TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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miércoles, 12 de abril de 2017

5 claves para mejorar la lectura de los niños con TDAH



Por Jonatan Molina Torres @joniii91

El Trastorno por Déficit de Atención (TDAH) se ha convertido en uno de los trastornos más diagnosticados en población infantil. Aunque hay diversidad entre estudios, todos coinciden en situar la prevalencia del trastorno en un 6-8%, lo que traducido a la práctica docente equivale a aproximadamente un niño hiperactivo en cada aula de España. Los síntomas principales que definen el TDAH son la inatención y la hiperactividad-impulsividad, teniendo que estar presentes durante al menos 6 meses y en más de un contexto de la vida del niño (en el hogar y en casa).

Este patrón persistente de inatención e hiperactividad suele ser la causa del desarrollo de numerosos problemas a medio plazo en el niño. La aparición de otros problemas psicológicos comórbidos es frecuente, ya que 6 de cada 10 niños TDAH cumplen criterios también para otros trastornos. Podría decirse que lo observable sería la inatención e hiperactividad, pero debajo de estos, como en un iceberg, están sumergidos muchos más problemas que pueden dificultar el correcto desarrollo del niño.

De entre todos estos, el trastorno del aprendizaje es uno de los más importantes, más en concreto el trastorno específico de la lectura, debido al gran impacto que tiene en el aula por el papel transversal que la lectura tiene en la adquisición de aprendizajes. Por tanto, es necesaria una intervención combinada entre todos los agentes que trabajan con el niño en el contexto escolar.

¿Por qué los niños con TDAH tienen problemas de lectura?

Una de las razones principales de este déficit es la inatención. 
La lectura conlleva numerosos procesos automáticos que el niño debe realizar como son:
  • la decodificación grafema-fonema,
  • la unión de dichos fonemas,
  • el acceso a las palabras conocidas por el niño, y
  • la comprensión del fragmento o texto.
Una falla en los procesos atencionales conlleva irremediablemente que haya interferencias en alguna parte de este proceso y, por tanto, que haya una mala ejecución lectora. Si el niño es incapaz de bloquear pensamientos distractores, de no mirar a otros sitios o dejar de escuchar otras cosas para, así, centrarse solo en la lectura, probablemente se desarrolle un problema en esta área.

Además de la inatención, la motivación también puede explicar parte de los déficits asociados a la lectura de los niños con TDAH. El niño no puede regir su conducta por motivación intrínseca, es decir, no es capaz de realizar cosas sin un refuerzo externo que le motive. Es por ello que una de las herramientas de la psicología clínica infantil más eficaces es la economía de fichas, donde al niño se le premia inmediatamente después de haber realizado un comportamiento deseado. Relacionando esto con la lectura, podríamos decir que leer no proporciona refuerzos inmediatos que motiven el mantenimiento de la conducta, por lo que el niño se cansa y se aburre y su rendimiento disminuye. De hecho, algunos estudios revelan que existen diferencias no solo en el nivel lector entre niños con TDAH y niños de desarrollo típico, sino también en el disfrute de la lectura y la lectura voluntaria en casa.

Por último, el elemento de la hiperactividad tiene también un papel importante en los problemas en la lectura. Tradicionalmente se ha considerado que la agitación motora del niño con TDAH se combatía precisamente con lo contrario, es por ello que se realizan intervenciones contextuales y estimulares para reducir al máximo los estímulos que puedan provocar un exceso de movimiento en el niño (sentarlo al lado de un niño tranquilo, ponerlo en primera fila y alejado de ventanas,…). Sin embargo, nuevos estudios defienden el papel positivo que la hiperactividad tiene en el niño con TDAH. La teoría de la Estimulación Óptima (Zentall) expone que el nivel de activación del cerebro de estos niños está por debajo de lo normal, por tanto buscan aumentar ese nivel de activación mediante su comportamiento (mediante la agresión, la agitación, la emocionalidad, etc.), ya que es necesaria la activación óptima del cerebro para realizar cualquier tarea que requiere un esfuerzo intelectual. Esto explicaría por qué la medicación estimulante tiene el efecto paradójico de “tranquilizar” a los niños con TDAH y por qué en algunos estudios se ha hallado que los niños TDAH que se mueven durante una tarea rinden mejor que aquellos a los que se les prohíbe hacerlo, y la lectura es precisamente una de las tareas en las que más se exige estar quieto, lo que tiene efectivamente el efecto contrario al deseado.

Algunos consejos para intervenir en el aula 
  • Adapta las lecturas. Aquellos textos que contengan oraciones activas, adjetivos vividos y pocas descripciones favorecen la atención a la hora de leer. De igual manera, introducir elementos sorpresivos y novedosos o personajes peculiares hará que se recuerde mejor lo leído. 
  • Deja que el niño se mueva. Esto no significa que tengamos que dejar al niño dar vueltas alrededor de la clase, pero sí que aceptemos ciertos movimientos para auto-activarse, como puede ser el movimiento de pies y manos, tocarse el pelo o retorcerse en su asiento, siempre que no suponga una distracción o una molestia para el resto de los compañeros.
  • Estimula sus sentidos. Para activar el cerebro de los niños con TDAH una buena manera puede ser facilitarles textos en color o textos grabados para que lo simultaneen con la lectura. No tenga miedo de cargar sus tareas por si se distrae, los elementos potentes captarán su atención. 
  • Utiliza estrategias activas. Releer una y otra vez una lección puede ser poco motivante; el uso de estrategias activas como las flashcards convertirán el estudio en un juego desafiante de acertar preguntas. Además de eso, conseguiremos centrar los esfuerzos del niño en el material que menos domina, dejando de lado estrategias de repetición que no favorecen la atención en el TDAH.
  • Recompensa la lectura. El niño debe percibir la lectura como algo motivante, así que refuérzale siempre que puedas. una buena lectura de un fragmento debe ir acompañada de un elogio, una muestra de afecto o de un premio en forma de positivo. Si esto además se hace delante de toda la clase, se favorecerá también la percepción que los compañeros tengan sobre él, mejorando así el plano social del niño con TDAH. 
Jonatan Molina Torres @joniii91
Psicólogo clínico infantil

FUENTE:

viernes, 15 de abril de 2016

¿SE DEBE CASTIGAR AL NIÑO CON TDAH SIN IR DE EXCURSIÓN?



¿Recuerdas cómo era el día de excursión con el colegio cuando eras pequeño? 

Te vendrá a la mente lo lentos que pasaban los días previos al día D, la alegría y expectación que te invadía, la emoción que suponía hacer algo diferente, ir con los demás en el autobús cantando y riendo…

Pues la realidad de muchos niños con TDAH es muy diferente, y lo único que sienten cuando el colegio organiza una excursión es frustración, marginación, y culpabilidad. ¿Por qué? Porque de forma sistemática se les castiga sin participar en la excursión. Hemos visto a muchos padres quejarse en los colegios de que a su hijo con TDAH lo han castigado sin ir de excursión con el resto de la clase, hablar con profesores, director o quien haga falta, para que entiendan que esa no es la forma ni el camino.

Así que lo único que podemos esperar con este artículo es que aquellos que no se hayan dado cuenta todavía, tomen conciencia de lo importante que es que los niños con TDAH vayan de excursión con los demás.

Sin excursión, riesgo de exclusión social

Es frecuente que los niños con TDAH estén castigados sin participar en las excursiones como consecuencia de su mal comportamiento en clase, porque no hayan entregado los deberes a tiempo o porque no hayan obedecido al profesor. 

Sin embargo este tipo de castigo lo que hace es cronificar una situación que no es beneficiosa ni para el niño, ni para el profesor, ni para nadie. Si además se impide que participe en las excursiones, de forma repetida y sistemática, se está fomentando la exclusión social del niño.

Se sabe que en la infancia se empieza a construir nuestro autoconcepto, es decir, la imagen que tenemos de nosotros mismos, y este autoconcepto está en gran parte construido con lo que nos transmiten los demás (confianza, críticas, cariño, respeto, valores…). 

Si a un niño lo castigas constantemente y no participa en las mismas actividades que los demás ¿qué autoconcepto va a tener de sí mismo? ¿Qué lección les estamos enseñando a los otros niños de la clase? Lo más seguro es que le marginen y se burlen de él. En fin, un panorama muy poco esperanzador y poco propenso a una recuperación positiva de la situación.

Usa la excursión como refuerzo positivo

Durante la infancia cualquier cosa que se escape de la rutina es realmente emocionante, y las excursiones son parte de estas experiencias únicas en las que todos los niños tienen derecho a participar. Son una oportunidad fantástica para aprender cosas nuevas y vivir experiencias. Por eso merece la pena cambiar el planteamiento de “estás castigado sin excursión.”

Utiliza las excursiones como refuerzo positivo, ofreciéndole al niño la posibilidad de participar si su comportamiento lo permite. Es decir, motivarle a comportarse de una manera adecuada (dándole unas pautas claras de lo que se espera de su comportamiento) para que se gane el ir a la excursión. Siempre que se planteen este tipo de situaciones, es importante evitar ridiculizar al niño o hacerle sentir diferente del resto, por lo que esto puede pactarse en privado entre el profesor y el niño e incluso los padres, para que todos estén involucrados en motivarle a conseguirlo.

Estrategias

Si el profesor tiene dudas de poder controlar a todos los niños y ocuparse del niño con TDAH, a veces puede ayudar el contar con otra persona que colabore (orientador, otro profesor que conozca al niño, el padre…).

Es importante antes de la excursión dedicar un tiempo o alguna actividad relacionada a explicar el motivo de la excursión, el objetivo y en qué va a consistir para implicar a todos los niños en ella.
Recordar en varias ocasiones (antes y durante) la organización del día, y de las diferentes etapas que se vayan a desarrollar, para que los niños sepan qué pueden esperar, que no les pillen las cosas por sorpresa y les pueda desorientar.

Establecer unas normas de comportamiento para todo el grupo y recordarlas una a una, y advertir de las posibles consecuencias en caso de que no se sigan. Puede que al niño con TDAH le venga bien que se le entregue la lista de normas por escrito para que las pueda revisar tranquilamente.

Puede ser de gran ayuda encargar al niño con TDAH de alguna tarea durante la excursión relacionada con la gestión y/o organización (contar a los niños cuando estén subidos al autobús, ser el encargado del agua, guardar el mapa…).

Acordar con el niño antes de la excursión (de forma privada) que pueda conseguir un “carné de buen comportamiento” (o algo similar) si respeta el cumplimiento de todas las normas establecidas durante la excursión.

Los ambientes estructurados, bien organizados, con rutinas y motivadores son una gran ayuda para el autocontrol del niño con TDAH. El profesor tiene que ser consciente de lo que representa para los niños, y actuar como modelo para el alumno y sus compañeros. 

Una actitud tolerante, flexible y paciente, y comprendiendo las características propias del TDAH, conseguirá un mejor comportamiento por parte de su alumno.

¿Te animas a intentarlo?

FUENTE:

jueves, 23 de febrero de 2012

PREVENIR LA AGRESIVIDAD INFANTIL



Muchos niños muestran comportamientos agresivos como pegar, empujar, arañar o morder. Este comportamiento suele aparecer al comenzar Educación Infantil pero, en algunos casos, se prolonga a lo largo de los años escolares.
TENER EN CUENTA
La presencia de estas conductas hasta los 5 o 6 años puede ser un proceso normal ya que, a esa edad, la capacidad de autocontrol es todavía reducida. Pero, aunque su presencia forme parte del desarrollo, se trata de comportamientos inadmisibles que hay que corregir.
  • El comportamiento agresivo tiene consecuencias negativas para los demás niños porque puede provocar daños y heridas importantes.
  • Pero también tiene consecuencias para el propio agresor. Si este comportamiento se repite, el niño será rechazado y evitado por los demás. Además, está aprendiendo una forma inadecuada de actuar que, cuando sea un poco mayor, le traerá consecuencias negativas.
  • Por último, un niño o niña agresivo, se arriesga a que sea también objeto de una agresión por otro niño como respuesta a su conducta.
FACTORES QUE PUEDEN ESTAR ASOCIADOS
  • El ejemplo de sus padres. Los niños aprenden por imitación y si en el hogar muchas situaciones se resuelven con cierta violencia, el niño aprenderá esa forma de resolver problemas similares.
  • Las dificultades de comunicación. Los retrasos del lenguaje o las dificultades para expresarse, favorecen estos comportamientos.
  • La exposición a escenas violentas. La frecuente exposición a escenas violentas aumenta la agresividad de los niños, porque aprenden un modelo que tratarán de imitarlo posteriormente. Programas de televisión, películas, deportes de lucha, videojuegos y similares, con cierta carga de violencia también contribuyen directamente a que reproduzcan conductas agresivas.
  • Ambientes familiares competitivos. Ambientes familiares donde los niños están descuidados, no existen normas coherentes y donde de alguna manera impera la “ley del más fuerte”, son proclives a que se desarrollen comportamientos violentos.
  • Poca tolerancia a la frustración y estrés. Los niños que toleran poco las frustraciones o que están sometidos a situaciones de estrés, también suelen ser más violentos.
  • Otras razones que pueden influir son la falta de habilidades sociales para resolver situaciones conflictivas de manera adecuada y, sobre todo, que el niño consiga, con su comportamiento violento, dominar a los demás y obtener beneficios, porque de esta manera está recibiendo un “premio” a ese comportamiento inadecuado.
MEDIDAS QUE DEBEN ADOPTARSE
  1. Hablar con el niño: explicar que las conductas violentas, como arañar o pegar, son inadecuadas y las consecuencias negativas que tienen para los demás niños y para él mismo. Debemos enseñarles otras opciones adecuadas como respuesta a esas conductas
  2. No exponer a escenas violentas: debemos procurar que los niños no presencien escenas violentas, ya sean en películas, videojuegos, espectáculos deportivos, etc. Muchas veces, los niños no distinguen entre la realidad y la ficción y tratarán de reproducir esas situaciones en su vida real.
  3. Ejemplo en el hogar: los niños aprenden por imitación. El ejemplo que le demos a nuestro hijo o hija será decisivo. El niño debe ver en sus padres un modelo de afrontar las situaciones dialogando, negociando, pero sin recurrir a la violencia física o verbal. Debemos tener en cuenta que nuestros hijos nos observan y escuchan siempre.
  4. Enseñar otras opciones: los padres debemos enseñarles, de manera concreta, alternativas a su conducta, es decir, cómo puede resolver las situaciones de otra manera. Esto se suele hacer reflexionando sobre episodios sucedidos en el colegio o en situaciones en las que se está en contacto con otros niños, por ejemplo, en el parque.
  5. No reforzar las conductas agresivas. Sin querer, muchas familias “premian” el comportamiento agresivo de su hijo. Bromeando, presumen de esta forma de ser ante otros familiares y amigos, con comentarios como “preferimos que él pegue a que le peguen”. De esta forma están aprobando el comportamiento de su hijo o hija. En otros casos, se etiqueta al niño como “pegón”, lo que también refuerza este tipo de conducta
  6. Elogie y apruebe. Sorprender al niño resolviendo las situaciones adecuadamente, con sus hermanos u otros niños. En esos casos, debemos prestarle una especial atención, elogiando y aprobando su conducta. Será una forma muy concreta de decirle: “me gustaría que actuaras así la próxima vez”.
  7. Adopte medidas. Cuando el niño pegue o agreda a otro niño, adopte medidas de manera que ese comportamiento tenga consecuencias negativas. Las medidas se deben adoptar lo antes posible. En primer lugar debemos regañarle y dejarle bien claro que no queremos que se comporte así, de manera breve aunque firme. Si acaba de presenciar una reacción violenta, utilice la técnica de “tiempo fuera”: déjelo en un lugar aburrido pero supervisado, tantos minutos como años tiene.(1 minuto por año). Otra forma de actuar, consiste en retirarle algunos privilegios como: no poder ver la TV o retirarle un juguete. Aquí, el criterio general será retirárselo tantas horas como años tiene
  8. Si nada funciona. Si a pesar de todas las medidas, y pasado un tiempo prudencial el niño o la niña continúa con una conducta agresiva, sería necesario que un especialista valorara el comportamiento para proponer un programa de mejora más personalizado.
FUENTE:
Elaborado por Jesús Jarque García