TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Mostrando entradas con la etiqueta automotivación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta automotivación. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de diciembre de 2016

EL TDAH Y LAS EMOCIONES


¿Qué es la inteligencia emocional?


La inteligencia emocional es el conjunto de habilidades psicológicas que permiten apreciar y expresar de manera equilibrada nuestras propias emociones, entender las de los demás, y utilizar esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.

La inteligencia emocional, según Daniel Goleman, es la capacidad de una persona para manejar una serie de habilidades y actitudes, entre las que se incluyen:
  • Conocer y manejar nuestras propias emociones.
  • Reconocer las emociones de los demás.
  • Establecer relaciones positivas con otras personas.
La importancia de la educación emocional es indiscutible, ya que les proporcionará los recursos emocionales para una gestión emocional que garantice su bienestar.

La educación emocional se basa en los siguientes pilares:
  • La identificación y el reconocimiento de las emociones propias y ajenas. 
  • La aceptación y la comprensión de la emoción.
  • La expresión y vía de salida de la emoción de una manera constructiva.
Trucos para la educación emocional:
  • Preocúpate de crear un clima positivo.
  • No suprimas sus estados emocionales. Sentir es natural y sano.
  • Ayúdales a identificar y reconocer sus emociones y las de los demás. 
  • Desarrolla en ellos la reflexión y la meditación.
  • Enséñales formas positivas de expresión emocional.
  • Sírveles de ejemplo.
  • Muestra la importancia de saber gestionar las emociones.
  • Enséñales a sentir sin miedo. 
  • Enséñales cómo se llaman, cómo son y en qué se diferencian las emociones. 
  • No escatimes en muestras de afecto y dota de carácter lúdico a tus enseñanzas. 
FUENTE: 

TDAH y las emociones

TDAH y emociones son un binomio que no se llevan bien.

Las personas con TDAH pueden tener problemas para interiorizar sus emociones y dominar la intensidad de las mismas (autorregulación emocional). 

No se trata tanto de que las emociones que experimentan sean inapropiadas como de que no son capaces de guardarlas para sí, manifestándolas exteriormente con más intensidad y duración que sus iguales.
El resultado es una conducta inmadura, muy cambiante y con baja tolerancia a la frustración.

La marcada inmadurez y la enorme dependencia emocional que caracterizan a las personas con TDAH producen unas conductas características:
  • En la mayoría de las ocasiones, van a tratar de llamar la atención del resto, y no vacilarán en ponerse en evidencia, haciendo payasadas o, bien, desafiando a la figura de autoridad de forma irreverente y/o desafiante. 
  • Frente a la perspectiva de un nuevo fracaso, van a hacer todo lo que sea posible para que no sea evidente y, por poner un ejemplo. mentirán antes que aceptar que no han terminado de hacer los deberes. 
  • Su baja tolerancia a la frustración se traduce en irritación y también ira, manifestando su malestar dando patadas al aire y haciendo aspavientos exagerados, o bien contestando mal ante cualquier corrección del profesor/a, por poner algunos ejemplos.
  • La autorregulación de sus emociones y su comportamiento responden más a los estímulos que reciben (dependencia emocional del ambiente), que a sus propios pensamientos internos, los cuales le harían examinar los sucesos o fijarse objetivos.
  • Su dificultad para automotivarse hace que necesiten continuamente gratificaciones inmediatas ante aquellas tareas que no les resulten atractivas, novedosas o que no acarreen una rápida recompensa. 
  • Igualmente, su incapacidad para automotivarse complica que puedan examinar sus sentimientos y tomar las medidas precisas que les ayuden a salir de estados anímicos negativos, como son la frustración, la tristeza o la ansiedad. 
  • El déficit en la autorregulación emocional afecta del mismo modo a su nivel de activación. Tienen graves problemas en el momento de comenzar las labores encomendadas, y sostener la actividad hasta su término, sobre todo, en aquellas actividades desganadas, monótonas y repetitivas, evadiéndose en sus pensamientos, o bien, en otros estímulos exteriores más gratificantes. 
  • Esta complejidad con la motivación interna hace que parezcan carentes de autodisciplina, apariencia agravada por la dificultad que tienen para interiorizar y seguir reglas e instrucciones. 
  • Su baja tolerancia a la espera de gratificaciones, y sus problemas para comprender y manejar el tiempo provoca que sean personas muy impacientes, no se rinden y todo lo quieren para el día de ayer. Por esta razón y, como nota de humor, se recomienda no informar de posibles sorpresas hasta que falte muy poco para descubrírselas, para así evitar que se pasen todo el tiempo haciendo la famosa pregunta "¿Cuánto falta para...?, ¿Cuánto queda para...?".
Estas dificultades emocionales les causan experiencias llenas de frustraciones y castigos, a lo que hay que añadir la crítica habitual y las valoraciones negativas que acentuamos sobre su persona y no sobre su comportamiento inapropiado. Las consecuencias son un pobre autoconcepto, una autoestima muy dañada y un mal ajuste social y personal.

La imagen que percibimos de las y los estudiantes con TDAH es la de chicas/os desmotivados, que no desean sacrificarse y que se muestran indiferentes. 
Pero, ¡nada más lejos de la verdad! 
Por el contrario, manifiestan una necesidad y un deseo reales de gustar al resto y de percibir una aprobación social positiva por su comportamiento y por aquello que efectúan porque, como hemos visto, son muy dependientes emocionalmente. 
Esto debe alertarnos en el momento de marcarles objetivos, en tanto que se dirigirán a los nuevos desafíos con mucha energía y ansiedad, si bien, por su sintomatología, degenerarán conforme transcurra el tiempo, lo que los expondrá, con muchas probabilidades, a un nuevo fracaso. 

De ahí que, hemos de ser realistas y fijarles unos objetivos más pequeños y en un corto plazo, de forma que puedan ir cumpliendo de forma progresiva y segura, para que su autoconcepto y su autoestima se vayan consolidando de manera positiva.

Consecuencia de la sintomatología es que pueden enseñar con facilidad altos indicadores de ansiedad y agobio, si bien, en apariencia muestren una actitud indiferente y desmotivada que, realmente, oculta la impotencia de hacer frente a sus dificultades. 
En ciertos casos, por la continua presión que reciben, esa ansiedad y agobio pueden transformarse en otros trastornos con entidad propia asociados al TDAH.

Actualmente, los aspectos emocionales van cobrando cada vez más importancia. De esta forma, estudiosos de la talla del doctor Barkley reconocen su relevancia como una parte del trastorno a la altura de la inatención y de la hiperactividad-impulsividad.

Examinemos más despacio estas peculiaridades que nos ayudarán a conocerlos mejor:

Baja autoestima

Autoconcepto y autoestima están inevitablemente relacionados.
El autoconcepto es la imagen que la persona tiene de uno mismo. 
La autoestima entiende la auto-convicción de ser eficiente, valioso/a y reconocido/a por el resto. 
Tener una autoimagen positiva nos infunde seguridad y confianza en nuestras capacidades. 
Los dos conceptos, dependen de la repercusión en nuestro entorno, esto es, se forjan en buena medida en la opinión que los otros tienen de nosotros. Si tenemos un autoconcepto negativo de nosotros mismos, de alguna forma, nos auto-rechazamos y, en dependencia de la intensidad y experiencia de este sentimiento, nuestro comportamiento puede finalizar desembocando en conductas beligerantes y destructoras.

Los pequeños, pequeñas y adolescentes con TDAH reciben con mucha frecuencia y, en ciertos casos de forma prácticamente incesante, críticas negativas, sermones, castigos y fracasos a nivel familiar, escolar y social: incordian, interrumpen, pierden, olvidan, empujan, se esmeran, fallan, abandonan, se frustran y no son capaces de examinar y solventar sus inconvenientes, ensayando una permanente sensación de falta de autocontrol. 
No obstante, aparentan que todo se lo echan a la espalda fingiendo que no les importa…

La autoestima está en la base del desarrollo de la personalidad, de la motivación, del desempeño escolar y de las relaciones sociales, o sea, está en la base de la adaptación al entorno. 
Es verdad que ciertos niños/as con TDAH muestran una autoestima auto-inflada, que no es otra cosa que la manera de hacer frente a su pobre autoconcepto.

Eludir las críticas públicamente y practicar el refuerzo positivo inmediato y usual son esenciales para promover una buena autoestima.

Depresión

Los síntomas depresivos son asimismo usuales en las personas con TDAH, si bien hay que distinguir si se tratan de síntomas más relacionados con la desmoralización y la impotencia de no verse capacitados para hacer frente a las demandas escolares y sociales, o bien, si se trata ya, de un trastorno depresivo más grave, que acompaña al TDAH. 

La depresión como trastorno implica tristeza crónica, una preocupación excesiva, aislamiento, irritabilidad persistente, falta de energía, desmotivación y también inapetencia para efectuar actividades frecuentes, dejadez, ideas de muerte recurrentes, etcétera.

Ansiedad

La pobre respuesta que las personas con TDAH tienen frente a las demandas del ambiente les hace susceptibles de sufrir crisis de ansiedad y agobio. 

Sus problemas para manejar correctamente el tiempo, su inatención, la dificultad para comenzar las actividades de forma autónoma, su desorganización y el déficit de planificación, etc., les transforma en personas lentas en la ejecución de las tareas: por servirnos de un ejemplo, hacer los deberes, recoger su cuarto, efectuar un examen, ducharse o bien desayunar, y la presión que reciben del exterior favorecen la aparición de síntomas ansiosos, pudiendo transformarse en severos trastornos de ansiedad. 

El trastorno de ansiedad se manifiesta con preocupaciones y miedos persistentes, nerviosismo, aprensión, capítulos agudos de ansiedad y terror ante situaciones que la persona percibe como amenazantes, peligrosas o bien que no puede supervisar.

Frustración

Nos guste o no, la frustración es una cosa que nos acompaña a lo largo de nuestra vida y en el caso de las personas con TDAH esto se multiplica por tres (por lo menos). 
Es muy posible que la historia personal de una persona con TDAH esté llena de momentos frustrantes. 
Podremos ver cómo no lo invitaban a fiestas de cumpleaños (sin saber por qué razón); de qué forma, tras esmerarse en aprobar los exámenes, los resultados no eran los esperados; e inclusive de qué manera en la vida adulta era despedida (o bien no renovada) en muchos empleos…

¿Qué es la frustración?

La frustración es la respuesta emocional que se origina ante la imposibilidad de satisfacer una necesidad o un deseo. Esta  experiencia negativa que provoca un incremento de tensión provoca una reacción beligerante como mecanismo de defensa, que se manifestará con emociones tales como ansiedad, rabia, angustia, ira o en sentimientos y pensamientos autodestructivos para el sujeto. 

Estas respuestas ante la frustración son en gran medida un mecanismo reflejo, como cuando nos arrojan un objeto a la cara e, instintivamente, ponemos las manos para protegernos, sin pensar qué hacer ante el objeto. De igual manera los mecanismos de defensa surgen involuntariamente sin que nos percatemos.

La frustración como algo despectivo

Las evidencias indican que las emociones, como reacciones propias del organismo, no son ni buenas ni malas. 
Todo depende de la evaluación perceptual que la persona haga de las mismas. Las emociones cumplen un papel adaptativo, que permiten la supervivencia del individuo dentro del ambiente. 

Existen estímulos emocionales objetivamente perturbadores que pueden no producir ninguna secuela sobre una persona, y existen otros estímulos emocionales objetivamente no perturbadores que pueden llegar a ocasionar un daño más o menos importante. 
La diferencia básica entre las dos posibilidades se localiza en la percepción que cada persona tiene de esos estímulos.
Es decir, cuando una persona posee estrategias y habilidades suficientes para hacer frente a esas situaciones, es poco probable que los estímulos derivados de la misma causen algún daño. Sin embargo, en otras ocasiones, aunque la situación y los estímulos sean manejables para cualquier persona, puede ocurrir que alguien no posea esas habilidades y destrezas esenciales, y que se vea desbordado por una situación que, probablemente, sólo es insuperable desde su propia percepción.

Por fortuna la visión de la frustración como algo despectivo está variando y existen nuevas definiciones que explican la frustración como algo no negativo sino más bien como algo que formaba una parte de la naturaleza humana.
La frustración es algo humano y no se puede suprimir, está siempre y en toda circunstancia presente puesto que el ser humano, pese a sus fantasías de omnipotencia, es limitado y experimenta día tras día el choque con la realidad.

Este “choque con la realidad” acostumbra a ser más usual en las personas con TDAH pues el nivel de demanda al que están expuestas no acostumbra a tomar en consideración sus necesidades y peculiaridades y hay más experiencias en las que las esperanzas (en general elaboradas de forma errónea) chocan con los resultados logrados.

La frustración se experimenta de diferentes maneras:

Frustración en forma agresiva

Es la acción más vistosa y la que más se relaciona con la frustración. Es una acción protectora que sacamos cuando sentimos que hay un obstáculo que se interpone en nuestro camino. O dicho de otra forma, cuando el resultado que logramos no coincide con lo que esperábamos. 
Las reacciones beligerantes pueden ser útiles cuando dejan sitio a una reacción más edificante. Es decir, el enfadado da paso a un empeño aún mayor por buscar soluciones.

Las personas con TDAH, en especial en el sexo masculino, tienden a tener estas reacciones cargadas de resentimiento, dando sitio, a veces, a trastornos de la conducta como el llamado trastorno negativista desafiante.

Frustración como resignación

La frustración se convierte en resignación cuando, de forma repetida, los resultados que obtenemos no son los deseados. Con frecuencia, hay personas con TDAH que tienden a retraerse y a pasar inadvertidas, desarrollando lo que es conocido como indefensión aprendida, lo que puede tener consecuencias deplorables para su desarrollo a largo plazo.

Frustración en forma constructiva

Son las reacciones que se centran en superar aquello que nos frustra. Si el obstáculo no puede ser eliminado o bien mitigado la persona busca llegar a la meta por otros caminos.

Quizás podamos encontrar en esta frustración constructiva la base del éxito de las personas que, pese al TDAH, han alcanzado una vida plena y llena de triunfos. Aprender a ver la frustración como una ocasión, en vez de como una fuente de desgracias, es clave para el desarrollo personal.

Ahora bien, esto es muy simple de decir, la cuestión es ¿cómo podemos enfocar o dirigir nuestra frustración para que nos sea beneficiosa? ¿Cómo podemos superar o sacar provecho de nuestra frustración?

FUENTE: 

Niños agresivos. Claves para aprender a expresarse sin usar los puños



Los niños agresivos se distinguen por utilizar la violencia para resolver conflictos o como respuesta ante cualquier tipo de emoción negativa como frustración, ira, celos…
Conductas como pegar a otros, burlarse de ellos, ofenderlos, tener rabietas incontroladas, tirar cosas al suelo, utilizar palabrotas y vocabulario ofensivo, generalmente se describen como conductas agresivas.

Los niños agresivos no sólo hacen sufrir a sus padres, maestros y otros niños, sino que en muchos casos son niños frustrados, que acaban dañándose a sí mismos… además, provocan que los demás los rechacen.

Tipos de agresión
  • Física. Dar una patada
  • Verbal. "Te voy a partir la cara"
  • Directa. "Eres tonta".
  • Indirecta. "Sabes que Pilar es tonta, que no sabe leer bien".
  • Pasiva. "Tardaré en estar listo para que mi madre llegue tarde a la oficina".
  • Contenida. Resoplar o poner cara de desprecio.
  • Instrumental. "Si quiero este juguete, lo quito por la fuerza".
  • Emocional. "Doy patadas a la puerta cuando algo no me apetece".
La conducta agresiva es mucho más frecuente en los primeros años. El nivel máximo se da sobre los dos años, los niños agreden más físicamente y/o de forma instrumental.

La agresión va disminuyendo hasta alcanzar niveles más moderados, ya en la edad escolar. Los niños mayores utilizan más la agresión verbal y/o emocional.

Cuando el niño ya es mayor y tiene las mismas conductas coercitivas que un niño de dos o tres años y utiliza estos métodos para resolver sus problemas, presenta una incapacidad para dominar sus estados emocionales, hablaríamos de un problema de agresividad infantil.

Buenos motivos, pero malas decisiones

Cuando no se les permite tener opinión, propia, cuando no son resueltas sus necesidades de cuidado o cariño, cuando son maltratados física o verbalmente, como cuando son intimidados y amedrentados por las reacciones violentas de sus padres, los niño acuden a la ira y la agresividad.

Es importante que manifiesten lo que les pasa, pero es importante aprender a hacerlo sin hacer daño ni a los demás ni a sí mismos.

7 formas de ayudar a los niños agresivos a expresarse mejor disminuyendo sus conductas agresivas:
  • Validar sus emociones.
  • Ayudar al niño a poner palabras a lo que siente. 
  • Entiendo que estés enfadado, pero no puedo permitir que hagas daño a los demás. 
  • Buscar otras formas de mostrar enfado sin hacer daño.
  • Reparar el daño que ha hecho a otros.
  • Evitar responder con agresividad ante la ira del niño.
  • Modelar formas respetuosas de afrontar la propia ira.
Recordemos que la forma en cómo se expresa (o se reprime) la agresividad en la familia será un elemento determinante en la forma de gestionar los conflictos en los niños.

También influyen otros factores pero, si nosotros aprendemos a saber lo que nos pasa y podemos manejarlo adecuadamente, esto tendrá una gran influencia en nuestros hijos.

FUENTE: 
https://www.youtube.com/watch?v=-lIUV8zAKzg

Enseñar a los niños a afrontar los fracasos y la frustración


Los fracasos y las frustraciones son algo normal en la vida de las personas. Es fundamental que, durante su desarrollo, los niños aprendan a superar estos aspectos de manera constructiva.

Debemos ver la frustración y los errores como parte de la vida y, por lo tanto, es nuestra responsabilidad hacer que los más pequeños estén preparados para ello.
Una persona feliz es aquella que sabe afrontar sus errores, aprende de ellos y sabe superar la frustración de forma constructiva.
Una persona feliz no es aquella que no se equivoca nunca, o aquella que siempre consigue todo lo que quiere. Todas las personas cometen errores y a todas las personas les cuesta conseguir lo que quieren. Es parte de la condición humana.

Pautas para evitar el fracaso y la frustración en los niños

TIP 1. Cambia la manera de ver los fracasos
Haz que no vean los fracasos como algo negativo. Lo importante es darse cuenta de dónde nos hemos equivocado para que no vuelva a ocurrir.  
Convierte así la frustración en aprendizaje. Que el niño lo conciba como una oportunidad para aprender y ser creativo.

TIP 2. Haz que haga las cosas por sí mismo
No le des todo hecho, haz que piense aunque, al principio, no sepa hacer ciertas cosas. Déjale que lo haga él solo, que piense, que lo intente y que tenga la oportunidad de equivocarse y de enfrentarse al fracaso. 
Podemos ser su guía, pero dejándole solo. Evita la sobreprotección y el exceso de permisividad.

TIP 3. Enséñale que en toda situación de fracaso puede haber algo positivo
Ante todo fracaso hay siempre algo positivo, que es la capacidad de aprender de ello, la posibilidad de crecer como persona también.

TIP 4. No refuerces la rabia como respuesta a la frustración
Si cedemos a sus rabietas, le enseñamos que es una forma fácil de superar esa situación y conseguir lo que quiere. 
Es un error pensar que el niño, para ser feliz, necesita todo lo que quiere. Debemos no hacer caso a su rabieta.

TIP 5. Haz de ejemplo para los niños y niñas
Nuestro modo de actuar es el que les guía para enfrentarse a situaciones de la vida. 
Ante situaciones que puedan provocar frustración o fracasos, debemos mantener una actitud positiva y esforzarnos por superar las dificultades.

TIP 6. Educa en el esfuerzo, pero marcando objetivos razonables
Los niños y niñas han de aprender que, para conseguir ciertas cosas, es necesario esforzarse. De esta manera, verán que el esfuerzo es una manera de solucionar sus fracasos. 
Es bueno hacer que el niño o niña se esfuerce, pero su nivel de exigencia ha de ser razonable.

TIP 7. Razona con él/ella sobre sus errores y fracasos
Que entienda lo que ha pasado, que ha salido mal. Si lo entiende se sentirá tranquilo y ganará confianza, porque sabrá lo que tiene que hacer la próxima vez.

FUENTE:

viernes, 25 de julio de 2014

10 CLAVES PARA AUTOMOTIVARTE Y MEJORAR TU PRODUCTIVIDAD


Decálogo para automotivarte:


  1. Metas claras: si no tienes claro qué hacer, terminarás desanimado. Saber qué es lo que tienes que hacer y tener los objetivos definidos te ayudarán a seguir adelante.
  2. Paso a paso: no intentes terminarlo todo de golpe; divide en pasos más pequeños y vencerás.
  3. Listas de tareas: pon una marca en cada cosa conseguida de la lista de tareas que te planteaste inicialmente, y verás la sensación...
  4. Prémiate: el autorregalo ante logros, grandes y pequeños, es muy motivador.
  5. Hazlo ahora: no procrastines, no te retrases ni lo dejes para luego.
  6. Piensa en positivo: envíate mensajes positivos y evita aquellos negativos (mejor decir "voy a estudiar" que "no voy a distraerme más").
  7. Mejor bien acompañada/o: busca compañeros/as con metas similares a las tuyas.
  8. El fracaso es normal y el error es aprendizaje: ¡¡no lo temas!!
  9. Las comparaciones son odiosas: no te compares con los/as demás, sino contigo mismo/a.
  10. Diviérte y relájate: también es importante.
FUENTE: http://www.escuela20.com

jueves, 28 de febrero de 2013

ESTRATEGIAS FUNDAMENTALES CUANDO HAY TDAH


El Confidencial. Rocío Mayoral. 25/02/2013
“Mi hijo es hiperactivo. No lleva audífono ni silla de ruedas como otros niños de su colegio pero, aunque su mal no se vea, él también necesita ayuda… y nosotros. Ya no sabemos qué hacer y lo que es peor, creo que el colegio tampoco”. La autora de estas palabras es Ana, madre de un chico de 14 años, diagnosticado de TDAH desde que tenía seis.
Por desgracia aún existen muchos padres con un sentimiento parecido, que se sienten desorientados y a veces solos ante las dificultades de sus hijos. En los últimos años, muchos han sido los logros pero falta mucho por hacer: son necesarios más estudios, más divulgación, ayudas más efectivas a familias, planes especializados en los colegios y una definición más clara de acciones eficaces para afrontar la difícil tarea de educar y convivir con un TDAH.
Cambios recientes
Lo cierto es que en los últimos años se ha avanzado mucho en la  comprensión del  TDAH. Y mucho de lo que hoy sabemos es clave cara al tratamiento. La investigación lo ha dejado claro. Este cuadro no puede ser reducido a un simple déficit atencional o a un exceso de movilidad. Hoy existe gran consenso: la alteración ejecutiva es el aspecto nuclear del TDAH.
Y ¿qué es esto? ¿Qué son las Funciones Ejecutivas?
Las Funciones Ejecutivas son el grupo de capacidades que nos permite autorregular nuestra actividad y pensamiento, establecer metas y organizar y secuenciar los pasos necesarios para conseguirlas de manera eficiente.
Realmente son capacidades determinantes en la vida de una persona. Sin embargo, hasta hace poco, sólo un reducido número de padres o profesores conocían que el rendimiento académico, social o laboral dependía tan estrechamente de ellas. Pero es así. La sede de dichas funciones se sitúa en la corteza prefrontal del cerebro y hoy sabemos que estas áreas maduran hasta tres años más lentamente en los TDAH. Esto debiera ayudarnos a comprender por qué les cuesta tanto dirigir eficazmente su vida.



¿Cuáles son los principales síntomas de una disfunción ejecutiva?
Según Barkley, las personas con esta afectación presentan un grave problema de inhibición. 
Pero también:
  • Carencias en memoria no verbal. Esto dificulta que aprendan de la experiencia y generalicen. Por eso caen siempre en la misma piedra, a pesar de sus buenas intenciones. Viven en presente; les cuesta contemplar el futuro, cooperar o controlar el paso del tiempo.
  • Carecen de lenguaje interno y esto les impide actuar coordinadamente y regularse. También seguir instrucciones y solucionar problemas, expresar lo que saben de forma organizada y coherente o automotivarse.
  • Tienen problemas en la autorregulación emocional: Por eso son frecuentes los altibajos en su ánimo, baja tolerancia a la frustración, pérdida del control y los problemas sociales.
  • Tienen dificultades para resolver problemas, planificarse y realizar acciones coordinadas para lograr objetivos, planificar su vida; elegir respuestas adecuadas, pensar en el futuro o controlar el paso del tiempo..

¿Qué implicaciones tiene esto en el tratamiento?
Pues muchas. Intervenir el procesamiento ejecutivo es mucho más que trabajar la atención o frenar la movilidad. Los TDAH son inteligentes, tienen aptitudes pero no las saben utilizar: Según Brown “a su cerebro le falta el director de orquesta”. Compensar esta falta es el objetivo de la intervención escolar, familiar y clínica.
Estrategias para mejorar su funcionamiento
A los TDAH las cosas no les suelen ir bien. Es crucial ofrecerles experiencias de éxito. Para ello es obligado diseñar acciones que compensen la alteración ejecutiva. Disponemos de muy poco espacio para abordar cómo hacerlo. Daremos algunas pautas que puedan servir de guía.
  1. Los TDAH no tienen memoria de trabajo. Así que tienen grandes dificultades para regular su pensamiento y mantener la información en la mente. ¿Cómo ayudarles? es difícil si no podemos “oír qué piensan”. por eso, con los TDAH es fundamental externalizar su pensamiento. Para conseguirlo deberemos “hacerles hablar; pedirles que piensen en voz alta”, que cuenten qué deben hacer o qué hacen en cada momento. De este modo podrá trabajarse su lenguaje interno, hasta que éste acabe mediando su conducta.
  2. Les cuesta recordar datos relevantes y aprender del pasado. Podemos ayudarles utilizando recordatorios visuales: post-it, carteles. Ponerlos donde puedan verse. Pero sobre todo diseñando entornos con rutinas muy marcadas, donde sea fácil funcionar bien sin pensar mucho. Este aspecto es clave en la vida de un TDAH.
  3. También tienen dificultades para actuar de forma reflexiva. Por eso es bueno ajustar sus actos a una secuencia: “para-piensa-decide”. Repetir hasta generalizar. Recordar con señales visuales.
  4. Les cuesta planificar y pensar en el futuro. Así que conviene desglosar las metas en pequeños pasos. También hay que enseñarles a organizar su trabajo y sus descansos; obligarles a planificar tareas, vacaciones, fechas de entrega. Enseñarles a usar la agenda. Dar tiempo antes de empezar a trabajar para organizar lo necesario y eliminar lo innecesario. Avisarles con tiempo de los cambios y de lo que sucederá al acabar. Recordárselo mientras trabajan.
  5. Tampoco son conscientes del paso del tiempo, así que no es útil darles más. El paso tiempo debe externalizarse. Trabajar con relojes, temporizadores, cronómetros. Dividir tareas en partes, para que su atención se mantenga y no cometa fallos.
  6. Les cuesta atender a lo relevante y resistir interferencias del entorno. Ayudarles dando instrucciones breves, claras y concisas; de una en una. Hacer que las repita oralmente. Alejar de su vista estímulos irrelevantes. Evite que trabajen en estancias compartidas. En clase, situarles en primera fila; si trabajan en grupo, colocarles donde no deban girarse para ver la pizarra. No les permita escuchar música o la tele encendida mientras trabaja.
  7. Tienen dificultades para establecer acciones coordinadas y pensamiento secuenciados. Por eso es recomendable: Manipular contenidos. Dividir la actividad en partes. Enseñarles pasos para ejecutar tareas. Emplear autoinstrucciones en deberes y rutinas diarias. Enseñarles estrategias para detectar lo importante. Utilizar carteles para recordar y marcadores, carpetas y colores para organizarse. Enseñarles a transformar lo aprendido en narrativa coherente. Forzar la revisión de los trabajos; hacer registros con las tareas y marcando con una señal que se han hecho.
  8. También les cuesta mucho regular la conducta. Por ello es bueno ofrecer entornos muy reglados, enseñar asertividad,  autoinstrucciones para guiar actos, trabajar consecuencias.
  9. Tienen mucha dificultad para regular emociones. Se les puede ayudar con técnicas para canalizar la ira o la sobrexcitación. El teatro, el yoga o la meditación también han mostrado eficacia en este aspecto.
  10. Y al carecer de lenguaje interno, también presentan dificultades para automotivarse. Todos necesitamos motivación. Para ayudarles es bueno reforzarles de forma visible y externalizar logros mediante registros. Alabar lo que hacen bien sin mucha demora: no controlan el paso del tiempo o el futuro. Dar información frecuente sobre sus actos: “Muy bien, sigue así”.

Puede que muchos TDAH tengan buen rendimiento escolar o laboral. Pero que logren una vida plena dependerá sobre todo de que consigan controlar sus síntomas disejecutivos. 
Cada vez tenemos más claro cómo ayudarles. Resta lo más difícil: paciencia, ánimo y sobre todo, mucha constancia.
ROCIO MAYORAL. Autora de este artículo. Neuropsicóloga, Orientadora Escolar, Maestra y Logopeda. Posee varios masters en Psicología y Educación. Ha trabajado como profesora de Diagnóstico en títulos propios de la Universidad Complutense de Madrid. Ha participado en numerosas investigaciones en el campo de la Neuropsicología y procesos psicológicos Básicos, en educación y desarrollo del lenguaje. En la actualidad se mantiene activa en el campo de la investigación. Además trabaja en clínica infantil y de adultos y como orientadora escolar. Imparte cursos de formación a universitarios, especialistas y a padres. Colabora de forma asidua como técnica en el ámbito periodístico, tanto en prensa como en radio y televisión.
FUENTE: