TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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martes, 3 de enero de 2012

LA PREVENCIÓN DEL FRACASO ESCOLAR PASA POR LA ACEPTACIÓN DE LA DIFERENCIA

Pamplona 29/12/2011
"La prevención del fracaso escolar pasa por la aceptación de que la diferencia no es lo mismo que la discapacidad". Así lo afirman las doctoras Inmaculada Escamilla y Pilar Gamazo, autoras del libro “¿Es mi hijo un mal estudiante? Causas médicas del fracaso escolar y tratamientos para superarlo” y especialistas del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid.
Según las doctoras Escamilla y Gamazo, el término de fracaso escolar no está claramente definido: "Las estadísticas hacen referencia al porcentaje de niños que no consiguen acabar sus estudios de primaria o secundaria a la edad teórica de finalización. Pero en realidad, como explica muy bien en el primer capítulo del libro la profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Navarra, Charo Repáraz, deberíamos hablar de fracaso educativo, no escolar, como algo que afecta al estudiante, a su familia, a la escuela y a la sociedad".
Atendiendo al porcentaje de estudiantes que no logra terminar sus estudios a la edad que teóricamente les correspondería, las especialistas de la Clínica Universidad de Navarra apuntan que "el fracaso escolar afecta en España al 14% de los estudiantes de Primaria y al 30% de los de Secundaria, según estadísticas del curso 2007-2008". Así, de acuerdo a los datos del informe PISA 2009, "podríamos afirmar que aproximadamente el 15% de los estudiantes de 4º curso de Primaria se encuentran en un nivel inferior en cuanto a competencias académicas", indican.
EL ÍNDICE DE ESPAÑA, POR ENCIMA DE LA MEDIA EUROPEA
Por otro lado, en comparación con otros países de nuestro entorno, las doctoras Escamilla y Gamazo señalan que "los índices de fracaso escolar en España -según los informes PISA 2003, 2006 y 2009- están por encima de la media europea de los países de la OCDE" (Organización  para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).
¿Un rendimiento académico insuficiente es la única manifestación del fracaso escolar?
- Pilar Gamazo:
Las manifestaciones objetivas del fracaso escolar son, obviamente, sus resultados académicos, sobre todo conforme está planteado el sistema actual, donde los parámetros de evaluación excluyen la actitud, el interés en clase y la participación del alumno, al ser difícilmente computables por tratarse de valoraciones subjetivas. Sin embargo, los resultados académicos no son la demostración suficiente de los conocimientos reales del niño sobre la materia. Los estudiantes con determinadas dificultades o problemas, como déficit de atención e hiperactividad, problemas de visión..., precisan de una metodología diferente en la evaluación. Se trata por tanto, de una adaptación metodológica, no curricular y no significativa. Por consiguiente, habría que reconocer que la diferencia no supone inexorablemente una discapacidad.
En cualquier caso, la detección es fácil atendiendo a los resultados académicos del niño. El libro recoge, además, una serie de signos y señales que pueden ayudar a los padres a descubrir un posible caso. Ante la mínima sospecha, un niño con dificultades ha de ser seguido y valorado.
¿Cuáles son los principales factores que favorecen el fracaso escolar?
- Inmaculada Escamilla:
El fracaso escolar debe contemplarse desde una perspectiva global. La escasa formación en valores desde el propio núcleo familiar, además del entorno social, son dos de los factores fundamentales. El aprendizaje conlleva repetición y entrenamiento, requiere siempre de un proceso arduo, que se ve compensando por un proyecto futuro esperanzador. En términos de valores, se requiere de perseverancia y fortaleza. Desde la perspectiva neurobiológica, debemos atender a la integridad de las estructuras y sistemas cerebrales de los que depende el desarrollo de estas habilidades. El sistema de recompensa (las estructuras del sistema límbico, del hipocampo y de la amígdala, importante área para las emociones y la memoria emocional), el neurotransmisor dopamina (conocido como “el de la felicidad”) y las áreas prefrontales del cerebro son el sustrato biológico, fundamental, de un correcto aprendizaje.
¿Y cuáles son los problemas médicos que inciden en su aparición?
- Inmaculada Escamilla:
Las causas médicas de fracaso escolar son múltiples: problemas endocrinológicos, neurológicos, psiquiátricos..., trastornos como depresión, ansiedad, trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y dificultades específicas del aprendizaje, entre otros, pueden estar en la base de un fracaso escolar. Si tenemos en cuenta que la prevalencia del TDAH en la población pediátrica es del 7%, podríamos decir que ésta es una de las causas médicas más frecuentes. De hecho, el 30% de las consultas en psiquiatría infantil se debe a este trastorno. También es cierto que hasta el 80% de los niños y adolescentes con este trastorno presenta al menos otro problema psiquiátrico asociado (alteraciones del humor, ansiedad y de conducta); y todos ellos pueden empeorar el pronóstico y los problemas escolares. Entre adolescentes, tenemos que tener en cuenta el consumo de sustancias o drogas, si bien es cierto que un elevado porcentaje de estos adolescente con problemas de consumo de sustancias tiene un TDAH subyacente que probablemente no se diagnóstico y trató en su inicio, y lo mismo sucede con los llamados trastornos de conducta.
Las doctoras Escamilla y Gamazo abogan por una educación personalizada y adaptada a cada uno de los entornos y circunstancias a modo de prevención. Según Escamilla: “la prevención del fracaso escolar pasa por la aceptación de que diferencia no es lo mismo que discapacidad”. La motivación y el esfuerzo positivo para inculcar en el niño una actitud favorable ante el estudio son imprescindibles pues, en muchos casos, el fracaso escolar deriva en la pérdida de confianza y la baja autoestima del alumno.
FUENTES:

jueves, 21 de julio de 2011

TDAH EN EL AULA

Entre el 3 y el 5% de los escolares sufre trastornos por déficit de atención e hiperactividad
Los expertos apuntan hacia la detección temprana como una de las mejores terapias para paliar los efectos del TDAH.
Es desordenado e inquieto, se despista en clase, deja sin acabar sus tareas para centrarse en otras cosas, es impulsivo… El niño que responde a estas características es un posible caso de síndrome por déficit de atención con o sin hiperactividad, un trastorno del comportamiento (que no enfermedad, como suele pensarse) que afecta a entre el 3 y el 5% de los escolares, con mayor incidencia entre los varones. Visto desde otra óptica estadística, hay uno por cada clase y, además, existe una tendencia al incremento de los problemas de hiperactividad y falta de atención entre los menores, según recoge el último informe del Observatorio de Salud Infantil y Perinatal.
Si no se actúa a tiempo, son niños llamados a engrosar las listas del fracaso escolar o a presentar problemas de socialización. Evitarlo está en manos tanto de los padres como de los profesores. Por ello, en la formación de los futuros docentes está adquiriendo cada vez mayor importancia el aprendizaje de estrategias, especialmente metodológicas, orientadas a abordar este tipo de conductas.
 «El profesor en el aula debe estar formado en la detección e intervención en este tipo de problemas".
 Un niño con TDAH necesita una adaptación metodológica antes que curricular y eso lo debe saber un maestro», explica Ángela Serrano, directora de Departamento de investigación de la Universidad Internacional Valenciana. Pero, junto a la detección temprana, también es fundamental evitar un diagnóstico precipitado y erróneo, ya que en muchas ocasiones se tiende a confundir el déficit de atención con la hiperactividad. «El primero, el déficit de atención sin hiperactividad (TDA), se caracteriza por la dificultad en mantener la atención sobre los hechos o estímulos. El segundo, el déficit de atención con hiperactividad (TDAH), es un trastorno del comportamiento que presenta una excesiva actividad motora y que correlaciona con un problema de atención», detalla Ángela Serrano, al tiempo que recuerda que el más habitual en la escuela es el TDA.
En este sentido, Ángela Serrano, que también es coordinadora del Máster de prevención e intervención psicológica en problemas de conducta en la escuela de la Universitat Internacional Valenciana, hace hincapié en que no todos los niños que presentan un problema de atención tienen asociado un problema de hiperactividad e insiste en la importancia de un «diagnóstico acertado y no apresurado de las conductas escolares».
Motivar y no etiquetar
Y es que algunos de los problemas de atención de los escolares están relacionados con la falta de una metodología motivadora por parte de algunos profesores. Según Serrano, «un profesor debe aprender no sólo a transmitir conocimientos, sino a enamorar a los alumnos con lo aprendido; únicamente así logrará centrar su atención. Porque un alumno que no aprecia lo que recibe es un alumno desmotivado, que se dedicará a jalear en clase».

Éste es otro de los aspectos que también abordan los nuevos títulos formativos para docentes, dotándoles de herramientas para favorecer la interacción con los alumnos, el desarrollo de sus habilidades sociales o la inteligencia emocional, así como estrategias para la prevención, detección y resolución de problemas en las aulas. Precisamente uno de ellos podría ser la hiperactividad, que genera un problema conductual que guarda relación con el trastorno negativista desafiante y con problemas de convivencia escolar y que, sin duda, afecta la convivencia del niño a nivel escolar y familiar. No obstante, la experta se muestra cauta respecto a esta afirmación e insiste en la importancia de evitar etiquetar como problemático al niño tanto por parte de la familia como por el mismo profesorado y en la necesidad de que el diagnóstico lo realice un especialista. Sin embargo, detalla un ejemplo orientativo: «Algunas conductas que los padres observan durante los primeros años son que el niño no se centra en ningún juego ni consigue focalizar su atención en un juguete concreto durante un corto periodo de tiempo. Más tarde observan que no sigue las rutinas diarias y tiene dificultad en realizar las tareas. En la edad escolar llaman continuamente la atención de profesores y compañeros, les cuesta finalizar las tareas e interrumpen frecuentemente el desarrollo normal de la clase. Cerca de la pre-adolescencia se hacen más notorios los problemas de impulsividad, que se van convirtiendo en alteraciones de la convivencia con compañeros, profesores y padres».

Ante un caso de estas características, ¿cómo debe actuar el profesor? A la detección temprana se une la utilización de estrategias atencionales por parte del docente y la intervención sobre el control de los impulsos y emociones, que ayudarán al niño a actuar en clase de manera normalizada: «El maestro debe tener presente que, en la medida que el niño vaya consiguiendo la automatización e interiorización de hábitos y tareas, estará realizando una adaptación metodológica necesaria para poder desarrollar un currículo con garantías de progreso académico».
El uso de estrategias para mantener la atención selectiva del alumno, el empleo adecuado de refuerzos como la economía de fichas o la utilización metalingüística del lenguaje en el uso de reprimendas, sanciones y castigos son algunas de las técnicas que los profesores deben manejar para tratar con estos alumnos.
«Los padres han de ser conscientes de que la mejora cuesta»
Ángela Serrano es contundente: es fundamental el compromiso de los padres en este tipo de trastornos. «Los padres deben ser conscientes de que la mejoría en el comportamiento del niño supone esfuerzo, dedicación y tiempo. Una intervención exitosa será el resultado de estar abiertos a la colaboración con los especialistas y ser constantes en su dedicación y apoyo», afirma esta experta. Firmeza en los hábitos de conducta y aprender a controlar la impulsividad de sus hijos son los dos consejos clave para los padres de estos niños. Además, como recuerda Ángela Serrano, si el padre tiene la sospecha de que su hijo presenta indicadores del trastorno «debe buscar la ayuda de un profesional cualificado para ello, un psicólogo o un educador».
Algunos de los indicadores de estos trastornos son la dificultad para mantener la atención, para atender selectivamente, para describir situaciones concretas, para dar respuesta de forma ordenada ante estímulos complejos, la actividad motora excesiva o inapropiada, la dificultad para acabar tareas ya empezadas o para mantenerse sentados y/o quietos en una silla, así como, la presencia de conductas disruptivas (en especial con finalidad destructiva). Son también excesivamente impulsivos: dicen siempre lo que piensan, no controlan sus respuestas. No pueden dejar de hacer las cosas que les gusta en primer lugar y aplazan los deberes.
FUENTE:
Isabel García Valencia