TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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domingo, 18 de diciembre de 2016

EL TDAH Y LAS EMOCIONES


¿Qué es la inteligencia emocional?


La inteligencia emocional es el conjunto de habilidades psicológicas que permiten apreciar y expresar de manera equilibrada nuestras propias emociones, entender las de los demás, y utilizar esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.

La inteligencia emocional, según Daniel Goleman, es la capacidad de una persona para manejar una serie de habilidades y actitudes, entre las que se incluyen:
  • Conocer y manejar nuestras propias emociones.
  • Reconocer las emociones de los demás.
  • Establecer relaciones positivas con otras personas.
La importancia de la educación emocional es indiscutible, ya que les proporcionará los recursos emocionales para una gestión emocional que garantice su bienestar.

La educación emocional se basa en los siguientes pilares:
  • La identificación y el reconocimiento de las emociones propias y ajenas. 
  • La aceptación y la comprensión de la emoción.
  • La expresión y vía de salida de la emoción de una manera constructiva.
Trucos para la educación emocional:
  • Preocúpate de crear un clima positivo.
  • No suprimas sus estados emocionales. Sentir es natural y sano.
  • Ayúdales a identificar y reconocer sus emociones y las de los demás. 
  • Desarrolla en ellos la reflexión y la meditación.
  • Enséñales formas positivas de expresión emocional.
  • Sírveles de ejemplo.
  • Muestra la importancia de saber gestionar las emociones.
  • Enséñales a sentir sin miedo. 
  • Enséñales cómo se llaman, cómo son y en qué se diferencian las emociones. 
  • No escatimes en muestras de afecto y dota de carácter lúdico a tus enseñanzas. 
FUENTE: 

TDAH y las emociones

TDAH y emociones son un binomio que no se llevan bien.

Las personas con TDAH pueden tener problemas para interiorizar sus emociones y dominar la intensidad de las mismas (autorregulación emocional). 

No se trata tanto de que las emociones que experimentan sean inapropiadas como de que no son capaces de guardarlas para sí, manifestándolas exteriormente con más intensidad y duración que sus iguales.
El resultado es una conducta inmadura, muy cambiante y con baja tolerancia a la frustración.

La marcada inmadurez y la enorme dependencia emocional que caracterizan a las personas con TDAH producen unas conductas características:
  • En la mayoría de las ocasiones, van a tratar de llamar la atención del resto, y no vacilarán en ponerse en evidencia, haciendo payasadas o, bien, desafiando a la figura de autoridad de forma irreverente y/o desafiante. 
  • Frente a la perspectiva de un nuevo fracaso, van a hacer todo lo que sea posible para que no sea evidente y, por poner un ejemplo. mentirán antes que aceptar que no han terminado de hacer los deberes. 
  • Su baja tolerancia a la frustración se traduce en irritación y también ira, manifestando su malestar dando patadas al aire y haciendo aspavientos exagerados, o bien contestando mal ante cualquier corrección del profesor/a, por poner algunos ejemplos.
  • La autorregulación de sus emociones y su comportamiento responden más a los estímulos que reciben (dependencia emocional del ambiente), que a sus propios pensamientos internos, los cuales le harían examinar los sucesos o fijarse objetivos.
  • Su dificultad para automotivarse hace que necesiten continuamente gratificaciones inmediatas ante aquellas tareas que no les resulten atractivas, novedosas o que no acarreen una rápida recompensa. 
  • Igualmente, su incapacidad para automotivarse complica que puedan examinar sus sentimientos y tomar las medidas precisas que les ayuden a salir de estados anímicos negativos, como son la frustración, la tristeza o la ansiedad. 
  • El déficit en la autorregulación emocional afecta del mismo modo a su nivel de activación. Tienen graves problemas en el momento de comenzar las labores encomendadas, y sostener la actividad hasta su término, sobre todo, en aquellas actividades desganadas, monótonas y repetitivas, evadiéndose en sus pensamientos, o bien, en otros estímulos exteriores más gratificantes. 
  • Esta complejidad con la motivación interna hace que parezcan carentes de autodisciplina, apariencia agravada por la dificultad que tienen para interiorizar y seguir reglas e instrucciones. 
  • Su baja tolerancia a la espera de gratificaciones, y sus problemas para comprender y manejar el tiempo provoca que sean personas muy impacientes, no se rinden y todo lo quieren para el día de ayer. Por esta razón y, como nota de humor, se recomienda no informar de posibles sorpresas hasta que falte muy poco para descubrírselas, para así evitar que se pasen todo el tiempo haciendo la famosa pregunta "¿Cuánto falta para...?, ¿Cuánto queda para...?".
Estas dificultades emocionales les causan experiencias llenas de frustraciones y castigos, a lo que hay que añadir la crítica habitual y las valoraciones negativas que acentuamos sobre su persona y no sobre su comportamiento inapropiado. Las consecuencias son un pobre autoconcepto, una autoestima muy dañada y un mal ajuste social y personal.

La imagen que percibimos de las y los estudiantes con TDAH es la de chicas/os desmotivados, que no desean sacrificarse y que se muestran indiferentes. 
Pero, ¡nada más lejos de la verdad! 
Por el contrario, manifiestan una necesidad y un deseo reales de gustar al resto y de percibir una aprobación social positiva por su comportamiento y por aquello que efectúan porque, como hemos visto, son muy dependientes emocionalmente. 
Esto debe alertarnos en el momento de marcarles objetivos, en tanto que se dirigirán a los nuevos desafíos con mucha energía y ansiedad, si bien, por su sintomatología, degenerarán conforme transcurra el tiempo, lo que los expondrá, con muchas probabilidades, a un nuevo fracaso. 

De ahí que, hemos de ser realistas y fijarles unos objetivos más pequeños y en un corto plazo, de forma que puedan ir cumpliendo de forma progresiva y segura, para que su autoconcepto y su autoestima se vayan consolidando de manera positiva.

Consecuencia de la sintomatología es que pueden enseñar con facilidad altos indicadores de ansiedad y agobio, si bien, en apariencia muestren una actitud indiferente y desmotivada que, realmente, oculta la impotencia de hacer frente a sus dificultades. 
En ciertos casos, por la continua presión que reciben, esa ansiedad y agobio pueden transformarse en otros trastornos con entidad propia asociados al TDAH.

Actualmente, los aspectos emocionales van cobrando cada vez más importancia. De esta forma, estudiosos de la talla del doctor Barkley reconocen su relevancia como una parte del trastorno a la altura de la inatención y de la hiperactividad-impulsividad.

Examinemos más despacio estas peculiaridades que nos ayudarán a conocerlos mejor:

Baja autoestima

Autoconcepto y autoestima están inevitablemente relacionados.
El autoconcepto es la imagen que la persona tiene de uno mismo. 
La autoestima entiende la auto-convicción de ser eficiente, valioso/a y reconocido/a por el resto. 
Tener una autoimagen positiva nos infunde seguridad y confianza en nuestras capacidades. 
Los dos conceptos, dependen de la repercusión en nuestro entorno, esto es, se forjan en buena medida en la opinión que los otros tienen de nosotros. Si tenemos un autoconcepto negativo de nosotros mismos, de alguna forma, nos auto-rechazamos y, en dependencia de la intensidad y experiencia de este sentimiento, nuestro comportamiento puede finalizar desembocando en conductas beligerantes y destructoras.

Los pequeños, pequeñas y adolescentes con TDAH reciben con mucha frecuencia y, en ciertos casos de forma prácticamente incesante, críticas negativas, sermones, castigos y fracasos a nivel familiar, escolar y social: incordian, interrumpen, pierden, olvidan, empujan, se esmeran, fallan, abandonan, se frustran y no son capaces de examinar y solventar sus inconvenientes, ensayando una permanente sensación de falta de autocontrol. 
No obstante, aparentan que todo se lo echan a la espalda fingiendo que no les importa…

La autoestima está en la base del desarrollo de la personalidad, de la motivación, del desempeño escolar y de las relaciones sociales, o sea, está en la base de la adaptación al entorno. 
Es verdad que ciertos niños/as con TDAH muestran una autoestima auto-inflada, que no es otra cosa que la manera de hacer frente a su pobre autoconcepto.

Eludir las críticas públicamente y practicar el refuerzo positivo inmediato y usual son esenciales para promover una buena autoestima.

Depresión

Los síntomas depresivos son asimismo usuales en las personas con TDAH, si bien hay que distinguir si se tratan de síntomas más relacionados con la desmoralización y la impotencia de no verse capacitados para hacer frente a las demandas escolares y sociales, o bien, si se trata ya, de un trastorno depresivo más grave, que acompaña al TDAH. 

La depresión como trastorno implica tristeza crónica, una preocupación excesiva, aislamiento, irritabilidad persistente, falta de energía, desmotivación y también inapetencia para efectuar actividades frecuentes, dejadez, ideas de muerte recurrentes, etcétera.

Ansiedad

La pobre respuesta que las personas con TDAH tienen frente a las demandas del ambiente les hace susceptibles de sufrir crisis de ansiedad y agobio. 

Sus problemas para manejar correctamente el tiempo, su inatención, la dificultad para comenzar las actividades de forma autónoma, su desorganización y el déficit de planificación, etc., les transforma en personas lentas en la ejecución de las tareas: por servirnos de un ejemplo, hacer los deberes, recoger su cuarto, efectuar un examen, ducharse o bien desayunar, y la presión que reciben del exterior favorecen la aparición de síntomas ansiosos, pudiendo transformarse en severos trastornos de ansiedad. 

El trastorno de ansiedad se manifiesta con preocupaciones y miedos persistentes, nerviosismo, aprensión, capítulos agudos de ansiedad y terror ante situaciones que la persona percibe como amenazantes, peligrosas o bien que no puede supervisar.

Frustración

Nos guste o no, la frustración es una cosa que nos acompaña a lo largo de nuestra vida y en el caso de las personas con TDAH esto se multiplica por tres (por lo menos). 
Es muy posible que la historia personal de una persona con TDAH esté llena de momentos frustrantes. 
Podremos ver cómo no lo invitaban a fiestas de cumpleaños (sin saber por qué razón); de qué forma, tras esmerarse en aprobar los exámenes, los resultados no eran los esperados; e inclusive de qué manera en la vida adulta era despedida (o bien no renovada) en muchos empleos…

¿Qué es la frustración?

La frustración es la respuesta emocional que se origina ante la imposibilidad de satisfacer una necesidad o un deseo. Esta  experiencia negativa que provoca un incremento de tensión provoca una reacción beligerante como mecanismo de defensa, que se manifestará con emociones tales como ansiedad, rabia, angustia, ira o en sentimientos y pensamientos autodestructivos para el sujeto. 

Estas respuestas ante la frustración son en gran medida un mecanismo reflejo, como cuando nos arrojan un objeto a la cara e, instintivamente, ponemos las manos para protegernos, sin pensar qué hacer ante el objeto. De igual manera los mecanismos de defensa surgen involuntariamente sin que nos percatemos.

La frustración como algo despectivo

Las evidencias indican que las emociones, como reacciones propias del organismo, no son ni buenas ni malas. 
Todo depende de la evaluación perceptual que la persona haga de las mismas. Las emociones cumplen un papel adaptativo, que permiten la supervivencia del individuo dentro del ambiente. 

Existen estímulos emocionales objetivamente perturbadores que pueden no producir ninguna secuela sobre una persona, y existen otros estímulos emocionales objetivamente no perturbadores que pueden llegar a ocasionar un daño más o menos importante. 
La diferencia básica entre las dos posibilidades se localiza en la percepción que cada persona tiene de esos estímulos.
Es decir, cuando una persona posee estrategias y habilidades suficientes para hacer frente a esas situaciones, es poco probable que los estímulos derivados de la misma causen algún daño. Sin embargo, en otras ocasiones, aunque la situación y los estímulos sean manejables para cualquier persona, puede ocurrir que alguien no posea esas habilidades y destrezas esenciales, y que se vea desbordado por una situación que, probablemente, sólo es insuperable desde su propia percepción.

Por fortuna la visión de la frustración como algo despectivo está variando y existen nuevas definiciones que explican la frustración como algo no negativo sino más bien como algo que formaba una parte de la naturaleza humana.
La frustración es algo humano y no se puede suprimir, está siempre y en toda circunstancia presente puesto que el ser humano, pese a sus fantasías de omnipotencia, es limitado y experimenta día tras día el choque con la realidad.

Este “choque con la realidad” acostumbra a ser más usual en las personas con TDAH pues el nivel de demanda al que están expuestas no acostumbra a tomar en consideración sus necesidades y peculiaridades y hay más experiencias en las que las esperanzas (en general elaboradas de forma errónea) chocan con los resultados logrados.

La frustración se experimenta de diferentes maneras:

Frustración en forma agresiva

Es la acción más vistosa y la que más se relaciona con la frustración. Es una acción protectora que sacamos cuando sentimos que hay un obstáculo que se interpone en nuestro camino. O dicho de otra forma, cuando el resultado que logramos no coincide con lo que esperábamos. 
Las reacciones beligerantes pueden ser útiles cuando dejan sitio a una reacción más edificante. Es decir, el enfadado da paso a un empeño aún mayor por buscar soluciones.

Las personas con TDAH, en especial en el sexo masculino, tienden a tener estas reacciones cargadas de resentimiento, dando sitio, a veces, a trastornos de la conducta como el llamado trastorno negativista desafiante.

Frustración como resignación

La frustración se convierte en resignación cuando, de forma repetida, los resultados que obtenemos no son los deseados. Con frecuencia, hay personas con TDAH que tienden a retraerse y a pasar inadvertidas, desarrollando lo que es conocido como indefensión aprendida, lo que puede tener consecuencias deplorables para su desarrollo a largo plazo.

Frustración en forma constructiva

Son las reacciones que se centran en superar aquello que nos frustra. Si el obstáculo no puede ser eliminado o bien mitigado la persona busca llegar a la meta por otros caminos.

Quizás podamos encontrar en esta frustración constructiva la base del éxito de las personas que, pese al TDAH, han alcanzado una vida plena y llena de triunfos. Aprender a ver la frustración como una ocasión, en vez de como una fuente de desgracias, es clave para el desarrollo personal.

Ahora bien, esto es muy simple de decir, la cuestión es ¿cómo podemos enfocar o dirigir nuestra frustración para que nos sea beneficiosa? ¿Cómo podemos superar o sacar provecho de nuestra frustración?

FUENTE: 

Niños agresivos. Claves para aprender a expresarse sin usar los puños



Los niños agresivos se distinguen por utilizar la violencia para resolver conflictos o como respuesta ante cualquier tipo de emoción negativa como frustración, ira, celos…
Conductas como pegar a otros, burlarse de ellos, ofenderlos, tener rabietas incontroladas, tirar cosas al suelo, utilizar palabrotas y vocabulario ofensivo, generalmente se describen como conductas agresivas.

Los niños agresivos no sólo hacen sufrir a sus padres, maestros y otros niños, sino que en muchos casos son niños frustrados, que acaban dañándose a sí mismos… además, provocan que los demás los rechacen.

Tipos de agresión
  • Física. Dar una patada
  • Verbal. "Te voy a partir la cara"
  • Directa. "Eres tonta".
  • Indirecta. "Sabes que Pilar es tonta, que no sabe leer bien".
  • Pasiva. "Tardaré en estar listo para que mi madre llegue tarde a la oficina".
  • Contenida. Resoplar o poner cara de desprecio.
  • Instrumental. "Si quiero este juguete, lo quito por la fuerza".
  • Emocional. "Doy patadas a la puerta cuando algo no me apetece".
La conducta agresiva es mucho más frecuente en los primeros años. El nivel máximo se da sobre los dos años, los niños agreden más físicamente y/o de forma instrumental.

La agresión va disminuyendo hasta alcanzar niveles más moderados, ya en la edad escolar. Los niños mayores utilizan más la agresión verbal y/o emocional.

Cuando el niño ya es mayor y tiene las mismas conductas coercitivas que un niño de dos o tres años y utiliza estos métodos para resolver sus problemas, presenta una incapacidad para dominar sus estados emocionales, hablaríamos de un problema de agresividad infantil.

Buenos motivos, pero malas decisiones

Cuando no se les permite tener opinión, propia, cuando no son resueltas sus necesidades de cuidado o cariño, cuando son maltratados física o verbalmente, como cuando son intimidados y amedrentados por las reacciones violentas de sus padres, los niño acuden a la ira y la agresividad.

Es importante que manifiesten lo que les pasa, pero es importante aprender a hacerlo sin hacer daño ni a los demás ni a sí mismos.

7 formas de ayudar a los niños agresivos a expresarse mejor disminuyendo sus conductas agresivas:
  • Validar sus emociones.
  • Ayudar al niño a poner palabras a lo que siente. 
  • Entiendo que estés enfadado, pero no puedo permitir que hagas daño a los demás. 
  • Buscar otras formas de mostrar enfado sin hacer daño.
  • Reparar el daño que ha hecho a otros.
  • Evitar responder con agresividad ante la ira del niño.
  • Modelar formas respetuosas de afrontar la propia ira.
Recordemos que la forma en cómo se expresa (o se reprime) la agresividad en la familia será un elemento determinante en la forma de gestionar los conflictos en los niños.

También influyen otros factores pero, si nosotros aprendemos a saber lo que nos pasa y podemos manejarlo adecuadamente, esto tendrá una gran influencia en nuestros hijos.

FUENTE: 
https://www.youtube.com/watch?v=-lIUV8zAKzg

Enseñar a los niños a afrontar los fracasos y la frustración


Los fracasos y las frustraciones son algo normal en la vida de las personas. Es fundamental que, durante su desarrollo, los niños aprendan a superar estos aspectos de manera constructiva.

Debemos ver la frustración y los errores como parte de la vida y, por lo tanto, es nuestra responsabilidad hacer que los más pequeños estén preparados para ello.
Una persona feliz es aquella que sabe afrontar sus errores, aprende de ellos y sabe superar la frustración de forma constructiva.
Una persona feliz no es aquella que no se equivoca nunca, o aquella que siempre consigue todo lo que quiere. Todas las personas cometen errores y a todas las personas les cuesta conseguir lo que quieren. Es parte de la condición humana.

Pautas para evitar el fracaso y la frustración en los niños

TIP 1. Cambia la manera de ver los fracasos
Haz que no vean los fracasos como algo negativo. Lo importante es darse cuenta de dónde nos hemos equivocado para que no vuelva a ocurrir.  
Convierte así la frustración en aprendizaje. Que el niño lo conciba como una oportunidad para aprender y ser creativo.

TIP 2. Haz que haga las cosas por sí mismo
No le des todo hecho, haz que piense aunque, al principio, no sepa hacer ciertas cosas. Déjale que lo haga él solo, que piense, que lo intente y que tenga la oportunidad de equivocarse y de enfrentarse al fracaso. 
Podemos ser su guía, pero dejándole solo. Evita la sobreprotección y el exceso de permisividad.

TIP 3. Enséñale que en toda situación de fracaso puede haber algo positivo
Ante todo fracaso hay siempre algo positivo, que es la capacidad de aprender de ello, la posibilidad de crecer como persona también.

TIP 4. No refuerces la rabia como respuesta a la frustración
Si cedemos a sus rabietas, le enseñamos que es una forma fácil de superar esa situación y conseguir lo que quiere. 
Es un error pensar que el niño, para ser feliz, necesita todo lo que quiere. Debemos no hacer caso a su rabieta.

TIP 5. Haz de ejemplo para los niños y niñas
Nuestro modo de actuar es el que les guía para enfrentarse a situaciones de la vida. 
Ante situaciones que puedan provocar frustración o fracasos, debemos mantener una actitud positiva y esforzarnos por superar las dificultades.

TIP 6. Educa en el esfuerzo, pero marcando objetivos razonables
Los niños y niñas han de aprender que, para conseguir ciertas cosas, es necesario esforzarse. De esta manera, verán que el esfuerzo es una manera de solucionar sus fracasos. 
Es bueno hacer que el niño o niña se esfuerce, pero su nivel de exigencia ha de ser razonable.

TIP 7. Razona con él/ella sobre sus errores y fracasos
Que entienda lo que ha pasado, que ha salido mal. Si lo entiende se sentirá tranquilo y ganará confianza, porque sabrá lo que tiene que hacer la próxima vez.

FUENTE:

viernes, 8 de abril de 2016

CÓMO ENSEÑAR A UN/A PREESCOLAR A GESTIONAR SUS EMOCIONES



Terribles dos años, tres años, temibles cuatro años... 
Esos años, marcados por rabietas y berrinches que no hacen sino revelarnos que nuestros y nuestras peques todavía no han aprendido a regular y gestionar sus emociones. Es, sin embargo, la edad ideal para empezar con la educación emocional, tanto en casa con en el jardín de infancia.

1. Nombrar emociones

Las emociones son como un fuego: si intentas apagarlo de golpe con un vaso de agua fría, según su tamaño, puede que lo consigas o puede que, al contrario, empeores el asunto gravemente y se te queme la casa.

Vale: del mismo modo, las emociones no se reprimen. Se identifican y se gestionan de la mejor forma posible: los niños y niñas, a esta edad, no tienen dicha capacidad. 
No es que NO QUIERAN gestionar bien un berrinche por chincharte a ti, es que todavía no pueden: no está en su patrón de desarrollo y es algo normal.

Dejando claro esto, ¿cuál es tu papel? 
Enseñar a esa personita tan pequeña qué siente: "estás triste porque tu amigo se ha ido a su casa", "veo que te has enfadado con tu amiga", "pareces muy contento por el regalo de tu abuelita", "estás frustada porque no puedes ir a la playa", "te sientes decepcionado porque el dibujo no te ha salido como querías pero a la próxima saldrá mejor", "el ruido ha sido muy fuerte y estás asustada".

2. Normalizar

Las emociones son adaptativas: no son malas en sí ni buenas en sí. A veces son útiles y a veces no: son alertas. Lo que puede estar mejor o peor no es la emoción sino la forma en la que se gestiona (de acuerdo al nivel y posibilidades de desarrollo de cada niña y niño, claro): por lo tanto, hay que normalizar emociones "negativas", que causan malestar, y no estigmatizarlas como algo a apagar cueste lo que cueste, y a esconder debajo de la alfombra. Jamás. 

"Todo el mundo se siente triste, alterado, tiene miedo, etc. a veces". Entender que lo que le pasa es algo común, que no es un bicho raro, es mucho más tranquilizador que un "ea, ea, no llores" ni un "tranquilízate". Lógicamente, a nadie le gusta un berrinche épico en la vía pública: ese es un buen momento para educar en inteligencia emocional.

3. Estrategias

Todo el mundo puede controlar el modo en el que expresa sus emociones, pero no puede controlar sus emociones (y, como hemos dicho, intentar apagar fuegos con gotas de agua pues no da muy buen resultado). Podemos experimentar ansiedad cuando tenemos que entregar un trabajo en un plazo corto de tiempo,  ¿Verdad? ¡Eso no implica que nos pongamos a gritar, llorar y correr en círculos alzando los brazos!

Cómo gestionamos nuestras emociones es algo que depende de nuestra educación emocional, y es obvio que no todo el mundo ha corrido la misma suerte y que, a veces, tienen que emprender ese camino tan arduo en la edad adulta que, de haberse recorrido a su tiempo, no sería tan duro. Por ejemplo: "entiendo que estés enfadada, pero no puedes pegar a tu hermano pequeño por ello: puedes golpear esta pelota".

4. Ficción y story-telling

Leer ficción puede promover el desarrollo de la empatía, y las historias muy abiertas ofrecen a las personas una línea argumental que ayuda a resolver problemas desde sus propios recursos, perspectiva individual y marcos conceptuales.

5. Mindfulness


Como suponéis, es complejo aplicarlo en peques: te recomendamos acudir a un psicoterapeuta colegiado para ello.

FUENTE:

sábado, 6 de junio de 2015

SOLO RESPIRA: enseñar a los niños con TDAH a calmar las emociones... y también a los adultos


Solo Respira - por Julie Bayer Salzman & Josh Salzman

Publicado el 9 abr. 2015
Traducción de la descripción original:
"La inspiración para hacer el cortometraje 'Solo respira' surgió hace poco más de un año cuando escuché a mi hijo de 5 años hablar con sus amigos acerca de cómo las emociones afectan diferentes áreas del cerebro, y cómo calmarse tomando algunas respiraciones profundas -cosas que estaban aprendiendo en el jardín infantil de su escuela "Ciudadanos del Mundo', en Mar Vista, California-. Estaba sorprendida y dichosa de ser testigo de cuán significativo estaba siendo el aprendizaje socio-emocional en una escuela primaria en estas mentes tan jóvenes.

El año siguiente, decidí tomar un curso online de 6 semanas a través de Mindful Schools (http://www.mindfulschools.org/), pensando en que si mi hijo estaba aprendiendo sobre esto, tenía sentido que yo aprendiese también. Desde la primera semana noté los efectos positivos de esta práctica no solo se reflejaban en mi propio ser sino también en mis relaciones con los demás.

Como realizadora, siempre estoy interesada en encontrar un tema digno de ser filmado y sentí que Mindfulness era un concepto que era necesario comunicar visualmente. Por suerte, mi pareja, que es también mi compañero haciendo películas, estuvo de acuerdo. Hicimos "Solo respira" con nuestro hijo, sus compañeros de clase y con sus familiares un sábado en la tarde. El vídeo no tiene guión – lo que los niños dicen está exclusivamente basado en su comprensión neuro-científica de las emociones difíciles, y cómo pueden afrontarlas a través de la respiración y la meditación. Ellos, a su vez, nos enseñan a todos nosotros.

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viernes, 22 de agosto de 2014

EL BOSQUE ENCANTADO: conocimiento y control de las emociones


Os presentamos una guía educativa publicada por la Asociación Española contra el Cáncer, en la que se proponen numerosas actividades y juegos para que los niños adquieran de forma lúdica conocimientos básicos sobre las emociones. 


Preparación del juego: información para padres y profesores

Tus hijos, tus alumnos, ríen, lloran, cogen tremendas rabietas o sienten miedo ante las más inimaginables situaciones, pero… ¿te has parado a pensar qué importantes son todas las emociones para nuestra vida?

Las emociones, según explica la psicooncóloga y coordinadora del programa que os presentamos, Paola Obrador, “son procesos psicofisiológicos que se activan en un organismo para que pueda adaptarse a su entorno. Conocerlas y manejarlas adecuadamente es importante para conseguir este fin”.

El bosque encantado” es un juego on-line que permite la formación y el entrenamiento en la gestión de las emociones a través de un entorno imaginario, un bosque encantado donde existen habitantes mágicos: brujas, elfos, hadas, duendes, “trolls” y castillos abandonados, entre otros. Mediante los ejercicios que propone la herramienta se intenta dotar de estrategias a los niños y niñas para identificar las emociones y para que comprendan la relación entre éstas y las situaciones en las que se producen, entrenar sus habilidades para expresar los sentimientos y las necesidades asociadas a los mismos, ofrecer pautas para aceptar los estados de ánimo, tanto positivos como negativos, y proporcionar técnicas de control para regular las emociones sin exagerarlas o evitarlas.

¿Es posible enseñar a los niños a regular sus emociones?

La mayor parte de las conductas se aprenden, sobre todo de los padres, de los profesores y de las personas que rodean al niño. Para conseguir que el niño aprenda a manejar adecuadamente sus emociones es necesario que los padres y profesores cuenten con la suficiente información como para poder regular y controlar sus estados emocionales y facilitar que los niños los aprendan y desarrollen.

A quién está dirigido el juego

“El bosque encantado”, está dirigido a escolares de entre siete y nueve años, de 2º y 3º de Educación Primaria. Si bien, muchos niños con TDAH, aunque tengan más edad, podrán disfrutar y beneficiarse de este juego, dado el retraso madurativo que la mayoría experimenta.

Este programa lúdico tiene como objetivo ofrecer a los pequeños las estrategias de control emocional que puedan convertirse en elementos protectores de comportamientos de riesgo: consumo de tabaco, alcohol y otros comportamientos disruptivos y agresivos.

Emociones bajo control

El mensaje que se envía a los pequeños es que las emociones son propias del ser humano, y se clasifican en positivas y negativas, en función de su contribución al bienestar o al malestar. Todas las emociones, tanto las de carácter positivo como las de carácter negativo, cumplen funciones importantes para la vida y todas son válidas: no existen emociones buenas o malas.
Son energía y la única energía que es negativa es la energía estancada. Por esta razón, es necesario expresar las emociones negativas retenidas que pueden desencadenar problemas mayores. Y al mismo tiempo, no podemos desconectar o evitar las emociones, y cualquier intento por controlarlas a través del consumo de tabaco, alcohol u otras drogas puede generar problemas más importantes a largo plazo.

Las emociones

A continuación, te presentamos 5 fichas que describen de forma didáctica y sencilla información sobre las emociones más frecuentes.


Te recomendamos leerlas antes de empezar a jugar e, incluso, imprimirlas para repartir a tus hijos o a tus alumnos en clase, generando algún tipo de debate o charla. De este modo, empezarán a conocer el tema de vuestra mano.
  • Miedo. Es la anticipación de una amenaza o peligro (real o imaginario) que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad. El miedo es necesario ya que nos sirve para apartarnos de un peligro y actuar con precaución.
  • Sorpresa. Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria y nos permite una aproximación cognitiva para saber qué está ocurriendo. Nos ayuda a orientarnos, a saber qué hacer ante una situación nueva.
  • Aversión. Disgusto o asco hacia aquello que tenemos delante. Nos produce rechazo y solemos alejarnos.
  • Ira. Rabia, enojo que aparece cuando las cosas no salen como queremos o cuando nos sentimos amenazados por algo o alguien. Es adaptativo cuando impulsa a hacer algo para resolver un problema o cambiar una situación difícil. Puede conllevar riesgos de inadaptación cuando se expresa de manera inadecuada.
  • Alegría. Sensación de bienestar y de seguridad que sentimos cuando conseguimos algún deseo o cuando vemos cumplida alguna ilusión. Nos induce hacia la repetición: deseamos reproducir o repetir aquel suceso que nos hace sentir bien.
  • Tristeza. Pena, soledad, pesimismo ante la pérdida de algo importante o cuando nos han decepcionado. La función de la tristeza es la de pedir ayuda. Nos motiva hacia una nueva reintegración personal.

  • Aspectos generales de vital importancia en el aprendizaje emocional
    • Los niños se irán formando en la madurez emocional a medida que los adultos les enseñen y practiquen con ellos. Dichas habilidades se pueden aprender aprovechando cada momento cotidiano en el hogar o en el aula.
    • Enseñar a controlar las emociones es diferente a reprimirlas. Es importante que el niño aprenda a expresarlas de acuerdo con el momento, la situación y las personas presentes.
    • Reforzar la idea de que todas las emociones son necesarias. No existen emociones buenas o malas.
    • Transmitir al niño que todos podemos aprender muchas cosas que nos ayuden a guiar y expresar nuestras emociones.
    • Dejar claro que no podemos evitar las emociones. A veces, ante emociones que nos producen malestar, como  el enfado, el miedo o la tristeza, intentamos hacer cualquier cosa para dejar de sentirlas. Incluso los adultos lo hacen. Sin embargo, ¡esto no funciona!
    • Todos tenemos derecho a todos nuestros sentimientos, incluso los de temor
    • Es importante transmitir al niño que todos necesitamos saber lo que estamos sintiendo y que los demás lo sepan. Expresar las emociones, hablar de cómo nos sentimos, nos ayuda a pensar y actuar de la manera más adecuada. Si compartimos nuestras emociones, sean las que sean, nos sentiremos mejor y encontraremos ayuda en los demás.
    Está comprobado que los programas de educación emocional en el ámbito educativo han conseguido resultados prometedores en la reducción del consumo de sustancias adictivas, un descenso de comportamientos agresivos en clase y un menor porcentaje de conductas autodestructivas y antisociales.

    La importancia de las emociones

    En los últimos años se ha realizado un gran número de investigaciones que señalan que la falta de conocimiento y control de nuestros sentimientos son la base de muchos problemas que afectan a los niños, niñas y jóvenes, tanto dentro como fuera del contexto escolar. En contrapartida, hoy se sabe que un adecuado aprendizaje de nuestras emociones y sus formas de regulación desde que somos pequeños configuran unas personalidades más fuertes, más decisivas, y con menor vulnerabilidad a posibles situaciones de riesgo que pueden presentarse el día de mañana.

    Este juego no incluye ningún tipo de referencia explícita al consumo de sustancias nocivas, es decir, no se tratan de manera directa. Si se desea, se puede ver esta información a continuación, que aparece también en el juego en la sección “Para saber más”. 

     

    Con situaciones de riesgo nos referimos a “las primeras invitaciones” o “primeros acercamientos” al consumo de tabaco, alcohol o incluso a otro tipo de drogas. Enseñarles a entender y canalizar sus sentimientos, de manera que en el futuro no recurran al consumo de estas sustancias como forma de aliviar estados emocionales de tristeza, desagrado, frustración o aburrimiento, a decir NO, a valorarse a sí mismos y a respetar a los demás es una garantía de futuro.

    El análisis de las emociones adquiere, día a día, un mayor auge, no sólo en el ámbito de la psicología sino también en el educativo. Hasta tal punto es esto una realidad que en los Estados Unidos se ha propuesto como objetivo educativo indispensable el aprendizaje de habilidades emocionales que aseguren un desarrollo saludable en la adolescencia. 
    Dichos programas de educación emocional en el ámbito educativo, con una importante trayectoria de desarrollo, han conseguido resultados prometedores en aspectos tan importantes como:
    • Reducción del consumo de sustancias adictivas, entre ellas tabaco y alcohol.
    • Descenso de comportamientos agresivos y hostiles en clase.
    • Menor porcentaje de conductas autodestructivas y antisociales.
    Estos estudios y proyectos son la base de este juego, El Bosque Encantado, una aventura a través de la cual los niños adquirirán, de forma lúdica, conocimientos básicos sobre las emociones: cuáles son, cómo funcionan y cómo se pueden controlar.
    Un adecuado manejo de nuestras emociones además promueve el desarrollo de buenas habilidades sociales, un refuerzo de la autoestima y una mejor capacidad para afrontar y soluciones los problemas que la vida nos pueda plantear.
    Para acceder al juego, pincha en Jugar.