TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

miércoles, 16 de mayo de 2012

¿QUÉ TAL FUNCIONA TU ATENCIÓN SELECTIVA?

Existen diferentes tipos de atención que responden a circuitos cerebrales diferentes. Los más importantes son los encargados de la fase de alerta, de la atención selectiva, de la atención continua o sostenida y de la atención dividida. Estas funciones atencionales están afectadas por el TDAH.
Una de ellas, la atención selectiva, es el filtro que evita la sobrecarga mental, ya que nuestro cerebro recibe el equivalente a un millón de bits de información por segundo. La atención selectiva “selecciona”  y deja que “sólo pase” la información que consideramos relevante, al tiempo que ignora lo que no es importante para la situación/actividad que estamos realizando.
La atención selectiva se encuentra afectada en las personas con TDAH, por lo que su cerebro es como un caleidoscopio de datos incompletos e irrelevantes que entran y salen rápidamente, procedente de muchas fuentes a la vez.
¿Cómo funciona tu atención selectiva?
En esta actividad se pide que contéis cuántos pases realizan los jugadores del equipo vestido de BLANCO.
Os recomiendo seguir el ejercicio hasta el final: el resultado es muy revelador. 


¿Cuántos pases has contado?
Ahora, cuenta los pases de las personas vestidas de negro…
FUENTE

viernes, 11 de mayo de 2012

Programa TV "Tesis" (Canal Sur 2)




Las siglas TDAH resumen un síndrome neuroconductual muy frecuente, que afecta a entre un 5-7% de la población y que está asociado a multitud de clichés: el trastorno por déficit de atención e hiperactividad ha estado durante años en la base de la marginación escolar y social de niños a los que el desconocimiento tachaba de maleducados e indolentes. Las investigaciones científicas han constatado la raíz biológica del TDAH, aportando evidencias genéticas, neuroanatómicas y electrofisiológicas que, además, han descargado a los padres del doloroso y, ahora sabemos, infundado sentimiento de incompetencia que arrastraban.
El programa "Tesis", de Canal Sur 2, ha contado en este reportaje con el catedrático de psicología de la Universidad de Sevilla Carlos Mª Gómez y la psicóloga Amparo Alcalá, para ayudarnos a comprender los mecanismos biológicos y conductuales que explican el TDAH. También hemos conocido a Mario, de ocho años, y Javi, de diecisiete, afectados por este trastorno y cuyos casos ponen de manifiesto la importancia que un tratamiento adecuado y un entorno comprensivo y paciente tienen en el desarrollo óptimo de un chico con TDAH.
FUENTE:

martes, 8 de mayo de 2012

TDAH: ORIENTACIONES PSICOEDUCATIVAS PARA PADRES



Ambiente familiar
La familia debe aceptar a su hijo tal y como es, siendo deseable un clima afectivo, con una valoración frecuente de las cualidades del niño, pero también estable en las normas y en las consecuencias de su conducta.
Resulta aconsejable que los padres actúen armónica y coordinadamente en la educación de su hijo evitando contradicciones entre ellos, así como desacreditarse o culpabilizarse mutuamente. Se debe actuar con responsabilidad, apoyándose mutuamente, recordando que la educación de un hijo con TDAH es una tarea compartida y en ocasiones suficientemente complicada, como para estar continuamente valorando quién es el responsable de su educación o las cosas que el otro miembro de la pareja hace mal. Los desacuerdos deben ser resueltos de forma privada, recordando que el objetivo de ambos padres es el mismo: una educación que favorezca el desarrollo óptimo del niño.
Con niños inquietos es recomendable un ambiente ordenado y organizado, con horarios y rutinas para comer, dormir, hacer los deberes, implicarse en la asignación de determinadas tareas domésticas, etc. Todo ello les da seguridad y estructura y los niños con TDAH necesitan que las cosas sean predecibles. Igualmente, deben establecerse momentos y lugares, con horarios determinados donde el niño pueda moverse con libertad, e incluso ruidosamente. Debemos enseñar al niño a que discrimine en qué lugares y momentos está permitido moverse o jugar más libremente y en qué sitios es menos adecuado.
Un elemento básico la planificación ambiental, anticipándonos a situaciones de riesgo para el mal comportamiento. Para ello, debemos informarle de las normas y las consecuencias de su conducta cuando lleguemos a lugares donde anticipamos problemas; para prevenirlos se aconseja llevar unos lápices para dibujar si hacemos un viaje muy largo, despertarlo más temprano para lavarse y vestirse si es un poco lento, preparar la mochila del colegio la noche anterior en vez de hacerlo con prisas por la mañana, realizar los deberes antes de ver los dibujos animados en vez de a la inversa, etc.
Modelado
Los padres suelen ser modelos a los que el niño imita y admira, por lo que es recomendable dar una imagen adecuada (aunque muchos de los padres de estos niños tienen también TDAH, no favoreciendo el modelado de conductas adecuadas). Los niños aprenden más de lo que observan en nuestros propios actos que de aquellas cosas que les decimos deben hacer. Es deseable realizar con corrección lo que le solicitamos a nuestro hijo pues, de lo contrario, no lo entenderá y es posible que copie nuestra mala conducta. Así pues, si le pedimos que baje la voz, no debemos gritar, si le pedimos un pensamiento reflexivo sería deseable que lo observara en nosotros o si le solicitamos que no pegue a otros niños, no debemos pegarle.
Cuando nuestro hijo está especialmente activo es conveniente intentar mantener un ambiente calmado y utilizar un tono de voz adecuado, pausado, sereno y sin crispación cuando le pedimos que cumpla alguna norma. Esta actitud favorece la imitación y no excluye el ser firme ante la petición de una conducta adecuada.
Nuestra influencia como modelos funciona sobre el aprendizaje de conductas en nuestro hijo, aunque no de forma tan intensa como puede suceder en niños sin TDAH.
Estímulo-conducta
Para promover las conductas positivas debemos utilizar la recompensa o el refuerzo. Estos deberán ser variados para que no pierdan su fuerza, siendo el reconocimiento de carácter social el más fácil de administrar y el que siempre debe acompañar a un programa de refuerzos para fortalecer una conducta. Ejemplos de refuerzo social son frases como: “¡qué bien lo haces tú solo!”, “cómo se nota que estás creciendo”, “da gusto estar contigo”. Otras veces puede ser suficiente una sonrisa de aprobación, un beso, atención o una palmada en la espalda.
También debemos considerar que con frecuencia prestamos atención a conductas negativas y no lo hacemos con las positivas; así, es verdad que prestamos atención cuando interrumpe o molesta y no cuando juega tranquilamente. Con ello, conseguimos que el niño sepa que es objeto de atención sólo cuando realiza las conductas inadecuadas y las repetirá siempre que pueda. Lo mejor es el ignorar la conducta negativa encaminada a llamar la atención y fomentar las conductas adecuadas. Debemos estar atentos para detectar y elogiar los progresos y los pequeños avances y su esfuerzo por mejorar tanto la conducta como otras áreas de su vida. De esta manera, su autoestima mejorará.
Cuando un niño tiene una conducta problemática, el castigo en sí mismo no suele ser la mejor alternativa, siendo preferible el refuerzo de las conductas adecuadas. Es más eficaz felicitar a un niño por tener su cuarto organizado o tratar bien a su hermano, que castigarlo por tenerlo desorganizado o pegar a su hermano.
Como muchas veces puede no resultar sencillo premiar de forma inmediata la buena conducta. En estos casos, podemos utilizar un registro de la misma, en el que cada comportamiento adecuado tiene un valor en forma de puntos (los puntos son como el dinero, canjeables por determinados premios). Cuando se obtengan suficientes puntos se entrega la recompensa de manera inmediata. Por ejemplo, si tenemos como objetivo que el niño sea capaz de jugar con su hermano sin pelearse, podemos registrar si consigue o no un juego cooperativo y puntuarlo con dos puntos si el resultado es bueno, con uno si es regular y con cero puntos si es malo. A continuación cuando consigan un número determinado de puntos pactado previamente, ambos hermanos pueden obtener un premio acordado por los dos, como ir al zoo, al cine, invitar a los amigos, etc. En estas situaciones, se establece un listado de recompensas con los puntos necesarios para conseguirlas. Es importante que los premios se entreguen cuando se consigan los puntos, que las recompensas no se puedan obtener de ninguna otra manera y que sean deseadas por el niño (ver una película, merendar con un amigo, cromos, etc.). En algunas ocasiones también podemos utilizar como recompensas actividades que se conseguían a cambio de nada, como ver determinados programas de televisión.
Resulta importante graduar el esfuerzo por conseguir el premio: en un principio se debe poder obtener con facilidad, posteriormente con más esfuerzo y, finalmente, cuando se consigue casi siempre, cambiaremos la conducta objetivo para conseguir los puntos o recompensas.
En ocasiones, la conducta final debe ser dividida en procesos más pequeños y por ello es útil reforzar esos pasos intermedios. Por ejemplo, si el objetivo es obtener resultados académicos adecuados, podemos premiar procesos intermedios como hacer las tareas, tener las cosas preparadas en la mesa antes de empezar la tarea, etc.
Los registros de conducta unidos a los sistemas de puntos son una forma efectiva de prestar atención a las conductas deseables incompatibles con la conducta que se quiere cambiar, siendo muy motivador para el niño que se siente observado por la conducta adecuada y no por la negativa, como solía ser habitual.
Estos registros no deben utilizarse como un instrumento disciplinario, sino como un instrumento que genera información y ánimo.
Si hay un premio o refuerzo material, debe acompañarse de refuerzo social. Con el tiempo, eliminaremos el refuerzo material, quedando sólo el social.
Por diversos motivos, como pudiera ser la dificultad de atención, algunos niños no tienen claro lo que es una conducta correcta. Son niños a los que hemos corregido muchas veces en aquello que hacen mal, pero no les hemos dicho cómo hacerlo adecuadamente.
Es recomendable enseñarles lo que es una conducta adecuada en diversas situaciones (enseñarles a comunicarse, a esperar, a reflexionar sobre las consecuencias de las acciones...). La instrucción sobre el modo de comportarse es necesaria y puede ser ejercitada mediante el ensayo de roles o representación del comportamiento. Ensayar, a modo de pequeño teatro, el propio papel o el de los demás, suele ser muy instructivo, potencia las habilidades sociales si se hace correctamente y desarrolla la capacidad para ir apreciando otras perspectivas.
Normas
En casos de TDAH es recomendable que las normas sean pocas, claras, bien definidas y repetidas. Las normas deben aplicarse sistemáticamente, con tranquilidad, asegurándose de que el niño está atendiendo, evitando dar varias órdenes simultáneamente y adaptándose a las posibilidades del niño (castigar a un niño con TDAH por ser muy activo o inatento, es como hacerlo por la tos a una persona con gripe).
Las instrucciones deben ser concretas y expresadas como afirmación (“recoge el libro de tu cuarto”) más que como petición o favor (“¿quieres recoger el libro de tu cuarto?”).
El niño con TDAH es difícil de llevar si no se tienen unos límites educativos claros y consistentes, que deben ser aplicados en el momento adecuado, sin descontrol emocional Por ejemplo: si está viendo la televisión y deseamos que venga a cenar, no debemos esperar a llamarle diez veces de manera  crispada para hacerle cumplir lo solicitado, sino acercarnos tras la primera llamada, comunicárselo y apagar la televisión. Si nos encontramos muy alterados puede ser mejor no actuar y posponer lo que pensamos decirle hasta un momento más adecuado (“hablaremos de ello más tarde”) o sencillamente ignorar la conducta en ese momento.
Según nuestro criterio las normas o límites pueden incluir las siguientes características:
1. Ser avisadas de antemano. El niño debe conocer las reglas de la convivencia. Hasta dónde puede y no puede llegar.
2. Deberá ser consciente de las consecuencias que puede traerle la conducta inapropiada.
Las consecuencias no serán castigos físicos, sino privación de elementos agradables para él (ejemplo: privación de un programa de televisión o de la propina, aislamiento durante un periodo breve de tiempo en un lugar tranquilo destinado a reflexionar sobre su conducta, dejar de salir a la calle, pérdida de privilegios, etc.).
El castigo deberá ser limitado en el tiempo, que se pueda cumplir y proporcional a la conducta inadecuada (ejemplo: no sería proporcional, ni limitado en el tiempo el castigarlo sin salir durante un mes y además resultaría una imposición difícil de cumplir).
3. La aplicación de la norma, una vez que estemos seguros de que atiende y la entiende, deberá establecerse tras un breve período, en el que el niño tenga opción de corregirse, antes de recibir el castigo o la consecuencia (ejemplo: “ te dije que deberías tener recogida tu habitación a las diez y ya ha pasado la hora; dentro de quince minutos volveré para observar cómo está y si no está ordenada dejarás de ver tu programa favorito”).
4. El castigo o la consecuencia deberá ser aplicado, si es posible, de manera inmediata tras la mala conducta. Lo anunciaremos de forma breve (no entrar en discusiones sobre las normas), clara y firme, sin sermones, ni voces.
5. Deberá explicársele “breve y calmadamente” al niño el porqué de ese castigo (una sola vez por aplicación del castigo) y aplicarlo sistemáticamente cuando ocurre la conducta incorrecta. No resulta de utilidad el aplicarlo de forma inconsistente o dependiendo del humor en el que nos encontremos.
Finalmente debemos ser conscientes de que no podemos tener a nuestro hijo eternamente castigado y que suele ser de mayor utilidad el fomentar la conducta positiva mediante el modelado y los sistemas de refuerzo anteriormente expuestos. Cuando reforzamos la conducta deseable existe más probabilidad de que se mantenga o incremente, que cuando castigamos la conducta contraria indeseable.
Recomendamos seguir la regla, no necesariamente matemática sino conceptual, de decirle tres felicitaciones por cada recriminación.
Autonomía y autoestima
En muchas ocasiones son niños inmaduros, dependientes y con deficiencias en el auto cuidado, lo que suele hacer necesario el estímulo de conductas autónomas y responsables. Es importante estimular la autonomía del niño mediante el desempeño de actividades apropiadas a su edad (recoger su cuarto, vestirse...) y adjudicarle responsabilidades domésticas aludiendo a la confianza que tenemos en él (ejemplo: “te pido que vayas al comercio para hacer esta compra porque confío en ti...”, “eres un mozo y cada vez confío más en ti para hacer...”).
También resulta necesario reforzar su autoestima mediante la valoración de sus logros (“esta idea es muy buena”, “cada vez escribes mejor”, “eres un genio”, “sigue contándome esa idea”...) y proporcionarle metas que pueda alcanzar, para tener ocasión de felicitarle por ello. Este aspecto es crucial, pues estos niños suelen tener un amplio historial de recriminaciones que suelen minar la valoración que tienen de sí mismos.
Debemos eliminar las etiquetas negativas del tipo “hijo mío, eres tonto”, “eres un vago”, “eres insoportable”, “todo lo rompes”, “no hay quien te aguante”; que deben ser sustituidas por comentarios centrados en la conducta, separando la persona del acto. Ejemplo: si el niño ha tirado objetos de la mesa, un comentario centrado en la conducta sería “recoge los objetos del suelo”; mientras que la frase “eres un desastre”, es un comentario global que califica a la persona, devalúa, no separa a la persona del acto y además es falso, ya que tirar objetos no significa ser un desastre, al igual que hacer una tontería no significa ser tonto.
Debemos resaltar los aspectos positivos de su conducta sin sobreprotegerle, ni disculparle por lo que hizo mal. Por ejemplo: “has cometido un error, pero no pasa nada, puedes aprender de él y corregirlo”. Debemos  ayudarle a evaluar su conducta, interpretar adecuadamente lo que sucede y a aceptar sus limitaciones. Algunos niños con TDAH tienen dificultades a la hora de autoevaluarse, siendo frecuente que atribuyan sus fracasos o mal comportamiento a factores externos (“saco malas notas porque el profesor me tiene manía”), sin asumir su parte de responsabilidad (“he dedicado poco tiempo al estudio”,  “tengo poca base”, “el modo de estudio no fue el adecuado”). El reconocimiento de cierta parte de responsabilidad en la conducta es un requisito previo para su modificación, pero debemos tener cuidado en la manera de manejar esta situación, que frecuentemente es utilizada por el niño para mantener la autoestima atribuyendo los malos resultados a otras causas ajenas. Podemos ayudar al niño a hacer una valoración más objetiva de sus errores, sin hacerle sentirse infravalorado o culpable (“vales mucho y eres listo, pero este resultado significa que  necesitas más tiempo de trabajo. Vamos a hacerlo de esta manera y verás...”).
Debemos fomentar expectativas positivas y ajustadas a la singularidad del niño, así como estimular una buena imagen de sí mismo. Ejemplo correcto: cuando apreciemos un cambio positivo de conducta o aprendizaje, debemos elogiarle personal y públicamente “te has fijado cómo ha cambiado”. Ejemplo incorrecto: cuando mantenemos la expectativa de que el cambio es temporal: “vamos a ver cuánto le dura”, Ayudar a generar una buena autoestima ajustada a su realidad particular es muy importante para su estabilidad emocional y puede incidir en el desarrollo de una conducta adecuada. Con frecuencia son niños poco comprendidos, criticados y muy devaluados. Esta situación tiene como consecuencia una baja autoestima o a una autoestima falsamente inflada. Es por ello que debemos ayudarles a desarrollar un autoconcepto positivo.
Saber esperar
Resulta de utilidad enseñar a esperar a los niños con TDAH. Mediante las instrucciones adecuadas, explicaremos que cuando desee algo y estemos ocupados debe decir las palabras mágicas: “¿puedes atenderme?”. En un principio lo atenderemos lo antes posible reforzando que nos diga esas palabras. Luego le haremos esperar progresivamente un poco más (“un momento, enseguida estoy contigo”) y le elogiaremos por saber esperar (“da gusto observar cómo estás creciendo y sabes esperar”).
Cuando no sepa esperar no le prestaremos atención. También le ayudamos a saber esperar cuando le enseñamos a aplazar la gratificación: “antes de salir a la calle ordenamos en cinco minutos la habitación”, “primero haces los deberes y luego ves la televisión”. Cuando lo consigue le felicitamos por ello y en caso contrario no obtiene la recompensa anunciada.
Atención
En niños con dificultades de atención, resulta necesario incrementar conductas que la fomenten, como pudieran ser las siguientes:
  • Tener preparado el material antes de comenzar la tarea. Ayudar al niño a describir todo aquello que será necesario antes de iniciar la actividad.
  • Realizar tareas cortas (segmentadas si es necesario), estructuradas, motivadoras, reforzando cuando las termina. En un principio, tareas supervisadas, variadas y con estímulo por el esfuerzo en su realización, con independencia del éxito en el resultado final.
  • La orientación que le aportaremos será breve, asegurando su atención (manteniendo contacto visual) y ocasionalmente solicitando repetición.
  • Estudiar en un lugar tranquilo, sin elementos que favorezcan la distracción como ruidos, televisión, radio…
  • Utilizar periodos de descanso suficientes, para fortalecer una atención más concentrada.
  • Cambiar de actividad cuando el cansancio y disminución de la atención es evidente.
  • Comenzar por periodos cortos y supervisados de actividad académica, incrementando lenta y progresivamente el tiempo de actividad personalizada.
  • Utilizar técnicas de estudio adecuadas.
Enseñar a pensar
Las personas tenemos un lenguaje interno (“lo estoy haciendo bien”, “tengo que hacerlo de esta manera...”, “pensaré despacio antes de responder…”) que regula nuestra conducta y organiza nuestro pensamiento. Los niños con TDAH también tienen este lenguaje interno, pero no son tan hábiles en su utilización como para que pueda servirles de guía para actuar de forma reflexiva.
Las autoinstrucciones y resolución de problemas ayudan en este proceso. El entrenamiento en resolución de problemas estaría destinado a enseñar habilidades para identificar y definir los componentes de un problema, seleccionar estrategias/alternativas de actuación ante el mismo, prever las consecuencias de las mismas, tomar una decisión y valorar si resultó ser la más adecuada.
Resulta útil enseñar a los niños con TDAH a reflexionar sobre su conducta social o académica, así como sobre la de los demás (ejemplo: “Cómo podemos resolver…”, “qué podemos hacer para…”, “sabes por qué se enfadó ese niño…”, “te has dado cuenta de lo que hiciste…”, “qué pensabas cuando…”. Son preguntas que pueden ayudar a esta reflexión).
Relación con los compañeros
El comportamiento inmaduro de algunos niños con TDAH, su impulsividad y dificultad para empatizar y ponerse en el lugar del otro, dificulta en gran medida su interacción social. Sea cual fuere el origen, el rechazo que perciben puede hacerles sufrir mucho.
Existen algunas medidas que pueden colaborar en mejorar la relación social:
  • Favorecer el contacto controlado con otros niños, invitando a algún compañero a casa y estructurando/supervisando el juego.
  • Integrarle en actividades grupales organizadas y estructuradas de la comunidad, con la supervisión de un adulto.
  • Darle responsabilidades controladas en el ambiente de clase puede contribuir a que los demás niños tengan una visión más positiva sobre él y mayor aceptación.
  • Educarle con límites educativos claros puede contribuir a incrementar la resistencia a la frustración y favorecer una mejor comprensión de las reglas del juego y la interacción social.
  • Fomentar el análisis reflexivo de las situaciones conflictivas y favorecer la empatía (capacidad de ponerse en la piel del otro). Ej.: “¿cómo piensas que se ha sentido?”, “¿cómo te has sentido tú?”, “¿cómo sucedió?” (sin entrar directamente en el “¡qué hiciste!”).
  • Ayudarle en la dinámica de la resolución de conflictos e incremento de habilidades sociales, mediante la ayuda de un profesional.
Suele ser necesario ensayar en situaciones simuladas cómo comenzar una relación, cómo mantener una conversación, compartir con los demás, hacer y recibir cumplidos, ofrecer colaboración, saber pedir favores o manejar una discusión. Muchas veces, el problema puede que no sea el conocimiento de la habilidad, sino que fracase en inhibir impulsos, decir algo inoportuno o en ponerse en el lugar del otro.
Grupo familiar
Es frecuente que la temática del TDAH se asocie a una relación familiar excesivamente centrada en la persona que lo padece y su problemática, con olvido de necesidades básicas de algunos de sus miembros y deterioro de la dinámica familiar. Es necesario prestar atención a la familia considerada globalmente, a su dinámica y a las necesidades de sus integrantes.
Los padres también tiene derecho a tener buenas sensaciones y a cuidarse y naturalmente también existen los hermanos. Por las características de los niños con TDAH, en ocasiones, los hermanos reciben menos atención/afecto. Todo ello puede generar resentimiento y debemos darnos cuenta de la necesidad de que los otros hijos reciban atención positiva, afecto y la oportunidad de expresar sus preocupaciones, problemas y temores sobre lo que sucede.
La familia es algo más que la suma de los miembros enumerados previamente y, por ello, debemos atender al sistema de relaciones familiares que condicionan la interacción de sus componentes. Un buen asesoramiento profesional pudiera estar indicado en este apartado.
El TDAH adolescente
Muchas de las orientaciones previas son válidas para el adolescente con TDAH y otras deberán ser ajustadas. A continuación reflejamos algunas orientaciones básicas:
  • La ayuda de un profesional suele ser más necesaria en este periodo vital.
  • Infórmese de las peculiaridades de esta época de la vida y procure entenderlas.
  • La relación con el adolescente necesita una actitud más democrática que en épocas previas.
  • Las normas en el entorno doméstico, social y escolar siguen siendo muy necesarias, pero necesitan de mayor consenso.
  • Las expectativas respecto a la conducta de su hijo deberán ser realistas, pues si exige perfección y obediencia absoluta es probable que se sienta decepcionado.
  • Procure mantener abiertos los canales de comunicación y permita la expresión emocional de su hijo.
  • Procure no atribuir una intención demasiado personal a lo que hace.
  • Los estímulos o refuerzos deberán ajustarse a la edad del chico y los acuerdos pueden llegar más fácilmente mediante negociación que por imposición.
  • Procure conectar de forma genuina y empática con sus intereses, considere sus opiniones y comuníquese sin acusaciones (“¿qué ha sucedido?” en vez de “¡qué has hecho!”).
  • El ejercicio físico y la relajación son actividades recomendables que inciden en el autocontrol (respiración profunda/relajación), así como en la descarga de energía mediante un canal apropiado y saludable desde la perspectiva física y psíquica (deporte).
FUENTE:
López Villalobos JA, y cols. Trastorno por déficit de atención con hiperactividad: orientaciones psicoeducativas para los padres
Revista Pediatría de Atención Primaria. Volumen X. Número 39. Julio/septiembre 2008

lunes, 30 de abril de 2012

EL GRITO: mi vida con TDAH (2004). Darcy Easton

El British Journal of Psychiatry publicó en su portada del 2006, un dibujo de Darcy Easton, de once años, en el que expresaba cómo vivía el TDAH. Darcy no dudó en elegir este dibujo, (una réplica del cuadro El grito, de Edvard Munch), para mostrar el malestar que a veces puede generar este trastorno, especialmente en las que su comportamiento inquieto genera comentarios críticos de otros, que no se dan cuenta que esta conducta está más allá de su control.
    El grito: mi vida con TDAH (2004). Darcy Easton (11 años)

Esta ilustración ganó el primer premio en un concurso de arte para jóvenes con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, en el VI Conferencia Internacional ADDISS (TDAH Information Services), celebrada en Liverpool en 2004.
El grito. Edvard Munch
FUENTE:

TRATAMIENTO DEL TDAH: medicina basada en pruebas

En el marco del Seminario TDAH: origen y desarrollo, organizado el 09 de junio de 2011 por la Fundación Tomás Pascual y Pilar Gómez-Cuétara y el Instituto Tomás Pascual Sanz, el Dr. Josep Antoni Ramos-Quiroga pronunció la ponencia Tratamiento del TDAH: medicina basada en pruebas.
Dr. J. Antoni Ramos-Quiroga, coordinador del Programa TDAH del Hospital Universitario Vall d´Hebron y Profesor Asociado de la Universidad Autónoma de Barcelona
Cuando hablamos del tratamiento del TDAH no hablamos de suposiciones sino que hay todo un cuerpo científico detrás que nos guía de qué es lo que tenemos que hacer en la práctica habitual.
Hoy en día y más desde el ámbito de la sanidad pública, tendremos que aplicar aquellos instrumentos que hayan demostrado científicamente eficacia, efectividad, eficiencia y seguridad.
Situación actual
El 1,8 por ciento de los niños y adolescentes de la población general reciben medicamentos indicados para el TDAH pero, en cambio, hablamos de que el TDAH afecta al 6 por ciento de los niños. Esto quiere decir que más de la mitad de los niños están sin tratamiento.
En el caso de los adultos la cifra es todavía más escandalosa. Hoy sabemos, según estudios realizados, que el TDAH en adultos afecta al tres por ciento de la población general y según datos de Tarragona están tratados un 0,07 por ciento. Esto nos indica que el TDAH es un trastorno que en niños y en adultos está infradiagnosticado e infratratado.
Diferentes estudios, alguno de nuestro grupo de trabajo, han demostrado que el tratamiento es seguro desde el aspecto de alteraciones citogenéticas y, en un estudio de nuestro grupo, demostramos que el gen latrofilina 3 (LPHN3) tenía un impacto en la génesis del TDAH en adultos (Genes, Brain Behavior 2010).
Tratamiento del TDAH Infantil. Guía de práctica clínica
En España disponemos de una "Guía de práctica clínica" (mostrada en este blog, en el apartado Guías y Protocolos de Sanidad) basada en la evidencia científica, equiparable a las guías internacionales. Ha sido publicada en el 2010 y copatrocinada por el Gobierno de Cataluña, el Ministerio de Ciencia y Tecnología y el Ministerio de Sanidad. Fue coordinada por el grupo de investigación del hospital Sant Joan de Déu, por el doctor Alda.
Esta guía se centra en niños y adolescentes (6-18 años). La metodología es excelente, revisa toda la evidencia científica existente y, en casos en los que no había un cuerpo científico, se llegó a un consenso entre todo el grupo multidisciplinar.
En la guía están explicados de forma detallada todos los procedimientos que se siguieron para la revisión de artículos y de otras guías y esto hace que, en base a la escala AGREE -que mide la calidad de una guía-, tenga una de las máximas puntuaciones a nivel internacional.
El grupo multidisciplinar está formado por neuropediatras, psicólogos, psiquiatras e, incluso, miembros de asociaciones de familiares.
El objetivo es, a partir de la evidencia científica, dotar a los clínicos, profesores y a los padres de un instrumento que sirva para mejorar el manejo del TDAH en el día a día.
La máxima evidencia son los estudios ++, que son metanálisis -grandes revisiones de todo los publicado- o ensayos clínicos controlados. En base a una escala de evidencia se agruparon una serie de grados de recomendación. El grado de máxima recomendación es el A, que recoge los metanálisis y ensayos clínicos.
La guía habla también de cómo hacer el diagnóstico, el seguimiento y una serie de recomendaciones en el aula.
Enfocado en el tratamiento, la guía nos recomienda, con un grado de evidencia bastante alto -grado B-, la aplicación de un programa de entrenamiento conductual para los padres y los niños con TDAH.
Con un grado de evidencia menor -grado D- la guía recomienda, si el niño tiene un TDAH leve o en el caso de que la familia rechazara un tratamiento farmacológico o de que el niño fuera menor de cinco años, comenzar por un tratamiento conductivo conductual psicológico, que sería el de primera elección.
Dentro del ámbito psicopedagógico con un alto grado de evidencia científica recomienda que los niños y adolescentes con TDAH deben de precisar un programa de intervención que sea individualizado a nivel del ámbito escolar, que incluya aspectos académicos, sociales y conductuales.
Los expertos de la guía recomiendan que los programas en la escuela deben implicar a la mayor parte del cuadro docente del centro. Por otro lado, cuando hay un mayor impacto a nivel del rendimiento académico, va a ser imprescindible hacer una mejora de esa competencia académica en el ámbito escolar.
Respecto al tratamiento farmacológico, la guía -con la máxima evidencia científica- recomienda el uso de metilfenidato y de atomoxetina. El primero tiene más años de evolución en el mercado.
Un niño con TDAH probablemente va a estar en tratamiento durante muchos años y por ello es importante conocer si el tratamiento va a ser seguro. Y la guía dice que el tratamiento va a ser eficaz a largo plazo y no va a comportar mayores problemas.
El tratamiento combinado, farmacológico y psicológico conductivo conductual, debe considerarse de primera elección en los casos graves o severos.
La guía también habla de cómo tratar aspectos comórbidos (en personas con epilepsia o autismo). Y no han demostrado eficacia los tratamientos homeopáticos o la recomendación de hacer dietas restrictivas.
Algoritmo de tratamiento
La guía propone un algoritmo de tratamiento. Si tenemos un diagnóstico de TDAH leve recomienda comenzar por un tratamiento psicológico de tipo conductivo conductual y apoyo escolar. Ambos tratamientos deben proporcionarse de forma homogénea, junto con la terapia conductual para padres. Si esto no es eficaz tenemos que implementar un tratamiento farmacológico.
Si tenemos un diagnóstico de TDAH moderado o grave hay que hacer un tratamiento multimodal que incluya tratamiento psicológico y farmacológico. Podemos comenzar por metilfenidato o atomoxetina. La guía recomienda hacer una revisión cada tres meses del peso, talla, frecuencia cardiaca y tensión arterial.
TDHA en adultos
La situación actual es que en Europa (excepto en Alemania que recientemente se ha aprobado la indicación de metilfenidato para adultos) no tiene la indicación, es decir en el prospecto no pone que está indicado para adultos. Esto hace que haya en torno a 10-20 millones de adultos con TDAH que están huérfanos de recibir un tratamiento. Esto va a cambiar en las próximas semanas en toda la Unión Europea de forma global porque tendremos la indicación del metilfenidato de liberación prolongada.
En una publicación del British Journal of Psychiatry se estudió la persistencia del trastorno a lo largo de la vida y, afortunadamente, con los años hay un porcentaje de niños que van a dejar de tener el trastorno, pero el 40 por ciento van a continuar teniéndolo en la edad adulta y, en cambio, si se compara el porcentaje de personas que mantienen el tratamiento cae dramáticamente. Esto es un problema muy serio -en la adolescencia es cuando más se abandona- porque puede aparecer el consumo de drogas. A lo largo de la vida el 40 por ciento de las personas que tienen un TDAH van a tener una dependencia al cannabis, la cocaína, el alcohol... es decir, a las drogas en general.
En definitiva si no tratamos ni a la mitad de TDAH, quizás no tendríamos que empezar a replantear si un porcentaje del fracaso escolar es debido a que no manejamos correctamente la dislexia, el TDHA y otros trastornos psiquiátricos en la infancia. Si nos vamos a Finlandia, Suecia o Noruega el número de chavales en tratamiento es el doble que en España y el fracaso escolar es la mitad.
En el último metanálisis que se ha publicado respecto a la eficacia del metilfenidato en adultos con TDAH, de nuestro grupo, estudiamos qué factores clínicos moderan la mayor o menor eficacia del metilfenidato en adultos. Se observó que hay una heterogeneidad en los resultados porque hay factores que modulan la respuesta al metilfenidato y estudiamos la dosis, la formulación, las semanas de tratamiento, los trastornos comórbidos. Existe una clara relación dosis y eficacia del metilfenidato. Y en un análisis multivariante observamos cómo la dosis, el tipo de formulación y la presencia de drogas interactuaban entre ellos y tenían gran importancia.
En Cochrane Database 2011 saldrá publicado el primer metanálisis respecto a la eficacia de las anfetaminas para los adultos con TDAH y se observó que las anfetaminas eran realmente eficaces en adultos, pero sólo se incluyen siete estudios.
En el año 2010 la revista JAMA publicaba un ensayo clínico sobre la eficacia de la terapia conductiva conductual para adultos con TDAH que no habían acabado de responder al tratamiento farmacológico. Y demostraba la eficacia de la terapia a las 12 semanas, a los seis meses y al año de seguimiento.
La terapia metacognitiva según una publicación en elAmerican Journal of Psychiatry también demostró eficacia.
Guías Europeas en el adulto
Hay guías de revisiones sistemáticas del manejo del TDAH en adultos: la NICE (National Institute for Health and Clinical Excellence) o la de la Association for Psychopharmacology. Yo les voy a hablar del primer consenso europeo generado por toda la red europea de profesionales que trabajan en el TDAH en adultos. Está publicado en la revista BMC Psychiatry (2010; 10-67) donde se puede descargar. Es una amplísima revisión. La  son 40 profesionales de 18 países y la guía fue realizada entre el año 2003 y 2009.
Y, ¿qué se recomienda? Primero tratar los síntomas del TDAH. Si no lo tratamos las consecuencias van a ser negativas. Y no es muy diferente a lo que se hace en niños. Se hace un tratamiento multimodal en función de las necesidades individuales de cada paciente.
El primer paso es hacer psicoeducación, explicar qué es el TDAH, qué impacto ha tenido a lo largo de su vida y entender los síntomas para poder manejarlos mejor.
Respecto al tratamiento, el consenso europeo recomendaba de forma paralela empezar con tratamiento farmacológico por la elevada eficacia. Los fármacos de elección son estimulantes: metilfenidato o anfetaminas y en segunda línea atomoxetina. Y si fracasan se puede usar bupropion, clonidina, desimipramina, guanfacina o modafinilo.
Como uno de los síntomas es el déficit de atención, si le pautamos medicaciones que requieren tomarse 3 veces al día se van a olvidar. Por ello se ha desarrollado metilfenidato que sólo requiere una toma al día o la atomoxetina que también requiere sólo una toma diaria. Y a nivel infantil favorece que la medicación no la tenga que tomar en la escuela, sino antes de salir de casa.
A veces, se requiere combinar metilfenidato de liberación prolongada con inmediata -tanto en niños como adultos- o atomoxetina con un estimulante si la respuesta no acaba de ser del todo eficaz. Y si hay comorbilidad habrá que tratarla. Los suplementos dietéticos no han demostrado que puedan ser útiles para manejar el TDAH.
Conclusiones
  • Tanto en niños como en adultos se dispone de evidencia científica de la eficacia en el tratamiento del TDAH, tanto de tratamiento psicológico como farmacológico.
  • Si tenemos que hacer tratamiento farmacológico las guías recomiendan empezar por metilfenidato o atomoxetina.
  • El tratamiento psicológico que ha demostrado eficacia es el psicológico cognitivo conductual. No el psicoanálisis.
  • También se dispone de otras opciones de fármacos, pero de los que no hay tantos estudios.
El trastorno de las oportunidades
Para finalizar me gustaría rebautizar el TDAH y llamarlo el trastorno de las oportunidades porque constantemente vemos adultos que no han sido diagnosticados en la infancia y llegan con fracaso escolar, problemas legales, consumos de drogas, en el paro... Y pensamos que es el trastorno de las oportunidades perdidas. Pero por otro lado, es el trastorno de las oportunidades ganadas si hacemos un correcto manejo desde la infancia o en cualquier punto si no lo hemos diagnosticado correctamente en la infancia y podremos ganar esas oportunidades que habíamos perdido.

FUENTE:

sábado, 28 de abril de 2012

PROTOCOLOS DE ACTUACIÓN EN TDAH: El largo camino hacia una normativa nacional

¿Por qué cuesta tanto que se pongan en marcha las medidas de actuación ya sea en el ámbito educativo o en el sanitario, cuando se detecta un niño con TDAH?.
EVA CARRASCO
El Protocolo de Actuación más antiguo de nuestro país, en materia de TDAH, es el de Murcia, que tiene cuatro años; actualmente, también se están implantando Protocolos de Actuación en Castilla y León, Navarra y Canarias En general, en el resto de comunidades, las posibles medidas a tomar, (ayuda psicológica, adaptaciones de clase u orientaciones a los padres) son prácticamente inexistentes y costosas.
Fulgencio Madrid, Presidente de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al TDAH, nos explica que efectivamente “existen mecanismos legales para resolver los problemas en el aula, pero lo que ocurre es que hay desconocimiento. Nuestra asociación cuenta con el apoyo del Senado para establecer protocolos de actuación”, aclara. Actualmente ha puesto en marcha un Plan Estratégico de Actuación Multidisciplinar a nivel nacional frente al TDAH cuyos principales retos son la creación de protocolos de actuación y guías para padres y profesores (como las guías “TDAHYTU”, mostradas en este blog en el apartado “Guías y manuales”).
En cualquier caso, independientemente de las acciones específicas, hay que tener siempre presente que, según el Reglamento Orgánico de las escuelas de Educación Infantil y de los colegios de Educación Primaria, en el Artículo 46, se establecen entre las funciones del tutor “atender a las dificultades de aprendizaje de los alumnos, para proceder a la adecuación personal de currículo”; “encauzar los problemas e inquietudes de los alumnos”; “informar a los padres, maestros de todo aquello que les concierna en relación con las actividades docentes y el rendimiento académico” y “facilitar la cooperación educativa entre los maestros y los padres de los alumnos”.
Diferencias según las CCAA.
En Murcia se logró elaborar un Protocolo de Actuación con muchas reuniones de coordinación entre las áreas sanitarias y de educación y, en palabras del presidente de FEAADAH cuya sede está en Murcia, “la tasa de diagnósticos está creciendo”.
En el protocolo que hay en Murcia se entra por el pediatra o por el colegio y, a partir de ahí, ante la sospecha de TDAH del pediatra, en el ordenador se le abre una pantalla con todo el camino que tiene que seguir y los pasos que tiene que dar para que, al final, el diagnóstico definitivo lo establezca Salud Mental pero, mientras tanto, ya se dan pautas a la familia con o sin tratamiento farmacológico.
En Cantabria, según explica César Soutullo, coordinador del Plan de Acción en TDAH, los pacientes diagnosticados piden un informe para Selectividad y les hacen el mismo examen pero por partes y con descansos. “No se trata de hacerlo más fácil sino de preguntarlo de otra manera”, matiza Soutullo, “y se permiten exámenes orales o en forma de test en algunas Comunidades Autónomas donde se está avanzando en el reconocimiento del TDAH como necesidad educativa especial.”
En la Comunidad de Madrid, hay una normativa que permite a los colegios tomar la iniciativa de implantar medidas de apoyo a los niños con TDAH. De forma muy general la ley dice que los colegios deben dar a los niños lo que necesite cada uno; “ es demasiado contundente decir que se pueda ‘obligar’, nos explica Mara Parellada, consultora de la Asociación Elisabeth d’Ornano. El colegio puede, sin la intermediación de ningún organismo educativo superior, informe o diagnóstico médico, hacer adaptaciones metodológicas, que es lo que hay que procurar, en buena coordinación con la familia. Desgraciadamente, las imposiciones suelen tener peor resultado.”
Murcia es, hoy por hoy, la única Comunidad Autónoma donde existe un plan específico. En el caso de Baleares el TDAH ‘ha sido reconocido a nivel normativo’ (Decreto 67/2008, de 6 de junio. Artículo 13, Islas Baleares). Y respecto al resto de autonomías, el abordaje de esta enfermedad se han centrado en la publicación de guías y material educativo, aunque sin ningún protocolo concreto. De este modo, en muchos centros escolares se denomina a estos niños como “escolares con trastorno de conducta”, una etiqueta errónea según Fulgencio Madrid.
Las diferencias de trato a los escolares afectados por TDAH dentro del sistema educativo, dependiendo de cada Comunidad Autónoma son evidentes. El interés desde las asociaciones es que exista una normativa a nivel nacional que ampare los derechos de pacientes y familiares en todo el territorio nacional y en ello se está trabajando.

FUENTE:
Revista Nº 14 Colegios Saludables
Imagen: Flickr Creative Commons

martes, 24 de abril de 2012

NIÑOS Y NIÑAS CON TDAH: cómo actuar ante las malas contestaciones

Los niños, niñas y adolescentes con TDAH no siempre tienen un control sobre su conducta impulsiva, lo que no significa que tengamos que disculpar este comportamiento.


CÓMO ACTUAR ANTE LAS MALAS CONTESTACIONES
Muchos chicos y chicas contestan mal a sus padres ante las llamadas de atención o requerimientos que éstos le hacen: “no quiero”, “no me da la gana”, “eres tonto” y algunas otras, más subidas de tono e incluso amenazantes, son las respuestas más frecuentes. 
CÓMO APARECEN Y EVOLUCIONAN
Este comportamiento cada vez comienza antes, en niños pequeños de 3 o 4 años, aunque a los padres les empieza a preocupar a partir de la preadolescencia, 10 u 11 años.
Es un comportamiento  que se va consolidando y reforzando por varios motivos: en algunos casos es aprendido por imitación. Generalmente el niño lo aprende porque sus padres lo utilizan entre ellos, porque lo ven en hermanos mayores y, alguna vez, les influye el ejemplo de otros niños o de los modelos que aparecen en televisión.
El problema surge cuando realmente el comportamiento resulta efectivo para el chico, por ejemplo, cuando con esta conducta consigue llamar la atención de sus padres. En un principio, hasta puede parecer gracioso que un niño responda así, consiguiendo que su familia le preste especial atención.
El segundo motivo por el que puede resultar efectivo es porque consigue salirse con la suya y, de algún modo, cierta sumisión de las personas a las que contesta. Algunos padres o madres se amedrentan ante estos comportamientos, llegando a un punto en que no actúan, para evitar precisamente la reprimenda de sus propios hijos.
CÓMO ACTUAR
  • Cortar las primeras manifestaciones.

Como ya se ha indicado, las malas contestaciones comienzan muy pronto, posiblemente entre los 3 o 4 años de edad. Es el momento de prevenirlas y eliminarlas. No “le riamos la gracia”. Al contrario, de manera contundente y seria hagámosle saber a nuestro hijo o hija que no puede responder así. Si es necesario, tendremos que adoptar algún tipo de medida como, por ejemplo, retirarle algún privilegio por comportarse de esa manera. Cuanto antes lo cortemos, mejor.
  • Dar buen ejemplo.

Los niños aprenden por imitación. Por tanto, demos buen ejemplo cuando nos relacionemos con los demás miembros de la familia y, especialmente, con el niño/a: si nosotros no le damos malas contestaciones… probablemente él/ella, tampoco lo hará. Debemos corregirle, regañalarle o llamarle la atención, incluso de manera contundente, pero sin malas formas. Por otro lado, debemos enseñarle cómo debería responder o reaccionar adecuadamente en las situaciones en las que da malas contestaciones.
  • Evitar que se salga con la suya.

Procurar evitar que las malas contestaciones sean una forma de salirse con la suya. Enseñarle que cuando las utiliza, pierde la razón y no consigue lo que quiere.
  • No prestarle especial atención.

Después de haberle dejado claro que no es una forma aceptable de actuar, intentemos no prestarle especial atención. Simplemente actuemos: por ejemplo, con frases del tipo “ya sabes que cuando respondes mal pierdes la razón y no te atiendo” o similares. Por el contrario, cuando nos hable correctamente o cuando exprese sus quejas de manera adecuada, debemos reconocérserlo y reforzarlo de manera inmediata con elogios, gestos de afecto o con pequeños premios.
  • Adoptar otras medidas.

Si las malas contestaciones son un comportamiento habitual y arraigado debemos adoptar otro tipo de medidas. En primer lugar, haciéndole saber que no vamos a consentir esa forma de actuar y, en segundo lugar, adoptando algún tipo de penalización adecuada a su edad por responder así, como por ejemplo, la retirada de privilegios.
Resumen de las cinco medidas para actuar frente a las malas contestaciones:
  1. Cortar las primeras manifestaciones
  2. Dar buen ejemplo.
  3. Evitar que se salga con la suya
  4. No prestarle especial atención
  5. Adoptar otras medidas