TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

domingo, 9 de septiembre de 2012

CÓMO DESCUBRIR EL DÉFICIT DE ATENCIÓN EN EL AULA



Un trastorno ligado a las dificultades de aprendizaje
Los maestros ocupan un lugar privilegiado para acompañar el crecimiento del alumno y estimular un desarrollo armónico.
Uno de los momentos clave en la vida es, sin duda, la infancia. Cuanto en ella ocurre va a tener una clara trascendencia en el futuro. Para bien o para mal, todo lo que en la infancia nos acontece tiene su importancia no solo en lo transversal —es decir, en el momento— sino que esa acción se proyecta al futuro adulto. El niño de hoy será el adulto del mañana y aquí radica la importancia de velar por el desarrollo armónico, pleno y equilibrado del menor.
La paternidad es una oportunidad para redescubrir la vida a través de los ojos de un hijo, aportándole seguridad y amor, tan necesarios para el crecimiento armónico. Asimismo el profesor o, en su sentido pleno, el maestro, desde su privilegiada posición, ha de acompañar y compensar las posibles dificultades, enseñándole a aprender y otorgando al verbo “aprender” el más amplio significado posible.
Durante la vida, son muchas las circunstancias, eventos o condiciones, que pueden poner en riesgo ese desarrollo armónico. Estas situaciones, las “crisis”, son claras oportunidades de mejora, pero cuando afectan a un menor que aún no ha desarrollado de manera completa sus capacidades de afrontamiento, es muy probable que precise de ayuda externa.
Una condición que puede interferir en este desarrollo es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), que afecta al 4-7% de los niños en edad escolar y confiere un riesgo evolutivo derivado de su cortejo sintomático.
El trastorno por Déficit de Atención (DA), al afectar directamente a una de las funciones cognitivas determinantes en la progresiva adquisición de aptitudes, multiplica el riesgo de presentar dificultades en el aprendizaje.
Sin embargo, una detección precoz y el establecimiento de pautas de apoyo y compensación rompe el círculo vicioso del desencanto y favorece el desarrollo pleno de las capacidades del alumno.
¿Qué es el Déficit de Atención (DA)?
El Déficit de Atención (DA) constituye el grupo nuclear sintomático del TDAH, por lo que, en algún momento, es posible emplear ambos conceptos casi como sinónimos.
Lo que hasta los años ochenta se conocía como “trastorno por hiperactividad”, fue variando y se enfocó de manera prioritaria hacia el Déficit de Atención sin eliminar, por supuesto, los síntomas relacionados con la hiperactividad y la impulsividad. Esto ha permitido no sólo conocer en profundidad el funcionamiento  de los niños con TDAH, sino observar de manera determinante —y filiar, en su caso— a otro grupo de niños hasta entonces dejados a su libre evolución, no siempre propicia. Nos referimos a aquellos menores cuyos síntomas de dificultades atentivas son evidentes, pero en lo conductual se mantienen dentro del rango de la normalidad e incluso, en ocasiones, con apariencia de hipoactividad, lo que hoy se conoce como el TDAH de predominio inatento. En general, son niños con dificultades para hacer un uso adecuado de su atención, entendida como la puerta de entrada para el resto de las funciones cognitivas, lo que dificultará el procesamiento ulterior de la información y, por ende, el aprendizaje.
¿Qué es la atención?
La atención no es un fenómeno compacto y, como en otras funciones cognitivas, somos capaces de desgranarla en diversas funciones y describirlas adecuadamente:
  • Capacidad de focalizar o dirigir la atención hacia el estímulo más relevante y no necesariamente hacia el más intenso. En el aula: focalizar la llegada del profesor al aula y el inicio de la clase, de manera que el alumno pueda dirigir la atención hacia ese foco y no perderse en otros estímulos irrelevantes, aunque más intensos.
  • Capacidad de sostener la atención a lo largo del tiempo, resistiendo distractores. En el aula: mantener la atención en clase durante la explicación del profesor en un nivel de concentración eficaz.
  • Capacidad de adaptar o flexibilizar la atención que permite volver al foco inicial si hubiera distracciones, en lugar de “perderse en las nubes” y no retomar el hilo de la tarea. En el aula: esta secuencia es determinante para que la información llegue al cerebro, se almacene y recuerde, así como para que pueda ser aprendida y recuperada en un futuro.
Factores que intervienen en el proceso de la atención
Hay un factor definitivo para entender el proceso de la atención visto desde el sujeto receptor del estímulo: la intensidad del mismo. Una intensidad que queda modulada por un factor interno a la persona como es la  motivación o el interés por el mismo. De esta manera cada estímulo tendría un valor extrínseco —propio del estímulo—, y otro intrínseco —propio del sujeto—, que sería la motivación. De la interacción de ambos resultaría la mayor o menor facilidad para prestar atención al estímulo.
Intensidad del estímulo y motivación personal
Una manera de trasladar esta interacción a la vida cotidiana del aula es, por un lado, lo amena o atractiva que un docente puede hacer una clase –que se correspondería con el valor extrínseco- y, por otro lado, la motivación personal que cada alumno tiene hacia esa materia concreta, en definitiva, el valor intrínseco. No hay duda de que ambos factores están íntimamente relacionados y en constante intercambio. Así, por ejemplo, hay profesores que son capaces de infundir una motivación adicional sobre sus materias, aumentando el factor intrínseco al actuar directamente sobre el estímulo en el propio planteamiento de la asignatura. Desde un punto de vista formal, se está trabajando sobre el valor extrínseco, pero el resultado favorece la capacidad de prestar atención por parte de los alumnos.
Otro ejemplo común lo encontramos en los videojuegos y consolas, ya que al utilizar estímulos de alta intensidad –alto factor extrínseco- y sin entrar a valorar el factor intrínseco que también es alto, es habitual que “capten” la atención de los niños, especialmente en aquellos con dificultades en la atención. Este hecho genera sorpresa en su entorno ya que se interpreta que atienden sólo a lo que quieren y no a lo que es considerado importante. Sin embargo, la razón es que ese estímulo no requiere de un sobreesfuerzo para mantener la concentración. Estos mismo se aplica a otros estímulos con características similares.
¿Cómo detectar el trastorno?
Un diagnóstico diferencial es uno de los pilares del correcto diagnóstico del TDAH, imprescindible para conseguir soluciones efectivas
En general, el diagnóstico del TDAH o, de manera más concreta, del DA, se basa en una descripción de síntomas relacionados y así recogidos en las principales clasificaciones diagnósticas de enfermedades mentales, como son el DSM (Manual de Diagnóstico editado por la Asociación de Psiquiatría Americana) o la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades, editada por la Organización Mundial de la Salud). Ambas clasificaciones son similares y nos permiten hacer una descripción detallada de lo que es el grupo de síntomas del Déficit de Atención como aspecto nuclear del TDAH.
Son niños que a menudo no se fijan de forma suficiente en los detalles o que cometen errores por no prestar atención a lo que están haciendo, descuidando la realización de las tareas o equivocándose en cosas que conocen. Un ejemplo característico se produce cuando un alumno es capaz de resolver un problema complejo y, al final, cuando lo que le queda para concluirlo es una tarea sencilla, se equivoca inexplicablemente (2+2 =3).
Al niño con DA le cuesta sostener o mantener la atención en las tareas, incluso en los juegos, cuando estos se prolongan en el tiempo, condicionando con frecuencia cambios de foco de atención o de tarea, de manera que pasan de un juego a otro sin “terminar” el anterior, distrayéndose con pequeños detalles o con cosas sin importancia. Su entorno se queja de que no escucha cuando hablan y, aunque no es real del todo, sí que es una sensación bastante frecuente, de manera que parece no atender cuando se le habla directamente. En esta misma línea no suele terminar órdenes complejas o simultáneas, dando la apariencia de no hacer caso al no seguir las instrucciones o no querer finalizar las tareas escolares. De nuevo, tiene más que ver con las dificultades de sostener la atención que con la negación a hacer las cosas.
De la misma forma tiende a evitar o renegar de aquellas tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido e intenso, posponiendo su inicio. Sin embargo, una vez las comienza está capacitado para ejecutarlas de forma razonable, a excepción de los detalles del final, donde de nuevo vuelve a presentar problemas.
En general, son niños que se organizan mal al realizar sus tareas o actividades, gestionan incorrectamente su tiempo y tienden a dejarlo todo para el último minuto. Pierden cosas necesarias para la realización de las tareas, por ejemplo, los días de gimnasia se olvidan las zapatillas. Les cuesta prestar atención a los pequeños detalles, por lo que dan la imagen de personas descuidadas en las actividades diarias.
Lo importante de estos síntomas es que, además de estar presentes, causen disfunción o problemas relevantes y que sean estables en el tiempo. Cuando son de reciente aparición tenemos que pensar en otras causas que puedan condicionar síntomas de inatención o interferir en el rendimiento cognitivo. El plantearse un buen diagnóstico diferencial es uno de los pilares del correcto diagnóstico del TDAH, imprescindible para conseguir soluciones efectivas.
El fondo del problema
Aunque las razones exactas del DA están aún por determinar, la genética, el ambiente y algunas diferencias neurobiológicas están ayudando a explicar el trastorno
Si la bien la ciencia “avanza que es una barbaridad” y nos ha permitido saber hoy mucho más sobre el TDAH, en general y el DA, en particular, las razones últimas del problema siguen siendo un enigma.
Hoy sabemos que el TDAH tiene una determinación genética bien definida que condiciona una heredabilidad del trastorno, de modo que a través de la genética podemos explicar un 70% del problema. Pero no debemos menoscabar el papel del ambiente en la modulación de la expresión de los genes porque hoy es la única área donde podemos influir e intervenir.
El otro pilar estudiado sería la neurobiología del trastorno. Por un lado, se han identificado diferencias estructurales en el cerebro de los menores con TDAH, pero sobre todo diferencias funcionales. Y es en el área del córtex dorsolateral prefrontal, es decir, la región anterior del cerebro, la que está implicada en la planificación y la ejecución de tareas, en la que en los niños con estas dificultades se ha encontrado una menor actividad y con cierto retraso madurativo.
Por otro lado, se han detectado diferencias en el funcionamiento de la actividad de ciertos neurotransmisores, como son la dopamina y la noradrenalina principalmente, que están implicados en las funciones cognitivas afectadas en el TDAH y han servido como base para los tratamientos y para la búsqueda de nuevos genes responsables del trastorno. Con lo que volvemos a las bases genéticas de donde partíamos y a la actual búsqueda de un perfil genético que nos permita identificar precozmente a las personas susceptibles. Hasta la fecha la genética del TDAH se explica por un modelo de herencia poligénica compleja. Atrás queda Mendel con sus guisantes, ya que el perfil de influencia genética del TDAH es notablemente más complejo.
Cada día sabemos más y son cientos los estudios que actualmente se están llevando a cabo por todo el mundo. Es posible que en los próximos años, tanto la genética como la neuroimagen se puedan situar como herramientas diagnósticas para estos problemas aunque, a fecha de hoy, este tipo de acciones sólo tiene utilidad desde el punto de vista de la investigación -que no es poco- y el diagnóstico sigue siendo clínico, con ayuda de ciertas evaluaciones neuropsicológicas que nos permiten conocer en profundidad el problema y sus déficits.
Del “no querer” al “no poder” prestar atención
Una detección precoz es clave para ayudar al alumno y la colaboración de los equipos de psicopedagogía de los centros escolares y el pediatra de atención primaria es imprescindible para detectar los alumnos que padecen el trastorno
Una vez conocido el funcionamiento de los niños con Déficit de Atención y el porqué de sus dificultades, entenderemos que lo que sucede es una cuestión formal de dificultades en la atención y no sólo cuestiones volitivas, al menos en un inicio. O dicho de otra manera, el sostener la atención o concentrarse en determinadas tareas, requiere un sobreesfuerzo con respecto a su grupo de iguales, que condiciona un agotamiento precoz y, en definitiva, un no poder prestar atención tanto tiempo o, al menos, una pérdida de eficacia en la realización de determinadas tareas.
Esta situación sostenida en el tiempo termina por derivar en un patrón de conductas centrado en la evitación del esfuerzo, como estrategia de prevención del autoconcepto. Si un niño se esfuerza y alcanza las metas esto redunda en un fortalecimiento de su autoestima. Si por el contrario su esfuerzo no obtiene recompensa y se vuelve a esforzar, pero lo que consigue es una nueva frustración, con el tiempo esto afectará negativamente a su autoestima. Cuando el niño con dificultades de atención, encuentra que una y otra vez se esfuerza en concentrarse y no es suficiente, tratará de buscar soluciones. Una sencilla será la evitación del sobreesfuerzo, ya que no obtiene resultados satisfactorios.
De manera progresiva, va a tratar de evitar las tareas que requieran un esfuerzo mayor, por lo que se puede generalizar a cualquier esfuerzo cognitivo, entrando en un bucle en el que es sencillo entrar, pero bastante complicado salir, sobre todo, cuando el entorno piensa que el trastorno es solo motivacional y obvia la raíz del problema.
El filiar de manera equivocada esta dinámica condiciona también la búsqueda de soluciones y se puede optar por algunas no claramente eficaces. Tradicionalmente, la primera suele ser el castigo o refuerzo negativo, condición que no va a romper esta espiral, sino que puede perpetuar el bucle antes descrito, ya que sin apoyo es poco probable que el niño sea capaz de reconducir su situación y conseguir hacerlo de una manera duradera. Por el contrario, un análisis de lo que lo está ocurriendo, con una reformulación de los objetivos y la puesta en marcha de las ayudas necesarias, va a ser una vía más razonable para solventar las dificultades.
Hay que tener en cuenta que el Déficit de Atención, al condicionar la puerta de entrada a otras funciones cognitivas, va a dificultar el ritmo del aprendizaje, que se caracterizará por estar sustentado en estrategias basadas en ayudas externas o demasiado memorísticas. De manera que no siempre van a ir de la mano el aumento de las demandas educativas con el incremento de las estrategias y la adquisición de nuevas aptitudes y competencias para el estudio en los niños afectados de TDAH. Serán entonces, con los cambios de ciclo o durante el paso de Primaria a la ESO, momentos clave para observar cómo estilos de aprendizaje ficticiamente ajustados, se desmoronan como castillos de naipes y el niño se muestra entonces desmotivado hacia el estudio, perdiendo valor “intrínseco” el hecho de estudiar.
Con esto no queremos decir que detrás de todo niño con problemas escolares o dificultades en el rendimiento, estemos ante un niño con TDAH, pero sí que el Déficit de Atención, como parte nuclear del TDAH, está detrás de un número importante de niños con mal rendimiento escolar, multiplicando el riesgo de fracaso escolar y siendo, quizá, su principal causa.
Cuando la expresión clínica del TDAH se acompaña de síntomas de conducta observables, como son la hiperactividad o la impulsividad, el diagnóstico tiende a ser precoz, ya que también son más tempranas las repercusiones en el funcionamiento del niño y, como consecuencia, se tiende a consultar antes con el especialista. Aunque inicialmente las manifestaciones clínicas se circunscriban a la conducta, en el devenir del tiempo será válido lo expresado en relación con los síntomas de Déficit de Atención y su mayor riesgo de problemas escolares, aún en los niños catalogados como “hiperactivos”, la mayoría va a tener también dificultades en la atención.
No se debe olvidar, que este trastorno responde a un único concepto, se trata del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y no de dos condiciones distintas; hiperactivos o inatentos. Cada niño va a expresar los síntomas con intensidad y cualidades diferentes, lo que hará que clínicamente debamos hablar del TDAH de un determinado paciente y no de un paciente con TDAH, buscando en este juego de palabras, algo realmente importante, como es el personalizar cada caso, para así también determinar las ayudas necesarias en función de las características particulares de cada niño. Y no sólo en lo que a los síntomas del TDAH se refiere, sino buscando otras características personales, familiares y sociales, que pueden condicionar la evolución de cada niño.
Como en casi todo en medicina, la precocidad en el diagnóstico influye positivamente en el pronóstico. No existe ninguna razón de peso que nos deba llevar a diferir en el tiempo la consulta cuando la duda surge. Cuando un niño comienza con estos problemas deben ser los equipos de psicopedagogía de los centros escolares, en colaboración con su pediatra de atención primaria, los que estando al tanto de las mismas, valoren la intensidad del episodio y decidan si es necesaria la derivación al especialista en psiquiatría del niño y del adolescente, para un completo diagnóstico. El especialista hará hincapié en el diagnóstico diferencial, descartando otras posibles causas y analizando el funcionamiento global de cada niño para planificar, si fuera necesario, el abordaje terapéutico.
El tratamiento de estos niños ha de ser lo más parecido a un traje a la medida, definiendo las necesidades a corto plazo, pero también teniendo presentes los objetivos a medio y largo plazo, ya que la condición de TDAH suele acompañar a los niños de manera prolongada en el tiempo. Los enfoques más eficaces son los que denominamos multimodales que abogan por el uso combinado de cuantos recursos sean necesarios para favorecer la respuesta global y adaptación funcional del menor.
Van a ser muchos los actores con papeles importantes durante el tratamiento, por ejemplo, en los programas de Psicoeducación y los profesores van a tener una acción importante en los apoyos psicopedagógicos.
Manejo del TDAH en el aula
Premiar al alumno cuando hace bien las cosas refuerza de forma positiva su autoestima y es más eficaz que el castigo continuo, que sólo acentúa su frustración.
Como se señalaba anteriormente, los profesores van a disponer de un observatorio inmejorable para la detección de los posibles casos de TDAH en las aulas, pero su papel no debe terminar ahí. Por la intensidad de la relación con sus alumnos, por la preparación en el campo del aprendizaje y por el tiempo que están con ellos en clase, los maestros son unos pilares básicos para el abordaje global de estos niños, en interrelación y de manera coordinada con otros profesionales.
Uno de los primeros pasos es la psicoeducación, cuyo objetivo principal es conocer en profundidad qué es el TDAH, cómo funciona o, más exactamente, cómo disfunciona, para de esa manera poder atribuir cada comportamiento a su origen y responder de manera adecuada, adelantándonos a las necesidades del alumno. Una de las claves va a ser la anticipación: si sabemos o prevemos cierta dificultad, el adelantarnos a los problemas será beneficioso.
Otro de los aspectos clave será la manera de dirigirnos a estos niños, se ha de hacer de forma directa, clara y concisa, para que el mensaje sea diáfano, fraccionándolo cuando lleve varias tareas complejas simultáneas.
Son niños con periodos eficaces de atención cortos, por lo que rendirán mejor con tareas igualmente cortas y, en la medida de lo posible, con un feedback inmediato. Funcionan mucho mejor con el refuerzo positivo por sus logros que con el castigo por sus errores, de manera que el premio debe ser prioritario al castigo.
Como les cuesta organizarse, ayudarles a mantener un orden y un horario será clave en su rendimiento. Así, tutorizar sus progresos y sus agendas les ayudará a seguir el ritmo del aula.
Utilizar pequeñas señales acústicas o visuales en la clase de vez en cuando, para captar la atención y ayudarle a mantener su foco en la explicación suele ser otra estrategia útil y sencilla de aplicar.
La causa más frecuente de fracaso escolar tiene tratamiento
En cualquier caso y, a modo de resumen, hemos de tener en cuenta que los niños con Déficit de Atención en el contexto del TDAH, no atienden porque no pueden y no porque no quieren, son vagos o nos toman el pelo. El TDAH es un claro factor de riesgo para la adquisición de un correcto aprendizaje e incluso multiplica el riesgo de fracaso escolar, aunque es potencialmente tratable y se debe partir de un completo diagnóstico que nos ayude definir las necesidades concretas de cada niño.
En el plan de tratamiento, los profesores y maestros pueden jugar un papel clave con la implementación de estrategias en el aula que favorezcan la evolución de estos niños. La acción más importante será el adelantarnos a las necesidades.
Al final, y una vez superado el riesgo evolutivo que el TDAH confiere a estos niños, la amenaza se puede transformar en fortaleza y pueden desarrollar unas competencias cognitivas diferenciales a las de sus compañeros, situándoles en una ventaja cualitativa. Si durante muchos años, han estado trabajando sobre tareas simultáneas, en lugar del pensamiento lineal, esto tiende a desarrollar su capacidad asociativa, su creatividad, la capacidad para hacer un uso translacional del conocimiento y desarrollando una inusual capacidad intuitiva.
Está en la mano de todos ayudar a estos niños a conseguir un desarrollo armónico y pleno o, por el contrario, mirar para otro lado y penalizar sus carencias con castigos, lo que sería como "castigar a un cojito por cojear".
AUTOR:
Dr. Javier Quintero. Jefe de Psiquiatría. Hospital Universitario Infanta Leonor. Profesor asociado de Psiquiatría. Universidad Complutense.
FUENTE:
Instituto Tomás Pascual Sanz
IMAGEN: Google

martes, 4 de septiembre de 2012

LOS JÓVENES CON TDAH PODRÍAN NECESITAR AYUDA EN SU PASO POR LA UNIVERSIDAD



Los expertos ofrecen sugerencias a los estudiantes sobre cómo compensar el trastorno
HealthDay News -- Para los estudiantes que sufren de trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)  realizar estudios universitarios puede resultar particularmente difícil. Sin embargo, ciertas estrategias como cumplir con un horario diario estructurado o aprovechar los Servicios de Apoyo al Estudiante con Discapacidad de la universidad, pueden ser de gran ayuda, según expertos y jóvenes que sufren de la afección.
"Les irá mejor a los que lleguen preparados a la universidad, con autoconocimiento de sus puntos débiles y  con  la puesta en práctica de estrategias que compensen sus dificultades", aseguró Kristy Morgan, Graduada Doctoral de la Universidad Estatal de Kansas en Asuntos Estudiantiles y Educación Superior, que llevó a cabo entrevistas con estudiantes universitarios de primer año que sufrían de TDAH sobre su experiencia.
Al llegar a la universidad tienen que estudiar de forma muy independiente, con las dificultades que esto supone para muchas personas con TDAH. Los estudiantes con TDAH también se ilusionan con la "libertad" de un horario universitario menos rígido, aunque después descubren que manejar su tiempo sin la estructura provista por la Secundaria les resulta más difícil.
"En muchos casos, los adolescentes con TDAH dependen de sus padres para que les ayuden en aspectos como la gestión del tiempo y la organización, priorizar, mantener sus cosas organizadas, no perder de vista las fechas de entrega y asegurar un equilibrio adecuado entre la diversión y el estudio", señala el Dr. Andrew Adesman, Jefe de Pediatría del Desarrollo y del Comportamiento del Centro Médico Pediátrico "Steven y Alexandra Cohen" de Nueva York. "Cuando van a la universidad, estos apoyos desaparecen en gran medida".
Sobre todo, para los chicos con tendencia a la gratificación inmediata o con dificultades con la impulsividad la universidad ofrece distracciones infinitas y se necesita un grado de autonomía difícil de conseguir para muchos de estos estudiantes.
Y aunque muchas universidades tienen Servicios de Apoyo para la Discapacidad y para el TDAH en particular, que pueden incluir tutorías, disponer de más tiempo para hacer los exámenes o realizarlos en aulas tranquilas y sin distracciones, sólo apenas dos de cada ocho estudiantes lo hacen y el resto desconoce la existencia de ese servicio o no llegan a solicitarlo. Quizás muchos estudiantes no quieren pedir estos apoyos para no ser etiquetados, para evitar ser tratados de manera diferente al resto de compañeros o porque no tienen la información necesaria sobre lo que esos servicios implican", apunta Morgan.
Para ayudar a los estudiantes con TDAH en su paso por la universidad, los expertos ofrecen los siguientes consejos:
Informarse sobre el TDAH: Aunque algunos niños superan el TDAH, la falta de atención, la hiperactividad y la impulsividad más allá de lo que se observa normalmente para la edad y el desarrollo de la persona, con frecuencia, estos síntomas persisten hasta la edad adulta. Pero la mayoría de los estudiantes entrevistados tenían ideas erróneas significativas sobre el TDAH. La mayoría dijeron creer que lo habrían superado, aunque alrededor del 80 por ciento de personas con TDAH no lo hace, apuntó Morgan. Antes de que los adolescentes vayan a la universidad, los padres (quizás con la ayuda de un especialista clínico en TDAH) deben asegurarse de que los adolescentes comprenden en qué consiste el TDAH y los continuos desafíos que deben esperar, señala Morgan.
Desarrollar estrategias de estudio y planificar y cumplir un horario: Casi todo el mundo, de vez en cuando, deja las cosas para más tarde. Pero para los estudiantes con TDAH, ese rasgo puede ser extremo y muy frecuente. En la universidad, donde una calificación puede depender de la entrega a tiempo de un trabajo bien realizado o de la superación de los exámenes, llevar al día las tareas es particularmente importante. Una estrategia para lograrlo es desarrollar y cumplir un plan de estudios, distribuyendo las materias en el tiempo e intercalando breves períodos de descanso o repartir y fragmentar la elaboración de un trabajo en pequeñas partes a lo largo de los días cumpliendo estrictamente con su elaboración.
Contactar con los Servicios de Apoyo a la Discapacidad: Muchas universidades cuentan con recursos para estudiantes con discapacidades que varían desde impedimentos físicos hasta la dislexia y el TDAH. Esos servicios se proveen de forma discreta, asegura Morgan y para los universitarios con TDAH suponen una prioridad.
Seguir tomando la medicación: para finalizar, Adesman aconseja no abandonar la medicación cuando así lo aconseje el especialista clínico.
FUENTE:
Artículo del HealthDay

miércoles, 29 de agosto de 2012

CLAVES PARA PREVENIR EL FRACASO ESCOLAR EN EL TDAH

En el marco del Seminario TDAH: origen y desarrollo, celebrado el pasado 09 de junio de 2011 y organizado por la Fundación Tomás Pascual y Pilar Gómez-Cuétara y el Instituto Tomás Pascual Sanz, la Dra. Isabel Orjales Villar pronunció la ponencia “Claves para prevenir el fracaso escolar en el TDAH”.


Parte del gran problema del fracaso escolar en el TDAH radica en que no se hace una individualización en el estudio de estos niños para valorar si realmente necesitan repetir, cuándo y el número de veces.
Hay que conseguir que en el colegio comprenda qué significa este trastorno. Actuar sobre los síntomas porque los síntomas se diagnostican antes que el trastorno. Y no podemos esperar al diagnóstico para proporcionar las medidas psicoadaptativas.
Por un lado, está la intervención en el aula y, por otro, una intervención psicoeducativa en la que se incluya entrenamiento en las habilidades del aprendizaje.
Dado que hay comorbilidad con trastorno de aprendizaje, en paralelo a la valoración del TDAH se deben valorar las dificultades de aprendizaje y, probablemente, el diagnóstico sea más claro que el de TDAH.
Explicar a los profesores qué es el TDAH
Es un trastorno con un sustrato neurobiológico, que puede ser desde leve a grave, pero no tenemos nada con lo que medirlo, sólo podemos intuirlo.
Se nace con la condición de TDAH pero la expresión del trastorno puede tener lugar a lo largo del desarrollo. Y sobre esa condición biológica incide el efecto de la educación como inhibidor o moderador de ese potencial. Y de ahí llegamos a lo que nosotros utilizamos para el diagnóstico, que es la expresión sintomatológica y el grado de desadaptación.
Cuando diagnosticamos y evaluamos a un niño tenemos que saber que desgraciadamente no podemos medir la afectación neurobiológica de fondo sino que estamos midiendo la afectación neurobiológica más el impacto que lo educativo ha tenido sobre ello.
Pero, además, estamos hablando de que este trastorno se asocia a estructuras cerebrales que están en proceso de maduración y nos dicen que el lóbulo frontal, habitualmente, no termina de madurar hasta después de la adolescencia. Y estamos diagnosticando niños que están madurando. Entonces ¿cómo estamos diagnosticando un déficit en funciones que están madurando? Pues por la sencilla razón de que constatamos que esas aéreas cerebrales no maduran de la misma manera que los niños de su edad. El trastorno existe en comparación con la población general, con el desarrollo de los niños de su edad, no por la presencia únicamente de unos síntomas. Pero se madura porque hay una estimulación ambiental y educativa, y el momento del diagnóstico depende muchas veces en el lugar en que ha estado, la exigencia ambiental. No es lo mismo el autocontrol motor que se exige en un país latino que en Japón, por ejemplo. Y también del entrenamiento, debido a la educación en general, y entrenamiento específicos que hagamos con los niños.
Esto quiere decir que debemos cuestionarnos que la intervención psicoeducativa es fundamental porque si no el TDAH se nos convierte en un trastorno negativista desafiante con adicción a las drogas y trastorno disocial, etc.
Es decir, la intervención psicoeducativa es protectora del deterioro. ¿Pero la intervención psicoeducativa en general puede ser moduladora del trastorno? ¿Podríamos incidir en programas de intervención que pudieran modificar el curso de ese trastorno? ¿Y moderarlo?... Esto supone estudios de investigación muy complicados.
Situación en el aula
En el aula vamos a tener niños ya diagnosticados de TDAH y niños no diagnosticados, bien porque nadie los ha derivado, porque están confundidos con niños mal criados, o porque la intensidad de los síntomas o el nivel de desadaptación todavía no es lo suficientemente exagerado como para que los especialistas consideren que estamos en "la valla" de la patología.
Estamos hablando de síntomas que tienen todos los niños de su edad evolutivamente. Pero, ¿cuándo se convierten en patológicos?, cuando son desadaptativos. ¿Cuándo son desadaptativos?, cuando el sistema de contención fracasa.
En el aula vamos a tener niños que el profesor intuye que neurobiológicamente están fatal pero que comportamentalmente están bastante ajustados, mucho más de lo que se esperaría y que académicamente van funcionando aunque se les ve muy hiperactivos, muy dispersos. Y niños con un patrón que aparentemente se intuye menos severo pero que tienen un cuadro de lo más florido. Y el resto de los tipos.
A los profesores se les ha trasmitido durante años que necesitan un diagnóstico para aprender como se trata a ese niño, pero nos hemos olvidado de que el profesor lo que tiene es que resolver los problemas del aula.
No hay que plantearse el diagnóstico porque es muy complejo: tiene que ser multidisciplinar desde el primer momento y va mucho más allá de lo que tú como profesional puedes ver en el aula, que son los síntomas. Pero además, porque no se necesita que el niño esté diagnosticado para tener la responsabilidad y la oportunidad de intervenir para modificar esto, aunque por supuesto, si tienes un diagnóstico y una descripción del perfil cognitivo, comportamental, emocional y académico del niño tienes una información para ponerte en marcha mucho más rápido y eficazmente.

Siempre han existido buenos profesionales que han sabido tratar niños. Sin embargo el papel del profesor no sólo es fundamental sino vital, porque el profesor tiene la situación ideal: tiene niños haciendo actividades que requieren atención sostenida, autocontrol emocional y motor, planificación, autonomía en el trabajo, y tiene lo que le permite ver si es ajustado o no ese comportamiento (24 niños de la misma edad haciendo lo mismo al mismo tiempo). Además puedes intuir qué necesidades y adaptaciones necesitaría ese niño para poder funcionar.
¿Qué papel tienen los profesores?
Respecto a los padres, informar, pero no hablando del trastorno por mucha formación que tengamos, sino de los síntomas, en qué medida son desajustados para la edad y en qué medida le crean problemas. Y si el padre pregunta si puede ser hiperactivo o no, le digo que podría encajar pero que lo debe ver un grupo de especialistas.
En la entrevista con los padres, el docente tiene que decir: "esto es lo que yo conozco de tu hijo, me gusta, me preocupo por él, te advierto de que esto es lo que estoy detectando, en qué medida le crea problemas..."
Y nuestra posición como profesionales, "he detectado este problema y he tomado estas medidas para solucionarlo, tales medidas han funcionado, en otras necesito tu ayuda, y en otras no consigo que funcione y necesitamos los dos ayuda profesional".
Respecto a los profesionales, cuando orientadores o médicos nos mandan cuestionarios de conducta, que cada profesional docente rellene el suyo, determinando de qué modo conoce al niño, cuál es la relación, qué tipo de asignatura y las diferencias trascurrido el tiempo.
Estos cuestionarios hablan de intensidad. Sin embargo el profesional que valora al niño tiene que evaluar intensidad y desadaptación. Por ej. una niña que defeca en la braguitas, ¿es normal? Si tiene 2 años y medio, es normal; pero si es mayor, no tiene diarrea, no hay problemas con los baños del cole (por ejemplo están muy lejos), tiene 8 años y lo hizo delante de sus compañeros... pues eso indica un grado de desadaptación muy importante. Es decir, lo pida el profesional o no, adjuntaremos al cuestionario información de otros profesionales, del que cuida el recreo, del de comedor, de los profesionales especialistas y, además, ejemplos de desatención, de hiperactividad, de falta de autorregulación, ejemplos de trabajo de escritura... lo más descriptivos posibles.
¿Qué hacemos en el aula?
Cambiar de actitud, vamos a ver qué síntomas hay y qué hacemos si no termina las tareas. El seguimiento debe ser más cercano: "haz dos ejercicios y vienes a enseñármelo, te felicito y vuelves a hacer otros dos". Que nuestro objetivo sea que terminen el curso mejor que lo empezaron en lo académico, lo social y lo personal.
El niño con TDAH es el hermano pequeño de todos los niños de la clase y en todas las habilidades que se implican educativamente funciona como un niño más pequeño. Si lo vemos así, sabremos cómo tenemos que actuar y no tendremos la sensación de que estamos sobreprotegiéndole. Hay que partir del nivel de necesidades que tiene e ir exigiéndole
¿Qué pasa si no es TDAH y le estamos mimando mucho y hablamos con sus padres ...? Pues no va a pasar nada malo, va a estar muy contento, va a mejorar y pronto le vais a poder soltar de la mano. La mejoría va a ser que las adaptaciones se van a reducir.
Programa de entrenamiento en aprendizaje
La ortografía es memoria visual, olvidemos las reglas ortográficas -que ni siquiera los padres sabemos-. Si se escribe con "b" o con "v" lo escribo dos veces y la que me suena más es la que vale. Los niños con TDAH tampoco serían capaces de activar en su memoria cuando están haciendo un dictado las reglas ortográficas que tendrían que aplicar. Se trabaja sobre listas de palabras, sobre apoyo con imágenes y las autoinstrucciones como una ayuda para enseñar a pensar.
Los niños con TDAH tienen mayor inmadurez en la decodificación de instrucciones escritas, por lo tanto no van a desentrañar los problemas de matemáticas sino son capaces de mantener toda la información en la memoria de trabajo. Tampoco van a ser capaces de desentrañar un problema si no les enseñamos a representar la información visualmente con un esquema gráfico en un papel. Hay que flexibilizar los deberes porque se debe seguir el ritmo de sus compañeros y evitar el fracaso escolar. Los profesores se deben concienciar.
Los niños con TDAH en el horario escolar tienen que tener un espacio para ordenar su vida. Tampoco saben hacer exámenes con desarrollo, no es cuestión sólo de que se les examine oralmente sino que haya un entrenamiento en hacer exámenes escritos.
Dra. Isabel Orjales Villar, Profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Facultad de Psicología de la UNED

Conclusión:
El docente, como profesional, puede observar en el alumno los síntomas de TDAH. Y, aún sin diagnóstico, lo verdaderamente importante es que asuma la actitud y la responsabilidad de intervenir para trabajar con el niño/adolescente, realizar las adaptaciones necesarias y minimizar las dificultades del alumno.

FUENTE:

sábado, 25 de agosto de 2012

NUEVO LIBRO de ISABEL ORJALES sobre el TDAH



TDAH: ELEGIR EL COLEGIO, AFRONTAR LOS DEBERES Y PREVENIR EL FRACASO SOCIAL
Autora: Isabel Orjales Villar
Editorial: PIRÁMIDE. Año edición: 2012
ISBN: 9788436826531
Nº de páginas: 296 págs.
Precio: 15€
SINOPSIS 
Esta obra es una guía que trata de orientar a los padres de niños con TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y con riesgo de tenerlo, para afrontar la vida escolar con sus hijos. Habla de la necesidad de desprenderse de los malos augurios que rodean al trastorno, de la elección del colegio, del mejor modo de hablar con los profesores, de cómo potenciar el valor terapéutico de las actividades extraescolares, de estrategias para sobrevivir a los deberes y de cómo organizar el refuerzo educativo durante el verano. 
También incluye orientaciones específicas sobre el modo de implementar actividades de refuerzo académico en aquellas áreas que la investigación señala de mayor riesgo, de tal modo que permitan a sus hijos construir un andamiaje sólido para sus futuros aprendizajes adelantándose a posibles problemas y reduciendo el riesgo de fracaso escolar.
Así, se incluyen actividades y orientaciones para:
Conseguir que practique la lectura sin odiar la lectura.
Entrenarle para descifrar los enunciados matemáticos.
Enseñarle a hacer resúmenes y esquemas.
Superar la odiada ortografía de una forma eficaz y divertida.
Optimizar su rendimiento en los exámenes.
ÍNDICE
Cap. 1: Enmarcando el problema
  • El riesgo del fracaso escolar
  • Las diferencias individuales
  • Evolución positiva del TDAH
  • Cómo ayudarles a afrontar el colegio y el instituto
  • ¿Necesitan colegios especiales?
  • Estrategias para elegir el centro adecuado
Cap. 2: El niño con TDAH y los profesores
  • Hablar del diagnóstico: ¿Y si le etiquetan?
  • Ponerse en la perspectiva del profesor
  • ¿Qué piensa el profesor de mi hijo?
  • Afrontar las cosas con sentido común
  • Cómo hablar con el profesor sobre su TDAH
  • Apoyar al profesor para sentirse apoyados
  • ¿Y si el profesor no parece comprender el problema?
  • Ser operativos en la búsqueda de soluciones
  • Cuándo y cómo plantearse un cambio de centro
Cap. 3: Deberes, castigos y refuerzos en verano
  • Dónde y cómo debe estudiar
  • ¿Hasta cuándo apoyarle?
  • Padres reciclados en profesores particulares
  • El gran reto: conseguir que estudie solo
  • Cuando los deberes se complican
  • Castigos para casa
  • ¿Refuerzo en verano?
  • ¿Repetir o no repetir curso?, esa es la cuestión
Cap. 4: Habilidades y aprendizajes básicos que pueden entrenarse en casa
  • Refuerzo de las habilidades fonológicas para prevenir problemas de lectura
  • Practicar la lectura sin odiarla
  • Comprender instrucciones y enunciados escritos complejos
  • Mala caligrafía y caos en el papel
  • Superar la odiada ortografía
  • Memorizar las tablas y realizar cálculos automáticos
  • Comprender cuándo sumar, restar, multiplicar o dividir en problemas matemáticos sencillos
  • Cómo descifrar problemas matemáticos complejos
  • Enseñar a pensar reflexivamente
  • Aprender a definir conceptos
  • Aprender a estudiar: activar los conocimientos previos
  • Aprender a estudiar: extraer las ideas principales y hacer esquemas
  • Entrenarse para realizar exámenes escritos
Cap. 5: El poder reparador de las actividades extraescolares
  • Cómo aprovechar las actividades extraescolares
  • Aprovechar el respiro
  • Práctica sí, pero moderada
  • ¿Cuáles son las actividades más adecuadas?
  • Cómo evitar que le expulsen de las actividades extraescolares
  • ¿Y si está realizando una actividad que le encanta pero no le conviene.
Cap. 6: A modo de reflexión final
Cap. 7: Bibliografía comentada

Isabel Orjales:
Doctora en pedagogía y Máster en Educación Especial, desarrolla su trabajo como profesora de la UNED y en el Instituto para la Investigación y Atención Psicopedagógica (Child Instituite).
Autora de varios libros y diferentes programas y artículos sobre TDAH, la Dra. Orjales ha centrado su actividad profesional en estos niños, niñas y adolescentes, así como en la orientación de sus familias y profesionales del ámbito de la educación y de la salud.
Según la Dra. Orjales, las características del TDAH son incompatibles con el rendimiento académico, dificultan el comportamiento en el aula y favorecen la pérdida de información, generando falta de base académica.

miércoles, 15 de agosto de 2012

NO SOY YO, ES MI DÉFICIT ATENCIONAL



Son los que dicen la broma justo en el momento menos oportuno. Los que muchas veces no se dan cuenta de que el otro está algo más que molesto de que le digan lo que no quiere escuchar. O los que, sin esperar el turno y no encontrando nada malo en eso, interrumpen con su opinión. El resto los califica de poco atentos, desconsiderados y mal educados. Y de ellos siempre piensan “¿cómo no se da cuenta...?”. Y, no, justamente ese es el problema: NO SE DA CUENTA. Porque uno de los rasgos menos conocidos del déficit atencional es la dificultad que tienen las personas diagnosticadas para detectar las emociones más sutiles. Inmadurez cerebral y, precisamente, la dificultad para poner atención son las principales causas.
El trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se entiende como la dificultad para mantener la atención, controlar impulsos y el nivel de actividad. Pero esa mirada se ha restringido, la mayoría de las veces, al ámbito académico en los niños y adolescentes y en problemas de atención en el trabajo en adultos.
Pero el TDAH también involucra el mundo de las emociones. Ese es el resultado de un estudio realizado por el neurofisiólogo y académico Vladimir López, de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica de Chile, que indagó en cómo es la respuesta a los distintos tipos de emociones en un grupo de 80 niños y adolescentes entre 9 y 14 años, con y sin TDAH a los que les mostraron en laboratorio más de 300 imágenes de emociones.
Los resultados de la investigación, un proyecto Fondecyt de Conycit, muestran que los niños con TDAH obtienen peores resultados en el reconocimiento de expresiones faciales de contenido emocional más sutiles como ironía o desagrado. Presentan también una mayor tendencia a confundir la emoción, especialmente en los rostros neutros. Por ejemplo, en el caso de la alegría, el grado de acierto del grupo sin TDAH era 79,6%, lo que en el grupo con TDAH disminuía a 63,3%. En el caso de la tristeza, fue 77,3% en el primer grupo y 64,3% en el segundo. Los errores también eran mayores en ellos, mientras el grupo de control tenía 8,6% de errores en la detección de la rabia, ese porcentaje aumentaba a 13% en el grupo con TDAH.
El estudio también abordó el manejo de las relaciones sociales. Lo que en el caso de los niños con el trastorno se reflejó en un mayor número de conductas desafiantes: 26,67% presentaba alto riesgo de hostilidad e irritabilidad y 53,33% conductas agresivas.
Es decir, esas pequeñas claves con contenido emocional que la mayor parte de las personas capta de manera automática -porque revelan agrado o desagrado- y se ajusta a ellas según las interpreten, no son tan claras para quienes tienen TDAH”, dice el especialista. En estos casos, “hay que considerar que hay situaciones que no son de aprendizaje escolar, pero que son cruciales y ahí hay una necesidad de intervenir”, indica López sobre una conducta que tiene un correlato cerebral: las zonas asociadas a la conducta social, como la corteza prefrontal y la amígdala, están inmaduras en ellos. Es lo que explicaría las diferencias en el reconocimiento de las emociones. Lo comprobó un estudio del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, que analizó a través de resonancia magnética el cerebro de 400 niños y adolescentes con y sin esta condición: si en los niños sin TDAH la corteza cerebral alcanza su máximo grosor (cuatro milímetros) entre los siete u ocho años, en los niños con esta condición, sucede tres años después, entre los 10 y los 11 años.
Adulto desconcentrado
Se estima que un 50% de los casos diagnosticados de TDAH en la niñez o en la adolescencia mantiene síntomas que perduran en la vida adulta. Así, las interferencias en el colegio se trasladan después a las relaciones sociales y al trabajo. Y esta es una realidad para el 4% a 5% de los adultos, explica Ari Tuckman, sicólogo clínico especialista en diagnóstico y tratamiento en niños y adultos con déficit atencional. Pero en los adultos, además de los problemas de concentración y de reconocimiento de emociones sutiles, suelen sumarse otras complicaciones: 25% presenta alteraciones de la conducta, 25% ansiedad, 22% depresión y problemas de aprendizaje.
Sobre el perfil de estos adultos, un estudio de la Unidad de Memoria de la U. Católica de Chile determinó que muchos de los adultos que consultan por problemas de memoria, impulsividad e ineficiencia, “no tienen un problema para reconocer emociones. Son aquellos rasgos más sutiles que tienen un contenido emocional donde fallan, como en una expresión de desconfianza o inseguridad en el otro”, explica López.
De hecho, sus habilidades sociales son buenas, recalca Tuckman. Pero aquellos aspectos tenues, por su distracción, dice el especialista, les parecen menos obvios que una emoción más pura o más bien extrema, como furia o alegría. “Por ejemplo, pueden interrumpir a alguien con una broma que ellos mismos creen que es muy divertida y no se detienen un segundo para evaluar que esa persona podría ser ofendida por esa broma”, indica.
Sin duda, el origen de esta dificultad con las emociones del rango más sutiles va de la mano de su falta de atención. “Es difícil dar una respuesta adecuada a una situación si se olvida de algo de lo que está sucediendo en la misma situación”, aclara el sicólogo.
FUENTE:
IMAGEN: Google

miércoles, 8 de agosto de 2012

INTERVENCIÓN EN NIÑOS Y NIÑAS CON TDAH



El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) presenta una serie de manifestaciones que pueden hacer que el rendimiento académico del niño con TDAH esté por debajo de lo esperado para su edad o, incluso, que las relaciones sociales se vean también comprometidas por el carácter del pequeño / adolescente.
Por este motivo, es necesario identificar lo más tempranamente posible los síntomas para que, mediante una intervención específica e individualizada en niños y niñas con TDAH, se favorezca el óptimo desarrollo de todas sus aptitudes.
Antes se suponía que los problemas asociados a la hiperactividad desaparecían durante la adolescencia pero, si bien es cierto que muchos hiperactivos mejoran debido a la maduración fisiológica que comporta la propia adolescencia, muchos de sus problemas, sobre todo cuando no se han tratado, se mantienen durante la juventud y la edad adulta.
Generalmente, el tratamiento farmacológico ha sido el vehículo habitual para tratar el TDAH, llegando en ocasiones a no contemplarse otras posibilidades.
Actualmente se consideran también otros métodos, como puede ser la psicoeducación, es decir, los métodos educativos conductuales y los cognitivo-conductuales, para mejorar la atención, para ayudar a controlar la excesiva actividad motriz, para mejorar las relaciones sociales y para aprender a enfrentarse a las tareas con posibilidades de éxito.
También el refuerzo de las habilidades escolares deficientes y la adecuación de los objetivos a las necesidades y capacidades del niño mejoran su ajuste escolar y colaboran a un mejor rendimiento.
No hay que olvidar que el TDAH se trata de un problema complejo para el que se necesitan soluciones inteligentes y enfoques integradores, adaptados a cada niño/a.
CARACTERÍSTICAS DEL TRATAMIENTO
Es muy difícil decir qué tratamiento es el mejor y cuál es el peor para abordar a un niño con TDAH. Puede ser que un niño no responda favorablemente a un tipo de tratamiento y que otro le funcione bastante bien, mientras que en otro caso distinto el tratamiento deba ser completamente diferente.
Por eso, al iniciar cualquier tipo de intervención, es necesario tener muy en cuenta y sin excluir ninguno los aspectos comunes que comparten las intervenciones destinadas a tratar los problemas complejos que definen este trastorno.
Uno de estos aspectos fundamentales es el de individualización. Esto significa que no existe un tratamiento universal para el TDAH, ya que las respuestas de los niños al mismo varían mucho de unos casos a otros. La variabilidad de los síntomas, el tipo de problemas asociados que puedan surgir o los diferentes factores familiares en el desarrollo del trastorno hacen que sea necesario un tratamiento individualizado para cada caso en particular.
Por otro lado, tenemos la contextualización, ya que cuando se inicie el tratamiento debemos tener en cuenta los aspectos peculiares del contexto donde se llevará a cabo: la forma de reaccionar e interaccionar los padres y demás personas cercanas al pequeño, las exigencias o los recursos de los que se dispongan, etc.
Igualmente, el trabajo interdisciplinar es muy importante, ya que debe existir una acción de tratamiento coordinada entre todos los profesionales que intervienen en la vida de estos niños. La intervención temprana en niños y niñas con TDAH puede desarrollarse desde distintos enfoques que pueden combinarse en función de las necesidades especiales que presente cada niño concreto.
TIPOS DE INTERVENCIÓN
A nivel psicoeducativo, en los niños con TDAH son muy efectivas las técnicas de modificación de conducta. Entre las más recomendadas se encuentran la alabanza, el refuerzo positivo, la economía de fichas, la extinción, o el tiempo-fuera.
Sin embargo, además de ayudarles a regular su conducta desde fuera mediante las técnicas conductuales mencionadas, es importante enseñarles también a controlarse por ellos mismos. Por ello, es fundamental que uno de los objetivos del tratamiento sea adiestrarles en el desarrollo de habilidades cognitivas de autorregulación.
Otro componente fundamental de la intervención en niños con TDAH es proporcionarles ayuda en el área de las habilidades sociales.
Igualmente, la intervención dentro del ámbito familiar es imprescindible, ya que existen varios factores como el estrés, los conflictos o las prácticas disciplinares inadecuadas que incrementan el riesgo de los niños a padecer problemas de conducta o de aprendizaje y que van a entorpecer el éxito de las demás intervenciones.
La intervención psicopedagógica también constituye un pilar fundamental en el tratamiento combinado del TDAH, pues comprenderá desde las intervenciones encaminadas a mejorar el rendimiento académico del niño o adolescente (mediante reeducación psicopedagógica) hasta aquellas dirigidas a la mejora del entorno escolar y, por lo tanto, de su adaptación a éste (mediante un programa de intervención en la escuela y la formación a los docentes).
Cuando el profesional médico lo considera necesario, también se recurre al tratamiento farmacológico, siendo los psicoestimulantes los fármacos más usados para el tratamiento del TDAH actualmente. Los estimulantes potencian la acción de distintos neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, estimulando zonas el cerebro relacionadas con la atención, la activación y los procesos inhibitorios.

Es evidente que no existe un único modelo de tratamiento en niños y niñas con TDAH, por lo que es necesario llevar a cabo un exhaustivo estudio de cada caso en particular para ver qué tipo de metodología es la más apropiada y lograr así un mayor rendimiento.
EN RESUMEN:
El TDAH es un trastorno que afecta a los distintos ámbitos de la vida del niño / adolescente, por lo que el tratamiento que ofrece mejores resultados es multidisciplinar y sistémico. 
CON EL NIÑO, NIÑA O ADOLESCENTE
Psicoeducación: se le explicará al niño/a diagnosticado con TDAH en qué consiste el trastorno y las dificultades con las que se puede encontrar, así como la ayuda y soporte que se le van a dar para superar estos obstáculos.
Terapia psicológica: En función de cada caso particular, se establecerá un plan de trabajo para trabajar las principales dificultades que presente el niño en distintos niveles:
  • Conductual: técnicas de modificación de conducta (alabanzas y otros refuerzos positivos, economía de fichas, extinción o tiempo fuera, por ejemplo), para corregir conductas inadecuadas.
  • Cognitivo-conductual: sesiones reeducativas para mejorar las habilidades cognitivas de autocontrol, resolución de problemas, relajación, para fomentar la autonomía, la organización y la planificación en todos los ambientes en los que interactúa –familia, escuela, amigos-, así como mejora de la atención, de la inhibición y del control motriz.
  • Social: mejora de las habilidades sociales.
Terapia psicopedagógica debe incluir acciones encaminadas a:
  • Mejorar el rendimiento académico de las diferentes áreas, aplicando adecuaciones curriculares acordes a las necesidades del alumno, reforzando conceptos trabajados en la escuela y que al niño/a le cuesta asimilar. La mayoría de las veces sólo son necesarias adaptaciones metodológicas.
  • Trabajar los hábitos que fomentan conductas apropiadas para el aprendizaje, facilitadoras de un buen estudio y cumplimiento de tareas, (como el refuerzo de la habilidad organizativa para trabajar, manejo del horario y el control de la agenda escolar), los estilos de aprendizaje, las áreas fuertes y débiles y las técnicas de estudio (prelectura, lectura atenta, análisis y subrayado, síntesis y esquemas o resúmenes).
  • Elaborar y enseñar estrategias para la preparación y elaboración de exámenes. 
  • Mejorar la autoestima en cuanto a las tareas y el estudio, identificando habilidades positivas y aumentando la motivación por el logro.
  • Reducir o eliminar comportamientos inadecuados, como las conductas desafiantes. Recordemos que es muy frecuente que el TDAH se acompañe de otros trastornos asociados, como el negativista desafiante.
Terapia farmacologica
: Considerando las particularidades de cada niño/a existe la posibilidad de administrar estimulantes (Metilfenidato o Atomoxetina) que mejoran la atención del niño/a y remiten la hiperactividad. Las dosis del fármaco varían en función de cada niño/a, su nivel de desarrollo y su respuesta al tratamiento.
Actualmente existen dos principios activos:  atomoxetina y metilfenidato.
  • La Atomoxetina, comercializada bajo el nombre “Strattera”, presenta resultados satisfactorios, sobre todo, para el subtipo predominantemente inatento de TDAH.  Es un inhibidor de la recaptación de noradrenalina.
  • Para los otros dos subtipos de TDAH, el hiperactivo y el combinado el principio activo que se utiliza actualmente es el Metilfenidato, un medicamento psicoestimulante que incrementa los niveles de dopamina y noradrenalina en el cerebro. Este principio activo se comercializa en tres formatos distintos, “Rubifén”,  “Medikinet” y “Concerta”. Estos fármacos tiene el mismo principio activo, sin embargo, la forma en la que se libera la sustancia activa es distinta.
    1. Liberación inmediata (Rubifén): el efecto se puede observar rápidamente  y su duración es de unas 4 horas aproximadamente. Es habitual que las personas que toman este fármaco tomen dos dosis al día para que el efecto cubra mañana y tarde.
    2. Liberación modificada (Medikinet): Sus efectos también se observan rápidamente pero son más duraderos en el tiempo ya que la dosis se libera de forma repartida en el tiempo. Por este motivo se suele tomar una sola dosis. Con efecto en la mañana y la tarde.
    3. Liberación prolongada (Concerta) Sus efectos tardan más tiempo en ser observables en la conducta y sus efectos perduran hasta prácticamente la noche. 
Cada persona responde de forma distinta a cada una de las formas de liberación, por lo que será necesario un control por parte del profesional sanitario que recete el fármaco para conseguir el mejor efecto.
CON LOS PADRES  Y PROFESORES
Psicoeducación: Se debe explicar tanto a los padres como al tutor o profesores que del niño/a qué es el TDAH y la sintomatología asociada, a fin de que comprendan el comportamiento del niño/a con TDAH
Además, debemos ser muy disciplinados y manteniendo un ambiente estructurado: usar un cronograma de actividades para que sepan que a tal hora se levantan o en qué momento deben hacer las diferentes tareas, y todos los días deben ser iguales, para que ellos no tengan que pensar qué tienen que hacer, para que se convierta en una costumbre. Es muy importante la rutina. También es bueno tener en un lugar bien visible, una lista de las cosas que no se deben hacer -como gritar o empujar- y los premios que pueden obtener si se portan bien. La educación de los niños, niñas y adolescentes con TDAH requiere de mucho orden y constancia, que debe seguir toda la familia.
El TDAH no es un trastorno del aprendizaje pero, a menudo, un niño con este trastorno se asocia con bajo rendimiento escolar, poco interés y motivación en clase, mala conducta intencionada y/o ausencia para mantener la atención.   El contacto directo y continuo de la familia con los especialista médicos, psicólogos y profesores debe ser fluida y coordinada, sin fisuras o desacuerdos en el equipo y estableciendo objetivos comunes.
A nivel escolar no siempre se precisa hacer una disminución de la exigencia, pero hay estrategias que mejoran la eficacia de los niños a la hora de obtener mejores resultados. A veces se debe organizar las tareas de los niños de forma parcial y secuencial, ya que ellos no se pueden organizar solos. También se enseña a los niños a controlarse y monitorizar sus actividades inapropiadas, para que se vayan dando cuenta de cómo sus comportamientos interrumpen y molestan a los demás, y cómo intentar reducirlos. Por esto, padres y profesores deben aprender las técnicas y estrategias que se trabajan con el niño/a en la intervención psicológica, para que puedan reforzarlas y generalizarlas aplicándolas en los distintos ambientes del niño.
Igualmente se debe intervenir con los padres para enseñarles a poner en práctica, monitorizar y reforzar el uso continuado de las tareas de gestión y organización del estudio en el hogar.
FUENTE: