TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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miércoles, 7 de abril de 2021

ASPECTOS MENOS CONOCIDOS DEL TDAH: DÉFICIT DE HABILIDADES SOCIALES Y PROBLEMAS EMOCIONALES



Los 2 aspectos menos conocidos del TDAH: El déficit de habilidades sociales y los problemas emocionales

Todos conocemos, más o menos, algunas de las características que presenta un niño con TDAH: 

  • Inatención
  • Dificultades para concentrarse
  • Desorganización
  • Exceso de movimiento 
  • Impulsividad.

Sin embargo, los niños con TDAH se enfrentan a otro gran reto relacionado con sus dificultades para regular las emociones y para relacionarse satisfactoriamente.

Russell Barkley, uno de los mayores expertos mundiales en TDAH, ha puesto el énfasis en estos aspectos. Elaboró un modelo de autorregulación emocional en el TDAH que nos ayuda a comprender cómo las personas con TDAH gestionan y regulan sus emociones. Las diferencias con el proceso que siguen las personas que no tienen TDAH son notables, y tienen profundas implicaciones en su vida diaria.

Habilidades Sociales en el TDAH

Las relaciones sociales en los niños con TDAH suelen verse afectadas por su impulsividad, la falta de empatía o capacidad de ponerse en el lugar del otro, el bajo autoconcepto y autoestima, y la inseguridad.

Los niños con TDAH tienen intención social, quieren jugar con otros niños, tener amigos, pero a menudo no saben cómo relacionarse. Pueden ser percibidos como niños torpes, nerviosos, niños que no siguen las reglas de los juegos, que se entrometen en las conversaciones o no saben guardar su turno. Todo esto a menudo genera rechazo por parte del resto de niños.

Este rechazo, que ellos notan perfectamente, a menudo les conduce a efectuar conductas complacientes, buscando la aceptación del otro: se vuelven sumisos, o tratan de agradar de forma poco acertada a los demás, tratan de llamar la atención con bromas o chanzas que pueden ser provocadoras o de mal gusto. Logran así lo contrario de lo que buscan: el resto del niño los tiene por “pesados”o “payasetes”.

Si algo he podido observar en todos estos años de consulta es la enorme soledad que sufre un niño con TDAH. Incomprendido en casa, donde parece molestar, no dar la talla, no hacer las cosas bien. Fracasando en el colegio, o no obteniendo resultados acordes a sus esfuerzos. Y con relaciones sociales poco satisfactorias, donde sienten que no son aceptados totalmente o que no merecen la amistad de sus compañeros. 

El TDAH es un trastorno que provoca un gran sufrimiento en el niño. Y si las áreas académicas y comportamentales contribuyen en gran parte a estos males, el área emocional o social lo hacen decisivamente.

Los trastornos del estado de ánimo y el TDAH

Un problema muy frecuentemente asociado al TDAH y muchas veces ninguneado son los efectos que tiene  tener un déficit de atención con o sin hiperactividad en el estado de ánimo del niño. En una proporción cuatro veces mayor que en niños sin TDAH que presentan depresión y ansiedad.

Su autoestima está mermada y suelen tener un autoconcepto negativo, se sienten incapaces, tontos, diferentes…etc. Además, como en muchas ocasiones el rendimiento académico suele ser bajo y no se corresponde con el esfuerzo realizado, desarrollan lo que se llama “indefensión aprendida” (“da igual lo que haga, no me sirve de nada”), pudiendo vérseles desmotivados, frustrados y desinteresados con frecuencia en las tareas académicas.

Por otra parte, una vez están trabajando en psicoeducación y son muy conscientes de sus problemas, desarrollan la metacognición mucho más que otros niños (la conciencia sobre sus propios procesos de aprendizaje). Esto es muy positivo porque les ayuda a regular su conducta, prever fallos, anticipar consecuencias, etc., pero tiene el lado negativo de que aumenta la ansiedad con que viven todo lo relacionado con la escuela. Están más preocupados por los resultados académicos que otros niños, más pendientes de los fallos que hacen, de si se vuelven a equivocar o no en lo mismo, etc. Por lo que son más exigentes consigo mismos y en consecuencia están más ansiosos.

El estado de ánimo deprimido también suele presentarse con frecuencia, relacionado con la autoestima, la ansiedad, los sentimientos de incapacidad y la frustración ante el resultado de sus esfuerzos.

Además, con mucha frecuencia presentan labilidad emocional, irritabilidad, poca tolerancia a la frustración y mayor reactividad, También tienen más dificultades para “desconectar” y pasar de una tarea a otra. Esto está relacionado con un déficit funcional en el sistema de regulación cognitivo-emocional.

El TDAH es un trastorno de gran complejidad y fuertes implicaciones para la vida del niño. Tratar adecuadamente el área comportamental y cognitiva es fundamental, pero no lo es menor dar el apoyo emocional que necesitan.

FUENTE:

Úrsula Perona. Psicóloga infantil. Colaboradora de Sapos y Princesas

https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/salud-infantil/aspectos-menos-conocidos-del-tdah-el-deficit-de-habilidades-sociales-y-los-problemas-emocionales/

https://pixabay.com/es/photos/smiley-emoticon-ira-enojado-2979107/

sábado, 6 de agosto de 2016

EL TDAH ES MÁS FRECUENTE EN NIÑOS ADOPTADOS



Las estadísticas abruman. En algunos estudios comentan que el 50% de los niños adoptados procedentes de Rusia presentan TDAH, y que de todos los niños diagnosticados de TDAH el 15% son adoptados.
Por otra parte, en otro estudio realizado por Gunnar et al. encontraron que, independientemente de la historia institucional, los niños adoptados con más de 24 meses de institucionalización, tuvieron mayor número de problemas de conducta externalizante (conductas disociales, trastorno oposicionista desafiante e hiperactividad), siendo los niños adoptados provenientes de Rusia o de países de Europa del Este los que presentaban mayor riesgo en comparación con los niños adoptados procedentes de otras zonas del mundo.

Otro estudio, nombrado en muchas publicaciones, realizado en Reino Unido, sobre niños adoptados procedentes de Rumanía, encontraron que cuanto más tiempo permanecen los niños en una institución (hasta los tres años y medio), más problemas presentan:
  • En el desarrollo cognitivo (32.6% de prevalencia frente al 2% del grupo control)
  • Más trastornos del vínculo (33.3% de prevalencia frente al 3.8% del grupo control)
  • Más problemas de conducta (38.6% de prevalencia frente al 9.6% del grupo control)
¿Qué pasa en los niños adoptados? ¿Por qué se diagnostican más de TDAH? ¿Hay otros factores implicados? ¿Se trata de TDAH o es otra patología específica de estos niños?

La respuesta no es fácil. Después de muchos años trabajando con niños con TDAH y con niños adoptados, he llegado a varias conclusiones:
  • La presencia de múltiples factores de riesgo genéticos, medioambientales y vivenciales (prematuridad, tabaquismo y/o alcoholismo en la madre, consumo de tóxicos,  deficiencias nutricionales, infecciones congénitas…) son factores de riesgo comunes tanto en niños adoptados como en niños con TDAH.
  • El TDAH tiene un elevado carácter hereditario. Esto podría implicar que algunas de las madres biológicas puedan tener un TDAH no diagnosticado y que en ellas la tasa de embarazos accidentales sea más alta y sean más proclives a dar el niño en adopción y/ o a que los cuidados prenatales y posnatales no sean los adecuados.
  • La falta de figuras de apego seguro durante las primeras etapas de la vida, por los cambios frecuentes de cuidador en las instituciones donde ha permanecido, tiene su repercusión frente a cada nuevo intento de vinculación. Por ello, los niños adoptados tienen mayor riesgo de presentar trastornos del vínculo, siendo éste el diagnóstico psiquiátrico más frecuentemente encontrado en los niños adoptados. Además algunos de los síntomas que presenta dicho trastorno son comunes a los presentados en niños con TDAH (dificultad en atención, exceso de actividad, inestabilidad y falta de autocontrol, impulsividad, problemas de relación social y confianza en los demás, falta de empatía, retrasos del aprendizaje, dificultad en la comprensión, falta de motivación e interés, dificultad en aceptación de normas y límites, negativismos, desobediencia, mentiras frecuentes, rabietas, inseguridad…).
  • La atención y el autocontrol son habilidades aprendidas y entrenadas, siendo más costoso cuanto más tarde se empiece su aprendizaje. La falta de estímulo en niños institucionalizados hace que este aprendizaje sea más dificultoso posteriormente. Por otra parte, los niños adoptados tienen una gran inseguridad que influye en el proceso del aprendizaje tanto en la atención, como en el grado de motivación, en la capacidad de concentración y en la memorización y retención de conceptos. En los primeros momentos de la adopción el niño puede mostrarse nervioso, tenso o irritable con dificultades de autocontrol y de aceptación del control externo, rasgos que también se presentan en el TDAH.
  • Los niños adoptados tienen mayor riesgo de desarrollar trastornos del lenguaje. El desarrollo del lenguaje está condicionado por la interacción del niño y los demás por lo que un niño con escasa interacción con figuras adultas va a presentar dificultad en el desarrollo del mismo. Además, una vez adoptados pierden parte de su lengua nativa y no tienen fluidez en su nuevo idioma, haciendo más difícil su aprendizaje en la escuela y su rendimiento cognitivo en el periodo inicial. El lenguaje coloquial se adquiere con bastante agilidad, pero en algunas ocasiones pueden presentar dificultades para la comprensión de términos abstractos, de lecturas complejas, de instrucciones multi-secuenciales o de preguntas conceptuales o hipotéticas.
  • Los niños mayores adoptados tienen mayor riesgo de deprivación cultural y no están preparados para el sistema educativo tradicional hasta pasados unos meses e incluso años de su llegada. Una vez adoptados se puede producir, en algunos casos, una incorporación abrupta al aula, cuando el menor no ha adquirido fluidez en el lenguaje. Además el niño cambia de una vida con escasa estimulación a otra con una hiperestimulación lo que puede conducir a una hiperquinesia y nerviosismo inicial que puede confundirse con una hiperactividad.
  • Tras la adopción se produce un cambio en los patrones de conducta.  La utilización de patrones de conducta anteriores (“conductas adaptadas a ambientes inadaptados”) que carecen de utilidad en su nueva vida conducen en ocasiones a diagnósticos de problemas de conducta y/o a incomprensión por parte de la familia adoptiva o el colegio.
  • La creación de lazos afectivos puede suponer un sobreesfuerzo emocional inicial que puede producir ansiedad, intranquilidad y nerviosismo y que suele mejorar espontáneamente por lo que hay que dar un tiempo de espera prudencial antes de establecer ningún diagnóstico.
  • La posible ocultación de la adopción puede además interferir en la curiosidad del menor por aprender.
  • El niño institucionalizado recibe un estilo de cuidado general, no individual. Por otra parte establece relaciones de apego con adultos que los rechazan o ignoran con una expectativa negativa sobre el adulto (amenaza de desprotección e inseguridad) y también con una expectativa negativa sobre sí mismo (indigno de amor y protección). Con todo ello, el niño institucionalizado desarrolla un comportamiento adaptativo en contexto de adversidad en el que prima la desconfianza, la agresión, el rechazo y la evitación.
Trastorno del vínculo

La adquisición de vínculos adecuados proporciona al niño la confianza en los otros, en el entorno y en sí mismo; por lo que es fundamental para el mantenimiento de relaciones de confianza con los padres, para el desarrollo de las relaciones con los otros, para la constitución de la propia identidad y de la autoestima, para el aprendizaje de la regulación de sentimientos, el desarrollo del lenguaje y el desarrollo del potencial intelectual. En un primer momento esta relación se crea sólo con los padres, pero a medida que el niño crece se van añadiendo otras relaciones satisfactorias (familia, amigos, compañeros, profesores o terapeutas, por ejemplo).

Tratamiento de trastorno del vínculo y TDAH

Los niños adoptados que presentan síntomas de trastorno del vínculo y de TDAH no suelen responder a las terapias conductuales convencionales por las dificultades de vinculación que van a tener con el terapeuta. Por otra parte, los tratamientos actualmente disponibles para niños con TDAH, pueden no resultar tan eficaces de forma global en niños adoptados, dada la comorbilidad que asocian. Por todo ello, el diagnóstico y tratamiento del TDAH en niños adoptados debe llevarse a cabo por expertos en ambas materias dada la complejidad y la dificultad en la valoración de los diferentes problemas que vamos a encontrar en los niños adoptados. En estos niños debemos confirmar o descartar la presencia de un trastorno del vínculo ya que el tratamiento del mismo será un factor decisivo en la evolución del resto de sus dificultades.

FUENTE:
Gemma Ochando Perales. Psiquiatría Infantil. Hospital Universitario y Politécnico La Fe, Valencia