TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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lunes, 24 de enero de 2022

Procrastinar. Retrasar el momento de hacer las cosas

 

https://www.youtube.com/watch?v=tXhz7yiqp-E





https://www.youtube.com/watch?v=NkQAmzLLJs0


Cómo no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Pautas para evitar posponer tareas importantes en el día a día

Elena Martín López. Madrid. Martes, 12 octubre 2021, 18:26

Ya lo dice el refrán: 'No dejes para más tarde lo que puedas hacer hoy'. Pero la realidad es que aquello que no nos resulta suficientemente atractivo como para emprenderlo en el momento pasa directamente al 'cajón' cerebral del 'ya lo haré luego'. O mañana, o pasado, o el próximo lunes, como nos pasa con las dietas, el deporte, los estudios o la declaración de la renta.

¿Por qué lo hacemos?

Al cerebro le cuesta centrarse en realizar tareas que le generarán satisfacción a largo plazo, así que las sustituye por acciones que le producen una gratificación inmediata (mirar redes sociales, comprar cosas 'online', chatear...). De lo que no se da cuenta es de que el tiempo que pierde en ello va en detrimento de la ejecución de las tareas importantes –explica Sandra Farrera, experta en Psicología Clínica y Forense y directora médica de Psicología de Top Doctors–.

Es lo que se conoce como procrastinación y ocurre, especialmente, cuando la actividad a realizar es nueva, requiere mayor esfuerzo de lo habitual o está sujeta a la valoración de otras personas. Así, «es más probable que posterguemos aquello que es novedoso, que no hemos elegido hacer por placer, que nos aburre o que nos genera dificultad, miedo, vergüenza o ansiedad, frente a aquello que nos place y nos motiva», expresa María Victoria Sánchez López, directora en Grupo Laberinto Psicoterapia para la Salud, en Madrid.

¿Y quién es más propenso a procrastinar? 

Los estudios no son concluyentes, pero sí hay algunas teorías al respecto. Por ejemplo, se sabe que «el cerebro de la mujer tiene tendencia a realizar muchas más cosas a la vez que el del hombre, por lo que le es fácil no postergar tanto las tareas, especialmente si esa acción va dirigida a otras personas», comenta Farrera.

Extrovertidos y perfeccionistas

Asimismo, sostiene que «las personas con rasgos obsesivos y perfeccionistas no procrastinan tanto cuando conocen bien la tarea a realizar, y la ejecutan antes que otros individuos cuando es una actividad novedosa, aunque también les lleva más tiempo». Sin embargo, cuando es una labor por la que serán juzgados, «tienden a retrasarla por miedo a la crítica y el rechazo», agrega Sánchez.

El carácter también influye. «Las personas extrovertidas posponer y postergan más habitualmente situaciones. Son dopaminérgicas, es decir, buscan hacer primero aquello que les genera placer e inmediatez, por lo que su procrastinación es mayor que la de las personas introvertidas, que suelen ser más reflexivas y con tendencia a seguir un proceso de trabajo que les haga sentirse bien con el esfuerzo realizado», declara Farrera.

Ella considera, además, que «en las nuevas generaciones hay mayor procrastinación, por las interferencias constantes que proporciona la tecnología». Sánchez, en cambio, no lo tiene tan claro: «En las familias, con frecuencia, hay un sesgo de memoria por el que los adultos se recuerdan en la adolescencia más responsables y organizados que sus hijos menores ahora y piensan que procrastinan más de lo que lo hacían ellos».

«Creencias adquiridas como 'tengo que hacerlo perfecto' o 'no soy capaz', influyen en la procrastinación»  Mª Victoria Sánchez López. Psicóloga

A pesar de todo, recuerda que cada persona tiene una historia y que esta dificultad puede tener orígenes y consecuencias diversas. «A veces el motivo es que invertimos mucho tiempo en otras tareas, como el trabajo, los estudios o mantener a raya a personas, pensamientos, sensaciones o emociones tóxicas, todo lo cual puede dejarnos sin energía que dedicar a otras cuestiones, como las gestiones del banco o el cuidado de la casa», asegura.

Y añade otra variable: la educación. «Lo que hemos aprendido desde pequeños en nuestro entorno nos lleva a repetir ciertas conductas y a tener determinadas creencias como 'tengo que hacerlo perfecto' o 'no soy capaz', que influyen mucho en nuestro desarrollo como adultos», dice.

Sea como fuere, el retraso que conlleva la procrastinación deriva en nerviosismo, culpabilidad, posible baja autoestima, bajo concepto, frustración y pérdida del control del tiempo, lo que puede repercutir en la calidad del trabajo que se hace a última hora. De ahí la importancia de prevenirlo. Las expertas nos dan algunas claves para conseguirlo:

El autocuidado

«En primer lugar, hay que identificar el origen de esta actitud (saturación, perfeccionismo, bloqueo, falta de energía…). Después, determinar la motivación para realizar las actividades (lo hago 'porque es bueno para mi salud', 'porque es importante para mi hijo', 'para evitar problemas laborales'…). Además, es muy importante saber cuáles son mis necesidades (por ejemplo, si necesito descansar más, comer mejor…) y poner límites cuando sea oportuno (decir que no a determinadas propuestas o actividades). Esto previene la saturación mental que a veces lleva a la inactividad y mejora el rendimiento», sugiere Sánchez, quien también recomienda calendarizar las tareas, priorizando lo urgente y lo importante, y valorar si hay un exceso de estas.

Técnica "Solo unos minutos"

Propuesta por la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik, parte de la idea de que a nuestro cerebro no le gusta dejar las cosas a medias. Es decir, cuando empezamos una actividad, nuestro sistema nervioso experimenta una activación cerebral semejante a la ansiedad que solo desaparece cuando damos por finalizada la tarea. Su sugerencia, pues, es centrarse unos minutos en la labor que queremos emprender. Así crearemos la ansiedad positiva suficiente para querer finalizarla.

Técnica "Pensamiento doble"

Diseñada y desarrollada en la Universidad de Pensilvania (EE UU), sugiere anotar en un papel dos beneficios evidentes que nos reportará llevar a cabo el proyecto que queremos hacer y dos obstáculos que podemos encontrar al ejecutarla. «La fórmula es conseguir un equilibrio para motivarnos, porque si solo vemos la parte buena, o únicamente la mala, no obtendremos realmente el éxito esperado», declara Farrera.

Si ninguna de estas herramientas nos funciona y la procrastinación nos supone una fuente de estrés o problemas crónicos las especialistas sugieren consultar con un profesional de la psicología.

FUENTE:

https://www.elcorreo.com/vivir/tendencias/procrastinar-para-manana-20211013115240-ntrc.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.elcorreo.com%2Fvivir%2Ftendencias%2Fprocrastinar-para-manana-20211013115240-ntrc.html

jueves, 15 de noviembre de 2018

¡PERO MIRA QUE ERES DESORDENADO!



Esta frase, una de las más repetidas en la historia de la educación, suele ser el principio de una serie de amenazas y castigos.
Pero lo cierto es que estas técnicas rara vez funcionan, se abusa de ellas y pierden efectividad. Los padres y los hijos se agotan de vivir bajo la tensión del castigo y el grito. Mientras los padres terminan por “pasar” y tirar la toalla, los hijos se vuelven inmunes al soniquete de los padres y acaban por ignorar tanto reproche.

A lo mejor, siguiendo estos consejos, podemos poner un poco de orden para conseguir el orden.

Lo que SÍ debes hacer:
  • Cuanto antes empieces a educar en la responsabilidad, antes tendrán el hábito. Por prisas, porque los vemos demasiado pequeños o por no tener un conflicto, muchos padres recogen y ordenan lo que sus hijos dejan tirado. Desde que tienen dos añitos se les puede ir enseñando a meter sus juguetes en sus cajas y a que asocien recoger con orden.
  • Enseña el qué y el cómo. Enséñales a hacer la cama, a ordenar un armario, colocar la ropa sucia, dejar la mesa recogida después de estudiar. Hay una técnica que se llama “la sobrecorrección” que consiste en corregir y pedir que repitan la actividad, con amabilidad y con el interés de formar y no el de castigar. Toda actividad nueva necesita entrenamiento. Facilítales el material necesario como cajas, estanterías o cubos en los que puedan tener todo ordenado. Trata de hacerlo atractivo, con cajas bonitas, para que apetezca tener el cuarto en orden.
  • Describe de forma concreta lo que esperas de ellos. Lo que para ti es un cuarto ordenado puede no coincidir con lo que ellos entienden por orden. Deja por escrito lo que tienen que hacer y cuélgalo en el corcho, en la puerta del armario o en algún lugar visible. Y añade el horario en el que tiene que estar hecho. No es lo mismo ir al colegio y dejar la cama hecha, que hacerla media hora antes de acostarse.
  • Refuerza cada logro. Muchos padres critican lo que no se hace, pero ignoran los cambios que llevan a cabo sus hijos. Alegan que no hay nada que reforzar porque esa es la obligación que tienen. Es cierto, pero a todos nos gusta ser reconocidos cuando nos esforzamos en cambiar. El cambio incluye salir de la zona confortable y eso supone un esfuerzo. El niño disfruta cuando nos sentimos orgullosos de él porque le encanta impresionarnos. Así que cuando recojan y ordenen, házselo saber. Todo lo que se refuerza tiende a repetirse.
  • Según la edad, negocia. Deja que su habitación tenga algo de su personalidad. Muchos padres eligen los cuadros, quitan posters, fotos y ordenan todos los libros de mayor a menor. Hay padres que son excesivamente meticulosos y ordenados, y a veces tanto orden puede ser poco práctico. Si le pides a tu hijo que cada día después de estudiar deje su mesa despejada, igual es poco operativo sacar colores, reglas y diccionarios cada día. Permite que tengan un margen para su “desorden”.
  • Aprovecha el orden para educar en valores. Cuidar de las pertenencias de uno es una conducta responsable. Los niños tienen que saber el valor que tiene cada cosa y dejarla desordenada es una forma de despreciarla y no cuidarla.
  • Tu habitación y la casa en general son un ejemplo para ellos. Pedirles orden si los padres no lo son con sus cosas, es un comportamiento incoherente. Trata de cumplir con lo mismo que le exiges a ellos.
  • Háblales de las consecuencias positivas del orden. El orden trae armonía, equilibrio, facilita la búsqueda de ropa, juguetes, material escolar, libros, etc. El orden también se relaciona con el bienestar. Apetece más estar y disfrutar de una habitación limpia y recogida que de un lugar en el que cuesta abrirse paso.

Lo que No debes hacer:
  • No hables mal nunca de tu hijo con otros padres del colegio o con tus amigos. Se tiende a buscar la complicidad cuando se sufren en casa estos problemas y en los corrillos de padres es normal escuchar “pues anda que el mío, no sabe ni dónde pone la cabeza”. Los niños toman estos comentarios como una traición. Cualquier crítica trata de hacerla en tono constructivo, pidiendo qué necesitas de él y en privado.
  • No grites, amenaces ni insultes. Da sensación de perder los papeles y no tener capacidad para controlar la situación. Mantén siempre la calma en lo que pides y no critiques al niño. Critica lo que hace o deja de hacer.
  • No esperes al caos. El dormitorio puede estar medio desordenado, bastante desordenado o ser una jungla. No esperes a la jungla. En cuanto veas algo por el medio, dale un tiempo prudencial para que lo recoja y si no, recuérdaselo. Sé original con la forma de recordarlo. Una nota graciosa o un mensaje por WhatsApp pueden ser mucho más efectivos que el típico mensaje cansino.
  • No levantes el castigo. Si has tenido que llegar al extremo de tener que quitarle el móvil, no dejarle salir o no dejarle ver la tele hasta que recoja, no te ablandes. Si levantas el castigo te tomará el pelo y esta técnica perderá efectividad. Limita los castigos para cuando no te quede ningún otro recurso.

Texto: Patricia Ramírez

FUENTE:
http://otrasmanerasdevivir.expobeta.com/video/pero-mira-que-eres-desordenado

IMAGEN:
https://pixabay.com/es/desorden-habitaciones-de-la-juventud-560701/