TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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lunes, 14 de marzo de 2016


APRENDER A ORGANIZARSE
UTAE Sant Joan de Déu



Los lóbulos frontales del cerebro mediante las múltiples conexiones que le unen con el resto del sistema nervioso dirigen las funciones cerebrales.
De todas las funciones cognitivas, las ejecutivas son las más complejas y son las que nos permiten tomar decisiones, planificarnos y desarrollar una vida social adecuada.

Llamamos funciones ejecutivas a activarse y organizarse para iniciar una tarea, centrar la atención, persistir en el esfuerzo, controlar las emociones, retener momentáneamente la información, y analizar y reconducir la acción.
Gestionar adecuadamente estas funciones es lo que diferencia al niño y al adolescente del adulto.

Consol Gutiérrez. Logopeda. UTAE 
Hospital Sant Joan de Déu.

A muchos niños les cuesta enormemente aprender a organizarse: apuntar los deberes en la agenda, cumplir los plazos de entrega en los trabajos. Esforzándose mucho lo llegan a conseguir dos o tres días, y pese a las reprimendas de sus padres y de los profesores vuelven a ser un verdadero caos. Esta dificultad se da en las personas que tienen trastorno por déficit de atención e hiperactividad o TDAH. Se ha demostrado que estas personas tienen una alteración en el funcionamiento del lóbulo frontal.

Andrea Palacio. Neuropsicóloga. UTAE 
Hospital Sant Joan de Déu.

Normalmente les es muy difícil seguir las demandas requeridas por el colegio, de estudio, planificación, organización… el tratamiento en la infancia es fundamental para prevenir fracaso escolar, baja autoestima y problemas en las relaciones sociales. 


EL EJERCICIO FÍSICO MEJORA LAS FUNCIONES COGNITIVAS
UTAE Sant Joan de Déu


Se ha demostrado que la actividad física mejora algunas funciones cognitivas, aumenta la función de unas sustancias llamadas neurotropinas que tienen un papel muy importante en el desarrollo de las neuronas y  conexiones cerebrales.

Anna Sans. Neuropediatra
UTAE - Hospital Sant Joan de Déu.

Algunos padres eligen el deporte para sus hijos pensando en que mejoren en aquello que más les gusta.
Si los niños no son hábiles o les cuesta respetar las normas de un juego van a sentirse muy frustrados. A algunos niños les convienen juegos o deportes individuales para comprobar cómo se superan sin necesidad de que les comparen con otros niños.

Marta Massague. Neuropsicóloga
UTAE - Hospital Sant Joan de Déu.

El ejercicio aeróbico favorece el aprendizaje del niño, mejora su autoestima, le ayuda a gestionar mejor sus propias emociones, a ganar responsabilidades y le ayuda  a socializarse. 

FUENTE:

martes, 13 de mayo de 2014

FICHAS PARA ESTIMULAR LA ATENCIÓN, LA MEMORIA Y LA VELOCIDAD DE PROCESAMIENTO


Jesús Jarque, actualmente orientador en un Centro Público de Infantil y Primaria, acaba de publicar nuevos cuadernos de la colección “Estimular y Aprender más”, destinados a trabajar simultáneamente la atención, la memoria y la velocidad de procesamiento. Su uso es adecuado para reforzar a todo tipo de alumnado, o como medio de estimulación para niños y niñas con dificultades o necesidades educativas, e incluso pueden resultar una buena alternativa como material para las vacaciones.

Están divididos en 4 niveles de edades:

Nivel 1: niños/as de 2 a 4 años




Nivel 2: niños/as de 5 años




Nivel 3: niños/as de 6 a 10 años




Nivel 4: chicos y chicas de 11 a 16 años, Educación Secundaria





La colección “Estimular y Aprender” es un proyecto educativo que tiene las siguientes características:

1º. Para Educación Infantil y Primaria. Los programas que conforman esta Colección están destinados a niños/as de 2 a 12 años aproximadamente. En cualquier caso, la edad es sólo una referencia y los cuadernos se adaptan a las necesidades de cada niño/a.

2º. Estimulación de las funciones cognitivas. Un conjunto de programas de este proyecto sirven para estimular procesos cognitivos como la atención, la memoria, la percepción, la orientación espacial o algunas funciones ejecutivas.

3º. Aprendizaje de competencias básicas. Estos programas están centrados en el aprendizaje de algunas competencias básicas, como las habilidades de numeración, los procesos implicados en la lectura, la resolución de problemas matemáticos o los conceptos cuantitativos y espaciales básicos, entre otros.

4º. Prevención, recuperación y enriquecimiento. Todos los materiales de la Colección pretenden conseguir tres objetivos:
  • Prevención. En primer lugar, prevenir y proteger a aquellos alumnos/as que presentan una serie de características personales o ambientales  que los hacen más vulnerables y predispuestos a presentar dificultades de aprendizaje.
  • Recuperación. En segundo lugar, es un instrumento de rehabilitación y recuperación para aquellos niños/as que presentan dificultades en alguno de los aspectos que se trabajan.
  • Enriquecimiento. Por último, pretende enriquecer a los alumnos/as que no presentan dificultades y que disponen de buenas capacidades.
5º. Destinatarios. Todo el proyecto va destinado, por un lado, a los profesionales que trabajan en el campo de la Educación, tanto en el ámbito escolar como en el ámbito clínico. Por tanto, maestros de Educación Infantil y Primaria, maestros/as de Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje, orientadores, estimuladores de atención temprana, pedagogos, logopedas, psicólogos, etc. Sin embargo, también resultará útil a las familias que quieran utilizarlo con sus hijos/as, ya que se trata de un material sencillo para trabajar desde el hogar.

6º. Material práctico. Los cuadernos incluyen fichas diseñadas para ser utilizadas directamente por el niño/a sin más elaboración. Sólo es necesario que los profesionales busquen aquellas que se adapten mejor a sus necesidades. De esta forma, se dispone de un material listo para trabajar sistemáticamente los diferentes contenidos que se ofrecen.

7º.  Basados en la experiencia. La elaboración de cada uno de los programas se ha basado en la experiencia del autor en el trabajo con niños/as, tanto en el ámbito clínico como escolar.

8º. Base teórica. Además de la experiencia práctica, se han tenido en cuenta las aportaciones teóricas de dos importantes fuentes de conocimiento:

  • La Neuropsicología. Esta disciplina aporta el conocimiento de las fuentes cognitivas básicas, de los procesos implicados en su funcionamiento, de la evaluación de sus dificultades y de los procedimientos más importantes para su rehabilitación. La Neuropsicología contribuye a valorar la importancia de la atención temprana y la estimulación cognitiva.
  • La Pedagogía. Por su parte, la Pedagogía aporta los principios didácticos de todo proceso de enseñanza y aprendizaje, especialmente la secuenciación a seguir, la graduación de la dificultad, las características de los estímulos, el diseño de actividades motivadoras para los alumnos/as y todas las orientaciones para implementar cada programa.
Estos cuadernos pueden encargarse en la propia editorial, llamando al teléfono 91 530 53 85, visitando la tienda on-line La tienda de Gesfomedia educación  o encargándolos en tu librería habitual.

El precio de cada cuaderno es de 13,50 euros, IVA incluido.

Jesús Jarque es licenciado en Pedagogía, Máster en Psicología y Gestión Familiar, Máster Europeo en Coaching Pedagógico Educacional, experto en Atención Temprana, y miembro de la Sociedad Española de Pedagogía.

FUENTE:

miércoles, 26 de marzo de 2014

2013: XI Jornada sobre Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (2ª parte)


Madrid, 11 diciembre 2013. Hospital Clínico San Carlos.
Fundación Educación Activa con la colaboración de Fundación Mapfre.

XI Jornada sobre Déficit de Atención e Hiperactividad. TDAH: una evidencia científica.

Ponencia "Alteración de las funciones cognitivas en el TDAH: cómo se detectan, cómo se tratan y qué puede hacer el colegio".

Intervención de los Neuropsicólogos:
  • Dña. Sonia Mestre Roldán (Universidad Pontificia de Comillas. Consulta Dr. Carlos Chiclana)
  • Dña. Guadalupe Chiclana Actis (Hospital General Universitario Gregorio Marañón).
  • D. Daniel Rama Víctor (Universidad Pontificia de Comillas. Consulta Dr. Carlos Chiclana).
Moderador: Dr. Francisco Ferre Navarrete (Jefe de Servicio Psiquiatría B. Hospital Gregorio Marañón de Madrid).



domingo, 9 de septiembre de 2012

CÓMO DESCUBRIR EL DÉFICIT DE ATENCIÓN EN EL AULA



Un trastorno ligado a las dificultades de aprendizaje
Los maestros ocupan un lugar privilegiado para acompañar el crecimiento del alumno y estimular un desarrollo armónico.
Uno de los momentos clave en la vida es, sin duda, la infancia. Cuanto en ella ocurre va a tener una clara trascendencia en el futuro. Para bien o para mal, todo lo que en la infancia nos acontece tiene su importancia no solo en lo transversal —es decir, en el momento— sino que esa acción se proyecta al futuro adulto. El niño de hoy será el adulto del mañana y aquí radica la importancia de velar por el desarrollo armónico, pleno y equilibrado del menor.
La paternidad es una oportunidad para redescubrir la vida a través de los ojos de un hijo, aportándole seguridad y amor, tan necesarios para el crecimiento armónico. Asimismo el profesor o, en su sentido pleno, el maestro, desde su privilegiada posición, ha de acompañar y compensar las posibles dificultades, enseñándole a aprender y otorgando al verbo “aprender” el más amplio significado posible.
Durante la vida, son muchas las circunstancias, eventos o condiciones, que pueden poner en riesgo ese desarrollo armónico. Estas situaciones, las “crisis”, son claras oportunidades de mejora, pero cuando afectan a un menor que aún no ha desarrollado de manera completa sus capacidades de afrontamiento, es muy probable que precise de ayuda externa.
Una condición que puede interferir en este desarrollo es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), que afecta al 4-7% de los niños en edad escolar y confiere un riesgo evolutivo derivado de su cortejo sintomático.
El trastorno por Déficit de Atención (DA), al afectar directamente a una de las funciones cognitivas determinantes en la progresiva adquisición de aptitudes, multiplica el riesgo de presentar dificultades en el aprendizaje.
Sin embargo, una detección precoz y el establecimiento de pautas de apoyo y compensación rompe el círculo vicioso del desencanto y favorece el desarrollo pleno de las capacidades del alumno.
¿Qué es el Déficit de Atención (DA)?
El Déficit de Atención (DA) constituye el grupo nuclear sintomático del TDAH, por lo que, en algún momento, es posible emplear ambos conceptos casi como sinónimos.
Lo que hasta los años ochenta se conocía como “trastorno por hiperactividad”, fue variando y se enfocó de manera prioritaria hacia el Déficit de Atención sin eliminar, por supuesto, los síntomas relacionados con la hiperactividad y la impulsividad. Esto ha permitido no sólo conocer en profundidad el funcionamiento  de los niños con TDAH, sino observar de manera determinante —y filiar, en su caso— a otro grupo de niños hasta entonces dejados a su libre evolución, no siempre propicia. Nos referimos a aquellos menores cuyos síntomas de dificultades atentivas son evidentes, pero en lo conductual se mantienen dentro del rango de la normalidad e incluso, en ocasiones, con apariencia de hipoactividad, lo que hoy se conoce como el TDAH de predominio inatento. En general, son niños con dificultades para hacer un uso adecuado de su atención, entendida como la puerta de entrada para el resto de las funciones cognitivas, lo que dificultará el procesamiento ulterior de la información y, por ende, el aprendizaje.
¿Qué es la atención?
La atención no es un fenómeno compacto y, como en otras funciones cognitivas, somos capaces de desgranarla en diversas funciones y describirlas adecuadamente:
  • Capacidad de focalizar o dirigir la atención hacia el estímulo más relevante y no necesariamente hacia el más intenso. En el aula: focalizar la llegada del profesor al aula y el inicio de la clase, de manera que el alumno pueda dirigir la atención hacia ese foco y no perderse en otros estímulos irrelevantes, aunque más intensos.
  • Capacidad de sostener la atención a lo largo del tiempo, resistiendo distractores. En el aula: mantener la atención en clase durante la explicación del profesor en un nivel de concentración eficaz.
  • Capacidad de adaptar o flexibilizar la atención que permite volver al foco inicial si hubiera distracciones, en lugar de “perderse en las nubes” y no retomar el hilo de la tarea. En el aula: esta secuencia es determinante para que la información llegue al cerebro, se almacene y recuerde, así como para que pueda ser aprendida y recuperada en un futuro.
Factores que intervienen en el proceso de la atención
Hay un factor definitivo para entender el proceso de la atención visto desde el sujeto receptor del estímulo: la intensidad del mismo. Una intensidad que queda modulada por un factor interno a la persona como es la  motivación o el interés por el mismo. De esta manera cada estímulo tendría un valor extrínseco —propio del estímulo—, y otro intrínseco —propio del sujeto—, que sería la motivación. De la interacción de ambos resultaría la mayor o menor facilidad para prestar atención al estímulo.
Intensidad del estímulo y motivación personal
Una manera de trasladar esta interacción a la vida cotidiana del aula es, por un lado, lo amena o atractiva que un docente puede hacer una clase –que se correspondería con el valor extrínseco- y, por otro lado, la motivación personal que cada alumno tiene hacia esa materia concreta, en definitiva, el valor intrínseco. No hay duda de que ambos factores están íntimamente relacionados y en constante intercambio. Así, por ejemplo, hay profesores que son capaces de infundir una motivación adicional sobre sus materias, aumentando el factor intrínseco al actuar directamente sobre el estímulo en el propio planteamiento de la asignatura. Desde un punto de vista formal, se está trabajando sobre el valor extrínseco, pero el resultado favorece la capacidad de prestar atención por parte de los alumnos.
Otro ejemplo común lo encontramos en los videojuegos y consolas, ya que al utilizar estímulos de alta intensidad –alto factor extrínseco- y sin entrar a valorar el factor intrínseco que también es alto, es habitual que “capten” la atención de los niños, especialmente en aquellos con dificultades en la atención. Este hecho genera sorpresa en su entorno ya que se interpreta que atienden sólo a lo que quieren y no a lo que es considerado importante. Sin embargo, la razón es que ese estímulo no requiere de un sobreesfuerzo para mantener la concentración. Estos mismo se aplica a otros estímulos con características similares.
¿Cómo detectar el trastorno?
Un diagnóstico diferencial es uno de los pilares del correcto diagnóstico del TDAH, imprescindible para conseguir soluciones efectivas
En general, el diagnóstico del TDAH o, de manera más concreta, del DA, se basa en una descripción de síntomas relacionados y así recogidos en las principales clasificaciones diagnósticas de enfermedades mentales, como son el DSM (Manual de Diagnóstico editado por la Asociación de Psiquiatría Americana) o la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades, editada por la Organización Mundial de la Salud). Ambas clasificaciones son similares y nos permiten hacer una descripción detallada de lo que es el grupo de síntomas del Déficit de Atención como aspecto nuclear del TDAH.
Son niños que a menudo no se fijan de forma suficiente en los detalles o que cometen errores por no prestar atención a lo que están haciendo, descuidando la realización de las tareas o equivocándose en cosas que conocen. Un ejemplo característico se produce cuando un alumno es capaz de resolver un problema complejo y, al final, cuando lo que le queda para concluirlo es una tarea sencilla, se equivoca inexplicablemente (2+2 =3).
Al niño con DA le cuesta sostener o mantener la atención en las tareas, incluso en los juegos, cuando estos se prolongan en el tiempo, condicionando con frecuencia cambios de foco de atención o de tarea, de manera que pasan de un juego a otro sin “terminar” el anterior, distrayéndose con pequeños detalles o con cosas sin importancia. Su entorno se queja de que no escucha cuando hablan y, aunque no es real del todo, sí que es una sensación bastante frecuente, de manera que parece no atender cuando se le habla directamente. En esta misma línea no suele terminar órdenes complejas o simultáneas, dando la apariencia de no hacer caso al no seguir las instrucciones o no querer finalizar las tareas escolares. De nuevo, tiene más que ver con las dificultades de sostener la atención que con la negación a hacer las cosas.
De la misma forma tiende a evitar o renegar de aquellas tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido e intenso, posponiendo su inicio. Sin embargo, una vez las comienza está capacitado para ejecutarlas de forma razonable, a excepción de los detalles del final, donde de nuevo vuelve a presentar problemas.
En general, son niños que se organizan mal al realizar sus tareas o actividades, gestionan incorrectamente su tiempo y tienden a dejarlo todo para el último minuto. Pierden cosas necesarias para la realización de las tareas, por ejemplo, los días de gimnasia se olvidan las zapatillas. Les cuesta prestar atención a los pequeños detalles, por lo que dan la imagen de personas descuidadas en las actividades diarias.
Lo importante de estos síntomas es que, además de estar presentes, causen disfunción o problemas relevantes y que sean estables en el tiempo. Cuando son de reciente aparición tenemos que pensar en otras causas que puedan condicionar síntomas de inatención o interferir en el rendimiento cognitivo. El plantearse un buen diagnóstico diferencial es uno de los pilares del correcto diagnóstico del TDAH, imprescindible para conseguir soluciones efectivas.
El fondo del problema
Aunque las razones exactas del DA están aún por determinar, la genética, el ambiente y algunas diferencias neurobiológicas están ayudando a explicar el trastorno
Si la bien la ciencia “avanza que es una barbaridad” y nos ha permitido saber hoy mucho más sobre el TDAH, en general y el DA, en particular, las razones últimas del problema siguen siendo un enigma.
Hoy sabemos que el TDAH tiene una determinación genética bien definida que condiciona una heredabilidad del trastorno, de modo que a través de la genética podemos explicar un 70% del problema. Pero no debemos menoscabar el papel del ambiente en la modulación de la expresión de los genes porque hoy es la única área donde podemos influir e intervenir.
El otro pilar estudiado sería la neurobiología del trastorno. Por un lado, se han identificado diferencias estructurales en el cerebro de los menores con TDAH, pero sobre todo diferencias funcionales. Y es en el área del córtex dorsolateral prefrontal, es decir, la región anterior del cerebro, la que está implicada en la planificación y la ejecución de tareas, en la que en los niños con estas dificultades se ha encontrado una menor actividad y con cierto retraso madurativo.
Por otro lado, se han detectado diferencias en el funcionamiento de la actividad de ciertos neurotransmisores, como son la dopamina y la noradrenalina principalmente, que están implicados en las funciones cognitivas afectadas en el TDAH y han servido como base para los tratamientos y para la búsqueda de nuevos genes responsables del trastorno. Con lo que volvemos a las bases genéticas de donde partíamos y a la actual búsqueda de un perfil genético que nos permita identificar precozmente a las personas susceptibles. Hasta la fecha la genética del TDAH se explica por un modelo de herencia poligénica compleja. Atrás queda Mendel con sus guisantes, ya que el perfil de influencia genética del TDAH es notablemente más complejo.
Cada día sabemos más y son cientos los estudios que actualmente se están llevando a cabo por todo el mundo. Es posible que en los próximos años, tanto la genética como la neuroimagen se puedan situar como herramientas diagnósticas para estos problemas aunque, a fecha de hoy, este tipo de acciones sólo tiene utilidad desde el punto de vista de la investigación -que no es poco- y el diagnóstico sigue siendo clínico, con ayuda de ciertas evaluaciones neuropsicológicas que nos permiten conocer en profundidad el problema y sus déficits.
Del “no querer” al “no poder” prestar atención
Una detección precoz es clave para ayudar al alumno y la colaboración de los equipos de psicopedagogía de los centros escolares y el pediatra de atención primaria es imprescindible para detectar los alumnos que padecen el trastorno
Una vez conocido el funcionamiento de los niños con Déficit de Atención y el porqué de sus dificultades, entenderemos que lo que sucede es una cuestión formal de dificultades en la atención y no sólo cuestiones volitivas, al menos en un inicio. O dicho de otra manera, el sostener la atención o concentrarse en determinadas tareas, requiere un sobreesfuerzo con respecto a su grupo de iguales, que condiciona un agotamiento precoz y, en definitiva, un no poder prestar atención tanto tiempo o, al menos, una pérdida de eficacia en la realización de determinadas tareas.
Esta situación sostenida en el tiempo termina por derivar en un patrón de conductas centrado en la evitación del esfuerzo, como estrategia de prevención del autoconcepto. Si un niño se esfuerza y alcanza las metas esto redunda en un fortalecimiento de su autoestima. Si por el contrario su esfuerzo no obtiene recompensa y se vuelve a esforzar, pero lo que consigue es una nueva frustración, con el tiempo esto afectará negativamente a su autoestima. Cuando el niño con dificultades de atención, encuentra que una y otra vez se esfuerza en concentrarse y no es suficiente, tratará de buscar soluciones. Una sencilla será la evitación del sobreesfuerzo, ya que no obtiene resultados satisfactorios.
De manera progresiva, va a tratar de evitar las tareas que requieran un esfuerzo mayor, por lo que se puede generalizar a cualquier esfuerzo cognitivo, entrando en un bucle en el que es sencillo entrar, pero bastante complicado salir, sobre todo, cuando el entorno piensa que el trastorno es solo motivacional y obvia la raíz del problema.
El filiar de manera equivocada esta dinámica condiciona también la búsqueda de soluciones y se puede optar por algunas no claramente eficaces. Tradicionalmente, la primera suele ser el castigo o refuerzo negativo, condición que no va a romper esta espiral, sino que puede perpetuar el bucle antes descrito, ya que sin apoyo es poco probable que el niño sea capaz de reconducir su situación y conseguir hacerlo de una manera duradera. Por el contrario, un análisis de lo que lo está ocurriendo, con una reformulación de los objetivos y la puesta en marcha de las ayudas necesarias, va a ser una vía más razonable para solventar las dificultades.
Hay que tener en cuenta que el Déficit de Atención, al condicionar la puerta de entrada a otras funciones cognitivas, va a dificultar el ritmo del aprendizaje, que se caracterizará por estar sustentado en estrategias basadas en ayudas externas o demasiado memorísticas. De manera que no siempre van a ir de la mano el aumento de las demandas educativas con el incremento de las estrategias y la adquisición de nuevas aptitudes y competencias para el estudio en los niños afectados de TDAH. Serán entonces, con los cambios de ciclo o durante el paso de Primaria a la ESO, momentos clave para observar cómo estilos de aprendizaje ficticiamente ajustados, se desmoronan como castillos de naipes y el niño se muestra entonces desmotivado hacia el estudio, perdiendo valor “intrínseco” el hecho de estudiar.
Con esto no queremos decir que detrás de todo niño con problemas escolares o dificultades en el rendimiento, estemos ante un niño con TDAH, pero sí que el Déficit de Atención, como parte nuclear del TDAH, está detrás de un número importante de niños con mal rendimiento escolar, multiplicando el riesgo de fracaso escolar y siendo, quizá, su principal causa.
Cuando la expresión clínica del TDAH se acompaña de síntomas de conducta observables, como son la hiperactividad o la impulsividad, el diagnóstico tiende a ser precoz, ya que también son más tempranas las repercusiones en el funcionamiento del niño y, como consecuencia, se tiende a consultar antes con el especialista. Aunque inicialmente las manifestaciones clínicas se circunscriban a la conducta, en el devenir del tiempo será válido lo expresado en relación con los síntomas de Déficit de Atención y su mayor riesgo de problemas escolares, aún en los niños catalogados como “hiperactivos”, la mayoría va a tener también dificultades en la atención.
No se debe olvidar, que este trastorno responde a un único concepto, se trata del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y no de dos condiciones distintas; hiperactivos o inatentos. Cada niño va a expresar los síntomas con intensidad y cualidades diferentes, lo que hará que clínicamente debamos hablar del TDAH de un determinado paciente y no de un paciente con TDAH, buscando en este juego de palabras, algo realmente importante, como es el personalizar cada caso, para así también determinar las ayudas necesarias en función de las características particulares de cada niño. Y no sólo en lo que a los síntomas del TDAH se refiere, sino buscando otras características personales, familiares y sociales, que pueden condicionar la evolución de cada niño.
Como en casi todo en medicina, la precocidad en el diagnóstico influye positivamente en el pronóstico. No existe ninguna razón de peso que nos deba llevar a diferir en el tiempo la consulta cuando la duda surge. Cuando un niño comienza con estos problemas deben ser los equipos de psicopedagogía de los centros escolares, en colaboración con su pediatra de atención primaria, los que estando al tanto de las mismas, valoren la intensidad del episodio y decidan si es necesaria la derivación al especialista en psiquiatría del niño y del adolescente, para un completo diagnóstico. El especialista hará hincapié en el diagnóstico diferencial, descartando otras posibles causas y analizando el funcionamiento global de cada niño para planificar, si fuera necesario, el abordaje terapéutico.
El tratamiento de estos niños ha de ser lo más parecido a un traje a la medida, definiendo las necesidades a corto plazo, pero también teniendo presentes los objetivos a medio y largo plazo, ya que la condición de TDAH suele acompañar a los niños de manera prolongada en el tiempo. Los enfoques más eficaces son los que denominamos multimodales que abogan por el uso combinado de cuantos recursos sean necesarios para favorecer la respuesta global y adaptación funcional del menor.
Van a ser muchos los actores con papeles importantes durante el tratamiento, por ejemplo, en los programas de Psicoeducación y los profesores van a tener una acción importante en los apoyos psicopedagógicos.
Manejo del TDAH en el aula
Premiar al alumno cuando hace bien las cosas refuerza de forma positiva su autoestima y es más eficaz que el castigo continuo, que sólo acentúa su frustración.
Como se señalaba anteriormente, los profesores van a disponer de un observatorio inmejorable para la detección de los posibles casos de TDAH en las aulas, pero su papel no debe terminar ahí. Por la intensidad de la relación con sus alumnos, por la preparación en el campo del aprendizaje y por el tiempo que están con ellos en clase, los maestros son unos pilares básicos para el abordaje global de estos niños, en interrelación y de manera coordinada con otros profesionales.
Uno de los primeros pasos es la psicoeducación, cuyo objetivo principal es conocer en profundidad qué es el TDAH, cómo funciona o, más exactamente, cómo disfunciona, para de esa manera poder atribuir cada comportamiento a su origen y responder de manera adecuada, adelantándonos a las necesidades del alumno. Una de las claves va a ser la anticipación: si sabemos o prevemos cierta dificultad, el adelantarnos a los problemas será beneficioso.
Otro de los aspectos clave será la manera de dirigirnos a estos niños, se ha de hacer de forma directa, clara y concisa, para que el mensaje sea diáfano, fraccionándolo cuando lleve varias tareas complejas simultáneas.
Son niños con periodos eficaces de atención cortos, por lo que rendirán mejor con tareas igualmente cortas y, en la medida de lo posible, con un feedback inmediato. Funcionan mucho mejor con el refuerzo positivo por sus logros que con el castigo por sus errores, de manera que el premio debe ser prioritario al castigo.
Como les cuesta organizarse, ayudarles a mantener un orden y un horario será clave en su rendimiento. Así, tutorizar sus progresos y sus agendas les ayudará a seguir el ritmo del aula.
Utilizar pequeñas señales acústicas o visuales en la clase de vez en cuando, para captar la atención y ayudarle a mantener su foco en la explicación suele ser otra estrategia útil y sencilla de aplicar.
La causa más frecuente de fracaso escolar tiene tratamiento
En cualquier caso y, a modo de resumen, hemos de tener en cuenta que los niños con Déficit de Atención en el contexto del TDAH, no atienden porque no pueden y no porque no quieren, son vagos o nos toman el pelo. El TDAH es un claro factor de riesgo para la adquisición de un correcto aprendizaje e incluso multiplica el riesgo de fracaso escolar, aunque es potencialmente tratable y se debe partir de un completo diagnóstico que nos ayude definir las necesidades concretas de cada niño.
En el plan de tratamiento, los profesores y maestros pueden jugar un papel clave con la implementación de estrategias en el aula que favorezcan la evolución de estos niños. La acción más importante será el adelantarnos a las necesidades.
Al final, y una vez superado el riesgo evolutivo que el TDAH confiere a estos niños, la amenaza se puede transformar en fortaleza y pueden desarrollar unas competencias cognitivas diferenciales a las de sus compañeros, situándoles en una ventaja cualitativa. Si durante muchos años, han estado trabajando sobre tareas simultáneas, en lugar del pensamiento lineal, esto tiende a desarrollar su capacidad asociativa, su creatividad, la capacidad para hacer un uso translacional del conocimiento y desarrollando una inusual capacidad intuitiva.
Está en la mano de todos ayudar a estos niños a conseguir un desarrollo armónico y pleno o, por el contrario, mirar para otro lado y penalizar sus carencias con castigos, lo que sería como "castigar a un cojito por cojear".
AUTOR:
Dr. Javier Quintero. Jefe de Psiquiatría. Hospital Universitario Infanta Leonor. Profesor asociado de Psiquiatría. Universidad Complutense.
FUENTE:
Instituto Tomás Pascual Sanz
IMAGEN: Google

jueves, 29 de diciembre de 2011

THOMAS E. BROWN: “Trastorno por Déficit de Atención. Una mente desenfocada en niños y adultos”

El trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es uno de los motivos de consulta más frecuentes en los equipos de salud mental de niños y de adolescentes.
Es, casi con total probabilidad, uno de los problemas mejor y más estudiados en medicina y, a pesar de que en los últimos años estamos asistiendo a un importante crecimiento en cuanto a la difusión del conocimiento sobre el TDAH, por medio de libros de divulgación, artículos científicos (y de la de la enorme cantidad de datos científicos que apoyan tanto el diagnóstico del TDAH como la seguridad y eficacia de los tratamientos) o a través de los medios de comunicación, existe todavía un cierto desconocimiento por parte de varios sectores entre los que se encuentran el educativo y el sanitario, que siguen manifestando su escepticismo y consideran que el TDAH es un problema trivial que se diagnostica y trata en exceso.
La mayor parte de este escepticismo se basa en la simple ignorancia sobre la naturaleza compleja del trastorno, el cual tiene consecuencias devastadoras en los afectados y sus familias, así como sobre los efectos favorables que se obtendrían en la inmensa mayoría de los individuos si recibieran el tratamiento apropiado. (…) En ocasiones, el negar la existencia del TDAH, lleva en la práctica a que estos pacientes y sus familias no puedan acceder a un tratamiento altamente eficaz y con escasos efectos secundarios.
(…) Estos pacientes acuden a la consulta acompañados por sus familias cuando la situación está «al límite», después de varios años de sufrimiento y, en algunos casos, tras diversas consultas a varios especialistas; en otras ocasiones, es la lectura de algún artículo en la prensa lo que «ha abierto los ojos» a los padres sobre lo que le estaba pasando a su hijo.
(…) El diagnostico del TDAH es fundamentalmente clínico. Esto hace que no exista una prueba, ya sea un cuestionario, un análisis de sangre o pruebas de neuroimagen, que resulte definitiva, de modo que el diagnóstico depende de la habilidad y experiencia del clínico que evalúa el caso.
Pero, «el clínico que no sabe lo que busca no entiende lo que encuentra»; por lo tanto, si uno no conoce el TDAH y no piensa en su existencia, los síntomas que pueda observar en el paciente los achacará a otra patología, siendo difícil llegar al diagnóstico correcto, especialmente teniendo en cuenta que la comorbilidad, es decir, la existencia de otro trastorno además del TDAH en un mismo paciente, es muy elevada.
También es cierto que podemos correr el riesgo de caer en el extremo opuesto y diagnosticar de TDAH a niños que se muevan mucho o que presenten cualquier problema en la escuela. No todo niño que se mueve en exceso padece TDAH ni todo paciente con TDAH tiene por qué ser movido. De ahí la vital importancia de informar sobre el TDAH a pacientes, familias y educadores y de proporcionar formación específica en TDAH a los clínicos que atienden a estos pacientes.
(…) Estas experiencias me han convencido de que sigue necesitándose una explicación clara y de base científica sobre lo que es el TDA/TDAH, qué no es y cómo puede reconocerse y tratarse de forma eficiente.
Hace treinta y seis años, cuando comencé a estudiar psicología en Yale, no teníamos las potentes herramientas de imagen que ahora nos permiten mirar en el interior del cerebro humano vivo y observar los cambios que se producen cada momento en sus redes neuronales. No obstante, nos han enseñado otra forma de aprender sobre los problemas de la función cerebral: escuchar con atención la forma en que los pacientes describen sus experiencias.
El camino que me llevó a escribir este libro, comenzó el día en que escuché a un estudiante muy brillante de un instituto describir la frustración que le producían cada día sus deberes escolares. Se quejaba de que podía leer con fluidez pero, momentos más tarde, no recordaba lo que acababa de leer. Dijo que su mente realizaba largas excursiones en todas las clases y no podía mantenerse concentrado lo suficiente como para captar nada más que fragmentos de lo que se explicaba en clase. Explicó que, a pesar de sus buenas intenciones para preparar los deberes y escribir sus trabajos, terminaba dejando las tareas para más tarde y obteniendo los inevitables malos resultados.
Las descripciones de este joven me hicieron sospechar que padecía un TDA sin diagnosticar, ya que era un chico brillante y no era hiperactivo o problemático. Un ensayo con un medicamento estimulante produjo una mejoría súbita y espectacular de casi todos sus defectos de atención.
Esa experiencia despertó mi curiosidad. ¿Cómo podía alguien con tanta capacidad, con un deseo tan intenso de éxito, padecer un deterioro crónico durante tantos años y después superar estas dificultades, casi en una noche, usando sólo dosis diarias bajas de un medicamento de acción corta?
El primer capítulo (del libro Trastorno por déficit de atención. Una mente desenfocada en niños y adultos) presenta una cuestión relativa al TDAH que causa perplejidad:
¿Cómo pueden personas aparentemente normales tener una dificultad crónica para «mantener la atención» en las tareas que ellos consideran importantes, mientras que sí pueden prestar una gran atención a tareas menos importantes pero que sí les interesan? ¿Se trata sólo de un sencillo problema de «fuerza de voluntad»? Creo que, a pesar de las apariencias, el inconveniente principal en el TDAH no es la falta de voluntad, sino un deterioro crónico y que dura toda la vida, de las funciones «ejecutivas» o de gestión de las funciones cerebrales.
En el capítulo 2 utilizo ejemplos de la vida cotidiana para describir seis grupos de problemas cognitivos descritos por la mayoría de las personas con TDA. Algunos de estos síntomas se incluyen en los criterios diagnósticos para el TDAH que ofrece el Diagnostic and Statistic Manual of Mental Disorders en su cuarta edición (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), pero otros no. Son las dificultades crónicas con:
  1. La organización, el establecimiento de prioridades y el comienzo de los trabajos
  2. La atención, el mantenimiento y el desplazamiento de la atención
  3. La regulación del estado de alerta, el mantenimiento del esfuerzo y la determinación de la velocidad de proceso
  4. El control de la frustración y la modulación de las emociones
  5. La utilización de la memoria de trabajo y el acceso a los recuerdos,
  6. La observación y la acción de autorregulación.
Estas funciones cognitivas interaccionan para servir como el sistema de gestión de la mente. El deterioro crónico de estas funciones constituye lo que yo llamo el «síndrome de TDA».
Para entender este síndrome se requiere al menos un conocimiento mínimo de cómo funciona el cerebro. En el capítulo 3 ofrezco explicaciones básicas de cómo actúa este órgano para controlar su vida diaria: cómo se usa la memoria a corto plazo cuando actuamos, cómo se selecciona, en cada momento, qué es lo más importante para dedicarle nuestra atención y cómo se regula a sí mismo el cerebro para estar alerta y «abierto a las actividades» cuando es necesario. En el mismo capítulo se incluye información sobre cómo dos productos químicos específicos (dopamina y noradrenalina) elaborados en el cerebro regulan estas funciones y lo que sucede cuando no funcionan correctamente.
Los problemas del síndrome de TDA son distintos en cada edad. En el capítulo 4 describo cómo los padres y los profesores construyen un entorno de apoyo, un «andamio» que ayuda a los niños a ir desarrollando de forma gradual habilidades de autocontrol para comportarse con esmero, colaborar con los demás, comunicarse y trabajar para aprender a leer y escribir. Y explico cómo, a pesar de ese andamio, estas tareas son mucho más difíciles en niños con síndrome de TDA.
En el capítulo 5 se explica cómo ese andamio va retirándose poco a poco cuando los adolescentes tienen que adquirir más responsabilidades para controlar su tiempo y sus deberes escolares, afrontar el nacimiento de su sexualidad y desarrollar relaciones personales, trabajar para ganar dinero y conducir un coche y, en último término, salir de casa para funcionar con mayor independencia.
Describo el deterioro que sufren los adolescentes con síndrome de TDA cuando van encontrándose con estas tareas. Algunos adultos con el síndrome de TDA tienen menos dificultades cuando abandonan la escuela. En otros, en cambio, esas dificultades aumentan cuando luchan por encontrar y mantener un puesto de trabajo, avanzar en sus carreras, relacionarse, llevar su casa y sus finanzas, tratar con sus parejas y atender a sus hijos. Describo los efectos del síndrome de TDA en todas estas tareas en el capítulo 6.
Todos sufrimos en alguna ocasión los problemas del síndrome de TDA. En el capítulo 7 se plantea la cuestión de cómo los médicos pueden diferenciar un deterioro propio del síndrome de TDA de las dificultades normales de falta de atención. En este caso, también planteo la validez de los esfuerzos al uso, pero demasiado simplistas, que se utilizan para evaluar los deterioros del TDAH.
La investigación ha permitido establecer que las personas con diagnóstico de TDAH tienen hasta seis veces más probabilidades que los demás de sufrir uno o más trastornos psiquiátricos o trastornos del aprendizaje de otro tipo, en algún momento de su vida. En el capítulo 8 describo varios trastornos del aprendizaje, la emoción o la conducta que se superponen con el síndrome de TDA. Propongo que el deterioro de esa función ejecutiva en el síndrome de TDA forma parte integral de muchos trastornos psiquiátricos y del aprendizaje y ofrezco algunos cambios útiles en los modelos diagnósticos actuales.
En el capítulo 9 explico las opciones existentes para aliviar el deterioro del síndrome de TDA con tratamiento. El primer paso de cualquier programa de tratamiento consiste en proporcionar una información exacta al paciente y a su familia sobre la naturaleza y evolución del deterioro del TDAH.
Como los síndromes de TDA tienen una base bioquímica, el tratamiento más eficaz suele ser de tipo médico. Recientemente se han desarrollado nuevos medicamentos, así como nuevos sistemas de administración para medicamentos ya existentes y resalto lo que ahora sabemos sobre la seguridad, eficacia, efectos secundarios y aspectos prácticos de estos tratamientos farmacológicos.
También se describen la utilidad y limitaciones de las terapias conductuales y otras medidas de apoyo para el síndrome de TDA. Y destaco que es importante diseñar para cada paciente un plan de tratamiento personalizado.
En el capítulo 10 incluyo algunos ejemplos sobre cómo el síndrome de TDA no tratado erosiona la esperanza y provoca mucho sufrimiento a los sujetos y sus familias. En este capítulo también se describen los miedos, los prejuicios y otros factores que actúan como barreras para buscar, obtener y mantener el tratamiento adecuado. Y contrasto los métodos que ofrecen «esperanzas irreales» con intervenciones que nutren la «esperanza realista» en la vida cotidiana de las personas que padecen el síndrome de TDA y sus familias.
INTRODUCCIÓN
Las personas suelen creer que la «concentración» es como sujetar una cámara fija y ajustar el objetivo para obtener una imagen clara de un objeto inmóvil. (…) Por el contrario, “concentración” se refiere, en este caso, a un proceso complejo y dinámico por el que se selecciona y capta algo que es importante observar, hacer o recordar cada momento. Igual que un conductor cuidadoso se centra en la tarea de conducir su coche cuando hay mucho tráfico, mirando activamente hacia delante a la vez que, por los retrovisores, observa las señales de tráfico, frena, etc. (todo ello, mientras vigila los indicadores del salpicadero, tiene en cuenta el límite de velocidad y el destino e ignora la tentación de observar durante demasiado tiempo un paisaje interesante), una persona utiliza este desplazamiento muy activo y rápido de un despliegue de la atención y la memoria que se reajustan con rapidez a medida que la atención debe planificar y controlar la actividad que se realiza. Esta concentración es muy difícil para el 7-10% de la población mundial que padece un síndrome de deterioro cognitivo, que actualmente se conoce como trastorno por déficit de atención (TDA) o trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).
La palabra síndrome describe un grupo de síntomas que tienden a aparecer juntos. Por ejemplo, la congestión nasal, el dolor de garganta, la cefalea, el cansancio y la fiebre aparecen juntos como un síndrome que se conoce habitualmente como «resfriado». Una sola causa o varias de ellas pueden provocar un síndrome común.
En este libro, el término «síndrome de TDA» se usa para referirse a un grupo de deterioros del sistema de gestión de la mente. En el Diagnostic and Statistic Manual of Mental Disorders, cuarta edición (DSM-IV), de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría, se describen los criterios diagnósticos aceptados actualmente para el TDAH. El concepto del síndrome de TDA que se introduce en este libro no pretende ser un nuevo diagnóstico que sustituya las categorías existentes. Simplemente, estoy proponiendo una nueva forma de mirar estos deterioros, de los cuales, muchos, pero no todos, están incluidos en los criterios diagnósticos actuales del TDAH. Se han propuesto otras etiquetas para este grupo de deterioros: «trastorno por déficit de atención», «disfunción ejecutiva», «disfunción cerebral mínima», «trastorno del control regulador » y «síndrome disejecutivo», por nombrar sólo algunos. El concepto de síndrome de TDA que aquí se describe incluye muchos deterioros descritos con estos distintos nombres, deterioros que aparecen juntos y tienden a responder a tratamientos similares.
Comparadas con otras personas de igual edad y nivel de desarrollo, las que tienen un síndrome de TDA tienden a tener una «mente desenfocada», no sólo para la conducción, sino también para muchas otras tareas importantes de la vida cotidiana, lo que no significa que las personas con síndrome de TDA no puedan concentrarse nunca como es debido, ni tampoco que las que no tienen un síndrome de TDA siempre estén bien centradas. El síndrome de TDA no es como un embarazo, una situación de todo o nada sin pasos intermedios.
Es más como una depresión. Todas las personas se sienten tristes a veces, pero no se las diagnostica depresión simplemente porque se sientan infelices algunos días, o incluso algunas semanas. El diagnóstico de depresión sólo se establece de forma correcta cuando los síntomas son persistentes y deteriorantes de forma significativa. De igual modo, las personas con síndrome de TDA no están constantemente desconcentradas, pero tienen un deterioro mucho más persistente y dominante de esas funciones cognitivas que la mayoría de la gente.
En ocasiones, se descubre por accidente un tratamiento eficaz para un trastorno, antes de que se sepa bien qué es lo que se está tratando y por qué funciona. En 1937 se descubrió por casualidad un fármaco eficaz para el síndrome de TDA cuando Charles Bradley, un médico de Rhode Island, buscaba un medicamento para aliviar las cefaleas graves que se producían después de una punción lumbar en los niños con trastornos de la conducta que estaba estudiando. El compuesto de anfetamina no fue útil para las cefaleas, pero los profesores comunicaron una mejoría espectacular, aunque de corta duración, en el aprendizaje, la motivación y la conducta de los niños cuando recibieron este medicamento. Poco a poco, su uso fue ganando adeptos en niños hiperactivos con problemas de conducta.
Nuestros conocimientos sobre lo que más tarde pasaría a denominarse síndrome de TDA crecieron de manera significativa durante la década de 1970, cuando los investigadores observaron que los niños hiperactivos también tienden a tener problemas crónicos con falta de atención que, como los problemas de la hiperactividad, mejoran en respuesta a un tratamiento estimulante.
En 1980 la Asociación Norteamericana de Psiquiatría usó por primera vez el término «trastorno por déficit de atención» como diagnóstico oficial. En aquel momento, se reconoció el deterioro crónico de la atención, con o sin problemas conductuales de hiperactividad, como un trastorno psiquiátrico.
En la versión de 1980 del DSM-IV también se mencionaba que, aunque este trastorno suele originarse en la infancia, el deterioro de la atención en ocasiones persiste hasta la edad adulta. En la revisión de 1987 del manual se cambió el nombre de esta afección por el de «déficit de atención/trastorno de hiperactividad»; desde aquel momento, el nombre oficial ha continuado vinculando la falta de atención con los problemas conductuales de hiperactividad, despreciando la importancia que tiene la independencia del deterioro cognitivo del síndrome.
En la última década, algunos medicamentos específicos han demostrado su seguridad y gran utilidad en muchos niños, adolescentes y adultos de todo el mundo que sufren un síndrome de TDA. A pesar de ello, no hay muchas publicaciones en las que se explique en términos razonables la naturaleza compleja de la atención y la gran variedad de estos problemas cognitivos crónicos que se asocian al TDAH.
En este libro, se destaca los efectos catastróficos de los problemas crónicos de falta de atención sobre el desarrollo y la funcionalidad. También, que el diagnóstico actual de TDAH incluye sólo parte de una gama más amplia de deterioros cognitivos, que son los causantes del tratamiento médico y se propone que un grupo de deterioros cognitivos asociados al TDAH, que aquí llamaremos «síndrome de TDA», afecta no sólo a las personas con diagnóstico de TDAH, sino también a muchas otras que padecen diversas afecciones, algunas de las cuales se podrían beneficiar de los tratamientos usados para el TDAH.
Como la mayoría de los médicos de mi generación y, por desgracia, muchos de la generación actual, aprendí muy poco sobre el deterioro de la atención durante mi formación profesional. Nos enseñaron a reconocer a los niños pequeños, principalmente varones, que eran demasiado hiperactivos y que respondían al tratamiento con medicamentos estimulantes y me dijeron que estos niños hiperactivos tenían problemas para prestar atención a sus profesores y padres. Pero nuestra formación sobre los problemas de la atención solía terminar aquí.
En los treinta años de trabajo clínico que siguieron a esos estudios, he aprendido mucho más sobre la naturaleza compleja de la atención. El motivo que impulsó gran parte de mi curiosidad procedía de mis pacientes: niños, adolescentes y adultos que luchan con el aprendizaje, el trabajo, las relaciones sociales y la vida familiar. Como los enfermos me habían descrito una gran variedad de problemas crónicos de falta de atención, comencé a apreciar la complejidad del trastorno y su importancia fundamental en la vida cotidiana. De hecho, al describir la amplia variedad de funciones cognitivas que mejoran cuando el tratamiento es eficaz, estos pacientes me han ayudado a comprender las interconexiones que tienen las redes de la atención en la mente humana.
Aunque este libro se ha construido sobre el conocimiento clínico de los pacientes con problemas de falta de atención, también incorpora información sobre la investigación actual en psicología, psiquiatría y neurociencias.

El Dr. Thomas E. Brown es psicólogo clínico, Doctor por la Universidad de Yale, profesor auxiliar clínico de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale y director asociado de la Clínica Yale para Trastornos de la Atención y Problemas Relacionados.
Reconocido internacionalmente, gracias a sus investigaciones en el área del Trastorno de Déficit de Atención con hiperactividad (TDAH), el Dr. Brown ha recibido el reconocimiento honorífico por parte de la National Attention Deficit Disorder Association y fue incluido en el Salón de la Fama CHADD por sus contribuciones excepcionales a la investigación y la educación profesional en materia del TDAH en niños y adultos.
Es autor de libros como “Escalas Brown para el Trastorno de Déficit de Atención en niños, adolescentes y adultos” o “Trastornos de Déficit de Atención y Comorbilidades en niños, adolescentes y adultos”. Su última obra, “Trastorno de Déficit de Atención: la falta de concentración en niños, adolescentes y adultos”, fue publicada por la Yale University Press en septiembre de 2005.
FUENTES:
“Trastorno por déficit de atención. Una mente desenfocada en niños y adultos”. Thomas E. Brown
Dr. José Ángel Alda Díez. Jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología Infanto-Juvenil, Hospital Universitari Sant Joan de Déu, Esplugues de Llobregat, Barcelona