TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

jueves, 5 de enero de 2012

ENTREVISTA A LA DRA. ISABEL ORJALES

Universo UP. Revista digital de la universidad de padres online
Hace 20 años el TDAH era un trastorno casi desconocido en nuestro país y los niños afectados no se diagnosticaban como se hace ahora, por lo que puede existir una falsa impresión de que los niños se han vuelto hiperactivos de pronto, cuando lo que verdaderamente ha aumentado es el número de profesionales formados en la detección y el posterior diagnóstico. Este trastorno afecta entre un 3% y un 6% de los niños en edad escolar de nuestro país, aproximadamente un niño por aula.
Madrid | Enero 2012 | Coti Coloma/ Psicóloga y Tutora de la UP on-line 
En los últimos años se ha incrementado el número de alumnos diagnosticados de TDAH pero también existen cada vez más dificultades a la hora de lograr que los niños, sin ningún problema de aprendizaje diagnosticado, consigan niveles de atención y autocontrol adecuados y eficaces a su edad. Y lo que es más importante, que estas dificultades se siguen presentando en niños mayores de 12 años. ¿Cree que hay algún tipo de relación entre ambos sucesos?
Respecto a lo que me pregunta hay que aclarar que el TDAH como trastorno es una cosa y la percepción que los padres y los profesores pueden tener de un incremento en las dificultades de atención y autocontrol en los niños en general, es otra. Para que un niño sea diagnosticado de TDAH debe tener un comportamiento más inatento y, en algunos casos, más impulsivo e hiperactivo de lo que corresponde para su edad. Debe ser un niño que presente esta sintomatología, de alguna manera, desde siempre (aunque no se haya considerado muy problemática hasta el momento actual) y que no parezca responder como los niños de su edad y curso escolar a las pautas educativas familiares y escolares habituales. Además, deberá constatarse que la sintomatología les está creando y promete crear en el futuro problemas en algún ámbito de su vida y que dicha sintomatología no se explica mejor por la presencia de otro trastorno conocido. Por lo tanto, el TDAH se define como un problema del neurodesarollo que se detecta porque el niño no responde como lo harían los niños de su misma edad y educación. En ese sentido, si la población general de niños fuera hoy más inquieta, impulsiva y dispersa (habría que constatarlo empíricamente), un niño para ser diagnosticado de TDAH tendría que superar con creces esa tendencia general.
¿Cuál cree, en su opinión, que sería la causa subyacente?
Como he dicho, creo que habría que constatar empíricamente la hipótesis de que los niños de hoy tienen menos capacidad de atención, más inquietud motriz o menor autocontrol y autorregulación comportamental y/o emocional. De ser así, son muchos los factores que pueden estar incidiendo. Por ejemplo, una mayor sobre estimulación desde el momento del nacimiento (familiar, escolar y social) que podría potenciar la atención durante breves momentos a muy distintas fuentes, la reducción del tiempo de ocio y juego a muy temprana edad, la saturación de horas en un aula y la sobrecarga de deberes en detrimento del tiempo de juego sin dirección de un adulto que podría entrenarlos en autocontrol, la saturación en algunos casos de actividades extraescolares, el predominio de juegos que potencian la activación y la respuesta inmediata, la educación de las familias en la satisfacción con miedo a enfrentar a los niños a situaciones frustrantes como la espera o la demora de gratificaciones, la aceleración del ritmo de vida y el estrés que rodea al niño y a la vida familiar desde el momento del nacimiento, la prioridad que la escuela sigue dando a la estimulación cognitiva (más en concreto a la memorización sin sentido) y la ausencia de formación comportamental, social y emocional o la resistencia del cambio en la forma de enseñar al rendimiento cognitivo, entre otras. También cabría plantearse el impacto que podrían tener tóxicos ambientales y la mala calidad de los alimentos puedan estar impactando en el desarrollo fetal. Aun así, hay que ser muy cautos y no simplificar las cosas haciendo pensar a la gente que un mal ambiente o una mala educación pueden ser la causa de la aparición del TDAH. Pueden empeorar un cuadro de TDAH pero no ser nunca la causa directa.
¿Podría darnos alguna clave práctica para que los padres pudieran saber si las dificultades atencionales de su hijo están dentro de la normalidad o deberían ser valoradas por especialistas como posible TDAH?
Esto sería como pedirle a un médico que diera alguna pista para que una persona, sin formación en medicina, pudiera saber si el lunar que tiene en la mejilla (que por otra parte le parece que tiene mala pinta y le preocupa enormemente) es un cáncer o no. Absurdo sería pensar en que para ir al médico uno tuviera que estar muy seguro de que se trata de un cáncer. Pues del mismo modo ocurre cuando un niño parece tener problemas de atención, impulsividad o hiperactividad. Si a los padres les preocupa, si el niño sufre, si su rendimiento o comportamiento apunta a ser cada vez más difícil, si el colegio pide ayuda o si los padres parecen muy desorientados en cuanto a cómo educarlo, etc., es motivo suficiente para consultar con un especialista ¿Y, con qué fin? No con el fin de “etiquetar lo que le sucede” sino con el fin de recibir orientación para ayudar a reducir esos síntomas. Después, si en la valoración existen  datos como para pensar que esa sintomatología responde a un cuadro específico, se podrá identificar el trastorno.
Parece que el sistema social en el que vivimos no ayuda demasiado. Los niños corren de una clase a otra, se comunican por sistema de mensajería instantánea, su tiempo de ocio habitual está en relación con las nuevas tecnologías y en muchos casos pasan bastantes horas al día solos. ¿Cree que estos factores de alguna forma pueden estar influyendo en el aumento de la incidencia de este tipo de problemas?
Creo que debemos dejar los tópicos a un lado y tratar de no pensar en que las cosas no son “blanco o negro” y que no existe una justificación concreta para todo lo que nos rodea. Igual que tener hermanos y no tenerlos tiene ventajas e inconvenientes, el ritmo de vida actual tiene aspectos positivos y negativos. Creo que el Ministerio de Educación, la escuela y la familia debería reflexionar sobre qué cree que debe fomentar en sus hijos, cómo los puede educar, a quién compete determinados objetivos de educación, formación e instrucción y con qué metodología, instrumentos y materiales puede conseguirlo. Me parece que no damos tiempo al niño a madurar, los hiperestimulamos en unos aspectos y les exigimos muy poco en otros. Y todo ello se refleja de alguna manera en el modo en que ellos responden y se adaptan.
Todos conocemos también a adultos que presentan dificultades de autocontrol, problemas de atención… ¿Es posible que los padres ejerzan, en estos casos, como modelo negativo para sus hijos? ¿Cuál sería el nivel de relevancia de dicha influencia?
Creo que si existen padres o madres con un perfil de TDAH, lo que más va a influir en sus hijos es su herencia genética puesto que el índice de heredabilidad del TDAH se estima en un 80%. Desde el punto de vista educativo no se puede afirmar que los padres o madres con un perfil de TDAH influyan siempre de forma negativa en el desarrollo de sus hijos. Conozco padres con sintomatología TDAH que comprenden mejor a sus hijos, los toleran más y buscan apoyo antes para que sus chicos no sufran lo que ellos padecieron. La buena o mala influencia de un padre o una madre depende más de aspectos individuales y del acceso a al apoyo de un buen profesional que de la sintomatología residual que padezcan.
¿Qué recomendación o pautas daría a los padres en este sentido?
Los padres que identifican en su propia infancia, adolescencia, juventud o incluso en la edad adulta, dificultades de atención, hiperactividad o hipoactividad, impulsividad o problemas de rendimiento o de adaptación comportamental deberían pensar en la posibilidad de que sus hijos nazcan con una biología más próxima a un TDAH. De mostrar sus hijos síntomas asociados a este trastorno, no deben refugiarse en el pensamiento de que “si a mi me fue bien sin ayuda ¿por qué no le va a ir bien a mi hijo?” para justificar dejar pasar el tiempo, porque ni la intensidad del trastorno, ni las condiciones educativas ni la exigencia social son las mismas para él que para su hijo. Como cualquier padre deberá valorar en qué medida su estilo de vida, la organización que tiene de la vida familiar y la forma de educar favorece o no a su hijo y pedir ayuda para modificar lo que sea necesario. Deberá reflexionar, también, sobre la necesidad de formarse como educador y buscar estrategias para evitar que la impulsividad, la falta de paciencia, la falta de organización, la dispersión y la falta de perseverancia (de existir) afecten a su papel de padre o madre. Y, en algunos caso, deberá plantearse si a pesar de considerar que tiene un perfil de TDAH controlado, su calidad de vida y la de su familia mejorarían con tratamiento farmacológico y/o psicológico.
Desde nuestra experiencia directa con los padres, una de los motivos más habituales de consulta es la recomendación de estrategias y actividades concretas para mejorar las habilidades de autocontrol de sus hijos, entendidas como la capacidad para tolerar el esfuerzo, mantenerse en la tarea, tolerancia a la frustración… Si se encontrara usted en el papel del tutor, ¿cuáles serían las estrategias prácticas que recomendaría a dichos padres?
Educar va más allá de aplicar recetas. Educar a un niño difícil requiere formación en el desarrollo del niño y en control de conducta. Si un padre o madre tiene problemas para conseguir que sus hijos obedezcan, sean responsables, perseverantes y toleren la frustración, yo les diría que comenzaran leyendo libros sobre educación para ver qué dice la psicología sobre que pautas generales suelen ser las que funciona para educar a un niño. Si con lo aprendido no mejora, les aconsejaría que pidieran hora a un psicólogo, pedagogo o psicopedagogo de confianza (de esos que saben enseñar a educar) y que se reunieran en sesiones un vez a la semana. Que llevaran a esas sesiones el guión de una situación cotidiana que les preocupa: cómo era la situación antes (quién había, qué dijo, etc.), cómo surgió el problema y qué pasó después. Con todo tipo de detalles. Sobre esa información, padres y terapeuta deberán analizar lo sucedido y acordarán posibles formas de responder en una situación parecida. Al tratarse de problemas habituales, es muy probable que los padres tengan que enfrentarse a una situación parecida unos días después. De ese modo, analizando situaciones concretas en contextos individuales, los padres mejorarán en su forma de educar.
¿En el caso de un diagnóstico de TDAH usted recomienda como tratamiento más eficaz la medicación, la intervención psicopedagógica o una combinación de ambas? ¿Por qué?
Yo recomiendo que se haga una evaluación multidisciplinar (por lo menos un especialista de la medicina y otro de la psicología o la pedagogía), que la evaluación vaya más allá de la determinación del diagnóstico diferencial (“tiene o no tiene TDAH”), que permita determinar el perfil cognitivo, comportamental, emocional y social del niño, así como las condiciones escolares y familiares. Y que, con toda esa información, se valore (padres y profesionales conjuntamente) qué aspectos de la intervención son prioritarios, en qué ámbitos y en qué orden. Existen niños que pueden evolucionar positivamente sin medicación mientras, para otros la medicación es la piedra que hace posible que la intervención psicoeducativa de su fruto y para algunos, especialmente en medios muy desfavorecidos, desgraciadamente quizá la medicación sea el único tipo de tratamiento al que puedan tener acceso. A nadie le gusta medicar a un niño. Por ello, la medicación debe sopesarse cuidadosamente, probar el impacto que tiene sobre el niño y valorar “coste-beneficio” en cada año de su vida. Un buen médico, de confianza, cercano que no tenga reparos en formar a los padres, resolver sus dudas y respetar sus miedos sin juzgarlos por ellos, es fundamental.
¿Qué aspectos cree que es importante trabajar con los niños durante el inicio de la escolaridad y la primera infancia, para prevenir este tipo de dificultades en el futuro?
El TDAH no va desaparecer porque se realicen programas educativos en Educación Infantil porque no es la mala educación o la mala instrucción la causa de su aparición. Creo que antes de pensar en que el problema está en los niños y que debe desarrollarse programas para fomentar o entrenar determinadas habilidades, debemos pensar si tiene sentido que los niños estén tantas horas sentados, que hagan largas copias sin sentido. Si es necesario que memoricen todos los tiempos verbales antes de aprender a expresarse adecuadamente. Si tienen sentido los deberes obligatorios que aumentan la jornada laboral de los niños más allá de las 8 horas, que sean porque sí, iguales para todos (así tengas buenas notas, domines la materia o seas un alumno de altas capacidades) y proporcionalmente más extensos si hay un puente o unas vacaciones… Si para tener una buena ortografía el método más adecuado es el de memorizar largas listas de reglas ortográficas, jugar a pillar haciendo dictados que no se repiten y bajando la nota en los exámenes bajo la premisa de que los niños que tienen faltas las tienen “porque no les da la gana de fijarse”. Creo que si motivamos a los niños, le proponemos retos de aprendizaje que les estimulen, les animamos a creer que son capaces, les damos las herramientas para alcanzarlos y les supervisamos y animamos durante el proceso conseguiremos que sean mejores, más sanos y más sabios día a día. Y el que tiene la impronta biológica de TDAH mejorará respecto al que no haya sido educado de este modo, estará más adaptado durante más tiempo antes de que su comportamiento delate la existencia del TDAH, tendrá un perfil de síntomas más moderado y necesitará menos apoyos extras.
¿Qué tipo de actividades, juegos y juguetes recomendaría a las familias que quieren fomentar el desarrollo de las capacidades atencionales y de autocontrol en sus hijos?
Creo que las familias de niños con TDAH deben dejar a un lado el objetivo de “instruir y formar” cuando jueguen con sus hijos. Bastante estrés tienen con apoyarles en los deberes y en lo escolar, bastante se distancian emocionalmente de ellos persiguiéndoles para que los hagan, para que colaboren en casa o para que se comporten como para alargar su papel “pedagógico” a las horas de ocio. El tiempo de ocio tiene que servir para volver a sentirse papá o mamá, para conectar con los hijos, reír y dejar los problemas a un lado. El juego deja de ser juego con el adulto es el que dirige y marca siempre la pauta. En ese marco, cualquier juego que haga disfrutar a la familia y que ayude a fijarse, esperar, demorar respuestas puede servir. Los juegos de ordenador tienen muchas utilidades pero los niños sólo utilizarán los educativos si tienen la compañía de un adulto. Por si solos, tenderán, lógicamente a utilizar los más divertidos y que requieran menos esfuerzo. Pero es importante, el juego por muy indicado para niños con TDAH que parezca, sólo servirá si no se utiliza como instrumento de tortura para el niño.
¿Podría comentarnos algo sobre las últimas investigaciones o hallazgos que se estén llevando a cabo en este ámbito?
No hay muchas investigaciones que relacionen juego y TDAH y sí muchos tópicos. Las páginas amarillas están llenas de terapias milagro para TDAH: gafas con cristales de colores, la equinoterapia, el yoga o incluso asistí a un curso en el que hablaban de Pilates aplicado a niños con TDAH. En una ocasión me escribieron de Sudamérica para un estudio sobre la influencia de “la pesca con mosca” en el TDAH. Debemos entender que cualquiera de estas actividades puede mejorar la calidad de vida de un niño con TDAH, puede hacer que esté más relajado y que las expectativas de cambio que tienen los padres se traduzcan en una menor presión y por lo tanto en una mejora en la conducta. Pero ninguna de ellas es eficaz para conseguir un cambio radical en un niño con TDAH. Por lo tanto, porque no tenemos todo el tiempo del mundo y tenemos una economía limitada, debemos sopesar en relación a las necesidades de nuestro hijo y nuestra familia qué tratamientos son los que tienen prioridad.
FUENTE:

martes, 3 de enero de 2012

LA PREVENCIÓN DEL FRACASO ESCOLAR PASA POR LA ACEPTACIÓN DE LA DIFERENCIA

Pamplona 29/12/2011
"La prevención del fracaso escolar pasa por la aceptación de que la diferencia no es lo mismo que la discapacidad". Así lo afirman las doctoras Inmaculada Escamilla y Pilar Gamazo, autoras del libro “¿Es mi hijo un mal estudiante? Causas médicas del fracaso escolar y tratamientos para superarlo” y especialistas del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid.
Según las doctoras Escamilla y Gamazo, el término de fracaso escolar no está claramente definido: "Las estadísticas hacen referencia al porcentaje de niños que no consiguen acabar sus estudios de primaria o secundaria a la edad teórica de finalización. Pero en realidad, como explica muy bien en el primer capítulo del libro la profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Navarra, Charo Repáraz, deberíamos hablar de fracaso educativo, no escolar, como algo que afecta al estudiante, a su familia, a la escuela y a la sociedad".
Atendiendo al porcentaje de estudiantes que no logra terminar sus estudios a la edad que teóricamente les correspondería, las especialistas de la Clínica Universidad de Navarra apuntan que "el fracaso escolar afecta en España al 14% de los estudiantes de Primaria y al 30% de los de Secundaria, según estadísticas del curso 2007-2008". Así, de acuerdo a los datos del informe PISA 2009, "podríamos afirmar que aproximadamente el 15% de los estudiantes de 4º curso de Primaria se encuentran en un nivel inferior en cuanto a competencias académicas", indican.
EL ÍNDICE DE ESPAÑA, POR ENCIMA DE LA MEDIA EUROPEA
Por otro lado, en comparación con otros países de nuestro entorno, las doctoras Escamilla y Gamazo señalan que "los índices de fracaso escolar en España -según los informes PISA 2003, 2006 y 2009- están por encima de la media europea de los países de la OCDE" (Organización  para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).
¿Un rendimiento académico insuficiente es la única manifestación del fracaso escolar?
- Pilar Gamazo:
Las manifestaciones objetivas del fracaso escolar son, obviamente, sus resultados académicos, sobre todo conforme está planteado el sistema actual, donde los parámetros de evaluación excluyen la actitud, el interés en clase y la participación del alumno, al ser difícilmente computables por tratarse de valoraciones subjetivas. Sin embargo, los resultados académicos no son la demostración suficiente de los conocimientos reales del niño sobre la materia. Los estudiantes con determinadas dificultades o problemas, como déficit de atención e hiperactividad, problemas de visión..., precisan de una metodología diferente en la evaluación. Se trata por tanto, de una adaptación metodológica, no curricular y no significativa. Por consiguiente, habría que reconocer que la diferencia no supone inexorablemente una discapacidad.
En cualquier caso, la detección es fácil atendiendo a los resultados académicos del niño. El libro recoge, además, una serie de signos y señales que pueden ayudar a los padres a descubrir un posible caso. Ante la mínima sospecha, un niño con dificultades ha de ser seguido y valorado.
¿Cuáles son los principales factores que favorecen el fracaso escolar?
- Inmaculada Escamilla:
El fracaso escolar debe contemplarse desde una perspectiva global. La escasa formación en valores desde el propio núcleo familiar, además del entorno social, son dos de los factores fundamentales. El aprendizaje conlleva repetición y entrenamiento, requiere siempre de un proceso arduo, que se ve compensando por un proyecto futuro esperanzador. En términos de valores, se requiere de perseverancia y fortaleza. Desde la perspectiva neurobiológica, debemos atender a la integridad de las estructuras y sistemas cerebrales de los que depende el desarrollo de estas habilidades. El sistema de recompensa (las estructuras del sistema límbico, del hipocampo y de la amígdala, importante área para las emociones y la memoria emocional), el neurotransmisor dopamina (conocido como “el de la felicidad”) y las áreas prefrontales del cerebro son el sustrato biológico, fundamental, de un correcto aprendizaje.
¿Y cuáles son los problemas médicos que inciden en su aparición?
- Inmaculada Escamilla:
Las causas médicas de fracaso escolar son múltiples: problemas endocrinológicos, neurológicos, psiquiátricos..., trastornos como depresión, ansiedad, trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y dificultades específicas del aprendizaje, entre otros, pueden estar en la base de un fracaso escolar. Si tenemos en cuenta que la prevalencia del TDAH en la población pediátrica es del 7%, podríamos decir que ésta es una de las causas médicas más frecuentes. De hecho, el 30% de las consultas en psiquiatría infantil se debe a este trastorno. También es cierto que hasta el 80% de los niños y adolescentes con este trastorno presenta al menos otro problema psiquiátrico asociado (alteraciones del humor, ansiedad y de conducta); y todos ellos pueden empeorar el pronóstico y los problemas escolares. Entre adolescentes, tenemos que tener en cuenta el consumo de sustancias o drogas, si bien es cierto que un elevado porcentaje de estos adolescente con problemas de consumo de sustancias tiene un TDAH subyacente que probablemente no se diagnóstico y trató en su inicio, y lo mismo sucede con los llamados trastornos de conducta.
Las doctoras Escamilla y Gamazo abogan por una educación personalizada y adaptada a cada uno de los entornos y circunstancias a modo de prevención. Según Escamilla: “la prevención del fracaso escolar pasa por la aceptación de que diferencia no es lo mismo que discapacidad”. La motivación y el esfuerzo positivo para inculcar en el niño una actitud favorable ante el estudio son imprescindibles pues, en muchos casos, el fracaso escolar deriva en la pérdida de confianza y la baja autoestima del alumno.
FUENTES:

jueves, 29 de diciembre de 2011

THOMAS E. BROWN: “Trastorno por Déficit de Atención. Una mente desenfocada en niños y adultos”

El trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es uno de los motivos de consulta más frecuentes en los equipos de salud mental de niños y de adolescentes.
Es, casi con total probabilidad, uno de los problemas mejor y más estudiados en medicina y, a pesar de que en los últimos años estamos asistiendo a un importante crecimiento en cuanto a la difusión del conocimiento sobre el TDAH, por medio de libros de divulgación, artículos científicos (y de la de la enorme cantidad de datos científicos que apoyan tanto el diagnóstico del TDAH como la seguridad y eficacia de los tratamientos) o a través de los medios de comunicación, existe todavía un cierto desconocimiento por parte de varios sectores entre los que se encuentran el educativo y el sanitario, que siguen manifestando su escepticismo y consideran que el TDAH es un problema trivial que se diagnostica y trata en exceso.
La mayor parte de este escepticismo se basa en la simple ignorancia sobre la naturaleza compleja del trastorno, el cual tiene consecuencias devastadoras en los afectados y sus familias, así como sobre los efectos favorables que se obtendrían en la inmensa mayoría de los individuos si recibieran el tratamiento apropiado. (…) En ocasiones, el negar la existencia del TDAH, lleva en la práctica a que estos pacientes y sus familias no puedan acceder a un tratamiento altamente eficaz y con escasos efectos secundarios.
(…) Estos pacientes acuden a la consulta acompañados por sus familias cuando la situación está «al límite», después de varios años de sufrimiento y, en algunos casos, tras diversas consultas a varios especialistas; en otras ocasiones, es la lectura de algún artículo en la prensa lo que «ha abierto los ojos» a los padres sobre lo que le estaba pasando a su hijo.
(…) El diagnostico del TDAH es fundamentalmente clínico. Esto hace que no exista una prueba, ya sea un cuestionario, un análisis de sangre o pruebas de neuroimagen, que resulte definitiva, de modo que el diagnóstico depende de la habilidad y experiencia del clínico que evalúa el caso.
Pero, «el clínico que no sabe lo que busca no entiende lo que encuentra»; por lo tanto, si uno no conoce el TDAH y no piensa en su existencia, los síntomas que pueda observar en el paciente los achacará a otra patología, siendo difícil llegar al diagnóstico correcto, especialmente teniendo en cuenta que la comorbilidad, es decir, la existencia de otro trastorno además del TDAH en un mismo paciente, es muy elevada.
También es cierto que podemos correr el riesgo de caer en el extremo opuesto y diagnosticar de TDAH a niños que se muevan mucho o que presenten cualquier problema en la escuela. No todo niño que se mueve en exceso padece TDAH ni todo paciente con TDAH tiene por qué ser movido. De ahí la vital importancia de informar sobre el TDAH a pacientes, familias y educadores y de proporcionar formación específica en TDAH a los clínicos que atienden a estos pacientes.
(…) Estas experiencias me han convencido de que sigue necesitándose una explicación clara y de base científica sobre lo que es el TDA/TDAH, qué no es y cómo puede reconocerse y tratarse de forma eficiente.
Hace treinta y seis años, cuando comencé a estudiar psicología en Yale, no teníamos las potentes herramientas de imagen que ahora nos permiten mirar en el interior del cerebro humano vivo y observar los cambios que se producen cada momento en sus redes neuronales. No obstante, nos han enseñado otra forma de aprender sobre los problemas de la función cerebral: escuchar con atención la forma en que los pacientes describen sus experiencias.
El camino que me llevó a escribir este libro, comenzó el día en que escuché a un estudiante muy brillante de un instituto describir la frustración que le producían cada día sus deberes escolares. Se quejaba de que podía leer con fluidez pero, momentos más tarde, no recordaba lo que acababa de leer. Dijo que su mente realizaba largas excursiones en todas las clases y no podía mantenerse concentrado lo suficiente como para captar nada más que fragmentos de lo que se explicaba en clase. Explicó que, a pesar de sus buenas intenciones para preparar los deberes y escribir sus trabajos, terminaba dejando las tareas para más tarde y obteniendo los inevitables malos resultados.
Las descripciones de este joven me hicieron sospechar que padecía un TDA sin diagnosticar, ya que era un chico brillante y no era hiperactivo o problemático. Un ensayo con un medicamento estimulante produjo una mejoría súbita y espectacular de casi todos sus defectos de atención.
Esa experiencia despertó mi curiosidad. ¿Cómo podía alguien con tanta capacidad, con un deseo tan intenso de éxito, padecer un deterioro crónico durante tantos años y después superar estas dificultades, casi en una noche, usando sólo dosis diarias bajas de un medicamento de acción corta?
El primer capítulo (del libro Trastorno por déficit de atención. Una mente desenfocada en niños y adultos) presenta una cuestión relativa al TDAH que causa perplejidad:
¿Cómo pueden personas aparentemente normales tener una dificultad crónica para «mantener la atención» en las tareas que ellos consideran importantes, mientras que sí pueden prestar una gran atención a tareas menos importantes pero que sí les interesan? ¿Se trata sólo de un sencillo problema de «fuerza de voluntad»? Creo que, a pesar de las apariencias, el inconveniente principal en el TDAH no es la falta de voluntad, sino un deterioro crónico y que dura toda la vida, de las funciones «ejecutivas» o de gestión de las funciones cerebrales.
En el capítulo 2 utilizo ejemplos de la vida cotidiana para describir seis grupos de problemas cognitivos descritos por la mayoría de las personas con TDA. Algunos de estos síntomas se incluyen en los criterios diagnósticos para el TDAH que ofrece el Diagnostic and Statistic Manual of Mental Disorders en su cuarta edición (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), pero otros no. Son las dificultades crónicas con:
  1. La organización, el establecimiento de prioridades y el comienzo de los trabajos
  2. La atención, el mantenimiento y el desplazamiento de la atención
  3. La regulación del estado de alerta, el mantenimiento del esfuerzo y la determinación de la velocidad de proceso
  4. El control de la frustración y la modulación de las emociones
  5. La utilización de la memoria de trabajo y el acceso a los recuerdos,
  6. La observación y la acción de autorregulación.
Estas funciones cognitivas interaccionan para servir como el sistema de gestión de la mente. El deterioro crónico de estas funciones constituye lo que yo llamo el «síndrome de TDA».
Para entender este síndrome se requiere al menos un conocimiento mínimo de cómo funciona el cerebro. En el capítulo 3 ofrezco explicaciones básicas de cómo actúa este órgano para controlar su vida diaria: cómo se usa la memoria a corto plazo cuando actuamos, cómo se selecciona, en cada momento, qué es lo más importante para dedicarle nuestra atención y cómo se regula a sí mismo el cerebro para estar alerta y «abierto a las actividades» cuando es necesario. En el mismo capítulo se incluye información sobre cómo dos productos químicos específicos (dopamina y noradrenalina) elaborados en el cerebro regulan estas funciones y lo que sucede cuando no funcionan correctamente.
Los problemas del síndrome de TDA son distintos en cada edad. En el capítulo 4 describo cómo los padres y los profesores construyen un entorno de apoyo, un «andamio» que ayuda a los niños a ir desarrollando de forma gradual habilidades de autocontrol para comportarse con esmero, colaborar con los demás, comunicarse y trabajar para aprender a leer y escribir. Y explico cómo, a pesar de ese andamio, estas tareas son mucho más difíciles en niños con síndrome de TDA.
En el capítulo 5 se explica cómo ese andamio va retirándose poco a poco cuando los adolescentes tienen que adquirir más responsabilidades para controlar su tiempo y sus deberes escolares, afrontar el nacimiento de su sexualidad y desarrollar relaciones personales, trabajar para ganar dinero y conducir un coche y, en último término, salir de casa para funcionar con mayor independencia.
Describo el deterioro que sufren los adolescentes con síndrome de TDA cuando van encontrándose con estas tareas. Algunos adultos con el síndrome de TDA tienen menos dificultades cuando abandonan la escuela. En otros, en cambio, esas dificultades aumentan cuando luchan por encontrar y mantener un puesto de trabajo, avanzar en sus carreras, relacionarse, llevar su casa y sus finanzas, tratar con sus parejas y atender a sus hijos. Describo los efectos del síndrome de TDA en todas estas tareas en el capítulo 6.
Todos sufrimos en alguna ocasión los problemas del síndrome de TDA. En el capítulo 7 se plantea la cuestión de cómo los médicos pueden diferenciar un deterioro propio del síndrome de TDA de las dificultades normales de falta de atención. En este caso, también planteo la validez de los esfuerzos al uso, pero demasiado simplistas, que se utilizan para evaluar los deterioros del TDAH.
La investigación ha permitido establecer que las personas con diagnóstico de TDAH tienen hasta seis veces más probabilidades que los demás de sufrir uno o más trastornos psiquiátricos o trastornos del aprendizaje de otro tipo, en algún momento de su vida. En el capítulo 8 describo varios trastornos del aprendizaje, la emoción o la conducta que se superponen con el síndrome de TDA. Propongo que el deterioro de esa función ejecutiva en el síndrome de TDA forma parte integral de muchos trastornos psiquiátricos y del aprendizaje y ofrezco algunos cambios útiles en los modelos diagnósticos actuales.
En el capítulo 9 explico las opciones existentes para aliviar el deterioro del síndrome de TDA con tratamiento. El primer paso de cualquier programa de tratamiento consiste en proporcionar una información exacta al paciente y a su familia sobre la naturaleza y evolución del deterioro del TDAH.
Como los síndromes de TDA tienen una base bioquímica, el tratamiento más eficaz suele ser de tipo médico. Recientemente se han desarrollado nuevos medicamentos, así como nuevos sistemas de administración para medicamentos ya existentes y resalto lo que ahora sabemos sobre la seguridad, eficacia, efectos secundarios y aspectos prácticos de estos tratamientos farmacológicos.
También se describen la utilidad y limitaciones de las terapias conductuales y otras medidas de apoyo para el síndrome de TDA. Y destaco que es importante diseñar para cada paciente un plan de tratamiento personalizado.
En el capítulo 10 incluyo algunos ejemplos sobre cómo el síndrome de TDA no tratado erosiona la esperanza y provoca mucho sufrimiento a los sujetos y sus familias. En este capítulo también se describen los miedos, los prejuicios y otros factores que actúan como barreras para buscar, obtener y mantener el tratamiento adecuado. Y contrasto los métodos que ofrecen «esperanzas irreales» con intervenciones que nutren la «esperanza realista» en la vida cotidiana de las personas que padecen el síndrome de TDA y sus familias.
INTRODUCCIÓN
Las personas suelen creer que la «concentración» es como sujetar una cámara fija y ajustar el objetivo para obtener una imagen clara de un objeto inmóvil. (…) Por el contrario, “concentración” se refiere, en este caso, a un proceso complejo y dinámico por el que se selecciona y capta algo que es importante observar, hacer o recordar cada momento. Igual que un conductor cuidadoso se centra en la tarea de conducir su coche cuando hay mucho tráfico, mirando activamente hacia delante a la vez que, por los retrovisores, observa las señales de tráfico, frena, etc. (todo ello, mientras vigila los indicadores del salpicadero, tiene en cuenta el límite de velocidad y el destino e ignora la tentación de observar durante demasiado tiempo un paisaje interesante), una persona utiliza este desplazamiento muy activo y rápido de un despliegue de la atención y la memoria que se reajustan con rapidez a medida que la atención debe planificar y controlar la actividad que se realiza. Esta concentración es muy difícil para el 7-10% de la población mundial que padece un síndrome de deterioro cognitivo, que actualmente se conoce como trastorno por déficit de atención (TDA) o trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).
La palabra síndrome describe un grupo de síntomas que tienden a aparecer juntos. Por ejemplo, la congestión nasal, el dolor de garganta, la cefalea, el cansancio y la fiebre aparecen juntos como un síndrome que se conoce habitualmente como «resfriado». Una sola causa o varias de ellas pueden provocar un síndrome común.
En este libro, el término «síndrome de TDA» se usa para referirse a un grupo de deterioros del sistema de gestión de la mente. En el Diagnostic and Statistic Manual of Mental Disorders, cuarta edición (DSM-IV), de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría, se describen los criterios diagnósticos aceptados actualmente para el TDAH. El concepto del síndrome de TDA que se introduce en este libro no pretende ser un nuevo diagnóstico que sustituya las categorías existentes. Simplemente, estoy proponiendo una nueva forma de mirar estos deterioros, de los cuales, muchos, pero no todos, están incluidos en los criterios diagnósticos actuales del TDAH. Se han propuesto otras etiquetas para este grupo de deterioros: «trastorno por déficit de atención», «disfunción ejecutiva», «disfunción cerebral mínima», «trastorno del control regulador » y «síndrome disejecutivo», por nombrar sólo algunos. El concepto de síndrome de TDA que aquí se describe incluye muchos deterioros descritos con estos distintos nombres, deterioros que aparecen juntos y tienden a responder a tratamientos similares.
Comparadas con otras personas de igual edad y nivel de desarrollo, las que tienen un síndrome de TDA tienden a tener una «mente desenfocada», no sólo para la conducción, sino también para muchas otras tareas importantes de la vida cotidiana, lo que no significa que las personas con síndrome de TDA no puedan concentrarse nunca como es debido, ni tampoco que las que no tienen un síndrome de TDA siempre estén bien centradas. El síndrome de TDA no es como un embarazo, una situación de todo o nada sin pasos intermedios.
Es más como una depresión. Todas las personas se sienten tristes a veces, pero no se las diagnostica depresión simplemente porque se sientan infelices algunos días, o incluso algunas semanas. El diagnóstico de depresión sólo se establece de forma correcta cuando los síntomas son persistentes y deteriorantes de forma significativa. De igual modo, las personas con síndrome de TDA no están constantemente desconcentradas, pero tienen un deterioro mucho más persistente y dominante de esas funciones cognitivas que la mayoría de la gente.
En ocasiones, se descubre por accidente un tratamiento eficaz para un trastorno, antes de que se sepa bien qué es lo que se está tratando y por qué funciona. En 1937 se descubrió por casualidad un fármaco eficaz para el síndrome de TDA cuando Charles Bradley, un médico de Rhode Island, buscaba un medicamento para aliviar las cefaleas graves que se producían después de una punción lumbar en los niños con trastornos de la conducta que estaba estudiando. El compuesto de anfetamina no fue útil para las cefaleas, pero los profesores comunicaron una mejoría espectacular, aunque de corta duración, en el aprendizaje, la motivación y la conducta de los niños cuando recibieron este medicamento. Poco a poco, su uso fue ganando adeptos en niños hiperactivos con problemas de conducta.
Nuestros conocimientos sobre lo que más tarde pasaría a denominarse síndrome de TDA crecieron de manera significativa durante la década de 1970, cuando los investigadores observaron que los niños hiperactivos también tienden a tener problemas crónicos con falta de atención que, como los problemas de la hiperactividad, mejoran en respuesta a un tratamiento estimulante.
En 1980 la Asociación Norteamericana de Psiquiatría usó por primera vez el término «trastorno por déficit de atención» como diagnóstico oficial. En aquel momento, se reconoció el deterioro crónico de la atención, con o sin problemas conductuales de hiperactividad, como un trastorno psiquiátrico.
En la versión de 1980 del DSM-IV también se mencionaba que, aunque este trastorno suele originarse en la infancia, el deterioro de la atención en ocasiones persiste hasta la edad adulta. En la revisión de 1987 del manual se cambió el nombre de esta afección por el de «déficit de atención/trastorno de hiperactividad»; desde aquel momento, el nombre oficial ha continuado vinculando la falta de atención con los problemas conductuales de hiperactividad, despreciando la importancia que tiene la independencia del deterioro cognitivo del síndrome.
En la última década, algunos medicamentos específicos han demostrado su seguridad y gran utilidad en muchos niños, adolescentes y adultos de todo el mundo que sufren un síndrome de TDA. A pesar de ello, no hay muchas publicaciones en las que se explique en términos razonables la naturaleza compleja de la atención y la gran variedad de estos problemas cognitivos crónicos que se asocian al TDAH.
En este libro, se destaca los efectos catastróficos de los problemas crónicos de falta de atención sobre el desarrollo y la funcionalidad. También, que el diagnóstico actual de TDAH incluye sólo parte de una gama más amplia de deterioros cognitivos, que son los causantes del tratamiento médico y se propone que un grupo de deterioros cognitivos asociados al TDAH, que aquí llamaremos «síndrome de TDA», afecta no sólo a las personas con diagnóstico de TDAH, sino también a muchas otras que padecen diversas afecciones, algunas de las cuales se podrían beneficiar de los tratamientos usados para el TDAH.
Como la mayoría de los médicos de mi generación y, por desgracia, muchos de la generación actual, aprendí muy poco sobre el deterioro de la atención durante mi formación profesional. Nos enseñaron a reconocer a los niños pequeños, principalmente varones, que eran demasiado hiperactivos y que respondían al tratamiento con medicamentos estimulantes y me dijeron que estos niños hiperactivos tenían problemas para prestar atención a sus profesores y padres. Pero nuestra formación sobre los problemas de la atención solía terminar aquí.
En los treinta años de trabajo clínico que siguieron a esos estudios, he aprendido mucho más sobre la naturaleza compleja de la atención. El motivo que impulsó gran parte de mi curiosidad procedía de mis pacientes: niños, adolescentes y adultos que luchan con el aprendizaje, el trabajo, las relaciones sociales y la vida familiar. Como los enfermos me habían descrito una gran variedad de problemas crónicos de falta de atención, comencé a apreciar la complejidad del trastorno y su importancia fundamental en la vida cotidiana. De hecho, al describir la amplia variedad de funciones cognitivas que mejoran cuando el tratamiento es eficaz, estos pacientes me han ayudado a comprender las interconexiones que tienen las redes de la atención en la mente humana.
Aunque este libro se ha construido sobre el conocimiento clínico de los pacientes con problemas de falta de atención, también incorpora información sobre la investigación actual en psicología, psiquiatría y neurociencias.

El Dr. Thomas E. Brown es psicólogo clínico, Doctor por la Universidad de Yale, profesor auxiliar clínico de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale y director asociado de la Clínica Yale para Trastornos de la Atención y Problemas Relacionados.
Reconocido internacionalmente, gracias a sus investigaciones en el área del Trastorno de Déficit de Atención con hiperactividad (TDAH), el Dr. Brown ha recibido el reconocimiento honorífico por parte de la National Attention Deficit Disorder Association y fue incluido en el Salón de la Fama CHADD por sus contribuciones excepcionales a la investigación y la educación profesional en materia del TDAH en niños y adultos.
Es autor de libros como “Escalas Brown para el Trastorno de Déficit de Atención en niños, adolescentes y adultos” o “Trastornos de Déficit de Atención y Comorbilidades en niños, adolescentes y adultos”. Su última obra, “Trastorno de Déficit de Atención: la falta de concentración en niños, adolescentes y adultos”, fue publicada por la Yale University Press en septiembre de 2005.
FUENTES:
“Trastorno por déficit de atención. Una mente desenfocada en niños y adultos”. Thomas E. Brown
Dr. José Ángel Alda Díez. Jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología Infanto-Juvenil, Hospital Universitari Sant Joan de Déu, Esplugues de Llobregat, Barcelona

lunes, 19 de diciembre de 2011

LAS DIFICULTADES DE APRENDIZAJE EN EL TDAH: ANNA SOLANAS

SRA. ANNA SOLANAS, PEDAGOGA ESPECIALISTA EN TDAH (Centre de Pedagogia Xaris. Tarragona)
"CÓMO TRATAR LAS DIFICULTADES DE APRENDIZAJE".
1ª JORNADA TDAH: RESPUESTAS QUE AYUDAN
Salón de Actos del Centro Médico TEKNON. Sábado 19 noviembre 2011.
Organización: Fundación Teknon.

Sra. Anna Solanas, Pedagoga especialista en TDAH. "Cómo tratar las dificultades de aprendizaje" from Fundación Teknon on Vimeo.

TDAH: SEMINARIO DE RUSSELL A. BARKLEY EN MADRID

9ª Jornada sobre Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad.
ENCUENTRO CON EL EXPERTO (6 horas): Dr. Russell A. Barkley

El pasado 14 de diciembre tuvo lugar la 9ª Jornada sobre Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, en el Hospital Clínico San Carlos, con la asistencia del Dr. Barkley, organizado por la Fundación Educación Activa y coordinado por la Oficina Regional de Coordinación de Salud Mental.
 El seminario contó, como ponente principal, con la presencia del Dr. Russell A. Barkley y con la intervención de los siguientes moderadores:
  • Dr. Juan José López-Ibor: Catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid. Jefe del Hospital Clínico San Carlos, Madrid
  • Dr. Francisco Ferre Navarrete: Jefe de Servicio de Psiquiatría y de Unidades de Referencia, Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Madrid
  • Dr. Javier Correas Lauffer: Jefe del Servicio de Psiquiatría, Hospital de Henares, Coslada (Madrid)
  • Dr. Alberto Fernández Jaén: Jefe Unidad de Neurología Infantil, Hospital Quirón, Madrid. Asesor Médico del Centro CADE
El seminario estuvo presidido por SAS Nora de Liechtenstein, presidenta de honor de la Fundación Educación Activa.

El programa incluyó los siguientes aspectos:
  • La importancia de las emociones en el entendimiento y el manejo del TDAH.
  •  Resultados en el curso de la vida del TDAH y las implicaciones del tratamiento.
  •  TDAH - Autorregulación y Funciones Ejecutivas: teoría e implicaciones para su manejo.
  •  Optimizar el tratamiento del TDAH - el impacto de la comorbilidad.
El Dr. Russell A. Barkley, Ph.D., es Catedrático de Psiquiatría Clínica de la Universidad de Medicina de Carolina del Sur. Previamente fue Profesor de Psiquiatría y Neurología y Director de Psicología en la Universidad de Medicina de Massachusetts (1985-2002). Ha sido Profesor Asociado del Servicio de Neurología en la Universidad de Medicina de Wisconsin (1977-1985) y fundador del Servicio de Neuropsicología de la Universidad. Es Diplomado en tres especialidades, Psicología Clínica (ABPP), Psicología Clínica del niño y del adolescente, y Neuropsicología Clínica (ABCN, ABPP) y miembro de la Asociación Psicológica Americana. El Dr. Barkley es un científico clínico, educador y médico – autor - co-autor y co-editor de 18 libros y 27 ediciones de manuales clínicos. Ha publicado más de 250 artículos y capítulos en libros científicos relacionados con la naturaleza, la incidencia y el tratamiento de ADHD y los desórdenes relacionados con este trastorno. Es editor del boletín bimensual de noticias clínicas, The ADHD Report. Ha intervenido en más de 700 Congresos internacionales y en los programas televisivos: 60 Minutos, Today Show, Good Morning America, CBS Sunday Morning, CNN, y en muchos otros programas relacionados con el ADHD. En 1996, la Academia Americana de Pediatría le concedió el premio C. Anderson Aldrich, por su carrera en la investigación del desarrollo del niño. Ha recibido varios premios de la Asociación Psicológica Americana por su contribución a la investigación del ADHD, por la práctica clínica y por la difusión de la ciencia. Actualmente reside en Charleston, Carolina del Sur. Su Web es http://www.russellbarkley.org/

sábado, 17 de diciembre de 2011

UN CENTENAR DE ORIENTADORES PARTICIPAN EN GUADALAJARA EN UNA JORNADA DE FORMACIÓN DEL TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN

Cerca de un centenar de orientadores de la provincia de Guadalajara han participado este viernes en una jornada de formación sobre el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH), en el salón de actos de la Delegación de la Junta.
La coordinadora provincial de Educación, Cultura y Deporte, Violeta Miguel, ha agradecido a los orientadores su trabajo y ha destacado el importante papel que desarrollan en los centros educativos, para cuyo desarrollo es importante la formación.
La jornada nació del compromiso adquirido por la coordinadora provincial tras una reciente reunión con los responsables provinciales de la Asociación de TDAH, en la que se planteó la necesidad de que los centros educativos cuenten con profesionales que conozcan la realidad de estos alumnos.
El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad se inicia en la infancia y se caracteriza por dificultades para mantener la atención, hiperactividad, exceso de movimiento o dificultades en el control de los impulsos.
A los niños con TDAH les cuesta prestar atención, concentrarse o permanecer sentados. Si bien todos los niños, particularmente los más pequeños, actúan en ocasiones de esta forma -especialmente cuando están nerviosos o excitados-, los niños con TDAH muestran estos síntomas durante mayores periodos de tiempo y en distintas situaciones, interfiriendo en su vida familiar, escolar y social.
La presidenta de la Asociación TDAH de Guadalajara, Gloria López Ruiz, ha sido la encargada de presentar esta jornada sobre las necesidades de estos alumnos, cuya presencia en las aulas es cada vez mayor.
Se cree que entre el 3 y el 8 por ciento de la población infanto-juvenil padece TDAH, lo que supone 1 o 2 niños por aula. La participación de la escuela y los orientadores juega un papel fundamental tanto en el diagnóstico como en el del tratamiento global del niño o adolescente con TDAH.
FUENTE:

martes, 13 de diciembre de 2011

LABORATORIOS RUBIÓ CREA UNA WEB PARA PROMOVER LA IMPORTANCIA DE LA GENÉTICA DEL TDAH

13.12.11 | 11:12h. EUROPA PRESS | MADRID
Laboratorios Rubió ha creado el portal web www.analisisgeneticotdah.com   con la intención de promover la importancia de la genética en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Este espacio dirigido a familias y profesionales es "un paso adelante hacia la medicina personalizada", según explican los laboratorios.
El TDAH es un trastorno que repercute de manera negativa en el rendimiento académico del niño y en sus relaciones sociales. Esta patología afecta a entre un 5 y un 7 por ciento de la población infantil, lo que se manifiesta en que uno o dos niños por cada aula escolar la sufren. Además, el 50 por ciento de los enfermos continúan siéndolo en su edad adulta, tal y como han demostrado diversos estudios.
En la actualidad, ya se conoce que la causa en el 80 por ciento de los casos es de base genética. Además, se sabe mejor la respuesta de los pacientes a los tratamientos farmacológicos, así como el riesgo de presentar comorbilidades como los trastornos de conducta o el abuso de sustancias.
Por todo ello, el análisis genético se ha convertido en la principal arma para luchar contra esta enfermedad. 'Neurofarmagen TDAH' es el primero que permite recopilar información sobre los principales genes implicados en esta patología. Para dar a conocer este hecho, Laboratorios Rubió ha puesto a disposición de los afectados y de los profesionales un espacio web con explicaciones, preguntas y un glosario de términos genéticos sobre el TDAH.
En www.analisisgeneticotdah.com    también se puede obtener información de las diferentes asociaciones dedicadas a la lucha y control de esta enfermedad, así como elementos de vídeo para conocer el funcionamiento de 'Neurofarmagen TDAH' y para solicitar este análisis.
FUENTE:

EL MINISTERIO DE EDUCACIÓN INCLUYE EL TDAH EN EL TEMARIO PARA LAS OPOSICIONES DEL 2012

El Ministerio de Educación ha remitido a los sindicatos los temarios definitivos para las oposiciones a Orientación Educativa del 2012.
Aunque aún no se ha hecho público en el BOE, en el temario aparece el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad en el Tema 47.
47. Los Trastornos de Déficit de Atención e Hiperactividad.         
47.1. El Trastorno de Déficit de Atención (TDA) o Trastorno de Hiperactividad con Déficit de Atención (THDA). Caracterización y su relación con los problemas de aprendizaje.
47.2. Detección y evaluación.                  
47.3. Relación de los trastornos TDA Y TDHA con los problemas de aprendizaje.
47.4. Tratamiento de estos trastornos. Implicaciones y adaptaciones educativas.
47.5. Aportaciones de la orientación educativa.
Ver temario completo en:

LOS FÁRMACOS PARA EL TDAH NO ELEVAN EL RIESGO CARDÍACO DEL PACIENTE ADULTO

12.12.11 | 18:12h. Reuters/EP | CHICAGO
Los fármacos para tratar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) no aumentan el riesgo de sufrir ataques al corazón, ictus o muerte súbita. Así lo ha demostrado un estudio del Kaiser Permanente Northern California, en Estados Unidos, que se publica en "Journal of the American Medical Association".
Los resultados de este trabajo, que despeja las dudas sobre el uso de estos fármacos para el TDAH, son similares a los logrados en otra investigación sobre adolescentes, que tampoco encontró que estos medicamentos aumentaran este riesgo.
Las personas con TDAH son inquietas, impulsivas y se distraen con facilidad. Para esta enfermedad no hay cura, pero sus síntomas pueden mantenerse bajo control utilizando una combinación de terapia conductual y fármacos estimulantes.
Estos medicamentos pueden aumentar la presión sanguínea y el ritmo cardíaco. Existen varios informes, incluido uno sobre niños, que señalan que podrían aumentar el riesgo de ataques al corazón, ictus y de paradas cardíacas repentinas.
En Estados Unidos, unos 2,7 millones de niños y más de 1,5 millones de adultos han recibido fármacos para el TDAH, como el 'Ritalin' de Novartis, (conocido en España como "Rubifén"), el 'Concerta' de Johnson & Johnson o el 'Strattera', de Eli Lilly.
Según Laurel Habel, Kaiser Permanente Northern California, "existía una preocupación sobre la seguridad cardiovascular de estos fármacos".
Por eso su equipo utilizó los registros médicos electrónicos de más de 440.000 adultos entre los 25 y los 64 años. De ellos, más de 150.000 habían recibido medicamentos para el TDAH. El fármaco más utilizado en este estudio fue 'Ritalin' (metilfenidato) y 'Adderall' (anfetamina).
Los científicos querían saber si los pacientes que tomaban fármacos contra el TDAH presentaban mayores tasas de ataque al corazón, muerte cardíaca prematura e ictus que aquellos que no tomaban estos fármacos.
Entre los usuarios, observaron también si el riesgo de sufrir un ataque al corazón era mayor cuando tomaban el medicamento o tras haber dejado de consumirlo.
"No vimos ninguna evidencia de que estos medicamentos aumentasen el riesgo de ninguno de estos eventos", ha señalado Habel.
Entre los pacientes de este estudio que habían tomado alguna vez fármacos contra el TDAH, las tasas de problemas cardíacos eran casi las mismas mientras consumían estos medicamentos y un año después de dejar de tomarlas.
Aunque este estudio no puede descartar por completo un mayor riesgo de problemas cardíacos en jóvenes y adultos de mediana edad, proporciona tranquilidad, dice Habel. "Pensamos que nuestros resultados sugieren que estos fármacos no aumentan de forma considerable el riesgo de eventos cardiovasculares", concluye.
FUENTE: