TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

martes, 20 de noviembre de 2012

LA ESCUELA ANTE EL TDAH


"Si buscas resultados diferentes no hagas siempre lo mismo".
Albert Einstein


Es evidente que la labor de los y las docentes es cada día más difícil: más alumnos y alumnas en clase, todos diferentes y cada uno con su problemática. Es cierto que los educadores no suelen recibir la formación necesaria para poder abordar todas las dificultades de sus alumnos/as, y las tensiones originadas por la situación económica tampoco favorecen la atención a la diversidad.

Recogemos algunos de los puntos de vista de los y las profesionales de la educación ante el TDAH. 
En primer lugar, debemos alabar y agradecer la actitud de una buena parte de estos educadores y educadoras, cada vez mayor, que se implica y preocupa por sacar a nuestros hijos/as con TDAH adelante, al entender y atender sus dificultades y potenciar sus aspectos positivos. Como muestra, un grupo de trabajo de la Federación de asociaciones TDAH de Castilla-La Mancha realizó el pasado 2011/2012 un curso online sobre TDAH, (limitado a 400 plazas, aunque se recibieron más de 1000 solicitudes) a través de su Consejería de Educación, Cultura y Deportes, el cual resultó ser un éxito sin precedentes, con unos resultados muy gratificantes tanto para los docentes como para los tutores que dirigíamos el curso, que comprobamos el alto nivel de compromiso de todos ellos/as con la diversidad educativa.
Por otra parte, sin embargo, existe un gran sector que se resiste a aceptar la existencia del TDAH en el aula. Las razones alegadas para no atenderlo se recogen en frases como: “ahora, todos los niños tienen TDAH”, “el TDAH está sobrediagnosticado”, “los padres sobreprotegen y consienten el comportamiento de los niños”, “el TDAH no existe, es una invención de las farmacéuticas”, "están maleducados porque las familias no se ocupan de ellos", “en realidad, son alumnos vagos que no quieren esforzarse”, etc., etc., etc. Pero ignorar los problemas y buscar otros culpables son, al fin y al cabo, excusas para justificarse,  y no parece ser la salida más inteligente ni la más eficaz.
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es una condición o patrón de comportamiento inadaptado, de base neurobiológica, iniciado generalmente en la infancia, cuyos síntomas básicos son de carácter cognitivo-conductual, que se manifiestan visiblemente con falta de atención, hiperactividad e impulsividad, entre otras dificultades funcionales.
El TDAH es una realidad que altera el aprendizaje de los alumnos/as que lo padecen y  cada día, alarmantemente para algunos,  se incrementa el número de diagnósticos. Las estimaciones de su prevalencia varían según los métodos valorativos utilizados (entrevistas, cuestionarios, tipos de test, etc.) y del grupo de sujetos estudiados (población general o clínica, edad, sexo, características sociodemográficas, subtipos, comorbilidad, etc.).  Los porcentajes más aceptados en cuanto a prevalencia, son los recogidos por el DSM IV-TR (Manual  Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la American Psychiatric Association)de entre el 3% y el 7%, aunque estos datos son de 2001. El aumento de estos últimos años quizá se deba a que existe una mayor conciencia pública y divulgación, lo que permite el diagnóstico precoz que, a su vez, debería favorecer la atención temprana.
Es cierto también que siempre ha habido niños hiperactivos, pero no siempre las exigencias del entorno han sido tan acentuadas: largas horas sentados, atentos, escuchando explicaciones monótonas y nada estimulantes, cuando han nacido en una sociedad que trabaja constantemente con nuevas tecnologías interactivas y con numerosos estímulos audiovisuales gratificantes. Vemos con preocupación cómo nuestros hijos/as con TDAH son inatentos, no se concentran, tienen un alto grado de actividad motriz, son impulsivos y con escaso autocontrol, exigen satisfacciones inmediatas y atención continua, tienen poca tolerancia a la frustración, son poco reflexivos, muy desorganizados, sin motivación intrínseca, regulan con dificultad sus emociones, tienen dificultades a la hora de relacionarse, no manejan eficazmente el tiempo, procrastinan y tienen enormes dificultades para “ponerse en marcha”, con poca persistencia en las tareas y, sobre todo, lo que hoy en día es significativamente relevante, no son capaces de superar con éxito sus estudios. Todo esto, irremediablemente, afectará a su preparación a la hora de buscar trabajo y… “no está el horno para bollos”… Además, estos síntomas, que en muchos casos vienen acompañados de otros trastornos (comorbilidad), tienen amplias y graves repercusiones en su vida cotidiana, empezando por el marcado deterioro de su autoestima.
En realidad, los estudios especializados confirman que el TDAH está infradiagnosticado, si bien es cierto que no en todos los casos los síntomas detectados responden a un TDAH, pero sí que pueden responder a otras patologías. Por eso, es necesario realizar diagnósticos concienzudos y exhaustivos, para poder aplicar los tratamientos adecuados. Desde el ámbito familiar, la mayoría de los padres y madres de estudiantes con TDAH, nos informamos y aprendemos a manejar este trastorno, llegando casi a “profesionalizarnos”. En muchas ocasiones, somos más severos con la educación de sus hijos con el trastorno que con nuestros otros hijos sin TDAH. Aunque no existe un marcador biológico que determine sin lugar a duda si un paciente sufre o no de TDAH, los modernos estudios de neuroimagen y los avances en la genética ponen de manifiesto su carácter neurobiológico, lo que nos da a entender que algo pasa en el cerebro de las personas afectadas.
Hacemos hincapié  en que ignorar desde la enseñanza este trastorno suena a excusa para no atenderlos adecuadamente, bien porque puede considerarse que se está “haciendo un favor” justamente a esos alumnos más problemáticos y más atrasados, descarados y que no quieren esforzarse,  bien porque se considere que los docentes tendrían que invertir un mayor tiempo y esfuerzo en  la atención a estos alumnos/as. De esta manera, la atención que reciben nuestros hijos parece quedar, en algunos casos, a merced de la “buena voluntad del profesor/a”. En otras palabras, parece que es “cuestión de suerte”…
Recibir la adecuada respuesta educativa para el TDAH no es un privilegio, es un derecho y una necesidad.
En Derecho existe una máxima jurídica: “Ignorantia juris non excusat” (o también “Ignorantia legis neminem excusat”), que viene a decir que alegar el desconocimiento de la norma no es excusa para su obligatoriedad y cumplimiento.
Así, la LOE (Ley Orgánica de Educación 2/2006, de 3 de mayo), en su art. 73 nos dice que “se entiende por alumnado que presenta necesidades educativas especiales, aquel que requiera, por un periodo de su escolarización o a lo largo de toda ella, determinados apoyos y atenciones educativas específicas derivadas de discapacidad o trastornos graves de conducta”.
Y el TDAH es un Trastorno Grave de Conducta, pero no porque todo niño con TDAH tenga necesariamente que portarse mal para tener TDAH y para ser considerado como alumno con necesidades educativas, sino porque el TDAH aparece clasificado así por definición en los manuales médicos de clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento:

En el DSM IV-TR (Manual  Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la American Psychiatric Association: APA), se incluye como uno de los Trastornos de Comportamiento Perturbador, junto al Trastorno Disocial y al Trastorno Negativista Desafiante.
En la CIE 10 (la Clasificación Internacional de los trastornos mentales, publicada por la OMS en 1992) clasifica el TDAH bajo la denominación de Trastorno Hipercinético, dentro de los “Trastornos del Comportamiento”.
De esta manera, considerar que sólo tiene necesidades de educativas aquel alumno/a que tenga un comportamiento incómodamente disruptivo se debe a una interpretación errónea del concepto de “trastorno  grave de conducta” porque el TDAH, sea del subtipo que sea, se clasifica dentro de los trastornos de conducta, junto al disocial y al negativista desafiante.
Así pues, la LOE, en el art. 71 manifiesta que corresponde a las Administraciones educativas asegurar los recursos necesarios para que los alumnos/as que necesitan una atención educativa diferente a la ordinaria por presentar necesidades educativas especiales alcancen el máximo desarrollo personal, intelectual, social y emocional, así como los objetivos educativos.
Igualmente, las Administraciones educativas deben regular y asegurar la participación de los padres en las decisiones que afecten a los procesos educativos de este alumnado, y adoptar las medidas oportunas para que los padres de estos alumnos reciban el adecuado asesoramiento individualizado, así como la información necesaria que les ayude en la educación de sus hijos. El tratamiento del TDAH es multidisciplinar, en el que deben colaborar fluidamente familias y profesionales, tanto educativos como médicos para conseguir un  tratamiento y pronóstico favorables.
Según el art. 72 de la LOE (Ley Orgánica de Educación 2/2006), los recursos para atender al alumnado con necesidad específica de apoyo educativo se concretan en:

  • Profesores y profesionales cualificados para la adecuada atención a ese alumnado (objetivo en detrimento por los recortes en Educación).
  • Una adecuada organización escolar, realizando las adaptaciones y diversificaciones curriculares o metodológicas precisas para cada alumno particular.
  • La formación del profesorado para saber afrontar el tratamiento del TDAH en el aula 
  • La colaboración con otras Administraciones o entidades públicas o privadas sin ánimo de lucro, instituciones o asociaciones, para facilitar la escolarización y una mejor incorporación de este alumnado al centro educativo. En este aspecto, las asociaciones de padres, madres y demás familiares de afectados/as por el TDAH estamos llevando a cabo numerosas acciones y celebrando encuentros con las Administraciones para facilitar el cumplimiento de la LOE en materia de atención a la diversidad y para que se reconozca de manera explícita la atención educativa requerida.
Pero no es solo la legislación española la que reconoce este derecho a la Educación Inclusiva: en la Declaración de Salamanca, organizada por el Gobierno español en cooperación con la UNESCO, los delegados de la Conferencia Mundial sobre Necesidades Educativas Especiales, en representación de 92 gobiernos y 25 organizaciones internacionales, reunidos en Salamanca en 1994 reconocieron la Educación para Todos y la enseñanza para todos los niños/as, jóvenes y adultos con necesidades educativas especiales dentro del sistema común de educación, en la que “cada niño tiene características, intereses, capacidades y necesidades de aprendizaje que le son propios y los sistemas educativos deben ser diseñados y los programas aplicados de modo que tengan en cuenta toda la gama de esas diferentes características y necesidades” (UNESCO 1994, p.8).
Resaltamos que la educación inclusiva no sólo se limita a la educación obligatoria. El Plan de inclusión del alumnado con necesidades educativas (2011) del Ministerio de Educación y los decretos de Atención a la Diversidad de las diferentes comunidades autonómicas españolas, recogen el derecho a recibir  una educación adaptada a las diferencias individuales a lo largo de todas las etapas educativas, incluyendo los estudios postobligatorios: Formación Profesional de Grado Medio, Superior, Bachillerato, estudios universitarios y estudios en centros de educación de personas adultas. El TDAH es un trastorno crónico (aunque no se manifiesta igual en las diferentes etapas de la vida), que no se cura ni en la adolescencia ni en la edad adulta y que, en el mejor de los casos, remite parcialmente.

Así, poco a poco, las Administraciones van reconociendo de manera expresa el TDAH. Aunque poco conocida, existe una página web (estupenda) del Ministerio de Educación, del 2006, que recoge el TDAH dentro del apartado de Atención a la Diversidad, Educación Especial:
Muchas comunidades autonómicas están poniendo en marcha protocolos de actuación, acompañados de decretos y otras normativas que respaldan legalmente a estos  alumnos/as. De hecho, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte reconoce al TDAH claramente por su nombre en el ámbito de aplicación de las ayudas para alumnado con necesidad específica de apoyo educativo.
Con mucha frecuencia, escuchamos que el alumnado con TDAH no tiene necesidades educativas, que simplemente son vagos y maleducados. Las adaptaciones que generalmente requieren los y las estudiantes con TDAH, si no existen otros trastornos asociados, suelen ser metodológicas, no curriculares. En muchos casos, a estos alumnos/as no se les aplican estas adaptaciones hasta que no alcanzan retraso curricular de dos años. Esto es condenar al alumno/a, que en la edad adulta se quedará fuera del ámbito laboral, ya que, tras dos años de desfase, difícilmente podrá remontar el aprendizaje, dadas las dificultades cognitivas y el retraso madurativo característicos del TDAH.
Las estadísticas confirman que en cada aula pueden existir uno o dos casos. Sin entrar en otro de los "pretextos" que  alegan que el TDAH está sobrediagnosticado, está claro que son niños/as con dificultades de comportamiento y/o para aprender al ritmo adecuado. No nos quedemos con los clichés. Tengan o no TDAH, viendo el fracaso escolar que existe en nuestro país, la realidad es que encontramos estudiantes que no pueden seguir la enseñanza uniforme, que exige “alumnos iguales” que aprendan de la misma manera y al mismo ritmo. Esto no parece ser una enseñanza igualitaria. Cada persona es única, con sus dificultades y características, y no todos aprenden de la misma manera. Tener que contar con un decreto o con una ley educativa que nos obligue a atender al alumnado con dificultades escolares parece sorprendente en el S. XXI. Como dice Harry T. Chasty (Asesor en Capacidades y Trastornos del Aprendizaje del Instituto británico de la Dislexia) en su libro “Children Dificulties in Reading, Spelling and Writing”: “si este niño no aprende de la manera en que le enseñamos, ¿podemos enseñarle como él aprende (…)?" (Chasty, 1997, 269).
Una de las características más importantes de la metodología recomendada para el TDAH en la escuela es que sirve para todo tipo de alumnado y consiste en sencillas pautas que no requieren desembolsos económicos: sólo requieren un cambio de actitud. Los castigos y las reprimendas no funcionan con este alumnado. Su "mala" conducta no es intencionada, sino que está causada por una impulsividad "neurobiológica" y sus malas notas se deben a unas dificultades cognitivas que no favorecen el aprendizaje. Los niños, niñas y adolescentes con TDAH no son un problema, tienen un problema: que la enseñanza no se adapta a sus dificultades. 
Para ellos/as no hay nada más terapéutico que el éxito escolar.
¡Atendamos a la diversidad en el aula! ¡Aceptemos la diferencia! No es un favor, es un derecho del alumnado con necesidad de apoyo educativo. Infórmate sobre cómo ayudarlos.
Por Gloria López

miércoles, 14 de noviembre de 2012

NUEVO MÉTODO PARA EL DIAGNÓSTICO PRECOZ DEL TDAH



12/11/2012
Investigadores del Centro de Visión por Computador (CVC), la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de la Universidad de Barcelona (UB), conjuntamente con la Fundación Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), han desarrollado métodos automáticos para la caracterización precisa de las principales estructuras cerebrales que permiten un análisis y diagnóstico precoz del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
El TDAH es un desorden de neurodesarrollo caracterizado por síntomas de inatención, impulsividad e hiperactividad. Se trata de uno de los desordenes psiquiátricos infantiles de mayor predominancia y afecta entre el 5% y el 10% de los niños y el 4.4% de los adultos. En Europa, hay más de 30 millones de adultos  con TDAH.
El proyecto, que se desarrolla en el marco de un convenio de colaboración en investigación sobre el análisis de imágenes médicas, está liderado por la Dra. Laura Igual, del grupo Medical Image Analysis (MIA), del Departamento de Matemática Aplicada y Análisis de la UB y el CVC, conjuntamente con los doctores Oscar Vilarroya y Joan Carles Soliva, de la Unidad de Investigación en Neurociencia Cognitiva del Departamento de Psiquiatría y Medicina Legal de la UAB y el Grupo de Investigación en Neuroimagen de la Fundación IMIM. Los investigadores han definido y desarrollado métodos automáticos de localización y segmentación, basados en visión por computador, análisis de imagen médica y aprendizaje automático, que permiten extraer una caracterización de la morfología del cuerpo estriado en neuroimagen de una manera más rápida y precisa.
El análisis de las anomalías del cuerpo estriado, área subcortical anterior del cerebro,  es fundamental para el estudio del TDAH y se realiza principalmente mediante técnicas no invasivas de imagen, como son las imágenes de Resonancia Magnética estructurales (sMRI). Este análisis se puede realizar de forma manual por expertos en neuroimagen; no obstante esto, esta metodología es muy lenta, por eso, el desarrollo de métodos automáticos para la caracterización precisa de las principales estructuras cerebrales es fundamental para ayudar al diagnóstico del médico, permiten aumentar la rapidez, la objetividad y conseguir métodos replicables para una gran cantidad de datos.
Esta nueva metodología desarrollada permite realizar un diagnóstico precoz, así como una terapia dirigida del TDAH. Además, se espera que en un futuro ayude a la comprensión más profunda de las causas y desarrollo de este trastorno.
FUENTE:
http://www.cvc.uab.es/premsa2.asp?idioma=cs&id=154&desarrollado-un-nuevo-metodo-para-el-diagnostico-precoz--del-trastorno-por-deficit-de-atencion-e-hiperactividad-(tdah)

lunes, 12 de noviembre de 2012

PROYECTO “JAQUE MATE AL TDAH”


Las Jornadas de Navacerrada corroboran el liderazgo español en aplicaciones sociales del ajedrez y la comunidad médica avala el proyecto “Jaque Mate al TDAH”


Decenas de profesionales de la Medicina, la Educación y el mundo del ajedrez asistieron a la primera edición de las Jornadas de Sociedad, Educación y Psicopatología.
El eje central de estas jornadas, celebradas del 9 al 11 de noviembre en la Casa de Cultura de Navacerrada, ha sido la presentación del proyecto piloto “Jaque Mate al TDAH”, dirigido por el doctor Hilario Blasco Fontecilla, psiquiatra infanto-juvenil del Centro de Salud de Collado Villalba, y por Luis Blasco de la Cruz, presidente del Club Ajedrez 64 Villalba, cuya entidad ha estado al frente de las actividades ajedrecísticas con los pacientes. La investigación  está certificada por el Hospital Puerta de Hierro de Madrid.
El evento ha contado con la asistencia de la comunidad médica, representada por grandes profesionales de la Psiquiatría y Psicología, como del mundo del ajedrez, con la intervención además de su principal embajador en el mundo, el periodista de El País y Radio Nacional de España, Leontxo García. La inauguración corrió a cargo del coordinador de la Oficina de Salud Mental de la Comunidad de Madrid, Guillermo Petersen, antiguo alto cargo de hospitales como el de la Misericordia de Toledo o el Psiquiátrico de Madrid. Petersen  puso prólogo a la puesta de largo del proyecto ‘Jaque Mate al TDAH’, al que alabó “por su afán de avanzar e investigar”,  y felicitó por la iniciativa que pretende demostrar los beneficios del ajedrez en niños con TDAH.
El proyecto “Jaque Mate al TDAH” reunió a  50 niños y adolescentes coincidiendo con la  última evaluación  del curso escolar 2011/2012. Seis de ellos abandonaron sin  pisar siquiera el aula. Los 44 niños y adolescentes restantes, de 8 a 16 años, recibieron clases de ajedrez una hora por semana durante un trimestre. Al  acabar, se detectaron resultados sorprendentes en la mayoría: ninguno de los niños dejó el programa. En los estudios con fármacos o  psicoterapia siempre hay abandonos. Con ajedrez, no los hubo.  Se observaron mejorías por parte de los niños, por parte de los padres, los  profesores, el profesor de ajedrez y el psiquiatra; mejorías de comportamiento en casa, en la sociabilidad del niño, en el rendimiento escolar, sobre todo en la  asignatura de Matemáticas y, por supuesto, en la  consulta. En definitiva, se cubrieron todas las expectativas, puesto que el  proyecto no trata de crear campeones de ajedrez ni ahondar en tecnicismos ni estrategias complejas.
Después de los tres primeros meses de experiencia, los niños continuaron con la actividad en verano y   actualmente está desarrollándose una segunda fase con nuevos pacientes que durará hasta junio, con el objetivo de extraer datos científicos todavía más concluyentes.
“Jaque Mate al TDAH” ya ha saltado a la prensa nacional e internacional especializada en ajedrez y a medios generalistas de gran difusión nacional, gracias a la presencia del doctor Hilario Blasco en el Congreso Nacional de Psiquiatría de Bilbao, y a la de Luis Blasco en el Chess Masters Sao Paulo-Bilbao, el torneo de ajedrez más importante del mundo.
Durante las jornadas, el doctor  Hilario Blasco habló del ajedrez como complemento a la farmacología e hizo hincapié en la necesidad de seguir investigando con grupos más amplios para que el estudio gane en precisión y pueda ser publicado en el PubMed, el soporte que prestigia las investigaciones y las presenta ante la comunidad médica.
El monitor superior de ajedrez, Luis Blasco de la Cruz, puso el acento en la parte ajedrecística de "Jaque Mate al TDAH", llevada a cabo en la pequeña sede que el Club Ajedrez 64 tiene en Collado Villalba, con ejercicios específicos y adaptados a las particularidades de los jóvenes pacientes. “Los ejercicios son sencillos. No pretendemos formar campeones, para eso tenemos los cursos de ajedrez en las escuelas. Con el TDAH, procuramos potenciar cosas como el cálculo y la memoria, conseguir que los niños permanezcan sentados en la mesa y presten atención al juego. No pasamos de explicar cómo se come al paso o el enroque y no tocamos temas avanzados como las aperturas o la estrategia. Por supuesto, si los niños quieren y les gusta, pueden federarse y ya hemos tenido casos así”.
Las Jornadas de Educación, Sociedad y Psicopatología de Navacerrada tendrán el año que viene una segunda edición, según anunciaron fuentes municipales durante el fin de semana de su estreno.
Para conocer más sobre el proyecto Jaque Mate al TDAH:
Correspondencia : Apartado de Correos 249
28400 Collado Villalba (Madrid)

lunes, 5 de noviembre de 2012

MI ORDENADOR TIENE TDAH


Tengo un disco duro en el que cabe toda la información del universo, pero el procesador va a lo suyo, su función de autoguardado no se puede desactivar y graba todo lo que sucede a su alrededor. Además, los filtros de contenido no funcionan y, como nunca deja de grabar, por la noche el disco duro no se puede desfragmentar.
Es un rollo, porque luego cuesta encontrar la información y la memoria RAM se formatea sola cada 10 minutos. Eso hace que la hoja de cálculo, el procesador de textos y la base de datos funcionen regular, que el registro de errores se borre al cerrar el archivo y que cuando el procesador ha de consultarlo a la hora de resolver un problema, el historial este vacío. Eso provoca que, a veces, el procesador se bloquee o que las respuestas sean incorrectas porque, sin registro de errores, no puede funcionar el corrector cuando consultas la ayuda.
El técnico me ha dicho que la cosa tiene mala solución, que la RAM está integrada a la placa base y no se puede arreglar, Además, las actualizaciones están en versión beta y no hay ningún software especifico para este tipo de procesador, así que hay que apañarse con drivers y software pensados para otros sistemas  operativos.
Hace unos años, los yanquis desarrollaron un Antimalware que funciona bastante bien: no hace milagros, pero permite acabar los trabajos y solucionar muchos de los errores que se producían en la toma de decisiones, ya que funciona mejor el registro de errores y, aunque el modo grabar sigue sin poder desactivarse, permite que el disco duro se desfragmente en segundo plano sin que se bloquee el procesador.
Mi hijo tiene el mismo problema en su CPU; se ve que es cosa del fabricante y, aunque antes se pensaba que era un problema de programación, ahora se sabe que estas placas base estaban pensadas para trabajar en otro entorno. La ventaja es que en los ordenadores nuevos, el Antimalware  funciona mejor y gracias a la mayor plasticidad de las placas base  nuevas,  los drivers que se van instalando operan mejor y aprenden antes a manejar bien el Office.
Pero ojo: hay técnicos que no están actualizados y continúan queriendo hacer que funcionen bien los PC´S de los niños sin el asistente de instalación de drivers adecuados y, al final, el resultado es el contrario del esperado.
Así que cuando un técnico os diga que el Antimalware no es aconsejable porque tiene efectos secundarios, recordad que ese técnico esta desactualizado y que, si queréis que el procesador de vuestra CPU o la de vuestro hijo funcione mejor, es imprescindible usar  el Antimalware.
Hay varias empresas que lo fabrican, A mí personalmente me funciona el que fabrica Concerta aunque Mediquinet y Rubifen tampoco van mal. 
FUENTE:
Publicado por Nacho Torras
http://asientonumerado.blogspot.com.es/2011/10/mi-ordenador-tiene-tdah.html?spref=tw

miércoles, 31 de octubre de 2012

LA EDUCACIÓN PROHIBIDA. Otra manera de entender la educación




"La Educación Prohibida" es una película documental que se propone cuestionar las lógicas de la escolarización moderna y la forma de entender la educación, visibilizando experiencias educativas diferentes, que plantean la necesidad de un nuevo paradigma educativo.
Este documental es un proyecto realizado por jóvenes que partieron de la visión de quienes aprenden, embarcándose en una investigación que cubre 8 países y realizando entrevistas a más de 90 educadores de propuestas educativas alternativas. La película fue financiada colectivamente gracias a cientos de coproductores y tiene licencias libres que permiten y alientan su copia y reproducción.
"La Educación Prohibida" se propone alimentar y disparar un debate y una reflexión social acerca de las bases que sostienen la escuela, promoviendo el desarrollo de una educación integral centrada en el amor, el respeto, la libertad y el aprendizaje.
Sinopsis
La escuela ha cumplido ya más de 200 años de existencia y aún es considerada la principal forma de acceso a la educación. Hoy en día, la escuela y la educación son conceptos ampliamente discutidos en foros académicos, políticas públicas, instituciones educativas, medios de comunicación y espacios de la sociedad civil. Desde su origen, la institución escolar ha estado caracterizada por estructuras y prácticas que hoy se consideran mayormente obsoletas y anacrónicas y que no acompañan a las necesidades del Siglo XXI. Su deficiencia principal se encuentra en un diseño que no considera la naturaleza del aprendizaje, la libertad de elección o la importancia que tienen el amor y los vínculos humanos en el desarrollo individual y colectivo.
A partir de estas reflexiones críticas han surgido, a lo largo de los años, propuestas y prácticas que pensaron y piensan la educación de una forma diferente. “La Educación Prohibida" se propone explorar sus ideas y visibilizar aquellas experiencias que se han atrevido a cambiar las estructuras del modelo educativo de la escuela tradicional.
La película recoge más de 90 entrevistas a educadores, académicos, profesionales, autores, madres y padres; un recorrido por 8 países (Iberoamérica y España), pasando por 45 experiencias educativas no convencionales; más de 25.000 seguidores en las redes sociales antes de su estreno y un total de 704 coproductores que han participado en su financiación colectiva, han convertido a “La Educación Prohibida” en un fenómeno único. Un proyecto totalmente independiente, que da cuenta de la necesidad latente del crecimiento y surgimiento de nuevas formas de educación.
FUENTE:

jueves, 25 de octubre de 2012

IMPULSIVIDAD Y TDAH 2: estrategias para el autocontrol



ESTRATEGIAS
Recordar que la impulsividad como rasgo de temperamento puede deberse, en parte, a predisposiciones genéticas, pero la propia experiencia vital del niño y las condiciones de su entorno determinarán la intensidad, frecuencia y forma en la que finalmente se expresa. Un ambiente familiar tranquilo y colaborador es el mejor aliado para corregir conductas. 
Ante las manifestaciones impulsivas (rabietas, gritos, lloros, etc.)  de los más pequeños (hasta 5 ó 6 años), deberemos aplicar la retirada de atención física y afectiva y, si procede (según intensidad o características del episodio), aplicar algún correctivo. No basta con saber establecer límites o castigar, sino que, además, tendremos que completar el trabajo con ejercicios de vinculación afectiva, como leerles cuentos, efectuar ejercicios de relajación por la noche antes de dormir, etc. En estos momentos es cuando podemos razonar con ellos y analizar lo que ha pasado, de manera acorde a la edad y capacidad del niño. A los más pequeños les costará entender los razonamientos basados en la lógica o moral adulta, por tanto, habrá que evitar excesivas explicaciones.
Es importante, también, que empecemos a trabajar con ellos las sensaciones internas que preceden a las manifestaciones impulsivas. Si el niño va tomando conciencia de ello, podrá más fácilmente técnicas de autocontrol en el futuro. Dicho de otra forma: si el niño logra detectar su estado de activación fisiológica previa al episodio disruptivo, podrá poner en marcha alguna de las estrategias incompatibles con el estallido impulsivo y, por tanto, evitar su manifestación. A continuación, veremos algunas formas de hacerlo. 
EL VOLCÁN

Muchos niños identifican la sensación que viven, justo antes de “explotar”, como una especie de calor interior intenso e incontrolable, acompañado de fuertes emociones que no pueden reprimir y que preceden. Irremediablemente. al episodio disruptivo. 
Una buena estrategia para que el niño empiece a tomar conciencia del problema y pueda comenzar a controlarlo, consiste en hacerle visualizar todo el proceso en forma de imágenes. Podemos ayudar al niño a imaginarse que en su interior hay un volcán que representa toda su fuerza y energía, pero que a veces, se descontrola y se produce la erupción. Cuando empieza a enfadarse, el volcán (que estaría situado de forma imaginaria en la zona del estómago) se calienta y empieza a producir lava ardiente hasta el punto que, si no lo controlamos, estalla. 
De lo que se trata es de ayudar al niño a que identifique las propias sensaciones internas previas al estallido y, así, poder controlarlo.
Una vez que el niño se ha ido familiarizando con estas sensaciones podemos motivarle a que ponga en marcha recursos para parar el proceso. 
Debemos, pues, encontrar también cuáles son las estrategias que funcionan mejor con cada niño a la hora de hacer frente a la impulsividad y de  autocontrolarse. Hay estrategias muy simples que consisten en enseñarle a que, cuando note la activación, intente respirar varias veces profundamente, al tiempo que se da interiormente autoinstrucciones (Para, Stop, Tranquilizate, Controlate, etc.). Esta técnica suele ser muy eficaz si, además, hemos trabajado con el niño alguna técnica de relajación.
Es probable que a los niños muy impulsivos les cueste cierto tiempo y práctica desarrollar estos hábitos. En estos casos, podemos darles también la instrucción de que cuando se noten muy activados intenten separarse físicamente de la situación como método para tratar de evitar el episodio (apartarse de un niño que le insulta, irse a su habitación cuando están enfadados, etc.). Todo ello debe llevarse a cabo bajo supervisión del adulto y teniendo en cuenta la edad del niño. Los niños más pequeños (menos de 5 años) tendrán más dificultades para trabajar con autoinstrucciones. 
EL SEMÁFORO

Uno de los problemas recurrentes que nos encontramos cuando trabajamos con niños impulsivos y/o hiperactivos es que no son conscientes de su estado de activación y eso les conduce irremediablemente al conflicto. Esto es especialmente problemático en la escuela o con los amigos. 
Una estrategia que suele funcionar es la técnica del semáforo. La estrategia es simple: se trata de avisar al niño (proporcionarle feedback) cuando está empezando a activarse. 
Asociar los colores del semáforo con las emociones y la conducta:
  • ROJO = PARAR. Cuando no podemos controlar una emoción (sentimos mucha rabia, queremos agredir a alguien, nos ponemos muy nerviosos…) tenemos que pararnos como hace un coche cuando se encuentra con la luz roja del semáforo.
  • AMARILLO = PENSAR. Después de detenernos, es el momento de pensar, de ser conscientes de cuál es el problema que se nos está planteando y de cómo nos sentimos.
  • VERDE = SOLUCIONAR. Si nos damos un tiempo para pensar, pueden surgir alternativas o soluciones al conflicto o problema. Es la hora de elegir la mejor solución.
Para asociar las luces del semáforo con las emociones y la conducta se puede realizar un mural con un semáforo y los siguientes pasos:
Luz Roja:
    1- ALTO, tranquilízate y piensa antes de actuar
Luz Amarilla:
    2- PIENSA soluciones o alternativas y sus consecuencias
Luz Verde:
    3- ADELANTE, pon en práctica la mejor solución
Esta técnica es muy efectiva cuando se trata de niños con necesidades educativas especiales.
En la escuela, con niños/as más mayores, puede ser más adecuado utilizar como señal de aviso (en lugar del color amarillo) algún movimiento concreto del maestro/a. Este método es más discreto y tiene la ventaja que suele pasar desapercibido por el resto del grupo. Por ejemplo: “Cuando veas que te miro y doy dos golpecitos con mi bolígrafo o cuando me toque la nariz...", etc.” 
Lo importante aquí es trabajar en la identificación de las sensaciones previas a las conductas impulsivas y fomentar en el niño su reconocimiento como paso previo a la incorporación de recursos de autocontrol. Si el niño ha trabajado paralelamente alguna técnica de relajación o estrategia alternativa de afrontamiento, podrá intentar ponerla en marcha cuando note la activación o se le avise de ella. Por ejemplo, podemos (según edad y características del niño) enseñarle a que cuando se note activado procure respirar profundamente, al tiempo que se da autoinstrucciones: “tranquilo”, “cálmate”, etc.

En casos de niños especialmente conflictivos podemos darles instrucciones para que se separen físicamente de la situación o vayan fuera a un espacio abierto. Es necesario adaptar estas pautas a las circunstancias del niño y, en su caso, a la de los centros escolares.

La técnica del semáforo es muy adecuada también para utilizarla en dinámicas grupales en las que todos los niños reciben las instrucciones, consiguiendo así una cierta autorregulación del grupo en casos en los que haya riesgo de conflicto.
Se pueden colocar semáforos en diferentes lugares del colegio/hogar como estímulos discriminativos; de esa manera se harán conscientes de que deberán pararse, pensar y solucionar pacíficamente sus conflictos, o mejorar su estado emocional.
CANALIZAR LA ENERGÍA


La impulsividad puede interpretarse como un estado de activación, que nos prepara, a nivel orgánico, para una respuesta inmediata, ante una situación que no toleramos o interpretamos como hostil a nuestros intereses o hacia nosotros mismos.
No obstante, esta pronta activación, puede ser especialmente útil si se canaliza en forma de actividades reguladas.
Podemos comenzar pidiendo a los niños que hagan una lista de comportamientos alternativos para calmarse en una situación conflictiva. Lo normal es que surjan diferentes posibilidades: distanciarse físicamente de la situación (alejarse del lugar, no volver hasta estar tranquilo), distanciarse psicológicamente (respirar profundamente, hacer un rápido ejercicio de relajación, pensar en otra cosa), realizar alguna actividad distractora (contar hasta 10, pasear, hablar con un compañero) etc.
Una vez que los niños se dan cuenta de que existen muchas maneras de pararse y calmarse, es el momento de ver cuáles son las mejores para cada uno.
Como padres o educadores, podemos ayudar en esta fase proponiendo alternativas educativas que no se hayan planteado, por ejemplo, respuestas incompatibles a “llegar a las manos”, como: cruzar los brazos, alejarse rápidamente del lugar, meter las manos en los bolsillos, etc.)
HACER PRÁCTICAS DE AUTOCONTROL A TRAVÉS DEL ROLE-PLAYING:
El profesor  y los compañeros o los padres servirán de modelo de conductas de autocontrol y el niño tendrá ocasión de verse en una situación en la que tiene que poner en práctica lo aprendido.
PRACTICAR DEPORTE
Los niños impulsivos pueden aprender a canalizar esta activación para potenciar sus destrezas en cualquier actividad deportiva. Las artes marciales que combinan concentración y despliegue de fuerza inmediata pueden ser especialmente útiles para aprender a controlar la impulsividad (salvo en el caso de niños que, además, presenten un componente antisocial o de agresividad con las personas).
Entre nuestros deportistas de élite se encuentran numerosos jóvenes diagnosticados de TDAH en la infancia.
En definitiva, cualquier práctica deportiva es especialmente útil en estos niños y nos ayudará a regular su comportamiento. 
LA RELAJACIÓN
Uno de los mejores aliados en nuestra lucha por ayudar a los niños impulsivos lo constituyen, sin duda, los diferentes métodos de relajación. Podemos utilizar técnicas adaptadas a las diferentes edades y necesidades.
Las emociones intensas, especialmente las negativas (ira, agresividad, estrés, etc.) cursan con un alto nivel de actividad fisiológica. Por el contrario, los estados de tranquilidad, caso de la relajación, el nivel de activación fisiológica se supone mínimo, siendo la activación del sistema nervioso parasimpático su principal mecanismo de acción.
Técnicas de relación Jacobson:
Jacobson descubrió que, tensando y relajando sistemáticamente varios grupos de músculos y aprendiendo a atender y a discriminar las sensaciones resultantes de la tensión y de la relajación, se pueden eliminar, casi completamente, las contracciones musculares y experimentar una sensación de relajación profunda.
Lo que se pretende es obtener la relajación local de cualquier grupo muscular en dos momentos:
Tensar, provocando expresamente la tensión, activando y contrayendo las fibras musculares.
Relajar, desactivando al máximo esa posible tensión provocada, produciéndose la relajación.
Esta relajación debe ser un proceso progresivo de activación y desactivación de todos los músculos del cuerpo, siguiendo un orden:
  • Cara (ojos, boca, frente), cuello y nuca.
  • Brazos (hombros, brazos, antebrazos, muñecas y dedos).
  • Piernas (pies, tobillos, gemelos, muslos y nalgas).
  • Tronco (espalda, estómago y tórax).
Ejemplo:
Cara: cerramos fuerte los ojos y contamos hasta 8, después, relajamos. Después, apretamos la boca, contamos hasta 8 y relajamos. A continuación, fruncimos la frente, contamos hasta 8 y relajamos. Y así, con el resto de las partes del cuerpo.
EJERCICIOS PARA POTENCIAR EL APRENDIZAJE
El niño impulsivo no sólo presentará problemas en su conducta sino que su perfil de funcionamiento le acarreará dificultades en aquellas tareas que requieren de atención sostenida (lectura) o coordinación visomotriz fina (escritura).

Por tanto, resulta de suma importancia trabajar, también desde casa, con ejercicios para mejorar estos aspectos. Recomendamos ejercicios de papel y lápiz (según la edad), como el pintado de mandalas, los laberintos, ejercicios de discriminación de las diferencias, etc. En el siguiente enlace encontraremos numerosos recursos para trabajar la atención y la impulsividad:
También, podemos trabajar con diferentes juegos en el ordenador, siempre y cuando la actividad priorice la atención sostenida y la organización del material presentado visualmente bajo algún criterio antes de efectuar la respuesta. Es decir, no nos interesan los juegos demasiado movidos o que priorizan los reflejos visuales más que los racionales. El niño primero debe pensar y organizar antes de ejecutar la respuesta (demora de la respuesta = control de la impulsividad).
Otro recurso que nos puede ayudar son los juegos de mesa. Se recomiendan especialmente el juego de Damas y el Ajedrez. En ambos, es necesario pensar antes de responder (lo contrario a la impulsividad). Además, los niños, deben situarse en unas coordenadas espaciales para mover las fichas, lo que incrementa su capacidad visomotriz.
Finalmente, señalar un último recurso que podemos aplicar en casa para ayudar a los niños que tienen dificultades con la grafía o la escritura. Frecuentemente, el niño impulsivo, presenta dificultades para escribir correctamente y suele agrandar la escritura o deformarla significativamente, con escaso control sobre las coordenadas espaciales. En estos casos, podemos trabajar con el niño utilizando los mandalas, laberintos u otros pero teniendo especial cuidado en que primero aprenda a relajar el brazo y la mano. El niño impulsivo cuando coge el lápiz lo hace de forma rígida y suele tensar todo el brazo. Deberemos darle instrucciones para que, antes de empezar a dibujar o escribir, el brazo deje de estar tenso. Para ayudarle podemos, por ejemplo, decirle que deje el brazo completamente muerto (podemos alzárselo con nuestra mano e indicarle que cuando soltemos, el brazo debe caer a plomo. Si es así, el brazo está relajado). Una vez relajado podemos situar nuestra mano encima de la suya y ser nosotros los que vayamos escribiendo (dibujando o coloreando) al tiempo que el niño procura seguir teniendo el brazo relajado. Una vez más, lo importante es que el niño vaya discriminando entre tensión y distensión (activación versus relajación). 
FUENTES:
https://docs.google.com

miércoles, 17 de octubre de 2012

IMPULSIVIDAD Y TDAH


La impulsividad es un rasgo del temperamento (niños) o personalidad (adultos) que ha estado presente, en un u otro grado, a lo largo de toda la evolución del ser humano aunque, no siempre, deberíamos atribuirle directamente una connotación negativa o improductiva.
Hoy en día, es verdad que la impulsividad en muchos niños se manifiesta con una gran intensidad y frecuencia, llegando a alterar la convivencia y condicionar la vida de los padres que la sufren, sobre todo, si se desconocen los motivos y la forma correcta de actuar. Es un hecho evidente que, además, la impulsividad parece manifestarse en niños cada vez más pequeños, si bien, esto puede atribuirse, en parte, a los actuales estilos de vida modernos (progenitores con largas horas de trabajo) y también, en algunos casos, a una falta de recursos o conocimientos por parte de los padres o educadores que simplemente se ven desbordados y no saben cómo afrontarlo. Por ello, es cada vez más frecuente, buscar ayuda profesional, ya que los niños que presentan series dificultades para reprimir sus impulsos tienen numerosos conflictos tanto en el ámbito familiar como en el escolar. 
Normalmente, la impulsividad suele venir acompañada de hiperactividad y déficit de atención en lo que denominamos TDAH y esto puede ser la antesala de problemas de aprendizaje, conductas disruptivas y, más adelante, agresivas o delictivas.
EL NIÑO IMPULSIVO 
Éstas son algunas de las características nucleares que presentan los niños que denominamos “impulsivos”:
  • Primero hace, luego piensa.
  • Contesta antes de acabar de oír la pregunta.
  • Dificultades para aguardar el turno en los juegos.
  • Mal perder. No soporta que le ganen.
  • Interrumpir o estorbar a los demás.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Poco autocontrol.
  • Desobediencia, negativismo.
  • El niño reconoce su problema pero no puede controlarlo y reincide.
  • Puede involucrarse en actividades físicas peligrosas sin valorar sus consecuencias.
  • En niños pequeños, se dan fuertes rabietas incontroladas.
Algunos padres simplemente definen al niño impulsivo, como un niño que tiene un fuerte carácter o temperamento.
La impulsividad, como parte nuclear del TDAH o como factor psicológico independiente, precisa de un tratamiento más detallado y de un abordaje más explícito. Las razones son obvias: la impulsividad tiene repercusiones directas sobre las interacciones familiares, pudiendo alterar el desarrollo adecuado de vinculación afectiva y el equilibrio emocional. También deteriora seriamente la capacidad de aprendizaje del niño y su buena adaptación a la escuela y compañeros. Finalmente una impulsividad no trabajada a tiempo y que se manifiesta en un entorno desestructurado, es el camino más directo para conductas violentas o delictivas en el futuro.
Hablaremos aquí de la impulsividad desde su manifestación en niños de población normal o con algún diagnóstico de TDAH y, en ningún caso las manifestaciones de impulsividad debidas a otros trastornos clínicos más severos (autismo, psicosis, trastorno bipolar, etc.).
APROXIMACIÓN A LA IMPULSIVIDAD
Podríamos definir la impulsividad como un estado de activación neurobiológica o déficit de control inhibitorio (dificultad para parar nuestra conducta).
Ambos términos ponen de relieve la más que posible mediación de factores orgánicos en la génesis de la impulsividad. Esta activación supone la liberación de una serie de sustancias internas (neurotransmisores, hormonas) que preparan al cuerpo para una reacción motriz inmediata. Es una energía que está ahí y debe “liberarse” de alguna manera. Las más habituales (según edad): las rabietas, los gritos, las huidas, etc.
Regularmente los niños con TDAH o, simplemente, con síntomas de impulsividad, tienen antecedentes familiares de primer grado que manifestaron o manifiestan el mismo problema. Por tanto, la vía genética o herencia determina cierta predisposición a manifestar los síntomas en hijos de padres también con caracteres fuertes, impulsivos o con poca tolerancia a la frustración. 
Pero la impulsividad no es tan sólo un factor que podemos heredar sino también una manifestación cognitiva y conductual que puede potenciarse o disminuir en función del entorno
Es importante establecer la diferenciación entre una impulsividad primaria de la secundaria: 
  • En la impulsividad primaria, ésta estuvo presente desde el mismo momento de nacer el niño, si no antes (excesivos movimientos fetales) y es la que suele tener un componente genético más evidente. 
  • La secundaria aparece o se potencia en un momento dado del desarrollo normalmente asociado a factores de inestabilidad afectiva, cambios imprevistos, traumas, separaciones, etc. El peor de los escenarios es cuando un niño genéticamente predispuesto para ser impulsivo tiene, a su vez, un entorno poco acogedor o desestructurado.
Parecería que la impulsividad es algo no deseable y que, en todo caso, comporta sólo problemas. Este planteamiento es muy simple y no obedece a la realidad de un tema mucho más complejo. Hoy en día sabemos que muchos de nuestros mejores atletas fueron de pequeños diagnosticados, en un grado u otro, de hiperactivos, con déficit de atención, impulsivos, etc. La cuestión es que cuando esa energía desbordante de fácil activación fue canalizada hacia actividades deportivas u de otro tipo reguladas, se convirtió en un buen aliado.

La impulsividad, pues, entendida como estado de activación inmediato, nos aporta combustible para responder de forma rápida (aunque normalmente poco racional) a nivel motriz. Esto no es casual. Si está en los genes de los seres humanos es porque, en algún momento de nuestro período evolutivo, fue una característica positiva para la supervivencia de la especie.
Imaginémonos los tiempos remotos de vida en las cavernas y los pocos recursos para afrontar un medio ambiente hostil con numerosos enemigos y animales dispuestos a atacarnos. En este medio es muy probable que supervivieran mejor los seres humanos con unas capacidades de “impulsividad” (activación rápida y potente) y, por tanto, de afrontar o huir de la situación con éxito, frente a los que eran más tranquilos. Es decir, la impulsividad pudo obedecer a factores de supervivencia en algún momento.
No obstante, la genética no va tan rápido como los cambios culturales de la especie. La programación genética de algunos niños sigue preparada para responder contundentemente a cualquier tipo de agresión percibida, no obstante, hoy en día, lo que se espera de ellos es precisamente lo contrario: racionalidad, tranquilidad, paciencia, atención, etc., especialmente en la escuela.
ALGUNAS EXPLICACIONES NEUROLÓGICAS
En psicología se utiliza un término hipotético denominado “arousal” que trata de describir los procesos que subyacen en el control de la alerta, la vigilia y la activación. 
El concepto de arousal admite varios significados. Así se habla de arousal comportamental para significar lo mismo que nivel de actividad. Pero se puede hablar también de arousal cortical, en cuyo caso la referencia es a la activación de las neuronas corticales a través del Sistema Activador Reticular (SAR) e implicaría también la activación autónoma. Sin entrar en más tecnicismos, lo que nos interesa resaltar ahora es que los fármacos estimulantes normalmente incrementan tanto el arousal comportamental como el fisiológico. Sin embargo, en muchos hiperactivos (y/o impulsivos) producen un descenso en su nivel de actividad, porque, por paradójico que parezca, están reduciendo tanto el arousal conductual como el fisiológico. Según algunos investigadores (Mc. Mahon, 1984) la explicación reside en que los niños con TDAH se benefician de los efectos de los estimulantes dado que son deficitarios en el arousal cortical y autónomo. Por tanto, la hipótesis planteada es que la disfunción primaria hallada en niños impulsivos y/o hiperactivos se debería a una infraactivación del SAR más que a una sobreactivación.
Por otro lado se conoce el importante papel que tienen los lóbulos frontales como reguladores y organizadores del lenguaje y, por consiguiente, de los actos voluntarios del individuo. Los mecanismos fisiológicos responsables de esos actos están aún lejos de ser descubiertos pero se sabe que maduran en el niño “normal” hacia los cuatros años de edad.
Respecto a la regulación motora y de la acción por parte de los lóbulos frontales, Luria subrayó su importante papel en la programación de las formas más complejas de actividad humana organizada, inhibiendo las acciones irrelevantes e inapropiadas ( Luria, 1980).
Resumiendo, una baja activación del SAR o una lesión en lóbulos frontales pueden ser algunos de los factores relevantes en la génesis de la sintomatología impulsiva y/o hiperactiva. En el primer caso, baja activación del SAR, la medicación (normalmente metilfenidato) podría compensar parcialmente el déficit.
Hemos también comentado la activación fisiológica que se produce en los brotes impulsivos como consecuencia de la activación del sistema autónomo. En estos episodios se producen cambios endocrinos y secreciones hormonales que preparan al cuerpo para responder ante lo que el niño percibe como una amenaza inminente (puede ser simplemente que se le frustre en alguna de sus demandas).
Otro elemento importante en el nivel de activación lo constituye la forma en que el niño percibe la situación a nivel emocional. Elevados niveles de adrenalina y noradrenalina en sangre y orina aparecen antes y después de sucesos estresantes o enérgicos que cursan con gran carga emocional e incluso agresión. 
Es decir, cuando el niño con impulsividad, se ha activado, difícilmente tendrá el control voluntario sobre sus actos en los primeros momentos de mayor activación. 
ORIENTACIONES GENERALES PARA SU REGULACIÓN 
En primer lugar, debe quedar claro que el niño tiene dificultades para regular su estado de activación. Por eso siempre suelo recordar que: “No es tanto que no quieran autocontrolarse sino que no pueden”. Una vez activados (descargas hormonales conjuntamente con emociones intensas de frustración) tienen que efectuar alguna acción (rabietas, huída, agresión, lanzamiento objetos, etc.). Ello no quiere decir que seamos tolerantes, sino que desde la comprensión de lo que pasa podemos ayudarle de forma más eficaz. A este respecto, hay que señalar, que la mayoría de niños impulsivos suelen arrepentirse después y se comprometen a no volver a hacerlo cuando se lo razonamos. No obstante, vuelven a recaer en los mismos comportamientos disruptivos,  al tiempo que manifiestan una cierta perplejidad o inquietud al verse superados por sus propios actos y no saber por qué vuelve a ocurrir.
También puede suceder que estos episodios impulsivos se refuercen si con ellos el niño consigue lo que quiere y, por tanto, puede aprender a manipularnos a través de ellos.
El niño debe aprender, aunque aceptemos el hecho de que tiene dificultades para controlarse, que sus actos tienen consecuencias. Por ello, contingentemente a las rabietas, conductas desafiantes, agresiones u otros, deberemos ser capaces de marcar unas consecuencias inmediatas (retirada de reforzadores, tiempo fuera, retirada de atención, castigo, etc.). Por ejemplo si ha lanzado objetos, deberá recogerlos y colocarlos en su lugar; si ha insultado deberá pedir disculpas, etc., aunque se recomienda esperar a que se tranquilice para aplicar las contingencias marcadas.
Es muy importante que cuando se produzca un episodio de impulsividad extrema (rabieta, insultos, etc.) los padres, maestros o educadores mantengan la calma. Nunca es aconsejable intentar chillar más que él o intentar razonarle nada en esos momentos. No vale enfrentarse ni ejercer una lucha de poder. Esto complicaría las cosas. Tenemos que mostrarnos serenos y tranquilos pero, a la vez contundentes y decididos. Por ejemplo, ante las rabietas incontroladas de los más pequeños, decirle: “Mamá (o papá) están ahora tristes con tu comportamiento y no queremos estar contigo mientras estés así”. Los padres se retiran buscando una cierta distancia física pero también afectiva. De esta forma, el niño, recibe a nivel inconsciente un mensaje muy claro: “así no vas a conseguir las cosas”.
Contingentemente a estas actuaciones, también podemos introducir las medidas correctoras (castigo): “Cómo has insultado a papá (o mamá) hoy no podrás ver los dibujos que tanto te gustan (o no jugarás a la play, etc.). Papá está triste porque no quiere castigarte, pero tiene que hacerlo para ayudarte a mejorar”.
No entrar en más discusiones o razonamientos en el momento de activación por parte del niño.
Nunca decirle que es malo sino que se ha portado mal durante unos momentos y que eso puede arreglarlo en un futuro si se empeña en ello. Tampoco hay que compararlo con otros niños que son más tranquilos y se portan bien. En todo caso, debemos recordarle los aspectos positivos que tiene al mismo tiempo que le señalamos los que debe corregir.
Hay que insistir en la necesidad de mostrarnos tranquilos delante del niño cuando queramos corregir sus actos. Si éste percibe en nosotros inseguridad o discrepancias entre los padres u otros, percibirá que tiene mayor control sobre nosotros y las rabietas u otras se incrementarán. Nunca debe vernos alterados emocionalmente (chillando, llorando o fuera de control). Tampoco debe cogernos en contradicciones, es decir, no podemos pedirle a gritos a un niño impulsivo que se esté quieto y callado.
No basta con saber contestar adecuadamente a sus conductas impulsivas. Estos niños requieren también que les expliquemos qué es lo que les pasa y qué puede hacer. Las reflexiones sobre los hechos nunca deben ser hechas en caliente sino en frío cuando las cosas se han tranquilizado. Un buen momento es por la noche antes de acostarse.
FUENTE: