TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Mostrando entradas con la etiqueta maestra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta maestra. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de septiembre de 2011

SI YO FUERA MAESTRA, ¿QUÉ HARÍA ANTE UN CASO DE TDAH?

"Los alumnos y alumnas con TDAH, por el hecho de serlo, requieren un compromiso social por parte de profesores, familias y demás profesionales, quienes pueden convertir la situación en un auténtico caos o en un ambiente de aprendizaje constante".
Si yo fuera maestra, ¿qué haría ante un alumn@ con TDAH?
Primero, tras leer el diagnóstico del profesional sanitario, me reuniría con el orientador, con el tutor del centro escolar y con los padres del alumno con TDAH.
Después, adoptaría una actitud comprensiva, asimilando el trastorno del niño, informándome sobre él e intentando empatizar con las situaciones a las que mi alumno con TDAH tiene que hacer frente cada día.
Seguiría, entre otras, las siguientes medidas:
·         Sentaría al niño en el lugar adecuado, lejos de estímulos, enfrente de mí, entre niños más sosegados y tranquilos.
·         Estableciendo siempre un contacto visual y cordial con el niño desatento, le daría órdenes simples, breves y de una en una.
·         Ya que no puedo exigirle todo a la vez, le desmenuzaría las tareas en pequeños pasos, (Un ejemplo: los primeros días, le pediría que intentara terminar el primer ejercicio en clase y, las siguientes veces, que intentara hacerlo con buena letra; después, probaría a incrementar el nº de ejercicios a realizar).
·         Le enseñaría a tener únicamente las cosas necesarias encima de su pupitre y a mantener el orden en su mesa y en sus cuadernos.
·         Le mostraría cómo debe apuntar los deberes en la agenda para que no se le olviden.
Hacerles concesiones especiales suele dar buen resultado:
  • Darle más tiempo en los exámenes
  • Alternar actividades de trabajo de pupitre con otras que les permitan levantarse y moverse un poco.
  •  Indicarle cuando se está equivocando por un descuido
  • Alternar exámenes orales de vez en cuando, para evitar el sobreesfuerzo de la expresión escrita.
  • Y sobre todo, una palmada en el hombro, una sonrisa ante un esfuerzo, por pequeño sea, son para ellos, signos claros de que no están solos, pues ellos son conscientes de que tienen un problema.
No nos pedirán ayuda, pero sí agradecerán la que les ofrezcamos.
No le humillaría ni le contestaría en los mismos términos que ellos suelen hacerlo, pues entendería que, en esas ocasiones, no son capaces de controlar la situación.
Debemos ser conscientes de que las conductas que los niños y niñas con TDAH manifiestan escapan a su voluntad y muchas veces no pueden dejar de comportarse como lo hacen.
Evitaría insistir siempre sobre todo lo que hace mal y le animaría ante cualquier intento por hacer bien las cosas, ya que los resultados que consiguen no siempre son los esperados ni suelen reflejar el esfuerzo que han realizado.
Como medidas preventivas y para colaborar en la superación de obstáculos, mantendría entrevistas frecuentes con los padres para recabar información de primera mano sobre su hijo con TDAH, lo que me permitiría seguir su evolución.
Los orientadores escolares  también tienen su misión en estos casos:
ü  Orientar a los padres sobre el trastorno que padecen sus hijos o hijas
ü  Ofrecer vías, alternativas y soluciones a su alcance, pautas de conducta y actuación adecuadas para que puedan seguirlas
ü  Dar estrategias para solventar las dificultades de aprendizaje asociadas al TDAH (falta de memoria, disgrafías, dislexias, etc.)
ü  Entrenar a los alumnos con TDAH en la resolución de problemas, en las habilidades sociales (diálogo, generosidad, amistad, empatía, asertividad…) y en técnicas de relajación (actividades de respiración, control tónico muscular, equilibrio, entre otras).
Estos niños sólo necesitan que nos familiaricemos con sus limitaciones, que sepamos que aún queda mucho por descubrir sobre las bases neurobiológicas, la influencia del entorno y las posibilidades terapéuticas de este síndrome que tiene entidad propia.
Como padres y profesionales de la educación, hemos de dar la voz de alarma para que pueda realizarse un diagnóstico precoz, facilitando el tratamiento posterior.
Mientras tanto, los padres y madres y los profesionales de la educación seguiremos luchando por compensar las carencias que tienen los niños y niñas con TDAH y que, sin duda, hacen más rica las diferencias entre las personas, trabajando en un contexto en el que debemos implicarnos responsablemente, sin etiquetar, excluir o marginar, dando como resultado conductas modelo que, sin duda, todos los alumnos imitarán.
BASADO EN:
http://noticiastdah.blogspot.com/2011/04/un-consejo-para-todos-los-profesores.html

lunes, 31 de enero de 2011

¿QUÉ SON LOS PROFESORES? ¿TONTOS O LISTOS?

La semana pasada en el colegio, una profesora de mi hija hacía un comentario  en voz alta. Decía que se había reunido con sus antiguos compañeros de estudios y que pudo comprobar cómo “los tontos y los listos, de una forma u otra, siempre habían salido adelante, sin necesidad de tanto médico ni tanta tontería como la que, ahora, demandan los TDAH”…
No voy a comentar esta opinión a la que, por desgracia, estamos más que acostumbrados. Pero, yo sentiría un poco de vergüenza al demostrar un trasfondo tan deshumanizado, ignorante y superficial como el que deja ver esta maestra. Sobre todo,  tratándose de una profesora de la rama de Ciencias. ¿Es tan difícil de aceptar que se trata de un problema neurológico?
Un rato más tarde, esta misma profesora se quejaba del dolor de cabeza que tenía. ¡Pues seguro que se lo estaba inventando!, (como hace mi hija con su TDAH) porque ni mi hija ni ningún otro alumno podían ver su dolor de cabeza… ¿Por qué es más real su cefalea que el trastorno de mi hija?
Perdonadme que me explaye, pero me hierve la sangre cuando veo la ligereza y ausencia de consideración de personas “cultas”, “con mentes abiertas”, cuyo objetivo es la “inclusión” de todas las personas en la sociedad, con independencia de la capacidad intelectual o física que tengan. Y se supone que la educación de nuestros hijos está en manos de algunos “docentes” como ella.

Me pregunto en qué grupo meterá esta “educadora”, por ejemplo, a los niños invidentes: ¿En el de los listos o en el de los tontos? ¿Y a los que tienen dificultades auditivas?
Por suerte, aunque poco a poco, cada vez es menor el número de personas dedicadas a la educación  con esta mentalidad tan exclusiva, dispuestos a enseñar sólo a los que "dan la talla".

El desprestigio que tienen los diagnósticos da a entender que el TDAH es un cajón de sastre donde cabe todo. Sin embargo, opino que si un alumno no consigue alcanzar los objetivos educativos “todos tenemos un problema”. No sólo los padres, sino, también, los profesores, porque estos, entonces, no están consiguiendo el objetivo último de su profesión: Transmitir el conocimiento a sus alumnos… Y, si no alcanzan los objetivos… ¿Qué son los profesores?, ¿Tontos o listos?

Hay que asumir que lo bueno del uso de estrategias metodológicas en el aula es que, aun  cuando el diagnóstico fuera erróneo, tampoco perjudicaría al alumno, incentivando su autoestima y aprendizaje. Luego, ¿qué se pierde al aplicarlas?
Hace poco, asistí a una conferencia del Dr. Bauermeister, especialista en TDAH. Le preguntaban qué ocurría si se le aplicaban los tratamientos para TDAH a un niño con un diagnóstico erróneo. Su respuesta fue: “Ante la duda, saluda…”

Para terminar, me gustaría añadir que mi hija no es tonta: “Sólo es diferente”.