Un estudio reciente realizado en ocho países, entre ellos España, ha revelado que el 91% de las familias con niños o niñas afectados por trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) se sienten preocupadas por el éxito académico de sus hijos y, hasta el 63%, manifiesta que su hijo con TDAH ha sido excluido de actividades sociales por la manifestación de sus síntomas. Y es que este es el tema que más inquieta a los padres de niños afectados por el TDAH, la escolaridad de su hijo. No es de extrañar, ya que desde muy temprano reciben quejas del comportamiento del niño o niña y de su pobre evolución académica. En muchos casos, estas quejas se inician desde el parvulario.
Pero es en secundaria donde los problemas se agravan por la exigencia de un grado de madurez y un nivel de destrezas y conocimientos que ellos, aunque los tengan, no siempre manifiestan. En esta etapa, muchos niños con necesidades educativas especiales, sean por TDAH o por algún otro trastorno, tiran la toalla.
Para superar la infinidad de obstáculos que aparecen en el camino, lo primero es reconocer las dificultades que tienen estos niños. Muchos de ellos sufren de una discapacidad de la que algunos padres y muchos maestros no son conscientes.
Los que llegan hasta el bachillerato, en su mayoría, cuentan con el apoyo de su familia, con un buen equipo profesional y con un gran sentimiento personal de superación y dedicación. Los dos años de bachillerato pueden ser muy gravosos; pocos profesionales en estos cursos conocen estos trastornos y, por tanto, no quieren hacer ningún tipo de concesión. Pero algunos chicos, gracias a grandes dosis de comprensión y apoyo, pueden recibir la formación suficiente para acceder a las pruebas de selectividad.
Los estudios demuestran que la evolución de estos niños en la escuela varía notablemente en función de los conocimientos y experiencias de los profesores. En países como EE.UU. o Finlandia se ha entendido que este es un factor clave y que se debe proporcionar al educador toda la ayuda que necesite para que estos niños obtengan el éxito esperado. En España, la realidad sigue siendo que muchos niños y adolescentes no tienen la oportunidad de acceder a una evaluación completa, a un diagnóstico diferencial, ni a un tratamiento adecuado. Pero lo que no debería ser discutido es el derecho que deberían tener estos niños y jóvenes a acceder a los estudios universitarios.
ISABEL RUBIÓ BADIA
Presidenta de Fundación Adana
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