TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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sábado, 14 de noviembre de 2020

LA IMPORTANCIA DE LOS ABRAZOS EN LOS NIÑOS


Científicamente se ha demostrado que este gesto es un elemento básico de comunicación. De hecho, es la primera muestra de cariño, junto con el beso, que se le da a un bebé al nacer

ANA M. LONGO

06 OCT 2020 - 14:50 CEST

Cuando hablamos de abrazos, a algunos se les puede venir a la mente el movimiento generado hace unos años que se expandió por el mundo. Con el lema "Abrazos Gratis" (Free hugs), diversas personas los regalaban por la calle a quienes aparentemente pudiesen necesitarlos. Y es que dar abrazos a otros trae felicidad. “Existe más poder en un fuerte abrazo, que en mil palabras bien articuladas”, refería Ann Hook, autora de novelas y cuentos.

 Aunque hoy en día hay que expresarse más con la palabra que con el tacto y el roce, el abrazo en los niños sigue siendo imprescindible. Existe en él un fuerte poder curativo. “Pese a nuestra situación sanitaria actual, el discurso con las familias sigue siendo el mismo. 

Recomiendo seguir fomentando el abrazo de las personas que conviven con el niño. Y es que el no darlo, viviendo bajo el mismo techo, no asegura no contagiarse. Sin embargo, lo conveniente es mantener la distancia de seguridad con aquellas personas que no tienen una convivencia diaria con el menor pese a ser parientes”, explica Ayelén Scacchi, psicóloga infanto-juvenil.

El mundo llega a tener un significado por medio de la interacción y esta no puede producirse sin determinadas muestra de afecto. “Según Stanley Greenspan, el afecto del que se carga la relación crea un sentido de propósito en el niño y le ayuda a dar significado a la información que recibe del entorno”, incide Scacchi. 

En un abrazo encuentras el mejor refugio y apoyo sin juicios. “A los padres de mis pacientes les digo que no pierdan la oportunidad de dar todos los días uno o varios abrazos a sus hijos. Pero de esos en los que te falta el aire. De los que son verdaderas muestras de amor, fuertes e intensos, apapachos(abrazos, en México) para el alma", añade Laura Sánchez von Bertrab, también psicóloga infantil.

Abrazar a otro individuo parece un acto llano. No obstante, trae consigo importantes consecuencias a nivel físico y, sobre todo, emocional y psicológico. “En el momento del abrazo nuestro cuerpo y cerebro activan sustancias neuroquímicas”, sostiene Scacchi.

La profesional precisa cuatro aspectos positivos:

  • Trae consigo una sensación placentera: Genera calma y bienestar.
  • Otorga la convicción de poder hacer frente a todas las preocupaciones de la vida.
  • Añade seguridad, tranquilidad, contención y amor en edades tempranas del niño.
  • Incrementa la autoestima de los niños porque aporta las fuerzas necesarias para enfrentar de forma eficiente los momentos dolorosos y estresantes de la vida.

Científicamente se ha demostrado que abrazar es otro modo de comunicación. De hecho es la primera muestra de cariño, con el beso, que se le da al bebé que acaba de nacer. El niño necesita el contacto con sus padres constantemente. De este supuesto, se extrae la Teoría del Apego, de John Bowlby. “Abrazando a los niños desde muy pequeños fortalecemos el vínculo y el apego sano y seguro. Si queremos que nuestros hijos se sientan protegidos en el mundo, debemos tener una conexión emocional con ellos por medio del consuelo físico en los momentos más complicados de sus vidas”, prosigue Scacchi. “Si el niño siente que la figura parental le tiende la mano en cualquier situación, tendrá la necesidad y el coraje de explorar y enfrentarse al mundo”, continúa esta profesional especializada en infancia y juventud.

Una terapia también para los adultos

Existen investigaciones de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, que evidencian la relación entre los abrazos y el contacto físico de los familiares, con la mejora en el desarrollo intelectual del bebé. Asimismo expertos añaden que también favorece la formación de su carácter. Sánchez von Bertrab anima al resto de padres a que den abrazos a sus hijos por estas razones:

  • Aporta bienestar: No es preciso un motivo para abrazar a un niño, hay que hacerlo siempre que a uno le nace. También se puede acompañar esa demostración de amor con palabras que reafirmen lo que sienten hacia ellos. Muchos padres aseguran que comienzan abrazando a sus hijos y pronto son ellos mismos los abrazados.
  • Ayuda a regular las emociones de los hijos: Muchas veces los niños sienten frustración, enojo o tristeza y cuando eso sucede recomiendo a los padres que les pregunten si les gustaría recibir un abrazo. Esos son los abrazos de contención, mediante los que transmitimos seguridad, protección, empatía y ternura. Como padres o adultos de referencia de los niños, tenemos la responsabilidad de acompañarlos en el proceso de aprendizaje, permitiéndoles ser personas seguras y resilientes.
  • Es una gran terapia para ti también: Abrazar es un acto recíproco. El adulto abraza al niño y lo recibe. El abrazo imprime energía, fuerza y motivación y es bidireccional. Al abrazar a un niño, uno se conecta con uno mismo y recuerdan su camino hacia la autonomía, algo que genera una gran satisfacción.

“Abrazar a los niños y dejarse abrazar, resulta una de las maneras más simples de conexión, de demostración de un sincero cariño y del deseo por lograr que en una situación triste, tensa o agradable, el niño o la persona abrazada sienta una empatía y una calidez imperturbable”, remata Sánchez von Bertrab.

FUENTE:

https://elpais.com/mamas-papas/2020-10-06/la-importancia-de-los-abrazos-en-los-ninos.html

IMAGEN:

https://pixabay.com/es/illustrations/nos-vemos-reuni%C3%B3n-encuentro-alegr%C3%ADa-1013658/

miércoles, 3 de mayo de 2017

2 de mayo. Día Internacional contra el Acoso Escolar





El 2 de mayo es el Día Mundial de Lucha contra el Bullying o el Acoso Escolar. Esta campaña busca combatir el acoso escolar o bullying y el acoso en Internet o ciberbullying, un grave problema que afecta a millones de escolares en todo el mundo.

El acoso, bullying en inglés, implica diversas formas de agresión, intimidación y/o humillación física y/o psicológica, en el que uno o más acosadores imponen su poder al acosado/a repetitiva y persistentemente durante un período largo de tiempo, en situaciones en las que no suelen estar adultos presentes: en la clase como en el patio o a través del móvil o las redes sociales.
Otra forma de acoso es la exclusión social, también conocido como ostracismo o acoso indirecto, que se produce cuando una persona es ignorada y excluida por un grupo de compañeros. Pese a no presentar agresión verbal o física, el ostracismo resulta extremadamente doloroso para quien lo padece.

El perfil del agresor/a se forma en entornos donde impera la violencia. El agresor/a es el líder del grupo y ejerce su poder como forma de relacionarse, bajo la premisa de que el fuerte, el superior somete al más débil, que castiga a aquellos que no se ajustan a los criterios de pertenencia a su grupo. En realidad, hablamos de chicos/as con pobre autoconcepto, baja autoestima y mucha inseguridad, que tiene que demostrar fuerza y poder para demostrar su valía y posición en la sociedad. A menudo, el acoso empieza a raíz de un altercado menor o por una antipatía. 

La víctima/s son personas cuyas características las hacen diferentes del resto: ser más alto, tener baja estatura, delgadez o sobrepeso, brackets, gafas o, simplemente, su manera de actuar o de pensar diferente. Suelen ser niños/as con pocas habilidades sociales, baja autoestima e inseguridad, que adoptan una actitud pasiva ante las agresiones que reciben por indefensión.

Relación TDAH y acoso

Como consecuencia de su sintomatología y de otros trastornos asociados, los chicos/as con TDAH pueden ser tanto “acosadores” como “acosados”, aunque los estudios indican una mayor probabilidad de ser “acosados” y rechazados por sus iguales.

viernes, 7 de febrero de 2014

TDAH: RECOMENDACIONES PARA COMUNICARNOS CON NUESTROS HIJOS


Domingo por la noche, las tareas sin hacer, otra dura semana que se avecina, el niño que hace como que no te oye y parece cada vez más descontrolado, la impotencia corre por tus venas y tienes ganas de estallar…
Más de un padre me ha narrado ya una escena parecida, con más o menos matices los puntos importantes son siempre los mismos: sensación de caos, de no hacerse entender, de que se haga lo que se haga nada sirve de nada.
Un niño con TDA o TDAH requiere de una paciencia inconmensurable. El psicólogo lo plantea todo muy fácil en la consulta, pero luego, en casa, a quien le toca imponer disciplina es a ti y no siempre tienes fuerzas para ello. La vida a tu alrededor demanda cada día más.
Aquí van unos pequeños consejos prácticos a la hora de relacionarnos con un niño o niña con Déficit de Atención, que, aplicadas de manera consistente y recurrente, estas pautas mejoran la comunicación y el bienestar de los dos: el de tu hijo y el tuyo también.


  • Sé claro y conciso - No te pierdas en grandes explicaciones, él se perderá antes que tú y al final lo esencial del mensaje no le habrá llegado. No te quemes.
  • Busca siempre el contacto visual. No des por sentado que te ha escuchado aunque estuviera jugando a las maquinitas. Además, es un buen entrenamiento para él.
  • Evita la crítica. La procesará peor y no siempre será capaz de deducir aprendizajes de la crítica. Céntrate en lo más constructivo, en cómo se deben hacer las cosas, en cómo hacerlo la próxima vez.
  • Refuérzale. Busca esa habilidad que le hace único, eso que quizá a ti te saque de quicio pero a lo que podrá sacar un gran provecho a lo largo de su vida. Refuérzalo en su contexto adecuado.
  • Fomenta su confianza y su expresión emocional. Deja que confíe en ti, hazle ver que no eres el ogro sino alguien que vela por su bienestar. Déjale que se exprese sin censuras.
  • No le coloques en el rol de víctima ni de verdugo. El TDA es una condición que le es propia, igual que otras muchas cosas que le caracterizan. Ni le hace víctima ni le hace culpable. Es lo que hay y con ello tiene que aprender a convivir, consigo mismo y con los demás, como el que es más bajo, más gordo o más delgado.
  • Detecta sus debilidades sin ponerle en evidencia. En un espacio de confianza e intimidad es más fácil aprender que cuando uno se ve expuesto ante el resto del mundo. Es necesario que identifique sus dificultades pero sin que ello le hunda o le humille.
  • Propón siempre un modelo de conducta alternativa. De nada sirve decir “no hagas esto” si, de todos modos, no sabe hacerlo de otra manera.
  • Censura su conducta, no a él. Los niños con TDA suelen acumular castigos en en el cole como en la vida. Que no te guste lo que acaba de hacer no significa que no te guste él. Esto es muy obvio para ti pero no para alguien que recibe sermones o reprimendas de manera frecuente. Házselo ver.
  • Se positivo, firme y tenaz. Incluso cuando las situaciones te lleven a todo lo contrario.
  • Ten mucha, mucha paciencia.
FUENTE:
Por Ana Villarrubia Mendiola