TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

martes, 28 de febrero de 2012

SIMPOSIO INTERNACIONAL EN TDAH, organizado por Lilly

MADRID, 24 Feb. (EUROPA PRESS)
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) va mucho más allá de los tres clásicos síntomas de hiperactividad, falta de atención e impulsividad, afectando a todas las áreas de la vida del paciente relacionadas con el desarrollo social y emocional. Así lo han afirmado los expertos reunidos en el Simposio Internacional en TDAH, organizado por Lilly (23 y 24 febrero), donde también se ha constatado la evidencia de un retraso en la maduración de algunas regiones del cerebro como origen de este trastorno psiquiátrico.
La neuroimagen como apoyo para el diagnóstico del TDAH
El TDAH es un diagnóstico clínico; no es fruto del resultado de una prueba sino de la suma de las conclusiones de varios tests, entrevistas y evaluaciones, tanto del paciente como de su entorno más directo. De ahí su dificultad.
Nadie sabe exactamente por qué se produce el TDAH, aunque se considera que no tiene una causa única, sino que se da por una serie de factores biológicos y psicosociales que interactúan entre sí. Por un lado, una producción irregular en dos neurotransmisores como son dopamina y noradrenalina; y, por el otro, la predisposición genética, que se traduce en un riesgo del 57 por ciento de que el niño presente este trastorno si uno de los dos padres también lo tiene.
Ahora diversos estudios de neuroimagen han demostrado que los niños con TDAH presentan un deterioro cerebral. “El TDAH se asocia a un déficit en la estructura y la función de las sustancias químicas del cerebro. Estas pruebas, que muestran que existen alteraciones neurobiológicas en los pacientes, ratifican que el TDAH no es una enfermedad inventada”, afirma la doctora Katya Rubiá, Profesora en Neurociencias Cognitivas en el Instituto de Psiquiatría Maudsley del King´s College de Londres, directora del Departamento de Neuropsicología del desarrollo y Neuroimagen y gurú del trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.
Sobre qué sucede en el cerebro de un niño hiperactivo, la especialista indica que los estudios de Neuroimagen destacan que algunas zonas cerebrales están infradesarrolladas y que también tienen anomalías, tanto estructurales como funcionales:
Se ha demostrado que este trastorno está acompañado de un retraso de maduración de algunas regiones del cerebro, concretamente en el grosor cortical. En las personas sanas, a los siete años, esta región alcanza su tope de grosor; en los niños hiperactivos, en cambio, este momento se retrasa hasta los 10 ó más años.
Entre las regiones más afectadas se encuentran  las conexiones entre el lóbulo frontal y los ganglios basales, regiones (redes frontosguiadas), importantes para la atención, el autocontrol, la atención y la motivación", afirma.
En este sentido, investigaciones acerca del origen del TDAH realizadas en las dos últimas décadas han hecho grandes progresos en la comprensión de las funciones del córtex prefrontal, en su implicación en los procesos de inhibición y autocontrol a través de las llamadas funciones ejecutivas y, por tanto, en su implicación en los procesos neuropsicológicos alterados subyacentes al TDAH.
Esta experta utiliza la neuropsicología, la genética, la manipulación farmacológica y la resonancia magnética para investigar los sustratos neuronales de las funciones cognitivas asociadas con la atención y la impulsividad en el desarrollo normal y, en especial, en trastornos infantiles como el TDAH y otros trastornos conductuales.
Novedades de las técnicas de neuroimagen en los últimos años
La idea, al principio, era que el niño tenía un problema en el lóbulo frontal, región muy importante para las funciones ejecutivas.
Pero a través de los estudios de imagen en la última década hemos visto que hay mucho más que solo un problema del lóbulo frontal y que hay muchísimas áreas implicadas en el trastorno.
Las más afectadas son los ganglios basales, a nivel estructural, funcional y bioquímico. Están conectados con el lóbulo frontal y forman redes llamadas frontoestriadas, las cuales son muy importantes para el autocontrol, funciones inhibidoras, de atención y timing (medida del tiempo), que está muy relacionado con la impulsividad.
Aparte de esto, se ha encontrado que el cerebelo, también un área importantísima, que está disminuido en volumen, en estructura y está menos activado en niños con TDAH. Es fundamental para las funciones motoras, la hiperactividad, pero también lo es para la atención y el timing.
El lóbulo parietal, importante para la atención, es otra área afectada.
También hay evidencia de que el sistema límbico está afectado también aunque hay menos estudios que lo han investigado.
La conclusión es que hay varias redes neuronales que están afectadas en el TDAH que conectan todas estas áreas.
Los resultados de PET han demostrado que la sustancia bioquímica que más se ha visto afecta en TDAH es la dopamina (primordial para la motivación y la atención) y la mayoría se encuentra en los ganglios basales. Sabemos que el mecanismo de acción de la medicación psicoestimulante es bloquear los transmisores de dopamina y, si se bloquean, se produce una elevación de la dopamina. También hemos encontrado que la medicación psicoestimulante está asociada a un tamaño más normal de estos ganglios. O sea, aquellos pacientes que llevan años medicados ya no tienen esa anomalía. Esto es importante porque todo el mundo estaba preocupado de que la medicación alterara o interviniera en el desarrollo normal del cerebro, pero nuestro estudio demuestra que es al revés, no sólo que no es negativo, sino que el efecto parece ser positivo.
Los resultados de este metaanálisis son novedosos y fueron publicados en noviembre de 2011 en American Journal of Psiquiatry.
Aplicación de estos descubrimientos a futuras terapias
Estas investigaciones indican que la medicación psicoestimulante es adecuada porque modula los ganglios basales, que es el problema principal, y explica por qué funciona. (Siempre hemos sabido que funciona pero no exactamente por qué). En segundo lugar, también puede llevar al descubrimiento de fármacos nuevos, porque hay otras sustancias que son importantes que ayudan a estas redes frontoestriadas como gaba y glutamato, y de hecho hay algunos estudios que han demostrado que ambos están también afectados en el TDAH, por lo tanto esta sería una nueva vía de investigación.
Actualmente, afirma la Dra. Rubiá, estamos empezando un estudio sobre neuro-feedback, (enseñar al cuerpo a controlar respuestas involuntarias) y tardaremos como unos tres años en finalizarlo. El feedback está basado en la idea de que el niño puede activar funciones deterioradas o que no tiene completamente activadas, como por ejemplo, los ganglios basales y el lóbulo frontal. Lo que vamos a hacer ahora es meter a los niños en un escáner y darles feedback sobre su activación cerebral. Ya se ha demostrado con otra técnica más superficial y no tan buena, como la resonancia magnética, que los niños pueden hacer esto a través del método ensayo-error e intentan incrementar la actividad de ciertas áreas que sabemos que no funcionan. Ahora sabemos qué área no funcionan bien en estos niños, por eso enseñarles cómo activarlas a través de feedback es el siguiente paso. Pensamos que con este método se puede ayudar a incrementar la actividad de los niños en estas áreas sin medicación, a través de su autorregulación.
Los malos de la clase
En la vida cotidiana, estos niños son incapaces de permanecer quietos y concentrados en una actividad, no atienden y tienen un mal comportamiento.
 "Tienen grandes problemas con la atención sostenida, para concentrarse, se distraen con mucha facilidad y les cuesta atender a una cosa; tienen una falta de inhibición y problemas con la memoria a corto plazo; son impulsivos y no consideran las consecuencias de sus actos", explica.
   Asimismo, presentan un retraso psicomotor, trastorno del lenguaje y dificultades en la grafía, que muchas veces se confunde con falta de interés o incapacidad del niño para aprender. A todo ello se le debe añadir su mala gestión de las emociones, que les lleva a tener problemas con sus compañeros y a que a menudo se les etiquete como 'los malos de la clase'. De hecho, señala Rubiá, "se ha observado que hasta un 50 por ciento de los presos han sufrido TDAH en la infancia".
El resultado es una elevada desadaptación y falta de integración social. Por este motivo, “muchas veces, cuando diagnosticamos TDAH a un niño y los padres conocen en mayor profundidad este trastorno, sienten cierto alivio porque se dan cuenta de que no es que hayan fracasado en la educación de su hijo, sino que existe un problema orgánico que provoca ese mal comportamiento y que puede ser tratado”, explica la doctora Margaret Weiss, Doctora en Medicina y especialista en Psiquiatría, directora del Programa Provincial para TDAH de la University British Columbia (Canadá), que ha desarrollado la escala de diagnóstico WFIRS
El infradiagnóstico es alto, "en gran medida por el desconocimiento de los médicos de Atención Primara"; sin embargo es indispensable abordar cuanto antes su tratamiento porque es una enfermedad crónica.
Afecta entre el 3 y el 7 por ciento de la población infantil en España, según la Guía de Práctica Clínica en TDAH, del Ministerio de Sanidad. Se estima que más del 80 por ciento de los niños que presentan el trastorno continuarán padeciéndolo en la adolescencia, y cerca del 65 por ciento lo presentarán también en la edad adulta, aunque las manifestaciones del trastorno irán variando notablemente a lo largo de su vida.
Una enfermedad que exige un abordaje multimodal
Aunque los tratamientos farmacológicos alcanzan un éxito valorado en un 70-80% en pacientes adecuadamente diagnosticados, las diferencias individuales en dicha respuesta son amplias.
Dado que los síntomas que sufre el niño con TDAH van más allá de los síntomas nucleares del trastorno (hiperactividad, falta de atención o de impulsividad), en la actualidad se establece que el tratamiento correcto del TDAH pasa por su abordaje multimodal, apoyado simultánea y coordinadamente con terapias farmacológica, psicológica, psicopedagógica y psicosocial, con la colaboración de psiquiatras especialistas en niños y centros de atención donde se les ayude a modular el comportamiento (a través de fármacos y actividades conductuales).
“Existen varios medicamentos que pueden controlar los síntomas del TDAH y mejorar considerablemente su calidad de vida. Un niño con este trastorno, por ejemplo, puede mejorar la relación con otros niños, sin embargo, su comportamiento sigue sin ser normal”, aclara la doctora Weiss. “Por este motivo, es imprescindible un abordaje multimodal, integral del trastorno”.
Por lo tanto, ha añadido, es necesario aumentar la información y formación sobre este tema entre profesionales y la población general.
En la misma línea se pronuncia la doctora Rubiá quien afirma que es un trastorno muy grave que, cuando no se trata, afecta a todas las esferas de la vida... relaciones sociales y familiares, además de conducir al fracaso escolar. “Incluso si los síntomas de TDAH se reducen en la edad adulta, algunos problemas subclínicos persisten en todos los pacientes, como un cierto grado de problemas de impulsividad o falta de atención”. Son personas que no suelen permanecer en un trabajo por mucho tiempo, cambian a menudo de pareja, no terminan un libro y tienen más accidentes de tráfico. Su impulsividad se suma a la búsqueda incansable de sensaciones fuertes, de ahí que sean personas que suelen practicar deportes de riesgo o que consumen drogas.
El fármaco más utilizado es un psicoestimulante, el metilfenidato, que aumenta los niveles de dopamina. Aunque, en los últimos años se están estudiando nuevos bioquímicos. No obstante, recuerda, "los fármacos no curan, disminuyen los problemas conductuales", hasta el punto de que "en el 70 por ciento de los pacientes los fármacos disminuyen los problemas conductuales hasta un 40 por ciento". Sin embargo, no los normalizan del todo y, al menos, "hay un 30 por ciento de niños que no responden a ninguna medicación", para estos caso se aplican sobre todo los tratamientos conductuales.
Sobre el tratamiento de este tipo de niños más allá de lo puramente farmacológico, Rubiá hace hincapié en que los afectados que además reciben terapias que modulan el comportamiento evolucionan mejor que los que sólo se medican. La disciplina, por ejemplo, juega un papel prioritario a la hora de enseñar el autocontrol, pero en las sociedades modernas actuales hay menos disciplina. Los padres también tienen que aprender a saber cómo tratar a estos niños.

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