TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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viernes, 8 de marzo de 2013

ALGUNOS PADRES TIENEN SENTIMIENTO DE CULPA; OTROS SE IMPLICAN POCO


“Algunos padres tienen sentimiento de culpabilidad; otros se implican poco”
“Tendemos a recalcar la actitud negativa del niño, se siente minusvalorado, por lo que es fundamental trabajar el refuerzo positivo”

Dr. Celso Arango, jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid



Redacción: Pablo Eguizábal. Madrid
25/02/2013
“La formación de los padres y familiares de un niño con TDAH es fundamental a la hora de abordar el trastorno”, según ha indicado el Dr. Celso Arango, jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid. Además, es el director científico del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM) y recientemente ha sido nombrado director de la ‘Cátedra Alicia Koplowitz-Universidad Complutense de Madrid de Psiquiatría Infantil’.
El Dr. Arango ha explicado que “en las consultas de Psiquiatría Infantil de este hospital, un gran porcentaje de los nuevos casos atendidos tienen el diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad”. En el hospital intentamos tratar los casos más complejos, aquellos que por diferentes motivos no han podido ser tratados en los centros ambulatorios, ya sea por dificultad en el diagnóstico diferencial o por falta de respuesta al tratamiento”.
Según ha indicado, los padres “muchas veces no tienen ningún tipo de información previa, sino que vienen a la consulta porque sus hijos tienen un mal rendimiento escolar y en el colegio les han dicho que el niño se porta mal”. “Estos niños tienen una serie de síntomas que no son capaces de encajar todos juntos. Debemos explicarles que su comportamiento se debe a un trastorno conocido que afecta a muchos niños, que hay un tratamiento ya sea psicopedagógico y/o farmacológico, y que se les puede ayudar”.
“Algunos padres llegan con sentimiento de culpabilidad, creen que no han hecho lo que deberían hacer”, ha indicado este especialista, quien también se encuentra casos en los que ocurre lo contrario: “Otras veces vemos que la falta de implicación en el tratamiento y seguimiento de las pautas, si bien no son la causa, sí pueden empeorar el pronóstico”. Para todos los casos, la formación “es fundamental”, ha dicho. “La diferencia entre la Psiquiatría del niño y la del adulto es que en el caso infantil nunca hay una persona aislada a la cual hay que ayudar, sino un conjunto familiar que está sufriendo las consecuencias del trastorno”.
El diagnóstico del TDAH es “fundamentalmente clínico”, como ha explicado el Dr. Arango: 

  • “Hay que realizar una buena anamnesis, con historia clínica y exploración. 
  • También hay una serie de pruebas complementarias que me ayudan a descartar otros problemas, como un hipertiroidismo, por ejemplo, que explique esa inquietud o esa hiperactividad. 
  • En función de la historia clínica y de la exploración, hago el diagnóstico. 
  • Las escalas se pueden utilizar de cara al seguimiento, la evolución y la respuesta al tratamiento, fundamentalmente en los proyectos de investigación”.
“En el hospital, tratamos los casos más complejos, por la  dificultad en el diagnóstico diferencial o por la falta de respuesta al tratamiento”.



“A veces los padres vienen a la consulta porque su hijo tiene un mal rendimiento escolar y en el colegio les han dicho que el niño se porta mal”.
“No podemos quedarnos nunca con un único informante, y tampoco en un único contexto. En el caso del TDAH es muy claro. Es un trastorno de los que llamamos externalizadores, que sale al exterior. Con la valoración del niño o de los padres solo no nos basta, sobre todo en los casos más leves. El niño puede estar perfectamente bien cuando ve la televisión, cuando está jugando, etc., pero, sin embargo, el trastorno se puede poner de manifiesto cuando el niño tiene que estar en el colegio durante varias horas sentado y escuchando al profesor. Hablar con los educadores no es siempre fácil, intentamos ponernos en contacto con ellos por teléfono, pero otras veces les mandamos un cuestionario”.
En cuanto al tratamiento, “es fundamental explicar al niño o al adolescente y a sus padres qué es lo que está pasando”, según ha dicho el jefe de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón: “Debemos decirles que hay una serie de abordajes que son fundamentales para mejorar el pronóstico. Por ejemplo, si el niño tiene problemas de atención, debe sentarse en la primera fila. De esta forma se pueden evitar las interrupciones, porque son niños que se distraen fácilmente. También tienden a ser desorganizados, por lo que hay que ayudarles a organizarse, por ejemplo, que utilicen las fichas para estudiar”.
“El trastorno se puede poner de manifiesto cuando el niño tiene que estar en el colegio durante varias horas sentado y escuchando al profesor”.
“Si el niño tiene problemas de atención, debe sentarse en la primera fila, así evitaremos las distracciones al resto de los compañeros”.
También los profesores deben estar informados de lo que le pasa al niño y saber que pueden equivocarse, por ejemplo, en una operación matemática no porque no sepa sumar, sino porque no ha prestado atención a esa suma en concreto. “El profesor debe valorar si ese alumno sabe o no sabe sumar, porque puede hacer mal un ejercicio por falta de atención”, ha recalcado.
Otro mensaje muy importante es el del sentimiento de minusvaloración, el sentimiento negativo que tienen muchos de estos niños porque están acostumbrados a escuchar: “No, lo has hecho mal, así no se hace”. Según el Dr. Arango, “tendemos a recalcar lo negativo, y es fundamental trabajar el refuerzo positivo, especialmente cuando se enfrentan a algo que les cuesta el doble o el triple”.
Respecto al tratamiento farmacológico, este especialista ha lamentado que la gente tienda a pensar que un fármaco que actúa a nivel del cerebro sea distinto a aquel que ayuda en otro tipo de patologías: “Los padres se muestran preocupados por los efectos secundarios, y en este sentido tenemos que poner la balanza. Realmente, el tratamiento farmacológico del TDAH es, con mucho, uno de los más efectivos en Psiquiatría y en Medicina, en general, supone una gran mejoría de la atención. Además, el efecto es casi inmediato. Los padres se dan cuenta enseguida si el chico está tomando la medicación. También lo notan los profesores y la familia, muchas veces desde el primer día”.
Además, el Dr. Arango ha advertido de las consecuencias que se producen cuando no se realiza un buen abordaje del TDAH: “Los casos no tratados de hiperactividad son un muy buen ejemplo de cómo podemos hacer prevención secundaria en Psiquiatría, en Salud Mental. La prevención secundaria consiste en evitar que se complique algo que ya está establecido. Sabemos que el 50 por ciento de los casos de hiperactividad no tratados acaban siendo trastornos de conducta, que pueden derivar en un trastorno antisocial de la personalidad, que, a su vez, acaban en la delincuencia, las drogas, la cárcel y otras serias complicaciones”.
FUENTE:

martes, 24 de abril de 2012

NIÑOS Y NIÑAS CON TDAH: cómo actuar ante las malas contestaciones

Los niños, niñas y adolescentes con TDAH no siempre tienen un control sobre su conducta impulsiva, lo que no significa que tengamos que disculpar este comportamiento.


CÓMO ACTUAR ANTE LAS MALAS CONTESTACIONES
Muchos chicos y chicas contestan mal a sus padres ante las llamadas de atención o requerimientos que éstos le hacen: “no quiero”, “no me da la gana”, “eres tonto” y algunas otras, más subidas de tono e incluso amenazantes, son las respuestas más frecuentes. 
CÓMO APARECEN Y EVOLUCIONAN
Este comportamiento cada vez comienza antes, en niños pequeños de 3 o 4 años, aunque a los padres les empieza a preocupar a partir de la preadolescencia, 10 u 11 años.
Es un comportamiento  que se va consolidando y reforzando por varios motivos: en algunos casos es aprendido por imitación. Generalmente el niño lo aprende porque sus padres lo utilizan entre ellos, porque lo ven en hermanos mayores y, alguna vez, les influye el ejemplo de otros niños o de los modelos que aparecen en televisión.
El problema surge cuando realmente el comportamiento resulta efectivo para el chico, por ejemplo, cuando con esta conducta consigue llamar la atención de sus padres. En un principio, hasta puede parecer gracioso que un niño responda así, consiguiendo que su familia le preste especial atención.
El segundo motivo por el que puede resultar efectivo es porque consigue salirse con la suya y, de algún modo, cierta sumisión de las personas a las que contesta. Algunos padres o madres se amedrentan ante estos comportamientos, llegando a un punto en que no actúan, para evitar precisamente la reprimenda de sus propios hijos.
CÓMO ACTUAR
  • Cortar las primeras manifestaciones.

Como ya se ha indicado, las malas contestaciones comienzan muy pronto, posiblemente entre los 3 o 4 años de edad. Es el momento de prevenirlas y eliminarlas. No “le riamos la gracia”. Al contrario, de manera contundente y seria hagámosle saber a nuestro hijo o hija que no puede responder así. Si es necesario, tendremos que adoptar algún tipo de medida como, por ejemplo, retirarle algún privilegio por comportarse de esa manera. Cuanto antes lo cortemos, mejor.
  • Dar buen ejemplo.

Los niños aprenden por imitación. Por tanto, demos buen ejemplo cuando nos relacionemos con los demás miembros de la familia y, especialmente, con el niño/a: si nosotros no le damos malas contestaciones… probablemente él/ella, tampoco lo hará. Debemos corregirle, regañalarle o llamarle la atención, incluso de manera contundente, pero sin malas formas. Por otro lado, debemos enseñarle cómo debería responder o reaccionar adecuadamente en las situaciones en las que da malas contestaciones.
  • Evitar que se salga con la suya.

Procurar evitar que las malas contestaciones sean una forma de salirse con la suya. Enseñarle que cuando las utiliza, pierde la razón y no consigue lo que quiere.
  • No prestarle especial atención.

Después de haberle dejado claro que no es una forma aceptable de actuar, intentemos no prestarle especial atención. Simplemente actuemos: por ejemplo, con frases del tipo “ya sabes que cuando respondes mal pierdes la razón y no te atiendo” o similares. Por el contrario, cuando nos hable correctamente o cuando exprese sus quejas de manera adecuada, debemos reconocérserlo y reforzarlo de manera inmediata con elogios, gestos de afecto o con pequeños premios.
  • Adoptar otras medidas.

Si las malas contestaciones son un comportamiento habitual y arraigado debemos adoptar otro tipo de medidas. En primer lugar, haciéndole saber que no vamos a consentir esa forma de actuar y, en segundo lugar, adoptando algún tipo de penalización adecuada a su edad por responder así, como por ejemplo, la retirada de privilegios.
Resumen de las cinco medidas para actuar frente a las malas contestaciones:
  1. Cortar las primeras manifestaciones
  2. Dar buen ejemplo.
  3. Evitar que se salga con la suya
  4. No prestarle especial atención
  5. Adoptar otras medidas

viernes, 13 de abril de 2012

ESTRATEGIAS DE DISCIPLINA PARA LOS NIÑOS PEQUEÑOS (3 - 8 años)


La disciplina no es un castigo. La disciplina ayuda a que los niños aprendan a comportarse de manera adecuada para su edad y su nivel de desarrollo. Los niños nunca deben sentirse amenazados. Debemos enseñarles con cariño y respeto.
DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS 3 AÑOS. .
Los niños muy pequeños no tienen el razonamiento necesario y requieren de la intervención de los adultos para orientarles o protegerles. A veces lloran o tienen rabietas porque están enfermos, tienen hambre, sed, mucho calor; están muy cansados, demasiado estimulados o se sienten abandonados. Los adultos, en estos casos, debemos cuidarles, evitando que se sientan incómodos y tratando de satisfacer sus necesidades físicas y emocionales. Cuando un niño muy pequeño se porta mal, las formas básicas de educarle con disciplina son la supervisión, la distracción y la reorientación.
ESTRATEGIAS DE LOS 3 A LOS 8 AÑOS
Los especialistas en materia de disciplina infantil siempre recomiendan las siguientes estrategias para niños a partir de los 3 años:
Establecer límites.
  • Establecer límites de manera coherente ayuda a que los niños se sientan tranquilos y seguros al saber lo que se espera de ellos y las consecuencias de sus actos.
  • Nuestras expectativas deben ajustarse a la edad del niño/a. Si son pequeños, debemos reducir nuestros objetivos a los términos más básicos y ser constantes.
  • Use instrucciones positivas, con un tono amable.
  • Cuando le pida algo, hágalo de forma positiva, por ejemplo, "por favor, habla en un tono más bajo y calmado", en lugar de decir "¡no grites!".
  • Ofrezca un par de advertencias y avisos, pero si persiste, actúe.
  • Use las palabras "cuando" y "entonces" como un aviso sobre algo, en lugar de emitir amenazas. (Por ejemplo: "Cuando termines de tomar la leche, entonces podrás ir a jugar").
Ignorar. Algunos comportamientos que no son peligrosos para el niño o para los demás deberían ser ignorados (por ejemplo: el tono quejoso, el discutirlo todo, el usar malas palabras, o el tener alguna rabieta). Si no ignoramos algunos de estos comportamientos, pasaremos todo el tiempo corrigiendo al niño y estaremos prestando atención a comportamientos negativos en lugar de positivos. A menudo es difícil ignorar a los niños, por lo que ofrecemos algunas pautas que se pueden seguir ante ciertos comportamientos:
  • Evitar discutir o mirar al niño a los ojos.
  • Alejarse del niño, pero permanecer en la habitación.
  • Decidir cuáles son los comportamientos que usted puede ignorar.
  • Distraer al niño haciendo algo que le guste compartir con usted. Por ejemplo, "¡mira el elefante que hay en este libro!".
  • Alabar el comportamiento positivo. Por ejemplo, "me gusta mucho cuando, en vez de gritarme, me explicas por qué estás enfadado".
Aplicar las consecuencias.
A veces es posible evitar que los niños/as repitan un comportamiento negativo si les advertimos y avisamos de lo que les puede pasar como consecuencia de su acción. Si persisten en el comportamiento inadecuado, se aplica la consecuencia. Cuando la seguridad del niño está en peligro, por ejemplo: si está jugando con cerillas y se puede quemar, no debemos usar esta técnica. Siempre hay que explicarle al niño/a cuál es la conexión entre su comportamiento y las consecuencias.
Algunos ejemplos de la técnica de las consecuencias podrían ser:
El niño/a dibuja sobre la pared y el padre le quita los lápices de colores.
El niño/a llora sin parar porque quiere un juguete de una tienda y los padres se lo llevan a  casa.
Pérdida de privilegios.
Recomendable cuando el niño o la niña tiene la edad suficiente para entender que se le quitará un privilegio si continua comportándose mal. Con este método, le ofrecemos al niño la opción de controlarse o de perder un privilegio y le enseñamos que sus opciones o sus acciones tienen consecuencias.
No es apropiado quitarle un privilegio a un niño/a si no se le ha advertido sobre cuáles van a ser las consecuencias.
Tiempo Fuera.
"Time out" en inglés. Es una técnica disciplinaria sencilla y segura que puede ayudarnos a controlar la conducta de los niños/as. Todo lo que necesitamos es: determinación, constancia, un cronómetro o pomodoro y una silla. Se trata de apartar al niño de los demás y de las cosas que le gustan durante un periodo de tiempo limitado. Es un método usado para ayudar a los niños, sobre todo pequeños, a calmarse y recuperar el control, mientras también nos permite a los adultos  recuperar nuestro propio autocontrol.
El “tiempo fuera” se usa cuando deseamos eliminar o cambiar una conducta específica e inapropiada: por ejemplo, cuando el niño/a hace rabietas, muerde, pega, contesta, etc. Los niños/as utilizan este tipo de comportamientos cuando quieren que les prestemos toda nuestra atención, para obtener lo que quieren o bien, porque no saben cómo expresar su enfado o sus necesidades. En estos casos, los adultos cometemos el error de ceder. Con el “tiempo fuera”, los adultos no cedemos y, además, les retiramos nuestra atención.
No debemos usar el “tiempo fuera” cuando deseemos que aumente una conducta, como lavarse los dientes, obedecer, recoger sus juguetes, etc. Los niños/as se portan mejor y repiten una buena conducta cuando han obtenido nuestro reconocimiento (refuerzo positivo). Nuestra aprobación vale más de lo que imaginamos.
El “tiempo fuera” tampoco es útil ni efectivo en caso de accidentes, conductas ligeramente indisciplinadas o tan sólo un poco molestas. Es recomendable tratar de ignorar este tipo de comportamientos, a menos que el niño/a esté en peligro de hacerse daño a sí mismo/a o a otros.
El tiempo fuera enseña a los niños:
La conexión entre la conducta y las consecuencias.
Alternativas a tener ataques de ira para conseguir lo que desean.
A controlar la ira, a tener paciencia, a elegir.
A darse cuenta de que el adulto habla en serio y no podrá manipularle.
No todos los expertos en el desarrollo infantil están de acuerdo sobre si el uso de este método es bueno para los niños.
Cómo usar el “tiempo fuera”
Para las familias que decidan usar el tiempo fuera recomendamos no utilizarlo con niños menores de dos años.
Antes de empezar a usar la técnica, debemos:
  • Explicarle al niño o niña lo que significa “tiempo fuera”.
  • Seleccionar una de las conductas que deseemos cambiar. Funciona mejor cuando se usa para cambiar sólo una conducta en particular.
  • Tener un cronómetro (tipo cocina) sencillo a mano.
  • Preparar una silla y escoger un rincón o lugar en una zona muy aburrida de nuestra casa, sin otros distractores atractivos para el niño/a, donde pueda recuperar el control y calmarse a solas.
  • Decidir el período de tiempo en el que el niño/a estará aparte y comunicárselo.
Probablemente mostrarán resistencia ante la nueva estrategia y, al principio, podrían aumentar la conducta inadecuada que intentamos eliminar. Pero no debemos rendirnos.
Se tarda de 6 a 8 semanas en cambiar permanentemente una conducta. La clave es la constancia.
 Es recomendable tener todo lo necesario para poder aplicar esta estrategia cuando lo necesitemos.
Podemos elegir entre una de las tres variantes de esta estrategia:
  • Tiempo fuera de aislamiento: llevamos al niño a otra habitación en la que no pueda disfrutar de las cosas que le gustan (ver televisión, jugar con juguetes, etc.).
  • Tiempo fuera de exclusión: el niño permanece en la misma habitación, aunque sin la posibilidad de ver a los demás o de poder conseguir los reforzadores mencionados anteriormente. Este es un ejemplo de lo que se conoce como “rincón de pensar”.
  • Tiempo fuera de no exclusión: el niño o la niña permanece en la misma habitación observando cómo los demás se lo pasan bien.
Pasos a seguir:
  • Una vez que el niño o la niña comience a mostrar el comportamiento que queremos eliminar o cambiar, le daremos el primer aviso para que deje de hacerlo. Usaremos las palabras "si" y "entonces" para dar las advertencias y explicarle las consecuencias. Debemos ser constantes al aplicar esta técnica. ("Si no guardas tus juguetes en la caja, entonces cumplirás el “tiempo fuera”).
  • Si el niño persiste en su conducta, le llevamos a la silla o zona del “tiempo fuera”. De 2 a 6 años, tendremos que acompañarles hasta el área de “tiempo fuera”. A partir de los 7 años de edad, sólo les comunicaremos que deben irse a la zona de “tiempo fuera”.
  • No debemos regañarle ni pegarle, ni dirigirle más de 10 palabras en el camino a la silla. Podemos decirle cosas como “pegar a tu hermana no es algo aceptable. ¡Tiempo fuera!”.
  • A continuación, pondremos el cronómetro en marcha donde el niño o la niña pueda escucharlo y le explicaremos que el “tiempo fuera” se acabará cuando suene la alarma del cronómetro. Lo recomendable es cumplir un minuto por año de edad, tiempo suficiente para que entienda las consecuencias que tienen sus actos (por ejemplo, 4 años, 4 minutos). Para los niños o niñas, un minuto sin la atención de su padre o madre será una eternidad. Durante este tiempo no debemos hablar con él/ella ni prestarle ninguna atención. De manera simultánea, los adultos utilizaremos el “tiempo fuera” para calmarnos nosotros también.
  • Es posible que el niño o la niña reaccione negativamente ante los primeros “tiempo fuera” y quizá patalee, grite o se levante de la silla. Simplemente debemos hacer que se siente en ella de nuevo. Recordemos que lo que intentan lograr portándose así es que les prestemos atención. Debemos tratar de no ceder, a menos que el niño o la niña se está haciendo daño.  A  los niños/as mayores de 7 años les informaremos que se añadirá un minuto de “tiempo fuera” cada vez que se levanten de la silla. Así sabrán que el tiempo se añadió como resultado de su conducta.
  • Cuando suene el cronómetro, el “tiempo fuera” habrá terminado. Entonces le pediremos al niño o a la niña que nos explique la razón por la que piensa que se le envió al “tiempo fuera” y le explicaremos las diferentes formas por las que puede expresar su enfado o captar nuestra atención de manera más positiva (por ejemplo: "Manuel, busquemos una manera mejor de demostrarle a Pedro que estás enojado con él, en lugar de pelear").
Después de aplicar alguna de estrategias mencionadas, debemos reforzar y recordarle al niño/a cómo nos gusta cuando se comporta adecuadamente.

FUENTE:

domingo, 20 de febrero de 2011

PADRE DE UN NIÑO CON TDAH


"Tengo un hijo con TDAH. Escribo este comentario, no para refutar a las muchas personas que aquí opinan gratuitamente sin saber lo que es este trastorno (que no enfermedad), sino para ayudar a aquellos padres que pasan por lo que mi mujer y yo pasamos, estamos pasando y pasaremos lo que nos quede de vida. Queremos a nuestro único hijo más que nada en este mundo y las decisiones que se tienen que tomar cuando la vida te da un hijo diferente, son de las decisiones más duras a las que te puedes enfrentar.
Desde la guardería, el parvulario y la primaria: diversos profesores, educadores y personas que estuvieron con nuestro hijo al cargo, siempre nos hicieron comentarios de que era un niño diferente. Pero no por mal comportamiento (mi hijo era y es un trozo de pan), sino por su distracción constante, su nulo aprendizaje, su imán para tener o provocar accidentes, su indolencia (pensábamos entonces que era un vago) y otras muchas pequeñas cosas en las que no se parecía a la mayoría de chicos de su edad. Tras mucho pensar (y créame cuando le digo mucho), mi mujer y yo decidimos poner el caso en manos de una psicóloga colegida para averiguar qué estaba pasando. Pasaron meses, entrevistas de ella con sus profesores y tutores, con nosotros y familiares. Rellenamos varios cuestionarios; sometió a nuestro hijo a varios test y pruebas intelectuales e, incluso, una revisión oftalmológica, para descartar problemas de visión. Su diagnóstico fue claro: TDAH. ¿Qué hacer a partir de ahí? Nos informó qué era exactamente ese trastorno, sus,  hasta ahora, conocidas causas y, sobre todo, sus posibles tratamientos. Se nos calló el mundo encima cuando habló de medicación. ¿Cómo medicar a un niño de por vida? Psiquiatría, Psicología... ¿Pero que era todo eso...?
Han pasado varios años. Está controlado por su psiquiatra, que sólo vigila como va con la medicación, si le va bien y progresa y si, físicamente, tiene algún efecto secundario. La verdad, tiene muy poco apetito y es un niño delgado, pero nada más. Está controlado también por la psicóloga, que le ayuda en el desarrollo de su personalidad, nos da pautas de comportamiento a nosotros y a sus profesores y tutores, en periódicas reuniones para saber cómo tratarlo. Resultado: nuestro hijo está perfecto, es un niño de su edad, bien con sus estudios con constantes felicitaciones de sus tutores, con más amiguitos que nunca. Sigue siendo muy movido, pero rara vez tiene algún percance. Hace deporte, juega, estudia, se relaciona y hace cualquier cosa que hagan los demás. Es feliz porque sabe lo que le pasa y el esfuerzo que está haciendo para superarse, todos lo valoramos, él y  las personas que estamos a su alrededor. De verdad, ¿hay alguien que piensa que se medica a un hijo para que no te moleste o que lo llevas a un psiquiatra y a un psicólogo porque eso es de ser muy modernos? Como ya he dicho al principio, son decisiones muy difíciles y gracias a ello, nuestro hijo está bien".
ANTONIO ROMERO
FUENTE: