TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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lunes, 5 de mayo de 2014

¡¡Aghh, MI HIJO TIENE TDAH!!





16 tips para criar a un niño con TDAH y no morir en el intento

1. Sé proactivo
Demasiadas veces reaccionamos a la conducta de nuestros hijos, y no eligiendo conscientemente nuestras acciones. Actuamos de manera impulsiva, sin tener en cuenta las consecuencias y sin ningún plan de lo que estamos tratando de lograr.
Ver cualquier situación desde lo “reactivo” puede ser desesperanzador, porque te da la impresión que tu futuro y tu relación con tu niño están bajo control del niño o de otros agentes externos. Sientes que las interacciones con tu niño son impredecibles, y la relación se vuelve hostil, negativa, estresante y disfuncional. Pero no es lo que tu niño hace o hace contigo lo que genera estos problemas, es tu respuesta a eso. Asume la responsabilidad de tu propio comportamiento como padre y de las interacciones y la relación que tienes con tu hijo. Toma la iniciativa para cambiar lo que no te gusta de la forma en que actúas con tu hijo, y toma la responsabilidad de hacer que la relación que tienes con tu hijo sea como te gustaría que fuera.

2. Prepárate para el futuro
Cuando las cosas salen bien, generalmente no fue producto de la improvisación, sino de una preparación previa. Anticiparse a lo que viene permite estar preparados, he incluso tener un margen de tiempo para poder hacer cambios. (Por ejemplo, el que los niños corran por la sala de espera y no se comporten porque están aburridos se podría haber evitado llevando juguetes o cosas que les interesen y puedan hacer mientras esperan, en vez de tratar de improvisar en el minuto algo para calmarlos)

3. Reacomoda el ambiente
Cambiar algunos factores ambientales o rutinas cotidianas puede ayudar a que los niños se comporten mejor. Por ejemplo, los niños se comportan mejor en la mesa si la tv está apagada y se proponen temas de conversación donde los niños puedan participar y sean interesantes para ellos.

4. Usa un lenguaje simple, claro y agradable
Siempre que te dirijas a tu hijo, acuérdese de usar un lenguaje simple que lo ayude a entender totalmente lo que tú le quisiste decir. Especialmente con los niños con TDAH, es necesario usar un lenguaje muy simple y directo. Ojo con los gritos, tú eres un modelo a imitar.

5. Comienza con el fin en mente
Cuando te enfrentes a un problema, trata de imaginar cómo te gustaría que se resolviera. Puedes aplicar este principio a problemas pequeños, como por ejemplo, imaginar cómo te gustaría que terminara el tiempo que dedicas a hacer tareas escolares con tu niño, y también a problemas más complejos, como por ejemplo, cómo te gustaría que tu hijo llegara a cuarto medio.
Empezar con el fin en mente te ayuda a enfocarte mejor en lo importante, y en lo que debes hacer para que las situaciones terminen de la manera que te gustaría. No se puede tener un plan sin una meta, por lo que no sirve de nada tener o aprender estrategias para utilizar con tu niño si no sabes qué resultado quieres lograr.
Por ejemplo, si tienes que ayudar a tu niño a con un trabajo para el colegio, antes de empezar, visualiza como quieres que termine ese rato. Probablemente, quieres que el trabajo quede bien hecho, pero también que ambos pasen un rato agradable mientras trabajan y que al final de la tarea la relación entre ustedes siga intacta, o quizás incluso se rían y resulte ser una experiencia enriquecedora. Visualiza en tu mente esas imágenes. Te vas a dar cuenta como estas imágenes van a ir guiando en tus decisiones y reacciones frente a las conductas de tu hijo. Teniendo el fin en mente, vas eligiendo actuar para mantener la interacción positiva y optimista, guiando y enseñando a tu niño pero con humor. Y probablemente así va a terminar, si activamente haces cosas para que suceda. Tu relación con su hijo y la manera en que las interacciones más pequeñas resultan ya sea por diseño o por defecto son totalmente tuyas. Antes de actuar, visualiza el final en tu mente y aclara el objetivo, los pasos hacia tu meta surgirán de este proceso.

6. Explícale al niño qué es una conducta apropiada
Muchas veces los niños cometen errores porque no han entendido lo que los padres les dicen o les piden. Explícales que es lo que esperas de ellos, con palabras simple e instrucciones concretas, ó muéstrales qué es una conducta apropiada. Por ejemplo: Juan, quiero que te sientes en esta silla de esta manera, como me estoy sentando yo, y me esperes acá hasta que yo vuelva”

7. Usa incentivos antes de castigos
Es común que los padres recurran a los castigos cuando un niño se comporta mal o desobedece. Esto puede estar bien para un niño sin TDAH, que se comporta mal sólo de vez en cuando y así recibe una pequeña cantidad de castigo, pero no está bien para un niño con TDAH, ya que es probable que se porten mal con mucha más frecuencia y podrían recibir una gran cantidad de consecuencias negativas. Cuando se utiliza sólo el castigo, y simultáneamente no hay recompensas y comentarios positivos, no es efectivo para cambiar el comportamiento, y se genera un clima hostil con el niño. Incluso a veces puede conducir a esfuerzos de contra control por parte del niño: tu hijo trata de encontrar la manera de devolver el golpe y se comporta aún peor. La regla de los incentivos antes de los castigos es simple: Cuando quieras cambiar una conducta indeseable, primero debes decidir qué comportamiento positivo quieres que lo reemplace. Cuando el niño muestre ese comportamiento positivo, preocúpate de recompensarlo y elogiar a tu niño por cómo se está comportando. Solamente después que hayas reforzado este buen comportamiento por al menos una semana, puedes empezar a castigar el comportamiento opuesto no deseado.
Castiga selectivamente, sólo cuando ese comportamiento aparezca, no lo castigues por todo lo demás que hace mal. Intenta usar sólo castigos leves, como por ejemplo perder un privilegio especial, o un breve tiempo fuera, y asegúrate de mantener un equilibrio entre los castigos y las recompensas. Ten en mente la regla de 3x1: puedes aplicar un castigo por cada 3 veces que hayas recompensado a tu niño en otras conductas positivas.
Felicitar a los niños cuando hacen algo bien les da pistas para saber qué es lo que se espera de ellos. Si la conducta del niño esté lejos de ser satisfactoria en ese momento, los puedes elogiar por el esfuerzo que realizaron (aunque no hayan logrado el resultado). Esto les va a indicar que van por el camino correcto y los va a animar a no darse por vencidos en el intento por comportarse mejor.
Por ejemplo, tu niño con frecuencia interrumpe, se entromete, y suelta comentarios en la mesa del comedor. Hablas con el niño antes de la hora de la comida familiar sobre lo que te gustaría que él hiciera más en la mesa: tratar de no hablar mucho, esperar hasta que los demás hayan terminado antes de hablar, y hablar sólo después de tragar los alimentos. A continuación le explicas que puede ganar puntos por seguir estas reglas. A lo largo de la comida, vas marcando puntos en una pequeña tarjeta cada vez que tu niño cumple con las reglas (o hace un esfuerzo por cumplirlas) y te aseguras de que el niño ve que esto ocurre, al mismo tiempo que le das una señal no verbal de aprobación, que le permita saber al niño que tu aprecias el esfuerzo que está realizando por cumplir las reglas. Cada vez que el niño viola una regla, ignoras ese comportamiento. Luego de una semana, puedes ir restando puntos cada vez que el niño no respeta una de las reglas. Recuerda la regla de 3 recompensas por cada castigo.

8. Usa el reloj como tu aliado
Los niños con TDAH tienen retrasos en su desarrollo de un sentido interno del tiempo y del futuro. Debido a que no tienen el mismo sentido del tiempo que los demás niños, tienen dificultades para responder a las demandas que implican tener en mente el futuro, y por eso, ellos necesitan apoyo externo para el periodo permitido para hacer una tarea asignada. Por ejemplo, si le indicas a tu niño que tiene 20 minutos para ordenar su cuarto, puedes poner un cronómetro o reloj de cocina en un lugar visible para el niño, o cualquier medio externo donde el niño pueda mirar concretamente cuanto tiempo tiene y cuanto le queda para completar la tarea. Para las tareas que implican tiempos más largos (trabajos del colegio, tareas que tengan varios pasos), es necesario que reduzcas el tiempo, fraccionando la tarea en pasos más pequeños (incluso en distintos días si es muy largo, como un proyecto escolar), y dar tiempo para cada paso. Sin estos métodos, el niño probablemente dejará el trabajo que debe hacer para último minuto, lo que hace que sea imposible que haga un buen trabajo.

9. Usa listas para guiar a tu hijo
Ya que en los niños con TDAH, su capacidad de tener en cuenta toda la información necesaria para completar una tarea se ve afectada, resulta muy útil colocar la información importante de forma física en el lugar en que se debe hacer la tarea. Por ejemplo, si tu hijo hace sus tareas en un lugar específico, puedes poner en ese lugar tarjetas con las instrucciones para hacer la tarea, como “Haz todos los ejercicios, sin saltarte ninguno”, “Lee las instrucciones con atención, haz toda la tarea. Cuando hayas terminado vuelve a revisar que todas las respuestas estén completas y bien hechas”, “Pide ayuda si no sabes hacer algún ejercicio”. Estos recordatorios deben estar diseñados para solucionar los problemas que cada niño tiene mientras trabaja. Si tu hijo suele tener problemas cuando un amigo va a jugar a la casa, antes de que el amigo llegue, tómate un minuto con tu niño para revisar las reglas sociales que necesita seguir, como “Comparte tus juguetes”, “Hay que turnarse en los juegos”, “Juega a algo que los dos quieran hacer”. Incluso puedes escribirlas en una tarjeta y revisarlas con tu hijo en privado un par de veces, mientras el amigo está en la casa. Mientras más presentes la información importante de manera externa, es más probable que tu hijo recuerde la información y la use para guiar su comportamiento.

10. Usa incentivos para motivar
Los niños con TDAH tienen problemas para internalizar no sólo el tiempo y las reglas, sino también la motivación. No son capaces de reunir motivación interna suficiente para continuar una tarea aburrida, tediosa o larga (también porque no visualizan las recompensas a futuro). Pero este déficit de motivación interna se puede superar al dar al niño motivación externa que lo impulse a trabajar, como un incentivo, una recompensa o reforzando su buena conducta. Puedes entregar algo que el niño desee luego que haya realizado la tarea (tener un privilegio especial, tiempo de TV extra) o algunas fichas o puntos que luego pueda canjear por algún privilegio (en la página web puedes aprender como diseñar un sistema de recompensas en casa).

11. Hazlo visual
Los niños con TDAH tienen dificultades para “jugar” con la información mental cuando tienen que parar y pensar sobre una situación o problema. Responden impulsivamente, sin poner suficiente atención a sus opciones. Por eso, es muy útil para ellos encontrar maneras de representar más físicamente un problema y las alternativas de solución. Por ejemplo, si tu niño tiene que escribir una redacción para el colegio y parece no estar respondiendo bien a esta tarea, por ejemplo puede hacer tarjetas en que escriba todo lo que se le viene a la mente durante un periodo de tiempo. De esta manera cada idea queda “capturada” en vez de perderse, y entonces el niño puede jugar con las ideas de una forma física en vez de mentalmente. Lo mismo puede ser usando tarjetas ó dibujos pequeños y símbolos, donde cada uno represente una idea que tenga que recordarse para resolver el problema.

12. Menos “bla, bla” y más acción!
A tu hijo no le falta inteligencia ni habilidad, por lo que simplemente hablar con tu niño para que se comporte mejor, no va a cambiar el problema neurológico a la base que hace que sea tan desinhibido. Tu hijo es mucho más sensible a los refuerzos y las consecuencias que utilizas, y mucho menos sensible a los sermones, que un niño sin TDAH. Así que actuar con rapidez y frecuencia va a ser mucho más efectivo para que tu hijo se comporte mejor. Sigue hablando, y lo único que conseguirás es empeorar su mala conducta.

13. Pon primero lo primero
¿Qué es lo importante en tu relación con tu hijo? ¿Qué es lo que más te importa en tu rol de ser padre? ¿Cuáles son las dificultades y responsabilidades en las que tu niño necesita tu ayuda para superarlas? Algo fundamental para los padres de niños con TDAH es aprender a distinguir las batallas de las guerras, o sea, diferenciar las cosas triviales y sin importancia que deben hacer con sus hijos (por ejemplo, hacer la cama antes de ir al colegio), de las cosas importantes que hay que cumplir (por ejemplo, prepararse para ir al colegio y salir de la casa en un ambiente tranquilo y cariñoso). Demasiadas veces los padres de estos niños quedan atrapados luchando por cosas triviales. Los niños con TDAH pueden hacer tantas cosas mal, que sus padres podrían estar haciéndoles frente gran parte del día, quedando muy poco tiempo (y ganas) para las cosas realmente importantes.
Los padres de niños con TDAH deben desarrollar un sentido de prioridades. Aprende a distinguir entre las cuatro categorías de trabajo y responsabilidades con tu hijo:
a) Urgente e importante
b) Urgente y no importante
c) Importante pero no urgente
d) No es importante y no urgente.
Probablemente tratas de cumplir todas las tareas de la categoría a), y dedicas muy poco tiempo a las de la categoría d). Lo difícil es distinguir entre b) y c). En el caos cotidiano, a menudo cumplir con las actividades diarias de tu niño (colegio, deportes, actividades extra programáticas) toma prioridad sobre las cosas que son importantes, pero no urgentes. Por ejemplo, puedes llegar con tu hijo a clases de fútbol a tiempo, pero afectando tu relación con él en el proceso.
El domingo, o al comenzar la semana, especialmente si tienes muchas cosas por delante, selecciona de esas cosas cuáles son importantes para ti y para tu hijo, y anótalas en tu agenda, para que no te dejes llevar por la avalancha de tareas de esa semana (devolver llamadas, tareas domésticas, preparar la comida a la hora, acostar a los niños) que parecen urgentes pero son relativamente triviales.

14. Yo gano/Tú ganas
Al menos durante toda la etapa escolar y adolescencia de tu hijo, vas a tener que pedirle que haga sus tareas y trabajos escolares, que cumpla con compromisos sociales, y que se atenga a las reglas de la casa. Cada una de estas cosas supone una negociación. Cuando te enfrentes a cualquiera de ellas, maneja la situación de manera que en la medida de lo posible, ambas partes (tu y tu niño) consigan lo que quieren. No te enfoques solamente en lo que quieres que el niño haga, trata de entender cuán difícil puede ser para el hacer lo que le estás pidiendo. Comienza con el fin en mente, y pregúntate cómo quieres que te vea tu hijo: como un tirano o un negociador respetuoso?
Piensa en alguna obligación que tenga tu hijo (hacer sus tareas, ordenar su cuarto) que sea un punto de conflicto. Ahora piensa en qué puede hacer de esa tarea una situación ganadora para tu hijo, no solo para ti. ¿Disfrutar viendo una película, un tiempo extra de videojuegos, jugar un juego contigo? Elije cualquier recompensa que creas que sea atractiva, y hazla parte del contrato verbal cuando le pidas que complete esa tarea (“Si ordenas tu habitación antes del almuerzo, podemos jugar el juego que tu elijas en la tarde”).

15. Lucha por la consistencia
Para tener resultados exitosos, es muy importante que seas consistente, o sea, que uses las mismas estrategias para manejar el comportamiento de su hijo en todo momento.
Ser consistentes significa cuatro cosas importantes:
1) Ser coherente a lo largo del tiempo,
2) No abandonar demasiado pronto, cuando estés empezando un cambio,
3) Responder de la misma manera,
4) Asegurarse de que ambos padres están usando los mismos métodos.
Ser impredecible o inestable en tu exigencia de cumplimiento de las normas es una invitación al fracaso, así como también lo es perder la esperanza cuando el nuevo método no produce resultados espectaculares e inmediatos. Otro error típico es responder a los comportamientos del niño de una manera en casa, y de otra manera totalmente distinta en los lugares públicos. Prueba con una técnica de cambio de comportamiento durante al menos dos semanas antes de decidir que no está funcionando. Por último, traten de mantener un frente unido como padres, aun cuando tengan diferencias en los estilos de crianza de los hijos.

16. Mantén la perspectiva
A veces, cuando se enfrentan a una situación difícil de manejar con su niño con TDAH, los padres pueden perder toda perspectiva sobre el problema inmediato. Se enojan, avergüenzan, y se frustran cuando sus intentos de control no funcionan, e incluso pueden bajar al nivel del niño y discuten con él como otro niño más. Tienes que recordar en todo momento que tú eres el adulto, y que lo que tu niño hace no es algo personal en contra tí, sino una manifestación de las dificultades que le traen el TDAH. Una manera de mantener la calma en circunstancias difíciles es tratar de mantener cierta distancia psicológica de los problemas de su hijo. Imagina que eres un desconocido, para que puedas ver la situación en perspectiva, y puedas reaccionar de manera más razonable y justa. Esto es difícil, por lo que puede que tenga que acordarse de la discapacidad de su hijo cada día (tal vez incluso varias veces al día), y especialmente cuando estés tratando de hacer frente a conductas disruptivas.
No permitas que tú propia autoestima y dignidad personal se ponga en juego, si “ganas” o no una discusión o encuentro con tu hijo. Nadie está llevando la cuenta. Mantén la calma y el sentido del humor si es posible, y trata por todos los medios de seguir los otros principios mencionados anteriormente, cuando interacciones con tu hijo. Si te alteras, aléjate de la situación por un momento y ve a un lugar diferente para recuperar el control sobre tus sentimientos. No concluyas que eres un mal padre cuando la situación va mal o no salen como quieres. Los niños con TDAH tienen la capacidad para sacar lo peor en los padres, lo que hace que los padres se sientan terriblemente culpables por sus propios errores. Al final del día, perdona tus propios errores, y los de tu niño. No tiene sentido acumular resentimientos. Mejor reflexiona sobre por qué no salió tan bien y qué podrías hacer para mejorar eso, e intenta hacerlo mejor la próxima vez. Así podrás empezar un día fresco al día siguiente.
Con demasiada frecuencia, los padres de niños con TDAH dedican tanto tiempo y energía exclusivamente a sus hijos que se agotan. Esta actitud puede parecer heroica y altruista, pero en realidad no tiene sentido y es destructivo a largo plazo.
Si te das cuenta que no estás usando muchos de estos hábitos efectivos, no eres el único, ni eres un mal padre o una persona horrible. Todos pueden estar cansados, estresados, enojados, y esto interfiere con su capacidad para mantener estos principios en mente y actuar en consecuencia. Criar no es fácil y demanda esfuerzo y trabajo constante. Puede ser frustrante intentar nuevas estrategias y que no funcionen a la primera, lo más importante es el esfuerzo que hacen por mejorar y perseverar en ello.
FUENTE:
Autora: Fernanda Prieto es psicóloga Infanto Juvenil de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con un diplomado en Psicodiagnóstico Clínico Infanto Juvenil de la misma universidad.

martes, 1 de octubre de 2013

INTERVENCIÓN PSICOPEDAGÓGICA EN EL TDAH. PARTE II


Luis Abad-Mas, Rosalía Ruiz-Andrés, Francisca Moreno-Madrid, Raquel Herrero, Enrique Suay

INTERVENCIÓN SOBRE LOS PROBLEMAS EMOCIONALES DE NIÑOS CON TDAH

Como mencionábamos en la primera parte del artículo, el National Institute of Mental Health recomienda el tratamiento combinado (farmacológico y psicosocial o psicopedagógico) como el tratamiento más eficaz en la evolución de los niños con TDAH; sin embargo, según algunos estudios, ningún tratamiento consigue normalizar las relaciones sociales de los niños con TDAH con sus iguales.

Existen programas de entrenamiento en solución de problemas, entrenamiento en habilidades de conversación, entrenamiento sobre el control de la ira y las emociones en general, dirigidos a minimizar la agresividad, a mejorar la autoestima y los problemas sociales, así como otros síntomas comórbidos al TDAH, como la ansiedad y la depresión.



La dificultad más importante que encontramos a nivel terapéutico es la generalización de estos aprendizajes y su aplicación a la vida real; por lo tanto, el tratamiento debe basarse en las necesidades individuales del niño en los distintos contextos. Es importante, por tanto, recoger información propia del niño (evaluación neuropsicológica), del contexto familiar y escolar con la finalidad de ajustar el programa de intervención a esas características personales del niño con TDAH.

El programa que hay que implementar con los niños con TDAH con problemas socioemocionales asociados debe constar, como mínimo, de las siguientes estrategias de intervención:
  • Programa de modificación de conducta.
  • Programa de habilidades sociales e inteligencia emocional.
  • Entrenamiento en conversaciones.
  • Entrenamiento atribucional.
  • Autocontrol, control de la ira y relajación.
  • Desarrollo de la autopercepción.
  • Resolución de problemas.
  • Estrategias de afrontamiento.
Estas estrategias de intervención, si se combinan con otros programas, como el entrenamiento en funciones ejecutivas o adaptaciones curriculares (si fueran necesarias) que mejoren las habilidades cognitivas y académicas de los niños, influirán positivamente sobre su autoestima y su motivación.
INTERVENCIÓN CONDUCTUAL SOBRE EL CONTEXTO FAMILIAR

La sintomatología de TDAH se debe al deterioro o mal funcionamiento de las funciones ejecutivas; estos procesos cognitivos son los que organizan y expresan la conducta y sus relaciones con el medio, tanto externo como interno. Estas funciones están ubicadas en el lóbulo frontal, especialmente en las regiones dorsal lateral, medial y orbital del córtex prefrontal.

Los modelos cognitivos del TDAH sitúan el núcleo de las alteraciones características de este trastorno en el funcionamiento alterado de las funciones ejecutivas. Éstas son procesos cognitivos que coordinan, integran, supervisan, regulan y planifican las funciones cognitivas y la conducta. Potenciando su desarrollo se permite un mejor uso de la reflexión y de los recursos cognitivos sociales y emocionales, de forma que sean más eficaces en la realización de las tareas, en el autocontrol del comportamiento, en la adaptación a los cambios y, en definitiva, en la planificación de las acciones adecuadas para llevar a cabo una conducta eficaz y creativa con el fin de conseguir objetivos y metas socialmente aceptadas.





Los tratamientos más estudiados son:
  • la intervención farmacológica 
  • las intervenciones basadas en la modificación de conducta 
  • el entrenamiento a padres y profesores en el manejo y control del comportamiento. 
Las investigaciones demuestran, de forma prácticamente unánime, que los programas combinados son los que se muestran más eficaces. Han ido apareciendo otros tratamientos, denominados alternativos, que cuentan con diferente grado de apoyo empírico, como el neurofeedback o el mindfulness. Finalmente, hay tratamientos, como las dosis elevadas de vitaminas, restricciones en la dieta, homeopáticos, de optometría, la estimulación musical auditiva o la terapia de juego, que no cuentan con la suficiente eficacia empírica que los avale.


Los tratamientos para el TDAH que cumplen los criterios de eficacia bien establecida y con apoyo empírico son el farmacológico, la modificación de conducta y la combinación de ambos.

Modificación de conducta
Por conducta entendemos toda acción que realiza una persona como consecuencia de su interacción con el entorno. El cerebro es el que genera nuestras conductas y, gracias a su plasticidad, podemos modificarlo con las experiencias. Por lo tanto, la conducta humana puede cambiar y la condición necesaria para conseguirlo es ser persistentes, congruentes y consecuentes.

Los programas de modificación de conducta permiten tanto la adquisición/incremento de conductas adaptativas, como la extinción/disminución de conductas negativas, moldeando dichas conductas mediante la manipulación de los estímulos, las consecuencias y el entorno. El planteamiento básico es que la conducta se aprende y mantiene como resultado de sus consecuencias. Alterando las consecuencias, podremos cambiar las conductas.

El entrenamiento a padres en habilidades para el manejo y control de la conducta de sus hijos es útil para la convivencia diaria, ya que, con frecuencia, las relaciones familiares se encuentran muy dañadas y en ellas a menudo se instauran patrones de interacción coercitivos, en los que las continuas conductas negativas de los niños se refuerzan por los propios padres cuando acaban transigiendo ante éstos por diversos motivos, ya sea por incongruencia o falta de perseverancia, por dejarse llevar por su propio estado de ánimo, o simplemente por el estrés que les genera un enfrentamiento más con el niño.
Estos programas están diseñados para mejorar el estilo parental y la interacción padre-hijo, e incrementar la coherencia y consistencia del proceso de socialización del niño dentro del hogar. Se centran en la modificación de la conducta del hijo y en el incremento de la comunicación y mejora de la relación padres-hijos. Se enseña a los padres a establecer reglas, dar normas claras, negociar acuerdos y reducir o eliminar las reprimendas verbales; también aprenden a utilizar el refuerzo positivo para incrementar las conductas más adaptadas.

Se sabe que los trastornos del comportamiento disruptivo tienden a la cronicidad, que los tratamientos breves no funcionan, y que no existen "soluciones fáciles y rápidas". La mayoría de las veces presentan múltiples áreas de su funcionamiento alteradas y comorbilidades, por lo que se requiere un tratamiento multidisciplinar de al menos varios meses de duración. La intervención precoz aumenta la probabilidad de éxito. El tratamiento debe ser individualizado para cada paciente y cada familia, y es indispensable comenzar con objetivos realistas y a corto plazo, para ir avanzando progresivamente.

Es importante resaltar que el trastorno no se debe a las capacidades educativas de los padres, pero, si estas capacidades son escasas o se aplican de forma inconsistente e incoherente, los síntomas y conductas alteradas se mostrarán con mayor frecuencia e intensidad. En todo caso, hay que evitar que los padres se sientan culpables, y propiciar su motivación para que aprendan y apliquen las técnicas del programa.

Uno de los programas de entrenamiento a padres empleados habitualmente es el desarrollado por Barkley en 1987. El planteamiento de este programa se centra en cuatro puntos clave:
  • Aprender y ejercer un adecuado manejo y control conductual a partir de las consecuencias.
  • Insistir en el uso de las consecuencias reforzantes, evitando el uso intensivo e indiscriminado del castigo.
  • Aprendizaje de los padres de las habilidades necesarias para la adecuada administración de recompensas, dar órdenes eficaces, anticipar posibles situaciones conflictivas y planificar la manera más eficaz de afrontarlas.
  • Adaptar el programa a las características de los padres, de los niños y de los problemas infantiles que se produzcan.


PRINCIPIOS PARA MEJORAR EL COMPORTAMIENTO

Proporcionar consecuencias inmediatas al buen o mal comportamiento
Cada vez que se repiten cuatro o cinco veces los mandatos antes de emprender una acción contra la desobediencia del niño, él está ganando terreno, aunque sólo sea temporalmente. Para él no es importante si a la larga tendrá que acabar haciendo lo que se le manda, él piensa que sus evasivas o su resistencia funcionan, aunque sólo sea temporalmente, ganando cada vez más tiempo. De la misma forma, si antes de recibir la aprobación tiene que repetir muchas veces una conducta positiva, la próxima vez no malgastará sus energías.

Proporcionar consecuencias específicas
  • Los niños aprenden a comportarse a partir de la información que reciben: "¿cómo puedes ser tan malo?" (con este tipo de reacciones sólo se consigue confundirle y desanimarle) o "me vas a matar a disgustos" (el niño no va a obedecer o cooperar más por oírlo y hace que ambos perciban la situación peor de lo que realmente es). 
  • Las consecuencias que se impongan al mal comportamiento deben ser proporcionales a la gravedad de éste.
  • No hay que responder a las transgresiones como una acumulación de acontecimientos, sino como hechos aislados unos de otros y, por supuesto, no dejarse llevar por el propio estado de ánimo.
  • Si se reacciona de forma exagerada a una mala contestación porque durante toda la semana ha estado haciendo lo mismo, no se estará enseñando al niño que a cada tipo de conducta le corresponden determinadas consecuencias. Sin esta información, el niño no puede construir un patrón previsible de acción y reacción en el que basarse.
Proporcionar respuestas consistentes
  • Las pautas de educación imprevisibles crean inseguridad en cualquier niño.
  • Un estilo educativo indiscriminado puede provenir tanto de la aplicación intermitente de disciplina, como de las inconsistencias entre los estilos de ambos padres o de la variabilidad de las reglas en diferentes momentos o situaciones.
  • Los niños con problemas de conducta reciben continuamente la desaprobación de los que le rodean, de modo que un paso previo para mejorar su conducta será prestar atención a lo positivo, no sólo a lo negativo.
  • Los niños que no reciben aprobación por sus esfuerzos positivos (por muy pequeños que éstos sean) se desaniman y los abandonan rápidamente.
Aplicar programas con incentivos antes de recurrir al castigo
  • No hay que utilizar ningún tipo de castigo hasta que se haya establecido un programa específico para premiar las conductas específicas que deben reemplazar a las negativas.
  • Está demostrado que el castigo de conductas negativas pierde toda su fuerza si no va acompañado de incentivos para las conductas positivas.
Anticipar y hacer un plan para contrarrestar la mala conducta
  • La planificación es especialmente importante cuando el mal comportamiento puede incomodar a más gente, por ejemplo, en lugares públicos.
  • Se trata de elaborar un plan en el que primero se utilicen los incentivos, y sólo después los castigos, para establecer las condiciones para el buen comportamiento.
Pautas que se deben seguir
  • Establecer reglas de conducta de forma clara, específica y concreta, repitiéndolas tantas veces como sea necesario.
  • Hablarle con calma y respeto.
  • Señalarle la falta cometida, pero sin ofenderlo ni humillarlo; de este modo le ofrecemos un modelo de conducta aceptable.
  • Por difícil que sea, el adulto debe manejar la situación conflictiva con calma y autocontrol, excluyendo el coraje. El adulto que se dirige a un niño con coraje porque se ha portado con agresividad le está prohibiendo que actúe como él mismo lo está haciendo, lo cual resulta incongruente e ilógico.
  • Hacer todo lo posible por evitar tener confrontaciones con niños violentos. La confrontación o pelea da lugar al coraje sin límite, y se facilitan las ofensas e insultos. Además, quien pelea con estos niños se pone a su altura e incurre en el error que está tratando de erradicar.
  • Resaltar sus logros, habilidades y cualidades positivas antes que exponer sus debilidades y deficiencias.
  • Cuando criticamos, caemos en la acusación, lo cual nunca conduce a desenlaces positivos ni ayuda a solucionar el problema; sólo nos referimos a lo que está mal en lugar de ofrecer alternativas adecuadas a la situación concreta.
  • Los niños oposicionistas desafiantes sufren trastornos emocionales y cognitivos que les dificultan manejar la frustración. Las acusaciones no les ayudan a superar estos trastornos y suelen tener el efecto de reencontrar su resentimiento y de provocar explosiones emocionales. Por el contrario, si se nombran sus fortalezas y cualidades positivas, se les está ayudando a revalorizarse como personas.
En los problemas de conducta hay múltiples factores determinantes. El tratamiento tiene que combinar e integrar intervenciones dirigidas tanto al niño como a la familia: los programas de entrenamiento a padres, el entrenamiento en la resolución de problemas, las intervenciones psicopedagógicas y el tratamiento farmacológico.

Los cambios no se producen con la rapidez que todos desearían, porque las actitudes y hábitos de relación que han de cambiar suelen estar muy fijados.

Técnicas para aumentar conductas positivas
  • Economía de fichas.
  • Contrato de contingencias.
  • Reforzamiento positivo.
  • Reforzamiento negativo.
  • Principio de Premack.
Técnicas para disminuir y eliminar conductas negativas
  • Extinción.
  • Tiempo fuera.
  • Sobrecorrección.
  • Reforzamiento de conductas incompatibles.
  • Costo de respuesta.
  • Reforzamiento diferencial de tasa baja.
  • Reforzamiento diferencial de otras conductas.
  • Reforzamiento de conductas alternativas.
  • Economía de fichas.
  • Saciedad y práctica negativa.
  • Castigo.
Procedimientos para mantener conductas positivas adquiridas
  • Reforzamiento intermitente: intervalo fijo, intervalo variable, razón fija, razón variable.


ORIENTACIONES ESPECÍFICAS EN TDAH PARA PROFESORES

Cambios en la metodología de la clase
  • Cambiar la demanda en las tareas: reducir su duración (dar menos) o desglosarla (dar lo mismo, pero poco a poco, encajándolo en su pauta de atención).
  • Establecer más pausas; permitir combinar el trabajo con un mayor movimiento físico.
  • Combinar alumnos con TDAH con compañeros de trabajo que sean tranquilos y asertivos.
  • Permitir un tiempo extra con las tareas diarias y exámenes.
  • Reducir el número de tareas para casa.
  • Proporcionar instrucción multisensorial.
  • No exponerlo en clase a situaciones en las que no pueda responder académicamente y favorecer las respuestas positivas para estimular su autoestima.
  • Estimular el aprendizaje de habilidades sociales, fomentar la empatía y potenciar el autocontrol.
  • Mandarle recados con frecuencia tras una actitud correcta, lo que creará una motivación para terminar sus tareas a tiempo y generará en él un sentimiento de reconocimiento de su maestro.
  • Ofrecerle un cargo de responsabilidad que le permita el movimiento (repartir fichas, borrar la pizarra…).
  • Evitar que se produzcan períodos largos de espera sin implicación de actividades.
  • Versión de time out: parar y realizar un trabajo no es simplemente parar. Por ejemplo, ‘te vas al pupitre y tienes que hacer estas dos hojas, cuando termines vienes y las dejas en mi mesa’, y se acaba el time out.
  • Dar normas claras y sencillas, muy visuales, de modo que le recuerden con un golpe de vista lo que tiene que realizar.
  • Puntuar el trabajo realizado, no la exactitud. Mandar para casa si no se acaba no es una solución, porque el punto de rendimiento está dentro de clase, no en casa.
  • Priorizar las tareas que requieran mayor esfuerzo mental por la mañana, y las tareas menos pesadas por la tarde.
  • Enseñar pequeñas estrategias de organización/planificación o memorización.
Cambios en los patrones de comunicación
  • Utilizar pistas visuales pactadas con él de antemano para llamar su atención o para conseguir un mayor nivel de atención y concentración (buscar la mirada del alumno durante la instrucción, guiñarle un ojo cuando levante la vista de su trabajo).
  • Hacer preguntas frecuentes, ofreciendo retroalimentación inmediata de sus respuestas; repetir las cosas más veces.
  • Para prevenir la impulsividad, dotar al niño de una tarjeta de ‘pedir ayuda’ (verde/roja), después de haberlo hablado con él previamente. Cuando el niño tenga alguna duda o pregunta, en vez de interrumpir la clase, se la mostrará al profesor o la pondrá boca-arriba sobre el lado rojo, y éste acudirá en su ayuda sin molestar al resto del grupo- clase.
  • Obtener la atención del niño antes (comportamiento preatentivo) y durante la instrucción; demandar que sostenga contacto visual con el profesor.
  • Utilizar frases cortas, claras y con construcciones sencillas; evitar dar varias premisas; proporcionar un esquema previo y ofrecer situaciones estructuradas.
  • Focalizar la atención en los conceptos "clave"; presentar la idea principal al principio; preguntar frecuentemente; utilizar claves y señales no verbales para la instrucción auditiva.
  • Convertirse en socio del niño; asegurarse de que el niño sabe cuáles son sus problemas y explicarle cómo tratará de ayudarlo.
  • Premiar, alentar, aprobar y asistir más que corregir y castigar. Es preferible usar refuerzos positivos y coste de respuesta antes que aplicar castigos, los cuales deberán ser acordes al hecho en cuestión. Un sistema de fichas es muy efectivo con este tipo de niños.
  • Realizar una revisión diaria de la agenda para comprobar que ha apuntado sus deberes y está al corriente de las fechas de trabajos, excursiones, etc., además de utilizarla como una herramienta de comunicación positiva entre la escuela y la familia.
  • Suministrar claves verbales discriminativas que inciten a reflexionar sobre sus conductas inatentas: ‘¿estoy haciendo bien mi trabajo?’; ‘¿estoy escuchando al profesor?’
Cambios en el ambiente físico de la clase
  • Sentar al niño con TDAH cerca del profesor y de la pizarra, y de espaldas a puertas y ventanas, para evitar distracciones; tampoco al lado del profesor, para fomentar su autosuficiencia y socialización.
  • Controlar el nivel de distractores o estímulos presentes en el aula.
  • Permitir espacios en el aula que permitan el trabajo colaborativo, seleccionando nosotros los componentes del grupo; mantener la estructura del pequeño grupo, sin incluir amigos; especificar los papeles y funciones de los miembros del grupo, así como establecer explícitamente las reglas del grupo. Una posible propuesta de trabajo sería dar a un niño el papel de ‘enseñante’ y a otro el de ‘estudiante’, y cambiar las parejas cada semana.
  • Habilitar una zona de trabajo en altura (en taburete alto); así se moverán menos y harán menos ruido.
  • Proporcionar espacios para hablar en voz alta; utilizar el mp3 según la tarea.

FUENTE:
Abad-Mas L, Ruiz-Andrés R, Moreno-Madrid F, Herrero R, Suay E.
Intervención psicopedagógica en el trastorno por déficit de atención/hiperactividad.
Rev Neurol 2013; 57 (Supl 1): S193-203.

jueves, 31 de mayo de 2012

ORIENTACIONES PARA INTERVENIR ANTE LA HIPERACTIVIDAD: familia



¿Cómo pueden los padres definir reglas claras?
Para prevenir que el niño se meta en líos repetidamente y haya que explicarle una y otra vez las reglas (que, por supuesto, no obedece y encima se sorprenda cuando le castigan), es importante que primero comprenda bien las normas. Por ejemplo, si usted le pide “debes ser ordenado” como uno de los objetivos es posible que no lo entienda por lo que es mejor definir este objetivo claramente: “limpia el cuarto una vez por semana, recoge los juguetes antes de acostarte y báñate cada noche”. Esta regla es mucho más clara y no se puede interpretar de otra forma.
Además de explicarlas, conviene escribir las diferentes reglas, las consecuencias de no cumplirlas y los premios por cumplirlas. Ponga la lista en un sitio visible. Para niños pequeños ayudan los dibujos y los colores.
¿Cómo pueden los padres ayudar al niño a terminar una tarea dividiéndola en pasos más pequeños?
A estos niños les cuesta muchísimo acabar encargos, tareas y deberes escolares. Dividir la tarea en pequeños pasos les facilita que puedan hacer aprendizajes breves que su capacidad atencional pueda asumir. Las tareas cortas permiten que el niño no se canse, no caiga en la monotonía y no se distraiga. Para las tareas de la casa que tienen varios pasos es buena idea escribirlos.
Por ejemplo: recoger la mesa es:
  1. Vaciar los platos en la basura
  2. Vaciar los vasos en el fregadero
  3. Colocar los platos, vasos y cubiertos en el lavavajillas
  4. Poner jabón en el lavavajillas y encenderlo
  5. Limpiar las migas de la mesa
  6. Barrer el suelo
  7. Guardar el mantel y las servilletas
Otra tarea más sencilla seria tirar la basura:
  1. Cerrar la bolsa
  2. Bajar la bolsa al contenedor
  3. Limpiar el cubo si se ha ensuciado
  4. Poner una bolsa nueva en el cubo
  5. Guardar las bolsas sin usar en su sitio.
Parece sencillo, pero el niño puede creer que “ha tirado la basura” si ha bajado la bolsa abierta al contenedor, dejando restos por la cocina y sin poner una bolsa limpia. Se pueden hacer tarjetas para las diferentes tareas como limpiar el cuarto, preparar la cartera y la ropa la noche anterior, hacer la cama, echar la ropa sucia al cesto, ir a por el pan, prepararse por la mañana para ir al colegio (levantarse, lavarse, vestirse, desayunar, lavarse los dientes, coger la cartera, coger el bocadillo, etc).
¿Cómo pueden los padres aumentar la estructura y el orden de la casa?
Hay que buscarle un sitio a cada cosa. Por ejemplo, para ordenar los juguetes ponga etiquetas o dibujo de cada cosa en las cajas donde vaya a guardarlos. Nada más acabar de jugar el niño deberá ordenar los juguetes. Para facilitar la rutina de la mañana tenga un lugar definido para el abrigo, la cartera, los zapatos, la bolsa de gimnasia, el bocadillo, etc. La noche anterior asegúrese de que el niño coloca todo el material en la cartera y deja cada cosa en su sitio; así evitará prisas, olvidos y enfados por la mañana. Se pueden utilizar relojes o cronómetros (como los que se usan en la cocina) para marcarle el tiempo. Por ejemplo, si faltan 20 minutos para acostarse, ponga el reloj con alarma para que suene en 20 minutos, y evitaremos el “venga, que ya ha pasado media hora”.
¿Cómo pueden los padres establecer rutinas estables y predecibles para estructurar el tiempo?
Las rutinas ayudan a estructurar el día y producen seguridad en el niño. Si él sabe lo que va a pasar no le sorprenderán las cosas y estará preparado. Casi todos los colegios hacen que el niño escriba su horario de clases. De la misma forma, podemos escribir un horario de actividades, tiempos de estudio, tareas y ocio después del colegio, que incluya las tareas extraescolares y también lo que se planea hacer el fin de semana. El horario debe estar en un sitio visible y, si hay que hacer algún cambio, se avisa al niño con tiempo suficiente y se le recuerda alguna vez. Los horarios de cenar, irse a dormir, etc, deben ser bastante estables y no hacer cambios arbitrarios o por sorpresa.
¿Cómo pueden los padres eliminar ruidos y distracciones?
Cuando el niños está (por fin) haciendo algo concreto, como uno de sus encargos (siguiendo los escritos de las tarjetas) o sus deberes escolares, es fácil que se distraiga con cualquier ruido como la TV, el teléfono o el tráfico de la calle, por lo que hay que evitar que haya cualquier tipo de distracción a su alrededor. Pregúntele al niño dónde cree que se concentrará mejor. A lo mejor usted cree que un sitio aislado y muy silencioso será el mejor, pero el niño trabaja mejor en un sitio tranquilo pero no alejado, donde usted pueda supervisarle de vez en cuando.
¿Cómo pueden los padres modificar la conducta del niño?
Para modificar la conducta de su hijo debe:
  • Definir el problema de forma positiva. Definir claramente los comportamientos deseados sin mencionar el problema. Por ejemplo, en vez de reñirle por moverse, intente que esté sentado toda la cena; en vez de eliminar el desorden, intente que deje el material escolar en su sitio.
  • Establecer metas razonables. Seguramente es demasiado pedir que su hijo permanezca sentado toda la cena todas las veces, por lo que es mejor empezar por periodo de 5 minutos, luego 6, luego 7, etc. Para preparar las cosas para el colegio, empiece por el abrigo y la cartera, luego añada el bocadillo, luego la bolsa de gimnasia...
  • Avanzar poco a poco. Felicite a menudo a su hijo por obtener metas intermedias, haga comentarios específicos ("qué bien que has estado sentado"), evitando generalizaciones ("qué bueno has sido"), o “elogios negativos” ("ya era hora de que lo hicieras bien").
¿Cómo pueden los padres motivar al niño?
La mejor manera es utilizar un sistema de puntos, dándole puntos, estrellas o fichas cuando consiga alcanzar un objetivo marcado. Cada 5 puntos se pueden canjear por algo concreto (como ir al parque, unos cromos, leerle un cuento). Un punto por ordenar el cuarto y dos por hacerlo sin que se lo digan. Haga una lista de cómo se pueden ganar los puntos y por qué se pueden cambiar.
¿Cómo pueden los padres aumentar la disciplina?
Los padres deben hacer que el niño “sufra las consecuencias” de saltarse las normas inmediatamente o se le olvidará. No sirve de nada perder energía riñéndole ahora si lo que hizo mal ocurrió hace mucho tiempo, porque no conectará la acción con la consecuencia. Cuando el niño se está saltando una norma, hay que recordarle que lo está haciendo y que vamos a contar hasta tres y si no deja de hacer lo que está haciendo, lo pondremos en tiempo fuera (un lugar sin estímulos, durante unos minutos). Al contar levantamos los dedos: uno, dos y... tres (se puede contar despacio, pero no cuente hasta cuatro). Mientras contamos le damos tiempo para que asimile lo que estamos pidiendo y actúe. Hay veces que le pondremos en tiempo fuera por infracciones graves sin contar hasta tres.
¿Cómo pueden los padres ayudar al niño a obedecer mejor?
Cuando se manda algo al niño hay que seguir unos pasos:
  1. Es imprescindible que el niño conozca las normas y que éstas sean claras y concisas. No son buenas normas “portarse bien” o “ser bueno”, es mejor “no pegar”, “no gritar”, “no insultar”, ”recoger los platos después de cenar”, etc.
  2. Es importante que sepa qué va a pasar si las normas no se cumplen.
  3. Ayuda si se le recuerda o avisa con antelación: “acuérdate de que se acerca la hora de acostarte”, “¿Qué se te he pedido que hagas?”.
  4. Ayuda si repetimos la orden, pero sin tono de hastío o aburrimiento.
  5. Si no obedece, hay que llevarle a donde tenga que hacer lo que se le pide: llevarle de la mano a su cuarto para recoger los juguetes.
  6. Es bueno ayudarle, por ejemplo, echarle una mano (pero que no seamos nosotros los que lo hagamos; que sea él).
  7. Finalmente es fundamental alabarle y animarle mientras lo esté haciendo ("qué bien te está saliendo; anda, venga, que acabamos enseguida") y cuando haya terminado (“ya verás qué orgullosos se pone papá/mamá cuando vea lo bien que lo has hecho”, “qué niño más obediente”).
  8. NUNCA, NUNCA, NUNCA debemos hablarle con sarcasmo (“ya era hora de que lo hicieras”, “a buenas horas lo haces, para eso mejor no hacerlo”, “encima te voy a dar un premio por hacerlo una vez y no hacerlo treinta...).
¿Cómo se pone al niño en “tiempo fuera”?
Si hay que castigarle, se le sienta en una silla en un sitio tranquilo y aburrido ( el pasillo) pero no aislado. El niño debe permanecer sentado tantos minutos (cronometrados), tantos como años tenga. Tiene que quedarse sentado y callado. Cuando suene el reloj de la alarma le pediremos que nos diga por qué le hemos castigado. Luego hay que decirle que ha hecho muy bien el tiempo fuera. El tiempo fuera es una consecuencia que obtiene el niño de una situación problemática y se puede hacer en casa o fuera de casa. Si se aplica inmediatamente puede enseñarle al niño a predecir qué comportamientos producirán consecuencias negativas y aprenderá a obedecer antes del tiempo fuera, cuando contemos hasta tres. Para evitar estar siempre riñendo, debemos intentar prestar “atención positiva” a nuestro hijo e ignorar las conductas inadecuadas menos relevantes.
¿Cómo pueden los padres prestar “atención positiva” a su hijo?
Para niños menores de 9 años elijamos unos 10 o 20 minutos cada día que serán su “tiempo especial” con nosotros. Debemos pasar ese tiempo exclusivamente con nuestro hijo, sin que haya otros niños.  Podemos jugar con él, interesándonos por lo que hace. No intentemos dirigir ni controlar la actividad, simplemente debemos relajarnos y pasarlo bien intentando entender lo que hace. Tras unos minutos observando, describiremos en voz alta algunas de las cosas que hace para mostrar nuestro interés: “así que estás jugando con los coches en el garaje, y los estás lavando porque van a ir a una carrera”, pero no hagamos preguntas, excepto si no entendemos lo que hace.Para niños mayores de 9 años simplemente podemos pasar un rato con nuestro hijo, hablando e interesándonos por él.
Diremos a veces una frase de admiración que lo anime y que le demuestre nuestro cariño o que valoramos su comportamiento adecuado: “pero qué bien lo haces, me gusta mucho cuando juegas así en silencio”. Si no podemos decir nada, démosle un abrazo, una caricia, una sonrisa, un guiño... Si el niño empieza a portarse mal, intentemos ignorarlo mirando a otro lado, pero si sigue, debemos decirle que no hoy no vamos a jugar más con él porque se está portando mal y entonces, nos levantaremos y saldremos de la habitación.

OTRAS ORIENTACIONES PARA REDUCIR LA HIPERACTIVIDAD
Actuaciones de los padres
  • Si pretendemos ayudar al niño “hiperactivo” a aprender a atender y a concentrarse, necesitamos conocer cuales son sus intereses, utilizándolos como base del aprendizaje asociado. Si el niño está interesado en los dinosaurios, por ejemplo, se le pueden asignar ejercicios de lectura, aritmética, etc. utilizando directamente estos intereses: pueden ser el tema de las lecturas, se pueden montar historias, desarrollar el vocabulario, contar o clasificar, con los dinosaurios como protagonistas. Estos intereses deberían emplearse también para recompensar al niño al atender y completar tareas en casa, por ejemplo,” cuando termines las tareas puedes ir a jugar con tus muñecos “.
  • Ayudar al niño a desarrollar su autoconfianza: reconocer sus progresos y ejecuciones por lentas o limitadas que éstas sean. Exija logros graduales (unos momentos en los que consiga permanecer sentado,  estar atento...)
  • Ofrecerle demostraciones de cariño y aceptación a través de frecuentes caricias, zalamerías, cosquillas, besos. El niño con TDAH necesita gran cantidad de contacto físico y afecto paterno/materno. Utilice esas demostraciones como refuerzo cada vez que se aproxime a la conducta contraria que se pretende modificar: permanecer más tiempo sentado; estar quieto, reposado; escuchar, seguir instrucciones.
  • Debemos sorprender al niño “siendo bueno “o haciendo alguna cosa deseable, tan frecuentemente como sea posible, y recompensarle con un refuerzo positivo (una alabanza, sonrisa, etc.)
  • Debemos utilice la atención adecuadamente: sólo recibirá atención cuando esté tranquilo, quieto, atento, pero no cuando haga lo contrario porque entonces estamos reforzando la conducta inadecuada. Debemos evitar la excesiva exaltación emocional.
  • El niño no debe recibir excesivas instrucciones: ¡no te levantes, estate quieto y no molestes! Las instrucciones serán simples, concisas y concretas y se las diremos de una en una. Debemos explicarle claramente lo que debe hacer y qué obtiene a cambio. Usemos gestos con él u otras claves para recordar las normas.
  • Implicar al niño en el establecimiento de reglas, esparcimientos y otras actividades personales y familiares.
  • Decir al niño cuándo se porta mal y explicarle lo que sentimos acerca de su conducta; después debemos proponerle y enseñarle otras formas de conducta más aceptables.
  • Poner en práctica ejercicios de relajación, reducción de la tensión, la inhibición muscular o el desarrollo de la atención y concentración (técnica de entrenamiento conductual cognitivo).
  • Ser estable y perseverante con la aplicación de las técnicas y de las normas. Lleva tiempo reducir la conducta hiperactiva. 
  • Procurar darle un lugar para trabajar o estudiar sin interrupciones y de esta forma fomentar la capacidad del niño para concentrarse en lo que está haciendo, reduciendo, en todo lo que sea posible, los estímulos perturbadores de su entorno.
  • Como padres es preciso ser estables con nuestra propia conducta. Recordar que cada vez que cambiamos nuestra reacción conductual ante el niño le confundimos acerca de lo que nosotros esperamos o cómo deseamos que actúe.
FUENTE: