TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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lunes, 6 de julio de 2015

Cómo aprovechar las vacaciones para mejorar la relación con mis hijos




Las vacaciones asoman la nariz por detrás de todas las esquinas y es el mejor momento para acercarnos a nuestros hijos de una manera diferente. 
Durante todo el año hemos “batallado” con nuestros hij@s para enseñarles cuales son los mejores hábitos, hemos leído entre líneas descubriendo lo que les pasaba y qué momento estaban viviendo, y hemos hecho de Sherlock Holmes averiguando qué peligros tendríamos que sortear y de qué manera. Hemos estado detrás de sus deberes y quehaceres, preparados para celebrar sus éxitos y para minimizar las consecuencias de sus fracasos. 
Llegan las tan esperadas vacaciones y  con ellas es el momento de que descubran otro tipo de relación con nosotros, fuera de obligaciones, rutinas, exámenes…

Os propongo un listado de 5 propuestas, como una simple guía práctica y de ahí que cada un@ aporte, modifique y adapte según su creatividad.
  1.  Encontrar la manera de acercarnos a nuestros hijos haciendo lo que más les gusta. Francisco Yuste en uno de sus libros contaba lo que e pasó en una sesión suya de coaching. Estaba en una sesión con un cliente suyo y éste desesperado le comentó que era capaz de dirigir un equipo de profesionales (él era un directivo importante de una multinacional) pero no conseguía establecer ni una simple conversación con su hijo adolescente. El coach le preguntón que cuál era el plato favorito de su hijo, el directivo sorprendido y un poco mosca después de reflexionar un rato respondió que “la tortilla de patatas”. El coach siguió con su sesión y la siguiente pregunta que le formuló fue: “si tuvieras que pescar truchas, ¿le pondrías tortilla de patata?”, evidentemente el cliente parecía cada vez más sorprendido del tipo de preguntas que le hacía, pero como ya conocía el proceso de coaching continuó y respondió: “que no era pescador, no sabía qué comían las truchas pero que suponía que debían comer gusanos, así que le daría gusanos”. Acto seguido el coach le volvió a preguntar a su cliente: “entonces si quieres pescar a tu hijo, ¿qué le vas a dar tortilla o gusanos?”. Claro, ¿no?. Si hay más de un hijo estaría muy bien dedicar en exclusividad un tiempo para cada uno de ellos. Los hermanos están muy bien y hacer cosas todos juntos es fantástico, pero cuando dotamos de exclusividad a cada uno de nuestros hijos aunque sea por un espacio de tiempo corto, se crea un vínculo mucho mayor.
  2. Conocer a sus amigos. Esta acción nos puede reportar un sinfín de conversaciones con nuestros hijos y podemos acercarnos mucho más a ellos y su mundo. Podemos organizar un campeonato de fútbol, una barbacoa, una salida a la playa o una tarde de cine en casa con palomitas, cualquier cosa servirá.  ¡Cuánta información nos aportan los amigos de nuestros hijos! Recordemos el refranero popular, dime con quién vas y te diré quién eres. Mi madre, en nuestra casa, ha sido la precursora de esta labor. Recuerdo aun cuando montó un concurso de disfraces de papel, hechos por nosotros, con un primer premio extraordinario. Mató dos pájaros de un tiro, nos tuvo trabajando en el disfraz dos semanas e iba conociendo a mis amigas, aquel hecho aun hoy es comentado por todas las que seguimos juntas.
  3. Ponerlos a prueba, en cuanto a responsabilidades, libertad…Las vacaciones son un buen momento para poner a prueba a nuestros hijos, poner a prueba significa hacer algo que hasta ahora no han hecho y decidimos que ya ha llegado el momento. Cuando damos estos pasos en verano podemos obtener dos beneficios, hacerlos más responsables y hacerles sentir más seguros de sí mismos. Como estamos tan cerca podemos observar mucho más rápido las consecuencias y si son negativas aprender dónde está el error para rectificar y volver a probar. Pongo un ejemplo, ya que para mí son vitales. Mandar a nuestro hijo a comprar el pan, empezar a alargar la hora de volver a casa, hacerlos responsables de la casa, aunque sea por un periodo de tiempo muy corto, de un hermano menor o de la limpieza de la mascota.
  4. Sorprenderles haciendo salir el niño que todos llevamos dentro. Hacer alguna actividad que se salga de las normas establecidas. Espero que este punto se entienda correctamente. Debemos buscar a nuestro niño interior y pensar en algo que nos marcó en el pasado y que sólo de recordarlo se nos dibuja una sonrisa en la cara. O algo que nos hubiese encantado hacer y por tener unos padres demasiado autoritarios nunca conseguimos. Yo tengo varias vividas, que las recuerdo con una gran ternura e intento recuperar de vez en cuando con mi hija. Por ejemplo hacer una guerra de huevos o ir a la playa una noche de luna. Realmente estas son las anécdotas que nos unen de tú a tú con ellos, ya que en ese momento somos niños otra vez.
  5. Valorar nuestra relación. Para los chicos los años se cuentan por cursos así que es el mejor momento para hacer un balance del año, como hacemos muchos adultos en fin de año. Buscamos cuáles han sido los mejores momentos, cuáles son mejorables y de qué manera. Que nuevos retos nos podemos marcar para el siguiente. Qué hemos aprendido este año y qué nos gustaría aprender el siguiente y sobre todo escuchar sus puntos de vista, sus valoraciones, negociar con ellos los planes futuros y explicar qué esperamos de ellos y preguntar qué esperan de nosotros. Hay que buscar los puntos de unión y acercar los que nos separan.  Si  planeamos nuestro futuro juntos el éxito seguro está más cerca.

Samantha Biosca – Coaching de familia  http://samcoach.es/

FUENTE:

martes, 3 de febrero de 2015

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y SOCIAL EN LA FAMILIA


Las técnicas, estrategias y actividades recogidas en los siguientes textos son muy efectivas con los niños, niñas y adolescentes con TDAH.

TÚ Y YO APRENDEMOS A RELACIONARNOS




APRENDER JUNTOS, CRECER EN FAMILIA


jueves, 7 de noviembre de 2013

EL TDAH NO SE CURA, PERO SE PUEDE LLEGAR A CONVIVIR FELIZMENTE CON ÉL…



¡¡Vamos, vamos!! ¡Que son las seis y veinte…! ¿Por qué los despertadores continúan durmiendo?
Somnolienta, Nadia, mi hija menor me dice que anoche siguió la “lista de las cosas que hacer antes de dormir” pero que, cuando cogió el despertador para ponerlo en hora, salió corriendo hacia la tele porque oyó su anuncio favorito,  “¡y ya, se me olvidó, mamá!” me dice apesadumbrada.
¿Y tú, Leila? Le pregunto a la mayor. Leila afirma que lo  puso en hora, pero que no se acordó de darle al botón de “ON”. ¡Vaya! Definitivamente, tenemos que buscar otra estrategia para que no se os olvide. Esta noche repasaremos la lista de las “cosas que hacer” y veremos qué se nos ocurre para solucionar esto.

Mientras desayuna, Leila pasea por el pasillo arriba y abajo. Le digo que intente sentarse pero se queja del tiempo que va a estar inmóvil después en el cole.
Se va acercando la hora de salir y le pido a Nadia que coja la cartera para marcharse rápidamente (menos mal que lo preparamos todo por la noche) y a Leila que les diga a los amigos invisibles con los que está hablando en su habitación que todos tienen que irse corriendo al “insti”. “Mamá”, me dice Nadia, “que no se te olvide que… Leila, ¿has cambiado el agua de los perritos?… Adiós mami.”

Cada día, me parece un milagro que los tres salgan “más o menos” en hora. Hoy, cuando están yendo hacia el coche me doy cuenta de que mi marido lleva la funda del teléfono vacía enganchada en el cinturón, dejándose el móvil encima del aparador. Salgo corriendo para dárselo y le hago señas con la mano, como si hablara por teléfono. Él, asiente con la cabeza: “Que sí, que lo llevo”…
Por fin, se han ido aunque, como siempre, justos de tiempo.

Cuando cierro la puerta, suena el teléfono:” Hola, ¿es la asociación TDAH Guadalajara? Acaban de diagnosticar a mi hijo con TDAH…” Por unos momentos, retrocedo en el tiempo y recuerdo cuando yo estaba en esa situación. Hace ya muchos años del diagnóstico de Leila. Mi marido tampoco sabía que él tenía TDAH. Luego, vino el dictamen de Nadia. Recuerdo que  nos sentimos aliviados, como todos los padres y madres al principio. No era que las hubiéramos educado mal, como nos decían los amigos, aunque siempre me he preguntado cómo hay que educar a una niña para conseguir que corra como un rayo cósmico por el hipermercado, o para que se suelte de la mano en plena calle, o para que no pare de subir y bajar del sofá en casa o se mueva por aquí y por allá como un muelle, y todo a una velocidad que la vista es incapaz de seguir.

Y después del diagnóstico, qué. En aquel entonces, no había tantos libros, ni tanta información en internet, no conocíamos a más padres y madres en esas circunstancias, ni siquiera sabíamos que existían asociaciones TDAH. Y decidimos que había que coger el toro por los cuernos. No podíamos ponerle remedio si no conocíamos bien el trastorno, si no sabíamos por qué las personas con TDAH se comportan como se comportan.

Han sido muchos años leyendo sobre el déficit de atención e hiperactividad, asistiendo a conferencias, colaborando con la asociación, apoyando a otros padres y madres, sensibilizando a los demás. Seguimos probando estrategias y, si no funcionan, buscamos otras; continuamos reconociendo y premiando el esfuerzo, fomentando la autoestima, estableciendo hábitos y rutinas. Tenemos la casa llena de “post-it” con anotaciones. Algunos son antiguos porque, como “buenos TDAH”, se olvidan de quitarlos. 

No puedo decir que nunca nos enfademos, pero son enfados breves, concretos, como debe ser casi todo en la vida de una persona con TDAH, desmenuzado y manejable.
Mirando atrás, veo que todavía seguimos aprendiendo, y mucho. A veces lo hacemos bien y otras no tanto, pero entonces volvemos a intentarlo.
Soy madre de dos adolescentes maravillosas con TDAH y esposa de un hombre extraordinario con TDAH. Los adoro, y me hacen aprender y superarme cada día. No los cambiaría por nada.

Cuando la madre que está al otro lado del teléfono termina de contarme su historia, empiezo diciéndole: “¡Venga, ánimo, no te agobies! El TDAH no se cura, pero se puede llegar a convivir felizmente con él…”