TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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viernes, 28 de noviembre de 2014

CUANDO TU HIJO/A ADOLESCENTE CON TDAH NO QUIERE AYUDA CON LOS ESTUDIOS Y LA TAREA ESCOLAR


Es normal que los jóvenes quieran asegurar su sentimiento de independencia. Pero si tu hijo o hija adolescente está teniendo una experiencia frustrante con los estudios y la tarea escolar a causa de sus dificultades de aprendizaje y de atención, podría rechazar tu ayuda.


Por qué los adolescentes no quieren que les ayudemos

Cuando los adolescentes entran a la etapa secundaria, la mayoría de ellos quieren ejercitar su independencia y autonomía. Sin embargo, aquellos estudiantes que tienen dificultades de aprendizaje y de atención pueden sentirse atrapados por sus propias limitaciones, y se debaten en el dilema de querer ser más independientes al tiempo que se dan cuenta de que todavía necesitan apoyarse en otros.

Ante la incapacidad de poder responder adecuadamente a la demanda escolar, tu hijo/a podría optar por no realizar las tareas ni estudiar ninguna asignatura, dejándose hundir en el fracaso escolar, pero tampoco será capaz de pedir ayuda para cumplir con sus obligaciones escolares, porque el hecho de rechazar toda ayuda les confiere un cierto sentimiento de control, de autonomía y de ganar poder sobre la situación. La siguiente reacción que se puede esperar a continuación será la de enojarse con sus padres, para poder separarse de las personas de las que más depende. 
Esto nos indica que quizás, como padres/madres, no vamos a ser las personas más adecuadas para ayudarles en esos momentos. 

¿Qué podemos hacer cuando nuestros hijos/as no quieren que les ayudemos?

Si tu hijo/a adolescente parece no estar motivado para pedir ayuda, recuerda que sí que va a tener suficiente motivación para resistirse a aceptar nuestra colaboración, y cuanta mayor cantidad de energía pongamos para discutir con nuestro hijo o hija, mayor va a ser la resistencia por su parte. 
Así que el mejor consejo en esta situación es concentrarnos en no discutir.

No obstante, debemos dejarles claro que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino un signo de madurez.

Ante su negativa a aceptar nuestra ayuda, comencemos retrocediendo un poco, y tratemos de escuchar lo que nuestro hijo/a piensa. Preguntémosle cómo podemos ayudarle. Quizás, sus planes e ideas podrían ser buenos y darnos pistas sobre cómo podemos colaborar.

Por nuestra parte, también podemos probar estrategias para alentarle a que se ponga en acción. En algunas ocasiones, funciona hacer un contrato escrito, en el que se detallen los objetivos y las responsabilidades a las que tu hijo/a se compromete durante el trimestre, estableciendo con claridad los beneficios al conseguirlo y las consecuencias de no cumplirlo. Si no consigue los objetivos, deja que experimente las consecuencias naturales por no aceptar la ayuda. Esto le permitirá a tu hijo/a, experimentar la independencia que tanto quiere y, también sus consecuencias. Si no consigue los objetivos a los que se ha comprometido, nuestra misión entonces será motivarles a trabajar para lograr un resultado diferente.

Si tu hijo o hija quiere que las cosas vayan bien en la escuela, pero todavía se resiste a pedir ayuda, podemos trabajar para ayudarle a construir sus habilidades de autodefensa: ¿Por qué quiero trabajar sólo? Las respuestas a esta pregunta reforzarán los objetivos finales por los que aboga.

Si tu hijo o su hija rechaza nuestra ayuda directa, debemos ofrecerles opciones para buscar otras opciones, basándonos en la manera en la que ellos/as prefieren aprender. Quizás elija trabajar por su cuenta, utilizando un programa de apoyo en el ordenador, aunque probablemente, la solución requiera solicitar la ayuda de otras personas.

Conseguir ayuda...

Cuando nuestro hijo/a no quiere que le ayudemos, otros jóvenes mayores que nuestro hijo/a, podrían ser un buen recurso. El adolescente tiene más probabilidad de escuchar las sugerencias de alguien más cercano a su edad. La escuela de tu hijo/a podría sugerirnos algún estudiante para este fin.

Otra opción, es  encontrar un/a terapeuta educacional  que, además de la asignatura en sí, le enseñe a organizar y planificar sus estudios (ya que estas son dificultades muy relevantes en los estudiantes con TDAH), y otros recursos y estrategias para sus posibles dificultades de aprendizaje y de atención.

Actualmente, muchos profesores y terapeutas educacionales, tienen entrenamiento especializado para ayudar a estos adolescentes, con mucha más facilidad y con mejores resultados que los propios padres y madres.

Es duro observar que nuestro hijo/a adolescente se resiste a recibir nuestra ayuda cuando sabemos que la necesita, pero no siempre es factible proporcionar la solución más evidente.  Además, realizar las tareas escolares y afrontar el estudio de nuestros hijos cada día, más aún sin su cooperación, tiene como consecuencia el deterioro paulatino y significativo de la relación padres-hijos. 

Ante esta realidad, debemos estimular la confianza de nuestro hijo en sí mismo, demostrándole que respetamos sus decisiones, al tiempo que les enseñamos a buscar otras posibles soluciones para poder afrontar sus retos.

FUENTE:

lunes, 5 de mayo de 2014

¡¡Aghh, MI HIJO TIENE TDAH!!





16 tips para criar a un niño con TDAH y no morir en el intento

1. Sé proactivo
Demasiadas veces reaccionamos a la conducta de nuestros hijos, y no eligiendo conscientemente nuestras acciones. Actuamos de manera impulsiva, sin tener en cuenta las consecuencias y sin ningún plan de lo que estamos tratando de lograr.
Ver cualquier situación desde lo “reactivo” puede ser desesperanzador, porque te da la impresión que tu futuro y tu relación con tu niño están bajo control del niño o de otros agentes externos. Sientes que las interacciones con tu niño son impredecibles, y la relación se vuelve hostil, negativa, estresante y disfuncional. Pero no es lo que tu niño hace o hace contigo lo que genera estos problemas, es tu respuesta a eso. Asume la responsabilidad de tu propio comportamiento como padre y de las interacciones y la relación que tienes con tu hijo. Toma la iniciativa para cambiar lo que no te gusta de la forma en que actúas con tu hijo, y toma la responsabilidad de hacer que la relación que tienes con tu hijo sea como te gustaría que fuera.

2. Prepárate para el futuro
Cuando las cosas salen bien, generalmente no fue producto de la improvisación, sino de una preparación previa. Anticiparse a lo que viene permite estar preparados, he incluso tener un margen de tiempo para poder hacer cambios. (Por ejemplo, el que los niños corran por la sala de espera y no se comporten porque están aburridos se podría haber evitado llevando juguetes o cosas que les interesen y puedan hacer mientras esperan, en vez de tratar de improvisar en el minuto algo para calmarlos)

3. Reacomoda el ambiente
Cambiar algunos factores ambientales o rutinas cotidianas puede ayudar a que los niños se comporten mejor. Por ejemplo, los niños se comportan mejor en la mesa si la tv está apagada y se proponen temas de conversación donde los niños puedan participar y sean interesantes para ellos.

4. Usa un lenguaje simple, claro y agradable
Siempre que te dirijas a tu hijo, acuérdese de usar un lenguaje simple que lo ayude a entender totalmente lo que tú le quisiste decir. Especialmente con los niños con TDAH, es necesario usar un lenguaje muy simple y directo. Ojo con los gritos, tú eres un modelo a imitar.

5. Comienza con el fin en mente
Cuando te enfrentes a un problema, trata de imaginar cómo te gustaría que se resolviera. Puedes aplicar este principio a problemas pequeños, como por ejemplo, imaginar cómo te gustaría que terminara el tiempo que dedicas a hacer tareas escolares con tu niño, y también a problemas más complejos, como por ejemplo, cómo te gustaría que tu hijo llegara a cuarto medio.
Empezar con el fin en mente te ayuda a enfocarte mejor en lo importante, y en lo que debes hacer para que las situaciones terminen de la manera que te gustaría. No se puede tener un plan sin una meta, por lo que no sirve de nada tener o aprender estrategias para utilizar con tu niño si no sabes qué resultado quieres lograr.
Por ejemplo, si tienes que ayudar a tu niño a con un trabajo para el colegio, antes de empezar, visualiza como quieres que termine ese rato. Probablemente, quieres que el trabajo quede bien hecho, pero también que ambos pasen un rato agradable mientras trabajan y que al final de la tarea la relación entre ustedes siga intacta, o quizás incluso se rían y resulte ser una experiencia enriquecedora. Visualiza en tu mente esas imágenes. Te vas a dar cuenta como estas imágenes van a ir guiando en tus decisiones y reacciones frente a las conductas de tu hijo. Teniendo el fin en mente, vas eligiendo actuar para mantener la interacción positiva y optimista, guiando y enseñando a tu niño pero con humor. Y probablemente así va a terminar, si activamente haces cosas para que suceda. Tu relación con su hijo y la manera en que las interacciones más pequeñas resultan ya sea por diseño o por defecto son totalmente tuyas. Antes de actuar, visualiza el final en tu mente y aclara el objetivo, los pasos hacia tu meta surgirán de este proceso.

6. Explícale al niño qué es una conducta apropiada
Muchas veces los niños cometen errores porque no han entendido lo que los padres les dicen o les piden. Explícales que es lo que esperas de ellos, con palabras simple e instrucciones concretas, ó muéstrales qué es una conducta apropiada. Por ejemplo: Juan, quiero que te sientes en esta silla de esta manera, como me estoy sentando yo, y me esperes acá hasta que yo vuelva”

7. Usa incentivos antes de castigos
Es común que los padres recurran a los castigos cuando un niño se comporta mal o desobedece. Esto puede estar bien para un niño sin TDAH, que se comporta mal sólo de vez en cuando y así recibe una pequeña cantidad de castigo, pero no está bien para un niño con TDAH, ya que es probable que se porten mal con mucha más frecuencia y podrían recibir una gran cantidad de consecuencias negativas. Cuando se utiliza sólo el castigo, y simultáneamente no hay recompensas y comentarios positivos, no es efectivo para cambiar el comportamiento, y se genera un clima hostil con el niño. Incluso a veces puede conducir a esfuerzos de contra control por parte del niño: tu hijo trata de encontrar la manera de devolver el golpe y se comporta aún peor. La regla de los incentivos antes de los castigos es simple: Cuando quieras cambiar una conducta indeseable, primero debes decidir qué comportamiento positivo quieres que lo reemplace. Cuando el niño muestre ese comportamiento positivo, preocúpate de recompensarlo y elogiar a tu niño por cómo se está comportando. Solamente después que hayas reforzado este buen comportamiento por al menos una semana, puedes empezar a castigar el comportamiento opuesto no deseado.
Castiga selectivamente, sólo cuando ese comportamiento aparezca, no lo castigues por todo lo demás que hace mal. Intenta usar sólo castigos leves, como por ejemplo perder un privilegio especial, o un breve tiempo fuera, y asegúrate de mantener un equilibrio entre los castigos y las recompensas. Ten en mente la regla de 3x1: puedes aplicar un castigo por cada 3 veces que hayas recompensado a tu niño en otras conductas positivas.
Felicitar a los niños cuando hacen algo bien les da pistas para saber qué es lo que se espera de ellos. Si la conducta del niño esté lejos de ser satisfactoria en ese momento, los puedes elogiar por el esfuerzo que realizaron (aunque no hayan logrado el resultado). Esto les va a indicar que van por el camino correcto y los va a animar a no darse por vencidos en el intento por comportarse mejor.
Por ejemplo, tu niño con frecuencia interrumpe, se entromete, y suelta comentarios en la mesa del comedor. Hablas con el niño antes de la hora de la comida familiar sobre lo que te gustaría que él hiciera más en la mesa: tratar de no hablar mucho, esperar hasta que los demás hayan terminado antes de hablar, y hablar sólo después de tragar los alimentos. A continuación le explicas que puede ganar puntos por seguir estas reglas. A lo largo de la comida, vas marcando puntos en una pequeña tarjeta cada vez que tu niño cumple con las reglas (o hace un esfuerzo por cumplirlas) y te aseguras de que el niño ve que esto ocurre, al mismo tiempo que le das una señal no verbal de aprobación, que le permita saber al niño que tu aprecias el esfuerzo que está realizando por cumplir las reglas. Cada vez que el niño viola una regla, ignoras ese comportamiento. Luego de una semana, puedes ir restando puntos cada vez que el niño no respeta una de las reglas. Recuerda la regla de 3 recompensas por cada castigo.

8. Usa el reloj como tu aliado
Los niños con TDAH tienen retrasos en su desarrollo de un sentido interno del tiempo y del futuro. Debido a que no tienen el mismo sentido del tiempo que los demás niños, tienen dificultades para responder a las demandas que implican tener en mente el futuro, y por eso, ellos necesitan apoyo externo para el periodo permitido para hacer una tarea asignada. Por ejemplo, si le indicas a tu niño que tiene 20 minutos para ordenar su cuarto, puedes poner un cronómetro o reloj de cocina en un lugar visible para el niño, o cualquier medio externo donde el niño pueda mirar concretamente cuanto tiempo tiene y cuanto le queda para completar la tarea. Para las tareas que implican tiempos más largos (trabajos del colegio, tareas que tengan varios pasos), es necesario que reduzcas el tiempo, fraccionando la tarea en pasos más pequeños (incluso en distintos días si es muy largo, como un proyecto escolar), y dar tiempo para cada paso. Sin estos métodos, el niño probablemente dejará el trabajo que debe hacer para último minuto, lo que hace que sea imposible que haga un buen trabajo.

9. Usa listas para guiar a tu hijo
Ya que en los niños con TDAH, su capacidad de tener en cuenta toda la información necesaria para completar una tarea se ve afectada, resulta muy útil colocar la información importante de forma física en el lugar en que se debe hacer la tarea. Por ejemplo, si tu hijo hace sus tareas en un lugar específico, puedes poner en ese lugar tarjetas con las instrucciones para hacer la tarea, como “Haz todos los ejercicios, sin saltarte ninguno”, “Lee las instrucciones con atención, haz toda la tarea. Cuando hayas terminado vuelve a revisar que todas las respuestas estén completas y bien hechas”, “Pide ayuda si no sabes hacer algún ejercicio”. Estos recordatorios deben estar diseñados para solucionar los problemas que cada niño tiene mientras trabaja. Si tu hijo suele tener problemas cuando un amigo va a jugar a la casa, antes de que el amigo llegue, tómate un minuto con tu niño para revisar las reglas sociales que necesita seguir, como “Comparte tus juguetes”, “Hay que turnarse en los juegos”, “Juega a algo que los dos quieran hacer”. Incluso puedes escribirlas en una tarjeta y revisarlas con tu hijo en privado un par de veces, mientras el amigo está en la casa. Mientras más presentes la información importante de manera externa, es más probable que tu hijo recuerde la información y la use para guiar su comportamiento.

10. Usa incentivos para motivar
Los niños con TDAH tienen problemas para internalizar no sólo el tiempo y las reglas, sino también la motivación. No son capaces de reunir motivación interna suficiente para continuar una tarea aburrida, tediosa o larga (también porque no visualizan las recompensas a futuro). Pero este déficit de motivación interna se puede superar al dar al niño motivación externa que lo impulse a trabajar, como un incentivo, una recompensa o reforzando su buena conducta. Puedes entregar algo que el niño desee luego que haya realizado la tarea (tener un privilegio especial, tiempo de TV extra) o algunas fichas o puntos que luego pueda canjear por algún privilegio (en la página web puedes aprender como diseñar un sistema de recompensas en casa).

11. Hazlo visual
Los niños con TDAH tienen dificultades para “jugar” con la información mental cuando tienen que parar y pensar sobre una situación o problema. Responden impulsivamente, sin poner suficiente atención a sus opciones. Por eso, es muy útil para ellos encontrar maneras de representar más físicamente un problema y las alternativas de solución. Por ejemplo, si tu niño tiene que escribir una redacción para el colegio y parece no estar respondiendo bien a esta tarea, por ejemplo puede hacer tarjetas en que escriba todo lo que se le viene a la mente durante un periodo de tiempo. De esta manera cada idea queda “capturada” en vez de perderse, y entonces el niño puede jugar con las ideas de una forma física en vez de mentalmente. Lo mismo puede ser usando tarjetas ó dibujos pequeños y símbolos, donde cada uno represente una idea que tenga que recordarse para resolver el problema.

12. Menos “bla, bla” y más acción!
A tu hijo no le falta inteligencia ni habilidad, por lo que simplemente hablar con tu niño para que se comporte mejor, no va a cambiar el problema neurológico a la base que hace que sea tan desinhibido. Tu hijo es mucho más sensible a los refuerzos y las consecuencias que utilizas, y mucho menos sensible a los sermones, que un niño sin TDAH. Así que actuar con rapidez y frecuencia va a ser mucho más efectivo para que tu hijo se comporte mejor. Sigue hablando, y lo único que conseguirás es empeorar su mala conducta.

13. Pon primero lo primero
¿Qué es lo importante en tu relación con tu hijo? ¿Qué es lo que más te importa en tu rol de ser padre? ¿Cuáles son las dificultades y responsabilidades en las que tu niño necesita tu ayuda para superarlas? Algo fundamental para los padres de niños con TDAH es aprender a distinguir las batallas de las guerras, o sea, diferenciar las cosas triviales y sin importancia que deben hacer con sus hijos (por ejemplo, hacer la cama antes de ir al colegio), de las cosas importantes que hay que cumplir (por ejemplo, prepararse para ir al colegio y salir de la casa en un ambiente tranquilo y cariñoso). Demasiadas veces los padres de estos niños quedan atrapados luchando por cosas triviales. Los niños con TDAH pueden hacer tantas cosas mal, que sus padres podrían estar haciéndoles frente gran parte del día, quedando muy poco tiempo (y ganas) para las cosas realmente importantes.
Los padres de niños con TDAH deben desarrollar un sentido de prioridades. Aprende a distinguir entre las cuatro categorías de trabajo y responsabilidades con tu hijo:
a) Urgente e importante
b) Urgente y no importante
c) Importante pero no urgente
d) No es importante y no urgente.
Probablemente tratas de cumplir todas las tareas de la categoría a), y dedicas muy poco tiempo a las de la categoría d). Lo difícil es distinguir entre b) y c). En el caos cotidiano, a menudo cumplir con las actividades diarias de tu niño (colegio, deportes, actividades extra programáticas) toma prioridad sobre las cosas que son importantes, pero no urgentes. Por ejemplo, puedes llegar con tu hijo a clases de fútbol a tiempo, pero afectando tu relación con él en el proceso.
El domingo, o al comenzar la semana, especialmente si tienes muchas cosas por delante, selecciona de esas cosas cuáles son importantes para ti y para tu hijo, y anótalas en tu agenda, para que no te dejes llevar por la avalancha de tareas de esa semana (devolver llamadas, tareas domésticas, preparar la comida a la hora, acostar a los niños) que parecen urgentes pero son relativamente triviales.

14. Yo gano/Tú ganas
Al menos durante toda la etapa escolar y adolescencia de tu hijo, vas a tener que pedirle que haga sus tareas y trabajos escolares, que cumpla con compromisos sociales, y que se atenga a las reglas de la casa. Cada una de estas cosas supone una negociación. Cuando te enfrentes a cualquiera de ellas, maneja la situación de manera que en la medida de lo posible, ambas partes (tu y tu niño) consigan lo que quieren. No te enfoques solamente en lo que quieres que el niño haga, trata de entender cuán difícil puede ser para el hacer lo que le estás pidiendo. Comienza con el fin en mente, y pregúntate cómo quieres que te vea tu hijo: como un tirano o un negociador respetuoso?
Piensa en alguna obligación que tenga tu hijo (hacer sus tareas, ordenar su cuarto) que sea un punto de conflicto. Ahora piensa en qué puede hacer de esa tarea una situación ganadora para tu hijo, no solo para ti. ¿Disfrutar viendo una película, un tiempo extra de videojuegos, jugar un juego contigo? Elije cualquier recompensa que creas que sea atractiva, y hazla parte del contrato verbal cuando le pidas que complete esa tarea (“Si ordenas tu habitación antes del almuerzo, podemos jugar el juego que tu elijas en la tarde”).

15. Lucha por la consistencia
Para tener resultados exitosos, es muy importante que seas consistente, o sea, que uses las mismas estrategias para manejar el comportamiento de su hijo en todo momento.
Ser consistentes significa cuatro cosas importantes:
1) Ser coherente a lo largo del tiempo,
2) No abandonar demasiado pronto, cuando estés empezando un cambio,
3) Responder de la misma manera,
4) Asegurarse de que ambos padres están usando los mismos métodos.
Ser impredecible o inestable en tu exigencia de cumplimiento de las normas es una invitación al fracaso, así como también lo es perder la esperanza cuando el nuevo método no produce resultados espectaculares e inmediatos. Otro error típico es responder a los comportamientos del niño de una manera en casa, y de otra manera totalmente distinta en los lugares públicos. Prueba con una técnica de cambio de comportamiento durante al menos dos semanas antes de decidir que no está funcionando. Por último, traten de mantener un frente unido como padres, aun cuando tengan diferencias en los estilos de crianza de los hijos.

16. Mantén la perspectiva
A veces, cuando se enfrentan a una situación difícil de manejar con su niño con TDAH, los padres pueden perder toda perspectiva sobre el problema inmediato. Se enojan, avergüenzan, y se frustran cuando sus intentos de control no funcionan, e incluso pueden bajar al nivel del niño y discuten con él como otro niño más. Tienes que recordar en todo momento que tú eres el adulto, y que lo que tu niño hace no es algo personal en contra tí, sino una manifestación de las dificultades que le traen el TDAH. Una manera de mantener la calma en circunstancias difíciles es tratar de mantener cierta distancia psicológica de los problemas de su hijo. Imagina que eres un desconocido, para que puedas ver la situación en perspectiva, y puedas reaccionar de manera más razonable y justa. Esto es difícil, por lo que puede que tenga que acordarse de la discapacidad de su hijo cada día (tal vez incluso varias veces al día), y especialmente cuando estés tratando de hacer frente a conductas disruptivas.
No permitas que tú propia autoestima y dignidad personal se ponga en juego, si “ganas” o no una discusión o encuentro con tu hijo. Nadie está llevando la cuenta. Mantén la calma y el sentido del humor si es posible, y trata por todos los medios de seguir los otros principios mencionados anteriormente, cuando interacciones con tu hijo. Si te alteras, aléjate de la situación por un momento y ve a un lugar diferente para recuperar el control sobre tus sentimientos. No concluyas que eres un mal padre cuando la situación va mal o no salen como quieres. Los niños con TDAH tienen la capacidad para sacar lo peor en los padres, lo que hace que los padres se sientan terriblemente culpables por sus propios errores. Al final del día, perdona tus propios errores, y los de tu niño. No tiene sentido acumular resentimientos. Mejor reflexiona sobre por qué no salió tan bien y qué podrías hacer para mejorar eso, e intenta hacerlo mejor la próxima vez. Así podrás empezar un día fresco al día siguiente.
Con demasiada frecuencia, los padres de niños con TDAH dedican tanto tiempo y energía exclusivamente a sus hijos que se agotan. Esta actitud puede parecer heroica y altruista, pero en realidad no tiene sentido y es destructivo a largo plazo.
Si te das cuenta que no estás usando muchos de estos hábitos efectivos, no eres el único, ni eres un mal padre o una persona horrible. Todos pueden estar cansados, estresados, enojados, y esto interfiere con su capacidad para mantener estos principios en mente y actuar en consecuencia. Criar no es fácil y demanda esfuerzo y trabajo constante. Puede ser frustrante intentar nuevas estrategias y que no funcionen a la primera, lo más importante es el esfuerzo que hacen por mejorar y perseverar en ello.
FUENTE:
Autora: Fernanda Prieto es psicóloga Infanto Juvenil de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con un diplomado en Psicodiagnóstico Clínico Infanto Juvenil de la misma universidad.

viernes, 18 de abril de 2014

CÓMO HABLAR CON SU HIJO O HIJA ACERCA DE “SU TDAH”


Para los padres de un niño/a con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es importantísimo buscar y ampliar sus conocimientos sobre el TDAH desde la perspectiva más amplia y científica posible, con la única finalidad de encontrarse en las condiciones más favorables para poder ayudarles tanto en la escuela como en el hogar  y, a la vez, de ayudarse a sí mismos como padres y pareja.



De la misma manera en la que no serán padres exitosos en el afrontamiento de los desafíos que el  TDAH propone sin esos conocimientos, tampoco lo será su hijo.  Para evitarlo, tiene que recibir respuestas breves y concisas pero realmente eficientes sobre preguntas tales como:
  • ¿Qué me pasa?
  • ¿Por qué no puedo comportarme igual que mis compañeros?
  • ¿Por qué están todo el tiempo corrigiéndome?
  • ¿Cómo puedo mejorar?
  • ¿Por qué me llevan a ver tantos profesionales?
  • ¿Por qué debo tomar esta medicación?
  • ¿Cómo puede ayudarme una pastilla?
  • ¿Qué debo hacer yo por mi mismo?
  • ¿Siempre voy a tener problemas?
  • ¿Cuándo seré como los demás?

E incluso, respuestas a preguntas más conflictivas:
  • ¿Por qué debo estar en tratamiento, si tú dices que eras igual que yo cuando eras pequeño, e incluso ahora tienes los mismos problemas y no haces ningún tratamiento?

Todo niño/a con TDAH se enfrenta continuamente a dificultades que cuestionan su autoestima y la confianza en sí mismos.  Y, por todo esto, los padres tienen que ser la primera línea de defensa: aportando todo su apoyo, comprensión y ayudando a desarrollar tácticas y estrategias de afrontamiento cada vez más eficaces.

Nunca deben vacilar en “llamar a las cosas por su nombre”, como no se buscan “eufemismos” para explicarle a su hijo que tiene anginas o diabetes.  Por ejemplo, si tuviera diabetes no dudarían en explicarle que en el cuerpo existe un órgano llamado páncreas y que éste tiene una dificultad “x” para proveerlo de la cantidad suficiente de insulina, etc.
Así es que si su hijo/a tiene TDAH, se le debe decir que tiene TDAH, así de simple,  porque “ese es el nombre con el que se estudian y conocen estos problemas que tiene”.
Acto seguido, enumerar descriptiva y brevemente estas dificultades, teniendo en cuenta la edad del niño, ya que, si es muy pequeño, es preferible prescindir de las siglas y decirle: “tienes problemas para prestar atención y/o para conseguir que tu cuerpo se quede quieto mucho tiempo, etc.

Se le explicará que hay una parte de su cabecita (cerebro) que necesita recibir ayuda, la cual puede venir por medios externos y/o también a través de otras partes de su propia cabecita que están en muy buenas condiciones para ayudarle: “puedes hablarte a ti mismo para darte instrucciones”, y los diferentes profesionales pueden enseñarte también (porque en todo proceso de entrenamiento cognitivo en niños con TDAH se utilizan técnicas de “pensar en voz alta” para posibilitar la producción de lenguaje interno que medie en la conducta).
Muchas personas por miedo a etiquetar a su hijo vacilan en decirle abiertamente que tiene TDAH, por la creencia de que se instalará definitivamente en su mente esa idea. Sin embargo esas mismas personas no logran contenerse cuando se enojan, y a veces lo califican de “vago” por su falta de motivación, de “mal intencionado” cuando olvida una tarea cotidiana, de “torpe” cuando comete un error por descuido en sus tareas escolares, de “malo” y/o “gamberro” porque impulsivamente se llevó por delante a alguien, etc. Se sabe que al poco rato, estos adultos se arrepienten y se sienten muy mal por estos “calificativos” y hasta se disculpan, pero “no todo lo que se escribe se logra borrar con el codo”.

El nombre de un trastorno o las explicaciones sobre su origen neurobiológico

Un ejemplo de explicación sobre el origen neurobiológico del TDAH podría ser:
 “Es como si en tu cabeza estuviera el volante de un coche que es muy sensible, por lo que se mueve con facilidad y hace que te muevas de un lado a otro y que prestes atención a cosas diferentes”. Sin embargo, no debe impedir jamás que se le exija que tome una posición activa frente a su problema: “Si te esfuerzas, si buscas hacer cosas atractivas, y pones un poquito más de atención, controlarás mejor el volante”.  Y este, es el único camino para encontrar soluciones ya que el proveerle de información le permitirá dialogar con los demás y consigo mismo de manera más apropiada.

Por todo ello, los padres deben comprender que el niño/a ya sabe que algo no está funcionando bien.  Los problemas de autoestima de los niños con TDAH son, en la mayoría de los casos, el resultado de percibir que los padres, los docentes y compañeros se comportan de manera diferente con él y que él mismo no puede comportarse igual que los demás.
Sin embargo, un problema que muchos niños pequeños con TDAH presentan es que no pueden identificar claramente los problemas, saben que “algo no está funcionando” pero tardan en poder describir qué es lo que no funciona bien y en qué grado esto depende de sí mismos o de los demás.


Si se les explican las cosas apropiadamente estarán en condiciones de comprender mejor porqué es tratado de forma diferente, y podrá relacionarse de manera más apropiada. De esta manera, no tendrá que pensar que es “vago, malo, gamberro o torpe”.

Todo ello, en definitiva,  también les capacitará para conocer sus lados fuertes y débiles o, más bien, sus necesidades como parte esencial a la hora de construir el éxito que implica superar cualquier dificultad y alcanzar los objetivos que uno se propone.

FUENTE:
José Javier González Lajas

jueves, 9 de junio de 2011

LOS HERMANOS DE NIÑOS CON TDAH

Los hijos siempre desean sentirse únicos y especiales para sus padres. La rivalidad entre hermanos es un hecho natural en cualquier familia, pero se acentúa en aquellas con un niño con TDAH. El niño con TDAH absorbe mucha más atención de sus padres. En estos casos, los padres tienden a sobreprotegerle, descuidando al resto de sus hijos e imponiéndoles a éstos unas obligaciones o cuidados especiales para con su hermano. La mayoría de las veces, los hermanos notan esta diferencia de trato, lo que puede generar en ellos un gran resentimiento. Es más, explicaciones repetitivas, tales como: “tu hermano tiene problemas” ya no convencen lo suficiente como para aliviar  tal rivalidad. Ellos no consideran que el hermano con TDAH sea realmente diferente, sienten que éste recibe un tratamiento especial y también quieren recibirlo. 
El tratamiento para un niño con TDAH, no debe ser individual, porque siempre debe tenerse en cuenta el contexto familiar, considerando a cada uno de los hijos y en donde cada miembro tiene que estar involucrado. 
Sugerencias que pueden prevenir significativamente estas situaciones:
Todos los niños necesitan afecto
Cada uno merece un trato diferente. Ayúdenles a entender que ustedes les tratan de manera diferente y que ellos tienen diferentes privilegios y responsabilidades porque son individuos diferentes.
Eviten calificar o comparar un hijo con el otro. Esto fomenta la competitividad. Obsérvense cómo tratan a cada hijo, para ver si ustedes están contribuyendo a la rivalidad.
Haga que cada hijo se sienta especial e importante. Intente pasar tiempo, aunque sea breve, con cada uno de sus hijos todos los días. Busque la forma de compensar a los hijos sin TDAH y dedique un tiempo de atención individualizado para estar con ellos también; trate de hacer algo que a ellos les guste y que no harían si estuviera su hermano,  Sin embargo, evite comentarios como: ”ya que tu hermano no está, hoy nos podemos divertir”.
Se ha de prestar especial atención a los hermanos “hiper - responsables”, que se preocupan excesivamente del hermano con TDAH, que le enseñan, ayudan, protegen y miman constantemente.  Esto no es bueno para el niño con TDAH, al no tener la oportunidad de desarrollar la autonomía suficientemente para ponerse a prueba a sí mismo, al verse permanentemente protegido. Por otra parte, esta labor, de “educador-cuidador” del hermano, en cierto modo, acentúa el papel de hijo perfecto, (lo que aumenta la diferencia entre ellos),  pero a su vez, le esclaviza y  le obliga a dejar sus emociones de niño a un lado, al comportarse siempre como un pequeño adulto.
Reconozca las habilidades de sus hijos sin TDAH
El niño sin TDAH también necesita de motivación y apoyo. Si se porta bien o saca buenas notas en el colegio, usted puede estimularle con elogios o premios.
Si determinan un sistema de recompensas con el niño con TDAH, traten de extender el programa a los otros hermanos y que reciban las mismas recompensas por el trabajo bien realizado. Aunque  pueden no necesitarlo, sí que causará mejorías en sus conductas.
Motive al niño con TDAH y a sus hermanos a resolver las diferencias entre ellos
Eviten la comparación y la competitividad entre los hermanos y refuércenles positivamente cuando se lleven bien o cuando resuelvan sus propios conflictos.
Si se están peleando por un juguete, usted debe enseñarles a ambos que pelear está mal y que el motivo es secundario. Quíteles el juguete y adviértales que no se les devolverá hasta que se reconcilien.
No tenga en cuenta las conductas impropias de sus edades y evite la intromisión frecuente en sus discusiones, siempre que no haya agresión ni exista peligro.
Eduque a sus hijos en el control de sus emociones: que aprendan a soportar pequeñas frustraciones, se alegren del éxito de los demás y acepten sus incapacidades y dificultades con optimismo.
Sea justo
El niño con TDAH debe aprender que portarse mal tiene sus consecuencias y que los demás tienen derecho a enfadarse. Aunque no es sencillo, no se debe pedir que sean los hermanos los que siempre se adapten al niño con TDAH. No justifique los comportamientos negativos del niño con TDAH, diciendo a sus hermanos que “él es así”. Esto generará en ellos celos y resentimiento; además hará que el niño con TDAH crea que todo el mundo está obligado a aguantarle.
Igualmente, no deben esperar que los hermanos sin TDAH sean siempre comprensivos con su hermano. 
Todos los hijos quieren tener una identidad diferente y buscan llamar la atención de sus padres.  Traten de apuntarles a actividades de ocio diferentes.  Mejor que uno sea “el músico” y el otro el “deportista”, a que uno sea el “desastre y vago” y otro “el bueno y trabajador”.
Implicación de toda la familia
Establezca normas claras y concretas en casa para todos.
Habitúenles a compartir las responsabilidades diarias entre todos los hermanos: en las tareas de la casa, recados, etc. y propicien actividades en las que todos colaboren.
Realicen reuniones familiares para conversar sobre estas situaciones (recompensas, refuerzos, consecuencias, etc.) y sobre el funcionamiento  de la familia como responsabilidad de todos, de manera que la intervención pase a formar parte de una rutina familiar, en vez de ser vista como un tratamiento exclusivo para el hermano con TDAH.
De igual forma, “hagan en familia” juegos en común, excursiones, viajes, tertulias. Eviten juegos y competencias en los que uno de los hijos “gana” y los otros “pierden”; más bien, enfaticen actividades en las que TODOS GANAN si cooperan unos con otros.
Fomenten un clima familiar en el que predomine el cariño y la confianza. Compartan con los hijos todos los acontecimientos, haciéndoles partícipes de proyectos comunes, ilusiones y valores de la propia familia.
Enséñenles modales concretos: Pedir por favor, dar las gracias…
Traten con afecto y atención frecuentes  a todos sus hijos, para que perciban que son queridos y estimulen la expresión sincera de sentimientos y emociones.