TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Mostrando entradas con la etiqueta estructura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estructura. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de julio de 2026

TDAH Y EL VERANO: CUANDO LA FALTA DE ESTRUCTURA TE DESESTABILIZA EN VEZ DE LIBERARTE

 El verano sin horarios destroza al cerebro TDAH. Sin rutina, cada hora es una decisión y cada día libre se convierte en caos. Por qué pasa y qué hacer.


Imagen creada con IA

Rubén Loan

Julio. Fin de curso. Todo el mundo celebrando. "Por fin vacaciones." "Por fin libertad." "Por fin puedo hacer lo que quiera."

Y tú ahí, con una sonrisa de circunstancias, sabiendo que lo que viene no es libertad.

Es caos con buen tiempo.

Porque el verano es, en teoría, lo mejor del año. Días largos, sin obligaciones, sin alarmas a las siete de la mañana, sin el calendario lleno de cosas que no quieres hacer. El problema es que esas cosas que no querías hacer eran las que te mantenían en pie.

La estructura invisible que te sostiene

Durante el año tienes un horario. No porque te guste, sino porque existe. Alguien decidió que el trabajo empieza a las nueve, que la reunión es a las once, que comes a las dos. Tú no elegiste nada de eso. Pero tu cerebro lo agradece más de lo que crees.

Porque cada decisión que no tienes que tomar es energía que no gastas.

El cerebro con TDAH tiene un problema serio con las decisiones. No es que no pueda decidir. Es que decidir le cuesta tres veces más que al resto. Cada elección pequeña - qué desayuno, a qué hora salgo, qué hago primero - consume un recurso que ya de por sí viene limitado de fábrica.

Durante el año, la estructura externa toma la mayoría de esas decisiones por ti. No es ideal, pero funciona. Es un andamio que sujeta el edificio aunque el edificio no tenga cimientos propios.

Llega el verano y alguien quita el andamio.

El primer día es genial. El tercero es un infierno

Primer día de vacaciones: te levantas sin alarma, desayunas tranquilo, te sientas en el sofá y piensas "esto es vida". Segundo día: más o menos igual, aunque ya notas un hormigueo raro. Tercer día: son las dos de la tarde, llevas tres horas en pijama, no has comido, no te has duchado, no sabes qué día es y tienes la sensación de que algo va muy mal pero no sabes qué.

No va nada mal. Lo que pasa es que tu cerebro se ha quedado sin el mapa que usa para navegar el día.

Sin estructura, cada hora es una página en blanco. Y las páginas en blanco dan miedo a un cerebro que no sabe priorizar. Porque no es que tengas pocas opciones. Es que tienes todas las opciones del mundo y ninguna gana. Podrías leer, o hacer ejercicio, o llamar a un amigo, o empezar ese proyecto, o limpiar la casa, o ir a la playa, o no hacer nada.

Tu cerebro las ve todas a la vez, no puede elegir ninguna, y se queda paralizado.

Y la parálisis se siente como pereza. Pero no es pereza. Es sobrecarga.

El verano amplifica todo lo que el TDAH ya hace mal

La desregulación del sueño se dispara. Sin horario de entrada, te acuestas cada vez más tarde. A las dos. A las tres. A las cuatro. Tu cerebro por la noche se activa, no se apaga, y sin el ancla de "mañana madrugo" no hay nada que frene el ciclo.

En dos semanas estás viviendo en un huso horario distinto al de tu familia, tus amigos y la sociedad en general. Y eso genera un aislamiento sutil que nadie ve pero que tú sientes.

La alimentación se descontrola. Sin la rutina de comer a la misma hora, comes cuando te acuerdas. O no comes. O comes tres veces seguidas porque te olvidaste las dos primeras. El cerebro TDAH necesita estructura externa para algo tan básico como alimentarse, y en verano esa estructura desaparece.

La higiene se resiente. Suena fuerte, pero es real. Sin la obligación de salir de casa, ducharse pasa de ser algo automático a ser una decisión más. Y ya hemos dicho lo que pasan las decisiones con el TDAH.

La trampa de "deberías estar disfrutando"

Esta es la parte que más duele.

Todo el mundo está encantado con el verano. Instagram lleno de playas, de atardeceres, de gente haciendo cosas bonitas. Y tú llevas cuatro días sin salir de casa, con la persiana bajada, viendo vídeos que no te interesan porque tu cerebro no encuentra nada mejor que hacer.

Y encima te sientes culpable. Porque se supone que esto es lo bueno. Se supone que el verano es la recompensa. Que deberías estar ahí fuera, viviendo, disfrutando, aprovechando. Y no puedes.

No porque no quieras. Sino porque tu cerebro sin estructura es como un coche sin volante. Tiene motor, tiene gasolina, pero no puede ir a ningún sitio concreto. Solo da vueltas.

Lo que funciona (al menos para mí)

Estructura mínima. No un horario militar. No una agenda con colores. Solo tres cosas.

  • Hora de levantarse. No tiene que ser temprano. Pero tiene que ser la misma todos los días. Tu reloj biológico necesita una referencia fija para no descarrilar. Da igual si es a las ocho o a las diez, pero que sea siempre la misma.
  • Una cosa por la mañana. Solo una. Ir a comprar el pan. Hacer ejercicio. Mandar un email. Lo que sea. Pero tener algo que hacer antes de las doce le da a tu cerebro un punto de partida. Y un cerebro con TDAH que tiene un punto de partida se mueve. Uno que no lo tiene se queda flotando.
  • Un plan semanal mínimo. No diario, que eso agobia. Semanal. "El martes voy a la playa. El jueves quedo con alguien. El sábado hago algo en casa." Tres puntos de anclaje en siete días. Suficiente para que la semana tenga forma sin sentir que estás en una cárcel.
  • Y, sobre todo: permiso para no disfrutar como los demás. Si tu manera de pasar un buen verano es estar en casa con el aire acondicionado jugando a videojuegos, eso es un buen verano. No tiene que parecerse al de nadie.

No estás roto

Si llegas a septiembre sintiendo que has desperdiciado el verano, que no has hecho nada, que todos los demás han vivido y tú solo has sobrevivido, para un momento.

No es que hayas fallado. Es que el verano está diseñado para cerebros que se regulan solos. El tuyo necesita ayuda externa para funcionar, y en verano esa ayuda desaparece. No eres vago. No eres raro. No eres un desperdicio.

Eres alguien con un cerebro que funciona de otra manera. Y cuando alguien le quita las muletas a una persona que las necesita, lo raro sería que corriera.

La próxima vez que llegue junio, antes de que el andamio desaparezca, pon el tuyo. Pequeño. Ligero. Tres clavos y un par de tablas. Suficiente para que el edificio no se caiga mientras todos los demás celebran que hace sol.

FUENTE:

https://rubenloan.com/blog/tdah-y-el-verano-cuando-la-falta-de-estructura-te-desestabiliza-en-vez-de-liberarte

lunes, 2 de octubre de 2017

DIEZ RECOMENDACIONES PRÁCTICAS PARA PADRES DE NIÑOS CON TDAH



En la actualidad, alrededor de un 5% de los niños presentan Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Esto lo convierte en uno de los trastornos de mayor prevalencia en la infancia.

Las características propias del cuadro, que incluyen alteraciones en las funciones atencionales, hiperactividad e impulsividad, provocan una desorganización general a nivel cognitivo y comportamental que se extienden a todas las áreas de la vida.

A su vez, diversos estudios muestran que estos niños son más propensos a desarrollar trastornos comórbidos como ansiedad y depresión. Suelen presentar diversos problemas de aprendizaje, mayores probabilidades de accidentarse y mayor consumo de sustancias en la adolescencia (Ives, 2006). Es decir, el impacto del trastorno afecta en mayor o menor medida a todos los ámbitos en los cuales los sujetos se desempeñan.

De manera inversa, las intervenciones que como adultos realizamos en los contextos donde los pequeños habitan, podrán ayudarlos (o no) en su organización y en limitar los efectos que el TDAH presentan en su cotidianidad. 

Teniendo en cuenta estas características, hace algún tiempo publicamos recomendaciones para maestros de niños con TDAH, cuya finalidad fue favorecer el proceso de aprendizaje de los niños por medio de algunas adaptaciones de acceso y contenido al material educativo.

En este caso, el objetivo es proponer una serie de recomendaciones para los padres, los que impactarán de manera beneficiosa en la vida de sus hijos a la vez que en la de ellos mismos; ya que aplicados de manera consistente disminuyen conductas desorganizadas e impulsivas en los niños, incidiendo de forma directa en el equilibrio familiar.

Recomendaciones

Recomendación N° 1: Darle estructura al día a día
El que un niño con TDAH viva en un ambiente relativamente estructurado contribuirá a su organización para las actividades que deba realizar. Por el contrario, un contexto desestructurado, donde las mismas actividades pueden cambiar el momento del día en que se realizan, se superponen o alternan en el orden previsto; es más probable que generen confusión y fallos en su realización.
Por ejemplo, será preferible que siempre cuando llega del colegio se cambie, lave las manos, se siente a almorzar, cepille los dientes y duerma una siesta para realizar las tareas escolares posteriormente; a que todos estos mismos pasos los vaya realizando cada día en un orden distinto. En este último caso, es muy posible que algunos elementos se omitan o no se realicen satisfactoriamente.

Recomendación N° 2: Cómo dar órdenes
Un comentario habitual de los padres de niños con TDAH es la poca obediencia de estos hacia las normas e instrucciones proporcionadas. Una manera de aumentar las probabilidades de éxito cuando se desea que el niño realice algo, consiste en seguir estas sencillas reglas:
  • No dar más de una orden a la vez. Es preferible esperar a la finalización de una tarea, antes de presentar una nueva actividad.
  • Segmentar demandas generales. La indicación <<Ordena tu habitación>> puede ser separada en <<Guarda tus juguetes/ Haz la cama/ Tira los papeles al cesto de basura>>.
  • No dar indicaciones que puedan ser ambiguas. Comunicar <<Pórtate bien en lo de la abuela>> puede significar cosas muy distintas para un niño y un adulto (incluso para distintos adultos). En cambio, <<No toques las cosas de la mesa / No corras por adentro de la casa/ No te metas en la habitación de la abuela>> son instrucciones más concretas y fáciles de cumplir.
  • Pedirle al niño que repita la indicación dada. Esta es una forma de corroborar que haya entendido lo que se espera de él.
  • Hay que evitar abusar del <<No>> como recurso. Siempre se es preferible formular enunciados en forma positiva que negativa. Frases como <<No toques el televisor>> <<No apagues la luz>> <<No hables ahora>> pueden, aunque sean concretas, formuladas de manera segmentada y repetidas por el niño, sonar muy restrictivas, en especial cuando se van repitiendo a lo largo del día muchas veces. En su lugar, se puede solicitar lo mismo pero en forma positiva, diciendo por ejemplo <<Me gustaría que te quedes unos minutos sentado aquí>> <<Es preferible dejar la luz prendida>> <<Permanece en silencio algunos minutos>>.

Recomendación N° 3: Descubra que habilidades posee su hijo y foméntelas
El estimular aquellas habilidades naturales que pueda tener incrementará su autoestima y sentimientos de eficacia, y ayudará a los padres a centrarse en aspectos positivos de su hijo. En caso de no conocer el pequeño que actividades le agradan y en las cuales puede tener buenos rendimientos, se los puede acompañar en el descubrimiento de las mismas.

Dado que las personas con TDAH suelen presentar malos comportamientos, es muy fácil que se pierdan de vista los aspectos positivos de los niños y en cambio nos centremos en sus puntos débiles. Tener presentes las fortalezas cambia sustancialmente la mirada que se tiene sobre los pequeños, y evita tener pensamientos del tipo <<le gusta desobedecer y hacerme enojar>>.

Recomendación N° 4: Cuando se apliquen premios y castigos, que sean inmediatos a los comportamientos elegidos
Es muy frecuente que los padres intenten modificar la forma en que sus hijos se comportan aplicando consecuencias temporalmente muy distantes de aquellos comportamientos apropiados e inapropiados. El niño por un lado, puede olvidar o perder de vista cuál era esa consecuencia (buena o mala) que le esperaba.

A su vez, puede frustrarse por el tiempo que debe esperar para acceder a la misma, incluso aunque sea algo muy deseado.
En lugar de proposiciones del tipo <<si este año apruebas todas las materias vamos de vacaciones a Disney>>, puede resultar más gratificante para el niño aplicar un sistema de recompensas por cada exámen aprobado, por cada materia aprobada, y por último sí puede utilizarse el premio mayor (Disney) en caso de cumplir todos los objetivos propuestos. El pequeño de esta forma tendrá acceso más inmediato y constante a reforzadores, lo que mantendrá su motivación alta por períodos mayores de tiempo. Y en caso de fallar en la consecución de la meta final, no tendrá el sentimiento de que nada ha valido la pena, ya que a lo largo del año obtuvo numerosos beneficios por sus esfuerzos.

Una pequeña aclaración, al hablar de cumplir los objetivos propuestos me estoy refiriendo a aquellos objetivos que sean alcanzables por el estudiante, no a los que aspiren los padres de manera ideal. La constante y excesiva presión por rendir más de lo que se puede termina habitualmente produciendo los resultados opuestos a los esperados. Como consecuencia adicional, produce estrés y frustración no solo en los padres, sino también en sus hijos. Esto se relaciona directamente con el siguiente punto.

Recomendación N° 5: Concéntrense en los aprendizajes, no en las calificaciones
Muchos adultos han crecido con la convicción de que la nota escolar refleja lo aprendido, y que si no es así al menos es lo más importante del paso por la escuela, ya que queda de forma objetiva plasmada en documentos y certificados. Para un niño con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, la presión impuesta para la obtención de buenas calificaciones puede ser excesiva, logrando que se frustre y no solo que no obtenga los resultados esperados, sino que tampoco aprenda.

Un ligero ajuste en las expectativas de los padres sobre el recorrido académico, de seguro provocará una disminución en la frustración que sienten tanto los niños como sus progenitores, y potenciará el aprendizaje escolar.

Recomendación N° 6: Nunca criticar a la persona
Este punto es de vital importancia para todos los actores. Por un lado, el niño que es calificado como vago, caprichoso, malo, etc, está de forma permanente registrando que los adultos significativos observan eso en él, afectará a su autoestima y a su comportamiento posterior. 
Por el lado de los adultos, etiquetar al niño de esta forma en general los dejará predispuestos a prestar atención a aquellas conductas que estén de acuerdo con dicha percepción, lo que influye en la buena relación a mediano y largo plazo.

En lugar de afirmar que es un vago porque no levantó sus juguetes del piso por ejemplo, es mejor remarcarle la solicitud nuevamente, omitiendo todo tipo de apreciaciones personales. Si es necesario realizar observaciones, siempre hacerlas sobre las conductas en lugar de sobre el sujeto.

Recomendación N° 7: Planificar potenciales situaciones conflictivas
Si ciertos momentos suelen producir de manera repetida malos comportamientos por parte del pequeño, la anticipación de las situaciones, así como de lo que se espera por parte suya, incrementa las posibilidades de evitar estos malos momentos.

Ante la repetida situación del correteo por medio de las góndolas del supermercado tocando los productos que están exhibidos, los padres antes incluso de salir de su casa pueden comentar de manera bien concreta y clara (tal como sugiere el Recomendación 2), que conductas puntuales esperan de su hijo.

Recomendación N° 8: No intentar abordar todos los problemas al mismo tiempo
Esto mantiene relación con varios de los puntos ya abordados. Si partimos de la base que es preferible que haya pautas claras, solicitadas secuencialmente y no al mismo tiempo, y de la preferencia de la estructura frente al caos; solicitar a un niño que se quede quieto, callado, que si habla no diga malas palabras, que preste atención a lo que dice el resto permanentemente y que mantenga por ejemplo determinada postura corporal, será imposible de sostener.

La frase “Hay que elegir qué batallas pelear” es perfectamente aplicable a estos casos. Siempre habrá que estar atento a todos los problemas que presente una persona en cada situación determinada, y frente a los mismos establecer cuales son prioritarios para atender y cuales no. 
Es necesario tener en cuenta una serie de elementos al tomar estas decisiones, como por ejemplo la gravedad (para sí o terceros) que presente, la imposibilidad que le traiga de adquirir nuevas habilidades, etc; pero siempre sin perder de vista que no es posible enfrentar todas las situaciones problemáticas al mismo tiempo.

Recomendación N° 9: No confíen en un profesional que no les ofrece un diagnóstico claro
De la misma forma, no confíen en profesionales que utilicen diagnósticos poco específicos o que no sigan las convenciones actuales, y usen términos como por ejemplo <<bloqueo emocional, falta de madurez o problemas de lateralidad>>.

Un profesional que lleve adelante un buen tratamiento debe proveer a su vez el asesoramiento y psicoeducación necesaria para un tratamiento eficaz. Como se desprende de todos los recomendaciones hasta ahora vistos, el funcionamiento de los sujetos se ve sensiblemente afectado por el contexto, ya sea en forma material (ambiente ordenado por ejemplo), como interaccional. 
Un terapeuta que sólo trabaja con el niño y no sugiere a padres y docentes intervenciones puntuales para los lugares y situaciones en las que se desenvuelve, disminuye se eficacia terapéutica y pone sobre éste un peso que probablemente no pueda soportar; al dejarle la labor de ser el único responsable de que su comportamiento cambie.

Recomendación N° 10: No se olviden de ustedes como personas
Por lo complejo de todos los factores a tener en cuenta, un hijo con TDAH genera estrés e impacta sobre uno mismo y diversos tipos de relaciones, como pareja, otros hijos, amistades, etc.

Tomarse el tiempo para realizar actividades placenteras, permite recuperar fuerzas para continuar con sus labores como madres o padres posteriormente. Lo mismo sucede con relaciones que suelen quedar en segundo plano. Será necesario buscar momentos en los cuales puedan cultivarse las mismas, sin que el foco de atención permanente sea su hijo.
Recuerden que además de padres, son sujetos que seguramente necesitan de otro tipo de actividades para su bienestar.

Para concluir, estos recomendaciones no deben entenderse en forma absoluta, sino que son adaptables a los contextos en los cuales se aplican. Tampoco son los únicos puntos a tener en cuenta a la hora de educar a un niño con TDAH. Sin embargo, constituyen pautas generales de crianza que son de gran utilidad en estos casos.

Referencias
Artigas Pallarés, J. (2006). El Trastorno de Déficit de Atención/Hiperactividad en la consulta del pediatra. Algunas sugerencias. Revista Pediatría de Atención Primaria. Vol VIII (4) 115- 133.
Ives, E. (2006). Intervenciones no farmacológicas en el entorno familiar de niños con Trastorno por Déficit de Atención con/sin Hiperactividad. Revista Pediatría de Atención Primaria. Vol VIII (4) 57- 67.
Ochoa, J., Vintimilla, M. (2015). Estrategias Terapéuticas para padres de niños de 6 a 10 años con Diagnóstico de TDAH. Facultad de Filosofía Letras y Ciencias de la Educación. Escuela de Psicología.

FUENTE:
IMAGEN: 

miércoles, 13 de agosto de 2014

CÓMO SOBREVIVIR AL TDAH EN VACACIONES



Vacaciones, ese período de descanso tan deseado y en el que esperamos escapar de las tensiones cotidianas y de toda rutina, disfrutando de la familia y de actividades propias de esta época. Lo más atractivo del verano es la libertad y el lujo de no hacer nada… hasta que llega un momento en el que nuestros hijos también se cansan de no hacer nada, se aburren con facilidad y el verano se convierte en un espacio de malas conductas y mucho estrés.
¿Cuál es la razón? La transición de un entorno familiar estructurado en la etapa escolar a unas largas vacaciones desorganizadas y sin apenas rutinas. Con las vacaciones, los hábitos y los horarios escolares se modifican pudiendo repercutir negativamente en el funcionamiento del niño o niña con TDAH y su familia. Y es que las personas con TDAH funcionan mejor con la previsibilidad, los hábitos y las rutinas. 
Veamos algunas estrategias para compaginar el tiempo de inactividad y la feliz convivencia familiar.

LAS REGLAS SON LAS REGLAS

Los meses de verano inducen a la flexibilidad. Dicho esto, sin embargo, no debemos renunciar a las reglas y rutinas básicas de la familia: asegúrese de que sus hijos siguen los comportamientos establecidos el resto del año.
Es importante mantener siempre que sea posible una serie de rutinas. Durante el curso escolar, el niño con TDAH mantiene unas pautas y rutinas que en verano pueden modificarse. Podemos acordar con el niño a qué hora debe irse a dormir y a qué hora levantarse por la mañana, pero deben ser siempre el mismo horario durante los meses de verano.

PREPARARLES MENTALMENTE

Anticipar las tareas que se vayan a hacer y explicarles de antemano los planes: cómo van a llegar al lugar de vacaciones elegido, lo que van a hacer, dónde van a comer, etc. Ofrecerles al menos cierto grado de previsibilidad con un mínimo de sorpresas contribuirá a que nuestros hijos se mantengan calmados.

PLANIFICAR EL TIEMPO

Los niños/as con TDAH necesitan tener estructura para sentirse seguros y funcionan mejor cuando saben qué esperar y qué se espera de ellos/as, por lo que es aconsejable anticiparles las actividades que van a realizar al día siguiente. Además, mucho tiempo libre hace que nuestros hijos se aburran. Para evitarlo, es mejor planificar unas actividades organizadas con antelación en función de los gustos y personalidad de cada niño o niña: clases de natación, visitar un museo, un zoológico o un parque acuático. Estas actividades estimulantes les ayudarán a mantener el interés y el compromiso.

Las actividades deben responder a tres reglas básicas.
  1. Desarrollo lúdico. Propón actividades que siempre sean un juego.
  2. Afán de superación. Alaba y reconoce los logros, avances y mejoras de tu hijo.
  3. Metas. Anímale a fijarse y concluir objetivos y, cuando lo consigas, prémiale con una actividad especial (cine, paseos, excursión, etc.)
Podemos hacer un planning sencillo, diario o semanal, de manera que el niño/a tenga un apoyo visual de lo que va a realizar. Las actividades nuevas conllevan mayor desorganización, por lo que anticipar y preparar la actividad de antemano será mucho más beneficioso.

Introduzca en el calendario también un tiempo para realizar alguna tarea doméstica. Hágale “encargado de…”: el encargado de alimentar a la mascota, el encargado de regar las plantas, etc. De esta manera, le demostramos nuestra confianza en que puede llevar a cabo esa responsabilidad y se sentirá útil y válido. Cuando se planifica con antelación y el niño/a lo escribe en el calendario es más probable que lo haga. No olvidemos reforzar, al principio sobre todo, cuando realice la tarea encomendada o, al menos,  cuando lo intente; así les motivaremos para que lo repitan y se esfuercen en hacerlo bien.

También es importante dejar espacios en blanco, tiempos de inactividad cada día, en los que nuestro hijo/a pueda hacer lo que quiera o incluso nada en absoluto. Todos los niños/as, incluyendo a los más enérgicos, necesitan tiempo de inactividad. Programe algunas actividades, pero permita que su hijo sea creativo y que elija lo que le guste hacer. La mayoría de los niños pueden ser increíblemente creativos a la hora de buscar las formas de divertirse.
Igualmente, es recomendable que el tiempo al final del día sirva para que toda la familia se relaje, lea y hable.

RECOMPENSAR EL COMPORTAMIENTO POSITIVO

Reconozca y refuerce el buen comportamiento con un sistema de recompensas, también en vacaciones. Podemos seguir una economía de fichas o conceder privilegios especiales, como jugar media hora más a su videojuego favorito o ir a ver una película al cine.
Planifique por lo menos un éxito al día. Asegúrese de que su hijo llegue hacer al menos una cosa en la que sea bueno, que le guste hacer o que sea sencillo para que pueda finalizarlo con éxito.

ACTIVIDADES AL AIRE LIBRE

Realizar juegos y deportes al aire libre contribuirá a que la impulsividad y la hiperactividad se canalicen. Además de quemar el exceso de energía, les ayudará a perfeccionar las habilidades motoras.
Montar en bicicleta, jugar al balón en el parque o tomar un helado son tiempos de relax necesarios para eliminar el estrés.

Las actividades veraniegas pueden ser oportunidades para el aprendizaje y el desarrollo de sus capacidades o para despertar la creatividad. Si buscamos juegos que nuestro hijo domine aumentará su motivación y su autoestima. De la misma manera, sirven para potenciar las habilidades sociales, fomentando la relación con sus pares, la aceptación de normas y roles, así como el desarrollo de la memoria y la atención. 

Para desarrollar las habilidades sociales debemos conversar mucho con nuestros hijos e hijas, haciendo hincapié en escuchar, esperar el turno para intervenir, pedir por favor y dar las gracias, saludar, pronunciar las palabras correctamente, formar frases bien estructuradas y aprender a relatar hechos y acontecimientos por orden y centrándonos en lo que se quiere transmitir.

OTROS JUEGOS

Los juegos de mesa. Ayudan a desarrollar diferentes habilidades cognitivas: centrarse mejor, manejar la frustración o aprender reglas y normas. La mayoría mejoran la planificación y el razonamiento y algunos incluso promueven la atención, la memoria, la organización, el pensamiento estratégico y la resolución de problemas: parchís, tres en raya, damas, ajedrez, Monopoly, Trivial, etc.

Los juegos de preguntas y respuestas ayudan a la adquisición de conocimientos y la atención. 

El Monopoly ayuda a potenciar el razonamiento, la planificación y la gestión de recursos, por ejemplo.

Juegos de atención y memoria. El juego “Memory” ayuda a entrenar la atención y la memoria, al tener que buscar dos imágenes iguales entre diferentes cartas. Otros juegos consisten en la búsqueda de personajes u objetos en un libro, potenciando la capacidad de atención, la discriminación y la memoria visual.

Los juegos de cartas. Existen numerosos juegos de cartas para todas las edades, y diferentes en función de los objetivos y la forma de jugar a ellos. Pese a que en todos ellos interviene el factor “suerte”, el niño puede desarrollar con ellos su capacidad de atención tanto en el propio juego como a la hora de conocer las normas.

Para los más pequeños. Estos juegos son más difíciles para los más pequeños, pues implican una capacidad de atención durante un periodo de tiempo más o menos largo y requieren planificación y estrategias. Para ellos/as, existen otros juegos que usan ilustraciones con atractivos colores, como algunos juegos de dominó. El “tres en raya” es también uno de los más apropiados para iniciarse en este tipo de actividades.

Otros juegos estimulantes para los más pequeños son los juegos de construcción y los de tipo Meccano, que potencian habilidades de planificación, razonamiento espacial, coordinación (ojo-mano), creatividad y desarrollo de imágenes mentales.

Más juegos de razonamiento y coordinación mano – ojo: entre los juegos de este tipo más populares se encuentran los juegos de enhebrar (se debe pasar un cordel por los diferentes agujeros de un dibujo) en los que se estimula la orientación espacial y la habilidad; los juegos de crear collares mediante el uso de bolitas u otras piezas (son útiles para trabajar la planificación, la visualización y la coordinación mano-ojo); los puzles (estimulan la coordinación mano – ojo al mismo tiempo que mejoran la planificación, la discriminación visual, el razonamiento y la atención); tangram y pentominos (rompecabezas de figuras geométricas que ayudan a la mejora de la percepción visual y la coordinación mano-ojo, entre otros).  Dibujar (animales, cuentos, momento familiar y paisajes) y colorear con distintos tipos de pintura (lápiz de color, cera, témpera). Recortar y punzar (revistas, fotos, papel de seda, cartulina, rollos de papel higiénico). Modelar plastilina, masa de pan y arcilla.

Juegos que estimulen las habilidades motoras: bicicleta, pelotas, comba y cuerda.

Juegos para el desarrollo de la inteligencia lingüística: estimulan el uso de la comunicación verbal, como es el caso de juguetes con voz, música o sonidos, karaokes, juguetes que representan vehículos, cuentos con textos e imágenes, instrumentos musicales…

Juguetes para desarrollar la inteligencia lógico-matemática: juguetes electrónicos con gráficos, juguetes de comparar, clasificar e identificar, brújulas, juegos matemáticos para el ordenador…

Juguetes de desarrollo de la inteligencia espacial: son aquellos que estimulan la capacidad de pensar en tres dimensiones, como los vehículos manejados por radio control, los gateadores, etc.

Juegos para potenciar la inteligencia física y corporal: Aquellos juegos en los que el niño mejora sus habilidades motrices, como el equilibrio físico o su destreza con las manos. Algunos juguetes de este tipo son los coches, triciclos, toboganes, balones, monopatines…

Juegos de inteligencia musical: Son útiles para estimular la percepción de sonidos y música, como es el caso de juguetes educativos electrónicos, juguetes musicales, cajas de música…

Estos son solamente algunos de los innumerables tipos de juegos que son aptos para la mejora de la inteligencia infantil y de las diferentes habilidades de los niños. Hay juguetes que tan solo desarrollan un tipo de inteligencia, si bien la mayoría son útiles para potenciar más de una. Se debe tener en cuenta que el juego elegido debe ser fácil de comprender, causar mucha curiosidad al niño, que promueva el diálogo y que sea muy atractivo.

LAS COLECCIONES

A todos los niños/as les encanta coleccionar cosas, y el verano es un buen momento para iniciar o continuar una colección de la naturaleza: conchas de la playa, piedrecitas del campo, chapas de botellas, fotos, dibujos, insectos, etc. La recolección de los diferentes elementos promueve el pensamiento organizativo y la discriminación.

OTRAS ACTIVIDADES PARA REALIZAR EN VACACIONES…

Inventar, dibujar y escribir poesías, cuentos, cartas a los amigos.
Adornar folios usando variados materiales.
Jugar a la 'cadena' de palabras. Ejemplo: a un grupo de tres o más niños, uno dice una palabra, el siguiente dice la palabra del anterior y añade otra, etc. Va abandonando el juego el niño que no consiga añadir palabras nuevas.
Jugar al ahorcado, al “Veo, veo””. Inventar frases de 3, 4, 5 o más palabras, jugar con los números sumando las cifras de las matrículas de los coches, etc.

UTILIZAR LA TECNOLOGÍA PARA ENTRETENER

Hay muchos tipos de programas informáticos concebidos para divertir y educar a nuestros hijos. Los hay de ciencias, de geografía, de rompecabezas, etc.

RECURSOS DE LA COMUNIDAD

Aproveche las oportunidades recreativas y educativas que ofrecen la mayoría de las ciudades: campamentos urbanos, grupos de teatro infantil, etc.

LOS DEBERES

Si el niño o la niña tienen que estudiar, es aconsejable que los deberes y el tiempo de estudio se realicen por la mañana, en las horas en las que el niño/a tiene más capacidad de atención y concentración, y dejar el resto del día libre para las actividades lúdicas.

POTENCIAR LA LECTURA

Todos sabemos lo importante que es para el desarrollo intelectual de los niños adquirir un buen hábito de lectura, pues les brinda la oportunidad de experimentar multitud de sensaciones y de desarrollan su imaginación. Puede que a nuestro hijo/a no le guste leer, o quizás es que no ha encontrado un libro que realmente le guste.  ¿Qué haces tú cuando un libro no te gusta? ¿Lo abandonas verdad? Es aconsejable no obligar a tu hijo a que termine de leer un libro si no le gusta. Así, evitaremos sentimientos negativos en él hacia la lectura.

Recuerda que el libro no es para ti, sino para tu hijo. Muchas veces sin querer le sugerimos libros que nos gustan a nosotros, pero hay que tener en cuenta sus propios intereses. Fíjate en las películas, los dibujos o los videojuegos que le gustan e intenta encontrar libros sobre temas similares: animales, astronomía, naturaleza etc. Dejemos que nuestro hijo/a elija los libros o cuentos a leer y pactemos con ellos el “tiempo de lectura”, durante la siesta o antes de ir a dormir, lo que les ayudará a aflojar el ritmo para conciliar el sueño.

Puedes acudir  con él a una biblioteca. Allí podrá ojear gran cantidad de libros y llevarse a casa el que elija. En el caso de que no le guste podrá devolverlo. Una vez que el niño haya descubierto qué tipo de libros le gustan, podéis entonces ojear las alternativas que os ofrecen las librerías, comprando el ejemplar y teniéndolo en casa para que pueda leerlo cuantas veces quiera.

Enséñale un libro y déjale que lo juzgue según su portada. Si tu hijo no se siente atraído por la portada, no lo presiones y pasa al siguiente que llame la atención desde el principio. Si en algún momento a tu hijo le gusta algún autor, no dudes en buscar más libros suyos pues muy probablemente también le gustarán.

Os copio unos consejos para motivar a nuestros hijos en la lectura, sacados de http://www.colegio-santagema.es/

Cómo hacer una lectura motivante en Infantil:

Lee el texto con tu hijo, invitándolo a participar de la lectura. Haz tonos de voces y sonidos variados de acuerdo con la trama y personajes del cuento. Invita a tu hijo a dramatizar la historia. Puedes inventar un final diferente para el cuento leído o sacar la moraleja del cuento y los valores trabajados en este.

Cómo hacer una lectura activa en Primaria:

Anímale a que lea el texto en voz alta bajo tu supervisión para  ayudarle a corregir la fluidez y entonación. Es esencial que al leer se cuiden mucho estos dos aspectos (5-10 minutos).
Proponle leer en voz baja para asegurarte de que la comprensión del texto ha sido adecuada (5-10 minutos).
Pídele que subraye las palabras desconocidas y apúntalas en un cuaderno (2 minutos).
Buscad las palabras en un diccionario y cread un glosario por capítulos/páginas (5-10 minutos).
Si fraccionáis el tiempo de lectura (dos capítulos si le cuesta trabajo), siguiendo estos pasos de no más de 10 minutos cada uno, seguro que se les hace más llevadero.

Este tipo de ejercicio de lectura activa no es convencional y requiere un esfuerzo mental por parte del niño y del adulto que lo supervisa pero es un método eficaz de verbalización y potencia el lenguaje oral de manera progresiva alcanzado resultados muy llamativos.

Como alternativa, puedes proponerle escuchar los libros: los audiolibros suponen una motivación para el lector pues ayudan a desatar la imaginación, visualizar las escenas, sentir las diferentes modulaciones de voz, etc.

Cómo promover la lectura en Secundaria:

Socializa la lectura: hay webs (goodreads) donde se pueden compartir opiniones y recibir recomendaciones sobre cualquier tipo de libro.

DORMIR LO SUFICIENTE

Es tentador dejar que los niños se acuesten más tarde en verano, pero recordemos que la falta de descanso conduce a la irritabilidad y a las rabietas en cualquier época del año.

FUENTES:

jueves, 31 de mayo de 2012

ORIENTACIONES PARA INTERVENIR ANTE LA HIPERACTIVIDAD: familia



¿Cómo pueden los padres definir reglas claras?
Para prevenir que el niño se meta en líos repetidamente y haya que explicarle una y otra vez las reglas (que, por supuesto, no obedece y encima se sorprenda cuando le castigan), es importante que primero comprenda bien las normas. Por ejemplo, si usted le pide “debes ser ordenado” como uno de los objetivos es posible que no lo entienda por lo que es mejor definir este objetivo claramente: “limpia el cuarto una vez por semana, recoge los juguetes antes de acostarte y báñate cada noche”. Esta regla es mucho más clara y no se puede interpretar de otra forma.
Además de explicarlas, conviene escribir las diferentes reglas, las consecuencias de no cumplirlas y los premios por cumplirlas. Ponga la lista en un sitio visible. Para niños pequeños ayudan los dibujos y los colores.
¿Cómo pueden los padres ayudar al niño a terminar una tarea dividiéndola en pasos más pequeños?
A estos niños les cuesta muchísimo acabar encargos, tareas y deberes escolares. Dividir la tarea en pequeños pasos les facilita que puedan hacer aprendizajes breves que su capacidad atencional pueda asumir. Las tareas cortas permiten que el niño no se canse, no caiga en la monotonía y no se distraiga. Para las tareas de la casa que tienen varios pasos es buena idea escribirlos.
Por ejemplo: recoger la mesa es:
  1. Vaciar los platos en la basura
  2. Vaciar los vasos en el fregadero
  3. Colocar los platos, vasos y cubiertos en el lavavajillas
  4. Poner jabón en el lavavajillas y encenderlo
  5. Limpiar las migas de la mesa
  6. Barrer el suelo
  7. Guardar el mantel y las servilletas
Otra tarea más sencilla seria tirar la basura:
  1. Cerrar la bolsa
  2. Bajar la bolsa al contenedor
  3. Limpiar el cubo si se ha ensuciado
  4. Poner una bolsa nueva en el cubo
  5. Guardar las bolsas sin usar en su sitio.
Parece sencillo, pero el niño puede creer que “ha tirado la basura” si ha bajado la bolsa abierta al contenedor, dejando restos por la cocina y sin poner una bolsa limpia. Se pueden hacer tarjetas para las diferentes tareas como limpiar el cuarto, preparar la cartera y la ropa la noche anterior, hacer la cama, echar la ropa sucia al cesto, ir a por el pan, prepararse por la mañana para ir al colegio (levantarse, lavarse, vestirse, desayunar, lavarse los dientes, coger la cartera, coger el bocadillo, etc).
¿Cómo pueden los padres aumentar la estructura y el orden de la casa?
Hay que buscarle un sitio a cada cosa. Por ejemplo, para ordenar los juguetes ponga etiquetas o dibujo de cada cosa en las cajas donde vaya a guardarlos. Nada más acabar de jugar el niño deberá ordenar los juguetes. Para facilitar la rutina de la mañana tenga un lugar definido para el abrigo, la cartera, los zapatos, la bolsa de gimnasia, el bocadillo, etc. La noche anterior asegúrese de que el niño coloca todo el material en la cartera y deja cada cosa en su sitio; así evitará prisas, olvidos y enfados por la mañana. Se pueden utilizar relojes o cronómetros (como los que se usan en la cocina) para marcarle el tiempo. Por ejemplo, si faltan 20 minutos para acostarse, ponga el reloj con alarma para que suene en 20 minutos, y evitaremos el “venga, que ya ha pasado media hora”.
¿Cómo pueden los padres establecer rutinas estables y predecibles para estructurar el tiempo?
Las rutinas ayudan a estructurar el día y producen seguridad en el niño. Si él sabe lo que va a pasar no le sorprenderán las cosas y estará preparado. Casi todos los colegios hacen que el niño escriba su horario de clases. De la misma forma, podemos escribir un horario de actividades, tiempos de estudio, tareas y ocio después del colegio, que incluya las tareas extraescolares y también lo que se planea hacer el fin de semana. El horario debe estar en un sitio visible y, si hay que hacer algún cambio, se avisa al niño con tiempo suficiente y se le recuerda alguna vez. Los horarios de cenar, irse a dormir, etc, deben ser bastante estables y no hacer cambios arbitrarios o por sorpresa.
¿Cómo pueden los padres eliminar ruidos y distracciones?
Cuando el niños está (por fin) haciendo algo concreto, como uno de sus encargos (siguiendo los escritos de las tarjetas) o sus deberes escolares, es fácil que se distraiga con cualquier ruido como la TV, el teléfono o el tráfico de la calle, por lo que hay que evitar que haya cualquier tipo de distracción a su alrededor. Pregúntele al niño dónde cree que se concentrará mejor. A lo mejor usted cree que un sitio aislado y muy silencioso será el mejor, pero el niño trabaja mejor en un sitio tranquilo pero no alejado, donde usted pueda supervisarle de vez en cuando.
¿Cómo pueden los padres modificar la conducta del niño?
Para modificar la conducta de su hijo debe:
  • Definir el problema de forma positiva. Definir claramente los comportamientos deseados sin mencionar el problema. Por ejemplo, en vez de reñirle por moverse, intente que esté sentado toda la cena; en vez de eliminar el desorden, intente que deje el material escolar en su sitio.
  • Establecer metas razonables. Seguramente es demasiado pedir que su hijo permanezca sentado toda la cena todas las veces, por lo que es mejor empezar por periodo de 5 minutos, luego 6, luego 7, etc. Para preparar las cosas para el colegio, empiece por el abrigo y la cartera, luego añada el bocadillo, luego la bolsa de gimnasia...
  • Avanzar poco a poco. Felicite a menudo a su hijo por obtener metas intermedias, haga comentarios específicos ("qué bien que has estado sentado"), evitando generalizaciones ("qué bueno has sido"), o “elogios negativos” ("ya era hora de que lo hicieras bien").
¿Cómo pueden los padres motivar al niño?
La mejor manera es utilizar un sistema de puntos, dándole puntos, estrellas o fichas cuando consiga alcanzar un objetivo marcado. Cada 5 puntos se pueden canjear por algo concreto (como ir al parque, unos cromos, leerle un cuento). Un punto por ordenar el cuarto y dos por hacerlo sin que se lo digan. Haga una lista de cómo se pueden ganar los puntos y por qué se pueden cambiar.
¿Cómo pueden los padres aumentar la disciplina?
Los padres deben hacer que el niño “sufra las consecuencias” de saltarse las normas inmediatamente o se le olvidará. No sirve de nada perder energía riñéndole ahora si lo que hizo mal ocurrió hace mucho tiempo, porque no conectará la acción con la consecuencia. Cuando el niño se está saltando una norma, hay que recordarle que lo está haciendo y que vamos a contar hasta tres y si no deja de hacer lo que está haciendo, lo pondremos en tiempo fuera (un lugar sin estímulos, durante unos minutos). Al contar levantamos los dedos: uno, dos y... tres (se puede contar despacio, pero no cuente hasta cuatro). Mientras contamos le damos tiempo para que asimile lo que estamos pidiendo y actúe. Hay veces que le pondremos en tiempo fuera por infracciones graves sin contar hasta tres.
¿Cómo pueden los padres ayudar al niño a obedecer mejor?
Cuando se manda algo al niño hay que seguir unos pasos:
  1. Es imprescindible que el niño conozca las normas y que éstas sean claras y concisas. No son buenas normas “portarse bien” o “ser bueno”, es mejor “no pegar”, “no gritar”, “no insultar”, ”recoger los platos después de cenar”, etc.
  2. Es importante que sepa qué va a pasar si las normas no se cumplen.
  3. Ayuda si se le recuerda o avisa con antelación: “acuérdate de que se acerca la hora de acostarte”, “¿Qué se te he pedido que hagas?”.
  4. Ayuda si repetimos la orden, pero sin tono de hastío o aburrimiento.
  5. Si no obedece, hay que llevarle a donde tenga que hacer lo que se le pide: llevarle de la mano a su cuarto para recoger los juguetes.
  6. Es bueno ayudarle, por ejemplo, echarle una mano (pero que no seamos nosotros los que lo hagamos; que sea él).
  7. Finalmente es fundamental alabarle y animarle mientras lo esté haciendo ("qué bien te está saliendo; anda, venga, que acabamos enseguida") y cuando haya terminado (“ya verás qué orgullosos se pone papá/mamá cuando vea lo bien que lo has hecho”, “qué niño más obediente”).
  8. NUNCA, NUNCA, NUNCA debemos hablarle con sarcasmo (“ya era hora de que lo hicieras”, “a buenas horas lo haces, para eso mejor no hacerlo”, “encima te voy a dar un premio por hacerlo una vez y no hacerlo treinta...).
¿Cómo se pone al niño en “tiempo fuera”?
Si hay que castigarle, se le sienta en una silla en un sitio tranquilo y aburrido ( el pasillo) pero no aislado. El niño debe permanecer sentado tantos minutos (cronometrados), tantos como años tenga. Tiene que quedarse sentado y callado. Cuando suene el reloj de la alarma le pediremos que nos diga por qué le hemos castigado. Luego hay que decirle que ha hecho muy bien el tiempo fuera. El tiempo fuera es una consecuencia que obtiene el niño de una situación problemática y se puede hacer en casa o fuera de casa. Si se aplica inmediatamente puede enseñarle al niño a predecir qué comportamientos producirán consecuencias negativas y aprenderá a obedecer antes del tiempo fuera, cuando contemos hasta tres. Para evitar estar siempre riñendo, debemos intentar prestar “atención positiva” a nuestro hijo e ignorar las conductas inadecuadas menos relevantes.
¿Cómo pueden los padres prestar “atención positiva” a su hijo?
Para niños menores de 9 años elijamos unos 10 o 20 minutos cada día que serán su “tiempo especial” con nosotros. Debemos pasar ese tiempo exclusivamente con nuestro hijo, sin que haya otros niños.  Podemos jugar con él, interesándonos por lo que hace. No intentemos dirigir ni controlar la actividad, simplemente debemos relajarnos y pasarlo bien intentando entender lo que hace. Tras unos minutos observando, describiremos en voz alta algunas de las cosas que hace para mostrar nuestro interés: “así que estás jugando con los coches en el garaje, y los estás lavando porque van a ir a una carrera”, pero no hagamos preguntas, excepto si no entendemos lo que hace.Para niños mayores de 9 años simplemente podemos pasar un rato con nuestro hijo, hablando e interesándonos por él.
Diremos a veces una frase de admiración que lo anime y que le demuestre nuestro cariño o que valoramos su comportamiento adecuado: “pero qué bien lo haces, me gusta mucho cuando juegas así en silencio”. Si no podemos decir nada, démosle un abrazo, una caricia, una sonrisa, un guiño... Si el niño empieza a portarse mal, intentemos ignorarlo mirando a otro lado, pero si sigue, debemos decirle que no hoy no vamos a jugar más con él porque se está portando mal y entonces, nos levantaremos y saldremos de la habitación.

OTRAS ORIENTACIONES PARA REDUCIR LA HIPERACTIVIDAD
Actuaciones de los padres
  • Si pretendemos ayudar al niño “hiperactivo” a aprender a atender y a concentrarse, necesitamos conocer cuales son sus intereses, utilizándolos como base del aprendizaje asociado. Si el niño está interesado en los dinosaurios, por ejemplo, se le pueden asignar ejercicios de lectura, aritmética, etc. utilizando directamente estos intereses: pueden ser el tema de las lecturas, se pueden montar historias, desarrollar el vocabulario, contar o clasificar, con los dinosaurios como protagonistas. Estos intereses deberían emplearse también para recompensar al niño al atender y completar tareas en casa, por ejemplo,” cuando termines las tareas puedes ir a jugar con tus muñecos “.
  • Ayudar al niño a desarrollar su autoconfianza: reconocer sus progresos y ejecuciones por lentas o limitadas que éstas sean. Exija logros graduales (unos momentos en los que consiga permanecer sentado,  estar atento...)
  • Ofrecerle demostraciones de cariño y aceptación a través de frecuentes caricias, zalamerías, cosquillas, besos. El niño con TDAH necesita gran cantidad de contacto físico y afecto paterno/materno. Utilice esas demostraciones como refuerzo cada vez que se aproxime a la conducta contraria que se pretende modificar: permanecer más tiempo sentado; estar quieto, reposado; escuchar, seguir instrucciones.
  • Debemos sorprender al niño “siendo bueno “o haciendo alguna cosa deseable, tan frecuentemente como sea posible, y recompensarle con un refuerzo positivo (una alabanza, sonrisa, etc.)
  • Debemos utilice la atención adecuadamente: sólo recibirá atención cuando esté tranquilo, quieto, atento, pero no cuando haga lo contrario porque entonces estamos reforzando la conducta inadecuada. Debemos evitar la excesiva exaltación emocional.
  • El niño no debe recibir excesivas instrucciones: ¡no te levantes, estate quieto y no molestes! Las instrucciones serán simples, concisas y concretas y se las diremos de una en una. Debemos explicarle claramente lo que debe hacer y qué obtiene a cambio. Usemos gestos con él u otras claves para recordar las normas.
  • Implicar al niño en el establecimiento de reglas, esparcimientos y otras actividades personales y familiares.
  • Decir al niño cuándo se porta mal y explicarle lo que sentimos acerca de su conducta; después debemos proponerle y enseñarle otras formas de conducta más aceptables.
  • Poner en práctica ejercicios de relajación, reducción de la tensión, la inhibición muscular o el desarrollo de la atención y concentración (técnica de entrenamiento conductual cognitivo).
  • Ser estable y perseverante con la aplicación de las técnicas y de las normas. Lleva tiempo reducir la conducta hiperactiva. 
  • Procurar darle un lugar para trabajar o estudiar sin interrupciones y de esta forma fomentar la capacidad del niño para concentrarse en lo que está haciendo, reduciendo, en todo lo que sea posible, los estímulos perturbadores de su entorno.
  • Como padres es preciso ser estables con nuestra propia conducta. Recordar que cada vez que cambiamos nuestra reacción conductual ante el niño le confundimos acerca de lo que nosotros esperamos o cómo deseamos que actúe.
FUENTE: