TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

viernes, 25 de mayo de 2012

QUÉ ES LA AUTOESTIMA



El desarrollo de una autoestima ajustada es el primer pilar del bienestar psicológico de cualquier persona y por supuesto, de nuestros hijos o alumnos.
Autoestima y autoconcepto son las dos caras de una misma moneda.
Por una cara, el autoconcepto que es la idea que cada persona tiene de sí mismo, cómo se describe y define. En los niños, el autoconcepto va siendo más elaborado conforme van creciendo. Cuando son pequeños las definiciones se hacen respecto a algunos atributos: “soy una niña“, “soy muy bueno…” A medida que se hacen mayores, pueden expresar cualidades, preferencias, habilidades o formas de ser.
Por otro lado, la autoestima es la valoración afectiva de ese autoconcepto: si gusta o no como uno es, si se está o no satisfecho con uno mismo y también si uno mismo se quiere o no.
COMPONENTES DE LA AUTOESTIMA
La autoestima tiene tres componentes básicos: sentimientos, ideas y comportamientos.
Sentimientos
Los sentimientos son las emociones implicadas: de agrado o desagrado hacia uno mismo y, por tanto, sentimientos positivos o negativos, que se traducen en una aceptación o disgusto con uno mismo.
Ideas
Son el componente cognitivo de la autoestima: los pensamientos que genera la autoestima, el propio diálogo interior, los juicios sobre uno mismo. El componente cognitivo se pone de manifiesto, por ejemplo, cuando al enfrentarse a una situación nueva se piensa: “no voy a ser capaz“, “yo nunca logro nada“; o por el contrario, pensamientos más positivos: “si me esfuerzo lo conseguiré“, “creo que puedo afrontarlo…”
Comportamientos
Por último, la expresión última de la autoestima se manifiesta en conductas concretas que hace que los hijos tomen decisiones y actúen de una determinada manera ante infinidad de situaciones: con iniciativa, con más o menos seguridad, que aborden nuevos retos o, por el contrario, que sean retraídos, inseguros, etc.
ASPECTOS DE LA AUTOESTIMA
Además de lo anterior, el autoconcepto y autoestima, se refieren a diferentes aspectos de la propia persona. Por ello se puede hablar de una autoestima física, referida al propio cuerpo e imagen; intelectual, sobre las propias capacidades intelectuales; académica, sobre la vida escolar; social, sobre la relación con las demás personas, etc.
De esta forma puede haber niños con una imagen física y social positiva, mientras que su autoconcepto y autoestima académica e intelectual no lo sea tanto.
AUTOESTIMA AJUSTADA
Frente a lo que popularmente se piensa, lo ideal no es tener una alta autoestima, sino más bien que el autoncepto y la autoestima sea más o menos ajustada. Es decir, que se correspondan con la realidad personal y, sobre todo, que haya una aceptación tranquila y satisfactoria de uno mismo.
Tan desajustada y arriesgada es una valoración negativa de uno mismo, como una sobrevaloración no realista de la propia imagen y realidad personal.
AUTOESTIMA: ¿CÓMO SE CONSTRUYE EN LOS NIÑOS?
Si hubiera que explicarlo de una forma muy sintética, habría que decir que el autoconcepto y autoestima se van construyendo progresivamente desde la imagen que transmiten las personas más cercanas al niño (sus padres principalmente) hasta la construcción más interna y personal.
En los primeros años
En los primeros años de la vida del niño, hasta los 3 o 4 años, el autoconcepto y la autoestima se van conformando por la imagen que de sí mismo van proyectando las personas más significativas para el niño o la niña: su padre y su madre.
El niño es “lo que sus padres dicen de él“, de ahí la importancia de las “etiquetas” que se empleen con ellos, tanto positivas como negativas: “un trasto”, “inquieto”, “tranquilo”, “tímido”, “comilón”, “mal comedor”, “bruto”, “bueno”, “malo”…
Pero no solo lo que dicen, las muestras de afecto son clave: un niño construirá su autoestima (se querrá a sí mismo) si se siente querido por sus padres.
Durante la escolaridad
Una vez que inicia su escolaridad, hacia los 3 años la mayoría de los niños, intervienen otras personas significativas en el desarrollo de su autoestima: sus profesores.
Ellos también envían mensajes definitorios:  lento, distraído, trabajador, tranquilo, trabaja muy bien… y muestran en alguna medida aprecio y preocupación.
Desde los ocho años en adelante y especialmente en la adolescencia, otras personas decisivas entran en juego: los iguales, los compañeros y los amigos. Ellos también etiquetan, pero sobre todo transmiten afecto, aceptación o rechazo al niño o a la niña.
RECAPITULANDO
La autoestima se va desarrollando y construyendo por la imagen, la aceptación y el afecto que transmiten las personas más cercanas y significativas para el niño o la niña.
Inicialmente son sus padres, pero poco a poco se suman sus profesores y más tarde sus compañeros e iguales.
No será hasta más adelante, cuando el chico elabora su propio concepto y autoestima.
CÓMO MEJORAR LA AUTOESTIMA DE NUESTRO HIJO/A EN DIEZ PASOS
1. Ayudar a conocerse
El primer paso es ayudar a nuestro hijo a conocerse. Ello implica que de una manera realista le ayudaremos a descubrir sus cualidades en diferentes ámbitos: su propio cuerpo, respecto a los estudios, en la relación con los demás, en su forma de afrontar las cosas, etc.
Recordemos que las definiciones y etiquetas que establezcamos serán las que irán construyendo su autoconcepto – autoestima. ¡Cuidado con lo que decimos!.
2. Valorar sus logros
Desde pequeños, debemos valorar los pequeños logros de nuestro hijo o de nuestro alumno. Con realismo, sin exagerar, pero valorando los pequeños o grandes logros y conquistas que va realizando.
La lista puede ser interminable: controlar el pis, recoger la mesa, los juguetes, dormir solo, vestirse solo, comer solo, sus deberes escolares, etc.
En primer lugar, los padres puede expresar en voz alta estos logros pero, poco a poco, podemos ayudar a que sea nuestro hijo quién tome conciencia de ellos y sea él mismo quien los descubra y valore.
3. Evitar etiquetas negativas
“Etiquetar” no es adecuado, aunque suele ser inevitable; pero las etiquetas negativas lo son mucho menos. Tenemos que evitar ese tipo de definiciones de nuestro hijo desde el principio porque, de alguna manera, crea unas expectativas, de forma que tratará de responder a esas ellas, aunque sea de manera inconsciente.
Por tanto, siempre debemos evitar etiquetas como, trasto, inquieto, tímido, desordenado, pegón, vago, miedoso, inseguro, inmaduro, malo, mentiroso, etc.
4. No hacer profecías negativas
En la educación de los hijos hay que regañar, corregir e indicar lo que se hace mal. Sin embargo, hay que evitar las críticas negativas o destructivas.
Ese tipo de crítica sólo resalta lo negativo, no tiene intención de mejorar, sino de dejar en evidencia los errores, sin dar pistas sobre cómo se puede hacer adecuadamente la próxima vez.
Pero además, ese tipo de crítica suele tener una carga de profecía negativa. Éstas son expresiones y valoraciones negativas que tienen el carácter de sentencia y de profecía de lo que ocurrirá en el futuro: “nunca conseguirás hacer nada bien”, “al final, eres un desastre”. En el caso de los niños, cierran toda posibilidad de mejora. Además, está demostrado que al emitir una profecía negativa, de manera inconsciente toda la conducta se orienta para que ésta se cumpla.
En ocasiones, los nervios o el enfado nos puede jugar malas pasadas, pero debemos tratar de evitar este tipo de comentarios, tanto si somos padres como si somos educadores. Por el contrario, debemos mandar mensajes de esperanza y mejora.
5. Ponerlos en la tesitura de tomar decisiones
Las personas con baja autoestima son inseguras, les cuesta tomar decisiones y prefieren siempre que otros decidan por ellos.
Ponerles en situación de decidirse y dejarles que ellos decidan por sí mismos, con sus riesgos e incertidumbres, es otra forma de construir la autoestima. Desde pequeños podemos ponerlos en la tesitura de tomar pequeñas decisiones: ofrecer dos sabores de yogurt, dos prendas para vestirse o entre una actividad extraescolar y otra, por ejemplo.
6. Proponer responsabilidades
Desde bien pequeños, probablemente desde los 2 o 3 años, se pueden proponer pequeñas responsabilidades a nuestro hijo o hija.
Ofrecer responsabilidades implica un mensaje subliminal: “creo que puedes hacerlo, confío en ti, esto lo pongo en tus manos“.
Las responsabilidades dependerán de la edad y de las condiciones. Algunas propuestas son:
Hasta los 6 años.
Poner y quitar la mesa, regar las macetas, recoger los propios juguetes, cuidar algunas pertenencias, comer solo.
De los 7 a los 12 años.
Además de las anteriores, cuidado de las propias pertenencias, orden de la propia habitación, realizar algunas compras en tiendas cercanas, cuidar su material escolar, gestionar sus ahorros, anotar los deberes, tomarse los medicamentos que les prescriban (bajo nuestra vigilancia) o acudir a las actividades extraescolares con las que se ha comprometido.
A partir de los 12 años.
Cuidado de mascotas de la casa, tirar la basura, hacer determinadas compras para el hogar, ordenar su habitación, cuidar de hermanos pequeños, estar pendiente de los estudios y material escolar, hacer determinadas gestiones, etc.
7. Dar pistas para solucionar problemas
Con muy buena intención, desde que los niños son pequeños, los padres intentan interceder y solucionar los pequeños problemas que se van encontrando: desde encajar una pieza en una construcción con los más peques, hasta solucionar problemas de los hijos mayores con los amigos.
Aunque se hace para facilitarles las cosas, no siempre es lo más adecuado. La estrategia más efectiva sería ayudarles a vivir las pequeñas vicisitudes de su vida y darles pistas para que sean ellos los que afronten y solucionen sus propios problemas. Cuando dejamos que los niños afronten estas situaciones, ponen en marcha la búsqueda de alternativas, ensayos, errores y aciertos. Y cuando logran solucionar algunas cosas por su propio esfuerzo reciben un empuje en su autoestima.
8. Evitar la sobreprotección excesiva
La sobreprotección merma la autoestima, porque el mensaje final que envía es “tengo que protegerte, tú solo no puedes“.
Desarrollar una sana autonomía es también una apuesta por el desarrollo de la autoestima. La estrategia general puede ser: todo aquello que nuestro hijo puedas hacer por sí mismo, sin poner en riesgo su seguridad, debe de hacerlo, aunque lo haga más despacio o peor.
9. Reflexionar sanamente sobre el fracaso
El fracaso, los errores, la no consecución de objetivos y las pequeñas o grandes frustraciones forman parte de la dinámica de la vida. Negar eso es transmitir una idea falsa de lo que es la realidad.
Nuestra cultura no tolera el fracaso y éste no forma parte de las reglas de juego, pero lo cierto es que unas veces se gana y otras se pierde.  Hay que enseñar a ganar… pero también a perder y a volver a afrontar de nuevo las situaciones con espíritu deportivo.
De cara a desarrollar una autoestima adecuada, hay que procurar reflexionar sobre el fracaso poniendo el peso en nuestras posibilidades y en aquello que depende de uno mismo. Es lo que técnicamente se llama crear un “locus de control interno“.  No podemos controlar todas las variables, pero hay un número de ellas que sí dependen de nuestra acción.
Lo contrario sería culpar siempre a los demás y a las circunstancias externas. El locus de control interno implica que la próxima vez puedo intentarlo y mejorar, de manera que parte de la consecución de las cosas depende de mi propia capacidad.
10. Transmitir seguridad afectiva
El pilar básico de la autoestima es sentirse profundamente querido. En esto, los padres y madres no solo tienen un papel insustituible, sino que además es algo que tienen a su alcance.
Aunque es difícil explicar en este espacio cómo transmitir seguridad afectiva, proponemos algunas estrategias:
Realizar muestras explícitas de afecto
Los abrazos, besos caricias, palabras cariñosas son la primera y principal forma de transmitir afecto. Cada niño tiene su lenguaje en el que prefiere que se le transmita el afecto. Este lenguaje puede variar por la edad, pero todos los niños y niñas lo necesitan.
Papá y mamá se quieren
La seguridad afectiva también se transmite cuando los niños comprueban que papá y mamá se quieren. La armonía de la pareja ayuda a construir una sana autoestima.
Cuidar los pequeños detalles
Los pequeños detalles son una forma práctica y cotidiana de transmitir seguridad afectiva. Las posibilidades son muchas:  recogerlos del colegio, comer con ellos, llevarlos al parque, jugar con ellos, dedicarles tiempo, etc. Esto es lo que más valoran los niños de sus padres y  les hace que se sientan verdaderamente importantes.
Ser exigentes
Ser exigentes, porque el amor lo es. Un niño se siente querido y mejora su autoestima cuando sus padres son exigentes con él porque eso significa que les importa. Una sana exigencia es otra forma de transmitir seguridad afectiva.
Incondicionalidad
Por último transmitir la idea de incondicionalidad: se les quiere incondicionalmente. Expresiones como “si no haces esto no te quiero“, “si sigues así te enviaré a un internado…” o similares no son adecuadas.
RECAPITULANDO
Estos han sido los diez pasos propuestos para mejorar la autoestima de su hijo:
  1. Ayudar a conocerse
  2. Valorar sus logros
  3. Evitar las etiquetas negativas
  4. No hacer profecías negativas
  5. Poner en la tesitura de tomar decisiones
  6. Proponer responsabilidades
  7. Dar pistas para solucionar problemas
  8. Evitar la sobreprotección excesiva
  9. Reflexionar sanamente sobre el fracaso
  10. Transmitir seguridad afectiva
Además, también ayudan los siguientes consejos:
  • Ofrecer oportunidades a nuestros hijos para que tengan éxito
  • Buscar razones  para elogiar a nuestros hijos
  • No compararles
  • Permitir que nuestros hijos se equivoquen y participa de las soluciones.
  • Si nuestros hijos se equivocan no criticarles
  • Confíar en nuestros hijos
  • Ser cariñoso con ellos
  • Pasar tiempo libre con los hijos
  • Trasmitir el valor de compartir con los demás
  • Enseñar a nuestros hijos a valorar a las demás personas.
  • No actuar en forma violenta frente a nuestros hijos
  • Inculcar hábitos saludables
FUENTE:
www.jesusjarque.com

lunes, 21 de mayo de 2012

MI QUERID@ HIPERACTIV@



Tener un hij@ hiperactiv@ complica enormemente la vida cotidiana: el orden, las salidas, los deberes, los resultados escolares… Habitualmente se pone énfasis en las deficiencias que estos niños tienen, dejando de lado sus muchas capacidades: su energía inagotable, su derroche de ideas cuando algo les interesa, su capacidad para emprender algo que se han propuesto, su gran creatividad o sus grandes aptitudes físicas, musicales o artísticas. Pero  como padres podemos darle la vuelta a "nuestr@ querid@ hiperactiv@" y organizar actividades y proyectos en casa o con los de casa, que permitan a nuestro hijo/a triunfar o empezar y acabar cosas que planea. Con todo ello, lograremos conocer más a nuestro hijo/a y podremos establecer vínculos positivos de relación con él.
No podremos modificar esta predisposición innata (diferencia en el funcionamiento cerebral), pero no cabe la menor duda de que lo que sí está en nuestras manos es modificar el ambiente familiar y escolar para ayudar a estos niños a comportarse de forma adecuada y a desarrollar su máximo potencia” (Christopher Green. Kit Chee).
¡La hiperactividad se ha puesto de moda!
Y eso puede ser bueno, porque la ignorancia hace ver fantasmas donde no los hay, pero también puede ser malo, porque ni todos los niños movidos son hiperactivos ni todos los hiperactivos son irrecuperables.
Si tienes un hijo que padece de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) puedes acabar "al borde de un ataque de nervios":
  • Su capacidad de concentración y de atención puede ser muy baja
  • Los despistes y olvidos son continuados
  • Son irreflexivos
  • Su movimiento corporal y su actividad son constantes
  • No atienden
  • Tienen baja autoestima
  • A duras penas siguen las reglas
  • Acostumbran a estar poco motivados
  • Son impredecibles
Los anteriormente enumerados son algunos de los déficits que podemos encontrar en niños/as con TDAH. Y desde esta perspectiva de incapacidad en determinadas áreas, los comúnmente llamados hiperactivos/as son vistos por muchos de los profesionales médicos o educativos.
La medicación y los programas de modificación de conducta mediante recompensas o castigos son las dos vías de intervención habitualmente recomendadas a los padres, intervenciones que resultan efectivas mientras duran los efectos o las influencias externas. Estas terapias despiertan en los padres temores añadidos, en relación a los efectos secundarios de la medicación o a la bondad de los cambios de conducta basados en recompensas, las cuales pueden apagar la creatividad o disminuir la capacidad real de motivación intrínseca que todo ser humano necesita para ejercer el tan necesario autocontrol.
Pero si intentamos aproximarnos a los niños/as con TDAH desde una perspectiva global, viendo lo positivo que hay en ellos, recogiendo las aportaciones que pueden hacer a la familia, a la sociedad y a la escuela, observaremos que también tienen áreas fuertes, áreas en las cuales pueden y deben sobresalir.
Algunas de las cualidades que pueden mostrar los niños/as con TDAH, según el caso, son:
  • Capacidades musicales o artísticas sobresalientes
  • Destreza y habilidad física para los deportes
  • Gran iniciativa en los temas que son de su interés
  • Creatividad
  • Habilidad manual
  • Energía inagotable
Ayudar a estos niños a descubrir cuáles son las áreas en las que son buenos o guiarles para que identifiquen cuáles de sus habilidades les ayudarán a tener éxito en la escuela y en la vida, son aspectos que deberían ser contemplados por los profesionales que estudian y ayudan a los niños con TDAH y, por supuesto, por los padres. Es por ello necesario que el ambiente educativo que les rodea sea estimulante, rico, variado y que, siempre que sea posible, favorezca el movimiento, la investigación y la iniciativa.
Algunos niños/as afectados por el TDAH suelen necesitar también un buen programa de ejercicio físico diario, a ser posible en actividades que no requieran competir (suelen tolerar mal la frustración) y que no demanden excesiva interacción social (la auto-regulación de su implicación en grupo y de su respuesta a las demandas acostumbra ser deficitaria).
Así son especialmente recomendables:
  • La natación
  • El excursionismo
  • La bicicleta
  • Las artes marciales
  • La gimnasia individual
Para ayudarles en los problemas de lectura, comprensión lectora o expresión oral los padres debemos establecer rutinas diarias de refuerzo en las cuales los niños puedan "manipular las palabras" o jugar con los sonidos:
  • Confeccionar tarjetas con palabras familiares asociadas por sonidos o por la relación entre los objetos (rato, gato, pato, trato, salto; cepillo, pasta, jabón, ducha, agua, etc.)
  • Juegos de rima tradicionales
  • Juegos de trabalenguas
  • Leerles en voz alta CADA DÍA de forma que se estimule el reconocimiento auditivo de sonidos.
  • Confeccionar el libro con su historia personal o la de su equipo de deporte favorito o la de su ídolo musical.
Es sabido que los niños/as con TDAH ponen a prueba a conciencia la capacidad parental, desde que amanece hasta que, por fin, se duermen. Y ofrecen "miles de oportunidades" para que la paciencia y el autocontrol de los padres "crezca y se multiplique". Pero si los padres lo intentamos podemos aprovechar la gran energía y vitalidad que tienen, el torrente de ideas que muestran cuando algo les interesa y canalizarlo todo en casa, de forma que podamos poner en marcha actividades de investigación que les motiven de verdad y mediante las cuales podamos ayudarles a desarrollar estrategias de control, memoria, constancia, responsabilidad, etc.
A continuación se enumeran algunas de las actividades que se pueden hacer con ellos:
  • Hacer un hormiguero
  • Cultivar hortalizas en el balcón de casa
  • Montar un mural o un libro con la historia de la familia desde los tatarabuelos
  • Aprender las tablas de multiplicar grabándolas en un mp3, con la intervención de cada miembro de la familia, escuchándolas en el coche cuando viajemos.
  • Dibujar o pintar en familia, exponiendo después las obras en algún lugar relevante
  • Jugar juntos a juegos de mesa o de estrategia
Todas las actividades, proyectos, juegos e ideas que pongamos en marcha juntos tienen la virtud de ofrecernos información de primera mano sobre cómo actúa y se organiza nuestro hijo en actividades que LE MOTIVAN. Ello nos permitirá tener criterio propio sobre sus posibilidades REALES de éxito, permitiéndonos valorar sus logros y acompañarle en sus fracasos.
A menudo, los niños con TDAH pasan mucho tiempo en la escuela y la imagen que reciben de terceros en cuanto a sus capacidades, sus logros o sus habilidades dista mucho de ser la que debieran recibir para una correcta construcción del concepto de sí mismo.
Pasar tiempo con ellos, aceptarles como son, concienciarnos de sus potencialidades y procurar, por encima de todo, que las desarrollen, debe ser el objetivo de los padres ante un hijo con un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad.
FUENTE:
Carmen Herrera García. Profesora de Educación Infantil y Primaria


miércoles, 16 de mayo de 2012

¿QUÉ TAL FUNCIONA TU ATENCIÓN SELECTIVA?

Existen diferentes tipos de atención que responden a circuitos cerebrales diferentes. Los más importantes son los encargados de la fase de alerta, de la atención selectiva, de la atención continua o sostenida y de la atención dividida. Estas funciones atencionales están afectadas por el TDAH.
Una de ellas, la atención selectiva, es el filtro que evita la sobrecarga mental, ya que nuestro cerebro recibe el equivalente a un millón de bits de información por segundo. La atención selectiva “selecciona”  y deja que “sólo pase” la información que consideramos relevante, al tiempo que ignora lo que no es importante para la situación/actividad que estamos realizando.
La atención selectiva se encuentra afectada en las personas con TDAH, por lo que su cerebro es como un caleidoscopio de datos incompletos e irrelevantes que entran y salen rápidamente, procedente de muchas fuentes a la vez.
¿Cómo funciona tu atención selectiva?
En esta actividad se pide que contéis cuántos pases realizan los jugadores del equipo vestido de BLANCO.
Os recomiendo seguir el ejercicio hasta el final: el resultado es muy revelador. 


¿Cuántos pases has contado?
Ahora, cuenta los pases de las personas vestidas de negro…
FUENTE

viernes, 11 de mayo de 2012

Programa TV "Tesis" (Canal Sur 2)




Las siglas TDAH resumen un síndrome neuroconductual muy frecuente, que afecta a entre un 5-7% de la población y que está asociado a multitud de clichés: el trastorno por déficit de atención e hiperactividad ha estado durante años en la base de la marginación escolar y social de niños a los que el desconocimiento tachaba de maleducados e indolentes. Las investigaciones científicas han constatado la raíz biológica del TDAH, aportando evidencias genéticas, neuroanatómicas y electrofisiológicas que, además, han descargado a los padres del doloroso y, ahora sabemos, infundado sentimiento de incompetencia que arrastraban.
El programa "Tesis", de Canal Sur 2, ha contado en este reportaje con el catedrático de psicología de la Universidad de Sevilla Carlos Mª Gómez y la psicóloga Amparo Alcalá, para ayudarnos a comprender los mecanismos biológicos y conductuales que explican el TDAH. También hemos conocido a Mario, de ocho años, y Javi, de diecisiete, afectados por este trastorno y cuyos casos ponen de manifiesto la importancia que un tratamiento adecuado y un entorno comprensivo y paciente tienen en el desarrollo óptimo de un chico con TDAH.
FUENTE:

martes, 8 de mayo de 2012

TDAH: ORIENTACIONES PSICOEDUCATIVAS PARA PADRES



Ambiente familiar
La familia debe aceptar a su hijo tal y como es, siendo deseable un clima afectivo, con una valoración frecuente de las cualidades del niño, pero también estable en las normas y en las consecuencias de su conducta.
Resulta aconsejable que los padres actúen armónica y coordinadamente en la educación de su hijo evitando contradicciones entre ellos, así como desacreditarse o culpabilizarse mutuamente. Se debe actuar con responsabilidad, apoyándose mutuamente, recordando que la educación de un hijo con TDAH es una tarea compartida y en ocasiones suficientemente complicada, como para estar continuamente valorando quién es el responsable de su educación o las cosas que el otro miembro de la pareja hace mal. Los desacuerdos deben ser resueltos de forma privada, recordando que el objetivo de ambos padres es el mismo: una educación que favorezca el desarrollo óptimo del niño.
Con niños inquietos es recomendable un ambiente ordenado y organizado, con horarios y rutinas para comer, dormir, hacer los deberes, implicarse en la asignación de determinadas tareas domésticas, etc. Todo ello les da seguridad y estructura y los niños con TDAH necesitan que las cosas sean predecibles. Igualmente, deben establecerse momentos y lugares, con horarios determinados donde el niño pueda moverse con libertad, e incluso ruidosamente. Debemos enseñar al niño a que discrimine en qué lugares y momentos está permitido moverse o jugar más libremente y en qué sitios es menos adecuado.
Un elemento básico la planificación ambiental, anticipándonos a situaciones de riesgo para el mal comportamiento. Para ello, debemos informarle de las normas y las consecuencias de su conducta cuando lleguemos a lugares donde anticipamos problemas; para prevenirlos se aconseja llevar unos lápices para dibujar si hacemos un viaje muy largo, despertarlo más temprano para lavarse y vestirse si es un poco lento, preparar la mochila del colegio la noche anterior en vez de hacerlo con prisas por la mañana, realizar los deberes antes de ver los dibujos animados en vez de a la inversa, etc.
Modelado
Los padres suelen ser modelos a los que el niño imita y admira, por lo que es recomendable dar una imagen adecuada (aunque muchos de los padres de estos niños tienen también TDAH, no favoreciendo el modelado de conductas adecuadas). Los niños aprenden más de lo que observan en nuestros propios actos que de aquellas cosas que les decimos deben hacer. Es deseable realizar con corrección lo que le solicitamos a nuestro hijo pues, de lo contrario, no lo entenderá y es posible que copie nuestra mala conducta. Así pues, si le pedimos que baje la voz, no debemos gritar, si le pedimos un pensamiento reflexivo sería deseable que lo observara en nosotros o si le solicitamos que no pegue a otros niños, no debemos pegarle.
Cuando nuestro hijo está especialmente activo es conveniente intentar mantener un ambiente calmado y utilizar un tono de voz adecuado, pausado, sereno y sin crispación cuando le pedimos que cumpla alguna norma. Esta actitud favorece la imitación y no excluye el ser firme ante la petición de una conducta adecuada.
Nuestra influencia como modelos funciona sobre el aprendizaje de conductas en nuestro hijo, aunque no de forma tan intensa como puede suceder en niños sin TDAH.
Estímulo-conducta
Para promover las conductas positivas debemos utilizar la recompensa o el refuerzo. Estos deberán ser variados para que no pierdan su fuerza, siendo el reconocimiento de carácter social el más fácil de administrar y el que siempre debe acompañar a un programa de refuerzos para fortalecer una conducta. Ejemplos de refuerzo social son frases como: “¡qué bien lo haces tú solo!”, “cómo se nota que estás creciendo”, “da gusto estar contigo”. Otras veces puede ser suficiente una sonrisa de aprobación, un beso, atención o una palmada en la espalda.
También debemos considerar que con frecuencia prestamos atención a conductas negativas y no lo hacemos con las positivas; así, es verdad que prestamos atención cuando interrumpe o molesta y no cuando juega tranquilamente. Con ello, conseguimos que el niño sepa que es objeto de atención sólo cuando realiza las conductas inadecuadas y las repetirá siempre que pueda. Lo mejor es el ignorar la conducta negativa encaminada a llamar la atención y fomentar las conductas adecuadas. Debemos estar atentos para detectar y elogiar los progresos y los pequeños avances y su esfuerzo por mejorar tanto la conducta como otras áreas de su vida. De esta manera, su autoestima mejorará.
Cuando un niño tiene una conducta problemática, el castigo en sí mismo no suele ser la mejor alternativa, siendo preferible el refuerzo de las conductas adecuadas. Es más eficaz felicitar a un niño por tener su cuarto organizado o tratar bien a su hermano, que castigarlo por tenerlo desorganizado o pegar a su hermano.
Como muchas veces puede no resultar sencillo premiar de forma inmediata la buena conducta. En estos casos, podemos utilizar un registro de la misma, en el que cada comportamiento adecuado tiene un valor en forma de puntos (los puntos son como el dinero, canjeables por determinados premios). Cuando se obtengan suficientes puntos se entrega la recompensa de manera inmediata. Por ejemplo, si tenemos como objetivo que el niño sea capaz de jugar con su hermano sin pelearse, podemos registrar si consigue o no un juego cooperativo y puntuarlo con dos puntos si el resultado es bueno, con uno si es regular y con cero puntos si es malo. A continuación cuando consigan un número determinado de puntos pactado previamente, ambos hermanos pueden obtener un premio acordado por los dos, como ir al zoo, al cine, invitar a los amigos, etc. En estas situaciones, se establece un listado de recompensas con los puntos necesarios para conseguirlas. Es importante que los premios se entreguen cuando se consigan los puntos, que las recompensas no se puedan obtener de ninguna otra manera y que sean deseadas por el niño (ver una película, merendar con un amigo, cromos, etc.). En algunas ocasiones también podemos utilizar como recompensas actividades que se conseguían a cambio de nada, como ver determinados programas de televisión.
Resulta importante graduar el esfuerzo por conseguir el premio: en un principio se debe poder obtener con facilidad, posteriormente con más esfuerzo y, finalmente, cuando se consigue casi siempre, cambiaremos la conducta objetivo para conseguir los puntos o recompensas.
En ocasiones, la conducta final debe ser dividida en procesos más pequeños y por ello es útil reforzar esos pasos intermedios. Por ejemplo, si el objetivo es obtener resultados académicos adecuados, podemos premiar procesos intermedios como hacer las tareas, tener las cosas preparadas en la mesa antes de empezar la tarea, etc.
Los registros de conducta unidos a los sistemas de puntos son una forma efectiva de prestar atención a las conductas deseables incompatibles con la conducta que se quiere cambiar, siendo muy motivador para el niño que se siente observado por la conducta adecuada y no por la negativa, como solía ser habitual.
Estos registros no deben utilizarse como un instrumento disciplinario, sino como un instrumento que genera información y ánimo.
Si hay un premio o refuerzo material, debe acompañarse de refuerzo social. Con el tiempo, eliminaremos el refuerzo material, quedando sólo el social.
Por diversos motivos, como pudiera ser la dificultad de atención, algunos niños no tienen claro lo que es una conducta correcta. Son niños a los que hemos corregido muchas veces en aquello que hacen mal, pero no les hemos dicho cómo hacerlo adecuadamente.
Es recomendable enseñarles lo que es una conducta adecuada en diversas situaciones (enseñarles a comunicarse, a esperar, a reflexionar sobre las consecuencias de las acciones...). La instrucción sobre el modo de comportarse es necesaria y puede ser ejercitada mediante el ensayo de roles o representación del comportamiento. Ensayar, a modo de pequeño teatro, el propio papel o el de los demás, suele ser muy instructivo, potencia las habilidades sociales si se hace correctamente y desarrolla la capacidad para ir apreciando otras perspectivas.
Normas
En casos de TDAH es recomendable que las normas sean pocas, claras, bien definidas y repetidas. Las normas deben aplicarse sistemáticamente, con tranquilidad, asegurándose de que el niño está atendiendo, evitando dar varias órdenes simultáneamente y adaptándose a las posibilidades del niño (castigar a un niño con TDAH por ser muy activo o inatento, es como hacerlo por la tos a una persona con gripe).
Las instrucciones deben ser concretas y expresadas como afirmación (“recoge el libro de tu cuarto”) más que como petición o favor (“¿quieres recoger el libro de tu cuarto?”).
El niño con TDAH es difícil de llevar si no se tienen unos límites educativos claros y consistentes, que deben ser aplicados en el momento adecuado, sin descontrol emocional Por ejemplo: si está viendo la televisión y deseamos que venga a cenar, no debemos esperar a llamarle diez veces de manera  crispada para hacerle cumplir lo solicitado, sino acercarnos tras la primera llamada, comunicárselo y apagar la televisión. Si nos encontramos muy alterados puede ser mejor no actuar y posponer lo que pensamos decirle hasta un momento más adecuado (“hablaremos de ello más tarde”) o sencillamente ignorar la conducta en ese momento.
Según nuestro criterio las normas o límites pueden incluir las siguientes características:
1. Ser avisadas de antemano. El niño debe conocer las reglas de la convivencia. Hasta dónde puede y no puede llegar.
2. Deberá ser consciente de las consecuencias que puede traerle la conducta inapropiada.
Las consecuencias no serán castigos físicos, sino privación de elementos agradables para él (ejemplo: privación de un programa de televisión o de la propina, aislamiento durante un periodo breve de tiempo en un lugar tranquilo destinado a reflexionar sobre su conducta, dejar de salir a la calle, pérdida de privilegios, etc.).
El castigo deberá ser limitado en el tiempo, que se pueda cumplir y proporcional a la conducta inadecuada (ejemplo: no sería proporcional, ni limitado en el tiempo el castigarlo sin salir durante un mes y además resultaría una imposición difícil de cumplir).
3. La aplicación de la norma, una vez que estemos seguros de que atiende y la entiende, deberá establecerse tras un breve período, en el que el niño tenga opción de corregirse, antes de recibir el castigo o la consecuencia (ejemplo: “ te dije que deberías tener recogida tu habitación a las diez y ya ha pasado la hora; dentro de quince minutos volveré para observar cómo está y si no está ordenada dejarás de ver tu programa favorito”).
4. El castigo o la consecuencia deberá ser aplicado, si es posible, de manera inmediata tras la mala conducta. Lo anunciaremos de forma breve (no entrar en discusiones sobre las normas), clara y firme, sin sermones, ni voces.
5. Deberá explicársele “breve y calmadamente” al niño el porqué de ese castigo (una sola vez por aplicación del castigo) y aplicarlo sistemáticamente cuando ocurre la conducta incorrecta. No resulta de utilidad el aplicarlo de forma inconsistente o dependiendo del humor en el que nos encontremos.
Finalmente debemos ser conscientes de que no podemos tener a nuestro hijo eternamente castigado y que suele ser de mayor utilidad el fomentar la conducta positiva mediante el modelado y los sistemas de refuerzo anteriormente expuestos. Cuando reforzamos la conducta deseable existe más probabilidad de que se mantenga o incremente, que cuando castigamos la conducta contraria indeseable.
Recomendamos seguir la regla, no necesariamente matemática sino conceptual, de decirle tres felicitaciones por cada recriminación.
Autonomía y autoestima
En muchas ocasiones son niños inmaduros, dependientes y con deficiencias en el auto cuidado, lo que suele hacer necesario el estímulo de conductas autónomas y responsables. Es importante estimular la autonomía del niño mediante el desempeño de actividades apropiadas a su edad (recoger su cuarto, vestirse...) y adjudicarle responsabilidades domésticas aludiendo a la confianza que tenemos en él (ejemplo: “te pido que vayas al comercio para hacer esta compra porque confío en ti...”, “eres un mozo y cada vez confío más en ti para hacer...”).
También resulta necesario reforzar su autoestima mediante la valoración de sus logros (“esta idea es muy buena”, “cada vez escribes mejor”, “eres un genio”, “sigue contándome esa idea”...) y proporcionarle metas que pueda alcanzar, para tener ocasión de felicitarle por ello. Este aspecto es crucial, pues estos niños suelen tener un amplio historial de recriminaciones que suelen minar la valoración que tienen de sí mismos.
Debemos eliminar las etiquetas negativas del tipo “hijo mío, eres tonto”, “eres un vago”, “eres insoportable”, “todo lo rompes”, “no hay quien te aguante”; que deben ser sustituidas por comentarios centrados en la conducta, separando la persona del acto. Ejemplo: si el niño ha tirado objetos de la mesa, un comentario centrado en la conducta sería “recoge los objetos del suelo”; mientras que la frase “eres un desastre”, es un comentario global que califica a la persona, devalúa, no separa a la persona del acto y además es falso, ya que tirar objetos no significa ser un desastre, al igual que hacer una tontería no significa ser tonto.
Debemos resaltar los aspectos positivos de su conducta sin sobreprotegerle, ni disculparle por lo que hizo mal. Por ejemplo: “has cometido un error, pero no pasa nada, puedes aprender de él y corregirlo”. Debemos  ayudarle a evaluar su conducta, interpretar adecuadamente lo que sucede y a aceptar sus limitaciones. Algunos niños con TDAH tienen dificultades a la hora de autoevaluarse, siendo frecuente que atribuyan sus fracasos o mal comportamiento a factores externos (“saco malas notas porque el profesor me tiene manía”), sin asumir su parte de responsabilidad (“he dedicado poco tiempo al estudio”,  “tengo poca base”, “el modo de estudio no fue el adecuado”). El reconocimiento de cierta parte de responsabilidad en la conducta es un requisito previo para su modificación, pero debemos tener cuidado en la manera de manejar esta situación, que frecuentemente es utilizada por el niño para mantener la autoestima atribuyendo los malos resultados a otras causas ajenas. Podemos ayudar al niño a hacer una valoración más objetiva de sus errores, sin hacerle sentirse infravalorado o culpable (“vales mucho y eres listo, pero este resultado significa que  necesitas más tiempo de trabajo. Vamos a hacerlo de esta manera y verás...”).
Debemos fomentar expectativas positivas y ajustadas a la singularidad del niño, así como estimular una buena imagen de sí mismo. Ejemplo correcto: cuando apreciemos un cambio positivo de conducta o aprendizaje, debemos elogiarle personal y públicamente “te has fijado cómo ha cambiado”. Ejemplo incorrecto: cuando mantenemos la expectativa de que el cambio es temporal: “vamos a ver cuánto le dura”, Ayudar a generar una buena autoestima ajustada a su realidad particular es muy importante para su estabilidad emocional y puede incidir en el desarrollo de una conducta adecuada. Con frecuencia son niños poco comprendidos, criticados y muy devaluados. Esta situación tiene como consecuencia una baja autoestima o a una autoestima falsamente inflada. Es por ello que debemos ayudarles a desarrollar un autoconcepto positivo.
Saber esperar
Resulta de utilidad enseñar a esperar a los niños con TDAH. Mediante las instrucciones adecuadas, explicaremos que cuando desee algo y estemos ocupados debe decir las palabras mágicas: “¿puedes atenderme?”. En un principio lo atenderemos lo antes posible reforzando que nos diga esas palabras. Luego le haremos esperar progresivamente un poco más (“un momento, enseguida estoy contigo”) y le elogiaremos por saber esperar (“da gusto observar cómo estás creciendo y sabes esperar”).
Cuando no sepa esperar no le prestaremos atención. También le ayudamos a saber esperar cuando le enseñamos a aplazar la gratificación: “antes de salir a la calle ordenamos en cinco minutos la habitación”, “primero haces los deberes y luego ves la televisión”. Cuando lo consigue le felicitamos por ello y en caso contrario no obtiene la recompensa anunciada.
Atención
En niños con dificultades de atención, resulta necesario incrementar conductas que la fomenten, como pudieran ser las siguientes:
  • Tener preparado el material antes de comenzar la tarea. Ayudar al niño a describir todo aquello que será necesario antes de iniciar la actividad.
  • Realizar tareas cortas (segmentadas si es necesario), estructuradas, motivadoras, reforzando cuando las termina. En un principio, tareas supervisadas, variadas y con estímulo por el esfuerzo en su realización, con independencia del éxito en el resultado final.
  • La orientación que le aportaremos será breve, asegurando su atención (manteniendo contacto visual) y ocasionalmente solicitando repetición.
  • Estudiar en un lugar tranquilo, sin elementos que favorezcan la distracción como ruidos, televisión, radio…
  • Utilizar periodos de descanso suficientes, para fortalecer una atención más concentrada.
  • Cambiar de actividad cuando el cansancio y disminución de la atención es evidente.
  • Comenzar por periodos cortos y supervisados de actividad académica, incrementando lenta y progresivamente el tiempo de actividad personalizada.
  • Utilizar técnicas de estudio adecuadas.
Enseñar a pensar
Las personas tenemos un lenguaje interno (“lo estoy haciendo bien”, “tengo que hacerlo de esta manera...”, “pensaré despacio antes de responder…”) que regula nuestra conducta y organiza nuestro pensamiento. Los niños con TDAH también tienen este lenguaje interno, pero no son tan hábiles en su utilización como para que pueda servirles de guía para actuar de forma reflexiva.
Las autoinstrucciones y resolución de problemas ayudan en este proceso. El entrenamiento en resolución de problemas estaría destinado a enseñar habilidades para identificar y definir los componentes de un problema, seleccionar estrategias/alternativas de actuación ante el mismo, prever las consecuencias de las mismas, tomar una decisión y valorar si resultó ser la más adecuada.
Resulta útil enseñar a los niños con TDAH a reflexionar sobre su conducta social o académica, así como sobre la de los demás (ejemplo: “Cómo podemos resolver…”, “qué podemos hacer para…”, “sabes por qué se enfadó ese niño…”, “te has dado cuenta de lo que hiciste…”, “qué pensabas cuando…”. Son preguntas que pueden ayudar a esta reflexión).
Relación con los compañeros
El comportamiento inmaduro de algunos niños con TDAH, su impulsividad y dificultad para empatizar y ponerse en el lugar del otro, dificulta en gran medida su interacción social. Sea cual fuere el origen, el rechazo que perciben puede hacerles sufrir mucho.
Existen algunas medidas que pueden colaborar en mejorar la relación social:
  • Favorecer el contacto controlado con otros niños, invitando a algún compañero a casa y estructurando/supervisando el juego.
  • Integrarle en actividades grupales organizadas y estructuradas de la comunidad, con la supervisión de un adulto.
  • Darle responsabilidades controladas en el ambiente de clase puede contribuir a que los demás niños tengan una visión más positiva sobre él y mayor aceptación.
  • Educarle con límites educativos claros puede contribuir a incrementar la resistencia a la frustración y favorecer una mejor comprensión de las reglas del juego y la interacción social.
  • Fomentar el análisis reflexivo de las situaciones conflictivas y favorecer la empatía (capacidad de ponerse en la piel del otro). Ej.: “¿cómo piensas que se ha sentido?”, “¿cómo te has sentido tú?”, “¿cómo sucedió?” (sin entrar directamente en el “¡qué hiciste!”).
  • Ayudarle en la dinámica de la resolución de conflictos e incremento de habilidades sociales, mediante la ayuda de un profesional.
Suele ser necesario ensayar en situaciones simuladas cómo comenzar una relación, cómo mantener una conversación, compartir con los demás, hacer y recibir cumplidos, ofrecer colaboración, saber pedir favores o manejar una discusión. Muchas veces, el problema puede que no sea el conocimiento de la habilidad, sino que fracase en inhibir impulsos, decir algo inoportuno o en ponerse en el lugar del otro.
Grupo familiar
Es frecuente que la temática del TDAH se asocie a una relación familiar excesivamente centrada en la persona que lo padece y su problemática, con olvido de necesidades básicas de algunos de sus miembros y deterioro de la dinámica familiar. Es necesario prestar atención a la familia considerada globalmente, a su dinámica y a las necesidades de sus integrantes.
Los padres también tiene derecho a tener buenas sensaciones y a cuidarse y naturalmente también existen los hermanos. Por las características de los niños con TDAH, en ocasiones, los hermanos reciben menos atención/afecto. Todo ello puede generar resentimiento y debemos darnos cuenta de la necesidad de que los otros hijos reciban atención positiva, afecto y la oportunidad de expresar sus preocupaciones, problemas y temores sobre lo que sucede.
La familia es algo más que la suma de los miembros enumerados previamente y, por ello, debemos atender al sistema de relaciones familiares que condicionan la interacción de sus componentes. Un buen asesoramiento profesional pudiera estar indicado en este apartado.
El TDAH adolescente
Muchas de las orientaciones previas son válidas para el adolescente con TDAH y otras deberán ser ajustadas. A continuación reflejamos algunas orientaciones básicas:
  • La ayuda de un profesional suele ser más necesaria en este periodo vital.
  • Infórmese de las peculiaridades de esta época de la vida y procure entenderlas.
  • La relación con el adolescente necesita una actitud más democrática que en épocas previas.
  • Las normas en el entorno doméstico, social y escolar siguen siendo muy necesarias, pero necesitan de mayor consenso.
  • Las expectativas respecto a la conducta de su hijo deberán ser realistas, pues si exige perfección y obediencia absoluta es probable que se sienta decepcionado.
  • Procure mantener abiertos los canales de comunicación y permita la expresión emocional de su hijo.
  • Procure no atribuir una intención demasiado personal a lo que hace.
  • Los estímulos o refuerzos deberán ajustarse a la edad del chico y los acuerdos pueden llegar más fácilmente mediante negociación que por imposición.
  • Procure conectar de forma genuina y empática con sus intereses, considere sus opiniones y comuníquese sin acusaciones (“¿qué ha sucedido?” en vez de “¡qué has hecho!”).
  • El ejercicio físico y la relajación son actividades recomendables que inciden en el autocontrol (respiración profunda/relajación), así como en la descarga de energía mediante un canal apropiado y saludable desde la perspectiva física y psíquica (deporte).
FUENTE:
López Villalobos JA, y cols. Trastorno por déficit de atención con hiperactividad: orientaciones psicoeducativas para los padres
Revista Pediatría de Atención Primaria. Volumen X. Número 39. Julio/septiembre 2008