TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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lunes, 13 de enero de 2014

LOS SECRETOS DEL CEREBRO CON TDAH


Anteriormente, en el post “El sistema neurológico basado en intereses” (23 de mayo de 2013), ya vimos algunos de los aspectos típicos del funcionamiento del cerebro con TDAH. Sin embargo, estos no serían exactamente el resultado de un sistema nervioso dañado o defectuoso, sino de un sistema neurológico que sigue un conjunto propio de reglas. En esta ocasión, continuamos analizando por qué las personas con TDAH actúan como lo hacen.

LA VIDA CON TDAH
Las personas con TDAH siempre han sabido que son  diferentes, que no encajan en el molde común. Sin embargo, se les exige que sean, que se comporten y que rindan como todos los demás. El principal obstáculo para la comprensión de TDAH ha sido suponer incorrectamente que las personas con TDAH pueden y deben ser como el resto de personas sin el trastorno, es decir, como las personas neurotípicas.

ESE DESAFÍO LLAMADO TIEMPO
Las personas con TDAH tienen dificultades para gestionar y controlar el paso del tiempo, es decir, para percibirlo de manera fiable. Para las personas con TDAH todos los acontecimientos ocurren en el presente. El pasado ya no está y el futuro es desconocido. El 85% de las personas con TDAH no usa reloj. Para ellos/as, el tiempo  es una abstracción sin sentido que no son capaces de dominar. Además, también tienen dificultades para manejar parámetros como orden y prioridad (qué es lo que debe hacerse en primer lugar y cuál es el siguiente paso), Todos estos conceptos se relacionan con las funciones de la memoria de trabajo, que, como decimos, cuando hay TDAH sigue otras normas.

EL TDAH NO ENCAJA EN UN MUNDO LINEAL
El mundo en el TDAH es curvilíneo, no sigue una linealidad (sucesión de pasos ordenados que relacionan los acontecimientos ocurridos en el tiempo). En el TDAH no se diferencia pasado, presente y futuro. Todo es ahora. Tener TDAH es vivir en un presente permanente con una acentuada dificultad para aprender del pasado, de la experiencia, o para prever las consecuencias de sus acciones en el futuro. A esto debemos añadir la impulsividad propia del TDAH ("actuar sin pensar").

PROBLEMAS PARA LLEGAR DE LA A a la Z
Las personas con TDAH no son buenas con el orden y tampoco con la planificación, por lo que no les resulta fácil dividir una tarea en pasos para realizarla siguiendo un orden de manera secuenciada.  
En el mundo neurotípico, las tareas tienen un principio, un medio y un fin. Las personas con TDAH no saben ni dónde ni cómo empezar, ya que no pueden encontrar el principio. Saltan en medio de una tarea y trabajan en todas direcciones al mismo tiempo.
El orden se convierte en una tarea insostenible cuando hay TDAH, porque los sistemas de organización del trabajo se basan en funciones como la planificación, linealidad (o sucesión de pasos ordenados), ordenamiento temporal, medición del tiempo y prioridad. Esto implica dificultades para relacionar el ayer, el hoy y el mañana o para relacionar antecedentes y consecuencias en relación con la actuación presente.
De la misma manera, la atención selectiva, que en las personas neurotípicas actúa como un filtro que selecciona la información importante para la actividad que se está realizando, ignorando a su vez todo lo que es irrelevante en ese momento, no actúa así en las personas con TDAH.
 Todos estos factores son esenciales para la consecución de objetivos y metas e imposibilitan que en la mayoría de las ocasiones las personas con TDAH finalicen sus tareas con éxito.  

SATURACIÓN: DIFICULTAD PARA IGNORAR LO IRRELEVANTE
Las personas con TDAH viven la vida con mayor intensidad que las personas neurotípicas. El sistema nervioso de la persona con TDAH necesita verse involucrado en algo muy interesante y desafiante para empezar a actuar y conseguir concentrarse. Su atención nunca implica déficit sino que, por el contrario, siempre es excesiva, constantemente ocupada, atendiendo a muchos estímulos a la vez, ya sean internos o externos. Cuando las personas con TDAH no están hiperfocalizadas, hiperconcentradas en algo que realmente les gusta y les resulta interesante, tienen demasiadas cosas en su cabeza reclamando atención al mismo tiempo, como si fueran diferentes personas hablándoles simultáneamente y todas demandando su atención a la vez. El resultado es que no consiguen hacer nada bien porque no pueden concentrarse en una sola cosa, al no ser capaces de ignorar los estímulos que no son relevantes en ese momento y que están recibiendo de manera continua.

DIFICULTAD PARA ALCANZAR LOS OBJETIVOS
Es desconcertante la habilidad intermitente que tienen las personas con TDAH para ser superhombres cuando algo les interesa y la incapacidad para iniciar y finalizar aquellos proyectos que les resultan aburridos. Como consecuencia en estas personas surgen sentimientos de inseguridad e incertidumbre, dudas sobre sus capacidades, vergüenza y baja autoestima a la hora de poder alcanzar los resultados que se esperan de ellos/as. Su sistema neurológico no genera la automotivación interna que nos lleva a conseguir los objetivos y necesitan de alicientes externos para motivarse y alcanzar las metas.

UN MOTOR SIEMPRE EN FUNCIONAMIENTO
Cuando los niños y niñas con TDAH alcanzan la adolescencia, la hiperactividad física se interioriza y, aunque en parte se oculta, sigue estando ahí, en forma de inquietud interna más o menos intensa, afectando aún la capacidad de escuchar a los demás, de mantenerse callado o de relajarse lo suficiente como para quedarse dormido, por ejemplo.
Incluso cuando el adulto con TDAH toma medicación no siempre es capaz de permanecer calmado y de controlar su inquietud, si bien, en la adolescencia, pueden haber adquirido las habilidades sociales para disimularla o expresarla de otras formas.

PUEDEN SER PRODUCTIVOS EN MOMENTOS DE CRISIS O ESTRÉS
En ocasiones, cuando la persona con TDAH está sometida a mucha presión y/ o estrés es capaz de realizar una gran cantidad de trabajo en poco tiempo. Estos “maestros y maestras del desastre” con TDAH pueden manejar una crisis con facilidad en esos momentos, aunque por poco tiempo, pues su productividad suele volver a ser escasa e ineficaz cuando la presión se aminora y se integran de nuevo en la rutina.  Y es que estas personas usan la ira o el estrés para obtener la descarga de adrenalina que necesitan para ser productivos. Sin embargo, pagan un precio muy alto si estos métodos (presión, situaciones límite, estrés, ira,…) son utilizados con frecuencia para aumentar su productividad, ya que terminan sufriendo de manera crónica estados de ansiedad, depresión, preocupación, frustración, culpa, trastornos de la personalidad, etc.

BUSCANDO EN LA MEMORIA
La memoria de una persona con TDAH es como una biblioteca inmensa y desorganizada. Contiene montones de información en fragmentos, pero no tiene los libros enteros. La información existe en muchas formas -como artículos, videos, clips de audio, páginas de internet-, pero no hay ningún catálogo de fichas para localizarla.
Cada persona con TDAH tiene su propia forma de almacenar esa enorme cantidad de material. Los elementos importantes (que no tienen que ser importantes para otra persona) no tienen un lugar fijo o están completamente escondidos en la memoria de una persona con TDAH porque la información y los recuerdos que están fuera de del alcance de su  vista son invisibles.
Su mente es un ordenador con una memoria RAM ineficaz en la gestión de la información del disco duro. Si bien la información que necesitan está en su memoria, es muy frecuente que no puedan localizarla o acceder a ella cuando la necesitan.
Por otra parte, su dificultad para ignorar elementos irrelevantes sobrecarga su memoria con menudencias de la vida cotidiana, dejando muy poco espacio para los nuevos pensamientos y los recuerdos, por lo que algo tiene que ser descartado u olvidado para conseguir espacio para la nueva información.

NO TIENEN UNA PERCEPCIÓN CLARA DE SÍ MISMOS
Las personas con TDAH tienen poca conciencia de sí mismas. Mientras que son capaces de evaluar perfectamente las acciones de los otros, el promedio de personas con TDAH tienen dificultad para evaluar su propia conducta y rectificar cuando no lo hacen bien, lo que suele deteriorar, sobre todo, sus relaciones sociales. La vulnerabilidad de las personas con TDAH a la retroalimentación negativa de los demás y la falta de capacidad de observarse a sí mismos forman una mezcla extraña, impidiendo que se formen un autoconcepto  (imagen que la persona tiene de sí misma) realista.
Las personas neurotípicas malinterpretan estas dificultades en su conducta, calificándolas de insensibles, narcisistas, indiferentes, o socialmente ineptos/as.

FUENTE:

miércoles, 16 de mayo de 2012

¿QUÉ TAL FUNCIONA TU ATENCIÓN SELECTIVA?

Existen diferentes tipos de atención que responden a circuitos cerebrales diferentes. Los más importantes son los encargados de la fase de alerta, de la atención selectiva, de la atención continua o sostenida y de la atención dividida. Estas funciones atencionales están afectadas por el TDAH.
Una de ellas, la atención selectiva, es el filtro que evita la sobrecarga mental, ya que nuestro cerebro recibe el equivalente a un millón de bits de información por segundo. La atención selectiva “selecciona”  y deja que “sólo pase” la información que consideramos relevante, al tiempo que ignora lo que no es importante para la situación/actividad que estamos realizando.
La atención selectiva se encuentra afectada en las personas con TDAH, por lo que su cerebro es como un caleidoscopio de datos incompletos e irrelevantes que entran y salen rápidamente, procedente de muchas fuentes a la vez.
¿Cómo funciona tu atención selectiva?
En esta actividad se pide que contéis cuántos pases realizan los jugadores del equipo vestido de BLANCO.
Os recomiendo seguir el ejercicio hasta el final: el resultado es muy revelador. 


¿Cuántos pases has contado?
Ahora, cuenta los pases de las personas vestidas de negro…
FUENTE

jueves, 21 de julio de 2011

TDAH EN EL AULA

Entre el 3 y el 5% de los escolares sufre trastornos por déficit de atención e hiperactividad
Los expertos apuntan hacia la detección temprana como una de las mejores terapias para paliar los efectos del TDAH.
Es desordenado e inquieto, se despista en clase, deja sin acabar sus tareas para centrarse en otras cosas, es impulsivo… El niño que responde a estas características es un posible caso de síndrome por déficit de atención con o sin hiperactividad, un trastorno del comportamiento (que no enfermedad, como suele pensarse) que afecta a entre el 3 y el 5% de los escolares, con mayor incidencia entre los varones. Visto desde otra óptica estadística, hay uno por cada clase y, además, existe una tendencia al incremento de los problemas de hiperactividad y falta de atención entre los menores, según recoge el último informe del Observatorio de Salud Infantil y Perinatal.
Si no se actúa a tiempo, son niños llamados a engrosar las listas del fracaso escolar o a presentar problemas de socialización. Evitarlo está en manos tanto de los padres como de los profesores. Por ello, en la formación de los futuros docentes está adquiriendo cada vez mayor importancia el aprendizaje de estrategias, especialmente metodológicas, orientadas a abordar este tipo de conductas.
 «El profesor en el aula debe estar formado en la detección e intervención en este tipo de problemas".
 Un niño con TDAH necesita una adaptación metodológica antes que curricular y eso lo debe saber un maestro», explica Ángela Serrano, directora de Departamento de investigación de la Universidad Internacional Valenciana. Pero, junto a la detección temprana, también es fundamental evitar un diagnóstico precipitado y erróneo, ya que en muchas ocasiones se tiende a confundir el déficit de atención con la hiperactividad. «El primero, el déficit de atención sin hiperactividad (TDA), se caracteriza por la dificultad en mantener la atención sobre los hechos o estímulos. El segundo, el déficit de atención con hiperactividad (TDAH), es un trastorno del comportamiento que presenta una excesiva actividad motora y que correlaciona con un problema de atención», detalla Ángela Serrano, al tiempo que recuerda que el más habitual en la escuela es el TDA.
En este sentido, Ángela Serrano, que también es coordinadora del Máster de prevención e intervención psicológica en problemas de conducta en la escuela de la Universitat Internacional Valenciana, hace hincapié en que no todos los niños que presentan un problema de atención tienen asociado un problema de hiperactividad e insiste en la importancia de un «diagnóstico acertado y no apresurado de las conductas escolares».
Motivar y no etiquetar
Y es que algunos de los problemas de atención de los escolares están relacionados con la falta de una metodología motivadora por parte de algunos profesores. Según Serrano, «un profesor debe aprender no sólo a transmitir conocimientos, sino a enamorar a los alumnos con lo aprendido; únicamente así logrará centrar su atención. Porque un alumno que no aprecia lo que recibe es un alumno desmotivado, que se dedicará a jalear en clase».

Éste es otro de los aspectos que también abordan los nuevos títulos formativos para docentes, dotándoles de herramientas para favorecer la interacción con los alumnos, el desarrollo de sus habilidades sociales o la inteligencia emocional, así como estrategias para la prevención, detección y resolución de problemas en las aulas. Precisamente uno de ellos podría ser la hiperactividad, que genera un problema conductual que guarda relación con el trastorno negativista desafiante y con problemas de convivencia escolar y que, sin duda, afecta la convivencia del niño a nivel escolar y familiar. No obstante, la experta se muestra cauta respecto a esta afirmación e insiste en la importancia de evitar etiquetar como problemático al niño tanto por parte de la familia como por el mismo profesorado y en la necesidad de que el diagnóstico lo realice un especialista. Sin embargo, detalla un ejemplo orientativo: «Algunas conductas que los padres observan durante los primeros años son que el niño no se centra en ningún juego ni consigue focalizar su atención en un juguete concreto durante un corto periodo de tiempo. Más tarde observan que no sigue las rutinas diarias y tiene dificultad en realizar las tareas. En la edad escolar llaman continuamente la atención de profesores y compañeros, les cuesta finalizar las tareas e interrumpen frecuentemente el desarrollo normal de la clase. Cerca de la pre-adolescencia se hacen más notorios los problemas de impulsividad, que se van convirtiendo en alteraciones de la convivencia con compañeros, profesores y padres».

Ante un caso de estas características, ¿cómo debe actuar el profesor? A la detección temprana se une la utilización de estrategias atencionales por parte del docente y la intervención sobre el control de los impulsos y emociones, que ayudarán al niño a actuar en clase de manera normalizada: «El maestro debe tener presente que, en la medida que el niño vaya consiguiendo la automatización e interiorización de hábitos y tareas, estará realizando una adaptación metodológica necesaria para poder desarrollar un currículo con garantías de progreso académico».
El uso de estrategias para mantener la atención selectiva del alumno, el empleo adecuado de refuerzos como la economía de fichas o la utilización metalingüística del lenguaje en el uso de reprimendas, sanciones y castigos son algunas de las técnicas que los profesores deben manejar para tratar con estos alumnos.
«Los padres han de ser conscientes de que la mejora cuesta»
Ángela Serrano es contundente: es fundamental el compromiso de los padres en este tipo de trastornos. «Los padres deben ser conscientes de que la mejoría en el comportamiento del niño supone esfuerzo, dedicación y tiempo. Una intervención exitosa será el resultado de estar abiertos a la colaboración con los especialistas y ser constantes en su dedicación y apoyo», afirma esta experta. Firmeza en los hábitos de conducta y aprender a controlar la impulsividad de sus hijos son los dos consejos clave para los padres de estos niños. Además, como recuerda Ángela Serrano, si el padre tiene la sospecha de que su hijo presenta indicadores del trastorno «debe buscar la ayuda de un profesional cualificado para ello, un psicólogo o un educador».
Algunos de los indicadores de estos trastornos son la dificultad para mantener la atención, para atender selectivamente, para describir situaciones concretas, para dar respuesta de forma ordenada ante estímulos complejos, la actividad motora excesiva o inapropiada, la dificultad para acabar tareas ya empezadas o para mantenerse sentados y/o quietos en una silla, así como, la presencia de conductas disruptivas (en especial con finalidad destructiva). Son también excesivamente impulsivos: dicen siempre lo que piensan, no controlan sus respuestas. No pueden dejar de hacer las cosas que les gusta en primer lugar y aplazan los deberes.
FUENTE:
Isabel García Valencia