TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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miércoles, 17 de octubre de 2012

IMPULSIVIDAD Y TDAH


La impulsividad es un rasgo del temperamento (niños) o personalidad (adultos) que ha estado presente, en un u otro grado, a lo largo de toda la evolución del ser humano aunque, no siempre, deberíamos atribuirle directamente una connotación negativa o improductiva.
Hoy en día, es verdad que la impulsividad en muchos niños se manifiesta con una gran intensidad y frecuencia, llegando a alterar la convivencia y condicionar la vida de los padres que la sufren, sobre todo, si se desconocen los motivos y la forma correcta de actuar. Es un hecho evidente que, además, la impulsividad parece manifestarse en niños cada vez más pequeños, si bien, esto puede atribuirse, en parte, a los actuales estilos de vida modernos (progenitores con largas horas de trabajo) y también, en algunos casos, a una falta de recursos o conocimientos por parte de los padres o educadores que simplemente se ven desbordados y no saben cómo afrontarlo. Por ello, es cada vez más frecuente, buscar ayuda profesional, ya que los niños que presentan series dificultades para reprimir sus impulsos tienen numerosos conflictos tanto en el ámbito familiar como en el escolar. 
Normalmente, la impulsividad suele venir acompañada de hiperactividad y déficit de atención en lo que denominamos TDAH y esto puede ser la antesala de problemas de aprendizaje, conductas disruptivas y, más adelante, agresivas o delictivas.
EL NIÑO IMPULSIVO 
Éstas son algunas de las características nucleares que presentan los niños que denominamos “impulsivos”:
  • Primero hace, luego piensa.
  • Contesta antes de acabar de oír la pregunta.
  • Dificultades para aguardar el turno en los juegos.
  • Mal perder. No soporta que le ganen.
  • Interrumpir o estorbar a los demás.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Poco autocontrol.
  • Desobediencia, negativismo.
  • El niño reconoce su problema pero no puede controlarlo y reincide.
  • Puede involucrarse en actividades físicas peligrosas sin valorar sus consecuencias.
  • En niños pequeños, se dan fuertes rabietas incontroladas.
Algunos padres simplemente definen al niño impulsivo, como un niño que tiene un fuerte carácter o temperamento.
La impulsividad, como parte nuclear del TDAH o como factor psicológico independiente, precisa de un tratamiento más detallado y de un abordaje más explícito. Las razones son obvias: la impulsividad tiene repercusiones directas sobre las interacciones familiares, pudiendo alterar el desarrollo adecuado de vinculación afectiva y el equilibrio emocional. También deteriora seriamente la capacidad de aprendizaje del niño y su buena adaptación a la escuela y compañeros. Finalmente una impulsividad no trabajada a tiempo y que se manifiesta en un entorno desestructurado, es el camino más directo para conductas violentas o delictivas en el futuro.
Hablaremos aquí de la impulsividad desde su manifestación en niños de población normal o con algún diagnóstico de TDAH y, en ningún caso las manifestaciones de impulsividad debidas a otros trastornos clínicos más severos (autismo, psicosis, trastorno bipolar, etc.).
APROXIMACIÓN A LA IMPULSIVIDAD
Podríamos definir la impulsividad como un estado de activación neurobiológica o déficit de control inhibitorio (dificultad para parar nuestra conducta).
Ambos términos ponen de relieve la más que posible mediación de factores orgánicos en la génesis de la impulsividad. Esta activación supone la liberación de una serie de sustancias internas (neurotransmisores, hormonas) que preparan al cuerpo para una reacción motriz inmediata. Es una energía que está ahí y debe “liberarse” de alguna manera. Las más habituales (según edad): las rabietas, los gritos, las huidas, etc.
Regularmente los niños con TDAH o, simplemente, con síntomas de impulsividad, tienen antecedentes familiares de primer grado que manifestaron o manifiestan el mismo problema. Por tanto, la vía genética o herencia determina cierta predisposición a manifestar los síntomas en hijos de padres también con caracteres fuertes, impulsivos o con poca tolerancia a la frustración. 
Pero la impulsividad no es tan sólo un factor que podemos heredar sino también una manifestación cognitiva y conductual que puede potenciarse o disminuir en función del entorno. 
Es importante establecer la diferenciación entre una impulsividad primaria de la secundaria: 
  • En la impulsividad primaria, ésta estuvo presente desde el mismo momento de nacer el niño, si no antes (excesivos movimientos fetales) y es la que suele tener un componente genético más evidente. 
  • La secundaria aparece o se potencia en un momento dado del desarrollo normalmente asociado a factores de inestabilidad afectiva, cambios imprevistos, traumas, separaciones, etc. El peor de los escenarios es cuando un niño genéticamente predispuesto para ser impulsivo tiene, a su vez, un entorno poco acogedor o desestructurado.
Parecería que la impulsividad es algo no deseable y que, en todo caso, comporta sólo problemas. Este planteamiento es muy simple y no obedece a la realidad de un tema mucho más complejo. Hoy en día sabemos que muchos de nuestros mejores atletas fueron de pequeños diagnosticados, en un grado u otro, de hiperactivos, con déficit de atención, impulsivos, etc. La cuestión es que cuando esa energía desbordante de fácil activación fue canalizada hacia actividades deportivas u de otro tipo reguladas, se convirtió en un buen aliado.

La impulsividad, pues, entendida como estado de activación inmediato, nos aporta combustible para responder de forma rápida (aunque normalmente poco racional) a nivel motriz. Esto no es casual. Si está en los genes de los seres humanos es porque, en algún momento de nuestro período evolutivo, fue una característica positiva para la supervivencia de la especie.
Imaginémonos los tiempos remotos de vida en las cavernas y los pocos recursos para afrontar un medio ambiente hostil con numerosos enemigos y animales dispuestos a atacarnos. En este medio es muy probable que supervivieran mejor los seres humanos con unas capacidades de “impulsividad” (activación rápida y potente) y, por tanto, de afrontar o huir de la situación con éxito, frente a los que eran más tranquilos. Es decir, la impulsividad pudo obedecer a factores de supervivencia en algún momento.
No obstante, la genética no va tan rápido como los cambios culturales de la especie. La programación genética de algunos niños sigue preparada para responder contundentemente a cualquier tipo de agresión percibida, no obstante, hoy en día, lo que se espera de ellos es precisamente lo contrario: racionalidad, tranquilidad, paciencia, atención, etc., especialmente en la escuela.
ALGUNAS EXPLICACIONES NEUROLÓGICAS
En psicología se utiliza un término hipotético denominado “arousal” que trata de describir los procesos que subyacen en el control de la alerta, la vigilia y la activación. 
El concepto de arousal admite varios significados. Así se habla de arousal comportamental para significar lo mismo que nivel de actividad. Pero se puede hablar también de arousal cortical, en cuyo caso la referencia es a la activación de las neuronas corticales a través del Sistema Activador Reticular (SAR) e implicaría también la activación autónoma. Sin entrar en más tecnicismos, lo que nos interesa resaltar ahora es que los fármacos estimulantes normalmente incrementan tanto el arousal comportamental como el fisiológico. Sin embargo, en muchos hiperactivos (y/o impulsivos) producen un descenso en su nivel de actividad, porque, por paradójico que parezca, están reduciendo tanto el arousal conductual como el fisiológico. Según algunos investigadores (Mc. Mahon, 1984) la explicación reside en que los niños con TDAH se benefician de los efectos de los estimulantes dado que son deficitarios en el arousal cortical y autónomo. Por tanto, la hipótesis planteada es que la disfunción primaria hallada en niños impulsivos y/o hiperactivos se debería a una infraactivación del SAR más que a una sobreactivación.
Por otro lado se conoce el importante papel que tienen los lóbulos frontales como reguladores y organizadores del lenguaje y, por consiguiente, de los actos voluntarios del individuo. Los mecanismos fisiológicos responsables de esos actos están aún lejos de ser descubiertos pero se sabe que maduran en el niño “normal” hacia los cuatros años de edad.
Respecto a la regulación motora y de la acción por parte de los lóbulos frontales, Luria subrayó su importante papel en la programación de las formas más complejas de actividad humana organizada, inhibiendo las acciones irrelevantes e inapropiadas ( Luria, 1980).
Resumiendo, una baja activación del SAR o una lesión en lóbulos frontales pueden ser algunos de los factores relevantes en la génesis de la sintomatología impulsiva y/o hiperactiva. En el primer caso, baja activación del SAR, la medicación (normalmente metilfenidato) podría compensar parcialmente el déficit.
Hemos también comentado la activación fisiológica que se produce en los brotes impulsivos como consecuencia de la activación del sistema autónomo. En estos episodios se producen cambios endocrinos y secreciones hormonales que preparan al cuerpo para responder ante lo que el niño percibe como una amenaza inminente (puede ser simplemente que se le frustre en alguna de sus demandas).
Otro elemento importante en el nivel de activación lo constituye la forma en que el niño percibe la situación a nivel emocional. Elevados niveles de adrenalina y noradrenalina en sangre y orina aparecen antes y después de sucesos estresantes o enérgicos que cursan con gran carga emocional e incluso agresión. 
Es decir, cuando el niño con impulsividad, se ha activado, difícilmente tendrá el control voluntario sobre sus actos en los primeros momentos de mayor activación. 
ORIENTACIONES GENERALES PARA SU REGULACIÓN 
En primer lugar, debe quedar claro que el niño tiene dificultades para regular su estado de activación. Por eso siempre suelo recordar que: “No es tanto que no quieran autocontrolarse sino que no pueden”. Una vez activados (descargas hormonales conjuntamente con emociones intensas de frustración) tienen que efectuar alguna acción (rabietas, huída, agresión, lanzamiento objetos, etc.). Ello no quiere decir que seamos tolerantes, sino que desde la comprensión de lo que pasa podemos ayudarle de forma más eficaz. A este respecto, hay que señalar, que la mayoría de niños impulsivos suelen arrepentirse después y se comprometen a no volver a hacerlo cuando se lo razonamos. No obstante, vuelven a recaer en los mismos comportamientos disruptivos,  al tiempo que manifiestan una cierta perplejidad o inquietud al verse superados por sus propios actos y no saber por qué vuelve a ocurrir.
También puede suceder que estos episodios impulsivos se refuercen si con ellos el niño consigue lo que quiere y, por tanto, puede aprender a manipularnos a través de ellos.
El niño debe aprender, aunque aceptemos el hecho de que tiene dificultades para controlarse, que sus actos tienen consecuencias. Por ello, contingentemente a las rabietas, conductas desafiantes, agresiones u otros, deberemos ser capaces de marcar unas consecuencias inmediatas (retirada de reforzadores, tiempo fuera, retirada de atención, castigo, etc.). Por ejemplo si ha lanzado objetos, deberá recogerlos y colocarlos en su lugar; si ha insultado deberá pedir disculpas, etc., aunque se recomienda esperar a que se tranquilice para aplicar las contingencias marcadas.
Es muy importante que cuando se produzca un episodio de impulsividad extrema (rabieta, insultos, etc.) los padres, maestros o educadores mantengan la calma. Nunca es aconsejable intentar chillar más que él o intentar razonarle nada en esos momentos. No vale enfrentarse ni ejercer una lucha de poder. Esto complicaría las cosas. Tenemos que mostrarnos serenos y tranquilos pero, a la vez contundentes y decididos. Por ejemplo, ante las rabietas incontroladas de los más pequeños, decirle: “Mamá (o papá) están ahora tristes con tu comportamiento y no queremos estar contigo mientras estés así”. Los padres se retiran buscando una cierta distancia física pero también afectiva. De esta forma, el niño, recibe a nivel inconsciente un mensaje muy claro: “así no vas a conseguir las cosas”.
Contingentemente a estas actuaciones, también podemos introducir las medidas correctoras (castigo): “Cómo has insultado a papá (o mamá) hoy no podrás ver los dibujos que tanto te gustan (o no jugarás a la play, etc.). Papá está triste porque no quiere castigarte, pero tiene que hacerlo para ayudarte a mejorar”.
No entrar en más discusiones o razonamientos en el momento de activación por parte del niño.
Nunca decirle que es malo sino que se ha portado mal durante unos momentos y que eso puede arreglarlo en un futuro si se empeña en ello. Tampoco hay que compararlo con otros niños que son más tranquilos y se portan bien. En todo caso, debemos recordarle los aspectos positivos que tiene al mismo tiempo que le señalamos los que debe corregir.
Hay que insistir en la necesidad de mostrarnos tranquilos delante del niño cuando queramos corregir sus actos. Si éste percibe en nosotros inseguridad o discrepancias entre los padres u otros, percibirá que tiene mayor control sobre nosotros y las rabietas u otras se incrementarán. Nunca debe vernos alterados emocionalmente (chillando, llorando o fuera de control). Tampoco debe cogernos en contradicciones, es decir, no podemos pedirle a gritos a un niño impulsivo que se esté quieto y callado.
No basta con saber contestar adecuadamente a sus conductas impulsivas. Estos niños requieren también que les expliquemos qué es lo que les pasa y qué puede hacer. Las reflexiones sobre los hechos nunca deben ser hechas en caliente sino en frío cuando las cosas se han tranquilizado. Un buen momento es por la noche antes de acostarse.
FUENTE:

jueves, 28 de junio de 2012

TDAH: ANTE UN FUTURO CADA VEZ MÁS PROMETEDOR



Rocío Mayoral 25/06/2012  

¿Qué tienen en común Britney Spears, conocida y “alocada” cantante y alguien como Luis Rojas Marcos, catedrático de Psiquiatría y miembro de la Academia de Medicina de Nueva York?
“Nada”, pensaran muchos. Pues se equivocan. Tienen algo en común; un trastorno que probablemente marcó su infancia.  Ambos padecen Déficit de Atención con Hiperactividad.
Pero han pasado muchos años, sobre todo para el profesor. Y hoy el conocimiento y la atención dedicada a este trastorno son muy diferentes a cuando era niño. En los últimos tiempos se han hecho muchos avances. Porque sin duda, el TDAH es uno de los trastornos infantiles sobre el que más se investiga y que mayor interés popular y científico sigue suscitando en la actualidad.
Pero ¿es más fácil hoy la vida para un hiperactivo? Debiera serlo, pero en el fondo siguen teniéndolo difícil.
Son muchos los afectados y familias que se encuentran desorientados; reclaman mejores respuestas escolares, sociales, clínicas… Pero, ¿conocen realmente las opciones terapéuticas que tienen? ¿Saben dónde acudir, dónde pedir ayuda? ¿Conocen los avances de los últimos tiempos? Realmente, aún falta mucho por hacer. La divulgación es el primer paso.
¿Hay opciones para la esperanza? Pues sí. A pesar de todo, existen diversas razones para el optimismo. Hemos avanzado mucho.
  • Ha mejorado el conocimiento del trastorno y el número de personas correctamente diagnosticadas. Gracias a ello, tendrán un futuro con muchas más oportunidades de éxito.
  • Hoy tenemos claro que también afecta a los adultos. En nuestro país, todavía pocos adultos solicitan ayuda. Trabajar en este ámbito es un gran asunto pendiente.
  • Comprendemos cada vez mejor el funcionamiento cerebral de los TDAH. Este conocimiento ha determinado el diagnóstico y también el tratamiento. Contamos con pruebas cada vez más eficaces para evaluar el control inhibitorio, procesamiento atencional, funciones ejecutivas y emociones. AULA es la más reciente. Hoy sabemos que evaluar todos estos ámbitos es imprescindible. Además, tenemos claro que la medicina y la psicología tienen un papel esencial en el diagnóstico. Son pasos cruciales… y muy recientes.
  • Los avances médicos son también destacados. El metilfenidato lleva años mostrando su eficacia. Pero es un fármaco estimulante que ha generado reticencias. Desde 2007 contamos con medicación no estimulante: atomoxetina, que hoy se utiliza en muchos casos.
  • Pero se sigue avanzando. En breve, tendremos nuevos fármacos: clonidina, lisdexanfetamina y guanfacina. Aumentarán las opciones para tratar síntomas principales y efectos secundarios. También se trabaja en nuevos medicamentos para mejorar los cuadros que habitualmente coexisten con el TDAH, como la dislexia. El futuro en este campo es muy esperanzador. Sin embargo, queda mucho por hacer. Aún existe mucho sobrediagnóstico, muchas personas medicadas sólo a partir de una entrevista. Pero las mejoras son evidentes.
  • También existen notables progresos en tratamientos psicológicos y pedagógicos. Hoy contamos con programas muy eficaces para la mejora de síntomas como auto-organización, resolución de problemas, mejora de la inhibición, impulsividad, auto-regulación de emociones, contención, auto-motivación, mejora de la adaptabilidad... Entre el 87% y 98% de TDAH presentan alguno de estos problemas. ¿Pedimos ayuda de este tipo? Debiéramos. Los riesgos que conllevan los síntomas de este cuadro son altos. R. A. Barkley, autoridad mundial en TDAH perdió a su hermano hiperactivo por su impulsividad al volante. Es sólo un ejemplo pero muestra la realidad tal y como es. Todos los esfuerzos son pocos cuando se trata de acabar con el descontrol y el resto de síntomas.
  • Pero ¿adivinan dónde se sitúa uno de los principales focos de descontento de las familias? Está claro. En la escuela. En parte es lógico. El TDAH es un trastorno de ejecución, de rendimiento, pero no de aprendizaje. Sin embargo, los actuales modelos escolares complican bastante el éxito escolar de estos niños. Barkley trabajó con niños con TDAH en colegios públicos americanos. Los resultados demuestran que la intervención en la escuela es altamente beneficiosa y factible. En nuestro país se están dando pasos. En estos días sin ir más lejos se ha presentado en el Parlamento Catalán un protocolo educativo para atención del TDAH. La Comunidad Andaluza tiene aprobado otro protocolo de actuación educativa. En muchas zonas se empieza a contar incluso con adaptaciones para la prueba de selectividad. Hay razones para el optimismo.
  • Uno de los avances más importantes de los últimos tiempos se sitúa en la intervención y ayuda a familias. Muchos especialistas trabajan intensamente en ello. Hoy contamos con muchas guías para familias. Destaca entre otras la realizada por el grupo de trabajo europeo para la sensibilización del TDAH.
  • Está claro. El saber sobre este trastorno progresa a pasos agigantados. Estamos en la obligación de estar al día. No hacerlo sería una pena. Porque algo está cada vez más claro. El logro de una vida plena para los TDAH es posible. Contamos con medios para ello.
Dicen que Churchill o Eisenhower también tuvieron TDAH. ¡Quién sabe!... si fuese así, ellos también serían muestra evidente de que el TDAH no impide una vida de éxito. Aunque sin duda, el logro más importante de un hiperactivo es mantener a su lado a una familia que les acompañe. Para algunos, esto será muy difícil de conseguir… Si no, que se lo pregunten a Britney.
FUENTE:

lunes, 5 de marzo de 2012

EL METILFENIDATO Y LAS ANFETAMINAS



El metilfenidato NO ES UNA ANFETAMINA:
Diferencias estructurales y en mecanismo de acción




Medicamentos estimulantes para el Trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH): el metilfenidato y las anfetaminas
Con frecuencia se recetan medicamentos estimulantes (como el metilfenidato y las anfetaminas) para tratar el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH, también conocido como ADHD, por sus siglas en inglés). Este trastorno se caracteriza por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad e impulsividad que se ve más a menudo o es más fuerte de lo que normalmente se observa en personas de un nivel comparable de desarrollo. Este patrón de comportamiento generalmente surge en los años preescolares o a principios de la escuela primaria, siendo los 7 años la edad promedio en la que se manifiestan los síntomas del TDAH. En la mayoría de los casos, los síntomas del TDAH mejoran en la adolescencia o en la edad adulta, pero el trastorno puede subsistir o presentarse en adultos. En los Estados Unidos, alrededor del 8 por ciento de los niños de 4 a 17 años de edad y alrededor del 2.9 al 4.4 por ciento de los adultos son diagnosticados con TDAH.
¿Cómo afectan los medicamentos estimulantes al cerebro?
Todo estimulante funciona aumentando los niveles de dopamina en el cerebro; la dopamina es la sustancia química en el cerebro (o neurotransmisor) asociada con el placer, el movimiento y la atención.
Los efectos terapéuticos de los estimulantes se logran a través de aumentos lentos y constantes de dopamina, aumentos similares a los producidos de manera natural por el cerebro. Las dosis recetadas por los médicos son bajas al principio y se aumentan gradualmente hasta lograr un efecto terapéutico.
Sin embargo, cuando se toman en dosis o por vías no recetadas, los estimulantes pueden aumentar la dopamina en el cerebro de manera rápida y altamente amplificada, como lo hacen la mayoría de las demás drogas de abuso, trastornando la comunicación normal entre las células del cerebro, produciendo euforia e incrementando el riesgo de adicción.
¿Qué papel desempeñan los estimulantes en el tratamiento del TDAH?
El tratamiento del TDAH con estimulantes, a menudo, en conjunto con psicoterapia, ayuda a mejorar los síntomas del TDAH, como también la autoestima, la cognición y las interacciones sociales y familiares del paciente. Los medicamentos recetados con más frecuencia son las anfetaminas (como el Adderall®, que es una mezcla de sales de anfetaminas) y el metilfenidato (por ejemplo, Ritalina –Rubifén en España-  y Concerta, un medicamento de liberación prolongada).
Sorprendentemente, estos medicamentos tienen un efecto calmante y mejoran la atención en pacientes con TDAH. Los investigadores especulan que el beneficio se produce gracias a que el metilfenidato amplifica la liberación de la dopamina en aquellas personas que poseen señales débiles de dopamina.
Una de las controversias más grandes en la psiquiatría infantil es si el uso de medicamentos estimulantes para tratar el TDAH aumenta el riesgo de abuso de sustancias en la edad adulta. Hasta el momento, las investigaciones sugieren que las personas con TDAH no se vuelven adictas a los medicamentos estimulantes cuando los toman en la manera y dosis recetadas. Más aún, varios estudios recogen que la terapia con estimulantes en la niñez previene el riesgo de abuso de drogas o de alcohol con el paso de los años.
¿Por qué y cómo los medicamentos estimulantes crean adicción?
Los estimulantes se consumen para “mejorar el rendimiento” o por razones recreativas, por ejemplo, “para entrar en onda”. Mejoran el rendimiento al aumentar el estado de vigilia, la concentración y la atención y al suprimir el apetito (para facilitar la pérdida de peso).
Los efectos eufóricos de los estimulantes generalmente ocurren cuando los estimulantes se trituran y luego se inhalan o se inyectan. Algunos usuarios disuelven las tabletas en agua y se inyectan la mezcla. Esto puede traer complicaciones, ya que a veces las tabletas contienen rellenos insolubles que podrían bloquear los vasos sanguíneos pequeños.
(…) la adicción ocurre porque los estimulantes, cuando se toman en dosis y por vías diferentes a las prescritas por el médico, inducen una elevación rápida de la dopamina en el cerebro. 
NIDA: National Institute of Drug Abuse. National Institutes of Health. (U.S. Department of Health & Human Services)
El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas es uno de los 27 institutos y centros que forman parte de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos.
FUENTE:
http://www.drugabuse.gov/es/publicaciones/infofacts/medicamentos-estimulantes-para-el-trastorno-de-deficit-de-atencion-con-hiperactividad-tdah-el-metilf

viernes, 2 de diciembre de 2011

CAUSAS BIOLÓGICAS DEL TDAH



FUENTE:
CADAH http://www.youtube.com/watch?v=zsojft1fJho
TRANSCRIPCIÓN DEL VIDEO:
Desde que en 1902, Still publicara el primer cuadro clínico relacionado con lo que hoy se conoce como Trastorno de Déficit de Atención, con o sin Hiperactividad (TDAH) han pasado muchos años y diversas clasificaciones para intentar definir un síndrome, un trastorno, que se manifiesta en niños que hablan en exceso, que interrumpen las actividades de otros, que no guardan su turno, que son incapaces de estar quietos que, en definitiva, demuestran una hiperactividad que son incapaces de controlar, que se acompaña de fácil distracción ante estímulos mínimos, descuido de las actividades diarias, incapacidad de finalizar una actividad que empiezan, que parecen no escuchar las instrucciones de los demás, etc.
Igualmente, estos niños suelen mostrar una pobre capacidad de planificación y previsión, una disminución en el control de impulsos y gran labilidad afectiva.
Muchas han sido las hipótesis vertidas a lo largo de los años acerca de las causas que lo originaban, pero ha sido en las últimas décadas cuando más se ha avanzado en la identificación de los orígenes biológicos del TDAH. Gracias a las modernas técnicas de imagen funcional y de estudios genéticos ha sido posible adentrarse en los orígenes del TDAH. El importante papel del córtex prefrontal en la aparición de los síntomas del TDAH está hoy avalado por las técnicas de imagen funcional además de por las teorías clásicas. La corteza prefrontal actúa como un director de orquesta capaz de valorar en una vista aérea todas las demás funciones del cerebro y coordinarlas para un fin concreto. Cuando los lóbulos frontales no funcionan bien, no actúan con suficiente intensidad o no están correctamente comunicados, sus funciones ejecutivas se deterioran y el individuo se encuentra a merced de distracciones accidentales, es incapaz de continuar planes o de tener un control previo sobre sus impulsos y, esto es en definitiva, lo que caracteriza al TDAH.
Ante la aparición de un estímulo en el niño sano, con la activación del córtex prefrontal, se inicia la coordinación entre las diversas funciones y capacidades. No obstante, en el niño con TDAH, debido a la hipoactividad de esa zona, existe una falta de coordinación interna, aunque las capacidades sean normales, con una fácil distracción ante estímulos externos e incapacidad del control motor.
Esta situación nos recuerda a una gran orquesta sinfónica. Si bien la orquesta está compuesta por experimentados profesores y por magníficos instrumentos, cuando cada uno afina a su aire, lo único que puede percibirse es una amalgama de sonidos inconexos. Y es que la labor del director de orquesta es fundamental para llevar el ritmo y mostrar prioridades en cada momento, coordinar la entrada de cada uno, la intensidad y el matiz de los sonidos para rectificar, ajustar, planificar, afinar… gracias a esta función ejecutiva se consigue que cada uno de los músicos brille al máximo dentro de un trabajo en equipo. La responsabilidad de cómo suene esta gran orquesta es, en gran parte de su director. Igualmente, de cómo active y module el córtex prefrontal dependerá el rendimiento final de la orquesta que representa el encéfalo.
Al igual que diferentes formas de afrontar la partitura y de modular a la orquesta dan lugar a muy variadas versiones de una misma sinfonía, de cómo funcione el director de orquesta del encéfalo del niño en cada momento dependerá su rendimiento, su capacidad de seleccionar la atención y de controlar su actividad motora y su impulsividad. Tal y como hemos podido apreciar previamente, ante la aparición de un estímulo, especialmente si existe poca motivación, el córtex prefrontal del niño con TDAH no se activa convenientemente.
Uno de los objetivos del tratamiento con metilfenidato es estimular una activación del córtex prefrontal, de tal forma que pueda ejercer su función con normalidad y el niño pueda optimizar sus capacidades, siendo realmente él mismo y desapareciendo ese caos interior que percibe.
Los lóbulos frontales se relacionan con el resto del encéfalo a través de verdaderas autopistas de la información, que son vías aferentes y eferentes. La sinapsis de estas vías están moduladas por las catecolaminas. Éstas son liberadas en función de los estímulos y su presencia en el espacio sináptico favorece la transmisión del impulso nervioso. Pero en los niños con TDAH existiría una alteración en sus transportadores que acelerarían su recaptación y, con ello, la escasa presencia de catecolaminas en el espacio sináptico.

martes, 1 de noviembre de 2011

EEUU: DESCARTAN RIESGO CARDIACO DE FÁRMACOS PARA EL DÉFICIT ATENCIONAL

Un importante estudio de más de un millón de niños y jóvenes descartó que exista un mayor riesgo de ataque cardiaco para aquellos que toman medicamentos para el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).
"Este amplio estudio no mostró evidencia de que el uso actual de un medicamento para el TDAH se asocie con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares graves", indicaron los investigadores en el trabajo publicado en la revista New England Journal of Medicine”.
Los expertos señalaron que el estudio, el mayor de su tipo hasta la fecha, responde a las preocupaciones planteadas desde hace varios años en Estados Unidos y Canada sobre los posibles riesgos cardíacos de suministrar a niños y jóvenes medicamentos estimulantes como el metilfenidato.
Un total de 1,2 millones de personas de entre 2 a 24 años fueron incluidas en la investigación, dirigida por William Cooper, del Departamento de Pediatría y Medicina Preventiva de la Universidad Vanderbilt en Nashville, Tennessee.
El análisis incluyó a niños con cardiopatía congénita, un grupo que se presume está en mayor riesgo de ataque cardíaco o derrame cerebral.
Los investigadores no pudieron encontrar ningún riesgo mayor en comparación con los niños que no tomaban medicamentos para el TDAH.
Según Andrew Adesman, Jefe de Pediatría del Desarrollo y del Comportamiento del Centro Médico Steven, y Alexandra Cohen, para la Infancia de Nueva York, los datos "en general son bastante tranquilizadores”.
"Este nuevo estudio, una vez más, no halló una asociación entre el tratamiento con medicamentos estimulantes y muerte súbita cardíaca, infarto de miocardio o accidente cerebrovascular", dijo Adesman, que no participó en la investigación.
Los resultados deben proporcionar "garantías adicionales a las familias y a los profesionales clínicos", dijo.
El TDAH es uno de los problemas psiquiátricos más comunes en los niños. Afecta a entre el 3 y el 5 por ciento de los pequeños en todo el mundo.
 Los niños con TDAH son excesivamente inquietos e impulsivos, se dispersan fácilmente y suelen tener problemas en el hogar y en la escuela. No existe cura para el trastorno, pero los síntomas pueden mantenerse bajo control con una combinación de terapia conductual y medicación.
FUENTE

martes, 27 de septiembre de 2011

PRIMER ANÁLISIS GENÉTICO ESPECÍFICO PARA EL TDAH

Laboratorios Rubió presenta Neurofarmagen® TDAH, el primer análisis genético específico para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) que recopila información de los principales genes implicados en esta patología.
A partir de una muestra de saliva de 1 ml, Neurofarmagen®TDAH permite valorar, de forma cómoda, rápida y segura, los siguientes aspectos:
  • Conocer la predisposición del paciente a padecer TDAH.
  • Predecir la respuesta al tratamiento.
  • Conocer si existe riesgo de comorbilidad.
Neurofarmagen®TDAH proporciona información personalizada sobre el niño, que ayudará al especialista a tomar las decisiones más adecuadas. Un análisis muy útil para:
  • Familias que necesitan conocer datos biológicos objetivos sobre el trastorno.
  • Confirmar la vulnerabilidad genética en caso de diagnóstico dudoso.
  • Confirmar la susceptibilidad en otros miembros de la familia.
  • Confirmar la predisposición genética en adultos no diagnosticados previamente.
  • Pacientes que no responden al tratamiento con metilfenidato.
  • Individualizar tratamientos con atomoxetina.
  • Estudiar la predisposición genética a:
    • Abuso de alcohol y opiáceos.
    • Conducta disocial.
El TDAH es un trastorno neurológico del comportamiento caracterizado por síntomas generalizados como falta de atención, hiperactividad e impulsividad.
Aunque el TDAH se inicia en la infancia, el 50% de los niños con este trastorno siguen mostrando síntomas en la edad adulta. El TDAH es un trastorno con una elevada carga genética de carácter hereditario y que también depende de factores ambientales.
Gracias a los valiosos avances que se han producido en la investigación genética del TDAH, hoy podemos obtener respuestas personalizadas a partir de la información genética de cada paciente.
La precampaña de lanzamiento ha permitido a los principales médicos españoles probar este análisis genético en su práctica diaria.
Resultados
Los resultados obtenidos han sido muy satisfactorios y validan el uso de Neurofarmagen®TDAH como herramienta complementaria al diagnóstico clínico convencional facilitando, además, información sobre el tipo de respuesta que tendrá un paciente frente a un determinado fármaco.
Laboratorios Rubió fue pionero en el lanzamiento del primer metilfenidato de liberación inmediata (Rubifén) en el mercado español, hace más de 25 años. El metilfenidato sigue siendo tratamiento de elección en niños con TDAH. Con este nuevo producto Laboratorios Rubió vuelve a ser pionero en el campo del TDAH con un producto que representa un avance más en la utilización de la medicina personalizada.
Primeros resultados de Neurofarmagen®TDAH presentados en SENEP 2011
Barcelona, Julio 2011.
El Dr. Fernando Mulas, Director del INVANEP (Instituto Valenciano de Neurología Pediátrica), presenta los primeros resultados de Neurofarmagen® TDAH, en la XXXV Reunión Anual de SENEP (Sociedad Española de Neurología Pediátrica) celebrada en Granada el pasado Junio.
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno que afecta a un 5-7% de la población infantil, afectando negativamente al rendimiento académico y funcionamiento social. Se sabe que tiene una heredabilidad cercana al 0,7, aunque no se conocen aún los genes implicados, por lo que se presume una predisposición multigenética asociada a factores ambientales. El objetivo del estudio observacional de serie de casos es evaluar en una muestra consecutiva de niños con TDAH, a los que se les ha realizado un análisis genético mediante muestra de saliva, la presencia o ausencia de ciertos poliformismos implicados en la susceptibilidad a padecer el trastorno, la respuesta al tratamiento farmacológico y la predisposición a padecer trastornos por abuso de sustancias.
Este estudio clínico es una primera toma de contacto con una muestra reducida de pacientes con TDAH y que cada día se conocen mejor los factores genéticos implicados en la susceptibilidad del TDAH, así como la respuesta a los tratamientos farmacológicos y del riesgo de presentar comorbilidades como conductas disociales y abuso de sustancias.
Conclusiones
Se ha observado que existe una buena correlación entre el porcentaje de la respuesta positiva a Metilfenidato y la prevalencia de estos polimorfismos asociada a la respuesta del tratamiento. Asimismo, en pacientes con dificultades en el aprendizaje la variante OPRM1 es más prevalente que la que se presenta en la población general. Todos los pacientes con alguna morbilidad tienen una variante de riesgo de los genes de morbilidad. En un futuro no muy lejano se espera poder personalizar los tratamientos y predecir las comorbilidades en este trastorno
FUENTES: