TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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jueves, 23 de marzo de 2017

EL CEREBRO DEL TDAH. Neuronas en crecimiento



Los que nos dedicamos a atender a niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), insistimos en que se trata de un trastorno del neurodesarrollo.


Afecta al menos al 5% de la población escolar causando dificultades para dirigir y mantener la atención en una tarea, excesiva inquietud motriz y, a menudo, también impulsividad. Todo esto dificulta el buen desempeño académico y trastorna la dinámica familiar.
Quien lo padece sufre por incomprensión y porque se siente fracasar, es muy frecuente que su autoestima esté muy baja.

Aunque no conocemos exactamente los mecanismos que provocan estas dificultades que llamamos TDAH, sí que sabemos que hay una inmadurez anatómica concordante con la inmadurez en la conducta. Las técnicas de neuroimagen, los estudios neurofisiológicos y metabólicos nos van permitiendo saber cada vez más, aunque todavía no dispongamos de marcadores biológicos fiables.

Estructura del cerebro: sustancia gris y sustancia blanca

El cerebro, la parte más voluminosa del encéfalo, es un órgano complejísimo en el que se pueden distinguir diferentes estructuras a simple vista. Lo primero que llama la atención al ver un cerebro en sección es que su parte externa es más oscura –de color gris–, y su parte central más pálida –de color blanco–. La sustancia gris rodea toda la superficie del cerebro a modo de corteza y deja en el interior la sustancia blanca.


Esta diferencia de color evidencia las diferencias anatómicas que conforman estas estructuras. La corteza es gris porque en ella se distribuyen de forma ordenada los cuerpos de las neuronas –formados por el núcleo y el citoplasma que lo rodea, con sus extensiones, las dendritas– y también están ahí las células gliales, muy importantes para el buen funcionamiento de la neurona. En cambio la parte central es blanca porque contiene los axones de estas neuronas, que cuando son maduras están rodeados de mielina, una proteína que les confiere ese color blanquecino.
Esta complejidad tiene un motivo, aún no desentrañado del todo. Por un lado –el gris– está la adquisición y gestión de la información que permite ordenarla para dar una respuesta también ordenada; por otro –el blanco–, la conexión entre estructuras que permite transmitir  la información de una a otra.

Los humanos no nacemos con el cerebro ya “terminado”, de hecho solo lo “terminamos” al morir. Como órgano gestor de la información, en los primeros años de la vida su principal actividad es ir adquiriendo las estructuras necesarias para aprender poco a poco a gestionar todo lo que se le viene encima. En los años posteriores las modela y moldea según sus necesidades en cada momento.
La adquisición progresiva de las habilidades necesarias para una vida adulta autónoma -neurodesarrollo- sigue una secuencia con un patrón muy similar en todos los niños.
Aunque el neurodesarrollo es un proceso muy complejo, podemos dividirlo en etapas. En cada una de ellas primero se adquiere la habilidad de percibir el entorno para darle un sentido y después la capacidad de dar una respuesta a eso que sucede en el entorno. Es decir, y a groso modo, primero se completa el desarrollo de nuestras habilidades sensitivas –percepción– y, luego, el de nuestras reacciones –movimiento–.


Todos estos complejos procesos necesitan la formación de redes neuronales que los sustenten. Es en estas redes donde se gestiona la información. Para formarlas, las neuronas van aumentando el número y el tamaño de sus dendritas y axones –con lo que necesitan también más células gliales–, esto incrementa el volumen del cerebro y supone cambios en la anatomía cerebral –maduración–.
Vamos que, cuando se adquiere una nueva habilidad, como caminar, hablar, hacer sumas…, hay cambios en la anatomía cerebral, y existe una correlación entre los cambios anatómicos y la habilidad adquirida.

Los patrones y etapas del neurodesarrollo se correlacionan con cambios anatómicos concretos y propios de cada edad.

A lo largo de la infancia estos cambios anatómicos se aprecian como un engrosamiento de la corteza cerebral, donde se encuentran los núcleos de las neuronas y sus dendritas, porque es ahí donde se forman los circuitos que sustentan la nueva información. A la vez aumenta el volumen de la sustancia blanca, porque los axones crecen en longitud y grosor y van rodeándose de mielina para estabilizar las nuevas conexiones.


El número de neuronas no aumenta tanto como lo hace la arborización de las dendritas del cuerpo neuronal.
Y sí, ya lo has adivinado, el engrosamiento no se produce de forma uniforme y simultánea en toda la corteza cerebral, sino que las distintas partes irán madurando a medida que se adquieran las funciones en las que están implicadas.
La corteza cerebral deja de aumentar su volumen cuando se alcanza la adolescencia. En ese momento los circuitos básicos y fundamentales ya se han formado, ahora toca remodelarlos, afinarlos y estabilizarlos, lo que anatómicamente se corresponde con un adelgazamiento de la corteza cerebral. Tampoco aquí el proceso será uniforme ni simultáneo, incluso hay áreas que no sufrirán adelgazamiento alguno.

Trastornos del neurodesarrollo

Cuando un niño muestra un retraso en la adquisición de sus habilidades, o una incapacidad o variación importante de las mismas, aparecen las dificultades. Esto supone que también habrá alteraciones en la maduración de su cerebro, entendida la maduración como evolución anatómica.
Podemos decir que hay problemas de neurodesarrollo que se manifiestan como un retraso en el patrón del neurodesarrollo. Las adquisiciones aparecen más tarde, pero aparecen. Mientras que en otros problemas lo que hay es un patrón alterado, adquisiciones que no aparecen nunca o que lo hacen de manera anómala y alterada.

Parece sencillo entonces clasificar los problemas del neurodesarrollo en retrasos o trastornos. Pero… sí, siempre hay un pero, esto no está siempre tan claro, y la presencia de un retraso puede favorecer la aparición de un trastorno y al revés.


Trastorno por déficit de atención-hiperactividad

En los niños con TDAH, el patrón de neurodesarrollo, el orden en el que se adquieren las habilidades, es el mismo que en los niños sin dificultades.
Sin embargo,en los niños con TDAH, las áreas prefrontales muestran un claro retraso en la maduración cortical de los niños con TDAH y, de la misma manera, presentan peculiaridades en el funcionamiento de las capacidades que se llevan a cabo en las áreas prefrontales. Así, les suele resultar muy difícil organizar la información y resumirla, tanto al adquirirla como al explicarla. Lo entienden muy bien, pero lo explican fatal. Sus explicaciones son desordenadas, no siempre saben aclarar qué es lo importante y además lo explican de una manera acelerada, lo que empeora aún más la capacidad de autoevaluar lo que están diciendo.

Entonces, en la maduración cerebral de los niños con TDAH ¿se aprecian alteraciones o retrasos?
El cerebro del niño que sufre TDAH muestra también engrosamiento progresivo de la corteza cerebral durante la infancia, pero cuando hay TDAH se aprecia una diferencia notable en el ritmo global de engrosamiento de la corteza, de modo que el aumento del espesor cortical sucede con un retraso significativo en los niños con TDAH.
En todos los niños, con o sin TDAH, primero hay un engrosamiento de las áreas corticales que gestionan la información sensorial y motora y luego aumentan de espesor las áreas de gestión más sofisticada, en las que confluye y se mezcla información de distinta naturaleza –las áreas de asociación–. La diferencia es que en los niños con TDAH este engrosamiento está retrasado una media de aproximadamente 3 años.

Esto quiere decir que mientras en la mayoría de niños sin TDAH la corteza cerebral alcanza el 50% de su grosor máximo hacia los 7 años y medio, en los niños con TDAH esto no sucede hasta los 10 años y medio.
Este retraso es más evidente en las regiones prefrontales, las encargadas del control de las funciones cognitivas necesarias para mantener la atención y una correcta planificación motora. Justamente las dificultades que se observan en los niños con TDAH. En cambio las áreas motoras que controlan el movimiento corporal y la postura maduran ligeramente antes en el niño con TDAH que en el niño sin problemas. La combinación de ambas circunstancias podría explicar la excesiva inquietud motriz que se observa en muchos de los niños con TDAH.

Aunque no se ha estudiado aun claramente, parece lógico pensar que si la principal característica anatómica de la maduración del cerebro que padece TDAH es un retraso en la adquisición del grosor máximo de su corteza, también haya un retraso en el posterior adelgazamiento que se sabe sucede en la adolescencia. Lo que sería la explicación a una conducta más inmadura de estos niños al alcanzar la edad adolescente.

Efectos de la medicación en el TDAH

Sabemos que los niños con TDAH mejoran mucho sus síntomas con la combinación de un tratamiento farmacológico y pedagógico. Esta evidencia demostrada en múltiples estudios, nos lleva a pensar que lo que hacen los fármacos es mejorar el ritmo con el que maduran las regiones prefrontales.
Y así parece ser, los fármacos estimulantes utilizados en el tratamiento del TDAH disminuyen las alteraciones estructurales y funcionales de los niños con TDAH.

Comentario final

No existen pruebas médicas que en la práctica clínica nos permitan establecer el diagnóstico de TDAH a través de marcadores biológicos. Pero sí existen estudios sobre la maduración de la corteza cerebral en el TDAH que demuestran un claro retraso, de hasta 3 años de media, en alcanzar el grosor cortical máximo.
Existe una correlación entre el retraso en la madurez cortical y la sintomatología que se manifiesta en los pacientes con TDAH.

Los fármacos estimulantes, ayudarían mejorar el ritmo madurativo, por lo que su uso no solo está justificado sino que parece absolutamente necesario en los pacientes con TDAH.
Confío en que esta entrada pueda ayudar a los neuropediatras y otros especialistas médicos a explicar mejor a sus pacientes en que consiste el TDAH y cómo el tratamiento farmacológico mejora la sintomatología y la madurez cerebral.
↬ 2016 © mj mas

Bibliografía:

P. Shaw et al. “Attention-deficit/hiperactivity disorder is characterized by delay in cortical maturation.” Proc Natl Acad Sci U S A. 2007 Dec 4; 104(49): 19649–19654.
Thomas J. Spencer et al. “Effect of Psychostimulants on Brain Structure and Function in ADHD: A Qualitative Literature Review of MRI-Based Neuroimaging Studies”. J Clin Psychiatry. 2013 Sep; 74(9): 902–917.
Michael J. Minzenberg. “Pharmacotherapy for Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: From Cells to Circuits.” Neurotherapeutics. 2012 Jul; 9(3): 610–621.

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domingo, 26 de octubre de 2014

LA CURIOSIDAD, CLAVE PARA LOGRAR UN BUEN APRENDIZAJE


PILAR QUIJADA / MADRID  02/10/2014

La curiosidad estimula la zona del cerebro relacionada con la recompensa y pone al cerebro en modo aprendizaje. 
Cuando tenemos interés en algo, es más fácil aprender y recordar. La expectativa aumenta la actividad en el hipocampo, lo que facilita la memorización. 

 

¿Por qué cuando leemos una novela somos capaces de memorizar sin esfuerzo los pormenores del argumento y cuando tenemos que estudiar nos cuesta más recordar los datos? La respuesta podría estar en la curiosidad.

Un artículo que publica la revista Neuron, de Cell Press, asegura que la expectación que nos genera un tema pone al cerebro en un estado que nos permite aprender y retener cualquier clase de información relacionada o no. En este estado, como si se tratara de un sumidero, el cerebro no sólo absorbe lo que nos interesa sino que “succiona” además todos los datos que rodean a la materia de nuestro interés.

Además, tener curiosidad por algo activa el sistema de recompensa del cerebro y se moviliza la dopamina, un neurotransmisor que nos lleva a lograr objetivos. El hipocampo, fundamental en la formación de la memoria, también se beneficia de nuestra expectación y se activa más cuando mostramos interés.
El tándem sistema de recompensa-hipocampo hace al cerebro más receptivo para aprender y retener información, incluso si esa información no es de particular interés o importancia. Es precisamente esa curiosidad que de forma natural surge cuando nos sumergimos en una novela u otro tipo de lectura, la que nos lleva a recordar hasta los más pequeños detalles y nos permite seguir el argumento. Un truco que podremos aprovechar cuando tengamos que aprender por obligación.

En definitiva, aseguran los autores del trabajo, cuanto mayor es nuestra curiosidad por un tema, más fácil es aprender o retener información al respecto. Algo que todos hemos experimentado y que ahora la neurociencia puede explicar. Y que puede ser muy útil a los docentes para poner el cerebro de sus alumnos en un estado de curiosidad que les permita asimilar mejor los conocimientos que imparten.

Jugar al Trivial

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores sometieron a los voluntarios a una fase previa para medir su curiosidad. Para ello, les hacían preguntas del Trivial y les pedían que puntuaran en una escala de 0 a 6 su probabilidad de conocer la respuesta. A continuación les pedían que midieran, puntuando en la misma escala, su curiosidad por saber la respuesta correcta. Se utilizaron una serie de preguntas a las que los voluntarios no sabían responder y en las que habían admitido tener una alta o baja curiosidad por conocer la solución.
En una segunda fase, les iban planteando las preguntas y tenían que esperar 14 segundos para conocer las respuestas. Aunque los voluntarios no lo sabían, este tiempo de demora estaba calculado para llevar a cabo parte del estudio. En ese intervalo de 14 segundos, en ocasiones, les presentaban una imagen de un rostro que no expresaba ninguna emoción y se les pedía que emitieran un juicio sobre ella. Al cabo de los 14 segundos, podían conocer la respuesta a la pregunta planteada.
Posteriormente, los participantes realizaron un “examen sorpresa”, del que no les habían informado, para ver su capacidad de reconocer las caras que previamente habían visto, seguido de una prueba de memoria para las respuestas a las preguntas del trivial que les habían facilitado. Además, en algunos momentos del estudio, los participantes fueron sometidos a una resonancia magnética funcional para ver la respuesta de su cerebro.

Tres hallazgos

El estudio reveló tres hallazgos principales.

En primer lugar, y como se esperaba, cuando los participantes tenían mucha curiosidad por conocer la respuesta a una pregunta, eran mejores en el aprendizaje de esa información. Pero más sorprendente, sin embargo, fue que una vez que se despertó su curiosidad, mostraron un mejor aprendizaje de la información que no estaba relacionada con la respuesta, y también eran mejores en el reconocimiento de las caras que previamente les habían mostrado, en las que no tenían ninguna curiosidad. Además, también fueron capaces de retener mejor la información aprendida durante este estado de curiosidad aunque el retraso para conocer la respuesta fuera de 24 horas.

En segundo lugar, los investigadores encontraron que cuando se estimula la curiosidad, hay una mayor actividad en el circuito del cerebro relacionado con la recompensa. "Hemos demostrado que la motivación intrínseca en realidad recluta las mismas áreas del cerebro que están fuertemente involucradas en la motivación extrínseca tangible", como la obtención de un premio, explica el autor principal, Matthias Gruber, de la Universidad de California en Davis Este circuito de recompensa depende de la dopamina, un mensajero químico que transmite mensajes entre las neuronas. “La curiosidad puede poner al cerebro en un estado que le permite aprender y retener cualquier tipo de información, como un torbellino que está dispuesto a absorber lo que desea de su alrededor”.

En tercer lugar, el equipo descubrió que en el aprendizaje motivado por la curiosidad hubo una mayor actividad en el hipocampo, una región del cerebro que es importante para la formación de nuevos recuerdos, y también vieron un aumento en las interacciones entre el hipocampo y el circuito de recompensa. "La curiosidad recluta el sistema de recompensa, y las interacciones entre el sistema de recompensa y el hipocampo parecen poner el cerebro en un estado en el que tiene más probabilidades de aprender y retener información, aunque esa información no sea de especial interés o importancia," explica el investigador principal Charan Ranganath.

El trabajo, aseguran los autores, podría tener implicaciones clínicas también. Los circuitos cerebrales que dependen de la dopamina tienden a estar menos activos en las personas mayores o en personas con enfermedades neurológicas. Comprender la relación entre la motivación y la memoria, podría estimular nuevos esfuerzos para mejorar la memoria en los ancianos sanos y para desarrollar nuevos enfoques para el tratamiento de pacientes con trastornos que afectan la memoria. Y en las aulas o en el trabajo, el aprendizaje de materias aburrida podría mejorar si los docentes son capaces de aprovechar el poder de la curiosidad en los estudiantes y de los trabajadores.

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viernes, 19 de julio de 2013

Un nuevo test para diagnosticar el TDAH: EL NEUROPSYCHIATRIC EEG-BASED ASSESSMENT AID (NEBA) SYSTEM

15 de julio 2013
La FDA (Agencia del Medicamento de Estados Unidos) permite la comercialización del primer test que usa las ondas cerebrales, como complemento del diagnóstico del TDAH en niños y adolescentes.


La FDA (U.S. Food and Drug Administration), acaba de aprobar la comercialización del primer dispositivo médico para el diagnóstico del TDAH en niños, niñas y adolescentes de entre 6 a 17 años.
El dispositivo, con el nombre Sistema de Ayuda para la Evaluación Neuropsiquiátrica basado en el Electroencefalograma, en inglés Neuropsychiatric EEG-Based Assessment Aid (NEBA) System, está basado en la tecnología del electroencefalograma (EEG), y registra los diferentes tipos de impulsos eléctricos (ondas) emitidos por las neuronas (células nerviosas) en el cerebro y el número de veces (frecuencia) que los impulsos se emiten en un segundo.
El Sistema NEBA es un examen no invasivo  de unos 15 a 20 minutos de duración, que calcula la relación de dos frecuencias de ondas cerebrales, conocidas como ondas theta y beta. Se ha demostrado que a relación theta / beta es mayor en los niños y adolescentes con TDAH que en los niños sin el trastorno.
Christy Foreman, directora de la Oficina de Evaluación de Dispositivos en el Centro de la FDA para Dispositivos y Salud Radiológica, nos recuerda que el diagnóstico del TDAH es un proceso clínico y multimodal, que requiere un examen médico y psicológico completo. Foreman afirma que el Sistema NEBA es un complemento del habitual examen médico y psiquiátrico basado en la información clínica recogida, que puede ayudar a los profesionales de la salud a determinar con mayor precisión si el estudio y evaluación del paciente debe centrarse en un TDAH o si debe buscar otras causas que produzcan síntomas similares a los del TDAH. 
Se ha presentado un estudio clínico que ha evaluado a 275 niños y adolescentes de entre 6 y 17 años de edad con dificultades de atención o problemas de comportamiento. Los investigadores evaluaron a los 275 pacientes utilizando el Sistema NEBA por una parte, y los protocolos de diagnóstico estándar, que incluyen los criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Texto Revisado de la IV Edición (DSM-IV-TR), cuestionarios comportamentales, tests para determinar el coeficiente intelectual, y exámenes físicos, para determinar si el paciente tenía TDAH. Un grupo independiente de expertos en TDAH han revisado todos estos datos, y los resultados del estudio mostraron que el uso del Sistema NEBA ayuda a los especialistas clínicos en la elaboración de un diagnóstico más preciso de TDAH cuando se utiliza junto a la evaluación clínica tradicional para el TDAH, en comparación con la realización de la evaluación clínica por sí sola.


Las células cerebrales (neuronas) se comunican produciendo diminutos impulsos eléctricos. Esta actividad eléctrica puede medirse mediante pequeños electrodos situados en diversas áreas del cuero cabelludo que miden los cambios en la actividad eléctrica del cerebro. El aparato utilizado para medir dicha actividad recibe el nombre de electroencefalograma (EEG).
Los investigadores consideran que un cerebro en su pleno funcionamiento puede generar hasta 10 vatios de energía eléctrica.  La actividad eléctrica que emana del cerebro se muestra en el EEG en forma de ondas cerebrales. Dado que la intensidad de los cambios eléctricos está directamente relacionada con el grado de actividad neuronal, las ondas cerebrales varían en amplitud y frecuencia, según nos encontremos despiertos o en alguna de las diferentes fases del sueño.
Existen cuatro tipos de ondas: alfa, beta, theta y delta. A continuación se describen los diferentes tipos de ondas en orden de mayor a menor actividad.
Ondas Beta:
Se producen cuando el cerebro está despierto e implicado en actividades mentales. Son ondas amplias y las más rápidas de las cuatro. Su frecuencia oscila entre 15 y 40 ciclos por segundo. Denotan una actividad mental intensa. Cuando una persona está dando un discurso, estudiando, realizando un problema de matemáticas, etc. su cerebro se encuentra emitiendo este tipo de ondas.
Ondas Alfa:
Alfa representa un estado de no actividad y relajación. Son más lentas y de mayor amplitud que las beta. Su frecuencia oscila entre 9 y 14 ciclos por segundo. Una persona que ha terminado una tarea y se sienta a descansar, se encuentra a menudo en un estado alfa, así como la persona que está dando un paseo, disfrutando del paisaje.
Ondas Theta:
Son ondas de mayor amplitud y menor frecuencia (entre 5 y 8 ciclos por segundo). Se trata de un estado de meditación profunda. La persona que está fantaseando o, como suele decirse, soñando despierta, se encuentra en este estado, así como la persona que tras conducir un rato, de repente se da cuenta de que no recuerda los últimos kilómetros. Es el estado más inspirador.
A menudo, una persona tiene las mejores ideas cuando predominan este tipo de ondas. Se trata de un estado en el que las tareas que realizas se han vuelto tan automáticas, que no necesitas tener un control consciente de su realización y puedes distanciarte de ellas mentalmente. Es decir, tu mente está en “otro sitio”. Las ideas que surgen en la mente en este estado fluyen con libertad y sin censura o culpa.
Ondas Delta:
Son las ondas de mayor amplitud y menor frecuencia (entre 1,5 y 4 ciclos por segundo). Nunca llegan a cero, pues eso significaría la muerte cerebral. Es un estado de sueño profundo.


Cuando nos vamos a dormir, las ondas cerebrales van pasando sucesivamente de beta a alfa, theta y finalmente, delta. Durante el sueño se producen ciclos que duran unos 90 minutos.
Anteriormente se creía que el estado Beta era el ideal para aprender; pero nuevos descubrimientos han demostrado que el estado ALFA es el mejor para aprendizaje y grabar nueva información en el subconsciente. 



El TDAH es uno de los trastornos neuroconductuales más comunes en la infancia. Según la Asociación Americana de Psiquiatría, el 9 por ciento de los adolescentes estadounidenses tienen TDAH y la edad promedio de diagnóstico es de 7 años. Los síntomas más visibles en el TDAH son alteraciones de la atención, hiperactividad, impulsividad y problemas de comportamiento.

La FDA es un organismo dependiente del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU., que vela por la salud pública, regulando  el suministro y calidad de alimentos, y la eficacia y la seguridad de medicamentos, vacunas, cosméticos, suplementos dietéticos, y otros productos biológicos y sanitarios para uso humano y veterinario.

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lunes, 13 de mayo de 2013

SHIRE LANZA EN ESPAÑA “EQUASYM”, PARA TRATAR EL TDAH A PARTIR DE LOS 6 AÑOS


La compañía biofarmacéutica Shire ha anunciado el lanzamiento de Equasym (metilfenidato hidrocloruro, cápsulas duras de liberación modificada), tras su aprobación por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), dependiente del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, para el tratamiento del TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) en niños a partir de 6 años.
Equasym, cuyo principio activo es metilfenidato, consta de un componente de liberación inmediata (30 por ciento de la dosis) y un componente de liberación modificada (70 por ciento de la dosis); está diseñado para proporcionar niveles plasmáticos terapéuticos durante un periodo de aproximadamente 8 horas, lo que coincide con la jornada escolar.
Para María Jesús Mardomingo, doctora en Medicina, especialista en Psiquiatría y Pediatría y miembro de la junta directiva de la European Society of Child and Adolescent Psychiatry, “Equasym representa una nueva medicación para el tratamiento del TDAH que se une a otras formulaciones de metilfenidato ya existentes. Su característica principal es que es especialmente eficaz por las mañanas, coincidiendo con el horario escolar y contribuyendo a que mejore la atención, concentración e inquietud del niño, y por tanto contribuyendo a que mejore el rendimiento académico”.
Equasym está indicado como parte de un programa de tratamiento integral del trastorno por déficit de atención-hiperactividad (TDAH) en niños a partir de 6 años cuando otras medidas por sí mismas han demostrado ser insuficientes.
“Los profesores ocupan un lugar destacado en el diagnóstico del TDAH, en el tratamiento y en el seguimiento de la evolución. En el aula conviene que el niño se siente en primera fila, que de vez en cuando el profesor, de forma discreta, le ayude a centrar la atención y a organizarse, y compruebe, aunque no a diario, si apunta en la agenda los deberes. El papel del profesor es trascendental también para poner límites a los problemas de conducta del niño, favorecer la relación con los demás compañeros y evitar que se le rechace y discrimine”, añade esta especialista.

Abordajes terapéuticos
Shire recoge también en su página web que las diversas opciones terapéuticas para el tratamiento del TDAH, se pueden agrupar en tratamientos no farmacológicos y tratamientos farmacológicos.
Tratamientos no farmacológicos
Los tratamientos no farmacológicos incluyen la educación a las familias y cuidadores sobre el TDAH, la utilización de la "modificación de conducta", y las intervenciones en el colegio.
Tratamientos farmacológicos
El tratamiento deberá ser siempre individualizado para cada paciente y familia.
La evidencia científica demuestra que los abordajes terapéuticos que combinan el tratamiento farmacológico y el tratamiento no farmacológico (terapia conductual intensiva) son significativamente más eficaces que cualquiera de los tratamientos por sí solo.
Hable con su médico para obtener más información sobre los diferentes tratamientos disponibles para el TDAH.


Sobre el metilfenidato

El metilfenidato (MPH) es el tratamiento farmacológico de elección para el TDAH (Castells et al., 2004), que actúa bloqueando el transportador de la dopamina (DAT). El transportador de la dopamina es el mecanismo principal de eliminación de dopamina del espacio sináptico. Al bloquearse el transportador de la dopamina, se produce un aumento de la dopamina extracelular, proporcional al nivel de bloqueo del transportador (DAT), que se cree que es responsable de la mejora de los síntomas del TDAH.
Se ha descrito una disminución de la densidad del transportador de dopamina después del tratamiento con metilfenidato (Krause et al., 2000) y una disminución de la disponibilidad de los receptores D2 que implica un aumento de dopamina extracelular después del tratamiento con MPH. El aumento en la liberación de dopamina inducida por el MPH se ha asociado a un aumento de la percepción de la saliencia del estímulo, un efecto que se cree que debe mejorar el rendimiento escolar, emocional y social de niño (Volkow et al., 2005).

FUENTES:

martes, 6 de diciembre de 2011

RELACIONAN EL NEUROTRANSMISOR “GLUTAMATO” CON EL TDAH

DOMINGO, 4 de diciembre (HealthDay News) –
Unas variaciones en los genes involucrados en las vías de señalización del cerebro parecen relacionarse con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), según un estudio reciente.
Los hallazgos sugieren que los fármacos que actúan sobre esas vías podrían ofrecer una nueva opción de tratamiento para los pacientes de TDAH que portan esas variantes genéticas, apuntó el equipo de investigación del Hospital Pediátrico de Filadelfia.
En el estudio, los investigadores llevaron a cabo análisis de todo el genoma de mil niños que tenían TDAH y de 4,100 niños que no. Entonces, evaluaron los hallazgos a la luz de otra investigación con casi 12,000 sujetos, 2,500 con TDAH y 9,200 sin la afección.
El análisis genómico reveló que al menos diez por ciento de los niños con TDAH tenían "variaciones del número de copias", o sea omisiones o duplicaciones de secuencias del ADN, en cuatro genes que forman parte de la familia de genes receptores del glutamato. El resultado más firme fue en el gen GMR5.
El glutamato es un neurotransmisor, una proteína que transmite señales entre las neuronas del cerebro, explicaron los autores en un comunicado de prensa del hospital.
"Los miembros de la familia de genes GMR, junto con los genes con los cuales interactúan, afectan la transmisión nerviosa, la formación de neuronas y las interconexiones cerebrales, así que el hecho de que los niños con TDAH sean más propensos a tener alteraciones en esos genes refuerza la evidencia previa de que la vía GMR es importante en el TDAH", señaló en el comunicado de prensa el director del estudio, el Dr. Hakon Hakonarson, director del Centro de Genómica Aplicada del Hospital Pediátrico.
"Nuestros hallazgos llegan a la causa de los síntomas del TDAH en un subconjunto de niños que sufren la enfermedad", añadió.
Uno de los expertos ha afirmado que el hallazgo podría resultar significativo:
"Este estudio es importante no sólo porque ha identificado variantes genéticas asociadas al TDAH en aproximadamente diez por ciento de los casos, sino porque identifica estrategias novedosas de tratamiento relacionadas con el neurotransmisor glutamato, que ahora los investigadores pueden desarrollar para los individuos que portan las variantes genéticas recién identificadas", apuntó el Dr. Andrew Adesman, jefe de pediatría del desarrollo y conductual del Centro Médico Pediátrico Steven & Alexandra Cohen de Nueva York, en New Hyde Park, Nueva York.
"Este estudio nos proporciona más evidencia, no sólo de que el TDAH tiene una base genética en un subconjunto distintivo de niños que sufren de la afección, sino de que el neurotransmisor glutamato parece tener mucho que ver en algunos casos", añadió. "Esperamos que estos hallazgos permitan a los investigadores identificar estrategias de tratamiento seguras y eficaces para el subconjunto de niños que tienen TDAH con esas variaciones en los genes relacionados con el glutamato".
El estudio aparece en la edición online del 4 de diciembre de la revista Nature Genetics.
El TDAH afecta a hasta el siete por ciento de los niños en edad escolar, y a un menor porcentaje de adultos. Entre los síntomas se hallan un periodo corto de atención, conducta impulsiva y un exceso de actividad. No se conocen sus causas, pero el TDAH tiende a darse en familias, y se cree que puede ser influido por muchos genes que interactúan.
Adesman también anotó que la técnica usada en este estudio, el análisis comparativo de todo el genoma, "podría, en el futuro, identificar otras posibilidades de tratamiento para los niños con TDAH y otras afecciones".
FUENTE: