TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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viernes, 13 de abril de 2012

ESTRATEGIAS DE DISCIPLINA PARA LOS NIÑOS PEQUEÑOS (3 - 8 años)


La disciplina no es un castigo. La disciplina ayuda a que los niños aprendan a comportarse de manera adecuada para su edad y su nivel de desarrollo. Los niños nunca deben sentirse amenazados. Debemos enseñarles con cariño y respeto.
DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS 3 AÑOS. .
Los niños muy pequeños no tienen el razonamiento necesario y requieren de la intervención de los adultos para orientarles o protegerles. A veces lloran o tienen rabietas porque están enfermos, tienen hambre, sed, mucho calor; están muy cansados, demasiado estimulados o se sienten abandonados. Los adultos, en estos casos, debemos cuidarles, evitando que se sientan incómodos y tratando de satisfacer sus necesidades físicas y emocionales. Cuando un niño muy pequeño se porta mal, las formas básicas de educarle con disciplina son la supervisión, la distracción y la reorientación.
ESTRATEGIAS DE LOS 3 A LOS 8 AÑOS
Los especialistas en materia de disciplina infantil siempre recomiendan las siguientes estrategias para niños a partir de los 3 años:
Establecer límites.
  • Establecer límites de manera coherente ayuda a que los niños se sientan tranquilos y seguros al saber lo que se espera de ellos y las consecuencias de sus actos.
  • Nuestras expectativas deben ajustarse a la edad del niño/a. Si son pequeños, debemos reducir nuestros objetivos a los términos más básicos y ser constantes.
  • Use instrucciones positivas, con un tono amable.
  • Cuando le pida algo, hágalo de forma positiva, por ejemplo, "por favor, habla en un tono más bajo y calmado", en lugar de decir "¡no grites!".
  • Ofrezca un par de advertencias y avisos, pero si persiste, actúe.
  • Use las palabras "cuando" y "entonces" como un aviso sobre algo, en lugar de emitir amenazas. (Por ejemplo: "Cuando termines de tomar la leche, entonces podrás ir a jugar").
Ignorar. Algunos comportamientos que no son peligrosos para el niño o para los demás deberían ser ignorados (por ejemplo: el tono quejoso, el discutirlo todo, el usar malas palabras, o el tener alguna rabieta). Si no ignoramos algunos de estos comportamientos, pasaremos todo el tiempo corrigiendo al niño y estaremos prestando atención a comportamientos negativos en lugar de positivos. A menudo es difícil ignorar a los niños, por lo que ofrecemos algunas pautas que se pueden seguir ante ciertos comportamientos:
  • Evitar discutir o mirar al niño a los ojos.
  • Alejarse del niño, pero permanecer en la habitación.
  • Decidir cuáles son los comportamientos que usted puede ignorar.
  • Distraer al niño haciendo algo que le guste compartir con usted. Por ejemplo, "¡mira el elefante que hay en este libro!".
  • Alabar el comportamiento positivo. Por ejemplo, "me gusta mucho cuando, en vez de gritarme, me explicas por qué estás enfadado".
Aplicar las consecuencias.
A veces es posible evitar que los niños/as repitan un comportamiento negativo si les advertimos y avisamos de lo que les puede pasar como consecuencia de su acción. Si persisten en el comportamiento inadecuado, se aplica la consecuencia. Cuando la seguridad del niño está en peligro, por ejemplo: si está jugando con cerillas y se puede quemar, no debemos usar esta técnica. Siempre hay que explicarle al niño/a cuál es la conexión entre su comportamiento y las consecuencias.
Algunos ejemplos de la técnica de las consecuencias podrían ser:
El niño/a dibuja sobre la pared y el padre le quita los lápices de colores.
El niño/a llora sin parar porque quiere un juguete de una tienda y los padres se lo llevan a  casa.
Pérdida de privilegios.
Recomendable cuando el niño o la niña tiene la edad suficiente para entender que se le quitará un privilegio si continua comportándose mal. Con este método, le ofrecemos al niño la opción de controlarse o de perder un privilegio y le enseñamos que sus opciones o sus acciones tienen consecuencias.
No es apropiado quitarle un privilegio a un niño/a si no se le ha advertido sobre cuáles van a ser las consecuencias.
Tiempo Fuera.
"Time out" en inglés. Es una técnica disciplinaria sencilla y segura que puede ayudarnos a controlar la conducta de los niños/as. Todo lo que necesitamos es: determinación, constancia, un cronómetro o pomodoro y una silla. Se trata de apartar al niño de los demás y de las cosas que le gustan durante un periodo de tiempo limitado. Es un método usado para ayudar a los niños, sobre todo pequeños, a calmarse y recuperar el control, mientras también nos permite a los adultos  recuperar nuestro propio autocontrol.
El “tiempo fuera” se usa cuando deseamos eliminar o cambiar una conducta específica e inapropiada: por ejemplo, cuando el niño/a hace rabietas, muerde, pega, contesta, etc. Los niños/as utilizan este tipo de comportamientos cuando quieren que les prestemos toda nuestra atención, para obtener lo que quieren o bien, porque no saben cómo expresar su enfado o sus necesidades. En estos casos, los adultos cometemos el error de ceder. Con el “tiempo fuera”, los adultos no cedemos y, además, les retiramos nuestra atención.
No debemos usar el “tiempo fuera” cuando deseemos que aumente una conducta, como lavarse los dientes, obedecer, recoger sus juguetes, etc. Los niños/as se portan mejor y repiten una buena conducta cuando han obtenido nuestro reconocimiento (refuerzo positivo). Nuestra aprobación vale más de lo que imaginamos.
El “tiempo fuera” tampoco es útil ni efectivo en caso de accidentes, conductas ligeramente indisciplinadas o tan sólo un poco molestas. Es recomendable tratar de ignorar este tipo de comportamientos, a menos que el niño/a esté en peligro de hacerse daño a sí mismo/a o a otros.
El tiempo fuera enseña a los niños:
La conexión entre la conducta y las consecuencias.
Alternativas a tener ataques de ira para conseguir lo que desean.
A controlar la ira, a tener paciencia, a elegir.
A darse cuenta de que el adulto habla en serio y no podrá manipularle.
No todos los expertos en el desarrollo infantil están de acuerdo sobre si el uso de este método es bueno para los niños.
Cómo usar el “tiempo fuera”
Para las familias que decidan usar el tiempo fuera recomendamos no utilizarlo con niños menores de dos años.
Antes de empezar a usar la técnica, debemos:
  • Explicarle al niño o niña lo que significa “tiempo fuera”.
  • Seleccionar una de las conductas que deseemos cambiar. Funciona mejor cuando se usa para cambiar sólo una conducta en particular.
  • Tener un cronómetro (tipo cocina) sencillo a mano.
  • Preparar una silla y escoger un rincón o lugar en una zona muy aburrida de nuestra casa, sin otros distractores atractivos para el niño/a, donde pueda recuperar el control y calmarse a solas.
  • Decidir el período de tiempo en el que el niño/a estará aparte y comunicárselo.
Probablemente mostrarán resistencia ante la nueva estrategia y, al principio, podrían aumentar la conducta inadecuada que intentamos eliminar. Pero no debemos rendirnos.
Se tarda de 6 a 8 semanas en cambiar permanentemente una conducta. La clave es la constancia.
 Es recomendable tener todo lo necesario para poder aplicar esta estrategia cuando lo necesitemos.
Podemos elegir entre una de las tres variantes de esta estrategia:
  • Tiempo fuera de aislamiento: llevamos al niño a otra habitación en la que no pueda disfrutar de las cosas que le gustan (ver televisión, jugar con juguetes, etc.).
  • Tiempo fuera de exclusión: el niño permanece en la misma habitación, aunque sin la posibilidad de ver a los demás o de poder conseguir los reforzadores mencionados anteriormente. Este es un ejemplo de lo que se conoce como “rincón de pensar”.
  • Tiempo fuera de no exclusión: el niño o la niña permanece en la misma habitación observando cómo los demás se lo pasan bien.
Pasos a seguir:
  • Una vez que el niño o la niña comience a mostrar el comportamiento que queremos eliminar o cambiar, le daremos el primer aviso para que deje de hacerlo. Usaremos las palabras "si" y "entonces" para dar las advertencias y explicarle las consecuencias. Debemos ser constantes al aplicar esta técnica. ("Si no guardas tus juguetes en la caja, entonces cumplirás el “tiempo fuera”).
  • Si el niño persiste en su conducta, le llevamos a la silla o zona del “tiempo fuera”. De 2 a 6 años, tendremos que acompañarles hasta el área de “tiempo fuera”. A partir de los 7 años de edad, sólo les comunicaremos que deben irse a la zona de “tiempo fuera”.
  • No debemos regañarle ni pegarle, ni dirigirle más de 10 palabras en el camino a la silla. Podemos decirle cosas como “pegar a tu hermana no es algo aceptable. ¡Tiempo fuera!”.
  • A continuación, pondremos el cronómetro en marcha donde el niño o la niña pueda escucharlo y le explicaremos que el “tiempo fuera” se acabará cuando suene la alarma del cronómetro. Lo recomendable es cumplir un minuto por año de edad, tiempo suficiente para que entienda las consecuencias que tienen sus actos (por ejemplo, 4 años, 4 minutos). Para los niños o niñas, un minuto sin la atención de su padre o madre será una eternidad. Durante este tiempo no debemos hablar con él/ella ni prestarle ninguna atención. De manera simultánea, los adultos utilizaremos el “tiempo fuera” para calmarnos nosotros también.
  • Es posible que el niño o la niña reaccione negativamente ante los primeros “tiempo fuera” y quizá patalee, grite o se levante de la silla. Simplemente debemos hacer que se siente en ella de nuevo. Recordemos que lo que intentan lograr portándose así es que les prestemos atención. Debemos tratar de no ceder, a menos que el niño o la niña se está haciendo daño.  A  los niños/as mayores de 7 años les informaremos que se añadirá un minuto de “tiempo fuera” cada vez que se levanten de la silla. Así sabrán que el tiempo se añadió como resultado de su conducta.
  • Cuando suene el cronómetro, el “tiempo fuera” habrá terminado. Entonces le pediremos al niño o a la niña que nos explique la razón por la que piensa que se le envió al “tiempo fuera” y le explicaremos las diferentes formas por las que puede expresar su enfado o captar nuestra atención de manera más positiva (por ejemplo: "Manuel, busquemos una manera mejor de demostrarle a Pedro que estás enojado con él, en lugar de pelear").
Después de aplicar alguna de estrategias mencionadas, debemos reforzar y recordarle al niño/a cómo nos gusta cuando se comporta adecuadamente.

FUENTE:

miércoles, 8 de febrero de 2012

MI HIJO/A NO HACE CASO



La mamá de José Miguel acaba cada jornada exhausta. Su hijo de 5 años no le da un respiro. Ella misma lo dice: pasa el día dando órdenes, regañando, llamando la atención y lo peor, la mayoría de las veces, sin conseguir nada.
“José Miguel apaga la luz del baño”; “José Miguel recoge tus juguetes... ven a comer... baja la tele... límpiate los dientes..”.
Pero José Miguel no apaga la luz, los juguetes los termina recogiendo ella y se hace “el sueco” para limpiarse los dientes antes de dormir.
Al final, solo consigue que obedezca si le grita o le amenaza.

¿POR QUÉ NO HACEN CASO?
El caso de José Miguel describe la situación que muchos padres padecen.
Los niños no hacen caso por diferentes razones y, a continuación, se exponen las más frecuentes:
  • No comprenden las órdenes.
  • Se dan muchas órdenes seguidas.
  • Las órdenes no se dan convenientemente:
    • Se transmite inseguridad y poco convencimiento al darlas.
    • En lugar de dar la orden, se pregunta: “¿Quieres lavarte ya las manos?”
    • La orden es poco clara o demasiado abstracta: “Sé bueno; pórtate bien”.
  • No hay normas o si las hay, son incoherentes. Se permite hacer lo que no estaba permitido.
  • Las medidas que se adoptan cuando no hace caso, se incumplen.
  • Hay diferentes cuidadores, con diferentes normas.
  • También puede ser un niño más tozudo y difícil de manejar.
Sobre todo, los niños se han acostumbrado a desobedecer y que eso no tenga consecuencias. De alguna forma se ha venido “premiando” el hecho de no hacer caso, al conseguir casi siempre salirse con la suya.

QUÉ HACER PARA QUE OBEDEZCA:
ESTABLECER NORMAS
El niño debe disponer de unas normas claras y concretas.
Las normas estarán referidas a los diferentes tiempos, espacios, trato con las personas y objetos.
Las normas se adaptarán a la edad y madurez del niño.
Las órdenes que se le den al niño, no serán caprichos personales, sino que estarán referidas a esas normas básicas y sólo serán un recordatorio.
Algunos ejemplos de normas son:
  • Los juguetes se recogen al terminar
  • El abrigo se cuelga en la percha
  • Se come sentado en la silla
  • Al volver del parque te bañas
  • Las cosas se piden prestadas al hermano
  • A las 10 te vas a la cama
  • Se cruza la calle cogido de la mano
CÓMO DAR LAS ÓRDENES
Hay que asegurarse de que nos escuchan y atienden cuando le damos una orden. Si es preciso, nos ponemos a la altura de sus ojos y le miramos mientras le hablamos, asegurándonos de que nos presta atención. Después, le pedimos que nos repita la instrucción que le hemos dado.
Las órdenes:
  • Deben ser claras y concretas, expresar claramente qué estamos esperando que hagan.
  • Deben darse con seguridad y contundencia. La orden no puede ser una pregunta: “¿Quieres recoger?”
  • Dar las órdenes de una en una, evitar dar muchas a la vez y no atosigar.
  • Dejar un tiempo prudencial para que la lleven a cabo.
  • Supervisar que las órdenes se cumplen adecuadamente.
  • Elogiar al niño cuando las cumpla
PRESTAR MÁS ATENCIÓN
El niño debe descubrir que se le presta mucha más atención cuando se porta bien que cuando se porta mal.
Igualmente, debemos prestarle atención cuando cumpla las normas y obedece.
De esta forma aumentaremos la probabilidad de que se vuelva a comportar así y le indicaremos de manera concreta cómo esperamos que se comporte la próxima vez.

QUÉ HACER SI DESOBEDECE
LLAMARLE LA ATENCIÓN
Si a pesar de lo anterior el niño desobedece, se le llamará la atención un máximo de tres veces.
  • La primera vez se le recordará la orden.
  • La segunda llamada se hará con más contundencia.
  • La tercera y última, se le anticiparán las consecuencias si no obedece.
OBLIGAR
Cuando no ha atendido las llamadas de atención, se acudirá y se le obligará a lo que se le ha mandado: recoger, ordenar, ir a cenar…
REPRIMENDA
Cuando desobedecer tiene una consecuencia negativa, se le dirá una reprimenda breve, contundente e inmediata, recordándole cuál es la norma.
RETIRADA DE PRIVILEGIOS
Cuando la desobediencia es muy reiterativa, se le puede retirar algún privilegio: por ejemplo, retirarle un juguete o una actividad que le guste.
  • Se debe aplicar lo antes posible (inmediatamente)
  • El tiempo de retirada debe ser breve: es igual de efectivo retirarle un juguete durante una hora (en niños pequeños) o una tarde (en más mayores) y será más fácil de llevar a cabo.
SER COHERENTES
Es importante que los hijos vean que sus padres son coherentes con las normas.
  • Si decimos que “no” tiene que ser “no”.
NO PREMIAR LA DESOBEDIENCIA
  • El niño no puede aprender que con su mal comportamiento e insistencia consigue cambiar las decisiones de sus padres.
  • Si el niño desobedece y se sale con la suya, estaremos “premiando” su mal comportamiento y aumentará la probabilidad de que vuelva a hacerlo en una situación similar.
ACUERDO ENTRE LA PAREJA
Los niños deben recibir el mismo mensaje de papá y de mamá. Si existen discrepancias, nunca deben mostrarse delante del niño o niña.
FUENTE:
Jesús Jarque García

lunes, 14 de noviembre de 2011

TÉCNICAS DE MODIFICACIÓN DE CONDUCTA (III)

TÉCNICAS DE DISCIPLINA POSITIVA: Los premios
Los premios son muy útiles cuando tu hijo está intentando desarrollar una nueva habilidad o cuando quieres promover un cambio de comportamiento positivo:
  • Recompensa a tus hijos por comportamientos positivos concretos y específicos. “Portarse bien” no es un comportamiento concreto, ya que puede interpretarse de muchísimas maneras. En cambio, “lavarse los dientes” es algo concreto.
  • Los comportamientos positivos deben premiarse inmediatamente después de que realicen el comportamiento positivo deseado. Hacerlo antes no es una recompensa, sino un soborno y no es tan efectivo como las recompensas que se dan inmediatamente después del comportamiento deseado.
  • De igual manera, la pérdida de privilegios tiene que ser inmediata. Asegúrate de explicarle al niño por qué perdió el privilegio y qué tiene que hacer para recuperarlo. Nunca debemos quitarle a nuestros hijos algo que es una necesidad y no un privilegio, como por ej., la comida.
  • Las recompensas no tienen que tener un valor monetario. Es más eficaz premiar con recompensas sociales, donde el premio sea, por ej., jugar contigo más tiempo. Si damos una recompensa no social tiene que tener un coste bajo (por ej., pegatinas, algunas golosinas, etc.). Las recompensas grandes y caras, como una video-consolar, son difíciles de conseguir, no se pueden dar de inmediato y harán que nuestro plan fracase.
  • Para alentar a los niños a mejorar su comportamiento o desarrollar una nueva habilidad hemos de premiar los pasos pequeños y no sólo el resultado final. Alentarles y premiar sus pequeños logros mantendrá a tus hijos motivados y les ayudará a querer seguir adelante con sus objetivos y a repetir las conductas premiadas.
  • Asegúrate de que las expectativas y comportamientos que fijas para recompensar son realistas y apropiados a la edad y nivel de desarrollo de tus hijos ya que, en caso contrario, les frustrará y les hará desistir. Por ej., esperar que una niña de dos años arregle su cuarto, guardando todos sus juguetes no es realista, pero esperar que te ayude a guardar uno o dos juguetes es algo en lo que puedes empezar a trabajar.
  • No uses recompensas para todo. Es mucho más recomendable usar elogios, aprobación, cariños y límites puestos con firmeza y amor que recompensas o premios únicamente. Las recompensas deben reservarse para alentar a los niños a realizar tareas que son difíciles para ellos o para alentarles a conseguir pequeños pasos hacia un objetivo.
  • Explícales a tus hijos siempre por qué les premias (por ej., "como has guardado todos tus juguetes, ahora puedes escoger uno para jugar conmigo un ratito").
  • No todos los premios funcionan para todos los niños. Por ej., a algunos, les encantan las pegatinas y a otros no les motiva. Habla con tu hijo y busca pequeñas recompensas (sociales y no) que le agraden.

LAS RECOMPENSAS SOCIALES: Los elogios
Una de las técnicas más efectivas para prevenir malos comportamientos es elogiar sinceramente los comportamientos positivos que hacen nuestros hijos.
Puntos a tener en cuenta:
  • Prestar más atención a los comportamientos positivos que a los negativos: nos fijamos frecuentemente cuando los niños se comportan de manera negativa, pero nos olvidamos de prestarles atención y elogiarles por sus comportamientos positivos. Si los niños reciben más atención por sus conductas negativas, tendrán más tendencia a comportarse así. A los niños les encanta recibir atención de sus padres y, si reciben atención por portarse mal, aunque sea para regañarles, continuarán reclamando atención de esta manera. Si ven que les dedicamos tiempo y reconocemos cuando se comportan de forma positiva, verán que pueden tener nuestra atención cuando sus conductas sean adecuadas. Por tanto, debemos ignorar los comportamientos negativos, a no ser que implique peligro para el niño o para otros.
  • Elogios sinceros y concretos: los elogios son positivos, siempre y cuando sean genuinos, transmitiendo a nuestro hijo que realmente apreciamos los esfuerzos que realiza. Igualmente, asegúrate de decirle claramente por qué le elogias. El propósito de elogiar es aumentar conductas deseables, de modo que es necesario hacer hincapié en qué conducta concreta se persigue. Cuanto más concreto sea el elogio, mejor comprenderá el niño qué es lo que hace bien y será más probable que lo repita. Si sólo se le dice, “hoy has sido bueno”, el niño no sabe a qué conducta se refieren los padres. Si, en cambio de le dice “me has ayudado mucho poniendo la mesa”. así aprenden exactamente los comportamientos que consideramos positivos. De esta manera, los elogios se transforman en guías de aprendizaje.
  • Prevenir el mal comportamiento: tener una rutina consistente, unas reglas claras de comportamiento en el hogar, tener en mente una serie de actividades interesantes para los momentos que generan conflicto (por ej., un viaje), son técnicas que te ayudarán a reducir la aparición de comportamientos negativos. Es aconsejable poner las reglas y los horarios en un papel situado en un lugar visible de la casa.
  • La importancia de sentirse capaz: para sentirse bien consigo mismo y desarrollar una autoestima saludable, los niños tienen que tener experiencias en las que puedan tener éxito. Esto no se consigue sólo a través de elogios, sino también, a través de experiencias en las que se enfrenten a problemas o desafíos que sean capaces de resolver.
  • Más que elogios: sentirse respaldados, escuchados y queridos también va a ayudarles a desarrollar una autoestima saludable. Si la gente de mi entorno me quiere y me lo demuestra es porque tengo cualidades positivas y, si por el contrario, me rechazan, no voy a sentirme bien conmigo mismo. Demostrar apoyo y cariño no se hace solamente a través de elogios, sino con afecto, respeto y con una escucha atenta.
  • Evitar presionar: debemos ir con cuidado para no transformar nuestros elogios en elementos de presión o estrés. Por ej., “me gusta cuando haces los problemas de matemáticas sin errores” o “qué bien que siempre tengas las notas más altas de tu clase”. Aunque queramos fomentar estos comportamientos, tenemos que comprender que hacerlo todo a la perfección conlleva un nivel de estrés importante. No podemos olvidarnos de elogiar cada pequeño paso dado hacia la conducta deseada
  • Los límites ayudan a desarrollar un autoconcepto saludable: los límites les demuestran qué es lo que pueden y no pueden hacer, les ayuda a sentirse seguros, les enseña a interactuar con su entorno y les transmiten el mensaje de que los adultos nos preocupamos por ellos.
LOS LÍMITES
Establecer límites forma parte de la enseñanza que debemos darles a nuestros hijos. No debemos pensar en los límites como una manera de regañarles, sino como una forma de prevenir el mal comportamiento y de guiar a nuestros hijos acerca de lo que es y lo que no es apropiado y aceptable.
Consejos básicos para establecer límites eficaces:
  • Establecer límites adecuados a la edad y nivel de desarrollo de nuestro hijo.
  • Usar frases simples y claras para establecer los límites. No debemos darles más de una orden por frase. Las órdenes múltiples confunden a los niños.
  • Definir las normas de manera positiva: en vez de decirles lo que no pueden hacer, debemos darles reglas que les digan lo que sí pueden hacer: por ej., en vez de decirle “no botes la pelota en casa”, podemos decirle “puedes jugar en casa rodando la pelota por el suelo”. Es más fácil para los niños seguir una orden de lo que sí pueden hacer.
  • Actuar con autoridad y seguridad: no hace falta gritar ni perder el control, pues esto te hará perder efectividad. Debemos dar una imagen de confianza, de que este límite es importante y que tú eres quien está al mando.
  • Ser consistentes: esta es una de las partes más importantes a la hora de establecer límites. Si tus hijos perciben que el límite se establece a veces, no van a cumplirlo, porque no lo verán como una regla, sino como una opción. La consistencia es esencial para que tus límites sean efectivos.
  • Aplicar consecuencias: advierte a tus hijos de las consecuencias si no cumplen con las normas establecidas. Sin consecuencias, las normas pierden su validez.
  • Establecer las normas en consenso: es aconsejable que las normas puedan establecerse entre todos. Si podemos darles opciones para poder escoger, los niños sienten que tienen algo de control en las decisiones que se toman en su entorno y es más probable que cumplan con las normas.
  • Respetar sus sentimientos: respeta sus sentimientos y hazle saber que le comprendes. Las reglas pueden generar mucha frustración en los niños. A nadie le gusta que le digan que no puede hacer algo. Debemos tener paciencia y ser firmes, pero con cariño y comprensión.
FUENTE: