalmente (en combinación con la dopamina).

Así, más allá de aprenderte cada parte del cerebro o los nombres de las sustancias químicas, es importante ver que existen motivos físicos reales que pueden causar este tipo de condiciones. Si alguien tiene esta condición no es porque no esté esforzándose, porque sea “un mal niño” o porque no quiera hacer las cosas, es porque hay diferentes causas que hacen que sus procesos de atención y motivación sean diferentes.

Lo importante es saber que también existen tratamientos terapéuticos y, de ser necesario, farmacológicos que pueden ayudar. Así que si tú o alguien cercano parecen presentar síntomas de TDAH te invitamos a consultar con un profesional.

FUENTE:

https://cerebrofeliz.org/que-pasa-con-el-cerebro-cuando-se-tiene-tdah/

https://porquequieroestarbien.com/salud-mental/trastornos-mentales/que-pasa-en-el-cerebro-de-una-persona-con-tdah

https://pixabay.com/es/illustrations/cerebro-anatom%c3%ada-l%c3%b3bulos-m%c3%a9dico-7174144 / 

lunes, 27 de septiembre de 2021

LOS NEUROTRANSMISORES: EL TDAH NO ES UN PROBLEMA EDUCATIVO

 https://www.youtube.com/watch?v=DyBC81IpvAw

¿Quieres saber a qué se deben los síntomas del TDAH? No, no es un problema educativo, no es un problema de aprendizaje y tampoco es pura vagueza de tu hijo. Todo depende del funcionamiento de tres neurotransmisores. ¿Quieres saber cuáles? Quiero que te quede claro qué son los neurotransmisores y que el TDAH no es un problema educativo.

En este post te vamos a explicar cuáles son los tres principales neurotransmisores implicados en el desarrollo del TDAH, cuál es el fallo que presentan y lo más importante: la forma de solucionar su mal funcionamiento.

Los neurotransmisores y el TDAH

Los tres principales neurotransmisores implicados en el desarrollo de los síntomas típicos del TDAH son tres:

La dopamina

La noradrenalina

La serotonina

La dopamina es la sustancia de nuestro organismo más estrechamente relacionada con las sensaciones de placer, bienestar y recompensa. Cualquier cosa que nos haga sentir bien lo hace subiéndonos la dopamina, y al revés, también. Estos mecanismos están muy relacionados con los procesos de motivación.  En el TDAH, la dopamina no ejerce bien su función y precisamente por ello aparecen sensaciones de desmotivación, falta de interés y desgana en general.

De hecho, una de las quejas más frecuentes de las familias que veo en la consulta es que no consiguen que su hijo se motive con nada salvo con los videojuegos o internet.

¿Sabes por qué ocurre esto? Porque los videojuegos e internet producen estímulos intensos, repetitivos, ilimitados e inmediatos. Estos generan niveles altos pero poco duraderos de dopamina, que actúan de forma muy similar a lo que generan las drogas. Precisamente por eso, los chicos con TDAH tienen una conducta aún más adictiva que los demás con estos temas y pueden acabar metiéndose en problemas muy serios si no se controlan adecuadamente.  

La dopamina, además, tiene un papel fundamental en el control del movimiento. Para que te hagas una idea, en la enfermedad de Parkinson se altera el funcionamiento de la dopamina en una zona del cerebro llamada sustancia negra, En el TDAH pasa algo parecido en regiones como el lóbulo frontal y los ganglios basales.

La noradrenalina es un neurotransmisor implicado principalmente en las respuestas reflejas automáticas, el nivel de alerta, la reactividad y los impulsos en general. Al alterarse su funcionamiento en el TDAH, se producen problemas de impulsividad, mala conducta, problemas en la capacidad de control del tiempo y la planificación, por ejemplo. Seguro que te has encontrado a tu hijo en más de una ocasión preguntando cosas como: «¿Cuánto queda? ¿Y luego qué vamos a hacer?». Parecen mostrar una gran ansiedad anticipatoria asociada también a una importante intolerancia a la frustración. En casos extremos, pueden aparecer casos de agresividad y violencia.

Para terminar, tenemos la serotonina. Ella es la responsable de mantener la estabilidad anímica y emocional en niveles dentro de la normalidad. Cuando se altera pueden aparecer problemas de ansiedad e incluso de depresión, pero lo más habitual es la conocida como disregulación emocional.


La disregulación emocional en el TDAH

La disregulación emocional supone la respuesta anormal a los estímulos emocionales externos y propios. A veces responde de forma excesiva ante estímulos pequeños o viceversa. Otras veces responde de forma contraria a la esperada o ni siquiera responde. Como ves, las consecuencias que pueden derivarse de la alteración de uno o varios de estos neurotransmisores son de gran trascendencia y claro está, merece la pena controlarlas. La cuestión es: ¿Se puede?

Pues me vas a responder tú cuando te explique cuál es exactamente el fallo que genera ese mal funcionamiento. Lo que ocurre es que los neurotransmisores que salen de una neurona en dirección a otra para transmitir los mensajes que llevan en su interior, deben llegar sin problemas a su destino, pero en el TDAH muchos de esos mensajeros vuelven de nuevo a la neurona de origen sin haber hecho su trabajo y no habiendo transmitido el mensaje a la otra. Como resultado, el sistema no funciona bien.

¿Cuál es la clave? Que la medicación y los suplementos nutricionales evitan que esos neurotransmisores vuelvan a su punto de partida sin haber concluido su trabajo. Este es el paso fundamental para que todo el proceso recupere la normalidad. ¿Lo ves? Claro que es posible. Es importante que te quede claro que el TDAH no es un problema educativo.

FUENTE:

Cristi Cárdenas

https://elneuropediatra.es/neurotransmisores-tdah/

jueves, 26 de junio de 2014

NO SOY TONTO, NI VAGO, NI MALO… AUNQUE NO LO VES, MI CEREBRO TIENE TDAH


Todos aquellos que tenemos contacto con niños, tengan problemas o no, sabemos que ante determinadas circunstancias o situaciones, son especialistas en conseguir que nuestros nervios afloren en algunos momentos. Es completamente normal. Deja de ser normal cuando esos momentos pasan de ser “algunos” a ser casi “continuos”. Ésta es la línea que separa lo que es normal de lo que no lo es: la frecuencia y la intensidad de los problemas.


Deberíamos ser capaces de concienciarnos de que son los  COMPORTAMIENTOS del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) y  no los niños, los que consiguen hacernos estallar. La comprensión e interiorización de esta afirmación, que en principio puede parecer irrelevante, es lo que marca la diferencia entre poder ayudar al niño a superar sus dificultades o a mantenerlas e incluso crearle otras como la indefensión aprendida, la ansiedad, la depresión o la baja autoestima. Y esto es así, porque estos comportamientos son la manifestación externa de un problema interno localizado en el cerebro.

Pensemos: ¿realmente disfrutan enfadando o haciendo daño a quienes les rodean?  Aunque en ocasiones pueda parecer que sí, la realidad es bien distinta. Hagamos el esfuerzo de meternos en la piel de una personita con TDAH, solo durante unas horas.
La cantidad de mensajes negativos que reciben a lo largo del día resulta increíble y difícilmente soportable para la gran mayoría de nosotros.
  • Antes de salir  de casa, para ir al colegio: “siempre llegamos tarde por tu culpa”, “¿todavía estás sin vestir? ¿no te da vergüenza? Tu hermano ya está listo, ¿pero no ves que te has puesto el suéter al revés?…” Aunque directamente no se lo digamos, ¿qué mensajes recibe?: SOY LENTO, SOY PEOR QUE MI HERMANO, SOY TONTO.
  • En el colegio, antes de entrar a clase: “¿es que siempre tienes que estar empujando, no ves que le has hecho daño?”: SOY MALO.
  • Ya en clase: piden los deberes y no están en su mochila porque olvidó guardarlos después de tres larguísimas horas sentado en casa haciéndolos. Seguramente en esos momentos desearía desaparecer porque sabe lo que le espera, no es la primera vez que le pasa, y no le van a creer. “Y  hoy, ¿qué excusa tienes? ¿seguro que la peonza no se te ha olvidado, verdad?, castigado sin recreo y dame tu agenda…” Y lo peor de todo…, en público.  Reparten el examen corregido, ese que había preparado con mamá y que se sabía tan bien, un 3.75, y también en público. A estas alturas, ya no solo él, sus compañeros también lo saben: ES MENTIROSO, VAGO, TORPE…
  • En el recreo (si no está castigado): “Tú no juegas que nos ganan por tu culpa”,” Tú no, que nunca pasas la pelota”, “Tú vete, que eres un pegón”: SOY PATOSO, SOY MAL COMPAÑERO, SOY MALO, SOY…

Son solo las once de la mañana…y aún queda un largo día por delante. ¿Cómo nos sentiríamos? Destrozados y por los suelos.

Para poder ayudarles, debemos comprender y para poder comprender debemos saber y entender que todos estos comportamientos son la manifestación externa de una alteración en el funcionamiento cerebral.

En la última década, numerosos estudios han demostrado que hay diversas áreas implicadas en el TDAH. 
Las más afectadas, a grandes rasgos, son:
  • Córtex Prefrontal, dividido en tres áreas, dorsolateral, orbital y medial. Encargado del Sistema Ejecutivo: cómo planificar una acción, iniciarla, controlar si se está haciendo bien o mal, darse cuenta de ello y corregir los errores, ver si se está siguiendo el plan, evitar distracciones, poder ser flexible si las circunstancias cambian y ser capaz de acabar la acción. Los niños con TDAH tienen un córtex prefrontal más pequeño y que funciona a un ritmo menor.
  • Ganglios Basales. Conjunto de estructuras formada por unos núcleos interconectados a través de un circuito cerebral. En general, intervienen en varias funciones como el control motor, el control emocional y las funciones del Sistema Ejecutivo. Contribuyen a desconectar las respuestas automáticas posibilitando que el córtex prefrontal delibere con más detenimiento, y que se coordine  o filtre la información que llega de otras regiones del cerebro.
  • Cíngulo Anterior. Es una estructura implicada en la capacidad de gestionar los conflictos e integrar los procesos inhibidores que necesitamos para regular nuestra conducta.

Por otro lado, se ha observado una insuficiente producción de dos neurotransmisores (sustancias químicas cuyo objetivo es producir una correcta comunicación entre las neuronas) como son:
  • Dopamina. Nos ayuda a mantenernos preparados para actuar, sin que nuestros pensamientos o el mundo exterior nos distraiga. Se encarga de inhibir o modular la actividad neuronal que interviene en la actividad motora, la motivación y la recompensa, el humor, la atención, y el aprendizaje.
  • Noradrenalina. Nos mantiene alerta y atentos. Se encarga de crear un terreno favorable para la atención, aprendizaje, sociabilidad y sensibilidad frente a las señales emocionales.

Ahora que sabemos que hay anomalías, tanto a nivel estructural como a nivel bioquímico,  podemos entender un poco mejor el porqué de los comportamientos y la variabilidad de éstos en el tiempo, de las personas con TDAH.

Un niño con miopía, ¿no ve bien porque no quiere?, ¿lo hace para llevar gafas?, ¿le da igual si le llaman miope, cegato o gafotas? 
Un niño con TDAH ¿olvida los deberes porque quiere?, ¿lo hace para que le pongan notas negativas en la agenda?, ¿le da igual si le llaman tonto, vago o malo?
Sabemos que la miopía es una alteración del ojo que impide enfocar correctamente objetos lejanos. Y como sabemos que esto es así y que no es algo voluntario no culpabilizamos a la persona por ello.
Ahora ya sabemos que el TDAH es una alteración del cerebro que impide, entre otras muchas cosas, enfocar correctamente la atención y mantenerla en aquello que se debe inhibiendo los distractores. Y como sabemos que esto es así y que no es algo voluntario, la próxima vez, pensemos, tal vez “sus gafas” no estén bien reguladas o quizás, demasiado empañadas.

En la mayoría de las ocasiones, no es que no sepan lo que hacen, sino que no hacen lo que saben. Comprendámosles y enseñémosles a autorregularse  para que puedan ser los verdaderos dueños de sus comportamientos y de sus vidas y hagan en cada momento lo que saben que deben hacer.

FUENTE:
Paqui Moreno, psicóloga y terapeuta en Red Cenit

miércoles, 17 de octubre de 2012

IMPULSIVIDAD Y TDAH


La impulsividad es un rasgo del temperamento (niños) o personalidad (adultos) que ha estado presente, en un u otro grado, a lo largo de toda la evolución del ser humano aunque, no siempre, deberíamos atribuirle directamente una connotación negativa o improductiva.
Hoy en día, es verdad que la impulsividad en muchos niños se manifiesta con una gran intensidad y frecuencia, llegando a alterar la convivencia y condicionar la vida de los padres que la sufren, sobre todo, si se desconocen los motivos y la forma correcta de actuar. Es un hecho evidente que, además, la impulsividad parece manifestarse en niños cada vez más pequeños, si bien, esto puede atribuirse, en parte, a los actuales estilos de vida modernos (progenitores con largas horas de trabajo) y también, en algunos casos, a una falta de recursos o conocimientos por parte de los padres o educadores que simplemente se ven desbordados y no saben cómo afrontarlo. Por ello, es cada vez más frecuente, buscar ayuda profesional, ya que los niños que presentan series dificultades para reprimir sus impulsos tienen numerosos conflictos tanto en el ámbito familiar como en el escolar. 
Normalmente, la impulsividad suele venir acompañada de hiperactividad y déficit de atención en lo que denominamos TDAH y esto puede ser la antesala de problemas de aprendizaje, conductas disruptivas y, más adelante, agresivas o delictivas.
EL NIÑO IMPULSIVO 
Éstas son algunas de las características nucleares que presentan los niños que denominamos “impulsivos”:
  • Primero hace, luego piensa.
  • Contesta antes de acabar de oír la pregunta.
  • Dificultades para aguardar el turno en los juegos.
  • Mal perder. No soporta que le ganen.
  • Interrumpir o estorbar a los demás.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Poco autocontrol.
  • Desobediencia, negativismo.
  • El niño reconoce su problema pero no puede controlarlo y reincide.
  • Puede involucrarse en actividades físicas peligrosas sin valorar sus consecuencias.
  • En niños pequeños, se dan fuertes rabietas incontroladas.
Algunos padres simplemente definen al niño impulsivo, como un niño que tiene un fuerte carácter o temperamento.
La impulsividad, como parte nuclear del TDAH o como factor psicológico independiente, precisa de un tratamiento más detallado y de un abordaje más explícito. Las razones son obvias: la impulsividad tiene repercusiones directas sobre las interacciones familiares, pudiendo alterar el desarrollo adecuado de vinculación afectiva y el equilibrio emocional. También deteriora seriamente la capacidad de aprendizaje del niño y su buena adaptación a la escuela y compañeros. Finalmente una impulsividad no trabajada a tiempo y que se manifiesta en un entorno desestructurado, es el camino más directo para conductas violentas o delictivas en el futuro.
Hablaremos aquí de la impulsividad desde su manifestación en niños de población normal o con algún diagnóstico de TDAH y, en ningún caso las manifestaciones de impulsividad debidas a otros trastornos clínicos más severos (autismo, psicosis, trastorno bipolar, etc.).
APROXIMACIÓN A LA IMPULSIVIDAD
Podríamos definir la impulsividad como un estado de activación neurobiológica o déficit de control inhibitorio (dificultad para parar nuestra conducta).
Ambos términos ponen de relieve la más que posible mediación de factores orgánicos en la génesis de la impulsividad. Esta activación supone la liberación de una serie de sustancias internas (neurotransmisores, hormonas) que preparan al cuerpo para una reacción motriz inmediata. Es una energía que está ahí y debe “liberarse” de alguna manera. Las más habituales (según edad): las rabietas, los gritos, las huidas, etc.
Regularmente los niños con TDAH o, simplemente, con síntomas de impulsividad, tienen antecedentes familiares de primer grado que manifestaron o manifiestan el mismo problema. Por tanto, la vía genética o herencia determina cierta predisposición a manifestar los síntomas en hijos de padres también con caracteres fuertes, impulsivos o con poca tolerancia a la frustración. 
Pero la impulsividad no es tan sólo un factor que podemos heredar sino también una manifestación cognitiva y conductual que puede potenciarse o disminuir en función del entorno
Es importante establecer la diferenciación entre una impulsividad primaria de la secundaria: 
  • En la impulsividad primaria, ésta estuvo presente desde el mismo momento de nacer el niño, si no antes (excesivos movimientos fetales) y es la que suele tener un componente genético más evidente. 
  • La secundaria aparece o se potencia en un momento dado del desarrollo normalmente asociado a factores de inestabilidad afectiva, cambios imprevistos, traumas, separaciones, etc. El peor de los escenarios es cuando un niño genéticamente predispuesto para ser impulsivo tiene, a su vez, un entorno poco acogedor o desestructurado.
Parecería que la impulsividad es algo no deseable y que, en todo caso, comporta sólo problemas. Este planteamiento es muy simple y no obedece a la realidad de un tema mucho más complejo. Hoy en día sabemos que muchos de nuestros mejores atletas fueron de pequeños diagnosticados, en un grado u otro, de hiperactivos, con déficit de atención, impulsivos, etc. La cuestión es que cuando esa energía desbordante de fácil activación fue canalizada hacia actividades deportivas u de otro tipo reguladas, se convirtió en un buen aliado.

La impulsividad, pues, entendida como estado de activación inmediato, nos aporta combustible para responder de forma rápida (aunque normalmente poco racional) a nivel motriz. Esto no es casual. Si está en los genes de los seres humanos es porque, en algún momento de nuestro período evolutivo, fue una característica positiva para la supervivencia de la especie.
Imaginémonos los tiempos remotos de vida en las cavernas y los pocos recursos para afrontar un medio ambiente hostil con numerosos enemigos y animales dispuestos a atacarnos. En este medio es muy probable que supervivieran mejor los seres humanos con unas capacidades de “impulsividad” (activación rápida y potente) y, por tanto, de afrontar o huir de la situación con éxito, frente a los que eran más tranquilos. Es decir, la impulsividad pudo obedecer a factores de supervivencia en algún momento.
No obstante, la genética no va tan rápido como los cambios culturales de la especie. La programación genética de algunos niños sigue preparada para responder contundentemente a cualquier tipo de agresión percibida, no obstante, hoy en día, lo que se espera de ellos es precisamente lo contrario: racionalidad, tranquilidad, paciencia, atención, etc., especialmente en la escuela.
ALGUNAS EXPLICACIONES NEUROLÓGICAS
En psicología se utiliza un término hipotético denominado “arousal” que trata de describir los procesos que subyacen en el control de la alerta, la vigilia y la activación. 
El concepto de arousal admite varios significados. Así se habla de arousal comportamental para significar lo mismo que nivel de actividad. Pero se puede hablar también de arousal cortical, en cuyo caso la referencia es a la activación de las neuronas corticales a través del Sistema Activador Reticular (SAR) e implicaría también la activación autónoma. Sin entrar en más tecnicismos, lo que nos interesa resaltar ahora es que los fármacos estimulantes normalmente incrementan tanto el arousal comportamental como el fisiológico. Sin embargo, en muchos hiperactivos (y/o impulsivos) producen un descenso en su nivel de actividad, porque, por paradójico que parezca, están reduciendo tanto el arousal conductual como el fisiológico. Según algunos investigadores (Mc. Mahon, 1984) la explicación reside en que los niños con TDAH se benefician de los efectos de los estimulantes dado que son deficitarios en el arousal cortical y autónomo. Por tanto, la hipótesis planteada es que la disfunción primaria hallada en niños impulsivos y/o hiperactivos se debería a una infraactivación del SAR más que a una sobreactivación.
Por otro lado se conoce el importante papel que tienen los lóbulos frontales como reguladores y organizadores del lenguaje y, por consiguiente, de los actos voluntarios del individuo. Los mecanismos fisiológicos responsables de esos actos están aún lejos de ser descubiertos pero se sabe que maduran en el niño “normal” hacia los cuatros años de edad.
Respecto a la regulación motora y de la acción por parte de los lóbulos frontales, Luria subrayó su importante papel en la programación de las formas más complejas de actividad humana organizada, inhibiendo las acciones irrelevantes e inapropiadas ( Luria, 1980).
Resumiendo, una baja activación del SAR o una lesión en lóbulos frontales pueden ser algunos de los factores relevantes en la génesis de la sintomatología impulsiva y/o hiperactiva. En el primer caso, baja activación del SAR, la medicación (normalmente metilfenidato) podría compensar parcialmente el déficit.
Hemos también comentado la activación fisiológica que se produce en los brotes impulsivos como consecuencia de la activación del sistema autónomo. En estos episodios se producen cambios endocrinos y secreciones hormonales que preparan al cuerpo para responder ante lo que el niño percibe como una amenaza inminente (puede ser simplemente que se le frustre en alguna de sus demandas).
Otro elemento importante en el nivel de activación lo constituye la forma en que el niño percibe la situación a nivel emocional. Elevados niveles de adrenalina y noradrenalina en sangre y orina aparecen antes y después de sucesos estresantes o enérgicos que cursan con gran carga emocional e incluso agresión. 
Es decir, cuando el niño con impulsividad, se ha activado, difícilmente tendrá el control voluntario sobre sus actos en los primeros momentos de mayor activación. 
ORIENTACIONES GENERALES PARA SU REGULACIÓN 
En primer lugar, debe quedar claro que el niño tiene dificultades para regular su estado de activación. Por eso siempre suelo recordar que: “No es tanto que no quieran autocontrolarse sino que no pueden”. Una vez activados (descargas hormonales conjuntamente con emociones intensas de frustración) tienen que efectuar alguna acción (rabietas, huída, agresión, lanzamiento objetos, etc.). Ello no quiere decir que seamos tolerantes, sino que desde la comprensión de lo que pasa podemos ayudarle de forma más eficaz. A este respecto, hay que señalar, que la mayoría de niños impulsivos suelen arrepentirse después y se comprometen a no volver a hacerlo cuando se lo razonamos. No obstante, vuelven a recaer en los mismos comportamientos disruptivos,  al tiempo que manifiestan una cierta perplejidad o inquietud al verse superados por sus propios actos y no saber por qué vuelve a ocurrir.
También puede suceder que estos episodios impulsivos se refuercen si con ellos el niño consigue lo que quiere y, por tanto, puede aprender a manipularnos a través de ellos.
El niño debe aprender, aunque aceptemos el hecho de que tiene dificultades para controlarse, que sus actos tienen consecuencias. Por ello, contingentemente a las rabietas, conductas desafiantes, agresiones u otros, deberemos ser capaces de marcar unas consecuencias inmediatas (retirada de reforzadores, tiempo fuera, retirada de atención, castigo, etc.). Por ejemplo si ha lanzado objetos, deberá recogerlos y colocarlos en su lugar; si ha insultado deberá pedir disculpas, etc., aunque se recomienda esperar a que se tranquilice para aplicar las contingencias marcadas.
Es muy importante que cuando se produzca un episodio de impulsividad extrema (rabieta, insultos, etc.) los padres, maestros o educadores mantengan la calma. Nunca es aconsejable intentar chillar más que él o intentar razonarle nada en esos momentos. No vale enfrentarse ni ejercer una lucha de poder. Esto complicaría las cosas. Tenemos que mostrarnos serenos y tranquilos pero, a la vez contundentes y decididos. Por ejemplo, ante las rabietas incontroladas de los más pequeños, decirle: “Mamá (o papá) están ahora tristes con tu comportamiento y no queremos estar contigo mientras estés así”. Los padres se retiran buscando una cierta distancia física pero también afectiva. De esta forma, el niño, recibe a nivel inconsciente un mensaje muy claro: “así no vas a conseguir las cosas”.
Contingentemente a estas actuaciones, también podemos introducir las medidas correctoras (castigo): “Cómo has insultado a papá (o mamá) hoy no podrás ver los dibujos que tanto te gustan (o no jugarás a la play, etc.). Papá está triste porque no quiere castigarte, pero tiene que hacerlo para ayudarte a mejorar”.
No entrar en más discusiones o razonamientos en el momento de activación por parte del niño.
Nunca decirle que es malo sino que se ha portado mal durante unos momentos y que eso puede arreglarlo en un futuro si se empeña en ello. Tampoco hay que compararlo con otros niños que son más tranquilos y se portan bien. En todo caso, debemos recordarle los aspectos positivos que tiene al mismo tiempo que le señalamos los que debe corregir.
Hay que insistir en la necesidad de mostrarnos tranquilos delante del niño cuando queramos corregir sus actos. Si éste percibe en nosotros inseguridad o discrepancias entre los padres u otros, percibirá que tiene mayor control sobre nosotros y las rabietas u otras se incrementarán. Nunca debe vernos alterados emocionalmente (chillando, llorando o fuera de control). Tampoco debe cogernos en contradicciones, es decir, no podemos pedirle a gritos a un niño impulsivo que se esté quieto y callado.
No basta con saber contestar adecuadamente a sus conductas impulsivas. Estos niños requieren también que les expliquemos qué es lo que les pasa y qué puede hacer. Las reflexiones sobre los hechos nunca deben ser hechas en caliente sino en frío cuando las cosas se han tranquilizado. Un buen momento es por la noche antes de acostarse.
FUENTE:

martes, 28 de febrero de 2012

SIMPOSIO INTERNACIONAL EN TDAH, organizado por Lilly

MADRID, 24 Feb. (EUROPA PRESS)
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) va mucho más allá de los tres clásicos síntomas de hiperactividad, falta de atención e impulsividad, afectando a todas las áreas de la vida del paciente relacionadas con el desarrollo social y emocional. Así lo han afirmado los expertos reunidos en el Simposio Internacional en TDAH, organizado por Lilly (23 y 24 febrero), donde también se ha constatado la evidencia de un retraso en la maduración de algunas regiones del cerebro como origen de este trastorno psiquiátrico.
La neuroimagen como apoyo para el diagnóstico del TDAH
El TDAH es un diagnóstico clínico; no es fruto del resultado de una prueba sino de la suma de las conclusiones de varios tests, entrevistas y evaluaciones, tanto del paciente como de su entorno más directo. De ahí su dificultad.
Nadie sabe exactamente por qué se produce el TDAH, aunque se considera que no tiene una causa única, sino que se da por una serie de factores biológicos y psicosociales que interactúan entre sí. Por un lado, una producción irregular en dos neurotransmisores como son dopamina y noradrenalina; y, por el otro, la predisposición genética, que se traduce en un riesgo del 57 por ciento de que el niño presente este trastorno si uno de los dos padres también lo tiene.
Ahora diversos estudios de neuroimagen han demostrado que los niños con TDAH presentan un deterioro cerebral. “El TDAH se asocia a un déficit en la estructura y la función de las sustancias químicas del cerebro. Estas pruebas, que muestran que existen alteraciones neurobiológicas en los pacientes, ratifican que el TDAH no es una enfermedad inventada”, afirma la doctora Katya Rubiá, Profesora en Neurociencias Cognitivas en el Instituto de Psiquiatría Maudsley del King´s College de Londres, directora del Departamento de Neuropsicología del desarrollo y Neuroimagen y gurú del trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.
Sobre qué sucede en el cerebro de un niño hiperactivo, la especialista indica que los estudios de Neuroimagen destacan que algunas zonas cerebrales están infradesarrolladas y que también tienen anomalías, tanto estructurales como funcionales:
Se ha demostrado que este trastorno está acompañado de un retraso de maduración de algunas regiones del cerebro, concretamente en el grosor cortical. En las personas sanas, a los siete años, esta región alcanza su tope de grosor; en los niños hiperactivos, en cambio, este momento se retrasa hasta los 10 ó más años.
Entre las regiones más afectadas se encuentran  las conexiones entre el lóbulo frontal y los ganglios basales, regiones (redes frontosguiadas), importantes para la atención, el autocontrol, la atención y la motivación", afirma.
En este sentido, investigaciones acerca del origen del TDAH realizadas en las dos últimas décadas han hecho grandes progresos en la comprensión de las funciones del córtex prefrontal, en su implicación en los procesos de inhibición y autocontrol a través de las llamadas funciones ejecutivas y, por tanto, en su implicación en los procesos neuropsicológicos alterados subyacentes al TDAH.
Esta experta utiliza la neuropsicología, la genética, la manipulación farmacológica y la resonancia magnética para investigar los sustratos neuronales de las funciones cognitivas asociadas con la atención y la impulsividad en el desarrollo normal y, en especial, en trastornos infantiles como el TDAH y otros trastornos conductuales.
Novedades de las técnicas de neuroimagen en los últimos años
La idea, al principio, era que el niño tenía un problema en el lóbulo frontal, región muy importante para las funciones ejecutivas.
Pero a través de los estudios de imagen en la última década hemos visto que hay mucho más que solo un problema del lóbulo frontal y que hay muchísimas áreas implicadas en el trastorno.
Las más afectadas son los ganglios basales, a nivel estructural, funcional y bioquímico. Están conectados con el lóbulo frontal y forman redes llamadas frontoestriadas, las cuales son muy importantes para el autocontrol, funciones inhibidoras, de atención y timing (medida del tiempo), que está muy relacionado con la impulsividad.
Aparte de esto, se ha encontrado que el cerebelo, también un área importantísima, que está disminuido en volumen, en estructura y está menos activado en niños con TDAH. Es fundamental para las funciones motoras, la hiperactividad, pero también lo es para la atención y el timing.
El lóbulo parietal, importante para la atención, es otra área afectada.
También hay evidencia de que el sistema límbico está afectado también aunque hay menos estudios que lo han investigado.
La conclusión es que hay varias redes neuronales que están afectadas en el TDAH que conectan todas estas áreas.
Los resultados de PET han demostrado que la sustancia bioquímica que más se ha visto afecta en TDAH es la dopamina (primordial para la motivación y la atención) y la mayoría se encuentra en los ganglios basales. Sabemos que el mecanismo de acción de la medicación psicoestimulante es bloquear los transmisores de dopamina y, si se bloquean, se produce una elevación de la dopamina. También hemos encontrado que la medicación psicoestimulante está asociada a un tamaño más normal de estos ganglios. O sea, aquellos pacientes que llevan años medicados ya no tienen esa anomalía. Esto es importante porque todo el mundo estaba preocupado de que la medicación alterara o interviniera en el desarrollo normal del cerebro, pero nuestro estudio demuestra que es al revés, no sólo que no es negativo, sino que el efecto parece ser positivo.
Los resultados de este metaanálisis son novedosos y fueron publicados en noviembre de 2011 en American Journal of Psiquiatry.
Aplicación de estos descubrimientos a futuras terapias
Estas investigaciones indican que la medicación psicoestimulante es adecuada porque modula los ganglios basales, que es el problema principal, y explica por qué funciona. (Siempre hemos sabido que funciona pero no exactamente por qué). En segundo lugar, también puede llevar al descubrimiento de fármacos nuevos, porque hay otras sustancias que son importantes que ayudan a estas redes frontoestriadas como gaba y glutamato, y de hecho hay algunos estudios que han demostrado que ambos están también afectados en el TDAH, por lo tanto esta sería una nueva vía de investigación.
Actualmente, afirma la Dra. Rubiá, estamos empezando un estudio sobre neuro-feedback, (enseñar al cuerpo a controlar respuestas involuntarias) y tardaremos como unos tres años en finalizarlo. El feedback está basado en la idea de que el niño puede activar funciones deterioradas o que no tiene completamente activadas, como por ejemplo, los ganglios basales y el lóbulo frontal. Lo que vamos a hacer ahora es meter a los niños en un escáner y darles feedback sobre su activación cerebral. Ya se ha demostrado con otra técnica más superficial y no tan buena, como la resonancia magnética, que los niños pueden hacer esto a través del método ensayo-error e intentan incrementar la actividad de ciertas áreas que sabemos que no funcionan. Ahora sabemos qué área no funcionan bien en estos niños, por eso enseñarles cómo activarlas a través de feedback es el siguiente paso. Pensamos que con este método se puede ayudar a incrementar la actividad de los niños en estas áreas sin medicación, a través de su autorregulación.
Los malos de la clase
En la vida cotidiana, estos niños son incapaces de permanecer quietos y concentrados en una actividad, no atienden y tienen un mal comportamiento.
 "Tienen grandes problemas con la atención sostenida, para concentrarse, se distraen con mucha facilidad y les cuesta atender a una cosa; tienen una falta de inhibición y problemas con la memoria a corto plazo; son impulsivos y no consideran las consecuencias de sus actos", explica.
   Asimismo, presentan un retraso psicomotor, trastorno del lenguaje y dificultades en la grafía, que muchas veces se confunde con falta de interés o incapacidad del niño para aprender. A todo ello se le debe añadir su mala gestión de las emociones, que les lleva a tener problemas con sus compañeros y a que a menudo se les etiquete como 'los malos de la clase'. De hecho, señala Rubiá, "se ha observado que hasta un 50 por ciento de los presos han sufrido TDAH en la infancia".
El resultado es una elevada desadaptación y falta de integración social. Por este motivo, “muchas veces, cuando diagnosticamos TDAH a un niño y los padres conocen en mayor profundidad este trastorno, sienten cierto alivio porque se dan cuenta de que no es que hayan fracasado en la educación de su hijo, sino que existe un problema orgánico que provoca ese mal comportamiento y que puede ser tratado”, explica la doctora Margaret Weiss, Doctora en Medicina y especialista en Psiquiatría, directora del Programa Provincial para TDAH de la University British Columbia (Canadá), que ha desarrollado la escala de diagnóstico WFIRS
El infradiagnóstico es alto, "en gran medida por el desconocimiento de los médicos de Atención Primara"; sin embargo es indispensable abordar cuanto antes su tratamiento porque es una enfermedad crónica.
Afecta entre el 3 y el 7 por ciento de la población infantil en España, según la Guía de Práctica Clínica en TDAH, del Ministerio de Sanidad. Se estima que más del 80 por ciento de los niños que presentan el trastorno continuarán padeciéndolo en la adolescencia, y cerca del 65 por ciento lo presentarán también en la edad adulta, aunque las manifestaciones del trastorno irán variando notablemente a lo largo de su vida.
Una enfermedad que exige un abordaje multimodal
Aunque los tratamientos farmacológicos alcanzan un éxito valorado en un 70-80% en pacientes adecuadamente diagnosticados, las diferencias individuales en dicha respuesta son amplias.
Dado que los síntomas que sufre el niño con TDAH van más allá de los síntomas nucleares del trastorno (hiperactividad, falta de atención o de impulsividad), en la actualidad se establece que el tratamiento correcto del TDAH pasa por su abordaje multimodal, apoyado simultánea y coordinadamente con terapias farmacológica, psicológica, psicopedagógica y psicosocial, con la colaboración de psiquiatras especialistas en niños y centros de atención donde se les ayude a modular el comportamiento (a través de fármacos y actividades conductuales).
“Existen varios medicamentos que pueden controlar los síntomas del TDAH y mejorar considerablemente su calidad de vida. Un niño con este trastorno, por ejemplo, puede mejorar la relación con otros niños, sin embargo, su comportamiento sigue sin ser normal”, aclara la doctora Weiss. “Por este motivo, es imprescindible un abordaje multimodal, integral del trastorno”.
Por lo tanto, ha añadido, es necesario aumentar la información y formación sobre este tema entre profesionales y la población general.
En la misma línea se pronuncia la doctora Rubiá quien afirma que es un trastorno muy grave que, cuando no se trata, afecta a todas las esferas de la vida... relaciones sociales y familiares, además de conducir al fracaso escolar. “Incluso si los síntomas de TDAH se reducen en la edad adulta, algunos problemas subclínicos persisten en todos los pacientes, como un cierto grado de problemas de impulsividad o falta de atención”. Son personas que no suelen permanecer en un trabajo por mucho tiempo, cambian a menudo de pareja, no terminan un libro y tienen más accidentes de tráfico. Su impulsividad se suma a la búsqueda incansable de sensaciones fuertes, de ahí que sean personas que suelen practicar deportes de riesgo o que consumen drogas.
El fármaco más utilizado es un psicoestimulante, el metilfenidato, que aumenta los niveles de dopamina. Aunque, en los últimos años se están estudiando nuevos bioquímicos. No obstante, recuerda, "los fármacos no curan, disminuyen los problemas conductuales", hasta el punto de que "en el 70 por ciento de los pacientes los fármacos disminuyen los problemas conductuales hasta un 40 por ciento". Sin embargo, no los normalizan del todo y, al menos, "hay un 30 por ciento de niños que no responden a ninguna medicación", para estos caso se aplican sobre todo los tratamientos conductuales.
Sobre el tratamiento de este tipo de niños más allá de lo puramente farmacológico, Rubiá hace hincapié en que los afectados que además reciben terapias que modulan el comportamiento evolucionan mejor que los que sólo se medican. La disciplina, por ejemplo, juega un papel prioritario a la hora de enseñar el autocontrol, pero en las sociedades modernas actuales hay menos disciplina. Los padres también tienen que aprender a saber cómo tratar a estos niños.

martes, 6 de diciembre de 2011

RELACIONAN EL NEUROTRANSMISOR “GLUTAMATO” CON EL TDAH

DOMINGO, 4 de diciembre (HealthDay News) –
Unas variaciones en los genes involucrados en las vías de señalización del cerebro parecen relacionarse con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), según un estudio reciente.
Los hallazgos sugieren que los fármacos que actúan sobre esas vías podrían ofrecer una nueva opción de tratamiento para los pacientes de TDAH que portan esas variantes genéticas, apuntó el equipo de investigación del Hospital Pediátrico de Filadelfia.
En el estudio, los investigadores llevaron a cabo análisis de todo el genoma de mil niños que tenían TDAH y de 4,100 niños que no. Entonces, evaluaron los hallazgos a la luz de otra investigación con casi 12,000 sujetos, 2,500 con TDAH y 9,200 sin la afección.
El análisis genómico reveló que al menos diez por ciento de los niños con TDAH tenían "variaciones del número de copias", o sea omisiones o duplicaciones de secuencias del ADN, en cuatro genes que forman parte de la familia de genes receptores del glutamato. El resultado más firme fue en el gen GMR5.
El glutamato es un neurotransmisor, una proteína que transmite señales entre las neuronas del cerebro, explicaron los autores en un comunicado de prensa del hospital.
"Los miembros de la familia de genes GMR, junto con los genes con los cuales interactúan, afectan la transmisión nerviosa, la formación de neuronas y las interconexiones cerebrales, así que el hecho de que los niños con TDAH sean más propensos a tener alteraciones en esos genes refuerza la evidencia previa de que la vía GMR es importante en el TDAH", señaló en el comunicado de prensa el director del estudio, el Dr. Hakon Hakonarson, director del Centro de Genómica Aplicada del Hospital Pediátrico.
"Nuestros hallazgos llegan a la causa de los síntomas del TDAH en un subconjunto de niños que sufren la enfermedad", añadió.
Uno de los expertos ha afirmado que el hallazgo podría resultar significativo:
"Este estudio es importante no sólo porque ha identificado variantes genéticas asociadas al TDAH en aproximadamente diez por ciento de los casos, sino porque identifica estrategias novedosas de tratamiento relacionadas con el neurotransmisor glutamato, que ahora los investigadores pueden desarrollar para los individuos que portan las variantes genéticas recién identificadas", apuntó el Dr. Andrew Adesman, jefe de pediatría del desarrollo y conductual del Centro Médico Pediátrico Steven & Alexandra Cohen de Nueva York, en New Hyde Park, Nueva York.
"Este estudio nos proporciona más evidencia, no sólo de que el TDAH tiene una base genética en un subconjunto distintivo de niños que sufren de la afección, sino de que el neurotransmisor glutamato parece tener mucho que ver en algunos casos", añadió. "Esperamos que estos hallazgos permitan a los investigadores identificar estrategias de tratamiento seguras y eficaces para el subconjunto de niños que tienen TDAH con esas variaciones en los genes relacionados con el glutamato".
El estudio aparece en la edición online del 4 de diciembre de la revista Nature Genetics.
El TDAH afecta a hasta el siete por ciento de los niños en edad escolar, y a un menor porcentaje de adultos. Entre los síntomas se hallan un periodo corto de atención, conducta impulsiva y un exceso de actividad. No se conocen sus causas, pero el TDAH tiende a darse en familias, y se cree que puede ser influido por muchos genes que interactúan.
Adesman también anotó que la técnica usada en este estudio, el análisis comparativo de todo el genoma, "podría, en el futuro, identificar otras posibilidades de tratamiento para los niños con TDAH y otras afecciones".
FUENTE: